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José Segovia. Seminario de Literatura-Filosofía. Introducción a La Saga/fuga de JB de Torrente Ballester. 24-Abril- 2017.

Informe desolador y apabullante del funcionario de la censura española que se atrevió a leer
en 1972 el libro de Gonzalo Torrente Ballester y tuvo la osadía (toda ignorancia es osada) e
impertinencia de escribir lo siguiente:

«De todos los disparates que el lector que suscribe ha leído en este mundo, éste es el
peor. Totalmente imposible de entender, la acción pasa en un pueblo imaginario, Castroforte
del Baralla, donde hay lampreas, un cuerpo Santo que apareció en el agua, y una serie de
locos que dicen muchos disparates. De cuando en cuando, alguna cosa sexual, casi siempre
tan disparatada como el resto, y alguna palabrota para seguir la actual corriente literaria.
Este libro no merece ni la denegación ni la aprobación. La denegación no encontraría
justificación, y la aprobación sería demasiado honor para tanto cretinismo e insensatez. Se
propone se aplique el SILENCIO ADMINISTRATIVO.»

Recuperados del momentáneo síncope que nos aborda tras leer el aberrante informe a
manos del covachuelista de turno, petulante e ignorante, procede tratar de justificar con toda
modestia la adscripción de esta obra de Torrente al denominado “realismo mágico”.
Además de las inigualables Consagración de la primavera, El recurso del método y El siglo de
las luces, Alejo Carpentier nos deleitó con otras novelas como Los pasos perdidos a la que muchos
atribuyen, junto con El reino de este mundo, ser las primeras novelas de ese “realismo mágico” que
Carpentier llama lo real maravilloso, la búsqueda de propiedades mágicas dentro de la realidad
misma ("lo maravilloso comienza a serlo de manera inequívoca cuando surge de una inesperada
alteración de la realidad" dice Carpentier); ese realismo – mágico, pero realismo - define y
diferencia a la increíble oleada de literatura latinoamericana que por los años sesenta del siglo
pasado nos vino encima de repente y alegró con su aire fresco nuestro gastado horizonte político y
literario.
El realismo mágico posee un interés radical por mostrar lo extraño como algo cotidiano y
común. No es una expresión literaria mágica porque es realista; tampoco manifiesta lo real como
absurdo o contradictorio a la manera del surrealismo (Ver después). Pero tampoco es un realismo
que pudiéramos clasificar como “ingenuo”, como el aristotélico, es decir, como la pretensión de que
ponernos delante de la realidad nos transmite lo que es esa realidad en sí misma, de manera
unívoca y sin duda de ninguna clase, es decir de manera dogmáticamente verdadera. Tal es el
intento, por ejemplo, del mal llamado “realismo socialista” (porque no era socialista sino estalinista
o leninista) en la época de la revolución leninista y estalinista, o del realismo “ingenuo” propio del
aristotelismo y de la filosofía medieval, roto por la abrupta crítica de la duda cartesiana.
El término “realismo mágico” fue inicialmente usado por un crítico de arte, el alemán Roh,
para describir una pintura que demostraba una realidad alterada, y llegó al idioma español con la
traducción en 1925 del libro Realismo mágico (Revista de Occidente, 1925), que fue en gran medida
influenciado por las obras surrealistas de la escritora chilena María Luisa Bombal y más adelante, en
1947, fue introducido en la literatura hispanoamericana por Arturo Uslar Pietri en El cuento
venezolano.
Señala Uslar: “Lo que vino a predominar en el cuento y a marcar su huella de una manera
perdurable fue la consideración del hombre como misterio en medio de datos realistas. Una
adivinación poética o una negación poética de la realidad. Lo que a falta de otra palabra podrá
llamarse un realismo mágico”.
Porque, en definitiva, digo yo, si la literatura es el reino de la metáfora, de la inexactitud, de
la sugerencia, de la ambigüedad, de la insinuación, ¿qué otra cosa es eso sino realismo mágico, es
decir, convertir el quitarse el toro de encima con un trapo en una verónica de alhelí, transformar el
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José Segovia. Seminario de Literatura-Filosofía. Introducción a La Saga/fuga de JB de Torrente Ballester. 24-Abril- 2017.

reflejo de la luna en el agua en un rejón clavado por las estrellas al agua gris, o descubrir que en la
cara de Beatriz, la novia de Mario, el cartero de Neruda, “su sonrisa se despliega como las alas de
una mariposa”?
El realismo mágico es la exaltación de la metáfora y esa es la esencia de la literatura. En
1984, la novela de Orwell, el protagonista, Winston Smith tiene un amigo, Syme, funcionario del
gobierno encargado de podar las palabras porque eso es podar el pensamiento; su mayor obsesión
es eliminar los adjetivos “y sus inútiles matices de significado” porque en ellos está el alma de la
literatura, es decir, el alma del alma.
Es interesante citar aquí la opinión del mismo Miguel Ángel Asturias: “Mi realismo es mágico
porque él revela un poco de sueño, tal como lo conciben los surrealistas. Tal como lo conciben
también los mayas en sus textos sagrados. Leyendo estos últimos, yo me he dado cuenta [de] que
existe una realidad palpable sobre la cual se injerta otra realidad, creada por la imaginación, y que
se envuelve de tantos detalles que llega a ser tan ‘real’ como la otra. Toda mi obra se desenvuelve
entre estas dos realidades”.
Su finalidad no es suscitar emociones, sino, más bien, expresarlas, y es, sobre todas las
cosas, una actitud frente a la realidad (En La saga/fuga de J.B., la perenne protesta contra el
centralismo gubernamental, contra el clericalismo de Villasanta de la Estrella, que reprime el
laicismo y anticlericalismo de su rival, Castroforte del Baralla, la rebelión contra la represión sexual,
el significado de las lampreas, la lucha de las lampreas contra los estorninos, en una especie de
brindis al sol en memoria de Alfred Hitchcock...)

Realismo mágico y surrealismo.


El realismo mágico es la pretensión de dar verosimilitud interna a lo fantástico e irreal, a
diferencia de la actitud nihilista asumida originalmente por las vanguardias, como el surrealismo,
defensor no de lo fantástico, sino del absurdo y opuesto de manera militante a todo realismo.
Quizás el ejemplo más llamativo es la permanente disputa que mantienen, entre los años
1935 y 1960, por un lado, el naciente surrealismo tras el Manifiesto Surrealista de 1924 y el
Segundo manifiesto surrealista (1929) de André Bretón y por otro lado, el partido comunista de
Francia y de la URSS que defienden un ingenuo y superficial “realismo socialista”. El comienzo de
esta época y todo el periodo hasta 1950 se muestra en la dura controversia que tiene lugar en
Francia entre el comunismo, el surrealismo, el socialismo, el anarquismo y el sindicalismo, tal como
expone el libro de Herbert Lottman La rive gauche1.
En mi libro, Albert Camus. Cien años de honradez desesperada 2, reflejo con bastante
minuciosidad los avatares de esta insólita y envidiable polémica entre la versión escolástica del
comunismo, propiciada por la Unión de Escritores Soviéticos y los disidentes del Partido Comunista
de la URSS, Francia, etc., hasta extremos que serían para reír si no fueran para llorar, como la
discusión, con Sartre a la cabeza, sobre hasta qué extremo se puede y debe criticar la política
soviética de la ausencia de libertad política, las purgas estalinistas, los Gulags, etc., cuando toda
ortodoxia olvida siempre de manera interesada que, como decía Cicerón, el pensamiento es libre.
En realidad, es lo único libre que tenemos.

El surrealismo, según la RAE, es un Movimiento artístico y literario iniciado en Francia en 1924 con
un manifiesto de André Breton, y que intenta sobrepasar lo real impulsando lo irracional y onírico
mediante la expresión automática del pensamiento o del subconsciente.

1
Lottman, Herbert, La rive gauche. La elite intelectual y política en Francia entre 1935 y 1950, Tusquets, Barcelona, 2006, sobre todo la segunda parte,
págs.81- 200.
2
Segovia, José, Albert Camus. Cien años de honradez desesperada,2013.
2
José Segovia. Seminario de Literatura-Filosofía. Introducción a La Saga/fuga de JB de Torrente Ballester. 24-Abril- 2017.

Etimológicamente, surrealismo quiere decir “lo que hay por debajo de lo real”, metáfora de
lo que en realidad quiere transmitir: ir en contra de lo cotidiano de manera crítica y provocadora.
La palabra surrealista aparece en el subtítulo de Las tetas de Tiresias drama surrealista del
fundador del movimiento, Apollinaire, en junio de 1917, para referirse a la reproducción creativa de
un objeto, que lo transforma y enriquece. Como escribe Apollinaire en el prefacio al drama:
“Cuando el hombre quiso imitar la acción de andar, creó la rueda, que no se parece a una pierna.
Del mismo modo ha creado, inconscientemente, el surrealismo... Después de todo, el escenario no
se parece a la vida que representa más que una rueda a una pierna.
Lo que en principio es un movimiento vinculado al teatro y la pintura se extiende enseguida
a la literatura, el cine, etc. Al menos en España, excepción hecha de Dalí en el campo de la pintura y
de las artes figurativas en general, encuentro dos monumentos geniales del surrealismo en dos
películas: El discreto encanto de la burguesía, de Luis Buñuel y Amanece que no es poco, de José Luis
Cuerda, dos obras maestras, de un humor hilarante, de una genialidad desbordante…
Debo recordar que siguiendo las pautas surrealistas del propio surrealismo, la película citada
de Cuerda ha recibido de manera un tanto jocosa la denominación de “surruralista”, quizás por
desarrollarse en el seno de una pequeña comunidad rural española a la que se trasplantan todos los
clichés de la vida urbana de nuestra propia sociedad de manera esperpéntica: el sol hereje que nace
por el oeste, el bibliotecario encargado de que cada año en el pueblo – y todo el pueblo – solo se
lea un autor, por ejemplo, Faulkner – y haya ciudadanos que tienen prohibido leerlos “porque los
joden al hacerlo”, el hecho de que se aplique al pueblo y a su alcalde el esquema de la tercera vía de
Tomás de Aquino de la demostración de la existencia de Dios relativa al Ser Necesario - ¡Alcalde,
todos nosotros somos contingentes, salvo tú, que eres necesario – el reparto aleatorio de los roles
sociales en el pueblo al comienzo de cada año – puta, pregonero, alguacil, etc.-, los aplausos al cura
en misa tras cada elevación de la hostia y del cáliz, el hecho de que en los bancales no se siembren
verduras sino hombres -… y así una detrás de otra, carcajada tras carcajada.
El llamado realismo socialista es el arte es una corriente estética cuyo propósito es llevar los
ideales del comunismo al terreno de las artes figurativas. Fue la tendencia artística predominante
durante gran parte de la historia de la URSS, particularmente durante el gobierno de Lenin y Stalin,
en la República Popular China y, en general, en la mayoría de los llamados “países socialistas”,
aunque mucha gente prefiere denominar a aquella época primera de la revolución soviética como
una época de “capitalismo de Estado”, porque nunca la clase obrera fue la propietaria de los medios
de producción; era el Estado el verdadero propietario, frente a la pretensión del socialismo
autogestionario – que solo se intentó en la Yugoslavia de Tito - de convertir la propiedad privada en
una propiedad social colectiva en manos de los trabajadores y no del Estado.
El realismo socialista fue, en cierto modo, una reacción contra los estilos burgueses
anteriores a la revolución, convirtiéndose en política oficial del Estado soviético en 1932 al
promulgar Stalin el decreto de reconstrucción de las organizaciones literarias y artísticas. Se fundó la
Unión de Escritores Soviéticos – de una ortodoxia y un control ideológico feroces - para promover
esta doctrina, y la nueva política fue consagrada por el Congreso de Escritores Socialistas de 1934
para ser a partir de entonces aplicada en todas las esferas de la producción artística. De hecho, dejó
de existir la libertad científica (cf. El affaire Lyssenko) o de creación literaria.
En general, la filosofía producida por aquella corriente comunista (pongamos por caso la
obra de Lenin Materialismo y empiriocriticismo) es una escolástica pobre y de escaso – por no decir
nulo - nivel teórico). Realismo socialista y surrealismo fueron enemigos intelectuales durante esa
época del siglo XX.

Torrente Ballester y el realismo mágico.


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José Segovia. Seminario de Literatura-Filosofía. Introducción a La Saga/fuga de JB de Torrente Ballester. 24-Abril- 2017.

Tras la trilogía realista de Los gozos y las sombras, Torrente Ballester escribe La trilogía
fantástica:
1972, La saga/fuga de J.B.
1977, Fragmentos de apocalipsis
1980, La isla de los jacintos cortados.

En La saga/fuga de J.B. se produce una relación atemporal y simultánea entre los sistemas
cultural, literario y social, alteración de las rígidas reglas del espacio/tiempo (una especie de
presentación onírica de la realidad; por ej., el desglose del acrónimo JB en al menos cuatro, cuando
no siete, personajes en uno, de manera que el relator por antonomasia, José Bastida, entra y sale a
voluntad de cada uno de los personajes para entrar en otro a través de un esperpéntico canal más
delgado que un cabello y en forma de espiral…).
Tales jerigonzas físicas producen no poca obcecación e irritación en el lector, a la vez que
carcajadas de complicidad y admiración por esa demostración de desbordada imaginación que nos
inunda: pondré uno de los innumerables ejemplos de esto: la hazaña del carcamal 3 y reaccionario
canónigo de la catedral de Villasanta, D. Acisclo, en su perenne lucha contra la manada de rojos
descreídos, anticlericales y dedicados al masónico culto del Homenaje Tubular, amén de
rompedores – físicamente - de cuanto himen se mantiene impoluto en Castroforte, so capa del culto
al inefable busto de Coralina Soto, la musa republicana y afrancesada en sus gustos y formas. Por
tal manada me refiero a la caterva de los Caballeros de la Tabla Redonda con los sucesivos “Rey
Artús” (o Arturo) a la cabeza, que tienen a Coralina Soto como la Reina Ginebra de la Tabla Redonda,
aunque Lancelot (Lanzarote del Lago) no aparezca por ningún lado

¡Cuán grande es tu poder, Acisclo! [se dice D. Acisclo a sí mismo] Aunque mayor ya el de tu
violín que el de tu palabra. No es extraño: es un guarneri y soy yo quien lo toca.
Mi voz empieza a cascarse. Y, así, los miembros de La Tabla Redonda le vieron salir, tocando,
de la plaza, y salieron ellos después, silenciosos, dos a dos, como habían llegado, y al pasar
por el puente donde las aguas tumultuosas del Baralla asumen las silenciosas, inmóviles
aguas del Mendo, arrojaron los garrotes. Y cuando el Rey Artús, después de haber cenado sin
decir palabra — "¿Qué te sucede, amor mío? ¿Es que no tienes dinero?"—, llegó al café, se
limitó a decir: "Buenas noches, caballeros", y, tras enviar una larga mirada al busto de
Coralina Soto, una mirada como de pedir perdón o de disculpa, se sumió en un mutismo
largo del que no salió hasta que Gowen dijo en voz medianamente baja: "Sin embargo, mi
plan estratégico y táctico era irreprochable, como que está inspirado en el de la batalla de
Austerlitz". A lo que el Rey Artús respondió: "Lo mismo sucedió durante la guerra europea, el
día en que por primera vez aparecieron los carros de combate". "El violín de don Acisclo —
corroboró Merlín— fue como la bomba de Hiroshima." "¡Y que lo diga, don Perfecto!"
"Hemos sido vencidos por nuestra sensibilidad estética." "Eso, no hay que decirlo, es una
derrota que nos honra." "Por supuesto" (pág. 176 de la edición de El País.)

Todo ello a través de un texto sin fisuras ni pausas que es un conjunto de enunciados
expuestos en forma de pensamiento en racimo donde se amalgaman lo mítico y lo erótico, lo
fantástico y lo cotidiano, lo poético y lo prosaico… y un eje central en forma de elemento figurativo,
el cuerpo incorrupto de Santa Lilaila de Éfeso, alrededor del cual gira la trama de la historia narrada,
ya desde la frase inicial: «'¡Vecinos, vecinos, roubaron o Corpo Santo!'».
3
La palabra castiza y coloquial “carca” parece derivar del castellano carcamal, “viejo y achacoso”, según el diccionario de la RAE; el sentido coloquial
de “carca” no se refiere tanto a la vejez física cuanto a la vejez y el anquilosamiento mentales en lo referente a costumbres y valores.

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José Segovia. Seminario de Literatura-Filosofía. Introducción a La Saga/fuga de JB de Torrente Ballester. 24-Abril- 2017.

La leyenda del Cuerpo Santo va estrechamente unida a la de un protagonista J.B., que se


desglosa a voluntad de manera esquizofrénica en varias sagas de personajes, la principal de las
cuales es la de los cuatro protagonistas principales cuyo nombre comienza por J.B.: Bastida,
Barallobre, Ballantyne, Bendaña… con la ayuda coyuntural de Balseyro, Barrantes y demás.
El cuerpo incorrupto de Santa Lilaila de Efeso apareció en el mar a finales del primer milenio
cristiano, rodeado de un círculo mágico formado por las olas, según leemos en la Balada incompleta
y probablemente apócrifa del Santo Cuerpo Iluminado, que sigue al “Incipit” (“Comienza”). La
antigüedad de la reliquia parece, sin embargo, dudosa, ya que un grupo de expertos la ha datado en
el siglo XVII, es decir, siete siglos después de su presunta llegada a Castroforte, espacio también de
dudosa existencia, donde transcurre la historia narrada. Y, en efecto, en la tercera parte parece
confirmarse el juicio de los expertos, cuando nos trasladamos al año 1609 (curiosamente, el año de
la expulsión de los moriscos) y escuchamos a Jacobo Balseyro ante los eclesiásticos responsables de
la reliquia que le han encargado su restauración:

“El Deán se había acercado y miraba también. Se volvieron hacia mí aquellos rostros
compungidos. '¿No hay remedio?' 'Por lo menos, no el que pretendíamos. ¿Cómo vamos a
sujetar esto a unas piernas y unos brazos? El cuerpo carece de la necesaria consistencia. Para
remendar una capa, es menester que el paño viejo aguante. "Entonces...' [...] '¿Y si
cortásemos una capa nueva?'”

Y esto es exactamente lo que hace Balseyro: cortar una capa nueva, embalsamando el
cuerpo de una joven virgen que acaba de ser sacrificada por la Inquisición. Los restos de la reliquia
legendaria quedan escondidos bajo una losa en la cueva de la colegiata, donde los encontrarán en el
presente de la historia Jacinto Barallobre y su amanuense por encargo, José Bastida, quien, gracias
al pequeño sueldo que le aporta Barallobre, puede añadir una chuleta sangrante con patatas fritas
que mejore su breve dieta e incremente su esqueleto, su figura de Carpanta impenitente (feliz símil
del maestro represaliado en la posguerra civil, como el autor, y muerto de hambre) a pesar de las
reticencias del miserable Espiritista, el posadero, padre de Julia, quien se alegra del acontecimiento.
En el mismo capítulo tercero, asistimos al «juicio público de cuatro pecadoras, llamadas
todas ellas Lilaila, [...] que bien podían conceptuarse como una sola y gigantesca pecadora». Las tres
primeras —Lilaila Barallobre; Lilaila Armesto, viuda de Barallobre y Lilaila Barallobre de Barallobre-
fueron en su tiempo propietarias del Cuerpo Santo y depositarías de los secretos de la leyenda
encerrados en la cueva, de la que sólo ellas conocen el acceso. Pertenecen a la prestigiosa familia
del marinero que rescató la reliquia y son figuras sociales de un determinado poder. La primera, del
poder eclesiástico que le confía al morir su esposo, el Obispo Jerónimo Bermúdez. La segunda
adquiere, gracias a Jacobo Balseyro, poderes sobrenaturales que le permiten mantener relaciones
sexuales con un despojo de los restos de su difunto marido. Y la tercera ostenta el poder militar,
dirigiendo junto con John Ballantyne la defensa de la ciudad (vaga alusión a la conquista de La
Coruña por los ingleses) contra las tropas asaltantes, por lo que será ajusticiada reproduciendo en
ciertos detalles explícitos la historia de Mariana Pineda, otro de los brindis al sol del autor. La cuarta,
Lilaila Souto Colmeiro, amante de Joaquín María Barrantes (el vate, poeta), se diferencia de las otras
en su origen social plebeyo y en su profesión pública de bailarina internacional bajo el seudónimo
de Coralina Soto. Si no parece guardar —aparte de su nombre— relación directa con la reliquia,
ostenta, en cambio, una marca en cierto lugar escondido de su cuerpo que parece reproducir el
mito de J.B.: siete lunares alineados, reflejo de los círculos esculpidos en un relieve de la capilla de
Santa Lilaila que representa una figura masculina con un cuerpo en brazos.

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Según don Perfecto Reboiras, el sabio de la actual Tabla Redonda: “nadie hasta ahora se ha
fijado en que, encima de la cabeza del hombre vivo, hay una serie de círculos, uno encima de otro,
hasta siete. '¡Un capricho decorativo!', se dijo siempre. ¡Qué capricho ni que niños muertos! Es una
representación de los siete planetas conjuntados [...]”4.
El cuerpo de Coralina se convierte así en historia viva del mito. Y no olvidemos que se trata
del cuerpo de una bailarina, espacio por excelencia del arte dinámico —objeto artístico en
movimiento—, que se ha perpetuado, además, no sólo en palabra poética a través de los versos del
vate Barrantes, sino también en forma plástica: su busto desnudo, convertido en objeto de culto de
la impía y laica Tabla Redonda, presidió durante medio siglo sus reuniones en el café Suizo como
moderna Ginebra. A principios de la Guerra Civil el busto quedó escondido en el sótano secreto del
local, donde lo buscarán con linternas Bastida (Don Joseíño) y los caballeros de la Tabla Redonda, a
través de siniestras escaleras y entradas camufladas.
Julia, la hija de El Espiritista (el posadero teosofista, tacaño y miserable), como Coralina Soto,
es cuerpo hasta en los más pequeños detalles. Su relación con Bastida ha comenzado ya en el
ámbito de lo somático. Sus conversaciones tienen lugar durante el desayuno, preparado por ella
misma con alimentos hurtados a su padre. Y mientras el desnutrido y represaliado maestro de la
guerra civil – trasunto, parece ser, del propio Torrente - repone comiendo las fuerzas de su cuerpo,
ella le habla del suyo. Primero, le cuenta en detalle – a pesar de los celos que ello provoca - las
relaciones sexuales que mantiene con su novio seminarista y, cuando este la abandona, se queja de
su falta (no del novio, sino de las relaciones). Y, por fin, cuando Bastida sale de los cuerpos de los
variados J.B. (sobre todo los cuatro principales), que ha recorrido sin moverse de su cama, es el de
Julia el que encuentra a su lado para fundirse con el suyo.
En los cercanos Idus de marzo se producirá la conjunción astral que determina el
cumplimiento de un capítulo más de la leyenda: un J.B. debe morir y descender en barca por el río
Baralla hacia el Círculo Tranquilo de las Aguas Oscuras, Más Allá de las Islas; o, tal vez, si se trata del
esperado y definitivo J.B., tendrá lugar —lo que, en el fondo, nadie espera— la liberación final de
Castroforte.
Los J. B. afectados directamente por la leyenda —pues todos los personajes que tienen algún
relieve responden a las mismas iniciales— son cuatro personajes "históricos" y tres "actuales". El
Almirante John Ballantyne, el Obispo Jerónimo Bermúdez, el Canónigo y nigromante Jacobo
Balseyro y el Vate Joaquín María Barrantes son los cuatro J.B. en los que ya se ha realizado su
destino: heridos de muerte, descienden en una barca por el río Mendo hasta llegar, Más Allá de las
Islas, al Círculo Tranquilo de las Aguas Oscuras donde esperan al último J. B., que será el salvador de
la ciudad; aunque, en opinión de los detractores de la leyenda, su desaparición sería debida a las
lampreas, que habrían dado buena cuenta de sus cuerpos.
Tres J.B., (aunque hay muchos, e incluso uno es un loro como el Obispo Bermúdez), en
especial Bastida (aunque parece ser que es el propio Bastida quien se desglosa esquizofrénicamente
en los cuatro), asumen explícitamente la función de narradores, lo que acredita su dedicación a
estudios relacionados con el lenguaje: Bendaña es un prestigioso hispanista, Barallobre escribe
artículos de lingüística para diferentes revistas especializadas, contando con la ayuda pagada de
Bastida, y el propio Bastida es profesor de lengua de instituto depurado tras la guerra civil 5 y
4
Precisamente, en estos días se ha descubierto un sistema planetario paralelo al nuestro, también con siete planetas, que habrá hecho bufar de ira e
indignación en su tumba a Giordano Bruno, quemado en 1600 por la Santa Inquisición, justamente por haber anunciado lo mismo y preguntarse si en
el planeta equivalente Tierra de ese sistema paralelo se habrían producido el pecado original, la pasión de Cristo, la resurrección, etc., etc.
5
Según historia propia, fue en 1937, por consejo e intercesión de un cura amigo, y a la vista de la dura crueldad de los Nacionales con aquellos que
apoyaban al bando republicano, cuando Torrente decidió afiliarse a Falange. Posteriormente, establecería relación con intelectuales falangistas de
renombre pero formando parte de una tímida heterodoxia dentro de la Falange como Dionisio Ridruejo (luego expulsado y encarcelado por Franco y
al fin fundador, aún en la clandestinidad, de la USDE – Unión socialdemócrata española, que entró en la Junta Democrática de oposición al franquismo
- o Pedro Laín Entralgo, entre otros. En la década de 1920 trabajó para el periódico anarquista La Tierra hasta su cierre en 1930. Posteriormente, se
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conserva como único tesoro una editio princeps (una primera edición especial que casi merecía ser
un incunable) de la gramática de Bello y Cuervo. Pero estas ocupaciones tienen como fundamento
la investigación, que parte siempre de la lectura.
Crean o no en la leyenda de la tradición castrofortina, su meta principal es descifrarla, cada
uno a partir de su perspectiva analítica o de sus intereses personales. Y es en la función de
investigarla (de leerla) como los encontramos la mayoría de las veces. Jesualdo Bendaña acude a
todo tipo de fuentes para probar su teoría destructora. Jacinto Barallobre tiene la más completa
biblioteca de Castroforte y en ella pasa la mayor parte de su vida, indagando en el pasado de su
familia. Y lo mismo hace José Bastida, devorando los fondos de la biblioteca castrofortina. Pero este
último no sólo lee y escribe, también observa. Significativa es la posición que ocupa durante la
tertulia, «ocultando siempre el rostro en la penumbra del rincón donde se sentaba» No por
casualidad, lo único hermoso en su feo y desgarbado cuerpo son los ojos, los órganos de la mirada.
«A esos ojos tan hermosos no se les puede escapar nada» —le dice Clotilde Barallobre- y en efecto,
nada se les escapa. Queda fuera de escena, aunque se hable mucho de él, el almirante John
Ballantyne, partícipe de la mítica conquista de La Coruña por los ingleses.
Barallobre parece revelarse como el auténtico liberador esperado, el que salva el Cuerpo
Santo, llevándoselo, en una fantástica apoteosis, al lugar «Más allá de las Islas», ese misterioso lugar
en medio de la mar Océana – así se llamaba antes -, el Atlántico poblado de monstruos que tanto
asustó a la tripulación de Colón, y que describe de múltiples maneras el antropólogo gallego
heterodoxo Risco, esos lugares próximos a la Isla de San Brandán, llena de fuegos fatuos, cantos de
sirenas y supersticiones y leyendas por doquier.
Todo ello con un trasfondo explicitado continuamente: la guerra religiosa, política, cultural…
entre Villasanta de la Estrella, nombre de evocación casi evidente: Campus Stellae, Campo de la
Estrella, Compostela, sede también de un “cuerpo santo” 6 y Castroforte del Baralla (¿Pontevedra?),
la ciudad maldita, herética, imposible de administrar porque nunca se la puede “catastrar”, al no
poder hacerse constar su existencia física.
La lucha la encabezan dos líderes: el clérigo reaccionario, D. Acisclo, y el líder masón,
agnóstico y hereje, Don Torcuato del Río, uno de los ”Artús” que dirige en su época la Tabla
Redonda. Los brindis al sol, los guiños a la hipertextualidad por parte de Torrente son continuos,
brillantes y siempre bien traídos7.
Un ejemplo cualquiera: uno de los que ejercen en su momento de Rey Artús se llama don
Torcuato del Río, ilustrado, culto, agnóstico… Nada nos impide, sobre todo si se admira a la
Institución Libre de Enseñanza, identificar a ese don Torcuato del Río con Don Julián Sanz del Río,
adornado de las mismas características personales de aquel, catedrático de Filosofía que fue de los
primeros en salir a estudiar a Alemania hacia 1840 becado por la Junta para la Ampliación de
Estudios y que fue a dar allí con los krausistas, corriente filosófica heredera de Kant que inspiró a la
Institución Libre de Enseñanza.
La saga/fuga de J.B. no sería lo que es sin el espacio en que tiene lugar y que, en cierto
sentido, define la personalidad y los destinos de los personajes que lo habitan. Castroforte del
Baralla es un pueblo gallego que no aparece en los mapas, capaz de flotar en el aire cuando toda su
afiliaría al Partido Galeguista, del que llegaría a ser secretario local en Santiago de Compostela durante 1935. Entre las filas del “galeguismo” conservó
relevantes amistades como la del intelectual y fundador de la Editorial Galaxia, Ramón Piñeiro, uno de sus asiduos en Estados Unidos, donde Torrente
Ballester trabajó, intermitentemente, entre 1966 y 1971.
6
Las malas lenguas de la herejía y la heterodoxia nos quieren hacer creer que en realidad en la tumba del apóstol Santiago – patrón de España y
ayuda decisiva para “vencer al moro” al grito de ¡Santiago y cierra España!, están los restos de un Obispo de Ávila del siglo IV, Prisciliano, primer mártir
de la iglesia católica condenado a morir por hereje. Las historias negras de nuestro pasado quieren creer que entre las piernas del cadáver de
Prisciliano yacía de manera impía y escandalosa la cabeza de un macho cabrío, símbolo fálico y, a la vez, alusión explícita al diablo.
7
Los caballeros de la Mesa Redonda (o Tabla Redonda): Rey Arturo Pendragón, Sir Lanzarote del Lago, Sir Galahad, Sir Perceval de Gales, Sir Bors de
Ganis, Sir Beldevere, Sir Tristán de Leonis, Sir Gawain, Rey Pellinore, Sir Lamorak de Gales, Sir Gaheris, Sir Kay el Senescal

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población se ensimisma con algún tema o asunto de relevancia siempre dudosa, enfrentado
frontalmente a la comarca vecina de Villasanta de la Estrella, y temido por una autoridad central
que manda periódicamente a distintos representantes para intentar controlar a sus gentes.
Como característica, y principal motivo de temor y conflicto con sus vecinos, se encuentra la reliquia
del Santo Cuerpo Iluminado, correspondiente – como se ha dicho - a Santa Lilaila de Éfeso, aparecida en
Castroforte hace más de mil años, y que fue rescatado de las violentas y mágicas aguas del mar por un
descendiente de la familia Barallobre, linaje encargado hasta ahora de su custodia.
Sin embargo, la novela comienza con la noticia de que el Santo Cuerpo Iluminado ha desaparecido. La
espeluznante nueva remueve al pueblo hasta el punto de, además de hacerlo flotar, también hace revivir
todas las rencillas del pasado, desde las más antiguas hasta las más recientes. Así, conocemos más sobre la
historia de los Barallobre y su desencuentro con la familia de los Bendaña, simbolizada en las casas de ambos
linajes, la Casa de Mar y la Torre de Bendaña, y traída al presente por sus últimos descendientes, Jacinto
Barallobre y Jesualdo Bendaña, enfrentados ahora por el amor de Lilaila. O de cómo la lucha sobre el Santo
Cuerpo Iluminado con Villasanta de la Estrella es mucho más de lo que en apariencia semeja ser, pues la
ciudad vecina quiere también darle valor a sus reliquias, y por ello ambos bandos llevan disputándose la
validez y la posesión del Santo Cuerpo Iluminado hasta movilizar ejércitos e incluso inmiscuir al Papa de
Roma.
Por si estas historias sobre el pasado de Castroforte del Baralla pareciesen pocas, a su mitología
popular se unen otros aspectos, pequeños en apariencia, pero igualmente inolvidables. Por ejemplo, el Río
Mendo, en el cual los castrofortinos tiran los cuerpos de quienes desprecian al pequeño pueblo para que se
los coman las lampreas, animales protagonistas además de una lucha simpar contra los estorninos. O el loro
de Don Perfecto quien, con más de mil años de vida latiendo bajo sus plumas, es capaz de contar la historia
antigua del pueblo, llegando incluso a recitar por completo el discurso prohibido con que, un día del año
1936, se le remitió a la autoridad central la declaración unilateral del Cantón Independiente de Castroforte
del Baralla, y que obligó a Jacinto Barallobre a estar huido primero y enclaustrado después. O el recuerdo
sobre La Tabla Redonda, tertulia celebrada entonces en el café del Hotel Suizo, donde además de publicar su
revista también se creaban noticias para La Voz de Castroforte sobre destacadas figuras históricas de la
región (el obispo hereje Jerónimo Bermúdez, el canónigo Jacobo Balseyro, el almirante John Ballantyne o el
vate Joaquín María Barrantes).
De todas estas historias, y todavía de muchas más, es testigo de excepción José Bastida, profesor de
gramática y natural de Soutelo de Montes, en la provincia de Pontevedra. Llega a Castroforte desde Madrid,
donde estuvo preso tras la Guerra Civil, y donde ahora ejerce labores clandestinas de profesor primero y de
secretario de Barallobre después. Una exterioridad en todo caso discutible, por cuanto él es también, junto a
Barallobre, Bendaña, Bermúdez, Balseyro, Ballantyne y Barrantes, un J.B
Y, para no ser menos, también sobre esto existe una mitología y una predicción: un J.B. muere
siempre en Castroforte del Baralla por los Idus de Marzo 8, cuando se alinean los astros en el cielo. Una
muerte física pero no metafísica, pues el J.B. difunto permanece “Más Allá de las Islas” a la espera, esta vez
sí, de resucitar y participar en la victoria definitiva, cuando se den las circunstancias sociohistóricas en las que
Castroforte del Baralla pueda por fin vencer a su eterno rival vecino de Villasanta de la Estrella.

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“El esquife de Jacinto Barallobre se deslizaba por encima de aquella maravilla sin desbaratar
los primores, a aquella hora fosforescentes, de gran verbena marítima en la que no faltaba la
procesión de ahogados que pedían perdón con sus labios inmóviles. Un tumulto de peces
oscuros franqueaba la barca, aunque a distancia, como si la custodiase: y cuando entró como
las otras en el Círculo, los peces levantaron el muro impenetrable que había roto una vez,
hacía mil años exactamente, el marinero Barallobre”.

8
Según el calendario romano, haciendo un paralelismo a pesar de las diferencias, tal fecha se identifica con nuestro 15 de marzo. Fue el día en que
Bruto mató a César, a quien habían augurado: ¡Cuídate, César, de los Idus de marzo.
8
José Segovia. Seminario de Literatura-Filosofía. Introducción a La Saga/fuga de JB de Torrente Ballester. 24-Abril- 2017.

La Coda final, de solo tres páginas, adquiere la inmensidad del desenlace de una trama largamente
tejida y no menos largamente esperada, al estilo del final de Cien años de soledad, aunque aquí la
película acaba bien. La chica se va con el chico salvando la vida al final con un salto en el vacío y
dejando a uno de los malos, el Poncio, con tres palmos de narices.
Los tres J.B. quedan fuera de Castroforte, como quedamos los lectores fuera de la novela
después de cerrar el libro. Pero recuérdese que la distancia a que se desplazan es diferente:
Bendaña cruza el Atlántico; Barallobre queda en el círculo mágico, «Más allá de las islas», espacio
mítico, pero unido en la tradición a las costas cercanas. Y Bastida queda en el mismo espacio en que
estuvo situada Castroforte, fuera y dentro a la vez. La suya es, sin duda, la lectura más cercana, pero
quedan muchas por rescatar del fondo de la cueva donde se esconden los restos primitivos del
Cuerpo Santo, que han levitado con la ciudad. Quizás por esta razón, al terminar La saga/fuga de
J.B., sucumbimos al deseo de comenzar de nuevo su lectura, cosa que sucede con muy pocas y
elegidas novelas a lo largo de una vida.

CASTROFORTE DEL BARALLA

(Texto de Leopoldo de Trazegnies Granda)

Castroforte del Baralla más que una ciudad imaginaria es la capital fantasma de una provincia
fantasma. Se cree que fue inventada en el siglo XII por el arzobispo Ramírez y suprimida de los
mapas en los últimos años del siglo XIX, durante la Restauración, por orden del monárquico Cánovas
para castigar su intento de constituirse en República independiente. Desde entonces sigue
existiendo pero en clandestinidad topográfica cerca de Pontevedra, en la Costa del Morrazo.
Castroforte del Baralla es una ciudad barroca, habitada por seres barrocos y tediosos que han
dejado de hacer el amor. En ella ocurren hechos triviales dibujados en una bruma de palabrería
fantástica. Sus habitantes son sombras etéreas que se pasean sin dejar rastro por la plaza de los
Marinos Efesios, o discuten la eliminación de la estatua dedicada al héroe irlandés Ballantyne,
enemigo de España, que sirvió en el ejército de Napoleón, o van a pescar lampreas al río Mendo,
porque como casi todas las ciudades ficticias de la Península Ibérica Castroforte está atravesada por
dos ríos: el Mendo y el Baralla.
En días de niebla, algunos vecinos veían cómo la ciudad se elevaba por los aires. Se pensó
aprovechar esta particularidad con fines turísticos y convertirla en una fuente de ingresos para la
población ya que los dos recursos tradicionales, la pesca de la lamprea y las visitas al Cuerpo Santo,
habían descendido mucho en los últimos tiempos. Los vecinos elegidos, que misteriosamente
llevaban las iniciales J.B., sopesaron la conveniencia y los inconvenientes que les podría acarrear tal
prodigio y decidieron mantenerlo en secreto, a pesar de que el Cuerpo Santo había perdido todo
interés turístico porque resultó apócrifo, y además había sido robado de La Colegiata, y las
lampreas, habituadas a comerse los cadáveres de los suicidas, habían huido del río al parecer
porque a los habitantes les faltaba ánimo hasta para suicidarse, era una población de pusilánimes
verborreicos.
Por otro lado, el alcalde se sentía tentado de derribar esa fantástica urbe aérea, incluida La
Colegiata, para convertirla en una ciudad de edificios de apartamentos modernos.
Lo más inquietante que sucedió en Castroforte fue la celebración post mortem de un juicio
contra cuatro vecinas llamadas todas ellas Lilaila. Se les acusaba de delitos de índole sexual. A la
primera por matrimonio sacrílego, a la segunda por hacer uso solitario de un consolador de
fabricación extranjera, a la tercera por adulterio y a la cuarta simplemente por puta.
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José Segovia. Seminario de Literatura-Filosofía. Introducción a La Saga/fuga de JB de Torrente Ballester. 24-Abril- 2017.

Castroforte del Baralla no es más que una entelequia construida en el transcurso de una fuga
de ideas, como el testamento de una loca, que tuvo lugar en las misteriosas costas gallegas.

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