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UNIVERSIDAD NACIONAL MAYOR DE SAN MARCOS

(Universidad del Perú, DECANA DE AMÉRICA)

FACULTAD DE MEDICINA
U.P.G. ENFERMERIA

TRADICION ARISTOTELICA:
PARADIGMA CUALITATIVO

CURSO:

EPISTEMOLOGIA

INTEGRANTES:

ROJAS ALMEYDA, ALDO JAVIER

MORI TEMPLE, KIMBERLY

QUINTANA SILVA, JOHANA

FRUCTUOSO CASIMIRO, XILENE

IZAGUIRRE RAVINES, FABIOLA

MORANTE SAMAN, BELEN

TOMAIRO HUAMANRAIME, PILAR

LIMA - PERU

2018
INTRODUCCION

Aristóteles consideraba que la investigación científica daba comienzo allí donde alguien
se percataba de la existencia de ciertos fenómenos. Es decir que, para Aristóteles, al
principio está la observación. Pero la explicación científica solo se logra dar razón de
esos hechos o fenómenos. Y es justamente el cómo se entiende este «dar razón de los
hechos" lo que va a caracterizar a Aristóteles y toda una tradición que de alguna manera
guarda semejanza o prosigue el tipo de explicación propugnada por el Estagirita.

Aristóteles pensaba la explicación científica como una progresión o camino inductivo


desde las observaciones hasta los principios generales o principios explicativos. Estos
principios eran inferidos por enumeración simple o por inducción directa; por cualquiera
de los dos métodos se obtenían más generalizaciones acerca de las propiedades de la
especie o género.

Esta etapa consiste en obtener principios explicativos a partir de los fenómenos que se
han de explicar: se denomina inducción. Para Aristóteles todavía existía un segundo
momento o etapa en la explicación científica: (el deductivo).

Consiste en deducir enunciados acerca de los fenómenos a partir de las premisas que
incluyan o contengan a los principios explicativos. Aristóteles exigía una relación causal
entre premisas y la conclusión del silogismo acerca del hecho o fenómeno a explicar. Y
aquí aparece el énfasis, rasgo o característica de la explicación aristotélica.

El presente trabajo brinda una vista al aporte de Aristoteles en el campo del


conocimiento científico con una mirada aplicada a la carrera de enfermería en salud
publica.
TRADICIÓN ARISTOTELICA Y PARADIGMAS CUALITATIVOS

1. HISTORIA DE ARISTOTELES

Aristóteles (384-322 a. C.) nació en Estagira (Macedonia), por eso se le llama el


"estagirita". Su padre, Nicómaco, era médico al servicio del rey de Macedonia, y
probablemente heredó de él su interés por la naturaleza. A los diecisiete años
ingresó en la Academia de Platón, en Atenas, donde permaneció veinte años
hasta la muerte de su maestro (347 a. C.). A partir de ese momento comenzó a
elaborar su propia filosofía apartándose de algunos de los planteamientos de su
maestro, y dedicándose de forma cada vez más intensa a la investigación
naturalista.
En el 342 Filipo de Macedonia le encargó la educación de su hijo de trece años,
el que será Alejandro Magno. En el 335 regresa a Atenas contando con la
protección de su antiguo alumno, ahora dueño de Grecia y del mundo. Funda su
propia escuela "el Liceo", donde se trataban los temas paseando, y de ahí, el
apelativo de peripatéticos. En el año 323 muere Alejandro Magno, y Aristóteles,
temiendo la reacción antimacedónica, huye a la isla de Eubea, donde muere al
año siguiente en el año 322 a. C.

http://guindo.pntic.mec.es/ssag0007/filosofica/aristoteles-duererias.pdf

La obra de Aristóteles

Siguiendo un criterio ampliamente aceptado, la ingente producción aristotélica


puede clasificarse en tres grandes grupos:

A) ESCRITOS DE DIVULGACION.

Los títulos conservados son los siguientes:


o Eudemo (Acerca del alma) o Acerca de la Plegaria
o Político, o Acerca del Buen Linaje
o Sofista, o Acerca de la Educación
o Menéxeno o Acerca del Placer,
o Banquete o Merinto
o Grilo (Acerca de la Retórica) o Erótico
o Protréptico, o Acerca de las Ideas
o Acerca del Bien o Acerca de la Filosofía
o Acerca de la Justicia o Alejandro (Acerca de las
o Acerca de los poetas Colonias)
o Acerca de la Riqueza o Acerca de la Monarquía.
B) LOS TRATADOS.

El conjunto de los tratados filosóficos y científicos constituye lo que usualmente


suele denominarse Corpus Aristotelicum, que viene a coincidir con las obras
ordenadas y editadas por Andrónico de Rodas. Estos tratados pueden clasificarse
temáticamente del modo siguiente:

1.-TRATADOS DE LOGICA: Este grupo de escritos, que posteriormente


vendría a ser denominado Organon (es decir, Instrumento), comprende las
obras siguientes:

a) Categorías (Predicamentos), dedicado al estudio de los términos


o locuciones simples a partir de las cuales se construyen los
juicios o proposiciones.
b) Acerca de la interpretación, tratado en dos libros que se ocupa
de los juicios o proposiciones.
c) Primeros Analíticos, en dos libros, dedicado al silogismo
considerado en su estructura formal y prescindiendo de
cualquier contenido a que tal estructura argumentativa pueda
aplicarse.
d) Analíticos posteriores (Segundos Analíticos), que consta
igualmente de dos libros en que se estudia el silogismo en cuanto
razonamiento científico capaz de conducir a la ciencia.
e) Tópicos, en ocho libros cuyo objeto de estudio es igualmente el
silogismo, pero no en tanto que conduce a la verdad, sino en
tanto que alcanza solamente conclusiones probables.
f) Acerca de las refutaciones sofísticas, se estudian los silogismos
que conducen a error.

2.- TRATADOS DE FISICA.

a) La Física, en ocho libros.


b) Acerca del Cielo, en cuatro libros, dedicado al estudio del
movimiento local en el Universo.
c) Acerca de la generación y de la corrupción, cuyos dos libros
tratan de definir y explicar estos procesos naturales.
d) Meteorología, compuesto de cuatro libros y cuyo objeto
fundamental son los fenómenos atmosféricos, aun cuando el
cuatro libro se ocupa de los metales.
3.- TRATADOS DE BIOLOGIA: Suelen distinguirse en este grupo dos tipos de
tratados, mayores y menores.

Los tratados mayores son los siguientes:


a) Acerca del alma, tres libros e que se trata de lo viviente en
general, del fenómeno de la vida y que contienen la formulación
aristotélica definitiva del tema del alma.
b) Historias de los animales, en diez libros.
c) Acerca de las partes de los animales, que consta de cuatro libros,
el primero de los cuales ofrece una introducción general a la
biología.
d) Acerca de la locomoción de los animales.
e) Acerca del movimiento de los animales.
f) Acerca de la generación de los animales.

Los tratados menores son:


g) Acerca de la sensación y lo sensible.
h) Acerca de la memoria y el recuerdo.
i) Acerca del sueño.
j) Acerca de los sueños.
k) Acerca de la adivinación por los sueños.
l) Acerca de la vida larga y breve.
m) Acerca de la vida y la muerte.
n) Acerca de la juventud y de la vejez.
o) Acerca de la respiración.

4.- METAFISICA, FILOSOFIA PRIMERA: En este apartado se incluye una sola


obra, la Metafísica, que en su forma actual se compone de catorce libros.

5.- ETICA: Tres son los grandes tratados aristotélicos dedicados a la moral.
a) Ética a Eudemo, en siete libros.
b) La Ética a Nicómaco, en diez libros.
c) Gran ética, en diez libros.

6.- POLITICA. A este apartado corresponden dos obras:


a) La Política, en ocho libros.
b) La constitución de Atenas.

7.- TEORIA DEL ARTE. Dentro de este apartado se incluyen:


a) La Retórica, consta de tres libros.
b) La Poética, que constaba de dos libros, si bien solamente se
conserva un fragmento del primero de ellos.
c) MEMORANDUMS Y COLECCIONES DE MATERIALES. A este
apartado pertenecen aquellas obras de investigación a gran
escala que se emprendieron en el Liceo bajo el impulso y
orientación de Aristóteles y con la colaboración de los miembros
de la escuela. Son los siguientes:
o Lista de los vencedores en los juegos políticos.
o Las Victorias dionisiacas.
o Las Didascalias, reseña de las representaciones teatrales de
Atenas.
o Las costumbres bárbaras.
o Los juicios de las ciudades.
o Problemas, treinta y ocho libros en los que se recogen 873
problemas en su mayor parte referentes a medicina.
o Las Disecciones, de siete libros.

http://www.filosofia.net/materiales/sofiafilia/hf/soff_20.html

2. ÉTICA Y ANTROPOLOGÍA

A. LA ETICA

La palabra ética proviene del griego éthike, un adjetivo que deriva del
nombre êthos, cuyo sentido originario es “lugar acostumbrado”, la patria
o morada donde se vive. Pero su sentido predominante y más
directamente relacionado con nuestro asunto es el de “carácter” o “modo
de ser”, el cual puede ser entendido como el “lugar interior”, la morada
que el ser humano porta en sí mismo y de la cual se apropia a través de
la educación y de su experiencia de vida.
Sin embargo, Aristóteles asocia el origen de la palabra “ética” no sólo a
êthos sino también a éthos “costumbre”, “hábito”.

http://guindo.pntic.mec.es/ssag0007/filosofica/aristoteles-duererias.pdf

a) Supuestos fundamentales de la ética.


Desde Aristóteles quien fue quien la constituyo en disciplina
independiente, suele entenderse por “Ética” la parte de la filosifia que
mira el valor de la conducta humana: No al “hacer” sino al “obrar” al bien
y al mal, en suma a la axiología de la conducta Humana.
La ética concebida no tanto por la idea del deber, sino por la percepción
de todo lo que, de cualquier modo, “está bien” es natural que se perciba
como algo sugestivo de la vida humana. Si virtud es perfección en general,
comprendemos ahora porque esta ética incluye no solo las llamadas
virtudes éticas o sea las del carácter (ethos), sino también las llamadas
dianoéticas, es decir, de la inteligencia que tiene que ver con la
determinación de la recta razón.
En la ética aristotélica se resaltan tres aspectos fundamentales: El bien,
la felicidad y la virtud.
1.- EL BIEN, agathos: el bien como fin.
La ética de Aristóteles es teológica: Considera la acción no en cuanto
buena en si misma sin tener en cuenta ningún otro aspecto, uno en la
medida en que conduce al bien del hombre. Hay una búsqueda, un
propósito, una meta, un telos. En otras palabras: Tiene en cuenta las
consecuencias de los actos, todo lo que lleve al logro de su bien o de su
fin será una acción “buena” del hombre.
Este último fin, al cual están subordinados todos los demás fines o bienes
será el bien, agathos.
El hombre como ser natural dirige sus acciones a algún fin. Se trata por lo
tanto, de descubrir ese fin. Este fin debe llevar a la autorrealización y en
cuanto tal, puede ser definido como un bien. Aristóteles define el bien
como “aquella a que todas las cosas tienden” e esa manera, bien y fin
coinciden.
Toda acción humana está orientada a conseguir un bien o un fin. Los
fines de las actividades de los hombres son múltiples: unos más
pequeños e inmediatos, como obtener buenas notas, terminar estudios
universitarios etc. Otros más mediatos como obtener un nivel social
más alto. Fines y bienes se subordinan unos a otros: La discusión se
establece en torno a cual es el bien al que debe subordinarse los demás
bienes. Aristóteles considera que detrás de todos los bienes, existe uno
que engloba a los demás. Lo llama la felicidad, la eudaimonia. De
acuerdo con lo anterior, lo importante en la ética es el bien.

b) LA FELICIDAD - LA EUDAIMONIA:
Según Aristóteles, es el bien supremo o fin supremo hacia el cual dirigen
las actividades humanas.
La Felicidad es el conjunto de bienes:
 Autosuficiente, es decir se desarrolla por si misma y nunca en
orden a otras cosas.
 Esta relacionada con los demás hombres por ser el hombre
social.
 Consiste en realizar la actividad propia del hombre: el ser
humano ademas de vivir y sentir (común a otros seres), lo propio
de él es pensar, razonar (no como el pensar puro, sino como
sabiduría práctica) “saber hacer las cosas”. Es decir el uso de la
razón es una condición necesaria, no suficiente para vivir la vida
de areté práctica.
En conclusión: el hombre será feliz si realiza principalmente su
actividad propia que es la intelectual, o sea, razonar, pensar
deliberar, decidir.

c) LA VIRTUD - LA ARETÉ.
Si la felicidad es el bien del hombre, toda actividad que contribuya a su
consecución será virtuosa. Felicidad y virtud, aparecer asi íntimamente
relacionadas. De ahí la importancia de la virtud.
Etimológicamente la palabra virtud viene del griego “areté” que
significa fuerza, poder, energía, que tiene que ser potencia para
alcanzar la felicidad. La virtud no es innnata, natural, espontanea, sino
que se requiere esfuerzo de la voluntad.
En esta medida la virtud es un poder, una fuerza, una capacidad que
posee el hombre para buscar el bien, su plenitud, la perfección en todos
los campos. Es una actitud adquirida, una disposición permanente, un
hábito que implica racionalidad, es decir, saber escoger aquello que lo
realiza como ser humano.
El concepto o categoría central en toda ética es el concepto de virtud
(areté) que quiere decir, no solo una perfección moral propiamente
dicha, sino toda excelencia o perfección en general, que de algún modo
es valiosa, y contribuye, por ende, a plasmar un tipo mejor de
humanidad.

http://aprendeenlinea.udea.edu.co/lms/moodle/pluginfile.php/5827/m
od_resource/content/0/pdf/La_etica_de_aristoteles.pdf

B. ANTROPOLOGÍA

Aristóteles inscribe el estudio del hombre (antropología) en la filosofía de


la naturaleza o física, ya que el ser humano es para Aristóteles un ser
natural, hasta el punto de que en su explicación también utiliza la teoría
hilemórfica: el ser humano es un compuesto de materia y forma. La
materia se identifica con el cuerpo y la forma con el alma. Frente a Platón,
que consideraba que el hombre es un compuesto de dos entidades
pertenecientes a realidades y mundos distintos (el alma al mundo de las
Ideas y el cuerpo al mundo sensible), que se unen accidentalmente,
Aristóteles entiende que el alma se comporta con el cuerpo del mismo
modo que la forma respecto de la materia. Es decir, el alma es la forma
del cuerpo, alma y cuerpo se necesitan como se necesitan forma y
materia. Y, del mismo modo que físicamente materia y forma son
inseparables porque forman una misma substancia, también cuerpo y
alma son inseparables porque constituyen una unidad substancial (se
unen substancialmente). En Platón, además, las actividades humanas son
actividades del alma, la cual ha tenido una existencia y un conocimiento
anteriores a su unión con el cuerpo. Para Aristóteles, en cambio, las
actividades humanas son el resultado del conjunto, el hombre conoce
con el cuerpo y con el alma, y ésta no tiene ni existencia ni conocimiento
independiente del cuerpo. De lo dicho se deduce la negación de la
inmortalidad del alma. Como la de Platón, la antropología de Aristóteles
es básicamente una teoría sobre el alma, es decir, una psicología (del
griego psykhé, alma, y logos, tratado = tratado del alma). Lo que más le
interesa a Aristóteles es qué es el alma, y a ella dedica su obra Sobre el
alma. (En consecuencia, también la psicología aristotélica es parte de la
física).

a) Teoría del alma

La palabra castellana alma es la traducción del término latino anima (aire,


aliento, respiración), término sinónimo de spiritus (en griego pneuma).
Sin embargo, Platón y Aristóteles utilizaron con más frecuencia el vocablo
"psykhé" (de donde vienen nuestras palabras "psicología" y "psíquico").
En el mundo griego encontramos dos formas de entender la noción de
alma:
1) aquello que nos permite alcanzar el conocimiento y la ciencia, nos
acerca a los dioses y nos diferencia del resto de seres (incluidos animales):
alma como principio de racionalidad;
2) aquello que se encuentra en los seres vivos gracias a lo cual dichos
seres son capaces de realizar actividades vitales y se diferencian de los
seres puramente inertes: alma como principio de vida.
Todos los filósofos griegos aceptaron estas dos dimensiones en el alma
humana, pero unos subrayaron un aspecto y otros otro; por ejemplo,
Platón destaca la primera dimensión, defendiendo su carácter divino e
inmortal; sin embargo Aristóteles va a subrayar la segunda (pero sin
olvidar totalmente la primera, como se verá en relación con el alma
intelectiva) y propone las siguientes definiciones del alma: como principio
de vida.
Los seres vivos se caracterizan por tener en sí mismos un principio vital
que los diferencia de los simples seres físicos. Tal principio radica en la
forma, es a la forma (ya que la materia es la misma tanto en los seres
vivos como en los inertes), a lo que Aristóteles llama alma (que actúa a
modo de forma substancial).

El alma es la forma del cuerpo, pero no de cualquier cuerpo sino de un


cuerpo organizado u orgánico. Los seres vivos tienen diversas partes que
están organizadas formando un todo. Estas partes son los órganos. Y el
alma es el fundamento que los organiza, es decir, que los articula, unifica
y hace confluir. Por ser su forma, el alma constituye la esencia del ser vivo.
como el acto de aquellos seres que tienen vida en potencia. El alma se
comporta también como acto respecto del cuerpo (potencia), es decir, lo
actualiza, lo vivifica; el alma es lo que anima al cuerpo, lo dota de
movimiento y de vida. Al entender de este modo la noción de alma,
Aristóteles estará obligado a admitir la existencia del alma no sólo en los
hombres sino también en los animales y las plantas. Puesto que el alma
es principio de vida y existen distintos niveles de vitalidad, habrá también
distintas almas, o partes del alma o funciones del alma. Por ello,
Aristóteles distingue alma vegetativa, alma sensitiva y alma racional o
intelectiva. Hay que tener cuidado en este punto: en los vegetales
encontramos el alma vegetativa, en los animales el alma vegetativa y el
alma sensitiva y en los hombres el alma vegetativa, la sensitiva y la
intelectiva, pero en realidad no se trata de que en los animales haya dos
almas y en los hombres tres, sino más bien de un alma con dos funciones
(la vegetativa y la sensitiva) en el caso de los animales y con tres funciones
en el caso de los hombres (la vegetativa, la sensitiva y la intelectiva). De
este modo se puede salvar la conciencia de la identidad y unidad que
encontramos en nuestra vida psíquica, pues no creemos que sea un
sujeto el que desea comer y otro el que piensa el modo de realizar ese
deseo sino que se trata del mismo sujeto que vive distintas actividades. ─
Alma vegetativa. Presente en las plantas, los animales y los hombres,
permite las actividades vitales más básicas como la respiración, nutrición,
crecimiento y reproducción. ─ Alma sensitiva. Presente en los animales y
los hombres, el alma sensitiva permite el conocimiento sensible (la
percepción); el apetito inferior sensible, que es la capacidad de tender al
bien sensible (es decir, los deseos y apetitos que tienen que ver con el
cuerpo como el deseo sexual o las ganas de comer), o de huir del mal
sensible (es decir, del dolor); y el movimiento local.
─ Alma racional. Pertenece exclusivamente a los seres humanos, no se
encuentra ni en los vegetales ni en los animales y gracias a ella el hombre
posee las actividades vitales propias del intelecto o entendimiento y de la
voluntad o apetito superior. El apetito superior o voluntad es la capacidad
de apetecer lo previamente conocido por el entendimiento; es distinto
del apetito sensible, pues mientras que éste se mueve de modo
inmediato hacia lo conocido por los sentidos a la búsqueda de bienes
sensibles, la voluntad se mueve, iluminada por el entendimiento, a la
búsqueda de bienes que trascienden lo sensible.

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LaEticaDeAristotelesYSuRelacionConLaCienciaYLaTecn-2095558.pdf
3. PRINCIPIOS FILOSOFICOS DEL PENSAMIENTO DE ARISTOTELES
4. TEORIAS DEL CONOCIMIENTO
METODO DEDUCTIVO
LOGICA
SILOGISMO

4. principios filosóficos del pensamiento de Aristóteles.

Para comprender el porqué de las cosas, Aristóteles propone los principios filosóficos
con los que pretende explicar las causas.

EMPIRISMO, principio de naturaleza u orden epistemológico: nada hay en el


entendimiento que no haya estado antes en los sentidos. Es decir, que el conocimiento
empieza por los sentidos, que nos conectan con el mundo exterior (tacto, vista, gusto,
olfato, audición) así como internamente (imaginación, memoria, etc.)

HILEMORFISMO, orden físico, biológico, antropología: la naturaleza es un compuesto


de materia y forma; es decir que para que exista la materia necesita de la forma. La
forma vendría a ser la causa de la materia; así la materia no puede existir sin la forma,
ni viceversa, porque ambos en conjunto forman un sistema. Para Aristóteles, la materia
vive a la espera de recibir forma, cumplir una posibilidad en el llegar a ser. Y si bien, no
habría materia sin forma, es posible hallar forma sin materia, ejemplo: el pensamiento
puro (Divino). Este principio por lo tanto tendría mejor uso en el campo de la metafísica.
La posibilidad del cambio de la materia a través de la forma, es denominada potencia
(dinamos).

INTELECTUALISMO, orden epistemológico, político y existencial: relacionado a la


metafísica de Aristóteles, que hace referencia a que “todos los hombres desean por
naturaleza saber”, es decir que las acciones humanas buscan como fin, el saber.

Para dicha época, el intelectualismo se sustentaba además en un contenido político y


social. La sociedad griega tenía como base de producción al esclavo privado de su
libertad, y que por tanto no posee derechos políticos, ni es ciudadano. Y aunque existían
artesanos en la ciudad que poseían una técnica “saber hacer” en sus labores, para
Aristóteles eran clasificados como un saber poieticos (creación), inferiores a los saberes
intelectuales.

TELEOLOGISMO, orden ontológico, físico, biológico, político: “porque la naturaleza de


una cosa es precisamente su fin”. Para entender esto, tenemos que partir de que en la
filosofía de Aristóteles el orden cronológico y el orden del conocimiento u orden lógico
no corren paralelamente en el mimo sentido; es más, el orden del conocimiento invierte
muchas veces el orden cronológico.

Cuando Aristóteles afirma que “lo que es postrero en el orden de análisis es primero en
el orden de la génesis”, quiere decir que las cosas se ordenan según su finalidad, y que
a su vez es su origen, por tanto la causa final es su principio.

ANIMAL POLITICOS QUE TIENE LOGOS, orden antropológico, político, existencial. El


hombre es un ser racional que participa en la sociedad a través del logos (comunicación
racional), este es el principio de la acción humana, le permite distinguir lo bueno de lo
malo, lo justo de lo injusto, y por tanto, ser parte y solo el todo. Mediante el logos el
hombre se hace social, político y moral.

ENERGEIA, orden físico, ontológico, existencial antropológico: Aristóteles distinguía


entre “dynamis” cuyo significado es potencia, y “energeia” que significa acto, y
manifiesta la idea de “ser en obra”.

Sumado a estos principios, están los siguientes principios lógicos en la filosofía


aristotélica:
El principio de no contradicción (A ^ ¬ A) sostiene que no es posible afirmar una cosa
y su contraria. Tal y como dice en su Metafísica: “es imposible que un mismo atributo
se dé y no se dé simultáneamente en el mismo sujeto y en un mismo sentido”.
Por tanto, cada cosa es necesariamente sí misma.
Por eso, el principio de identidad (A = A) es correlato del principio de no
contradicción.
Pero, si esto es así, entonces una proposición es verdadera o falsa y no cabe una
tercera alternativa. Estamos ante el principio de tercio excluido (A˅ ¬ A).
Finalmente, Aristóteles pensaba que todo tiene una causa (principio de razón
suficiente). Pero el fundamento de este principio no cabe hallarlo en la lógica sino
en la metafísica.

5. TEORÍA DEL CONOCIMIENTO

a) MÉTODO INDUCTIVO-DEDUCTIVO

Aristóteles ilustra este método por medio del análisis de un eclipse lunar: el
científico primero observa el oscurecimiento progresivo de la superficie lunar,
y a partir de ésta y otras observaciones induce varios principios generales, que
son que la luz viaja en línea recta, que los cuerpos opacos producen sombra, y
que cierta situación de dos cuerpos opacos cerca de un objeto luminoso resulta
en que la sombra de uno de ellos se proyecta en el otro. De estos principios
generales, y del hecho de que la Tierra y la Luna son cuerpos opacos, se deduce
el mecanismo de producción del eclipse; en otras palabras, ha progresado del
hecho de que la Luna se ha oscurecido a la comprensión del fenómeno.

De acuerdo con Aristóteles, los objetos individuales resultan de la unión de dos


componentes: materia y forma. La materia les confiere especificidad individual
mientras que la forma los hace miembros de una clase de objetos similares.
Las generalizaciones acerca de la forma son las que se realizan por inducción,
a partir de experiencias sensoriales. Aristóteles describe dos tipos de
inducción, por enumeración simple y por intuición: la primera es aquella en la
que una serie de proposiciones sobre objetos o eventos se toma como base
para una generalización acerca de la especie de que son miembros, razón por
la cual las premisas y la conclusión contienen los mismos términos descriptivos.
Un ejemplo muy conocido es:
El cuervo 1 es negro
El cuervo 2 es negro
El cuervo 3 es negro

Todos los cuervos son negros

En cambio, la inducción intuitiva consiste en la apreciación directa, muchas


veces repentina, de lo que es esencial en un conjunto de datos sensoriales; el
ejemplo que da Aristóteles es el de un observador que en varias ocasiones nota
que el lado brillante de la Luna es el que mira hacia el Sol y de pronto se da
cuenta de que la Luna brilla porque refleja la luz del Sol. Aristóteles señala que
este tipo de intuición sólo se desarrolla después de una experiencia extensa,
que los observadores experimentados ven con mayor penetración, o son
capaces de percibir más, en uno o un grupo de objetos o fenómenos, que los
que apenas se inician en esas tareas.

A pesar de la importancia (tanto positiva como negativa) que la inducción iba


a adquirir en la evolución histórica del concepto del método científico,
Aristóteles sólo la menciona para resolver el problema planteado por su interés
en la posesión de la esencia de las cosas: en realidad, la inducción es un
producto colateral y no muy importante del esencialismo aristotélico, y sirve
para llegar a la posición en la que el científico está listo para generar nuevos
conocimientos. En efecto, es cuando las generalizaciones alcanzadas por
medio de la inducción se usan como premisas para la explicación de las
observaciones iniciales, cuando realmente avanza el conocimiento.
El proceso lógico responsable de este portento es la deducción, la operación
mental inversa de la inducción, o sea donde se va de lo general a lo particular.
Aristóteles insistió en que sólo existe una forma general válida de deducción
en la ciencia cuando la conclusión es que una clase de objetos o sucesos se
incluye en otra, o se excluye de otra, ambas total o parcialmente. En forma
semiesquemática, si A y B representan las dos clases mencionadas, las únicas
deducciones válidas entre ellas son las siguientes cuatro:
Deducción Relación
A totalmente incluido
Todos los A son B
en B
A totalmente excluido
Ningún A es B
de B
A parcialmente incluido
Algunos A son B
en B
Algunos A no A parcialmente excluido
son B de B

Sin embargo, la deducción más importante de estas cuatro es la primera, en


vista de que la esencia de ciertas clases tiene relaciones especiales con la de
otras clases, lo que se traduce en deducciones del tipo "Todos los A son B". Por
esto mismo, el prototipo de la deducción científica es el silogismo Barbara, que
en forma esquemática corresponde a

Todos los A son B

Todos los C son A

Todos los C son B

Aristóteles señaló cuatro requerimientos empíricos (o sea, no lógicos) a las


premisas de cualquiera deducción con pretensiones de calificar como
explicación científica. Primero, que deberían ser ciertas; segundo, que
deberían ser indemostrables; tercero, que deberían ser mejor conocidas que
la conclusión; y cuarto, que deberían ser causas de los atributos mencionados
en la conclusión. Lo que primero llama la atención de estos requerimientos es
que las premisas deban ser indemostrables, pues parece contradictorio con el
papel previamente aceptado de la inducción como un mecanismo para
alcanzar generalizaciones. Pero lo que preocupaba a Aristóteles (según sus
comentaristas) era que la única forma de evitar regresiones infinitas en las
explicaciones científicas era postular la existencia de algunos principios
indemostrables en cada una de las ciencias; por lo tanto, no todo el
conocimiento acumulado en cada ciencia es demostrable. Aristóteles
especificó que esta propiedad la exhibían las leyes científicas más generales,
así como las definiciones de los significados de los atributos propios de cada
ciencia. Pero este requerimiento de indemostrabilidad de las premisas de las
deducciones científicas no es el que llama más la atención de los cuatro
mencionados, sino el de su relación causal con los atributos de la conclusión.
Aristóteles reconoció que entre las premisas y la conclusión se podían dar dos
tipos de correlaciones, causales y accidentales; para distinguirlas, propuso que
en las correlaciones causales el atributo ocurre en todos y cada uno de los
miembros de la clase incluida en la conclusión, se trata de una propiedad
específica y no de un efecto colateral de otros atributos, y pertenece a la
esencia del sujeto. Éste es uno de los varios talones de Aquiles del esquema
científico aristotélico, especialmente porque no se especifican las
características propias de la esencia. Aristóteles apuntó que "animal" es un
predicado esencial de "hombre", pero desgraciadamente agregó "musical"
como ejemplo de un predicado no esencial; de mayor trascendencia, una cosa
es dar ejemplos de predicados esenciales y accidentales (que fue lo que hizo)
y otra es estipular los criterios generales y específicos para hacer tales
distinciones (que fue lo que no hizo).

b) LÓGICA:
Para la lógica aristotélica, existen 3 principios que describen una parte del
funcionamiento del mundo,
b.1) PRINCIPIO DE IDENTIDAD
Según el principio de identidad (A=A), algo no puede ser y no ser al mismo tiempo y
en la misma relación. Pues bien, hay quien pretende objetar este principio, sin tener
en cuenta las condiciones puestas para su aplicación: por ejemplo, aplicando el
principio estructural de la diferencia (el que tiene lugar para definir las unidades de
la lengua [Miller, 1981]). Sabemos que dicha aplicación produce la exclusión de un
elemento: por ejemplo, x, si sirvió como referencia para ser diferente a los demás.
Ahora, si aplicamos –pongamos por caso– los diferentes de z, entonces x queda
incluido, con lo que parecería como si x≠x, idea que contradiría el principio de
identidad. Pero, en realidad, con esa operación forzamos las relaciones (recordemos
que son condición del principio de identidad), pues escogemos otro elemento con el
objetivo de hacer entrar el que fue excluido en la primera operación... pero,
entonces, ya estaríamos en una segunda operación (no es la misma relación), lo cual
elimina la posibilidad de aplicar el principio: Primer tiempo: elementos ≠ de x: a≠x,
b≠x, c≠x... z≠x, donde x queda por fuera (no cumple la condición de ser ≠de x).
Segundo tiempo: elementos ≠ de z: a≠z, b≠z, c≠z... x≠z, donde x queda por dentro
(cumple la condición de ser ≠de z); pero esta vez es z el que queda por fuera (no
cumple la nueva condición). De manera que x está en el conjunto, bajo ciertas
condiciones, y sale del conjunto, bajo otras condiciones. Sería el mismo caso de
Plutón: en 1930 se le declaró planeta y en 2006 se le quitó esa categoría. Entonces,
como planeta, ¿Plutón es y no es? No, lo que ocurre es que los criterios para asignar
ese estatuto han cambiado. Todo esto puede afirmarse, sin necesidad de pretender
objetar el principio de identidad. Aristóteles condicionó la aplicación del principio,
pues sabía muy bien –podemos presuponerlo– que fácilmente pueden hacérsele
objeciones a un principio de identidad sin condiciones (por ejemplo, durante un
tiempo suficiente, puede decirse que un ser vivo es y no es). Obsérvese que el
principio de identidad tiene un punto de partida: si A es, dado A. Entonces, si
aceptamos que hay A, de ahí en adelante no podemos operar más que con su
“existencia” (entonces, no se trata de una verificación en la realidad, sino de un
punto de partida). Si hay A, si damos por hecho que hay A, pues nos contradiríamos
si dijéramos que no hay A, al mismo tiempo y en las mismas circunstancias que hay
A. Incluso podría decirse que la lógica es una serie de recreaciones de esta primera
tautología, según la cual A=A. Es como si Aristóteles, en lugar de un principio de
identidad de la cosa, en realidad hablara de un principio de consistencia de quien
enuncia: “si empiezas considerando que hay A, no lo olvides en el camino”. Incluso
más: “si empiezas considerando que hay A, y encuentras en el camino que no hay A,
entonces tienes otro comienzo”. Ahora bien, no hay mucha dificultad para aceptar
que hay A, sobre todo si A está vacío: recordemos que esta lógica define una
proposición como aquello susceptible de ser calificado de verdadero o falso (V o F),
independientemente de lo que diga o de que diga algo. Pero ello ya comporta una
petición de principio: que lo afirmado –no importa qué– tiene como referente la
verdad, en su modalidad de presencia (V), o de ausencia (F); donde verdad = realidad
(adecuatio rei et intelectus). Pero hay procesos donde de entrada no puede contarse
con la existencia. El caso del niño frente al espejo [Lacan, 1949] no puede analizarse
partiendo del supuesto hecho de que hay sujeto (hay A), pues ello introduce
subrepticiamente, como punto de partida, la existencia de la identidad (A=A), que
es justamente lo que está en juego en el asunto del espejo. Del paso entre no
reconocerse en el espejo, hasta el momento en que el niño juega a aparecer-
desaparecer de la imagen, puede deducirse que, en un primer tiempo, ante el espejo
al niño nada puede regresarle (él no es sencillamente un dispositivo cognitivo que
aprehende el objeto, en este caso su imagen), pues del sujeto no hay. Y, en un
segundo momento, como efecto retroactivo del espejo, algo se produce. Las
sucesivas identificaciones que se siguen en la vida no dicen que el principio de
identidad flaquee, sino, más bien, que flaquea la identidad, que hay falta de ser
[Lacan]. Quien toma al sujeto como hecho, como dato, no tiene otra alternativa que
darle consistencia a eso (en la terapéutica psicológica, por ejemplo). En cambio,
quien no parte del dato sujeto, no busca hacerlo consistir (la clínica psicoanalítica,
por ejemplo); en este caso, no se trata de una tozudez que contradice la evidencia
de que alguien material hace una consulta, sino de la experiencia clínica que hace
surgir algo, más allá del individuo, más allá de su demanda (en la que tendría que
autorizarse el terapeuta, si toma al sujeto como dato). Por eso, de un lado, los físicos
se sorprenden de que haya algo: se preguntan por qué hay algo, en lugar de haber
nada; no se explican racionalmente el punto de partida, a saber: hay A. Desde ahí,
pueden explicar muchas cosas, pero se les escurre entre los dedos la causa primera
(por eso, en este punto, la ciencia parece no poder salir del ámbito de la religión).
Mientras que, de otro lado, Lacan se sorprende de que en relación con lo humano
nada haya: se pregunta por qué hay nada, en lugar de haber algo, por qué hay falta
de ser La evidencia de los físicos (hay algo), da lugar a decir hay A; y si hay A, pues
A=A, indefectiblemente (la lengua funciona por oposiciones, de manera que decir
hay A es, al mismo tiempo, decir que no hay no A). Pero recordemos todo lo que está
en juego para que eso sea posible: una masa de hablantes que comparte una cultura;
y, en el caso de la ciencia: registro, medida, explicación... en fin, todo el aparato
simbólico. Cuando A=A, A se mira al espejo y ve A. Pero sabemos que “lo que
permanece implícito en la definición de un hecho científico, es el conjunto de los
hechos que se excluyeron para hacer aparecer ese hecho” [Soler, 1992: 22]. Es decir,
la ciencia elige no tener en cuenta el hecho llamado “individuo” (que podría
introducir error en la detección de A); es decir, la condición de existencia de A es la
exclusión del sujeto; en otras palabras, A es, independientemente del sujeto; la
existencia de A es a prueba de sujeto. Hay otras perspectivas: el psicoanálisis, por
ejemplo, se propone producir el “sujeto” en el terreno ético [Miller, 1987].
Pero hay más: si la lógica ocurre meramente en la operación significante [Miller,
1981], entonces ella sería una operación en el lenguaje y no algo inherente a las
cosas, como cuando Copérnico anunciaba que el universo estaba escrito en
caracteres matemáticos. De manera que la evidencia de ahí A es una operación
simbólica que, como tal, constituye un límite. Se ha dicho que la realidad es el
residuo de lo posible (Koyré); que la ciencia es un tratamiento de lo real por lo
simbólico [Lacan, 1964]; que la ciencia parece correrle los límites a lo que no puede
ser dicho. De tal manera, A es una conquista simbólica. Es como decir: los
significantes nos permiten delimitar esto. Así, dado A es un límite. Pero, ¿y más allá?
¿Y más acá? En cualquier caso, algo no puede ser formulado, pero sabemos de esa
imposibilidad. En otras palabras, la lógica significante delimita lo imposible, como
dimensión humana. A no es lo real, a lo sumo es el objeto de la ciencia, la realidad;
la realidad de la causalidad y el determinismo. No obstante, A habla de algo que no
cumple su ley, porque no puede ser enunciado, pero esa imposibilidad tiene que ver
con su materialidad (por ejemplo, para el psicoanálisis, que hace de ese resto real
algo fundamental en la definición ética del sujeto).
B.2) PRINCIPIO DE NO-CONTRADICCIÓN:
Según este principio, si {A es x} → {A no es no-x}; o sea, es imposible que un atributo
pertenezca y no pertenezca al mismo sujeto. Con este principio —perdón por la
simpleza— lo que Aristóteles está diciendo es que si nos ponemos a conversar, con
el propósito de decir algo sobre el mundo (no es que sea así, pero al menos es el
propósito), lo mínimo es reconocer que lo dicho ha sido dicho; de lo contrario, no se
podría avanzar. ¡Es una redundancia! Claro, pero es que toda la lógica lo es, lo que
pasa es que allí se habla de “tautología”. Al argumentar, estamos basados en el
principio de no-contradicción, pues si no, nada se podría demostrar ni contradecir.
No quiere decir que no haya contradicciones, o que este principio le tenga pavor a
la contradicción. Querría decir, más bien, que si todo vale, nada es argumentable. Y
que, si se quiere argumentar, es necesario poner límites. Por eso, reflexionar es
perder la libertad: en una demostración, nos vemos obligados, por lo dicho, a
concluir de determinadas maneras, hasta el punto que la última afirmación –la
demostración final del teorema, por ejemplo– se dice casi sola, es una implicación
necesaria. Ahora bien, podría pensarse que en ámbitos como las noticias o la política
se ignora que lo dicho ha sido dicho; sin embargo, postulo la idea de que el
intercambio comunicativo en esos casos hace cesar de manera abrupta –casi que
después de cada frase– la condición temporal que se ha puesto como condición de
operatividad de los principios aristotélicos: allí no vale decir: “¡Pero si acabas de
decir lo contrario!”, pues perfectamente se nos puede responder: “ya estamos en
otro momento”. Contra el principio de no-contradicción se ha argüido, por ejemplo,
que propiedades excluyentes, como las que caracterizan a las ondas y a las partí-
culas, pueden ser detectadas en las entidades subatómicas (de donde estas serían
objetos materiales, pero contradictorios). Pero, en realidad, no es que se haya
objetado el principio de no-contradicción, sino que –como explica Capra [1982: 82-
86]– la terminología disponible (‘onda’, ‘partícula’, ‘causalidad’) es insuficiente para
describir los fenómenos atómicos; las unidades subatómicas aparecen como
partículas o como ondas según se las busque y según se argumenten las pruebas.
Aunque haya ámbitos donde la contradicción es funcional (en los mitos, por ejemplo,
y sin ir tan lejos, en la conversación cotidiana), si un enunciado aspira a la dignidad
de ser indicativo, si se aspira a “logicizar” una descripción, a formalizar una disciplina,
se acepta el principio de no-contradicción, independientemente de que la revisión
de las doctrinas sea permanente (es decir: creemos en la nocontradicción aunque
luego reconozcamos que lo que habíamos dicho era contradictorio).
De nuevo, Aristóteles parece haberse referido a la discusión, no a las cosas. Cuando
alguien intenta dar cuenta de algo, lo mínimo que Aristóteles le pide es que tenga
en cuenta que lo dicho ha sido afirmado y que si va a cambiarlo lo diga o que, en
todo caso, se atenga a las consecuencias si sus interlocutores se dan cuenta. Esto
explica que el principio de incertidumbre de Heisenberg se refiera a la imposibilidad
de describir, al mismo tiempo, velocidad y posición de las partículas subatómicas. Es
decir, no se trata exactamente de una propiedad de la naturaleza, sino de una
dificultad de nuestra aproximación o, como intento mostrar aquí, de nuestra
argumentación; ahora bien, tal dificultad también señala hacia la diferencia entre lo
que habíamos pensado para el mundo macroscópico y lo que sería el mundo
microscópico, pero no a favor de una descripción o en detrimento de otra: ¿acaso
se trata de que las categorías para el macromundo y la manera de describirlo son
ineficaces para el micromundo porque éste es diferente?... con lo cual volveríamos
al asunto de la adecuatio rei et intelectus; o se trata, más bien, de que nuevas
descripciones, nuevas categorías, nuevas argumentaciones hacen emerger nuevas
dimensiones significativas para el mundo. En todo caso, podría pensarse que la
presencia de la contradicción en la conversación cotidiana o en el mito puede ser
pensada de una manera más compleja.
B.3) PRINCIPIO DEL TERCERO EXCLUIDO
Según este principio, dos proposiciones contradictorias ({A es x} y {A no es x}) no
pueden ser verdaderas ambas, al mismo tiempo y dentro de la misma relación. En
consecuencia con el principio reductor del álgebra que la lógica encarna, una
proposición significativa puede ser V o F y, por tanto, dos proposiciones
contradictorias no pueden ser verdaderas ambas; una, o ambas, son F. Pues bien,
decir “contradictorias” es ya decir que ambas no pueden ser ciertas; el que acepta
que es posible la contradicción ¡de hecho ha aceptado el principio aristotélico! O
sea, el principio de no-contradicción no elimina la contradicción, sino que le da un
lugar, incluso le da una posibilidad. Adviértase, además, que decir “proposiciones
contradictorias” es afirmar que se refieren a la misma porción de realidad y en las
mismas condiciones (de tiempo y relación). Pues dos proposiciones contradictorias
pueden ser ambas V, si se dicen para momentos distintos o para relaciones distintas:
es la fuente de la broma en la que alguien dice que el pato y la gallina son animales
peligrosos, mientras que el tigre y el león son animales inofensivos… claro, pues es
lo que una lombriz le dice a sus pequeños hijos. Habría contradicción entre lo que
dice el personaje y lo que tenemos enunciado para nosotros, que habla de inocencia
de los comedores de lombrices y de peligrosidad de los carnívoros de formato
mayor; pero el chiste está en explicitar al final las condiciones en las cuales se
relacionan ciertos grupos de animales con la propiedad de peligrosos o inofensivos.
Es claro –según me parece– que el problema, en primera instancia, tiene que ver con
la idea de una proposición “con sentido”, “dotada de significación”. De nuevo, si
damos estas ideas por sentadas, de ahí en adelante no es posible negar el principio
del tercero excluido. Como la lógica es tautológica, si se aceptan las condiciones de
partida, los principios no son más que una manera de inferir lo que de ellos es
posible. De tal manera, los tres principios aristotélicos no son problemáticos, sino
los axiomas que utilizan, a saber, los siguientes: - hay A, - A dice algo de la realidad,
- decir de la realidad es o no es, - eso es tener o no tener sentido. Hay quienes
quieren derrumbar el tercero excluido de la lógica aristotélica, diciendo que no solo
hay V y F, que también existe el “más o menos” entre ambos, así como el gris entre
el blanco y el negro, el regular, el mediano, etc. En este punto puede precisarse el
tercer principio, en un sentido que parece desprenderse de la idea de Aristóteles. El
filósofo griego no se molestaría si dijéramos que, razonando en el marco de una
lógica (tal vez este sintagma sea una redundancia), está excluido un juicio sobre los
enunciados que exceda en número a la cantidad de juicios aceptados en ese
contexto. En otras palabras, podemos generalizar su tercer principio así: “Si la
cantidad de juicios sobre A es n, queda excluido el juicio n+1”. Aplicado al ya
conocido, tenemos: n=2 (V y F, únicos valores de una proposición), entonces está
excluido el juicio n+1, o sea, 2+1, o sea, está excluido un tercer juicio. Entonces, el
tercero excluido es apenas un ejemplo de un principio más general que podríamos
llamar el [n+1]° excluido (ene-másuno-avo excluido).
Así, si en la lógica de los críticos fáciles está el gris, además del blanco y el negro,
pues estaría excluido un cuarto color... y si hay siete colores en el arco iris, pues está
excluido el octavo... Y, aunque haya millones de gamas entre el blanco y el negro,
nadie ha oído hablar de “las piezas grises” del ajedrez. En el juego de damas, una
pieza está en el tablero o no está; no cabe una tercera posibilidad. En cambio, en el
fútbol, donde un jugador puede estar: i) afuera del campo, ii) adentro del campo, o
iii) momentá- neamente-por-fuera; no cabe una cuarta opción (si estar en la banca
es una cuarta, pues está excluida una quinta). En resumen: Si A tiene dos valores
excluyentes [p / q], entonces {A es p} o {A es q}, pero no puede ser {A es p y es q} ni
{A es r} (tercer valor que no estaba incluido en la lista inicial de valores posibles). Y
si A tiene tres valores [p / q / r], entonces si {A no es p}, todavía puede ser {A es q} o
{A es r}; pero si, además, {A no es q}, entonces ya no puede ser más que {A es r}; en
ningún caso puede ser {A es p y A es q}, o {A es p y A es r}, o {A es q y A es r}, o {A es
p y A es q y A es r}, ni {A es s} (cuarto valor que no estaba incluido en la lista inicial
de valores posibles).Y así sucesivamente. Es evidente que se trata, otra vez, de una
consistencia de la argumentación: si pusimos como condición que las cosas eran
verdaderas o falsas, no hay una tercera opción, a no ser que pongamos otra
condición. Y no se crea que pasar a lógicas nobinarias nos permitiría objetar la lógica
formal del tercero excluido. Si tomamos, por ejemplo, la lógica modal (que tiene
cuatro valores: posible, contingente, necesario e imposible) y le aplicamos nuestra
fórmula del [n+1]° excluido, un valor por fuera de esos cuatro (o que combine
algunos de ellos), un quinto valor, queda excluido. El punto interrogable es el lugar
axiomático del principio, a saber: qué se puede juzgar, qué se puede afirmar de algo
en ese mundo sobre el que pretendemos operar. Este principio aristotélico, así visto,
parecería poder ponerse en el sentido del principio estructural del lenguaje que
consiste en poner límite, entre otras para hacer algo pensable. Si a cada cosa le
corresponde un juicio, es imposible pensar. Si hay un número (n) finito de juicios, es
posible pensar, justamente porque está excluido el [n+1]°; de incluirlo
recurrentemente, se obtiene infinito, o sea, imposibilidad de pensar.
c) Silogismo:
El silogismo es la inferencia en que, dado dos juicios, se sigue de ellos, forzosamente,
otro, por la simple forma de los juicios dados. “A=B, y B=C ; por lo tanto, C=A”. este
es un esquema silogístico. Dado los dos primeros juicios, de ellos se obtiene o
concluye el tercero, sin necesidad de que sepamos nada acerca del contenido de los
2 primeros. En la simple estructura de esos juicios, la sola fuerza de su forma, lo que
permite obtener el tercer juicio. Los 2 primeros juicios se llaman premisa (ante-
puesta) y el tercero conclusión. Este ultimo esta ligado a los otros por el concepto
derivativo: “por lo tanto”.
El silogismo es la estructura de dos pensamientos, en que tres juicios están
relacionados entre ellos de manera tal que uno deriva de los otros dos. Para que se
de esa estructura, es necesario que esos dos juicios tengan algo de común entre ellos
y con el tercero.
Si atendemos a la expresión con que se traduce el silogismo, hallamos en este 3
terminos relacionados de manera que constituye tres proposiciones.

Todos los hombres son mortales. (principio universal)


Socrates es hombre. (principio particular)
Por lo tanto, Socrates es mortal. (conclusión)

Un silogismo es un logos en el cual, supuestas ciertas cosas, algo distinto de las cosas
supuestas se sigue necesariamente de que las cosas supuestas son tales. Por “de que
las cosas supuestas son tales” entiendo que es a causa de ellas que la conclusión se
sigue; y por esto entiendo que no hay necesidad de ningun termino adicional para
justificar la conclusion. De acuerdo con esta definicion, un silogismo es un
argumento correcto, aunque no todo argumento correcto es un silogismo. Por
ejemplo, un argumento que tuviera como conclusion una de las premisas serıa
logicamente correcto, pero no serıa un silogismo de acuerdo con esta definicion.
Aristoteles distingue entre silogismo y demostracion. Una demostracion es un
silogismo (es decir, un argumento correcto) con premisas verdaderas. Ası, toda
demostracion es un silogismo, pero no todo silogismo es una demostracion. En la
exposicion sistematica de la silogıstica, Aristoteles usa otra nocion de silogismo que
es mas restringida que la introducida en la definicion. En sentido tecnico (el que tiene
en la silogıstica), un silogismo es un argumento correcto con solo dos premisas
categoricas cuantificadas (universales particulares) y tres terminos distintos
distribuidos de modo que uno figura en las dos premisas pero no en la conclusion, y
los dos restantes aparecen uno en cada premisa y también en la conclusión.
Aristóteles usa la palabra silogismo tanto en este sentido técnico, como en el sentido
que tiene en la definición, y solo por el contexto se puede saber en qué sentido la
está utilizando.

ANALISIS DE ACUERDO A LA REALIDAD

El cuidado de enfermería ha sido influenciado por la Aristóteles en cuanto a que


nuestra atención esta dirigida no solo a una cuerpo como materia organica, sino que
es una dualidad materia-alma, del cual se desprenden cuidados específicos para
cada dimensión biológica, espiritual, social, psicológica.
Aristoteles considera el bien dentro de la ética, como un fin en cual tiene en cuenta
las consecuencias de los actos, todo lo que lleve al logro de su bien o de su fin, será
una acción buena del hombre, como ejemplo se puede mencionar las decisiones en
el costo-beneficio del quehacer diario de enfermería.
Asi mismo, el Proceso de atención de enfermería, que parte de una recolección de
datos específicos, y tiene como meta llegar al planteamiento de diagnosticos de
enfermería; responde al método inductivo-deductivo.
Respecto a la salud pública, se relaciona al uso del método deductivo, donde nos
permite reconocer a pacientes portadores de determinadas enfermedades en base
a una sintomatología (obtenida previamente por un método inductivo) que ahora
esa una premisa general. Asi mismo, los determinantes de la salud, responden a un
método deductivo donde por ejemplo, que la ausencia de servicios básicos de agua,
desague contribuyen a la aparición de enfermedades transmisibles.