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ORACIONES

Acuérdate
Santo Rosario
El Rosario de San Miguel
Oración al Santo Ángel de nuestra guarda
Otra oración al Ángel de la guarda
Súplica Ardiente a los Santos Ángeles
ACUERDATE
Acuérdate,
¡oh piadosísima, Virgen María!,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que
han acudido a tu protección,
implorando tu auxilio
haya sido abandonado de Ti.

Animado con esta confianza,


a Ti también yo acudo,
y me atrevo a implorarte
a pesar del peso de mis pecados.

¡Oh Madre del Verbo!,


no desatiendas mis súplicas,
antes bien acógelas benignamente. Amén

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EL ROSARIO DE SAN MIGUEL
Es poco conocido el denominado “Rosario de San Miguel o Corona Angélica”, a pesar de que
ya en fecha 8 de agosto de 1851, fuese favorecido por el Papa Pío IX con algunas
indulgencias.

Promesas del Santo Arcángel


En una aparición a la ilustre sierva de Dios, Antonia d´Astonaco en Portugal. Pidió el Arcángel
San Miguel que se compusieran en su honor nueve salutaciones, correspondientes a los
nueve coros de los Ángeles, las cuales consistieran cada una en la recitación de un
Padrenuestro y tres Avemarías.
Prometió el glorioso Arcángel que quien le honrase de esta manera antes de la Sagrada
Comunión, sería acompañado a la Sagrada Mesa por un ángel de cada uno de los nueve
coros. Y quienes rezasen todos los días estas nueve salutaciones, les prometió además su
asistencia y la de los santos ángeles durante su vida y que después de la muerte los libraría
del Purgatorio a ellos y a sus allegados.

Modo de rezar
Por la intercesión de San Miguel y del celestial coro de los Serafines, el Señor nos haga dignos
del fuego de una perfecta caridad. (Padrenuestro y tres Avemarías).

Por la intercesión de San Miguel y del celestial coro de los Querubines, el Señor nos conceda
la gracia de caminar por la senda de la perfección cristiana. (Padrenuestro y tres Avemarías).

Por la intercesión de San Miguel y del celestial coro de los Tronos, el Señor nos conceda el
espíritu de una verdadera humildad. (Padrenuestro y tres Avemarías).

Por la intercesión de San Miguel Arcángel y del celestial coro de las Dominaciones, el Señor
nos otorgue la gracia de podernos dominar en nuestros sentidos. (Padrenuestro y tres
Avemarías).

Por la intercesión de San Miguel y del celestial coro de las Potestades, el Señor nos guarde
de los engaños y tentaciones del demonio. (Padrenuestro y tres Avemarías).

Por la intercesión de San Miguel y el celestial coro de las Virtudes, el Señor nos conceda el
no ser vencidos en el peligroso combate de las tentaciones. (Padrenuestro y tres
Avemarías).

Por la intercesión de San Miguel y del celestial coro de los Principados, el Señor nos otorgue
el espíritu de una verdadera y sincera obediencia. (Padrenuestro y tres Avemarías).

Por la intercesión de San Miguel y el celestial coro de los Arcángeles, el Señor nos conceda
el don de la perseverancia en la fe y en las buenas obras. (Padrenuestro y tres Avemarías).

Por la intercesión de San Miguel y del celestial coro de los Ángeles, el Señor nos conceda
que estos espíritus bienaventurados nos guarden siempre, y principalmente en la hora de
nuestra muerte. (Padrenuestro y tres Avemarías).

Antífona
Gloriosísimo San Miguel Arcángel, el primero entre todos los Ángeles, defensor de las almas,
vencedor del demonio, que estás junto a la gloria de Dios y después de nuestro Señor
Jesucristo eres admirable protector nuestro, dotado de sobrehumana excelencia y fortaleza.
Dígnate alcanzarnos de Dios el vernos libres de todos los males y ayúdanos a ser fieles cada
día en el servicio del Creador.

V/ Ruega por nosotros, oh Bienaventurado San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Cristo.

R/ Para que seamos dignos de las divinas promesas.

Oración
Omnipotente y Eterno Dios, que por un prodigio de tu bondad y misericordia elegiste para
príncipe de tu Iglesia al gloriosísimo Arcángel San Miguel en pro de la salvación de las almas,
te rogamos nos hagas dignos de vernos libres, por su benéfica protección, de todos nuestros
enemigos, de modo que ninguno de ellos pueda molestarnos en la hora de nuestra muerte,
sino que nos sea concedido que el mismo Arcángel nos conduzca a la presencia de tu excelsa
y divina Majestad. Por los méritos de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

(Padrenuestro, Avemaría y Gloria a los Ángeles custodios de las personas a las que
hayamos ofendido o escandalizado).

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ORACIÓN AL SANTO ANGEL DE NUESTRA GUARDA
Oh Ángel Santo de mi guarda, a cuya custodia y protección con admirable providencia me
encomendó el Altísimo desde el primer instante de mi vida: yo te doy gracias, Santo Ángel
mío, por el cuidado que has tenido de mí, por la compañía que me has hecho y por haberme
librado de los peligros de alma y cuerpo; por tanto, a ti me encomiendo de nuevo, oh
glorioso protector mío: defiéndeme de mis enemigos visibles e invisibles, y ayúdame con tus
santas inspiraciones, para que siendo fiel a ellas, logre gozar de tu compañía en la patria
celestial. Amén.

(Padrenuestro)

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OTRA ORACIÓN AL ANGEL DE LA GUARDA.
Espíritu soberano a quien pertenece mi guarda, por la voluntad divina, que en este piadoso
cuidado distribuye las jerarquías de los Ángeles para la tutela de los hombres: tú, parte
esclarecida de su eterna milicia por la gracia con que permaneciste, sin perder la silla que
tantos ángeles perdieron, te ruego me guíes y defiendas de la maldad de mis apetitos, de la
debilidad de mi naturaleza, de las insolencias de mi voluntad, de la malicia de los pecadores,
del ejemplo de los malos, del poder de los tiranos, de la venganza de mis enemigos, de la
envidia de los espíritus amotinados que no perseveraron como tú, y pretenden que yo caiga
como ellos.

Ángel santo, yo no sé tu nombre para llamarte por él; mas sé tu oficio para valerme de él.
Atiéndeme de suerte que mi alma logre tu cuidado, y mi vida tu inspiración, para que por ti
en la gloria restaure tu encomendado el lugar que perdió tu compañero, y tú goces el fruto
de tus advertimientos, y yo el de la obediencia; porque yo contigo, y por tu inspiración
merezca el reino de la paz y de la gloria.
Así lo conceda el que te crió con su poder, y me redimió con su sangre. Amén.

[Inicio]
SÚPLICA ARDIENTE A LOS SANTOS ÁNGELES
¡Dios Uno y Trino, Omnipotente y Eterno! ¡Antes de acudir a Tus siervos, los Santos Ángeles,
para implorar su auxilio, nos postramos ante Tu presencia y Te adoramos, Padre, Hijo y
Espíritu Santo!

¡Alabado seas y glorificado por toda la eternidad!

¡Todos los Ángeles y los hombres que creaste Te adoren, Te amen, Te sirvan, Dios Santo,
Fuerte, Inmortal!

¡Y tú, oh María, Reina de todos los Ángeles, acepta benigna los ruegos que les dirigimos a
tus siervos y preséntalos al Altísimo, tú, que eres la omnipotencia suplicante, la medianera
de las gracias, a fin de que obtengamos gracia, salvación y auxilio! Amén.

Os lo suplicamos: ¡Conducidnos con seguridad a la Casa del Padre Celestial! Vosotros, Nueve
Coros de los Espíritus Bienaventurados. ¡Apresuraos, socorrednos!

Os suplicamos: ¡apresuraos, socorrednos! La Sangre Preciosísima de Nuestro Señor y Rey se


ha derramado por nosotros.

Os suplicamos: ¡apresuraos, socorrednos! El Corazón de Nuestro Señor late amorosamente


por nosotros.

Os suplicamos: ¡apresuraos, socorrednos! El Corazón Inmaculado de María, la Virgen


Purísima, vuestra Reina, palpita amorosamente por nosotros.

Os suplicamos: ¡apresuraos, socorrednos!

Arcángel San Miguel


Príncipe de los Ejércitos Celestiales, vencedor del dragón infernal, recibiste de Dios la fuerza
y el poder para aniquilar, por la humildad, la soberbia del príncipe de las tinieblas. Te
suplicamos insistentemente, nos alcances la verdadera humildad de corazón, la fidelidad
inquebrantable para cumplir siempre la voluntad de Dios, y fortaleza en el sufrimiento y en
la prueba. Socórrenos para que no desfallecer ante el trono de la justicia de Dios.

Arcángel San Gabriel


Ángel de la Encarnación, fiel mensajero de Dios, abre nuestros oídos para que estén atentos
a las más leves advertencias y toques del Corazón de Nuestro Señor. Permanece siempre
junto a nosotros, te suplicamos, para que comprendamos debidamente la Palabra de Dios,
la sigamos y obedezcamos, y cumplamos dócilmente aquello que Dios quiere de nosotros.
Haz que estemos siempre disponibles y vigilantes para que el Señor, cuando llegue, no nos
encuentre dormidos.

Arcángel San Rafael


Tú que eres lanza y bálsamo del Amor de Dios, hiere, te suplicamos, nuestro corazón con el
Amor ardiente de Dios. Deja que nunca sane esta herida, para que perseveremos cada día
en el camino de la caridad y que todo venzamos por el amor.

¡Ayudadnos, santos y poderosos hermanos, siervos ante Dios! - Defendednos de nosotros


mismos, de nuestra cobardía y tibieza, de nuestro egoísmo y ambición, de nuestra envidia y
desconfianza, de nuestras ansias de riqueza, bienestar y fama.

Desatadnos de las cadenas del pecado y del apego a las cosas temporales.

Quitadnos las vendas de los ojos que nosotros mismos nos pusimos para no tener que ver
las necesidades de nuestro alrededor y poder así tranquilamente, ocuparnos y
compadecernos de nosotros.

Traspasad nuestro corazón con la santa ansiedad de Dios, para que no dejemos de buscarlo
con ardor contrición y amor.

Contemplad la Sangre del Señor derramada por nuestra causa. Contemplad las lágrimas de
vuestra Reina derramadas por nuestra causa. Contemplad en nosotros la imagen de Dios,
desfigurada por nuestros pecados, que Él por amor imprimió en nuestra alma. Ayudadnos a
conocer, adorar, amar y servir a Dios. Ayudadnos en el combate contra el poder de las
tinieblas, que sutilmente nos rodea y acecha. Ayudadnos para que ninguno se pierda y un
día estemos reunidos en la eterna bienaventuranza. Amén.

(Durante la novena rezamos por la mañana la Súplica Ardiente, y a lo largo del día invocamos
a menudo a los Santos Ángeles:)

San Miguel, asístenos con tus Santos Ángeles, ¡ayúdanos y ruega por nosotros!

San Gabriel, asístenos con tus Santos Ángeles, ¡ayúdanos y ruega por nosotros!

San Rafael, asístenos con tus Santos Ángeles, ¡ayúdanos y ruega por nosotros!

[Inicio]
SANTO ROSARIO
ORACIÓN INICIAL
Por la señal de la santa cruz +
de nuestros enemigos +
líbranos, Señor, Dios nuestro +

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo + Amén.

¡Oh Dios!, tú único Hijo nos ha conseguido con su muerte y resurrección los bienes de la
salvación eterna: concédenos que, venerando estos misterios en el Santo Rosario de la
Virgen María, imitemos aquello que contienen y obtengamos aquello que prometen. Por
Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Credo de los Apóstoles


Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su
único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de
Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato fue crucificado, muerto y
sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los
cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a
juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de
los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Acto de Contrición.
Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido. Pésame por el
Infierno que merecí y por el Cielo que perdí; pero mucho más me pesa, porque pecando
ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Vos. Antes querría haber muerto que haberos
ofendido, y propongo firmemente no pecar más, y evitar todas las ocasiones próximas de
pecado. Amén.

Padre Nuestro.
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén

Ave María (3)


Dios te salve María llena eres de gracia el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las
mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la ahora de nuestra
muerte. Amén
Gloria.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por
los siglos de los siglos. Amén.

MISTERIOS DEL ROSARIO


Misterios Gozosos (Lunes y Sábado)

Misterios Dolorosos (Martes y viernes)

Misterios Gloriosos (Miércoles y Domingo)

Misterios Luminosos (Jueves)


MISTERIOS GOZOSOS
Hoy contemplaremos los misterios gozosos. Ellos se caracterizan por el gozo que produce el
acontecimiento de la encarnación. Meditar los misterios "gozosos" significa adentrarse en
los motivos últimos de la alegría cristiana y en su sentido más profundo. Significa fijar la
mirada sobre lo concreto del misterio de la Encarnación y sobre el preanuncio del misterio
del dolor salvífico. (Ver "El Rosario de la Virgen María", N° 20).
PRIMER MISTERIO
En el primer misterio gozoso se contempla la Anunciación.
"Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
a una virgen desposada con un hombre, llamado José, de la casa de David; el nombre de la
virgen era María. Y entrando donde ella estaba dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está
contigo...vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre
Jesús"... Dijo María: "He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra"". (Lc 1, 26-
28.31-38)

Oh Dios, autor de la salvación, que enviaste a tu ángel Gabriel a Santa María para hacerla
Madre del Redentor; aviva en nuestra mente la firme convicción de ser tus hijos y de querer
vivir siempre en comunión con el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Ofrecemos este misterio por la paz del mundo:


Para que los gobernantes de las naciones, responsables de promover el bien común y la
concordia entre las naciones, establezcan entre los pueblos relaciones de justicia, de
reconciliación y de paz.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.


"Oh mi Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las
almas al cielo, especialmente las más necesitadas de tu misericordia".

SEGUNDO MISTERIO
En el segundo misterio gozoso se contempla la Visitación de Nuestra Señora.
"En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una
ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel. Y en cuanto oyó Isabel el saludo
de María...quedó llena del Espíritu Santo". (Lc 1, 39-41)

Oh Señor, sabiduría y fuerza de los profetas, que inspiraste a la Madre del Verbo encarnado
visitar a su distante y anciana prima, para que tu Hijo, que ella llevaba en su seno, santificase
a Juan, el más grande profeta; concédenos obtener las gracias y las virtudes por la presencia
operante de la Madre de la Iglesia.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Ofrecemos este misterio por todos los sacerdotes de nuestra Arquidiócesis:


Para que vivan su sacerdocio como servicio incansable y donación sin límites a Cristo y a la
Iglesia.
Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.
"Oh mi Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las
almas al cielo, especialmente las más necesitadas de tu misericordia".

TERCER MISTERIO
En el tercer misterio gozoso se contempla el nacimiento de Jesús.

"José y María salieron de Nazaret hacia Belén y, "mientras ellos estaban allí se le cumplieron
los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo
acostó en un pesebre"". (Lc 2, 6-7)

Oh Señor del cielo y de la tierra, que te complaciste en poner en movimiento a las estrellas
del cielo y encaminar a los humildes y doctos hacia la fría cueva en donde María dio a luz a
tu Hijo divino; concédenos unirnos en la humildad y el amor a la vida del Verbo encarnado.
Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Ofrecemos este misterio por todas nuestras familias:


Para que por medio del rezo constante del santo rosario, nuestros hogares vivan cimentados
en el amor y en la paz de Cristo.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.


"Oh mi Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las
almas al cielo, especialmente las más necesitadas de tu misericordia".

CUARTO MISTERIO
En el cuarto misterio gozoso se contempla la purificación de la Virgen.

"Cuando, según la ley de Moisés, se cumplieron los días de la purificación, subieron a Jesús
a Jerusalén para presentarle al Señor, como está prescrito en la Ley del Señor: "Todo varón
primogénito será consagrado al Señor"". (Lc 2, 22-23)

Oh Dios, libertador del pueblo elegido, que acogiste en el templo a tu Hijo divino con su
Madre Virgen; concédenos por intercesión de la misma Madre de Dios ser presentados a ti
en el Paraíso.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Ofrecemos este misterio por los enfermos:


Para que el Señor Jesús y nuestra Madre Santa María, salud de los enfermos, los visiten con
su amor misericordioso y les den la salud deseada.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.


"Oh mi Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las
almas al cielo, especialmente las más necesitadas de tu misericordia".
QUINTO MISTERIO
En el quinto misterio gozoso se contempla el Niño perdido y hallado en el templo.

"El niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres...Al cabo de tres días, lo
encontraron en el templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y
preguntándoles". (Lc 2, 43-46)

Oh Padre del cielo, que consentiste que tu Hijo divino se entretuviera contigo, entre los
doctores del templo, no obstante, las grandes angustias de sus padres por el temor de
haberlo perdido; haznos perseverantes en la oración para conseguir los frutos de la
redención.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Ofrecemos este misterio por el Año del Rosario que estamos viviendo:
Para que Santa María nos eduque a contemplar el rostro de Jesús, su Hijo y así nuestra
mirada no se aparte jamás de Él.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.


"Oh mi Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las
almas al cielo, especialmente las más necesitadas de tu misericordia".

Concluimos el rezo del Santo Rosario dirigiéndole a Nuestra Madre, con amor filial, el rezo
de la Salve:

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve.
A ti clamamos los desterrados hijos de Eva. A ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle
de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra: vuelve a nosotros esos tus ojos
misericordiosos. Y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu
vientre. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre
de Dios, para que seamos dignos de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

LETANÍAS DE LA VIRGEN
Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial,


ten piedad de nosotros.

Dios, Hijo, Redentor del mundo,


Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,
Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Madre de misericordia,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,


perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,


escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,


ten misericordia de nosotros.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.


Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

ORACIÓN.
Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de cuerpo, mente
y espíritu, y por la intercesión de Santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este
mundo y concédenos las alegrías del cielo.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

En el nombre del Padre, + y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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MISTERIOS DOLOROSOS
Hoy contemplaremos los misterios dolorosos. El Rosario escoge algunos momentos de la
Pasión, intuyendo que ellos son el culmen de la revelación del amor y la fuente de nuestra
salvación. Los misterios dolorosos llevan al creyente a revivir la muerte de Jesús poniéndose
al pie de la cruz junto a María, para penetrar con ella en la inmensidad del amor de Dios al
hombre y sentir toda su fuerza regeneradora. (Ver "El Rosario de la Virgen María", N° 22).

PRIMER MISTERIO
En el primer misterio doloroso se contempla la oración en el huerto de los Olivos.

"Salió (del cenáculo) y, como de costumbre, fue hacia el monte de los Olivos, y los discípulos
le siguieron. Y se apartó de ellos...y puesto de rodillas oraba diciendo: "Padre, si quieres,
aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya"...Y sumido en angustia,
insistía más en su oración. Su sudor se hizo como de gotas espesas de sangre que caían en
tierra". (Lc 22, 39-44)

Oh Dios, omnipotente y misericordioso, que en el huerto de los Olivos abandonaste a tu Hijo


a una amarguísima agonía para expiación de los pecados de los hombres; convierte a ti,
suma bondad, nuestras frágiles voluntades para que, detestando el pecado, nos convirtamos
a la santidad y a la justicia.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Ofrecemos este misterio por los pobres y por todos los que sufren:
Para que el Señor los auxilie en sus necesidades, aprendan a descubrir la dimensión
reconciliadora del dolor y encuentren en todos los miembros de la Iglesia un testimonio de
amor solidario.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.


"Oh mi Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las
almas al cielo, especialmente las más necesitadas de tu misericordia".

SEGUNDO MISTERIO
En el segundo misterio doloroso se contempla la flagelación del Señor.

"Díceles Pilato: "¿Y qué voy a hacer con Jesús, el llamado Cristo?" Y todos a una: "¡Sea
crucificado!"...Pilato, entonces, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás y
entregó a Jesús, después de azotarlo, para que fuera crucificado". (Mt 27, 22; Mc 15, 15)

Dios de infinita bondad y de eterna justicia, que toleraste la pena dolorosa de la flagelación
de tu divino Hijo para que su sangre lavase las miserias de los hombres; imprime en nosotros
sentimientos de vivo dolor por nuestros pecados y confirma el sincero propósito de
repararlo generosa y sinceramente.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Ofrecemos este misterio por el Santo Padre, el Papa Juan Pablo II:
Para que el Señor que lo ha elegido como sucesor de San Pedro, lo cuide y ayude en todo
momento, a fin de que sea para la Iglesia principio y fundamento visible de la unidad de la
fe y de la comunión en la caridad.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.


"Oh mi Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las
almas al cielo, especialmente las más necesitadas de tu misericordia".

TERCER MISTERIO
En el tercer misterio doloroso se contempla la coronación de espinas.

"Los soldados le llevaron dentro del palacio, es decir, al pretorio, y llamaron a toda la
cohorte. Le visten de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñen. Y se pusieron
a saludarle: "¡Salve, Rey de los judíos!". (Mc 15, 16-18)

Sabiduría eterna de Dios, que no ahorraste a tu divino Hijo, nuestro Salvador, el tormento
de la corona de espinas para que expiase especialmente los pecados de impureza y de
orgullo del hombre; sálvanos de las tinieblas del mal.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Ofrecemos este misterio por las familias:


Para que la relación de los padres con sus hijos y de los esposos entre sí estén vivificadas por
el amor, la comunicación y el respeto.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.


"Oh mi Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las
almas al cielo, especialmente las más necesitadas de tu misericordia".

CUARTO MISTERIO
En el cuarto misterio doloroso se contempla a Jesús con la cruz a cuestas.

"Tomaron, pues, a Jesús, y él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que
en hebreo se llama Gólgota, y allí, le crucificaron" (Jn 19, 16-18)

Oh Dios, que manifestaste tu amor en la admirable redención del hombre y que de la penosa
subida al Calvario de tu divino Hijo sacaste plena satisfacción por las culpas de la humanidad
entera; convierte a los pecadores al verdadero camino, para que vuelvan a recorrerlo,
aceptando de buen grado el peso de la cruz y las humillaciones debidas por sus pecados.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Ofrecemos este misterio por todos los pueblos de la tierra:


Para que, iluminados por la sabiduría del Espíritu, reconozcan al Señor Jesús como el Hijo
amado que el Padre ha enviado para salvación de todos.
Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.
"Oh mi Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las
almas al cielo, especialmente las más necesitadas de tu misericordia".

QUINTO MISTERIO
En el quinto misterio doloroso se contempla la muerte de Jesús en la cruz.

"Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: "Mujer,
ahí tienes a tu hijo". Luego dice al discípulo: "ahí tienes a tu madre"...(después) la oscuridad
cayó sobre toda la tierra hasta la hora de nona...y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: "Padre,
en tus manos pongo mi espíritu" y, dicho esto, expiró". (Jn 19, 26-27; Lc 23, 44-46)

Imploramos, Oh Señor, tu misericordia infinita, por la muerte en la cruz de tu amado Hijo,


obediencia suprema a tu designio divino; para que sea dignamente honrada tu justicia y los
hombres puedan entrar a gozar de tu presencia en la casa paterna.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Ofrecemos este misterio por el aumento de nuestro amor filial a Santa María:
Para que amándola como el Señor Jesús la ama, María nos configure más plenamente con
su divino Hijo.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.


"Oh mi Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las
almas al cielo, especialmente las más necesitadas de tu misericordia".

Concluimos el rezo del Santo Rosario dirigiéndole a Nuestra Madre, con amor filial, el rezo
de la Salve:

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve.
A ti clamamos los desterrados hijos de Eva. A ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle
de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra: vuelve a nosotros esos tus ojos
misericordiosos. Y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu
vientre. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre
de Dios, para que seamos dignos de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

LETANÍAS DE LA VIRGEN
Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial,


ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,

Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Madre de misericordia,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,


perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,


escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,


ten misericordia de nosotros.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.


Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

ORACIÓN.
Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de cuerpo, mente
y espíritu, y por la intercesión de Santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este
mundo y concédenos las alegrías del cielo.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

En el nombre del Padre, + y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

[Inicio]
MISTERIOS GLORIOSOS
Hoy contemplaremos los misterios gloriosos. La contemplación del rostro de Cristo no puede
reducirse a su imagen de crucificado. ¡Él es el Resucitado! El Rosario ha expresado siempre
esta convicción de fe, invitando al creyente a superar la oscuridad de la Pasión para fijarse
en la gloria de Cristo, en su Resurrección y en su Ascensión. Contemplando al Resucitado, el
cristiano descubre de nuevo las razones de la propia fe (ver 1 Cor 15,14), y revive el gozo de
María, quien experimentó de modo intenso la nueva vida del Hijo glorificado. (Ver "El
Rosario de la Virgen María", N° 23).

PRIMER MISTERIO
En el primer misterio glorioso contemplamos la Resurrección del Señor.

"Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una
túnica blanca, y se asustaron. Pero él les dice: "No os asustéis. Buscáis a Jesús de Nazaret, el
Crucificado; ha resucitado, no está aquí. Ved el lugar donde le pusieron"". (Mc 16, 5-6)

Padre de inmensa gloria, por la fe viva y operante en la resurrección de tu divino Hijo, haznos
vencedores del mal y del infierno.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Ofrecemos este misterio por la Paz del mundo:


Para que los gobernantes de las naciones acojan el pedido del Papa Juan Pablo II, de forjar
una paz con justicia y con perdón, para que de esta manera cesen los odios, los deseos de
venganza y el ansia de la destrucción.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.


"Oh mi Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las
almas al cielo, especialmente las más necesitadas de tu misericordia".

SEGUNDO MISTERIO
En el segundo misterio glorioso se contempla la Ascensión del Señor a los cielos.

"Jesús se acercó a ellos y les habló así: "Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándoles
en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo..." Después...alzando sus manos los
bendijo. Y, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo, en donde está
sentado a la derecha del Padre". (Mt 28, 18-19; Lc 24, 50-51)

Dios, omnipotente y eterno, que glorificaste la humanidad gloriosa de tu divino Hijo con la
triunfante ascensión al cielo; mantén despierta en nosotros la esperanza de las realidades
espirituales y haznos partícipes en la tierra de los sentimientos del corazón materno de Santa
María.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Ofrecemos este misterio por el Santo Padre, el Papa Juan Pablo II, por su santidad de vida,
salud e intenciones;
Para que el Señor Jesús lo sostenga en todo momento con su amor.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.


"Oh mi Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las
almas al cielo, especialmente las más necesitadas de tu misericordia".

TERCER MISTERIO
En el tercer misterio glorioso se contempla la venida del Espíritu Santo sobre la Virgen
María y los apóstoles.

"Llegado el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar...Se les


aparecieron unas lenguas como de fuego que dividiéndose se posaron sobre cada uno de
ellos; y quedaron todos llenos del Espíritu Santo". (Hch 2, 1.3-4)

¡Oh Padre!, que en unión de tu divino Hijo enviaste al Espíritu Santo a Santa María, la madre
de Jesús, y a los apóstoles, reunidos con ella en el cenáculo; une a toda la humanidad en
Cristo, nuestro Redentor, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Ofrecemos este misterio por las familias cristianas:


Para que sean testigos del Evangelio y fomenten la vocación cristiana de sus hijos.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.


"Oh mi Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las
almas al cielo, especialmente las más necesitadas de tu misericordia".

CUARTO MISTERIO
En el cuarto misterio glorioso se contempla la asunción de Santa María al cielo .

"La Inmaculada siempre Virgen María, Madre de Dios, concluida su vida terrena fue
ascendida en cuerpo y espíritu a la gloria celestial" (Definición dogmática de Pío XII)

Oh Dios, felicidad eterna de los bienaventurados, que con la asunción al cielo en cuerpo,
mente y espíritu de la Madre de tu Hijo divino manifestaste el triunfo de la reconciliación
del hombre; por la intercesión de la misma Virgen María, haznos santos, como tú nos
quieres.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Ofrecemos este misterio por las vocaciones al sacerdocio :


Para que el Señor nos conceda, muchas y buenas vocaciones, a fin de que la grey cristiana,
guiada por santos y sabios sacerdotes, pueda llegar segura a los pastos abundantes de la
eterna felicidad.
Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.
"Oh mi Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las
almas al cielo, especialmente las más necesitadas de tu misericordia".

QUINTO MISTERIO
En el quinto misterio glorioso se contempla la coronación de Santa María.

"Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y
una corona de doce estrellas sobre su cabeza". (Ap 12, 1)

Oh Trinidad gloriosa y eterna, fin último de la persona humana y de todo el universo creado,
que revelas tu gloria de manera singular en la exaltación de la Madre de tu divino Hijo, como
Madre de la Iglesia triunfante, purgante y militante; haznos ahora, en la tierra, hijos devotos
de la Iglesia, para poder gozar para siempre de la infinita misericordia de tu redención.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

El que dirige el rezo:


Ofrecemos este misterio por los que sufren:
Para que unidos con amor y esperanza a la Cruz del Señor Jesús, experimenten el amor del
Padre, la presencia confortadora del Espíritu Santo, y la caridad de sus hermanos cristianos.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.


"Oh mi Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las
almas al cielo, especialmente las más necesitadas de tu misericordia".

Concluimos el rezo del Santo Rosario dirigiéndole a Nuestra Madre, con amor filial, el rezo
de la Salve:

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve.
A ti clamamos los desterrados hijos de Eva. A ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle
de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra: vuelve a nosotros esos tus ojos
misericordiosos. Y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu
vientre. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre
de Dios, para que seamos dignos de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

LETANÍAS DE LA VIRGEN
Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial,


ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,

Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Madre de misericordia,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,


perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,


escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,


ten misericordia de nosotros.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.


Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

ORACIÓN.
Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de cuerpo, mente
y espíritu, y por la intercesión de Santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este
mundo y concédenos las alegrías del cielo.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

En el nombre del Padre, + y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

[Inicio]
MISTERIOS LUMINOSOS
Hoy contemplaremos los nuevos misterios de la luz. Cada uno de estos misterios revela el
Reino ya presente en la persona misma del Señor Jesús. Si bien todo el misterio de Cristo es
Luz, ya que Él es la Luz del mundo, esta dimensión se manifiesta sobre todo en los años de
la vida pública, cuando el Señor anuncia el Evangelio del Reino. (Ver "El Rosario de la Virgen
María", N° 21).

PRIMER MISTERIO
En el primer misterio luminoso se contempla el Bautismo de Jesús en el Jordán.

"Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán.
Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia Él como una paloma. Se
oyó una voz del cielo: "Tú eres mi Hijo amado, mi preferido"". (Mc 1, 9-11)

Señor, Dios nuestro, cuyo Hijo se manifestó en la realidad de nuestra carne; concédenos
poder transformarnos interiormente a imagen de aquel que hemos conocido semejante a
nosotros en su humanidad.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Ofrecemos este misterio por los jóvenes:


Para que siguiendo el ejemplo de entrega generosa de Santa María, tengan el valor de seguir
el llamado del Señor en sus vidas y den todas sus energías para construir un Perú más justo
y reconciliado donde se viva sin temor el espíritu de las Bienaventuranzas del Reino.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.


"Oh mi Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las
almas al cielo, especialmente las más necesitadas de tu misericordia".

SEGUNDO MISTERIO
En el segundo misterio luminoso se contempla la auto revelación de Jesús en las Bodas de
Caná.

"Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: "No les queda vino". Jesús le contestó: "Mujer,
¿qué nos va a mí y a ti? Aún no ha llegado mi hora". Su Madre dijo a los sirvientes: "Haced
lo que Él diga". Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y
creció la fe de sus discípulos en Él". (Jn 2, 3-5.11)

Señor, Padre Santo, que, por admirable designio, quisiste que la Virgen santa interviniese en
los misterios de nuestra salvación; concédenos te rogamos, que dóciles a las palabras de la
misma Madre de Cristo, hagamos todo lo que tu Hijo enseñó y ordenó en su Evangelio.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Ofrecemos este misterio por las familias cristianas:


Para que como verdaderas iglesias domésticas, sean auténticos santuarios donde se viva la
fe, la esperanza y la caridad; donde florezca la fidelidad, la obediencia filial, y el amor mutuo;
donde se defienda y promueva la vida.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.


"Oh mi Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las
almas al cielo, especialmente las más necesitadas de tu misericordia".

TERCER MISTERIO
En el tercer misterio luminoso se contempla el anuncio del Reino de Dios invitando a la
conversión.

"Después que Juan fue encarcelado, Jesús se dirigió a Galilea, a predicar la buena noticia del
Reino de Dios. Decía: "El tiempo ha llegado y el reino de Dios ya está cerca. Convertíos y
creed en el Evangelio"". (Mc 1,14-15)

Señor Dios nuestro, que, en la Bienaventurada Virgen María, nos diste el modelo del
discípulo que fielmente guarda las palabras de vida; te rogamos que abras nuestros
corazones para escuchar las palabras de la salvación, y así, por el poder del Espíritu Santo,
resuenen a diario en nosotros y produzcan abundantes frutos de conversión y santidad.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Ofrecemos este misterio por México y Honduras:


Para que Nuestra Señora de la Evangelización, Madre y protectora de nuestro pueblo, al que
ha acompañado a través de su historia como su Maestra en la fe, interceda por nosotros y
nos ayude a construir en nuestra patria, la ansiada civilización del amor.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.


"Oh mi Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las
almas al cielo, especialmente las más necesitadas de tu misericordia".
CUARTO MISTERIO
En el cuarto misterio luminoso se contempla la Transfiguración

"Y sucedió que, mientras Jesús estaba orando, cambió el aspecto de su rostro, y su ropa se
volvió de una blancura resplandeciente...De la nube salió una voz, que dijo: "Éste es mi Hijo
amado, mi elegido. Escuchadle a Él"". (Lc 9, 29.35)

Oh Dios, que en la Transfiguración de tu Unigénito confirmaste los misterios de la fe con el


testimonio de los profetas, y prefiguraste maravillosamente nuestra perfecta adopción
como hijos tuyos; concédenos, te rogamos que, escuchando siempre la palabra de tu Hijo,
el predilecto, seamos un día coherederos de su gloria. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

El que dirige el rezo:


Ofrecemos este misterio por los consagrados y consagradas:
Para que viviendo su consagración religiosa, por la fiel observancia de sus reglas y
constituciones, vivan con firmeza y constancia la caridad perfecta para con Dios, para con la
Iglesia y para con el prójimo.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.


"Oh mi Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las
almas al cielo, especialmente las más necesitadas de tu misericordia".

QUINTO MISTERIO
En el quinto misterio luminoso se contempla la Institución de la Eucaristía.

"Durante la cena, Jesús tomó pan, dio gracias a Dios, lo partió y se lo dio a sus discípulos,
diciendo. "Tomad y comed, esto es mi cuerpo". Tomó luego en sus manos una copa, dio
gracias a Dios y lo pasó a sus discípulos, diciendo: "Bebed todos de ella, porque esto es mi
sangre"". (Mt 26, 26-27)

Oh, Dios, que en la Santa Eucaristía nos dejaste el memorial de tu pasión; te pedimos nos
concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que
experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Ofrecemos este misterio por los sacerdotes y las vocaciones al sacerdocio:


Para que la vida de los sacerdotes sea una vida santa y para que en nuestra Arquidiócesis de
Lima siempre hayan corazones jóvenes que estén dispuestos a seguir el llamado del Señor
en el servicio sacerdotal.

Se reza seguidamente un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria al Padre.


"Oh mi Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las
almas al cielo, especialmente las más necesitadas de tu misericordia".

Concluimos el rezo del Santo Rosario dirigiéndole a Nuestra Madre, con amor filial, el rezo
de la Salve:

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve.
A ti clamamos los desterrados hijos de Eva. A ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle
de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra: vuelve a nosotros esos tus ojos
misericordiosos. Y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu
vientre. ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Ruega por nosotros, Santa Madre
de Dios, para que seamos dignos de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

LETANÍAS DE LA VIRGEN
Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre celestial,
ten piedad de nosotros.

Dios, Hijo, Redentor del mundo,


Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,

Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Madre de misericordia,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,


perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,


escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,


ten misericordia de nosotros.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.


Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

ORACIÓN.
Te pedimos, Señor, que nosotros, tus siervos, gocemos siempre de salud de cuerpo, mente
y espíritu, y por la intercesión de Santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de este
mundo y concédenos las alegrías del cielo.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

En el nombre del Padre, + y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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