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CENS Nº 456

Historia y Geografía 2016


Criterios de evaluación
Profesor: Tomás Adolfo Lorenzo
Presentación
En la enseñanza secundaria no podemos aferrarnos, los docentes, a nada. Nuestra preparación ha de
ser constante y nuestra forma de avanzar en los conocimientos hacia y en conjunto con los alumnos
debe considerar todas las posibilidades existentes. Tal es así, naturalmente, porque los estudiantes
presentan particularidades que ya no se ocultan bajo una idea de alumno, como imponía la
enseñanza tradicional. Para suerte nuestra, hoy podemos conocer esas afecciones que nuestros
educando cargan.
Esto impone, de una manera inobjetable, que a la hora de la evaluación nuestro criterio deba
manifestar estas características del alumnado. Por ejemplo, no es lo mismo un alumno que es
acompañado en su casa por su familia, que aquel (hablo en el caso específico de los adultos) que ha
de trabajar durante horas cada día. En términos didácticos, tampoco se puede evaluar del mismo
modo a un alumno que eleva una voz crítica respecto de un tema que sea de su interés, en
comparación con aquél estudiante que -cual Bartleby- se dedica a presentar trabajos ad nauseaum.
En definitiva, evaluar es enseñar y aprender. Aprende el docente la realidad de que sus estudiantes
no muestran todos el mismo interés, y de que ello no es perspectiva de unificación del criterio de la
calificación.
Alejados, entonces, de pensar que nuestros alumnos deban ser unos sacrificados -como si se tratara
de Urbano Fabre- y de que nuestra función ya no es la de un Javert, desarrollaré a continuación los
elementos que considero fundamentales de la evaluación.
Criterios de evaluación:
1. Asistencia. El estudiante deberá asistir a clase en un 70%. No será suficiente con que de el
presente, deberá permanecer durante el transcurso de la clase.
2. Participación en clase. Los alumnos habrán de levantar la mano y expresar en forma
ordenada sus argumentos. Estos se deberán referir a lo que tratemos, no viene a cuento
hablar del partido de Boca si estamos desarrollando el problema del Imperialismo antes de
la revolución rusa.
3. Exámenes escritos: el estudiante se presentará en la clase el día pautado, responderá las
preguntas consignadas para las que debió estudiar previamente, caso contrario desaprobará.
4. Entrega de trabajos prácticos. Los estudiantes deberán presentar carpeta completa, con esto
nos referimos a que el dictado de las clases (que se desarrollan siguiendo el siguiente orden:
presentación del tema de clase, un breve dictado, consignas del trabajo práctico, discusión
de lo trabajado en clase) debe estar en su carpeta, y no a que su carpeta deba poseer,
portadas y hojas en blanco; más bien a que lo trabajado en mi materia debe estar presente
en su carpeta.
Cierre de la propuesta de evaluación
¿Cómo evaluamos? ¿Qué evaluamos? Son preguntas que en sí mismas no manifiestan el camino
que la educación argentina atraviesa en la actualidad. Colegios en los que no hay material de
trabajo, en los que los alumnos llegan maltratados de sus hogares, con serios problemas de
adicciones, que plantean manifiestas situaciones de violencia, son algunos de los aspectos que han
deteriorado nuestra función como educadores.
Desde la dictadura en adelante el papel del estado por destruir la educación pública ha sido en
extremo claro. Aquí, en nuestra ciudad, por ejemplo, a una colega del Colegio Normal 1 se le cayó
un postigo de ventana encima, ¿se imagina alguien que eso podría ocurrir en el colegio San Luis?
Mientras eso ocurría, el entonces gobernador Daniel Scioli gastaba miles de pesos en enrejar el
perímetro de la Catedral de la ciudad. Hoy nos enfrentamos a la política educativa del gobierno del
Pro (cuyas medidas económicas son un deja vu del Rodrigazo) y su insistencia por instaurar un
programa de evaluación cuyos fines ya lo sabemos todos: exponer el fracaso del sistema educativo
argentino y buscar un culpable: el docente… ¿cómo no va a fracasar si el estado destina cada vez
menos presupuesto para la escuela pública?
Vuelvo a preguntarme, entonces, ¿Qué evaluamos? ¿Cómo evaluamos? Y agrego, ¿Para qué
evaluamos? ¿No será este el momento de que aquellos que formamos parte de la escuela pública
comencemos a discutir hacia donde se dirige nuestro sistema educativo? La escuela pública tiene
cada vez más necesidades, y muchas de ellas se vinculan cada vez menos con el proceso de
aprendizaje en sí mismo (tal es así que el trabajo de los gabinetes ya requieren mucho menos el
desempeño de la psicopedagogas y mucho más el de las psicólogas).
No quería dejar de plantear este contexto en el que trabajamos. Por eso este escrito tiene las
características que tiene.