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Juicio de tipicidad en los delitos de extorsión y robo.

Casación 145-
2010/LAMBAYEQUE
Corte Suprema de Justicia
Sala Penal Permanente
Casación n° 145-2010/Lambayeque (sentencia)
Fecha de Emisión: 10 de noviembre de 2011

Extracto: “SEGUNDO: (…) estando a la forma y circunstancias de la comisión de los acontecimientos, se


llega a establecer que concurren los elementos objetivos y configurativos del delito de extorsión, habida
cuenta que los encausados (…) usando como modos facilitadores la vis compulsiva o intimidación obligaron
con amenazas a la agraviada (…) a hacer la entrega de ventaja patrimonial económica (…). Que, a
diferencia del delito de robo, la acción se consuma cuando se produce el apoderamiento en forma ilegitima
de un bien mueble, sustrayéndolo del lugar donde se encuentra, e igualmente concurren los medios
facilitadores vis compulsiva y vis absoluta, pero en este caso, el apoderamiento es entendido como arrebato
y posterior huida del agente del delito, usando igualmente la violencia para doblegar la capacidad defensiva
de la víctima, situación que no concurre en el delito de extorsión, puesto que en este ilícito el sujeto activo
usa la coacción como medio, por lo que el verbo rector es el “obligar a otro”, de donde se colige que estos
delitos son excluyentes entre sí”.

Palabras clave: Extorsión, robo, bien jurídico.

PEDIENTE : 05874-2010-32
SENTENCIADO : JUAN ALBERTO FLORES MENDOZA, JOSE LUIS
PALACIOS FARIAS y ALONZO DEL JESÚS MENA RIVERA .
DELITO : EXTORSION.
AGRAVIADO : MARIA ANGELICA FIESTAS TENORIO y ENRIQUE
VILLEGAS MARTÍNEZ
MATERIA : APELACIÓN DE SENTENCIA CONDENATORIA.
CEDENCIA : JUZGADO COLEGIADO “B” DE PIURA

JUEZ PONENTE : Sr. MEZA HURTADO

SENTENCIA

Piura, uno de diciembre del año dos mil once.-

VISTA Y OÍDA, la audiencia de apelación de


sentencia condenatoria, por los Jueces Integrantes de la Segunda Sala Penal
de Apelaciones de la Corte Superior de Justicia de Piura, DANIEL MEZA
HURTADO, OSCAR WILFREDO ALAMO RENTERIA y MATEO GÓMEZ
MATOS, en la que intervienen como parte apelante los sentenciados Alonzo
del Jesús Mena Rivera, Juan Alberto Flores Mendoza y José Luis Palacios Farias,
asesorados por sus Abogados Defensores, Horacio Timaná Zapata, Qimcy
Mayurí Sisniegas y el Fiscal Superior. Manuel Rodolfo Sosaya López
DELIMITACIÓN DE LA APELACIÓN
Que, la presente apelación se interpone contra la resolución No. 23, que
contiene la sentencia expedida por el Juzgado Penal Colegiado “B” de
Piura, su fecha veintisiete de agosto del año dos mil once, en cuanto condena
a ALONSO DEL JESÚS MENA RIVERA y JUAN ALBERTO FLORES MENDOZA,
como coautores del delito contra el patrimonio en su figura de de extorsión en
agravio de de María Angélica Fiestas Tenorio y Enrique Villegas
Martínez, imponiéndole diez años a MENA Rivera y catorce años a Flores
Mendoza, de pena privativa de libertad efectiva y fijaron en seis mil nuevos
soles el monto de reparación civil en forma solidaria a favor de los agraviados;
ordenándoles el pago de las costas del proceso.

CONSIDERANDO:

Primero.- Que, como efecto de la apelación formulada y de conformidad con


el artículo 409 del Código Procesal Penal, la Segunda Sala Penal de Apelaciones
de Piura, asume competencia para realizar un reexamen de los fundamentos
de hecho y derecho que tuvo el A quo para dictar la sentencia recurrida, así
como la pena impuesta, y en tal sentido se pronuncia de la misma manera.

Segundo.- Los hechos materia de la imputación consisten en que los


procesados Juan Alberto Flores Mendoza, Alonso del Jesús Mena Rivera y José
Luis Palacios Farías actuando como coautores procedieron a extorsionar a los
agraviados quienes se dedican a la venta de chatarra en la localidad del Alto –
Talara y en la ciudad de Chiclayo, es así que el treinta de noviembre del año
dos mil diez, cuando la agraviada María Angélica Fiestas Tenorio, empieza a
recibir llamadas telefónicas a su número de celular por parte de un sujeto que
ofrecía la venta de chatarra, y en la segunda llamada a su celular, le exigía la
entrega de cien mil nuevos soles, a cambio de no atentar contra su vida ni la
de su familia, el treinta de diciembre, nuevamente recibe llamadas telefónicas
donde le exigía la entrega de diez mil nuevos soles, además de los mensajes
de texto amenazantes, optando en aceptar su propuesta y colaborar en pagar
solo en la suma de tres mil nuevos soles, para lo cual le indican que realice el
depósito en el Banco dela Nación de Piura, a nombre de Alonzo del Jesús Mena
Rivera, montándose un operativo policial, interviniéndose al sentenciado Mena
Rivera, a quien se le encontró el voucher del depósito realizado por la
agraviada, por la suma de S/. 200.00 nuevos soles, dicho procesado se
encontraba acompañado del ahora también sentenciado Juan Alberto Flores
Mendoza, determinándose que el coprocesado José Luis Palacios Farias, ha
sido la persona que ha brindado la información para extorsionar a los
agraviados, por cuanto era la persona que conocía a los agraviados, además le
vendía chatarra y algunas veces trabajaba con los agraviados, siendo la
agraviada María Angélica Fiestas, quien le reconoce la voz de dicho
sentenciado, a través de las grabaciones hechas por personal policial.

Tercero.- Que, en la audiencia de apelación de sentencia efectuada no se ha


actuado ninguna prueba ni oralizado pruebas documentales y el debate
contradictorio realizado se ha limitado a las argumentaciones tanto de la
defensa de los procesados como del representante del Ministerio Público.

Cuarto.- Así el defensor del imputado Alonzo Del Jesús Mena Rivera,
Abogado Horacio Timaná Zapata, postula la nulidad de la sentencia para que
se haga un nuevo juzgamiento y se haga una correcta valoración del material
probatorio en base a lo siguiente:
i) Se investiga a tres presuntos coautores por delito de extorsión, el
extorsionador PALACIOS FARÍAS, FLORES MENDOZA y su patrocinado, pero
que no es un supuesto de extorsión, ya que Palacios Farías desde el Penal con
la intervención de Flores Mendoza desarrollaban la extorsión por existir una
decisión común, pero justamente es Juan Alberto Flores Mendoza quien se
convierte en un autor mediato respecto de su patrocinado al utilizarlos para
que cobre un dinero depositado a su nombre, por ello no subsisten los
requisitos de la coautoría.
ii) En la sentencia el procesado que se encuentra en el Penal, Palacios Farías
señala no conocer a su patrocinado sino a Flores Mendoza. su patrocinado ha
sido utilizado en la creencia de cobrar un dinero de procedencia lícita, pero se
da con la sorpresa de que es un dinero procedente de un acto extorsivo, es
decir “ha sido utilizado” y no existe coautoría.
iii) Alternativamente postula que, si las pruebas demuestran la actuación
dolosa de su patrocinado, se le debe ubicar como cómplice secundario, solo el
autor ejecuta el tipo penal, es así que no existe actos ejecutivos desarrollados
por su patrocinado sino solo de los otros dos procesados, es decir su conducta
se limitó a prestar un apoyo material, este hecho se relata en la sentencia
cuando se señala que éste se limitó a cobrar el dinero, por lo que se aprecia
que no hay ningún acto ejecutivo de su patrocinado. En ninguna parte de la
sentencia recurrida se describe actos ejecutivos de su patrocinado sino de
colaboración como cómplice secundario en razón de no ser su aporte de
carácter principal.
iv) Que en el presente caso es un supuesto de TENTATIVA DE EXTORSÍON, ya
que la extorsión efectuada desde el penal de Río Seco de diez mil nuevos
soles, denuncia los hechos y la Policía Nacional simbolizan el depósito de
dinero, por lo cual no hay actos de extorsión sino actos de pesquisa, ya que no
hay desprendimiento del dinero de la víctima, ya que no se consumó el delito,
pues la extorsión ya se frustró y sólo hay tentativa.
Que en resumen su patrocinado es un intermediario material, por haber sido
utilizado por uno de los extorsionadores, ya que el material probatorio no se ha
valorado debidamente, esa así que el defensor de oficio en todo momento ha
manifestado que se abstenía de la defensa de su patrocinado, por lo que se ha
restringido su derecho de defensa.

Quinto.- Igualmente el defensor del imputado Juan Alberto Flores


Mendoza, postula que se declare nula la sentencia impugnada,
fundamentándolo en el sentido de que su patrocinado no tuvo una defensa
técnica en el Juicio Oral, y si bien tuvo un abogado de oficio, él nunca participó
y solo estuvo presente físicamente pero señalaba que no intervenía, poniendo
a su defendido en una situación de indefensión, contraviniendo los derechos
fundamentales de su patrocinado, por no haber tenido una defensa y que debe
llevarse a cabo un juicio de acuerdo a ley.

Sexto.- Por su parte el Ministerio Público, expone que debe confirmarse la


sentencia apelada, dado que es una resolución que corresponde a la corrección
formal de la resolución que respeta los cánones del silogismo jurídico basada
en premisas internas y externas, las cuales han sido justificadas, derivándose
en conclusiones que son válidas y material porque ha reunido y acopiado en el
juicio oral, una serie de pruebas que vinculan a los imputados con el delito de
extorsión, los hechos empiezan el 28 de noviembre del 2010 con llamadas
solicitándole la suma de diez mil nuevos soles o atentarían contra la vida de
ella o de sus hijos, luego se repiten en el mismo mes y la amenazan con volar
su casa, describiendo la vestimenta de sus hijos; luego de realizada la
exigencia del dinero se da cuenta de este hecho y se captura a dos de los
procesados, Mena Rivera tenía el vaucher y era a quien le habían remitido la
cantidad de doscientos nuevos soles, se estableció en la investigación que
Palacios Farías fue quien interviene en primer lugar, antes del 28 de
noviembre; se han efectuado actas de escucha de audios, se ha reconocido la
voz en altavoz de la voz de este sentenciado, Mena Rivera por su parte fue
solicitado por Flores Mendoza, pero este había referido anteriormente este
señaló que Alonso Mena tenía conocimiento de todo la actividad delictiva.
estableciéndose la división de funciones, Palacios conocía a los empresarios y
los otros dos procesados eran los encargados de realizar el cobro de los
aportes, con las declaraciones del efectivo policial Freddy Leguía Escurra,
quien los observó en el interior de la entidad bancaria cuando se comunicaban
vía telefónica entre sí y realizaban coordinaciones, siendo falso que el
sentenciado Mena Rivera, haya sido instrumentalizado, porque es una persona
capaz, tiene cuenta en el banco y no es un sujeto que haya sido traído de
medio rural, es una persona que vive en la ciudad y pudo presumir que
actividades hizo Flores Mendoza. De otro lado precisa que no es cierto que
hayan estado en indefensión los procesados Flores Mendoza y Mena rivera, ya
que como consta en los audios, la defensa técnica en la audiencia de juicio
oral, se opuso a los medios de prueba y los únicos abogados que se
abstuvieron fueron el Dr. Dávalos, quien no representaba a Juan Flores
Mendoza, sino que era el doctor Zapata quien en esta audiencia se encuentra
presente, por lo que en ningún momento se le ha causado indefensión y por
estas consideraciones solicito se confirme la sentencia, teniendo en cuenta que
la doctrina señala que no es necesario el desprendimiento patrimonial para
que se consuma el delito de extorsión.

Séptimo.- El actor civil en su intervención, señala que el delito de extorsión se


configura con la sola entrega de una parte del dinero solicitado mediante
amenaza, por lo que se ha configurado tal conducta, al haber depositado la
suma de doscientos nuevos soles, dinero que salió del peculio de su
patrocinada, reiterando el pedido de la devolución del dinero y que hasta la
fecha no se ha dispuesto su entrega.

Octavo.- De la coautoría.
El presente caso se trata de una sentencia condenatoria impuesta a tres
personas acusadas de haber cometido extorsión actuando como coautores, por
lo que se procede a analizar detenidamente esta forma de autoría.
1. La coautoría, conforme al artículo 23º del Código Penal es la realización
conjunta del hecho delictivo, el sujeto individual que interviene “tiene entre sus
manos” el curso del acontecimiento típico efectuado por una comunidad de
personas. Son coautores los que realizan conjuntamente y de mutuo acuerdo
un hecho, los coautores son autores señala MIR PUIG, porque cometen el
delito entre todos, ya que se reparten la realización del tipo de autoría[1]. En
el mismo sentido anota en la doctrina nacional REÁTEGUI SÁNCHEZ que para
que haya coautoría es necesario que el que interviene en el hecho tenga a este
como propio y como tal lo realice[2].
2. En la coautoría cada uno de los coautores puede realizar solo una parte del
hecho pero en algunos supuestos puede realizarlo completamente. El profesor
colombiano FERNANDO VELÁSQUEZ, precisa que esta forma de autoría se
presenta cuando varias personas –previa la celebración de un acuerdo común
expreso o tácito- llevan a cabo un hecho de manera mancomunada, mediante
una contribución objetiva a su realización[3].
3. La coautoría es la realización conjunta de un delito por varias personas que
“colaboran consciente y voluntariamente”[4]. La coautoría por lo dicho, supone
la intervención en un hecho punible de varias personas,-como en el caso
analizado- requiriendo de la presencia del elemento subjetivo constituido por el
acuerdo común de llevar a cabo la ejecución del hecho delictivo y de otro
lado, que se realice la efectiva contribución a la comisión del delito como
elemento objetivo[5].
4. En la audiencia de apelación celebrada, se aludió por la defensa del
procesado Mena Rivera que este actuaba sin tener el dominio del hecho, es el
caso que según la teoría del dominio del hecho en la coautoría se denomina
“dominio funcional del hecho”, a esta dirección del evento criminal, este
dominio es común, cada coautor “domina” el suceso” en cooperación con otro
u otros, por ello se dice que la coautoría consiste en una división del trabajo
que posibilita la comisión del hecho delictivo.
5. Pero también esta forma de autoría se fundamenta en el principio de
imputación recíproca, que consiste (MIR PUIG) en la aceptación, por parte
de todos los que intervienen en un hecho delictivo, “de lo que va a hacer cada
uno de ellos”, en realidad es este el principio que caracteriza a la verdadera
coautoría, por ello en un delito cometido por varias personas que previamente
se han puesto de acuerdo, se han dividido el trabajo o las acciones a realizar,
todo lo que haga cada uno de los coautores es perfectamente imputable a
todos los demás intervinientes, solo de esta manera se puede considerar a
cada coautor, como autor de la totalidad del hecho.
6. Mas aún, para afirmar la tesis incriminatoria de esta forma de actuación
criminal tan poco desarrollada por la jurisprudencia nacional, debemos poner
de relieve que en ésta se presenta el fenómeno de la aportación recíproca
de las aportaciones ajenas al hecho delictivo[6], por el cual los coautores
son autores porque cometen el delito entre todos, ninguno realiza el tipo por sí
solo, por lo que no puede considerarse a ninguno partícipe del hecho del otro,
según este principio, todo lo que haga cada uno de los coautores es imputable
a todos los demás, por ello es preciso el mutuo acuerdo que convierte en un
plan unitario global las distintas contribuciones, a cada uno de los coautores se
le imputan de forma recíproca las contribuciones de los demás al suceso
delictivo como si el mismo los hubiere realizado, siempre que los mismos se
encuentren cubiertos por el acuerdo común que debe existir entre los
coautores.
7. En el presente caso consideramos que se cumplen tanto el requisito
subjetivo de la coautoría consistente en la presencia del plan común, acuerdo
mutuo o “decisión conjunta” de cometer el hecho punible, puesto en evidencia
por las pruebas actuadas en el Juicio Oral, que ponen en evidencia la presencia
del nexo subjetivo entre los actuantes en este hecho, que presenta una
coincidencia de voluntades, una resolución común al hecho, un dolo común en
el sentido de la teoría del acuerdo previo[7], como el elemento objetivo de la
coautoría consistente en la ejecución del hecho en común, por la contribución
objetiva al hecho, que requiere del carácter esencial de la contribución del
interviniente.
8. Es decir que el dominio funcional exige que la intervención del coautor haya
aportado una contribución al hecho total, en el estadío de la ejecución, de tal
naturaleza, que sin aquél no hubiera podido cometerse[8], en este sentido
nuevamente la actuación de los procesados apelantes queda corroborada por
la existencia concreta de este elemento, toda vez que ha quedado acreditado
que cada uno de los aportes de lo imputados en este hecho delictivo ha sido de
carácter esencial y por tratarse justamente de un supuesto de coautoría es que
no puede exigirse una actuación completa del tipo penal de cada uno de los
autores sino del cumplimiento de os requisitos que se han explicado, ya que
nuevamente tiene que ponerse de relieve que no es imprescindible la presencia
personal en el lugar de los hechos del coautor interviniente.
9. Finalmente en el desarrollo de la Dogmática del Derecho Penal, el colegiado
quiere resaltar que se ha identificado a la “Coautoría Sucesiva”, como un
supuesto que se presenta cuando una persona ha iniciado la ejecución del
delito y otros intervinientes enlazan posteriormente su actividad para la
realización del hecho punible, así. quienes intervienen con posterioridad se
entiende, están dando su consentimiento para la realización del delito que otro
inició, siempre que cuando intervengan este delito no haya sido consumado.
En el mismo sentido BACIGALUPO ha referido que este supuesto se verifica
cuando el sujeto participa co-dominando el hecho en un delito que ya ha
comenzado a ejecutarse, y efectúa la precisión que sólo es posible hasta la
consumación del plan delictivo[9]. Se trata como señala REÁTEGUI SÁNCHEZ,
de la incorporación de un coautor durante la ejecución del hecho, siempre y
cuando la totalidad del delito todavía no se ha cometido[10]. Esta forma de
realizar el delito se explica en razón que para fundar un supuesto de
coautoría cada uno de los intervinientes no debe realizar la totalidad de la
conducta típica, sino la función acordada en el reparto de roles ejecutivos, por
lo que la decisión común expresa o tácita puede producirse durante la
ejecución del delito.

NOVENO.- En tal sentido, la postulación de la intervención del acusado Mena


Rivera, efectuada por su defensa, que no se presenta en este caso un supuesto
de coautoría sino en todo caso de tentativa acabada, no puede aceptarse, así,
el hecho de que el procesado no haya cobrado el monto de dinero solicitado
por la persona que se encargaba de requerir mediante amenaza su entrega,
ejecutando un plan obviamente preconcebido, que era al comienzo de diez mil
nuevos soles para luego rebajarse a tres mil y finalmente solo retirar dos
cientos nuevos soles, es una circunstancia que corresponde no a la fase de
consumación del delito sino a su agotamiento, por lo que la tentativa es
inaplicable; tampoco puede aceptarse la complicidad secundaria por los
fundamentos expuestos relativos a la presentación en el presente caso de la
coautoría accesoria y en relación con el extremo de la nulidad de la recurrida
solicitada por la defensa del procesado Flores Mendoza, quien se niega a
declarar en el juicio Oral pero que si fue asistido por Abogado Defensor, el cual
no intervino activamente en algunos de los actos del Juicio Oral o se mantuvo
en posición “de no intervenir activamente”, como ha quedado consignado, no
vulnera el Derecho de defensa, toda vez que esta actitud pasiva pudo
perfectamente responder a una estrategia de su teoría del caso lo cual se
corrobora pues su patrocinado también se negó a declarar, por lo que tuvo que
ser leída su declaración prestada en la investigación, donde narra con detalle
la forma como solicita la intervención de Mena Rivera, para cobrar el dinero
producto de la extorsión sin tener conocimiento que solo se iba a depositar una
pequeña cantidad de dinero, es decir que el plan preconcebido era cobrar la
suma total del dinero solicitado extorsivamente.

DÉCIMO.-Que, el delito que se le atribuye a los encausados según la


acusación formulada por el Ministerio público es el de extorsión, previsto en la
primera parte 0 el artículo 200° del Código Penal señala que: “El que mediante
violencia o amenaza obliga a una persona o una institución pública o privada a
otorgar al agente o a un tercero una ventaja económica indebida u otra de
cualquier índole…”, como se ha puesto de relieve en el Punto 4.1. de la
sentencia apelada, este tipo se consuma en el momento en que se materializa
la entrega de la víctima de la ventaja exigida, a la cual ha sido obligada por los
agentes del hecho delictivo, en el presente caso la amenaza de que han sido
víctimas los agraviados sólo requiere del requisito de idoneidad o eficacia, de
esta forma el mal con que se amenaza a la víctima puede referirse incluso a
mal futuro a causarse al agraviado, o cualquier bien o persona ligada a él, y en
base a la realización de la amenaza establecer la causalidad entre la acción
intimidante y el acto extorsivo y en lo referente a la tipicidad subjetiva este
delito se configura a título de dolo, conociendo el agente del uso de la amenaza
desarrollado mediante la conducta extorsiva de los procesados y además el
elemento subjetivo adicional consistente en el ánimo de los agentes de obtener
una ventaja que puede ser dineraria o de cualquier índole[11].

UNDÉCIMO.- Análisis del caso.


1. De la revisión de lo actuado en el juicio oral, se advierte que éste se ha
realizado con normalidad, con la actuación de medios probatorios y de acuerdo
a las reglas del debido proceso, pues se ha garantizado plenamente la
resolución expedida.
2. En cuando a los hechos denunciados, durante el juicio oral ha quedado
demostrado la conducta atribuida a los procesados Juan Alberto Flores
Mendoza y Alonzo del Jesús Mena Rivera, los mismos que previo a los actos
extorsivos del que fueron victimas los agraviados, para tomar conocimiento del
número telefónico de la agraviada, es que el sentenciado Palacios Farias, quien
se encontraba cumpliendo carcelería en el Penal de Río Seco y que además
conocía a los agraviados por haber trabajado juntos en el negocio de la
chatarra, se encargó primero de llamar al agraviado Enrique Villegas Martínez,
solicitándole recargas telefónicas a su Teléfono No. 969037091, y donde le
preguntó si tenía conocimiento de personas solventes económicamente para
poder cobrarle cupos, hechos del cual comunicó a su esposa María Angélica
Fiestas Tenorio, quien llamó desde su número telefónico al procesado Palacios
Farias, reclamándole su actitud, y después de ésta llamada, es que el día 30 de
noviembre del 2010, empezó a recibir llamadas amenazantes en atentar contra
su vida y la de su familia, brindándole detalles de la vestimenta y el lugar
donde se encontraban sus hijos, por lo que a cambio le exigían el pago de la
suma de S/. 10,000 nuevos soles, acordando en colaborar solo con entregarles
la suma de S/. 3,000 nuevos soles, ordenándole que debería realizar el
depósito en el Banco de la Nación de Piura, a nombre de Alonzo del Jesús Mena
Rivera, siendo este último que se ha constituido al Banco de la
Nación acompañado del acusado Juan Alberto Flores Mendoza, para retirar el
dinero, lugar donde eran esperados por personal policial, que luego de
identificarlos logran intervenir primero al acusado Mena Rivera, encontrándose
en su poder el voucher del depósito de dinero cobrado minutos antes por la
suma de S/.200.00 nuevos soles, mientras que el acusado Flores Mendoza fue
capturado cuando intentaba salir del Banco de la Nación de Piura, por lo que su
conducta se encuentra en la figura del delito de extorsión.
3. En la audiencia de apelación, la defensa técnica del sentenciado Alonzo del
Jesús Mena Rivera, discrepa en cuanto a la valoración que se ha hecho a los
medios de prueba y precisa que no se ha realizado una adecuada valoración
de las pruebas actuadas, ya que la conducta desplegada por su patrocinado no
encuadra en la figura de extorsión por cuanto ha sido utilizado y sería la de
cómplice secundario, al haber sido utilizado para realizar una función
específica, operando la Nulidad de sentencia.
4. En igual sentido la defensa del acusado Juan Alberto Flores Mendoza,
postula que se le ha puesto en situación de indefensión a su patrocinado al no
haber participado su abogado defensor y contraviene con los derechos
fundamentales, y por tanto la sentencia debe declararse Nula.
5. Que, estando a lo actuado en el juicio oral y escuchados los alegatos
efectuados por la defensa técnica de los acusados, y de la parte civil en la
audiencia de apelación se aprecia que los elementos objetivos y subjetivos del
delito de Extorsión, previstos en el artículo 200 del Código Penal, han quedado
configurados, demostrándose el dolo con el que ha procedido el acusado Juan
Alberto Flores Mendoza, quien actuando según el acuerdo previo celebrado con
sus coprocesados, tenía como rol funcional recoger el dinero del Banco de la
Nación conjuntamente con el procesado Alonzo del Jesús Mena Rivera,
consumándose de esta forma el ilícito penal.
6. De otro lado es el acusado Flores Mendoza, que a nivel preliminar ha
reconocido haber ido a buscar a su domicilio al acusado Alonzo Mena Rivera, a
quien le informó que debería retirar un dinero del Banco de la Nación de Piura,
y si bien ha negado conocer a la persona que le dio la orden para encargarse
del retiro del dinero depositado por la agraviada, esto debe ser tomado con
reserva, más si en el juicio oral se ha mantenido en silencio, acogiéndose a un
derecho que le asiste, sin embargo no ha mostrado colaboración para
esclarecer los hechos, aunando que en su contra existen como pruebas de
cargo la declaración del acusado Mena Rivera, que ha aceptado que la persona
que recibía las llamadas telefónicas y realizaba las coordinaciones para retirar
el dinero del banco era el procesado Flores Mendoza, por lo que su
responsabilidad se encuentra demostrada.
7. En el presente caso, tratándose de conductas previstas en el artículo 200°
del Código Penal, y siendo de naturaleza pluriofensiva por atentar contra
bienes jurídicos diversos como son la libertad, integridad física y psíquica de
las personas, es que la conducta desplegada por los procesado ha
quedado plenamente acreditada, siendo la propia agraviada María Angélica
Fiestas Tenorio, quien ha hecho entrega de una ventaja económica como
consecuencia de llamadas amenazantes hacia su persona y familia, optando en
colaborar y realizar el pago a través de un depósito bancario en la suma de S/.
200.00 nuevos soles, dinero que fuera retirado por el acusado Mena Rivera, en
compañía del procesado Flores Mendoza, y si bien el primero ha tratado de
negar su responsabilidad precisando que fue utilizado para realizar esta
función, este hecho no ha quedado demostrado, ya que conforme lo han
expresado el efectivo policial Erwin Armas Vargas, observó que ambos
procesados eran amigos y al ingresar al banco tenían una actitud sospechosa y
miraban de un lado a otro, así como era el propio acusado Flores Mendoza,
desde el interior del banco realizaba las coordinaciones vía telefónica con el
acusado José Luis Palacios Farias, para el recojo del dinero.
8. De otro lado el Colegiado B, ha realizado una correcta valoración de las
pruebas en la audiencia de Juicio Oral, y escuchados los audios del juicio oral,
se advierte que a la defensa técnica del procesado Flores Mendoza, Dr. Enrique
Dávalos Gil, se le ha dado intervención en cada una de las diligencias actuadas
en el juicio oral, siendo este mismo letrado que mantuvo su posición de no
participar en el proceso, por lo que no existiendo causal de Nulidad, es que la
sentencia debe ser confirmada, toda vez que las diferentes estrategias que
adopten los abogados defensores para la defensa de sus patrocinados no
puede servir de sustento para fundamentar la nulidad de una sentencia.
9. Que, respecto a las costas procesales, debe señalarse que a pesar que los
acusados han salido vencidos en la apelación, su recurso de apelación ha sido
el ejercicio legitimo a la doble instancia, razón por la cual debe de eximírsele
del pago de costas.
Fundamentos por los cuales, los Jueces Superiores Integrantes de laSEGUNDA
SALA PENAL DE APELACIONES DE LA CORTE SUPERIOR DE JUSTICIA
DE PIURA, POR UNANIMIDAD, RESUELVEN:

1. CONFIRMAR la sentencia que condena a los acusados ALONZO DEL


JESÚS MENA RIVERA y JUAN ALBERTO FLORES MENDOZA, por el delito
de Extorsión en agravio de de María Angélica Fiestas Tenorio y
Enrique Villegas Martínez, a la pena de DIEZ AÑOS de pena privativa de la
libertad para MENA RIVERA y de CATORCE AÑOS de la misma pena
privativa de la libertad para FLORES MENDOZA y fija el pago de seis mil
nuevos soles de reparación civil en forma solidaria a favor de los agraviados.
2. DECLARARON INADMISIBLE el recurso de apelación interpuesto por el
sentenciado José Luis Palacios Farias, SIN COSTAS y los devolvieron.
SS.

El nuevo tipo penal de extorsión regulado en el Art. 2 LECDE, contiene una


singular prescripción que determina o modifica la reglas del “iter crimis” del
delito, o lo que es lo mismo, norma cuando estamos en presencia de un delito
tentado o consumado; para lo cual se especifica que la extorsión “se considerará
consumada con independencia de si el acto o negocio a que se refiere el inciso
precedente se llevó a cabo…“, es decir que, basta con realizar “acciones
tendientes a obligar o inducir a otro, aun de forma implícita, a hacer, tolerar u
omitir un acto o negocio de carácter patrimonial, profesional o económico,
independiente del monto, con el propósito de obtener provecho, utilidad, beneficio
o ventaja para sí o un tercero”, con independencia de que se logre el objetivo
criminal.

Dicha prescripción intenta dar respuesta a la abundante jurisprudencia de los


Tribunales del país[1], que califica como tentada aquella extorsión en la cual el
sujeto activo no logra obtener la disponibilidad del dinero exigido (acto o negocio
del que se pretende obtener provecho), posiblemente por la captura en flagrancia,
a través de una entrega vigilada[2] realizada por agentes de autoridad, por
ejemplo; y se califica como consumado, cuando efectivamente se obtiene la
disposición del producto de la extorsión. En definitiva, me refiero a la
jurisprudencia por medio del cual se aplica la teoría de la disponibilidad, para
calificar cuando estamos en presencia de una extorsión tentada o consumada.

Se advierte entonces, que la regla contenida en el inciso 2° del art. 2 de la


LECDE, regula implícitamente, que dicha teoría no debe ser aplicada en el
delito de extorsión, por lo que resulta infructuoso determinar si hubo o no
disponibilidad del producto de la extorsión, ya que siempre nos
encontramos en presencia de un delito consumado. Pero no solo eso, tal y
como veremos, se vuelve una contradicción con las reglas generales contenidas
en el Art. 24 y 68 Pn. que regulan la tentativa.

A continuación haremos un pequeño esbozo sobre dicha teoría, sin pretensiones


de exhaustividad, estudiaremos luego si en efecto el delito de extorsión es un
delito de resultado, nos referiremos a algunas consideraciones sobre los
elementos subjetivos del tipo, para luego concluir si le aplica dicha teoría o no;
todo ello con el fin de fomentar el debate.

2.- Delitos de resultado.

No es lo mismo la manifestación de voluntad expresada en la acción (u omisión)


misma del delito, que las modificaciones que se producen en el mundo exterior a
consecuencia de la anterior, es decir, el resultado. Esta diferencia a los fines del
Derecho Penal, es importante, ya que el legislador en algunas ocasiones
castiga la simple manifestación de voluntad (delitos de mera actividad, en
los que no hay resultado) y en otras la producción del resultado. En otras
ocasiones, para los delitos de resultado, se castiga la manifestación de voluntad
expresada en la acción u omisión, aunque el resultado no se produzca, como
sucede en la tentativa[3].

Obviamente existe un mayor reproche cuando el resultado se produce, por lo que


es razonable que la pena sea superior, a diferencia de los casos en los que no se
produce por causas ajenas al agente (tentativa).

Ejemplo de esta clase de delitos, lo constituyen los delitos patrimoniales, como


el robo y el hurto, tipificados en los arts. 207, 208, 212 y 213, todos del C. Pn., en
los cuales se penaliza el apoderamiento de una cosa mueble ajena, con la
diferencia en que en el robo existe violencia sobre la víctima.

Adviértase que en dichos tipos penales el legislador hace una desvaloración


explicita del resultado, prohibiéndolo expresamente: apoderarse de una cosa
mueble. En ningún momento se refiere explícitamente a la desvaloración de la
acción, que sería realizar las acciones tendientes a apoderarse de dicho objeto,
pero implícitamente se sobreentienden, ya que el legislador también desvalora
la acción, de lo contrario no tendría sentido la tentativa, a tenor de lo
establecido en el art. 24 y 68 Pn., en la que se desvalora los actos tendientes a
su consumación, sin que dicho apoderamiento se produzca por causas ajenas al
agente.

A propósito de estos últimos artículos, que contienen las reglas generales de la


punibilidad de la tentativa, se advierte que entran en contradicción expresa con
la regla contenida en el inciso 2° del artículo 2 la LECDE, en la que se refiere que
es indiferente para la consumación del delito de extorsión si se produce como
resultado el acto o negocio del que se pretende obtener provecho, ya que en
aquellas, se dice que es delito tentado, cuando el agente realiza todos los actos
tendientes a la consumación del hecho, pero por causas ajenas al autor no se
producen, estableciendo la tentativa, con una pena inferior con respecto a si
estamos en presencia de un delito consumado. En definitiva, nos encontramos
ante una antinomia jurídica (dos normas incompatibles entre sí, que pertenecen
al mismo ordenamiento y que tienen el mismo ámbito de aplicación), causada por
la vigencia de normas jurídicas incompatibles entre sí, la cual debe ser
resuelta por el aplicador del derecho.

3.- La teoría de la disponibilidad.

Los referidos tipos patrimoniales de hurto y robo presentan dificultadas a la hora


de determinar su consumación, concretamente para delimitarle de las formas
imperfectas de consumación.

El meollo del asunto reside en determinar que se entiende


por apoderamiento. Existen diversas teorías que tratan de dar respuesta a la
problemática de cuando nos encontramos ante una acción en la que en efecto se
dio el apoderamiento (y por lo tanto el resultado), para tenerla como consumada,
como la contrectratio, que entiende que el apoderamiento se da con solo tocar la
cosa; la aprehensio, en la que exige que el sujeto tenga algún poder sobre ella;
la ablatio, que exige un desplazamiento físico; y la illactio, cuando el sujeto
consiga el dominio de la cosa[4].
Surge de esa manera la teoría de la disponibilidad, según la cual el delito se
entiende consumado (se da el apoderamiento) cuando el sujeto activo tiene
la posibilidad de disponer de la cosa como dueño, pudiendo ejercer
facultades de carácter dominical. En ese sentido, en los casos de persecución
inmediata e ininterrumpida después del apoderamiento, se entiende que no ha
existido tal disposición, por lo que no se aprecia la consumación, sino un delito
tentado.

En consecuencia, la libre disponibilidad de la cosa, entendida en términos civilistas


como una de las características del dominio, sea de modo momentáneo o
fugaz, es la que determina la consumación del delito, aunque el lucro o fin de
aprovechamiento no se logre[5].

No es viable la teoría de la disponibilidad en la extorsión


La Sala de lo Penal ha dicho con respecto a dicha teoría que es la que mejor se
ajusta al enunciado típico de apoderarse de una cosa mueble. “De acuerdo con
dicha teoría, concurren tres momentos que ayudan a diferenciar los niveles
sobre los cuales gira la consumación o no del mismo, a saber: i) ejecución inicial
del hecho donde aún no ha existido apoderamiento de la cosa; en este supuesto,
de no persistir el desarrollo del accionar delictivo es cuando se produce la
tentativa; ii) apoderarse materialmente de la cosa, sin tener como contrapartida el
desapoderamiento de la víctima, en cuyo caso sus alternativas son la flagrancia o
la inmediata e ininterrumpida persecución, dado que en ambas situaciones la
disponibilidad no llega a concretarse; y iii) el concreto apoderamiento, donde se
tiene la probabilidad de disposición de las cosas, incluso por breves momentos”[6].

En otra jurisprudencia refiere dicha Sala “entendiéndose como el MOMENTO


CONSUMATIVO cuando el infractor o infractores han tenido
DISPONIBILIDAD de la cosa mueble, aunque sea por breves momentos, no
siendo necesario que se alcance el fin último pretendido por el sujeto activo[7]”.

4.- Clasificación del delito de extorsión.

La Sala de lo Penal, al analizar el tipo penal establecido en el derogado articulo


214 Pn. refirió que, “el delito de extorsión pertenece a la categoría de delitos de
resultado, por lo que su consumación se realiza al producirse las consecuencias
expresadas en la hipótesis normativa. Tal como está construida la figura de
extorsión en nuestro Código Penal, los actos de ejecución de la extorsión culminan
en el instante que el sujeto pasivo realiza el acto o negocio jurídico lesivo a su
patrimonio, siendo indiferente si el autor del ilícito se llega o no a beneficiar con
ello, pues esta última etapa pertenece a la fase de agotamiento que es posterior a
la consumación formal exigida por el enunciado normativo[8]”.

Adviértase que la estructura del tipo penal de extorsión establecida en el Art. 2


LECE, regula que es sancionable penalmente aquel que realice “acciones
tendientes a obligar o inducir a otro, aun de forma implícita, a hacer, tolerar u
omitir un acto o negocio de carácter patrimonial, profesional o económico,
independiente del monto, con el propósito de obtener provecho, utilidad, beneficio
o ventaja para sí o un tercero”. El legislador penal realiza en este tipo, tanto una
desvaloración de la acción, es decir la manifestación de voluntad, así como
también, la producción de un resultado, el cual se traduce en un hacer, tolerar u
omitir un acto o negocio, ambos con igual énfasis.

En ningún momento el tipo penal se refiere a un apoderamiento de un objeto


mueble, (como lo sería la entrega de dinero en efectivo u otros objetos de valor)
para aplicar la teoría de la disponibilidad, como lo ha hecho la Sala de lo Penal en
dicha sentencia, al referir que “el acto o negocio jurídico de disposición debe tener
la eficacia suficiente para lesionar el patrimonio, de otro modo, el curso causal
cuya finalidad es perseguida por el sujeto activo se vería alterado y no se
alcanzaría el perfeccionamiento del ilícito”… y más adelante refiere “la
intervención de la policía en la entrega del dinero exigido tornó nugatoria cualquier
posibilidad de eficacia del acto de disposición patrimonial[9]”

Se advierte que la jurisprudencia se ha visto tentada a aplicar la teoría de la


disponibilidad en el delito de extorsión, como si el tipo penal sancionara el
apoderamiento del producto de la extorsión, debido a la praxis, en la que el acto o
negocio jurídico, en la mayoría de los casos, consiste en la entrega de dinero en
efectivo. En ese sentido, no es viable aplicar la teoría de la disponibilidad al
delito de extorsión, como lo sería que el sujeto activo del delito disponga del
dominio del producto de la extorsión, como lo dice dicha jurisprudencia, basta con
que el acto o negocio jurídico se produzca como resultado.

Otro argumento que abona a la misma conclusión, es con respecto a los


elementos subjetivos del tipo del delito de extorsión. En primer lugar, es
necesario aclarar que es eminentemente doloso, por lo que no cabe
responsabilidad por culpa. Empero además, el tipo en estudio adiciona otro
elemento subjetivo del tipo a parte del dolo, como lo es el “el propósito de obtener
provecho, utilidad, beneficio o ventaja para sí o un tercero”.

En ningún momento debe interpretarse este elemento subjetivo como la


consumación del delito, es decir que resulta consumado si existe provecho,
utilidad, beneficio o ventaja.

Atendiendo este elemento del tipo, podemos clasificar a la extorsión como


delito de intención (tendencia interna trascendente), que son los que requieren
una especial intención del autor (el ánimo de lucro), perteneciendo a una sub-
clasificación que le denomina “Delitos Cortados de Resultado”, en los que la
consumación se produce cuando el autor realiza el primer acto (realizar acciones
tendientes a obligar o inducir a otro, aun de forma implícita, a hacer, tolerar u
omitir un acto o negocio de carácter patrimonial, profesional o económico,
independiente del monto), pero con la finalidad de llevar a cabo el segundo (el
ánimo de lucro) , diferenciándole de los “Delitos Mutilados en Dos Actos” en los
[10]

que el autor no pretende realizar ningún acto con posterioridad (ánimo de lucro),
sino que su pretensión se realizará por la propia acción y resultados típicos.

5.- Corolario.

La aplicación de la teoría de la disponibilidad en el delito de extorsión,


ocasionó que extorsiones descubiertas con dispositivos de entregas
vigiladas sean calificados como tentados, lo cual es un error de
interpretación, ya que al no prohibirse el apoderamiento de algún bien mueble,
no tiene cabida dicha teoría, por lo que el delito resulta consumado con la
realización, omisión o tolerancia del acto o negocio jurídico,
independientemente de si se logra disponibilidad del dinero producto de la
extorsión.

En consecuencia, interpretando debidamente el tipo penal de extorsión, sin


aplicación de la teoría de la disponibilidad, solo es necesario determinar si el acto
o negocio jurídico se llevó a cabo o no, para concluir si estamos en presencia de
un delito tentado o consumado, resultando innecesaria la regla contenida en el
literal 2° del art. 2 de la LECE

Además, dicha regla, al tratar por igual el desvalor de la acción con la del
resultado, aplicándoles las mismas consecuencias jurídicas resulta
desproporcional, por sancionar con igual pena ambas acciones (desiguales);
y por ende, contrario al principio de igualdad en la aplicación de la Ley.

De igual manera, es una antinomia jurídica (dos normas incompatibles entre sí,
que pertenecen al mismo ordenamiento y tienen el mismo ámbito de
aplicación), con respecto a los arts. 24 y 68 Pn. que ordenan un tratamiento
desigual, en cuanto a la sanción a aplicar al delito tentado, con respecto al
consumado, que solo puede ser solucionado con la expulsión del orden jurídico de
una de ellas, en el presente caso, la del literal 2° del art. 2 de la LECE, por
desproporcional e ir en contra de la igualdad en la aplicación de la Ley.
Referencias:

[1] Ver SALA DE LO PENAL DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sentencia


definitiva dictada en Casación ref 24-CAS-2014, veintitrés de marzo de dos mil
quince. Al respecto dicha Sala sostuvo: “se entiende que se está ante la presencia
de la figura “consumada”, cuando la conducta del autor ha agotado totalmente las
circunstancias objetivas y subjetivas que la ley penal ha previsto. En distinto
sentido, habrá “tentativa”, si se practican parte de los actos que objetivamente
deberían producir un resultado; sin embargo, éste no concurre por causas
independientes a la voluntad del agente. A partir de estas apreciaciones, debe
valorarse entonces que el delito de Extorsión considerado como de “resultado” se
perfecciona o consuma “formalmente”, en el momento que la víctima obligada por
la intimidación o amenazas, dispone de su patrimonio en perjuicio propio, es decir,
que se ha verificado ciertamente el perjuicio o daño patrimonial; y, la
“consumación material”, se produce cuando el agente activo obtiene el beneficio
económico, derivado como consecuencia directa del desprendimiento al que
accedió la víctima en el momento anterior.
EN EL DELITO DE EXTORSIÓN
EL BIEN JURÍDICO
PREFERENTEMENTE
PROTEGIDO ES EL
PATRIMONIO, EN CONCRETO,
LA CAPACIDAD DE
DISPOSICIÓN, QUE TIENE
TODA PERSONA SOBRE SUS
BIENES, PERO ADEMÁS SE
PROTEGE LA LIBERTAD;
ASIMISMO, EN RELACIÓN AL
COMPORTAMIENTO DELI
R.N. Nº 2528-99-SP

EN EL DELITO DE EXTORSIÓN EL BIEN JURÍDICO PREFERENTEMENTE PROTEGIDO


ES EL PATRIMONIO, EN CONCRETO, LA CAPACIDAD DE DISPOSICIÓN, QUE TIENE
TODA PERSONA SOBRE SUS BIENES, PERO ADEMÁS SE PROTEGE LA LIBERTAD;
ASIMISMO, EN RELACIÓN AL COMPORTAMIENTO DELICTUAL, ÉSTE CONSISTE EN
OBLIGAR A UNA PERSONA A OTORGAR AL AGENTE A UN TERCERO UNA VENTAJA
ECONÓMICA INDEBIDA, MEDIANTE VIOLENCIA O AMENAZA O MANTENIENDO COMO
REHÉN AL SUJETO PASIVO A OTRA PERSONA; DE LO ANTERIOR SE ADVIERTE
CLARAMENTE QUE LOS MEDIOS PARA REALIZAR LA ACCIÓN, ESTÁN DEBIDAMENTE
ESTABLECIDOS EN EL ARTÍCULO 200º DEL CÓDIGO PENAL; ASÍ POR VIOLENCIA SE
DEBE ENTENDER LA VIOLENCIA FÍSICA EJERCIDA SOBRE UNA PERSONA,
SUFICIENTE PARA VENCER SU RESISTENCIA Y CONSECUENCIA DE LO CUAL
REALICE EL DESPRENDIMIENTO ECONÓMICO; MIENTRAS QUE LA AMENAZA, NO ES
SINO EL ANUNCIO DEL PROPÓSITO DE CAUSAR UN MAL A UNA PERSONA, CUYA
IDONEIDAD SE DECIDIRÁ DE ACUERDO A SI EL SUJETO PASIVO REALIZA EL
DESPRENDIMIENTO ECONÓMICO; FINALMENTE EL OTRO MEDIO CONSISTE EN EL
MANTENIMIENTO COMO REHÉN DE UNA PERSONA, ESTO ES, LA RETENCIÓN DE UNA
PERSONA CONTRA SU VOLUNTAD, CON LA FINALIDAD DE QUE EL SUJETO PASIVO
REALICE EL DESPRENDIMIENTO ECONÓMICO.
PROCEDENCIA: Lima TEMA: Extorsión

REFERENCIA LEGAL: Arts. 13, 200 del Código Penal

SALA PENAL

Lima, veinticinco de agosto de mil novecientos noventinueve.

VISTOS; de conformidad en parte con lo dictaminado el señor Fiscal Supremo; por sus
fundamentos; y CONSIDERANDO: que, en el presente caso, fluye de autos que en horas de
la mañana del día dos de abril de mil novecientos noventitrés, en circunstancias que los
agraviados retornaban a su domicilio a bordo de su vehículo, fueron intervenidos por los
encausados, quienes aprovechando su condición de efectivos policiales los registraron,
encontrando entre los documentos de Jorge Antonio Cabrera Gonzales un billete de cien
dólares, del cual se apoderaron manifestando que era falsificado; asimismo, les solicitaron
sumas de dinero a fin de ser dejados en libertad, por lo que se dirigieron a dos cajeros
automáticos para retirar dinero de las cuentas de los agraviados; sin embargo, al no lograr su
propósito por no contar con dinero en efectivo ambos cajeros, concertaron una cita a la que
los agraviados debían acudir llevando consigo dinero a cambio de devolverles sus
documentos personales; que, al respecto, se ha establecido que si bien el encausado Juan
Carlos Reyes Inca Ramos, estuvo a bordo del vehículo policial en el que fueron desplazados
los agraviados, desde el momento en que se inicia el hecho hasta cuando éste concluye, no
participó activamente en la comisión del delito de extorsión, de allí que la tesis central de la
defensa, gire en torno a una pretendida atipicidad de su conducta, lo que no lo exime de
reproche moral; que, frente a tal argumento, cabe señalar que nuestro Código Penal vigente le
confiere relevancia jurídica, tanto al aspecto activo del comportamiento humano, constituido
por el ejercicio de la finalidad a través de un hacer, como a su aspecto pasivo, constituido por
la omisión; dicha omisión social y jurídicamente relevante, está referida a la realización de una
acción determinada que le es exigida al agente de allí que estructuralmente, los delitos
omisivos consistan en la infracción de una deber jurídico; pero no todos estos
comportamientos omisivos penalmente relevantes, están descritos por un tipo penal, es por
ello que la doctrina reconoce, la existencia de delitos omisivos impropios o llamados también
de comisión por omisión; respecto de este tipo de delitos omisivos, el Código Penal en su
artículo trece(1), establece una cláusula de equiparación que nos permite adecuar el
comportamiento omisivo al comisivo, pero para ello, es preciso constatar no sólo la causalidad
de la omisión sino también la existencia del deber de evitar el resultado por parte del agente
frente al bien jurídico o posición de garante; que, en el caso de autos se verifica la existencia
de esta causalidad hipotética, es decir, la posibilidad fáctica que tuvo el encausado Juan
Carlos Reyes Inca Ramos, de evitar el resultado; en principio, por cuanto él tenía la condición
de efectivo policial al mando de la patrulla a bordo de la cual se desplazó a los agraviados, ya
que tenía mayor jerarquía frente a sus coencausados, y por cuanto estaba obligado a impedir
la realización del delito, para lo cual tenía plena capacidad, siéndole por ello, el resultado
lesivo perfectamente imputable; también se verifica que el citado encausado, se encontraba
en una posición de garante frente al bien jurídico de los agraviados, ya que ésta surge también
cuando el agente tiene el deber de vigilar la conducta de otras personas, tal como sucede en
el caso de autos; es por ello, que concurriendo en el análisis los dos presupuestos que nos
permiten determinar cuándo estamos frente a una comisión por omisión punible, es correcto
afirmar, que el encausado Juan Carlos Reyes Inca Ramos, es coautor del delito de extorsión:
declararon NO HABER NULIDAD en la sentencia recurrida de fojas cuatrocientos noventitrés,
su fecha catorce de junio de mil novecientos noventinueve, que absuelve a Juan Carlos
Reyes Inca Ramos y José Luis Camayo Córdova, de la acusación fiscal por el delito contra la
Administración Pública - Corrupción de Funcionarios - en agravio del Estado; condena a Juan
Carlos Reyes Inca Ramos y José Luis Camayo Córdova como autores del delito contra el
Patrimonio -extorsión- en agravio de Jorge Antonio Cabrera Gonzales y Alberto Fabián
Gutiérrez Laya, a seis años de pena privativa de la libertad; y fija en mil nuevos soles el
monto que por concepto de reparación civil deberán abonar los citados sentenciados en forma
solidaria a favor de cada uno de los agraviados; con lo demás que contiene; y los devolvieron.

-------------------

(1) Código Penal: "Artículo 13o.- El que omite impedir la realización del hecho punible será
sancionado:

1.- Si tiene el deber jurídico de impedirlo o si crea un peligro inminente que fuera propio para
producirlo.

Inciso modificado según el Artículo Unico de la Ley No 26682 del 08/11/96.

________________

2.- Si la omisión corresponde a la realización del tipo penal mediante un hacer.

La pena del omiso podrá ser atenuada."

S.S. ALMENARA BRYSON; ROMAN SANTISTEBAN;VASQUEZ CORTEZ; GONZALES


LOPEZ

VISTOS; de conformidad en parte con el Señor Fiscal; por sus fundamentos pertinentes;
y CONSIDERANDO: que, el día dos de abril de mil novecientos noventitrés, a horas tres de la
mañana aproximadamente, Jorge Antonio Cabrera Gonzales y Alberto Fabián Gutiérrez Laya,
así como la esposa de éste, se encontraban transitando a bordo de un vehículo por
inmediaciones de la intersección formada por el jirón Tumbes y la avenida Piérola, en el
distrito de Barranco, circunstancias en que fueron intervenidos por tres efectivos policiales,
Juan Carlos Reyes Inca Ramos, José Luis Camayo Córdova y Rodolfo Navarro Peña, este
último sentenciado, los que procedieron a registrarlos personalmente, encontrando en poder
del primero de los mencionados un billete de cien dólares americanos al parecer falsificado,
razón por la cual éstos procedieron a solicitarles la suma de seiscientos dólares americanos
con la finalidad de dejarlos en libertad y como quiera que no se encontraban en posesión de
dicha suma de dinero, fueron conducidos a diferentes cajeros automáticos UNICARD, con el
propósito de retirar dicha suma de dinero, objetivo que no lograron dado que los mismos se
encontraban fuera de funcionamiento, por lo que la entrega del dinero se acordó para el día
siguiente, por inmediaciones de la intersección formadas por las avenidas El Sol y República
de Panamá, en el mismo distrito de Barranco, para lo cual los agraviados tuvieron que
entregar sus documentos personales, hechos subsumidos en el delito de extorsión; que, al
respecto se debe indicar que en el delito de extorsión el bien jurídico preferentemente
protegido es el patrimonio, en concreto, la capacidad de disposición que tiene toda persona
sobre sus bienes, pero además se protege la libertad; que, asimismo, en relación al
comportamiento delictual, se debe señalar que éste consiste en obligar a una persona a
otorgar al agente o a un tercero una ventaja económica indebida, mediante violencia o
amenaza o manteniendo como rehén al sujeto pasivo a otra persona; que, de lo anterior
se advierte, claramente, que los medios para realizar la acción, están debidamente
establecidos en el artículo doscientos del Código Penal; así, por violencia, se debe entender la
violencia física ejercida sobre una persona, suficiente para vencer su resistencia y
consecuencia de lo cual realice el desprendimiento económico; mientras que la amenaza, no
es sino el anuncio del propósito de causar un mal a una persona, cuya idoneidad se decidirá
de acuerdo a si el sujeto pasivo realiza el desprendimiento económico; finalmente, el otro
medio consiste en el mantenimiento como rehén de una persona, esto es, la retención de una
persona contra su voluntad, con la finalidad de que el sujeto pasivo realice el desprendimiento
económico; que, de los medios antes descritos, de plano deben descartarse tanto el primero
como el tercero, pues de ninguna parte de lo actuado, se advierte el ejercicio de violencia
física ni menos el mantenimiento de rehén; que, el único de los medios que ofrece duda, es el
relacionado al empleo de la amenaza, sin embargo, como ya se ha señalado anteriormente, la
idoneidad del mismo se decidirá siempre y cuando el sujeto pasivo haya realizado el
desprendimiento económico, circunstancia que no concurre en el caso que se analiza; que, a
mayor abundamiento, se debe indicar, que la supuesta amenaza ejercida contra los
agraviados (privación de su libertad), no se condice de ninguna manera con el hecho real que
los mismos agraviados manifiestan, en el sentido de que fueron dejados en libertad con la
finalidad de que al día siguiente entreguen la suma de dinero requerida, para lo cual tuvieron
que dejar como "garantía" sus documentos personales, amén de que no existe acta alguna
que acredite que los agentes se encontraban en posesión de tales documentos; que, no
obstante lo anterior, consideramos que racionalmente no es posible afirmar que la sola
retención de un documento de identidad, pueda causar en la víctima un estado de tal
naturaleza de que va a sufrir un mal ya sea directo o indirecto, por lo que consideramos que la
conducta imputada a los acusados Juan Carlos Reyes Inca Ramos y José Luis Camayo
Córdova, es atípica; que, la conclusión a la que se ha llegado, más aún en el hecho de que si
efectivamente se hubiera dado el desprendimiento patrimonial, bajo amenaza, dicha conducta
no se adecuaría al tipo de extorsión, sino al de concusión, pues los verbos típicos de tales
conductas son idénticos, con la diferencia de que en el primer delito, el agente puede ser
cualquier persona, no se requiere una calidad especial, mientras que en el segundo, sólo
pueden ser considerados autores, los funcionarios o servidores públicos, calidad que
ostentaban los acusados, sin embargo, este último ilícito penal no ha sido materia de
instrucción ni de juzgamiento; lo que amerita absolverlos de la acusación fiscal, en aplicación
del artículo doscientos ochenticuatro del Código de Procedimientos Penales, fundamentos por
lo que MI VOTO es porque se declare NO HABER NULIDAD en la sentencia recurrida de
fojas cuatrocientos noventitrés, su fecha catorce de junio de mil novecientos noventinueve,
que absuelve a Juan Carlos Reyes Inca Ramos y José Luis Camayo Córdova, de la
acusación fiscal por el delito contra la Administración Pública - corrupción de funcionarios-, en
agravio del Estado; se declare HABER NULIDAD en la propia sentencia en el extremo que
condena a Juan Carlos Reyes Inca Ramos y José Luis Camayo Córdova, por el delito contra
el Patrimonio -extorsión-, en agravio de Jorge Antonio Cabrera Gonzales y Alberto Fabián
Gutiérrez Laya, a seis años de pena privativa de la libertad; con lo demás que contiene;
reformándola en este extremo; se ABSUELVA a Juan Carlos Reyes Inca Ramos y José Luis
Camayo Córdova, de la acusación fiscal por el delito contra el Patrimonio -extorsión-, en
agravio de Jorge Antonio Cabrera Gonzales y Alberto Fabián Gutiérrez Laya;
se MANDE archivar definitivamente el proceso, y de conformidad con lo establecido por el
Decreto Ley número veinte mil quinientos setentinueve: se DISPONGA la anulación de sus
antecedentes policiales y judiciales generados como consecuencia a dicho ilícito; y
encontrándose sufriendo carcelería los referidos encausados; se ORDENE su inmediata
libertad, siempre y cuando no exista en contra de ellos orden o mandato de detención alguno
emanado de autoridad competente, oficiándose vía fax para tal efecto a la Presidencia de la
Corte Superior de Justicia de Lima; y se devuelva.

S.

MONTES DE OCA BEGAZO

Inst. Nº 18-99

Corte Superior de Justicia de Lima.

C.S. Nº 2529-99

Dictamen Nº 509-99-MP-2º FSP.

SEÑOR PRESIDENTE DE LA SALA PENAL DE LA CORTE SUPREMA DE LA


REPUBLICA:

Vuelve a esta Fiscalía Suprema el presente proceso vía recurso de nulidad interpuesto por los
condenados JUAN CARLOS REYES INCA RAMOS y JOSE LUIS CAMAYO CORDOVA,
contra la sentencia de fs. 493, su fecha 14 de junio de 1999, que los Absuelve de la
acusación fiscal formulada en su contra, por el delito de Corrupción de Funcionarios, en
agravio del Estado, asimismo los Condena como autores del delito contra el Patrimonio -
Extorsión- en agravio de Jorge Antonio Cabrera Gonzales y Alberto Fabián Gutiérrez Laya, a
seis años de pena privativa de libertad, y fija en un mil nuevos soles la reparación civil
solidaria a favor de los agraviados. El Fiscal Superior no interpuso recurso de nulidad.

Del análisis de autos se tiene suficientemente acreditada la responsabilidad penal de los


procesados Juan Carlos Reyes Inca Ramos y José Luis Camayo Córdova, en el delito de
extorsión incriminado; en efectivo, fueron sindicados y reconocidos, uniformemente, por los
agraviados Jorge Antonio Cabrera Gonzales y Alberto Fabián Gutiérrez Laya, tanto a nivel
preliminar policial (fs. 07 y 06), instrucción (fs. 27-29) y en Juicio Oral (fs. 483-485), detallando
las circunstancias en que dichos encausados, vistiendo su uniforme reglamentario, y abordo
de un patrullero policial, los intervienen en la madrugada del 02 de abril de 1993, amparados,
primero, en una presunta posesión de moneda falsa, para luego, pretender vincularlos con
actividades de terrorismo o narcotráfico, logrando de esta manera intimidarlos, solicitándoles a
cambio de su libertad, una recompensa económica; la misma que se materializaría, el mismo
día, pero a las 10.00 de la mañana, en la intersección de la avenida el Sol y República de
Panamá; en dicha circunstancia y en ejecución de un plan operativo montado, se logró la
detención del ahora condenado, Teodolfo Navarro Peña (Ejecutoria Suprema de fs. 424-427).
Que, tales cargos son corroborados con la declaración testimonial del efectivo policial, Cap.
Hugo Miguel Arescurenaga Incháustegui (fs. 102), resultando además sintomático que, a la
fecha de los acontecimientos, ambos procesados se hayan encontrado en dicha unidad
policial, conforme lo admite el procesado José Luis Camayo Córdova, al ser interrogado por el
Contradictorio a fs. 478; Sin embargo, al respecto, su co-procesado Juan Carlos Reyes Inca
Ramos, ha vertido declaraciones contradictorias, respecto al motivo de su presencia en el
vehículo, afirmando en la instrucción no haberse encontrado (fs. 31), para finalmente, terminar
por aceptar su presencia, bajo el argumento que salió a dejar personal (fs. 476),
Contradicciones, que no hacen si no confirmar los cargos levantados en su contra, máxime si
son confirmar los cargos levantados en su contra, máxime si son reconocidos por los
agraviados en la sesión de audiencia de fs. 483 y 484, vuelta. Siendo así, acreditada la
materialidad del delito de extorsión, y la consecuente responsabilidad de los procesados, no
así, del delito de corrupción de funcionarios, la sentencia impugnada se encuentra arreglada a
ley.

Es de anotar que atendiendo a las circunstancias y la gravedad del evento delictivo, debe
aumentarse la pena impuesta.

En consecuencia, esta Fiscalía Suprema propone se declare HABER NULIDAD, en la


sentencia recurrida en cuanto impone a JUAN CARLOS REYES INCA RAMOS y JOSE LUIS
CAMAYO CORDOVA, seis años de pena privativa y de libertad, Reformándola se les imponga
ocho años de pena privativa de libertad, y NO HABER NULIDAD en lo demás que contiene.

Lima, 13 de julio de 1999

rtículo 200.- Extorsión


El que mediante violencia o amenaza obliga a una persona o a una institución pública o privada a otorgar al
agente o a un tercero una ventaja económica indebida u otra ventaja de cualquier otra índole, será reprimido
con pena privativa de libertad no menor de diez ni mayor de quince años.
La misma pena se aplicará al que, con la finalidad de contribuir a la comisión del delito de extorsión,
suministra información que haya conocido por razón o con ocasión de sus funciones, cargo u oficio o
proporciona deliberadamente los medios para la perpetración del delito.
El que mediante violencia o amenaza, toma locales, obstaculiza vías de comunicación o impide el libre tránsito
de la ciudadanía o perturba el normal funcionamiento de los servicios públicos o la ejecución de obras
legalmente autorizadas, con el objeto de obtener de las autoridades cualquier beneficio o ventaja económica
indebida u otra ventaja de cualquier otra índole, será sancionado con pena privativa de libertad no menor de
cinco ni mayor de diez años.
El funcionario público con poder de decisión o el que desempeña cargo de confianza o de dirección que,
contraviniendo lo establecido en el artículo 42 de la Constitución Política del Perú, participe en una huelga con
el objeto de obtener para sí o para terceros cualquier beneficio o ventaja económica indebida u otra ventaja de
cualquier otra índole, será sancionado con inhabilitación conforme a los incisos 1) y 2) del artículo 36 del
Código Penal.
La pena será no menor de quince ni mayor de veinticinco años si la violencia o amenaza es cometida:
a) A mano armada;
b) Participando dos o más personas; o,
c) Valiéndose de menores de edad.
Si el agente con la finalidad de obtener una ventaja económica indebida o de cualquier otra índole, mantiene
en rehén a una persona, la pena será no menor de veinte ni mayor de treinta años.
La pena será privativa de libertad no menor de treinta años, cuando en el supuesto previsto en
el párrafo anterior:
a) Dura más de veinticuatro horas.
b) Se emplea crueldad contra el rehén.
c) El agraviado ejerce función pública o privada o es representante diplomático.
d) El rehén adolece de enfermedad grave.
e) Es cometido por dos o más personas.
f) Se causa lesiones leves a la víctima.
La pena será de cadena perpetua cuando:
a) El rehén es menor de edad o mayor de setenta años.
b) El rehén es persona con discapacidad y el agente se aprovecha de esta circunstancia.
c) Si la víctima resulta con lesiones graves o muere durante o como consecuencia de dicho acto."
Fuente
Código Penal vigente art. 200
Bien jurídico protegido
Esencialmente es el patrimonio, pero la protección penal también se extiende al cuidado de otros bienes
jurídicos como la libertad personal, la vida, la integridad psico- física, etc.
4-TIPO OBJETIVO DE LO INJUSTO
OBJETO MATERIAL DE LA ACCION
Bienes muebles o inmuebles, dinero o documentos que generen efectos jurídicos patrimoniales.
SUJETO ACTIVO
Puede ser cualquier persona, incluso funcionario público.
En el caso de la participación de funcionarios públicos en huelga con fines extorsivos, se necesita una
cualificación del sujeto, ya que esta figura solo se dará si el agente activo tiene capacidad de decisión, o
desempeña cargo de confianza.(4º párrafo, art 200)
SUJETO PASIVO
Toda persona a la que se le obligue a otorgar una ventaja económica indebida.
También son sujetos pasivos las instituciones públicas y privadas.
INIDONIEDAD
Los niños o personas en estado de inconsciencia no pueden ser sujetos pasivos del delito, pero sobre ellos
puede recaer la violencia o amenaza orientada hacia sus padrea o representantes.
ELEMENTOS MATERIALES
Violencia o amenaza y ventaja económica indebida.
Comportamientos que configuran la extorsión
 A) Cuando el agente haciendo uso de la violencia obliga al sujeto pasivo a entregarle una ventaja.
 B) Cuando por medio de violencia obliga al sujeto pasivo a entregar a un tercero una ventaja indebida.
 C) Cundo haciendo uso de amenaza, lo obliga a entregarle una ventaja indebida.
 D) Cuando mediante amenaza lo obliga a entregar a un tercero una ventaja no debida.
6- TIPICIDAD SUBJETIVA
El accionar es netamente doloso, no cabe culpa o imprudencia. Se necesita de un elemento adicional, esto es
el ánimo por parte del o los agentes de obtener una ventaja de cualquier índole.
7- ERROR DE PROHIBICION Y ERROR DE TIPO
Se admite error de prohibición. Por desconocimiento de su conducta antijurídica.
Si admite error de tipo ya sea vencible o invencible ( ej. en la participación)
Circunstancias agravantes
Por el tiempo de duración del secuestro
Mantener al rehén por menos de 24 horas ( 6º párrafo)
El secuestro dura más de 24 horas ( 6º párrafo)
Por calidad del rehén
El rehén es menor de edad ( último párrafo)
El agraviado ejerce función pública o privada o es representante diplomático (inc. 7º párrafo)
El rehén adolece de enfermedad grave (inc. 7º párrafo)
El rehén es discapacitado y el agente aprovecha esta circunstancia (inc. B último párrafo)
El rehén es mayor de 70 años (inc. A último párrafo)
Por el actuar del agente
Se emplea crueldad (inc. B 7º párrafo)
El agente se vale de menores de edad (inc. C 5ºparrafo)
Por el concurso de agentes
Cometido por dos o más personas (inc. B 5º párrafo)
Por el uso de armas
Cuando el agente actúa a mano armada (inc. A 5º párrafo)
Por el resultado
Se causa lesiones leves a la victima (inc. F 7º párrafo)
Si el rehén sufre lesiones graves durante o a consecuencia del delito (inc. C último párrafo)
Si el rehén fallece a consecuencia del delito (inc. C último párrafo)
Tipo de realización imperfecta
Si admite tentativa.
10- ANTIJURICIDAD
Sera antijurídica siempre y cuando no concurra una causa regulada en el art 20 del Cod, Pena
Leer más: http://www.monografias.com/trabajos71/extorsion-art/extorsion-art2.shtml#ixzz4jXrAVkvq

El Código penal peruano ubica la extorsión dentro de


los delitos contra el patrimonio. Por tanto, el bien
jurídico protegido es el patrimonio, ya que, con
carácter preferente, se toma en cuenta la finalidad
perseguida por el sujeto activo con su comportamiento
consistente en la obtención de una
ventaja eco-nómica, aunque es necesario indicar que
también resulta lesionada la libertad del sujeto pasivo.
Es por ello que se caracteriza como un delito
pluriofensivo.

1. EXTORSIÓN (Art. 200 CP)


1.1 Descripción Legal

Art. 200: “El que, mediante violencia o amenaza o


manteniendo en rehén a una persona, obliga a ésta o
a otra a otorgar al agente o a un tercero una ventaja
económica indebida será reprimido con pena privativa
de libertad no menor de seis ni mayor de doce años.

La pena será privativa de libertad no menor de doce ni


mayor cíe veinte años cuando:
1.- El rehén es menor de edad.
2.- El secuestro dura más de cinco días.
3.- Se emplea crueldad contra el rehén.
4.- El secuestrado ejerce función pública.
5.- El rehén es inválido o adolece de enfermedad.
6.- Es cometido por dos o más personas.

1.2 Bien Jurídico Protegido

Se protege preferentemente el patrimonio, en


concreto, la capacidad de disposición que tiene toda
persona sobre sus bienes; pero además se protege la
libertad.

1.3. Tipicidad Objetiva

Sujeto activo puede ser cualquier persona.

Sujeto pasivo es la persona a quien se obliga a otorgar


la ventaja pecuniaria indebida.

Puede suceder, sin embargo, que el sujeto pasivo de


la acción sea diferente al sujeto pasivo del delito, lo
que tendrá lugar cuando se emplea la violencia o la
intimidación sobre una persona diferente al titular del
patrimonio, o bien se toma como rehén a una persona
distinta de la que presta la ventaja pecuniaria.

El comportamiento consiste. en. obligar a una persona


a otorgar al agente o a un tercero una ventaja
económica indebida, mediante violencia o amenaza o
manteniendo como rehén al sujeto pasivo o a otra
persona.

Obligar es compeler a alguien a realizar algo en contra


de su voluntad. Por tanto, la acción que realiza el
sujeto activo va en contra del consentimien¬to del
sujeto pasivo, por lo que el consentimiento de éste
será una causa de atipicidad del hecho.

Los medios para realizar la acción están


establecidos en el Código penal de manera
taxativa: violencia, amenaza o manteniendo como
rehén a una persona.

La violencia se debe entender como la fuerza física


ejercida sobre una persona, suficiente para vencer su
resistencia.

En este caso en concreto, tiene que ser suficiente para


que el sujeto pasivo realice el desprendimiento econó-
mico. La amenaza es el anuncio del propósito de
causar un mal a una persona. La idoneidad de la
amenaza se decidirá de acuerdo a si el sujeto realiza
el desprendimiento económico.

Finalmente, el Otro medio consiste en el


mantenimiento como rehén de una persona, es decir,
la retención de una persona contra su voluntad -se
afecta su libertad de locomoción-, con la finalidad de
que el sujeto pasivo realice un desprendimiento
económico.

Estos tres medios pueden recaer sobre el sujeto


pasivo directamente o sobre otra persona -que seria
sujeto pasivo de la acción-, la cual ha de mantener un
cierto vinculo con el sujeto pasivo.

Así, por ej., si Anastasio toma como rehén al hijo de


Juan para obtener un rescate de un millón de dólares,
sujeto pasivo del delito será Juan, mientras que su hijo
será sujeto pasivo de la acción.

La ventaja económica tiene que ser indebida.

Esto quiere decir que el sujeto activo no tiene que


tener derecho a ella, en caso contrario podría
entenderse que existe un delito de coacciones,
siempre y cuando concurran sus elementos típicos.

El objeto material sobre el que recae el delito puede


ser un bien mueble o un inmueble, aunque en la
mayoría de los casos se refiera a una cantidad de
dinero.

1.4 Tipicidad Subjetiva


Se requiere el dolo y, además, un elemento subjetivo
del tipo que es el Animo de lucro, fundamental e
inherente al mismo comportamiento típico.

1.5 Grados de Desarrollo del Delito: Tentativa y


Consumación

El delito se consuma cuando el sujeto pasivo otorga la


ventaja económica indebida, es decir, basta con su
desprendimiento. No se requiere, por tanto, que el
sujeto activo se haya aprovechado de la ventaja
económica, ni que haya llegado a sus manos.

No hay inconveniente en admitir la tentativa, la cual


existirá en tanto no se produzca el desprendimiento
económico.

1.6 Agravantes

Están contenidas en el segundo párrafo del art.200


CP. La mayoría de las agravantes están referidas al
supuesto del mantenimiento de rehén.

Las agravantes se pueden agrupar de la siguiente


manera:

l. Según la calidad del sujeto pasivo:


Si el rehén es menor de edad (art. 200, 1 a): es decir,
menor de diecio¬cho años en el momento en que se le
privó de su libertad de locomoción. Pero, en los casos
en los que el sujeto haya incurrido en un error sobre la
edad del sujeto, pensando, por ej., que es mayor de
edad, con independencia de que dicho error sea
vencible o invencible, carecerá de efectos la agravante
,dejan do, no obstante, subsistente el tipo base -art.
14, J0 CF.

Si el secuestrado es funcionario público (art. 200, 40


CP): a este respecto, hay que tener en cuenta que sólo
serán considerados como funcionarios públi-cos
aquellos sujetos que estén comprendidos en el art. 425
CP. Por otro lado, será indispensable que el sujeto
activo conozca dicha circunstancia. Si el rehén es
invalido o adolece de enfermedad (art. 200, 50 GP):
hay que entender que el sujeto activo ha de saber
antes de la ejecución del delito tal circunstancia; si el
sujeto activo llega a tener conocimiento, por ej., de la
en-fermedad que padece el sujeto una vez que la
persona está privada de liber¬tad, no podrá aplicarse
esta agravante.

2. Según el tiempo de duración de la retención del


rehén:

Si el secuestro dura más de cinco días (art. 200, 20


GP): este tiempo se cuenta a partir del momento en
que la persona es privada de su libertad, y no desde el
momento en que los demás toman conocimiento de tal
hecho. Según esta agravante, prácticamente todos los
supuestos de mantenimiento de rehén resultarán
agravados, ya que, en la práctica, la puesta a
disposición de la ven-taja económica raramente tendrá
lugar antes del transcurso del plazo de tiem¬po
establecido por la ley
.
3. Según el medio empleado:

Si se emplea crueldad contra el rehén (art. 200, 30


GP): se entiende por crueldad el acrecentar deliberada
e inhumanamente el sufrimiento de la vícti-ma, de
manera innecesaria.

4. Según el número de autores:

Si es cometido por dos o más personas (art. 200, 60


CP): es una disposición demasiado amplia que va a
abarcar la práctica totalidad de los supuestos dada la
forma en que se realizan la mayoría de estas
conductas. No se exige que las personas que realicen
el comportamiento formen parte de una organización o
agrupación criminal.

1.7. Diferencias con el Delito de Robo y con el


Delito de Secuestro

Según la doctrina, la diferencia entre el delito de robo y


el de extorsión estriba en el intervalo temporal. En el
delito de robo, entre la violencia o ame-naza y el
apoderamiento del bien mueble hay una continuidad,
lográndose inmediatamente el resultado. En cambio,
en la extorsión se requiere el trans-curso de un cierto
intervalo de tiempo.

Otra diferencia puede encontrarse en el momento de la


consumación: mientras en el robo se requiere el
apoderamiento, en la extorsión basta con el
desprendimiento del bien. Por otro lado, y respecto a
las formas de ejecución, el robo se realiza mediante
sustracción, en la extorsión el sujeto activo no sustrae
el bien, sino que el sujeto pasivo lo entrega.

El objeto material del delito de robo viene constituido


exclusivamente sobre bienes muebles, la extorsión
puede recaer sobre bienes muebles e inmuebles.

La diferencia entre el delito de secuestro (art. 152 GP)


y el delito de ex-torsión, aparte del bien jurídico
protegido -la libertad y el patrimonio, respec-tivamente-
, se encuentra en la finalidad perseguida por el sujeto
activo: en la extorsión, el sujeto pretende obtener una
ventaja económica, mientras que en el secuestro no.
En el delito de extorsión se afecta el patrimonio, de
manera que la privación de libertad, aunque en sí
misma gravísima, es considerada por el sujeto activo
sólo como un medio extorsivo, lo cual no excluye que
una privación de libertad preexistente, legítima o
ilegítima, pueda transformarse en extorsión
posteriormente, mediante la petición de una ventaja
económica indebida.

1.8 La Pena

Se castiga con pena privativa de libertad no menor de


seis ni mayor de doce años.
La concurrencia de alguna agravante se reprime con
pena privativa de libertad no menor de doce ni mayor
de veinte años.

2. CHANTAJE (Art. 201 CP)

EXPEDIENTE : 02399-2010-39-1601-JR-PE-02

IMPUTADA : ROSANA EDITH ARGÜELLES DE BRACAMONTE

DELITO : EXTORSION

AGRAVIADA : ESTELA JANET ARGOMEDO PORTUGUEZ

FISCALÍA : NELLY LOZANO YBAÑEZ

PROCEDENCIA : JUZGADO PENAL COLEGIADO DE TRUJILLO

IMPUGNANTE : SENTENCIADA

ASUNTO : APELACIÓN DE SENTENCIA CONDENATORIA

SENTENCIA
Trujillo, doce de Mayo

Del Año Dos Mil Once.-

VISTA Y OÍDA en audiencia de apelación de sentencia, por los señores


magistrados integrantes de la Segunda Sala Penal de Apelaciones de la
Corte Superior de Justicia de La Libertad, señores Jueces Superiores JUAN
RODOLFO SEGUNDO ZAMORA BARBOZA (Presidente de la Sala), NORMA
BEATRIZ CARBAJAL CHAVEZ y MARTIN VIDAL SALCEDO SALAZAR (Director de
Debates) quien interviene por licencia del doctor TOMAS PADILLA
MARTOS; en la cual estuvieron presentes la sentenciada ROSANA EDITH
ARGUELLES DE BRACAMONTE, asistida por su abogado defensor, JAIME
JUSTINIANO SOLANO, así como la representante del Ministerio Público,
doctora NELLY LOZANO IBAÑEZ.

I.- PLANTEAMIENTO DEL CASO:

1. Es materia de impugnación la sentencia expedida por el Juzgado


Penal Colegiado de Trujillo, de fecha seis de Enero del año dos mil
once, que falla condenando a la acusada Rosana Edith Argüelles de
Bracamonte, como autora del delito de extorsión, en agravio de
Estela Janet Argomedo Portuguéz.

2. Que, por recurso impugnatorio de apelación interpuesto por la


sentenciada, mediante escrito de fojas 53-…, solicita la Revocatoria
de la sentencia, recurso que ha sido admitido y que es de
conocimiento y competencia de este Superior Jerárquico, para
realizar un reexamen de los fundamentos de hecho y derecho que
tuvo el Ad Quo para dictar la sentencia, y en tal sentido se
pronuncia de la siguiente manera:
II. CONSIDERANDOS:

2.1 PREMISA NORMATIVA:

3. Que, el Artículo 200 Inc. b) del Código Penal, prescribe el Delito de


Extorsión, en los siguientes términos: “El que mediante violencia o
amenaza obliga a una persona o a una institución pública o privada
a otorgar al agente o a un tercero una ventaja económica indebida
u otra ventaja de cualquier otra índole, será reprimido con pena
privativa de libertad no menor de diez ni mayor de quince años.
(…)

La pena será no menor de quince ni mayor de veinticinco años si la


violencia o amenaza es cometida:

a) (…).
b) Participando dos o más personas;… ”

4. Que, en el delito de extorsión el comportamiento consiste en obligar


a una persona a otorgar al agente o a un tercero una ventaja
económica indebida, mediante violencia o amenaza o
manteniendo como rehén al sujeto pasivo o a otra persona1.

1 BRAMONT ARIAS, Luis. Manual de derecho penal, Lima- Perú, Editorial San Marcos,
2006, pág.367.
5. por su parte el artículo 394 inciso 3) del NCPP, señala como un
requisito de la sentencia “La motivación clara, lógica y completa de
cada uno de los hechos y circunstancias que se dan por probadas o
improbadas, y la valoración de la prueba que la sustenta, con
indicación del razonamiento que la justifique”.

6. Que, en mérito a la apelación interpuesta por la sentenciada, ésta


Superior Sala Penal asume competencia para revisar la resolución
impugnada, pasando a realizar el reexamen de la sentencia
condenatoria, en cuanto a determinar si en ella se ha incurrido en
error de interpretación; así como, si la prueba merituada resulta
suficiente para sustentar la sentencia condenatoria impuesta

2.2. PREMISA FACTICA:

HECHOS MATERIA DE ACUSACION:

7. A la procesada se le imputa el delito de extorsión en agravio de


Estela Janet Argomedo Portuguéz, expresándose que el día 4 de
mayo del año 2010, en horas de la noche, ante la denuncia
formulada por la agraviada a la policía en el sentido de que venía
recibiendo llamadas telefónicas extorsivas en su teléfono celular, de
parte de una persona de sexo masculino, que se identificó como
“José”, quien venía solicitándole le entregue la suma de diez mi soles
para no atentar contra su vida ni contra la de su conviviente Juan
Manuel Díaz Sevillano. Denuncia de parte que motivó para que la
policía planificara un operativo, manteniendo comunicación
frecuente con los extorsionadores, quienes indicaron a la agraviada
que el dinero debía arrojarlo debajo de un carro azul que se
encontraba estacionado en la cuadra cinco de la calle José Gálvez.
Comisionándose, incluso, a la SOT PNP Jacqueline Magdalena
Frontado Gamarra, para que haga la entrega del dinero haciéndose
pasar por la agraviada. Es así, como al día siguiente, esto es el 5 de
mayo del 2011., aproximadamente a las dieciocho horas, la referida
SOT PNP se dirigió al lugar antes indicado a bordo de un taxi y al
llegar arrojó debajo del vehículo indicado la bolsa conteniendo el
dinero, doscientos nuevos soles en cuatro billetes de cincuenta soles
cada uno, que previamente habían sido fotocopiados. Siendo la
persona de Rosana Edith Argüelles de Bracamonte, quien se acercó
y cogió la bolsa, momento en que es intervenida por los efectivos
policiales a cargo del operativo; procediéndose al registro personal
de la intervenida, encontrándosele una cartera conteniendo el
dinero que había arrojado la SOT PNP Frontado, un celular, un papel
con un número telefónico anotado y otros objetos de uso personal.

EVALUACION DE LOS HECHOS OBJETO DE APELACION:

8. Que, en el debate llevado a cabo en el juicio de apelación, el


defensor de la sentenciada sustento su pretensión impugnatoria, en
el sentido de que su patrocinada únicamente obró por miedo
insuperable provocada por la amenaza vertida por la persona
conocida por ella como “Keny Roggers”, en el sentido de que, en
caso de negarse a recoger la bolsa conteniendo el dinero que
momentos antes había dejado la SOT PNP Jacqueline Frontado,
abusaría sexualmente de su hija. Asimismo, sostuvo que su
patrocinada no efectuó llamada extorsiva alguna al teléfono móvil
de la agraviada; más aún si ésta última no la ha sindicado en modo
alguno, razón por la cual al actuar bajo amenaza, ha concurrido en
ella una causa de justificación, por lo que debe REVOCARSE la
recurrida y REFORMANDOLA deberá absolverse a su defendida de la
acusación fiscal.

9. Que, por su parte, el Ministerio Público sostiene que la sentenciada


sabía de los actos extorsivos que se venían realizando en contra de
la agraviada, prestando su cooperación activa en la fase final de
dicho ilícito; pues, agrega que no resulta creíble que no conozca a
sus coautores llamados como “Keny Rogers” y “Oscar”, cuando ésta,
el día de la entrega del dinero, mantuvo comunicación constante
con sus coautores. Razón por la que la venida en grado debe ser
CONFIRMADA.

ANALISIS DE LA SENTENCIA IMPUGNADA:

10. Que, esta Superior Sala Penal, reexaminando la venida en grado, en


relación al cuestionamiento postulado en audiencia, establece
como marco, en el cual debe centrarse el análisis de la decisión
impugnada, el determinar si a la luz de los acontecimientos que
constituyen el ámbito de la imputación y de las pruebas producidas
en el juicio oral se ha verificado, de un lado, si en la conducta de la
imputada se presentan los elementos objetivo y subjetivo que
configuran el delito de extorsión y de otro, en particular si se
presenta causa de exención alegada, que torne el comportamiento
típico de la sentenciada en antijurídico y por ende permita eximirla
de responsabilidad penal; toda vez que, tanto su defensa como la
propia sentenciada, en el interrogatorio a la que se sometió han
incidido en que ésta actúo ante el miedo insuperable de que sus
coautores abusen sexualmente de su hija si no procedía a recoger el
sobre que contenía el dinero producto de la extorsión realizada.

11. Que, en ese orden de ideas, de lo actuado en el contradictorio, en


particular del análisis de lo vertido por la agraviada ESTELA
ARGOMEDO PORTUGUÉS, se desprende que la misma fue victima de
llamadas extorsivas por un sujeto no identificado, quien
intimidándola con causarle daño a ella o a su familia le solicitó la
entrega de dinero al día siguiente, entrega que no se materializó por
haber dado cuenta a la policía, en efecto, de las declaraciones en
juicio del Sub oficial Juan Leyner Saravia León, el testigo Danilo
Méndez Marin, LUIS ZAVALETA CARDENAS , así como los efectivos
policiales Nilton Llempén Vásquez Y Jackeline Frontado Gamarra,
han permitido acreditar que con motivo de la denuncia de la
agraviada se realizó un operativo policial destinado a frustrar el
delito e intervenir a los autores, por ello fue que la suboficial
Frontado Gamarra se hizo pasar por la agraviada, siendo que los
policías le entregaron la bolsa con el dinero indicándola estos que
debía arrojarlo debajo de un automóvil que se encontraba en la
calle José Gálvez - conforme los extorsionadores le indicaron a la
agraviada -, lugar al que la imputada se constituyó el día cinco de
mayo del dos mil diez, se acercó al vehículo, tomó el dinero y lo
guardó en su bolso, momentos en que fue intervenida por la
autoridad policial. Tal conducta desarrollada por la imputada,
permite colegir, como así lo ha afirmado el Colegiado de instancia,
que ha desplegado una conducta criminal propia de este tipo de
ilícitos, en el cual existe una división de funciones de modo que
existe una persona que realiza las llamadas extorsivas, y otras que se
encargan de la recepción del dinero, siendo este último el papel
que le correspondió realizar a la imputada, de modo tal que su
conducta se subsume al elemento objetivo del tipo penal que se le
atribuye.

12. De otro lado, en cuanto al miedo insuperable, este no viene a ser


sino el temor, por parte del agente, de sufrir un perjuicio, afectándole
emocionalmente, no dejándole una posibilidad de actuación
distinta o impidiéndole que tome una decisión adecuada. Un
requisito objetivo de esta eximente, como anota MUÑOZ CONDE es
“el carácter insuperable del miedo, no pudiendo el agente
sobrepornerse a su presión, teniendo que ser este miedo serio, real e
inminente”2.

13. Que, en el caso concreto, los magistrados del Juzgado Colegiado,


han establecido que los individuos llamados por la acusada como
“Keny” y “Oscar”, quienes serían los autores directos de las llamadas
extorsivas, eran personas conocidas por ella, incluso, con “Keny” han
salido en varias oportunidades a la peña “Clarita” y a comer -
hechos que han sido ratificados por la sentenciada, en el juicio de
apelación –habiendo reconocido además que recibió dinero de
éste, lo que les lleva a sostener que la causa de exención, resulta
inverosímil; asimismo, ante el supuesto negado de que las amenazas

2 MUÑOZ CONDE, Francisco, Teoría general del delito, Bogotá, Editorial Temis, 2001,
pág.395.
a las que ha aludido la sentenciada en el sentido de que si no
recogía el paquete conteniendo el dinero solicitado a través de las
llamadas extorsivas iban a violar a su hija, esta no era actual o
inminente; pues éstas no se encontraban secuestradas ni bajo el
poder físico de aquellos. Fundamentos más que suficientes que han
desvirtuado el miedo insuperable que se ha invocado como causa
eximente en la conducta desplegada por la sentenciada, si no más
bien permiten acreditar que la sentenciada ha actuado con dolo,
estando presente además el elemento subjetivo de este delito cual
es el animo de lucro, conclusión a la que arriba el colegiado de
instancia, postura que comparte esta superior Sala Penal; por lo
que, la sentencia condenatoria, materia de grado, deberá ser
CONFIRMADA.

III. PARTE RESOLUTIVA

Que, por todas las consideraciones expuestas, analizando los hechos y


las pruebas conforme a las reglas de la sana crítica conforme a las
disposiciones que ordena el artículo 393, 425 numeral 3 literal b), del
Código Procesal Penal y demás normas legales invocadas, la SEGUNDA
SALA PENAL DE APELACIONES DE LA CORTE SUPERIOR DE JUSTICIA DE LA
LIBERTAD POR UNANIMIDAD, RESUELVE:

1. CONFIRMAR: la Sentencia de fecha seis de Enero del año dos mil


once, que falla condenando a la acusada Rosana Edith Argüelles de
Bracamonte, como autora del delito de extorsión, en agravio de
Estela Janet Argomedo Portuguéz, y por lo cual se le impone la pena
de QUINCE AÑOS de privación de libertad efectiva; que con
descuento de la carcelería que viene cumpliendo vencerá el día
cuatro de mayo del año dos mil veinticinco; con lo demás que
contiene y es materia de grado.
2. ORDENARON: Se devuelva el expediente al Juzgado de origen.-
Actuó como Ponente y Director de Debates, el Juez Superior
Supernumerario, Doctor Martín Vidal Salcedo Salazar.

JUAN RODOLFO SEGUNDO ZAMORA BARBOZA


JUEZ SUPERIOR
PRESIDENTE

NORMA BEATRIZ CARBAJAL CHAVEZ MARTIN VIDAL SALCEDO SALAZAR

JUEZA SUPERIOR

I. Sobre el motivo admitido, esta Sala al revisar el contenido de la sentencia de


mérito, específicamente la parte que se refiere a los hechos acreditados y a la calificación
jurídica que el A quo dio a éstos, se hacen las siguientes consideraciones: El delito de
extorsión es un delito de resultado, por cuanto su descripción típica exige como uno de sus
elementos configurativos, el perjuicio patrimonial, es decir un resultado lesivo o dañoso en
el patrimonio de la víctima o en el de un tercero; de ahí que sea factible distinguir cada
uno de los momentos de ejecución del mismo. En otras palabras, es posible distinguir
entre los actos preparatorios, y aquellos actos de ejecución y consumación. Del tenor
literal del Art. 214 Pn., se advierte que la acción típica consiste en obligar a una persona a
realizar en contra de su voluntad una determinada acción u omisión en perjuicio de su
patrimonio o el de un tercero. De ahí entonces la exigencia de una relación causal entre el
acto de obligar y el resultado producido, es decir la conducta o acto perjudicial al
patrimonio, ello significa que desde el momento en que es verificado el acto perjudicial en
el patrimonio, el delito de extorsión queda perfeccionado o consumado. Existe tentativa
de extorsión cuando el sujeto activo ha dado comienzo a la ejecución del delito por medio
de amenazas sobre el sujeto pasivo y hasta mientras no se haya dado la intimidación
necesaria en el sujeto pasivo para que éste realice la disposición patrimonial perjudicial
por causas ajenas a la voluntad del sujeto activo. II. En el caso en estudio, el A quo tuvo
por acreditado en lo pertinente, que como resultado de las amenazas, la víctima José
Reynaldo Valle Henríquez decidió denunciar el hecho ante la policía y proporcionó a los
agentes investigadores la cantidad de cien dólares para formar un paquete que simulara
contener la cantidad de cuatro mil dólares y montar un operativo de captura de los
implicados. De lo anterior, se colige que el comportamiento del imputado consistió en la
realización de actos idóneos de intimidación en la víctima con el fin de que ésta decidiera
realizar un desplazamiento de una parte de su patrimonio en favor de aquél o de tercero,
logrando parcialmente su objetivo, por cuanto sí bien es cierto las amenazas generaron
temor, sin embargo éste no fue suficiente para lograr que la víctima decidiera entregar la
suma de dinero requerida sin dar aviso a la policía. Ciertamente la víctima entregó una
parte de la cantidad de dinero requerida; pero lo hizo con el fin de de que se procediera
eficazmente a la captura de los implicados y no como resultado del temor. De acuerdo a
las anteriores consideraciones fácticas, los actos realizados por el acusado, no obstante su
idoneidad y agotamiento, éstos no generaron el resultado querido, por razones
independientes de la voluntad del sujeto activo. En estos términos entonces, el grado de
ejecución del delito de extorsión quedó en tentativa, por cuanto faltó el resultado querido
por el acusado, consistente en obligar a la víctima a tomar la decisión de trasladar una
parte de su patrimonio y ponerlo a disposición de aquél o de un tercero. En el presente
caso, la víctima decidió entregar la cantidad de cien dólares a los agentes de la policía, con
conocimiento y voluntad de que dicho dinero sería utilizado para proceder a la captura de
los autores; y no con el fin de cumplir con la voluntad del autor incrementando el
patrimonio de éste o de tercero. Este criterio lo ha venido sosteniendo la Sala en
resoluciones anteriores (46-Cas-95 y 62-2004). III. Por consiguiente, habiéndose
demostrado el vicio de fondo argumentado por el impugnante, los hechos acreditados
corresponden a la calificación jurídica descrita en el Art. 214 Pn., es decir, el delito de
Extorsión, pero en grado de tentativa, por lo que debe anularse parcialmente la sentencia,
únicamente en lo relativo a la calificación jurídica en la que el A quo adecuó los hechos
probados; y por razones elementales de economía procesal, es innecesario el reenvío para
la reposición de la parte de la sentencia anulada, por lo que es procedente pronunciar en
su lugar la que a Derecho corresponde, Art. 427 Inc. 3 Pr.Pn.. En consonancia con lo
anterior, la sentencia recurrida debe ser modificada en cuanto a la responsabilidad penal
del imputado, dada la calificación jurídica que en forma definitiva se ha dado a los hechos
acreditados; en tal sentido, la Sala prescindirá de ulteriores consideraciones para dictar
esta sentencia, limitándose a modificar la pena impuesta por el A quo, balo los parámetros
establecidos para la tentativa, de conformidad al Art. 24 Pn. Dadas las circunstancias antes
aludidas y respetando los criterios plasmados por el A quo para fundamentar la pena de
diez años de prisión, en el presente caso la Sala se limita a aplicar Io dispuesto en eI Art.24
Pn. En este sentido, corresponde modificar la pena de diez años de prisión impuesta por el
tribunal sentenciador, por la pena de CINCO AÑOS DE PRISIÓN, quedando las penas
accesorias y demás consecuencias sin modificación alguna. POR TANTO: Con base en las
razones expuestas, disposiciones legales citadas y Arts. 50 Inc..2. y No.1, 130, 357, 421,
422 y 427 Pr.Pn., a nombre de la República de El Salvador esta Sala RESUELVE: 1.
INADMÍTESE el primer motivo alegado por el Licenciado Saúl Alvarado Morán, por ser
manifiestamente informal e infundado. 2. CÁSASE PARCIALMENTE la sentencia de mérito
por el motivo de fondo alegado, en consecuencia modífiquese la calificación jurídica del
delito de Extorsión Perfecta por el delito de EXTORSIÓN IMPERFECTA o TENTADA. 3)
MODIFÍQUESE la pena principal de diez años de prisión impuesta por el Tribunal A quo al
imputado ALBERTO ORLANDO ALVARADO HERNÁNDEZ, por la pena principal de CINCO
AÑOS DE PRISIÓN, quedando sin modificación las penas accesorias y demás consecuencias
determinadas en la sentencia de mérito; y remítase el proceso al Tribunal de origen para
los efectos legales consiguientes.