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2018 primavera nº 10 (0+9)
2018
primavera
nº 10 (0+9)

Destacado:

*Una historia de los fanzines de Burgos, de Javier Ortega y Alberto Labarga

*Carpeta artística de María José Castaño

Además:

*Artículos, ensayos, relatos, poemas ...

2018 primavera nº 10 (0+9) Destacado : * Una historia de los fanzines de Burgos, de

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Página 2 La nación está dividida, mitad patriotas mitad traidores, y nadie puede diferenciarlos Mark Twain

La nación está dividida, mitad patriotas mitad traidores, y nadie puede diferenciarlos

Mark Twain

  • Los cuadros Luz que acaba en sabor, luz que se toca y San Pelayo, de María José Castaño, sirven de portada y con- traportada respectivamente a este número.

  • En las bibliotecas municipales y pública de Burgos hay a disposición del lector ejemplares impresos de esta revista.

No podemos sino expresar nuestra gratitud por ello.

Cul

Página 2 La nación está dividida, mitad patriotas mitad traidores, y nadie puede diferenciarlos Mark Twain

ura es un empeño de: Fernando Ortega, Fernando Arnaiz, José Mª Izarra, Alfonso Hernando, Jesús Borro, Jesús

Pérez, Luis Carlos Blanco y Félix J. Alonso, entre otros. ©de los textos (faltas de ortografía incluidas), ilustraciones y fotos, los respectivos autores. ©del logo, grafismo y maquetación: el maquetista, JMI. Contacto: culdbura@gmail.com

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Página 3 S umario 125 aniversario del Orfeón Burgalés, Domingo Ortega Gutiérrez Pág. 5 Arahuetes y

Sumario

125 aniversario del Orfeón Burgalés, Domingo Ortega Gutiérrez

Pág.

5

Arahuetes y Cía

9

13

19

Diez, Félix J. Alonso Camarero

27

31

35

................................ Los refugios de la memoria, de José Luis Cancho, José María Izarra

39

Una historia de los fanzines de Burgos, Javier Ortega y Alberto Labarga

43

A Raquel Hortigüela Capilla, Diego Alonso Díez

71

Hasna, Esther Pardiñas

75

79

Aranea fugit, José María Izarra

81

85

Manual de autoayuda, Alfonso Hernando

89

 

91

Tejer y destejer, Roberto López

111

Epifanía, Jesús Barriuso

........................................................................................

115

L´ultima volta, José Gutiérrez Román

.....................................................................

117

Rapa Nui, Miguel Ángel Barbero

.............................................................................

119

Sombra, Carlos de la Sierra

121

......................................................................

123

Confesión general, Pascual Izquierdo

El último en discordia

Harto, junto con mis compañeros de aventura, de mendigar la colaboración desinteresada de un artista plástico local que iluminara el número 9 (10, contando el 0) de Culdbura sin resultado alguno, he tenido que decidirme (empleo bien la persona verbal, porque para lo que se dirá no he contado con mis colegas) a desempolvar algunos de mis poemas visuales a fin de paliar en la medida de lo posible la carencia alu- dida.

Dada mi absoluta falta de destreza para pintar monas, mis poemas visuales están confeccionados, soft- ware de edición de gráficos mediante, con materiales de desecho pacientemente recogidos en los suburbios de Internet.

En mi cualidad de cuarto en discordia, huelga decir que han sido tres los plásticos que nos han negado las imágenes de su obra. El primero de ellos, aduciendo que lo representaba un agente y que todas sus creaciones estaban sometidas a derechos de autor, los cuales, creía ―y acertaba en su conjetura―, no es- tábamos dispuestos a pagar; también, para rematar el fino discurso, que él sólo colaboraba en causas com- prometidas para mejorar la sociedad.

El segundo se mostró dispuesto a prestarnos los archivos de imagen que fuesen necesarios, siempre y cuando le cediéramos no sé cuántas páginas para exponer en ellas su manifiesto artístico. Obviamente, de- clinamos el trato. Para dar el tostón, nos servíamos y bastábamos solitos. La que me precedió, tercera, figuró sentirse halagada; pero nos pidió una semana para pensárselo. No- sotros, cómo no, se la concedimos. Faltaría más. Sin embargo, transcurrido el plazo, se excusó diciendo que, por circunstancias ajenas a nosotros ―y suponemos que a más gente―, no lo veía factible. ¡Con lo que nos hubiera gustado ―y a mí especialmente― dar a cualquiera de los tres las gracias!

Cepillo músico - dental © J. M.ª Izarra Página 4
Cepillo músico - dental © J. M.ª Izarra Página 4
Cepillo músico - dental
© J. M.ª Izarra
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Página 5 aniversario del Orfeón Burgalés ¡Felicidades, Orfeón! Felicidades, querido Orfeón Burgalés, porque este año cumples

125 aniversario del Orfeón Burgalés

¡Felicidades, Orfeón!

Felicidades, querido Orfeón Burgalés, porque este año cumples 125 años de vida, fecunda y admirable. Los años te han hecho crecer y también madurar. Has cambiado mucho; has sufrido como lo hacen todas las instituciones y también sufrimos las personas. Tu historia ha sido intensa, brillante, secular ya, y muy laureada.

Nacías en el año 1893, justamente en un siglo que trajo a Burgos instituciones de gran rango que modelaron definitivamente su carácter de plaza rectora. Al Concejo y el Arzobis- pado centenarios se añadieron la Diputación, la Audiencia territorial, la Capitanía general, el Gobierno civil, el Banco de España, la Cámara de Comercio, etc. Pero esas instituciones ve- nían de fuera; pero dentro nacieron otras muchas que definían la capacidad creadora y re- novadora de quienes quieren comunidad humana. Esta actividad tuvo en Burgos en los últimos años del siglo XIX abundantes y singulares manifestaciones. Permíteme que te re- cuerde algunas: el Círculo de la Unión, el Círculo Católico de Obreros, el Diario de Burgos… Y naciste tú, querido Orfeón.

El Orfeón nació de un clamor popular que exigía en Burgos la misma institución que ya existía y brillaba en ciudades similares a la nuestra. Naciste de la convergencia de una doble corriente: de una parte la aristocracia local, sensible en la presencia del mundo obrero y que quiere culturizarle mediante la música coral; y, de otra parte, el mismo obrero, cons- ciente de su derecho a la perfección.

Hoy quiero recordarte, Orfeón querido, la importancia que has tenido en la función edu- cadora y gozadora de la música en la sociedad burgalesa. Importancia derivada de tu ac- tuación particular en cuanto masa coral, pero a la que hay que añadir su consecuencia multiplicadora en la proliferación de tantos coros como felizmente animan el aire musical de Burgos. Entonces (1893), solo actuaban la Capilla de la catedral y la Schola Cantorum del Círculo Católico.

A ti hay que atribuirte el acordado resplandor de coros que hoy llenan nuestra cultura y la Escuela Municipal de Música, y el Conservatorio municipal y las dos corales infantiles que aseguran tu continuidad. A ti se te debe el mérito de reestrenos de canciones y bailes bur- galeses que el tiempo había olvidado y que tus directores, sobre todo Federico Olmeda y Antonio José, recogieron a tiempo en los pueblos, hoy agonizantes. A ti debemos agradecerte que el nombre de Burgos, su himno y el recio carácter burgalés haya sonado en multitud de ciudades, pueblos y en numerosas naciones. Con razón, pues, fuiste laureado con primeros premios nacionales e internaciones. Eres, orgullosamente, Medalla de Oro de la ciudad de Burgos y de la Diputación; cantaste ante reyes (Alfonso XIII, Juan Carlos I) y numerosas personalidades de la cultura o de la ciencia, de la música y de la política.

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Página 6 De ti nacieron o vivieron momentos intensos de tu vida y de su carrera

De ti nacieron o vivieron momentos intensos de tu vida y de su carrera musical nombres famosos: el violinista Estefanía, Rafael Frühbeck de Burgos, “Sotillo”, Amoretti… y diste con- ciertos famosos.

Hoy quisiera agradecerte a ti que hayas llevado el nombre y la voz de Burgos por España y Europa. Tu presencia en TVE en la transmisión de la misa desde Torrelaguna, patria del cardenal Cisneros, y en Radio Nacional de España. Quiero recordarte aquel viaje a Sevilla donde la sociedad sevillana vibró con tu repertorio. Y, sobre todo, que la ciudad de Burgos te despidiera en la Plaza Mayor, llena como en las grandes fiestas y acontecimientos de la vida de los burgaleses.

Además, un día después de la celebración del primer centenario (en el palacio de la UNESCO de París y en el Auditorio Nacional de Madrid, donde se presentó el libro de la His- toria del Orfeón) alguien pensó en que merecías correr la aventura de tu internacionalización. Era arriesgado, difícil, laborioso, pero mereció la pena. Y comenzaste a embelesar a gentes de otros países que te acogieron con afecto y admiración.

Italia con sus grandes culturales: Roma (concierto en el Vaticano), Altopascio, Florencia, Verona, Ferrara, Milán, Padua, Venecia… También Checoslovaquia, Austria y Alemania (Co- lonia, Salzburgo, el paseo por el Rhin…), Bélgica (Bruselas, Lovaina), Francia (Notre Dame, el Instituto Cervantes de París…).

En España conquistaste el Primer Premio de Habaneras (Torrevieja y Mieres), y se oyeron las canciones burgalesas, y siempre el Himno a Burgos, en Valencia, Santander, Santiago, Cuenca, Tarancón, Esquivias…

Recordar, querido Orfeón, es volver a pasar por el corazón. Tu casa está llena de títulos, diplomas, placas, testimonios, escritos, regalos… En definitiva, de recuerdos que llenan de ilusión y de vida alegre la soledad de tus silencios y de tus esperas. Porque sigues esperando, ilusionadísimo, los días de ensayo, la preparación de los grandes conciertos, los encuentros de los orfeonistas, de los niños, de los coralistas adultos.

En tu nombre quiero agradecerles a muchas personas e instituciones que te hayan dedi- cado tiempo, amor y sacrificio. Yo sé que tú le agradeces especialmente al Ayuntamiento su acogida, la casa, las ayudas y el amor que te ha tenido desde el primer día de tu nacimiento. Agradecerles a las instituciones oficiales (Diputación. Cámara de Comercio, Diario de Burgos, Ministero de Cultura) y financieras (Caja Círculo y Caja Municipal de Burgos), a las familias de los orfeonistas que fueron un público generoso y entusiasta.

¡Cómo no recordar a los directores!: José Garay, Artola, Federico Olmeda, Antonio José, Beobide, Sarmiento, Emilio Rayón, Amoretti, J.A. Quesada, Salvador Vega, M.A. Palacios Garoz, Carlos Martínez Pérez, Juan Gabriel Martínez y la actual directora, Marta Pilar Her- nando. Todos grandes maestros, grandes ahormadores de la masa coral.

Lugar preeminente y tu agradecimiento a las juntas directivas que guiaron de manera humana y legal la marcha de la institución: tu economía, las celebraciones de santa Cecilia y la organización de los viajes. También quiero abrazar en tu nombre a los socios protectores, burgaleses anónimos pero que cooperan para que el Orfeón siga cantando a Burgos.

No quisiera terminar mis líneas de felicitación sin una mención especial a algunos de los últimos, resonantes, conciertos tuyos para que sigas animado a seguir y seguir, por muchos años, cantando a Burgos. Por ejemplo, la inauguración del renovado Teatro Principal, el es- treno de la Misa polifónica para las fiestas patronales de san Pedro y san Pablo, obra del querido y recordado Alejandro Yagüe, la inauguración del palacio de Congresos (Fórum Evo- lución) con el maestro Rafael Frühbeck, o la ópera de Antonio José “El mozo de mulas”.

… Y muchas más cosas que alguien, con amor a Burgos y al Orfeón, deberá dejar escritas en la segunda parte de tu historia, Laureado, Secular y Querido Orfeón Burgalés.

¡¡¡Felicidades, Orfeón!!!

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Domingo Ortega Gutiérrez

(expresidente de la institución)

Página 7

Página 7 Instrumento cifrado
Instrumento cifrado
Instrumento cifrado

© J. M.ª Izarra

Cambiar el paisaje © J. M.ª Izarra Página 8
Cambiar el paisaje © J. M.ª Izarra Página 8
Cambiar el paisaje
© J. M.ª Izarra
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Arahuetes

&

Cía.

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Página 10 El Origen Mucho antes del fin todo conducía a nada. La luz que sepultaba
El Origen Mucho antes del fin todo conducía a nada. La luz que sepultaba insospechados labe-
El Origen
Mucho antes del fin todo conducía a nada.
La luz que sepultaba insospechados labe-
rintos. La pócima secreta de las formas
desgranadas. El gran caleidoscopio del
color. El hombre dio la luz y vio una som-
bra proyectada en la mesilla. Sin saber por
qué pensó en un hacha. Luego miró lahora
en el móvil. Abandonó la cama y se en-
frentó al estertor de la mañana: Allí estaba,
tras el vidrio, un universo rancio, lleno de
movimientos ymayúsculas. Pese a todo, co-
rrió de un manotazo la cortina, abrió de
par en par la ventana, y como si el aire
tibio le devolviera al sueño, pensó en mí,
muriéndonos juntos.
Eliseo González Martínez (2018)
Inspira profundamente coge impulso y salta desde la cumbre más alta y olvídate de la mente.
Inspira profundamente
coge impulso y salta
desde la cumbre más alta
y olvídate de la mente.
Festeja este presente
del que eres observador,
deléitate con humor,
boquiabierto y sin peso,
tu Ser está en embeleso:
Antropoplastia es Amor.
Noemí Oca

Página 11

Página 11 Nubes y Claros En los días de viento, cuando nubes y claros crecen en
Nubes y Claros En los días de viento, cuando nubes y claros crecen en el rostro,
Nubes y Claros
En los días de viento,
cuando nubes y claros crecen en el rostro,
me suelo detener para observarles.
Al instante les borro y poso mis pupilas
en cualquier otro sitio.
No es que no quiera ver su arquitectura
de líneas imposibles,
la bebida que les resbala por las comisuras
o el bronce de sus cuerpos.
De buen grado caería en el ridículo
si con ello pudiera recobrar un instante
de lo que ahora sienten.
Mi insensato deseo de volver a ser joven
―nubes y claros crecen en el rostro―
no me avergüenza.
Es otra cosa lo que temo:
que su mirada me delate.
José Gutiérrez Román
El corazón se fundió en trozos de los que está hecha la luna en la noche
El corazón se fundió en trozos de los que
está hecha la luna en la noche oscura y en
los colores de la mañana: eran las formas
que toma el aire, que forman la vida y
llenan el vacío
alegría.
...
preludiando la voz de la
María José Castaño Rodríguez

Página 12

Página 12 Perso Corría desnudo por un jardín que, en realidad, era un laberinto. Los larguísimos
Perso Corría desnudo por un jardín que, en realidad, era un laberinto. Los larguísimos pasillos esta-
Perso
Corría desnudo por un jardín que, en realidad,
era un laberinto. Los larguísimos pasillos esta-
ban formados por paredes de apreses, maravi-
llosamente recortados, de perspectivas
interminables, en los que se abrían calles trans-
versales igualmente rectilíneas e infinitas.
Cuando me cansé, arranqué una gálbula y la
mordí: era tierna y jugosa como un albaricoque;
su jugo estalló en mis labios y cayó viscoso por
mí cuerpo, como resina. A mi alrededor, brota-
ron mil colores. Y entonces fui capaz de recono-
cerlo: allí, palpitando y flotante, estaba el perso,
ese misterioso color del que hablaba Petrarca en
un poema y que yo nunca había sido capaz de
imaginar.
Verdi panni, sanguigni, ascuri o persi / non vestí
dorna unquancho, pronuncié a media voz.
Luego todos aquellos colores se disiparon, igual
quelos fuegos artificiales mueren en la noche.
Terminé decomer el fruto, saboreándolo. Me
sentí restablecido y eché, de nuevo, a correr.
Óscar Esquivias
El viajero Regresa el mar de sus devastadoras cumbres; dentadas sus sienas, por abismales yunques afiladas:
El viajero
Regresa el mar de sus devastadoras cumbres;
dentadas sus sienas, por abismales yunques afiladas:
para segar el triste silencio de las obras yermas ...
Despliega un momento sus remotos esplendores,
sus parentales dominios amontonando urgente,
para de nuevo partir a sus planicies milenarias;
allá, donde las generaciones del brit y de las algas ...
Y un viajero en su ondeante grupa se ha montado,
cabalgando alegre, sin añorar el día, la vida y la
memoria: hada los confines de las marítimas estirpes,
donde los baldíos de las aguas legendarias ..
Alzando su osadía en los hádales ábsides:
para redimir a sus vestales del sacrificio blanco,
para perdonar a sus esclavas las profanaciones ...
y pastorear esculturas de sal por los promontorios,
por las praderas, por las simas abisales:
enumerando las dinastías, tutelando las inmensidades,
soñando los inexpugnables pabellones,
que le lleven hasta los celestes pórticos
que conducen al secreto altar de la Belleza.
Miguel Ángel Barbero

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Página 13 Templarios (Extracto del libro Literatura de la Edad Media para lectores curiosos , aún

Templarios

(Extracto del libro Literatura de la Edad Media para lectores curiosos, aún no publicado)

Las cruzadas ―hubo hasta ocho, de 1099 a 1272― movilizaron a reyes y a caballeros eu- ropeos, amén de a una turba sin nada que perder, que deseaban recuperar para la cristian- dad los Santos Lugares, en manos sarracenas (pese a este dominio, hasta el s. XI los peregrinos cristianos pudieron acceder sin problemas a Palestina). Por otra parte, los inte- reses económicos ―pensaban hallar grandes riquezas en Oriente― también espoleaban a los cruzados (un agudo aforismo de Arthur Schopenhauer reza: ¿Acaso no son, en el fondo, casi todas las guerras otra cosa que expediciones de pillaje?).

Los beneficios materiales que procuraron las cruzadas fueron escasos. Ciudades como Génova y Venecia prosperaron a costa de ellas, pues alquilaban barcos para el transporte de tropas y pertrechos y concedían préstamos. Le Goff resume en tono burlón lo conseguido:

Apenas veo más que el albaricoque como posible fruto traído de las cruzadas por los cristia- nos.

Mencionamos en un capítulo anterior que el concepto de guerra santa o yihad permeó el cristianismo durante estas sangrientas campañas militares Según la Iglesia ―pronto cono- ceremos a Bernardo de Claraval―, a los cristianos que participaran en la guerra contra el infiel se les perdonarían los pecados y tendrían ganado el cielo (también apuntamos que eso no les impidió saquear el emporio cristiano de Constantinopla durante la cuarta cruzada).

En este ambiente no tardaron en surgir órdenes que conjugaban lo militar con lo monacal, una relación cuando menos extraña. Los hospitalarios, que atendían a pobres y enfermos, y los templarios son ejemplo de ello. Sus miembros son laicos, pero hacen vida cuasi monacal. Su misión consistía en proteger a los peregrinos que acudían a ver el Santo Sepulcro, donde ―se supone― estaba enterrado el cuerpo de Cristo. Beduinos y ashashins (feroces acólitos del Señor de la Montaña) constituían un peligro real para aquellos que, tras mil dificultades ―en Europa tampoco los caminos era seguros― llegaban a las puertas de Jerusalén. Estos peregrinos solían desplazarse en grupos numerosos y parte de la travesía la realizaban en barcos desde puertos como Marsella. Jacques de Vitry, teólogo e historiador francés (s. XII― XIII) explica en su Historia Orientalis para qué se fundó la orden del Temple:

Eran caballeros amables y entregados a Dios, llenos de sentimientos caritativos, que ha- bían renunciado al mundo y se habían consagrado al servicio de Jesucristo mediante profe- sión de fe y votos solemnes ante el patriarca de Jerusalén, jurando defender a los peregrinos frente a los bandidos y a los salteadores criminales, proteger los caminos y luchar por el Rey Supremo, viviendo como canónigos regulares en la obediencia, en la castidad y sin po- sesiones.

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Página 14 Las palabras de Jesús recogidas en el Evangelio de Mateo refrendaban esta labor desin-

Las palabras de Jesús recogidas en el Evangelio de Mateo refrendaban esta labor desin- teresada de los que llevaban una cruz de color rojo sobre una capa blanca:

El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos. (Mt 20, 28).

Respecto al uso de la espada contra el enemigo también tenía Jesús una opinión. Cuando fue arrestado por gente armada junto al huerto de Getsemaní, el más impulsivo de sus dis- cípulos cortó con una espada la oreja del criado del sumo sacerdote. Y Jesús dijo:

Guarda tu espada, que todos los que empuñan la espada, perecerán a espada (Mt 26,

51).

No obstante, el fin justificará los medios: Bernardo de Claraval, monje cisterciense, re- dacta, a petición de su amigo Hugo de Payns, un sermón titulado Elogio de la nueva milicia templaria mediante el que justifica la guerra santa:

¡Qué felices mueren los mártires en el combate! el soldado de Cristo mata con seguridad de conciencia y muere con mayor seguridad aún. Bernardo es inteligente, memorioso, conoce al dedillo las Escrituras y escribe bien; así define, por ejemplo, al nuevo monje-guerrero:

El soldado que viste su cuerpo con la armadura de acero y su espíritu con la coraza de la fe…

La frase es magnífica. Antes ha vituperado a la milicia secular, esos guerreros corrientes y molientes a los que tilda de modo indirecto de afeminados. Pero los templarios son otra cosa (y no se equivoca: pronto se convertirán en una fuerza de élite que no desfallece ni re- trocede en la batalla, unos espartanos redivivos).

En otra parte de su sermón realiza una interesante semblanza de la vida de los templa- rios:

Tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra, observan una gran disciplina y nunca falla la obediencia […], se visten con lo que les dan y no buscan comida ni vestido por otros medios […] Se abstienen de todo lo superfluo y solo se preocupan de lo imprescindible. Viven en común…

Nunca permanecen ociosos ni andan merodeando curiosamente […] No hay en ellos fa- voritismos; las deferencias son para el mejor, no para el más noble por su alcurnia.

Están desterrados el juego de ajedrez y los dados. Detestan la caza y tampoco se entre- tienen ―como en otras partes― con la captura de aves al vuelo. Desechan y abominan a bufones, magos y juglares, canciones picarescas y espectáculos de pasatiempo, por consi- derarlos estúpidos y de falsas locuras. Se tonsuran el cabello, porque saben por el Apóstol que al hombre le deshonra dejarse el pelo largo. Jamás se rizan la cabeza, se bañan muy rara vez, no se cuidan del peinado, y van cubiertos de polvo, negros por el sol que los abrasa y la malla que los protege.

San Bernardo añade otra frase lapidaria:

saben compaginar la mansedumbre del monje con la intrepidez del soldado…

Me picó la curiosidad en cuanto a las palabras de ese Apóstol que cita san Bernardo. El Apóstol ―escrito con inicial mayúscula― por antonomasia fue san Pablo, quien recurrió al género literario de la carta para catequizar a algunas comunidades cristianas. En su primera carta a los Corintios, cuando habla de la compostura de las mujeres en las asambleas litúr- gicas, menciona el cabello:

¿No os enseña la misma naturaleza que es una afrenta para el varón llevar el pelo largo, mientras que para la mujer es una honra llevarlo así? (I Cor 11, 14―15)

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Página 15 ¿Qué hacemos entonces con todo el arte figurativo de Occidente y de Oriente en

¿Qué hacemos entonces con todo el arte figurativo de Occidente y de Oriente en que, tanto Cristo como sus discípulos llevan el pelo largo en frescos, tablas, lienzos, mármoles, vidrieras alabastros, metales… siglo tras siglo? Bueno, dejémonos de disquisiciones vanas y sigamos con el Temple y sus esforzados caballeros.

Añadiré a lo dicho por el abad de Claraval que todos eran barbados y que, cuando se acostaban en el jergón, no se quitaban ni la camisa, ni los pantalones, ni el cinturón ni los zapatos. Respecto al día a día, se gobernaban por la regla de san Benito. Solo la comida era más abundante que la que consumían los monjes del Císter, puesto que un guerrero nece- sitaba energía para luchar. Régine Pernoud nos detalla qué comían: Generalmente, los her- manos tienen una escudilla para dos, pero cada uno su copa, con igual medida de vino. Comen carne tres veces por semana; los domingos hay dos platos de carne para los Caba- lleros y uno para los escuderos y los sargentos. Las sobras se daban a los pobres. Todos los días se revisaba dos veces el estado de los caballos, complemento básico del templario, ade- más del equipo, aunque no se descuidaba el rezo. Resulta curioso el hecho de que dos coman del mismo plato. También había en la Orden un sello para lacrar documentos donde aparecían dos caballeros montados en el mismo corcel. ¿Recuerdo de la carestía de medios en los ini- cios? ¿Un gesto de humildad? Nada concluyente he encontrado al respecto.

Huizinga dedicó un capítulo de El otoño de la Edad Media a las Órdenes militares y los votos caballerescos, cuyo origen relaciona ―con cautela, eso sí― con antiguos ritos que aún

persisten en comunidades tribales: … las raíces de las Órdenes militares, como las del torneo y las de la misma ceremonia de armarse caballero, se remontan a los usos religiosos de un

lejano pasado. El espaldarazo es un rito de pubertad, modificado ética y socialmente; es la entrega de las armas a los jóvenes guerreros […] Las Órdenes militares no pueden separarse

de las sociedades de varones, que existen en los pueblos en estado de naturaleza. Recordaré al lector que el espaldarazo era un golpe dado de plano con la espada en el hombro o en la espalda del elegido, que estaba arrodillado, para armarle caballero (como curiosidad diré que en la capilla de Santiago del burgalés Monasterio de las Huelgas existe una figura arti- culada de Santiago Apóstol que sirvió para tal fin, si nos referimos a miembros de la re- aleza) ..

La Orden de los Caballeros del Templo de Jerusalén fue fundada por Hugo de Payns en 1118. En total la constituían nueve hombres de ascendencia francesa y flamenca. Javier

Martín Lalanda describe el lugar donde se les permitió residir: A su llegada a Jerusalén, Bal- duino [rey Balduino II] alojó a los nueve fundadores de la Orden en una de las alas de su palacio, la antigua mezquita de al―Aqsa, donándoles como iglesia la cercana mezquita Kubet

es―Sajra [Cúpula de la Roca]. Este edificio de planta octogonal […] era denominado por

los cristianos el Templo de Salomón. De ahí que esos hombres pasaran a llamarse Templarios (antes fueron los Pobres Caballeros de Cristo). Poco imaginaba este puñado de valientes que la Orden del Temple llegaría a ser una institución poderosa, tanto como para prestar di- nero a príncipes y reyes soberanos.

La estructura de la Orden era piramidal. A la cabeza figuraba un maestre, cuyo papel era similar al realizado por el abad de un monasterio; era elegido por un capítulo de doce miem- bros. La jerarquía social se mantenía: los caballeros, que podían tener un escudero, llevaban un manto blanco (luego se añadiría una cruz bermeja). Sargentos y escuderos vestían uno gris o negro. Había numerosos cargos. Los miembros solían ser reclutados entre los cruzados que acudían a liberar Tierra Santa y que, en vez de regresar a sus hogares, tomaban la op- ción de profesar en una orden militar famosa por la austeridad y el espíritu de sacrificio de sus componentes.

Los templarios recibían abundantes donaciones y no pagaban el diezmo, de ahí que su patrimonio creciera con rapidez. De hecho llegaron a ser los banqueros de Europa: guarda- ban, transportaban y protegían el dinero ajeno, como el de los peregrinos, además de con- ceder préstamos (hasta custodiaban patrones de pesos y medidas, dada la confianza que

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Página 16 en ellos se tenía). Eran casi independientes, debido a que Robert de Craon, el

en ellos se tenía). Eran casi independientes, debido a que Robert de Craon, el segundo maes-

tre de la Orden, se ocupó de que esta dependiera exclusivamente del papa, hecho que pro- vocó el recelo y el malestar de los obispos, al no tener jurisdicción sobre ella. Para más inri podían construir oratorios e iglesias, entre las que no eran infrecuentes las de planta circular, por mímesis con la iglesia del Santo Sepulcro. Se han conservado documentos ―cartas de donación y cartularios― que dan fe de lo que era entregado al Temple (incluso una vez al año se realizaba una colecta en las iglesias a favor de la Orden). Tampoco faltaban testa- mentos que les otorgaban herencias. ¿Qué se donaba? La investigadora Régine lo detalla:

… una tierra, una propiedad abandonada, pastizales, las recaudaciones de un diezmo, los derechos impuestos a los siervos o campesinos del lugar, etc.

Los templarios también fundaban su riqueza en la agricultura, puntal de la economía de la época. Adquirían ―o les eran donadas― tierras donde sembraban cereales, viñas y hor- talizas. Eran explotaciones agropecuarias con un caserío formado por viviendas, capilla, cua- dras, horno y molino. Recibían el apelativo de encomiendas y destacaban por su autosuficiencia, característica que compartían con las granjas monacales. Es probable que tuvieran bosques en usufructo paras abastecerse de leña y de madera para la construcción. Disponían de miel, lana, harina, leche, huevos, vino, carne de cerdo o de vacuno, mantequilla y queso. Muy importante era la cría caballar para dotar de monturas a los hermanos que desempeñaban su labor en Oriente. Se calcula que la Orden poseía unas nueve mil enco- miendas cuando fue suprimida.

¿A qué se debió tal supresión? Puede que a la coexistencia de un rey ambicioso y un papa indeciso. Ese rey fue Felipe IV, señor de Francia, y ese papa gobernó la Iglesia con el nombre de Clemente V, el primero que ocupó la sede de Aviñón. En el año 1307 los templarios más importantes instalados en suelo francés fueron detenidos. ¿Bajo qué cargos? Unos cuantos:

apostasía, ultraje a Cristo, ritos obscenos, sodomía e idolatría. Fueron torturados y confe- saron lo que sus verdugos quisieron. El papa, bajo cuya jurisdicción estaban, protestó ante el rey, pero luego cambió de opinión y en el año 1312 publicó dos bulas; una aprobaba la supresión de la Orden del Temple y otra la entrega de los bienes incautados a la Orden Hos- pitalaria.

A modo de anécdota ―triste anécdota― contaré que existe una leyenda según la cual Ja- cobo de Molay, el último y malhadado maestre de los templarios, antes de morir abrasado por las llamas, emplazó al papa y al rey: ambos rendirían cuentas a Dios por su injusticia en un tiempo dado (un año al parecer); la realidad es que ambos murieron antes de que trans- curriese dicho plazo. ¿Coincidencia? Helen Nicholson, una historiadora seria y competente, no da ninguna credibilidad al hecho. Pero, ¿y si de verdad Jacobo de Molay profirió esa mal- dición antes de que su garganta se llenara de humo? Más de un centenar de templarios mu- rieron de forma tan cruel.

.En otros países en los que la Orden también estaba implantada la represión resultó mo- derada, si la hubo. En España los templarios pidieron ser admitidos en órdenes militares au- tóctonas, como las de Alcántara, Santiago o Calatrava, creadas durante el.s. XII (un siglo después las seguiría la de Montesa). La Reconquista fue, sin duda, el acicate para que sur- gieran. Siguiendo la estela del Temple, llegaron a acumular importantes patrimonios.

Página 16 en ellos se tenía). Eran casi independientes, debido a que Robert de Craon, el

Ignacio Galaz

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Página 19 Burgos, tema literario en textos del XIX Siguiendo el planteamiento teórico de Elizabeth Frenzel

Burgos, tema literario en textos del XIX

Siguiendo el planteamiento teórico de Elizabeth Frenzel o Raymond Trousson, expliqué mi entendimiento de la noción “tema literario” cuando se establece la marca gramatical del nombre propio como el perfil identificador de lo que define formalmente un tema literario” 1 , incluí en la selección de monografías reunidas en el volumen abajo citado una monografía ―La Alpuja- rra― que se ajustaba a la idea además de consistir en un topónimo. En el volumen II de esta obra se incluyeron topónimos que, además, iban determinados por alguna determinación como “Huesca, Campana de “ o “Zaragoza, Sitios de”. En la presente ocasión circunscribo el ámbito semántico al topónimo que designa a la capital de Castilla a la que Cervantes recordaba en la primera línea de La ilustre fregona: “Burgos, ciudad ilustre y famosa”.

Estos calificativos corresponden a un tiempo ―1613― en el que la ciudad castellana, a pesar de conservar el prestigio simbólico que le habían conferido su Historia, su posición geográfica y los hábitos morales de sus habitantes, ya había iniciado una decadencia de la que tardaría siglos en recuperarse. Con todo, la creación literaria de los siglos XVI y XVII haría frecuentes alusiones a la ciudad evocándola en romances y piezas teatrales como cuna de hé- roes medievales y la sede de los jueces, condes y monarcas del condado y posterior reino de Castilla 2 . Durante el siglo XVIII, y a pesar de la renovación urbanística emprendida bajo la égida de Carlos III 3 , la actividad cultural de la ciudad estaba bajo mínimos; escritores como Zavala y Zamora o el P. Flórez tuvieron que desplegar su actividad fuera de Burgos, las impren- tas antiguas habían decaído en su actividad y se procedió a la demolición del teatro público. Con todo, el estereotipo milenario de la honradez y el orgullo burgaleses aparecería en textos descriptivos de carácter costumbristas como son las Cartas marruecas (1793) de José Ca- dalso.

Pero habrían de ser los viajeros foráneos de los años románticos los que solaparían los viejos tópicos de caracterización heroica con las emociones que les deparaban paisajes y edi- ficios históricos; Théophile Gautier, Ernest Merimée, Richard Clifford, Victor Hugo, Isidoro Tay-

  • 1 Leonardo Romero Tobar, Temas literarios hispánicos (I). Zaragoza, P. U. Z., p.10.

  • 2 Alfredo Hermenegildo, Burgos en el Romancero y en el teatro de los Siglos de Oro, Madrid. F.U.E., 1958. Libro al que sería preciso sumar numerosas monografías sobre textos concretos que tocan los asuntos citados más arriba y los reper- torios bibliográficos dedicados a sus instituciones eclesiásticas como es el tomo XXVII (1772) de la España Sagrada del P. Flórez o los muy expresivos relatos de visitantes y viajeros como Andrea Navagero, fray Antonio de Guevara, o Teresa de Jesús.

  • 3 Recuérdese que la construcción del Ayuntamiento fue el año 1788 a partir de dibujos de Villanueva, esta fecha nos sitúa en la ampliación extramuros que experimentó la ciudad , así como e diseño del Paseo del Espolón en paralelo al río Arlanzón.

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Página 20 lor, Hans Christian Andersen, Edmundo De Amicis y otros más proyectarían una emoción muy

lor, Hans Christian Andersen, Edmundo De Amicis y otros más proyectarían una emoción muy intensa en su contemplación de los relieves arquitectónicos de la capital 4 .

Allí estaba Burgos. Burgos debe ser, porque entre esa masa compacta y oscura de techos puntiagudos, de torres almenas y altos miradores, he visto destacarse como dos fantasmas negros, las gigantescas agujas de su catedral. En este momento me ocurre qué pensarán esos monstruos de piedra, esos patriarcas y esos personajes simbólicos, tallados en el granito, que permanecen día y noche inmóviles y asomados a las góticas balaustradas del templo, al ver pasar entre la sombras la locomotora ligera como el rayo y dejando en pos una ráfaga de humo y chispas encendidas (G. A. Bécquer, “Caso de ablativo”, Obras Completas, Madrid, Agui- lar, 1954, p. 1042).

TEATRO-NOVELA

Consideraré, por consiguiente, los textos literarios del siglo XIX en los que el cuerpo de su cronotopo es el resultado de una ficción teatral o narrativa y en los que ―adelanto una con- clusión― la gravitación de los tópicos desplegados en los textos del Siglo de Oro aún seguían vigentes. Hemos de partir del Romanticismo pues, como afirmaba el poeta Juan Ruiz Peña “es Burgos una ciudad eminentemente romántica. Su medievalismo histórico, su goticismo ar- quitectónico, su democrático sentido de lo popular definen este romanticismo” 5 Varios escri- tores, en el tránsito del XVIII al XIX desplegaron en sus creaciones variantes de estos asuntos medievalizantes: el conde de Noroña en su tragedia Mudarra, Cadalso en Don Sancho García, Álvarez Cienfuegos en La condesa de Castilla (1798, ed. de 1817), Joaquín Francisco Pacheco en Los Infantes de Lara, además del poema del mismo asunto del P. Arólas.

Estas obras dramáticas situadas en la capital de Castilla desarrollan conflictos relacionados con los héroes medievales ― los jueces y condes anteriores al reino, el Cid, los infantes de Lara―, conflictos para los que una anotación inicial de los textos señala que la acción sucede en Burgos y que en las sucesivas acotaciones o en las intervenciones de los personajes sólo se reitere esa referencia. Una reelaboración de Las mocedades del Cid de Guillen de Castro es el drama de Hartzenbusch La jura en Santa Gadea (1845) cuyo primer acto transcurre en Bur- gos y su muro exterior, el acto segundo pasa a un salón del alcázar de la ciudad y el acto ter- cero se despliega de modo espectacular en la entrada de la iglesia de Santa Gadea con amplia descripción de la decoración que representa el exterior del templo en los actos de juras. Alusión general a la ciudad encontramos en las acotaciones escénicasde ///*La condesa traidora (1803) de Álvarez Cienfuegos///, El favorito del rey (1847) de Juan Ruiz del Cerro o la pieza en un acto Fernán González (1872) de Bernardo Aparicio. La localización urbana en Burgos se pre- cisa con fina percepción en la segunda parte del Torquemada (ed. en 1882) de Víctor Hugo para cuyo acto primero de la segunda parte leemos: “Le patio-royal, dit Conde-reyes, au pa-

lais-cloítre de la Llana, á Burgos. Cour carré, entourée d’une galerie á arcadestrilobées (

...

)”.

Más detenidas son las ambientaciones burgalesas de José Zorrilla tanto en su poesía como en sus piezas teatrales, debido todo ello probablemente a la vinculación familiar que el valli- soletano tuvo con la capital y pueblos cercanos. En el drama Sancho García (1842) la acotación del acto primero indica que “la acción en Burgos por los

primeros años del siglo XI”, indicación topográfica que cobra una dimensión de ámbito histó- rico-político en el canto colectivo que abre la acción de Entre clérigos y diablos (1870):

  • 4 Véanse Femando Ortega Barriuso, Burgos, paseos literarios Salamanca, CELYA, 2002.-Leonardo Romero Tobar, “Viajeros ilustrados en el Burgos del siglo XVIII”, CuldBurg (revista electrónica), n° 2, enero, 2016.

    • 5 Juan Ruiz Peña, *Burgos en la literatura romántica española. Discurso de recepción en la Institución Fernán Gon-

zález (

...

)

Discurso de contestación

...

José María Codón

...

,

1957, Burgos, imprenta El Castellano, 26 pp.

Página 21

Página 21 Burgos es hoy altar, y están por santos en él debajo la Beltraneja y

Burgos es hoy altar, y están por santos en él debajo la Beltraneja y encima doña Isabel; porque las dos para Burgos son el diablo y San Miguel; el diablo, la Beltraneja y el ángel, doña Isabel 6

Una pieza teatral del año 1843 se ambienta en el Burgos del momento en una situación vi- vida por un imaginado visitante al que las circunstancias de su viaje a Vitoria le han forzado a pasar en Burgos una noche en la que vive dos enredos amorosos. Su autor es Manuel Bretón de los Herreros cuyo sobrino Cándido Bretón en los Recuerdos de su vida y de sus obras (en la edición de 1883, p. XI de las Obras del comediógrafo) señalaba cómo su tío tuvo que re- fugiarse varios meses en Burgos en casa de una sobrina tras el polémico estreno madrileño de La Ponchada en octubre de 1840. Posiblemente estos acontecimientos sugirieron al autor rio- jano la escritura de una comedia titulada Una noche en Burgos o la hospitalidad (impresa en 1843), pieza cuyo protagonista es invitado por su hospedador burgalés a dar una vuelta por la “nobilísima ciudad” como le propone su anfitrión don Celedonio:

Pero sin ver al menos por delante y por detrás por adentro y por afuera esa fábrica inmortal, nuestro magnífico templo metropolitano, audaz maravilla de las artes, gloria de la cristiandad. No te dejaré salir de Burgos ( Subiremos a la torre principal (…) Y luego que todo nos lo enseñe el sacristán, iremos al Espolón (Bretón de los Herreros, Una noche en Burgos,,,, 1843, pp. 34-35, acto I)

...

)

También en los textos narrativos la ciudad Burgos aparece sóloen leves toques caracteriza- dores, A principios de siglo Mor de Fuentes, en la Serafina. Novela en cartas escritas desde Zaragoza a Burgos (1798), pone la pluma de su figura femenina para la comunicación escrita con Alfonso Torre Alegre, avecindado en su “nuboso Burgos”. Y Braulio Foz en el viaje desde Madrid de su Pedro Saputo (1844) escribe que su personaje “tomó el camino de Burgos. Esta antigua corte de Castilla, esta primera capital de la antigua Castilla, dijo al llegar, no hiede como la otra (Madrid). Ese es el palacio, con gusto lo vería todo; esa es la catedral, hermosa, magnífica, digna de su famosa admiración” (p. 209).

Pasados los años románticos, otra escritora aragonesa ―María Pilar Sinuésplantearía un conflicto amoroso vivido por una familia en la que la nieta y protagonista ―Rosa, publicada 1857― vive reduplicativamente el conflicto amoroso que había sufrido su madre; Rosa, ya huérfana de padres y después de haber habitado en varios lugares de España, se traslada a Burgos en compañía de su abuela y aquí culminará su amor con el hombre que había sido también el amor de su madre. El capítulo primero de la novela lleva el título de una calle de la ciudad castellana ―“La calle de San Esteban”―y estas son las primeras palabras de la novela (no hay más palabras sobre Burgos en el texto):

6 Véase mi contribución al catálogo de la Exposición dedicada a Zorilla este año 2017 en Valladolid bajo el titulo de “Zorrilla y Burgos”.

Página 22

Página 22 Cualquiera que haya recorrido la antigua ciudad de Burgos, habrá experi- mentado un sentimiento

Cualquiera que haya recorrido la antigua ciudad de Burgos, habrá experi- mentado un sentimiento de tristeza al cruzar sus barrios. / La ciudad nueva, edificada debajo de la primitiva población, se asemeja a una linda doncella dor- mida a los pies de su anciana abuela. Aquellas cuestas, en las que crece la hierba que huella apenas la planta de sus escasos habitantes; aquellas sombrías y tortuosas calles, dan tristeza al alma en medio del día y la llenan de terror en las tinieblas de la noche. / La de San Esteban es sin duda la más triste del barrio de este nombre; a su fin se ve el solar del Cid, venerado por aquel pueblo que le vio nacer, una de las puertas de la grandiosa Catedral da también a esta calle, destacándose soberbias las aéreas agujas de sus torres hacia el límpido azul del firmamento./ Alguna que otra mezquina casa, de mísera apariencia, se ve aquí y allá, y la neblina que obscurece casi siempre aquella parte de la ciudad, con- densa la atmósfera hasta el punto que apenas dispensa a sus edificios la luz opaca de un débil crepúsculo / (Sinués, Rosa, 1857, pp. 13-14).

Apenas encuentro relatos de la segunda mitad del siglo XIX que sitúen la ciudad como es- cenario de sus tramas, salvo en una publicada por entregas en el periódico local El Orden Público (1880) de autor Vicente García. En este enteco panorama, la ciudad es una simple re- ferencia para los personajes realistas que, como los clásicos viajeros, la atraviesan sin mayores consecuencias. Sirvan de testimonio de lo dicho los textos galdosianos en los que sus perso- najes hacer rápido turismo de sus antigüedades; en Fortunata y Jacinta (primera parte, capí-

tulo V) , Juanito y Jacinta viven una noche de sus viaje de novios en la ciudad: “llegaron a las

tres de la mañana, felices y locuaces, riéndose de todo, del frío y de la oscuridad (

...

). El ruido

del ómnibus sobre el desigual piso de las calles, la subida a la fonda por la angosta escalera,

el aposento y los muebles de mal gusto, mezcla de desechos de ciudad y de lujos de aldea, aumentaron aquel frío invencible”. Distintos personajes de los Episodios pasan por lugares de la provincia o tienen en ella relaciones familiares como le ocurre a Tito Liviano cuya tía Bonifacio vive en Burgos (Amadeo I, cap.XIV).

POESÍA

En contraste con los apuntes tomados de la tradición aureosecular o de las impresiones li- geras y rápidas producidas por un lugar carente de los atractivos de la ciudades modernas del XIX, la creación poética fue ―y sigue siendo― mucho más intensa en percepción y estima. Circunstancias biográficas generaron también la redacción de diversos poemas en los que se exalta la belleza de los monumentos burgaleses o algún acontecimiento imprevisto 7 . La catedral y la Cartuja de Miraflores fueron, como era de esperar, objeto del canto enfervorizado de distintos autores. Para la Cartuja recuérdense los poemas de Théophile Gautier de su libro Espana(1845) titulados “En allant a la Chartreuse de Miraflores” y “La fontaine du Cimitiére”, la oda de Ramón de Campoamor “En la Cartuja de Burgos” recogida en su libro Aves del alma (1842) y el poema “ A la Cartuja” de Emilia Pardo Bazán (ed. Hemingway).

Pero fueron los poetas románticos quienes más intensamente cantaron las arquitecturas y el alma burgalesas. En primer lugar, el duque de Rivas en su poema El Moro Expósito o Córdoba y Burgos en el siglo Décimo , escrito en su exilio maltes y publicado en 1834. En este extenso

7 Es el caso del soneto de “Corina” escrito “En la muerte prematura del joven escultor D. José Álvarez , acaecida en Burgos el 22 de agosto de este año (1830). Soneto: “Cuando esperanza grande confiriera/ mi patria con un hijo laborioso,/

la Parca horrenda el golpe tenebroso/ a su cuello asestó con risa fiera./ Álvarez murió ya; fue el hijo fuerte/ retrato fiel del escultor famoso,/ que de la España a un hecho bien glorioso/ la vida en mármol su cincel le diera.//En la ciudad por Rómulo

fundada/ su estudio fue y allí su fama dura/ en la bella academia conservada. / Llórele el Tíber (

)

gima la escultura,./

¡DeCastilla la Corte celebrada/ doliente le cavó su sepultura!” ( Biblioteca Nacional de Madrid, manuscrito 8483, Fol

..

221-

222)

Página 23

Página 23 relato de doce romances escritos en endecasílabos heroicos la ciudad musulmana y la urbe

relato de doce romances escritos en endecasílabos heroicos la ciudad musulmana y la urbe cristiana son los polos en los que se significan los acontecimientos clave del relato, presen- tando una antítesis entre la valentía y religiosidad de los habitantes de la ciudad castellana contrapuesta a la brillantez de la Córdoba nativa del poeta:

Oscuro el cielo entre reacias nubes, y entre nieblas oculto blanquecinas; desnudo el suelo, donde invierno crudo Su rigor y sus sañas ejercita; y un horizonte de hórridas montañas, que con peñascos áridos se erizan, do nacen sólo verdinegros pinos, y que abrumen las nieves, me lo indican. ……………………………………………… .............. Ya la ciudad descubro belicosa, que es de los con- des castellanos silla; ¡De la corte de Hixen el poderoso, en todo cuan diversa y cuan distinta! No cual Córdoba al cielo de zafiro alza opulenta las gallardas cimbrias Burgos naciente, ni de mármol y oro alminares altísimos empina. Gruesos muros levanta y torreones de tosca piedra, donde el sol no brilla; pero que a las tormentas y huracanes y al furor de la guerra desafían.

(Duque de Rivas, El Moro

Expósito ...,

romance sexto, versos 45―64))

Ahora bien, el vallisoletano José Zorrilla es el poeta más implicado en el canto lírico a la ciu- dad castellana. He recordado más arriba las huellas que dejó Burgos en algunas piezas tea- trales suyas y este es el momento de traer a cuento sus leyendas “Historia de un español y dos francesas”, “El montero de Espinosa” y La leyenda del Cid (1882), texto este último en el que el poeta reconstruye en verso el plano de la ciudad exterior, fotografiándola en su me- moria para llevársela consigo:

Tu Espolón entre dos puentes,

el torreado frontispicio del arco imaginariado que restauró Carlos Quinto, tus desmantelados cubos, tus arabescos postigos, tus agudos campanarios tus cruceros cupulinos, tus filigranadas torres, tus nobles templos tan ricos.

En sus recuerdos memorialísticos y en el poema confesional El Drama del alma-Algo sobre México y Maximiliano reconstruye en el libro 5 o sus visitas infantiles a la gótica catedral:

Yo que he venido a ella pequeñuelo con mi madre infeliz que me enseñaba a oír misa y a invocar al cielo, mientras yo, ignaro aún, sólo saciaba de ver el templo mi infantil anhelo y sus palabras santas no escuchaba,

Página 24

Página 24 y en lugar de atender al sacrificio admiraba encantado el edificio. Para exponer en

y en lugar de atender al sacrificio admiraba encantado el edificio.

Para exponer en este libro 5 o del poema la yuxtaposición de su experiencia trágica como doliente amigo del emperador Maximiliano de Méjico al caer arcabuceado por sus sublevados subditos ―tal como lo representó Manet en un lienzo famoso― al contemplar el Cristo camino del Gólgota que esculpió Philipe Vigarny en los relieves del trascoro del templo:

¡Sueños, visión, delirio

los antojos

, disipa con que el alma me acongojas!

...

Sondar me aterra lo que ven mis ojos de lanzas y de sables, hierros y hojas

rojas divisas

...

uniformes rojos

...

,

...

,

, ¡la librea imperial!

...

,

no

...

,¡blusas

rojas!

¡forman el cuadro! ¿Quién? , ¡delirio insano!,

¡él

...

es él! ¡mi infeliz Maximiliano! (Zorrilla, *E1 drama del alma, libro 5 o “Vae victis!)

Las ciudades como tema literario ofrecen muchas posibilidades. Su descripción documentada o impresionista, la caracterización de sus habitantes, el escenario para acciones reales o ima- ginadas, su conversión en un personaje más que interactúa con los traídos al texto por el es- critor. Los textos sobre Burgos que he recordado se sitúan en una etapa intermedia entre la hipertrofiada recuperación de sus viejas glorias antiguas y la apertura a la nueva forma de es- cribir desplegada en el siglo XIX. Falta en ellos la conversión de la urbe en ese personaje de los textos más recientes ―de Rodríguez Santerbás y Osear Esquivias, por ejemplo― en que Burgos vive como un personaje de ficción.

Página 24 y en lugar de atender al sacrificio admiraba encantado el edificio. Para exponer en

Leonardo Romero Tobar

Haber vivido únicamente para disfrutar de ese gran invento de los hombres habría sido suficiente (Desde
Haber vivido únicamente para disfrutar de ese gran invento de los hombres habría sido
suficiente
(Desde el Más Allá)

Mirando al cielo

© J. M.ª Izarra

Canon de perfección © J. M.ª Izarra Página 25
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Canon de perfección
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Claqué © J. M.ª Izarra Página 26
Claqué © J. M.ª Izarra Página 26
Claqué
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Página 27 Diez Haber vivido únicamente para disfrutar de ese gran invento de los hombres habría

Diez

Haber vivido únicamente para disfrutar de ese gran invento de los hombres habría sido suficiente

GENIALES

(Desde el Más Allá)

“Ni la casa ni el corazón del señor Allworthy estaban cerrados para nadie, pero tanto una como otro estaban particularmente abiertos a las personas de mérito. A decir verdad, la suya era la única casa de todo el reino en la que se podía estar seguro de conseguir una co- mida si uno se la merecía.

Por encima de todos los demás, los hombres de talento y de saber compartían el lugar principal en su favor. A este respecto poseía un gran discernimiento porque, aunque había carecido de la ventaja de una educación ilustrada, estaba tan bien dotado naturalmente y había aprovechado hasta tal extremo su vigorosa aunque tardía aplicación a las letras y el

trato con hombres eminentes en este campo, que era un juez

...

”.

REALISTAS

“Transcurrió el día en la misma forma que el anterior. La señora Hurst y la señorita Bingley habían pasado unas horas de la mañana al lado de la enferma que seguía mejorando, aunque lentamente. Por la tarde Elizabeth se reunió con ellas en el salón. Pero no se dispuso la mesa de juego acostumbrada. Darcy escribía y la señorita Bingley, sentada a su lado, seguía el curso de la carta, interrumpiéndolo repetidas veces con mensajes para su hermana. El señor Hurst y Bingley jugaban al piquet y la señora Hurst contemplaba la partida.

Elizabeth se entretenía con una labor de aguja, y tenía suficiente diversión con lo que pa-

saba entre Darcy y su compañía. Los constantes elogios

...

”.

AUDACES

“El señor de Rênal, que iba pasando por todas las habitaciones del castillo, volvió a entrar en la de los niños, con los criados que llevaban la paja. La entrada repentina de aquel hombre fue, para Julián, la gota de agua que desborda el vaso.

Más pálido, más sombrío que de costumbre, se abalanzó hacia él. El señor Rênal se detuvo y miró a sus criados.

Página 28

Página 28 ―Señor― le dijo Julián― ¿cree usted que con otro preceptor sus hijos hubieran aprendido

―Señor― le dijo Julián― ¿cree usted que con otro preceptor sus hijos hubieran aprendido tanto como conmigo? Si responde usted que no― continuó Julián sin dejarle tiempo para

hablar al señor de Rênal― ¿cómo se atreve a echarme en cara que los desatiendo?

...

”.

NOVEDOSAS

Al día siguiente, Goriot y Rastignac sólo estaban esperando ya la buena disposición de un recadero para irse de la casa de huéspedes cuando, a eso del mediodía, el ruido de un ca- rruaje que se detenía precisamente en la puerta de la Casa Vauquer, retumbó en la calle Neuve―Sainte―Geneviève. Bajó del coche la señora de Nuringen y preguntó si estaba to- davía su padre en la casa de huéspedes. Al oír la respuesta afirmativa de Sylvie, subió ve- lozmente las escaleras. Eugène estaba en su cuarto aunque su vecino no lo supiera. Mientras

almorzaban, le había rogado a Goriot que se hiciera cargo de sus cosas, diciéndole que se verían a las cuatro en la calle de Artois. Pero en lo que el buen hombre iba a buscar a los

mozos

...

DIDÁCTICAS

“La primera decisión que tomó la señorita Murdstone, cuando el día de la ceremonia hubo pasado y las ventanas de la casa se abrieron nuevamente para que entrara la luz, fue des- pedir a Peggotty y anunciarle que tenía un mes para marcharse. Estoy convencido de que, por mucho que le disgustara seguir a su servicio, Peggotty habría preferido quedarse con- migo a la mejor colocación del mundo. Ella misma me dijo que teníamos que separarnos, y me explicó el motivo; los dos fuimos muy sinceros al expresar nuestra pena.

En lo que se refiere a mí o a mi porvenir, nadie pronunció una sola palabra ni dio el menor

paso. Creo que se habrían sentido muy felices si

...

”.

INCREÍBLES

“Yonville L’Abbaye (así llamado por una antigua abadía de capuchinos de la que ni si- quiera quedan ruinas) es un pueblo a ocho leguas de Rouen, entre la carretera de Abbeville y la de Beauvais, al fondo de un valle regado por el Rieule, riachuelo que desemboca en el Andelle, después de haber hecho mover tres molinos hacia la desembocadura, y en el que hay algunas truchas que los chicos se divierten en pescar con caña los domingos.

Dejando la carretera principal en la Boissièr, se continúa por la llanura hasta lo alto de la

cuesta los Leux, desde donde se descubre el valle. El río que lo atraviesa hace de él como dos regiones de distinta fisonomía: todo lo que se queda a la izquierda son pastos, todo lo

que se queda

...

”.

ORIGINALES

“Cuando regresé a la posada, encontré a Queequeg totalmente solo. Había salido de la capilla poco antes de la bendición. Estaba sentado en un banco, frente al fuego, con los pies tendidos hacia la boca de la estufa. Con una mano tenía cerca de su cara el idolillo negro y lo examinaba atentamente, tallándole delicadamente la nariz con un cortaplumas mientras canturreaba para sí en su estilo pagano.

Pero al verse interrumpido, dejó la imagen. Poco después fue hacia la mesa, tomó un gran libro que había en ella y apoyándolo sobre las rodillas empezó a contar sus páginas

con cuidadosa regularidad, deteniéndose un momento cada cincuenta páginas

...

”.

SUBLIMES

“¡Buen comienzo para la vida de un ermitaño! ¡Cuatro semanas de tortura, de dar vueltas y de enfermedad! ¡Ay, los gélidos vientos de estos amargos cielos norteños! ¡Ay, los caminos

Página 29

Página 29 cortados y la lentitud de los médicos rurales! ¡!Y, ay, esta escasez de rostros

cortados y la lentitud de los médicos rurales! ¡!Y, ay, esta escasez de rostros humanos! Y, lo peor de todo: la advertencia: la advertencia de Kenneth de que no espere salir de la cama hasta la primavera.

El señor Heathcliff me acaba de honrar con su visita. Hace siete días me hizo llegar unos grévoles, los últimos de la temporada. ¡Qué bribón! No está libre de culpa por mi enferme- dad, cosa que pensaba decirle en cuanto lo viera. Pero ¿cómo iba a arriesgarme a ofender...”.

AMBICIOSAS

“El stárets había estado ausente de la celda unos veinticinco minutos. Eran ya más de las doce y media y Dimitri Fiódorovich, por el que se habían reunido todos, aún no se había presentado. Pero era como si se hubieran olvidado de él, y cuando el stárets entró de nuevo en la celda encontró a sus huéspedes enfrascados en una conversación general animadísima, en la que participaban sobre todo Iván Fiódorovich y dos monjes sacerdotes. También Miúsov

intervenía en ella y, por lo visto, con mucho calor, pero tampoco en esta ocasión el éxito le sonreía; era evidente que se había quedado en un segundo plano y los demás no se moles-

taban mucho en responderle, hasta el punto de que esta nueva circunstancia acentuaba

...

”.

SORPRENDENTES

“Napoleón había comenzado la guerra contra Rusia porque no pudo por menos de ir desde Dresde. Dejarse aturdir por los honores, vestir el uniforme polaco, ceder a la impresión de la mañana de junio, dominar el acceso de ira en presencia de Kurakin y, posteriormente, de Balashov.

Alejandro I se negó a parlamentar porque se sentía personalmente herido. Barclay de Tolly procuraba dirigir el ejército lo mejor posible a fin de cumplir su deber y merecerse la gloria del gran capitán. Rostov se había lanzado al ataque contra los franceses porque no había podido dominar su deseo de galopar por el campo llano. Toda aquella innumerable

cantidad de personas que participaban en esa guerra obraban de la misma manera

...

”.

Página 29 cortados y la lentitud de los médicos rurales! ¡!Y, ay, esta escasez de rostros

(Una iniciativa de Félix J. Alonso Camarero,

con la colaboración inestimable de William Somerset Maugham y la mediación necesa- ria de los traductores, que siempre están dispuestos a guiarnos certeramente por los in- trincados caminos de la cultura.)

Página 29 cortados y la lentitud de los médicos rurales! ¡!Y, ay, esta escasez de rostros

Sin palabras

© J. M.ª Izarra

Página 30 Bolsa llena de ternura © J. M.ª Izarra
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Bolsa llena de ternura

© J. M.ª Izarra

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Página 31 El sistema (educativo) En 1901 Francisco Ferrer Guardia fundó la Escuela Moderna. Siguiendo una

El sistema (educativo)

En 1901 Francisco Ferrer Guardia fundó la Escuela Moderna.

Siguiendo una línea pedagógica similar a su contemporánea, Institución Libre de Ense- ñanza, en sus aulas no se impartían enseñanzas religiosas, sino sobre todo científicas y hu- manistas. Se practicaba la coeducación (de sexos y de clases sociales), insistiendo en la necesidad de la higiene personal y social. Fomentaba la no competitividad rechazando los exámenes y todo sistema de premios y castigos. Abría la escuela a las dinámicas de la vida social y laboral, al pensamiento libre e individual, fomentaba el aprendizaje en el medio na- tural y el desarrollo integral del niño.

Los niños y niñas tenían una insólita libertad, hacían juegos y ejercicios al aire libre, y uno de los ejes del aprendizaje lo constituían sus pro- pias redacciones y comentarios de estas vivencias.

Página 31 El sistema (educativo) En 1901 Francisco Ferrer Guardia fundó la Escuela Moderna. Siguiendo una

Una rotura verdaderamente revolucionaria con los métodos tradicionales.

Durante todo el primer tercio del siglo XX, muchas escuelas, ateneos libertarios y universidades popula- res seguirían los planteamientos ‘ferrerianos’ de la Es- cuela Moderna.

Ciento diecisiete años después, la enseñanza tradi- cional y globalizada camina por rumbos muy distintos a los imaginados por Francisco Ferrer.

Asomémonos por un momento a la ventana del aula (cualquier aula, da lo mismo) y observemos con dete- nimiento lo que ocurre dentro de ella: Los alumnos y alumnas llegan por la mañana y permanecen sentados durante 5 ó 6 horas. Llega el profesor, comienza la clase. La clase consiste normalmente en que uno habla y los demás copian y escuchan. A la mayoría de los profesores no les gusta que les interrumpan. Los alum- nos lo saben y creen que es mejor estar callado y hacer que escuchan la clase (“No le digas nada al pro- fesor y mucho menos le lleves la contraria”, aconsejan con frecuencia madres y padres). Por lo que el aula no es (salvo en contadas ocasiones) un lugar de debate ni de intercambio de ideas y opiniones. El alumno adopta un papel pasivo, cómodo para el profesor y seguro para él mismo. El pro- fesor se comporta como un ser superior que todo lo sabe y el alumno copia (religiosamente) todo lo que se le dice, sin poner en duda la vigencia, veracidad u objetividad de los conte- nidos.

Página 32

Página 32 Adentrémonos ahora en el proceso evaluativo. Durante un periodo más bien corto los alumnos

Adentrémonos ahora en el proceso evaluativo. Durante un periodo más bien corto los alumnos tienen un número amplio de exámenes, por lo que se ven obligados a “chapar” un montón de horas para memorizar los contenidos. Es decir, se evalúa en muchos casos la memoria sin prestar excesiva atención al resto de las capacidades. No sabemos con certeza si el alumno ha comprendido la materia, si sabemos que es capaz de reproducirla en un papel. Imaginemos unas notas altas, un boletín atractivo lleno de notables y sobresaliente. Ahora bien, preguntemos al cabo de 3-4 semanas… Et voilà! ¡El alumno ya no se acuerda de casi nada! ¿Es este un sistema de enseñanza digno y propio del siglo XXI?

“La lengua de las mariposas” es una película dirigida por José Luis Cuerda en 1999. Está basada en un relato de Manuel Rivas y en ella se cuenta como Moncho (Manuel Lozano), tiene miedo de ir a la escuela, porque le han dicho que los maestros pegan a los alumnos (sistema pedagógicoimperante en la escuela española hasta los años 80, doy fe… “me cago en la leche”). Pero para su suerte y sorpresa su maestro no es así. Don Gregorio (Fer- nando Fernán Gómez) utiliza el método de observación como enseñanza. Es un maestro de la República y cautiva a los niños con habituales salidas al campo. Efímera suerte la de Mon- cho: Enseguida llega la dictadura franquista y la película y el método de enseñanza se acaba.

El aula es un espacio de cuatro paredes, normalmente triste y poco atractivo. Es un es- pacio parecido a un lugar de reclusión. Para nada se parece al oxigenado, diverso y colorista mundo real. La propia biología de un muchacho de 12 ó 14 años le incita a moverse y estar activo. Los chicos se aburren. La clase revienta. El profesor grita y se incomoda. Ir al colegio es un castigo. Para unos y para otros. Qué pena…

En España ha habido 6 reformas educativas en poco menos de 35 años: LOECE en 1980, LODE en 1985, LOGSE en 1990, LOCE en 2002, LOE en 2006 y LOMCE en 2013. Salvo la LODE (si no recuerdo mal) que intentó tímidamente y sin fortuna dar casi la misma impor- tancia a los contenidos que a las capacidades (y que fue descaradamente boicoteada por muchos profesores que no estaban dispuestos a cambiar su anquilosado método de ense- ñanza), todas estas leyes parten de las mismas premisas: el colegio como castigo, el profe- sor como tirano y el alumno como vasallo. Triste.

La realidad es que las reformas educativas sólo han servido para imponer por el partido de turno unos postulados pseudoideológicos alejados de cualquier posibilidad de consenso. ¿Dónde está la pedagogía del siglo XXI?

Francisco Ferrer Guardia fue fusilado el 13 de octubre de 1909 acusado (injustamente) de haber instigado la semana trágica de Barcelona. Fusilado como Don Gregorio, el entra- ñable maestro de “La lengua de las mariposas”. Que extraño fenómeno este, que cada vez que alguien quiere cambiar el sistema educativo es fusilado… ¿Por qué será?

En Bruselas hay un monumento erigido a Francisco Ferrer en el que se le homenajea como mártir de la libertad de pensamiento. Allí hay una placa que dice lo siguiente:

La enseñanza racionalista puede y debe discutirlo todo, situando previamente a los niños sobre la vía amplia y directa de la investigación personal”

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Lino Varela Cerviño

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El sentido de las ruinas, de Jean Yves Jouannais

El nuevo ensayo de Jean-Yves Jouannais, El uso de las ruinas (Acantilado, 2017), está di- vidido en veintidós capítulos breves pero fulgurantes, centrados en la devastación de una ciudad o de un pueblo, y ligados a su vez a la historia de diferentes personajes, cuyos nom- bres dan título respectivamente a cada uno de los capítulos.

Los nombres que encabezan cada una de las partes no siempre son conocidos personajes históricos, como en el caso de Escipión Emiliano, el general romano destructor de Cartago y de Numancia; o de Óscar Andrade Guimaraes, aniquilador de una revuelta de harapientos en el sertao brasileño.; o de Agis II, caudillo espartano, que arrasó la ciudad de Mantinea cambiando el curso del río y dirigiendo sus aguas hacia las murallas de adobe, que acabarían disolviéndose como un azucarillo. Militares todos ellos que, a pesar de sus acciones devas- tadoras, se veían a sí mismos más como pacificadores que como guerreros, más como fun- dadores que como destructores, más como artífices de una armonía universal que como soldados sanguinarios. Contradicciones tan palpables que los convertirían en “hombres ator- mentados y melancólicos”, tal como afirma el propio autor.

Por el contrario, la mayoría de los nombres que dan título a los diferentes capítulos son personajes anónimos, o poco conocidos, como Emmanuil Evzerijin, que cubrió como fotó- grafo la batalla de Stalingrado, y en una de cuyas instantáneas vemos, en medio de una plaza destruida, una escultura intacta, que representa a seis niños bailando en corro alre- dedor de un cocodrilo amenazante. El corro infantil se convertirá en el símbolo del mayor giro de la Segunda Guera Mundial.

O como Otto von Gentz, el soldado alemán que escribió un diario en las trincheras de Vauquois: “El 28 de diciembre de 1914, al mediodía, dos batallones franceses se lanzan a un combate perdido de antemano. Avanzan a pecho descubierto. Caen todos. Al día siguiente vuelta a empezar. Esta vez a las cinco de la mañana. Caen todos. Viernes, 30 de octubre:

mismo ataque de la víspera y de la antevíspera. Empantanados en las ciénagas, los franceses se han detenido al pie del cerro. Nuestra artillería obra maravillas. A veces, se lanzan a la carnicería con la banda de música a la cabeza y las banderas al viento. Asistimos a una co- secha que, de tan eufórica, acaba por descorazonarnos”. La batalla por Vauquois duró de 1914 a 1918, cuatro años y dos días exactamente. Y el pueblo desapareció literalmente bajo tierra, al ser horadado su subsuelo, donde los dos ejércitos enfrentados instalaban toneladas de explosivos con la intención de hacer saltar por los aires a las tropas enemigas, que indis- tintamente vivían como animales agazapados en las trincheras.

O como el periodista sueco Stig Dagerman, que visitó la ciudad de Hamburgo en 1946, y que escribiría: “Desde este tren, durante un cuarto de hora, se contempla una vista ininte- rrumpida de algo que parece ser un enorme depósito de paredes rotas, paredes solitarias con ventanas vacías que se asemejan a ojos que miran al tren. A una velocidad normal el

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tren atraviesa esa desolación. El tren está lleno como todos los trenes alemanes, pero aparte de mí no hay una sola persona que mire por la ventanilla para ver lo que posiblemente sea el campo de ruinas más horrible de Europa, y cuando miro a la gente me encuentro con mi- radas que dicen: Este no es de aquí”. Dagerman no podrá olvidar ese momento en el que se le vio, se le reconoció, como el extranjero que visita el campo de ruinas. Él, que por nada del mundo quería recorrer como enemigo la nación castigada, había sido delatado por su mirada.

O como el bibliotecario londinense Peter J. Bibring, retratado en la biblioteca de Holland House, tras el Blitz de Londres en septiembre de 1940. El edificio ha sido destruido, pero aún se mantienen en pie algunas estanterías con sus libros. Bibring, rodeado de polvo, sos- tiene en sus manos las Historias, de Polibio. Se acuerda de haberlo estudiado en la univer- sidad. Bibring cuenta en su diario que leyó la ultima página en un estado de sonambulismo. Y algo hay de sonámbulo en el texto de El uso de las ruinas.

O como Bernardo Belloto, pintor, cuyas telas y dibujos, debido a su precisión, servirán de modelo para la reconstrucción de los edificios de Varsovia destruidos durante la Segunda Guerra Mundial.

Y para concluir este listado, no me resisto a citar uno de los capítulos más fascinantes del libro, el que encabeza el escritor y filólogo Victor Kemplerer que, a raíz de los bombardeos de los aliados, es el único que ve en Dresde lo que está a la vista de todos pero que nadie parece ver.

El paisaje de las ruinas se yergue, en la mirada de Jean-Yves Jouannais, como una nueva forma de enfrentarse a la historia de las ciudades. Es a través de sus ruinas como se podría detectar el valor de los edificios. O lo que es lo mismo, el valor estético de todo conjunto ar- quitectónico dependería de lo que anticipa o promete como vestigio, como ruina. El autor nos recuerda incluso una llamada “ciencia de la devastación”, cuya función sería predecir el futuro de los países mediante la interpretación de los escombros de guerra. “Escombros sembrados al azar. El más hermoso orden del mundo”, escribió Heráclito, cita que le sirve a Jean-Yves Jouannais para reflexionar sobre el valor y el sentido de las ruinas.

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José Luis Cancho

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Máxima autoridad

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Los refugios de la memoria, de José Luis Cancho

El 14 de marzo de 2018, los medios de comunicación de todo el país se hacían eco de la concesión, ex aequo, del Premio de la Crítica de Castilla y León a José Luis Cancho y Ángel Vallecillo. Al primero de ellos, por Los refugios de la memoria; al otro, por la novela Akú- side.

Vaya por delante nuestra enhorabuena a ambos.

Hemos leído Los refugios de la memoria (Papeles Mínimos Ediciones, Narrativa 4, Madrid 2017; 85 páginas), que reseñaremos muy brevemente acto seguido.

Lo primero que llama la atención del volumen de que se trata es su número de páginas:

no llega al doble de las 49 que, como mínimo, considera la UNESCO debe tener un impreso no periódico para constituir un libro.

El aspecto señalado es todavía más llamativo si tenemos en cuenta que nos encontramos ante una autobiografía, género que, habitualmente, da para cientos de páginas, pues los autores correspondientes no solo cuentan las batallas que han librado de verdad, sino tam- bién las que no han librado. Suelen ser de estas, por cierto, de las que más detalles recuer- dan.

Estructurada en 20 capítulos, huye de todo lo anecdótico, resultando más interpretativa que narrativa y descriptiva. En el primero de ellos, el autor da unas cuantas pinceladas acerca de lo que es su existencia en el momento de comenzar a escribir el libro en cuestión:

pérdida de memoria, lentitud en la búsqueda de la palabra adecuada, dificultad para escribir con soltura (nada de lo cual es cierto; en realidad, está abogando por una escritura esencial, meditada, sin ampulosidades y justificando al mismo tiempo la brevedad del texto final), no fuma, no bebe, no va al cine, el amor le parece empalagoso… “Mi única pasión ―confiesa― es la indiferencia”. Y a continuación hace la siguiente declaración de intenciones: “Escribir desde la perspectiva de un muerto, ese es mi propósito”.

Los cinco capítulos siguientes se desarrollan en torno a lo que José Luis Cancho denomina su caída (no se atreve a hablar de su defenestración, porque no lo recuerda, aunque todos los indicios apuntan a que, en efecto, fuera tal) desde una ventana del tercer piso de la co- misaría de Valladolid, después de haber sido regalado con toda suerte de golpes y vejaciones por parte de cuatro inspectores de la Brigada Político-Social, en enero de 1974. No escribe, sin embargo, con ningún ánimo de revancha hacia sus verdugos (ni siquiera siente curiosidad por saber qué ha sido de ellos, manifiesta); por el contrario, sí tiene palabras de admiración y agradecimiento hacia el “gris” que no quiso sostener en instancias judiciales la versión tor- ticera de los inspectores de la política-social que lo sometieron a “hábil interrogatorio”. Lo sustancial de seis meses de hospital y dos años de cárcel completan la memoria de los tres años más lóbregos de su existencia.

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La salida de la cárcel y retorno al domicilio paterno a las afueras de Valladolid (describe por primera vez el triángulo constituido por la prisión, el cementerio y el barrio ―su barrio― del que hace formar parte a tan singulares edificios), la vuelta a un activismo agotador que le impide tener una vida propia, la conclusión de los estudios de magisterio y el abandono del partido tras una de sus primeras crisis existenciales son los hitos abordados a continua- ción.

Del capítulo undécimo al decimocuarto, el autor memora el ejercicio de la profesión de maestro en Irún y su traslado voluntario a la isla de La Gomera, donde, antes de comenzar el curso y a raíz de una nueva crisis existencial, renuncia a la plaza y, consiguientemente, pierde la condición de funcionario.

El largo viaje por tierras de Latinoamérica es el tema tratado en los dos capítulos siguien- tes. “Me detenía en cualquier pueblo o ciudad, me sentaba en los bancos de las plazas, de- jaba pasar el tiempo”, refiere el autor. Y, asimismo, unas líneas más adelante: “Los caminos de tierra que recorría me trasladaban a las calles de mi barrio. Y pensaba que no había exis- tido en mi vida una etapa tan importante como aquella (el triángulo se alzaba de nuevo ante mí: el barrio, el cementerio, la prisión)…”

Seis o siete años después (esa cifra imprecisa viene a ser la duración de cada uno de los ciclos por las que transcurre su existir, según sus propias palabras), ya de regreso, capítulos 17, 18 y 19, en medio de una fiesta bulliciosa, siente el impulso de aislarse en la única ha- bitación vacía de la casa para comenzar a escribir. Así es cómo en un ambiente de penumbra, garabatea las primeras líneas de la que será su primera obra, inaugurando su etapa de es- critor al mismo tiempo que ponía fin a su época nómada.

Después de su primera novela, creó otras tres, más estas memorias que estamos comen- tando, cuya publicación, al decir de su responsable, representa el final de su aventura como escritor, y el comienzo de una nueva etapa, indefinida todavía, por más que las dos frases con las que cierra el libro (“cada vez me gusta más esta vida en la que participo cada vez menos. Tengo temperamento de vagabundo”) nos lleven a pensar que va a iniciar un periplo viajero y contemplativo.

En fin, Los refugios de la memoria es una autobiografía que no solamente se lee; se de- gusta, se paladea desde el comienzo. A un léxico rico y patrimonial, preciso, hay que unir la claridad expositiva y la exclusión de todo lo superfluo. Escrita en primera persona y en tiem- pos verbales pretéritos, intercala, dentro de algunos capítulos, partes en presente de indi- cativo, constituidas mayormente por frases cortas, a veces paradójicas, muchas veces llenas de temblor poético, siempre cargadas de significado, auténticas confidencias.

La recomendamos encarecidamente.

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José María Izarra

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Una historia de los fanzines de Burgos Primera parte Página 43 Javier Ortega y Alberto Labarga

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Página 44 Una historia de los fanzines de Burgos Primera parte ¿Qué es un fanzine? El

Una historia de los fanzines de Burgos Primera parte

¿Qué es un fanzine?

El diccionario de la RAE lo define como “Revista de escasa tirada y distribución, hecha con pocos medios por aficionados a temas como el cómic, la ciencia ficción, el cine, la música pop, etc.”, siendo en origen un vocablo inglés proveniente de la contracción de fan (afi- cionado) y magazine (revista). El término fue acuñado en 1940, en el entorno de los afi- cionados a la ciencia-ficción, que creaban sus propias revistas para publicar historias de un género literario que cada vez contaba con más adeptos; autores como Asimov, Bradbury o Moorcock escribieron en este tipo de medios.

Dicho esto, que nos permite tener una idea, resulta necesario, e incluso imprescindible, destacar algunas características que nos ofrezcan una aproximación más certera a este fenó- meno cultural.

¿Qué características tiene un fanzine?

Algunos términos familiares que nos acercan a este mundillo son ‘prensa alternativa, marginal, amateur, edición pirata’, siempre teniendo en cuenta que son medios de comuni- cación independientes de principio a fin: el autor o autores generan contenidos, diseñan, financian, montan y distribuyen; es decir, cada cual elige lo que quiere contar y cómo lo quiere hacer, le da el formato y diseño que su sentido estético le indique (escribir a mano

era bastante común y el ‘corta y pega’ era real, con tijera y pegamento; los ordenadores es- taban por llegar), busca cómo costearlo (las fotocopias nunca han sido muy caras), se pasa unas cuantas horas montandolo (qué gran invento el de la grapadora) y luego busca cómo

distribuirlo (se acude a los bares conocidos, tiendas afines, de mano en mano

...

todo muy

local) dejando unas copias para el correo postal; importante. Si se vende (normalmente a

un precio módico), queda pendiente la recaudación para poder financiar el siguiente número, lo cual implica volver a los bares, tiendas ...

Hacer un fanzine es, sobre todo, una necesidad, una urgencia, un deseo de contar algo, de hacerse ver y oir, lo cual requiere pasión. Bendita pasión esa que nos abre la puerta a aventuras para las que la lógica no tiene llave. La pasión es el motor principal que nos lleva a mostrar lo que queremos hacer al resto del mundo, ya sea escribir, dibujar, fotografiar,

diseñar...

Y la verdadera pasión se mueve por objetivos; es imparable. No importa demasiado

que uno escriba con faltas, dibuje mal o diseñe peor; lo importante es que lo haga con pasión pues es lo que le va a ayudar a superar todos los obstáculos y poner su fanzine en marcha.

Hemos mencionado que suelen ser ediciones pequeñas y esto es por varias causas; por un lado se escribe para un grupo de aficionados, generalmente reducido, también la dis- tribución suele ser local, y luego está la economía, siempre austera. ¡Que funciona y se ha vendido todo! Pues vuelta a la fotocopiadora a por otras cuantas copias, o a preparar el sigu- iente número.

Cuando se habla de medios escasos nos podríamos referir desde lo más básico: escribir a bolígrafo

Cuando se habla de medios escasos nos podríamos referir desde lo más básico: escribir a bolígrafo y reproducirlo tal cual, hasta formas más evolucionadas como las que surgieron con la llegada de los ordenadores, pero lo más común era poder acceder a una máquina de escribir en buen estado y que permitiese obtener unos textos bastante nítidos y, ¡a diseñar! Para ello la herramienta básica era una buena tijera (el ‘cúter’ indicaba que uno era más profesional, o tenía aspiraciones). Se puede pensar que con estos medios reinaba el cutrerío, lo cual podía ser cierto en algunos casos, pero predominaban aquellos en los que se imponía una estética decididamente personal que caracterizaba cada fanzine y había otros absoluta- mente impecables, arriesgados, vanguardistas e, incluso, con un exquisito acabado a mano.

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Fanzines de allá

Los fanzines suponen un auténtico medio de expresión personal e independiente, una alternativa a la cultura comercial predominante y de consumo, una celebración de lo indi- vidual frente a lo corporativo, un torrente de pensamientos y sentimientos de quienes no se sienten reflejados en lo que ven, escuchan o leen habitualmente. Son un excelente ejemplo del DIY (do it yourself, háztelo tú mismo) que, para el caso, podríamos interpretar como crea tu propia cultura versus consume la que crean para ti.

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¿Cuándo surgen los fanzines?

Ya le hemos puesto una fecha y origen, discutidas y discutibles. Pero lo que en realidad nos interesa es cómo y cuándo nos llegan a nosotros, a nuestro entorno. Para ello es nece- sario destacar algunos momentos importantes: uno es el fenómeno de la ‘contracultura’ en los años 60, en Estados Unidos, dando lugar al surgimiento, entre muchas otras cosas, de algunas revistas de comics underground, con autores como Crumb, Williams, Shelton, Clay Wilson y otros. Eran publicaciones que trataban temas que no tenían mucho espacio en medios convencionales (cómic, sexo, drogas, música, política radical, comunas, estilos de

vida,

)

de gran interés para muchos jóvenes de la época. Otro momento sería a mediados

de los 70 con la llegada del punk y la urgencia por cambiar lo establecido; a estos efectos

los barrios londinenses vieron eclosionar un movimiento que incluía música, política, es-

tética,

...

y fanzines que hablaban de todo ello. Sin duda hay otros hechos y momentos im-

portantes, pero estos marcaron un antes y un después, y se difundieron como las vibraciones de un seísmo, llegando a todos los países y mezclándose con la idiosincrasia local.

Ya en la península, aun bajo el peso del miedo y la censura del régimen, surgieron du-

rante los primeros 70, algunos autores como Nazario, Mariscal,

que, bebiendo de la con-

... tracultura americana, crearon y editaron cómics (El Rrollo Enmascarado, y otros) en una Barcelona más permisiva y abierta a las nuevas ideas. No hace falta decir que el contenido de aquellas publicaciones no tenía nada que ver con las viñetas bienintencionadas de la prensa juvenil del momento.

Pero sería unos años más tardes, en la segunda parte de la década de los 70, cuando se produjo otra revolución juvenil que empezó en la música y fue extendiéndose a otros ám- bitos: el punk. Jóvenes desairados e irreverentes asaltaban la escena de un rock autocom- placiente, previsible y, sobre todo, aburrido. El epicentro era el Reino Unido y pronto llegaron a sitios como el rastro de Madrid los primeros comentarios de conciertos, discos, fanzines ... que encendieron la mecha de la creación local para explotar poco después. La creación de fanzines relacionados con el nuevo movimiento tuvo una progresión vertiginosa; empezó en las grandes urbes pero pronto se extendió por todos los rincones. Lo podríamos definir como un fenómeno viral. Viral y duradero. A este respecto, el libro De Espaldas al Kiosco, de Kike Babas y Kike Turrón, es una minuciosa guía para profundizar más en una historia de la que aquí hemos dado tan solo un par de pinceladas.

Y ¿cuándo llegaron los fanzines a Burgos?

En el citado libro de Babas & Turrón, se menciona La Cosa Nostra, a mediados de los 60, de la mano del siempre adelantado Diego A. Manrique, si bien la verdadera eclosión llegó a principios de los años 80 siguiendo aquella revolución musical que había empezado con el punk y continuó con la nueva ola, el tecno o, un poco más cerca, la movida madrileña.

Algunas emisoras de radio a nivel nacional empezaban a reflejar dichos movimientos:

hablaban de nuevos grupos, de salas de conciertos y conciertos, de discos, de fanzines, de

sellos discográficos independientes, de fotografía, de pintura, de películas

algo estaba

... pasando y nos llegaba por las ondas. O porque alguien viajaba a Madrid y volvía impresionado.

O a Londres!

El Diario de Burgos incluía, los viernes, un breve suplemento de 4 páginas que bajo el nombre Mundo Joven (precursor del Todomundo) y la firma de José María Rey, nos ponía al día en lo referente a grupos de música, discos, conciertos y noticias de interés para los jóvenes más inquietos en lo referente a la cultura. En Marzo de 1983 su sección Mondatta de Pop llevaba el siguiente título: Especial prensa alternativa: la batalla local de los fanzines. Los FANZINES llegan a Burgos o “Hazte tu propia revista”, dedicándole dos amplias páginas al fenómeno, con un poco de historia y unas cuantas columnas para los tres primeros fanzines que hacía meses circulaban por los bares y tiendas de la ciudad: Cuarto de Hora, Frente Idiota y Klub Klux Klam. El artículo es de recomendable lectura.

El mencionado suplemento, Todomundo, en su número 200 de Marzo de 1989, le dedicaba varias páginas a recopilar datos sobre publicaciones locales, que han sido ciertamente útiles para elaborar este artículo y por lo tanto de obligada consulta para profundizar en el tema.

Desde entonces se han producido numerosas aventuras editoriales de las que nos ocupan y se siguen

Desde entonces se han producido numerosas aventuras editoriales de las que nos ocupan y se siguen produciendo, adaptadas a las nuevas vías de comunicación. Intentamos, a con- tinuación, mencionar todas las que hemos podido encontrar y dar una pincelada sobre algu- nas de sus más distinguidas características, fecha de aparición, contenido, línea editorial, ... siendo conscientes que mucho se queda en el tintero, o no ha sido localizado o incluso no correctamente descrito. La intención de este artículo es hacer una revisión de los fanzines y similares (incluimos publicaciones menos ‘fanáticas’ y más profesionales, que escapan al concepto de fanzine pero mantienen la difusa idea de publicación alternativa), editados en Burgos, sabiendo que es un terreno movedizo y difícil de abarcar, por lo que desde aquí, agradecemos a cualquier persona que pueda aportar más documentación o información útil para ello. La propia filosofía del fanzine conlleva una difusión marginal y a veces única, como sucedía con los paródicos pósteres de “Mórbido jueves”, en los que se realizaba un sólo ejem- plar. Por este criterio de “No trascender más allá”, todo lo contrarío de la tendencia actual de las redes sociales, muchas publicaciones son inalcanzables para un entorno diferente al de su creación, por eso, al volver a contactar con muchos de los protagonistas de estos fanzines, hemos recopilado y limpiado de polvo estas revistas para cederlas posteriormente al Centro de Cultura Contemporánea, Espacio Tangente, que crearán una biblioteca de

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Fanzines de acá

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fanzines para regocijo y consulta de antropólogos y curiosos habitantes de esta sala de lec- tura. Desde allí se puede ir ampliando la colección y sobre todo, conservar esos pensamien- tos contraculturales que no estaban de acuerdo con lo establecido.

Siendo, este artículo, un intento de poner un poco de orden y arrojar algo de luz sobre el pasado reciente de un fenómeno en su acepción más local, somos conscientes que puede contener imprecisiones y algunos errores así como posibles olvidos. Esperamos que no sean de gran importancia pero queremos que esta plataforma pueda servir para completar todo ello y pedimos que cualquiera que tenga algo que aportar o haya descubierto alguna de las imprecisiones, errores u olvidos mencionados, se ponga en contacto con nosotros escribiendo al correo electrónico culdbura@gmail.com para poder rectificar e incluirlo en una segunda parte.

Y empezaríamos la historia con La Cosa Nostra (mediados de los 60)

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La España gris de la dictadura se impone como una losa entre los jóvenes. Pero unos in- quietos amigos no se resignan y proponen un proyecto de revista underground. Nombre:

Cosa Nostra. Entre los instigadores está Diego A. Manrique (Pedrosa de Valdeporres, 1950). A nuestro más reconocido e inigualable crítico musical, le gustaba hacer las cosas bien, y después de dibujar la cabecera, inscribe la publicación en el UPS (Underground Press Syn- dicate) y en el Registro de Publicaciones Periódicas.

Entre el vaivén del proceso de búsqueda de contenidos, colaboradores e imprenta, un in- esperado protagonista hace su aparición en el planillo, la policía. No era el agente de barrio, era la policía de la dictadura de Franco, la Brigada Político Social, que perseguía delitos políti- cos, eso es, desde masones a comunistas subversivos. Desde Madrid, tenían el encargo, de investigar qué era eso de una revista que pertenecía a un sindicato underground y que encima se llamaba Cosa Nostra. No encontraron nada porque no había nada pero los Man- rique’s sí tuvieron que visitar la comisaría. Días después les llegó la negativa de la inscripción en el Registro, porque según ellos, la revista “no tenía viabilidad económica”. Ahí se quedó el loable intento.

Cuarto de Hora 1980. Cuatro números

El fanzine salió por una iniciativa de Moncho Prada, un gran aficionado de la música, y de Rafa Sáiz, devorador de cómics y tebeos. Eran los ochenta, cuando a imagen de lo que se hacía en grandes capitales, se plantearon sacar unas hojas con su visión particular de los asuntos que les apasionaban. Por ampliar un poco el espectro añadieron la tele y los video- juegos como temas de interés, para los que contaron con colaboradores (Juan y García) que aguantaron el primer número, sufrieron el segundo y se perdieron en el tercero, que es

cuando ficharon de lleno al ilustrador Eloy Luna (algo había dibujado en el 2º) que aportó

cuando ficharon de lleno al ilustrador Eloy Luna (algo había dibujado en el 2º) que aportó unas historietas más divertidas y localistas.

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Página 50 Sacaron a la calle cuatro ejemplares entre finales de 1980 y 1981. Eran 8

Sacaron a la calle cuatro ejemplares entre finales de 1980 y 1981. Eran 8 hojas fotocopi- adas por las dos caras (en el CUA ―la futura Universidad se llamaba así―, que era más

Página 50 Sacaron a la calle cuatro ejemplares entre finales de 1980 y 1981. Eran 8
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barato) y los vendían en plan voceador en la Flora los domingos, a 20 pelas los dos primeros y a 25 los dos últimos. Se autoimpusieron la medalla del “primer fanzine burgalés” al ade- lantarse al “Frente Idiota” por un número. El quinto ejemplar se quedó en máquinas sin salir a la calle.

Chomix 1981. Un número

Eloy Luna y su compañero de fatigas Antonio Alonso se embarcan en un proyecto de fanzine, de contenido cómic, que realizan hasta el mínimo detalle. La portada, con sus

Página 50 Sacaron a la calle cuatro ejemplares entre finales de 1980 y 1981. Eran 8
Página 50 Sacaron a la calle cuatro ejemplares entre finales de 1980 y 1981. Eran 8

caricaturas, está dibujada con una técnica parecida al pirograbado, en este caso con una técnica más casera, pegamento quemado con cerillas. Historias propias como En el planeta Mokordo, La apuesta, Osti tú (premiada en la revista Toutain), ¡Dios mío! ¿por qué ocurren estas cosas?, Sucesos en el mundo del chomix, Los cabritillos y hasta 32 páginas donde no falta el detalle del consultorio de cartas de Heleno F., la divertida entrevista imaginaria y la tarjeta de pedido para los siguientes números. Un imaginativo y laborioso trabajo que no

llegó a publicarse por falta de medios y del que solo existe un ejemplar, incunable, que

llegó a publicarse por falta de medios y del que solo existe un ejemplar, incunable, que con- servan los autores.

Klub Klux Klam 1983. Dos números.

Surgido pocos meses después que el Frente Idiota, también respondía a la inquietud general que algunos jóvenes intentaban manifestar, reclamando un espacio para la expresión de aquello que escuchaban, veían, sentían, vivían, y de lo que no veían reflejo en los medios

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de expresión habituales, excepto algunos programas de radio, en concreto Radio 3. Se publicaron dos números de este fanzine en el que, según escribía J.M.Rey en el suplemento de DB, Mundo Jóven, “todo es destacable, comenzando por su absoluta coherencia ideológica

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y continuando por su impecable transparencia y consiguiente credibilidad juvenil… hecho por, para y desde una verdadera pasión de fan, algo personalmente entrañable” para con- tinuar con elogios hacia “una publicación musical en el sentido más combativo del término, que pasma por el insólito dominio del terreno y la lucidez expositora”, ofreciendo “una autén- tica lección de mordacidad y adrenalina provocadora”;”sin duda el ejercicio más competente realizado en Burgos hasta la fecha”. La tercera entrega se quedó entre las manos del Cartujo, principal artífice de la criatura, tanto a nivel de textos como de ilustraciones y diseño, y Javier Ortega así como algún cómic de Moisés Berro. Sus creadores generarían otros fanzines, crearían grupos de música, rodarían películas ...

Más allá de Pulidor 1983. Cuatro números

Gerardo Cancho, Enrique Herrera, Manuel Alonso, Carlos Vadillo, Fernando Goicoechea, compartían un piso en el centro de Burgos por el que pasaban numerosas personas con in- quietudes artísticas y creativas. Alguien se puso a transcribir alguna de las divertidas con- versaciones y se trasladaron a un fanzine que así fue tomando cuerpo. El objetivo principal era pasarlo bien. El meollo tertuliano se realizaba en la cuarta planta de un edificio de la

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calle Laín Calvo. En la tercera había un rótulo que describía la actividad profesional del cabeza de familia: Pulidor. De ahí el nombre de la revista: “Más allá de Pulidor”, un guiño sarcástico al libro “Más allá del bien y del mal” de Friedrich Nietzsche. En esos años, el libro y su pensador eran muy populares y seguro que tuvieron algo que ver.

Entre los colaboradores estaban Enrique de la Torre, Guillermo Martínez, José Luis Cancho, Carlos Arandilla, Belén, Alberto Labarga, Ana Moratinos, Juanjo Alegre y Miguel Ruiz. Varios de los promotores formaban parte de la popular copistería Copinova, lo que facilitaba el pro- ceso de producción. Su contenido era mayormente literario y político, con una original gráfica y sátira y humor a raudales. La sección “Plus Ultra Pulidor Times” (Noticiero antiespasmódico, diurético y vasodilatador) incluía noticias como: “Los salvadoreños sortearon múltiples difi-

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cultades para votar. La principal, estar vivos.” “Presentación del libro “Burgos en la Edad Media”. Aunque ya estamos saliendo”. Hay que resaltar el informe “La guerra de la comuni- cación” donde se apoyaba la creación de Radios Libres y el desternillante dossier sobre defe- cación de 17 páginas de color amarillo, elaborado por Defecasa, donde recoge los hábitos cacatorios de los burgaleses. Una joya de ingenio y crítica social. Su anuncio en la portada era con una cagarruta de ovino envuelta en una bolsita de plástico.

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Página 54 Eso sí, muy poco o nada de música, cosa rara en las revistas del

Eso sí, muy poco o nada de música, cosa rara en las revistas del momento. Llegaron a imprimir cuatro números y 100 ejemplares por número. Formato en A4 y entre 30 y 40 pági- nas. Sin publicidad, su periodicidad era entre tri/cuatrimestral. La distribución, en este caso, era mano a mano, entre conocidos y amigos de los coordinadores con mente abierta y es- píritu crítico.

Briviesca Arde 1983. Cuatro números

Briviesca Arde es una canción del grupo Los hijos del enterrador, grupo nacido en La Bu- reba que hizo furor en la zona durante los 80. Hartos de escuchar a los Stones, Zeppelin y

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Julio Iglesias, llegaron a sacar cuatro números con la intención de “ser el tubo de escape que saque toda la contaminación de este jodido pueblo, aunque sea tan solo durante los momentos en que nos afanamos para hacer que esto llegue hasta tí”. Verdadera inmediatez y rabia punk. Domingo Ortega, una de las plumas más activas del fanzine y el resto del grupo, consiguieron ser profetas en su tierra por la buena acogida de la publicación que so-

licitaba la beatificación de Sid Vicious. Algún número iba acompañado con una cassette con grupos como

licitaba la beatificación de Sid Vicious. Algún número iba acompañado con una cassette con grupos como sus adorados The Clash, Siniestro Total, Nikis, Desechables y ¡como no!, Los Hijos del Enterrador.

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Tiempo de construcción 1984. Un número

No pasaron del primer número. Con el subtítulo de fanzine futurista, Juanjo Relaño, Arturo Vicario, Alberto Serna y alguno más, amigos de Gamonal que compartían interés por la mú- sica electrónica y la tecnología, deciden poner sus ideas en papel. El brazo musical del fan- zine era el grupo Drama, drama, con la participación de Víctor Alonso que llegó a presentarse en algún concurso Pop-rock.

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Página 56 Juanjo participó en varios grupos musicales como Kalashnikov y en la actualidad sigue su

Juanjo participó en varios grupos musicales como Kalashnikov y en la actualidad sigue su faceta creativa tanto en la música como en la multimedia.

El acomodador del bosque 1984 Tres números

Tres amigos, Raúl, Andrés y Félix, se enzarzan en una aventura creativa que les lleva a editar un fanzine singular y cambiante a cada número, siendo el último en forma de original cilindro tipo papiro y el contenido merodeando siempre la nueva ola y la movida madrileña.

Página 56 Juanjo participó en varios grupos musicales como Kalashnikov y en la actualidad sigue su

En un elogioso artículo sobre Paloma Chamorro y su programa La Edad de Oro, declaran:

“hemos pasado del aburrido playback a ser la primera y la única televisión del mundo que hace un programa con este tipo de música, en directo y sin censura. Nunca hubo ni habrá otro programa mejor en televisión”. Sentencias que para algunos siguen siendo válidas más

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de 30 años después. Sus páginas recogían comentarios y entrevistaban a los artistas más novedosos del momento: Los Nikis, Alaska, Coyotes, Almodóvar, La Mode, Seres Vacíos, Pis-

Página 57 de 30 años después. Sus páginas recogían comentarios y entrevistaban a los artistas más

tones, ...

Pero El Acomodador era algo más que un fanzine y sus miembros, además de editar

otros fanzines (Histérica Pasión, Historias de un hombre biunívoco) formaban un grupo mu- sical con el mismo nombre, grupo que se llegó a presentar al Primer concurso pop-rock ciu- dad de Burgos y cuya puesta en escena era lo más atrevido y surrealista que se había visto sobre las tablas locales.

Combate en el Congo 1984. ¿Un número?

De espigado formato y cuidada estética, este fanzine, con un pie en Cantabria y otro en Burgos, del que solo hemos podido rastrear un número, se centraba en la música rock y la nueva ola, con revisión de bandas, listado de temas destacables y algunos comentarios, fal-

Página 58 tos de mordiente, sobre nuevas tendencias: “el punk surgió, arrasó, escandalizó y murió de-
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tos de mordiente, sobre nuevas tendencias: “el punk surgió, arrasó, escandalizó y murió de- vorado por su propia velocidad y condición en apenas dos años. Bastaba con que cualquier chaval con la suficiente rabia contenida y una fuerte dosis de descaro subiera a un escenario y vomitara unos cuantos versos furiosos con unas cuantas ráfagas básicas de guitarra para que hubiera una nueva estrella del punk. Era más importante lo que se tenía dentro para expresar que el cómo se expresaba”. Así lo veían. De su núcleo surgirían varios grupos mu- sicales con el devenir de los años.

La Garrafa 1984. Cinco números Fanzine que marcó el camino de las publicaciones contraculturales en Miranda.

La Garrafa 1984. Cinco números

Fanzine que marcó el camino de las publicaciones contraculturales en Miranda. Se editaron cinco números con un contenido musical, principalmente influidos por el emergente rock ra-

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dical vasco y la movida de Madrid. El colectivo también organizó conciertos como el de La Polla Records y el rock Miranda 85 y montaron la I Muestra de Vídeo Musical en el 86.

Más adelante, también en Miranda, surgió Chatarrería, un intento de revista juvenil que absorbió el propio ayuntamiento que editó dos números con temática magazine, un poco de todo, y que no llegó a consolidarse.

Nuevo Gótico Enero 1985. Un número Intento de fanzine gratuito, financiado por publicidad, que no llegó

Nuevo Gótico Enero 1985. Un número

Intento de fanzine gratuito, financiado por publicidad, que no llegó a cuajar. Sus escasas páginas contenían noticias de conciertos y grupos locales junto con otras de la viva escena

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pop nacional y alguna ilustración. El Colectivo Gótico, que era el que lo creó, volvió a

pop nacional y alguna ilustración. El Colectivo Gótico, que era el que lo creó, volvió a inten- tarlo poco después con Metropol Musical Magazine, hoja volante que publicitaba al bar del

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mismo nombre, sin pasar del primer intento. Tiempo más tarde, de sus cenizas y repitiendo el formato de hoja volante, surgió La Voz de la Sombra, que sólo se distribuiría por correo postal y se hacía eco de otros fanzines, ediciones en cassette, propuestas de arte postal, al- gunas ilustraciones y relatos propios llegando a poner en el correo varios números. La Hoja Fav, surgida a continuación, compartía creadores e intenciones.

Patinaje interestelar ¿1985? Un fanzine eminentemente musical, deslumbrados por la música de Police y tendencia al

Patinaje interestelar

¿1985?

Un fanzine eminentemente musical, deslumbrados por la música de Police y tendencia al género más experimental como Diseño Corbusier, Neo Zelanda y Esplendor Geométrico, del

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que dicen: “el primer grupo que graba un disco totalmente independiente en España”. Se trataba de “Necrosis en la polla”, un disco de culto. Tampoco faltaba la crítica social: en su editorial llamado Manifiesto, arremeten contra el ayuntamiento de la ciudad y el clero.

Hal 10.000 1985. Un número Con un diseño limpio y cuidado y un nombre inspirado por

Hal 10.000 1985. Un número

Con un diseño limpio y cuidado y un nombre inspirado por la novela de Arthur C. Clark. “2001, Odisea en el espacio”, este fanzine de temática musical y cómics de producción pro-

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pia, con entrevistas a Jesús Arias, de la banda granadina TNT y artículos sobre Aviador Dro, Los Iniciados, Laboratorio Fromm y The Lords of the New Church, no llegó a tener una se- gunda entrega.

Cantarranas 1985 Antonio Grigelmo y Alberto Labarga pusieron en marcha esta revista a finales del 85.

Cantarranas

1985

Antonio Grigelmo y Alberto Labarga pusieron en marcha esta revista a finales del 85. La primera guía de ocio de Burgos. Un magacín crítico y protestón con las políticas municipales

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llevadas a cabo por el alcalde entonces, el populista José M. Peña y su equipo. Con

llevadas a cabo por el alcalde entonces, el populista José M. Peña y su equipo. Con colabo- raciones periodísticas del extinto periódico El papel burgalés (7 de junio al 10 de octubre de

llevadas a cabo por el alcalde entonces, el populista José M. Peña y su equipo. Con
llevadas a cabo por el alcalde entonces, el populista José M. Peña y su equipo. Con

1983), firmas como las de Pachi Larrosa, Alejandro Alcalde, Eloy Luna y Julián Velasco (cómic), Enrique Muñoz, Carlos Salvador, Tino Barriuso, Miguel Calvo, Visitación Andrés y otros más. Posteriormente recogió el relevo Ignacio F. Ordoño, que consiguió editar la revista durante varios años, publicando más de cien números, y subsistir a base del menudeo pu- blicitario. Este proyecto demostró que no es incompatible editar una guía de ocio y de ser- vicios con contenidos interesantes, dignos y literarios.

La Burgatti ataca Marzo-Junio 1986

El Wicha es un dinámico personaje que ha tratado de vivir de la música en cada una de sus acepciones y en una ciudad con tan pocos significantes como era el Burgos de los se- tenta. Estuvo de vocalista en “Los Vivos” y se hizo manager y promotor de otros muchos grupos. Tanto organizaba una verbena rural, un concurso pop-rock como unas memorables noches musicales en el escenario más modernista de la ciudad, la cafetería Pinedo, que aca- pararon la noche burgalesa con los grupos locales durante una buena temporada. También estuvo detrás de la publicación “La Burgatti ataca”, cuatro números, eminentemente musi- cales y de promoción de los grupos locales, con perlas como los reportajes de Julio Aréchaga sobre los pioneros del rock en España, las aventuras de Homero Punk, un cómic de Jesús Susilla, la movida de Villalar 86 y los concursos de pop-rock. Siempre apoyando a los grupos locales, JL Martínez, el Wicha, ha conseguido sobrevivir con lo que siempre ha deseado, la

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Página 66 música, y lo más importante es que, ejerciendo de manager, esta profesión de alto

música, y lo más importante es que, ejerciendo de manager, esta profesión de alto riesgo, lo puede contar.

Babia

1986

Esta revista se realizó en el bar del mismo nombre, la primera de varias propuesta que aglutinaron un colectivo que “movió” la ciudad con nuevas propuestas y ganas de romper con la caspa municipal. En este caso la revista fue ideada para distribuirse en el bus del viaje organizado para ver a los Cure en Donosti, el 2 de agosto del 86. Un contenido emi-

Página 66 música, y lo más importante es que, ejerciendo de manager, esta profesión de alto

nentemente musical con un dossier sobre los Cure elaborado por Chuso Dj. También apare- cían Elegantes, The Nativos, La Fura dels Baus, The Three Johns, The Woodentops, Fuzztones, The Pedrol Emotions y reportajes sobre la prevención del Sida y el colectivo gi- tano.

Bugati 1986. Noviembre Carlos Bacigalupe promovió esta Guía de Ocio en Burgos de periodicidad mensual, formato

Bugati 1986. Noviembre

Carlos Bacigalupe promovió esta Guía de Ocio en Burgos de periodicidad mensual, formato cuartilla y 34 páginas de cultura en general, música y ocio y otros temas de interés. Encontró

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en Luiso Orte y Fernando Portillo los coordinadores perfectos para hacer un producto atrac- tivo en

en Luiso Orte y Fernando Portillo los coordinadores perfectos para hacer un producto atrac- tivo en sus contenidos, comercial en sus propuestas y profesional en diseño e impresión. La plantilla de colaboradores era muy amplia y creativa: Jesús López Sobrino, Charo Martínez Rodríguez, Julio Aréchaga, Azucena Rico, Fermín Ángel G L, El Tío Antonio, Nacho Bacigalupe, Juanjo Bagües, Pepe Berjano, Carlos de la Sierra, Roberto Bacigalupe, Pilar Canales, Ignacio Tudanca, Mediavilla y Gallardo, Ana Hervás, Blanca Arriola, Jk ose, Echevarrieta-Letelier, Ro- berto Trelles, Chema Varona, Javi Gil, Juanito Mediquilla, José Álvarez Calviño.

El propio Carlos, comenta las claves de su viabilidad: “Nos preocupaba bastante la calidad de la impresión y sobre todo que las portadas fuesen a todo color, en una época en que la impresión era muy limitada, para diferenciarnos de otros fascines y atraer la atención del público al que nos dirigíamos. Por este motivo y por ser gratuita, se encontró la viabilidad económica. También hacíamos nuestros pinitos de marketing con regalos de viajes, organi- zando concursos ocultos en la revista, etc, que hacían a la gente seguirnos mes a mes. Todos

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los beneficios económicos se repartían comprando material que necesitaba la gente que nos ayudaba, pequeños pagos a los colaboradores y alguna cena que otra.”

Bugati se distribuía en bares de Burgos, Miranda de Ebro, Briviesca, Lerma, Roa y Aranda de Duero y ofrecía suscripción gratuita para quien lo deseara. Otras actividades realizadas con la marca del fanzine fue un libro, “De Bardulia a Castilla”, un trabajo de investigación de la historia de los orígenes de Castilla realizado por Carlos de la Sierra.

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Página 69 Ricardo Blackman 1986 A modo de “hojas volanderas” y carteladas, postales, pegatinas, los pasquines

Ricardo Blackman

1986

A modo de “hojas volanderas” y carteladas, postales, pegatinas, los pasquines de Ricardo Blackman han sido constantes en la ciudad desde 1986 hasta 1992. Con periodicidad “alea- toria, una demencia así solo puede ser aleatoria”, según sus palabras, calcula que en total

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Página 69 Ricardo Blackman 1986 A modo de “hojas volanderas” y carteladas, postales, pegatinas, los pasquines

serían unos 25 ó 30 mensajes diferentes, distribuidos por toda la ciudad, sobre todo por los bares.

Él se lo hacía, él se lo comía. Entre la genialidad surrealista y el “cachondeo mental”, los mensajes de Blackman vapuleaban a la sociedad mojigata salida de la dictadura franquista. “Estaba harto de callármelo todo y decidí compartir la fiebre”, dice cuando quiere definir sus contenidos que abarcan a todo tipo de género y personal; desde el postureo taurino hasta la intocable iglesia, el negro futuro para los jóvenes, el desengaño de convertir la joven de-

Página 70 mocracia en el acto de introducir un voto cada cuatro años y el contenido
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mocracia en el acto de introducir un voto cada cuatro años y el contenido que él llama psi- quiátrico y que servirá de terapia para su público preferido, el de “los inadaptados”.

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Página 71 A Raquel Hortigüela Capilla “ Pequeña y dulce corazón coraza” Mario Benedetti “Cuando mi

A Raquel Hortigüela Capilla

Pequeña y dulce corazón coraza” Mario Benedetti

“Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando”

Rabindranath Tagore

Este texto está dedicado a Arturo, Marisa, Eduardo, Asunción, Joaquín & Daniel.

No parece octubre. Las mañanas son calurosas (gente que viste camisas de manga corta y faldas de seda, manchas de sol reverberando sobre las paredes de los edificios) y los ár- boles se muestran frondosos, verdes aún. Hay terrazas junto a las cafeterías y anochece más tarde: ninguna farola se enciende antes de las diez de la noche.

Mientras camino por las avenidas comienzo a evocarte, igual que cuando tú las recorrías y eran otras. Te reconozco en los ecos que me llegan (alguien que llama por tu nombre a otra persona), en la imagen que ofrece una plaza, un ventanal donde se refleja la claridad de la tarde. Parece que, de un momento a otro, voy a coincidir contigo en mitad de la acera o doblando una esquina o mientras espero en un paso de peatones.

Cada latido de la ciudad me devuelve a ti.

Los recuerdos se agolpan y difuminan, vienen y van. Son esos pájaros que se elevan y descienden casi simultáneamente, tan pronto a ras de tierra como posados sobre los aleros. Uno de ellos me dirige al día en que me saludaste por primera vez. Había entrado en el Bar- deblás para hacer una parada en mi vuelta y, de paso, tomar algo que aliviase la sed. A pesar de la gente reunida en el local, en modo alguno esperaba tropezarme con un conocido:

sólo mataba un poco el tiempo antes de reanudar la marcha. Y entonces, escurriéndote entre la concurrencia, apareciste. Habías quedado, comentaste tras decirme “¡hola!”, con la segu- ridad de estar saludando a un viejo amigo. Hablamos sobre las conferencias literarias en las que habíamos coincidido durante los meses anteriores, sin conocernos en persona; la mu- danza que estabas terminando de realizar; la posibilidad de reencontrarnos en las reuniones del nuevo curso, unas semanas después. Seguro que nos veríamos, dijiste sonriente (tu sonrisa pequeña, cálida, como una mano que acabara de abrirse), despidiéndote con un par de besos en las mejillas antes de desaparecer tras el bullicio. Volví a casa sorprendido por un encuentro tan inesperado y, lo confieso, también feliz. Según avanzaba reparé en el bo- chorno que flotaba sobre el ambiente y los cielos cristalinos, sin nubes, dispersos alrededor:

aún no había llegado el otoño.

¿Cómo iba a imaginar lo que aquel primer encuentro supondría para mí? ¿Puede uno ser consciente de hallarse ante una persona que llegue a ser parte fundamental de su vida, a

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Página 72 pesar de ignorarlo casi todo sobre ella? Y, sin embargo, desde ese primer día,

pesar de ignorarlo casi todo sobre ella? Y, sin embargo, desde ese primer día, albergué la certeza de que tú no serías una más, que, de algún modo que aún no acertaba a explicarme, habías estado siempre muy cerca de mí.

Nos fuimos convirtiendo en asiduos de nosotros mismos, entrelazados por cada evento en el que nos juntábamos. Descubrimos tener más puntos en común: además de los libros, estaban Bob Dylan, Sixto Rodríguez, las oposiciones, cierto idealismo compartido a la hora de entender la vida. Sí: los lazos que comenzaron siendo tan frágiles habían adquirido con- sistencia poco a poco, también naturalidad y confianza.

El pasado verano (qué remoto ahora; como si hubiese transcurrido una eternidad entre aquellos días y esta mañana de invierno) nos vimos más que nunca: los sábados por la ma- ñana, en el paseo que nos llevaba río arriba, la luz de agosto filtrada por entre las ramas de la arboleda, andando sobre los dibujos proyectados por las sombras en la tierra, el discurrir tranquilo de la corriente a nuestro lado; los jueves, en los conciertos de la universidad; la excursión improvisada a la sierra, un domingo por la tarde; la celebración de cumpleaños en el Bardeblás. Cuando nos despedíamos mi sonrisa se elevaba, tomaba aire, incrédula. Me resultaba imposible asimilar cuanto estaba ocurriendo: aquella felicidad real, plena, viva. Y, sin embargo, bastaba con verte aparecer en la lejanía (el sueño que adquiere forma según se acerca) para darme cuenta de que sí, que eras tú y estabas aquí.

Resplandecía en el horizonte una tenue rosa de esperanza…

***

“En mi ciudad, sin vida, con lluvia en la ventana…”

Tino Barriuso

«Un solo ser nos falta, y todo está despoblado»

Alphonse de Lamartine

Un muro se ha levantado sobre estas calles. Más sólido que la piedra, más profundo que el silencio. Hay nubes negras, árboles desnudos, barro en los caminos. Sombras que deam- bulan por la ciudad.

No tengo ganas de nada. Me siento cansado, vencido por un peso muy superior a mis fuerzas. Recluido en la torre de la desolación, sin asumir el vacío incomprensible de tu mar- cha. Una lluvia lenta, gris, nos envuelve como un sudario. Contemplo, desde el alféizar de la ventana, cómo cae monótona, los codos apoyados sobre la repisa. Los charcos que se forman sobre el hormigón, los paraguas que los bordean, avanzando en ambas direcciones.

Todo sigue igual, pero nada es lo mismo.

Nunca he vivido un dolor semejante. Los días y las noches pasan sobre mí sonámbulos, igual que botes a la deriva. En ocasiones pienso en el próximo verano, cómo vendrá, cómo

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Página 73 se irá. Qué soledad llegará después. Con qué fuerzas trataré de soportarla. Si sucederá

se irá. Qué soledad llegará después. Con qué fuerzas trataré de soportarla. Si sucederá lo mismo al año siguiente, y al venidero.

No hay respuesta para esas preguntas. Son las piedras de ese muro, las gotas de esa llu- via, las estelas que dejan esos barcos en la piel:

Sobre qué arena habré de detenerme para volver a encontrar tus pasos,

En qué mar será posible ahora escuchar tu voz, Cuál será la herida que oculte la caricia de tu mano, Cuáles las estrellas donde observar el reflejo de tu mirada, En qué pan, en qué vino hallar tu generosidad de corazón desparramado.

Qué recordaré cuando te nombre por última vez.

El río es una mancha incolora, lánguida, que se desliza en dirección a ninguna parte.

***

Estoy convencido de que no aceptarías el cierre de esta carta con un “adiós”. Me obligarías a reencontrarte en otro recuerdo que hubiese pasado por alto antes de despedirla. Por eso la concluiré de modo diferente a como lo tenía pensado: te haré caso una vez más.

Hago memoria de una tarde de julio, hace casi tres años. Venías hacia la Puerta de Ro- meros, en el Hospital del Rey, donde te esperaba para asistir a un concierto. Jamás te vi tan hermosa como aquel día: llevabas un vestido estampado de colores, el cabello suelto sobre los hombros y, en el rostro terso, juvenil, una línea de maquillaje azul sombreaba tus pár- pados. Sentí algo inexplicable al saludarte desde lejos, de una intensidad desconocida, que me recorrió de arriba a abajo como una exhalación. Noté la boca seca, repentinamente muda. Me respondiste alegre, la mano alzada en el aire, aquella luz rosada envolviéndote.

Y según te aproximabas supe que, a partir de entonces, nunca más me sentiría sólo, que esta ciudad ya no sería la misma, que lo que estaba naciendo en ese instante habría de vivir y perdurar para siempre.

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Diego Alonso Díez

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Página 75 Hasna ¿Qué sucedería si una mujer dijese la verdad acerca de su vida? El

Hasna

¿Qué sucedería si una mujer dijese la verdad acerca de su vida? El mundo se vendría abajo

Muriel Rukeyser

Me llamo Hasna y nací en un pueblo del interior, cerca de Tánger, al recitar el ulema el primer Aleyah de la oración de la madrugada.

No hubo jolgorio ni arbórbolas entre las vecinas congregadas porque yo era una niña, la tercera de la casa, pero mi padre, resignado de nuevo a no tener un varón, me tomó en brazos y me acogió en su casa. Desde aquel mo- mento yo era parte de la familia. Mi padre corrió después a la mezquita a dar gracias a Alah por su misericordia. Una familia de mujeres.

Mi madre lloró aliviada mientras la doula del pueblo hacía su trabajo y mi boquita, por fin, ansiosa, se cerró en torno a su pezón.

La casa de mi padre era grande, con habitaciones amplias que se abrían a un patio cerrado que tenía pozo propio y la sombra de un lentisco que conver- tía aquel espacio en un lugar agradable en las largas tardes del verano, cuando mi padre, en las jornadas de ocio, invi- taba a sus amigos a sentarse bajo la sombra perfumada para hablar horas interminables, y nosotras, llegamos a ser cinco hermanas, desaparecíamos en el interior de la cocina oscura, atis- bando, a través de la cortina de lana listada, los paseos que daba mi madre,

cubierta con la abbeya para servir a los hombres té verde con menta, agua de azahar si el calor apretaba, dátiles y dulces de almendra. Entre nosotras re- partía por igual vasos de te, dulces es- camoteados que nunca llegaban al patio, y algún pescozón por ser dema- siado curiosas o excesivamente ruido- sas.

El patio pertenecía a las mujeres por la mañana. Nafisa venía del pueblo todos los días a ayudar a mi madre y a mi abuela. Antes de que nos hubiéra- mos levantado encendía el fuego en la cocina de leña y sacaba agua del pozo. Después barría el patio inclinando su cuerpo sobre la escoba hecha de reta- mas, dejando tras de sí fantásticos sur- cos en la blanca arena apelmazada.

Era ella la que iba las mañanas que tocaba al horno comunal del vecindario, llevando nuestras tortas de pan recién amasadas por la abuela, a veces se me permitía acompañarla y partíamos las dos por la estrecha callejuela, dejando atrás el portón azul de la casa. Ella, avanzaba menuda con la cesta en la ca- beza, bien cubiertas las tortas con un paño húmedo; correteaba yo con mis chancletas rojas, dando patadas a las piedrecillas, deteniéndome en cada es- quina y gritando bulliciosa:

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Página 76 ―Nafisa, Nafisa corre ―permanecía yo ajena aún a los dolores de la vida. En

―Nafisa, Nafisa corre ―permanecía yo ajena aún a los dolores de la vida.

En el horno las vecinas esperaban su turno, dejaban las cestas en el suelo y charlaban entre ellas sobre el nuevo imán del pueblo, de la mejor novia para un hijo casadero, la muerte de un fami- liar. El cabrero bajaba por allí a vender el queso fresco de sus cabras entre las potenciales clientas. No había nada mejor que el pan recién hecho con queso de cabra. Mientras, las tortas de pan se cocían pegadas al seno curvo del horno de piedra y esparcían un olor dulce que alcanzaba varias callejas. Cuando por fin llegábamos a casa con el pan reciente y caliente y la boca llena de queso, el lentisco ya daba sombra, y en la cocina humeaba el potaje de mi abuela llenando el aire del olor al ajo pi- cado y de especias raz el hanout.

La vida fluía lenta, tranquila y rara vez se veía alterada por episodios que fueran más allá de aquellos muros.

El caserío contaba también con un hamman. El ritual del baño, aunque a mí de niña nunca llegó a gustarme, pa- ralizaba durante horas las actividades de las mujeres. Tres días a la semana el hamman les pertenecía por las tar- des. Aquellas tardes la calle que bajaba a los baños se llenaba de las siluetas coloridas de las abbeyas, del repique- teo gracioso de las sandalias de tacón, del ir y venir de las bolsas y las cestas con los jabones y aceites para el baño, de las risas de las niñas y de los varo- nes, ellos sí, menores de siete años.

En el hamman me dejaba hacer, mi madre cubierta con una toalla desapa- recía entre los vapores, después de que las bañeras le hubieran frotado todo el cuerpo con la kassa, y me dejaba al cuidado de una de esas mujeres fuer- tes, habituadas al calor húmedo del lugar. No me gustaba que me restrega- ran la piel, pero permanecía quieta mientras duraba el suplicio, era lo más sencillo para que acabara cuanto antes, porque después quedaba libre para reunirme con mis hermanas y las

demás niñas en la piscina de agua ca- liente. No era muy grande y siempre estaba llena de mujeres que manotea- ban para que no las molestáramos.

El olor del argán y del aceite de rosas lo impregnaba todo. Las mujeres habla- ban formando círculos, se daban masa- jes unas a otras, se peinaban y aceitaban el pelo y formaban parte de un mundo conocido y libre en el que se sentían seguras, algunas incluso esta- ban allí a salvo de sus maridos. Los mo- ratones que la vecina de mi madre lucía en su cuerpo lo decían todo, aunque de eso nunca se conversaba y menos de- lante de los niños. Era un mal que se aceptaba sin más, como se aceptaban lo hijos, el velo, los límites de la casa y sus postigos cerrados y lo que imponía una cultura milenaria. Sin embargo la compasión no faltaba, más de una vez aquella desgraciada mujer lloraba abra- zada a alguna amiga, húmeda por igual del vapor y de las lágrimas. Yo enton- ces no sabía nada y nada se me con- taba, mi mundo se reducía a la espuma de las pastillas del jabón beldi y a flotar en el agua calida mirando las estrellas que adornaban la cúpula del hamman, un cielo fácil y cercano que a mí se me antojaba maravilloso, en el que la exis- tencia no daba pesares más allá de los restregones con la esponja.

También iba a la escuela con mis her- manas. Las primeras letras se apren- dían en el suelo de una pequeña habitación decorada con un mapa y una imagen del rey Hassan II. La maestra señalaba cada letra y cada número en la pizarra y todos los cantábamos a coro, balanceándonos adelante y atrás, con tan poco espacio que si te despis- tabas y cambiabas el ritmo del balan- ceo te golpeabas en la cabeza con el de atrás o el de delante. A los seis años las clases se separaban por sexos y tenías derecho a ocupar un pupitre en el que el francés y las matemáticas llevaban dejando huellas de tinta indelebles año tras año.

Aquella era mi vida y yo la amaba. A veces, acompañábamos a mi padre a

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Página 77 Tánger o a otras ciudades donde desa- rrollaba sus negocios comerciales y aunque a

Tánger o a otras ciudades donde desa- rrollaba sus negocios comerciales y aunque a mí me gustaba mucho visitar- las y recorrer sus bazares bulliciosos o contemplar mezquitas y palacios de otros tiempos siempre anhelaba el re- greso a casa.

Cuando cumplí los 17 años y las mu- jeres de mi casa empezaron a revolo- tear a mi alrededor porque pronto podría convertirme en una futura novia, el comercio textil de mi padre quebró y nos vimos acosados por los deudores.

Las reuniones de hombres bajo el lentisco se hicieron largas, serias y te- diosas, y después de mucho deliberar se concluyó que la marcha de aquel lugar era la única salida.

Dejar el pueblo supuso una mezcla encontrada de sentimientos. Abando- nar la casa, que dejó de pertenecernos, nos trajo una tristeza infinita. Por un lado nuestro padre marchaba con la es- peranza puesta en España, en darnos un fututo mejor a sus hijas, por otro se habían quebrado todas las expectativas creadas con los años. Nuestros corazo- nes se rompieron al despedirse de mi abuela, que a pesar de quedarse sin la casa, sin su familia, no quiso abando- nar aquella tierra donde yacía su ma- rido y se refugio en la morada de unos parientes cercanos que la acogieron con ellos.

En el ferry que nos llevaba a Algeci- ras me dolía el alma.

Mis hermanas pequeñas marchaban bastantes alegres sin embargo, les ha- bían prometido muchas cosas bonitas, tantas como nunca habían soñado, no importaba que apenas hubiéramos po- dido llevarnos cuatro cosas con noso- tros. Todas nuestras pertenencias se reducían a dos o tres maletas.

Lloré mucho y no me gustó España, odié en cuanto lo pisé el puerto de La Línea. Rodeada del tráfico y de los gri- tos de la gente me sentí perdida. Tenía miedo, mucho, y apreté el bolso que llevaba contra el pecho; quería desapa- recer.

El piso que nos prestó un primo de mi padre era pequeño, no tenía patio, y era muy ruidoso, pero era todo lo que había. Apenas si cabíamos todos, dor- míamos todas las hermanas en la misma habitación y discutíamos por el espacio todo el rato. Acostumbradas a la cocina de la casa de Marruecos la que teníamos ahora parecía de juguete, nos causó sorpresa que el agua saliera di- rectamente de los grifos, sin necesidad de que nadie la extrajera del pozo con una bomba. Y tuvimos que aprender a usar la cocina de gas. Todo esto eran mejoras según mi padre. Él volvía a trabajar y su mujer y sus hijas se aco- modaban a lo que fuera necesario.

Yo no. No podía. Me sentía distinta, diferente a los demás, culpable por no agradecer que mi padre tuviera trabajo de nuevo aunque no fuera su propio negocio. Me pasaba el día llorando y no quería salir a aquella ciudad que se me antojaba hosca y cruel. Tenía tanto temor de todo lo nuevo que no quería moverme del piso. No entendía el idioma y me negué a estudiarlo, mien- tras que mis hermanas ya lo chapurrea- ban y aprovechaban cada minuto de libertad que les proporcionaba el nuevo país, su nueva vida. Podían salir solas, asistir a clases de español y vestir como occidentales, siempre que guardaran la decencia.

―Así llamamos menos la atención ―decía mi hermana Layla, la mayor, vestida con vaqueros y el pelo recogido en una abundante coleta.

Yo

lo

echaba todo

de menos:

mis

amigas y las tardes de baño, la cola del horno del pan, las comidas picantes de mi abuela, la sombra del patio…

No me aclimataba y empecé a adel- gazar, en mi casa hacían lo posible por animarme pero yo no podía salir de aquel lugar de melancolía en el que había caído. Me pasaba las horas muer- tas en el dormitorio sin hacer nada, oyendo como una muñeca rota el ince- sante tráfico de la calle.

Mi madre tomó la costumbre de subir conmigo en los atardeceres a la terraza del bloque

Mi madre tomó la costumbre de subir conmigo en los atardeceres a la terraza del bloque de pisos, para que allí me diera un poco el aire, para espantar el djinn, el mal espíritu, que se había apo- derado de mi alma, puesto que ni pala- bras ni promesas de futuro hacían mella en mi ánimo. Desde aquella te- rraza, mirando hacia el sur, sabía que estaba mi país, pero a mis ojos sólo se extendía una ciudad desconocida y amenazante. Había pasado casi un año desde que dejamos nuestro pueblo y yo no me había acostumbrado ni siquiera un poco y anhelaba volver.

Aquella terraza me daba vértigo y sin embargo me atraía como un imán. Un día que faltó mi madre un impulso ex- traño me llevó a ella sola: el djinn, Sólo recuerdo que casi era la hora del ano- checer y que el sol teñía de rojo el ho- rizonte allá por donde estaba mi ciudad natal. El djinn maligno se apoderó de mí y me hizo saltar. Yo tenía 18 años y toda una vida por delante en un país que no era el mío.

Me llamo

Hasna y

he

nacido

dos

veces, la primera vez en un pueblo de Tánger al recitar el ulema la primera oración de la madrugada, la segunda vez en la mesa de operaciones de un hospital de Algeciras.

Vivo en España y he vuelto a cami- nar. Mis hermanas se han casado y ahora tengo sobrinos. Sigo viviendo con mis padres en una nueva casa que tiene ascensor en la que puedo subir fácilmente al cuarto piso a pesar de mis muletas, ahora mis compañeras inse- parables. Habló español tan bien como el francés y el árabe y le sonrío a la vida. Sigo amando mi país y disfruto muchísimo cada vez que tengo la opor- tunidad de volver a él, aunque ya no te- nemos la vieja casa familiar, ahora sé que también puedo vivir en otro lugar y ya no hay lugar en mi espíritu para ningún otro djinn que alimente mi pesar.

Mi madre tomó la costumbre de subir conmigo en los atardeceres a la terraza del bloque

Esther Pardiñas

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La derecha

de Adriana Skleranikova,

“la pierna más larga del mundo”

© J. M.ª Izarra

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Página 79 El repartidor de pan Como todos los días, hoy, que es un sá- bado

El repartidor de pan

Como todos los días, hoy, que es un sá- bado de finales de octubre, también recorro los pueblos de la zona. Y cumplo así con mis obligaciones de repartidor de pan.

He comenzado por el primer municipio de la ruta, Torre de Valconde, que tiene una igle- sia grande como una catedral y una casa de piedra que parece un palacio. A mí que no me hablen de arte, que no me obliguen a ex- presarme como el autor de una guía de tu- rismo que leí hace años. Yo no entiendo de retablos, ni de espadañas, ni de ábsides. No sé lo que es una gárgola, ni un canecillo, ni un hastial. Yo sólo entiendo de viejos y de pan. Y de mujeres. Aunque hace tiempo que no me acerco a ellas sin pagar.

De viejos entiendo bastante, porque es lo único que veo en mis diarios recorridos con la furgoneta. Viejos es lo único que hay en estos pueblos, además de casas arruinadas o a punto de arruinarse, olmos secos, huer- tos abandonados, eriales y viñas. Unos viejos que son iguales a los que hay en otros sitios:

tacaños, ruines y cobardes. Unos viejos que, sin decir una sola palabra, expresan el mismo cansancio, la misma tristeza y la misma re- signación que los que no esperan ya nada.

Yo, al menos, espero con ansiedad la lle- gada del sábado para acicalarme y acer- carme al club abierto en la capital de la comarca, donde hay tres mulatas que me re- ciben en bragas y sujetador. Me paso toda la semana pensando en ese momento mágico del sábado, cuando aparco mi furgoneta de reparto y, bien vestido y duchado, empujo la puerta del club y me encuentro con las tres

mulatas que me esperan en ropa interior. A mí y a muchos otros, pero yo no reparo en los demás para que parezca que me esperan sólo a mí. Me entra de pronto un intenso calor en el vientre, una sacudida repentina, y luego me baja la sangre al pantalón como si fuera una cascada. Finalmente, se me pone un bulto enorme en la bragueta y siento entonces la imperiosa necesidad de tocar la piel de una mujer, de estar desnudo y a solas frente a ella, de liberar toda la energía acu- mulada a lo largo de una semana intermina- ble.

Me he distraído de lo que al principio es- taba contando, cuando comentaba que sólo entiendo de viejos y de pan. Decía que los viejos, aunque cambien de nombre y de casa, aunque sean distintas las maneras como llamen a los pueblos donde viven, son todos iguales. Viejos o viejas. Unos con más arrugas y otros con menos. Unos con panta- lones de pana y otras con sayas y pañuelos en la cabeza. Unos con un músculo sin vida que oscila como si fuera un colgajo y otras con la piel dada de sí como un chicle estirado. Pero todos asustados, todos viviendo sin es- peranza, todos aguardando a oír el ruido del motor y el tronar de la bocina, agazapados como lagartos al sol, como si no existieran, como si no hubiera nadie en esas grandes casas de piedra que expulsan columnillas de humo por sus chimeneas, como si nadie cul- tivara ese puñado de huertos que todavía se cultiva, como si todo se hubiera muerto en estos pueblos perdidos en el mapa, abando- nados por Dios y por los curas, olvidados de las promesas que hacen los políticos en las

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Página 80 campañas electorales y que luego entierran cuando llegan al poder. Sólo este humilde repartidor

campañas electorales y que luego entierran cuando llegan al poder.

Sólo este humilde repartidor de pan cum- ple con sus compromisos y se acerca todos los días a traerles un alimento sin el cual no sabrían comer. Se interrumpe el reparto de pan durante una semana y los campos se lle- nan de cadáveres, de docenas de viejos que no se han podido alimentar. Porque sin pan no saben comer. Llevan toda la vida co- miendo pan y si les quitas eso, te digo yo que se mueren. Se muere uno detrás de otro y las chimeneas dejan de echar humo y los membrillos siguen en las ramas hasta des- pués del invierno.

Pero estoy yo para aliviar su soledad. Ya antes de divisar los tejados del pueblo toco la bocina para alegrar los campos y el pai- saje, para despertar de su letargo a tanto viejo oculto en los portales; toco la bocina y cuando llego a las últimas tapias aparece el primero de la serie, con expresión de alarma en el rostro porque de ninguna manera quiere quedarse sin pan. Algunos llevan más de una hora sentados en la puerta de sus casas, con los pellejos del culo apoyados en los sillares de granito, esperando mi llegada para no morirse. Y no se agolpan en la pri- mera calle ni se pelean para coger sitio por- que saben que yo respeto el orden de colocación de las viviendas y que nunca le he dejado a nadie sin pan. Porque si existiera la mínima sospecha de que alguno se iba a que- dar sin él, se matarían unos a otros para ocu- par el primer puesto de la cola.

Pero a pesar de que saben que voy a llegar todos los días y que no voy a subastar las ba- rras, a pesar de que saben de sobra que voy a respetar su turno conforme la furgoneta se desplaza a lo largo del pueblo, esperan mi llegada desde una hora antes del horario ha- bitual, o incluso más, y se sientan al acecho con su bolsa entre las manos, una bolsa mu- grienta que casi tiene tantos años como ellos, hasta que oyen la bocina. Entonces se levan- tan y se ponen en situación de alerta como si fueran a cazar, y se acercan al comienzo de la calle para ahorrarme a mí el trabajo de desplazarme hasta su puerta.

Se quieren congraciar conmigo aunque me paguen, al igual que yo también me quiero congraciar con las mulatas y pago escrupu-

losamente lo que piden. También yo me quiero llevar bien con ellas y causarles buena impresión. Y por eso me ducho y me perfumo y visto mis ropas más presentables y acudo sonriente a la cita del sábado y muestro la mejor de las sonrisas cuando abro la puerta. Luego, al verlas, cuando me baja el calor a la bragueta y parece que me va a estallar el pantalón, me entran las prisas, la urgencia de tocar una piel desnuda de mujer. Y aun- que trato de dominarme, no puedo evitar que se me nublen los ojos después de ver las tetas medio tapadas por el sujetador, des- pués de ver las bragas transparentes que muestran una zona algo oscura, después de ver los culos grandes y prietos que producen vértigo.

Sé que yo acudo a las mulatas como los viejos al pan. Por eso entiendo la expresión de su rostro cuando se acercan a la furgo- neta, por eso entiendo el brillo de codicia que se enciende en sus ojos, por eso sé que re- sucitan cuando oyen la bocina estruendosa que alborota el pueblo y ven llegar el vehí- culo blanco de reparto que se para en su calle y aguarda a que ellos se aproximen, aunque caminen con paso vacilante y tarden una eternidad.

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Pascual Izquierdo (Del libro inédito Sesenta sin propina)

© J. M.ª Izarra
© J. M.ª Izarra

Dado de la vida

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Página 81 Aranea fugit Escribiré como si no me lo hubiera contado nadie, en primera persona.

Aranea fugit

Escribiré como si no me lo hubiera contado nadie, en primera persona. Cuando levanté la tapa del retrete, desenfundé mi espita y al mismo tiempo que desaguaba me puse a mirar al techo, ella, como el dinosaurio de Monterroso, ya no estaba allí.

―¡Vaya! ―me dije, decepcionado―, des- pués de año y medio en esta casa, a la mo- rita Soraya se le ha ocurrido levantar la cabeza, y, ni corta ni parva, ha invertido la posición normal de la escoba y ha dado buena cuenta de la araña que señoreaba el cuarto de baño colgada del techo, bocarriba, como si estuviera contemplando su propia sombra (probablemente, ella, con alguno de sus cuatro pares de ojos también nos veía a nosotros, los humanos, bocarriba, colgados del techo y prendados de nuestra propia si- lueta), con desplazamientos mínimos por el tramo de la moldura de escayola que recorre el perímetro visible del pilar adosado en el ángulo izquierdo de la pared que da al patio.

Me extrañó, bien es verdad, que la morita Soraya, a la par que había dado buena cuenta de la fauna, no hubiese hecho lo mismo con sus primorosas labores. Digo esto porque las telarañas permanecían en su sitio.

Pues no, como me temía, la morita Soraya no había sido tan selectiva (en su descargo, tengo que decir que no estaba entrenada en tales faenas ni contaba con las herramientas de precisión necesarias, y que ni siquiera un prestidigitador hubiera conseguido maniobrar con la debida soltura ante la situación plan- teada); de hecho, no había realizado inter- vención de ningún tipo en el techo de que se

trata: la araña había desaparecido por su cuenta, y por su cuenta había regresado, como puede verificar ese mismo día, en mi decimoprimera o decimosegunda incursión mingitoria en el excusado.

La alegría me duró poco, porque, a los dos días de su regreso, en mi incursión de las tres y pico de la tarde, recién llegado de la oficina, para mi disgusto, la calavera se había evaporado de nuevo.

Lo primero que se me ocurrió para expli- carme tal ausencia es que la araña no había podido satisfacer su hambruna, o no en la medida deseada, y había emprendido una nueva expedición a la busca y captura de algún insecto iluso o contemplativo. Después de haber acabado con la última de sus hijas (recuérdese que a Valle Inclán las arañas le resultaban repugnantes, entre otras cosas, por su homofagia), llevaba meses haciendo la estatua en su mundo del revés (al menos, tal era mi apreciación, que juzgo acertada, dada la cantidad de veces que diariamente la sometía a escrutinio) y no era ni mucho menos improbable que, después de tanto tiempo, se sintiera anquilosada a la hora de cobrar alguna pieza, eso en el supuesto de que la hubiera avizorado, ya que, última- mente, lepismas y polillas (fauna en otros tiempos abundante en aquel cuarto de baño) no se dejaban ver por los sitios habituales, tal vez porque estaba haciendo un frío fuera de lo usual o porque, a la chita callando, el arácnido había acabado con ellas (de haber sucedido tal, desde luego a mí me había pa- sado inadvertido), aunque yo no había obser- vado nunca que tales especímenes formaran

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Página 82 parte de su dieta; ni siquiera se movían en los mismos ambientes ni habitaban

parte de su dieta; ni siquiera se movían en los mismos ambientes ni habitaban las mis- mas esferas, por más que en alguna ocasión, no digo que no, hubieran coincidido en al- guna parte.

Pero, retomando la hipótesis del hambre, si se había ido porque la acuciaba la necesi- dad del sustento (como ya he referido, hacía meses que se había zampado a la última de sus descendientes; pero también hacía más de un mes que polillas y lepismas brillaban por su ausencia), ¿por qué había esperado tanto y por qué había regresado tan pronto para marcharse otra vez a los dos días? Si se había ido de nuevo era porque había fraca- sado, pero ¿qué significaba entonces su re- torno? ¿Me estaba dando a entender que mi cuarto de baño era su lugar en el mundo y que se encontraba muy a gusto compartién- dolo conmigo, y que, en cuanto saciase el hambre, regresaría? ¿Hasta el día de su de- saparición no se le había manifestado la ne- cesidad de comer, o tal necesidad había sido llevadera hasta el extremo de considerar la opción del reposo como preferible a la de salir a cazar?

En cualquier caso, el motivo era lo de menos. Lo sustancial era el hecho en sí. Mi araña (ya la hacía mía) se había marchado por segunda vez, y yo estaba empezando a sentir nostalgia de ella. Me había acostum- brado a su presencia, a su compañía en una circunstancia tan solitaria y aburrida (bien es cierto que, cuando la presión soportada es excesiva , también feliz) como es la de ori- nar; pero no solo eso, se me había venido abajo el proyecto que, para dentro de dos años o puede que menos, me había pro- puesto llevar a cabo con su inestimable cola- boración como araña vudú para hacer emerger una snow spider (araña blanca como le nieve que teje una red negra como el azabache) en toda la propaganda, tanto impresa como aparente, de la coalición Uni- dos podemos de cara a la próxima cita elec- toral, al objeto, más que de amedrentar, de poner sobre aviso a sus posibles votantes.

Pero había vuelto de su primera escapada. Eso hacía que albergase alguna esperanza de que, asimismo, retornase por segunda vez; mas, al cuarto día sin aparecer, esa espe- ranza se disipó del todo. Hasta el punto de

que ya estaba decidido a borrar toda huella de mi inquilina. No lo hice porque era lunes y preferí dejarlo para el próximo fin de se- mana. Menos mal, porque el martes al ama- necer la phalangioides había vuelto por donde solía. Bendita procrastinación.

A la alegría lógica del reencuentro suce- dieron las incómodas preguntas, que, aun formuladas en voz alta para que, si era dable, me fueran contestadas por mi interlocutora, tuve que responderme yo mismo, y eso ya lo hice en voz baja. ¿Estaba saliendo a buscar pitanza? (Torcí la boca, en un gesto de desa- grado hacia mí mismo: ¿otra vez la misma pregunta? No podía evitarlo). ¿Cómo era po- sible que ahora tuviera esa necesidad, siendo que había permanecido por lo menos más de un mes sin llevarse un bocado a su estó- mago? ¿Por qué, de pronto, le había entrado el prurito de comer, o de salir a buscar de comer, que no lo tenía yo muy claro, con tanta frecuencia? ¿O es que no salía a comer, o a buscar de comer, sino a aparearse? Está- bamos en primavera, eso era cierto, y por lo visto tal estación es la que, preferiblemente, eligen las arañas para embarazarse. Ahora bien, si era esta la finalidad de sus salidas, ¿qué estaba pasando, que necesitaba apa- rearse varias veces para conseguir su propó- sito, o es que no encontraba a un macho de su gusto? Las mujeres… siempre tan capri- chosas. (Bostecé). ¿Se estaba, acaso, despi- diendo de mí, y lo estaba haciendo por capítulos, dosificando los intervalos, distan- ciando cada vez un poquito más los regresos para que, conociéndome como me conocía y teniéndome en la máxima consideración, no me afectara tanto su marcha? ¿Se estaba despidiendo de mí porque había quemado una etapa y debía empezar otra, o porque había agotado su ciclo vital?

La bailarina, a la que, a modo de saludo, toqué una pata con el índice en el instante del reencuentro, me obsequió con un baile eléctrico. Éramos todo alegría. A pesar de lo cual, en esta ocasión apenas permaneció un día conmigo. En mi segunda expedición al excusado del miércoles, una vez vestido de calle, mi amiga (por qué no llamarla así, si ninguna mujer lo había sido tanto y, sin em- bargo, se presentaban y las presentaba con ese título) había hecho mutis por el foro.

Lo peor de que se hubiera largado una ter- cera vez no era el hecho en

Lo peor de que se hubiera largado una ter- cera vez no era el hecho en sí, sino las pre- guntas que machaconamente, como en un bombo de lotería girante, rebotaban en mi cabeza: las mismas preguntas que la última vez y con idénticas respuestas. ¡Joder, qué aburrimiento! ¿Qué otro motivo podía ha- berla empujado a marcharse además de los ya señalados como probables? ¿Y qué podría haber hecho yo para evitar que se marchara, salvo encerrarla en una grillera? Ya sé que habrá quien diga que facilitarle el condumio no hubiera estado de más, y no le faltaría razón, pero también es posible que no hu- biese servido de nada porque no fuera esa la causa de que diese el piro. Y, ya puestos, hasta puede que a algún gracioso se le haya ocurrido pensar que, asimismo, no hubiera estado de más aparearme con ella… Sin co- mentarios. Ahora solo falta que los animalis- tas oigan campanas y me denuncien por bestialismo y malos tratos. No me fío de mi suerte.

La araña tornó a su rincón siete días des- pués, aunque por tiempo exiguo. Como mucho, el que puede transcurrir entre una micción y otra por lo que a mi persona se re- fiere, que, con ligeras variaciones, no suele ser más de media hora (al decir de mis de- tractores ―más ellas que ellos―, tengo la próstata más grande que el corazón).

Durante catorce días estuve aguardando su regreso. Al decimoquinto, di por desapa- recida con carácter definitivo a mi Pholcus Phalangioides y decidí barrer las telarañas en ese mismo momento. Bueno, lo fie para des- pués del desayuno.

Había dejado preparada la taza con una cucharada de semillas de lino molidas y la cu- charilla dentro, y había dejado calentándose el cazo con la leche, así que me dirigí a la co- cina para aviar cuanto antes. Cuando fui a verter la leche en el tanque, ¡horror!, allí es- taba ella, en el fondo, las patas hundidas, mi- metizándose con la molienda (menos mal que contrastaba nítidamente con las paredes blancas del receptáculo). Se me nubló el sen- tido, y de manera instintiva, cogí la taza y la arrojé con todas mis fuerzas por la ventana de la terraza, con tan mala suerte que im- pactó en un cristal de la terraza de la vecina de enfrente, haciéndolo trizas.

Luego, claro, me arrepentí de mi con- ducta, no tanto por haber roto el cristal de mi vecina (a la que no tenía ningún inconve- niente en contarle lo sucedido y pagarle la reposición del vidrio) como por haber em- pleado la violencia de género con mi amiga del alma. Sé positivamente que matarla no la maté (nadie es capaz de matar un insecto, por más fuerza que tenga, voleándolo contra una pared o cualquier otro obstáculo), pero estaba seguro de que no me perdonaría jamás y de que ni siquiera tendría la oportu- nidad de pedirle perdón porque no volvería a visitarme.

Mea culpa.

Ahora solo me queda confiar en la provi- dencia. Lo digo porque ya no podré sabotear a Unidos Podemos en las próximas eleccio- nes, al menos de la manera que tenía pre- visto hacerlo.

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Página 85 Una compañía recomendable Se llama Ulises. Pura coincidencia que se llame como el héroe

Una compañía recomendable

Se llama Ulises. Pura coincidencia que se llame como el héroe griego, hijo de Laertes y Anticlea. Rey de Itaca, esposo de Penélope y padre de Telémaco. Participa de forma des- tacada en la guerra de Troya, no solo en el combate si no en empresas que requieren elocuencia, astucia y audacia. Penetra en Troya bajo disfraz y dirige a los griegos em- boscados en el caballo de madera. Pero Uli- ses es célebre, en especial, por las vicisitudes, pericias y aventuras de su viaje de regreso a Itaca donde llega finalmente tras veinte años de ausencia. Vida tan aje- treada constituye el argumento del poema épico Odisea, de Homero.

Lo mató Telégoro, hijo suyo y de Circe, bruja turbadora, de ojos cuyo color cambiaba según la intensidad de la luz que recibían. En sus brazos Ulises se perdió en el laberinto de pasión y deseos con que ella le sedujo.

Tampoco Ulises, que ahora me mira desde la profundidad de su mirada, de sus hermo- sos ojos de un negro purísimo, donde brilla un destello de luz, guarda coincidencia al- guna con la obra de Joyce. No aparece en sus páginas, no pasea por las calles húmedas y brumosas de Dublín, en compañía de Leopold Bloom. Agente de publicidad, judío, de me- diana edad, casado con Molly, cantante, que por cierto le pone cuernos, y con la que man- tiene una relación distante desde la prema- tura muerte de uno de sus hijos. El Ulises de Joyce transcurre a lo largo de un día, el 16 de junio de 1904, precisamente este día abandona el hogar con el ánimo ensombre- cido y mortificado por la cita que su mujer ha

concertado con el promotor de conciertos Blaises Boydan, más no mueve un músculo para impedirla, y Leopoldo Bloom, el judío errante, inicia su recorrido por el dédalo de las calles dublinesas.

Ulises es sencillamente un perro, inquieto, cariñoso, glotón, insaciable, de una gratitud y fidelidad difícil de encontrar en un ser hu- mano. Cada mañana me despierta arañando con sus patas la puerta de mi dormitorio. Llegó a esta casa ―sin nombre―, una ma- ñana fría y ventosa de noviembre. Desde el primer día sintió que era su hogar, donde el dueño es despreocupado e inútil, y donde puede hacer lo que le viene en gana, con- forme a su humor y sus cambiantes capri- chos. Esta casa, humilde, sencilla, rodeada de un silencio y de una soledad cartujana, donde es fácil observar el deterioro que el tiempo deja al pasar, es propicia para que un perro juguetón, inteligente y divertido ―se pasa horas intentando morderse el rabo―, disfrute sin disciplina ni represión alguna.

Inquieto e impaciente recorre el hogar, va de un cuarto a otro, y sin pedir permiso, de vez en cuando, deja su huella intestinal en el vestíbulo sobre la alfombra deshilada y des- colorida. Con resignada paciencia lo recojo, abro el frasco de colonia y ventilo la alfom- bra. El olor se desvanece y el aire queda per- fumado con un aroma que se agradece.

Es un schnauzer, y yo aprecio su cariño y su fidelidad donde parece resumir toda la in- genuidad y perfección de un diseño magis- tral. Será perro hasta los catorce años en que morirá. Yo también me iré, pero bastante

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Página 86 antes. Ulises tiene la piel de color azabache, el careto con barbas blancas y

antes. Ulises tiene la piel de color azabache, el careto con barbas blancas y las piernas con calcetines del mismo color. Ulises es la vida que sigue, el círculo que no se cierra jamás, mientras su amo es solo la elipse ke- pleriana y romántica del astrónomo alemán que busca estirar el círculo: recuerdos, libros, pinturas, palabras, amistades, cosas… En fin.

Ulises me mira con los ojos asombrados, pensando que desvarío cuando hablo, hilvano palabras, frases huecas, vacías; es simple- mente un correr detrás del pensamiento, del chispazo que se despierta en la mente. Y me abandono sin revisarlo, sin oponer resisten- cia. Es de noche, estoy cansado y este vagar silencioso, atolondrado, me ayuda a olvidar ese poso de melancolía que me deja el paso fugaz y mudable de la vida.

Ciertas noches, resulto más ameno y di- vertido. Levanto en el cuarto un escenario imaginario, e interpreto, con mi voz rota y quebrada, fragmentos de textos que regre- san con facilidad del pasado: “Oh dioses, aquí tenéis a un viejo con tantas penas como años. Hablemos de tumbas, de gusanos y epitafios, que sea el polvo papel y con ojos lluviosos inscribamos la pena en el seno de la tierra”. Es el rey Lear que clama en medio de su atormentado destino. El “teatro” está vacío, solo al fondo, en el pasillo del patio de butacas encuentro a un espectador, tendido en el suelo, dormido. No me extraña, es Uli- ses.

Esta tarde, después del paseo, he dejado al perro en casa y me he largado a la ciudad. He tomado notas en el cuaderno por calles conocidas: rostros, palabras, anuncios, esca- parates: “Medio chorizo, 0,50€, entero 1€ y un cuarto gratis”. “Vendo cabeza de toro di- secada y bragas de todos los tamaños y co- lores”. “Coleccionista de desnudos femeninos compro lo que se me ofrezca en la materia”. En la plaza de la Flora, un letrero: “Biba la madre que parió al rey desnudo”. “No te avergüences, el teléfono 666229544 te es- pera. 30€ un polvo que no olvidarás, super- tetona, culete grande y tragón”.

Más lo mejor estaba por llegar. En la plaza del Cordón, de regreso a casa, un hombreci- llo observa con prismáticos la puerta enorme de madera, con el pesado llamador y los bla-

sones oscurecidos. En su cabeza larga y bas- tante grande, crece un pelo encanecido y un bigote que no le cubre del todo la boca. Agita las manos, señala un detalle del portón, se acerca, lo mira con detenimiento. Yo que estoy a cuatro o cinco metros escucho su voz, habla para sí, en leve murmullo, seguido de una tos fuerte y desapacible. El abrigo de color negro deslucido, le llega hasta los tobi- llos; los pantalones, anchos, tres tallas más de lo debido, ocultan los zapatos.

Le sigo por la calle de la Puebla, con la es- peranza de que algo inesperado puede ocu- rrir.

En el arco de san Juan se detiene ante la “Virgen del Rosario que ruega por nosotros”. Una estatua donde la Virgen aparece sen- tada, el Niño está a su lado con cara de pasar mucho frío, y su madre sostiene con las manos un rosario. A sus pies han colocado un ramo de rosas de papel, de un rojo dema- crado que hiere a la vista. El hombrecillo, después de meter a la Virgen en el móvil, de- cide entrar en la iglesia. Yo también.

El hombrecillo no duda, atraviesa el tem- plo, pegado a la pared como una sombra. Se introduce en el confesionario que está al fondo, envuelto en una leve penumbra. Veo que se quita el abrigo, lo dobla y lo coloca a modo de almohada para apoyar la cabeza. En el templo habrá unos veinte fieles siguiendo la liturgia de la misa.

Aquí hay argumento, pienso, y sin mira- mientos, llego al confesionario y me arrodillo. Se remueve inquieto, y se acerca a mí, sin enojo, sin enfado alguno. Vamos, levántese, hombre, qué hace en esa postura. Quiero confesarme. Vaya hombre, aquí llega un “co- ñazo”, replica sonriendo, ¿Le he hecho yo algo? ¿Le he robado, injuriado, he concebido abuso sexual con su esposa? No, verdad. El que tenía que venir a confesarse es el señor Rajoy, a quien yo no le daría jamás la abso- lución. No sólo el reguero de corruptos le avala, si no el diluvio de asuntos pendientes, mal hechos, o no hechos en el tiempo opor- tuno. ¿Sabe usted cuánto ha subido su go- bierno la pensión de mi madre? ¡1€! Y esa pensión, no lo olvide, no es una subvención, ni una ayuda, si no un derecho de mi madre que se hartó de fregar y lavar platos, y lim-

piar habitaciones en el Hotel Recamor. Toda su vida. ¿No es humillante para la pobre, esa

piar habitaciones en el Hotel Recamor. Toda su vida. ¿No es humillante para la pobre, esa subida? El Rajoy habla de crecimiento econó- mico ¡pero qué crecimiento, ni qué cojones! Pésima calidad de empleo, contratos humi- llantes para ellos y ellas, desprecio con la ayuda de dependencia, una asistencia sani- taria de la que prefiero no hablar, el copago farmacéutico. Llegado a este punto, le falta aliento, y durante un silencio que se hace eterno, baja la cabeza. Aprovecho y repito:

quiero confesarme. ¡Pero qué coñazo!, me responde con voz airada. ¿Cree que no le he visto entrar en la iglesia detrás de mí? ¿Cree que no sé lo que busca? Distracción, ¿ver- dad? Pues conmigo no vale, joder.

Acudo a este rincón cálido y acogedor dos veces por semana. Descanso, alivio el espí- ritu, aligero el vacío y me confieso yo mismo, hasta que la iglesia se queda vacía. Dorotea, que hace de sacristán, se acerca. Incertias, me dice, deber irte, voy a cerrar. Me acom- paña hasta la sacristía y por una puerta tra- sera, salgo a la calle, no sin antes besarla en la frente y alargar la mano por si algo quiere dejar en ella.

No puedo evitarlo, el pensamiento me arde, y le pregunto. “Pero, ¿se acercan “pe- cadores” a confesarse cuando usted está?”. Sólo en dos ocasiones me ha pasado, res- ponde. En las dos, eran mujeres. Sus “mise- rias” no merecían la pena. Banalidades. Debilidades corrientes, menudas. En suma, sobresaltos del amor, que marchitado es des- ventura, apatía, aburrimiento y mentira. ¡Ab- solución, absolución para las dos! Y, ahora, coñazo, lárguese de una puta vez. Y he obrado en consecuencia.

Es medianoche y el silencio se puede cor- tar. Ulises duerme. Leo las citas. En el cora- zón de esta intimidad pienso que, tal vez, la lectura de la última obra de Antonio Muñoz Molina me ha llevado a vagar por la ciudad, tomando notas. La obra del escritor “Un andar solitario entre la gente”, es un collage literario, que necesita en mi humilde opinión, de una sensible poda. El escritor-narrador re- coge voces, ecos, anuncios, todo le sirve para recorrer ciudades: Madrid, Lisboa, París, Nueva York, y es la vivencia de estas ciuda- des lo que impregna al libro de una populosa salmodia, pues no se fatiga de transcribir una

y otra vez noticias, eslóganes publicitarios, desdichas, encuentros, miradas, que consi-

Carnaval © J. M.ª Izarra Página 87
Carnaval
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guen debilitar, a mí por lo menos, el interés y la paciencia del lector.

Lo que aprecio y retengo del libro, más allá de su conocida y envidiable prosa es la evocación que hace de escritores desarraiga- dos, desestimados en su tiempo, olvidados, heridos por la adversidad, por el olvido. Apa- rece Thomas de Quincey, cuya obra más co-

nocida, “Confesiones de un inglés comedor de opio” leí hace tiempo y donde no existe “una

nocida, “Confesiones de un inglés comedor de opio” leí hace tiempo y donde no existe “una página que no haya sido templada como si fuera un instrumento, aunándose en ella el goce intelectual y el goce estético”, afirma Borges. Aparece Melville, Baudelaire, Poe, Walter Benjamin. Todos geniales, visionarios, no integrados, marginales, derrotados por un tiempo más superficial, anodino y vulgar que ellos. Todos extranjeros, supervivientes de mundos extinguidos a los que no pueden vol- ver.

Tomo un ejemplo: Walter Benjamin. El na- rrador, dice de él: “Alquila un cuarto de pen- sión que le cuesta una peseta al día. Al cabo de poco tiempo ya no puede permitírselo. Consigue que un compañero le preste una habitación. Dice en la ensoñación del opio que la costura es la intérprete del lenguaje del tiempo. Se sabe fuera completamente del mundo. Su vida transcurre entre la indiferen- cia y la hostilidad. No tiene nada y no es nadie. Sin embargo en los años de la miseria, el exilio, la depresión, la soledad, el pánico escribe mejor y más lúcidamente que nunca”. Walter Benjamin se suicidó en 1940 a los 41 años.

*Y no sigo. Estoy cansado, y lo que es

peor, temo contagiar al lector. En su funeral, éste es el último número, me despido de esta revista, de vida fugaz, y a todos los escasos pero fieles lectores, les recuerdo que “todo sucede en un instante, todo es un largo día, una tarde interminable, los amigos se mar- chan, nos quedamos en la orilla”. Es el final de una espléndida novela, “Años luz”, del es- critor norteamericano James Salter.

nocida, “Confesiones de un inglés comedor de opio” leí hace tiempo y donde no existe “una

J.A. Martínez Gutiérez “Guti”

*Clarividente, o con información privile-

giada que, desde luego, algunos de nosotros no poseemos, en este último párrafo, el autor habla, con aviesa sintaxis, de un fune- ral que no sabemos si se refiere al de la re- vista (a la que define como “de vida fugaz”), al del lector (se entiende que por incompa- recencia en la lectura; ficticio, por tanto) o al de él mismo (figurado, queremos verlo así:

afirma que este es su último número, pero no porque esté muerto o se vaya a morir pronto ― Dios no lo quiera, ni él tampoco― sino porque tiene decidido dejar de colaborar con nosotros).

Trátese del funeral que sea, y en agrade- cimiento por los servicios prestados, debié- ramos habernos adelantado a su deseo no incluyendo este su último relato en el nú- mero 10 (y según él, último) de Culdbura; sin embargo, posponemos ese no acto para la colaboración de su arrepentimiento en el número correspondiente de un futuro que conjeturamos próximo.

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Cóctel

© J. M.ª Izarra

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Página 89 Manual de autoayuda Texto encontrado por AHG entre los papeles del Viejo Moralista Morir

Manual de autoayuda

Texto encontrado por AHG entre los papeles del Viejo Moralista

Morir por una idea es cosa bien ridícula. Una idea no es más que un invento del cerebro. Una conexión entre neuronas, una fabulación insignificante que habla, sin entenderlas, de cosas grandes y sublimes. Como el ciego topo que sueña con soles inmensos desde su ca- verna. Una idea apenas es un cambio en algún neurotransmisor idiota por muy maravillosa que le parezca a su ensoberbecido recreador.

Morir por una persona es todavía más estúpido. Pues todas las personas son reos de muerte y es como dar agua al desierto. Aun así hay quien lo cree razonable. Sería como hacer el Camino de Santiago sabiendo que no lleva a Santiago, y que, en realidad, no hay camino.

Morir, vivir por algo es, pues, sin ningún género de dudas, una forma de tratar de buscar fuera lo que no entendemos dentro. Vendría a ser como amar la casa porque una vez hubo un vecino al que, en realidad, nunca se vio, pero que, por algún extraño motivo, nos resultó simpático.

Así que no nos queda excusa. Pues la vida por sí misma tampoco es algo que parezca su- ficiente para querernos quedar con ella sin pedirle explicaciones. Es como amar la última tabla que le queda al náufrago, diciéndole qué hermosa eres, qué grande es tu belleza. Cuando en realidad está podrida y amenaza a cada momento a su incómodo huésped.

Entonces ¿qué amar?, ¿qué vivir?, ¿qué soñar? Es sencillo: amar es siempre amar una ilusión, que casi seguro no es nada. Después solo queda una tarea: buscar nombre para esa ilusión, ponerle cara, dibujarle sonrisa, imaginar un mundo para ella. Y mudarse allí.

Página 89 Manual de autoayuda Texto encontrado por AHG entre los papeles del Viejo Moralista Morir

Alfonso Hernando

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© J. M.ª Izarra

Página 90 © J. M.ª Izarra Gato negro acechando la luna

Gato negro acechando la luna

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Página 91 Carpeta artística de María José Castaño Cuestionario: Félix J. Alonso Camarero

Carpeta artística de María José Castaño

Cuestionario: Félix J. Alonso Camarero

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2015. Ascender como tú, vuelto en cristales.

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Página 93 MARÍA JOSÉ CASTAÑO RODRÍGUEZ (Burgos, 1966) Licenciada en Bellas Artes, especialidad Pintura, Facultad Bellas
Página 93 MARÍA JOSÉ CASTAÑO RODRÍGUEZ (Burgos, 1966) Licenciada en Bellas Artes, especialidad Pintura, Facultad Bellas

MARÍA JOSÉ CASTAÑO RODRÍGUEZ (Burgos, 1966)

Licenciada en Bellas Artes, especialidad Pintura, Facultad Bellas Artes. Universidad Complutense de Madrid, 1991

www.mariajosecastano.es

DOCENCIA

2006.

Curso de Paisaje. Mayo 2006. Academia Provincial de Dibujo. Consulado del Mar. Burgos

CURSOS

2005.

Taller Libre de Paisaje. Foro Arte y territorio. Espacio Tangente. Aguilar de Campoo (Palencia).

BECAS

2014.

Beca de residencia artística en Beijing. Arteaga Galería Internacional Residencia de Artistas.

2004.

Beca “El Arte y el Sueño”. Almedinilla (Córdoba), organizado por ECUME. Sevilla.

1993/94.

Beca Encontros na paisaxe. Valdearte’94. O Barco de Valdeorras (Ourense).

1995.

Beca de paisaje Manuel López Villaseñor. Ciudad Real.

1991.

Beca de paisaje en Ayllón (Segovia). Cátedra de Paisaje. Universidad Complutense de Madrid.

PREMIOS

2016.

III Bienal Pintura Naturalista. Picos de Europa. Accésit Primero. VII. Premio David García. Tierra de Lara.

2014.

Premio de Artes Plásticas Ayuntamiento de Santo Domingo de Silos.

2014,2012.

Selección Certamen de Artes Plásticas Fundación Villalar. Castilla y León.

2011,2010.

Primera Mención XIV y XIII. Certamen de pintura ACOR. Valladolid.

2010.

III Edición Premio Mujer y Empresa provincia de Burgos. Trayectoria profesional.

2002.

Primer Premio X Concurso de Pintura Ciudad de Tudela. Navarra.

1998.

Primer Premio XII Concurso de Pintura Ciudad de Burgos.

1997.

Primer Premio II Concurso de Pintura Ciudad de León.

1996.

Mención de Honor XXIV Certamen Nacional de Pintura Cajamadrid. Finalista XIV Concurso de Pintura Carlos Haes (Madrid). Primer Premio del IV Concurso de Pintura Rápida de Expansión a la Bolsa (Madrid).

1995.

Mención de Honor XXIII Certamen Nacional de Pintura Caja Madrid. Tercer Premio del III Concurso de Pintura de Expansión a la Bolsa (Madrid). Segundo Premio III Concurso de Pintura Ciudad de Tudela. Navarra. Mención de Honor III Premio Manuel López Villaseñor (Ciudad Real).

1994.

Mención de Honor XVI Salón de Otoño de Pintura. Plasencia (Cáceres)

1992

Primer Premio de Pintura Ciudad Rodrigo (Salamanca).

  • 1991. Primer Premio de pintura. Ayuntamiento de Ayllón (Segovia). Primer Premio Jóvenes Pintores de Castilla y León (Burgos).

EXPOSICIONES INDIVIDUALES

  • 2017. “Viaje de Papel”. Asociación Cultural Las Calzas. Villadiego (Burgos).

  • 2016. ”Elementos del alma”. La casa blanca. Finca Marques de Valdecilla. Medio Cudeyo Cantabria. “Las Verdes Praderas del Cielo”. Sala de Exposiciones Sede Centro de Arte Reina Sofía. Abadía de Santo Domingo de Silos (Burgos).

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Página 94 2015. ”La leve luz de los caminos”. Centro Cultural de China en Madrid. 2014.

2015.

”La leve luz de los caminos”. Centro Cultural de China en Madrid.

2014.

”Viaje al País de la Luna”. Arco de Santa María. Burgos.

2013.

”Cartas desde la orilla”. Sala de exposiciones. Oficina Principal de Correos. Cibeles. Madrid.

2010.

“Continúa sucediendo”. Comisión Europea. Foyer Van Maerlant. Bruselas (Bélgica).

2009.

Palazzo delle Contesse. Mel (Italia). - Galería Espacio-36 (Zamora).

2009-2010.

2008, 2005.

2003, 2000.

1997, 1995.

“Donde sucede”. Arco de Santa María (Burgos).

Galería Bay-Sala (Bilbao).

Galería Bay-Sala (Bilbao).

Galería Bay-Sala (Bilbao).

2007.

Galería Vía 2 (Ibiza). 2005. Galería Amparo Gamir (Madrid).

2006, 2004.

2002, 2000,.

Galería Paloma 18. (Burgos).

Galería Paloma 18 (Burgos).

1997.

Galería Paloma 18 (Burgos).

2004, 2005.

Constelación Arte. Exposición Itinerante de la Junta de Castilla y León.

2005.

Galería Amparo Gamir (Madrid).

2001.

Galería Val i 30 (Valencia).

1998.

Galería Art Point (Bottega di Cimabue), Florencia.

1996.

Galería Parc (Principado de Andorra). Galería Pedro Torres (Logroño).

1995.

Galería Milán (Madrid).

1994.

Galería Arlés (Madrid).

1993.

Galería Orfila (Madrid).

1992.

Sala del Volks-Bank (Eisenberg). Alemania.

EXPOSICIONES COLECTIVAS

Festival Internacional de Grabado y Obra sobre Papel. FiG. Bilbao. Galería Espai d’Art. Pollenca Mallorca. 2017-

2016.

“La Visión Alterada”. Fundación Caja Círculo (Burgos). 2016. Everyone/Art 2013. The 8th Culture And Art

Festival Of Songzhuang. Sunchine International Art Museum. Songzhuang. Beijing. China. Chinese & Foreing art- ist. Shiyou Club. Wangjing. Beijing. China. “El jardín secreto”. Jardines Benedictinos. Oña. Burgos. Muestra “I love Ibiza, -Ibiza he t’aime”, Hotel Pachá. Ibiza Exposición III y IV Certamen Fundación Villalar. Fundación Díaz Caneja. Palencia. Arte por Derechos. Sala de exposiciones del Arco de Santa María. Burgos. SALARTE I, II y III Muestra de arte de Salas de los infantes. “El óxido”. 2012”. La Poesía”. 2013. ”la Oscuridad”. 2014. Del Rio, Cristino, Castaño y el Mar”. Sala Círculo Central. Caja Círculo. Burgos. 2011. Feria de Forlì 2010 (Italia). Galería Image2. (Bruse- las). 2010. Estampa-09. Espacio Tangente. (Burgos). 2008. Galería Marita Segovia, (Madrid). “Portmany, Calvet y Castaño”. Galería Via 2 (Ibiza). 2007. “Colectiva verano 2007”. Galería Amparo Gamir (Madrid). Arcale X, IX. Feria de Arte Internacional de Castilla y León. (Valladolid). Art- Madrid 2007. Pabellón de Cristal (Madrid). V Premio Nacional de Pintura Parlamento de La Rioja (Logroño). Holland Art Fair de la Haya (Holanda). “Premio de Pintura Focus-Abengoa”. Hospital de los Venerables (Sevilla). Feria “Arte Sevilla” 2005 “Colección Caja Burgos”. Centro Cultural Casa del Cordón, (Burgos). Arco’02. Galería Val i 30. Madrid. Feria Interart’ 2001 (Valencia). Galería La Ga-

llery, (Hossegor). Muestra Ateliergemeinschaff (Schulstrasse Münster). Alemania. Galería Pierogi 2.000. (Nueva York). Feria Arteroma (Roma). Italia. Galería Docal-Art (Santander). Galería Nolde (Navacerrada). Madrid. Feria Interart’96 (Valencia). Sala Eloy Gonzalo (Caja Madrid). Galería Bay-Sala. Centenario del Puente Colgante (Bilbao). Galería Fauna’s (Madrid). Galería Balboa 13 (Madrid). Galería Milán (Madrid). Galería Recoletos (Madrid).

MUSEOS Y COLECCIONES

Museo Vellosillo (Ayllón. Segovia). Museo Pedralba 2000 (Valencia). Fundación Universidad Complutense de Madrid. Caja Círculo. Sede Social (Burgos). Ayto de Burgos. Ayto de O Barco de Valdeorras (Ourense). Ayto de Ciudad Rodrigo (Salamanca). Volks-Bank (Eisenberg), Alemania. Ayuntamiento de Tudela (Navarra). La Bolsa de Madrid. Ayuntamiento de León. Junta de Castilla y León. Teatro Principal (Burgos). Fundación Caja Burgos (Burgos). Museo de Arte Contemporáneo (Salamanca). Monasterio Santo Domingo de Silos. Parlamento de las Cortes Regionales (Valladolid). Fundación Focus Abengoa (Sevilla). Consulado del Mar. Academia Provincial de Dibujo (Burgos). Paradores Nacionales. (Madrid). Museo histórico de las Merindades. (Medina de Pomar). Bur- gos .PROMECAL. (Burgos). Centro Cultural de China. (Madrid).Fundación Aspanias (Burgos)

La vega, el río, el monte y tu “Testigo del tiempo”... Sabes, hubo una época en

La vega, el río, el monte y tu “Testigo del

tiempo”...

Sabes, hubo una época en que fre-

cuentaba esta carretera, N-234 Burgos-Sagunto. Y en este punto en que se empina ligera- mente para salvar esa especie de loma en que se alza el pabellón, la luz hacía un extraño a los ojos, como si pretendiera avisar al viajero. Recuerdo que me entró cierta obsesión por averiguar qué habría en el vientre de tu “Testigo del tiempo”.

―Cascajares y la histórica Comarca de Lara, ¿qué aporta este escenario a tu persona en el día a día?

―Me aporta calidad de vida, estar en contacto con la naturaleza, respirar puro y estar alerta a los cambios, a las estaciones; poder contemplar estos cielos, hacerme preguntas.

―Por algunos de tus WhatsApps, he llegado a pensar que te creías supervisora de los crepúsculos que se van sucediendo por estos entrañables lugares. Diríase que los hermosí- simos atardeceres, que las exhibiciones de la luna entre las copas desnudas, que los inefa- bles amaneceres transcurren solo para tus ojos y para tu sensibilidad.

―¿Qué es para ti la luz?

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2008.Sueño de luna

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―Es el sentido de lo que está compuesto el color, que es mi herramienta; es el movimiento de la vida.

―El color, tu herramienta Sabes, los pintores tenéis la obsesión por apropiaros de la ... luz.

―El color, tu herramienta

Sabes, los pintores tenéis la obsesión por apropiaros de la

... luz. Imitadores de Prometeo, la tomáis de su transcurso oscilante y, como los entomólogos hacen con los insectos, la sacáis de su contexto cósmico, y os dedicáis a emular a los dioses, tratando de mejorar lo que ellos crearon. Como si la Naturaleza no fuera para vosotros lo suficientemente perfecta y hermosa.

―¿Qué es para ti la vida?

―La vida es un río que nace y que muere en el mar, un recorrido inevitable, un mar de preguntas ...

―Eso: un mar de preguntas sin respuesta. Sabes, conmueve esta realidad tan debilitada en un escenario tan cargado de nostalgias heroicas, de hazañas y relatos que hicieron de estos lugares nuestra primera patria. ¿Qué representa para ti esta realidad, para serla tan fiel en el tiempo e, incluso, en el espacio?

―La fuerza y la belleza de la tierra que me atrae.

―Como bien sabes, antes de que tú la convirtieras en imágenes, en esos azules que plas- mas en tus recreaciones, tan obsesivos y envolventes, otros la elevaron a palabras, la trans- formaron en literatura, en poesía: “Días azules y dorados”, “colinas plateadas”, “cárdenos roquedos”, “tierras labrantías, como retazos de estameñas pardas”. ¿Te suena? A estas tie-

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2007.Testigo del tiempo.

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rras se asomó Machado cuando proyectaba inmortalizar la tragedia de los Alvargonzález. Y por sus caminos pasó también el viajero Azorín. Venía de Nebreda ―un mes de marzo como

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este, primaveral en ciernes, de 1912― donde había epilogado su libro “Lecturas Españolas”. Se dirigía a

este, primaveral en ciernes, de 1912― donde había epilogado su libro “Lecturas Españolas”. Se dirigía a Cidones, a la venta que “está en la carretera que va de Soria a Burgos”, es decir, la N-234, donde se erige tu “Testigo del Tiempo”, para ser inmortalizado ante el fogón de los Ruipérez (con la marmita que borbolla) por el poeta amigo.

―¿Qué esperas descubrir todavía en estos apartados rincones para perfección y beneficio de tu obra?

―Lo que me queda por expresarla, sumergirme en ella para pintarla mejor, sacar su esen- cia, sintetizarla y fundirme en ella.

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2003.Te acercas

O.L.46x92

este, primaveral en ciernes, de 1912― donde había epilogado su libro “Lecturas Españolas”. Se dirigía a

2018.Variaciones Guijarrón Óleo.Tabla

―“El campo se extiende ante mi vista ―dice el maestro de Monóvar―; se halla en la

―“El campo se extiende ante mi vista ―dice el maestro de Monóvar―; se halla en la pri-

mavera cubierto con el tapiz verde de los sembrados, roto acá y allá por las hazas hoscas,

negras, de los barbechos y eriazos

...

”.

Esto también debe de resultarte familiar porque está

en tus cuadros. ¿Actualmente cuál es tu obsesión artística más destacada? ―El agua, las nubes, y una implicación con los elementos ...

―A medida que la vida transcurre, uno lucha por desvelar a través de la realidad o a tra- vés de los sueños, que también son realidad, tantos misterios como a diario le asaltan: el

agua, las nubes, el vuelo de un gorrión

¿Y cuál es tu meta más inmediata?

... ―La inauguración de una exposición en Laredo, y otros proyectos sin concretar. ―Seguro que triunfa tu pintura una vez más. La haces tan exquisita, tan apetecible o,

dicho de otra manera, tan alejada de la severidad y la espereza que encierra el motivo en el

que se inspira ... ¿Qué tal te llevas con tu vecina la soledad? ¿Te gusta pasar
que se inspira
...
¿Qué tal te llevas con tu vecina la soledad? ¿Te gusta pasar a su casa o la
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2012 Río

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invitas a que venga a la tuya para compartir un café con cháchara o una partida de chincho- rro?

―Me llevo bien, y le preparo buena comida y buenos caldos.

―En cierta exposición que visité de Picasso, éste escribía palabras terribles sobre la so- ledad, si

―En cierta exposición que visité de Picasso, éste escribía palabras terribles sobre la so- ledad, si bien reconocía que gracias a las largas temporadas que había pasado en su sola compañía había conseguido llegar adonde había llegado. ¿Hay algún secreto en esta tierra que piensas que te queda por descubrir? ―Seguro que sí, es muy grande con muchos rincones por explorar. ―Grande en su espacio y más grande aún en su historia. ¿Qué es para ti la rutina? ―La acción que se convierte en un hábito…Y el hábito en virtud. ―Confiésame bajito algunos de tus miedos. ―La desilusión, la desesperanza, el desamor... ―¡Casi nada! A uno se le pone carne de gallina al oír semejantes palabras, males liberados un día de la caja de Pandora ...

―Cuba, China, París

...

¿Qué han aportado los viajes a tu pintura?

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2016.Nube de mujer

Óleo.Tabla.114x146

―Experiencia, conocimiento, libertad ...

―Tú, que te codeas a diario con el silencio, ¿le temes o ya lo has domesticado como a un amante que comenzó siendo rebelde?

―Ya es un aliado.

―El silencio necesario para que hable lo más elemental de nosotros, lo más profundo que quizá

―El silencio necesario para que hable lo más elemental de nosotros, lo más profundo que quizá encierra el misterio de lo que somos: De esto sabrán mucho tus vecinos, los monjes.

―Bernardo, Jorge, tú y este que te pregunta

¿A qué distancia te ves y te sientes de la

... María José de aquella tarde del 2007 en que nos conocimos?

―Distinta, mayor, pero muy parecida.

―Examinando tu currículum, diríase que ha transcurrido mucho tiempo desde aquella tarde, a la vista de tus logros y triunfos. A primera vista, me pareciste una chica resuelta que caminaba hacia sus propósitos sin ningún tipo de vacilación. Creo que no me equivoqué en esta apreciación. Tan amante de los zapatos como una Imelda Marcos, ¿conservas todavía aquellos que te probaste y adquiriste en presencia de los tres esa misma tarde?

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Página 102

2016.Sacando del cielo las estrella

Óleo.Tabla.60x60

―Si, preciosos botines pardos con tres botones de colores. ―Y seguro que en ese color pardo

―Si, preciosos botines pardos con tres botones de colores.

―Y seguro que en ese color pardo ves escrito algún bello recuerdo. Y en el mítico número

tres ...

¿En qué museo te gustaría ver colgado un cuadro tuyo?

―En muchos museos maravillosos

...

En los museos de las ciudades donde he vivido.

―Como a algunos, también a mí los museos me dan un poco de pena. Se me antojan jaulas. Como si las obras expuestas languidecieran lejos del tiempo y de los espíritus que les dieron la vida.

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2017.Cumbres borrascosas

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―¿Has sentido alguna vez sobre tu nuca el aliento pestilente de la envidia? ―No la he sentido pero si la he tenido cerca.

―En el caso del artista, los envidiosos serían los demonios enviados por los dioses para hostigarlo

―En el caso del artista, los envidiosos serían los demonios enviados por los dioses para hostigarlo y hacerle desistir de sus propósitos en cuanto que, como he dicho antes, trata de insistir en su labor creadora, algo que a todas luces les contraría. ¿Qué te ha dado la pintura que nunca esperaste que te diera?

―Cordura y locura, sentido, una profesión valiente y libre.

―Cordura y locura unidas suenan a perfección; valiente y libre, a epopeya. ¡Qué afortu- nada debes sentirte! ¿Tienes ínfulas por trascender más allá de tu tiempo vital?

―No, en este mi tiempo, sí.

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2009.Mirador

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―Se nota que estás a gusto contigo misma y con cuantos te rodean. ¿Has experimentado alguna vez angustia ante la belleza por no poder alcanzarla?

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Página 105 ―Muchas veces. ―Lo cual te da renovados bríos para seguir trabajando a fin de

―Muchas veces.

―Lo cual te da renovados bríos para seguir trabajando a fin de lograr tus objetivos. ¿Su- fres cuando pintas o más bien gozas?

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2010ÓNolde-Castaño
O.L.73x100

―Las dos cosas.

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Página 106 ―¡Qué gran afortunada! Por último, el monasterio de Silos, siempre tan exigente en todos

―¡Qué gran afortunada! Por último, el monasterio de Silos, siempre tan exigente en todos los aspectos, el artístico incluido, te ha reconocido entre sus elegidos. ¿Te sientes por ello profeta en tu tierra?

Página 106 ―¡Qué gran afortunada! Por último, el monasterio de Silos, siempre tan exigente en todos

―Si.

2013.Viaje al pais de la luna

Acrilico-Óleo-Tintas.Lino.180x90

―¿A qué te has obligado con este reconocimiento? ―A seguir pintando. Página 107 2014.luna de agua

―¿A qué te has obligado con este reconocimiento? ―A seguir pintando.

Página 107
Página 107

2014.luna de agua

Óleo.Lino.195x195

―En pos del misterio hacia la perfección. Y al lado, la felicidad. Que ésta sea, amiga mía, tu conquista definitiva.

―¿A qué te has obligado con este reconocimiento? ―A seguir pintando. Página 107 2014.luna de agua

Las preguntas las hizo Félix J. Alonso Camarero. Las respuestas las dio María José Castaño, pintora. Semana Santa de 2018.

ISLA DE LA GRACIOSA Ante mis ojos se abre la increíblemente cierta inmensidad de un pequeño

ISLA DE LA GRACIOSA

Ante mis ojos se abre la increíblemente cierta inmensidad de un pequeño cuadro ... es una
Ante mis ojos se abre
la increíblemente cierta inmensidad de un pequeño cuadro ...
es una marina,
una dulce acuarela de azules diversos e inevitables
que crece ante mis ojos
hasta hacerse,
hasta llegar a ser el amanecer de un cenote
que empezara en esta sala,
aquí, donde me encuentro,
acompañado de quien quiera que soy en cada instante,
y boqueo y movería en traveling mi pelo,
porque mis ojos ven cosas distintas cuando emerjo
hasta el cuadro que pone
sentido al sifón que atravieso,
a la feliz apnea que me trae hasta un lugar
que es igualmente distinto cada vez
que en él renazco,
que me hace sentirme vivo ...
...
no
quiero,
en realidad no puedo levantarme
...
:
Me oigo musitando:
Isla de la Graciosa
...
,
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2017.Mar de plata

Óleo.Lino.50x50

Castaño y una sonrisa me cruza el rostro y me oigo decir María José Castaño ...

Castaño

y una sonrisa me cruza el rostro

y me oigo decir

María José Castaño ...

...

el

milagro de azul;

oigo que digo.

18, 40 de 27 de marzo de 2.018 Jesús Barriuso Página 109
18, 40
de 27 de marzo de 2.018
Jesús Barriuso
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2016.Elementos del alma

Óleo.Lino.100x100

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Página 111 Tejer y destejer Triste mujer, tú que aguardaste tanto la lenta vuelta del cruel

Tejer y destejer

Triste mujer, tú que aguardaste tanto la lenta vuelta del cruel esposo que por los mares malogró su anhelo ávido y denso.

Desazonada en la quietud umbría del gineceo, mausoleo helado, decapitaron tu ambición de vuelo, alas castradas.

Siempre tejer y destejer la tela, siempre la duda de esperar sumisa o de rasgar enfurecida el peplo, ménade ardiente.

Abrir tu seno al encendido abrazo y que la entraña arrebatada estalle, abrir tus piernas al lascivo empeño, férvido asalto.

Diez años ya: tus compañeras lejos peregrinaron. Al palacio afluyen tras de tu aroma pretendientes fieros, lúbricas ingles.

No más tejer y destejer la duda:

si naufragó en el sortilegio glauco el rey ausente, tu lujuria incite y Eros se imponga.

Rememorando los primeros días de juegos dulces en la oscura alcoba, voluptuosas las doncellas besan lésbicos labios.

Reminiscencias del placer se alzan en tu memoria y en la carne táctil:

el adivino desveló que el gozo frágil domina.

Diez años ya: tus compañeras lejos peregrinaron. Al palacio afluyen tras de tu aroma pretendientes fieros, lúbricas ingles.

No más tejer y destejer la duda:

si naufragó en el sortilegio glauco el rey ausente, tu lujuria incite y Eros se imponga.

Tejer y destejer Triste mujer, tú que aguardaste tanto la lenta vuelta del cruel esposo que

Roberto López

Ñ © J. M.ª Izarra Página 112
Ñ © J. M.ª Izarra Página 112
Ñ
© J. M.ª Izarra
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Página 113 Fragmento de Plectropatia No quiero y ya ves, yo también me acabo a pesar

Fragmento de Plectropatia

No quiero y ya ves, yo también me acabo a pesar de aquellos muros que arrinconaban lo siguiente como anécdotas barrocas. “No sé”, respuesta prohibida en la escuela, se enrosca ahora y vuelve este yo-yo y se revela como la única verdad. “Pasajero ciego de un velero naufragado”, escribía, pero con la boca pequeña de los videntes que disfrutan del crucero exótico de la juventud. ¿Ves el muro como se rasga?, cualquier otro tema es vulgar, la vida, ahí está grandiosa, toda palabra la merma; el amor, es ciencia, o la nota en la esquina de un cuaderno cuadriculado diciendo “mañana a las tres”, lo demás es para ser recibido con el prisma de otros siglos. Demasiada simplicidad para poder entenderse sin el regusto dulzón de la ñoñería ilustrada. De qué voy a hablarte yo, si huyo de las comidas en manada porque veo migas en la comisura de las bocas en vez de complicidad antropológica, flemas y no risas; si me incomodan las formas básicas de la normalidad; veo en los niños tiranos; repudio los requisitos de la amistad; evito ampliar los limes de la complicidad; me sofoco con un te quiero; Insulto por lo bajo a los falsos solitarios que se agrupan como piaras consolidando los sistemas contra los que luchan. Me repugnan los que los critican, por el bufo paso sereno de quien no se sabe fallecido. Y huelo las grietas de la descomposición en los más sutiles indcios de su posibilidad:

una axila perfumada, [ ] ...

Fragmento de Plectropatia No quiero y ya ves, yo también me acabo a pesar de aquellos

Javi Martín Rodríguez

Vitaminas © J. M.ª Izarra Página 114
Vitaminas © J. M.ª Izarra Página 114
Vitaminas
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Página 115 Epifanía Y de repente, así, sin previo aviso, te ves frente a frente con

Epifanía

Y de repente, así, sin previo aviso, te ves frente a frente con la vida.

Sencillamente y aún no sales de tu asombro, porque es esa que has tratado de inventar mientras huías de ella y...;

y...;

ya no te vale de nada lo que hizo de ella, de ti mismo, esa caricatura que te cubre,

en la

que te escudas,

con la que reptas ... y...; no temas, no voy a decir que,

entonces, al tener esa certeza,

des por perdida la que te sirvió para evitarla,

¡que fácil sería!

...

:

borrón y cuenta nueva ...

Y te entran, te nacen de la entraña, unas ansias enormes de vivirla, con una curiosidad de niño, que no sabías que aún tenías ... quizás la única razón cierta para tratar de llenar de vida la vida, tan mentirosa ella.

Epifanía Y de repente, así, sin previo aviso, te ves frente a frente con la vida.

Jesús Barriuso

© J. M.ª Izarra Página 116
© J. M.ª Izarra Página 116
© J. M.ª Izarra
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Página 117 L´ultima volta Qué raro que, de pronto, vuelva hoy el recuerdo de aquella última

L´ultima volta

Qué raro que, de pronto, vuelva hoy el recuerdo de aquella última vez ―l'ultima volta, que dirías tú―, en el portal de nuestra amiga, después de la gran fiesta, y tras todas las fiestas que en honor de nuestros cuerpos celebramos durante ese feliz año sin tiempo. Y qué curioso, sí, que aquella noche, mientras nuestro jadeo se confundía en la escalera con el eco de los vecinos, los dos quisiéramos hacer creer al otro que no había llegado ya el final, y que el fin último de aquel trasiego de placer y mentira era el amor, un amor embustero y frágil como nosotros.

Al principio solías excusarte diciendo cada vez que esa sería la última; y más tarde lo hacías al fingir que no tendría fin. Ambas eran mentiras bellas pero tristes verdades, como nosotros mismos.

Aquella noche, apoyados contra una pared fría, y a oscuras, fue, en efecto, la última y al mismo tiempo la primera vez en que sentí el deseo de escribir un poema que hablase de todas esas veces que fui premiado con tu cuerpo, un poema del cual –por pudor o más bien por cobardía– me reservo el último verso.

L´ultima volta Qué raro que, de pronto, vuelva hoy el recuerdo de aquella última vez ―l'ultima

José Gutiérrez Román

© J. M.ª Izarra Pez Tizona Página 118
© J. M.ª Izarra Pez Tizona Página 118
© J. M.ª Izarra
Pez Tizona
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Página 119 Rapa Nui ¿A quién despedisteis, que al marchar, petrificó para siempre vuestros rostros? ¿A

Rapa Nui

¿A quién despedisteis, que al marchar, petrificó para siempre vuestros rostros? ¿A quién esperáis, tutelares vigías de infinito, que un día partió sin ningún adiós de vuestra patria ignota? ...

Mientras las nubes se aventuran inconstantes, caprichosas, por la bóveda azul, en los celestes campos del oceánico templo de la santa lejanía ...

Muy antiguo es vuestro vínculo con la vida y con la muerte, vigilantes sagrados ... en altiva posición guardando lo que debe permanecer guardado, silenciando lo que pertenece al reino del silencio ... impidiendo el paso del osado pie del hombre hacia las sendas que no deben ser pisadas ...

Heridos estáis, maltrechos por el paso de los siglos, pero leves os son vuestros pétreos quebrantos:

pues enhiestos, impasibles, servís a la Majestad y ésta os inunda, mientras el silencio sella vuestro designio egregio, antiguo como el mundo y sus estrellas.

Rapa Nui ¿A quién despedisteis, que al marchar, petrificó para siempre vuestros rostros? ¿A quién esperáis,

Miguel Ángel Barbero

Página 120 Jeroglífico: ¿Cómo se llamaba el sitio donde estuviste? © J. M.ª Izarra
Página 120
Página 120

Jeroglífico:

¿Cómo se llamaba el sitio donde estuviste?

© J. M.ª Izarra

Página 121

Página 121 Sombra Sombra. Amplia como la noche, interminable; eterna en su grandeza de alas desplegadas,

Sombra

Sombra. Amplia como la noche, interminable; eterna en su grandeza de alas desplegadas, inmensa en su brevedad. Un destello, un fulgor apretado nacido del resplandor que la luz restaña en el filo negro de la nube. El manto de viento y plata cubre la piel desnuda de la luna resplandeciente. Bajo la nube, atemorizado, el hombre alienta estertores de emoción. Rinde pleitesía al arroyo de formas palpitantes que empapa, sangre de la noche, la tierra, y abre surcos untuosos en sus entrañas cálidas. Recortada contra el cielo emerge la piedra mágica. Redimida de su prisión, ahora hecha viento, aire y esencia de libertad. Amor de luna, de luz de sombra; encuentro deleitable de brisas y silencios. Sombra retrocede, se oculta en su regazo, se protege y llora… El alba, apenas un instante. No es nada el alba. Amanece.

Sombra Sombra. Amplia como la noche, interminable; eterna en su grandeza de alas desplegadas, inmensa en

Carlos de la Sierra

(Cantos del Infinito. Canto III. Sombra)

Dandismo

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Dandismo Página 122 © © J. J. M.ª M.ª Izarra Izarra

© © J. J. M.ª M.ª Izarra Izarra

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Página 123 Confesión general Y, desde la historia aún no totalmente escrita de este instante efímero

Confesión general

Y, desde la historia aún no totalmente escrita de este instante efímero y concreto, quiero rememorar de nuevo todo aquello que me hizo temblar y sentir:

la levedad del ala, la belleza de un cuerpo, la ternura de un labio, la agonía de la luz, la rosa o el rocío, la significación de un capitel.

Aire o lluvia, azogue o arcoiris, trazo sutil, paisaje o pincelada, golpe de buril tallando una sonrisa, la audaz geometría de los pájaros insomnes, el delirio de las piernas que se cruzan como una invitación antes de rozar la apoteosis, la planitud del campo, recubierto por el frágil dibujo de la escarcha, el secreto que guardan los canteros románicos que esbozaron trazos y signos definitivamente modelados por la lluvia y el tiempo.

Un rumor de hojas espontáneas, el caminar de una mujer, un rostro ensimismado que después se desvanece tras los blancos visillos, la niebla o el cristal, un rezo, un hábito morado, el paso cauteloso que se oye en un claustro pletórico de arte y soledad, una conversación a cuatro o cinco voces sobre la acera humedecida de una calle desierta, la plenitud del surco, el nacimiento del albor, el oro fugaz de los rastrojos, esa mano que aprieta la tuya con inquietud y fuerza, esa risa que comparte tu risa en la proximidad de las fronteras, el sabor de las lágrimas amargas, la sangre, las afrentas, el dolor que corta las arterias con filos de metal, esa pupila enamorada que sigue el rastro de la luz crepuscular cuando se posa sobre la policromía de las vírgenes, el silencio compartido, un súbito rumor de espigas y de antílopes, un libro de poemas escrito con pasión y amor a las esdrújulas, un ritmo de senoides que se ofrecen, una boca, un temblor, un círculo de tiza, un gesto, una palabra, una asamblea de pináculos coronando la crestería gótica de un verso inacabable e inmortal.

Confesión general Y, desde la historia aún no totalmente escrita de este instante efímero y concreto,

Pascual Izquierdo