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EQUIPO EDITORIAL SECCIONES

Directora La revista DIAPHORA publica artículos, notas y re-


señas alrededor de las líneas de investigación de-
Dra. Verónica Peinado Vázquez rivadas de los cuatro centros de la institución y sus
programas académicos: Centro de Estudios de la
Consejo editorial Complejidad, Centro de Estudios de la Cultura, Cen-
tro de Estudios Educativos y Centro de Estudios para
Dra. Elsa Cross la Gobernanza. Dichas líneas son: Complejidad so-
(FFyL, UNAM) cioambiental, Sistemas complejos, Cultura y Socie-
Dr. Carlos Gay dad, Hermenéutica del Sujeto, Literatura y Cultura,
(CCA, UNAM) Grupos Operativos en la Enseñanza, Cooperación
Mtro. Regis Guenole Internacional, Estudios de Territorio, Administración
(El Colegio de Morelos) Pública.
Mtro. José Carlos Melesio
(DEH, INAH)

Consejo científico Sección temática


En esta sección se publican artículos de investiga-
Dr. Félix Duque ción relativos a una temática específica convocada
(Universidad Autónoma de Madrid) por el Consejo editorial. Los artículos deben conte-
Dra. Carmen Morenilla ner una tesis original o abordar de manera profun-
(Universitat de València) da una problemática. Son sometidos a dictamen si-
Dra.Françoise Davoine guiendo la modalidad de doble ciego.
(École des Hautes Etudes en
Sciences Sociales)
Dr. Edmundo Calva
(Instituto de Biotecnología, UNAM) Sección general
Dr. Ángel Xolocotzi La sección general se compone de artículos de in-
(FFyL, BUAP) vestigación con una propuesta inédita o una manera
Dr. Claudio Stern profunda de abordar alguna problemática derivada
(El Colegio de México) de las líneas de investigación de los diferentes Cen-
Dra. Lourdes Rojas Álvarez tros. La convocatoria es permanente.
(IIF, UNAM)
Dr. Pierrick Le Jeune (IPAG, Uni- Son sometidos a dictamen siguiendo la modalidad
versité de Bretagne Occidentale) de doble ciego.
Diseño editorial
Efraím Blanco
Debate
Formación Publica artículos y notas de divulgación, cuyo pro-
Gabriela Bedoya pósito es transmitir a un público amplio y no necesa-
riamente especializado ideas, conceptos y descubri-
Correción de estilo mientos sobre temas de actualidad relacionados con
Alejandra Fernández las líneas de investigación de la institución.
Reserva de Derechos al Uso
Exclusivo número 04-2017-
081413580400-203 e ISSN Reseñas
2594-0104, ambos otorga- Las reseñas no están limitadas a los libros de recien-
dos por el Instituto Nacional te edición sino a diversas formas de expresión artísti-
del Derecho de Autor. ca, tales como el cine, danza, pintura, etc. Asimismo
se aceptan reseñas de autor.

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ÍNDICE

Presentación.........................................................................................................7

Sección Temática

¿Qué quiere decir leer ? Un acercamiento a la lectura, uno de los caminos


Pascal David ......................................................................................................13

Un acercamiento a la poesía
Elsa Cross ..........................................................................................................27

La Odisea: testimono y curación de la locura


Verónica Peinado ...............................................................................................37

De Axkaná González a la Comisión Nacional de Libros deTexto Gratuitos


María de los Ángeles Petriz Elvira .....................................................................69

Sección general

Heidegger y el discurso ecológico


Luis Tamayo .....................................................................................................103

La alianza terapéutica hipocrática como fundamento de la clínica contemporánea


Alejandra Victoria Fernández Ávila ..................................................................125

Debate

Una catástrofe largamente anunciada y poco atendida


Antonio Sarmiento ...........................................................................................151

Reseñas

Gilberto Guevara Niebla. Poder para el maestro poder para la escuela.


México: Ediciones Cal y Arena, 2016, 264 p. ISNB: 978-607-9357-84-9
Germán Iván Martínez .....................................................................................175

Rose-Marie Mariaca Fellmann (2016). Erótica de la Transgresión.


George Bataille-Jacques Lacan. México: Editorial Herder, 229 p.
ISBN: 978-607-7727-55-2
Julio Ortega B...................................................................................................179

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LEER EL GRAN LIBRO DEL MUNDO

¡Asombrosos viajeros! ¡Qué nobles relatos


leemos en vuestros ojos profundos como los
mares! Mostradnos los joyeros de vuestras
ricas memorias. Esas alhajas maravillosas,
hechas de astros y de éter.

(Charles Baudelaire, “El viaje”,


Las Flores del mal, 1861)

Leer es un viaje. Viajamos, a la manera de Descartes, para


leer “el gran libro del mundo”. Dicho viaje es incierto y lo que
en él encontremos será único e irrepetible. Leer es un camino
donde es más importante el recorrido realizado que el objeti-
vo a alcanzar.
La fórmula de Parménides: “El camino (ὁδός: odós) jamás es
un método (μέθοδος: methodós)” muestra la derivación de
este último vocablo a partir del primero. La palabra “método”
(μέθοδος) adquirió el sentido conocido de “proceso, método
de investigación, doctrina”. Tal acepción, simplificada y hasta
banalizada, se arraigó en la ciencia como la única manera vá-
lida de adquisición de los conocimientos, y eso ha incluido a
las humanidades. El método y las teorías de análisis literario
tan socorridas en el ámbito universitario pretenden norma-
lizar el modo de acercarnos a la obra literaria con el fin de
evitar la multiplicidad de interpretaciones. Pretenden que el
interesado en el análisis de textos siga un camino inequívoco
en su acercamiento a la literatura. En muchos de los casos el
resultado es deficiente, pues, por un lado, sólo se acerca a la
parte técnica de la obra y, por otro, la convierte en un objeto
de investigación, dejando al lector como un observador ajeno
a ella.
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Acercarse a una obra literaria, consideramos, es optar por un
camino no transitado, un camino que conlleva incertidumbre,
arriesgándose a no saber lo que se encontrará. Un camino
que puede conducir a un encuentro más genuino entre el lec-
tor y la poiesis, uno que permita la emergencia de “la verdad
poética”, verdad que puede o no revelarse a cada lector, tal
como lo expresa de manera puntual Borges:
Un libro es un objeto físico en un mundo de objetos físicos. Y
entonces llega el lector adecuado, y las palabras —o, mejor,
la poesía que ocultan las palabras, pues las palabras solas
son meros símbolos— surgen a la vida, y asistimos a una re-
surrección del mundo. (Borges, Arte Poética, p.18)
La sección temática de este número inaugural está dedicada
a reflexionar sobre el acto de leer, no como un asunto mecá-
nico y obligatorio, sino como una posibilidad ontológica me-
diante la cual la literatura puede suscitar un encuentro entre
el lector y el mundo.
El artículo de Pascal David nos conduce, desde el enfoque
filosófico, a distinguir entre lo que significa leer y lo que quiere
decir leer, con este juego de palabras en castellano que per-
mite al autor mostrarnos que leer quiere decirnos algo a los
lectores, y dependerá de nosotros si lo escuchamos para así
poder dar sentido a nuestro mundo.
En el siguiente artículo, Elsa Cross reflexiona sobre los diver-
sos debates que históricamente se han suscitado en torno a
la poesía, relativos a su esencia y origen, a la relevancia y
singularidad del lector así como a la posibilidad que la poiesis
otorga a éste de llegar a un encuentro con su propio ser.
De mi autoría es el trabajo sobre la Odisea de Homero con el
cual he pretendido mostrar otro enfoque en la compresión de
esta épica, en la cual la idealización generalizada hacia los
griegos antiguos ha colocado un velo a la interpretación de
los actos de su personaje principal, concebido como un ser

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paradigmático digno de emular, y que nos impide observar
la locura y sufrimiento acaecidos al término de la guerra de
Troya.
Para terminar esta sección, María de los Ángeles Petriz nos
presenta un análisis no sólo de la obra literaria de Martin Luis
Guzmán y la realidad subyacente en ella, sino de la recepción
negativa que este autor ha tenido, sufriendo la censura de
sus novelas, primero por ser críticas del sistema de gobierno
postrevolucionario en México, después, por haber participado
a través de un cargo público con el gobierno y actores políti-
cos antes cuestionados. La autora reflexiona sobre la imposi-
bilidad de Guzmán de sustraerse del compromiso social que
lo condujo incluso a colaborar con un Estado autoritario.
En la sección general tenemos dos artículos, el primero de
Luis Tamayo, quien, revisando la obra de Martin Heidegger,
plantea el momento en el que el filósofo alemán inició un dis-
curso que posteriormente ha sido considerado como el inicio
de la lectura filosófica de la ecología. Plantea, a partir de con-
ceptos filosóficos, que el hombre vive bajo preceptos que lo
conducen a la catástrofe ambiental en la que se encuentra.
Muestra asimismo que los problemas globales ambientales
no podrán ser resueltos sin una posición meditativa del hom-
bre.
El ensayo de Alejandra Fernández revisa los orígenes de la
medicina occidental, haciendo un recorrido de la historia de
la medicina griega antigua, que evolucionó pasando de ser
una de las llamadas disciplinas irracionales a una téchne con-
cebida por Hipócrates donde la relación entre el médico y el
paciente es mediada por un método clínico que permite un
mejor diagnóstico y cura, todo ello como un antecedente in-
negable de la clínica actual.
En la sección llamada Debate se presenta el artículo de Anto-
nio Sarmiento, quien aborda un tema por demás importante y
urgente de conocer: el calentamiento global y sus evidentes
estragos. El autor hace una recopilación exhaustiva y actuali-

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zada de la información, lo cual nos debe apresurar a detener
la catástrofe global instando a los encargados de la toma de
decisiones a reconocer el problema en el que se encuentra
la humanidad.

Verónica Peinado
Cuernavaca, Morelos, junio de 2017.

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SECCIÓN TEMÁTICA

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Pascal David

¿Qué quiere decir leer ? Un acercamiento a la


lectura, uno de los caminos
What does reading mean?

Pascal David
Université de Bretagne Occidentale

Resumen
Lo que significa leer, es decir, el ejercicio de una actividad mecánica
en la cual la mirada observa signos reunidos que dan un signifi-
cado al texto, es diferente a lo que quiere decir leer. A partir de
la fenomenología podemos acercarnos a desentrañar lo que leer
quiere decirnos, en un ejercicio de interiorización y en un intento de
dar sentido al mundo.
Palabras clave: leer, ontología, significado, sentido, mundo.

Abstract
The meaning of reading, that is, the exercising a mechanical activity
in wich we observe a series of signes put together to give meaning
to a text, is different to what reading truly is. Through phenomenol-
ogy we can come close to unraveling what reading wants to tell us,
in an exercise of interiorization and an attempt to make sense of
the world.
Keywords: reading, ontology, meaning, sense, world

Si “un libro es un objeto físico en un mundo de objetos fí-


sicos”, ¿cómo puede ser que asistamos, leyendo, a lo que
Borges llama en su Arte poética “una resurrección del mun-
do”, cuando “las palabras —o mejor, la poesía que ocultan las
palabras surgen a la vida”? ¿Qué hacemos al leer, cuando
repasamos con los ojos los surcos trazados en una página,
semejantes a los que traza el labrador en el campo, a estas
hendiduras que se hacen en la tierra con el arado? Podemos
leer de izquierda a derecha, o también de derecha a izquier-
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¿Qué quiere decir leer?

da, como en árabe y en otras lenguas semíticas. Para mayor


inri, podemos escribir al revés lo que es escrito con normali-
dad de izquierda a derecha y leerlo luego con un espejo, in-
vertiendo lo invertido, a la manera de Leonardo da Vinci. Más
allá: en la escritura llamada bustrofedon, o sea un antiguo
tipo de escritura (por ejemplo en griego o etrusco) en la cual
la dirección de los signos se invierte a cada línea, volvemos
a hacer el mismo camino que los bueyes con la labranza:
de izquierda a derecha y después de derecha a izquierda, y
así sucesivamente: así los ojos vuelven a labrar la página.
Sea lo que sea, leer supone algo escrito en un soporte, y un
movimiento de los ojos recorriendo con la mirada, surcando
en una travesía, en un viaje interior que hace surgir y brillar
sentido a la luz del entendimiento. Como un alumbramiento,
en todos los sentidos, de la palabra.

La lección de lectura o Madre


y niño. Pieter Fransz de Gre-
bber. Donde el bebé mama el
pecho y la madre el libro.

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Pascal David

La afinidad entre las líneas sensatamente ordenadas de la


hoja de papel y los surcos regulares del campo no escapó
al escritor hispanolatino Prudencio, coetáneo de San Agus-
tín, hablando de los calami sulci, o sea, de los surcos tra-
zados por el cálamo. El buey labrando el campo antes de la
siembra, la mano que escribe, los ojos que leen y también
el espíritu que se instruye “cultivándose” vuelven a hacer el
mismo camino desde la noche de los tiempos, o por lo menos
desde la aparición de la escritura hace cinco mil años, apari-
ción a propósito de la cual se dice muy a menudo que de ella
arranca el paso de la prehistoria a la historia, cinco mil años
después del nacimiento de la agricultura. El mismo camino:
un camino abriendo al hombre un sitio o un espacio, un hogar
para su habitar laborioso “con el sudor de su frente”, para su
habitar laborioso y pensativo en la tierra. De hecho, el mun-
do de la latinidad antigua no olvida la metáfora de Cicerón
cuando forja la expresión cultura animi [=del espíritu] a partir
de la cultura agri o agricultura. El espíritu humano es como
un campo que sólo puede dar sus frutos cuando está cuida-
dosamente cultivado, en lugar de quedarse baldío, inculto y,
en este caso, bárbaro. Los textos latinos más antiguos hacen
constar la existencia del verbo latino colo (colere) en el doble
sentido de habitar y cultivar.
Leer, sencillamente para distraerse, para pasar el tiempo,
matar el tiempo —¿o leer para escapar de la barbarie? Ello
en el supuesto de que la posibilidad de leer sea otorgada a to-
dos gracias a la escuela, o sea gracias al ocio requerido para
instruirse. Las letras como humanidades en el despertar de
la civilización o en el Renacimiento. Las letras como material
que permite al ser humano forjar su propia humanidad —la
plenitud de su ser y también su humildad: el conocimiento de
sus propios límites.
Leyendo libros, pasamos páginas, hojas de papel, deshoja-
mos los libros, seguimos en contacto con el mundo vegetal.
Libro, del latín liber, que significa primitivamente la parte inte-
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¿Qué quiere decir leer?

rior de la corteza de las plantas que los romanos emplearon


como papel. Leyendo, echamos raíces en la tierra, echamos
raíces en el mundo. Dice Heidegger, al final de su Carta so-
bre el humanismo, que el pensar “traza en la palabra surcos
(Furchen en alemán) apenas visibles”: “son aún más tenues
que los surcos que el campesino, con paso lento, abre en el
campo.”
No tengo la pretensión de saber lo que leer quiere decir. Pero
podemos buscarlo, buscando las palabras adecuadas para
decirlo, intentando ir directamente al grano, como se suele
decir. Por lo que a mí respecta, quisiera abordar nuestro tema
—lo que leer quiere decir— no de manera lingüística sino fe-
nomenológica, destacando el fenómeno, lo que aparece sin
saltar a la vista. Me gustaría destacar lo fenomenal en el fe-
nómeno que ocurre cuando leemos.
¿Qué quiere decir leer? Si nos atenemos a lo que sabemos,
nosotros sabemos muy bien lo que leer significa, y lo que.
quiere decir. Leemos libros. Asistimos a conferencias donde
se trata de libros, de la lectura, del leer. Vivimos en el mundo
de los libros. Frecuentamos librerías. Compramos libros que
leemos o no leemos. Algunos de nosotros somos muy leídos
en el sentido de que hemos leído muchos libros, un montón,
un mogollón de libros. Durante mucho tiempo, los hombres
no dispusieron de libros o de muy pocos libros. Hoy estamos
agobiados por los libros. Hay demasiados libros. El filósofo
Leibniz, aunque fuese un bibliotecario y un gran genio en-
ciclopédico, vio en el exceso de libros de la Edad Moderna
la posibilidad de una nueva forma de barbarie, cuando de-
masiados libros matan al libro. Leer más, más y más no es
forzosamente sinónimo de leer mejor. Pero no quiero irme por
los cerros de Úbeda: volvamos a nuestro tema.
Yo no sé lo que quiere decir leer. Por eso quiero buscarlo con
ustedes. Estoy siguiendo a los libros para aprender lo que
leer quiere decir. Pero tengo la sospecha de que leer podría

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Pascal David

aprenderse de otra manera que leyendo libros, o quizás en la


medida en que se refleja en los libros donde leemos “el gran
libro del mundo”.
Intentaremos diferenciar lo que significa la palabra leer y lo
que leer quiere decir, aunque existan opiniones diferentes so-
bre si esta distinción es necesaria. Lo que “leer” significa ya lo
aprendimos, que yo sepa, con la práctica, con el aprendizaje
de la lectura: juntar elementos: letras que forman sílabas, sí-
labas que forman voces, voces que forman frases, pronun-
ciando los signos de un texto interpretándolos, y por lo tanto
interpretándolo, despejar o despertar sentido. Lo que “leer”
significa se refiere naturalmente a los signos, a una significa-
ción. Si leemos sin prestar atención al hecho de que leemos,
no leemos propiamente, sino que balbuceamos. Así no da-
mos pie con bola.
La lectura es la condición de posibilidad de la lección, y está
la de la escuela como lugar aleccionador, como institución
creada para instruir en el marco de la instrucción pública. (En
España, desde la ley de Instrucción Pública, conocida como
Ley Moyano de 1857. La instauración de la instrucción públi-
ca podría ser un signo anunciando el advenimiento de la res
publica o república.) Las cosas que deben leerse, que se leen
se llaman leyenda (del latín legenda) y forman “la leyenda de
los siglos” a la cual se supone que la escuela da acceso. Un
pueblo tiene necesidad de su leyenda para orientarse y llevar
a cabo su propia historia.
Comprender lo que “leer” significa, en qué consiste lisa y lla-
namente la operación de la lectura, lo aprendimos en los ban-
cos de la escuela primaria, cuando y donde, en los “buenos
tiempos”, la letra con sangre entra —como en el dibujo de
Goya titulado La letra con sangre entra o Escena de escuela
(Museo de Zaragoza/España), donde se puede ver una críti-
ca de Goya a la educación de su época. En cuanto a saber lo

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¿Qué quiere decir leer?

que “leer” quiere decir en la plenitud de su sentido, eso puede


requerir y exigir el trabajo de toda una vida. Leer toma tiempo
y requiere paciencia. Por lo tanto, y dicho sea de paso, la
propia idea de una “lectura rápida” hoy de moda para facilitar

La letra con sangre entra o Escena de escuela Francisco de Goya. Se


puede ver aquí una crítica de Goya a la educación de su época

la comunicación en la “aldea global” — en detrimento de la


transmisión que toma tiempo y da tiempo al tiempo — cons-
tituye un contrasentido grave sobre la esencia de la lectura.
Los surcos que el campesino abre en el campo, los abre con
paso lento.
Hay leer y leer. Acostumbrados a la “lectura rápida” que se
contenta con “recoger”, o sea, en este caso “almacenar” in-
formaciones que pueden convertirse inmediatamente y auto-
máticamente, informativamente, en “datos digitales” del or-
denador o computadora, o sea, en un cálculo, haciéndolo sin
miramientos para el pensar meditativo que busca sentido y
no solamente darse cuenta, echar cuentas, quizás ya esta-
mos hoy perdiendo el sentido profundo de lo que leer quiere
decir. Hay leer y leer: no leemos una página de Cervantes, di-

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Pascal David

gamos, de la misma manera en que “leemos”, eventualmente


en diagonal, una página de tal periódico o periodicucho de
cuyo nombre no quiero acordarme.
¿Quién puede saber lo que leer quiere decir? Sólo el leído. Y
para ser leído, no basta haber leído, ni siquiera haber leído un
montón, un mogollón de libros. No basta la sola acumulación
de lecturas, aunque sea en la “biblioteca de Babel”, si no nos
dejamos transformar por ellas. El drama de la mayor parte de
los intérpretes, según Heidegger, consiste en eso: que no se
dejan decir nada por lo que interpretan. Leer es dejarse inter-
pelar por lo que leemos.
A veces empezamos verdaderamente a saber leer en el mo-
mento en que nuestras propias fuerzas declinan, cuando es-
tamos perdiendo la vista: cuando ya no podemos descifrar un
texto. Así ocurrió al gran lector que fue el escritor argentino
Jorge Luis Borges antes de haber alcanzado la cumbre de su
arte. Pero el lector muy leído que ya no puede descifrar un
texto no cesa por esto de disponer de su poder de leer, en
un sentido más profundo y misterioso, ciegamente; en una
especie de ceguera sin ceguera, como un vidente que no ve.
El que ya ha visto suficiente ya no necesita ver. Un ser leído
sigue estando ensimismado por la lectura aunque se quede
ciego —ensimismado por la lectura y en los libros como en
su propia ceguera. En qué medida se encuentran el leer y el
ensimismarse, en qué medida el leer o la lectura despierta y
desarrolla el sí mismo del ensimismarse, eso queda por de-
mostrarse. Sea lo que sea, la figura del poeta ciego preocupa
a la literatura occidental desde Homero.
Lo que leer significa ya lo sabemos. Y si no lo sabemos, basta
con abrir un diccionario para aprenderlo. Bien, ¡hagámoslo!
Abriendo el Diccionario de Autoridades, publicado entre 1726
y 1739 por la Real Academia Española como “Diccionario de
la lengua castellana en que se expliqua el verdadero sentido
de las voces”, podemos descubrir —leyendo— como defini-
ción lo siguiente: pronunciar lo que está escrito, o repasarlo
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¿Qué quiere decir leer?

con los ojos. Pronunciar … o repasar …: ya estamos en pre-


sencia de dos sentidos. Se encuentran además otras signi-
ficaciones: enseñar públicamente alguna ciencia o facultad;
comprender y penetrar el interior de alguno: “Atónita la Mon-
ja, viendo que la Madre la había leído todo su corazón, se
arrojó a su pies, dándole las gracias de haberla sacado del
abysmo de sus tristezas”. Diversos sentidos referiéndose a
las palabras latinas legere, docere y callere (o sea: leer, en-
señar, ser astuto o sagaz). Por lo tanto, no hay un único “ver-
dadero sentido” de la voz “leer”, sino varios. Se puede “leer”
también algo en los ojos, podemos leer la cara, los labios, y
también “entre líneas”. Podemos leer la hora, un plano, una
partitura, leer el futuro en las líneas de la mano, y podemos
leer a alguien la cartilla. Los arúspices etruscos “leían” las
entrañas de un animal sacrificado para obtener presagios en
cuanto al futuro. El vocabulario de la escalada en roca habla
de la “lectura” de la roca. La lectura de la roca consiste en
dibujar con la mirada un itinerario posible para el escalador.
En el vocabulario filosófico se llama una constructio mentalis.
Conviene repasar cuidadosamente las etapas de la “curva
semántica” —como dice la lingüística— de la voz “leer”, o
por decirlo de otra manera, seguir caminando sobre la senda
marcada por su “curva semántica” dejando brotar el camino
del sentido cuando el sentido se hace camino. Seguir cami-
nando sobre la senda marcada, porque, como sabía el poeta
Antonio Machado:

caminante, no hay camino,


se hace camino al andar.

Lo que podemos pronunciar cuando sabemos leer, en primer


lugar hace falta poder “repasar[lo] con los ojos”. Referido a
signos escritos o impresos, “leer” significa pasar la vista o
el tacto por ellos para entender su significado. La vista o el
tacto: cuando se queda uno ciego, puede aprender a leer en

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Pascal David

Braille. Según Diderot en su Carta sobre los ciegos al uso de


los que ven, los ciegos ven con la piel. O sea gracias al tacto.
Según Descartes, “ils voient des mains”, “ven con las manos”.
Los ciegos leen a flor de piel. Leer puede hacerse con la voz,
en voz alta, o con la piel, o con los ojos pero en una mirada
sin voz: silenciosamente. Repasando con los ojos lo que está
escrito sin pronunciarlo. Se sabe que la práctica de la lectura
silenciosa arranca de los principios de la Edad Media. En el
libro VI de sus Confesiones, San Agustín cuenta cómo, con
gran asombro suyo, vio a San Ambrosio leyendo silenciosa-
mente, tacite: callándose:

Sed cum legebat, oculi ducebantur per paginas


et cor intellectum rimabatur, vox autem et lingua
quiescebant.

Cuando leía, recorrían sus ojos las páginas


cuyo sentido se tomaba a pecho encontrar,
pero callaban su voz y su lengua.

Eso ocurre al final del siglo cuarto de nuestra era. No basta


decir que la práctica de la lectura silenciosa arranca al princi-
pio de la Edad Media. Lo que tenemos que decir es que asis-
timos así al nacimiento de la Edad Media con el surgimiento
de una nueva manera de leer, o sea de relacionarse con lo
que está escrito. Por lo tanto, este cambio en la manera de
leer, o sea de la lectura en voz alta a la lectura silenciosa
(tacite legendi), marca el paso y la ruptura entre dos épocas,
entre la Antigüedad y la Edad Media. Por supuesto, el paso
de la lectura en voz alta a la lectura silenciosa no se deja
datar con precisión como la conversión de Constantino en
el año 313 o la caída del Imperio romano de Occidente en
el año 476. No pertenece a los acontecimientos según el re-
cuento histórico del tiempo, sino a aquellos acontecimientos
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¿Qué quiere decir leer?

de los cuales Nietzsche dijo que llegan auf Taubenfüßen, “a


paso de paloma”, sin avisar, o como se dice en México, “sin
decir aguas”. Un cambio tal, de este alcance, Heidegger no
lo declara solamente histórico sino historial, dotado de una
profundidad cualitativa.
Sin embargo, se ha roto así el encanto de la palabra antigua
inseparable del canto, de su vibración sonora, como en el
mito de la ninfa Eco quien, al morir, acabó por ser la voz en
la cual se convirtió: la lectura griega (de una palabra que no
puede ser otra más que griega) es estrechamente solidaria
con la repercusión sonora, del re-nombre del nombre, de lo
que los griegos llaman su kleos —y por lo tanto de su rela-
ción con la música, entendida como dimensión de la Musa
encantando. Llamar: nombrar y lanzar un llamamiento. Pero
este cambio haciendo su duelo de la lectura en voz alta no
consiste sencillamente en “pasar página” en el gran libro de
la Historia. Ruptura quiere decir aquí profundización de lo que
está en juego en la lectura.
De hecho: si prestamos suficiente atención a la historia de la
voz “leer”, a su senda marcada, nos damos cuenta de que se
desarrolla como una interiorizacion de lo que está en juego
con el leer pasando del pronunciar a repasar con los ojos, a
abarcar con la mirada y sin voz lo que está escrito. La Edad
Media quiso ser una edad de interioridad, caminando o pe-
regrinando del foras al intus, del fuera al dentro, volviéndose
hacia el homo interior y encargándose de él. Así se vuelve la
lectura un ejercicio espiritual, una meditación, del dicho al pe-
cho. La intelección del intelecto se entiende en la Edad Media
como intus lectio, o sea lectura (recogimiento) de lo que está
por dentro de nosotros. El camino medieval va de la voz a los
ojos repasando lo que está escrito, y de los ojos al corazón:

vox / oculi / cor


o sea: voz / ojos / corazón

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Pascal David

El “corazón” designa aquí lo que se recoge en el ser humano


en cuanto a lo esencial. Sin embargo, vuelve a encontrar así
el primer sentido de leer en la antigüedad —el leer como re-
cogimiento, no obstante existía en aquel entonces la plenitud
sonora de la palabra. El leer como recolección de sí mismo.
Así, el recogimiento en cuestión no se confunde con un alma-
cenamiento.
Leer viene del latín legere: coger, recoger, recolectar, y a par-
tir de ahí: leer. Podemos leer en la medida en que podemos
ensamblar [en este caso: letras] con los ojos, en latín legere
oculis. Aquí no hay únicamente un movimiento de los ojos
que repasan lo escrito, sino un gesto del ser humano reco-
giendo, en lo que está escrito, algo que da un sentido a su
presencia en el mundo y a su propio ser: en-si-mism-arse. El
sentido surge y brota de la recolección, de la cosecha de lo
que es, se encuentre escrito o no.
Así, todavía no sabemos lo que “leer ” quiere decir, aunque
podamos tener una corazonada de la riqueza que se alber-
ga en este gesto de recogimiento del sí mismo del mundo.
Leemos el mundo si logramos ensamblarlo dándole sentido.
Leemos “el gran libro del mundo” en la medida en que este
“gran libro” nos lee.
Básicamente, sólo puede leer un ser capaz de articular el
mundo de los fenómenos, lo que aparece, lo que se da, lo
que se encuentra, según una discursividad primordial, cuan-
do el mundo se hace discursivo. O cuando lo visible se hace
legible. La lectura siempre presupone la legibilidad del mun-
do. Podemos leer, buscando sentido en el mundo y en nues-
tra presencia al mundo, porque el mundo es legible, porque
lo visible se deja convertir en lo legible. Lo legible se hace ver
en el mundo que aparece, que surge en su “re-surrección”,
como dice Borges.

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¿Qué quiere decir leer?

El ser en el mundo que presupone la lectura pertenece a las


estructuras que el pensamiento de Heidegger llama, entre
otras, las estructuras ontológicas de la existencia, como la
palabra, el ser con (el prójimo), el ser hacia la muerte, todo
eso en el mundo de la “preocupación”, del tener que ser (y de
sí mismo), y sólo por lo tanto del tener que hacer en los así
llamados “quehaceres”. Tanto si me gusta como si no, tengo
que ser el (o la) que soy. Resulta que nos encontramos en el
mundo, como muchos otros seres y muchas otras cosas que
nos rodean y que se encuentran también en el mundo. Pero
eso no basta para determinar la especificidad de la existencia
entendida como manera específica, para el ser humano, de
desplegar su propio ser. Vivimos en el mundo como todos
los seres vivos, y tenemos que existir en él, o sea, desplegar
nuestro ser, tenemos que ser en él y en la convivencia con
otros. Tenemos que desplegarlo en la dimensión del tiempo,
desde la cuna hasta la tumba, desde el nacimiento hasta la
muerte. El ser humano es un ser al que le va su ser en su
ser mismo. Leyendo intenta cada uno entender juntamente el
mundo al cual pertenece y a sí mismo, abriéndose al mundo,
caminando hasta su sí mismo. Leer, o dejar que el mundo se
haga sentido. En eso consiste exactamente, al fin y al cabo,
lo que llamo lo fenomenal en el fenómeno de la lectura: la
aparición del mundo en su posibilidad de ser leído, de su le-
gibilidad, de ser un mundo portador de sentido. Así puede el
ser humano desenvolverse gracias a los surcos, a las huellas
de su presencia en el mundo. La escuela es el aprendizaje de
la legibilidad del mundo.

Referencias

Borges, J. ( 2001). Arte poética. Barcelona. Editorial Crítica.


Cicerón (2005). Disputas tusculanas (II, 13). Madrid: Gredos.
Diderot, D. (2002). Carta sobre los ciegos. Valencia: Fundación ONCE y
Editorial Pre-Textos.
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Pascal David

Heidegger, M. (2000). Carta sobre el humanismo. Madrid: Alianza Editorial.


Leibniz, G. W. (2007). Obras filosóficas y científicas. Granada: Comares.
Prudencio Clemente, Aurelio (1997). Obras. Madrid: Gredos.
San Agustín (2010). Confesiones. Madrid: Gredos.

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Elsa Cross

Un acercamiento a la poesía1
An approach to poetry

Elsa Cross
FFyL, UNAM

Resumen
Más allá de los elementos formales que cambian a través de las
épocas, la creación artística contiene una esencia. En el presente
trabajo se exploran los elementos relativos al origen y la naturaleza
de la poesía, los cuales, a su vez, remiten a la función del poeta,
al papel activo del lector y a las posibilidades personales de acer-
carse a ella en la comprensión del propio ser.
Palabras clave: poesía, ontología, hermenéutica, técnica, esencia

Abstract
Far beyond the formal elements that change through time, the
artistic creation holds an essence. This text explores the elements
related to the origin and the nature of poetry, wich, in turn, refer to
the role of the poet, to the active role of the reader and to the per-
sonal possibilities of approaching it in the understanding of one’s
own being.
Keywords: poetry, ontology, hermeneutics, technique, essence

Qué es la poesía es lo primero que se pregunta alguien que


desea acercarse a ella con fines de estudio, de lectura o de
escritura, y tendrá problemas antes de encontrar una res-
puesta. Aun los poetas rara vez hallaron una definición que
pudiera definir de manera satisfactoria el ser de la poesía, y
de hecho, la labor del poeta no es dar definiciones; el poeta
dirá qué es la poesía en sus poemas.

1 Del libro inédito La experiencia poética. [Derechos reservados]


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Un acercamiento a la poesía

Según las épocas, la poesía ha estado circunscrita al uso de


determinados ritmos o métricas, rimas o límite de versos; o
bien, ha gozado de una completa libertad formal, como en
nuestro tiempo; sin embargo, hay algo más allá de las formas
que es lo que permanece aun cuando ciertas técnicas cam-
bian, se sustituyen o pierden su razón de ser. De acuerdo a
los filósofos, lo que permanece siempre en una cosa es su
esencia. Y así como podemos inferir que lo esencial de la
condición humana, lo que constituye de un modo permanente
su ser, no es alterado por factores externos, tengan éstos que
ver con cuestiones de ideología, de actividad, de género, de
clases sociales o de religión, así también la esencia última de
la poesía no se modificará por la diversidad de las formas que
haya asumido a través de la historia.
Saint-John Perse afirmaba: “toda creación del espíritu es,
ante todo, ‘poética’”. Al decir esto acaso tenía en mente el
origen de la palabra ‘poesía’, que viene de poiésis, que en
griego significa hacer, fabricar, crear. La poesía, que es fun-
damentalmente palabra, creación verbal, es acaso la mani-
festación más inmediata del espíritu; Martin Heidegger dijo
incluso que la poesía es “la fundación del ser por la palabra”.
Históricamente tenemos que la poesía es anterior a la filosofía y
a la ciencia, y tanto la filosofía como la ciencia y las diversas artes
literarias imitaron en sus orígenes el lenguaje de la poesía. Si re-
cordamos que los primeros físicos, filósofos e historiadores grie-
gos escribían sus tratados en verso, pudiera decirse que la poe-
sía es el habla primigenia. “Los hombres de la infancia del mundo
fueron por naturaleza poetas sublimes”, decía Giambattista Vico,
filósofo italiano del siglo XVIII, quien explicaba que la poesía fue la
primera forma de sabiduría que tuvo el ser humano, antes de de-
sarrollar una capacidad de raciocinio lógico. La sabiduría poética
estaba hecha de fantasía, dice, de sensibilidad. Nacía del horror
y la maravilla ante los hechos naturales cuyas causas el hombre
no podía explicarse y atribuía así a dioses o fuerzas mágicas. La
poesía era su lenguaje natural.

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Elsa Cross

La antropología ha comprobado posteriormente cómo en


muchas sociedades arcaicas la poesía ha sido inseparable de
la música y las danzas rituales; es también el lenguaje con que
se invoca a los dioses, con que se hacen y deshacen conjuros
y se propicia la lluvia, la abundancia y la salud. El hombre
primitivo poseía, al igual que los niños, una mayor percepción
poética del mundo porque estaba en un contacto estrecho
con la naturaleza. Ese contacto, el hombre contemporáneo lo
pierde cada vez más, pero la poesía persiste.
Para Aristóteles toda creación artística era una imitación de
la naturaleza. No debe parecer simple esta definición, ni tam-
poco caduca. Interpretada en un sentido literal, podría corro-
borarse con la pintura y la escultura del pasado. Los esculto-
res griegos y renacentistas imitaron a la perfección el cuerpo
humano; lo mismo los pintores, que además reprodujeron en
sus lienzos mares, cavernas y montañas; animales, sátiros
y dragones; reyes y dioses: seres que pueblan la naturaleza
real o imaginada, pero que son formas reconocibles. Nadie
puede dudar que en La Gioconda Leonardo pintó una dama y
un paisaje que está en segundo plano; que ‘imitó’ los rasgos
de una dama y un paisaje; así como Paolo Ucello imitó otras
imágenes o inventó los rasgos que reproducen a San Jorge,
a la doncella y al dragón. Son figuras reconocibles, aunque
los dragones no existan. Es conocida la anécdota de Zeuxis,
pintor griego del siglo V a. C., quien pintó unas uvas tan per-
fectas que los pájaros llegaban a picotear la tela. ¿Pero qué
sucederá con la pintura abstracta en la que no es posible re-
conocer ni una sola forma de la naturaleza o la realidad que
percibimos ordinariamente? ¿Sigue siendo una imitación? Sí,
si consideramos que lo que el artista imita no son solamente
las formas obvias y visibles de la naturaleza sino sus proce-
sos mismos de creación.
Muchos poetas han dicho que no son ellos los verdaderos
autores de su obra sino un simple receptáculo. En el diálogo
de Platón titulado Fedro, Sócrates conversa con Fedro a la
orilla de un río, y le dice que el poeta es sólo intérprete de los
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Un acercamiento a la poesía

dioses. Tenemos también la idea clásica de las musas que


inspiran el canto del poeta, y una expresión moderna de ella
la encontramos en Jorge Luis Borges, quien dice que toda
obra escrita es sólo traducción. Es decir, el poeta interpreta o
traduce aquello que el espíritu —su propio ser— o la natura-
leza le revelan.
Esto permitiría hacer a un lado la vanidad del logro personal
y considerar que cada poeta es sólo una voz distinta de la
poesía, que es la poesía la que habla a través de los poetas.
El poeta puede olvidar su nombre y transformarse sólo en
una voz. Saint-John Perse dijo al recibir el Premio Nobel: “He
aceptado para la poesía el homenaje que aquí se le rinde, y
me apresuro a restituírselo”.
No obstante, ese receptáculo que es el o la poeta —si acep-
tamos esta idea—, son sólo seres individuales, y aunque la
poesía les revelara, bajo su luz específica, ya sea minucias
cotidianas o grandes misterios, en sí mismos los poetas no
podrán trasponer los límites de su individualidad: son seres
humanos y como tales están inmersos en el devenir, en el
acontecer de todos los días. Por la poesía acaso vivan con
mayor intensidad todo lo humano; pero mientras más fieles
sean a su propia experiencia individual, mayor universalidad
alcanzará su obra, pues aceptando una visión holográfica, en
cada uno de nosotros está presente la humanidad entera.
Así, cuando el poeta dice “yo”, cuando habla en primera
persona, ese “yo” será potencialmente el de todos. “Cantor
de la tribu” ha sido una de las definiciones —de Mallarmé y
Pound— de la función del poeta. Tanto las grandes gestas
épicas como el acontecer íntimo, una vez traducidos al
lenguaje de la poesía se vuelven intemporales, del mismo
modo que el “yo” del o de la poeta se vuelve impersonal.
Por virtud de la poesía el poeta tiende un puente entre él
mismo y el universo. Su canto —si nos volvemos a una visión

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Elsa Cross

tradicional— puede nutrirse de la contemplación cotidiana


de un mundo lleno de contingencias y de azar, pero también
del esplendor y la belleza; se nutre también del sueño y la
embriaguez —como decía Nietzsche-—, de la gracia y de la
intuición de aquellos estratos más profundos del alma y el
sentido; del éxtasis y la locura, de la contemplación, de la
muerte, del dolor, del amor. Son las mismas vías que han
conducido a poetas de todos los tiempos a descender a los
infiernos y a ascender a los cielos de su propia mente.
Uno de los mitos fundadores de la poesía habla de la famosa
figura de Orfeo, cantor tracio, sacerdote o hijo de Apolo, quien
le otorga el don del canto. Al pulsar su lira, Orfeo conmueve
a la naturaleza entera, da oído a los árboles y a las fieras sal-
vajes, como dice Rilke en el primero de sus Sonetos a Orfeo,
con una imagen extraordinaria: “les construye un templo en
el oído”. Y un hecho fundamental en el mito de Orfeo es su
descenso al inframundo. En la historia de las religiones, don-
de también es importante esta figura, el descenso tiene un
sentido diferente del que le asignó la imaginación popular que
quiso ver a Orfeo en los infiernos tratando de rescatar a su
amada: los dioses subterráneos le permiten sacar a Eurídice
del Hades, región de los muertos, con la advertencia de que
no habrá de volverse para mirarla hasta salir a la luz; pero
en el último momento, Orfeo vuelve el rostro y Eurídice se
desvanece para siempre. Cuando él sale del Hades su canto
alcanza la perfección.
Muchas veces encontraremos la imagen órfica del poeta en
los infiernos. “Yo soy Arnaut, que lloro y voy cantando”, dice
a Dante, en su paso por el purgatorio, este poeta provenzal,
Arnaut Daniel, creando una de las más bellas imágenes del
poeta, que extrañamente se encuentra, en un contexto to-
talmente distinto, en el fresco teotihuacano que se conoce

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Un acercamiento a la poesía

como “Paraíso de Tláloc”, donde un poeta aparece entrando


a esa región de los muertos con el signo de la palabra y una
lágrima.
Con frecuencia los poetas encontraron “su mayor grandeza en
su mayor dolor”. Pero Dante cursará infiernos y purgatorios,
para ser conducido finalmente por Beatriz ante la presencia
divina. Y otros poetas como Hölderlin, Novalis, o Ramón López
Velarde, entre nosotros, han seguido esa huella y buscan a su
amada más allá de la muerte. ¿Qué sentido tiene el símbolo
del descenso al inframundo? Para los poetas puede represen-
tar, entre otras cosas, una inmersión en la cara oscura de la
realidad y de su propia mente; la “otra orilla”, los aspectos sub-
terráneos, incomprensibles, inconscientes, que para nada son
ajenos a la poesía, porque constituyen justamente su sustrato:
el poeta desciende a las profundidades de su propio ser.
Entre los celtas una experiencia similar era la prueba final
para que un aspirante se convirtiera en bardo. En la cima de
una montaña, en un lugar especialmente designado, el poeta
en ciernes debía pasar en vela toda una noche, en la que
supuestamente lo asaltarían visiones terribles y se decía de
él: “Bajará loco o bajará cantando”. Ésos eran los efectos que
podía producir la experiencia: o desencadenaba la locura en
aquellos que no podían soportarla, o despertaba la facultad
del canto en un nivel extraordinario.
El terror no se relaciona necesariamente con lo grotesco o lo
monstruoso; con frecuencia está revestido de gran belleza
y solemnidad. “Todo ángel es terrible”, dice Rilke. Lo terrible
es un atributo de la divinidad, y muchos poetas, Octavio Paz
entre ellos, han hecho notar la semejanza que hay entre
la experiencia poética y la experiencia mística. En las dos
alienta el misterio tremendum, lo sobrenatural, lo sagrado, el
temor y el temblor. En este ámbito no podrá precisarse si la

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Elsa Cross

poesía revela al ser o si es una revelación del ser la que hace


surgir la poesía con toda su fuerza.
Algo semejante ocurre en relación con el amor. “Los primeros
en advertir el origen común de amor, religión y poesía, fueron
los poetas” (p. 135), dice Octavio Paz (1972) en El arco y la
lira. Y prosigue:

Las tres experiencias son manifestaciones de algo que


es la raíz misma del hombre. En las tres late la nostalgia
de un estado anterior. Y ese estado de unidad primordial,
del cual fuimos separados, del cual estamos siendo se-
parados a cada momento, constituye nuestra condición
original, a la que una y otra vez volvemos. Apenas sabe-
mos qué es lo que nos llama desde el fondo de nuestro
ser (p. 136).

Esa búsqueda, cuyas huellas podemos rastrear por todas las


épocas y tradiciones, es lo que constituye otro de los grandes
temas de la poesía, el amor, que posee matices tan ricos y
variados que otra vez tendríamos que atender a aquello que
permanece a través de las formas cambiantes: tendríamos
que buscar la esencia.
Es una misma fuerza la que anima la sensualidad de los poe-
tas griegos y la de los latinos, que exaltaron los impulsos or-
giásticos; la que anima a los trovadores provenzales y a Dan-
te, que renuncian al amor físico para sublimar el sentimiento;
o más tarde, la que se encontrará en los primeros románticos,
que con frecuencia vieron el amor como inseparable de la
muerte, y aun a la muerte como el más alto cumplimiento del
amor; y está presente en nuestra época, en que el amor se
libera del fardo de convencionalismos y prejuicios para re-
cobrar su impulso natural. En cada caso eros está presente.
Lo empobreceríamos al reducirlo a la sola sexualidad; es un
impulso más vasto. El impulso que conduce al amor no es
distinto de aquel que lleva hacia la religiosidad y la pasión
mística.

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Un acercamiento a la poesía

El lenguaje poético ha suministrado pruebas abundantes de


este hecho, pues los poetas místicos, como San Juan de la
Cruz, con frecuencia utilizaron el lenguaje amoroso para ha-
blar de su experiencia, así como el amante profano recurre
a términos religiosos para poder expresar la intensidad de su
sentimiento. Hay un constante intercambio de elementos y
uno permite hallar claves del otro, se establecen correspon-
dencias entre aspectos que designan sólo distintos grados de
una misma aspiración, de un mismo impulso.
Siempre se ha discutido si en El cantar de los cantares Salo-
món habla de sus amores o si el poema entero es una metá-
fora del amor entre Yahveh y su pueblo elegido. Pero no im-
porta si es una cosa o la otra. Toda lectura de poesía es una
lectura abierta y en ella el lector tiene parte muy importante,
pues cada poema despertará en él resonancias únicas. No
hay dos lectores a quienes un poema diga las mismas cosas.
El lector completa y enriquece para sí la obra del poeta. Cada
poema es múltiple, no porque haya ambigüedad en la inten-
ción del autor sino porque la expresión poética en ocasio-
nes alude simultáneamente a distintos planos de la realidad y
puede integrar un significado específico en cada uno de ellos.
Así, la naturaleza de la poesía parecería ser totalmente pro-
teica, cambiante, y revelarse de distintas maneras a cada
quien, e incluso a uno mismo; parecería ser diferente según
el momento o la circunstancia o según el paso del tiempo. La
cuestión es: ¿Qué es la poesía para cada uno de nosotros?
¿Qué es para mí? ¿Dónde se hace presente? ¿Cómo? ¿Qué
es lo que me revela? ¿Cuáles son mis propios temas?
Cada quien debe encontrar su respuesta, que será válida,
única e intransferible. Y a partir de su encuentro con la poesía
sabrá también más acerca de sí mismo.

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Elsa Cross

Referencias

Aristóteles (1946). Poética. México: UNAM.


Borges, J.L. ( 2001). Arte poética. Barcelona. Editorial Crítica.
Heidegger, M. (1973). Arte y poesía. México: FCE.
Nietzsche, F. (2012). El nacimiento de la tragedia. México: Alianza.
Paz, O. (1972). El arco y la lira. México: FCE.
Platón (1981). Fedro. Obras completas. Madrid: Aguilar.
Rilke, R. M. (2004). Sonetos a Orfeo. Madrid: Visor de Poesía.
Saint-John Perse. (1960, diciembre). Discurso de aceptación del Premio
Nobel presentado en Estocolmo, Suecia. Recuperado de http://
temakel.net/node/365
Vico, G. (2002). Sobre la mente heroica. Obras. Barcelona: Ánthropos.

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Verónica Peinado

La Odisea: testimono y curación de la locura


Odyssey: testimony and healing of madness

Verónica Peinado
El Colegio de Morelos

[…] heredamos imágenes, palabras y


nexos griegos entre el vagabundeo, el
aislamiento y la locura.

(Padel, 2005, p. 183)

Resumen
En el presente artículo exponemos, por un lado, la interpretación
más popularizada de la Odisea y su protagonista, mostrando el
énfasis que en ella se hace para presentarlo como un héroe par-
adigmático que ha superado todo tipo de obstáculos gracias a la
astucia. Por otro lado, ofrecemos un acercamiento a la misma obra
a partir del significado metafórico de los vocablos centrales y algu-
nas de las homofonías presentes en el texto, lo cual permite colo-
car a Odiseo ya no como un héroe a emular sino como un hombre
en el terreno de la locura.
Palabras clave: Odiseo, locura, homofonía, extravío, soledad

Abstract
In this article we present on one hand, the most popular interpre-
tation of the Odyssey and the emphasis it makes on its protagonist
as a paradigmatic hero who has overcome all kinds of obstacles
thanks to his wit and his cunning. On the other hand, we offer an
approach to the same work based on the metaphorical meaning
of its key words and some of the homophonies present in the text,
which allows Odysseus not as a hero to emulate but as a man on
the ground of madness.
Keywords: Odysseus, madness, homophony, deviation, loneliness

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La Odisea

ODISEO: EL HÉROE ASTUTO

Y es el caso que cuando transcurrieron


los años y le llegó aquel en el que los
dioses habían tramado que regresara a
su casa de Ítaca, ni siquiera entonces
estuvo libre de pruebas

(Odisea, I,16)

Durante siglos, los héroes griegos de la antigüedad, cono-


cidos básicamente a través de las obras literarias, han sido
admirados por sus actos y convertidos en personajes para-
digmáticos a consecuencia de una lectura reiteradamente en-
focada en convertirlos en modelos a emular. En este sentido,
Odiseo, como protagonista de la Odisea, ha sido considerado
un héroe que es ejemplo del triunfo de la razón humana en la
resolución de los problemas de la vida y que es muestra de
una conducta intachable en la que el amor por su familia y su
patria lo harán traspasar obstáculos y rechazar tentaciones.

El héroe
El término “héroe” proviene del griego ἥρως (heros) que no
tiene traducción sino transcripción al español. No contenía
en su origen el sentido que con el tiempo fue adquiriendo
y con el cual en la actualidad lo entendemos, y pasó de ser
una simple designación otorgada a aquel varón que perte-
necía a una categoría social específica (como se ve en la
Ilíada, en donde personajes de distinta talla y compostura
como Menelao, Agamenón y Áyax reciben tal denominación),
a representar, en el mismo contexto griego, un conjunto de
características con las que incluso la modernidad reconoce
su superioridad entre los de la especie humana debido a las
hazañas realizadas.

38 NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104


Verónica Peinado

Chantraine (1980) indica en su Dictionnaire étymologique de


la langue grecque que el vocablo ἥρως hace referencia en las
obras de Homero a un signo de cortesía adjudicado a los per-
sonajes cualquiera que sea su rango (p. 417). Kerenyi (2009)
lo entiende como la designación de “noble caballero” (p. 37).
En cuanto a una etimología que ayude a aclarar su sentido,
Chantraine indica que no hay nada certero, pues considera
que es incorrecta la asociación que se hace con una posible
ἡρωƑ y más indicado con el micénico tirisiroe. Y una apro-
ximación con el nombre de la diosa Ἣρα (Hera) es posible
(1980 p. 417).
Después de Homero, Hesíodo, en su obra literaria Los traba-
jos y los días, añadió un elemento al concepto cuando descri-
bió varias razas consecutivas de seres entre los cuales ubicó
al héroe: “Zeus Cronida creó, más valiente y más justa, divina
raza de hombres héroes (ἀνδρῶν ἡρώων), que semidioses
(ἡμίθεοι) se llaman, generación que nos precedió sobre la tie-
rra infinita” (v. 157). El carácter divino se vuelve inherente a
todo héroe.
Más adelante, en la misma Grecia, los poetas trágicos se va-
lieron de diferentes personajes de la épica para hacerlos pro-
tagonistas de sus obras produciendo el concepto de “héroe
trágico”, confiriéndole al concepto de “héroe” características
propias del género dramático entre las cuales se incluye, tal
como refirió Aristóteles en la Poética, la hybris, el error y la
anagnórisis, todas ellas referentes al quehacer del héroe de
la tragedia.
Por ello encontramos matices del significado de héroe, deter-
minados por las épocas, los cambios sociopolíticos y por el
tratamiento poético que les fue otorgado. Cabe señalar que,
contrariamente a lo que actualmente se considera, en ningún
momento el héroe griego tuvo la connotación de un ser que
realiza sus hazañas en beneficio de un grupo social desfavo-
recido.

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La Odisea

Kerényi (2009), en su obra Los héroes griegos, resume la


problemática de la definición:

No siempre y no sólo se distinguen, por ejemplo, por su


heroísmo; ésta es la razón por la que «héroe» no consti-
tuye una traducción satisfactoria del griego héros, si bien
debemos utilizarla a falta de un término mejor. Más que
por una cualidad peculiar, los héroes son caracterizados
en todas sus leyendas por su substancialidad, por una
solidez extraordinaria, que comparten con las figuras di-
vinas (p. 36).

Por su parte, Otto Rank (1989), en El mito del nacimiento del


héroe, resume los rasgos comunes de dicha figura:

El héroe desciende de padres de la más alta nobleza;


habitualmente es hijo de un rey. Su origen se halla pre-
cedido por dificultades […]. Durante su preñez, o con
anterioridad a la misma, se produce una profecía bajo
la forma de un sueño u oráculo que advierte contra el na-
cimiento, […] por un lado, se venga de su padre, y por el
otro, obtiene el reconocimiento de sus méritos, alcanza-
do finamente el rango y los honores que le corresponden
(p. 80).

Podemos fácilmente reconocer en dichos rasgos a algunos


héroes, sin embargo, hay otros que no caben en tal carac-
terización pues existen diferentes modelos heroicos, depen-
diendo de los cambios sociales e históricos en los que fueron
concebidos.

Aquiles y Odiseo: dos modelos heroicos


Odiseo ha sido concebido como un héroe que ofrece un
modelo de virtud muy específico y, aunque completamente
opuesto al que representaba Aquiles, no menos importante.
Mientras este último representa la elección de la muerte jo-
ven en el campo de batalla a cambio de la fama perenne,
Odiseo representa al ser humano que elige los privilegios de

40 NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104


Verónica Peinado

la casa familiar y una muerte en la vejez al lado de los suyos:


“un héroe del exilio, obstinado en volver a su casa”. (García
Gual, 1982, p. XI)
Mientras que Aquiles es el modelo del guerrero feroz que sólo
se afirma a través de las armas, Odiseo es símbolo del pasa-
je hacia el mundo de la racionalidad, ya que este personaje
es concebido como portador de una inteligencia y astucia sin
igual, interpretación que deriva de considerar los encuentros
con todo tipo de seres extraordinarios en su regreso a su pa-
tria como pruebas de las que sale victorioso gracias a esas
cualidades: “Ulises resulta un nuevo paradigma heroico. Hé-
roe solitario, aventurero errabundo fiado no en sus armas ni
en su fuerza atlética, sino en su astucia y en su arte de seduc-
ción”. (García Gual, 1982, p. XV)
Algunos de los epítetos con los cuales Homero caracteriza a
Odiseo apoyan esta interpretación: polymetis (muy prudente,
muy hábil, sagaz, astuto), polymejane (hábil, ingenioso, mu-
chos recursos), polytropos (hábil, diestro, astuto, de muchas
maneras).
La protección incondicional que le ofrece la diosa Atenea
abona en el mismo sentido, ya que a la diosa se le atribuye
—aunque también es una concepción posterior, por lo tanto
anacrónica— el atributo de la inteligencia, por lo cual se con-
sidera que Odiseo es su contraparte humana.

Odiseo: un arquetipo de la existencia humana


Entre los trabajos más relevantes sobre la figura de Odiseo se
encuentra el de Jacinto Choza y Pilar Choza (1996), quienes,
en su libro Ulises, un arquetipo de la existencia humana, han
analizado algunos de los encuentros de Odiseo con los distin-
tos personajes extraordinarios a su salida de Troya. Para los
autores, dichos encuentros simbolizan tanto las experiencias
de la vida como el proceso físico y psíquico por el que transita

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La Odisea

el ser humano, lo cual convierte al héroe en un arquetipo y


a los sucesos descritos en la Odisea en simbolizaciones que
intentan señalar la universalidad de dichas experiencias:

[…] pretendemos señalar los puntos en que ese equili-


brio se hace máximamente problemático, que son aque-
llos en que las fuerzas vitales del hombre se abren paso
hasta su conciencia, y a través de ella buscan el modo
de expresarse, de ejercerse, organizando un mundo ex-
terior. Se trata de indicar las encrucijadas de la existen-
cia humana, donde el hombre se gana o se pierde a sí
mismo (p. 11).

Odiseo, señalan los autores, da las claves de la existencia


humana, pero no a través de las imágenes sino a través de
directrices para la creación de símbolos que “engloban las
experiencias de los seres humanos y las encrucijadas de la
vida”, éstas se resumen en tres:

1. De las fases de la infancia, de la juventud, de


la madurez y de la ancianidad

2. Del paso de la prehistoria a la historia

3. De la naturaleza selvática y prelingüística a la


naturaleza civil y alfabetizada (por ejemplo, el
cíclope) (p. 12).

4. En dichas fases, las experiencias de Odiseo


narradas por Homero colocan los eventos de
la vida de los hombres como pruebas a vencer.

El monomito: el camino del héroe


Entre los estudios modernos que intentan aprehender las ca-
racterísticas que definen a un héroe destaca el de Joseph
Campbell (1997). En su obra El héroe de las mil caras indica
las etapas por las que transita un héroe, de cuyo éxito depen-

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Verónica Peinado

de su heroicidad. Muestra, con variados ejemplos tomados


de culturas antiguas y modernas, las tres fases del camino
del héroe:

1. Separación o partida

2. Pruebas y victorias de la iniciación

3. El regreso y la reintegración a la sociedad


(p. 40).
Campbell ejemplifica estas fases con variados mitos de hé-
roes y aunque Odiseo quedó fuera de su estudio, este perso-
naje fácilmente se inserta en el modelo descrito por Campbe-
ll. Asimismo, la Odisea muestra en su estructura temática las
tres etapas del destino que comparten los héroes:

1. La separación, que corresponde al tiempo


que Odiseo pasa extraviado a su regreso de
Troya;

2. Las pruebas, tal como se consideran los en-


cuentros de Odiseo con todo tipo de persona-
jes extraordinarios y

3. El regreso y reintegración, cuando Odiseo


llega a Ítaca y debe pasar por una serie de re-
conocimientos para reintegrarse a su reino.
Campbell considera que este camino común, denominado
“monomito”, es una fórmula de los ritos de iniciación: separa-
ción-iniciación-retorno (p. 35), y explica la etapa de la separa-
ción como un “llamado a la aventura”, el cual se ha tratado de
explicar de varias maneras: como un rito de paso (de la niñez
a la adolescencia) o como el comienzo de la iluminación reli-
giosa o un “despertar del yo” (p. 54).

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La Odisea

Ruth Padel (2005), en su estudio sobre la locura griega, se-


ñala la idealización que muy pronto se hizo de la figura de
Odiseo y de su viaje, considerado éste en el terreno espiri-
tual: “Desde el siglo I o II d.C el vagabundo Odiseo fue un
emblema muy corriente de la lucha espiritual: representaba a
la vida como un exilio vagabundo o como anhelo y aspiración
espiritual permanentes, que sobreviven a los peligros y la de-
solación” (p. 168).
Adriaña Yañez (2005) describe también el viaje de Odiseo
desde una perspectiva romántica: “El tema es el del viaje, el
viaje mítico, iniciático: alejarse para volver a encontrar lo más
íntimo, lo más propio, lo más originario. Búsqueda de lo per-
manente, de la totalidad y de lo absoluto” (p. 121).
Esta romantización del héroe, agrega Padel, condujo al cris-
tianismo a interpretar el mástil en el cual Odiseo es amarrado
en su paso por las sirenas como un símil con la cruz en que
Jesús fue asesinado. Y es este enfoque el que ha perdurado
hasta nuestros días. Iniciación y viaje al interior de sí mismo
son elementos que se relacionan y que dan un sentido al que-
hacer heroico:

Desde una perspectiva simbólica, viajar no constituye un


mero desplazamiento en el espacio sino, primordialmen-
te, la experiencia de búsqueda y transformación interio-
res. Hay un vínculo profundo entre el simbolismo del via-
je, en sentido cósmico, y el del viaje espiritual, en sentido
metafísico. Por esto mismo, las pruebas de iniciación o
rituales iniciáticos adoptan, en las sociedad tradiciona-
les, el carácter de viajes que parten de las tinieblas del
mundo profano para llegar a la luz de la realidad sagra-
da. (Castañeda, 1991, p. 21)

En el esquema iniciático de Campbell, en el cual Odiseo ha


sido colocado por diversos autores, la superación de pruebas
es una condición fundamental.

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Verónica Peinado

Las pruebas
Odiseo es concebido como el héroe que supo vencer los obs-
táculos y las tentaciones que se le presentaron en el viaje
de regreso a su patria, principalmente mediante el uso de la
razón y la astucia. Cuando Odiseo llega al palacio de Alcínoo,
rey de los feacios, después de que en la Asamblea de los dio-
ses se determinó el final de su castigo, relata las experiencias
que vivió y que son consideradas como historias típicas del
folclore indoeuropeo y, sobre todo, relatos que sirven para
mostrar la determinación, inteligencia y astucia de un héroe
que supo salir bien librado de todas las tentaciones que expe-
rimentó. Así lo afirma García Gual en la introducción a la Odi-
sea: “Triunfa gracias a su astucia y su paciencia, habla muy
bien y miente bien cuando es oportuno […] Su tarea heroica
consiste en regresar, con empeño tenaz, a su isla y su hogar”.
(García Gual, 1982, p. XI)
Los primeros tres años después de la salida de Troya, el hé-
roe y sus compañeros se enfrentaron a habitantes extraños
de las distintas tierras a las que llegaban. Dichos encuentros
se consideran de manera lineal y en ellos sobresale el peligro
que representan y la capacidad de Odiseo para escapar a
salvo: primero de los fuertes y terribles cicones; luego de los
lotófagos comedores de flores que los invitaban a olvidar el
regreso; del irracional y salvaje cíclope, de quien, gracias a
la astucia, Odiseo logró escapar de ser devorado. La terri-
ble diosa Circe que “representa el poder femenino” (Choza,
1996, p. 80), convertía a los hombres en animales y daba
“brebajes maléficos para que se olvidaran por completo de
su tierra patria” (Od., X 238); de las Sirenas que intentaban
con su voz seducirlos. Enseguida de los terribles monstruos
marinos Escila y Caribdis. También la diosa Calipso e incluso
Nausicaa, la hija del rey de los feacios, a quien Odiseo tar-
díamente conoció, son considerados personajes que, al ser
femeninos, representan, según la opinión de varios estudio-
sos, el símbolo de la incitación amorosa, de la pérdida de la
virilidad del héroe (castración) (Wulff Alonso,1987) y de los
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La Odisea

poderes mágicos antihumanos (Choza, 1996). García Gual


(1982) describe: “Por ese ámbito fascinante de sus aventuras
marinas […], poblado de monstruos y prodigios y trampas del
itinerario, escapando solo, tras perder a todos sus barcos y
sus compañeros en la desforada travesía” (p. XIII). En el mis-
mo sentido resume Castañeda (1991):

A lo largo de su periplo, Odiseo afronta una serie de


pruebas entre las que destacan tres por sus profundas
implicaciones, personificadas en tres figuras femeninas:
la seductora Circe, quien lo retiene un año; la inmortal
Calipso que le ofrece la existencia imperecedera, logran-
do mantenerlo siete años a su lado y, finalmente, la virgi-
nal Nausicaa, hija de Alcínoo, cuyo candor y belleza son
tentaciones difíciles de vencer (p. 20).

El triunfo de la razón sobre las tentaciones encontradas a su


paso hacen de Odiseo un iniciado: “Quien consigue vencer
los obstáculos a su paso, superar todas las pruebas, prose-
guir su camino hasta el final, ése llega a ser un iniciado, un re-
cién nacido, un renacido, un resucitado”. (Castañeda, 1991,
p. 21)
Paradójicamente, cada encuentro de Odiseo con dichos se-
res extraordinarios está definido por la muestra de ignorancia
(X, 232), insensatez (X, 78) y locura (aisa) tanto del héroe
como de sus compañeros, señaladas por él mismo: “Aisa se
colocó junto a nosotros” (IX, 52).
En conclusión, el mensaje de la historia de Odiseo que compar-
ten diversos estudiosos es de tinte paradigmático: “Toda exis-
tencia es una verdadera odisea, una aventura peligrosa cuyo
desenlace dependerá del valor y la lucidez con que sea afronta-
da”. (Castañeda, 1991, p. 21)
Incluso la interpretación del título de la obra muestra el enfoque
metafísico con que la poiesis griega ha sido recibida y transmi-
tida, un enfoque que además sólo considera el significado de
las palabras, ignorando otros aspectos del lenguaje, como las

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homofonías señaladas por los mismos griegos o el nivel meta-


fórico de los vocablos. Al respecto recordemos que en el canto
XIX, 407, el mismo héroe nos indica el sentido y origen de su
nombre, el cual le fue impuesto en honor a su abuelo Autólico,
quien, gracias a la fama de ser un ladrón, se hizo odiar (odyssá-
menos, (ὀδυσσάμενος) por los dioses; por lo tanto, a su nieto le
llamaron Odyseús (ὀδυσεύς) en recuerdo de ello (“Odiseo”, por
tanto, podría entenderse como “el que porta el odio”).
La odysseia, con el sufijo —eia (de acción o cualidad), se entien-
de como la acción de narrar los eventos derivados de ese odio.
Esta interpretación que surge a partir de la obra misma toma en
cuenta otros aspectos presentes en el texto mismo y permite
observar los actos de Odiseo desde una perspectiva diferente.
Considerar a los otros como tentaciones, pruebas o enemi-
gos a vencer conduce a la creación de figuras heroicas y pro-
viene de una posición metafísica del hombre que parte de
considerar los fenómenos humanos en dualidades, ignoran-
do las posibilidades que dichos fenómenos pueden expresar.
Nietzsche (2012), interesado en entender la conducta moral
de los hombres, lo indica en su obra Más allá del bien y del
mal: “La creencia básica de los metafísicos es la creencia en
las antítesis de los valores” (p. 2). Y, en La genealogía de la
moral (1997) explica la relación entre la posición humana y
la creación de figuras heroicas: “El pathos de la nobleza y de
la distancia […], el duradero y dominante sentimiento global
y radical de una especie superior dominadora en su relación
con una especie inferior, con un ‘abajo’ —éste es el origen de
la antítesis bueno y malo” (p. 32).
Por su parte, Otto Rank, en la obra ya referida, señala la crea-
ción de héroes como un producto de los adultos y relaciona
el origen de sus historias con las fantasías neuróticas de la
infancia: “[…] detengámonos en la estrecha zona fronteriza
donde yacen, uno al lado del otro, los contenidos de las ino-

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La Odisea

centes fantasías infantiles, de las fantasías neuróticas repri-


midas e inconscientes, de las estructuras míticas poéticas”
(p. 114).
En la interpretación habitual de los actos de Odiseo se apre-
cia la tendencia humana de idealizar a otro ser humano, lo
cual lleva a otorgar a la poiesis una función ética y considera
a tales personajes literarios paradigmas de virtud que sólo
están para ser admirados. Dicho acercamiento a la literatura
impide observar y comprender la naturaleza humana de los
actos en ella descritos. La lectura “heroizante” impide al lector
observar lo humano que se encuentra en la obra.
La Odisea, consideramos, puede ser leída de otra manera,
una donde Odiseo es un hombre que después de diez años
de guerra y al regreso a su hogar se vuelve loco: se pierde
durante tres años junto a sus compañeros y más adelante
pasa siete años en total soledad. La Odisea es una represen-
tación de la locura griega, una locura consecutiva a la terrible
experiencia de la guerra.

ODISEO: LAS IMÁGENES DE LA LOCURA GRIEGA

Cíclope: “Concédeme que Odiseo, el


destructor de ciudades, no llegue a
casa, el hijo de Laertes que tiene su
morada en Ítaca. Pero si su destino es
que vea a los suyos y llegue a su bien
edificada morada y a su tierra patria,
que regrese de mala manera: sin com-
pañeros, en nave ajena, y que encuen-
tre calamidades en casa”.

(Od., IX, 530)

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Cuando se pierde la razón, querer decir


es hablarse a sí mismo como último
recurso, pues el único que puede escu-
char es uno.

(Davoine, 2011, p. 131)

El problema del acercamiento al texto literario es comparti-


do por el psicoanálisis freudiano y lacaniano debido al papel
preponderante del lenguaje en el discurso del paciente1 así
como a la diversidad de interpretaciones a que puede ser so-
metido dicho discurso.

Transliteración y homofonía
El psicoanalista Jean Allouch (1990) explica, en su texto Letra
por letra, las tres maneras con las cuales se pueden delimitar
las interpretaciones de los fenómenos narrados por el pacien-
te:

La función de esta preeminencia es impedir lo que puede


haber allí de demasiado flexible habitualmente en ese
juego entre el imaginario y el simbólico tan importante
para nuestra comprensión de la experiencia. (Lacan Se-
minario del 3 de julio de 1957). […] A esta flexibilidad,
demasiado grande, se le puede dar varias respuestas (p.
68).

Según Allouch, la interpretación puede realizarse siguiendo


tres modelos que derivan del ámbito lingüístico: la traducción,
la transcripción y la transliteración. Sin embargo, estos con-
ceptos son concebidos por el autor con un sentido particular y
distinto al que tienen en el terreno de la lingüística, en donde
la traducción significa pasar de una lengua a otra el significa-
do de una palabra, una frase o un texto; la transcripción hace
referencia al uso de signos en una lengua que reproduzcan
el sonido de una lengua de origen que pretende ser enuncia-
da. La transliteración implica hacer pasar el sonido de una
1 Recordemos la multicitada frase de Jacques Lacan: “El inconsciente
está estructurado como un lenguaje”. (1966). Ecrits. p.171.
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La Odisea

letra de una determinada lengua a otra. Allouch retoma las


tres actividades que se llevan a cabo en el encuentro de dos
lenguas para llevarlo al de su uso dentro de la misma lengua:

La traducción se caracteriza por promover lo que sería


una preeminencia no sólo del sentido sino, más exacta-
mente, del sentido único, de un-sentido. La transcripción
es esta otra manera de regular lo escrito que toma apoyo
no ya sobre el sentido sino sobre el sonido. Este modo
determina lo que se llama la escritura fonética. Un sonido
por letra, una letra por sonido, tal es la regla formulada,
entre otros, por la gramática de Port Royal. La tercera
manera de hacer ese apretamiento (del juego del imagi-
nario y del simbólico) se llama transliteración. Regula el
escrito no ya con el sentido o el sonido sino con la letra
(p. 68).

Veamos aquí un ejemplo de la lengua francesa que ilustra


dichos niveles: el vocablo “maire”, es traducido al castella-
no como “alcalde”; “maire” se transcribe (usando las reglas
del alfabeto universal de transcripción) como “mer”; y el so-
nido de la palabra se translitera en la misma lengua francesa
como “mer”, ello conduce a percibir la homofonía con otros
términos: “mer” que remite a “mer” (mar) o bien “mer” que
remite a “mere”, “madre”).
El nivel de la transliteración es lo que aquí nos interesa. Ella
juega con uno de los fenómenos que ocurre en la lengua: la
homofonía, la cual implica el uso de una palabra con el mis-
mo sonido de otra pero con significado distinto: “La translite-
ración es el nombre de esta operación en que lo que se escri-
be pasa de una manera de escribir a otra manera”. (Allouch,
1990, p. 75)

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Bajo el título Fobia con nombre propio, Allouch (1992) narra la


siguiente anécdota que ejemplifica el juego del inconsciente
que se expresa a través de la homofonía:

J.M. Ribettes menciona, en ocasión de su primera en-


trevista preliminar, tal fobia suya de animales. Lacan
destaca la cosa, y de la manera siguiente:

—Es un hecho: las bettes (bestias) que lleva su nombre


no le hacen reír (ri) (p. 67).

Esta otra manera de escribir o bien escuchar los vocablos a


partir de las homofonías que ocurren en el acto de habla es
invaluable ya que puede encubrir los elementos inconscien-
tes de un discurso. Sea en el terreno del psicoanálisis o en
el de la literatura, “el acceso a la verdad” puede provenir de
fuentes insospechadas.
En la Odisea, la lectura en el original griego va mostrando
a su paso vocablos con resonancias que dan sentido a las
experiencias vividas por el protagonista. La homofonía de
algunos términos centrales empleados en la obra, además,
colocan dichas experiencias en el terreno de la locura.

La locura griega: castigo divino


Se ha hecho poco hincapié en distinguir los tres años de pe-
ligro en los que el héroe permanece perdido junto a sus com-
pañeros como efecto de la venganza del dios Poseidón, de
los siete años que permanece completamente solo en una
isla, como parte de la venganza del dios Zeus.
La Odisea inicia cuando la diosa Atenea decide aprovechar
la ausencia del dios Poseidón para convencer a los demás
olímpicos que permitan el fin del sufrimiento de Odiseo, quien
ha pasado diez años después de su salida de Troya sin con-
seguir el regreso a su patria. Tal sufrimiento había sido oca-
sionado como un castigo de Poseidón hacia el héroe, por ha-
ber ofendido a su hijo, el cíclope.

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La Odisea

Ruth Padel (2005), en su libro titulado A quien los dioses des-


truyen, señala que la locura, para los griegos, ocurre como
un castigo divino, tal como se muestra en la épica y en las
diversas tragedias conservadas de donde provendría la fra-
se “A quien un dios quiere destruir, antes lo enloquece”. Los
ejemplos son abundantes y Odiseo forma parte de ellos.
El castigo divino que recibe Odiseo es por partida doble, en
un inicio representado por el extravío enviado por el dios Po-
seidón, el segundo, proveniente de Zeus y representado con
la soledad del héroe.

El extravío

Odiseo: Nada es peor para el hombre


que andar errante.

(Od., XV, 343)

A la salida de Troya, Odiseo y sus compañeros llegan a la tie-


rra de los cicones y poco después a la de los lotófagos, luego
de salir huyendo de ahí, arriban a la isla de los cíclopes, en
donde son atrapados en una gruta por uno de ellos, Polifemo,
hijo de Poseidón. Después de presenciar cómo el gigante se
va comiendo a cada uno de sus compañeros, el héroe planea
cegarlo con una estaca y salir del encierro junto con los su-
yos amarrados de las ovejas cuyos cuerpos esconderían los
suyos. Luego de conseguirlo, se marchan al barco en donde
los esperaban los demás. En su huida y “airado”, Odiseo le
grita a Polifemo: “Cíclope, si alguno de los mortales hombres
te pregunta por la vergonzosa ceguera de tu ojo, dile que te
ha dejado ciego (ἐξαλάωσε) Odiseo, el destructor de ciuda-
des, el hijo de Laertes que tiene su casa en Ítaca” (IX, 500).
El término griego ἐξαλάωσε (ecsalaose) proviene del verbo
en presente ἀλαόω (alaóo): “cegar”, con ello se gana el cas-
tigo de la locura —expresado en el extravío (que se enuncia
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Verónica Peinado

en griego con el verbo homófono ἀλάομαι (aláomai: “andar


errante, extraviado”)—por parte de Poseidón, padre del gi-
gante. Como puede apreciarse, el oído griego puede notar
que Odiseo recibía el extravío (ἀλά-ομαι 2) como consecuen-
cia de su acto cegador (ἀλαό-ω 3).
El extravío o estado de errancia de Odiseo durante los tres
primeros años después de su salida de Troya es el resultado
del castigo del dios Poseidón quien cumplía la petición de
venganza de su hijo el cíclope. Este castigo, que padecen
también los compañeros del héroe, redunda en encuentros
diversos en los que se pone en riesgo su vida y el regreso a
su patria.
Al inicio de la obra, el poeta hace la invocación a la Musa re-
firiéndose al héroe Odiseo como el “hombre de muchos sen-
deros que anduvo errante mucho tiempo después de haber
asolado Troya”. El término griego πλάγχθη, cuyo significado
en voz pasiva es el de “extraviarse, desviarse, andar errante”,
es un vocablo que hace referencia tanto a un estado físico de
la persona como al emocional, mental o psíquico, metafórica-
mente remite al estado de locura.
En el estudio de Padel (2005) antes señalado, la autora des-
cribe el extravío como una de las imágenes de la locura: “El
andar errante es una imagen griega fundamental de locura y
los vagabundeos son la imagen exterior de los repetidos ata-
ques de locura que sufren estos personajes” (p. 67). Y conti-
núa: “En el mundo homérico […] la locura, el vagabundeo, la
impureza y el dolor mental y físico son cosas muy cercanas
entre sí” (p. 186).
La autora explica: “En Homero vagabundear es un estigma,
un estado vergonzoso de oscura miseria […]. El disfraz de
mendigo que Odiseo utiliza en su propia casa expresa el ver-
gonzoso vagabundeo que ha soportado hasta entonces” (p.
168).

2 Desinencia que indica Voz Media.


3 Desinencia que indica Voz Activa.
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La Odisea

Sin embargo, como ya lo ha indicado Padel, se produjo en la


misma Grecia una “romantización” de esta locura:

La romantización platónica del filósofo vagabundo puede


ser el comienzo de la romantización occidental del va-
gabundear. […] Los románticos idealizaron la visión de-
mente. También idealizaron el vagabundeo. Aburrido del
‘tranquilo hogar’ de Ítaca, el Ulises del fin del siglo XIX no
puede dejar de viajar (p. 172).

Por otro lado, Padel distingue entre un vagabundeo centrífu-


go y otro centrípeto; el primero se manifiesta cuando el perso-
naje es obligado por un dios a distanciarse de la propia casa;
el segundo, cuando los dioses frustran el regreso del héroe,
“poniendo obstáculos a quien desea desesperadamente re-
gresar a su casa” (p.191), en este último ubica a Odiseo, aun-
que recordemos que en su estancia en la isla Eea, con Circe,
son los compañeros quienes le recuerdan al héroe el regreso:

Allí nos quedamos un año entero […]. Pero cuando se


cumplió el año y volvieron las estaciones con el transcu-
rrir de los meses […] me llamaron mis fieles compañeros
y me dijeron: “Amigo, piensa ya en la tierra patria, si es
que tu destino es que te salves y que llegues a tu bien
edificada morada y a tu tierra patria” (X, 466).

La pérdida de identidad
Cuando el héroe y sus compañeros son atrapados por el cí-
clope Polifemo en su cueva, éste quiso, tal como era pruden-
te en el intercambio de hospitalidad, conocer su identidad.
Ante la pregunta por su nombre Odiseo respondió: “Nadie
(οὔτις) es mi nombre. Nadie (οὔτιν) me llaman mi madre, mi
padre y todos mis compañeros” (IX, 366).
Más adelante, como parte de su plan para escapar de ser de-
vorado, Odiseo lo ciega con una estaca, el gigante Polifemo
grita llamando a sus compañeros de isla. Una vez que éstos

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Verónica Peinado

acuden, le preguntan, a través de la roca que cubre la en-


trada, sobre lo que le sucede. El cíclope responde: “Amigos,
Nadie me mata con engaño y no con sus propias fuerzas”
(IX, 404). Los compañeros se ríen y burlan, creyéndolo loco:
“Pues si nadie te ataca y estás solo […] es imposible escapar
de la enfermedad del gran Zeus” (IX, 410).
Se considera que el objetivo de Odiseo, al elegir ese nombre
para presentarse, era no ser reconocido. Sin embargo, hay
que admitir que “Nadie” no es un nombre propio, es un pro-
nombre indefinido que difícilmente se le daría a una persona.
Por esa razón, los mismos cíclopes se burlan de Polifemo y
lo consideran loco.
Desde mi lectura, más que entender la ocurrencia de Odiseo
como un acto de astucia para no ser reconocido —De Miguel
Jover (2006) indica que el anonimato del héroe “es una estra-
tegia para retrasar en lo posible su identificación” (p. 619)—,
lo cual habría logrado con ponerse cualquier nombre distinto
al suyo, el héroe elige decir que es “Nadie”, hecho que no
podemos dejar de concebir como una pérdida de identidad,
identidad que recuperará en el momento en que sale de am-
bos castigos divinos y narra a los feacios lo ocurrido en esos
diez años (cfr. Odiseo con los feacios).

La soledad
Cuando Odiseo le pide a Circe que le permita marcharse a
su patria, la diosa se lo concede aunque antes deberá ir al
Hades con Tiresias quien le revelará el camino. El adivino le
anuncia a Odiseo que pasará por la isla en donde pastaban
los ganados de Helios, le advirtió que si quería llegar a su pa-
tria debía abstenerse de acercarse y tocarlos. Sin embargo,
una vez llegado el momento, los compañeros piden a Odiseo
bajar en la isla para buscar alimento, éste acepta pero les
hace jurar que no tocarán los rebaños. Una vez en la isla,
comen el alimento que Circe les había dado y descansan.
Zeus envía un huracán que los hace quedarse varados, y
pasa un mes en el que el alimento escasea. Odiseo recorre
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La Odisea

la isla, suplicando a los dioses el regreso, entonces le vino un


sueño y se quedó dormido, mientras tanto Euríloco convence
al resto de los hombres de que se coman alguna de las va-
cas y en restitución le edificarían a Helios un templo en Ítaca,
pues, decía, es preferible perder la vida en el mar, castigados
por su acción, que consumirse poco a poco en la isla. Todos
aprobaron y se llevaron las mejores vacas, que desollaron y
asaron. Odiseo despertó y percibió el olor a grasa quemada,
se lamentó por ello, mientras que Helios, al darse cuenta de
la acción, pide a los dioses que los castiguen. Zeus responde
que los castigará rompiendo la nave. Odiseo reprende a sus
compañeros quienes siguieron banqueteando seis días más,
al séptimo Zeus quitó el viento huracanado y embarcaron.
Lejos de tierra firme, el dios mandó una nube negra y nau-
fragaron, uno a uno murieron, a excepción de Odiseo, quien
permaneció flotando en uno de los maderos; naufragó duran-
te nueve días y llegó a Ogigia.
La ofensa al dios Helios por haber tocado a sus rebaños (en
griego οἶς, ὄïος) es evidente y ameritaba el castigo exigido,
pues eran muy valiosos: “no les nacen crías, pero tampoco
mueren nunca” (XII,128). Pero si escuchamos el homófono
de la misma palabra οἶος (“solo”) la experiencia cobra más
sentido con lo que le va a suceder al héroe, pues la soledad
es el segundo y más largo castigo que recibirá el protagonis-
ta. A partir de aquí Odiseo permanece siete años completa-
mente solo, hasta que los dioses deciden en Asamblea que
ya puede regresar a Ítaca.
Ruth Padel da variados ejemplos en los que el vagabundeo
coloca a los personajes fuera de la sociedad y se encuentra
ligado a la soledad, ello se expresa simbólicamente con la lla-
nura Aleia4, lugar al que los locos se marchaban y cuyo nom-
bre alude a lo ajeno: “esta distancia entre locos y cuerdos se
expresa a través de vagabundeos dementes por montañas,

4 Allos (otro, ajeno), ale (marcha errante, extravío), aleios (sin bienes).
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Verónica Peinado

bosques, desiertos” (p. 159). Al igual que Belerofonte —pri-


mer vagabundo loco y odiado por los dioses—, Orestes, Ío,
Edipo y otros más, Odiseo sufre de esta condición (p. 160).
La soledad es, pues, otra imagen de la locura: “La locura es
[…] un vagabundeo y una vergonzosa carencia de hogar tan-
to para la mente como para el cuerpo. Nos desvía […] Nos
separa de la sociedad” (Padel, 2005, p.237). Y Padel señala
la paradoja de la historia de la locura: “La locura es solitaria,
aunque los demás consideren que tiene mucho que ver con
ellos” (p. 155).
Wulff Alonso (1985) señala que el hecho de que Odiseo sea
el único que se salve y quede varado solo, sirve para mos-
trar el contraste entre los compañeros y el héroe, entre la
ignorancia e insensatez de los primeros y la inteligencia y
prudencia del segundo: “[…] se ve claro comparando la falta
de iniciativa, la ignorancia y la ingenuidad de aquellos y su
contraste con el Odiseo precavido que sólo aparentemente
no lleva la iniciativa” (p. 271). Sin embargo, si bien es cierto
que los compañeros desobedecen órdenes en los momentos
claves de su regreso (vgr. los lotófagos, los vientos de Eolo,
los rebaños de Helios) y por lo tanto provocan su muerte,
debemos notar que Odiseo tampoco obedeció varias de las
indicaciones que se le dieron, sea que directamente las igno-
ró (enfrentamiento con Escila y Caribdis), sea que se quedó
dormido en los momentos más inoportunos, y eso no provocó
su muerte, como sí ocurrió con los demás.
Después del naufragio, Odiseo llega a la isla Ogigia, a la gru-
ta de Calipso, “la bella”, como generalmente se interpreta su
nombre (que provendría del adjetivo καλλός kalós), donde la
ninfa lo tiene retenido —sentido observado por otros a par-
tir de escuchar homofónicamente el verbo griego καλύψω
(kalypso: “cubrir”, “envolver”, “ocultar”).
Si los primeros tres años de extravío Odiseo no se muestra
muy claro en su deseo de regresar con los suyos, en la isla
Ogigia tendrá tiempo suficiente para aclarar su destino. Este

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La Odisea

segundo castigo lo sufre Odiseo en soledad y a la vez reci-


biendo una oferta tentadora por parte de la ninfa: si se queda
allí, le concederá la vida inmortal y sin vejez. Pero el héroe ha
tenido tiempo para decidirlo: prefiere estar en su patria con
los suyos:

Venerable diosa, no te enfades conmigo, que sé muy


bien cuánto te es inferior la discreta Penélope en figura
y en estatura al verla de frente, pues ella es mortal y tú
una inmortal sin vejez. Pero aún así quiero y deseo todos
los días marcharme a mi casa y ver el día del regreso (V,
217).

De tal manera confirmó ese anhelo que rechazó la tentadora


oferta de la ninfa. Así como Tetis le planteó a su hijo Aquiles,
antes de embarcarse a la guerra de Troya, la posibilidad de
elegir entre una vida inmortal a consecuencia de la muerte
en el campo de batalla o una vida normal en su palacio, con
hijos, si se quedaba, a Odiseo Calipso le hizo una oferta pa-
recida: elegir entre quedarse con ella consiguiendo la inmor-
talidad o regresar a su patria a terminar sus días junto a su
familia pero como un simple mortal: “Yo lo traté como amigo
y lo alimenté y le prometía hacerlo inmortal y sin vejez para
siempre” (V, 134). Pero Odiseo permanece “sentado a la orilla
del mar, llora, desgarrando su ánimo con lágrimas, gemidos
y pesares”, “se consumía añorando (ὀδυρομέω) el regreso
(νόστος), pues ya no le agradaba la ninfa” (V, 151).
Es pertinente señalar que si bien el término castellano “nostal-
gia” deriva de dos vocablos griegos (νόστος: regreso y ἄλγος:
dolor), no existe como tal en la lengua helena antigua. A los
relatos de los héroes que lograron salir de Troya y regresar
a sus hogares se les denominaban “nostoi”, “los regresos”.
En las culturas modernas el término compuesto se entiende
como “el dolor por el regreso”, lo cual ha repercutido en inter-
pretar a la Odisea como una obra que narra los sufrimientos
de un héroe por no poder regresar a su patria.

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Verónica Peinado

En la Odisea, para definir el sentimiento de Odiseo en su en-


cierro en la isla Ogigia se utiliza el sustantivo πόθη, que in-
dica “deseo, ansia, anhelo, la falta de algo” o bien el verbo
ὀδυρομέω que significa: “lamentarse, echar de menos, año-
rar”. En estos términos (de falta y deseo) se enuncia la salida
de la locura del héroe, quien, con la intervención de la diosa
Atenea, será despedido por Calipso y ayudado por ella para
que retome al fin su regreso a Ítaca. Pero antes, Odiseo hará
una parada en la tierra de los feacios.

Odiseo con los feacios: un espacio terapéutico


La Odisea cuenta con un tipo de narración que la ha coloca-
do en el terreno de la novela moderna. Por un lado, los dos
tipos de narradores: Homero, quien narra al espectador de
la obra lo sucedido a Odiseo, y Odiseo mismo, quien narra
en primera persona a los feacios cada momento desde su
salida de Troya hasta su salida de la isla de Calipso. Por otro
lado, la enumeración no lineal de los sucesos, pues la obra
comienza habiendo ya pasado los diez años de extravío del
héroe, quien al contar sus experiencias hace retrospectiva.
Debemos señalar que no se trata de un recurso literario ni-
mio, sino que ambos hechos muestran la manera en que el
héroe recupera su identidad perdida, en donde la inclusión
del pueblo de los feacios en la obra literaria es fundamental.
Cuando Odiseo llega a la corte del rey Alcínoo, la reina Arete
le pregunta: “¿quién eres? y ¿de dónde vienes?” (VII, 237).
Odiseo sólo responde aludiendo a su pasado inmediato: que
ha soportado muchos sufrimientos, lejos, en la isla de Ogigia,
con la engañosa Calipso. Con un rayo todos sus compañeros
perecieron en el mar (VII, 252), Odiseo permaneció nueve
días tomado de la quilla, al décimo llegó a la isla Ogigia. La
diosa no dejaba de decirle que lo haría inmortal y libre de
vejez para siempre. Pero Odiseo no sucumbió: “No logró con-
vencerme, permanecí allí siete años, con ropas inmortales, al
octavo año me despidió” y, después de pasar por otro tormen-
to en el mar, llegó con los feacios.
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La Odisea

Odiseo no es capaz, en el primer encuentro con los reyes de


Esqueria, de indicar su nombre, solicitud típica entre huéspe-
des. La participación del aedo y sus cantos es esencial para
la recuperación de su identidad. Demódoco, en el banquete
en honor al visitante, es “empujado por Atenea” a cantar la
disputa entre Odiseo y Aquiles ocurrida en la llanura de Tro-
ya: “[…] cómo en cierta ocasión discutieron en el suntuoso
banquete de los dioses con horribles palabras. Y el soberano
de hombres, Agamenón, se alegraba en su ánimo de que ri-
ñeran los mejores de los aqueos” (VIII, 73).
Habiendo escuchado esto, Odiseo “[…] tomó con sus pe-
sadas manos su grande, purpúreo manto, se lo echó por
encima de la cabeza y cubrió su hermoso rostro; le daba
vergüenza dejar caer lágrimas bajo sus párpados delante
de los feacios” (VIII, 84). Sólo el rey Alcínoo se dio cuenta.
Más adelante, Odiseo directamente dice a Demódoco: “[…]
con mucha belleza cantas el destino de los aqueos —cuánto
hicieron y sufrieron y cuánto soportaron— como si tú mismo
lo hubieras presenciado o lo hubieras escuchado de otro allí
presente” (VIII, 491). El aedo cantó, esta vez, la historia de la
estratagema de Odiseo con el caballo de madera que ocasio-
nó el triunfo de los helenos sobre Ilión (VII, 495). Al escuchar
esto, Odiseo “se derretía y el llanto empapaba sus me-
jillas” (VIII, 521).
Alcínoo es, de nuevo, el único que lo percibe, y en esta oca-
sión lo apura a que responda sus preguntas: “pues lo mejor
es hablar (φάσθαι δέ σε κάλλιόν ἐστιν). Dime tu nombre” (VIII,
550). Esta vez, el héroe no se rehúsa: “Mi nombre es Odiseo,
hijo de Laertes, conocido por trampas. Habito en Ítaca, cerca
del monte Nérito. Narraré mi atormentado regreso” (IX,19).
Ha sido el psicoanálisis, constituido a partir de los aportes
de Jacques Lacan, el que ha señalado la enorme importan-
cia que posee el nombre propio en la configuración de la es-
tructura subjetiva. En el seminario titulado La identificación,
Lacan investiga acerca del núcleo de la identidad y se da

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Verónica Peinado

cuenta, siguiendo las tesis de Jakobson5, que tal identidad


no reposa ni en la imagen corporal (el imaginario) ni en su
sustrato real (eso que podría denominarse “la carne”) sino
que se encuentra sustentado en el nombre propio. Lacan in-
dica que la identidad reposa en el nombre propio y que ese
nombre propio contiene una carga, es decir, tanto los oríge-
nes de la familia que están indicados en el apellido así como
la elección del nombre de pila o incluso el mote del sujeto,
portan una cantidad de rasgos que aquel que lleva el nombre
habitualmente ni siquiera sospecha6. Tamayo lo resume: “El
núcleo de la identidad no reside ni en la imagen del cuerpo ni
en el real de la carne sino en el nombre propio”7.
El debate de los especialistas en cuanto a los feacios en la
Odisea se centra en establecer la existencia real y posible
ubicación de su país. La tradición ha ubicado a Esqueria en
la moderna isla de Corfú, sin embargo, trabajos recientes lo
hacen en Tartessos (Iberia)8.
Para Finley (1978), en El mundo de Odiseo:

Lo que importa acerca de los feacios, acerca de todo


ese extenso episodio de la Odisea, es su irrealidad, su
posición a medio camino entre el mundo de la fantasía
del que, finalmente, estaba saliendo Odiseo, y el mundo
verdadero al que pronto habría de retornar (p. 83).

Los feacios se describen a sí mismos como expertos en go-


5 En su libro Elementos de lingüística, utiliza el ejemplo del “tren de las
diez y media”; en dicho ejemplo la pregunta es ¿cuál es el tren de las diez
y media? No es el de la marca Mercedes Benz ni el color azul o negro, es
decir, su sustrato real puede cambiar, la imagen puede cambiar, lo único
que se conserva es el nombre: es “el tren de las diez y media”.
6 Encontramos ejemplos de ello en los estudios. Marguerite ou l’Aimée de
Lacan de J. Allouch (1990). Paris: EPEL y Ernst Wagner de A.M. Vindras
(2000). Paris: EPEL.
7 Luis Tamayo, Diplomado “Lacan con Heidegger”, FFyL de la UNAM,
2006.
8 Cfr. Román Ramírez (2009).

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La Odisea

bernar sus naves, mientras las mujeres, en el telar. Al mo-


mento de las competencias, son los más rápidos en las carre-
ras. Sus naves no tienen timón, pues conocen las intenciones
y pensamientos de los hombres (VIII, 566). También conoce-
mos su linaje que se remonta a Nausitoo, hijo de Peribea (a
su vez hija de Eurimedonte, rey de los gigantes) y del dios
Poseidón: “ningún mortal tiene trato con nosotros” (VI, 214).
Pero lo que aquí nos interesa es que los feacios, al igual que
Odiseo, sufrieron por la ira de los cíclopes y fueron exiliados
de su tierra. Los feacios comparten camino con el héroe.
La función terapéutica se hace evidente a partir de varios ele-
mentos: la narración directa (en primera persona) con su efec-
to catártico; la posición del terapeuta al escuchar el discurso
del paciente como verdadero. Una vez que Odiseo ha relata-
do sus experiencias, el rey le señala que ellos no piensan de
ningún modo que sea impostor ni mentiroso como otros, tra-
zadores de mentiras que nadie podría comprobar (XI, 363).
Por el contrario, encuentran: “[…] belleza de palabras y buen
juicio y has narrado sabiamente tu historia (mython), como un
aedo, los tristes dolores de los argivos y los tuyos” (XI, 370).
Incluso para la reina Arete, Odiseo ha dado muestra de un
pensamiento equilibrado en su interior (XI, 337).
Alcínoo ha prometido repetidamente al héroe que lo proveerá
de acompañantes (VI, 290; VII, 151, 191, 193), lo cual cum-
plirá. Además, ofrecerán regalos a Odiseo, quien, paradójica-
mente a la desnudez y suciedad (VI, 136; 223) con que había
llegado a Esqueria, saldrá de allí limpio y con múltiples y va-
liosos regalos. Por último, los feacios saben que desaparece-
rán (su isla será oculta como castigo del dios Poseidón por
ayudar al héroe) después de que “depositen” a Odiseo sano y
salvo en Ítaca. Alusiones, sin duda, a la función del terapeuta.

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Verónica Peinado

Los orígenes de la locura: el trauma de la guerra

La guerra cruel los perdió y el terrible


grito de guerra.

(Teogonía, 161)

Cuando Odiseo narra a los feacios lo sucedido a su salida de


Troya da cuenta de la inercia de la guerra de la cual provenía:
“El viento que me traía de Ilión me arrojó a los Cicones, ahí
asolé la ciudad, a sus habitantes los pasé por cuchillo, toma-
mos a las esposas, repartimos el botín” (IX, 19).
Y cada encuentro está envuelto en un impulso por combatir:
“Entonces no hice caso de la recomendación de Circe, pues
me ordenó que en ningún caso vistiera mis armas contra ella.
Así que vestí mis ínclitas armas y con dos lanzas en mis ma-
nos subí a la cubierta de proa” (XII, 227). La diosa lo confir-
ma: “Desdichado, en verdad te placen las obras de la guerra
y el esfuerzo” (XII, 117).
El célebre pasaje de las sirenas, que poco hincapié hace en
la imagen de estos seres y la tentación que representaban
para los navegantes, contiene el vocablo phoné (φωνή), es
decir, “la voz”, “el sonido”, que hacen las sirenas llamando a
Odiseo, término que remite al homófono phoné (φονή), cuyo
significado es “matanza, muerte, homicidio”. De igual mane-
ra puede comprenderse el “prodigio” de las vacas de Helios
cuando emiten una phoné (φωνή), una voz, o la Escila que
aúlla con su phoné, alusiones a lo sucedido en la guerra.
La psicoanalista Françoise Davoine sigue la tradición pro-
puesta por Shay en el libro Achilles in Vietnam, en donde se
afirma que la Ilíada fue una obra creada por un excombatien-
te de guerra y utilizada como una obra de catarsis, ya que,
a través de la repetición oral de la misma, se exteriorizaba el
trauma ocurrido en batalla. No olvidemos que la obra de Shay

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La Odisea

deriva de la experiencia con grupos de excombatientes de la


guerra de Vietnam que en los Estados Unidos testificaron que
la guerra es un evento traumático.
Davoine (2011), en su obra Historia y trauma9. La locura de
las guerras, ubica el inicio de esta tradición en Thomas Sal-
mon (p.196), el médico responsable de presentar una sínte-
sis de las experiencias de guerra inglesa y francesa con el fin
de idear un plan para la prevención y tratamiento de casos de
shell shock, “neurosis de guerra”, es decir, esa serie de tras-
tornos psíquicos encontrados en los soldados (p. 185).
La autora (2012), en su libro Don Quijote, para combatir la
melancolía, hace un análisis de la obra de Cervantes tomando
como punto de partida la vida del autor como excombatiente,
bajo la certeza de que los sucesos traumáticos encuentran
salida a través de la narración, con lo cual sigue la tradición
de Nagy respecto a la épica griega:

Nagy describe el marco fundamental de la epopeya en


cuanto relatos de ex combatientes dirigidos en primer
lugar a otros philoi: son los propios ex combatientes, ac-
tores de las mismas batallas, o bien sus descendientes.
Sólo ellos saben de qué se trata, pues participan de ese
terrible saber de lo Real (p. 258).

La psicoanalista remite a un texto de Heródoto con el cual


desea mostrar la importancia de la parte psíquica de los
traumas de guerra en Grecia:

En esta batalla de Maratón […] se produjo un hecho cu-


rioso: un ateniense, Epicelo, hijo de Cufágoras, en medio
de la pelea perdió repentinamente la vista mientras lu-

9 Es importante señalar que el término “trauma” en su sentido original


(τραῦμα): “herida, daño, desastre, derrota”, en el campo de la psique se
utiliza para indicar un daño emocional. El vocablo griego proviene del
verbo τιτρώσκω= herir, hacer sufrir. Y, como señala Chantraine, en su
Dictionnaire etymologique de la langue grecque, el sustantivo tiene una
forma analógica: θραῦμα= que proviene del verbo θραύω=romper, que-
brar, destrozar, quebrantar.
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Verónica Peinado

chaba como un hombre valiente y eso sin haber recibido


el menor golpe, ni de cerca ni de lejos; desde entonces
quedó ciego para el resto de su vida. He aquí, me dijeron,
cómo explicaba Epicelo su desgracia: creyó ver delante
de él a un hombre alto, armado, cuya barba cubría todo
el escudo; la aparición había pasado sin tocarlo, pero ha-
bía matado al compañero al lado suyo. Ésta es la historia
que contaba Epicelo, según me dijeron. (Historiens grecs
en Davoine, 2011, p. 185)

Para Davoine (2011), la neurosis de guerra de Epicelo:

[…] da cuenta de una ruptura de la temporalidad que en


el transcurso del tiempo recibió distintas denominacio-
nes. El término nostalgia, durante la guerra de Secesión
en Estados Unidos, o la expresión ‘enfermedad suiza’
para los mercenarios adolescentes comprados a las fa-
milias pobres de su país, hablaban de una irredimible
tristeza que los sumergía en la escucha de la música del
lugar de donde provenían (p. 186).

Odiseo viene de una guerra de diez años, cuyo desenlace


plagado de sangre, violencia y esclavitud, termina con el ar-
tilugio del caballo de madera atribuido a Epeo con la ayuda
de la diosa Atenea y la emboscada que el héroe llevó hasta
la Acropólis de Troya, “llenándola de los hombres que des-
truyeron Ilión” (VIII, 490). Éste, de manera preponderante, se
sabía responsable.

Conclusión
Como puede apreciarse, la Odisea puede leerse no sólo
como el periplo de un héroe que gracias a su astucia e inte-
ligencia vence innumerables obstáculos y vuelve a su patria
sino como la narración enloquecida y terapéutica de un ex-
combatiente, de un “neurótico” de guerra.
La Odisea, gracias al sentido metafórico de las palabras y a
las homofonías presentes de algunas nociones clave, puede

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La Odisea

ser interpretada como la narración elaborada por un hombre


a quien la experencia límite de la guerra enloqueció y que,
gracias a la narración de sus experiencias y del fundamental
encuentro con sus pares —los feacios— pudo recuperarse
de la locura y reincorporarse a su hogar.
La Odisea se describe como la historia literaria que narra los
peligros que Odiseo enfrentó en el viaje de regreso a Ítaca,
una vez tomada la ciudad de Troya. En tal concepción, el hé-
roe sale triunfante gracias a su astucia, lo cual se considera
como el signo claro del inicio de la era racional griega versus
la era de la brutalidad guerrera. Asimismo, para la tradición,
los personajes extraordinarios con quienes Odiseo se en-
cuentra lo largo de su periplo representan tanto los elemen-
tos irracionales como las tentaciones a las que se enfrenta el
ser humano en su tránsito por la vida. Éste es un mensaje de
tinte moral.
Por otro lado, la lengua original de la obra da luces sobre los
actos de Odiseo, quien, irónicamente, no sólo no se revela
como un personaje racional y prudente sino como inmerso en
una locura producto de la guerra.

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María de los Ángeles Petriz

De Axkaná González a la Comisión Nacional de


Libros de Texto Gratuitos
From Axkaná González to Comisón Nacional de
Libros de Texto Gratuitos

María de los Ángeles Petriz Elvira


UPM-Morelos

Resumen
Para Martín Luis Guzmán la falta de educación impedía al pueblo
deliberar reflexivamente en los asuntos políticos porque se encon-
traba desprovisto de una formación ciudadana que le permitiera
exigir sus derechos y reclamar gobernantes con un tipo de ética
distinta. El objetivo de este artículo es mostrar que existe coheren-
cia en el actuar de Martín Luis Guzmán al aceptar su participación
en la Comisión de Libros de Texto Gratuitos al lado del gobierno,
al cual había criticado en La sombra del caudillo, pues solamente
desde esa posición podía hacer algo relevante en el terreno de
la educación, lo cual era su propósito puesto en boca de Axkaná
González, su alter ego en la obra considerada como una crítica
al gobierno posrevolucionario. El artículo propone que aunque su
trabajo como funcionario lo colocó como un hombre que faltó a
sus principios éticos, finalmente logró acercar al pueblo a la cultura
escrita.
Palabras clave: Educación ciudadana, mito, realidad, historia, lit-
eratura

Abstract
For Martín Luis Guzmán the lack of education prevented people
reflexively deliberate on political issues because it was devoid of cit-
izen training that would allow them to demand their rights and claim
rulers with a kind of distinct ethics. The aim of this article is to show
that there is coherence in the acting of Guzmán by accepting their
participation in the Free textbooks’ National Commission beside the
Government, whom he had criticized in La sombra del caudillo, as
only from this position he could do something relevant in education,

NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104 69


De Axkaná González a...

which was his plan to put in the mouth of Axkaná González, his alter
ego in the work considered post-revolutionary as a criticism of the
Government. The article proposes that although his work as an offi-
cial placed him like a man who lacked his ethical principles, finally
he managed to bring the people to the written culture.
Keywords: citizen education, myth, reality, history, literature

Introducción
Entre La sombra del Caudillo (1929), obra que nos ocupa en
este artículo y el actuar de su autor, Martín Luis Guzmán, en
la Comisión de los Libros de Textos Gratuitos (Conaliteg)1 pa-
reciera existir una contradicción porque en la novela mencio-
nada, mediante la presencia de Axkaná González, personaje
destacado y depositario del pensamiento de su autor, existe
una evidente crítica al tipo de política que sucedió a la gesta
armada de 1910 en México, mientras que durante la gestión
de Guzmán en la Conaliteg (1959-1976), al formar parte de la
Secretaría de Educación Pública, hay quien asegura que se
puso al servicio y a favor de la ideología de un sistema polí-
tico tan represivo como al que anteriormente había delatado.
Cabe aclarar que La sombra del caudillo (LSDC)2, entre los he-
chos que expone, denuncia la asonada militar que el propio sis-
tema gubernamental, representado por el Caudillo, fraguó para
asesinar al candidato opositor de su gobierno; con ello acusa
abiertamente la falta de un sistema democrático que asegure
elecciones libres en el país. Gran parte de la novela se detiene
en mostrar el actuar corrupto del grupo en el poder que impidió
implementar las propuestas políticas y sociales que el levanta-
miento armado de 1910 ofreció al pueblo, sobre todo aquéllas
referentes a la educación pública y en las que reside fielmente
la crítica de Guzmán. La novela apareció en Madrid en 1929, y
fue hasta 1938 cuando pudo publicarse en México por motivos
de censura gubernamental. La misma suerte corrió la película
basada en la novela, bajo la dirección de Julio Bracho. La cinta
1 De aquí en adelante Conaliteg.
2 (LSDC) La sombra del caudillo en adelante.
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María de los Ángeles Petriz

fue exhibida en un festival en 1960 por única ocasión y estuvo


censurada hasta 1990 cuando el escritor ya había fallecido y
había formado parte del régimen presidencial pese a haberlo
criticado duramente en su novela.
Tomando como pretexto esta aparente contradicción, afirmo
que Axkaná González es Martín Luis Guzmán en LSDC ha-
ciendo una disertación acerca del tejido que entrelaza a la
historia con la literatura y el tratamiento que se le ha asignado
a la literatura en su papel de portadora de fantasía, invención
o mentira, y su carácter poco confiable para hablar de la rea-
lidad. Después, traslado al personaje/autor de la novela a la
acción cuando Martín Luis Guzmán encontró la oportunidad
de llevar a cabo, a través de la publicación de los Libros de
Texto Gratuitos, la esperada educación ética del ciudadano
mexicano.

Entre la literatura y la historia


Debido a que LSDC posee un copioso material histórico en
donde el límite entre lo real y lo ficticio es extraordinariamente
tenue, es oportuno mencionar los hechos que la historia cuen-
ta sobre los dos momentos que Martín Luis Guzmán eligió
como muestras del ejercicio del poder y del autoritarismo por
parte de los caudillos durante el periodo posrevolucionario en
nuestro país. Ante la posición política que alcanzó el escritor
que nos ocupa dentro de las cúpulas del gobierno y de cara
a las elecciones en 1923, debió tomar una postura que final-
mente lo llevó a apoyar a Adolfo de la Huerta y confrontarse
con el Caudillo, razón por la que tanto el candidato como el li-
terato tuvieron que abandonar de inmediato el país. En Espa-
ña publicó sus dos obras más reconocidas: una de ellas, su
novela magna, La sombra del caudillo, salió a la luz en 1929,
muy cercana al crimen político que fraguó el entonces pre-
sidente de la nación, Plutarco Elías Calles, en combinación
con Álvaro Obregón y que cuenta la matanza de Huitzilac,

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De Axkaná González a...

Morelos del aspirante a la presidencia, Francisco Serrano y


sus doce acompañantes. La novela denuncia los excesos del
poder del caudillo y de la clase política en México.
En la novela, Axkaná González es el único personaje que so-
brevive al asesinato político urdido por el Caudillo, a pesar de
haber sido un personaje muy crítico de las prácticas desho-
nestas del Presidente y sus colaboradores.
Así entonces, tomando como inspiración la realidad históri-
ca de los momentos que relata la obra, Martín Luis Guzmán
dio vida y cuerpo a sus personajes a través de su novela, él
mismo afirma que LSDC: “al mismo tiempo que una novela,
es una obra histórica como pueden serlo las Memorias de
Pancho Villa”. (Carballo, 1986, p. 87). A partir de lo que en-
seguida cito, existe una larga discusión teórica que analiza
las supuestas ventajas de las que la literatura goza sobre la
historia o por el contrario, la superioridad que tiene la historia
sobre la literatura, Guzmán precisa que:

Ningún valor, ningún hecho adquiere todas sus propor-


ciones hasta que se las da, exaltándolo, la forma literaria.
Es entonces cuando esa verdad, y no cuando lo mira
con sus sentidos vulgares un historiador cualquiera, que
ve pero que no sabe entender, expresar— lo que sus
ojos han mirado. Las verdades mexicanas están allí por
la fuerza literaria con que están vistas, recreadas. (Car-
ballo, 1986, p. 87)

Significa que para él, la veracidad de las acciones y de las


representaciones históricas se ven fortalecidas por la emo-
ción estética que transmite la creación literaria; Guzmán ase-
gura que la forma de la expresión literaria dota de verdad al
hecho histórico.
Aristóteles, en ese sentido, diferencia el quehacer del histo-
riador y el del poeta: “resulta claro no ser oficio del poeta el
contar las cosas como sucedieron sino cual desearíamos hu-
bieran sucedido” (Poética 1451 a). Es decir, para Aristóteles,

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María de los Ángeles Petriz

la historia sí se basa en eventos reales, en tanto que la poe-


sía reproduce personajes o conductas ideales que tienden a
colocarla, por una parte, dentro del terreno de la irrealidad y
por otro, en el ámbito educativo, como proveedora de para-
digmas morales. Con respecto a lo antes mencionado, para
Platón y Aristóteles, la poiesis debe ser regulada, y no permi-
tir que se sigan repitiendo historias antiguas que empañan la
figura de héroes y dioses.
Es evidente que la literatura griega está intrínsecamente vin-
culada al fenómeno del “mito”, pues como dice Aristóteles el
mythos es la materia prima de la épica y la tragedia; es la
historia base de la cual se sirven los poetas para crear su
propia historia literaria (dramática); y en la medida en que el
vocablo mythos sufrió un cambio de significado en el sentido
peyorativo, la poiesis por lo tanto también lo sufrió, tal como
señala en su artículo Verónica Peinado (2012):

La palabra “mito” es utilizada en la actualidad con el sig-


nificado de “cuento”, “invento” o, incluso, “mentira”. Así
como éste, hay muchos vocablos en nuestra lengua cas-
tellana, provenientes de la griega, que se han desvirtua-
do con el paso de los siglos, de las traducciones y de
las interpretaciones. Vocablos que han sido pervertidos
en sus significado evitando con ello considerar, en toda
su magnitud, sentidos presentes de la Grecia antigua y,
de paso, ignorando lo que ese cambio revela de nuestra
propia percepción del mundo (p. 1).

En dicho artículo, se evidencia que el vocablo mythos en sus


orígenes significaba palabra o discurso, más adelante, en la
Odisea, se añade un elemento muy importante: la tempora-
lidad, con el cual la palabra mythos se entenderá también
como historia, como un suceso del pasado sin que esto sig-
nifique que sea falso sino al contrario, mythos como algo que
sucedió o que para aquel que narra efectivamente sucedió.

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De Axkaná González a...

Fue hasta Platón, cuatro siglos después, que a la palabra


mythos y a la consecuente poiesis se le agrega el elemento
de falsedad.
La explicación que Peinado da sobre la desvalorización de
la palabra μῦθος (mythos), que en sus orígenes significaba
“palabra” al igual que el término logos, tiene que ver con el
menosprecio que se le atribuyó dentro del mismo contexto
griego a la palabra mythos, en contraste con la palabra logos
ya que “sucedió un cambio de una sociedad que explica[ba]
su mundo de una manera poética a una que lo explica[ba] ra-
cionalmente” (p. 1), pero lo grave en esta transición evidencia
el grado de afectación moral que significó para la literatura de
allí en adelante; la particularidad de su carácter falso conten-
drá para siempre una connotación despectiva:

Lo que sin duda sugiere tal pasaje del mito al logos es


una devaluación de la palabra μῦθος (mythos), que se
convierte en sinónimo de falsedad, hecho que denota un
juicio moral como causante de tal cambio en su signifi-
cado. Es decir, las palabras griegas tenían, de origen, un
significado que podemos llamar “neutro” o descriptivo o
etimológico, sin la carga peyorativa que más adelante —
entre los mismos griegos— se le agregó, es decir, ocurre
una “perversión” de las palabras cuando se les atribu-
ye un nuevo significado basado en prejuicios (Peinado,
2012, p. 3).

En el mismo sentido y para que terminara de desvirtuarse el


significado original del mythos al logos también contribuyó la
filosofía moral de Platón cuando expuso una teoría educativa
sobre su ciudad ideal utilizando el término mythos dentro de
un paradigma3 que diferencia perversamente las historias fal-
sas de las verdaderas o reales (p. 10), es justamente cuando
3 Término griego παράδειγμα (paradeigma), cuyo significado es: plan de
arquitecto, modelo, ejemplo, lección, y cuyo verbo de origen (παραδείκνυμι
paradeiknumi: comparar, atribuir) presupone una posición de un ser que
atribuye a otro cualidades superiores dignas de emular( Peinado, La liter-
atura griega. Más allá del paradigma.)
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María de los Ángeles Petriz

la poesía se convierte en mentira, mientras que la historia y


la filosofía, se sostienen en la verdad. Fue en el terreno de la
filosofía moral, escrita en prosa, donde Platón utiliza el con-
traste entre los vocablos μῦθος y λόγος, lo cual le sirve para
fundamentar su teoría educativa (p. 10). Con ese significado,
y ya como objeto educativo, el μῦθος (mythos) es un tipo de
discurso falso:

¿Incluyes tú los discursos (λόγους) en la música4?


¿Y no hay dos clases de ellos, unos verdaderos y otros
falsos? (λόγων δὲ διττόν εἴδος, τὸ μὲν ἀληθές ψεῦδος δ´
ἕτερον) (II. 376d)

Incluso en el proyecto educativo de su ciudad ideal, Platón


no admite los mythoi, pues, en tanto los considera falsos, son
perjudiciales para los niños (p. 10):

¿Habrá de contar la educación con ambos, y antes que


nada con los falsos?
No comprendo lo que quieres decir —afirmé. (II. 376d)

La idea sobre la falsedad de la literatura se consolidó con la


tradición filosófica occidental cuya explicación del mundo no
se concebía sin el uso de la razón lo que implicaba un des-
precio por todo lo que se que se alejara de la racionalidad
(p. 14). Así entonces, las apreciaciones antiguas y modernas
sobre la función de la literatura en cuanto a su carácter fal-
so, han desdeñado su capacidad de expresar de manera au-
téntica la realidad humana dejando que sea la historia quien
ocupe un lugar preponderante dentro de las disciplinas que
estudian al hombre.
En esta separación entre historia y literatura el concepto cla-
ve es el de “verdad”, como lo confirman las distintas definicio-
nes de ambas disciplinas.

4 Μυσική (mysike): “lo relativo a las musas”.


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De Axkaná González a...

El historiador Edward H. Carr (1993) menciona el problema


que ordinariamente presenta la palabra “verdad” en el medio
histórico: “término que tiene un pie en el mundo del hecho
y otro en el mundo del valor, y que se compone de elemen-
tos de ambos” (pp. 177-178). Carr sostiene que el ámbito de
la verdad histórica se encuentra en alguna parte entre estos
dos polos —el polo norte de los hechos carentes de valor
y el polo sur de los juicios de valor— todavía luchando por
transformarse ellos mismos en hechos. El historiador se en-
cuentra en equilibrio entre el hecho y la interpretación, entre
el hecho y el valor. Por el contrario, el novelista no encuentra
límites para contar “la verdad poética” ni en los hechos ni en
los juicios de valor, lo que hace es emitir una interpretación
libre de los hechos sin estar sometido al registro de datos que
exige la metodología del análisis histórico.
Enriqueta Vila (2009) señala que para el historiador la litera-
tura es una fuente muy distinta al interés que mueve al crítico
literario, al historiador de la literatura o al lingüista. Añade Vila
que la búsqueda de la verdad para el historiador, pese a las
implicaciones ideológicas que suceden en el trabajo de re-
colección, consulta e interpretación de los documentos, hay
siempre una línea de separación entre la historia y la ficción.
Muy diferente a lo que ocurre con la novela, la construcción
del historiador pretende ser una reconstrucción del pasado a
través de documentos que se ciñen a lo que en determinado
momento sucedió (p. 3). La novela, por el contrario, puede
moverse en el tiempo a su voluntad. Vila también mencio-
na a Ricoeur cuando se pregunta si la historia y la ficción
no aportan dos respuestas distintas pero complementarias a
la discrepancia entre lo que él llama tiempo mortal y tiempo
cósmico. Su conclusión es que la respuesta de la historia es
la reinscripción del primero sobre el segundo por medio de
dispositivos como el calendario, los documentos, los datos,
restos o huellas, mientras que la respuesta de la ficción es
inventar variaciones imaginarias vinculadas con el espacio
que separa las dos perspectivas del tiempo (p. 3). Eso es lo
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María de los Ángeles Petriz

que hace tan distinto el manejo interpretativo de la literatura


frente a la normatividad que siempre rige a todo historiador
profesional.
Las diferentes tendencias de la investigación histórica han
abierto nuevos senderos en lo que se refiere a inspeccionar
temáticas que antes sólo eran tratadas por la literatura; la
historia de las mentalidades, la vida cotidiana, la historia de
género, etc., han experimentado, desde hace algunos años,
con materiales que tienen que ver con los hechos que cuenta
la literatura tomándola como un referente confiable de investi-
gación como ya lo aseguraba Alejo Carpentier (2003) cuando
decía:

[...] la función cabal de la novelística consiste en violar


constantemente el principio ingenuo de ser relato desti-
nado a causar placer estético a los lectores, para hacer-
se instrumento de indagación, un modo de conocimien-
tos de hombres y épocas, modo de conocimientos de
hombres y épocas, modo de conocimiento que rebasa,
en muchos casos, las intenciones de su autor (p. 120).

Considerándolo así, la diferencia entre la historia y la poiesis


tiene que ver, por lo tanto, con su manera de conceptualizar
la “verdad”, y en esta diferenciación la ficción es un concepto
ligado a la verdad.
En su obra Arte y poesía (1958), Heidegger señala que esa
verdad, que se muestra ocultándose, encuentra su receptá-
culo perfecto en el terreno del arte y la poesía: “La verdad
como alumbramiento y ocultación del ente acontece al poeti-
zarse. Todo arte es como dejar acontecer el advenimiento de
la verdad del ente en cuanto tal, y por lo mismo es en esencia
Poesía” (pp. 110-111).
Además, como lo explica líneas más adelante Heidegger, la
Poesía “no es ningún imaginar que fantasea al capricho, ni
es ningún flotar en la mera representación e imaginación de
lo irreal” (p. 111). Afirmación en la cual la relación poiesis-fal-

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De Axkaná González a...

sedad no tiene lugar porque al poner la mirada sobre la na-


turaleza de la obra y “su relación con el acontecimiento de la
verdad del ente, queda dudoso si la esencia de la Poesía, es
decir, a la vez de la proyección, puede pensarse suficiente-
mente tan sólo por la imaginación y la fantasía” (p. 111).
Heidegger añade más al respecto cuando sostiene que “la
esencia del arte es la Poesía. Pero la esencia de la Poesía es
la instauración de la verdad” (p. 114) y la proyección Poética
de la verdad que se sitúa en la obra “jamás se realiza en lo
vacío o en lo indeterminado” (p. 115), con ello entendemos
que la verdad está fincada en lo que existe y no necesaria-
mente es antónimo de mentira porque decir que el poeta finge
o miente es desconocer el significado de los términos como lo
revisaremos en el siguiente apartado.

Axkaná González es Martín Luis Guzmán


Bajo la premisa de que Martín Luis Guzmán nos presenta
al afirmar que “todos los personajes que allí aparecen son
réplica de personajes reales, menos uno, Axkaná González”
(Carballo, 1986, p. 64), expondré qué tan válida es esa afir-
mación.
Se considera que ficción es sinónimo de falsedad o mentira
y la realidad, sinónimo de verdad. Sin embargo el término fic-
ción que viene del latín fictio derivado a su vez del verbo fingo
que significa fingir, remite a la acción de representar la real-
idad lo cual en el término aristotélico referido en la Poética
corresponde al vocablo griego mímesis: “La epopeya, y aun
es otra obra poética que es la tragedia, la comedia lo mismo
que la poesía ditirámbica […], da la casualidad de que todas
ellas son reproducciones por imitación (mímesis)” (Poética
1447 a).
Como señala en su estudio introductorio a dicha obra, García
Bacca explica que la palabra griega mímesis significa en
Aristóteles “reproducción imitativa, es decir: una síntesis de
acciones artificiales y artísticas” (XXXVII). De lo que esa re-

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flexión filológica da cuenta es que asimilar el término “ficción”


(“imitación”) con “falsedad” o “irrealidad” es también un pre-
juicio, pues todo arte proviene de la esfera de la realidad.
Precisamente de la ubicación de la literatura en el mundo de
lo real y tomando en cuenta que ni del vacío, ni de lo indeter-
minado, ni de lo inexistente puede haber proyección Poética
—según palabras de Heidegger—, el análisis de la novela
que nos ocupa como obra artística que es, contiene una ma-
terial indiscutiblemente valioso para develar su verdad literar-
ia, además de que sirve como muestra de que la ficción está
fincada, sin lugar a dudas, en la realidad.
Adentrándonos en la novela La sombra del caudillo, encon-
tramos que además de contar con una magnífica disposición
descriptiva de la época, Guzmán construye y contrasta figu-
ras y personajes cuya identificación real e inequívoca nos fue
proporcionada por su propio autor a través de una entrevis-
ta concedida a un crítico literario (Carballo, 1986, p. 64), de
manera que la mayoría de los personajes ficticios tienen su
equivalente en la realidad.
Empecemos por decir que entre muchos de los rasgos que
definen a Axkaná González de acuerdo con Ramírez Garrido
(2003), es que este personaje representa el alter ego de Mar-
tín Luis Guzmán:

Desde las correspondencias físicas y biográficas entre


el autor y su personaje, pasando por la concepción de la
política mexicana, hasta el homenaje a ‘Axkaná’ que la
revista El Tiempo publicó a la muerte de su director, este
coro trágico tiene su depositario, su persona, su máscara
en el mismo Martín Luis Guzmán (p. 176).

Hay que mencionar que Guzmán publicó LSDC en dos mo-


mentos, el primero fue una versión periodística que hizo por
entregas durante el año de 1928, más tarde, quitó algunos
capítulos de la versión original y añadió otros para publicar
la novela con el mismo título en 1929. Al respecto Ramírez

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De Axkaná González a...

Garrido sostiene que en la versión periodística de LSDC,


Axkaná es “un autorretrato crítico mientras que en el libro se
convierte en el revolucionario ideal insertado en el primer cír-
culo del poder” (p. 177). Lo cual puede completarse diciendo
que Axkaná, al ser el depositario del pensamiento de su au-
tor, es una figura que representa una parte de la realidad de
Guzmán.
De hecho, su nombre, de ecos mayas, nos remite a los orí-
genes de su padre (p. 176), en efecto, Martín L. Guzmán —
padre del escritor— había nacido en Mérida, Yucatán y fue
precisamente de él que Guzmán hijo recibió sus primeras
orientaciones liberales. La inesperada confesión que al final
de la vida de su progenitor escuchó —pese a haber servido
a la dictadura porfirista— de que los insurrectos de la revolu-
ción “no eran mala yerba”. (Guzmán, 2010, p. 472) Así, sea
o no parte de una leyenda dorada (Huntington, 2010, pp. 49-
50) promovida por Guzmán en su discurso ante la Academia
Mexicana de la Lengua, el hecho es que Martín Luis era nada
menos que el hijo “del primer oficial muerto por las balas de
los rebeldes” (p. 50). Lo cual significó un acto de decoro para
nuestro autor durante toda su vida.
En la obra, Axkaná González, al igual que su autor, asegu-
ra Ramírez Garrido, era hijo de un militar porfirista (p. 177),
prueba de ello aparece en la cita que más adelante presento
cuando Guzmán describe a este personaje como un elemen-
to que, a todas luces, es de primer orden no tanto por la in-
fluencia en el desarrollo de los hechos descritos, sino por su
importancia como personaje de marcadas raíces simbólicas
muy cercanas no sólo al pensamiento de su autor sino a sus
rasgos físicos. Así nos encontramos que:

Axkaná brincó fuera del auto con ágil movimiento. En el es-


plendor envolvente de la tarde, su figura rubia y esbelta,
surgió espléndida. De un lado lo bañaba el sol; por el otro
su cuerpo de reflejaba a capricho en el flamante barniz del
automóvil. La blancura de su rostro lucía con calidez sobre

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María de los Ángeles Petriz

el azul oscuro del traje; sus ojos verdes, parecían prolongar


la luz que bajaba desde las ramas de los árboles. Había
una leve inclinación de su sombrero sobre la ceja derecha
remotas evocaciones marciales, algo militar heredado,
pero, en contraste, resaltaba, en el modo de cómo la pisto-
la le hacía bulto, en la cadera, algo indiscutiblemente civil.
(Guzmán, 2002, pp. 80-81)

La cita anterior nos dibuja con líneas vigorosas y efectistas, un


personaje que, desde su primera aparición en el contexto de
la obra, queda plasmado en nuestra mente con una imagen
agradable y atractiva: “de figura rubia y esbelta”, “la blancura
de su rostro”, “sus ojos verdes”, “algo de militar heredado”,
“resaltaba el modo de cómo la pistola le hacía bulto, en la ca-
dera, algo indiscutiblemente civil”. Magistralmente descrito en
la fugacidad del momento, Axkaná González, cuyo nombre
maya y apellido español, reúne, según su autor, la condición
mestiza del personaje, aunque se nos antoja en gran medida
como un autorretrato de una figura de raíces más hispanas
que indígenas.
Más allá de la lograda descripción física de este personaje tan
abiertamente alusiva a su autor y a su honorable herencia mil-
itar, cito ahora algunas referencias etimológicas del nombre de
Axkaná que refuerzan palmariamente el carácter simbólico que
Guzmán le confirió en la obra. Según López Vera (2014) de
acuerdo con la etimología maya del nombre y las raíces familia-
res yucatecas del autor, Axkana —ah: hombre; kanak: compa-
ñero de otro en el gobierno; y K’anan: necesario e importante se
trata de un personaje subordinado al protagonista, pero impres-
cindible por estar detrás de las decisiones de este último(p. 106)
Su condición de subordinación lo coloca como un consejero que
no puede estar seguro de que es tomado en cuenta: es muy
posible que no lo escuchen.
Marcelino Hérnandez (s/f) cuya lengua materna es el maya
asegura que: axkana, ax- son adjetivos o adverbios que nor-
malmente se utilizan como prefijos que acompañan a un ver-

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De Axkaná González a...

bo para indicar negación. Axkana tiene la misma función que


ax- pero usar axkana enfatiza más la negación. He aquí algu-
nos ejemplos de su uso: axkananimitsita significa: “no te veo”;
axkanakema/axkema/amokema significa: “nunca”; axkanami-
ka corresponde a: “no es por aquí”; axkanatlaque/axtlajque/
axtleno quiere decir: “nada de nada”; axaka/axakak/axka-
naakak significa: “nadie”, “ninguno”; axayakakjiya correspon-
de a “no hay quien”. Derivado de lo anterior, es factible que
ese “nadie”, “ninguno”, “no te veo”, “nada”, o “no hay quien”,
se pueda tratar del uso intencional por parte de su autor, de
un nombre maya sin ninguna resonancia significativa en es-
pañol y cuyo sentido en lengua indígena indica invariable-
mente una negación. Sin disentir sobre lo que afirma López
Vera, un punto que une ambas terminologías es la connota-
ción de “no ser visto” o “no poder estar seguro de ser tomado
en cuenta” (p. 106). Es evidente que en el nombre del perso-
naje, lleva la posición del autor acerca de la clase política, es
decir, a esta última no le importa el punto de vista de alguien
que está educado o alguien con otra tipo de ética porque el
problema radica en la ignorancia del pueblo: el político conti-
nuará haciendo y avanzando en todo lo que pueda en cuanto
el pueblo lo permita, por eso no le interesa escuchar ni ver,
ni le interesa tomar en cuenta a Axkaná González porque su
forma de pensar y de conducirse es diferente a la del resto de
sus compañeros.

Axkaná González, un político distinto

La formación ciudadana ha sido un tema de interés para in-


vestigadores en el área educativa y para intelectuales de los
distintos campos del saber. Martín Luis Guzmán siempre se
sintió seducido por el tema educativo por eso, en los momen-
tos que encontró la oportunidad para intervenir, siempre lo
hizo. Es preciso mencionar que el autor de LSDC fue miem-
bro del Ateneo de la Juventud e integrante de la directiva de
la primera Universidad Popular Mexicana cuyo proyecto dio

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María de los Ángeles Petriz

“énfasis a la promoción del cuidado integral del ser humano,


es decir, el cuidado del alma como requisito para la huma-
nización”. (Peinado, 2012, p. 2) Ese afán de los ateneístas
y de los responsables de la Universidad Popular Mexicana
por ofrecer sabiduría y formación al ciudadano ha sido una
aspiración humana que proviene de Grecia, en particular de
Sócrates con su “misión filosófica”. (Peinado, 2012, p. 2) No
obstante las buenas intenciones del Ateneo y de la Universi-
dad Popular fracasaron en sus propósitos porque esta última,
al ofrecer un tipo de educación integral al ciudadano, no coin-
cidió con los lineamientos que la universidad pública ofrecía
al individuo; además el modo de acercar el conocimiento al
pueblo, basado en una fantasía como fue la cultura griega,
alejó la posibilidad de conquistar el éxito que soñó (p. 8).
Con respecto a LSDC son recurrentes las escenas en las que
Axkaná observa y reflexiona diciéndose a sí mismo que si
este país quiere avanzar, el poder debe ser ejercido por gente
ilustrada, capaz de guiar con justicia al pueblo y aunque este
concepto de ciudadanía obliga al hombre a una condición de
heteronomía —siguiendo a Séneca— “se necesita un prínci-
pe, pero éste debe actuar en interés de sus súbditos y no del
suyo propio […] ser sabio significa olvidar todo lo que no sea
convertirse en servidor, tanto de la ley positiva como de la ley
moral”. (Touchard, 1977, pp. 78-79) Axkaná, como su propio
creador, advierte que muy a su pesar, la revolución mexicana
ha sido traicionada por gente desprovista de principios, por
gente como el Caudillo o por su propio amigo Ignacio Aguirre
que han dejado a un lado su labor de servicio por el hecho de
querer mantener el poder, el bienestar personal y la posición
política.
Porque aparte del incumplimiento de sus obligaciones hacia
el pueblo, otra de las características que lesionan la persona-
lidad de los dirigentes políticos —de acuerdo a nuestro perso-
naje observante— es su falta de preparación intelectual y de
cultura ciudadana, carencias que trascienden en un compor-

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De Axkaná González a...

tamiento prepotente cuya negatividad va en relación directa


con su investidura como funcionario. Guzmán escribió sobre
el tema unos años antes de publicar LSDC:

Los políticos mexicanos no son, salvo excepciones con-


tadas, ni escritores, ni oradores, ni periodistas, ni confe-
renciantes, ni maestros; son ciudadanos simples, hom-
bres de poquísimas o ningunas letras, aunque a veces
de muy buena intención, que han resuelto encauzar con
su brazo el fluir de la patria. (Guzmán M. L., 2010, p.
397)

Es, en otras palabras lo que Platón sostiene con respecto a


la educación y al espíritu de justicia que deben tener quienes
conducen a los pueblos: “la ciudad debe ser gobernada por
los mejores, que son quienes entienden el sentido de justicia”
(Platón, 1967), y exactamente esto no es lo que Axkaná ob-
serva:

Axkaná, que por primera vez veía entonces a Catarino


Ibáñez, se dedicó a observarlo. De pronto el aspecto
exterior del general nada le dijo. Era el de tantos otros
soldados de la Revolución, convertidos, como por magia,
en gobernadores o ministros: analfabetos, con patente
de incultura, en los cargos públicos de responsabilidades
más altas. (Guzmán, 2002, p. 158)

Al igual que Axkaná González, su creador, muy pocos años


antes de la publicación de LSDC sacaba a la luz la dificultad
que significaba llevar a cabo la educación del pueblo mexica-
no, en definitiva y tomando textualmente sus palabras, Guz-
mán afirma que:

Es empresa harto difícil, y por eso México necesita un


gran maestro. Para esta obra quizás se requieran, apar-
te las dotes sagradas del maestro, que son como fuego

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María de los Ángeles Petriz

que los dioses ponen en un hombre para que ilumine el


camino de los otros, tamaños verdaderos de apóstol y de
héroe. (Guzmán, 2010, p. 402)

Y es que Martín Luis sencillamente reconoce que la tarea


educativa en México es necesaria porque los ciudadanos ca-
recen de una capacidad pragmática para el ejercicio de una
política deliberativa y de una participación democrática ver-
dadera debido a que la gente es presa del miedo cívico lo
cual la paraliza para actuar democráticamente y de frente en
contra del mal gobierno, poco respetuoso de las leyes y de la
libertad:

Los mexicanos sólo se resienten de un apocamiento en


sus calidades humanas, con particularidad en aquellas
que son indispensables para organizar y desenvolver la
vida social democrática: les falta aptitud para mirarse y
analizarse valientemente; no saben evitar los abusos de
los hombres que llegan al poder; no aciertan a enfren-
tarse con la disolución que de esos abusos se deriva. Y
tal falla del carácter, originada en raíces primordialmente
educativas, se manifiesta entre ellos de varios modos:
por el miedo civil (miedo individual y colectivo), por el
apego a la ficción nacional, y por la tendencia a la de-
formación del juicio político, adulatoria unas veces, deni-
grante otras. (Guzmán, 2010, p. 403)

Diez años antes de que Axkaná naciera en las páginas de


La sombra del caudillo, su autor se lamentaba de los duros
golpes que el mundo real de la política le propinaba el pueblo:

La generalidad de nuestros políticos y militares revolucio-


narios —esto se palpa en la atmósfera— se enriquecen a
más no poder, y su enriquecimiento se opera a la vista de
quienes lo sufren; tan a la vista, que esa acumulación de
bienes, inherente ahora a los cargos públicos y al mando
de las fuerzas, ha perdido su viejo carácter embozado
y discreto, para convertirse en comercio normal, franco
y escandaloso (Guzmán, A orillas del Hudson, 2010, p.
520).

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De Axkaná González a...

Adriana Sandoval (1991, p. 413) asegura que en La sombra


del caudillo, comenzando por el título, el primer significado
evidente y relevante para Guzmán es la dicotomía de luz y
sombra como equivalentes a lo positivo y negativo en políti-
ca respectivamente. De modo que los seguidores de Ignacio
Aguirre están del lado de la luz y los partidarios de Hilario
Jiménez al lado de la sombra. Con la misma temática Margo
Glantz (1979) sostiene que “la política de Guzmán es apar-
entemente una política maniquea y sus preferencias se ali-
mentan con los cuerpos a los que alimenta la luz” (p. 12). To-
mando como centro y referido a lo anterior, el personaje más
positivo de la obra es Axkaná González; seguir su trayectoria
de luz a lo largo de la novela es impresionantemente revela-
dor de un simbolismo poético que refleja la inteligencia y la
educación del personaje:

La luz que iba haciéndose en la masa de indios allí reu-


nida era obra de la calidez misteriosa de los vocablos de
Axkaná y del ritmo de sus frases; pero nacía también del
timbre de la voz del orador, de la elocuencia de su sin-
ceridad, de la simpatía comunicativa de sus ademanes,
y hasta del fulgor, intensamente franco y expresivo, de
sus ojos, que brillaban más verdes bajo los rizos de su
cabellera en desorden. (Guzmán, 2002, p. 174)

En efecto, la figura de Axkaná, como depositaria del pens-


amiento de su autor, posee los rasgos que caracterizaron a
algunos personajes decimonónicos como representantes de
la civilización frente a la barbarie, de la ignorancia frente a la
educación, de la luz frente al oscurantismo, paradigmas que
evidencian la proclividad didáctica que se le ha adjudicado a
la literatura occidental desde la antigüedad griega. Hay que
recordar al Facundo de Domingo Faustino Sarmiento, al San-
tos Luzardo de Rómulo Gallegos, a Don Segundo Sombra
de Ricardo Güiraldes, todos ellos portadores de la luz que
conlleva la instrucción a recónditos lugares donde la igno-
rancia estaba representada por la oscuridad. Al contrario de

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María de los Ángeles Petriz

ello y lejos de que en LSDC exista un manejo metafísico de


los personajes representados por el paradigma luz/sombra
correspondiente a lo positivo y negativo respectivamente —
como lo afirman Sandoval y Glantz—, lo que el relato nos
describe es que tanto los compañeros de Aguirre como los
seguidores de Jiménez se mueven, sin distinción alguna, en
medios idénticamente corruptos desempeñando prácticas
políticas ilícitas sin que conozcan límites para evitarlo. Lo
cierto es que efectivamente Axkaná —fuera de tropiezos muy
humanos— sí es una figura literaria distinta a las demás que
de manera inexplicable se encuentra inmerso en un entorno
político atávicamente corrupto junto al resto de sus amigos
y compañeros con los que comparte diversos escenarios y
circunstancias en donde imperan las pasiones e inclinaciones
de aquéllos que dirigen al país. Guzmán, a través de Axkaná
González, vierte en la novela su indignación y la de mucha
gente más esperanzada en que al término de la revolución
sobrevendría un periodo distinto de cambios significativos en
el quehacer político y social del país. Al contrario de sus ex-
pectativas comprobó que la Revolución había sido traicionada
incluso por los mismos caudillos que habían luchado contra
la dictadura de Porfirio Díaz. Lo complejo del nuevo sistema
gubernamental no es simplemente advertir la ignorancia del
pueblo —que ya de por sí es grave— sino evidenciar la ver-
gonzosa incultura de los políticos que por su escasa prepa-
ración ejercen el poder de manera absoluta aprovechando el
erario público para cumplir sus caprichos: definitivamente eso
no es lo que la revolución había prometido:

Entonces entendió Axkaná, mejor que nunca, el alma de


sus amigos; comprendió por qué ellos no consideraban
completa su vida -siendo ministros o generales, siendo
gobernadores, siendo dueños de los destinos políticos
de todo un pueblo- sino con el roce cotidiano del liberti-
naje más bajo. Vivían o podían vivir como príncipes; te-
nían de amantes, o podían tenerlas, a las más hermosas
mujeres que el dinero compraba, pero aun eso no ence-
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De Axkaná González a...

rraba para ellos bastante sabor. Les hacía falta lo otro:


la inmersión, acre y brusca, en el placer de lo inmundo.
(Guzmán, 2002, p. 118)

De este modo y a través de la mirada de Axkaná, se nos


muestra con excelente caracterización, cómo vive un minis-
tro, cómo se vale de mañas y subterfugios para adquirir ri-
queza, cómo se levanta en el poder y disfruta de logros mal
habidos; cómo ajustándose al sistema y en función del cargo
que ocupa, paulatinamente va adaptándose, primero con di-
simulos y silencios, y más tarde con una participación activa
y abierta, al status ya establecido por prácticas corruptas cu-
yos engranajes excluyen o minimizan a todo aquel que quiera
permanecer honrado.
Es en ese contexto tan abrumadoramente descompuesto
desde el que Axkaná emerge como un personaje especial y
distinto en cuanto a que, pese a participar en cierta forma de
las acciones y transacciones de sus amigos, permanece más
con ellos desde una posición de atenta observación, no ya
como consejero ni asesor moral de Ignacio Aguirre, su amigo
y prospecto a la candidatura del país, sino como un personaje
con una asombrosa capacidad crítica sobre lo que observa:

—Tú —dijo encarándose con Tarabana— vas a ser cau-


sa de que Ignacio se comprometa cualquier día… Está
bien (o está mal, pero, en fin, parece inevitable) que se
intenten con cautela operaciones discretas. Pero ¡hom-
bre!, la verdad es que tú no paras, ni te cuidas, ni mucho
menos cuidas a los de las responsabilidades: todos los
días son órdenes , y órdenes, y más órdenes. Su voz,
aunque admonitoria y enérgica, sonaba afectuosa, tran-
quila. (Guzmán, 2002, p. 100)

En contraste con la natural ecuanimidad de Axkaná, la res-


puesta de Tarabana, alejada de “las buenas formas” y carga-
da de cinismo, expone un argumento de innegable veracidad
que prueba, por una parte y pese a arrastrar al propio Axkaná

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en el torbellino de corrupción de quienes critica, el provecho


material que reciben aquéllos que disfrutan de la amistad de
un político:

Pero vuelvo a decírtelo: ¿para qué te sirve toda tu filoso-


fía, la tuya y la de los libros que dicen que lees? ¿Te ima-
ginas que se hace solo el dinero que éste gasta? Pues
¿de dónde crees que sale todo lo que Ignacio despilfarra
con sus amigos, incluyéndonos a ti y a mí?¿Supones
que se lo regalan? (Guzmán, 2002, p. 100)

Observemos que del mismo argumento se pueden inferir las


razones por las que Axkaná González —sin necesidad algu-
na de convivir con personajes faltos de principios éticos y aun
a sabiendas de que no pertenece a ese ambiente político del
que se siente excluido— su misión es mantener una relación
con ellos porque sabe que no existe otra manera de influir en
sus acciones sino manteniéndose próximo a ellos. Es decir,
no sólo ha creado vínculos con políticos sin escrúpulos sino
que milita con ellos y forma parte de su clan. Así como Axka-
ná supo acomodarse en el círculo de poder político, el crea-
dor de esta figura, hizo lo mismo —según cita de Betancourt
Cid— “recapacitando sobre su propio acomodo dentro de las
cúpulas del poder, es decir, en la observación desde ‘la terra-
za’”. (Guzmán, 2010, p. 13)
Derivado de estos razonamientos y con profunda tristeza
podemos afirmar que, sin lugar a dudas, LSDC es una obra
cuya innegable actualidad se hace patente lo mismo acu-
diendo a textos contemporáneos de historia, que leyendo
cualquiera de las noticias que cotidianamente ven la luz en
nuestros días. Es decir, con ello se comprueba que la novela
ha trascendido a través del tiempo porque nos presenta una
realidad que lamentablemente continúa en lo que se refiere a
los avances y retrocesos del sistema político mexicano. Nos
confirma que, al igual que hace casi noventa años, el gobier-
no pretende, bajo el burdo y tendencioso disimulo de huecas

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De Axkaná González a...

terminologías, mantener al país en la ignorancia y el obscu-


rantismo necesarios para que siga siendo fuente de riqueza
de la clase en el poder.
Guzmán creyó que para sanear los círculos del poder guber-
namental era necesaria la influencia de figuras como Axkaná
quien, más allá de representar al individuo, más allá de en-
carnar al personaje independiente, proyectaría una forma de
equilibrio entre la sordidez de las costumbres y prácticas de
la gente de posición, y la posibilidad de una evolución, que
haciendo a un lado las ansias de poder del político nacional,
encontraría la esperanza y el ideal de un porvenir, en el que
la deshumanización, giraría sus puntos cardinales hacia un
encuentro del hombre con él mismo y con los demás, y que la
educación le brindaría al hombre el poder para reconocerse
como persona libre contribuyendo a una participación confor-
me a un entorno justo, honesto y equitativo. La actuación de
Axkaná González en la novela muestra la verdad literaria de
su autor confirmando con ello que en la esencia de la poie-
sis no únicamente se manifiestan la imaginación y la fanta-
sía sino que existen pruebas incuestionables que conectan
al lector con las distintas esferas de la realidad. Termino esta
parte afirmando en forma definitiva que Axkaná González sí
es Martín Luis Guzmán.

De Axkaná González a la publicación de los primeros


Libros de Texto Gratutitos en México
Para dar continuidad al tema que hemos tratado relativo a
la figura de Axkaná González como réplica de su creador y
como representante de la esperanza de algo que podría su-
ceder para cambiar en lo posible aquello que había criticado,
daremos un salto en el tiempo del año 1929, año de la publi-
cación de LSDC hasta 1959 cuando Guzmán inicia su labor
como director de la Conaliteg.

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Como fue mencionado en su momento, LSDC mostró el pro-


blema que representaba ese tipo de política para su autor;
tres décadas después, Guzmán se encontró en un momento
histórico que le dio la oportunidad de concretar lo que en la
novela había soñado Axkaná González: hacer un encuentro
de la ciudadanía con la educación. A manera de enaltecer
la enorme tarea emprendida por el escritor chihuahuense es
razonable reconocer que, a lo largo de la historia de las ideas,
no es fácil que un intelectual transite de la teoría a la prácti-
ca dejando de hacer lo que le resulta más fácil y cómodo en
sus faenas cotidianas. La mayoría de las personas que se
dedican a este oficio, permanecen en el mundo de las ideas
sin atreverse a dar el salto hacia una actividad humanística
orientada a mirar por el bien de los demás. Así, sin temor
a hacerlo, Guzmán tomó las riendas de la Conaliteg en un
momento histórico igualmente violento como el que vivieron
Axkaná, Aguirre y sus compañeros de partido. Paradójica-
mente, Martín Luis ahora se encontraba inmerso dentro del
tipo de política que antes había criticado tan duramente, no
obstante, decidió tomar el reto de llevar a cabo un proyecto
gubernamental amigable con el pueblo el cual se consolidó
con la publicación de los primeros manuales escolares gratui-
tos en México en 1960.
Efectivamente, la oportunidad de realizar este proyecto, cum-
plía, por un lado, la utopía personal de Guzmán que llevaba
años esperando, y, por otro, concretaba una añeja quimera
gubernamental a la vez que procuraba frenar la brecha de
inconformidades que se habían suscitado entre el gobierno y
la sociedad. Ambos anhelos, con el genio de Guzmán, pudie-
ron llevarse a efecto insuflando en ellos la dosis de ideología
que a cada parte le interesaba transmitir. Comparando a una
y a otra, la propuesta de Guzmán —a diferencia de la gu-
bernamental cuyas manifestaciones de control y represión se
rigidizaban cada día más— seguía representando la opción
que le brindaría al ciudadano adquirir una formación integral
permitiéndole dilucidar de manera personal e independiente
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De Axkaná González a...

su vida democrática a la vez que lo convertía en un hombre


creativo y sensible a velar por sí mismo y por el bienestar de
los demás.
Cuando Martín Luis Guzmán fue elegido presidente de la Co-
misión de los Libros de Texto Gratuitos, contaba con 72 años,
para ese momento ya había concluido su producción literaria.
Es un hecho que aunque fuera espectador y protagonista de
muchos de los sucesos nacionales de los años sesenta y se-
tenta, de sus últimos años no dejó escritas sus impresiones
literarias, lo cual definitivamente representa un lamentable
vacío artístico que podría ser un tema interesante para otra
investigación. En una entrevista que concedió a Emmanuel
Carballo en 1963 confesaba: “He abandonado las letras des-
de que me hice cargo de la presidencia de la Comisión Nacio-
nal de los Libros de Texto Gratuitos”. (Carballo, 1986, p. 95)
Cuando Torres Bodet, Secretario de Educación durante el go-
bierno de Adolfo López Mateos, decidió proponer a Guzmán
en 1959 como Presidente de la Comisión Nacional de los Li-
bros de Texto Gratuitos, prometió al presidente que Guzmán
sabría hacer respetar el mayor ideal de su vida pública: el
liberalismo, (Torres Bodet, 1974, p. 241) tomando como pun-
to de apoyo el símbolo que la revolución mexicana represen-
taba para devolver el aliento liberal al país en la construcción
de su desarrollo y progreso.
Por otra parte, lejos de ver el presidencialismo de ese mo-
mento como la consumación de los ideales del Partido Revo-
lucionario Institucional, Guzmán lo vislumbró como la realiza-
ción de la etapa constructiva de la revolución. Regresó, por
ende, a los preceptos del liberalismo como una oportunidad
más de dirigir a la ciudadanía y a la clase dirigente mediante
los principios de la Constitución. Sin temor a equivocarnos,
la preocupación por el tema de la educación fue una de las
directrices más sólidas del ideario liberal (Guzmán, 1948, p.
29) y Guzmán lo cristaliza a través de los manuales escolares
a su cargo.

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Como todo un profesional, versado en la edición y publicación


de libros, Martín Luis Guzmán se dedicó apasionadamente a
llevar a cabo la empresa que le fue encomendada.
La experiencia, en primera instancia del Ateneo de la Juven-
tud y posteriormente de la Universidad Popular Mexicana,
sirvió de inspiración a Guzmán para acercar la educación al
pueblo, en este caso, la población elegida sería la infancia,
etapa del individuo en la que se puede influir de manera más
intensa y duradera (Aries, 1990, p. 90). Fue bajo este modelo
que Guzmán —como un auténtico ideólogo en la Conaliteg—
orientó algunos de los tópicos fundamentales que habrían
de plasmarse en los LTG. El alcance final de este proyecto
—como todos los que a educación se refieren— tiene tintes
políticos como en su momento lo afirmó Alfonso Reyes en su
escrito “misión y propósito de la Universidad Popular mexica-
na” del año 1913.
Tomando en cuenta la preocupación por la ciudadanía, Guz-
mán logró cristalizar el sueño liberal y ateneísta que lo per-
seguía desde su juventud: otorgar educación gratuitamente
imprimiendo en los contenidos de los textos una ideología en
la que creyó y de la que, al parecer de muchos, reproducía
lo que el gobierno le imponía hacer. Habría que preguntarnos
si no fue Guzmán quien se sirvió del gobierno para llevar a
cabo la utopía que tenía en mente desde sus incursiones en
la política cuando quedó fuera del proyecto de alfabetización
masiva emprendido por Vasconcelos en el periodo de Álvaro
Obregón. Hemos de constatar que Guzmán no claudicó ja-
más en su empeño por lograrlo. Al respecto, Bertha Hernán-
dez (2012) aduce que:

No en balde, algunas de las nuevas investigaciones so-


bre la biografía y el perfil político de Martín Luis Guzmán,
exploran su carácter de “operador ideológico” y más aún:
de ideólogo de una cultura fincada en la herencia de la
posrevolución, que trasluciría en la primera generación
de libros de texto gratuitos (p. XXVI).

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Así, el discurso que Guzmán sostuvo para correlacionar la


memoria de la revolución con el partido en el poder para velar
por el bienestar de los ciudadanos se centró en distinguir al
Partido de la Revolución “como la estela que recoge la his-
toria del movimiento fundacional, que sostiene el proyecto y,
sobre todo, el garante de la paz social” (Ramírez Garrido,
2003, p. 225). Dicho en otras palabras, el partido vigente es
el que daría continuidad a la Revolución y el que mejor se
abocaría a solucionar los problemas del país. Él creyó que
un compromiso social y humanista como lo representaron los
LTG era suficiente para soslayar el fracaso del desarrollo es-
tabilizador y la falacia del Estado de bienestar. Confió en que
un proyecto de la envergadura de los manuales escolares
justificaba inclusive los excesos autoritarios de régimen.
Guzmán: El ideólogo del sistema frente al hombre de letras
La mayor parte de la crítica literaria que ha analizado a Mar-
tín Luis Guzmán reconoce la magnitud que alcanzó su obra
en cuanto a su calidad prosística y a su incomparable estilo
como periodista y autor de la novela de denuncia contra el sis-
tema gubernamental, la más atrevida apenas a unos cuantos
años de consumada la Revolución Mexicana. Sin embargo,
años más tarde, el haber bebido las mieles que el sistema le
ofreció al reclutarlo en su equipo educativo materializando su
utopía personal y la quimera educativa del gobierno lo desa-
creditó ante los ojos de muchos personajes del sector intelec-
tual y de las esferas literarias y humanísticas. Guzmán llegó
al extremo de justificar la matanza del movimiento del 68 y
de defender al entonces presidente Díaz Ordaz declarando
al historiador Eduardo Blanquel en 1971: “Yo creo que fue
muy sabio políticamente el Licenciado Gustavo Díaz Ordaz
con lo que hizo”. Habló Guzmán a nombre de los editores de
periódicos y revistas enalteciendo al presidente por detener
el movimiento estudiantil que representaba una conjura de
grandes proporciones y que significaba un peligro inminen-
te contra la Revolución (Perea, 1987, p. 152). Es cierto que

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las afirmaciones de Guzmán pueden parecer indefendibles


a la luz de quienes fueron víctimas y testigos de la masacre
estudiantil y que de ninguna manera justifica una acción in-
aceptable, pero si ponemos en contexto al escritor que ha
proclamado:

[…] sin rubores su filiación al ideal revolucionario y, pare-


jamente, su antimarxismo sin cortapisas. No hay, en esto
último ninguna contradicción. Tampoco ninguna claudi-
cación. Liberal de carrera larga, Guzmán no comulga con
el comunismo en alza y en eso es irreprochable. (Patán,
2009, p. 22)

Guzmán vio en el movimiento estudiantil un complot de iz-


quierda destinado a derrocar a un gobierno que lo había se-
ducido porque veía en él a una democracia próspera en la
que las garantías individuales estaban salvaguardadas. No
hay que olvidar que Guzmán había nacido dentro de una dic-
tadura, y en la disidencia se lanzó al movimiento revolucio-
nario, de él formó parte con el pensamiento nacionalista y
liberal que caracterizó a los gobiernos emanados de la lucha
armada. Julio Patán afirma que después de ello, “Guzmán se
benefició del gobierno, defendió al gobierno hasta lo indefini-
ble y, por fin, como la Revolución, se convirtió en gobierno”.
(Patán, 2009, p. 24)
Es cierto que Guzmán se cegó frente a las evidencias de un
gobierno antidemocrático y asesino lo cual lo incriminó a él
mismo como “su lacayo”, según palabras de Carlos Fuentes
quien afirmaba en aquel momento: “La melancólica función
de coros operísticos de un poder ensañado en contra de la
independencia intelectual la cumplieron La Traviata (Salva-
dor Novo, soprano) y Rigoletto (Martín Luis Guzmán, bajo)”.
(Fuentes, 1976, p. 160)

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Jorge Volpi (1998) opinó también al respecto:

En un país dominado por la “incapacidad de disentir”,


intelectuales como (Agustín) Yáñez, (Mauricio) Magdale-
no, (José Luis) Martínez o Guzmán —o, en otro sentido
Salvador Novo— representaron el peor papel posible: el
de meras comparsas de la represión, simples figurines
cuyo peso artístico le otorgaba respetabilidad al gobierno
mexicano pero que, en el fondo, no poseían ningún peso
político real (p. 412).

Ante tales deméritos Fernando Curiel (1993) reconoce que


Guzmán es un escritor estigmatizado y pese a su virtuosismo
literario ha dejado de leerse:

Martín Luis Guzmán prosigue siendo para la crítica —la


textualista y la metatextualista— una figura indeseable,
incómoda, apestada. Pero no sólo eso. Asimismo, y en
consecuencia, un autor clásico de las letras en lengua
castellana conocido a medias —o a “cuartos”, para em-
plear una expresión suya (p. 13).

La crítica tan inclemente que se gestó alrededor de la com-


pleja personalidad de este escritor requiere de una serie de
precisiones que permitan tener en el lugar que se merece a
un escritor de la altura de Guzmán, sobre todo en lo que toca
a términos estrictamente literarios que van más allá de sus
desaciertos políticos y personales. Si pretendiéramos deslin-
dar las distintas facetas que Guzmán tuvo en su vida como
literato, periodista, político, editorialista, académico, conspi-
rador, etc., sería un intento vano e improcedente porque a
esta personalidad habría que conocerla de manera integral,
en su dimensión compleja y humana ponderando sus fortale-
zas y sus flaquezas lo cual requiere un trabajo más extenso
y exhaustivo.

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Conclusiones
Únicamente un hombre optimista de los alcances de Martín
Luis Guzmán pudo llevar a la práctica lo que imaginó desde
casi treinta años antes; es cierto también que, para aquel que
ha imaginado un sueño y ha llegado a materializarlo, implica
invariablemente tener que pagar un costo por él. Tal es el
caso de nuestro autor, quien pagó el precio por alcanzarlo
costeando las implicaciones personales y sociales que vivió
en los últimos años de su existencia; una de ellas fue el silen-
ciar para siempre su vena poética porque la literatura ya no le
servía y ya no le daba razones para llevar a cabo su utopía.
Por desgracia, su afán novelesco de pretender influir en los
demás para obrar de manera distinta le hubo de demostrar
que no era lo suficientemente poderoso para ser escuchado.
Por eso debió negociar con el oficialismo gubernamental y
callar para siempre la voz de la literatura, palabra siempre
confiable porque sabe contar la verdad al descubrir la auten-
ticidad de los hechos, pero al optar por este tipo de política, la
historia colocó a Guzmán en el peligroso terreno de la simu-
lación y la mentira.
Finalmente, lo que cuenta en la obra de Guzmán, en lo que
concierne exclusivamente a la literatura, es que Axkaná, como
figura depositaria del pensamiento de su autor, siempre mos-
tró la verdad de las circunstancias que contó porque esa es la
auténtica función del discurrir literario. Por el contrario, dado
que la misión de la literatura no es necesariamente didáctica,
ni moralista, ni se encarga de formar al ciudadano éticamente
(ya que sólo intenta dar una representación de la realidad),
en definitiva no sirvió para alcanzar el sueño de Axkaná.
La utopía de Guzmán se hizo realidad cuando la literatura
enmudeció, entonces el viejo proyecto de su autor comenzó
a fluir y pudo influir ideológicamente depositando en el ciuda-
dano el conocimiento y la educación. Esto último más bien es
un acto de congruencia intelectual pues en el distanciamiento
que Guzmán puso entre la literatura y su acción educativa

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había una razón de peso para hacerlo, su optimismo le daba


razones para llevar a la práctica lo que un día imaginó al-
canzar. Confiemos por ello en que, mientras se piensa que
Guzmán sirvió al sistema, es posible que, al contrario de ello,
haya sido él quien se sirvió del régimen gubernamental.
Me parece importante, hoy por hoy, matizar la forma como se
pondera el proceder de un escritor pensando en él como el
intelectual que entregó su vida a la palabra escrita, que fue
el autor de la obra crítica de la posrevolución más excepcio-
nal, y que si bien se sirvió del sistema, fue para llevar a cabo
una utopía, no como una quimera personal sino un producto
educativo y humanista de gran trascendencia, un material di-
dáctico proveedor de sabiduría para muchas generaciones
de niños en México.
De ese modo y a casi cuarenta años de su desaparición fí-
sica, “Estrella de Oriente” —como lo llamó Alfonso Reyes en
los años del Ateneo de la Juventud— continúa brillando en
el firmamento; la cristalización del ideal que soñó da fe de la
entrega apasionada de un escritor de literatura que orientó el
camino de la educación mexicana hacia un destino diferente.

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SECCIÓN GENERAL

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Luis Tamayo

Heidegger y el discurso ecológico1


Heidegger and the ecological speech

Luis Tamayo
El Colegio de Morelos

Resumen
Heidegger nunca tuvo un “discurso ecológico”. Nunca menciona
el vocablo ecología, ni siquiera se ocupa del término “ambiente”
como se ha popularizado en nuestros días. Tampoco se ocupó de
la ecosofía ni de la ecofilosofía. Sin embargo son muchos los que
lo consideran el iniciador del vínculo ecología-filosofía, en este
ensayo revisaremos esas ideas.
Palabras clave: ecología, ecosofía, Heidegger, técnica, dev-
astación

Abstract
Heidegger never had an ecological language. He never mentions the
word ecology, he does not even deal with the word environment as it has
become popular in nowadays. Neither was he concerned with ecosophy
or with ecophilosophy. However, many authors consider him the initiator
of the ecology-philosophy link. In this essay we will review those ideas.
Keywords: ecology, ecosophy, Heidegger, technique, devastation

Primer comienzo: el discurso ecológico


Desde que el naturalista darwiniano Ernst Haeckel propuso
el vocablo ecología (Ökologie, del griego oikós: casa y logos:
estudio, tratado) a mediados del siglo XIX para referirse a los
estudios sobre el vínculo entre los seres vivos y su ambiente
—y poco después sobre los ecosistemas y su interrelación,
sus flujos de materiales y energía—, han venido establecién-

1 Conferencia presentada en el Coloquio “La apropiación de Heidegger”


de la Sociedad Iberoamericana de Estudios Heideggerianos realizado en
la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 31 de marzo de 2017.
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Heidegger y el discurso ecológico

dose infinidad de campos derivados: agroecología, ecología


social, ecología matemática, ecología de paisaje, ecología
humana, ecología política, incluso ecofilosofía y ecosofía.
En esa misma época, otro gran naturalista, Jakob von Huexkü-
ll, el que tanto impresionó a Ortega y Gasset (1950), al estu-
diar la noción de Umwelt (mundo circundante) también se da
cuenta de la importancia de estudiar el vínculo y la semiótica
interespecies por lo que trabaja sobre las diferentes formas
de percepción entre los seres vivos. Ahí sostuvo que la natu-
raleza era un conjunto interactuante, una gigantesca “partitu-
ra musical”, un “teclado sobre el que la naturaleza interpreta
la sinfonía supratemporal y extraespacial de la significación”.
(citado en Giardina, 2016, p. 29).
Ortega y Gasset (1950), influenciado por von Uexküll sosten-
drá:

[…] la vida es, esencialmente, diálogo con el contorno.


[...] Vivir es convivir y el otro que con nosotros convive
es el mundo en derredor. No entendemos un acto vital,
cualquiera que él sea, si no lo ponemos en conexión con
el contorno hacia el cual se dirige, en función del cual ha
nacido (p. 322).

Un siglo después de Haeckel, Arne Næss, un filósofo y mon-


tañista noruego, propondrá la ecología profunda (deep eco-
logy), es decir, aquella ya no centrada en el cuidado de la
naturaleza para el bienestar humano (shallow ecology) sino
en el cuidado de los ecosistemas y la naturaleza toda, por sí
misma. Los principios rectores de dicha ecología son, según
resume Mónica Giardina (2016):

[…] el rechazo al antropocentrismo y su reemplazo por


el ecocentrismo, a partir de la consideración positiva de
un valor intrínseco de todas las formas de vida; la identi-
ficación entre diversidad natural y diversidad cultural; un
ideal de autorrealización que se resume en la consigna
“dejar-ser”, supuesto que el ser humano se autorrealiza

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Luis Tamayo

en el cuidado del medio ambiente; y, finalmente, el re-


chazo a la hegemonía de la racionalidad instrumental (p.
30-31).

Todas esas nociones no pueden dejar de recordarnos el exis-


tenciario planteado por Heidegger (1983) en 1927 para in-
dicar la unidad Dasein-Mundo, es decir, el In-der-Welt-sein
(Ser-en-el-mundo) (§14) así escrito, con guiones entre los
términos, para indicar que el mundo y el Dasein2 son indiso-
ciables, es decir que, contrariamente a lo planteado por toda
la tradición occidental de pensamiento (ciencia y sentido co-
mún incluidos), el hombre y el mundo eran ontológicamente
inseparables, que si los separamos es porque nos ocurre lo
que a la hormiga que recorre longitudinalmente una banda
de Möbius: a cada instante piensa que la banda posee dos
lados pero, cuando finaliza el recorrido, sus feromonas le per-
miten apreciar que posee tan sólo uno. De la misma forma,
al ampliar espacial y temporalmente su visión, el Dasein no
puede sino reconocer que el mundo forma parte de sí pues
continuamente lo incorpora y expulsa, sea mediante la res-
piración, el alimento, la mirada o la escucha. El mundo nos
es consustancial, aunque el depredador hombre moderno no
pueda o no quiera reconocerlo así.

Segundo comienzo: la verdad tras el inicio de la locura


de Nietzsche
Como los estudiosos de la vida de Nietzsche recordarán, la
mañana del 3 de enero de 1889, el filósofo abandonó su casa
de la calle Carlo Alberto, en Turín, y fue entonces testigo de
una escena que lo obligó a detener su paseo: un cochero
maltrataba de tal manera a su cansado caballo que Nietzsche
2 El Dr. José Gaos tradujo este vocablo como “ser-ahí”, es decir, el Dasein
es el hombre pero en tanto sujeto: “es en cada caso nosotros mismos”.
Para Heidegger, el Dasein soy yo en tanto sujeto, un ente que entre sus
cualidades (existenciarios) posee las de preocuparse por su ser, estar
arrojado en el mundo (yecto), estar abierto, comprendiendo y con varia-
dos estados de ánimo, hablando, siendo “en-el-mundo” , “con otros” y de
manera finita y temporal.
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Heidegger y el discurso ecológico

no pudo dejar de intervenir, abraza al caballo y llora repitien-


do ante un desconcertado cochero las siguientes palabras:
“Mutter, Ich bin dumm” (“Mamá, soy tonto”). (Tarr, 2011)
Dos días después escribe una carta a Jacob Burckhardt don-
de le dice que él es Dios (razón por la cual para la mayoría
de sus biógrafos éste es el inicio de su locura) y que ya había
muerto varias veces: “asistí dos veces seguidas a mi propio
entierro; la primera vez como el Conde Robilant (no, éste es
mi hijo, yo soy Carlos Alberto, infiel a mi naturaleza), pero yo
mismo era Antonelli”. (Overbeck, 2016)
Es innegable que entonces Nietzsche pasaba por un acceso
de locura, por un colapso (Zusammenbruch) pero, como bien
sabemos, la locura no es carente de verdad. Que Nietzsche
era Dios (o al menos una parte de él) no extrañaría a muchas
religiones... además, ontológicamente hablando, él, en tanto
Dasein, llevaba al Ser en sí. Es ello mismo lo que le permitía
hacer empatía con todo lo creado y encontrar insoportable el
maltrato del cochero al caballo.
En un época en la que el maltrato a los caballos era cotidiano
(pues para la enorme mayoría eran sólo un “medio de trans-
porte”) Nietzsche era un “loco” por preocuparse por ellos, por
oponerse a la absurda prisa de un cochero que no tomaba en
cuenta el cansancio del animal, que era incapaz de asumir al
animal como uno de los suyos.
Muchos años después, Ricardo Pobienzym (2016) —entre
otros—, desde una “ecosofía profunda” obligará a repensar
el lugar de los animales en la obra de Heidegger: “Al carac-
terizar a los seres vivos en tanto enigmáticos y misteriosos,
el filósofo [Heidegger] abre una pista importante para pensar
más fidedignamente a la ‘vida animal’” (p. 96).
La locura de Nietzsche, al hacerse uno con el mundo y po-
seer empatía con algunas especies de la tierra, portaba una
verdad entonces olvidada.

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Luis Tamayo

Tal y como indica Leonardo Boff, no somos ajenos a los ani-


males y la vida, sino que somos, simple y llanamente, la au-
toconciencia de una tierra que no es sino otro nombre de la
vida: “La nueva pedagogía de la evangelización considera
que la tierra (“Gaia”), es un gran organismo viviente y sagra-
do, y como todo lo sagrado, merece respeto, cuidado y vene-
ración”. (citado en Giardina, 2016, p. 33)

Heidegger: la técnica como artífice de la devastación de


la tierra
Según varios especialistas3, Heidegger es el primer filósofo
en interesarse por la lucha por el cuidado del ambiente. A
pesar de nunca haber mencionando los vocablos “ecología”
o “ambientalismo”, en varios de sus trabajos se aprecia la
importancia que brindaba a la conservación de la naturaleza
así como la crítica a los efectos de la técnica y la pérdida de
mundo que ocurre en nuestros días.

El primer aporte heideggeriano al ambientalismo: el “Ser-


en-el-mundo”
Como antes indicamos, el existenciario Ser-en-el-mundo
(In-der-Welt-sein) es, quizás, la primera muestra de la clara
posición ambientalista de Martin Heidegger. Desde su punto
de vista, el ser y el mundo son simplemente inseparables,
conforman unidad, lo cual se opone a un pensar calculador,
tecnocientífico, que los escinde. Contra el enloquecido narci-
sismo humano que sostiene que fuimos creados “a imagen y
semejanza” de la divinidad, que somos “pueblo elegido” im-
pulsado a “crecer y reproducirse”, Heidegger sostiene que el
mundo nos es inseparable, que “somos mundo”. Como bien

3 Sherer y Kelkel (1975), Pobierzym (2010), Giardina (2016).


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Heidegger y el discurso ecológico

indica su discípulo Karl Löwith en su ensayo La pregunta hei-


deggeriana por el ser: la naturaleza del hombre y el mundo
de la naturaleza:

[...] el ser-ahí, formador de mundo, es al mismo tiempo


dominado y entonado por aquello que él mismo trascien-
de, es aprehendido y apresado por el ente en su totalidad
en medio del cual se halla (p. 140).

La denuncia del daño que el mundo de la técnica produce


en nuestros días
En su estudio Serenidad, Heidegger (1989) realiza una pun-
tual denuncia de las consecuencias del mundo de la técnica.
Después de aseverar que el hombre moderno, fascinado por
la tecnociencia e imbuido de pensar calculador “huye ante
el pensar”, señala la importancia de la recuperación de una
reflexión meditativa que nos permita una serenidad (Gelas-
senheit) ante las cosas y una recuperación del “arraigo” (p.
23). Para Heidegger lo que se estaba tramando en esos años
−y en nuestros días Monsanto, Syngenta, Bayer y Dow han
hecho realidad− era un ataque frontal al misterio de la vida:

En el verano de 1955 volvió a tener lugar en Lindau el en-


cuentro internacional de los premios Nobel. En esa oca-
sión el químico norteamericano Stanley dijo lo siguien-
te: “Se acerca la hora en que la vida estará puesta en
manos del químico, que podrá descomponer o construir,
o bien modificar, la sustancia vital a su arbitrio”. [...] Se
admira [...] la audacia de la investigación científica y no
se piensa nada al respecto. Nadie se para a pensar en el
hecho de que aquí se está preparando, con los medios
de la técnica, una agresión contra la vida y la esencia del
ser humano, una agresión comparada con la cual bien
poco significa la explosión de la bomba de hidrógeno.
Porque precisamente cuando las bombas de hidrógeno
no exploten y la vida humana sobre la Tierra esté salva-
guardada será cuando, junto con la era atómica, se sus-
citará una inquietante transformación del mundo (p. 25).

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Luis Tamayo

La importancia de la recuperación de la tierra así como


del misterio
En El origen de la obra de arte, Heidegger (1997) no se refiere
a la tierra de la manera como lo hace el mundo tecnocientífico
moderno, para él, ésta no puede ser reducida a un mero “re-
curso natural” sino que brilla en su ocultamiento, del cual sólo
la sustrae la obra de arte: “Physis significa lo que sale o brota
desde sí mismo […] Physis es el cielo y la tierra, la piedra y el
vegetal, el animal y el hombre, la historia humana, entendida
como obra de los hombres y de los Dioses, es finalmente, los
Dioses mismos, sometidos al Destino” (pp. 52-53).
A lo cual Ricardo Pobierzym (2016) añade:

La tierra en Heidegger resulta una contribución desafian-


te para pensar el reto medioambiental [...]. La tierra, la
milenaria, la que se sustrae misteriosamente, la que al-
berga “aguas y roquedos, vegetales y animales”, y que
enraiza nuestros cuerpos con sus prodigiosos seres vi-
vientes solicita un pensar que sea digno de su llamada.
También la tierra llama [...] y quiere cantar porque ha sido
callada. Callada por la ruidosas proclamaciones de una
civilización que creyó alcanzar su adultez mediante el
unívoco despliegue de innumerables “saberes técnicos”
(p. 71).

Heidegger no entiende por el vocablo “tierra” algo material o


un mero “recurso natural”. La tierra es misteriosa y se mues-
tra al ocultarse. Es entonces cuando presenta su mayor brillo:
es por eso que la obra de arte la desoculta y trae a la presen-
cia su verdad. Una verdad definida como “desocultamiento
ocultante” (Verborgenheit/Unverborgenheit).

La propuesta del pensar meditativo en oposición al cal-


culador
Para Heidegger la debacle que durante su vida asomaba en
occidente derivaba de la preponderancia de la calculadora
técnica sobre el pensar meditativo. El calcular se opone al
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Heidegger y el discurso ecológico

pensar, tal y como sostiene Pascal David (2015) en su Hei-


degger et le judaisme. Le nom et le nombre: “[…] la tarea del
pensar meditativo consiste en preservar tanto como se pueda
el espacio y el oxígeno de lo incalculable, de lo imponderable,
de todo eso que escapa a la empresa de una racionalidad
occidental que se hizo calculadora” (p. 253).
En su estudio Serenidad, publicado por primera vez en 1959,
Heidegger (1989) nos recuerda la importancia de ese res-
guardo del pensar meditativo (reflexivo):

[…] junto a la más alta y eficiente sagacidad del cálculo


que planifica e inventa, coincidiría la indiferencia hacia el
pensar reflexivo […]. Entonces el hombre habría negado
y arrojado de sí lo que tiene de más propio, a saber que
es un ser que reflexiona. Por ello hay que salvaguardar
esta esencia del hombre. Por ello hay que mantener des-
pierto el pensar reflexivo (p. 29).

El pensar calculador, a la par que muestra eficacia en el do-


minio de los entes, olvida el misterio de la vida, razón por la
cual constituye el fundamento del mundo de la técnica y su
devastación del mundo. Desde los años 60 del siglo pasa-
do, Martin Heidegger ya tenía claro que la única manera de
preservar lo humano del hombre implicaba cuestionar a la
avasalladora técnica:

La agricultura es hoy una industria alimenticia mecani-


zada, que en esencia es lo mismo (das Selbe) que la
fabricación de cadáveres en las cámaras de gas y en
los campos de exterminio, lo mismo que el bloqueo y la
hambruna de naciones enteras, lo mismo que la fabrica-
ción de bombas de hidrógeno. (citado en Volpi y Gnoli,
2009, p. 67)

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Luis Tamayo

Lo cual ya había planteado en los recientemente publicados


Cuadernos negros: “[…] Hiroshima, Nagasaki, incluso tam-
bién la menor tentación de clonación de células humanas en
el fondo de una glacial probeta, perpetúan la idea de Aus-
chwitz”. (citado en David, 2015, p. 229)
Heidegger equipara entonces a la agroindustria moderna y a
la clonación biotecnológica con los peores genocidios come-
tidos contra la humanidad: el de los nazis contra los judíos y
el de los americanos contra los japoneses.
Después de Heidegger, Ellul, Asimov, Catton, Illich, Gorz,
Galeano, Lovelock, Morin, Latouche y Beck también han in-
tentado que la humanidad despierte y cambie el futuro en el
presente. Desgraciadamente, la mayoría de la humanidad,
dominada por el pensar tecnocientífico, prefiere no detenerse
a pensar en las consecuencias de sus actos y vive como si
pudiese reproducirse sin freno, como si los recursos de la
tierra fueran infinitos y no debiese preocuparse por el daño
que hace a la tierra. Muchos de nuestros mejores científicos,
tal y como denuncian Latouche (2004, p. 96) y Santander
(2011, p. 134-135), se han convertido en colaboradores de
las peores corporaciones y, al hacerlo, en instrumentos de la
devastación.
Dicha devastación, indica Heidegger en una hermosa cita
que tomo del estudio de Pobierzym, es mucho más que la
pura y simple destrucción material:

“Devastación” es más que aniquilamiento o destrucción,


porque no arrasa solamente con lo crecido y construido:
la devastación “es” lo obstructor e impedidor que, no obs-
tante, puede ir de la mano del progreso económico y ser
compatible con un alto estándar de vida. La devastación,
[…] es la expulsión de Mnemosine (memoria) a alta ve-
locidad. […] Como hija del cielo y de la tierra, madre de
las musas y fuente de toda poesía, la memoria abarca
mucho más que recuerdo subjetivo: es lo congregante de
lo pensado, la reunión del pensamiento, no de cualquier

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Heidegger y el discurso ecológico

pensamiento sobre una cosa cualquiera: la memoria re-


úne lo pensado que abre camino a lo por pensar. (citado
en Pobierzym, 2016, p. 46)

La importancia de recuperar el pensar: los signos de la


devastación moderna4
La humanidad actual ha generado una crisis ambiental sin
precedentes y ha acercado la Sexta extinción de las especies
de la tierra. (Kolbert, 2014) Asimismo, el mundo se cubre de
una cantidad creciente de monstruos, del gas mostaza a la
bomba atómica, del unicel a las dioxinas5, de los pesticidas y
herbicidas inorgánicos a los Organismos Genéticamente Mo-
dificados, de los contaminantes procedimientos para extraer
petróleo a los aún peores de las grandes mineras de oro y
plata modernas. Todos los océanos de la tierra se cubren de
pequeños restos plásticos derivados de nuestros desechos
que envenenan a los ecosistemas marinos.
Nuestra naturaleza toda se ha convertido en un depósito de
cantidades crecientes de productos que los ecosistemas no
pueden digerir, enfermando a la tierra toda. Y la causa de
tal degradación proviene de los principios mismos que dan
origen a Occidente, de la idea de que la tierra es posesión
nuestra y su tarea es servir como insumo de nuestra tecno-
logía. Y al hacerlo degradamos en primer término al hombre
mismo. Al respecto indica Leo Strauss en su Introducción al
existencialismo de Heidegger:

La humanidad del hombre se halla amenazada de extin-


ción por la tecnología. La tecnología es fruto del raciona-
lismo y el racionalismo es fruto de la filosofía griega. [...]
Esta concepción es la condición de posibilidad del domi-
nio humano sobre la totalidad. Pero este dominio condu-
ce [...] a la máxima degradación del hombre (p. 59).

4 Parte de este apartado está tomado de mi libro Aprender a decrecer 2.0


(2017). México: El Colegio de Morelos.
5 Nombre como se conoce habitualmente la tetraclorodibenzodioxina.
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Luis Tamayo

En esta era denominada, por Paul Crutzen6, el “antropoceno”,


el deterioro del planeta tierra producto de la actividad huma-
na ha sido masivo a pesar de afirmaciones de deniers como
James Inhofe o Donald Trump7.
Tal y como indican Delgado, Imaz y Beristain (2015), en el
Siglo XX la humanidad creció cuatro veces, el consumo de
energía 12 veces, el de los metales 19 veces y el de algunos
materiales como el cemento lo hizo 34 veces. Los residuos
sólidos, sostienen, se multiplicaron por cuatro en los últimos
cincuenta años y se espera que esa enorme cifra (1.1 mil
millones de toneladas en el 2011-2012) se duplique en el año
2025. Al mismo tiempo informan que el 10% de la población
más rica de la tierra acapara el 40% de la energía y el 27%
de los materiales.

6 Paul Crutzen, Premio Nobel de Química en 1995 por su estudios at-


mosféricos, propuso en el año 2000 cambiar el nombre que los geólogos
habían otorgado a nuestra época —el Holoceno− por el de “Antropoceno”
a causa de los significativos impactos que la humanidad ha provocado en
el Sistema-tierra.
7 Los deniers son aquellos que niegan la existencia del calentamiento
global o, al menos, de su carácter antropogénico. Un ejemplo de ello es el
actual presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump,
quien el 6 de noviembre del 2012 afirmó: “The concept of global warming
was created by and for the Chinese in order to make U.S. manufacturing
non-competitive” (el concepto de calentamiento global fue creado por y
para China con el objeto de hacer a las manufacturas de los Estados Uni-
dos no competitivas). De la misma manera, los portavoces de la Peabody
Energy (la más grande empresa privada del mundo dedicada a la extrac-
ción del carbón) indicó que “el calentamiento global era sólo una crisis
ambiental predicha por modelos computacionales cuestionables”. Dicha
empresa, por tanto, se propone seguir explotando sin parar el carbón del
mundo e incita a otras empresas, como Exxon, a explotar las arenas bitu-
minosas y los hidrocarburos del Ártico. Para esas empresas, que además
se aprovechan de flagelos como el Ébola en África para promover sus
intereses, el calentamiento global es simplemente un engaño. Carrington
(29.04.2015).
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Heidegger y el discurso ecológico

La consecuencia de todo ello es incierta:

Este extraordinario incremento en la demanda de recur-


sos y energía de la humanidad ha provocado grandes
transformaciones en los ecosistemas y en los ciclos fí-
sicos y biogeoquímicos a escalas local y global cuyas
consecuencias no han podido ser determinadas todavía
en toda su extensión (p. 9).

Lo que sí es evidente es el incremento de los fenómenos hi-


drometeorológicos (inundaciones, huracanes, sequías, on-
das de calor) en toda la tierra por lo que el 97% de los cien-
tíficos aseguran que el calentamiento global es causado por
el hombre. (Norton, A. & Shakya, C., s.f.) Dado que, como
indica el Quinto Informe Anual del Panel Intergubernamental
sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), la
población de la tierra aumenta en aproximadamente 80 mi-
llones anuales (es como si, cada año, apareciese una nación
alemana completa), los escenarios futuros no son nada ha-
lagüeños:

En el 2011 de continuar la tendencia actual, habrá un


aumento en la actividad extractiva de hasta tres órdenes
de magnitud para el 2050, de tal modo que se alcanza-
rían, para ese año, unos 140 mil millones de toneladas
anuales. En cambio, si se asume un escenario moderado
en el que los países centrales o desarrollados reducen
su consumo en un factor de 2 y los periféricos o “en de-
sarrollo” registran un aumento moderado, la extracción
llegaría a 70 mil millones de toneladas anuales o 40%
más que en el año 2000. (Citado en Delgado, Imaz y
Beristain, 2015)

Y respecto al consumo energético la prospectiva no es mejor.


Según indica el informe 2010 de la Agencia Internacional de
Energía (AIE), más del 80% de la energía que se consume en
la tierra proviene de la quema de combustibles fósiles, lo cual
genera un incremento continuo de la cantidad de Gases de

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Luis Tamayo

Efecto Invernadero (GEI), los responsables del Calentamien-


to global. Afortunadamente para el planeta, pero desafortu-
nadamente para la economía mundial, en el mismo 2010 se
alcanzó, mundialmente, el cenit de la producción petrolera8.
Pero que el petróleo barato se acabe no es motivo de ningún
regocijo pues basta con que se queme el 40% de las reservas
probadas de la tierra para que la misma se sobrecaliente de
manera desmesurada y fatal. Y eso sin contar el efecto global
de algunos de los derivados del petróleo (la basura plástica)
que se desechan en el mundo. Ellos han generado en la su-
perficie oceánica cinco enormes “islas del plástico” (Gyre),
dos en el Océano Pacífico, dos en el Atlántico y una más en el
Índico (la más grande, la del Pacífico norte, tiene la extensión
de 20 millones de km2 y un espesor de entre 10 y 30 metros)9.
Por otra parte, en las regiones más septentrionales de la tierra,
el derretimiento del Ártico continúa. Los escapes de metano
existentes en dicha región arrojan cantidades enormes del gas
ocasionando el incremento de la temperatura de la tierra y ha-
ciendo que esa región del planeta haya aumentado su tempe-
ratura promedio, respecto a épocas preindustriales, ¡en más
de 3 grados centígrados! La vía del norte, que las compañías
marítimas anhelaban desde hace siglos se ha hecho realidad
y en el verano pueden transportar sus mercancías a través de
un Océano Ártico en buena parte descongelado. Y las grandes
corporaciones de la industria extractiva presentes en tal región,
en vez de adoptar una actitud prudente ante el pavoroso pano-
rama, se impulsan unas a otras en la explotación de los recur-
sos naturales arguyendo: “si no lo hacemos nosotros lo harán

8 World Energy Outlook 2010. En dicho informe la AIE reconoce que la


producción mundial de petróleo del mundo ha alcanzado su cenit y, por
tanto, en los años venideros habrá escasez del combustible.
9 La North Pacific Gyre fue descubierta por la NOAA (National Oceanic
and Atmospheric Administration) de los USA en 1988 y ha venido crecien-
do de los 700 mil km2 iniciales a los 20 millones de km2 que se le recono-
cen actualmente.
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Heidegger y el discurso ecológico

nuestros competidores”… y desgraciadamente no se equivo-


can. Mientras que los ambientalistas de Occidente detienen a
Shell en el Ártico…10 su lugar lo ocupa la rusa Gazprom.
Y todas esas inconscientes y terribles acciones son apoya-
das por un ejército de reserva industrial siempre creciente a
causa del hambre derivada de la explosión demográfica (en
menos de 200 años la humanidad se multiplicó por siete).
Cantidades crecientes de ciudadanos están hoy dispuestos a
venderse por trabajos apenas suficientemente remunerados.
Los derechos humanos, en consecuencia, caen en picada.
Y mientras la codicia de los dueños de las grandes corpo-
raciones parece no tener fin, la estupidez de los ciudadanos
del mundo tampoco, pues somos nosotros los que hacemos
el juego a las compañías mineras, petroleras, automotrices,
farmacéuticas, productoras de alimentos chatarra y un largo
etcétera, al comprarles sus nefastos productos.
Y mientras la humanidad se reproduce de manera exorbitan-
te, decrecen casi todas las especies de la tierra: el Informe
Planeta vivo 2016 de la World Wildlife Fund (WWF) indica
que, de 1970 al 2012, han declinado las poblaciones de verte-
brados en una increíble escala: hemos perdido, en promedio,
el 58% de los vertebrados (el 38% de los terrestres, 36% de
los marinos y un enorme 81% de los anfibios), lo cual permite
afirmar a algunos (Pimm et. al., 2014; Kolbert, 2014) que se

10 Macalister informó que la empresa angloholandesa Shell no sólo pro-


yecta explotar el petróleo que se encuentra en el Ártico sino que sabe y
aprueba que eso podría contribuir a generar un planeta tierra que alcan-
ce, hacia el final de este siglo, un aumento en 4 grados centígrados en la
temperatura media del mar (respecto a épocas preindustriales). Y Shell
proyecta eso a sabiendas de que, según indica el Panel Interguberna-
mental sobre Cambio Climático “Un aumento de 4 grados centígrados
elevaría el nivel del mar entre 52 y 98 cms., lo cual inundaría amplias re-
giones costeras del planeta. Ello acarrearía la extinción de innumerables
plantas y animales y la agricultura global sería fuertemente golpeada. Y
ese aumento en la temperatura es sólo el promedio: en la región ártica o
en el Sur de África la temperatura podría aumentar 10 grados centígra-
dos”. Afortunadamente, la ciudadanía organizada logró detener la explo-
tación de Shell.
116 NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104
Luis Tamayo

acerca la Sexta extinción masiva de las especies, la cual, por


cierto, se presume peor que la del Pérmico-Triásico debido a
la velocidad con la que se presenta.
Y las “Conferencias de las partes” (COP) de Copenhage, Can-
cún, París, Marrakech y demás, se revelan una fuente más
de frustración pues los presidentes y cancilleres que a ellas
asisten se llenan la boca de buenos propósitos para mitigar
el desarreglo climático, los cuales son incapaces de cumplir,
pues al regresar a sus naciones los dueños de las mismas −
las grandes corporaciones− los obligan a retractarse11.
Asimismo, los diversos fondos −creados por los “organismos
supranacionales” para mitigar los peores efectos del calenta-
miento global y reducir la huella ecológica de la humanidad−
difícilmente llegan a las comunidades que realmente podrían
hacer algo significativo a causa de reglas de operación com-
plicadas y de requisitos interminables “que exigen el acta de
defunción como requisito para entregar la de nacimiento”.
Tristemente eso no genera problema a casi nadie pues la
enorme mayoría de la humanidad se encuentra mucho más
preocupada por el resultado del partido de futbol o por lo que
ocurre en su serie televisiva favorita. Otros se encuentran
perdidos en los diversos tipos de drogas —legales e ilegales−
existentes en el mercado. El procedimiento de estupidización
generalizada que han instalado los mass media electrónicos
ha sido increíblemente eficaz. Los dueños del mundo se die-
ron cuenta de que bastaba con sobrecargar de estímulos au-
diovisuales e historias gastadas a los televidentes para que
decidan, de manera voluntaria, recluirse ya no en cárceles
sino en sus propios hogares, aceptando comer productos de-
gradados (alimentos chatarra, llenos de conservadores, gra-
sas saturadas y demás sustancias nocivas para la salud) en
espacios cada vez más pequeños, no sólo en dimensiones
físicas sino también en libertades.

11 Como ocurrió con Obama y Peña Nieto al volver de la COP 21 en


París, 2015.
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Heidegger y el discurso ecológico

En estos días ya no es necesario que nos amenacen con


las penas del infierno para obligarnos a “portarnos bien” o a
“aceptar abnegadamente la pobreza”. (Deschner, 1990) Esos
mensajes son innecesarios pues los gadgets electrónicos
enajenan a niños y jóvenes a tal punto que sus relaciones in-
terpersonales se vuelven prácticamente nulas y el valor de la
juventud como instituyente social se anula. La enorme mayo-
ría de nuestros jóvenes ya no buscan luchar contra el “estado
de cosas existente”, instaurar el “hombre nuevo” ni, mucho
menos, alcanzar la santidad o la iluminación. Basta con poder
“bajar” la canción de moda, el video divertido o la última pelí-
cula… Y como viven en un mundo virtual lo único que importa
es que el módem funcione y el gadget también... mientras
que lo que pasa con el clima o le ocurre al sistema-tierra a
nadie importa.
Las corporaciones, los nuevos dueños del mundo, tal y como
denuncia Naomi Klein (2002), florecen donde el neoliberalismo
se impone, dominando no sólo el mercado, sino la vida de los
hombres. El neoliberalismo hace a tales corporaciones hiper-
potentes y, a pesar de ello, ciegas, pues generalmente carecen
de visión de largo plazo. Ello es así pues la ganancia económi-
ca (su razón de ser) raramente es de largo plazo.
El neoliberalismo global ha dividido al mundo en pobres (la
enorme mayoría) y ricos (los escasos dueños de las corpo-
raciones), incrementando la desigualdad. El medioambiente
también se deteriora por el agotamiento acelerado de los pro-
ductos de la tierra, de los energéticos a los minerales, de los
bosques a las selvas y manglares, del agua limpia de los ríos
y lagos a la belleza prístina de los glaciares y arrecifes de
coral.
Y en esa degradación hasta los nombres se modifican: la tie-
rra se convierte en simple “sustrato”; la explotación desmedi-
da en “producción”, las catástrofes derivadas de nuestra de-

118 NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104


Luis Tamayo

predación son llamadas “naturales” y las especies hermanas


que no son aprovechables por la industria −sean animales o
vegetales− son consideradas inútiles y soslayables.
Entretanto, casi todos los ecosistemas de la tierra se degra-
dan. Los herbicidas, pesticidas y muchos otros venenos, que
son vertidos cotidianamente, se encuentran incluso en las re-
giones más apartadas del globo y en prácticamente todos los
cuerpos de agua, afectando las cadenas tróficas.12
El envenenamiento de la tierra también ha producido la muerte
de miles de millones de abejas en las naciones desarrolladas,
con la consecuente disminución en la polinización de los cul-
tivos. Y no sólo son afectadas las abejas, el glifosato, princi-
pio activo del herbicida más vendido de todos los tiempos, el
Round Up de Monsanto, es declarado −en marzo del 2015−
cancerígeno por la Organización Mundial de la Salud (OMS).13
Las peores predicciones de Heidegger respecto a la amena-
za que el mundo técnico representaba para la humanidad y la
tierra toda se han hecho realidad y es sólo cuestión de tiempo
para que se revelen sus pavorosas consecuencias.

Finale
El “racional” hombre moderno considera a su mundo como
ajeno y, por ende, lo trata como a un objeto, explotándolo y
degradándolo.
El Calentamiento global antropogénico, por otra parte, es un
hápax, un fenómeno que aparece por vez primera ante los ojos
de la humanidad, por ello le resulta incomprensible y son muy
pocos los que cuentan con las evidencias para apreciarlo.
Sin embargo, cuando, gracias al pensar meditativo que nos
descubre Heidegger, el Dasein consigue la conciencia de la
unidad con el mundo, la protección del mismo se convierte en
tarea esencial pues el cuidado del mundo se convierte en uno
más de los elementos del cuidado de sí.
12 Cfr. La película Silent snow de Jean van den Berg.
13 http://blogs.lanacion.com.ar/ecologico/desarrollo-sustentable/confir-
mado-el-glifosato-es-cancerigeno-segun-la-oms/
NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104 119
Heidegger y el discurso ecológico

En consecuencia podemos afirmar que no se equivocan


aquellos que consideran a Heidegger como un pensador am-
bientalista: su obra permite despertar y entender las graves
consecuencias que el mundo de la técnica presenta.
¿Seremos los humanos capaces de interrumpir el trato
depredador respecto a nuestro mundo o, como nos advierte
Heidegger, tendrán que ser las catástrofes “naturales”14, eco-
nómicas y sociales las que nos obliguen a despertar del sue-
ño del progreso infinito y desmesurado que solamente des-
truye nuestro entorno?
Sólo una humanidad meditativa será capaz de recuperar la
visión de la totalidad, de reconstruir la unidad con el mundo y
así reconocer que contaminar el agua, el aire y el suelo no es
sino una forma de suicidio. El mundo nos es consustancial y,
si olvidamos ese fundamento, nos lanzamos a un precipicio
que puede conducir, hacia finales de este mismo siglo, a la
desaparición de la civilización humana sobre la tierra.

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14 Pongo este término entre comillas pues muchas de las catástrofes


denominadas “naturales” no son sino la consecuencia de la sumatoria de
pequeños actos humanos depredadores sostenidos por largos periodos
de tiempo.
120 NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104
Luis Tamayo

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Alejandra Victoria Fernández

La alianza terapéutica hipocrática como funda-


mento de la clínica contemporánea
The hipocratic therapeutic alliance as the foundation
of the contemporary clinic

Alejandra Victoria Fernández Ávila


FFyL,UNAM

Resumen
El impulso científico de la escuela hipocrática, que en el s. V a.C.
lleva a encauzar la filosofía jonia en la medicina, reconocido en los
tratados auténticos del corpus hipocrático, y especialmente en el
tratado Epidemias, sistematiza la práctica médica en una clínica
universal que se fragua en la identificación de la alianza terapéu-
tica método-médico-paciente, tríada que despuntará, fundamen-
tará y consolidará la labor médica actual.
Palabras clave: alianza terapéutica, clínica, Hipócrates, medicina
antigua, método, médico, paciente, signos, síntomas

Abstract
The scientific impulse of the Hippocratic school, which in the 5th
century BC. led the development of medicine of the Ionian philoso-
phy, recognized in the authentic treatises of the Hippocratic corpus,
especially in the treatise Epidemics, systematizes medical practice
in the universal clinical practice that is forged in the identification
of the therapeutic alliance method-physician-patient, triad that will
unveil, substantiate and consolidate the current medical work.
Keywords: therapeutic alliance, clinical practice, Hippocrates,
ancient medicine, method, physician, patient, signs, symptoms

Introducción
La presente investigación intitulada “La alianza terapéutica
hipocrática como fundamento de la clínica contemporánea”
demostrará, con la específica finalidad de comprobar la va-
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La alianza terapéutica hipocrática...

lía del actuar médico del s. V a.C. como modelo, que en la


evolución de pensamiento de las obras auténticas del corpus
hipocrático, se manifiesta la presencia fundamental de tres
agentes responsables de la preservación y conservación de
la salud, y de la actuación oportuna ante el enfermar en la
Grecia del siglo V a.C.
Una cohesiva relación método, médico y paciente, en primer
lugar, habrá de garantizar que la actuación médica, en ra-
zón de la naturaleza, consolidaba el pensamiento científico
que distinguía a la medicina hipocrática; ello, en un segun-
do momento, representará el fundamento característico de
la práctica médica actual, tras esfuerzos por sobreponerse a
tendencias cientificistas.
A partir de una concisa pesquisa sobre los contenidos de los
tratados que la tradición ha reconocido como corpus hipocrá-
tico, se fija su fecha de composición y con ello la catalogación
de los tratados de la colección, sea a través de consideracio-
nes de tipología estilística o de evolución de pensamiento; se
identifican las razones teóricas que sustentan la presencia de
un sistemático método médico, y se comprueba la importan-
cia de la interacción de la naturaleza del hombre y del medio
ambiente en el reconocimiento de los distintos tipos de enfer-
mar de cara a una oportuna actuación terapéutica.
La presente investigación, a partir de tales indagaciones do-
cumentales, comprobará que en el reconocimiento de un mé-
todo y del papel de la naturaleza como parteaguas del ac-
tuar médico oportuno, la presencia del arte, del médico y del
paciente, como consustancial alianza, habrá de cobrar efec-
tividad no sólo en el reconocimiento de un arquetipo de la
práctica médica, sino en la necesidad de dicha alianza como
elemento fundamental de permanencia.
Para ello será necesario considerar, en primer lugar, quién
fue Hipócrates de Cos; posteriormente, distinguir las obras
que poseen una adscripción de autenticidad frente a otras
clasificaciones, con el propósito de evidenciar líneas temá-

126 NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104


Alejandra Victoria Fernández

ticas en la colección. En la sección “El hombre y la teoría


humoral” se tratará la conjugación de la naturaleza corporal y
ambiental indispensables en la consideración de la oportuna
práctica médica, misma que se abordará en la sección “La clí-
nica hipocrática: codificación universal de la práctica médica”.
La sección “La alianza terapéutica hipocrática” guiará sobre
tres ejes fundamentales: la conservación de la salud, la cura-
ción y la actuación oportuna. Finalmente, la sección “Filisco”
que incluirá la traducción de una historia clínica hipocrática y
los datos que debe colegir una anamnesis cuidadosa para lle-
var a cabo una exploración minuciosa y precisa, hará posible
la lectura guiada de un caso hipocrático en el supuesto de la
configuración de una clínica universal.

Hipócrates de Cos
La figura del emblemático médico griego, cuyo nacimiento se
ubica en la isla de Cos alrededor del año 460 a.C., habrá de
despuntar el interés en la valía clásica que la tradición le ad-
judica, colocándolo cercano y desconocido a un tiempo, ello,
en primer lugar, por los someros datos válidos que recoge
su biografía1, frente a la fama que le otorga el juramento que
los médicos, hasta nuestros días, prestan al concluir su for-
mación y garantizar, así, su labor, actuación tal como habría
sido la del considerado contemporáneo de Sócrates, evoca-
do como “el grande” por Aristóteles, recordado como “padre

1 De la muerte de Hipócrates de Cos se dice que probablemente fue a los


83 o 90 años, algunas fuentes señalan que superó los 100 años. La única
mención contemporánea que hay sobre su vida proviene del Protágoras
de Platón (2010, 311b 5 — c 2): “— … si pensaras ir junto a tu homóni-
mo Hipócrates, el de Cos, de los Asclepíadas, y pagar dinero como suel-
do por ocuparse de ti, si alguno te preguntara: ‘Dime, ¿vas a pagarle,
Hipócrates, a Hipócrates en condición de qué?’. —Le dirías que como
médico. —¿Para hacerte qué? —De médico —dijo.” El primer biógrafo
de Hipócrates, fuente de mayor parte de los datos sobre el médico, fue el
ginecólogo del s. II, Sorano de Éfeso.
NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104 127
La alianza terapéutica hipocrática...

de la medicina” desde el Medioevo y alabado como noble


guerrero, según reza el epitafio que la tradición ha conserva-
do en su tumba en Larisa y que a la letra reza:

El tesalio Hipócrates, de linaje coico, aquí yace, que, na-


cido del tronco divino de Febo, trofeos múltiples erigió
derrotando a las enfermedades con las armas de Higia, y
consiguió inmensa gloria no por azar, sino con su ciencia.

El corpus hipocrático
Igualmente imperiosa será la consideración de las obras
que la antigüedad conoce sobre medicina, fechadas entre el
430 y el 380 a.C. De ellas será menester puntualizar que la
tradición no las atribuye en su totalidad ni a Hipócrates ni a
sus discípulos, sólo un grupo, bien definido, será reconocido
como auténtico.
En cuanto a las obras consideradas no auténticas, podría
cuestionarse si corresponden a un mismo hombre, quizá a
algún predecesor de Hipócrates o a alguno de sus contempo-
ráneos, o bien, si acaso se trata de obras que la tradición mis-
ma guarda como inspiración de tratadistas posteriores, como
el recordado Galeno. Bastará, en este momento, considerar
que el corpus hipocrático reúne un heterogéneo conjunto de
opiniones médicas que la tradición resguarda al amparo de la
tutela hipocrática.
Un recorrido por los títulos del corpus médico hará llegar a la con-
sideración del surgimiento, el desarrollo y la evolución del pensa-
miento científico en el reconocimiento de la medicina antigua.
El espíritu naturalista de los filósofos jonios evidencia, en
los primeros fisiólogos (φυσιόλογοι), el impulso científico por
encauzar la filosofía que “en sus orígenes […] no concibió
al hombre al margen de la naturaleza corpórea o material,
ni a ésta sin aquél; ni en el hombre, el alma sin el cuerpo, ni

128 NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104


Alejandra Victoria Fernández

a la salud sin el riesgo de la enfermedad”. (Viveros, 1994, p.


23) Los títulos de los tratados pre-hipocráticos hablan por sí
mismos.

Obras prehipocráticas
Sobre las afecciones (1997b) refiere la creencia de que los
líquidos pasan al pulmón para humedecerlo y refrescarlo (p.
23), atribución de la escuela médica de Cnido. En una rela-
ción más estrecha sobre el ejercicio médico del siglo V se
hallan los tratados Sobre la ciencia médica (2001), Prediccio-
nes I y II (1997a), Prenociones de Cos (1997a), Ley (2001) y
Juramento (2001). Dichos tratados consideran la necesidad
del médico que ejercía su oficio en plena plaza pública de
dar lecciones sobre los tratamientos adecuados a cada en-
fermo, con el pleno convencimiento de que de su efectividad
dependía su clientela; así, las explicaciones que pudiera dar
de la enfermedad y su tratamiento adquirían una importancia
capital.
Se trataba, por lo general, de médicos itinerantes, cuyos
procedimientos terapéuticos a su alcance y el índice de sus
aciertos les sugerían el traslado de una ciudad a otra al cabo
de cierto tiempo, obligándolos, cada que llegaban a un nue-
vo sitio, a considerar la necesidad de darse a conocer, (Llo-
yd, 1973, p. 137) enfrentando, sobre todo, la problemática
que representaba la convivencia con los médicos públicos
de algunas ciudades, elegidos por la asamblea del pueblo
para desempeñar el cargo, tal problemática y la figura misma
de los médicos públicos es referida por Platón en el Gorgias
(2008, 456b 6):

[…] Si llegaran a la ciudad que quieras un orador y un


médico, y si tuvieran que decidir mediante un combate
verbal en la asamblea o en cualquier otra reunión, cuál
de los dos debe ser elegido como médico, de ningu-
na manera se distinguiría el médico, sino sería elegido
quien es capaz de hablar, si quisiera.

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La alianza terapéutica hipocrática...

Sin duda, la relación diaria con los enfermos llevaba tanto


a médicos públicos como a médicos itinerantes (ἐπιδημι-
ουργοί) a recurrir a los procedimientos retóricos más en uso
(Lopez Eire, 1996, pp. 152-153); no obstante, mientras que
los primeros consideraban la necesidad de demostrar sus
talentos y denostar fama, el médico itinerante consideraba
la necesidad de convencer al enfermo a que aceptara el
tratamiento, que las más de las veces era un tanto drástico, y
por añadidura tenía que consolarlo y animarlo en la evolución
de la enfermedad.

Obras auténticas
Entre las obras consideradas auténticas, los títulos de los trata-
dos de Hipócrates cobran sentido. El Pronóstico (2001), Sobre
los aires, aguas y lugares (1997a), Epidemias I y III (1989), So-
bre las articulaciones (1993), Instrumentos de reducción (1993),
Sobre las fracturas (1993), Sobre la dieta en las enfermedades
agudas (1997), Sobre las heridas en la cabeza (1993) y Sobre
la medicina antigua (2001), en ellas se explican los fundamentos
teóricos del arte (τέχνη) y se confirma la validez de la ciencia a
través de la exposición de principios generales.
La ilustración y el racionalismo de los especialistas de la
curación (τεχνίται), bajo el influjo de la teoría filosófica sobre
la regularidad divina de la naturaleza (Laín, 1987, p. 141) y
de la consideración de que “el médico es casi como un dios”
(Sobre la decencia, 2001), se manifiesta en un repertorio de
observaciones y experiencias adquiridas en la práctica y en
la enseñanza.

Obras de los discípulos de Hipócrates


Los títulos de las obras de los discípulos de Hipócrates se
adscriben consabida autenticidad al situarse, de fondo2,
en la constitución de la ciencia médica como una τέχνη
que da cuenta de sus fundamentos teóricos y prácticos:
2 La crítica filológica precisa la diferencia entre los tratados de Hipócrates
y los de sus discípulos en una sutil diferencia estilística.
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Alejandra Victoria Fernández

Predicciones II (1997a), Epidemias II, IV, V, VI y VII (1989),


Sobre la naturaleza del hombre (2003), Sobre el dispensario
médico (1993), Sobre los humores (1997a), Sobre el uso de
los líquidos (1997b), Sobre las glándulas (2003), Sobre los
lugares en el hombre (2003), Sobre las afecciones (1997b),
Sobre las enfermedades (1990), Sobre las hemorroides
(1993), Sobre las fístulas (1993), Sobre las úlceras (1993),
Sobre el parto de siete meses (2003), Sobre el parto de ocho
meses (2003) y Sobre la dieta (1997b). Entonces, dado que
la observación clínica del médico antiguo poco a poco parece
limitada a analizar lo que entra y sale del cuerpo humano, de
cuyo interior se sabía poco, la atención a los factores externos,
que pueden afectar el equilibrio natural del paciente, lleva a
considerar el estudio del medio ambiente.

Obras no auténticas
Una gradación se observa en los tratados no auténticos, los
atribuidos a Hipócrates o a alguno de los discípulos de la es-
cuela médica de Cos: Sobre la enfermedad sagrada (2001),
Aforismos (2001), Sobre los días críticos (2003), Sobre la cri-
sis (2003), Sobre la naturaleza de la mujer (1988), Sobre la
naturaleza del niño (2003), Sobre el médico (2001), Sobre la
decencia (2001), Preceptos (2001), Sobre las carnes (2003),
Sobre la dentición (2003), Sobre la naturaleza de los huesos
(2003), Sobre la visión (2003), Sobre la generación (2003),
Sobre los remedios (2003), Sobre la dieta (1997b), Sobre el
alimento (1997b), Sobre los flatos (1997a), Sobre las enfer-
medades de las mujeres (1988), Sobre las enfermedades de
las vírgenes (1988), Sobre las mujeres estériles (1988), So-
bre las semanas (2003), Sobre la excisión del feto (1988) y
Sobre la superfetación (1988). La ampliación del estudio de
la medicina al estudio de las condiciones de vida de los pa-
cientes, se adhiere a una esencia ética con la descripción de
costumbres, de la manera de hacer la vida, ello sin conside-
raciones de juicio.

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La alianza terapéutica hipocrática...

Tales obras ostentarán la labor de médicos instruidos que,


conscientes de su valía, buscaban sorprender y hacer gala
de erudición filosófica al describir alimentos y ejercicios en
una sistemática teoría dietética con una finalidad más profi-
láctica, prever y proveer para detectar la evolución de la en-
fermedad y hacer volver, con ello, al enfermo a una saludable
condición.
Para los médicos de los tratados atribuidos, el régimen de la
repleción (πλησομενή) y el vaciamiento (κένωσις) dará oca-
sión a favorecer, mediante cuidados adecuados, el desarrollo
de lo que puede crecer (τροφή); con ello, de entrada, la ade-
cuada alimentación, esto es, la nutrición, pero también el de-
sarrollo del feto, el tiempo que tardan en soldar las fracturas,
la transpiración y la respiración.

Obras post-hipocráticas
En los títulos post-hipocráticos, la importancia y origen de la
enfermedad, el estudio de la parte afectada del cuerpo, por
encima de la consideración del hombre sano en su totalidad y
la medicina preventiva, dan ocasión al deterioro de la obser-
vación clínica ampliamente desarrollada por Hipócrates y sus
discípulos (Epidemias, 1989, I y III).
La progresiva erudición despierta el interés por el estudio de
la parte afectada del cuerpo humano y con ello de los órga-
nos que lo componen; entonces, se suponen claros avances
en los esbozos anatómicos, sea a través de noticias sobre
nuevos descubrimientos (Sobre el Corazón, 2003) o sobre la
presentación de pruebas de falsedad de teorías precedentes
(Sobre las enfermedades, 1990).

Líneas temáticas del corpus hipocrático


Como lo muestra el recorrido por los títulos del corpus médi-
co, las líneas temáticas ostentan una gradación:

• El impulso científico de los primeros fisiólogos


(φυσιόλογοι) encauza la filosofía y la necesidad de los

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Alejandra Victoria Fernández

médicos itinerantes (ἐπιδεμιόλογοι) por salvaguardar


su prestigio ante la actuación de los médicos públi-
cos, elegidos más en atención al uso de la palabra
que en el conocimiento de la naturaleza.

• La explicación de los fundamentos teóricos del arte


(τέχνη) sobre una regularidad divina de la naturale-
za se manifiesta en un repertorio de observaciones
y experiencias adquiridas en la práctica propia y en
la enseñanza de los maestros, precursores del arte.

• El traslado de los médicos itinerantes de una ciudad a


otra al cabo de cierto tiempo, por una sugerencia de-
bida a los procedimientos terapéuticos a su alcance
y al índice de sus aciertos, conlleva la ampliación del
estudio de la medicina al estudio de las condiciones
de vida, propia de médicos instruidos, maestros de
gimnasia y educadores de atletas, que hacen gala de
erudición filosófica y profiláctica.

• El progresivo interés por el estudio de la parte afecta-


da manifiesta que la clínica se supedita a un interés
especial por el estudio de los órganos que componen
el cuerpo.
La evolución de pensamiento manifiesta en los tratados del
corpus habrá de denotar como cenit y fundamento la consi-
deración, nacida en la escuela médica hipocrática, de que el
hombre es el medio por el cual la naturaleza manifiesta un
equilibrio cósmico.

El hombre y la teoría humoral


El hombre en un estado de salud referirá el equilibrio de los
cuatro elementos que lo componen: sangre, flema, bilis am-
arilla y bilis negra, éstos en relación directa con los cuatro
elementos que conforman todas las cosas: agua, aire, tierra y
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La alianza terapéutica hipocrática...

fuego. La enfermedad, por consiguiente, hablará de desequi-


librio humoral (μοναρχία), y no de una mancha o castigo. La
curación (θεραπεία), por tanto, consistirá en la recuperación
del equilibrio (ἰσονομία), con lo cual, corresponderá al médico,
respetuoso de la potestad divina, vislumbrar la naturaleza
en la salud y procurar, ante todo deterioro, la intervención
oportuna, aquella que, con medios propios, llevará al hombre
a mantenerse en una relación directa con el macrocosmo.

La clínica hipocrática: codificación universal de la prác-


tica médica
La importancia concedida a la clínica como la parte de la
medicina eminentemente práctica, será visualizada por
Michel Foucault (1999) al evocar en su naissance más que
un nacimiento, la vida sorda de la clínica (p. 87), es decir, su
permanencia, a pesar de los acontecimientos del siglo XVIII
(la libre práctica, los hospitales, el ejercicio y la enseñanza
médica, las reformas y sus implicaciones teóricas). Así habrá
de considerar que, en cada momento, la clínica es: “[…] un
nuevo corte del significado, y el principio de su articulación en
un significante en el cual tenemos la costumbre de reconocer,
en una conciencia adormecida, el lenguaje de una ciencia
positiva” (p. 13).
Con Hipócrates, ciertamente, se sienta la base que, a partir
de entonces, fraguará la suerte y naturaleza de la clínica, un
ver y saber, aunque simples, en palabras del propio Foucault
(1999) codificación de una clínica universal, inmediata, orga-
nizada en un cuerpo sistemático que facilita y compendia su
estudio.

[…] la medicina griega del siglo V no sería otra cosa que


la codificación de esta clínica universal, e inmediata; ella
formaría su primera conciencia total, y en este sentido,
sería tan “simple y pura”, como esta experiencia primera;
pero en la medida en que ella la organiza en un cuerpo
sistemático a fin de “facilitar” y de “compendiar su estu-

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Alejandra Victoria Fernández

dio”, una dimensión nueva se introduce en la experiencia


médica: la de un saber que se puede llamar, literalmente,
ciego, ya que no tiene mirada (p. 86).

La alianza terapéutica hipocrática


En el sistema médico hipocrático debe subrayarse como pri-
mordial la visualización de la alianza terapéutica, tríada con-
formada por el método que sustentará la efectividad de la
medicina como arte, por el paciente como medio que partic-
ipa resistiendo, soportando, y la del médico, cual terapeuta
que procura la intervención oportuna para conservar la salud,
recuperarla ο promover un estado de bienestar.
Para los hipocráticos, la conservación y la recuperación de la
salud se colocaban por encima de la atención de la enferme-
dad (Sobre la dieta, 1997b, p. 24): ejercicios, baños y dieta
favorecían la salud, incluso la inteligencia; un régimen de vida
adecuado a la condición individual era necesario si se quería
evitar la enfermedad (p. 50); convenía tomar precauciones
ante el riesgo de enfermar: baños, dieta, ejercicios (p. 94);
ante los sueños que pudieran advertir sobre alguna amena-
za, invocar a los dioses era bueno, pero también ayudarse a
sí mismo (pp. 106-107).
Ante la enfermedad, los médicos sabían de la inmensa ca-
pacidad del cuerpo humano para recuperarse (Predicciones
1997, p. 246). La naturaleza (φύσις) como sustento de lo ex-
istente, equiparable a lo divino, representaba un conjunto de
auténticas y espontáneas fuerzas sanadoras (νούσων φύσεις
ἰητροί), capaces de hacer volver al enfermo a su estado natu-
ral, de elementos equilibrados, sin que para esto se requiriera
de medicamentos ni cuidados; así se trataba del punto de
partida o fundamento de cualquier terapéutica pues ella sola
encontraba los medios curativos, sin necesidad de intelec-
ción alguna (Epidemias, 1989, VI, 5, 1).

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La alianza terapéutica hipocrática...

Ante la naturaleza, los médicos ejercían a través de una bien


definida metodología curativa (θεραπεία), sabían “producir
lo seco y lo húmedo, lo frío y lo caliente entre los hombres,
mediante la dieta, ése [podía] curar también esta enfermedad”
(Sobre la enfermedad sagrada, 2001, pp. 420-421).
En lo que toca al bienestar del enfermo, cuando el paciente
ya era atacado por alguna enfermedad incurable, letal por
exigencia dictada por la propia naturaleza, o por los dioses,
concebidos éstos casi como su sinónimo (Viveros, 1994, p.
29), es decir, cuando la enfermedad, o una herida, ya tenía
algo de divino, ya no podía recuperarse sola, entonces era
necesario que el médico se abstuviera de terapéutica en apa-
riencia pertinente (p. 28), actuara con los cuidados debidos y
alejara al paciente del daño y la injusticia (Juramento, 2001,
p. 77).
Las historias clínicas recogidas en los siete libros del tratado
Epidemias (1989) revelan claramente el proceder del médico
que, en el reconocimiento de la naturaleza de la enfermedad y
la imposibilidad de acto-prudencia, registra y anota día a día,
minuciosamente, los síntomas del proceso morboso y en mu-
chos casos, atendiendo al principio de beneficiar y no dañar
(ὠφελεῖν καὶ μὴ βλάπτειν), asiste al final, sin una actuación
decidida ni un veredicto claro, a la muerte del paciente.
Actuar contra la lucha natural del organismo por su propia
conservación (φύσις), implicaba una soberbia imperdonable
(ὕβρις), ello denostaba ofensa y rebeldía.
Como se ha visto, la alianza terapéutica evidencia una evo-
lución que anticipará no sólo una oposición a todo tinte ap-
riorísticamente especulativo, sino que referirá una toma de
conciencia ante la prevención de la salud y la actuación opor-
tuna del médico ante la enfermedad.
Los actores de la alianza terapéutica adquirirán relevancia en
dicha toma de conciencia: el arte médico, el médico y el pa-
ciente como medio de la naturaleza, habrán de considerarse

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Alejandra Victoria Fernández

como auténtico fundamento del ejercicio médico, adquirido


en potencia por el conocimiento del arte que actúa en razón
de la naturaleza divina.
La colaboración oportuna del médico y del enfermo, mente
activa de uno y realidad resistente del otro, ante el arte que
dicta un orden a signos y síntomas para iniciar el tratamiento,
hará de la práctica médica un saber operativo del hombre y
del mundo en el que vive y perece.
Una operativa relación interpersonal, como la que caracter-
izaba el espíritu cientificista de la escuela hipocrática, distin-
guirá a la ciencia médica, que actuaba según la razón, de
aquella que carecía de justificación alguna, tal como lo refiere
Platón (Gorgias, 464c 3) al diferenciar las disciplinas irracio-
nales (ἄλογαι) que se disfrazaban de ciencia (μετὰ λόγου):

Al existir en cuatro artes, que vigilan siempre por lo me-


jor (sc. la medicina, la gimnasia, la justicia y la legisla-
ción), unas con respecto al cuerpo, otras con respecto al
alma, la adulación las percibe —no digo que las conoce,
sino que tiende a verlas— y, dividiéndose ella misma en
cuatro partes, disfrazándose en cada una de las partes,
finge ser aquello de lo cual se disfrazó y no se preocupa
de lo mejor; más bien persigue —siempre mediante lo
más placentero— la sinrazón, y engaña, así que pare-
ce ser de gran valor. Ahora bien, la gastronomía se ha
disfrazado de la medicina, y finge saber cuál es la me-
jor alimentación para el cuerpo, de suerte que, si fuera
necesario que un cocinero y un médico pelearan entre
niños —o entre hombres tan poco razonables como los
niños— cuál de los dos es perito acerca de comidas be-
nignas y nocivas, el médico o el cocinero, el médico mo-
riría pronto de hambre. Pues esto, lo llamo “adulación”,
y afirmo que tal cosa es fea […] porque apunta hacia lo
placentero sin lo mejor. Niego que ésta sea un arte; es un
ejercicio, porque no tiene ninguna comprensión racional
de las cosas que administra —qué son con respecto a su

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La alianza terapéutica hipocrática...

naturaleza— así que no sabe indicar la causa de cada


una. Pues yo no llamo “arte” a una cosa que carece de
justificación.3

Así, la medicina (τέχνη ἰητρική), será ejercida por médicos


itinerantes (τεχνίται ἐπίδεμιουργοί) con un repertorio de ob-
servaciones y experiencias adquiridas en la práctica y en
las enseñanzas, como se observa en las historias clínicas
contenidas en el tratado Epidemias (1989)4, obra de carácter
eminentemente pragmático que atiende a la naturaleza tanto
del hombre (microcosmo), cual individuo condicionado por el
entorno físico y climático (macrocosmo).

Filisco
La historia de Filisco, contenida en el libro I del tratado Epi-
demias (1989, XXVI, 21-42), da cuenta del desarrollo de una
enfermedad letal. Bajo una cuidadosa observación sensorial,
la historia clínica proporciona un sistemático y preciso regis-
tro de signos y síntomas, y la evidencia del actuar oportuno
por parte del médico ante el azar que domina la naturaleza
del proceso morboso, ambas características se objetivan en
una concisión y simplicidad estilística:

Filisco vivía cerca de la muralla; se acostó, el primer día


(tuvo) fiebre aguda, sudó, hacia la noche en estado pe-
noso; al segundo día se exacerbó todo, pero por la tarde,
después de una pequeña lavativa, evacuó favorablemen-
te; toda la noche estuvo en calma. Al tercer día, tempra-
no y hasta el mediodía parecía que se había quedado sin
fiebre, pero hacia la tarde presentó una fiebre aguda con
sudor, sediento, la lengua se le secaba, orinó negro; por
la noche estuvo en mal estado, no durmió, deliró comple-
3 Entre las ciencias que producen mediante razón y las irracionales, Pla-
tón distingue, así mismo, la Justicia frente a la Retórica, la Legislación
frente a la Sofística y la Gimnasia frente a la Cosmética.
4 El tratado Epidemias (1989) se compone de 7 libros, los libros I y III se
consideran un solo bloque por su perfección estructural en comparación
con los restantes libros que se han identificado como un conjunto de no-
tas sueltas.
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Alejandra Victoria Fernández

tamente. Al cuarto día se exacerbó todo, orinas negras;


por la noche estuvo más saludable, con orinas de mejor
color. Hacia la mitad del quinto día secretó poca sangre
no mezclada de la nariz; orinas de diversos colores, que
tenían sustancias en suspensión, redondas, parecidas al
semen, separadas, que no se asentaban, y habiéndo-
se aplicado un supositorio evacuó poco con flatulencia.
Por la noche estuvo en estado penoso, sueños cortos,
palabras, delirio, extremidades frías en todas partes y
de ningún modo se calentaban; orinó negro, hacia el día
durmió poco, estuvo afónico, sudó frío, extremidades lí-
vidas. Murió hacia la mitad del séptimo día. Hasta el final
su respiración, como si la recordara, era muy intermiten-
te, el bazo se le inflamó con una protuberancia redonda,
sudores fríos hasta el final. Los paroxismos en los días
pares.

Φίλισκος ᾤκει παρὰ τὸ τεῖχος· κατεκλίνη, τῇ πρώτῃ πυρετὸς


ὀξύς, ἐς νύκτα ἐπιπόνως· δευτέρῃ πάντα παρωξύνθη, ὀψὲ
δὲ ἀπὸ κλυσματίου καλῶς διῆλθε· νύκτα δι’ ἡσυχίης. τρίτῃ
πρωὶ καὶ μέχρι μέσου ἡμέρης ἔδοξε γενέσθαι ἄπυρος, πρὸς
δείλην δὲ πυρετὸς ὀξὺς μετὰ ἱδρῶτος, διψώδης, γλῶσσα
ἐπεξηραίνετο, μέλανα οὔρησε· νύκτα δυσφόρως, οὐκ ἐκοι-
μήθη, πάντα παρέκρουσε. τετάρτῃ πάντα παρωξύνθη, μέ-
λανα οὖρα νύκτα εὐφορωτέρην, οὖρα εὐχροώτερα. πέμπτῃ
περὶ μέσον ἡμέρης σμικρὸν ἀπὸ ῥινῶν ἔσταξεν ἄκρητον·
οὖρα δὲ ποικίλα, ἔχοντα ἐναιωρήματα στρογγύλα, γονοει-
δέα, διεσπασμένα, οὐχ ἱδρύετο· προσθεμένῳ δὲ βάλανον
φυσώδεα σμικρὰ διῆλθε. Νύκτα ἐπιπόνως, ὕπνοι σμικροὶ,
λόγοι, λῆρος, ἄκρεα πάντοθεν ψυχρὰ καὶ οὐκέτι ἀναθερ-
μαινόμενα,οὔρησε μέλανα, ἐκοιμήθη σμικρὰ πρὸς ἡμέρην
ἄφωνος, ἵδρωσε ψυχρῷ, ἄκρεα πελιδνά. περὶ δὲ μέσον
ἡμέρης ἐκταῖος ἀπέθανεν. τούτῳ πνεῦμα διὰ τέλεος, ὥσπερ
ἀνακαλεομένῳ, ἀραιὸν μέγα· σπλὴν ἐπήρθη περιφερεῖ κυρ-
τώματι, ἱδρῶτες ψυχροὶ διὰ τέλεος, οἱ παροξύσμοὶ ἐν ἀρτί-
ῃσιν.

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La alianza terapéutica hipocrática...

La lectura del cuidadoso registro de cada uno de los datos


clínicos que llevan a la identificación de la enfermedad y de la
terapeútica justa, puede leerse como el producto fehaciente
que identifica la labor médica actual.

Lectura guiada
A continuación se presenta una lectura de la historia de Fi-
lisco a través de los contenidos que actualmente identifican
la exposición general de los componentes del interrogatorio
del adulto (anamnesis) en una historia clínica por apartados
según Lynn S. Bickley.5
Datos de filiación:
• Datos de filiación: nombre, edad, sexo, profesión (“Fi-
lisco vivía cerca de la muralla”6) y estado civil.

• Origen del relato: habitualmente el paciente, pero a


veces un familiar, amigo, una carta de otro médico o
la historia clínica.

• Si procede, indique la fuente de la remisión porque en


ocasiones se necesita un informe por escrito.
Fiabilidad: Depende de la memoria, la confianza y el estado
de ánimo del paciente.
Motivo de la consulta: Uno o más síntomas o preocupaciones
por los que el paciente solicita asistencia.
Enfermedad actual:

• Amplía el motivo de consulta; describe cómo apare-

5 Los datos sobre la anamnesis y la exploración física se transcriben lit-


eralmente de la Guía de exploración física e historia clínica (Bickley, 2013,
pp. 36-55). Entre paréntesis se intercalan los datos de la historia de Filis-
co.
6 En otra historia clínica (Epidemias, 1989, I, XXVI, pp. 43-44 y 78-79)
se lee: “Sileno vivía sobre la llanura cerca de los Evalcíadas…, su edad,
aproximadamente, veinte años”. Σιληνὸς ᾤκει ἐπὶ τοῦ πλαταμῶνος πλησί-
ον... τῶν Εὐαλκίδεω... ἡλικίη ὡς περὶ ἔτεα εἴκοσιν.
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Alejandra Victoria Fernández

ció cada síntoma.

• Incluye los pensamientos y sentimientos que el pa-


ciente tiene de la enfermedad.

• Recoge aspectos relevantes de la revisión por sis-


temas: (Descripciones digestivas: “al segundo día…
por la tarde… después de una pequeña lavativa,
evacuó favorablemente… hacia la mitad del quin-
to día… habiéndose aplicado un supositorio evacuó
poco con flatulencia”. Descripciones respiratorias:
“Hasta el final su respiración, como si la recordara,
era muy intermitente”. Descripciones circulatorias: “el
primer día… sudó, al tercer día… hacia la tarde pre-
sentó una fiebre aguda con sudor, … hacia la mitad
del quinto día secretó poca sangre no mezclada de
la nariz… por la noche… extremidades frías en to-
das partes y de ningún modo se calentaban… hacia
el día,… sudó frío… extremidades lívidas… sudores
fríos hasta el final”. Descripciones genitourinarias:
“Al tercer día… orinó negro… Al cuarto día, se exa-
cerbó todo, orinas negras; por la noche estuvo más
saludable, con orinas de mejor color… Hacia la mi-
tad del quinto día… orinas de diversos colores, que
tenían sustancias en suspensión, redondas, pareci-
das al semen, separadas, que no se asentaban…
Por la noche… orinó negro”. Las descripciones de
las orinas, las heces, las flemas y la sangre sugieren
la presencia de exámenes previos, en ello la medi-
na actual identifica los de laboratorio: sangre, orina,
flemas; los de gabinete: radiografías, ultrasonidos,
tomografías, resonancias magnéticas, y los especia-
lizados: biopsias, citologías, exudados, cultivos, etc.).

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La alianza terapéutica hipocrática...

• Mencionar los factores de riesgo que a menudo resul-


tan pertinentes para la enfermedad actual.
Antecedentes personales:

• Enumera las enfermedades pediátricas

• Enumera y fecha las enfermedades de la vida adulta,


al menos en cuatro categorías: médicas, quirúrgicas,
obstétricas/ginecológicas y psiquiátricas.

• Incluye las medidas para el mantenimiento de la sa-


lud, como vacunaciones, pruebas de detección, estilo
de vida y seguridad en el hogar.

• Uso de medicamentos, alergias y transfusiones.


Antecedentes familiares:
• Resume o registra en un diagrama la edad y la salud,
o la edad y la causa de la muerte, de los hermanos,
padres y abuelos.
• Documenta la presencia o ausencia de enfermedades
concretas en la familia, como hipertensión o enfermedad
coronaria.
Antecedentes sociales:

• Describe el nivel de estudios, el origen de la familia,


la residencia actual (“… vivía cerca de la muralla…”),
los intereses personales y el estilo de vida7.

• El abuso del tabaco, del alcohol y las drogas.

7 En algunas historias de Epidemias (1989) se exponen las causas direc-


tas de alguna enfermedad: “a consecuencia de fatigas y ejercicios inopor-
tunos lo atacó una fiebre”. ἐκ κόπων καὶ γυμνασιῶν ἀκαίρων πῦρ ἔλαβε
(I, XXVI, 44-45).
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Revisión por sistemas: Documenta la presencia o ausencia


de síntomas comunes relacionados con cada uno de los prin-
cipales sistemas corporales: fiebres, sudoraciones o diafore-
sis, astenia, cansancio, adinamia (“… el primer día tuvo fiebre
aguda, sudó… Al tercer día, temprano y hasta el mediodía
parecía que se había quedado sin fiebre, pero hacia la tarde
presentó una fiebre aguda con sudor, sediento, la lengua se
le secaba… Al tercer día… por la noche estuvo en mal esta-
do, no durmió, deliró completamente… el quinto día… por la
noche… estuvo en estado penoso, sueños cortos, palabras,
delirio… hacia el día durmió poco, estuvo afónico, sudó frío.
Sudores fríos hasta el final”).
Exploración física completa del adulto

• Preparación del entorno: iluminación, equipo, se-


cuencia de la exploración, técnicas de exploración
(inspección, palpación, percusión, auscultación), pre-
cauciones convencionales y universales, frente a la
propagación de enfermedades infecciosas, alcance y
posiciones para la exploración (“… al segundo día…
una pequeña lavativa… Hacia la mitad del quinto
día… un supositorio”).

• Descripción general de la exploración física:

○○Reconocimiento general (Observe el estado gene-


ral de salud de paciente y su talla, constitución y
desarrollo sexual (postura, actividad motora, mar-
cha; vestido, acicalamiento, higiene personal, olor
corporal, aliento. Vigile las expresiones faciales del
paciente y anote la manera, el afecto y la reacción
que muestra ante las personas y los objetos del
entorno. Escuche el modo de hablar del paciente y
registre su estado de vigilia o nivel de consciencia.

○○Signos vitales: Mida la presión arterial. Cuente


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La alianza terapéutica hipocrática...

la frecuencia del pulso y de la respiración. Si


procede, mida la tempratura corporal.

○○Inspección general: Habitus externus, que re-


gistra lo que se ve de primera instancia en un
enfermo, sin que éste lo manifieste: sexo, gru-
po de edad (niño, adolescente, adulto, adulto
mayor), edad aparente en relación con la cro-
nológica, actitud forzada o libremente esco-
gida, conformación buena o mala en relación
con los segmentos corporales (constitución
endomórfica: gruesa, mesomórfica: media, ec-
tomórfica: delgada), raza (blanca, mestiza, ne-
gra), movimientos anormales y facies. Inspe-
ción armada o con maniobras, análisis de piel,
cabeza, ojos, oídos, nariz y garganta, cuello8,
espalda, cara posterior del tórax9 y pulmones,
mamas, axilas y nódulos epitrocleares, obser-
vaciones sobre el sistema musculoesqueléti-
co, cara anterior del tórax y pulmones, siste-
ma cardiovascular, abdomen (“… el bazo se
le inflamó con una protuberancia redonda”),
genitales, extremidades10 y sistema nervioso
(estado mental, pares craneales, incluyendo
fondo de ojo, sistema motor, sistema sensiti-
vo y reflejos). Exploraciones adicionales: tacto
rectal y exploración ginecológica.

8 “… pesadez de cabeza y tensión del cuello”. καὶ κεφαλῆς βάρος καὶ


τραχήλου σύντασις (Epidemias, 1989, I, XXVI, pp. 46-47).
9 “… tensión del hipocondrio por ambos lados, extendida hasta el ombli-
go, un poco blanda”. ὑποχονδρίου σύντασις ἐξ ἀμφοτέρων παραμήκης
πρὸς ὀμφαλόν, ὑπολάπαρος (Epidemias, 1989, I, XXVI, pp. 54-55).
10 “… comenzó a sufrir en la cadera”. ἤρξατο δὲ πονεῖν κατ’ οσφῦν
(Epidemias, 1989, I, XXVI, pp. 45-46).
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Alejandra Victoria Fernández

Al encuadrar la precisión del registro hipocrático con una his-


toria clínica actual se comprueba la efectividad de los proce-
dimientos esbozados por la escuela de Cos en el reconoci-
miento, tratamiento y conocimiento de los procesos morbo-
sos.
Es de suponerse que los datos más desarrollados en las
historias clínicas hipocráticas sean los concernientes al pa-
decimiento actual, pues éstos denotan la actividad médica
realmente práctica. Otros contenidos pueden inferirse sobre
la base de información, aunque escueta y parcial, referida
contextualmente. Algunos datos por razones anacrónicas, no
se identifican.
En la historia de Filisco, el médico se mantuvo seis días, pres-
to al análisis de una sintomatología física y mental (“Filisco…
al tercer día… no durmió, deliró completamente… el quinto
día… por la noche… en estado penoso, sueños cortos, pala-
bras, delirio”), registro que llegó a proporcionar, al igual que
todas las historias registradas en los libros del tratado Epide-
mias (1989), y de manera más sistemática en los libros I y III,
transparencia en la valoración de signos y síntomas por los
que el médico conocerá a su paciente, si morirá, si sanará, si
la curación será breve o larga y penosa, si será completa y
definitiva, o quedará alguna secuela.
Sin duda, el despunte del espíritu científico de la escuela
médica hipocrática, forjado en la alianza terapéutica méto-
do-médico-paciente, se verá cristalizado en lo que hoy debe
reconocerse como clínica, ello sin ninguna oposición a la con-
sideración observada en el naissance de Foucault (1999), se-
gún el cual:

[…] es menester entonces abandonar la idea de un es-


pectador ideal y trascendente a cuyo genio, o paciencia,
los observadores reales podrían más o menos, aproxi-
marse. El único observador normativo es la totalidad de

NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104 145


La alianza terapéutica hipocrática...

los observadores: sus errores de perspectivas individua-


les se reparten en un conjunto que tiene sus poderes
propios de indicación (pp. 148-149).

Hipócrates ciertamente codifica una clínica universal sistema-


tizada que facilita y compendia la aprehensión de la medicina.
Con él se introduce una dimensión nueva en la experiencia
médica que, por un lado, guardará su esencia en la pesquisa
de signos y síntomas indispensables, puestos a disposición
de la percepción sensorial para tener el control del paciente
como objeto y sujeto de estudio, hoy identificados en el inte-
rrogatorio, la inspección, la palpación, la percusión, la auscul-
tación, la punción, la medición y los análisis de laboratorio,
mismos que, como se sugirió en la lectura comparativa del
caso de Filisco y en algunas otras historias clínicas, se ven
identificados en la saturación de noticias prepatogénicas y
patológicas del tratado Epidemias (1989).
La experiencia clínica permanecerá en cada necesidad his-
tórica. Así, el tratamiento adecuado, el presupuesto justo, el
médico idóneo, los especialistas, el médico familiar, los medi-
camentos, de patente o no, el hospital privado, la seguridad
social, la representación médica, cuestiones todas, habrán
de encaminar a la certeza y convicción de que el médico es
el primero de los tratamientos que se prescriben, con lo cual,
en el paciente hay esperanza y confianza en que el médico
posee la ciencia médica; el médico, por su parte, promoverá
y logrará que el paciente se comprometa, resista, así sobre-
vendrá el bienestar, todo ello habrá de significar la clínica uni-
versal sistematizada, sin más, la alianza terapéutica.

Referencias

Bickley, Lynn S. y Peter G. Szilagyi (201311). Guía de exploración física e


historia clínica. Barcelona: Wolters Kluwer Health, S.A., Lippin-
cott Williams & Wildins.

146 NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104


Alejandra Victoria Fernández

Foucault, M. (1999). El Nacimiento de la Clínica. México: Siglo XXI.


Hipócrates. (1988). Tratados hipocráticos IV: Tratados ginecológicos:
Sobre las enfermedades de las mujeres, Sobre las mujeres
estériles, Sobre las enfermedades de las vírgenes, Sobre la
superfetación, Sobre la excisión del feto, Sobre la naturaleza de
la mujer. Madrid: Gredos.
Hipócrates. (1989). Tratados hipocráticos V. Epidemias. Madrid: Gredos.
Hipócrates. (1990). Tratados hipocráticos VI. Enfermedades. Madrid:
Gredos.
Hipócrates. (1993). Tratados hipocráticos VII. Tratados quirúrgicos:
Sobre las heridas en la cabeza. Sobre el dispensario médico.
Sobre las fracturas. Sobre las articulaciones. Instrumentos de
reducción. Sobre las fístulas. Sobre las hemorroides. Sobre las
úlceras. Madrid: Gredos.
Hipócrates. (1997a). Tratados hipocráticos II: Sobre los aires, aguas y
lugares. Sobre los humores. Sobre los flatos. Predicciones I.
Predicciones II. Prenociones de Cos. Madrid: Gredos.
Hipócrates. (1997b). Tratados hipocráticos III: Sobre la dieta. Sobre las
afecciones. Apéndice a “Sobre las dieta en las enfermedades
agudas”. Sobre el uso de los líquidos. Sobre el alimento. Madrid:
Gredos.
Hipócrates. (2001). Tratados hipocráticos I: Juramento. Ley. Sobre la
ciencia médica. Sobre la medicina antigua. Sobre el médico.
Sobre la decencia. Aforismos. Preceptos. El pronóstico. Sobre la
dieta en las enfermedades agudas. Sobre la enfermedad sagra-
da. Madrid: Gredos.
Hipócrates. (2013). Tratados hipocráticos VIII. Naturaleza del hombre.
Lugares en el hombre. Carnes. Corazón. Naturaleza de los
huesos. Generación. Naturaleza del niño. Enfermedades IV.
Parto de ocho meses. Parto de siete meses. Dentición. Visión.
Glándulas. Anatomía. Semanas. Crisis. Días críticos. Remedios.
Juramento II. Madrid: Gredos.
Laín Entralgo, P. (1987). La medicina hipocrática. Madrid: Alianza Edito-
rial
Lloyd, G. E. R. (1973). De Tales a Aristóteles. Buenos Aires: EUDEBA.
López Eire, A. (1996). Esencia y objeto de la Retórica. México: UNAM.
Platón. (2008). Gorgias. México: UNAM.
Platón. (2010). Protágoras. Madrid: Gredos.
Viveros, G. (1994). Hipocratismo en México. Siglo XVI. México: UNAM.
NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104 147
DEBATE

NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104 149


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Antonio Sarmiento

Una catástrofe largamente anunciada y poco


atendida
A long-awaited and underserved catastrophe

Antonio Sarmiento
IM, UNAM

Resumen
Se presenta el estado del sistema terrestre a principios del 2017,
mencionando la situación en los casquetes polares y el océano, en
los continentes, el agua, las sequías y los incendios, y la atmós-
fera para mostrar los impactos del calentamiento global y la cer-
canía del sistema a varios umbrales. Al final, se presentan un par
de comentarios: el primero es sobre la situación política al norte
de México correspondiente al calentamiento global y el segundo
es sobre lo positivo a inicios del año con respecto al mismo tema.
Palabras clave: Calentamiento global antropogénico, impactos, umbrales,
puntos de no-retorno, catástrofe

Abstract
The state of the terrestrial system in early 2017 is presented. A brief anal-
ysis of the situation of the system by regions: the polar ice caps and the
ocean, the land, water, droughts and fires, and the atmosphere, is intended
to show the already-present impacts of global warming and how close the
system is to several thresholds. At the end, two comments on the political
situation north of México with respect to global warming, and on the good-
news front are made.
Keywords: global anthropogenic warming, impacts, thresholds, point of
no return, catastrophe

Deshielo en los polos


A principios de enero del 2017, hubo un momento en el que
en la ciudad de Seattle hacía más frío (-2.8 °C) que en el
pueblo de Barrow en la pendiente norte de Alaska (-1.1 °C);
durante ese día en el pueblo de Barrow, cuya temperatura
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Una catástrofe largamente anunciada...

máxima normal es de -20.5 °C, se llegó a una temperatura


record de 0.5 °C. Este fenómeno sin precedentes se suma
a la dirección del clima durante el mes: estridencia global en
todos los frentes.
Los científicos de la Administración Nacional Oceánica y At-
mosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) afirmaron, en su
reporte anual sobre el clima del Ártico a mediados de diciem-
bre del 2016, que éste estaba mostrando sus entrañas. El
calor récord en el norte ha desviado a la región hacia un te-
rritorio climático desconocido; a finales del mes continuaba la
tendencia al calentamiento y las temperaturas máximas en
el polo norte llegaban cerca del punto de deshielo, 10 °C por
arriba de lo normal a pesar de ser la época más obscura del
año, literalmente sin luz solar.
La Antártida sufrió cambios igualmente opuestos a los usua-
les; una fotografía reciente de la Administración Nacional de
Aeronáutica y el Espacio (NASA, por sus siglas en inglés)
muestra una grieta de más de 91 metros de ancho a lo largo
de la capa de hielo Larsen, señalando el inminente despren-
dimiento de ~10% del área de la masiva capa de hielo y el en-
vío de un iceberg del tamaño del estado de Delaware (5,130
km2) hacia el Océano Austral.
El mapa muestra con una línea amarilla la extensión de la
grieta detectada en la capa de hielo Larsen C hasta el mes de
noviembre del 2010 y su crecimiento hasta agosto del 2014;
la línea naranja muestra su crecimiento hasta junio del 2016
y, finalmente, la línea púrpura muestra su extensión total
(hasta finales del 2016). El recuadro inferior izquierdo mues-
tra la localización en la Antártida de la zona que aparece en el
mapa; el inserto superior derecho proporciona la escala lineal
en kilómetros y el recuadro inferior derecho da los detalles del
mapa (McGrath, 2007). La última actualización sobre la grieta
puede encontrarse en ESA (2017).

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Antonio Sarmiento

Tanto las palabras “sin precedente” como la frase “algo así


nunca antes había sido visto” son ahora comunes entre los
científicos que estudian el hielo en la Antártida y han revelado
otra ruptura en el glaciar de Pine Island que muestra otro me-
canismo para el colapso (en el caso de éste y muchos otros
glaciares masivos en la Antártida, el deshielo se debe a la
llegada de agua tibia por debajo del glaciar).
No lejos del glaciar Pine Island, en Thwaites, se acaban de

descubrir, vía observaciones satelitales, cuatro lagos subgla-


ciares que han estado acelerando el deshielo hacia el mar de
Amundsen. Aunque la capa de hielo tiene un grosor de 2 km
en algunos sitios, el flujo puede ser el mayor que se ha repor-
tado en la región de la Antártida occidental: 3.5 km3 de agua
dulce, que además aceleró la velocidad con que el hielo de
desplaza en un 10% y con ello incrementó la descarga anual
en 150 km3 entre 2013 y 2014 (Smith, 2017).
Simultáneamente, en el este de la Antártida —una región del
gélido continente que se creía relativamente intacta y hasta
ahora impenetrable a los impactos del calentamiento global
antropogénico— dos estudios científicos recientes han de-
NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104 153
Una catástrofe largamente anunciada...

tectado signos problemáticos de calentamiento. Los estudios,


cada uno enfocado a una capa de hielo diferente de la Antárti-
da Este, muestran que ya ocurre un deshielo mayor tanto por
debajo como por encima y que este deshielo podría eventual-
mente liberar no sólo a dichas capas de hielo, sino también
a todo el hielo en el continente por encima de ellas. Dado
que la Antártida Este contiene aproximadamente dos terce-
ras partes del hielo en todo el continente, las noticias son en
verdad terroríficas: la estabilidad de toda la región está bajo
amenaza.
Es necesario mencionar que desde noviembre del 2016, tan-
to el Ártico como la Antártida han mostrado una disminución
sostenida y extraordinariamente veloz de hielo marino; los
datos de NOAA muestran el sorprendentemente rápido des-
hielo de glaciares en todo el mundo. Dado que los glaciares
contienen el 69%, aproximadamente, del agua dulce sobre
el planeta, las implicaciones para los humanos, junto con el
aumento en el nivel del mar, son obvias.
La gráfica 1 muestra la serie temporal de la extensión diaria
global de hielo marino (Ártico más Antártida) en millones de
kilómetros cuadrados (eje vertical). La línea inferior corres-
ponde a la extensión global de hielo marino durante el año
2016 y la superior al promedio de la extensión global entre
1981 y 2010. El eje horizontal muestra el mes del año en for-
ma alineada con el primer día del mes (National snow).
La gráfica 2 muestra la serie temporal de la extensión diaria
global de hielo marino (Ártico más Antártida) en millones de
kilómetros cuadrados (eje vertical) para todos los años a par-
tir de 1978. El centro de la franja gris denota el promedio de
dicha extensión entre 1981 y 2010 y su ancho corresponde
a dos desviaciones estándar alrededor de dicho promedio.
Claramente sobresalen las líneas que denotan la extensión
global de hielo marino durante el año 2016 y lo que va del
2017. El eje horizontal muestra el mes del año en forma ali-
neada con el primer día del mes. (National snow)

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Antonio Sarmiento

Gráfica 1

Gráfica 2

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Una catástrofe largamente anunciada...

La presidencia de Donald Trump se cierne sobre todos estos


sucesos pues se trata de alguien que ocupa la Casa blanca y
quien ha aseverado que “Nadie sabe en realidad si el cambio
climático es real”: Pero además, no está solo, en el mes de
diciembre un consejero del comité ejecutivo del equipo de
transición de Trump, Anthony Scaramucci, negó en el pro-
grama New Day de la agencia de noticias CNN la existencia
del calentamiento global antropogénico mientras aseguraba
que sólo contamos con 5,500 años de historia humana (Plait,
2016).

Continentes
Cuando uno piensa en los impactos del calentamiento global
antropogénico sobre los bosques, inmediatamente se viene a
la cabeza las sequías y los incendios; sin embargo, es bue-
no mencionar y reconocer un impacto menos conocido: los
insectos. Un estudio reciente predice que, en el 2027, los in-
sectos pondrán en grave riesgo a cuando menos el 63% de
los bosques en Estados Unidos y que ya son una de las gran-
des amenazas individuales a la biodiversidad en el mismo
país (Casey, 2017). Las muertes causadas por la oleada de
escarabajos, debida a las mayores temperaturas del calen-
tamiento global y las sequías, junto con las especies invaso-
ras introducidas mediante el comercio global, son dos claros
ejemplos. Se trata de una de las pocas causas que pueden
de hecho eliminar una especie arbórea en muy poco tiempo,
en cuestión de años.
Otro estudio reciente, de científicos en la Universidad de Ca-
lifornia en Davis y en el Servicio Forestal de EUA, muestra
desconcertantemente que los bosques no están pudiendo
crecer de nuevo después de los incendios causados por el
calentamiento global, los cuales se han vuelto mucho más
extensos, calientes y frecuentes a lo largo de todo el país.
(Welch, 2016)

156 NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104


Antonio Sarmiento

El trabajo muestra que los incendios recientes han destruido


tal cantidad de árboles maduros, productores de semilla y a lo
largo de extensiones tan vastas, que los bosques no pueden
resembrarse naturalmente; no se dan las condiciones que
probablemente se necesitan para promover la regeneración
natural.
Lo peor de todo es que, a medida que los bosques de EUA
sufren, los árboles del lado opuesto sobre la Tierra resultan
impactados simultáneamente. (Garcia, 2016) Cuando las se-
quías, la plaga de insectos, el calor o la explotación, causan
la muerte de un número importante de árboles en una cierta
área, también se altera el clima en los bosques de tierras
distantes. Ello significa que si se quema un número suficien-
te de bosques en Norteamérica, las consecuencias se senti-
rán en los bosques de Siberia; si se destruyen los suficientes
bosques tropicales de lluvia en la Amazonia, las coníferas en
Siberia sufrirán sequías y fríos más extremos. Esto se debe a
que las actividades en una región de la tierra pueden pertur-
bar o alterar el equilibrio del clima en otro sitio muy alejado,
un fenómeno conocido como tele-conexión e inicialmente re-
lacionado con las consecuencias a nivel global del fenómeno
El Niño. Cuando un árbol muere en un sitio, el suceso puede
ser bueno o malo para las plantas en otros lugares, ello es
debido a que los cambios que el evento causa en un sitio,
pueden ‘rebotar’ y cambiar el clima en otros lugares: la at-
mósfera se encarga de proporcionar la conexión.
Mientras tanto, algunas especies de plantas en el Himalaya,
como el rododendro, muestran indicaciones de haber ade-
lantado la estación de floración por tres meses como conse-
cuencia del calentamiento global. (Gaira, 2014)
También la vida silvestre, sin causar sorpresa alguna, conti-
núa mostrando señales de desgracias ante los impactos del
calentamiento global. Cientos de especies a lo largo y ancho
del globo terráqueo —tanto terrestres como marinas— están

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Una catástrofe largamente anunciada...

siendo víctimas de extinciones localizadas según un trabajo


en donde los autores añaden que esto es sólo el principio
(Wiens, 2016).
Un estudio de la Universidad de Edinburgh muestra que el
calentamiento global antropogénico está adelantando la mi-
gración de las aves a medida que la temperatura global si-
gue aumentando. Sin embargo, cuando las aves llegan a las
zonas de crianza con anticipación, se encuentran a menudo
sin las fuentes de alimentación usuales y mueren de hambre.
(Khomami, 2016)
A grandes latitudes en el norte, los renos están encogiéndose
físicamente debido principalmente a una creciente carencia
de comida; su peso ha disminuido considerablemente des-
de la década de los años 1990. (Doyle, 11 de diciembre de
2016) Además, el hato más grande de renos, localizado en
la península de Taimyr en Rusia, está disminuyendo su nú-
mero aceleradamente; desde el año 2000, el hato ha perdido
el 40% de su población debido a las elevadas temperaturas
y a la invasión humana y su número continúa disminuyendo
rápidamente. (Morelle, 2016)
Otra señal de advertencia proviene también del norte, donde
los leones marinos (focas eumetopias jubatus), cuya pobla-
ción se encuentra en las Islas Aleutianas Occidentales, con-
tinúa descendiendo. Los científicos culpan a las aguas tibias
impulsadas por el calentamiento global que causan escasez
en la comida y otros problemas de salud. (Rosen, 2016)
Las noticias más angustiosas son un cambio esperado en la
cadena alimenticia predicho recientemente por los expertos:
es probable que los osos polares se conviertan en víctimas
de las orcas y los tiburones de Groenlandia. (Piggott, 2016)
Los osos polares han sido la imagen icónica de los impac-
tos del calentamiento global debido a que tienen que nadar
distancias cada vez mayores en busca de comida en zonas
donde el hielo continúa desapareciendo; ello los expone cada
vez más a ataques de orcas y tiburones, predadores que adi-

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Antonio Sarmiento

cionalmente están atacando a las focas de las que los osos


polares dependen para alimentarse. La bahía Hudson en Ca-
nadá, considerada hasta hace poco como la capital mundial
de los osos polares, estuvo tan libre de hielo durante noviem-
bre como lo está en cualquier día típico de verano (Ostenfeld,
2016); ello indica que de continuar las tendencias actuales,
los osos polares bien podrían desaparecer de esa zona en el
2050.
Finalmente, el deshielo del pergelisol en Alaska y el Yukon
está cambiando literalmente la química del debilitado río
Yukon: muchos de los minerales comunes y algunos nutrien-
tes en los ríos Yukon y Tanana han aumentado considera-
blemente en los últimos 30 años. (Estus, 2016) Los impactos
de este cambio incluyen un número decreciente de salmones
que regresan por el río y ello afecta a las tribus que dependen
de ellos para comer y su cultura de subsistencia.
En el hemisferio sur, el caso más dramático proviene de Aus-
tralia, donde se ha presentado una serie de ondas de calor
récord en varias partes del este del país con una persistencia
nunca antes vista. Moree, un poblado cercano a la frontera de

Ondas de calor
en Australia

NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104 159


Una catástrofe largamente anunciada...

Queensland registró 41 días consecutivos con temperaturas


de 35 ºC o más; el récord previo era de 17 días con tempera-
turas similares en el verano 1981-8. (Australia Record, 2017)

Agua
Como es ya usual, los impactos más obvios del calentamiento
global son los que se perciben en la esfera hídrica. Un trozo
de hielo del tamaño de India o dos veces Alaska ha desapa-
recido en medio de temperaturas récord tanto en el océano
como en la atmósfera (Doyle, 5 de diciembre de 2016); el
hecho no es sorprendente si se toma en consideración que
partes del Ártico se encontraban a 20 ºC por arriba de lo nor-
mal durante algunos días de noviembre del 2016.
Otro estudio ha llevado a la creación del nuevo término “evi-
dencia categórica” de los impactos del calentamiento global
antropogénico para designar el fenómeno de que glaciares
del tamaño de verdaderas montañas estén siendo ‘lanzadas
desde el acantilado’ e indicando que esta retirada glacial pro-
porciona una perspectiva sobria sobre lo alejado del equilibrio
en que se encuentran estos glaciares. (Roe, 2017)
Una expedición invernal al Ártico en el 2015 dejó perplejos
a los investigadores que constataron lo delgado y la debi-
lidad del hielo, y aturdidos al ver lo temprano que llegó el
florecimiento del fitoplancton, fenómeno este último que fue
atribuido a la temperatura del agua por arriba de la normal.
(Monastersky, 2016)
Otro estudio publicado recientemente muestra más malas no-
ticias para Groenlandia al descubrir que la capa de hielo se
derretirá más rápido de lo que se creía previamente y, con
ello, las malas noticias se extienden a todo el mundo debido a
la elevación del nivel del mar. (Schaefer, 2016) Las investiga-
ciones más recientes han confirmado lo que se sabía desde
hace un cierto tiempo: el derretimiento de la capa de hielo en
Groenlandia nos lleva mucho más cerca de una consecuen-

160 NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104


Antonio Sarmiento

cia inevitable, el colapso de la Circulación Meridional del At-


lántico que ocasionará cambios catastróficos en el clima del
norte de Europa, de América y más allá. (Boyle, 2017)
Mientras tanto, las condiciones en la Antártida no son me-
jores; las observaciones a largo plazo vía satélites que se
han dado a conocer recientemente muestran que la pérdida
dramática de hielo se extiende rápidamente, con pérdidas en
algunos glaciares superiores a los 6 metros de altura por año.
(Amos, 2016a)
El calentamiento global también ha causado transformacio-
nes drásticas en la cadena alimenticia en la región de los
grandes lagos. El agua cada vez más caliente ha causado
que las algas que forman la base de dicha cadena alimenticia
crezcan desmesuradamente y ello ocasionará impactos im-
previstos sobre todo lo demás en ese ecosistema. (Kaeding,
2016)
Las ciudades de Miami, Nueva Orleans y Nueva York se en-
cuentran entre las primeras del vecino país del norte que ya
están sufriendo las consecuencias del aumento en el nivel del
mar, el cual aumentará considerablemente en los próximos
años. (Kennedy, 2016) El agua en el área de los Everglades,
pantanos y manglares en el sur de Florida, corre un riesgo
adicional ante el aumento del nivel del mar, lo que significa
que el legendario “río de hierba” quedaría pronto inundado
bajo el agua salada. (Reid, 2016)
A lo largo del Atlántico, un estudio reciente sugiere que la
única razón por la que las comunidades costeras en la Gran
Bretaña han sobrevivido hasta ahora al aumento en el nivel
del mar y los eventos de clima extremo ha sido la suerte. El
estudio muestra que en el invierno de 2013-2014 se tuvieron
tormentas que generaron los máximos niveles registrados en
el nivel del mar en la mitad de los sitios donde se mide la
marea alrededor del Reino Unido y que también se tuvo el
mayor número de eventos de nivel extremo durante cualquier
estación a lo largo de los últimos cien años. Ese estudio,

NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104 161


Una catástrofe largamente anunciada...

sin embargo, también muestra que ninguna de estas inun-


daciones severas ocurrió durante una tormenta severa; ello
resulta particularmente inquietante pues significa que estas
ocasiones pudieron haber tenido consecuencias mucho peo-
res. Resulta sólo cuestión de tiempo para que una tormenta
extrema impulsada por el calentamiento global coincida con
una marea alta y la destrucción será masiva en donde quiera
que la tormenta toque tierra en la costa británica. (University
of Southampton, 2016)
En el hemisferio sur, el gran arrecife coralino de Australia, que
no hace mucho sufrió una evento masivo de blanqueo, bien
podría no sobrevivir si el calentamiento del océano continúa,
algo que ocurrirá con toda seguridad. El análisis correspon-
diente (Heron, 2016) indica que, para el 2050, más del 98%
de los arrecifes coralinos mundiales se verá afectado cada
año por estrés térmico a nivel de blanqueo.

Incendios
El reporte anual de atribución de la Sociedad Meteorológi-
ca Americana publicado a mediados de diciembre del 2016
muestra que el calor debido al calentamiento global antro-
pogénico fue el factor clave en la temporada de incendios
en Alaska durante el 2015, el cual fue el segundo peor de
los años registrados en términos del área total quemada. El
reporte también menciona la falta de nieve en el estado de
Washington, resultado de la elevada temperatura, como otro
factor que condujo a incendios silvestres en dicho estado e
indica que, en ambos casos, las elevadas temperaturas con-
tinuarán predisponiendo las áreas correspondientes a incen-
dios con mayor frecuencia y duración. (American Meteorolo-
gical, 2016)
En las primeras semanas de enero del 2017, se contaban
más de cien incendios activos en África del Sur, ocasionados
por condiciones de temperaturas más elevadas que la nor-
mal, la carencia de lluvia y la consecuente sequía provocada
por el calentamiento. (Associated Press, 2017)
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Antonio Sarmiento

Atmósfera
El año 2016 ha sido declarado el año más caliente entre los
registrados en el planeta desde que se iniciaron las medicio-
nes. En el Ártico las mediciones alcanzaron 2.3 ºC por arriba
de la normal y aún más en algunos lugares. Un estudio de la
Universidad de Rutgers indica que un Ártico calentándose rá-
pidamente tendrá implicaciones profundas sobre el clima glo-
bal en muchas maneras, tales como el desplazamiento1 de la
corriente a chorro, sequías más persistentes y prolongadas
e inundaciones severas, todas las cuales impactarán dramá-
ticamente en la producción de alimentos. (Montaigne, 2016)
En diciembre del 2016, el grupo Climate Central produjo una
gráfica que da una idea muy clara sobre cuánto calentamiento
ocurrió en la parte continental de los Estados Unidos duran-
te dicho año. (Kahn, 21 de diciembre de 2016) En resumen,
durante el 2016 sólo el 2% de las estaciones meteorológicas
reportaron temperaturas por debajo de la normal y 98% repor-
taron temperaturas por arriba de la normal y 10% de dichas
estaciones reportaron las temperaturas más elevadas registra-
das hasta ahora. Mientras tanto, los científicos en Vietnam se-
ñalan al calentamiento global como el factor responsable de un
aumento en las enfermedades propagadas por vectores como
el paludismo (malaria) y el dengue, causadas por niveles cre-
cientes de agua salada y temperaturas elevadas que propician
las condiciones favorables para la reproducción de los mosqui-
tos que transmiten las enfermedades. (s.a 2016)

La negación y la realidad
El Centro de Medios y Democracia publicó un memorándum
filtrado del grupo de transición en la presidencia de D. Trump
que delinea la desastrosa agenda energética. Esencialmente,
el plan devastará la mayoría de las regulaciones ambientales
que aún quedan y detendrá todos los esfuerzos para el de-
sarrollo de fuentes limpias de energía que intenten combatir
el calentamiento global, por escasos que sean. Incluye, pero
1 https://gfycat.com/InexperiencedFalseGypsymoth
NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104 163
Una catástrofe largamente anunciada...

no se limita a, los siguientes pasos: retirarse del acuerdo de


París sobre el clima, aumentar la cesión de territorio federal
para la búsqueda/explotación de petróleo o metano (gas na-
tural), anular la moratoria a las cesiones para la explotación
de carbón, proporcionar a los estados un poder mayor sobre
la cesión energética en territorios federales dentro de las fron-
teras estatales, aprobar expeditamente las terminales para la
exportación de metano líquido (LNH o liquefied natural gas),
acelerar a toda máquina la infraestructura de ductos, enmen-
dar los estándares de combustibles renovables y relajar los
estándares federales sobre economía de combustibles. (Sur-
gey, 2016)
Para ello, el director ejecutivo (CEO o chief executive officer)
de Exxon —la mayor compañía petrolera a nivel mundial—
ha sido convenientemente nombrado secretario de estado
(Shear, 2016), a pesar de que continúan las investigaciones
sobre las campañas de desinformación de Exxon acerca de
las consecuencias de la quema de combustibles fósiles.
Y en forma tan conveniente, Chris Shank, el jefe de los ase-
sores del representante republicano de Texas, Lamar Smith,
y declarado detractor del calentamiento global, fue seleccio-
nado para dirigir al equipo de transición de la Agencia Nacio-
nal de Aeronáutica y del Espacio (NASA), con lo que queda
claro que se acabará el presupuesto de la agencia para el
estudio del clima o ciencias de la tierra. (Kahn, 6 de diciembre
de 2016)
A medida que crece a nivel mundial el escándalo alrededor
de las medidas anti-ambiente, los planes de Trump para
bloquear los fondos de la NASA han sido parcialmente blo-
queados por los científicos australianos, quienes hace poco
sufrieron un ataque similar en el departamento climático del
CSIRO. (Vorrath, 2016)
Algunas de las selecciones para el gabinete ambiental pa-
recen ser malos chistes: Trump escogió al abogado gene-
ral de Oklahoma Scott Pruitt, un firme aliado de la industria

164 NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104


Antonio Sarmiento

petrolera y detractor del calentamiento global, para dirigir la


Agencia para la Protección del Ambiente (EPA). (Davenport,
2017) Ambos, Trump y Pruitt, han sido evidentes oponentes a
la existencia de dicha agencia.
En total, al menos nueve miembros mayores en el equipo de
transición de Trump niegan la existencia del calentamiento
global antropogénico y muestran una agenda completamente
a favor de la industria de los combustibles fósiles. (Milman,
2016) Se han escogido detractores del calentamiento global
para dirigir a cada una de las agencias que tienen que ver con
el ambiente o el calentamiento global y, como resultado de
todo ello, los científicos norteamericanos se encuentran co-
piando frenéticamente, respaldando y almacenando en el ex-
tranjero todos sus datos con el temor de que puedan ser eli-
minados durante la administración de Trump. (Dennis, 2016)
El periódico The Guardian ha publicado un excelente trabajo
sobre lo que considera la ‘próspera conspiración cultural de la
negación de la ciencia del clima’ que ocurre con la llegada de
la administración de Trump (Readfearn, 2016); en el trabajo
se muestra cómo sitios electrónicos conspiradores como Bre-
itbar2 están trabajando para producir una audiencia masiva
en línea que crea que el calentamiento global es un engaño.
Ante la serie de berrinches perpetuados por Trump en su via-
je al extranjero a finales de mayo, es evidente que no hay
lógica alguna detrás de sus acciones; ningún contexto econó-
mico, social o político puede ser usado para intentar explicar
decisiones como las de un individuo con un comportamiento
tan errático y que, sin excepción, ignora los consejos de sus
asesores en todos los campos del quehacer humano.

2 http://www.breitbart.com/
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Una catástrofe largamente anunciada...

Lo positivo
El retiro de inversiones en la industria de combustibles fósiles
ha llegado a 5.2 billones de dólares, una cifra alentadora pues
significa que un número récord de inversionistas ha retirado
su dinero de dicha industria y lo están invirtiendo en las fuen-
tes renovables de energía. (Kahn, 12 de diciembre de 2016)
Los científicos de la NASA, usando sus satélites y supercom-
putadoras, han producido una sorprendente animación tridi-
mensional del flujo del CO2 en la atmósfera, lo cual ayuda a
nuestra comprensión del proceso en el que el CO2 causa el
exacerbamiento del efecto invernadero. (Kahn, 15 de diciem-
bre de 2016)

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RESEÑAS

NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104 173


Germán Iván Martínez

Gilberto Guevara Niebla. Poder para el maestro


poder para la escuela. México: Ediciones Cal y
Arena, 2016,264 p. ISNB: 978-607-9357-84-9

Germán Iván Martínez Escuela


Normal de Tenancingo

El otrora líder estudiantil de la Universidad Nacional Autóno-


ma de México (UNAM) en los años sesenta, Gilberto Guevara
Niebla, célebre en el ámbito académico por haber publicado,
entre otros escritos, La catástrofe silenciosa en 1992, texto
en el que revela una crisis educativa en México de enormes
dimensiones, reitera ahora en su libro más reciente: Poder
para el maestro, poder para la escuela, ésta y otras ideas con
las que nos acerca al tema de la reforma educativa impulsada
por el presidente Enrique Peña Nieto. Reforma, asegura, que
intenta “devolverle al maestro su papel central en el desarrollo
educativo, apoyarlo académica y salarialmente, y reiterar su
prestigio social” (p. 11). Así, a lo largo de una obra compuesta
por tres apartados, el autor presenta las críticas, realidades
y los problemas derivados de una reforma considerada es-
tructural por el gobierno actual; respecto a la cual despuntan
opiniones diversas, encontradas y confrontadas, protestas,
descalificaciones, agravios, actos violentos y, lo que es peor,
desinformación e ignorancia.
Gilberto Guevara refiere que frente al desprestigio social de
la docencia, derivado de prácticas miserables que histórica-
mente prevalecieron en el gremio magisterial: burocratiza-
ción, corporativismo, simulación, opacidad en la asignación
de plazas, renta y venta de las mismas, irregularidades en
los procesos de ingreso, reconocimiento y promoción, etc.,

NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104 175


Gilberto Guevara Niebla

se hizo necesario que la reforma actual buscara, antes que


todo, desmontar una estructura de poder gestada a lo largo
de setenta años.
Desde su perspectiva, fue en la década de los cuarenta don-
de se originó la crisis educativa actual. El sistema educativo
comenzó a descomponerse, la escuela pública se degradó,
se descuidó la formación docente y, con ello, los procesos
de enseñanza, aprendizaje y evaluación. Índices de reproba-
ción, repetición y deserción eran maquillados para dar la im-
presión de que la educación avanzaba, mientras la formación
(inicial y continua) de los maestros pasaba a un segundo pla-
no, como lo hacían también planes y programas de estudio,
el equipamiento de las escuelas y la capacitación (y actuali-
zación) disciplinar y pedagógica de los profesores.
Pero la crisis educativa tiene varias dimensiones. Las caren-
cias del sistema escolar, el bajo aprendizaje en los niveles
educativos, el analfabetismo, el rezago, la rigidez en la orga-
nización de las escuelas, la ausencia de un proyecto pedagó-
gico vinculado a la educación moral, y el abismo que separa
a la escuela de la cultura, todas son extensiones de una crisis
que, asegura nuestro autor al recuperar las aportaciones de
Carlos Ornelas, se derivan del control que tuvo el Sindicato
Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) sobre la
profesión docente. Por años prevaleció un “auténtico ejército
de ‘aviadores’, ‘empleados fantasma’ y ‘comisionados’ que
operaban en las oficinas nacionales o seccionales del sindi-
cato, en partidos políticos, en administraciones municipales o
estatales y en oficinas diversas del gobierno federal” (p. 52).
Al respecto, el Censo de Escuelas, Maestros y Alumnos de
Educación Básica y Especial (Cemabe), realizado en 2013
por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi),
al visitar 273 317 Centros de Trabajo ubicados en un total de
61 989 localidades, distribuidas en 2 457 municipios del país,
reveló que cerca de 300 mil docentes no se encontraban la-
borando en sus escuelas.

176 NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104


Germán Iván Martínez

Guevara Niebla asegura que la reforma educativa, puesta en


marcha en nuestro país desde 2012, busca “introducir un prin-
cipio de dinamismo y mejora constante en la carrera docente”
(p. 62) que permita optimizar el desempeño de los maestros
en el aula, renovar su formación inicial, asegurar su prepa-
ración permanente e impulsar una cultura de la evaluación
que asegure el cambio y perfeccionamiento continuos. Así,
en este libro explica (y justifica) la decisión del gobierno de
iniciar la reforma educativa como lo hizo, enviando a Elba Es-
ther Gordillo a la cárcel y desmontando la estructura política
de un sindicato que ha sido una organización estrictamente
laboral y no una entidad académica, profesional ni pedagógi-
ca. Sindicato que se ha opuesto, veladamente y por décadas,
a la mejora de la educación mexicana.
El autor defiende la idea de que la reforma en México no es
una imposición de organismos internacionales (léase Orga-
nización para la Cooperación y Desarrollo Económico, Ban-
co Mundial o Fondo Monetario Internacional), menos de un
paradigma neoliberal y su lógica privatizadora. Dice por ello
que quienes “hablan de que ‘con la reforma educativa se va a
privatizar la educación’ especulan, construyen ideas sin fun-
damento empírico, fantasean [y] hacen inferencias a partir de
un esquema conceptual ajeno a la realidad” (p. 93). Asegu-
ra también que la educativa no es una reforma anti-sindical,
pero que fue necesario desmontar el sistema plagado de ne-
potismo, corrupción y paternalismo impulsado por el SNTE
desde su fundación. Señala, asimismo, una idea que por ob-
via compartimos todos: los maestros no son los responsables
(menos los culpables) de la debacle educativa. Sin embargo,
expresa, la reforma educativa “es uno de los más ambicio-
sos proyectos para mejorar la educación mexicana” (p. 114).
Por ello, agrega, no sólo se centra en la evaluación magiste-
rial, también busca empoderar a los maestros y los centros
educativos, transformar las escuelas normales (actualizando
planes y programas de estudio, pero también renovando téc-
nicas y métodos de enseñanza que generen un subsistema
NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104 177
Gilberto Guevara Niebla

más abierto y flexible, creativo, incluyente e innovador) e in-


crementar la intervención de los demás actores educativos:
padres de familia, directivos, asesores, supervisores… La re-
forma, piensa el autor, lejos de que sea denostada por la “pe-
dagogía de la protesta” (p. 145), que impulsa la Coordinadora
Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), cargada
de emotividad, resentimiento e ignorancia, debe verse como
una excelente oportunidad para desburocratizar la labor do-
cente, incrementar los aprendizajes de los alumnos, dotar de
autonomía a las escuelas, disminuir la desigualdad, hacer
que prevalezca el mérito académico sobre la discrecionali-
dad e introducir cambios reales en la educación que asegu-
ren su calidad, equidad y pertinencia social. El reto planteado
es enorme, pues no sólo implica vencer la disfuncionalidad
del sistema sino aprender a repensar la pedagogía.

178 NÚMERO 1 | ENERO-JUNIO 2017 | EL COLEGIO DE MORELOS | ISSN 2594-0104


Julio Ortega

Rose-Marie Mariaca Fellmann (2016). Erótica de


la Transgresión. George Bataille-Jacques Lacan.
México: Editorial Herder, 229 p. ISBN: 978-607-
7727-55-2

Julio Ortega B.
Universidad de Xalapa

El libro hace un seguimiento de la biografía y obra difícil de


clasificar, a veces incomprendida, siempre muy criticada, de
Georges Bataille, haciendo una interpretación de su faena
literaria que abarca la literatura, el ensayo, la crítica y el es-
tudio antropológico, como una crítica a la cultura capitalista
contemporánea del ojo, relacionando las obras de este autor
con su amigo Lacan y haciendo notar la mutua influencia de
estos autores en sus escritos, identificando en este último el
impulso poético preciso para la creación de conceptos psi-
coanalíticos.
Un analista reconoce a otro analista por los temas que toca,
por sus preocupaciones e inquietudes, por sus obsesiones
particulares que quizá son comunes a los insectos de esta
especie que llamamos psicoanálisis y que puede buscar la
filosofía no sólo en Kant o Wittgenstein sino en fuentes tan
extrañas como la literatura de Bataille.
Recuerdo que en una clase que impartía en la Facultad de
Filosofía de la Universidad Veracruzana, sobre Corrientes
contemporáneas del pensamiento filosófico, los chicos se in-
dignaron, hasta diría que se asustaron de que pudiera dejar-
les a leer Historia del Ojo, pues no lo consideraban filosofía,
es más, ni conocían el nombre de Bataille. Sin embargo, fue
nada más y nada menos Michel Foucault, quizá el más im-
portante filósofo del siglo XX, quien afirmó: “Debemos a Ba-
taille una gran parte del momento en el que estamos, pero lo
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que queda por hacer, por pensar y por decir, eso sin duda se
lo debemos y por mucho tiempo”. (Prológo en Rafael Conte,
2000)
La Historia del Ojo (1928) es su primera novela escandalosa
que no llevó nunca su nombre en vida, a pesar de que al final
todo mundo sabía que se trataba de él, y que ha tenido des-
pués de su publicación múltiples interpretaciones. Aunque
es una obra temprana, es un texto cardinal para entender
la intención del autor. Bataille concluye su relato con el ojo
enucleado de un sacerdote muerto por estrangulación, un ojo
que primero se introduce en el ano y luego en la vagina de la
heroína, mientras el narrador se percata de que se encuen-
tra “frente a algo que imagino que había estado esperando,
como la guillotina espera el cuello que cortar. Sentía incluso
como si mis ojos se hincharan en mi cabeza, erizados por el
horror”.
La enucleación, de hecho, es un tema capital en el relato, que
reproduce un episodio real presenciado por Bataille en 1922:
el empitonamiento del ojo del torero Granero, en la plaza de
toros de Sevilla. Conjuntado con la famosa escena del ojo ra-
jado de la obra maestra surrealista Un chien andalou, de Dalí
y Buñuel, en 1928, comprendió una síntesis que le proporcio-
nó a Bataille una imagen vívida para expresar su obsesiva
fascinación por la abolición violenta de la visión.
El relato viene en menor medida motivado por los acopla-
mientos progresivamente bizarros de sus aparentes protago-
nistas, que por las transformaciones metafóricas de los obje-
tos en los que se centra de manera fetichista. La serie más
destacable es la que se asocia con el propio ojo, el cual hace
metonimia con imágenes de huevos, de testículos y del sol.
Una segunda cadena se compone de los líquidos que se aso-
cian a esos objetos (lágrimas, yemas, esperma) y otros como
la orina, la sangre y la leche. Según Barthes (en Jay, 2007),
ninguno de esos términos recibe privilegio alguno, ninguno
posee una prioridad fundacional: “Es la propia equivalencia

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de lo ocular y de lo genital lo que es original, no uno de sus tér-


minos: el paradigma no comienza en ninguna parte [...] Todo
se da en la superficie y sin jerarquía, la metáfora se exhibe en
su integridad; circular y explícita, no remite a ningún secreto”
(p. 169). En consecuencia, la función tradicionalmente privi-
legiada de la mirada [gaze] penetrante, capaz de traspasar
las apariencias para «ver» las esencias subyacentes, resulta
explícitamente rechazada.
Bataille, además, asocia las dos cadenas metafóricas median-
te recursos metonímicos, de manera que los significantes de
una (i. e., huevos) se acoplan con los significantes de las otras
(i. e., micción). El resultado, concluye Barthes, son imágenes
típicamente surrealistas, producidas mediante yuxtaposiciones
radicalmente descontextualizadas (i. e., soles que lloran, ojos
castrados o que orinan, huevos que son succionados como
pechos). En consecuencia, lo que se transgrede no es mera-
mente la conducta sexual normal, sino también las reglas del
lenguaje convencional. Este experimento literario seguirá en
Madame Edwarda, y otros muchos textos.
Consciente de todos estos hechos, Rose-Marie Mariaca ha es-
crito un libro que sigue detenidamente las fuentes de inspira-
ción de este extraño escritor muy incomprendido en ocasiones,
hijo orgulloso del pecado y protagonista de un pensamiento
rebelde por naturaleza que siempre tiende a la transgresión.
El erotismo es un motivo que recorre toda la obra de Bataille
con una pasión que desborda cualquier límite y que busca
transgredir los lugares comunes, pero también las leyes re-
presivas de la sociedad que ponen freno al deseo.
¿Por qué el erotismo? Pues porque ese impulso va más allá
de la procreación y del instinto, demostrándonos también que
en el fondo todos somos perversos en un sentido u otro, pues
nuestro deseo nos impulsa a la codicia de vivir el momento
e intentar ser dioses olímpicos, sin fijarnos demasiado en las
consecuencias, pretendiendo borrar la fragilidad de nuestro
ser y centrándonos sólo en un narcisismo egoísta.

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Diría que la obra de Bataille es completamente inclasificable.


Novela, poesía, investigación antropológica, reflexión filosófi-
ca y ensayo, siempre abierta a la búsqueda y a la formulación
de nuevas preguntas. Sus letras pueden ser provocativas,
agresivas, groseras y ofensivas, tal y como sucede con la
verdad cuando se le grita en voz alta. Todo esto nos lo hace
saber Rose-Marie Mariaca en su libro, al detalle, haciendo
un seguimiento de su vida y sus inquietudes a lo largo de un
tiempo que no puede definirse sino de cambio y crisis.
Una obra entre guerras, en la que se plasma también el ho-
rror cotidiano de su padre ciego, inútil, decadente.
¿Hay acaso una unidad en la obra de Bataille? Un hombre que
firmó con varios heterónimos, escondiéndose, tal y como lo hizo
Pessoa. Pienso que sí, que se trata de una investigación sobre
el ser humano en estados de exceso y en situaciones colindan-
tes con la muerte. Porque el goce sexual lo concibe ligado a un
impulso sin freno que puede lograr que el dolor sea placentero
en estados en que el grito, el llanto y la risa se confunden.
¿Cuál es su método? El estudio de un caso individual, que
no es otro que él mismo y sus ejercicios eróticos, en esce-
narios de goce particulares. Hoy sabemos que gran parte
de su obra está teñida por experiencias biográficas que no
sólo comprenden sus visitas a los prostíbulos parisinos, y sus
prácticas extremas con sus amantes, sino yo diría que sus
fantasías traumáticas infantiles, su padre agonizante, ciego,
decadente e inútil, y la experiencia de la Europa crucificada
por dos guerras teniendo como tercer vector el azar de la vida
que nos expone de continuo a la muerte. Georges es un co-
bayo, un ratón que ha decidido experimentar consigo mismo
como sujeto en el laboratorio de la vida dejando de lado toda
hipocresía burguesa, a través de experiencias extremas para
tratar de contestar a dos preguntas.
La primera de ellas que puede dividirse en dos partes: ¿Qué
es lo que nos hace hombres? ¿Qué nos diferencia de los ani-
males a pesar de que sigamos siendo bestias?

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Y la segunda, quizá deba formularse recordando un detalle


que no debemos olvidar. Bataille fue un hombre que de joven
fue profundamente religioso, que incluso parece haber con-
siderado el sacerdocio como una alternativa de vida y que
aun después de abandonar el proyecto, siguió pensando en
la relación del hombre con la divinidad. Me viene a la memo-
ria la experiencia que intentó hacer con algunos de sus ami-
gos entre guerras con la Sociedad secreta que fundó y que
derivaría en la revisa Ácephale, y cuyos miembros —luego
célebres— se reunían en casa de Lacan, aun cuando este
último no pertenecía a esa sociedad. El dibujo que represen-
taba esta sociedad e imaginado por Bataille es el de un hom-
bre sin cabeza, lo cual intentaba representar la negación de
la jerarquía de un Dios, y al mismo tiempo el rumbo de una
civilización que había perdido la cabeza, de un hombre débil
y sin propósito. Esa negación es, como Freud lo ha señalado,
una afirmación de fondo, un intento de acercarse a la místi-
ca primitiva base de toda religiosidad y que pretendió en un
momento dado, alcanzar el sacrificio al punto de la sangre,
acercándose a los egipcios, los celtas o los aztecas mediante
un sacrificio verdadero.
El resultado no fue alcanzado, afortunadamente, más que
nada porque nadie se prestó a la ejecución del acto, lo cual
desembocó en la publicación de una revista que se oponía
de alguna manera a los acontecimientos que se gestaban al-
rededor del ascenso del nazismo. Desde luego, el ingenuo
sacrificio fantaseado se vio rebasado por los asesinatos sin
medida del Holocausto.
Pero volvamos a la idea que trato de desarrollar respecto
a la segunda pregunta que guía la obra de Bataille. Qui-
zá parte de la investigación de Bataille sea en el fondo
profundamente religiosa, como lo fue en un determinado
momento esa vocación que casi le impulsa al sacerdocio.
Bataille en sus prácticas transgresivas, constantemente
está pidiendo la intromisión de Dios, sin estar seguro de si
se decidirá a intervenir o no, como si cada acto tentará de
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nuevo al Padre a inmiscuirse misericordioso en la vida del


hombre, paradójica demanda a un padre cruel que no se
tentó a sacrificar a su hijo una vez, por salvar la miserable
raza humana, y que decidió guardar silencio a partir de la
modernidad dejando al hombre abandonado. Entonces la
pregunta sería: ¿Existe Dios, su silencio asegura el “Dios
ha muerto” de Nietzsche?
Es importante señalar que Bataille, Michel Leris y Callois fun-
darán el Collège du Sociologie Sacrée poco antes de la Se-
gunda Guerra Mundial, que intenta no tomar los fenómenos
sociales como cosas, sino relacionarse con los hechos a tra-
vés de lo vivido y de los afectos, y estudiará categorías como
sagrado / profano, ambivalencia, atracción y repulsión, la bi-
polaridad fasto / nefasto; como un intento de comprender las
sociedades antiguas y su contraste con el presente moderno.
Desde luego todo autor tiene detrás una constelación que le
ha influenciado, un pasado que le determina, y en Bataille
vemos un detenido estudio de Freud, Hegel, Marx, Marcel
Mauss, en el fondo también Proust, por qué no: Bergson, Sar-
tre; y desde luego Sade. A diferencia de los primeros y más
cerca del marqués, parece carecer de una sed de trascen-
dencia, recordemos ese gesto donde pedía que le enterraran
cuando muriera en una tumba sin nombre.
Bataille escribió muchísimos libros sin firmarlos él mismo,
quizá porque eso comprometería su puesto de biblioteca-
rio en la Bibliothèque Nationale de Paris, pero no hay que
dejar de lado el hecho de que su intención nunca fue brillar
públicamente, quizá porque siempre le gustó la obscuri-
dad, o tal vez porque pensaba que sus palabras debían
abrirse camino por sí mismas sin la sombra del autor. Pero
su obra no sólo se trata de una búsqueda de originalidad
desenfrenada, en el fondo es un alegato en contra de la
cultura represiva del siglo XX en el que la máquina y el
capitalismo se yerguen sobre todo principio o búsqueda, el

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sujeto ha dejado de importar, los hombres son tornillos en


el dispositivo autómata, que espera de ellos competencias
y resultados.
Si el modernismo y el progreso de la técnica puede ser repre-
sentado metafóricamente como una cultura del ojo —y no hay
que olvidar el pantagruélico encargo que desempeña el inter-
net en este escenario— que privilegia la mirada y la búsqueda
de la representación objetiva sobre la subjetividad, puede de-
cirse que ninguna figura expresó mejor el trauma y el éxtasis
de la liberación de esa brutal racionalidad positivista con tanta
fuerza como Georges Bataille. Sin duda, nadie ha trabajado
más por el destronamiento de la filosofía del ojo como él.
Bataille participa en el turbulento ambiente surrealista pero
nunca se alinea del todo con Breton, del que siempre guarda
distancia hasta el final de su vida. Su lugar dentro del movi-
miento intelectual francés es el de un bohemio peregrino que
no puede colocarse ni a la izquierda ni a la derecha, porque
su discurso es completamente original y propio.
Rose-Marie Mariaca ha realizado un análisis detenido de
cómo su heterología es afín en muchos puntos al psicoaná-
lisis pues se ocupa de las formaciones del inconsciente, nos
revela que la concepción ardiente de la pasión en Bataille,
se traduce en la concepción del deseo lacaniana, ambos au-
tores coinciden en cómo la prohibición social es el motor del
deseo y el objeto prohibido es el más deseado constituyen-
do siempre lo inalcanzable desde su ausencia, el regulador
máximo de la dinámica de la libido.
Frente a la moral que pone en el centro lo útil, el desarrollo, el
amor al prójimo, el progreso limpio y racional, Bataille consta-
ta que las sociedades occidentales no funcionan así del todo,
sino que conservan en su intimidad un eco pagano en el que
el potlach, el sacrificio, la tortura, la mística y la religión ope-
ran con fuerza en función del mantenimiento mismo del orden
social. Todas estas actividades son improductivas desde el
punto de vista económico y negadas por el orden capitalista,

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pero se encuentran en el fondo de la actividad social sin im-


portar el modo productivo dominante. Creemos y somos par-
te de la magia, somos no sólo perversos en el estricto sentido
freudiano del término, sino también politeístas.
Nos explica Rose-Marie Mariaca que si bien Freud había con-
cebido el concepto de pérdida como estructural, el mérito de
Bataille es relacionarlo con el erotismo lo cual tendrá como
consecuencia la creación de un par de conceptos en Lacan
tan trascendentes como lo son el goce, el Goce del Otro, y
desde luego el objeto a.
La presencia de Bataille en la enseñanza de Lacan es la de
una lámpara que alumbra en sus propias investigaciones,
siempre se llega a la verdad primero por el camino de la poe-
sía y luego por la teoría.
Para Lacan la relación entre inconsciente y realidad se com-
prende a partir de un modelo topológico como la Banda de
Möbius, donde se explicita una relación de continuidad sin
cortes en el que el interior se prolonga en el exterior. Para
Bataille la relación adentro / afuera, sujeto /mundo no es sino
una clasificación errónea que intenta negar las singularida-
des heterogéneas. En términos lacanianos diríamos que la
intimidad se prolonga en la extimidad.
Rose-Marie Mariaca ha creado un texto que rastrea la huella
de Bataille en Lacan, que hace patente la deuda innegable
del psicoanalista con el artista. El arte siempre lleva la delan-
tera a la ciencia y precisamente la autora de este libro nos lo
explicita a través de las deliciosas páginas de su libro publi-
cado por la prestigiosa editorial Herder.
No es un sólo un texto de historia, una biografía o un psicoa-
nálisis literario del personaje. Se trata de una genealogía que
constituye un discurso propio que logra fascinar al lector de
principio a fin, pues está construido desde su propia alma,
dejando de lado los habituales libros psicoanalíticos llenos de
conceptos y que repiten los dogmas de las escuelas. Hoy en
día, cuando algunos analistas hablan de que el psicoanálisis

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es una ciencia y que deberá hacer coherente el discurso cien-


tífico en general, es un verdadero hallazgo encontrar un texto
sin pretensiones mesiánicas que simplemente recrea en el la-
boratorio de la poesía las situaciones que dieron lugar a una
filosofía como la de Bataille y su influencia en el psicoanálisis.
Esto es, se trata de un libro hecho con poesía, punto de par-
tida que debía privar en los psicoanalistas, antes que la repe-
tición monótona de los textos cardinales de nuestra disciplina
o los intentos de legitimación de una práctica como el psicoa-
nálisis, que no tiene por qué defenderse, usando un traje que
no le corresponde.

Referencias

Bataille, G. (1978). La historia del Ojo. Barcelona: Tusquets Editores.


Conte, R. (2000). La literatura y el mal. Barcelona: Ediciones El Aleph.
Jay, M. (2007). Ojos abatidos. La denigración de la visión en el pens-
amiento francés contemporáneo del siglo XX. Madrid: Ediciones
Akal.

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