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Composición narrativa, metáforas corporales y síntomas hipocondríacos durante el

embarazo, parto y puerperio: un análisis fenomenológico-narrativo

María del C. González Grané


Universidad Nacional de Córdoba
mariagonzalezgrane@gmail.com

Dante G. Duero
Universidad Nacional de Córdoba
dduero@gmail.com

«En el mundo de `lo micro´ el dueño absoluto de la escena es el individuo (…) El mundo micro es el
mundo donde la conciencia se forma, es el nicho de la vida cotidiana; es el mundo cercano, el
reconocible. Es el primer mundo que necesitamos comprender, el más obvio y evidente, el más sorpresivo
e ignorado"

Luis Jesús Galindo

Resumen
En este trabajo presentamos una propuesta para el estudio y análisis de relatos
autobiográficos. El análisis se efectuó desde los lineamientos de la investigación
cualitativa. El material de estudio fue obtenido por medio de entrevistas abiertas en
profundidad a una misma persona y en instancias de consultas de psicoprofilaxis pre y
postparto, respectivamente. La propuesta se basa en la aplicación de un método
fenomenológico-narrativo para el análisis comparativo de los diferentes momentos
temporales del relato. Hemos partido de dos ejes o dimensiones de análisis: la composición
narrativa y las vivencia del cuerpo asociadas al Sistema de Categorías Vitales Esenciales,
según es descripto por Soru & Duero (2011). Específicamente hemos intentado describir y
caracterizar las distintas estrategias y estilos narrativos que aparecen en los dos momentos
(vinculados uno y otro con dos instancias vitales diferenciables) del relato en cuestión.
Conjuntamente hemos intentado analizar las particularidades de la evolución diacrónica del
relato. De forma complementaria, y en función de lo anterior, hemos identificado posibles
síntomas de patología mental.

Palabras clave: narrativa, fenomenología, vivencias del cuerpo, estilos narrativos-


hipocondría

Narrative composition, metaphors of the body and hypochondriacs symptoms during


pregnancy: a phenomenological-narrative analysis

Abstract
In this paper we present a proposal for the study and analysis of autobiographical accounts.
The analysis was carried out from the qualitative research approach. The study material
was obtained through in-depth interviews. The interviews were conducted to the same
person in two consultation instances: pre and postpartum psychoprophylaxis, respectively.
The proposal that we present is based on the application of a method of phenomenological-
narrative for the comparative analysis of the different moments of the story. We have
divided two axes or dimensions for the analysis: narrative composition and body
experience associated with the Essential Vital Categories System, as described by Soru &

1
Duero (2011). Specifically, we have tried to describe and characterize the different
strategies and narrative styles that appear in the two moments (linked to each other with
two different vital instances) of the story in question. Together we have tried to analyze the
particularities of the diachronic evolution of the story. Supplementary we describe somes
symptoms of mental pathology.

Keywords: narrative, phenomenology, body experiences, narrative styles, hypochondria.

Relato e identidad personal


Para muchos autores nuestras narraciones serían un instrumento primario de la cognición
que nos permiten dar sentido a la experiencia y volverla predecible e instruir a otros sobre
cómo ciertos acontecimientos se asocian con determinadas acciones o resultan
consecuencia de éstas, nos permiten transmitir normas y valores; nos enseñan cuáles son
conductas esperables y cuáles no, etc. Para Bruner (1991) las narrativas serían una clase de
construcción lingüística y discursiva por medio de la cual el narrador concatena eventos,
construye significados y busca sentido a sus experiencias. Este autor también plantea que
la narrativa es la matriz para la organización de los significados sobre el mundo, los otros y
nosotros mismos (Bruner, 1987). Entre otras cosas narrar historias resultaría esencial para
ordenar nuestras vivencias y darle sentido al mundo social, sobre todo cuando en él
intervienen agentes capaces de actuar en base a propósitos e intenciones. En el plano
personal nuestra consciencia y nuestra personalidad parecerían ir montándose sobre
sucesivas capas que nos permiten configurar verdaderos marcos de significado en donde
cada parte es solidaria con un todo y en donde ese todo ensambla nuestro pasado, nuestro
presente y nuestro futuro orgánicamente (Latour, 2004). Esto ocurre especialmente cuando
construimos relatos para explicarnos hechos de la vida diaria o, incluso, para ordenar
nuestra propia historia vital. Bruner (1991, 2002), por ejemplo, cree que nuestra identidad
personal estaría de hecho posibilitada, al menos en parte, por nuestras destrezas narrativas
y que vivimos la vida de acuerdo a cómo contamos lo que nos sucede. Como ha apuntado
Badillo, “cada individuo va construyendo su biografía, a lo largo del ciclo vital. Conforme
va discurriendo su secuencia biográfica, ya no es „lo mismo‟, pero sigue siendo „él
mismo‟.” (1998: 37). De ser esto cierto, la narración que brinda una persona sobre su
propia vida podría ser una vía de acceso a cuestiones profundas sobre su modo de
posicionarse y comprender el mundo en términos existenciales.
De acuerdo con Mc Adams (1995) la identidad puede ser entendida como aquella parte del
concepto de uno mismo que le facilita a una persona alcanzar una vivencia más o menos
unificada de su yo personal y social. De la idea de que los individuos construyen su
identidad a través de la narración de experiencias surge el concepto de identidad narrativa
(Menard-Warwick, 2009; Riessman, 2008). Para autores como Bruner (1991; 2002) los
relatos cumplirían un rol clave en la construcción del concepto que tenemos acerca de
quiénes somos. Ricoeur (1999) afirma que en el plano personal y autobiográfico, el relato
configura la identidad del personaje y que el sujeto, al narrar sus actos pero también en
base al reflejo que otros le dan de sí, va construyendo su sentido de mismidad (Sepúlveda,
2006; 2013).
Ahora bien, en los relatos, la posibilidad de entramar sucesos, acciones y conductas con las
consecuentes interpretaciones y percepciones haría posible ordenar la experiencia
biográfica con grados diferentes de integración y coherencia. Los modos en que una
persona configura y amalgama una historia parecerían iluminar distintos aspectos relativos
a su concepción de mundo y su disposicionamiento existencial. Con relación a ello

2
podemos decir que “las características y los niveles de integración y coherencia que
logramos en nuestros relatos autobiográficos así como el modo en que nos insertamos
dentro de ellos, determina la vivencia de nosotros mismos y el significado que le
otorgamos a nuestra experiencia” (Duero, 2006: 147). O sea que los estilos y estrategias
que empleamos para construir historias, sobre todo aquellas que son de carácter
autobiográfico, determinan la forma que las personas tienen de posicionarse a nivel vital.
Siguiendo esta hipótesis, y en un estudio empírico, Duero y Limón Arce (2007) realizaron
un análisis de las diferentes estrategias narrativas que empleaban estudiantes mexicanos y
argentinos a la hora de reconstruir sus biografías. Hallaron asociaciones entre la
organización de los relatos, sus grados de coherencia y el posicionamiento en los planos
existencial e identitario de los protagonistas. Gaete y Soto (2012), por su lado, trataron de
identificar aspectos de la construcción identitaria atendiendo a las estrategias narrativas
que un grupo de personas empleaban para describir sus trayectorias laborales.
Establecieron asociaciones entre las estrategias y recursos narrativos y autopercepción en
términos identitarios. Capella (2013), por su parte, refiere un estudio en el que se analiza la
vivencia identitaria a partir de autobiografías escritas y de entrevistas con el formato de
historias de vida. En este estudio se encontró que la forma de caracterización de cada
narrador y cómo se implicaba en las diferentes historias se modificaban de acuerdo con las
modalidades de composición narrativa.

El método narrativo y el análisis de los relatos autobiográficos


El análisis narrativo como instrumento de investigación cualitativa fue tomando impulso a
partir de la década del 70, alcanzando un renovado interés hacia los 90 sobre todo en
ciencias sociales y en humanidades (Capella, 2013). “Desde finales de los años sesenta-
dice Verd- la narratología se ha impuesto como una nueva forma de contemplar una
historia o un relato (oral o escrito)” (2006: 4). Este autor sostiene que la narrativa es una de
las formas lingüísticas con un mayor grado de estructuración interna y que desde los
trabajos pioneros de Propp los lingüistas no han dejado de analizar las características
estructurales de este tipo de discursos.
Dos de los principales rasgos del discurso narrativo son su temporalidad y secuencialidad
(Bruner, 1991). En los relatos, la temporalidad funciona como eje ordenador de las
experiencias otorgando a los acontecimientos cierto sentido de continuidad. Esto quiere
decir que los relatos pueden entenderse como un “texto que conecta y evalúa
acontecimientos/experiencias a través del tiempo” (Menard-Warwick, 2010: 1)1. En el caso
de las narrativas autobiográficas, algo que las caracteriza es que organizan la experiencia
desde el momento presente, que es tomado como eje gravitatorio, no obstante atienden
también a eventos pasados que se vinculan con ese presente; “el acto de volver a pensar la
propia historia, evidentemente es un proceso realizado desde el presente, aunque sabemos
que es un presente en el que se sedimenta toda una biografía”, dice Lindón (1999: 301).
Además, el presente es interpretado en función de otros hechos futuros posibles, que
direccionan al sujeto en tanto agente. Dicho de otro modo: todo relato autobiográfico
supone un inicio asociado por lo común con un hecho pasado, un nudo que refiere al
presente en tanto medio y un fin que es la prospectiva a futuro con un virtual desenlace
(Ochs & Capps, 1996; White & Epston, 1993).
En el ámbito de la investigación narrativa, los relatos autobiográficos suelen obtenerse por
medio de la técnica de entrevista en profundidad (Lindón, 1999; Valles, 2003). De Villers
(1999) plantea que la narración y el relato constituyen el núcleo central del método
1
Con relación al tiempo, dice Rollo May “de cualquier manera que lo miremos, el problema del tiempo tiene especial
importancia para comprender la existencia humana” ( 1967: 95)

3
autobiográfico. Las entrevistas favorecen la generación del contexto dialógico y relacional
en la construcción de las narrativas; es de este modo que el investigador accede a
información narrada en primera persona sobre la visión que el entrevistado tiene de sí
mismo, del mundo que lo rodea y de la interacción con otros sujetos (Capella, 2013).
Mediante el análisis narrativo del relato autobiográfico se busca entender cómo las
personas piensan los sucesos y entienden el mundo, para lo cual es esencial estudiar cómo
hablan de los eventos de su vida y les dan sentido (Riley y Hawe, 2005). Las historias de
vida posibilitan un acercamiento a la realidad personal y social del entrevistado; permiten
acceder a elementos propios de su identidad, sus formas de vivir, la significación que da a
sus experiencias, los modos en que vivencia el presente, cómo comprende los
acontecimientos pasados y cómo se proyecta a futuro (Valles, 2003).
Gil Ramírez ilustra el uso de la historia de vida como un instrumento para la
investigación, señalando sus potencialidades y límites como herramienta técnica. La
historia de vida, dice, permite “tanto ahondar en el sentido, la lógica y la dinámica de
acciones concretas, como indagar específicamente por lo humano, desde las
particularidades de un sujeto” (2010: 88). Son, en este sentido, una fuente de recursos para
el análisis y comprensión de la visión que tiene el entrevistado sobre sí mismo y sobre
aquellos aspectos que hacen a su subjetividad. Se trata de auténticos documentos
personales que nos presentan con claridad aspectos de la identidad y el autoconcepto del
protagonista de relato (Valles, 2003).
En los relatos de vida el uso de la primera persona al momento de narrar las historias se
relaciona con el carácter constructivo de dichos relatos. Constructivo en tanto el narrador
va elaborando simultáneamente el relato y a sí mismo (Capella, 2013). El narrador hace un
verdadero montaje cuando narra y así se construye a sí mismo como el personaje central
(Lindón, 1999: 301). Gil Ramírez plantea en este sentido que “si bien los relatos son
susceptibles de producir engaños, exageraciones y distorsiones, cuando se investiga la
subjetividad no importa si lo verbalizado corresponde o no a la realidad fáctica, en tanto no
se busca la verdad o no de los dichos y los hechos, sino la manera como se subjetiva una
situación” (2010: 89). Por ello Lindón (1999) afirma que en el relato nunca hay “una
verdad”, solo habrá experiencias “escogidas” en la memoria y conectadas entre sí
narrativamente2.

Vivencias y metáforas del cuerpo


Hace más de tres décadas, Lakoff y Johnson (1998) observaron que un sinnúmero de
expresiones y metáforas que utilizamos a diario para referir experiencias de la vida
cotidianas remiten a conceptos surgidos de sensaciones corporales primarias. Mucho antes,
la fenomenología había señalado que nuestra experiencia subjetiva parece asentarse sobre
ciertas categorías estructurales como son la vivencia del espacio y el tiempo o las ideas de
sustancia y causalidad. Para la fenomenología, nuestra experiencia subjetiva se asienta en
la vivencia del propio cuerpo; además, nuestras expresiones y comunicaciones idiomáticas
revelarían, en las metáforas y alegorías que empleamos, elementos de esta estructura
profunda (Binswanger, 1956; Kirmayer, 1992; Ratcliffe, 2008).
Algo fácil de observar es que el cuerpo aparece como eje directriz en los relatos
autobiográficos, sobre todo en las metáforas que las personas emplean para hablar de sí
mismas, de los otros y del mundo. Fue Maurice Merleau Ponty (1975) quien desarrolló en
profundidad la tesis de que el mundo es percibido desde nuestra corporalidad; que el

2
Lindón (1999) también explica que las narrativas o relatos autobiográficos tienen tres elementos claves: su carácter
experiencial (se narran experiencias vividas por el narrador), son relatos (el narrador le da una estructura propia a su
narración) y son significativas socialmente (se produce una “traducción” de lo íntimo de las experiencias vividas, a
formas compartidas socialmente, por medio del lenguaje).

4
cuerpo es la condición misma de la existencia y de nuestra interpretación del mundo. Habla
por ello de una “experiencia encarnada”. No piensa aquí, claro, en el cuerpo como
organismo fisiológico, sino en un “cuerpo vivido” que produce experiencias particulares y
determina nuestros modos de existencia (Paredes Martín, 2008). Para Merleau Ponty, el
cuerpo como tal lejos está de ser un mero objeto. Por el contrario, constituye el
fundamento y la base misma de la experiencia, nuestro vehículo para pensar, sentir y
actuar.
En las narraciones autobiográficas, el hablante mixtura la percepción corpórea con las
vivencias y experiencias acaecidas en cada etapa del ciclo vital y configura, a partir de ello,
un sistema de categorías y alegorías para pensar y hablar sobre su existencia y su historia.
Diversos psicopatólogos han observado, respecto de ello, que los pacientes con patología
mental parecieran expresar alteraciones de sus experiencias corporales y sensoperceptivas
básicas, por ejemplo las vivencias del tiempo, el espacio o la materialidad (Minkowski,
1968). En estos casos pareciera hallarse también alterado el sistema de categorías, de
metáforas y prenociones mediante los cuales estos mismos pacientes decodifican y refieren
sus experiencias (Binswanger, 1956). En una serie de estudios Soru y Duero (2011),
Carreras y Duero (2012) y Duero y Córdoba (en prensa) atendieron a las alteraciones en las
vivencias de la espacialidad, la temporalidad y el propio cuerpo que manifestaban personas
aquejadas con síntomas de depresión, anorexia y sintomatología obsesiva. Analizaron
además las expresiones que estas personas utilizaban para referir experiencias más
abstractas, de carácter existencial. Los autores describen importantes asociaciones entre los
modos de vivenciar el propio cuerpo y las figuras alegóricas predominantes que estos
pacientes empleaban para referir distintas experiencias vitales. Según describen, las
transformaciones en las vivencias del cuerpo reconfiguraban estructuralmente los relatos,
sobre todo en lo que hacía al sistema de categorías que estos pacientes empleaban para
describirse a sí mismo y a los otros (las que por otra parte, parecían respetar alguna
regularidad en función de los tipos de trastornos).

Propuesta
Metodología
En lo que sigue presentamos un análisis fenomenológico-narrativo del relato de una mujer
adulta en dos momentos: el embarazo 3 y después del parto (puerperio 4). El análisis se
efectuó desde los lineamientos de la investigación cualitativa. Hemos procurado describir y
caracterizar las diferentes estrategias y estilos narrativos que aparecen en ambos momentos
del relato, atendiendo a su evolución diacrónica. Asimismo, hemos caracterizado distintas
metáforas que hacen referencia al cuerpo y mediante las cuales la entrevistada describe
diferentes experiencias vitales significativas. Conjuntamente hemos atendido a la presencia
de sintomatología física y psicológica.
Para la obtención este fragmento de la historia vital se efectuaron dos entrevistas en
profundidad. Las mismas fueron realizadas en instancia de encuentros de consulta de
psicoprofilaxis5 pre y post natal (Observamos como dato anexo que la entrevistada
referenció no haber realizado antes ninguna clase de psicoterapia). Cada entrevista fue
grabada en soporte de audio para su posterior transcripción textual. Como parte de los

3
Embarazo: estado de la mujer desde la fecundación hasta el parto.
4
Puerperio: período que comprende desde el parto hasta la aparición de la primera menstruación, pudiendo extenderse
hasta 4 meses posteriores al parto.
5
Psicorofilaxis pre y post-natal o psicoprofilaxis obstétrica: “Es la preparación integral, teórica, física y psicoafectiva,
que se brinda durante la gestación, parto y/o postparto para alcanzar una jornada obstétrica en las mejores condiciones
saludables y positivas en la madre y su bebé(s), forjándoles una experiencia satisfactoria y feliz; también fortalece la
participación y rol activo del padre” (Morales Alvarado, Guibovich Mesinas & Yábar Peña, 2014; pp. 55).

5
requerimientos éticos se ha modificado todo dato de filiación e identidad real de la
entrevistada, así como también toda referencia de las personas mencionadas en el cuerpo
de las entrevistas. Al relato obtenido en la primera entrevista le hemos asignado la
denominación R1, y al relato obtenido en la segunda entrevista, le asignamos la
denominación R2.

Procedimientos
Se llevó a cabo una lectura general de todo el relato para luego determinar algunos nodos
temáticos. Los nodos constituyen una unidad de análisis del relato; se establecen a partir
del contenido de cada relato y sirven para crear una síntesis de los principales asuntos
abordados (Duero & Limón Arce, 2007). Seguidamente se procedió a realizar un análisis
fenomenológico-narrativo tomando en consideración dos categorías o dimensiones
principales: a) la composición narrativa; y b) las vivencias del cuerpo asociadas con el
Sistema de Categorías Vitales Esenciales (CVE), según es descripto por Soru y Duero
(2011). Con respecto a la composición narrativa, hemos intentado describir y caracterizar
distintas estrategias para la construcción del relato en términos diacrónicos. El sistema de
CVE, por su parte, hace referencia a un sistema categorial basado en oposiciones binarias y
que remite, de forma más o menos directa, a experiencias corporales, sensoperceptivas y
motoras más bien básicas que sirven como marco de coordenadas para adjetivar y
cualificar, en términos metafóricos, las experiencias y el sistema de creencias de la persona
(un ejemplo, es hablar de una situación económica o laboral en términos de ascenso o
descenso; Soru & Duero, 2011).

Categorías de análisis
1) Composición narrativa
Desde la categoría de composición narrativa atendimos en primer lugar a la estructura de
la trama, la cual se compone de:
 Marco o situación inicial: de acuerdo con Duero y Limón Arce (2007) el marco
incluye un conjunto de proposiciones que definen lo que el entrevistado considera
“normal” o habitual (situaciones típicas) dentro de la historia. Hace de punto de
anclaje de la trama. Todo lo que sea considerado inesperado o indeseado será un
factor movilizador dentro del relato
 Nudo: estaría relacionado con las situaciones atípicas de conflicto y cambio
descriptas por el entrevistado. Supone un quiebre respecto de la situación inicial.
La dialéctica entre el marco y el conflicto, pondrán en marcha y justificarán las
acciones del personaje principal. Entre éstas distinguimos:
a) la ausencia o pérdida: consiste siempre en la pérdida de una condición positiva; el
intento del protagonista por retomar al anterior estado de cosas, se vuelve motor de la
trama y la acción. Por ejemplo es el caso de quien ha perdido una posición de privilegio.
b) la ganancia: supone un estado de mejoría adquirido espontánea e inesperadamente que
modifica el estado de cosas en beneficio del personaje. Aunque repercute sobre el
personaje y sus acciones, no moviliza actos específicos más allá de los que llevan a
mantener dicho estado.
En algunos relatos es posible identificar situaciones típicas que forman parte del marco y
que tienen, así y todo un elemento movilizador de la trama. Son los casos de:
a) la “carencia” o “imposición”: es una situación de estabilidad, en el sentido de que es
algo constante y habitual, pero que posee una valencia negativa que el protagonista espera
modificar (por ejemplo, un estado de sometimiento).

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b) el “anhelo”: implica el deseo de alcanzar un estado novedoso positivo, digamos de
superación. Supone una actitud activa por parte del personaje que aspira a una situación
ideal posible.
 Desenlace: nos habla de la resolución de cada historia y de cada microrrelato. La
dialéctica entre el marco y el nudo permite definir el desenlace y las consecuencias
(por ej.: “triunfo ante una prueba”, “superación de un escollo”, “restitución de
una pérdida”, “fracaso ante un desafío”, etc.).
 Consecuencias: nos remite a cómo el protagonista queda involucrado dentro del
desenlace, a cuales son las connotaciones que éste tiene para él en términos
morales, afectivos y pragmáticos (por ej.: “queda en paz al demostrar su honor y
su valentía”).
A partir de estos elementos, podemos pensar que las tramas de los relatos se organizan en
las formas descritas por Gergen (1994), a saber: “progresivas” (la historia conlleva a una
evolución en la vida del personaje, a nivel personal, interpersonal o del mundo vital),
“regresivas” (donde el protagonista parece enfrentar un verdadero drama que concluye con
alguna forma de desmejora) o “de estabilidad” (en donde lo que prevalece es una atmósfera
de relativo bienestar, con acontecimientos más o menos positivos pero que no producen
gran sorpresa). A esta clasificación podemos agregar un cuarto tipo de trama, las narrativas
“estancas” (son relatos que parecen atemporales y que remiten más o menos a una misma
situación de la que el protagonista pareciera no poder salir); aquí los acontecimientos y las
acciones no parecen ser suficientes para que haya una evolución desde la introducción al
desenlace (Duero & Córdoba, en prensa).
Dentro de la composición narrativa también hemos analizado: la caracterización del
personaje principal y de los otros significativos, en términos de núcleo identitario,
subjetividad y agencia. El personaje principal debe ser entendido como el protagonista del
relato; quien se ve involucrado en los acontecimientos más importantes de la historia. Sin
su participación, la trama carecería de sentido. Hablar del personaje principal es hacer
mención a todas las definiciones que el protagonista hace de sí mismo, como ser rasgos,
cualidades, actitudes, acciones, motivos y razones que las justifican, etc. Por su parte, los
otros significativos son los demás personajes que tienen alguna clase de implicancia y una
función dentro de la historia.
En esta parte del análisis atendimos por un lado al núcleo identitario, esto es, los rasgos
estables junto con aquellos aspectos situacionales que definen el posicionamiento del
protagonista y los otros significativos. Asimismo, analizamos la subjetividad: la forma en
que se describen el trasfondo de motivos y razones que justifican ciertas acciones, la
connotación afectiva y cognitiva que se les da a los diferentes acontecimientos, etc.
Asociado a ello, evaluamos la agencia. La agencia se vincula con el posicionamiento más
o menos activo que adopta el protagonista en tanto agente intencional capaz de actuar en
base a metas y propósitos.

2) Vivencias del cuerpo y CVE


Hemos analizado asimismo las vivencias del cuerpo y la referencia al sistema de CVE en
los momentos R1 y R2, del relato. Aquí, prestamos particular atención a vivencias
primarias, de tipo corporal sensoperceptivas, propioceptivas y kinestésicas con relación al
cuerpo habitual y el cuerpo actual (Merleau Ponty, 19756; Soru & Duero, 2011) así como

6
El término cuerpo habitual refiere a las vivencias y el uso del cuerpo en actividades que la persona realizaba en su vida
cotidiana y que se ve limitada a partir de un evento o acontecimiento transformador (como una enfermedad). La
expresión cuerpo actual refiere a las vivencias y uso del cuerpo que tienen lugar a partir del momento de crisis o ruptura
vital.

7
a aquellas expresiones “metafóricas” que parecen describir vivencias existenciales más
abstractas.

Cambios físicos y psicológicos durante el embarazo, el parto y el puerperio


Con relación a la etapa vital que contempla el relato de nuestra entrevistada, debe
considerarse que embarazo, parto y puerperio son complejos procesos en los que una
mujer experimenta cambios en su salud física y psico-sexual. Autores como Soifer (2010),
Finkelstein (2007), Bertherat (2006), Pronsato Santandreu (2000) y Pernoud (1988) han
identificado y diferenciado aquellos síntomas psico-fisiológicos que resultan particulares
de cada etapa. Entre otras cosas, durante el embarazo pueden manifestarse: modificaciones
en el aspecto físico y en la conducta alimentaria, ambivalencia en el estado de ánimo,
estrés, ansiedad y depresión; todos estos cambios difieren en el caso por caso y en cada
trimestre de gestación. Por otro lado, “las hormonas sexuales aumentan su producción y la
mujer está en desbalance inmunológico, lo que la hace susceptible a agresiones a la salud,
respecto de la mujer no grávida” (Olivar Bonilla, 2002: 38). En cuanto a las ansiedades y
temores específicos de esta etapa vital, Soifer (2010) explica que los síntomas ansiógenos
pueden durar días o semanas y llegar a producir sintomatología física muy diversa.
En lo que respecta al parto es característico el “miedo al dolor”, sentimientos ambivalentes,
alegría y exaltación, estrés y síntomas físicos propios del proceso de trabajo de parto y de
la recuperación orgánica posterior. Por último, en el puerperio, es posible que se
manifiesten cambios físicos inherentes al proceso involutivo del embarazo, ambivalencia
emocional, tristeza postparto, depresión postparto y, en algunos casos aislados, psicosis
puerperal.

Análisis y resultados:
Para el análisis hemos tomado R1 y R2 como dos momentos de un mismo relato (lo que
supone una evolución). Como nodos temáticos principales identificamos las vivencias de
embarazo, los temores ante la inminencia del parto, la experiencia de parto en sí y la
aparición de síntomas de enfermedad en el puerperio. A nivel de la evolución pudimos
reconocer: una situación inicial, que describe la vida de la protagonista antes de recibir la
confirmación del embarazo; el nudo, con la situación de conflicto y cambio, en donde
refiere la “sorpresa” ante la noticia del embarazo y los posteriores cambios físicos y
psicológicos que experimenta durante embarazo avanzado junto con los temores ante la
inminencia del parto (en que se reactivan tanto expectativas como fantasías
concomitantes); y el desenlace, que comprende la experiencia del trabajo de parto7 y
parto, así como en las vivencias acontecidas en el puerperio inmediato, mediato y tardío8.

Caracterización del caso


Para el presente análisis tomamos el relato de una mujer de 28 años de edad a la que hemos
llamado Juliana. El mismo fue elaborado a partir de dos entrevistas: R1, recabado antes del
nacimiento de su hijo (en el 7º mes de embarazo) y R2, obtenido luego de dos meses y
medio del parto durante el puerperio tardío. Juliana se encuentra en pareja con Gastón.

7 El trabajo de parto tiene tres etapas que pueden comenzar incluso semanas antes de que nazca el bebé. La primera etapa
comienza con las primeras contracciones de la mujer y continúa hasta que está completamente dilatada (10 centímetros),
lo que significa que el cuello uterino se ha estirado para prepararse para el parto. La segunda etapa es la etapa activa en
que la mujer embarazada comienza a pujar hacia abajo. Comienza con la dilatación completa del cuello uterino y finaliza
con el nacimiento del bebé. La tercera etapa, o etapa placentaria, comienza con el nacimiento y finaliza con la expulsión
completa de la placenta y las secundinas.
8 Puerperio inmediato, mediato y tardío: el puerperio inmediato comprende las primeras 24 horas y se ponen en juego los
mecanismos hemostáticos uterinos, por su parte el puerperio mediato o propiamente dicho, abarca del segundo al décimo
día, actuando los mecanismos involutivos, y comienza la lactancia; por último el puerperio tardío puede llegar hasta los 6
meses pos parto y se acompaña de una lactancia prolongada y activa. (Cassella, Gómez, & Maidana Roa, 2000)

8
León, el bebé, es el primer hijo de la pareja. En R1 Juliana empieza a expresar
preocupaciones y temores con respecto al embarazo y la maternidad. Estos sentimientos se
exacerban durante el parto y el postparto, referidos en R2. Ya en el puerperio tardío la
protagonista comenzará a experimentar diferentes síntomas psicosomáticos, que le
generan malestar y que modifican su vida cotidiana.

Características formales del relato


A lo largo del relato, la protagonista va introduciendo una serie de microrelatos o temas
que se relacionan con la vivencia de embarazo, sus preocupaciones previas y su posterior
experiencia de parto y, finalmente, con la aparición de síntomas que ella identifica como
posiblemente psico-somáticos durante el puerperio.
Podemos reconocer dos tipos de estilos predominantes. Uno más organizado donde la
entrevistada inicia un tema y lo desarrolla (en una secuencia tema-rema); por ejemplo
cuando narra cómo comenzó el trabajo de parto, Juliana dice: “Si, porque fue así…
arrancó todo tipo jueves a la noche, ya me empecé a sentir, viste, lenta caminaba lenta,
como pato y ahí le dije a Gastón, le dije, mirá me parece que no paso de esta noche, y
bueno nos quedamos tranquis y solos”. Luego de esta introducción, la entrevistada hace
una crónica sobre cómo se sucedieron los acontecimientos en su casa hasta que fue
hospitalizada. En cambio, advertimos un estilo diferente cuando un tema nuevo es
introducido en el relato de manera sorpresiva (en una secuencia tema-tema). Por ejemplo,
cuando narra la situación de parto comenta: “al último, bueno pujo y dale que va, va y listo.
//Y además los médicos me alentaban y me decían dale que viene, es un gringo, y cuando
me dijo eso yo digo ¿qué voy a parir?, diciendo no, no estaba en mis planes.// Y aparte se
vivía un ambiente lindo”.
En general es un relato hiperdetallista, con numerosas descripciones de hechos puntuales y
circunstanciales que sirven para contextualizar, ilustrar, evaluar y explicar la progresión de
los hechos hasta el estado actual. A cada predicado inicial que introduce un tema, le sigue
una abundante combinación de predicados que agregan detalles y precisiones sobre hechos
puntuales. Hablando de la situación de parto, dice por ejemplo: “Después empezó a hacer
efecto la anestesia, sentía las contracciones pero no con tanto dolor, pero dolor había igual. Era
como que ya no aguantaba más. Aparte te dejan acostada, ya no te podés mover, no te dejan
caminar, nada. Y ahí vino la médica otra vez y me dijo que iba a llamar al anestesista para que me
coloque un poco más de anestesia. Pero si ahí me hubiesen dicho que si esperaba una media horita
o una horita más y nacía, yo no dejo que me coloquen, porque me la iba a bancar. No nació de mí
preguntar tampoco. Pero me corrían tanto con el dolor que bueno, dejé que me pusieran otra
dosis. Pero tardó unos 15 minutos en hacer algo de efecto. Ahí nomás entró mi médico, vestido y
todo y me dijo bueno acá estoy yo, te voy a ayudar a que nazca tu bebé”.
Algo curioso es que por lo general después del desarrollo narrativo minucioso de una serie
de acontecimientos, el desenlace de cada microrrelato (junto con la evaluación o
conclusión que se hace del mismo) se introduce de modo abrupto y no se le da mayor
tratamiento. Por ejemplo, en cierto momento hablando del trabajo de parto, Juliana dice:
“Y cuando lo veo entrar al doc con su remera mangas cortas y llena de sellitos que decían
parto, parto, parto por todos lados y bueno yo no creía lo que estaba pasando, lo estaba
pariendo, todos creían en eso menos yo… o sea que cuando lo vi al doc ponerse los
guantes, ahí dije listo, lo puedo hacer, va a ser una lucha, una maratón pero tengo que
hacer lo posible por parirlo. O sea cuando lo veo así dije listo, hay que parir, dije ya está,
listo, ya estoy para parir. Es como que no podía creer la situación en la que estaba, como
que no me imaginaba que iba a llegar a eso ¿me entendés?”. Inmediatamente agrega:
“Bueno, nació qué sé yo, todo bien”. Posteriormente, introduce un tema nuevo sin
detenerse a explayarse sobre las consecuencias del desenlace del microrrelato.

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Composición narrativa
La trama del relato se ordena en dos momentos, un marco o situación inicial, que recibe
escasa elaboración, en donde la protagonista se describe a sí misma antes del embarazo y
un nudo o situación de conflicto y cambio que comienza con el embarazo y se extiende
hasta el puerperio tardío. Presentamos a continuación cuatro extractos, uno correspondiente
al marco y tres que ilustran el nudo:

Marco
Te cuento que de hobbie hago fotografía, una vez empecé a fotografiar a bebés y me gustó. Una amiga le
pasó mi celu a otra y así. Se fue creando la bola, la boca en boca. Empecé a sacar fotografías a bebés pero
también me empezaron a pedir fotos de mujeres embarazadas y bueno, así me empecé a familiarizar con
bebés y embarazadas. Todo super bien, me gustaba lo que hacía, las mujeres me preguntaban para cuándo
iba a ser yo la panzona y yo esquivaba el bulto como quien dice, me hacía la tonta. Una vez pasó algo que me
choqueó y eso creo que me dejó con miedo. Una de las mamás que le había sacado la foto a sus 8 meses
había quedado en llamarme cuando naciera el bebé para que les saque fotos a los tres. Pasaron los meses y
nada, pensé que se había olvidado... Una tarde me llama y me dice que el bebé había muerto antes de nacer,
por una enfermedad en las arterias del corazón. Me quedé en shock, pero no le di mayor importancia. Bueno
nada… hablando con una amiga sale el tema de conversación y me cuenta que a su prima la había pasado lo
mismo, que el bebé había fallecido días antes de la fecha de parto. Luego una clienta de mi trabajo me cuenta
que una secretaria de la oficina del frente de la nuestra estaba con depresión porque había tenido un embarazo
complicado por trombosis y la beba se había muerto en el parto. Esas cosas como que me quedaron haciendo
ruido, era muy raro escuchar tantos casos así.

Nudo: Embarazo
No va que al mes me hago el test y da positivo. No sabes… mi cabeza a full… (…) [El embarazo] fue una
media sorpresa, porque ya no nos cuidábamos pero como estuvimos así por varios meses ya no esperaba la
noticia. Empecé con un atraso, me empecé a sentir rara (…) rara, sensible, me costaba concentrarme en el
trabajo, lloraba por todo. Eso no es normal en mí, no soy así sensible naturalmente, soy más práctica y menos
sensible. Una mañana nos hicimos el test y bueno… re positivo, super positivo, las dos rayitas se encendían
(risas).

Nudo: Parto
Hablamos con G y nos fuimos a la clínica. Ahí ya me interné y tenía 4 de dilatación. Con esa dilatación ya
me dejaron ahí y después tipo media mañana ya tenía 6. Avancé rápido. Bueno, después ya eran 8 de
dilatación y ya era plena siesta, creo o era más temprano. Pasa que llega un momento en el que ya no tenés
noción de la hora, ni del día, ni de nada que no sea las contracciones. Perdés todo registro. A todo esto los
médicos me preguntaron varias veces si iba a querer la peridural. Yo veía que hasta ese momento me las
bancaba a las contracciones, pero le pregunté a la médica “¿me va a doler mucho más?” y ella me aseguraba
que sí, que era mejor ponerme la anestesia así no me enteraba de nada. Así que cedí y dejé que me pusieran la
anestesia. Bueno sentía las contracciones igual, el trabajo de parto estaba muy avanzado ya. Las
contracciones seguían, me acuerdo que tenía el caño ese del soporte del suero y me acuerdo que lo agarraba y
me daba por exprimir fuerte el caño por el dolor que tenía con las contracciones, como que quería volver un
trapo de piso al caño para poder exprimirlo. Después algo empezó a hacer efecto la anestesia, sentía las
contracciones pero no con tanto dolor, pero dolor había igual. Era como que ya no aguantaba más. Aparte te
dejan acostada, ya no te podés mover, no te dejan caminar, nada. Y ahí vino la médica otra vez y me dijo que
iba a llamar al anestesista para que me coloque un poco más de anestesia.

Nudo: Puerperio
Lo parí y lo podía alimentar, me sentía superpoderosa (risas) y muy viva. Porque al principio se me hacían
como bolas y me dolían mucho y yo decía “no vaya a tener una mastitis por dios” así que me masajeaba, me
masajeaba y una amiga pediatra me decía que tenía que relajarme. Bueno… relajé y todo empezó a fluir,
literalmente (risas). Bueno así que todo bien, me relajé, todo bien, todo bien. Bueno en medio de todo este
trajín, antes en mi vida anterior, cuando estaba sola ante cualquier situación… ponele así… siempre con el
trabajo lo relaciono, viste cuando estás con mucho trabajo que vas que venis… que muchos horarios, que
muchas corridas… yo lo primero que suprimo ante esas situaciones es la alimentación, es como que se me
empieza a cerrar el estómago, o tengo la sensación de hambre pero si estoy haciendo otra cosa no dejo eso

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para comer, después como, pero como ya sin ganas entonces como dos bocados y ya me lleno. Bueno antes
eso me lo aguantaba eso sola en mi cuerpo y ahora me está pasando con el bebé y amamantando. Entonces si
tengo mucho desgaste y una mala alimentación por ahí siento un desgaste o tengo esa sensación de hambre
pero como estoy con el bebé y lo quiero atender o por ahí lo quiero calmar y digo bueno ya como, ya como,
ya como… y cuando tengo que comer ya no tengo más hambre o como dos bocados y ya está.

La protagonista hace una distinción entre “una vida antes” y “una vida después” del
embarazo y el parto. Especialmente es posible observar una profunda modificación en el
modo en que la entrevistada parece experimentarse a sí misma y a su propio cuerpo
durante estas dos instancias, esto es: como “alguien” práctico, efectivo y poco sensible
durante un primer momento (como veremos, aquí el cuerpo prácticamente es un
instrumento, una “máquina” silenciosa destinada a cumplir con sus funciones) y como
alguien invadido por una marea de sensaciones negativas (cuerpo vivido), temerosa y
dubitativa respecto a su capacidad de afrontar la maternidad en el segundo momento. Es
decir, que frente a un cuerpo abstracto, que sugiere un funcionamiento óptimo aparece un
cuerpo vivido, pero extraño. En términos identitarios, se contrapone una protagonista
agencialmente activa pero con una conciencia empobrecida de la propia corporalidad
(cuerpo habitual), a una protagonista invadida por la sensibilidad del propio cuerpo que es
experimentado como peligroso y desconocido (cuerpo actual). Acompañan a estos
sentimientos una vivencia de pasividad e impotencia en el nivel agencial. En ambos
momentos, el cuerpo parece ser concebido en términos cuasi-maquinisticos, como un
artefacto que es silencioso y eficiente cuando funciona bien, y que canaliza un sinnúmero
de sensaciones alarmantes cuando funciona mal.

Nodos temáticos
Como dijimos durante las dos entrevistas la entrevistada destina casi nada a hablar de lo
que era su vida anterior al embarazo igual que no hay, prácticamente, un desarrollo en
términos de desenlace (la situación de parto por ejemplo, termina con un sucinto “y
nació”). Ambas entrevistas se centran, respectivamente, sobre los problemas relativos al
embarazo, sobre todo las preocupaciones constantes por la gestación, los temores relativos
al parto, la experiencia de parto y los síntomas de malestar que se desarrollan durante el
puerperio.
El nodo temático en R1 se centra en la descripción de los distintos momentos de la
gestación, desde una mínima etapa pre-concepcional hasta el tercer trimestre de gravidez.
La protagonista narra una serie de sucesos y acontecimientos previos a su embarazo que
indujeron y explican sus distintos temores (como anoticiarse que dos conocidas habían
perdido a sus bebés recién nacidos), hasta diferentes elucubraciones y expectativas con
referencia a la proximidad del nacimiento, en donde se expresan fundamentalmente sus
temores y su sentimientos de incapacidad e impotencia con respecto a la “inmensa tarea de
ser madre”.
A nivel agencial, el embarazo es concebido como un estado que debe ser transitado o
recorrido; de hecho, Juliana describe los momentos últimos del embarazo como la recta
final o el último envión. Describe también una serie de etapas que se suceden unas a otras.
Al referirlas, la implicancia emocional es casi nula. Aparecen en cambio experiencias de
incertidumbre, duda, así como también la constante necesidad de chequear, de hacer
consultas y hacer estudios, para asegurarse que no haya nada anormal. Lo previsible y
conocido es lo seguro; lo imprevisible, lo atípico, es lo que señala el peligro y despierta un
sentimiento de alarma. De hecho, el mismo embarazo (no lo esperábamos) se representa
como algo que irrumpe, como algo imprevisto y sorpresivo que desestructura y requiere un
proceso de adaptación física y emocional. Se impone en la vida de Juliana generando
sensaciones, emociones y cierto halo de extrañeza y temerosidad ante la incertidumbre.

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Esto conduce a nuestra protagonista a emprender diferentes acciones con carácter
confirmatorio: certificar el embarazo, realizar constantes chequeos, consultas médicas,
sucesivos estudios para asegurarse de que todo marche normalmente, etc. Dice: “el
médico me dijo que si se mueve está bien” (lo cual la lleva a estar atenta a los más
mínimos movimientos del bebé); “me hice más ecografías que las que te piden los
médicos…resulta que tenemos una amiga que hace ecografías y ahí voy cada 15 días para
verlo a León. Sé que no le hace mal al bebé y a mí me deja tranquila, así que le pido y me
las hace”, “también mi médico me dio su número privado para que lo llame si pasa algo,
eso me dejó más segura. Bueno, así estamos transitando este embarazo”.

El nodo temático en R2 versa en torno a la evolución del parto y el postparto así como
también a las contingencias propias del puerperio cuando comienzan a manifestarse toda
una sucesión de síntomas que, según ella misma reconoce, parecieran tener al menos algún
componente psicosomático. Juliana narra aquí minuciosamente todos los acontecimientos
acaecidos en la etapa de trabajo de parto, durante la internación hospitalaria, durante las
primeras semanas de vida hogareña luego del parto y en los meses del puerperio tardío.
El proceso de parto es descripto con un lenguaje hiperrealista, atendiendo especialmente al
cúmulo de sensaciones dolorosas y extrañas y observando detalles puntuales sobre cada
situación (lo veo entrar al doc con su remera mangas cortas y llena de sellitos que decían
parto”; “no sé de donde saqué fuerzas, hice mucha fuerza, abrí los ojos y ya estaba la
mitad del cuerpo del bebé afuera, yo lo veía que ya estaba con la mitad de cuerpo afuera,
ahí yo creo que pestañé”; “estaba al lado de la camilla donde había parido, todo un
enchastre, sangre, ese líquido naranja que te ponen para limpiar, olor a alcohol y todo
eso”). Por otro lado, también aquí, el cuerpo aparece, cuando no hay dolor, como algo
abstracto, como un instrumento desconectado de la sensibilidad y del propio yo (“Mientras
él me cosía charlábamos, yo le insistía con que me diera el alta, me quería ir de ahí lo
antes posible). El parto en sí es descrito como una tarea cumplida, por medio de un
lenguaje efectista; despierta una sensación de logro y de admiración para con ella misma
(“le decía: no puedo creer que lo parí, y lo miraba con cara de asombro, con todo el
asombro que tenía en mí, como diciendo: ahhh salió un chico de mí”).
Respecto del posparto y el puerperio lo que predomina es una descripción de situaciones
concretas que ilustran lo que es su actual estado de malestar, de ansiedad, de debilidad
muscular, de alteraciones en el sistema metabólico y digestivo, de cambios en los patrones
de sueño y vigilia. Durante esta etapa hay una referencia constante al mal funcionamiento
del sistema orgánico que justifica y enmarca el temor por no poder llevar adelante la
crianza de su hijo.

Evolución de la trama y géneros narrativos


Siguiendo la tipificación propuesta por Gergen (1994) y complementadas por Duero y
Córdoba (en prensa), creemos que el caso analizado presenta características de un relato
regresivo que podría evolucionar hacia un relato estanco. El relato parte de una situación
típica, que describe la normalidad (con una protagonista que se siente efectiva, ajustada en
sus reacciones) y se detiene y enreda en el nudo o situación atípica de conflicto y cambio
(que es explotada al máximo). Por un lado, pareciéramos enfrentar un verdadero drama
trágico, que concluye con alguna forma de desmejora. Pero a la vez no hay propiamente un
desenlace ni hay, tampoco, una clara prospectiva, un horizonte en el que quede esbozado
cuales son las expectativas de la protagonista (modestas aunque fueran) a futuro. Toda
perspectiva se limita a un sobreentendido deseo de que el malestar desaparezca junto con el
temor avasallante de que la situación se prolongue eternamente. Vayamos a un análisis
parte por parte.

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Elementos de la trama:
Marco o Situación Inicial
La protagonista trabaja en una oficina; tiene un hobbie (tomar fotografías) y está centrada
en su capacidad de hacer, en lo pragmático; el registro de aspectos emocionales es
mínimo. Pareciéramos estar ante una persona habituada a “funcionar” de manera óptima,
con gran capacidad de autocontrol y concentración en sus labores (como el trabajo por
ejemplo); en su vida no hay cabida lo para lo imprevisible. Ella misma se describe como
práctica, poco sensible y nada temerosa; parece habituada a suprimir acciones vitales en
pos de dar continuidad a acciones prácticas que “debe” realizar (por ejemplo posponer la
alimentación cuando se ve ante situaciones de exigencia).

Nudo: embarazo, parto y puerperio


Anticipamos que como situaciones atípicas podemos reconocer tres momentos: la noticia
del embarazo, las experiencias de parto y el puerperio. La situación inicial queda
clarificada ya en R1 y se relaciona con el embarazo y la sorpresa que adviene ante la
confirmación del estado de gravidez. Ésta noticia genera sorpresa y cierta sensación de
“extrañeza, porque es algo inesperado”. Inicialmente el embarazo es vivenciado como
una situación indeseada, una situación que incluso se trataba de posponer y “no estaba en
los planes”.
El estado de desconcierto y sorpresa va a dar lugar a la aparición de temores y miedos. El
miedo al “funcionamiento anómalo” se torna una constante; si bien a veces es “más fuerte”
y otras “menos intenso” pero “siempre está”. De allí que Juliana emprenda acciones
concretas que servirán como corroboración y reaseguro (como realización de test de
embarazo, consultas a los médicos, realización de análisis clínicos, ecografías reiteradas y
atención depositada en la percepción de los movimientos del bebé en gestación). Juliana
jamás pudo estar tranquila durante el embarazo. La necesidad de corroborar el buen
funcionamiento de la maquinaria corpórea parece ligada a un profundo temor de que “algo
malo” pueda suceder. De ello deriva la connotación que se le da al embarazo, como un
proceso bueno o malo dependiendo de si se ajusta a la evolución esperable o no.
El embarazo es por lo demás, una situación, un estado que hay que transitar; tal vez ello
explique la narrativa descriptiva y realista. Por otra parte, el embarazo como proceso trae
aparejada la idea de una natural consecuencia. El hijo en gestación es “un producto”; el
mismo da cuenta de la capacidad de acción, de la potencialidad y eficacia de la
protagonista. Juliana lo expresa con gran claridad cuando dice “estoy creando una vida”.
La sensación de peligro constante se verá acrecentada durante el parto y el puerperio. El
momento del parto es una situación que desconcierta a la protagonista: no se la puede
imaginar; la concibe como una tarea gigante, una lucha, una maratón; por otro lado, el
parto es cualificado como un trayecto a recorrer. Durante ese trayecto, y retomando la
metáfora maquinística, también será una constante el temor ante el peligro de quedarse sin
energías o sin fuerzas. La finalidad del parto es llegar a la meta. Una meta que admite una
cuota de asombro, cuando se evidencia que en efecto, se ha podido cumplir con la “tarea”.
La pormenorizada descripción que realiza del momento del parto no arroja elementos que
nos hagan suponer una implicancia emocional profunda sino al contrario. En el nivel
vincular, el parto no es descripto como un proceso de co-creación entre madre e hijo, ni es
narrado como una espera y un momento de regocijo. Antes, parece describir la acción
llevada adelante enteramente por un cuerpo que sorprende: “Y bueno, así nació L y yo
feliz. Pero feliz por haber parido y hasta el día de hoy me asombro cuando pienso que
pude parir. A veces estoy así en casa pensando en cualquier cosa y de pronto pienso que
parí, me repito a mí misma que pude parir. Como que lo voy entendiendo, voy cayendo. Y

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cada vez que recuerdo o cuento cómo fue el parto, le voy poniendo detalles, cosas y me
asombra. Me asombra haber podido con esa maratón tremenda de parir”; “yo me
acuerdo que quedé sola ahí con el médico y le decía: no puedo creer que lo parí; y lo
miraba con cara de asombro, con todo el asombro que tenía en mí, como diciendo: ahhh
salió un chico de mí”.
La sensación de haber llegado a la meta, tiene una consecuencia ponderada positivamente.
A ello se agrega una percepción tranquilizadora de sentir que tras el parto se van recobrado
las energías perdidas: “Después de haber parido sentí un alivio, un alivio, y aparte la
felicidad de decir: ya está”. Antes de eso: “tenía terror a morirme, a no poder. Pero era
raro, porque en el fondo yo sabía que podía, solo que me faltó creérmelo”. (Cuando
menciona a su hijo Juliana se refiere a él como “trofeo”, un “premio”. Por ejemplo, al
empezar la segunda entrevista, Juliana nos recibe diciendo: “Hola, acá está el famoso
León. Ahora hablamos, déjame que le entregue el premio al padre, que se lleve el trofeo
con él a dormir”).

Más adelante Juliana, para referirse al puerperio, emplea el término tsunami; se trata de
una metáfora que describe el estado de malestar generalizado y creciente, producto de la
aparición de diferentes síntomas que presumimos presentan, al menos en parte,
componentes psicosomáticos. Este nuevo estado de malestar también conlleva cierta cuota
de sorpresa. Durante esta etapa, la maquinaria corpórea comienza a manifestar claros
indicios de mal funcionamiento generando un estado de alerta permanente, de nerviosismo,
preocupación y miedo. Como durante el embarazo (cuando necesitaba revisar momento a
momento y mediante controles y ecografías, el proceso de gestación) aparece aquí también
la necesidad de un permanente chequeo o escaneo que asegure, en lo profundo, el
adecuado funcionamiento del cuerpo: “Entonces era chequear mi cuerpo
permanentemente, pensando: ¿estoy bien? ¿estoy bien? ¿estoy bien?, y así
permanentemente”; “entonces me fui así a hacerme los análisis sin comer, con miedo,
había dormido poco, en fin. Me hicieron el análisis y cuando lo veo al médico me dice que
todo está muy bien”. La protagonista sufre un intenso temor a enfermar o morir; lo cual a
su vez genera un sentimiento de enojo, pues todo esto le impide ejercer control sobre sí
misma. Lo que siente es que debe hacer algo para superar el malestar profundo que
experimenta. En relación con esto Juliana no solo ensaya acciones concretas (como
efectuar nuevas consultas médicas); fantasea además con una salida mágica (una
medicación que le haga desaparecer los malestares).

Desenlace y Consecuencias
A nivel del desenlace (real o virtual, presente o futuro), que casi no ocupa sitio en el relato,
sólo podemos reconocer un giro en la historia cuando la protagonista empieza a pensar en
la posibilidad de que sus síntomas tengan un origen no orgánico sino psicológico. Es decir,
cuando considera que podría tratarse de un estado autogenerado por ella misma; esto
produce cierta esperanza, a la vez que la necesidad de estar pendiente. No hay por lo
demás un desarrollo en términos de consecuencias, más allá de la conclusión “pude parir”,
“pude hacerlo”, etc.

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Caracterización del personaje principal
Acción y subjetividad
El relato en su conjunto nos conduce a una especie de crónica de sucesos pletóricos de
detallismo con escasa implicancia emocional. La descripción de las vivencias subjetivas es,
por tanto, precaria. Estamos frente a una protagonista que pondera la capacidad de acción y
el rendimiento óptimo, que es asociado con lo normal y que se liga con sentimientos de
independencia y autonomía y con nociones como es la de practicidad. Nos encontramos
asimismo con una persona hiperdetallista y racionalizadora, en permanente búsqueda de
seguridad y control. A ello se contrapone una hiperreflexibidad con respecto a las más
mínimas sensaciones corporales y un estado de constante preocupación frente a las
situaciones inesperadas o que suponen impredecibilidad. En el relato esto tiene su punto
más álgido a partir del momento en el que advienen síntomas físicos como mareos,
inestabilidad, desmayos, etc. Todo esto genera un clima de desestabilización y
desestructuración, lo que trae aparejado desconcierto, molestia y desorientación así como
enojo ante la propia incapacidad para actuar y cumplir eficazmente con el rol que le
corresponde.

Núcleo identitario
La protagonista se autodefine diciendo: “[generalmente] soy más práctica”, “no soy así de
sensible naturalmente”, “[soy] menos sensible”. Y refiriéndose al embarazo agrega: “yo
no era así de miedosa”. En el “antes” hace una clara definición del rasgo que pondera y
valora en sí misma: la practicidad, la capacidad de acción y la funcionalidad; mientras que
en el “ahora” se denota una franca sensación de extrañeza ante fenómenos que le resultan
novedosos y desconocidos y que la atemorizan. Dice, refiriéndose al embarazo: “fueron
pasando los meses, pero como que nunca estuve tranquila de todo. Ahora el miedo se hace
sentir otra vez y es mayor”. Para Juliana la posibilidad de enfermar es paralizante porque
además supone la catástrofe; implica ya no poder; es perder el control y dejar de ser ella
misma; es sentirse invadida por un poder externo.

Agencia
La agentividad se encuentra marcada por dos etapas diferenciadas, que denotan un cambio
rotundo en el mundo vital de la protagonista. A nivel identitario la protagonista está
profundamente centrada en su capacidad de poder hacer, de funcionar de manera óptima y
controlada. A partir del nudo de la narración, se ve dominada por la sensación de duda e
imposibilidad. Siente que no puede, que no se anima, que no quiere, que no se ve o no se
imagina. (Un ejemplo de este punto lo vemos cuando Juliana asegura: “[tengo] miedo a
que pase algo, tengo miedo al parto. Miedo a no poder, siento que no voy a poder. Siento
que no me va a salir parirlo… no me veo pariendo, no me imagino a mí misma… siempre
tuve miedo de ir a cesárea por no poder”, “Tengo miedo de todo pero más temo no poder
con ésta tarea gigante de parir un chico, un ser humano”). Siente en efecto que no podrá
con el trabajo de parto. Del punto anterior se deriva la sorpresa que Juliana expresa luego
del parto, junto con la sensación de capacidad y logro. Esa sensación de pseudoseguridad
se desvanece sin embargo rápidamente, a medida que, durante el puerperio, comienzan a
manifestarse diferentes síntomas psicosomáticos que la sumen en una nueva sensación de
parálisis e imposibilidad de acción. Los síntomas advienen y ella no encuentra recursos o
no puede emprender acciones por sí misma para dar una solución al malestar que la
aqueja.

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Caracterización de los otros significativos
En el relato de Juliana podemos reconocer un número acotado de personajes que ocupan
roles significativos. Entre ellos destacamos a su hijo, que ingresa en la historia pero no
como un personaje subjetivado sino más bien como producto de la gestación. Cuando
habla de León, Juliana utiliza descriptores como un chico, un ser humano, el bebé, una
vida, el premio y el trofeo. Solo en una ocasión a lo largo de toda la entrevista dice, por
caso, mi bebé. Las otras personas significativas son su pareja y su madre. Ambas aparecen
como figuras de apoyo, colaboradores que acompañan, personajes que brindan alguna
clase de auxilio o atención. En todos los casos la caracterización y la subjetivación de los
otros significativos es pobre, escueta y ronda en función de la definición de roles. Estos
personajes son apenas “elementos” que dan forma y consistencia al relato. Todos ellos son
definidos en función de lo que hacen, del rol que ocupan dentro de la historia. Juliana dirá
por ejemplo que su pareja “es un compañero fantástico y está en todas” y que tiene para
con ella “atenciones extras, está pendiente”. También realiza una mínima presunción con
proyección a futuro destacando que, para ella, su pareja “va a ser un padre muy cariñoso,
muy contenedor”. La madre colabora con los quehaceres en la vida cotidiana y la asiste
cuando los síntomas psicosomáticos comienzan a manifestarse y Juliana precisa ayuda:
“Nos apoyamos mucho en mi mamá”; “[yo pensaba], mi mamá no está al lado y si me
llega a pasar algo… y si no se da cuenta… si nadie me ayuda… si le pasa algo al bebé”;
“en ese momento pensaba que mi mamá no estaba, que yo estaba sola con el bebé, que el
bebé se me podía caer y nadie iba a hacer nada, que no iba a poder pedir ayuda si me
desvanecía; “después le doy las dos tetas al bebé y cuando le estaba terminando de dar
siento que otra vez me estaba por desvanecer. Ahí nomás se lo entrego a mi madre y me
agarro un pedazo de dulce de membrillo”.

Sistema de CVE
A nivel de las CVE encontramos una categoría central relacionada con el binomio normal-
anormal (“Me empecé a sentir rara”, “Eso no es normal en mí, no soy así de sensible
naturalmente, soy más práctica y menos sensible”, “[estoy] físicamente muy cansada, con
sueño, con fiaca, a media máquina, pero sé que eso es normal”, “Yo le decía que es
normal tener miedo”) de donde se desprenden otras categorías como esperado-inesperado
(“Fue una media sorpresa porque ya no nos cuidábamos pero como estuvimos así por
varios meses ya no esperaba la noticia”, “Yo me imaginaba que iba a parir rodeada con
10 estudiantes de medicina adelante mío o que iba a haber mucha más gente. Y no. Fue
algo íntimo”) y control-no control (“En la cesárea está todo más controlado, es como que
sabés cómo va a ser, cómo no va a ser”, “Me da miedo perder el control”).
Desde una dimensión de autopercepción encontramos el binomio cabeza-cuerpo (“Mi
cabeza al full”, “mi cabeza me repetía eso”, “estaba solo en mi cabeza”, “mi cabeza me
decía”; donde “la cabeza” es una parte diferenciada y autónoma del resto del cuerpo del
que, por otro lado, no hay mucho registro).
En el plano espacial, el eje vertical se prefigura con operadores como arriba-abajo (“me
siento superpoderosa por momentos pero por momentos muy temerosa”, “así estoy en ese
vaivén de estar arriba o estar abajo”). En cuando a la horizontalidad hay una referencia a
la gestación y el parto como un recorrido junto con los operadores avanzar-detenerse. La
protagonista habla en términos de arrancar y avanzar en el trabajo de parto, de permitir
que las circunstancias fluyan respecto de la lactancia, etc. El aspecto direccional también se
ve cuando habla de la aparición de los síntomas en el puerperio, cuando estos comienzan a
ser frecuentes y más claros: seguir –frenar. Dice: “Ahí puse el freno, pensé que nunca me
había pasado algo como esto y es como que me preocupa”.

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A nivel actancial hay una constante referencia a poder- no poder (“no puedo creer que lo
parí” “tenía terror a morirme, a no poder”; “en el fondo yo sabía que podía, solo que me
faltó creérmelo”). La “capacidad de acción” relacionada con el “poder hacer” son
ponderadas como formas ideales de vivenciar las diferentes situaciones que se van
sucediendo; por otro lado se relacionan con las categorías de tener fuerzas/energía-perder
fuerza/energía ( “Me quedé ahí como congelada, como que no podía hacer la fuerza”, “Y
justo cuando vos decís no doy más, los otros decían dale”, “Ahí me di fuerzas de nuevo,
como que automáticamente no sé de dónde saqué fuerzas, hice mucha fuerza, abrí los ojos
y ya estaba la mitad del cuerpo del bebé afuera”, “cómo que me habían inyectado un tubo
de energía, mezcla de cansancio y energía al mismo tiempo, sentía mucha energía, muchas
pilas”)
Encontramos también operadores valorativos como estar saludable- estar enfermo (“fue un
embarazo muy lindo, ninguna nausea, nada de vómitos, nada de esas cosas de las que se
quejan las mujeres”, “Para ese momento yo ya estaba muy preocupada, ya me asustaba
no saber lo que estaba pasando. Horrible… es como que yo decía: ohhh tengo que estar a
full con el bebé y me pasa esto… no, no, no puedo estar mal si mi bebé me necesita”).

Cuerpo habitual y cuerpo actual


El cuerpo habitual en Juliana, anterior a las experiencias de embarazo, parto y puerperio, es
un cuerpo que funciona de una manera previsible y que incluso pasa desapercibido; por
ello cuando adviene la noticia del embarazo se genera un estado de sorpresa y
desconcierto. Hasta entonces es un cuerpo “trabajador” capaz de conducir acciones de
manera óptima en función de lo que dicta la “cabeza” pensante y generadora de ideas. Sin
embargo no hay mayores registros corpóreos concretos.
Las vivencias del cuerpo a partir del embarazo conducen a una sensación de cuerpo raro,
sensible y extraño. El cuerpo despierta modificaciones internas que concentran toda la
atención de Juliana. Se trata de sensaciones físicas desconocidas y nuevas, casi siempre
con connotación o valencia negativa: cansancio, sueño, desgano, desgaste físico, bajón de
energía. Todas ellas son sinónimo de un cuerpo que funciona a media máquina. Se trata de
una maquinaria que debe cumplir con la tarea de parir un chico, amamantar, que debe
estar bien para atender al bebé y retomar luego las actividades cotidianas. Es decir, es un
cuerpo que debe reasegurar un funcionamiento óptimo y productivo. La posibilidad de
enfermar implica por tanto un estado caótico de padecimiento y falta de funcionalidad
adecuada.
Inferimos de lo dicho que el cuerpo actual no es vivido íntegramente, el cuerpo aparece
cuando avasalla con signos y síntomas. Por ello mismo la entrevistada diferencia entre
“una vida anterior y una vida posterior” al embarazo. Luego del parto adviene el tsunami,
caracterizado por la sensación de desvanecimiento, el calor que brota de adentro del
cuerpo, la debilidad en el cuerpo, la sensación de falta de aire, la transpiración en manos y
pies, el nerviosismo, el dolor abdominal, los vómitos, la diarrea, la fiebre, la sensación de
miedo y de estar en alerta permanente, la irritabilidad, el mal humor, la sensibilidad e
intolerancia, etc. De todo ello se desprenden las ideas “horribles”: pensamientos
catastrofistas de enfermedad y de riesgo inminente (“me da miedo perder el control (…)
siento que tengo algo horrible”, dice con angustia). El temor ante este cuerpo nuevo,
enfermo y desconcertante es llevado al sumun con la fantasía de muerte. Así, de las
vivencias y sensaciones corporales básicas de extrañeza y funcionamiento anómalo se
desemboca en la sensación de un cuerpo desconocido, cambiante y desconcertante.

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Discusión y conclusión
La narrativa autobiográfica que hemos analizado presenta las características de un relato
regresivo-estanco. Por un lado avanza, como en un drama, desde un estado de equilibrio
inicial hacia un desenlace con elementos trágicos. Pero por otro parece detenerse y andar
en espiral a partir del momento en que se hacen manifiestos los síntomas del embarazo y
de enfermedad durante el puerperio. Los aspectos estancos del relato podrían nada más
obedecer al carácter novedoso y descompensador que tiene la enfermedad en el momento
presente. Solo en caso de que estos elementos perdurasen en el tiempo, podrían sugerir
rasgos de cronicidad.
En términos de estructuración este relato muestra niveles intermedios de coherencia (hay
una evolución y hay continuidad temática entre oraciones y párrafos y entre las distintas
partes del relato). Observamos sin embargo un escaso desarrollo a nivel del marco y el
desenlace. El nudo, en cambio, se trabaja profusamente, con extremada puntillosidad,
sobre todo respecto a los aspectos circunstanciales (es decir que no aportan contundencia a
la actividad conclusiva de la historia; véase Duero & Limón Arce, 2007).
La caracterización y subjetivación de la protagonista y de los otros significativos es más
bien pobre. Con respecto al primer punto, abundan detalles sobre fantasías, expectativas,
creencias, etc., por un lado, y a sensaciones corporales y estados emocionales más o menos
básicos, con valencia negativa, por el otro. No parece haber en cambio una auténtica
cosmovisión ni un trasfondo claro de motivos y razones que articulen los distintos
momentos de la vida de la protagonista entre sí ni, tampoco, que nos permitan una
comprensión profunda de sus diferentes etapas, de la clase de vínculos que tiene con otras
personas, etc. Los otros significativos, por otra parte, son descriptos fundamentalmente en
términos del rol o función que cumplen respecto del personaje principal (a nivel actancial,
por ejemplo, como objeto donado en el caso de su hijo y de colaboradores en el de la
madre o su pareja).
Con respecto a la protagonista y en términos de agencia predomina, en el marco (es decir
en todo aquello que refiere al tiempo pasado), una vivencia activa, fundamentalmente
basada en la idea de eficiencia y eficacia; la misma contrasta con el sentimiento actual de
pasividad, impotencia e ineficiencia. Esto último es vivido por la protagonista como algo
profundamente conflictivo y desestructurante en términos identitarios.
Como es de esperar, con relación a las CVE predominan expresiones alegóricas que
refieren, por un lado, a la actividad eficaz y eficiente. El cuerpo es un cuerpo invisibilizado.
La cabeza se concibe aparte y aparece como el centro que comanda, representa el mundo
abstracto (de la posibilidad y la virtualidad); instancia las funciones cognitivas; permite
pensar, elucubrar hipótesis, teorizar, imaginar, fantasear; también chequear y corroborar.
Es la que ordena. Y es además la que hace dudar. En conjunto, todo esto compone los
rasgos identitarios que la protagonista asume como propios; frente a ellos aparece la
caracterización de un cuerpo maquinal e instrumental junto a descripciones de vivencias
corporales básicas que casi siempre tienen una valencia negativa (sensación de cansancio,
sueño, desgano, desgaste físico, bajón de energía, etc.). Fundamentalmente a partir del
embarazo, predomina el sentimiento de estar ante un cuerpo que es irreconocible porque es
raro, sensible y extraño. Junto con ello se manifiestan emociones desbordantes, como el
temor y la angustia de perder el control; hay además sentimientos de desestructuración y de
terror ante la posibilidad de la enfermedad o la muerte. Resumiendo, no hay registro del
cuerpo hasta que éste avasalla con signos y síntomas que la protagonista traduce como
sinónimo de enfermedad, de riesgo para la vida. Pareciera ser que el cuerpo es entonces
indistintamente vivido como ajeno, ya sea porque se depositan los elementos identitarios
en la cabeza o porque se viven las sensaciones corporales junto a las emociones que suscita
como señal de alarma, de peligro y extrañeza. No sorprende, por tanto, que en este relato

18
no abunden, a nivel de CVE, los operadores espaciales. El mundo parece dividirse en un
espacio abstracto, de pensamientos, imágenes, fantasías y posibilidad de acción (a nivel de
logro) y en un cuerpo-espacio exterior indiferenciado, que invade, que viene a ocuparlo
todo y que representa lo desconocido, lo extraño y lo atemorizante.
En trabajos anteriores hemos analizado la vivencia del cuerpo y el espacio en personas con
depresión (Soru & Duero, 2011; Duero & Carreras, 2015), trastornos de alimentación
(Carreras & Duero, 2012; Duero & Carreras, 2015) y sintomatología obsesiva (Duero &
Córdoba en prensa). En ellos hemos encontrado, por ejemplo, que en la depresión
predomina un estrechamiento vital general, que limita la totalidad de las experiencias
psíquicas y que se ancla en la vivencia de un cuerpo restringido, constreñido e
imposibilitado. En este trastorno suele suceder que el cuerpo habitual haya sido
experimentado como un cuerpo eficiente y trabajador y que el cuerpo actual sea vivido
como un cuerpo flácido, endeble, sin consistencia ni sostén, que se cae, que tira hacia
abajo, que no responde. En los casos de trastornos de alimentación como la anorexia y la
bulimia, por otra parte, suelen estar presente las vivencias de un cuerpo lleno, pesado y
torpe que se opone a la vivencia abstracta de lo ágil, de lo sutil. Aparecen, como en la
depresión, una predominancia de las categorías espaciales referidas a lo alto y lo bajo, a
elevarse o caer, junto a una vivencia de opresión y esclavitud que deviene con el acto de
comer y que se opone a la libertad de poder disponer del cuerpo y de la propia persona a
voluntad. El cuerpo, de hecho, parece vivirse como algo que traiciona el propio ser, algo
que tiene “deseos muy distintos a los que vibran en la maldita cabeza”, según decía una
paciente. Esto mismo genera miedo a la desposesión total.
En el relato obsesivo-anacástico, finalmente, solemos encontrar una escaza referencia al
cuerpo. El cuerpo aquí suele estar definido en tanto instrumento que hace posible la acción;
son escasas en cambio las expresiones de la propia subjetividad, como también la
referencia a los deseos personales, las emociones y los sentimientos, etc. Tampoco
abundan las referencias a vivencias sensoperceptivas (incluso el dolor no suele aparecer
como motivo, en tanto y en cuanto no impida actuar). A nivel agencial en estos relatos son
frecuentes las expresiones intentar, hacer, esforzarse, poner empeño y dedicación o tratar
de superarse. Para el obsesivo la acción ha de ser siempre una acción eficaz y eficiente. Y
el marcador será siempre el logro efectivo, que es definido en base a indicadores objetivos
(Duero & Córdoba en prensa).
El relato que hemos analizado en este trabajo pareciera ofrecer elementos de los tres tipos
de relatos antes descritos; no se acota, sin embargo, a ninguno de ellos. Por un lado pueden
observarse algunas referencias a la vivencia de tambaleo, caída, inseguridad e
imposibilidad o el sentimiento de imposibilidad que encontramos en la depresión.
Asimismo y como en la anorexia aparece la vivencia de un cuerpo que es ajeno, pero que
además resulta amenazante. Finalmente, como en el relato obsesivo-anacástico el cuerpo
puede por momentos concebirse como un instrumento para la acción y nada más. Sin
embargo, es posible reconocer además otros elementos propios de lo que la psicopatología
clasifica como vivencia hipocondríaca.
Como hemos dicho antes, las instancias de embarazo, parto y puerperio producen en
cualquier mujer cambios físicos y psicológicos profundos. El cuerpo produce signos
nuevos que la mujer debe aprender a interpretar. Debe además llevar a cabo todo un trabajo
de preparación para el parto y la maternidad (Bertherat, 2006; Finkelstein, 2007; Pronsato
Santandreu; 2000; Pernoud; 1988; Soifer, 2010). Como consecuencia de todo ello pueden
aparecer temores y ansiedades naturales. En nuestro caso de estudio, sin embargo, lo que
parecieran manifestarse son rasgos y síntomas de tipo hipocondríacos que no se explican a
partir de las experiencias normales de cualquier mujer durante y después del embarazo.

19
Según Aguirre Álvarez y cols. (2005), Cabrera Gaytan y cols. (2008) y Navarro (2009), lo
que caracteriza a la hipocondría 9 es una exagerada preocupación mórbida, temor, idea o
creencia de padecer una severa enfermedad. Las molestias o alteraciones de
funcionamiento normal del organismo son interpretadas por estos pacientes como
indicadores de padecimiento serio o patología orgánica grave. Ante estas ideas o creencias
y el temor que ellas ocasionan, la persona hipocondríaca suele mantener una conducta de
autoobservación constante e incesante; la permanente búsqueda de atención profesional
que dé cuenta del mal que la asecha jamás genera, por otra parte, tranquilidad. “El médico
no es llamado para reparar sino que su rol es el de un testigo idóneo (…) la mirada médica
solicitada por el hipocondríaco exige su función visiva, la de un mero espectador que debe
confirmar y testimoniar lo invisible representando en su cuerpo enfermo” (Rovaletti, 2012:
55 y 56). Navarro enfatiza, respecto de esto, que “a pesar que las evaluaciones médicas,
solicitadas persistentemente, son negativas, y de las explicaciones que el médico pueda
aportar como prueba de lo infundado de sus temores”, nada tranquiliza al enfermo. “Por
ello, en la historia clínica se registran múltiples consultas, diagnósticos y tratamientos
médicos o quirúrgicos sin beneficio claro” (2009: 38) El hipocondríaco “como un
infatigable y prolijo contador y narrado de los mil y un percances de sus órganos busca
reemplazar a través de esta trama el vacío del cuerpo y animarlo” (Rovaletti, 2012: 55). Y
en el afán de enumerar todos los signos que dan cuenta de una posible enfermedad o de
una franca patología, el discurso del hipocondríaco adopta un ritmo regresivo, en constante
revisión.
Para Martínez, Belloch y Botella (1995) la preocupación desmedida de los hipocondríacos
los conduce, como en ciertos trastornos obsesivos, a una constante persecución de la
certeza de la cual carecen. Por ello requieren y procuran descartar totalmente la existencia
de cualquier trastorno orgánico, por lo cual la atención se ve circunscripta a las múltiples
exploraciones a las que son sometidos, y que, por otro lado, también exigen. Este aspecto
conlleva a un empobrecimiento de la vida vincular familia y social de la persona
hipocondríaca; puesto que “vive auto-observándose y descifrando sus síntomas mientras
restringe la atención y la participación respecto a los otros, todo encuentro intersubjetivo
queda limitado y a veces se vuelve imposible; a lo más, el otro acaba siendo testigo
impotente” (Rovaletti, 2012: 53).
La vivencia de la corporeidad merece un tratamiento central dentro de la psicología y la
salud mental. Tradicionalmente, se han diferenciado dos tipos de cuerpos o de vivencias
de corporeidad. Huertas plantea una diferenciación entre “el cuerpo visto, como realidad
objetiva, científicamente observable y mesurable y el cuerpo sentido, como realidad
subjetiva, a través de la cual no solo somos conscientes de nuestra propia existencia sino
que percibimos nuestro mundo y nuestro tiempo” (2002: 113). Rovaletti, desde un análisis
fenomenológico, realiza una diferenciación parecida cuando habla de “el cuerpo
anatómico o compaginación somática y el cuerpo vivido y mundanizado”. Ambos
constituyen, dice, dos polos entre los que se mueve la existencia humana (2012: 54).
En la hipocondría pareciera ser que se objetiva el cuerpo. La preocupación por cuidarlo, se
vive como preocupación ante una enfermedad que lo vuelve extraño. Surge por ello una
conducta de hipervigilancia y un estado de inquietud permanente. Ello parece ser
consecuencia de que cuerpo solo es vivido como un objeto asociado a la posibilidad de
patología y de sufrimiento.

9
“La palabra hipocondría deriva del término griego hypochondrion, acuñado por Hipócrates en torno al año cuatrocientos a. de C. a
partir de los vocablos hypó (debajo) y chondrion (cartílago). Desde su significación fisiológica inicial hasta su acepción actual, el
concepto de hipocondría ha tenido una extensa trayectoria histórica”. (Martínez, Belloch & Botella, 1995: 411)

20
Entre las teorías que han intentado brindar una explicación del fenómeno hipocondríaco
están las que sostienen que existiría, en estos pacientes, un trastorno basal elemental en las
funciones perceptivas de la sensibilidad o somatognosia. Aunque este postulado sea
atendible, dice Henry Ey (2008), ello no explica en conjunto la estructura psicopatológica
del trastorno, así como no explica los diferentes rasgos que muestran, por ejemplo, estos
enfermos, aún antes de que hagan expresión los síntomas mórbidos. La hipocondría es un
delirio corporal en el que se manifiesta la constitución primaria del sujeto (que puede ser
ya sea la de un obsesivo, un psicoasténico, un neurópata, etc.), dice Ey. Expresa el
sentimiento de imposibilidad de disponer de modo perfecto del propio cuerpo; pero ilustra
además la dificultad para vincular la vivencia de ser un cuerpo con la vivencia de tener un
cuerpo. Lo que se expresa aquí en definitiva, continúa este autor, es un modo regresivo de
ser en el mundo. Basándose en las anteriores consideraciones Ey (2008), reconoce cuatro
cuadros diferenciables de hipocondría. Distingue entre el trastorno hipocondríaco ansioso
constitucional (con una personalidad emotiva, impresionable, sombría, con frecuencia
hiperstésica y moralista, en el que en ocasiones es posible identificar diferentes síntomas
neurovegetativos); el trastorno hipocondríaco paranoico (en el que predominan síntomas
vícero-abdominales, los trastornos digestivos y las cenestopatías gastro-intestinales y
génico-urinarias, asociadas con delirios de envenenamiento); el cuadro hipocondríaco
obsesivo (en el que se manifiestan obsesiones como la nosofobia, la locura del tacto, las
obsesiones y fobias referidas a la actividad genital y a las funciones orgánicas, el temor a
los microbios, etc. Aquí por lo general el enfermo se focaliza sobre un tema y genera una
serie de rituales de protección en torno al mismo); y el cuadro hipocondríaco histérico (en
el que al margen de la enfermedad hallamos elementos de autocomplacencia junto a
expresiones exageradas, con teatralidad y excesos, asociadas con distintas formas de
ganancia secundaria). Finalmente Ey reconoce intervínculos entre la sintomatología
hipocondría y cuadros como la depresión melancólica y la psicosis bipolar, la
esquizofrenia o ciertos estados demenciales. Siguiendo la clasificación de Ey, en el caso
trabajado creemos hallar elementos obsesivo-hipocondríacos e histero-hipocondríacos pero
con algunos rasgos de tipo melancólicos que explican cierta vivencia catastrófica junto con
los sentimientos de vulnerabilidad e impotencia que la paciente refiere.
Creemos que la clase de análisis que hemos presentado es útil y aporta a una mirada
comprensiva del relato y la patología. De cualquier modo nada de esto debe hacernos
suponer que nuestro procedimiento agota en su complejidad ni a la psicología ni a la
persona que intentamos estudiar. Constituye, tan solo, una herramienta más que si es
utilizada con prudencia puede facilitar nuestra labor clínica y de investigación.

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