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1.1 EL SER HUMANO.

Aristóteles: Citado en La Filosofía en el Bachillerato (2013), concibe al ser humano de acuerdo con
su Teoría de la Sustancia, es decir, con la idea de que no es posible la existencia como formas
separadas: la sustancia es un compuesto indisoluble de materia y forma. Además, todas las
sustancias del mundo sublunar están sometidas a la degeneración y la corrupción. El hombre,
pues, ha de ser una sustancia compuesta de materia y forma: la materia del hombre es el cuerpo y
su forma, el alma. Aristóteles acepta, como era admitido entre los filósofos griegos, la existencia
del alma como principio vital: todos los seres vivos, por el hecho de serlo, están dotados de alma,
tanto los vegetales como los animales. Pero interpreta también que ese alma es la forma de la
sustancia, es decir, el acto del hombre en la medida en que la forma representa la actualización o
la realización de una sustancia. Coincidirá con Platón en la concepción de que el hombre es un
compuesto de alma y cuerpo; no obstante, concibe esa unión no como accidental, sino como
sustancial. No existen el alma por un lado y el cuerpo por otro, sino que ambos existen
exclusivamente en la sustancia “hombre” la distinción entre alma y cuerpo es real, pero sólo
puede ser pensada.

(González, 1886) la Filosofía socrática, si se tiene en cuenta que ésta se reduce al estudio y
conocimiento del [203] hombre como ser moral. Así es que Sócrates, o menosprecia, o apenas
concede importancia a las ciencias físicas, cosmológicas, matemáticas, y hasta a las psicológicas y
biológicas, en cuanto no se refieren al aspecto religioso-moral y político del hombre. El estudio del
hombre y de sus deberes morales, religiosos y político-sociales, he aquí el objeto casi único y
verdadero de la Filosofía para el maestro de Platón.

Sócrates ve al hombre bajo las conductas morales y el empleo de sus propias facultades. La
prudencia, la justicia, la templanza o moderación ante las concupiscencias sensibles, y la fortaleza,
son las cuatro virtudes principales y necesarias para la perfección moral del hombre; será tanto
más perfecto en ese orden, cuanto más se asemeje a Dios en sus actos, porque Dios es el
arquetipo de la virtud y de la perfección moral (González, 1886).

Freud menciona que el hombre es una entidad psico-bio-social, pues va ligado a su


funcionamiento psicológico y a la cultura, que es la que se encarga de moldear su comportamiento
e instintos. El ello cubre aquellas pulsiones sexuales presentes en su instinto y deseo, mientras que
el súper yo es la fuerza que representa lo cultural y las reglas de comportamiento que conducen al
individuo; el yo es la fuerza mediadora entre el ello (instintos) y el súper yo (la cultura). El ser
humano es sociable por naturaleza, porque su vida depende de la existencia de otros; ocupa un
lugar dentro de esa sociedad que a su vez, tiende a modificar los instintos indispensables para la
construcción de su personalidad. Es Biológico por contener instintos y pulsiones de tipo libidinoso
o sexual contenidos dentro de su naturaleza.

Para Marx el hombre es, ante todo, el conjunto de sus relaciones sociales “... la esencia humana
no es algo abstracto, inherente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de sus relaciones
sociales”. Estas relaciones que no son puramente espirituales, entre conciencias, sino la unidad de
lo espiritual y lo material, relaciones establecidas a través de la interacción del hombre con la
naturaleza en el proceso de producción y reproducción de su vida material y espiritual.
Por medio del trabajo el hombre transforma la naturaleza y crea objetos. El producto es obra
humana, proyección u objetivación del hombre. Por medio del trabajo el hombre pone la
naturaleza a su servicio, la humaniza, pero, al mismo tiempo el hombre se eleva sobre ella, se
remonta sobre su ser natural; en una palabra, se humaniza a sí mismo. De este modo, si el trabajo
es la autoexpresión del hombre y el proceso de su autodesarrollo, debería ser pues, fuente de
satisfacción para él; pero pierde esta posibilidad en el proceso de su enajenación, en la conversión
del trabajador en mercancía, efecto de la división social del trabajo, que en las condiciones de la
propiedad privada lo reduce a una fracción de hombre.

Marx analiza la relación existente entre propiedad privada y trabajo enajenado. El trabajo
enajenado se vincula con la naturaleza esencial de la propiedad privada y con su desarrollo, por lo
que la liquidación de la propiedad privada en un estadio dado del desarrollo social -a través de la
revolución social del proletariado- implica simultáneamente la eliminación de este tipo de trabajo.

El hombre se afirma como ser humano cuando realiza la actividad de forma libre, capaz de
proporcionar placer y no una actividad forzada. En el capitalismo, donde la actividad humana se
realiza en los marcos de la propiedad privada, la explotación del trabajo asalariado se convierte en
un medio de obtención de riquezas. Las relaciones entre los hombres pierden su carácter
esencialmente humano y se potencian las necesidades no satisfechas y la descomposición de los
valores espirituales.

En el devenir histórico, la propiedad privada limito el proceso natural del desarrollo del individuo,
quedando frustradas las posibilidades de relevar libremente sus capacidades creativas, y el propio
proceso del trabajo, dejo de ser un elemento de reafirmación del hombre en la sociedad. Es por
ello que en la sociedad burguesa el hombre se ve impedido de desarrollar plenamente sus
potencialidades humanas.

Un elemento importante de las reflexiones de Marx, lo constituye la idea de superar la propiedad


privada como causante de la deshumanización.