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El programa de Reavivamiento y Reforma en la División


Interamericana además de hacer énfasis en una vida de oración y el
estudio de la Palabra, incluye también el énfasis de compartir las
Buenas Nuevas a aquellos que aun no conocen a Jesús.
En nuestro Departamento de Ministerios Juveniles sabemos
que la Generación Poderosa que lideramos también experimenta el
gozo de testificar y de predicar el Evangelio.
Nos unimos gozosamente al programa de nuestra Iglesia en
Interamérica a través de la iniciativa Gana Con Jesús. De esta
manera miles de evangelistas juveniles y líderes de grupos pequeños
juveniles serán parte del millón de miembros de la Iglesia involucrados
en el evangelismo Visión Un Millón.
Los sermones contenidos en este folleto han sido compartidos
por el Pastor Hiram Ruiz, pastor juvenil en la Universidad Adventista de
Montemorelos, y sabemos que estos sermones serán una herramienta
valiosa en las manos de nuestros jóvenes evangelistas. Agradecemos
al Pastor Ruiz por su contribución para nuestro programa Gana Con
Jesús.
Seguros que el Señor dotará de su Santo Espíritu a cada uno
de los jóvenes dedicados en esta misión, Agradecemos su
participación y pedimos al cielo corone de éxito el trabajo que ustedes
harán.

“El mensaje del advenimiento a todo el mundo


en mi generación.”

Benjamín Carballo, Director


Louise Nocandy, Asociada

Departamento de Ministerios Juveniles


División Interamericana

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INTRODUCCIÓN

En el corazón del ser humano está puesto el deseo ferviente de


ganar, no estamos diseñados para perder, sin embargo hemos sido
puestos en un campo de batalla donde el enemigo se ha propuesto
hacer de nuestra vida una experiencia de derrotas y frustraciones.
La serie de sermones Gana con Jesús, es un recorrido
maravilloso en jornadas de fe, esperanza e inspiración, de hombres y
mujeres como tú y yo, con luchas, con sueños, con dudas, con
incertidumbres, con necesidades y con respuestas maravillosas al
encontrarse con Alguien poderoso que no conoce la derrota.
Al compartir estos mensajes es necesario que tomes la
experiencia de cada personaje y la traigas a tu propia vida. Lucha con
él, vive sus alegrías y tristezas, sus frustraciones y aciertos, sufre con
sus derrotas y goza sus triunfos y cuando te encuentres con el Dios de
los vencedores dale otra vez tu corazón.
Una vez que lo antes mencionado suceda entonces estarás
listo para compartir con los demás, un mensaje de Dios, por medio de
un siervo de Dios para el pueblo de Dios.
Existen personas que te escucharán cada día de reunión,
quizá sea este el último mensaje que escuche de parte de Dios,
asegúrales que el Dios que les presentas es un ser que no patrocina
fracasos y que quiere darles la experiencia de Ganar con Jesús.
Solo somos instrumentos en las manos de un Dios grande,
fuerte y poderoso que puede hacer que su Palabra no vuelva vacía.
Permite ser un testigo fiel de esa promesa.
Lutero dijo en una ocasión, refiriéndose al predicador, “Párate
derecho, habla con valentía y siéntate rápido”.

Pastor Hiram Ruiz


Director del Centro de Recursos Juveniles
Montemorelos, México

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CONTENIDO

1 – SÁBADO ..................................................................................................... 6
Título: Cuando Dios llama a un discípulo
Énfasis: Qué significa ser un discípulo.
Personaje: Pedro

2 - DOMINGO.................................................................................................. 13
Título: Cómo dar sentido a la vida
Énfasis: Cómo administrar sabiamente nuestra vida.
Ilustración: Parábola de los talentos

3 – LUNES ...................................................................................................... 19
Título: El milagro tiene un precio
Énfasis: Conversión.
Personaje: Naamán

4 – MARTES .................................................................................................. 26
Título: ¿Estás listo?
Énfasis: Segunda venida
Ilustración: Parábola del vestido de bodas

5 - MIÉRCOLES ............................................................................................. 30
Título: ¿Qué quieres que haga?
Énfasis: Conversión y entrega
Personaje: Bartimeo

6 – JUEVES ................................................................................................... 36
Título: De la vergüenza a la honra
Énfasis: Conversión y transformación
Personaje: Zaqueo

7 – VIERNES.................................................................................................. 43
Título: Huyendo del amor de Dios
Énfasis: Restauración y perdón
Personaje: Oseas

8 – SÁBADO .................................................................................................. 50
Título: Sueños olvidados
Énfasis: Dios tiene un sueño para tu vida
Personaje: Sansón

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1 - CUANDO DIOS LLAMA A UN DISCÍPULO
Orientaciones y herramientas para el predicador

Enseñanza principal
Dios llama a hombres y mujeres para que sean discípulos de Cristo.
Es necesario creer que, si él nos ha llamado, nos capacitará para serlo.

Idea principal para predicar


Por la gracia y dirección de Dios en nuestras vidas es que hacemos
las cosas que él desea que hagamos. Cuando Dios realiza el llamado,
capacita. Ha usado a los jóvenes para perpetuar su verdad y los usará hoy
también.

Invitación para tomar una decisión


Desafiar para llegar a ser un verdadero discípulo de Cristo.
Reafirmar a los miembros bautizados y animar a los que no lo son;
acercar a ambos grupos a la experiencia del discipulado.
Anunciar la fecha del siguiente bautismo para iniciar a los nuevos
discípulos que el cielo está llamando.
Animar a aquellos que en el pasado aceptaron el llamado, pero que
en el camino perdieron su confianza en Jesús.
Presentar el privilegio de participar en la Gran Comisión y explicar que
son llamados para hacer grandes cosas para el Señor.

CAMINANDO BAJO EL POLVO DEL RABÍ


Mateo 11:28-30

Introducción
Es muy común el olvidar: olvidamos citas, cumpleaños, pagos; sin
embargo esos olvidos tienen sus consecuencias.
Un desafío relevante en la vida del cristiano es el de no olvidar. La
educación en el pueblo de Israel tenía claros recordatorios para no olvidarse
de Dios, y lo leemos en Números 15:37-41 (donde hay indicaciones del uso
de las borlas y una cenefa o fleco en los vestidos para no olvidarse de la Ley
de Dios).

Educación judía
Los hebreos orientaban la educación religiosa a la acción de enseñar
y vivir, no a la de informar.
¿A qué edad comenzaba la educación de los hijos?
Los hijos menores de seis años eran atendidos en el hogar, para ser
ingresados después en las sinagogas y ser educados por los maestros de la
ley.

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Las escuelas constituían el centro de la vida de la comunidad. Los
niños eran expuestos al conocimiento desde muy temprana edad, e inspirados
para conocer y vivir según la voluntad de Jehová.
Se preocupaban por cada generación y no deseaban que se olvidaran
del Señor. Las enseñanzas y tradiciones subsistían gracias a la educación
temprana de los niños.
Estaban orgullosos de sus enseñanzas. Tenían el Talmud. A los seis
años aprendían el Pentateuco en la sinagoga local (casa del libro).
El rabí les daba miel mientras aprendían, y les recordaba que era un
símbolo de las bendiciones de Dios: la disfrutaban como algo especial.
“Nunca olvidéis que la Palabra de Dios, como la miel, se disfruta.
Probad y ved que Dios es bueno”, les decían. El niño lo aprendía de manera
visual, auditiva y por medio del gusto.
De los 6 a los 10 años se memorizaba la Tora, (Génesis, Éxodo,
Levítico, Números y Deuteronomio). Hoy día los niños aprenden y memorizan,
pero otras cosas.
De los 10 a los 14 años sólo continuaban los mejores: pasaban a otra
etapa de la educación, en la que habían de aprender hasta Malaquías, el
resto de las escrituras hebreas.
Partiendo de los 13 y 14 años se les enseñaba a procesar la
información de forma interactiva usando diferentes métodos. Uno de ellos era
el de preguntas como “¿Cuánto es 2+2?” A lo que al alumno respondía:
“¿Qué es 16/4?” De esa manera, los alumnos estaban demostrando que
entendían bien. Un día un experto de la ley le preguntó a Jesús ¿qué tengo
que hacer para heredar la vida eterna? Y Jesús respondió ¿qué está escrito
en la ley? (Lucas 10:25, 26)
Por esa razón Jesús respondía con preguntas las preguntas que se le
hacían.
Cuando Jesús visitó el templo por primera vez, se quedó ahí sin que
José y María lo supieran; estaba en la etapa de los doce años. Las
autoridades religiosas se admiraban de la forma como Jesús hacía las
preguntas.
Otro hecho que confirma el conocimiento que los judíos tenían de las
Escrituras se registra en las palabras que María expresa en su encuentro con
Elizabeth, conocido como el “cántico de María” o el Magníficat, (Lucas 1:46-
53) que está compuesto de porciones del Antiguo Testamento que ella había
memorizado en su infancia y juventud.
En la actualidad, los judíos todavía siguen aprendiendo de memoria.
¿Cuándo fue la última vez que un muchacho de 12 años te pidió que
se le permita leer las Escrituras? Eso era lo que más deseaban hacer los
jóvenes en esa época.
Jesús vivía en ese contexto educativo.
Después de cumplidos los 14 años, los jovencitos tenían la posibilidad
de seguir estudiando al ser invitados por un Rabí, quien le transmitiría sus
enseñanzas. Pero los privilegiados solo eran los mejores estudiantes.

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Para los padres judíos era un sueño que sus hijos fueran educados y
llamados por un Rabí, quien reproduciría su doctrina para perpetuarla.
Algunos rabíes, por la autoridad que tenían, habían llegado a hacer su
propia interpretación de la Escritura (el Yugo Mateo 11:30), por lo que algunas
veces llegaban a diferir con otros.
El Rabí llegaba a adoptar un sistema de vida propio, demostrando,
con su testimonio, cómo se debía vivir lo que enseñaba, y esperaba que los
discípulos reprodujeran su vida.
Estas autoridades religiosas tenían la posibilidad de permitir o prohibir.
Jesús les dijo “yo os doy autoridad para…” (Marcos 6:7)
La filosofía de vida basada en su interpretación era conocida como su
yugo. Era una enseñanza particular de un Rabí. Éstos solían tener una lista
de exagerados requerimientos religiosos. En contraposición, Jesús dijo: “Mi
yugo es fácil”, es de libertad, no de opresión. (Mateo 11:29)

El llamado
Cuando alguien quería seguir a un Rabí, el discípulo potencial se
ofrecía diciéndole que su enseñanza le gustaba y que quería reproducirla en
su vida. En otras situaciones el Rabí lo buscaba para invitarlo a ser su
discípulo.
Una vez elegido o aceptado el discípulo, el Rabí indagaba cuánto
sabía de las Escrituras por medio de preguntas. Se esperaba que las
conociera y supiera a la perfección.
El Rabí preguntaba sobre un texto, pero no se refería a ese versículo.
Podría estar pensando en el anterior o el posterior, y se le debería responder
usando el anterior o el posterior, comenzando así una disertación de lo que
trataban. El formato de preguntas ayudaba en la argumentación del tema.
En muchas ocasiones Jesús solo iniciaba un texto y lo dejaba
inconcluso, pues se esperaba que los demás lo supieran. Además, respondía
con otra pregunta a las preguntas que se le planteaban.

¿Quién llegaba a ser discípulo?


El Rabí deseaba perpetuar su yugo (enseñanza), así que buscaría
discípulos que tuvieran la capacidad de hacerlo.
El maestro debía preguntarse: ¿Este estudiante tiene potencial para
ser lo que yo soy y reproducir mi enseñanza en su vida, perpetuándola así,
para las nuevas generaciones? ¿Tiene lo necesario para hacer lo que yo
hago? Si él puede ser como yo, entonces le diré: “Sígueme”.
El candidato a discípulo debería estar dispuesto a decir: “Dejaré
familia, oficio y amigos; dedicaré mi vida para ser como mi maestro”.
Todo lo que el Rabí hacía, el discípulo lo debía hacer, no importando
la edad que éste tuviera. Si el maestro cortaba el pasto, el discípulo lo haría.
También debía tomar conciencia para agradecer a Dios, aun por las cosas
más comunes y elementales de la vida. Debía mantener una profunda y
permanente adoración a Dios.

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El discípulo estudiaba la enseñanza de su maestro, hablaba de ella;
era su pasión seguirlo y aprendía mirando la manera como enseñaba.
Cuando llegaba un Rabí a una sinagoga, le daban el rollo, y él lo
besaba lleno de alegría. Cuando Jesús fue a la sinagoga, fue él quien dirigió
la adoración.
Al pasar el tiempo, el Rabí evaluaba a su seguidor. Pero si éste no
tenía las posibilidades de ser como él, entonces le decía: “Ora para que tu hijo
pueda ser un discípulo de un Rabí. En tanto regresa a tu casa y aprende el
negocio de tu familia, aprende el oficio de tu padre y sé un buen hombre”.

Jesús llama a sus discípulos (Mateo 4:18-22)


Cuando Jesús caminaba por Galilea encontró a uno de estos
muchachos, cuyos padres habían soñado con la posibilidad de que su hijo
fuera seguidor de un gran Rabí, pero no había podido llegar a ser un discípulo
y había aprendido el oficio de su padre.
Muchas veces nos vemos retratados en ese cuadro: intentando seguir
a Jesús y no podemos. Entonces regresamos desanimados a nuestra vida
cotidiana, para hacer lo que comúnmente habíamos estado haciendo.
Lo sucedido esa mañana, sin embargo, nos recuerda que tenemos un
llamado y una oportunidad. Una familia de pescadores realiza las tareas
comunes y cotidianas; a la distancia logran ver a un rabí caminando cerca de
donde ellos están trabajando con las redes.
¿Cuántos suspiros saldrían de sus corazones, recordando cuánto
habían anhelado llegar a ser discípulos de un rabí?
Sorprendentemente todo cambió cuando una voz los sacó de sus
absortos pensamientos. ¡Recibieron una invitación! Era para Pedro y Andrés,
así como habría una para Juan y Jacobo, los hijos del Zebedeo.
¿Por qué eran ellos pescadores? Porque el papá lo era. Ellos
esperaban procrear esperando que alguno de sus hijos fuera, con suerte,
discípulo de un rabí, ya que ellos no habían sido elegidos.
No entendían lo que sucedía y les era difícil dar crédito a lo que veían
y, sobre todo, a lo que escuchaban: Jesús les estaba diciendo: “Síganme, que
los voy a hacer pescadores de hombres”. ¡Los estaba invitando a ser sus
discípulos!
Piensa un poco en este momento. ¿Cómo sería la respuesta de
Pedro, Andrés, Jacobo y Juan? Tendemos a pensar e imaginarnos que los
discípulos salieron corriendo siguiendo a Jesús, como si estuvieran en un
trance hipnótico; pero, ¿qué era en realidad lo que pasaba?
Ellos ya habían escuchado hablar de Jesús y cuando él los llamó
sabían que sus vidas cambiarían. “Sabían qué clase de hombre era y estaban
dispuestos a seguirlo”. ¿Por qué lo siguieron inmediatamente? Porque les
hizo una invitación, y ese hecho es garantía de que pueden llegar a ser como
él es. Si no hubiera sido así, los habría dejado trabajando en la barca de su
padre.

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Pensemos en cuántas veces hemos escuchado una invitación a dejar
las redes, para seguir a Jesús.
“Ninguno de los cuatro habría sido considerado, por los sabios de la
nación, poseedor de suficientes cualidades como para ser seguidor de un
maestro. Eran humildes y les faltaba conocimiento, pero esas características
eran los requisitos previos para ser discípulos de Jesús”.
Ellos pensaban: “Él nos tiene confianza; cree que podemos ser como
él”. Ellos no dudan en seguirlo, porque están seguros de que serán como el
Rabí.
¿Qué te ha hecho pensar que tú no puedes ser como él cuando es él
quien te está llamando?
Habían estado en una barca con su padre; habían aprendido el oficio
y reparaban las redes. Sin embargo, dejaron a su padre y a las redes, y lo
siguieron con una ilusión y una garantía.
Seremos discípulos de Jesús porque él cree que lo podemos ser, por
eso fuimos llamados.
No se registra un grito del padre, con el que empezara a reclamarles:
“¡Oigan, muchachos! ¿Adónde van? ¡Tenemos mucho trabajo!”. Más bien,
debieron haber aparecido lágrimas de alegría mezcladas con orgullo de padre
al descubrir que su hijo es considerado digno de ser un discípulo.
Imaginemos lo que sucedió después con Zebedeo. Al regresar a casa
le dice a la esposa: “¿Ya te diste cuenta que los muchachos no están
conmigo? No sé si te imaginas, pero ya no vendrán”.
– ¿Por qué? ¿Qué pasó? ¿Tuvieron algún accidente? – pregunta
preocupado el padre.
–Ni te imaginas– dice con una sonrisa que desconcierta a todos, pues
llora, pero lágrimas de alegría–. Se han ido, un rabí los llamó. El rabí Jesús
los llamó para ser sus discípulos. Él dice que nuestros hijos tienen todo lo que
se necesita para ser seguidores de él. ¿Te puedes imaginar cómo me siento?
Se le hace una noche interminable, desea salir de su casa y pasear
por la aldea y decir: “Mis hijos no estarán más conmigo. ¿Ya se dieron
cuenta? ¿Y saben porque no están conmigo ahora? Porque un Rabí, el gran
Maestro, los ha llamado para que estén con él. Y ahora ellos aprenderán y
llevarán un nuevo yugo. Él creyó en mis hijos y los ha llamado para que
aprendan, pues quiere que ellos se encarguen de perpetuar su enseñanza.

Un nuevo yugo
No era común que se enseñara un nuevo yugo. Tenía que pasar
realmente mucho tiempo; y regularmente se hablaba lo que otros rabíes
habían dicho.
Era común que el rabí enseñara lo que otro había enseñado antes; sin
embargo, en pocas ocasiones se decía: “¿Oíste que os fue dicho…? Ahora yo
os digo…” ya que esta era una nueva enseñanza de alguien que interpretaba
el texto de nuevas maneras.

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Lecciones para aprender
Mateo 14:22-33.
Un incidente marcaría la vida de Pedro algunos años después de ser
llamado para ser un discípulo: Jesús apareció caminando sobre el agua,
mientras que los discípulos estaban en la barca en medio de una tormenta
implacable. Y resulta que los discípulos se asustaron.
Ellos veían el mar como un depósito de lo que no se quería: los
puercos con demonios (Mar. 5:13), los que hacen caer a los pequeños, los
pecados, para finalmente desaparecer (Apoc. 21:1). Temían ser tragados por
esa tormenta.
Cuando Jesús les dijo que no era un fantasma, como ellos pensaban,
Pedro le pidió ir sobre el agua, pues deseaba hacer lo que su maestro hacía.
Como buen discípulo, quería imitarlo en todo.
Un descuido, sin embargo, le hizo perder de vista a Jesús y cuando se
empezó a hundir, Pedro le grita: “¡Sálvame!” A lo que Jesús respondió:
“¡Hombre de poca fe!, ¿por qué desconfiaste?”
–Pedro, ¿no tienes fe en mí? Si yo no me hundo, ¿por qué tienes
miedo?
Lo que sucedió es que Pedro estaba perdiendo la confianza de ser
como su maestro.
Jesús le dice: “Tú lo puedes hacer; no digas que no se puede ser
como tu maestro, el Rabí. Te he llamado porque sé que juntos lo podemos
hacer. No te ofreciste; yo te llamé porque sabía que yo te podría ayudar y
podrás.
El Rabí sabe que Pedro ha perdido la confianza en que puede ser
como su Maestro. Lo quiere ayudar. Pedro tiene que entender que sus logros
no son para ser presumidos delante de los demás.
Quizá Jesús está pensando lo mismo hoy de ti. Tú puedes ser como
él, no para presumir, sino para resguardar su enseñanza. Su yugo es fácil y
ligera es su carga.
Quiero llamar tu atención a algo: “Él llamó a muchachos, a jóvenes”.
Pedro era casado (recordemos que sanó a la suegra) mayor de 21
años, ya que es el único que discute sobre los impuestos, (solo los mayores
de edad pagaban impuesto). Es posible que Pedro haya sido el mayor del
grupo y el líder, por ende.
Pero los demás eran muchachos jóvenes de la preparatoria o
iniciando la universidad, y Jesús pensó que ellos serían capaces de hacer
todo lo que se les propusiera. No tendrían límites para sus sueños. Por eso
los quería.
Este Rabí llamó a un grupo de muchachos que tal vez no eran los
mejores; otro Rabí no los habría considerado como posibles candidatos; sin
embargo, Jesús sabía que tendrían el carácter y el valor de cambiar al mundo.
Había confiado en muchachos jóvenes, había creído en ellos; y con
ellos y su enseñanza, cambió al mundo.

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No sé qué estás pensando ahora mismo, pero Dios te llama para que
seas un discípulo que será usado por su amor para llevar a un mundo
desesperado su mensaje de amor y esperanza: el yugo nuevo del Rabí de
Galilea.

Seguir a Cristo
Juan 1:43 y 44
Felipe, de Betsaida, una aldea pequeña, había sido llamado desde
joven. Ya casado y con familia había sido enviado a evangelizar a Hierápolis,
que era uno de los centros más importantes en la cultura Romana; ahí,
Domiciano había erigido un arco grande, y cuantos pasaban por debajo de él
decían: “Domiciano es mi dios”.
Felipe tenía muy en claro lo que había aprendido de muchacho.
Cuando llegó a la ciudad no pasó por el arco, ya que sabía que había un
único Dios.
Cuando se supo lo que había hecho, le fue quitada la vida a su
familia, luego a él. Muchos de los discípulos sufrieron persecución y muerte
pero nunca abandonaron las enseñanzas de su Maestro, porque no
esperaban una recompensa aquí, en la tierra, sino en el cielo: “Sé fiel hasta la
muerte y yo te daré la corona de la vida” (Apoc. 2:10 u.p.).
Hoy se repite el llamado para ser sus discípulos. El mismo Jesús ha
venido para invitarte a reproducir su enseñanza en tu vida. No te detengas
ahora porque él sabe que puedes ser fiel a Dios.
Dios llama a los que han sido maltratados, a los que han tenido
problemas, a los que se sienten solos o creen que no pueden.
“Yo los elegí a ustedes, porque creo que pueden ser mis discípulos.
Yo los voy a capacitar”.
La invitación está hecha, sólo cree y decide ser un discípulo de Jesús.
Los que en el pasado han decidido seguirlo, ¿quisieran en esta hora
reafirmar esa decisión?
¿Te gustaría a ti ser su discípulo? Él te llama…ven. Si te está
llamando es porque sabe que podrás serlo. “Mi yugo es fácil y ligera mi
carga”. Ven y síguelo hoy y siempre…

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2 - CÓMO DAR SENTIDO A LA VIDA
Orientaciones y herramientas para el predicador

Enseñanza principal
Tenemos la responsabilidad de administrar sabiamente la vida. Las
oportunidades diarias y los pequeños actos marcarán nuestro futuro eterno.

Idea principal para predicar


Somos llamados a administrar nuestras vidas y dar cuentas a Dios de
los bienes confiados, lo que a su vez serán una prueba de reconocimiento y
fidelidad a Dios.

Invitación para tomar una decisión


Darle todo lo que tenemos al Señor para que él nos ayude a
administrar nuestros recursos en forma sabia: vida, tiempo, recursos, dones,
oportunidades.

CÓMO DAR SENTIDO A LA VIDA


El relato de los talentos
Mateo 25:14-28

Hay una realidad que no podemos pasar por alto: tu manera de ver la
vida influirá poderosamente en cómo empleas tu tiempo, tu dinero, tus
talentos y cómo valoras tus relaciones.
Algunos consideran que la vida es como un circo, un campo de minas,
una montaña rusa, un rompecabezas, una sinfonía, un viaje, un baile, un
carrusel, una bicicleta de diez velocidades que nunca usamos.
Sin duda, todos tenemos nuestra propia descripción de lo que es la
vida y lo que esperamos de ella.
Es interesante notar que a menudo expresamos nuestra perspectiva
de la vida en la forma en que vestimos, en el automóvil que tenemos, los
peinados que usamos, las cosas que les pegamos a los carros en la defensa,
y hasta en los tatuajes que tanto se usan.
Lo que pensamos determina nuestras expectativas, nuestros valores,
las relaciones que tenemos, las metas y prioridades.
Pensemos en algunos ejemplos:
 Si crees que la vida es una parranda, entonces tu valor
primordial en la vida será pasarla bien.
 Si crees que la vida es una carrera, le darás valor a la
velocidad y es posible que siempre andes de prisa.
 Si ves la vida como un maratón, la perseverancia será valiosa
para ti.
¿Cuál es tu visión de la vida?

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Parábola
Jesús está con sus discípulos en los últimos días antes de su
crucifixión. Se ha enfrentado a los fariseos llamándoles la atención sobre la
forma en la que llevan su vida y lo improductivo, vacío, falso y estéril que es el
sistema que practican.
Les cuenta la parábola de las diez vírgenes y destaca la preparación
personal para el retorno prometido de Cristo. Entonces les cuenta otra
parábola:
Todo sucedió en el ambiente de una hacienda. La decisión tomada
marcó poderosamente la vida de los empleados, al encontrarle a la vida un
sentido que antes no le habían visto.
El dueño de la hacienda, de manera sorpresiva, convoca a una
reunión a todos sus empleados. Sin entrar en muchos detalles les hace saber
que emprenderá un viaje largo, y sin más, de pronto se pone a repartir sus
bienes.
“Porque el reino de los cielos será semejante a un hombre que al
emprender un viaje largo, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes”.
(Mateo 25:14)
¿Qué tiene en la mente este hacendado? Tiene dos propósitos:

1. Incrementar sus bienes y


2. Probar a sus siervos antes de confiarles mayores
responsabilidades.

“Del mismo modo, Cristo ha confiado la obra del Evangelio a los


hombres a fin de hacer progresar su reino en la tierra y preparar a sus siervos
para llevar mayores responsabilidades” (Comentario Bíblico Adventista, pág.
498).
Permítanme hacerles una propuesta partiendo de esta enseñanza: si
quieren darle sentido a su vida deben entender en primer lugar, que la vida es
una prueba:
Mateo 25:15: “A uno dio cinco talentos, a otro dos, y a otro, uno. A
cada uno dio conforme a su capacidad y se fue lejos”.
El Comentario Bíblico Adventista menciona que “…la plata que había
en una talento pesaba aproximadamente 34 kg., correspondiente al salario
mínimo para un trabajador por 20 años de trabajo”.
Dios prueba el carácter, la fe, la obediencia, el amor, la integridad y la
lealtad de las personas.
Como ejemplos podríamos mencionar a Abraham, al pedirle a su hijo.
A Jacob, en la lucha con el ángel.
El carácter se desarrolla y manifiesta por medio de las pruebas. La
vida en sí es una prueba.
Somos probados en cómo reaccionamos con la gente, los problemas,
los éxitos, los conflictos, la enfermedad, el desaliento, incluso, el tiempo. En

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las cosas más sencillas somos probados. Pequeñas cortesías, como cuando
recoges una basura.
“El amo dividió el dinero entre sus siervos de acuerdo
a sus capacidades: nadie recibió ni más ni menos dinero del que podía usar.
En caso de que no pudiera cumplir con la tarea del amo no podría excusarse
con que se sentía abrumado”. Como barro en sus manos, por Luis Gabriel
César, pág. 94.
Quizá Dios nos está probando con cambios drásticos, promesas
retrasadas, pruebas difíciles, oraciones no contestadas, críticas no merecidas,
e incluso, tragedias sin sentido.
Cuando entendamos que la vida es una prueba, nada será
insignificante para nosotros.
Finalmente, todo lo que nos sucede sirve para la edificación de
nuestro carácter.
Cada día es una oportunidad para crecer y para forjar el carácter; para
mostrar amor y depender de Dios.
Por pequeña o grande que sea la prueba, todas tienen implicaciones
eternas.
Cuando Dios te llame a cuentas encontrarás que de cada oportunidad
que te fue concedida se te pedirá cuentas y tendrás una recompensa.
Vale la pena mencionar que el dinero, como se emplea en la parábola,
representa cualquier clase de recurso que se nos confía. Dios nos da tiempo,
capacidades, dones y otros recursos, de acuerdo a nuestras habilidades y
espera que los usemos con sabiduría hasta que regrese.
Apenas el dueño de la hacienda les entregó sus bienes, ellos salieron
cavilando en su corazón qué harían con lo que habían recibido.
En Tezopaco (antiguo colegio de internado en el estado de Sonora en
México) cuando llegaban giros telegráficos, el que recibía el sobre lo abría con
ansias por ver cuánto dinero le habían mandado. Era curioso, pero lo que
hacíamos la gran mayoría era comprar comida y luego… pues se acabó el
dinero.
Noten, sin embargo lo que sucede en la parábola.
Vs. 16. “Inmediatamente, el que había recibido cinco talentos se fue,
negoció con ellos y ganó otros cinco talentos.”
Vs. 17. “De la misma manera, el que había recibido dos ganó también
otros dos.”
Para darle sentido a la vida debemos de entender que: La vida en la
tierra es un fideicomiso (una transferencia de bienes, para ser administrados).
“Sin duda, el Señor no confió a sus siervos más de lo que pensaba
que podían manejar sabiamente. Por otra parte les dio lo suficiente como para
incentivar su ingenio y habilidad proporcionándoles así la oportunidad de
adquirir experiencia”. (Comentario Bíblico Adventista, pág. 498)
Dios nos ha dado tiempo, talentos, cuerpo, recursos; nos ha dado,
además, inteligencia, oportunidades, relaciones. Todo ello con el propósito de
que sea administrado.

15
Tenemos la obligación de usar bien lo que Dios nos ha dado. La
cuestión no es cuánto tenemos, sino qué hacemos con lo que tenemos.
Este principio de mayordomía comienza cuando reconocemos que
Dios es el dueño de todos y de todo en la tierra. “Del Señor es la tierra y su
plenitud, el mundo y los que en él habitan.” (Salmo 24:1)
No tenemos nada en esta tierra. A razón de nuestra corta estadía,
Dios nos presta los bienes de la tierra, que son de él y que los prestó antes a
otro antes de que llegáramos y cuando muramos se la prestará a otros más.
Desde el mismo principio Dios le dio a administrar a Adán y a Eva el
Edén. “Los bendijo Dios y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y
sometedla; ejerced potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y
todas las bestias que se mueven sobre la tierra". (Génesis 1:28)
“Porque ¿quién te hace superior? ¿Y qué tienes que no hayas
recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras
recibido?” (1 Corintios 4:7)
“Jesús volverá, sabemos que es así. ¿Significa esto que debemos
abandonar nuestras ocupaciones a fin de servir a Dios? No; quiere decir que
debemos usar con diligencia nuestro tiempo, talentos y pertenencias a fin de
servir a Dios en todo lo que hagamos”. (Biblia del Diario Vivir, pág. 1272)
“Ahora bien, lo que se requiere de los administradores es que cada
uno sea hallado fiel”. (1 Corintios 4:2 versión Reina Valera)
“A los que reciben un encargo se le exige que demuestren ser dignos
de confianza” (paráfrasis).
El Señor fue cuidadoso en decidir cuánto daría a cada uno y luego
exigió fidelidad.
“Los bienes que recibimos no son nuestros. El capital que se nos ha
confiado debe usarse y las ganancias que se logren siempre son propiedad
del Señor. No tenemos derecho de atesorar estos talentos. Cuando el Señor
Jesús regrese, espera recibir lo que es suyo y además la ganancia”.
(Diccionario Adventista del séptimo día 7-A pág. 219).
Al final de tu vida en esta tierra serás evaluado y recompensado
según cómo uses lo que Dios te confió. Eso significa todo lo que hagas.
“El Señor no pedirá de los pobres lo que no tienen para dar. No exigirá
de los enfermos las energías activas de las cuales carece la debilidad
corporal. Nadie debe quejarse porque no puede glorificar a Dios con talentos
que nunca le fueron confiados. Pero si tenéis un talento nada más, usadlo
bien y aumentará. Si los talentos no se entierran, ganarán otros talentos”
(Diccionario Bíblico Adventista, tomo 7-A, pág. 219).
Mucha gente no logra darse cuenta de que el dinero es, tanto prueba
como fideicomiso.
Dios usa las finanzas para enseñarnos a confiar en él.
Uno de los empleados salió temeroso, muy pensativo y sutilmente se
perdió de la hacienda. Nadie supo a ciencia cierta a dónde había ido;
sencillamente desapareció y luego de un tiempo fue encontrado dando
vueltas de un lado a otro, sin hacer nada significativo con su vida y sus

16
bienes. Parecía que deseaba que el tiempo pasara, tal vez no. Sólo le
quedaba esperar que regresara su amo.
El texto bíblico nos descubre qué fue lo que pasó:
Vs. 18. “Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y
escondió el dinero de su señor”.
Para darle sentido a la vida necesitamos entender que:

Es una asignación temporal


“Para hacer buen uso de la vida nunca debemos olvidar dos verdades:
primero, la vida comparada con la eternidad es extremadamente breve.
Segundo, la tierra es una residencia temporal”. (Una vida con propósito, por
Rick Warren, pág. 48)
Dice el himno: “No puede el mundo ser mi hogar, no puede el mundo
ser mi hogar. En gloria tengo mi mansión, no puede el mundo ser mi hogar”.
(Himnario Adventista #494)
“Tu identidad está en Dios que es eterno y tu patria es el cielo”.
Recuerda: “Soy peregrino aquí, no hallo do morar, en áurea playa está mi muy
lejano hogar”. (Himnario Adventista #357)
Esto explica por qué hay anhelos que no serán satisfechos de este
lado de la eternidad. No somos completamente felices aquí porque no se
espera que lo seamos.
La tierra no es nuestro hogar final.
Hemos sido creados para algo mucho mejor.
“Cuando entendemos esto podemos darle sentido a la vida. Esto
debería cambiar radicalmente nuestros valores. Los valores eternos, no los
temporales, deben ser los factores determinantes que influyan en nuestras
decisiones. C.S. Lewis observó: ‘Todo lo que no sea eterno es enteramente
inútil’”. (Una vida con propósito, por Rick Warren, pág. 25)
Vs. 19. “Después de mucho tiempo, vino el señor de aquellos siervos
y arregló cuentas con ellos. 20. Cuando se presentó el que había recibido
cinco talentos, trajo otros cinco talentos y dijo: ‘Señor, me entregaste cinco
talentos; he aquí he ganado otros cinco talentos.’ 21. Su señor le dijo: ‘Bien,
siervo bueno y fiel. Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en
el gozo de tu señor.’ 22. Y cuando se presentó el que había recibido dos
talentos, dijo: ‘Señor, me entregaste dos talentos; he aquí he ganado otros
dos talentos.’ 23. Su señor le dijo: ‘Bien, siervo bueno y fiel. Sobre poco has
sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu Señor.’ 24. Pero
cuando se presentó el que había recibido un talento, dijo: ‘Señor, yo te
conozco que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y
recoges donde no esparciste. 25. Y como tuve miedo, fui y escondí tu talento
en la tierra. Aquí tienes lo que es tuyo.’ 26. Su señor respondió y le dijo:
‘¡Siervo malo y perezoso! ¿Sabías que cosecho donde no sembré y recojo
donde no esparcí? 27. Por lo tanto, debías haber entregado mi dinero a los
banqueros, y al venir yo, habría recibido lo que es mío con los intereses. 28.
Por tanto, quitadle el talento y dadlo al que tiene diez talentos. 29. Porque a

17
todo el que tiene le será dado, y tendrá en abundancia; pero al que no tiene,
aun lo que tiene le será quitado. 30. Al siervo inútil echadlo en las tinieblas de
afuera.’ Allí habrá llanto y crujir de dientes”.
La aprobación del Señor no era proporcional a la ganancia de cada
uno, sino a la fidelidad demostrada.
“El galardón por el servicio fiel había de ser una mayor oportunidad de
servicio. Los que aprovecharon las pequeñas oportunidades se les dio
oportunidades mayores. En parte, el galardón por el servicio fiel se recibe en
esta vida. Pero Jesús se refiere aquí principalmente a la recompensa del
mundo venidero” (Palabras de vida del Gran Maestro, pág. 295).

Conclusión
Relato
Un misionero había pasado muchos años de su vida al otro lado del
océano. Al jubilarse, volvió a casa en los EEUU en el mismo barco en el que
viajaba el Presidente de la nación. Al ver la algarabía con la que recibían al
Presidente sintió indignación contra Dios. Una voz tierna le dijo: “Pero, hijo
mío, tu aún no has llegado a casa”.
“A los ojos de Dios, los grandes héroes de la fe no son los que han
logrado prosperidad, éxito y poder en esta vida, sino aquellos que la ven como
una asignación temporal y sirven fielmente, esperando su recompensa en la
eternidad” (Una vida con propósito, pág. 25).
Para darle sentido a la vida es necesario entender que la vida es una
prueba, una oportunidad para administrar los bienes asignados y es temporal.
“En lo poco has sido fiel, sobre mucho te pondré…entra en el gozo de
tu Señor”. (Mateo 25:23)
Dios te bendiga.

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3 - EL MILAGRO TIENE UN PRECIO
Orientaciones para el predicador

Enseñanza principal
Dios puede hacer milagros en nuestra vida si tan sólo creemos en él y
sus promesas. Es sólo la gracia de Dios la que nos puede sanar, no importa
nuestra necesidad.

Idea para predicar


Esta narrativa requiere adentrarse en el personaje principal de la
historia y darle vida propia al relato.
Cuántas veces el Señor nos muestra su voluntad de una forma
extraña donde menos esperamos y de quien menos nos imaginamos, pero
está siempre presente para guiarnos a hacer su voluntad.
No es el ser humano quien promueve la sanidad de nuestras almas,
sino Dios.

Invitación para tomar una decisión


Hablar de los deseos que no se han cumplido, de los problemas que
enfrentamos y no los sabemos cómo solucionar.
Hablar acerca de las expectativas que generamos cuando buscamos
a Dios y sentimos que no se alcanzan. Venimos a la iglesia y de pronto nos
parece todo tan sencillo que ni siquiera lo queremos hacer, pues
esperábamos algo grande y difícil de resolver.
Creer en Dios y en que puede obrar un milagro en nuestra propia vida.
No sé de qué tamaño sea el milagro que necesitas pero pídeselo a
Dios.

EL MILAGRO TIENE UN PRECIO


Texto clave: 2 Reyes 5

Marco histórico
(Voz oculta) A toda alma sincera “que anda en tinieblas y carece de
luz” se da la invitación: “Confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su
Dios”, “porque nunca jamás oyeron los hombres, ni con los oídos percibieron,
ni ojo de nadie ha visto, fuera de ti, oh Dios, las cosas que hará el Señor por
aquel que le espera. Sales al encuentro del que se regocija en obrar justicia,
de los que en tus caminos se acuerdan de ti”. (Isa. 50:10; 64:4, 5) Deseado de
todas las gentes, pág. 189.
Todos, de alguna manera, necesitamos un milagro en nuestra vida.

19
Permíteme tomar el lugar de Naamán y decirte cómo nos relataría él
su historia si tuviese que hacerlo en esta hora, para animarte a creer en un
milagro.
“Nací en un hogar nacionalista; crecí orgulloso de mi nación y mi
gente. Lo recibí de mis padres como parte de mi educación diaria. El ejército
y sus soldados llamaban mi atención y, mientras crecía, aumentaba en mi
corazón el anhelo de ser un soldado fiel de mi país.
Las cosas se fueron dando: el ejército del reino cada día hacía
incursiones más grandes y llenas de riesgos. Escuchar esas historias
alimentaba mis anhelos y me invitaban a soñar despierto.
Cuando la oportunidad llegó, me enlisté para formar parte de ese
ejército. Como todo aspirante a soldado, comencé con las tareas más simples
y aparentemente insignificantes. En cada una de ellas fui fiel, pensando que
sólo sería por poco tiempo, porque mi lugar estaba reservado entre los
mejores. Nunca deje de pensar así.
Mientras, los días transcurrían y las oportunidades se daban. Trabajé
con ahínco hasta conseguir lo que quería. Fui reconocido por mi fidelidad y mi
anhelo de superarme, y un buen día finalmente empecé a ascender. Se me
concedieron, entonces, altos privilegios.
Una mañana sucedió algo mejor al haber sido llamado para ser
general del ejército del rey de Siria.
Más honor no podía tener; la vida me sonreía. Me casé, entonces, con
una mujer no sólo bella, sino de carácter noble y refinado. Los mejores días
estaban por venir.
En una de las incursiones a Israel logramos dar muerte a un temido
rey llamado Acab y logramos tomar de los hijos de Israel siervos y siervas
como trofeos para repartir como preseas después de la batalla.
En esa ocasión llevé conmigo a casa una niña de corta edad, pero
suficiente para que sirviera a mi esposa. De alguna manera su rostro sereno
en medio de todo lo que estaba pasando me había despertado confianza,
pues ella sabía que nunca más volvería a su hogar ni vería a sus padres, de
cuyos brazos había sido arrancada apenas unos días atrás.
Ahora sé que ella había crecido en un hogar feliz y que sus padres
eran temerosos de Dios y practicaban su religión con alegría, pues confiados
en él, reclamaban sus promesas para sus vidas.
La llegué a admirar porque a pesar de su juventud, supo
sobreponerse a una condición de vida muy triste. La vida no parecía ofrecerle
gran cosa, y podría haberse amargado si se hubiera dedicado a pensar en sí
misma y en su desgracia. (Comentario Bíblico Adventista, pág. 871)
Quizá sea difícil entender por qué Dios permite circunstancias que
lastiman nuestro corazón y que llenan nuestra vida de incertidumbre de que él
dirija nuestros pasos.
Una temporada difícil, un problema familiar, una enfermedad
inesperada, la pérdida de un ser querido, el olvido de alguien que un día te
prometió amor y hoy manifiesta entera indiferencia, pocos recursos

20
económicos cuando hemos hecho nuestros máximos esfuerzos, un hogar que
se desintegra sin poder hacer nada para remediarlo.
¡Qué cosas! Yo lamentaba inconscientemente su condición, sin saber
que muy pronto ella lamentaría la mía.
Un día de esos cuando yo pensaba que todo estaba bien y que no
podía desear algo más, una pequeña llaga se detectó en mi cuerpo y
desencadenó lo que sería una tragedia en mi hogar y en mi vida profesional.
Aunque las muestras de aprecio y de solidaridad no se hicieron
esperar, prefería no encontrarme con la gente ni con mi ejército. Sumido en mi
desesperación y desánimo, empecé a llevar la tristeza a dónde iba. No sólo
eso estaba mal; también en mi hogar las cosas empezaron a ser difíciles.
La pequeña sirvienta lo notó y su corazón fue conmovido. Ahora me
doy cuenta que el primer milagro sucedió en su corazón, porque teniendo
motivos para odiarme no lo hizo.
Incluso, razones sobradas tenía para desconfiar de su Dios y
olvidarlo; para pensar que me merecía lo que me pasaba como un castigo de
Dios por haberla arrancado de su hogar. Si lo pensó nunca lo dijo.
La lepra que yo tenía me estaba matando; los médicos no me podían
curar. Habíamos probado de todo; además, temía contagiar a mi ejército.
Mis músculos, una vez fuertes, se estaban atrofiando; mis fosas
nasales estaban muy dañadas: se podía percibir la inflamación; los nervios
empezaron a perder sensibilidad, no había dolor, pero me aterraba que las
extremidades se mutilaran al igual que mi cara, especialmente la nariz.
Comía sólo por insistencia de mi esposa, pero había perdido el
apetito. Hoy hablan de sulfona para curar, pero nosotros no la conocimos. La
prueba de una curación era la ausencia de llagas, aunque quedaran las
cicatrices. Sin embargo, cada mañana las cosas eran peores.
Mi esposa estaba en medio de los jardines, donde solía ir para no ser
escuchada ni vista cuando lloraba. Pensaba en la situación por la que
estábamos pasando y allí oraba a nuestros dioses. Cada día sufría más, pero
delante de mí era fuerte y me animaba.
Una mañana pasó algo que nunca podremos olvidar: la criada, con el
cariño de una hija, se acercó a mi esposa y le dijo algo que revivió una
esperanza que empezaba a morir por no tener con que alimentarla.
“En mi tierra”, dijo ella, “hay un profeta de Jehová que puede sanar a
su esposo”.
Sería este el comienzo para que muchos supiéramos del gran poder
del Dios de Israel, que era sin duda superior al de nuestros dioses, que nada
habían podido hacer por mí.
Cuando miramos a nuestro alrededor pensamos: “Caras vemos, pero
corazones no sabemos”. Aunque nos parezca difícil aceptar, nos necesitamos
unos a otros. Además, cuánto bien nos hace escuchar la forma como Dios ha
guiado tu vida, así como también lo hizo conmigo. No dudes en expresarlo.
Una palabra de aliento en un momento de necesidad es un bálsamo al
corazón. No dejes pasar la oportunidad para hablar de las maravillas de Dios

21
y alentar a otros. Cuando veas a alguien en necesidad, no dudes en hablarle
de ese Dios maravilloso y de las promesas que te han sostenido.
Comenzó una serie de eventos, con tonos llenos de esperanzas. Mi
esposa me contó lo que la criada le había dicho. Yo no podía dejar de
intentarlo y rápidamente, con la ayuda de mis hombres de confianza, me dirigí
al palacio del rey para pedir su venia e ir a la tierra del profeta.
Era tanta mi emoción que le dije al rey de Samaria: “Tú que eres de
gran influencia, mándale una carta al rey de Israel para que me atiendan
bien”. Entre ellos se comunicaban. El rey, sin entender por completo la
petición que le hacía, pero envuelto por mi euforia, envió una misiva dirigida al
rey de Israel, Joram, quien, cuando leyó el pedido, se angustió por lo que ésta
decía (2 Reyes 5:6): “Cuando te lleguen a ti estas cartas, entiende por ellas
que te envío a mi siervo Naamán para que lo sanes de su lepra”.
Vs. 7. El rey Joram rasgó sus ropas preocupado porque sabía que
escapaba de sus manos esa petición. De pronto todo se desmoronaba
delante de mis propios ojos, sin entender por qué se me negaba la
oportunidad de encontrarme con el profeta de quien aquella niña me había
hablado.
Estaba muy cerca de recibir una grande bendición, pero la estaba
solicitando en el lugar equivocado. ¿No sé si te ha pasado a ti?
Vs. 8. Fue entonces que algo volvió a revivir la esperanza: Eliseo se
dio cuenta de que el rey Joram tenía una situación complicada y necesitaba
ayuda.
“Mándamelo”, dijo Eliseo, “y sabrá que hay profeta en Israel”.
Supe después que el mensaje no era sólo para mí, sino también para
recordarle al Rey, hijo de Acab, que los pasos que seguía eran equivocados,
como lo había hecho su padre.
Ambos debíamos reconocer que hay un Dios poderoso en Israel que
puede atender las necesidades de quien lo busque.
En ese momento, lo único que yo quería era ver al profeta y,
entonces, esperaba que él hiciera un milagro delante de mis propios ojos.

Expectativas y desengaños
Caminamos a casa del profeta con los músculos cansados, pero con
la esperanza viva. Cada vuelta que las ruedas del carruaje daban, hacían que
las expectativas crecieran. “Saldrá y me sanará, me estará esperando para
atenderme”, pensaba ya.
Vs. 9. Llegamos a casa del profeta con grandes ilusiones.
Vs. 11. Las expectativas que tenía eran grandes, espectaculares; no
quería que ninguno perdiera detalle.
Después de haberme anunciado cuál no sería mi sorpresa: la casa
contrastaba con el palacio del rey, era sencilla y retirada de las construcciones
hermosas y elegantes del Rey. Todo se veía demasiado sencillo; mi corazón
empezó a dudar.

22
La puerta de esa vivienda humilde debería ser una puerta abierta a la
vida y la esperanza; pero mi corazón se resistía. Las expectativas se
derrumbaban delante de mí, sin poder hacer nada.
Otro detalle que minó mis esperanzas fue que el profeta no salió a
recibirme; ni siquiera me vio. El único recibimiento lo tuve por parte de un
hombre parado en la entrada de la puerta, quien traía un mensaje del Profeta
en sus labios. Era su criado, Giezi.
Qué irónico: una criada me había mandado a buscar al profeta; ahora
un criado salía a recibirme. ¿Acaso no merecía más atención mi persona?
La situación era curiosa: eso no me debería importar, ya que mi salud
era prioridad; sin embargo, de pronto le di importancia.
Vs. 10. Sin poder salir aún de mi asombro por lo que estaba pasando,
él sólo dijo firme y tajantemente: “Ve, lávate siete veces en el Jordán y tu
carne se te restaurará y será limpia”. (2 Reyes 5:10)
Allí estaba la respuesta para mi necesidad; no obstante, como ser
humano, soy muy complejo y en lugar de aceptar la oferta que se me hacía
me puse a pelear por no haberme recibido como yo creía merecer.
En otras palabras: yo llevaba mi propia agenda, había formulado mi
propio plan y esperaba que Dios lo aceptara. Y no siendo las cosas como lo
había imaginado, cualquier pretexto serviría para quejarme, aun cuando el
aceptar la orden redundaría en mi beneficio.
No cabe duda que somos complejos. Sin embargo, hay algo que no
olvidaré: “Hay sabiduría en obedecer las órdenes del Señor”. Quien desea ser
salvo y quiere andar en los caminos del Señor, debe aprender que estos
caminos son infinitamente más altos y mejores que los caminos de los
hombres”. (Isa. 55:8,9.)
No te rías, más bien ten cuidado, pues te puede pasar lo mismo.
No sé cuantas veces Giezi, el criado del Profeta, se asomó por la
puerta y me vio ahí, parado. Es que yo no salía de mi asombro: ¡No vino el
profeta para decírmelo! ¡Envió a su criado!
Giezi quizá pensó que yo no había entendido el mensaje y que por
eso no me movía.
Vs. 11 y 12. Me retiré enojado ya que no era como me lo había
imaginado. Les pregunté a mis soldados que si los ríos que nacían en las
montañas de Amana y Hermón y llegaban hasta Damasco el Abana y el
Farfar no eran mejores que el Jordán adonde me había mandado: un río
lodoso y lleno de fango en sus orillas.
Como yo estaba tan cansado y muy desilusionado, emprendí el
camino de vuelta a casa sin ser curado, razón por la cual había ido hasta esas
tierras.
Me da la impresión de que a veces también tú te quejas y de pronto,
al comparar el lugar de donde vienes, llegas a la conclusión de que no vale la
pena estar en este lugar, buscando a Dios.

23
Yo no lo quería entender, pero el Dios de los cielos había guiado mis
pasos hasta ese lugar porque tenía preparado para mí algo muy especial,
como lo tiene para ti también.
Ahora lo veo así: el Señor quiere nuestra felicidad y en otro lugar no la
encontraremos. Gracias a Dios que aún hay quien ve con optimismo nuestras
vidas y posibilidades y nos ayuda a seguir adelante.
Y, ¿por qué no decirlo? Miserable el que desanima a alguien a no
cumplir la voluntad de Dios en su vida.

Busca, lucha, pero no desistas


Vs. 13. Otra vez mis “criados”, demostrando que eran más sabios que
su propio amo, se acercaron diciéndome: “¿Te parece mucho hacer lo que te
pide el profeta? Anda y prueba; no pierdes nada. Quizá ésta sea tu solución.
No te vayas sin antes haber probado lo que se te propone”.
Otra vez los criados, guiados sin duda por Dios, estaban diciéndome
qué hacer. Mi orgulloso corazón debía de doblegarse y ganar la victoria sobre
mi voluntad terca y egoísta.
Entonces acepté; probé la alternativa que se presentaba delante de
mí y, sin pensarlo más, fui al Jordán y me sumergí en sus aguas.
El fango de la orilla del río turbio del Jordán acabó con lo último que
de mi orgullo quedaba. El lodo se pegaba en mis piernas y cubría mis llagas.
Pensaba para mis adentros: “Si no sano moriré más rápido por la infección
que agarraré con este lodo maloliente”.
Ante la mirada incrédula de mis siervos y soldados, empecé un rito
desconocido para todos: sumergirme en el agua y salir.
No bastó una ni dos veces, hubo que sumergirse las siete veces que
el profeta había indicado porque, aun en la sexta ocasión, no había cambios.
Si hay algo desesperante es desear algo, hacer todo lo posible para
que suceda y que no se cumpla. Y peor aún: qué terrible y vergonzoso es
cuando los demás esperan que se cumpla y no sucede.
Esto me enseñó que si he comenzado un proyecto o plan no puedo
desistir; si quiero gozar del beneficio que se me quiere dar, es necesario llegar
hasta el final.
Vs.14. Llegó la séptima vez, ésa es la que nunca olvidaré. Tomando
todo el aire posible me volví a sumergir. ¿Puedes imaginarte el cuadro; lo que
estaba viviendo?
Cuántas cosas dentro de mi mente: ¿Acaso esto era sólo una farsa
para reírse de mí? ¿Qué pensarían la servidumbre de mi casa, la del profeta y
hasta mis propios hombres de confianza?
Pensaba en lo que yo haría al salir del agua si descubriera que mi
lepra estaba allí; qué historia debía contar de regreso a casa si esto no
funcionaba.
No había más aire en mis pulmones así que salí para enfrentarme a la
realidad, fuera cual fuese.

24
Cuando salí y quité el agua de mi rostro y ojos para poder ver,
descubrí el rostro asombrado de mis siervos por el milagro que contemplaban.
Mi piel era como la de un niño. Cumplí las indicaciones y entonces hubo
sanidad.
Con cuanta gratitud miraba yo a los criados que me habían animado a
seguir adelante.
¡Finalmente tenía lo que había venido a buscar!
Todos, en algún momento de nuestra existencia, hemos sido
alcanzados por la lepra del pecado y el Señor desea curarnos. No
menosprecies su ofrecimiento. Si hay nervios atrofiados, insensibles al
pecado; si ha sido mutilado tu carácter; si has perdido el apetito por Cristo, la
medicina, la sulfona, es Cristo. Toma la dosis de su amor.
Recuerda: todos necesitamos un milagro. No sé de qué tamaño es el
que tú necesites. Si escuchas su voz, no te resistas a su amor. Sigue sus
indicaciones en tu vida y tendrás un final feliz. Podrás regresar a casa y contar
cuántas cosas grandes ha hecho Jesús por ti.
De regreso en casa, agradecí enormemente a esa niña que se atrevió
a mostrarme un camino diferente para que un milagro sucediera en mi vida.

Conclusión
(Ilustración personal)
Boleto Seaworld
Había salido de vacaciones con mi familia y ellos querían entrar al
parque acuático de Seaworld, pero yo no quería pagar los 45.00 dólares de la
entrada porque ya no traíamos casi dinero. Mis hijos, la tía y la abuelita
insistían que fuéramos. Cuando finalmente me convencieron, empecé a orar
para que Dios hiciera un milagro y pudiera entrar sin pagar.
Al mirar hacia abajo, noté que había en el suelo algo que parecía un
boleto. Como dudé, le dije a mi hija Dulce: “Levanta esa cosa”. Ella lo vio y
descubrió que era un boleto vigente para entrar.
Lo más significativo sucedió cuando me acerque a la entrada del
parque con temor que me dijeran que no servía y mi suegra tomó el boleto
que traía en la mano y entró diciéndome “si ya lo tienes en la mano úsalo sin
dudar”.
Así somos muchas veces. Le pedimos a Dios un milagro y cuando él
lo realiza, nosotros no creemos.
Agradece a Dios por haberte traído aquí y a quien te animó a venir.
Disfruta tu estadía y permite que tu vida sea transformada por el amor
renovador de Dios.
No sé de qué tamaño es el milagro que necesitas, pero pídeselo a
Dios, cree en él, obedece sus indicaciones y él los hará realidad.
Que Dios te bendiga.

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4 - ¿ESTÁS LISTO?
Orientaciones y herramientas para el predicador

Enseñanza principal
Jesús nos invita a vivir con él por la eternidad pero debemos aceptar
su vestido de bodas, tejido en el telar del cielo.

Idea principal para predicar


Seremos juzgados por las decisiones que tomamos y por las
oportunidades que tuvimos de aceptar a Dios como nuestro Salvador
personal. La provisión de su justicia está hecha, pero debemos echar mano
de ella para ser salvos.

Invitación para tomar una decisión


Aceptar la invitación para participar en la boda que Jesús está
preparando para nosotros.
No desea que nadie falte, por eso te extiende la invitación a participar.
Prepárate hoy para encontrarte con él.

Materiales para reforzar el mensaje


Una túnica blanca que ilustre el vestido de bodas que Cristo ha
preparado para que los invitados la puedan portar.

JESÚS PRONTO VOLVERÁ


Mateo 22:1-14

“Jesús pronto volverá al mundo con gran poder. Promesa nos dio y la
cumplirá; su rostro podremos ver”, Himnario Adventista #170.
Tengo una convicción, una esperanza y una preocupación.
Mi convicción está basada en las promesas de la Biblia: es la pronto
venida de Cristo en gloria y majestad.
Lo he creído por mucho tiempo y lo he esperado con gran entusiasmo,
sabiendo que el Señor no tarda en cumplir su promesa. Sin embargo, no dudo
que muchos de los presentes a veces dudamos y olvidamos esta promesa.
No sé cómo te sientas en esta hora, pero quiero animarte a reavivar
esta bendita esperanza en tu corazón.
Vivimos en la época de la información. Y es increíble que la
información que contiene el periódico de una ciudad tenga más información
que la que tus bisabuelos recibieron en toda su vida. No obstante el cúmulo
de conocimientos, ¿qué es lo más importante que debes saber? No tengo la
menor duda al respecto y quiero recordártelo esta mañana.

26
Ilustración
El rey de un gran imperio -mirando las muchas ocupaciones que tenía
y frustrado por todas las tareas que tenía que realizar- hizo llamar un día a los
50 sabios de su reino y les pidió que se dedicaran a la tarea de investigar y
resumir lo más importante que consideraran que él debería saber.
Después de casi 10 años, se presentaron ante él 25 de los 50 sabios
a quienes se les había encomendado la tarea. Traían 10 tomos con el
conocimiento condensado de lo que consideraban que el rey debía saber.
Todavía era demasiado extenso para sus múltiples ocupaciones, así que el
rey les pidió que continuaran con la labor de condensar aún más la
información.
Diez años después, volvieron sólo 5 sabios, trayendo con ellos un solo
libro. Viéndolo el rey, pidió que lo resumieran todavía más, ya que era ya
viejo, y no le podía dedicar tanto tiempo a la lectura.
Al cabo de diez años, regresó un solo sabio ya muy anciano y con
ropas desgastadas. Era el único sabio sobreviviente y traía un informe al rey,
quien ya estaba muy enfermo y agotado. El informe final de lo que necesitaba
saber estaba inscrito en un anillo: “El Rey del cielo establecerá un reino”.
Esto es lo que debemos saber todos y no olvidar nunca.
Me temo que las muchas ocupaciones nos tienen atrapados con
falsas esperanzas y muchas metas y sueños por alcanzar; sin embargo,
hemos dejado de creer con entusiasmo, hemos dejado de hablar con
preocupación.
Consideramos más importantes otras cosas que están a nuestro
alrededor, y aunque sean dignas, nos han hecho olvidar el pronto retorno de
Cristo en gloria y majestad. Estamos en la búsqueda de muchas otras cosas
que han ocupado el lugar de Cristo en nuestros corazones.

Promesas de la segunda venida


Te presento un ramillete de promesas para reavivar la idea de su
pronta venida:
 En Juan 14:1-3 es anunciada por Cristo mismo.
 En Hechos 1:9-11 es anunciada por los ángeles.
 En Hebreos 9:28 es anunciada por el gran predicador Pablo.
 En 2 Pedro 3:11 y 12 nunca es olvidada por Pedro, un hombre que
conoció y vivió muy cerca de Jesús.

Tengo una esperanza


Y deseo que pueda ser tuya también. Cuando Cristo venga seremos
evaluados, examinados y habrá una sentencia. Salir aprobado.
Mateo 25: 32 y 33 nos recuerdan de una manera muy gráfica lo que
hará.
Mi esperanza es poder vivir con Jesús por la eternidad; sin embargo,
para alcanzarlo se requiere una preparación, una decisión, una constante
preocupación por estar a cuentas con él cada día de nuestra vida.

27
No estoy seguro de cómo te fue esta semana. Yo te la describiría
como una semana de locura debido a las tantas actividades y cosas para
hacer.
En medio de todo el trajinar, ¿cuál ha sido la respuesta a la invitación
y llamado para poder estar con él en esa fiesta por la eternidad?
Un recordatorio más basado en la Biblia, la Palabra de Dios la única
regla de fe y conducta para el cristiano:
Mateo 22:1-14 registra la parábola del banquete de la boda.
“Una lección del más alto significado” enfatiza Elena G. de White
(Palabras de vida del Gran Maestro, pág. 249).
¿Cuál es la razón de este comentario? Por el hecho de que simboliza
la unión de la humanidad con la divinidad.
Nadie se casa si no quiere. No hay novio triste o desanimado, o que
se haya olvidado de ese momento crucial en su vida.
El vestido de boda representa el carácter que todos debemos poseer
para ser tenidos por dignos convidados a las bodas.
La invitación a la fiesta deja por sentado que quienes han de asistir
deben hacer cierta preparación, de no ser así serán echados fuera.
No sé si alguna vez te han sacado de una fiesta por no estar en
condiciones adecuadas para permanecer allí. A mí nunca me ha sucedido,
pero me imagino que ha de ser vergonzoso.
Imaginemos esta otra situación: Hay una tensión muy grande en el
ambiente. Ha llegado una invitación, pero los invitados no tienen ganas de
participar del festejo, así que hacen caso omiso a la invitación. Incluso hay
quienes han ido más lejos y han maltratado a los portadores de la invitación.
No olvides que hay evidencia clara de lo que sucederá a los que
rechazan esta invitación. Así selló el pueblo judío su rechazo de la
misericordia de Dios. El resultado fue predicho por Cristo en la parábola.
El rey, enviando a sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas y puso
fuego a su ciudad. El juicio pronunciado vino sobre los judíos en la
destrucción de Jerusalén y la dispersión de la nación.
Delante de nosotros se presenta una oportunidad. “Los que fueron
primeramente invitados no podían consentir, pensaban ellos en sacrificar
ninguna ventaja mundanal para asistir al banquete del rey. Y entre los que
aceptaron la invitación había algunos que sólo pensaban en su propio
beneficio. Vinieron para disfrutar el banquete pero no por el deseo de honrar
al rey” (Palabras de vida del Gran Maestro, pág. 251).

Tengo una preocupación


El rey se acerca a los convidados y nota algo: “Se reveló el verdadero
carácter de todos” (Ibíd.).
El rey había provisto un regalo especial para todos los invitados: un
vestido de bodas; sin embargo había alguien que no lo traía puesto y el rey lo
notó inmediatamente e indaga la razón por la cual no lo trae…después de un
silencio viene una sentencia.

28
Escuchen esto: “No todos los que profesan ser cristianos son
verdaderos discípulos. Antes que se dé la recompensa final debe decidirse
quiénes son idóneos para compartir la herencia de los justos” (Ibíd.).
Habrá un juicio…sin embargo lo que me preocupa ahora son nuestras
obras: “Nuestros caracteres se revelan por lo que hacemos. Las obras
muestran si la fe es genuina o no”.
Podemos creer que el nombre de Jesús es el único nombre debajo del
cielo por el cual el hombre puede ser salvo y sin embargo, no hacer de él
nuestro Salvador personal…Cada jota y tilde de la Palabra de Dios debe ser
puesta en práctica en la vida diaria.” (Ibíd. 254).
La siguiente declaración es dura pero necesitamos escucharla,
familia: “Él no tolerará nuestros pecados ni pasará por alto nuestros defectos
de carácter. Espera que los venzamos en su nombre…puede ser considerado
por el mundo como un hombre de gran integridad, pero la ley de Dios mira los
secretos del corazón.” (Palabras de Vida del Gran Maestro, pág. 257)
Triste será la visión retrospectiva en aquel día cuando los hombres se
hallen cara a cara con la eternidad. Su vida entera se presentará tal cual haya
sido. Los placeres mundanos, las riquezas y los honores no parecerán
entonces tan importantes. Los hombres verán que únicamente la justicia que
despreciaron es de valor.” (Palabras de vida del Gran Maestro, pág. 259)

Conclusión
Los días de gracia que tenemos se están terminando rápidamente. El
fin está cerca. “Mirad por vosotros, que vuestros corazones no sean cargados
de glotonería y embriaguez y de los cuidados de esta vida y venga de repente
sobre vosotros aquel día.” (Lucas 21:34)
“Porque el hijo del hombre ha de venir a la hora que no penséis.”
(Mateo 24:44)
“Bienaventurado el que vela, y guarda sus vestiduras, para que no
ande desnudo y vean su vergüenza.” (Apoc. 16:15)
Un joven enfermo de cáncer terminal buscó a uno de sus amigos y le
pidió que lo ayudara a repasar lo que la Biblia dice sobre los eventos
anteriores a que Cristo venga a esta tierra por segunda vez. Cuando
terminaron los estudios el joven enfermo le dijo: “¿Sabes? Estoy listo para
encontrarme con mi Dios. Mi cuerpo está cansado y muy deteriorado. Ora, por
favor, y pídele a Dios que me deje descansar. Ya estoy listo para partir”.
Después de orar por su amigo, el joven amigo salió del cuarto pensando: “Él
estaba listo, pero yo…”
Te pregunto a ti en esta oportunidad: ¿Estás listo para partir?
¿Cómo estás para encontrarte con tu Dios? En el nombre del Señor
que ha de venir te animo a prepárate para su gloriosa venida.
Dios te bendiga.

29
5 - ¿Qué quieres que haga?
Orientaciones y herramientas para el predicador

Enseñanza principal
La seguridad tiene su fundamento en creer lo que Jesús puede hacer.
Confiar significa creer en su Palabra y permitir que él haga lo demás.

Idea principal para predicar


Todos tenemos una zona de comodidad de donde nos es difícil salir
porque representa nuestra seguridad, estemos bien o estemos mal. Pero al
presentarnos delante de Jesús es nuestra oportunidad que no debemos dejar
pasar si queremos realmente cambiar.
Hoy tendrás un encuentro personal con Dios. ¿Qué quieres que haga
por ti? Para Dios no hay imposibles. Si crees y se lo pides, él te concederá los
deseos de tu corazón. Sólo ven a él y cree.

Invitación para tomar una decisión


Es ahora una gran oportunidad para invitar a los que están luchando
en el valle de la decisión por Jesús. Éste es el paso de la fe que debes dar; es
el tiempo de tirar la capa que te ha dado seguridad; es tiempo de confiar,
creer y actuar. Si se lo pides te lo dará.

Materiales para reforzar el mensaje


Use una capa vieja para ilustrar la capa del ciego Bartimeo y, si fuera
posible, que alguien se vista a la usanza de los tiempos bíblicos y haga un
cuadro plástico del personaje.

MILAGRO AL COSTADO DEL CAMINO


Lucas 18:35-43

Cuenta la historia que una mañana en el pasillo que daba a la oficina


de Abraham Lincoln, presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, se
escucharon los pasos cortos de un niño que ante la mirada de los que
esperaban su turno para tener una entrevista con el mandatario, pasó delante
de ellos y sin saludar a la guardia abrió la puerta y se presentó delante de
Lincoln para hacerle una petición, que le fue inmediatamente concedida…se
trataba de Ted el hijo del presidente Lincoln. ¿Puedes imaginarte haciendo lo
mismo?
Salir de tu zona de comodidad quizá sea lo más difícil que tengas que
enfrentar en tu vida; sin embargo, será lo más significativo cuando lo logres
hacer para probar nuevos horizontes.
Encontramos a Jesús a 25 Km de Jerusalén. El final de su camino no
estaba lejos.

30
Por el camino principal que llevaba a Jerusalén se habían congregado
las multitudes, algunos sólo llenos de curiosidad y otros más lo hacían para
ver a los grandes y distinguidos maestros religiosos que se dirigían hacia la
Ciudad Santa a celebrar alguna de las festividades. En esta ocasión se
celebraba la Pascua.
Era normal ver a una gran multitud compuesta por estudiantes y
seguidores alrededor de Jesús; querían escuchar sus enseñanzas. Así
sucedía con los rabíes. Mientras Jesús caminaba, enseñaba. Esta era una de
las maneras más comunes de transmitir los conocimientos.
Otro factor que contribuía a lo que estaba pasando era la ley que
establecía que todo varón mayor de doce años que viviera dentro de un radio
de 25 Km de Jerusalén estaba obligado a asistir a la fiesta de la Pascua.
Para muchos era imposible cumplir con esta ley porque no estaban en
condiciones para viajar, así que se colocaban a la vera del camino para
saludar a los peregrinos y desearles buen viaje.
Teniendo en mente esto, es entendible que las calles de Jericó, por
donde Jesús estaba pasando, estuvieran llenas de peregrinos y curiosos.
Imaginemos la gran cantidad de personas que se apretujaban contra las
paredes. Era inusual ver esta situación en otra época del año.
Se había corrido la voz de que el joven y audaz galileo, quien se había
atrevido a desafiar el poder combinado de todos los grupos ortodoxos, pasaría
por allí. Esta era sobrada razón para que en las calles se congregara aún más
gente.
Notemos algo interesante: el templo tenía asignados casi 20,000
sacerdotes y otros tantos levitas, que estaban divididos en 26 turnos para
prestar sus servicios en forma rotativa en el templo.
Muchos de estos sacerdotes y levitas vivían en Jericó cuando no
estaban en servicio (Barclay, 1983). Aunque a la Pascua iban todos, quizá no
se habían ido aún a Jerusalén porque la festividad no había comenzado.
Las miradas de la gente hacia este joven rebelde eran de todo tipo:
algunas llenas de curiosidad, otras llenas de frialdad, otras manifestaban una
actitud hostil. La razón era muy sencilla: si Jesús tenía razón, todo lo que se
hacía en el templo no servía para nada.
Vamos a la puerta norte de la ciudad de Jericó; allí está sentado un
mendigo de nombre Bartimeo.

Reconstruyamos la escena
Esa mañana, como pocas, había una emoción natural en el corazón
de Bartimeo por lo que significaba poder estar a la orilla del camino
mendigando cuando tantas personas pasarían por allí.
Sería un día bastante productivo; después de todo, esto no sucedía
muy a menudo.
Un buen amigo, de corazón noble y actitud paciente, lo ha ido a
buscar muy temprano a su humilde hogar para llevarlo a la entrada norte de
Jericó. Él se ha sobrepuesto a la crítica de ayudar a un rechazado ciego que

31
carga el castigo de algún pecado cometido por sus padres. Según dice la
tradición, ésa es la razón por lo que ha nacido ciego (Juan 9:2).
“–Bartimeo–”, le dice su amigo –“no puedo hacer más por ti hoy.
Espero que sea un día venturoso y puedas tener claras bendiciones–” y
retirándose, dejó a su amigo sentado a la orilla del camino.
Cuantos, sin saber, hoy han venido a la casa de Dios y deseamos
pueda ser un día lleno de bendiciones en tu vida. Nosotros no podemos hacer
nada por ti pero estás en el mejor lugar por donde Jesús va a pasar.
Cuántas veces había llegado Bartimeo hasta aquel lugar para pedir
limosna; muchos de los que pasaban lo reconocían y esperaban verlo muchos
días más, hasta que muriera o se cansara de pedir.
Lo que sería un día productivo de pronto se convirtió en un día
misterioso. El ruido que llegaba hasta sus oídos era inusual. Debajo de sus
piernas retumbaba el ruido que se provoca cuando una enorme multitud se
acerca.
Sabiendo que esto no era normal, preguntó a alguien qué era lo que
pasaba y quién era el que venía.
Le dijeron que era Jesús. Movido como por un resorte empezó a gritar
para que pusieran atención en él: “¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de
mí!”. Esto significaba que lo reconocía como el Rey prometido que
establecería un reino en este mundo y que él podía ser favorecido por su
autoridad.
Vinieron las reacciones de todos lados. Para quienes escuchaban las
enseñanzas de Jesús, todos esos gritos eran una ofensa y trataron que
Bartimeo se callara, pero nada le iba a quitar la oportunidad de conseguir un
favor de Jesús y siguió gritando.
Los curiosos presentes estaban a la expectativa de cuál sería la
respuesta que un pobre ciego recibiría como recompensa a sus gritos
desesperados.
Los fuertes gritos para llamar la atención cesaron por unos segundos,
sólo los suficientes para alimentar la esperanza de que se hubiera callado.
Pero volvió de nuevo y los gritos se convirtieron en una emoción incontrolable.
Podríamos llamarlo un alarido, un grito desesperado –y desesperante–
mientras repetía vez tras vez: “¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí!”
Ese grito no mostraba más que la desesperación total de ese ser.
Esto nos dice que Bartimeo estaba determinado a enfrentar a Jesús, nada lo
detendría; se resistió a hacer silenciar su voz y a contenerse.
La magnitud de su necesidad lo llevó a Jesús. Podría decirles que si
alguien quiere un milagro, éste es el espíritu que debe mostrar. El anhelo
apasionado e intenso procedente del fondo mismo del corazón humano jamás
será defraudado.
Jesús escuchó un grito desesperado que debía atender. Los gritos
eran tan fuertes y con tal desesperación, que el mismo Jesús se detuvo y
junto con él, la multitud. Sin embargo, Jesús no se acercó a él. ¿Por qué no lo
hizo?

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Podemos descubrir en esta acción cómo Jesús quiere bendecir a
muchos a través de nosotros. Acércate tú a ese hombre a esa mujer, a ese
niño a esa niña, a ese joven a esa señorita que no esperan encontrarse con
Jesús.
Pregúntate: “¿Qué hago con alguien que grita desesperadamente
para que lo volteen a ver?”
¿Qué le hubieras dicho tú? “Oye, amigo, ya te escuchamos todos;
calma, como sea no te va a dar una audiencia; ahora cállate”.
La multitud es sorprendida, sin embargo, cuando el discurso y la
enseñanza de Jesús cambian de tema y atiende la necesidad específica del
ciego. Descubrimos que Jesús ha dejado de hablar para actuar.
Al detenerse el Maestro, la multitud se acerca más a él. Algo quiere
decir, pero su voz se ahoga ante el griterío de aquel hombre, así que Jesús
dice: “Díganle que venga”.
Dice la Biblia que alguien lo llevó a su presencia. Quien caminó para
traerlo, sospechaba que podía ser testigos de algo que nunca olvidaría; sería
el eslabón que uniría un grito de angustia con una oportunidad, una necesidad
con una provisión, un abismo de oscuridad con un rayo de luz.
No hay tiempo para nada, sólo unas palabras breves deben poner la
plataforma para que su fe se pueda sostener.
Son los últimos segundos del juego de básquetbol. Has pedido tiempo
fuera para decirle algo al jugador antes de que se presente delante de la
canasta para hacer ese último tiro que puede significar la diferencia.
Es la última frase que le puedes decir a alguien que, con la respiración
entrecortada, trata de mantener su último aliento.
Son las últimas palabras que puedes grabar antes de un examen y el
maestro ha dicho guarden sus apuntes.
Es el abrazo de tus padres antes de verte partir.
¿Cuántas cosas debía tener en su mente para decir lo que dijo…?
¿Cuántas oraciones habrían sido contestadas en su propia vida para poder
transmitir sólo en unos segundos una inyección de ánimo, de fe, de valor y de
esperanza?
¿Con qué tono debió haber hablado para que creyera y, aunque no lo
miraba, pudiera percibir un rostro lleno de confianza, ternura y de fina
compasión hacia él, que sufría? Sólo su tono de voz debía edificar una
escalera de fe que lo presentaría ante el trono del Rey del universo.
Bartimeo no lo conoce ni lo ha escuchado hablar antes; pero le da una
orden con tal convicción que no puede dudar. Es el sermón más corto que ha
escuchado, pero es el más convincente; es una orden, un llamado y una
misión: “Ten confianza, levántate, te llama”.
¿Cómo puedes confiar en alguien a quien nunca has visto? ¿Cómo
puedes creer en algo que no has vivido? ¿Cómo hacer desaparecer la duda
cuando sabes que es tu única oportunidad? ¿Cómo hacer crecer tu fe por el
testimonio y la palabra de ánimo que alguien te da?

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Como quien quiere dejar una muestra de confianza en sí mismo y se
desabrocha el traje antes de hablar ante la multitud, Bartimeo da una muestra
de confianza, y arroja su capa.
Aquella frazada amiga que estaba cubierta del polvo del camino; fiel
compañera y refugio en su oscuridad; amiga inseparable que le había
ayudado a pelear con el frío de la mañana y del atardecer; fiel testimonio de
su pobreza y vicisitudes. Ahora, sin embargo, debe ir sólo delante de él.
¿Quiere, acaso, hacerle sentir que él será su refugio? ¿Querrá que, al
caminar cerca de él, el polvo que levanten sus pies cubra su rostro y su
cuerpo? ¿Quiere, quizá, que el invierno de su soledad se escurra y nunca
más su corazón sienta frío? ¿Que al amanecer sea su Sol de justicia que le
dé calor y al atardecer refugiarse en él?
Salió de su zona de comodidad, salió de su refugio, perdió su manto
en medio de la multitud. Sería recordado como un fracaso total o como un
éxito sin precedentes, pero debía ir a él.
¿Qué te ha hecho dudar para venir a Jesús? ¿Qué te ha detenido
para tirar tu capa de comodidad?
Bartimeo sabe que ha perdido la capa para siempre, porque en medio
de la multitud no la volverá a encontrar.
Aunque la distancia es corta, los pasos parecen ser los de un bebé
aprendiendo a caminar; su respiración es rápida; sus manos sudan; su piel
casi siente su presencia y la multitud ha enmudecido.
Ese sentimiento de necesidad que lo hizo gritar lo hace ahora caminar
y confiar. Y su fe es confrontada con una pregunta que no imaginaba que
llegaría.
Jesús lo cuestiona: “¿Qué quieres que haga?”
Pudo haber pedido una limosna sin precedentes para un pobre ciego
que mendigaba pan. Pudo haber pedido ser llevado en medio de la multitud a
Jerusalén para celebrar con él la pascua. Después de todo, Jesús iba a la
celebración.
Pudo haber pedido ser aceptado como un discípulo para ser protegido
por su amor y cuidado; pero fue al extremo. Tomó el mayor de los riesgos,
saliendo de su zona de comodidad. Pidió como convenía a la ocasión, pues la
oportunidad no se volvería a presentar.
Qué mezquinos somos cuando doblamos nuestras rodillas. Qué visión
tan corta tenemos aún cuando podemos ver. Qué lejos estamos de sus
sueños y sus ambiciones para nuestras vidas.

Conclusión
Qué difícil nos es creer. Y, sobre todo, qué duro es dejar nuestra zona
de comodidad para entonces entrar en la zona de la fe, de la esperanza, de
los retos, de lo imposible. De aquello que no hemos soñado, de aquello que
está por suceder, pero nuestro corazón no lo ha vivido y nuestros ojos no lo
han visto.

34
Ponte en su lugar… dime con honestidad, ¿Qué le hubieras pedido?
Sólo piensa en tu necesidad, ojalá que no antepongas tu necedad y tú visión
se nuble por un sueño equivocado.
La multitud quiere atrapar el momento; han dejado de respirar para
poder escuchar sin equívocos lo que él pedirá. Estoy seguro que si hubiera
habido celulares todos hubieran querido grabar la escena y subirla a
“YouTube”: la ocasión lo ameritaba.
Todos tienen una propuesta en mente, pero la de él va más allá de lo
que siquiera había soñado que podía ser realidad.
Su voz parece cortar el silencio y desgarrarlo. No hay luz en sus ojos,
pero su corazón se ha iluminado con una idea.
–“Maestro”–, una pausa y un suspiro, entonces la fe crece como una
montaña e ilumina el momento como el sol al amanecer – “que recobre la
vista”.
“No era para menos”, piensa quien lo llevó hasta Jesús. “Atrevido”,
dice otro en silencio, pero en su expresión pareciera fulminarlo como si
hubiera dicho una herejía. Y una mujer deja llenar sus ojos de lágrimas,
esperando el momento para dejarlas correr por sus mejillas como una
cascada que se une al son de un festejo de felicidad.
De pronto Jesús lo mira. ¿Cuántas cosas no pasarían por su mente?
Es un momento en que el silencio se puede tocar. Ha llegado la hora de pasar
de las palabras a los hechos.
Y Jesús le dijo: “Vete”. Casi se desmorona delante de él pensando:
“¿Para esto me has llamado?”…Pero la frase que sigue, lo levanta para
hacerlo un vencedor, un héroe de la fe, una inspiración para el que duda. Será
recompensado por haberse atrevido a salir de su zona de comodidad y
atreverse a pedir casi lo imposible.
“Tu fe te ha salvado”… ¿Lo harás?… Sólo una fracción de segundos
bastó para confirmar que el milagro era una realidad; que sus palabras eran
un hecho.
Jesús había pasado de las palabras a los hechos, había dejado de
hablar para actuar. Y lo había hecho con él. Y en seguida recobró la vista.
Al ver a la multitud descubrió los ojos de aquella mujer que
derramaban lágrimas de felicidad. Conoció el rostro de aquel que lo había
animado a venir a Jesús. Confrontó el rostro del incrédulo que aun viendo, no
creyó. Y el rostro de Jesús que ahora podía seguir de cerca y verlo cara a
cara.
Y la Biblia registra que “seguía a Jesús en el camino”.

Llamado
No sé a quién le grita tu corazón y cuál es tu necesidad, pero quiero
animarte a salir de tu zona de comodidad.
Ten confianza, levántate, él te llama. Ven a él y permite que ese
sueño de tu corazón se haga realidad, para que lo sigas de hoy en adelante
por el camino de la verdad y la vida. Ven a él.

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6 - De la vergüenza al honor
Orientaciones y herramientas para el predicador

Enseñanza principal
La más leve señal por buscar a Dios es transformada en la gran
oportunidad del cielo. Su gracia nos alcanza y transforma si tan sólo lo
buscamos a él.

Idea principal para predicar


Al buscar a Dios y el perdón divino pueden surgir situaciones
inesperadas y no gratas; pero Jesús, atento a nuestra necesidad, transforma
la vergüenza en honor y gracia.

Invitación para tomar una decisión


Hay cosas que no puedes cambiar, sin embargo, hoy Jesús quiere ir
contigo a casa a poner las cosas en el lugar donde deben estar y que debido
a tus limitaciones, no lo has podido hacer.

DE LA VERGÜENZA AL HONOR
Lucas 19:1-10

La casa es el único lugar en donde manifestamos quién realmente


somos: no hay fingimientos, no hay dobleces; sencillamente eres tú o soy yo,
tal cual somos. En ella solemos enfrentar nuestra realidad y a diario
decidimos qué hacer con la misma.
Le sucedía a menudo que al llegar a casa afloraba en él la
frustración, el cansancio y el agotamiento por buscar algo que pudiera llenar
un vacío en su vida y corazón. Lo había intentado de muchas formas, pero
nada ni nadie lo había podido llenar.
Él “no era del todo el endurecido hombre de mundo que parecía ser.
Bajo su apariencia de mundanalidad y orgullo, había un corazón susceptible
a las influencias divinas.”

Contexto histórico
El pueblo romano había sobrecargado a los judíos –el pueblo
conquistado– con una serie de demandas e impuestos para tener los
recursos necesarios y sostener el sistema de gobierno existente.
Los cobradores de estos impuestos –publicanos- habían llegado a
ser gente odiada por los judíos debido a su trabajo. Luchaban, además, por
tener los más altos puestos y acumular riquezas extraordinarias, ya que les
permitía vivir en las mejores ciudades con privilegios que de otra forma no
podían tener.

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Quienes más sufrían estas circunstancias eran los pobres y las
viudas en especial, ya que el sustento se veía menguado por los
innumerables pagos e impuestos exigidos por el gobierno.
Lucas 19:1. “Entrando Jesús a Jericó. . .”

Jericó
Cuidad enclavada en el desierto, pero llena de belleza, creada para la
comodidad de quienes podían pagar el precio de vivir allí. Estaba cercana a
Jerusalén y era conocida también como la “Ciudad de las palmeras”.
“Jericó era una de las ciudades apartadas antiguamente para los
sacerdotes, y a la sazón un gran número de ellos vivía allí, pero la cuidad
tenía también una población de un carácter muy distinto.
Era allí un gran centro de tráfico, y había allí oficiales, soldados
romanos y extranjeros de diferentes regiones. A la vez que la recaudación de
los derechos de aduana la convertía en la residencia de muchos publicanos.”
Hay que notar que Lucas menciona que Jesús iba sólo pasando por
la cuidad; no tenía planes de permanecer en ella.

Personaje
Un judío que se ha integrado en el ambiente de los romanos y
empieza a sobresalir por sus habilidades al punto de formar parte, no sólo del
grupo de los cobradores, sino que ha llegado a ser jefe de los publicanos
(cobradores de impuestos). Un varón cuyo nombre era Zaqueo. Noten las
características con las que es descrito.

Jefe
El mismo hecho de ser un jefe lo pone en una posición deseada por
muchos; está rodeado de grandes privilegios: el jefe, finalmente, tiene
oportunidades que otros no pueden tener. Al ser jefe se le ha privilegiado del
servicio que otros le pueden dar; está acostumbrado a mandar y que se le
obedezca; acostumbrado a tener iniciativas para mejorar las formas de hacer
su trabajo.
Un día, sin embargo, se le encuentra sumido en sus pensamientos y
su rostro denota una preocupación que antes no se había manifestado en él.
Es extraño, pero hay algo que lo ha venido afligiendo en los últimos días.
Como resultado de sus días llenos de actividad y de sus noches de
insomnio, pensando en lo que puede tener por delante, evalúa todo sus
logros, revisa todos sus bienes, mira todo lo que ha llegado a hacer y ser,
pero tiene un serio problema…Hay un vacío en su corazón y ni todo lo que ha
intentado, ni todo lo que ha logrado lo ha podido llenar.
En el fondo entiende que es necesario poner su corazón en paz
consigo mismo y con los demás, y, aún más importante, poner en su corazón
la paz de un encuentro con su Dios.
Educado como judío que es, sabe de las promesas hechas para el
pueblo de Israel y aunque ha renunciado a la bendición de ser un judío y

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desea los beneficios que los romanos le pueden dar, muy dentro de sus
pensamientos aparece la posibilidad de encontrarse con el Mesías prometido,
Liberador y Salvador de los que esperan en él.
No sé dónde estás tú ni qué posición tienes en el ambiente en donde
vives, pero es posible que te hayas rodeado de los beneficios que te puede
ofrecer un puesto, un lugar, una carrera, el dinero, y has corrido detrás de
una posición para poder sentirte bien; o lo que es más común, refugiado en
los logros y cosas materiales te has olvidado de poner a Dios en tu vida, en
tus planes del presente y del futuro.
Piensa en lo que ha sucedido cuando has logrado el éxito que
deseabas; cuando has conseguido lo que pensabas que valía la pena
tener…Vale la pena pensar “¿qué es lo que sigue ahora?”
Aparentemente él lo tenía todo: era jefe, y eso lo había llenado de los
privilegios y bienes que muchas veces perseguimos; y somos capaces de
pagar altos precios de salud y sacrificio de la propia familia para lograrlo; pero
cuando no resulta como lo deseamos, entonces descubrimos nuestra
verdadera necesidad.

De los publicanos
Cabe considerar que no era un jefe entre su propia gente, sino que
había ganado influencia y respeto dentro de la sociedad romana, y eso le
ganó el recelo y rechazo de su propio pueblo. No era extraño notar que era
odiado por la gente que lo rodeaba debido al giro de su profesión y por los
logros obtenidos a costillas de las penurias de su propio pueblo oprimido por
la nación romana.

Rico
Quizá algunos de nosotros somos jefes de un grupo, pero está lejos
de decirse que somos ricos. Pero él lo tenía “todo” aparentemente, porque, al
parecer, el dinero no le había podido comprar la paz que su corazón tanto
necesitaba.

Ambiente
Piensa en todo lo que implica socialmente lo que está sucediendo. Si
lo ves por las calles reconoces al hombre de corta estatura pero de alta
arrogancia al caminar; y al ver su atuendo de alta calidad, es inevitable no
pensar que lo que tiene es gracias a que tú has contribuido con tus
impuestos; tiene la casa hermosa de donde lo has visto salir porque buena
parte de ese dinero viene de una fuente no muy clara ni deseable.
Y, por si fuera poco, aunque en el fondo te gustaría estar en su lugar
por todo lo que tiene y puede disfrutar, reconoces que no hay felicidad en su
vida, pues es despreciado por su pueblo; es símbolo de traición a su nación,
a su gente y a su Dios.

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Personaje (alterno) Mujer
Veamos con los ojos de la imaginación, con el fin de entender mejor
lo que sucedió: una mujer que ha estado entre la multitud que ha seguido a
Jesús. En esta situación hay lecciones espirituales para aprender.

Trama
Zaqueo es el prototipo de nuestras propias vidas. Estamos inmersos
en una carrera loca buscando posición, estatus, riqueza, y en cierta medida,
aceptación de algún grupo al cual se quiere pertenecer. Pero en el fondo
tenemos un vacío que nada ni nadie puede llenar, y entonces hemos llegado
a tomar una decisión: es necesario ver a Jesús.
Qué bueno que estás aquí en esta hora.
Aquella mañana, sabiendo que Jesús estaría en las cercanías de su
comunidad y que habría de pasar por allí, hizo los arreglos necesarios para
conseguir una bendición de parte de él.
Ella, la mujer que lo sigue entre la multitud, es una pobre viuda y
anhela que los dichos de la boca de Jesús se hagan realidad. Ha escuchado
que en la sinagoga ha hecho una declaración de liberación: “El Espíritu del
Señor está sobre mí. Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los
pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar
libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los
oprimidos; a predicar el año agradable del Señor.” (Lucas 4:18 y 19)
Mientras lo sigue y lo escucha hablar, su fe crece y sus esperanzas
son alimentadas…Pero de pronto, al entrar en Jericó, es impactada por la
realidad del cobro de los impuestos por cruzar la ciudad, y de los impuestos a
pagar por el uso de los puentes que los romanos continuamente ponían para
poder cobrar cuotas por su uso.
En tanto, Zaqueo procura ver quién es Jesús. (Lucas 19:3) “Zaqueo
había oído hablar de Jesús. Se habían divulgado extensamente las noticias
recientes de uno que se había comportado con bondad y cortesía con las
clases proscritas.”
En este jefe de los publicanos se había despertado el anhelo de vivir
una vida mejor.
A su mente venían las palabras que Juan el Bautista había predicado
a orillas del Jordán y habían oído su invitación al arrepentimiento. Lo que
había oído respecto a Jesús encendía la esperanza en su corazón. De
hecho, ya había empezado a tomar algunas acciones para dar marcha atrás
en cuanto a su actitud cuando corrió la voz de que Jesús estaba entrando por
la ciudad. Zaqueo resolvió verlo.
Las calles estaban atestadas, pero Zaqueo salió al encuentro de
Jesús. Se enfrenta con dificultades: no alcanza a ver a Jesús.
Mientras se acerca para intentar verle, descubre que la gente
empieza a cerrar filas para no dejarlo entrar. La mujer percibe algo extraño en
el ambiente: es el perfume caro de Zaqueo que se distingue de entre el olor
de la multitud humilde, que huele a campo y mar; la mujer lo mira.

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Víctima de sus prejuicios, levantó la mano para señalar algo y calculó
bajarla cuando Zaqueo estuviera cerca, quizá para sacar un poco su
frustración por todo lo que él representaba en sus vidas. Se había propuesto,
además, no dejarlo ver a Jesús, mucho menos que se pudiera acercar…
después de todo, Jesús no atendería a alguien como él.
Lo que la mujer hizo lo imitan varios más, pisando los pies de Zaqueo
y provocándolo, pues él los había lastimado con sus acciones.
Zaqueo “comenzaba a comprender cuán amargos eran los frutos del
pecado, y cuán difícil el camino del que procura volver de una conducta
incorrecta. El ser mal entendido, el tropezar con la sospecha y desconfianza
en el esfuerzo de corregir sus errores, era difícil de soportar.
El jefe de los publicanos anhelaba ver el rostro de Aquel cuyas
palabras habían hecho nacer la esperanza en su corazón”.

Obstáculos
¿Cuál era el problema que no le permitía a Zaqueo ver a Jesús? La
Biblia registra en el versículo tres que no podía, en primer lugar, a causa de
la multitud…Es interesante notar que la multitud sea el obstáculo número uno
en su búsqueda de Jesús… ¿Quién no te deja ver a Jesús? ¿Tu familia, tus
amigos, tus vecinos, los que no conoces? ¿Te avergonzarías si te vieran
caminando a la iglesia buscando a Jesús?
Se registra en la última parte del versículo, que su corta estatura era
la segunda razón.
¿Qué hacemos cuando no podemos ver a Jesús? ¿Permaneces con
tu frustración? ¿Te conformas con el hecho de que nada se puede cambiar?
¿O retas las circunstancias y piensas en la mejor alternativa para conseguir
lo que has puesto en tu corazón?
Zaqueo salió corriendo…pocas veces le diríamos a alguien que ante
una imposibilidad salga corriendo, pero él lo hizo. La multitud se había
propuesto no dejarlo ver a Jesús, así que él salió corriendo, no para huir ni
para esconderse ni para justificar que la multitud se lo había impedido; corrió
porque más adelante estaba su mejor opción: un lugar donde podría ver a
Jesús. ¿Qué hubieras hecho tú?
Él hizo todo lo posible para poder ver a Jesús. Me viene a la mente
algo que quizá todos algún día intentamos hacer…o hicimos: subir a un árbol.
Intuyendo la ruta que Jesús tomaría, subió a un árbol, pues al pasar
por allí Jesús, él podría ver su rostro.
El jovencito había llegado a vivir a una casa ubicada a las orillas de
un río, y todos los que habían crecido allí sabían nadar y disfrutaban la
actividad; cuando llegó nadie se imaginaba que él no sabía nadar. Después
de la sorpresa le dieron las primeras lecciones y pronto lograron hacerlo flotar
y poco tiempo después nadar. La siguiente lección sería subirse a los sauces
para tirarse un clavado.
Subir a un árbol no es complicado, todo se dificulta cuando uno no se
puede bajar o no sabe cómo hacerlo. Estando en la rama del árbol que daba

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al río, los muchachos empezaron a presionar para hacer que el primer
clavado se pudiera consumar, pero mirando la altura, aquel jovencito decidió
no tirarse y ceder el lugar a los demás para después bajar por donde había
subido.
El grupo, sin embargo, decidió que la única forma de bajar era
saltando al agua. Nadie bajaría de otra forma, así que todos a la vez
columpiaban la rama, haciendo que bajara y subiera.
Cuando bajaba, él observaba cuán cerca estaba del agua y decidió
saltar sin percatarse de que la rama lo empujaba aún más alto de donde en
un principio estaba. Su cuerpo fue impulsado al vacío, y luego cayó en el
agua. El problema fue que no supo cómo entrar al agua, así que lo vieron
caer como una plancha.
El evento vergonzoso presentaba un problema mayor, salir del agua
y ser objeto de burla, no duelo lo físico sino lo emocional. Cualquiera sube a
un árbol pero no cualquiera baja con dignidad.
La mujer vio que Jesús detenía su paso bajo la sombra de un
sicomoro. Ella levantó la vista hacía una rama, y al observar detenidamente,
se sorprendió al ver arriba al mismo Zaqueo. Qué oportunidad para burlarse
por su atrevimiento de subir y exhibirse en la rama de ese árbol; pero antes
que de sus labios saliera algún comentario, se escuchó la voz de Jesús,
quien, habiendo mirado hacia arriba, fijó sus ojos en los ojos de Zaqueo, y le
dijo: “Zaqueo, date prisa, desciende; porque hoy es necesario que me quede
en tu casa” (Lucas 19:5).
La mujer, sin entender lo que estaba sucediendo, pensó que no era
justo que a él lo reconociera hasta de nombre, y a ellos, que lo habían
seguido todo este tiempo, no hubieran recibido ni reconocimiento ni el
privilegio de ser visitados en su hogar. Si realmente fuera el Mesías, sabría
quién era ese pecador.
Lejos de lo que todos hubieran apostado que sería el momento más
vergonzoso de su vida al verlo bajar, descubrieron que para Zaqueo era el
evento más significativo y de gran honra en su vida que hubiera imaginado.
Lucas 19:6 comenta el estado anímico de Zaqueo al escribir:
“Entonces él descendió aprisa y le recibió gozoso”.
No tenía vergüenza ni orgullo; quería verlo, pero no se imaginaba que
sería en el mismo seno de su hogar. Había empezado a poner en práctica
algunas cosas, pero ahora tenía la oportunidad de hacer un cambio radical y
darlo a conocer para que todos lo supieran. Había llegado el momento de dar
su testimonio público a favor de Jesús; pero la multitud disgustada pensaba
que no era justo que Jesús fuera a la casa de un hombre pecador.
La mujer se unió a muchos que esa noche se dieron cita, a la
distancia, en la casa de Zaqueo; descubre que Jesús cumplió su palabra y
llegó a la inesperada cita.
“¿Hasta dónde puede llegar Jesús?”, pensó la mujer desesperada
porque el actuar de Jesús ahora era contrario a la promesa que había
alentado su corazón.

41
Estando en casa con Jesús, repentinamente Zaqueo hizo callar a
todos y “puesto en pie dijo al Señor: “He aquí, Señor, la mitad de mis bienes
doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo
cuadruplicado” (Lucas 19:8).
La euforia se desató en el corazón de aquella mujer y sus labios
pronunciaron alabanzas por lo que sus oídos acababan de escuchar y sus
ojos acababan de ver. Después de todo, Jesús había cumplido.
“Zaqueo, yo soy pobre, necesito lo que darás” piensa la mujer;
“¿Cómo no me cobró más impuestos? los regresará cuadruplicados…”
Y Jesús le respondió a Zaqueo: “Hoy ha venido la salvación a esta
casa por cuanto también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del hombre ha
venido a buscar y a salvar lo que se había perdido”.

Conclusión
Un hombre tuvo un sueño en el que Jesús se presentó para decirle
que lo visitaría en su casa ese mismo día a las seis de la tarde. Muy
temprano al levantarse empezó a mover las cosas de la casa y organizar de
modo que pudieran estar las cosas en el mejor lugar.
El tiempo pasó muy rápido y fue sorprendido, pues la hora de la cita
se había cumplido. Al escuchar el timbre de la puerta, y no teniendo
alternativa, abrió la puerta y para su sorpresa, Jesús estaba allí, mirando
hacia adentro de la casa sobre el hombro de este hombre y mostró un rostro
que denotaba asombro y admiración.
Al voltear para ver qué había causado esa reacción de Jesús, se
llevó una gran sorpresa al mirar la forma en que estaba acomodada la casa,
sabiendo que él no lo había arreglado así; entonces escuchó decir a Jesús:
“Te dije que vendría a tu casa hoy; te miré afanado poniendo los muebles y
las cosas en el mejor lugar que tú pensabas, pero justamente yo venía para
poner las cosas en el lugar donde deben estar y tú nunca las podrías poner”.
Es necesario que hoy Jesús vaya contigo a casa.
¿Quieres expresar ese deseo personal de llevarlo contigo al hogar?
Te ayudará a poner las cosas en el lugar donde deben de estar y debido a
tus limitaciones no lo has podido lograr. Y seguramente se dirá de ti también:
“Hoy ha venido la salvación a esta casa”.
¿Te gustaría tener ese encuentro con Jesús y dar tu testimonio
público a través del bautismo?
Él transformará tu vergüenza en honor, sólo ven a Jesús.

42
7 - Huyendo del amor de Dios
Orientaciones y herramientas para el predicador

Enseñanza principal
Mostrar el gran amor de Dios y todo lo que está dispuesto a hacer por
nosotros.

Idea principal para predicar


El amor de Dios es grande, significativo, paciente y dispuesto a
transformar nuestras vidas. Él nos buscará hasta que volvamos a él.

Invitación para tomar una decisión


Por su gran amor, Dios no se cansará de buscarnos para restablecer
la relación que un día tuvimos con él y por alguna razón se perdió. No huyas
de ese amor; es tiempo de volver al hogar.

Materiales para reforzar el mensaje


Puede vestirse a la usanza de los tiempos de Oseas y poner un
cuadro plástico.
Se debe escoger un himno especial para el llamado. (Felipe Garibo
tiene un canto que dice “Ya no huyas, por favor, ya tu huida terminó” o
“Decídete, querido amigo”, que podrían ayudar a poner un ambiente propicio
para el llamado o algún otro himno acerca del mismo tema.)

HUYENDO DEL AMOR DE DIOS


Narrativa de Oseas

Estoy en el lugar que más he odiado desde que lo conozco: es el


mercado en donde se suelen hacer subastas para comprar y vender esclavos.
Aquí son exhibidos desnudos esperando al mejor postor. Es denigrante,
odioso y vil para un ser humano ser tratado así, pero estoy en medio de la
subasta y, aunque te parezca raro, estoy ofertando por comprar un esclavo.
Déjame contarte qué es lo que me ha traído hasta aquí.
Quiero que vayas conmigo a casa, ven, pasa y siéntate por un
momento aquí, bajo la sombra de este roble.
Mi nombre es Oseas (Jehová ha salvado). Vivo aquí, en las afueras
de Samaria. Soy un profeta que Dios envió a Israel, mi patria.
No te conozco mucho, pero ya te estoy empezando a apreciar, por
eso te he invitado a casa.
Mira ese cuadro hermoso de mi familia. Ella es Gomer, mi esposa. La
amo como a mi propia vida. Pronto entenderás por qué.

43
Jezreel tiene 18 años de edad, es joven, simpático y fuerte. Él está
dedicado a Dios.
Quien está sentada a sus pies es Ruhama, nuestra hija. Luce
hermosa con su cabello negro. Es la viva imagen de su madre. Hace solo
seis meses cumplió 16 años de edad.
Ammi, su hermano, tiene 15 años. Es cálido y lleno de energía.
Pensarás que es una bonita familia, pero ¿sabes...? No siempre fue
así. Déjame contarte algunas cosas.

Contexto histórico
Comencé mi ministerio hace casi 30 años, durante el reinado de
Jeroboam II.
Había mucha prosperidad; caravanas muy grandes viajaban entre
Asiria y Egipto, y pagaban impuestos para el tesoro de Jeroboam, a la vez
que vendían sus bienes para nosotros.
Hubo algo que sucedió durante ese tiempo. No sólo dejaron su
mercancía aquí, también dejaron a sus hijos, hijas y dioses.
Estos dioses, los de los antiguos cananeos y los de Jezabel, han
tratado de conquistar los corazones de mi pueblo.
Los altares que originalmente se construyeron para las ofrendas por el
pecado se han convertido en lugares para pecar.
Hoy, en todas las arboledas, se ven altares e imágenes.
Aquí hay muchas ovejas y ganado y algunos piensan que Baal (dios
de la fertilidad) es el que les da los corderos, becerros y frutos del campo.
No es raro ver que cada ciudad tenga un lugar alto donde Baal es
adorado. Cerca de aquí hay uno. Muchas veces, por la noche, se escucha el
ritmo de la música de los sacerdotes y las carcajadas de las prostitutas que
sirven en sus cultos.
La semana pasada sucedió algo tremendo: un hombre y una mujer,
que viven en la tercera casa, sacrificaron a su bebé en un culto a Baal.
Quizá te preguntes cómo fue que se hundió el pueblo en ese camino
tan impío. Se debe a que los sacerdotes se han apartado del camino de Dios.
Pero de una cosa estoy seguro: el Dios de los cielos hará juicio
pronto. En breves años será destruida esta nación –Israel– bajo la rueda del
poderoso ejército de Asiria.

Desenlace
¡Cuán rápido pasa el tiempo! Hace 30 años, Dios me escogió como
profeta. Agradezco los esfuerzos que mi padre –Beeri– y mi honorable madre
hicieron para enseñarme a temer a Jehová, el verdadero Dios de Israel.
Me enseñaron a odiar al becerro de oro que hizo el primer Jeroboam,
quien lo había convertido en deidad.
Diariamente añorábamos el regreso al templo de Jerusalén.
Cantábamos los cánticos de David y sentíamos un gran deseo de que viniera
el Mesías.

44
Mi ministerio ha sido siempre difícil. Los primeros 10 años fueron los
días ardientes de mi tercera década de vida.
Mis sermones eran de fuego. Sentía dolor en mi corazón por mi
pueblo; se me ponía muy poca atención y se burlaban de mí.
Cuando tenía 32 años de vida Dios me dio una sacudida y pasé
muchos días en meditación y oración. A partir de ahí me sentía sólo y
necesitaba una compañía.
Las actividades de mi ministerio me habían mantenido tan ocupado
que no había podido ver a mi familia por varios años.
Las primeras heladas del otoño habían teñido las hojas cuando fui con
mis padres a visitar a Diblaim, un viejo amigo de la familia.
Ahí sucedió algo que trastornó mi corazón: mientras platicábamos
alegremente, pasó por la puerta una señorita, Gomer, hija de Diblaim.
Yo la recordaba como una niña linda y algo malcriada, pero ahora ella
era una joven de perturbadora belleza. Su cara de marfil estaba enmarcada
por una espesa y negra cabellera.
Su sorprendente belleza me fascinó y tuve gran dificultad para apartar
mis ojos de ella.
Aunque conversaba con mi padre de muchas cosas, no podía quitar
de mi mente a la israelita de cabellera negra. Siendo que mi padre y Diblaim
tenían muy bonita amistad, lo visitábamos frecuentemente.
Ellos platicaban constantemente, hasta que un día mi padre me
sorprendió con una propuesta: "Oseas, deseo que te cases con Gomer".
Yo amaba a Gomer, pero había algo en ella que me afligía.
Como a la mayoría de las mujeres de su tiempo, a ella le encantaban
los vestidos costosos y los cosméticos, pero acepté eso como parte de su
femineidad. Pero, para su edad, ella parecía estar demasiado experimentada
en las cosas del mundo.
Yo la amaba y sabía que mi amor ardiente hacia Jehová la rescataría
a ella de cualquier camino errante.
La cortejé con la pasión de un profeta. Dios me había dado el don de
la poesía y yo inundé a Gomer con palabras de amor. Finalmente contrajimos
matrimonio.
Gomer parecía estar contenta con el amor de Dios y mío. Yo miraba
el futuro con esperanza.
Poco después de nuestro primer aniversario de bodas, Gomer me dio
un hijo. Yo busqué el nombre con el Señor y supe que el niño se llamaría
Jezreel, un nombre que constantemente le recordaría a Israel que ciertamente
vendría el juicio de Dios. (Me hizo recordar la clase de tiempo en que
vivíamos).
Gomer empezó a cambiar, la sentía distante y distraída.
Aquellos días estuve ocupado proclamando el mensaje de Dios por
toda la tierra.

45
Pronto Gomer estaba esperando otro hijo. Esta vez fue niña y Dios me
dijo que la llamara Lo-Ruhama, nombre extraño ya que significa "no
compadecida".
Jehová dijo: “No me compadeceré más de la casa de Israel, sino que
los quitaré a todos."
Después de esto, Gomer comenzó a retirarse de mí. A menudo,
después de acostar a los niños, se iba y no volvía sino hasta el amanecer.
Cada vez estaba más agotada, macilenta y rebelde. Busqué todas las
maneras de conquistarla y que volviera a mí, pero de nada me servían.
Dieciocho meses después nació otro varoncito. Dios me dijo que lo
llamara Lo-Ammi, que significa "no pueblo mío".
Dios le dijo a Israel: “Vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré vuestro
Dios”.
De pronto, una noticia quebrantó mi corazón: supe que él no era hijo
mío y que su hermana no era fruto de mi amor.
Fueron días de profunda desesperación; ya no podía cantar los
cánticos de David; tuve quebrantamiento de corazón.
Poco tiempo después, cuando Lo-Ammi fue destetado, Gomer se
alejó completamente de mí y no volvió.
Siendo padre y madre a la vez, sentía que mi corazón se hundía en
una noche obscura. Mi ministerio parecía paralizarse por la desobediencia de
mi esposa. Aún mis oraciones me parecía que se hundían.
Tiempo después el Señor me sacudió. Llegué a entender que él iba a
usar mi experiencia como una ilustración de su amor por Israel. Dios
anhelaba impresionar a su pueblo con el gran amor que él sentía por ellos.
Me propuse hablarle al corazón de Gomer. (Oseas 2:14) Aún cuando
las noches eran largas y angustiosas, mi amor por ella no conocía límite. No
podía abandonarla. Estaba dispuesto hasta pedirle a mis hijos que le rogaran
a su madre que abandonara su vida de pecado y que regresara al hogar.
(Oseas 2:2)
Le hablaré al corazón, haré todo lo posible por recuperarla (Oseas
2:14) tendré misericordia de ella (Oseas 2:23).
La busqué por toda Samaria. La encontré en la destartalada casa de
un israelita carnal y disoluto que no tenía medios para sostenerla. Le imploré
a ella que regresara, pero ella despreció mi súplica.
Con el corazón quebrantado, regresé a casa con los muchachos y
gemí y oré. “Algún día responderá como en los tiempos de nuestra juventud”
(ver.15) pensé.
Dios puso en mi corazón amarla mucho. Tenía que ser así para
seguir amándola a pesar de su descarrío. Tal vez era más fácil razonar: “La
dejaré seguir sus caminos, no vale la pena salvarla; nunca cambiará". Pero
Dios no me dejaba pensar eso.
La amaría por gracia (Oseas 2:14; 14:14). Reproducía el amor de
Dios que no abandona a la persona amada, no importa el trato que reciba de
ella.

46
Se me ocurrió, entonces, un plan: Fui al mercado, compré alimento,
los cosméticos y ropa que a ella le gustaban, luego busqué en privado a su
amado. Él sospechaba que yo lo buscaba para hacerle mal. Pero cuando le
platiqué el plan, una sonrisa sarcástica se dibujó en su cara.
Si yo no podía llevar a Gomer a casa, mi amor no me permitía verla
en necesidad. Yo le proveería todo lo que ella necesitara, aunque pensara
que tales provisiones venían del amante.
Al despedirnos, nos estrechamos las manos. Con dificultad llevó las
provisiones. Yo lo seguí en medio de las sombras.
Ella salió a recibirlo y lo cubrió de amor. Le dijo que la esperara fuera
de la casa, mientras ella se cambiaba la ropa sucia y desgarrada por la nueva.
Después de un tiempo que parecieron horas, volvió a aparecer bien
vestida con radiante esplendor, como la Gomer que vi el primer día en casa
de su padre.
Su amante se acercó para abrazarla, pero ella lo rechazó y la oí decir:
“¡No! Ciertamente la comida, la ropa, los cosméticos no vienen de tu mano,
sino de la mano de Baal que da todas las cosas. Estoy resuelta a expresar mi
gratitud a él, sirviéndolo como sacerdotisa en el lugar alto”.
Eso fue como si de repente me hubiesen encerrado entre piedras. No
me podía mover. La vi cuando se retiró. Parecía la novilla rebelde que había
visto en la juventud en el redil de mi padre.
No podía evitar el andar extraviada. Tanto más trataba yo de
restaurarla, más se alejaba de mí.
Con la debilidad que me producía el dolor interno, me marche
tambaleante a mi casa, para pasar noches de insomnio y días de confusión y
dolor.
Se entregó a su papel de sacerdotisa, prostituyó su cuerpo
entregándolo a la perversa voluntad de los adoradores de Baal.
Mi ministerio se convirtió en un peregrinaje de dolor. Me convertí en
un objeto de escarnio; me parecía que el castigo del pecado de Gomer y de
todo mi pueblo había caído sobre mí.
Ahora comprendí que “tener amor es saber soportar”.
Volví a acudir a Jehová, mis padres me ayudaron con la educación y
el cuidado de los niños, quienes respondían con obediencia y llegaron a ser
bálsamo de Galaad para mi herido corazón.
Pasaban los años y yo proclamaba el mensaje de Dios a través de la
tierra. Diariamente oraba por Gomer y mientras oraba, el amor cantaba en mi
alma.
Ella era mi sueño, y a veces era tan real, que sentía como si me
acabara de abandonar. Los años pasaban pero los sacerdotes de Baal la
tenían en sus mortales garras.
Hace cerca de un año ocurrió algo extraordinario: el color de la
primavera estaba tocando nuestra tierra. En la mitad de la meditación de la
mañana, me pareció que Dios me llamaba a estar en medio del pueblo de
Samaria.

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Me conmoví con un sentido de profunda esperanza. Vagué por las
calles. Pronto me encontré de pie en el mercado de esclavos. Detestaba ese
lugar; ahora entenderás por qué.
Apareció un sacerdote de Baal que llevaba a una mujer a la subasta
de esclavos. El corazón se me paralizó: era Gomer. Completamente desnuda,
se paró en la plataforma de subasta.
Ella estaba quebrantada, macilenta y muy delgada. Las costillas
sobresalían de su piel. El rostro, que una vez había brillado de amor, estaba
pálido y con arrugas. Su cabello, una vez bien peinado, tenía muchas hebras
grises y caía desordenado sobre sus mejillas manchadas por las lágrimas.
Los ojos, que una vez danzaron llenos de vida, clamaban por compasión. Y
lloré.
Luego el amor de Dios susurró a mi corazón.
La subasta había comenzado: llegó a 13 siclos. Antes que yo
comprendiera plenamente los propósitos de Dios, ofrecí 15 siclos de plata;
alguien ofreció 15 siclos de plata y un homer de cebada. “15 siclos de plata y
un homer y medio de cebada”, grité. La subasta había terminado.
Cuando subí a la plataforma, un murmullo se despertó en la multitud:
conocían a Gomer y me conocían a mí. Los curiosos se acercaron para ver
qué haría con ella. Acaso la mataría ahí mismo por su desobediencia.
Gomer necesitaba ayuda con desesperación, sentía soledad,
vergüenza, esclavitud, afrontaba la muerte eterna (Rom. 6:23).
El amor conquistó todo. El amor perdonó todo. El amor estuvo
dispuesto a olvidar todo.
Me paré frente a Gomer y clamé al pueblo: “Apartaos de
vuestras fornicaciones, no sea que yo os despoje y desnude y los deje
como tierra seca y los mate de sed”.
La rodeé con mis brazos como para proteger su desnudez de
los hombres que la miraban. Grité a un comerciante: “¡Tráeme el
vestido blanco del fondo, el más costoso en exhibición!” Luego pagué
el precio por el vestido y cubrí sus hombros temblorosos con ese
manto impecable. Le dije: "Deja de huir de mi amor. Tú eres mía por
el derecho natural del esposo; no olvides que un día me casé contigo
y ahora también eres mía porque te compré por precio. Ya no andarás
errante de mí. No temas, Gomer, eres mía, toda mía por fin. Te amo,
no tienes nada que temer, vamos a casa. Tú serás mía durante
muchos días; no fornicarás ni tomarás otro varón, lo mismo haré yo
contigo (Oseas 3:3).
Entonces, mirando al pueblo que quería saber lo que pasaría
con ella en esa hora, les hablé diciendo:
"Muchos días estarán los hijos de Israel sin rey, sin príncipe,
sin sacrificio, sin estatua, sin efod y sin serafines, después volverán
los hijos de Israel y buscarán a Jehová su Dios y a David su rey, y
temerán a Jehová y a su bondad en el fin de los días y donde se dijo
de Israel" (Oseas 3:4,5).

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Lo-Ruhama, “tú no eres amada” se dirá Ruhama, “eres amada”,
porque el amor de Dios no te abandonará, te perseguirá todos los días de tu
vida.
Y donde Israel fue llamado Lo-Ammi, “tú no eres mi pueblo”, se dirá
Ammi, “tú eres el pueblo del Dios viviente”, porque te perdonaré y te
restauraré.
Regresé a casa con mi frágil carga, pasamos por en medio de la
multitud atónita que nos vio perdernos en el polvoriento camino.
Le restauré su salud con tierno cuidado. A diario le leía los escritos de
Dios, le enseñé a cantar el canto de arrepentimiento de David y luego juntos
cantamos los cantos de alabanza de David a Dios.
En medio del canto la restauré para Dios, para nuestro hogar y para
nuestros hijos.
Ella es hermosa, yo la he amado siempre aun cuando se hallaba en la
profundidad de su desobediencia, porque mi Dios la amó. Gomer respondió
al amor de Dios y al mío. El nombre de Baal nunca ha vuelto a estar en sus
labios.

Conclusión
Ahora, pueblo mío, oye mi mensaje y da una respuesta.
Pues soy un profeta que ha sido conmovido por una gran verdad.
He llegado a comprender en lo profundo de mí ser cuán
desesperadamente ama Dios a los pecadores. Cuán deliberadamente los
busca. Cuán devotamente los atrae a sí. No sigas huyendo del amor de
Dios.
Recuerda: el amor de Dios te pide fidelidad. Habrá muchas razones
para pensar en su amor.

Llamado
¡No huyas del amor de Dios!

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8 – Sueños Olvidados
Orientaciones y herramientas para el predicador

Enseñanza principal
Dios tiene una misión y un sueño para cada uno, sólo tienes que estar
dispuesto(a) a reconocerlos y hacerlos realidad.

Idea principal para predicar


La gracia de Dios te perseguirá y con paciente amor te guiará hasta
que, consciente del propósito de tu vida, lo busques para hacer realidad el
sueño que tiene para ti.

Invitación para tomar una decisión


No esperes a que las desgracias toquen a la puerta de tu vida para
entonces reconocer los planes, sueños y propósitos que Dios tiene para ti. Él
te necesita y quiere verte feliz.

Materiales para reforzar el mensaje


Una navaja de rasurar, una máquina de cortar el cabello o una señal
de peluquería.

SUEÑOS OLVIDADOS
Salmo 32:8

Una de las declaraciones más impactantes en la búsqueda de


igualdad racial fue pronunciada ante una multitud en el año de 1963 en
Washington, D.C. por Martín Lutero King: “Yo tengo un sueño”. Su sueño era
ver a la raza de color tratada con dignidad. Dios también tiene un sueño; un
sueño para ti.
Todos en algún momento de la vida hemos soñado con ser alguien o
tener algo, con conquistar una posición o hacer realidad un ideal.
Finalmente son nuestras acciones las que construyen nuestros
sueños. Quiera Dios que cada una de ellas esté encaminada a hacer realidad
el sueño que Dios tiene para nuestras vidas.
“En el cimiento de la vida de una persona están sus creencias. Lo que
cree establece los valores y sus valores impulsan sus acciones” (Glenn
Schultz).

Ambiente
(Jueces 13)
El pueblo de Israel tenía dos opciones entre las cuales continuamente
debían elegir: servir o no servir a Dios. Cada una de ellas tenía

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consecuencias, y cuando hacían lo que ofendía a Dios, los entregaba en
manos de otras naciones.
En esta ocasión, y ya había sucedido muchas veces, fueron
entregados en manos de los filisteos por un período de cuarenta años.
Cuando Dios veía que el pueblo había recapacitado y lo buscaba,
entonces levantaba un líder entre ellos para liberarlos.
El medio que Dios utilizaría era una familia que por alguna razón no
habían podido tener un hijo.
El milagro se daría en el vientre estéril de una mujer. Al igual que su
concepción, este no sería un niño común del pueblo de Israel. Dios tenía un
sueño surgido de la necesidad del pueblo de Israel, y les mostraría cuánto los
amaba y sufría al verlos maltratados a causa de su desobediencia.
Las manifestaciones del ángel de Jehová para con Manoa y su
esposa para hacerle saber que tendrían un hijo fueron asombrosas. Así
comenzaron a cumplirse los sueños y la promesa de que ese hijo sería un
héroe nacional.
Jueces 13:5 dice que sería nazareo (apartado), consagrado a Dios
desde antes de nacer. Se prepararía para liberar a Israel del poder de los
filisteos. Nacido para triunfar, con una misión y con la presencia de Dios
garantizada en su vida. ¿Se parecerá esta historia a tu vida y la mía?

PERSONAJES

Sansón: nacido para ser un héroe nacional. Resultado de la intervención


directa de parte del cielo para hacer una realidad su nacimiento; con
indicaciones específicas en cuanto a cómo debía ser educado y las
precauciones a tomarse durante el período de su gestación.
Aun antes de nacer el cielo tenía un plan, un motivo y un propósito
para su vida.
Dotado de una fuerza extraordinaria y sobrenatural, que sería usada
como una herramienta en la misión que se le había de colocar sobre sus
hombros.
Convino el cielo permitirle tomar sus propias decisiones en cuanto a la
forma de llevar adelante el plan de la liberación del pueblo de Israel, no
estaba obligado a seguir un plan; él podía y debía reconocer la estrategia que
le sería mostrada de parte de Dios.

Mujer: Joven filistea, mujer hermosa que llamó la atención y logró hacer nacer
sentimientos de un distinguido joven israelita, denominado el héroe de Israel.
Pertenecía a una familia que no midió los peligros de desafiar a un
israelita como lo es Sansón, por lo que recibieron un castigo muy fuerte por no
respetar los acuerdos hechos.

Dalila: mujer que representaba los intereses del pueblo filisteo, puede
considerársele el instrumento que aprovechan los dirigentes filisteos para

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poder mantener en sujeción al héroe de Israel.
Mujer ambiciosa, movida por sus propios intereses y motivada por el
orgullo nacional de descubrir un secreto profesional de un soldado de los altos
rangos del pueblo de Israel.

Trama
Todo está bien mientras nos sujetamos a los planes y sueños que
Dios tiene para nuestra vida.
Sansón debió haber crecido como un niño especial; los padres
contaron al pueblo que mientras el niño crecía disminuían los días que vivirían
bajo el azote de los filisteos.
Más de una familia debió haber suspirado por la posibilidad de que su
hija pudiera tener una relación sentimental con el joven que cada día daba
más evidencias de poder llegar a ser un héroe nacional.
Un buen día, sin embargo, las cosas tomaron un giro inesperado: los
padres recibieron una noticia de los propios labios del hijo, quien había
incursionado en los pueblos de los filisteos y se había enamorado de una
bella mujer, con quien deseaba formalizar una relación de matrimonio.
Los sueños se empiezan a desquebrajar cuando anteponemos
nuestros propios intereses ante los intereses de Dios para nuestras vidas.
(Jueces 14:1-20)
Sucedió que yendo a casa de la novia, al apartarse del camino, tuvo
un encuentro con un joven león al que mató, pero no lo reveló a sus padres.
(Jueces 14:5,6)
Varios días después, ya de regreso a casa de la novia, para consumar
el matrimonio, se recordó del leoncillo y al ir a verlo descubrió que había un
panal en el cadáver; tomó un trozo de aquel, lo comió y ofreció también a sus
padres, sin decir de dónde lo había tomado.
La ley de salud del pueblo prohibía que se tocara un animal muerto,
pero él lo había tocado, tomado de la miel y llevado a sus padres, haciéndolos
partícipes de su desobediencia. Jugaba con lo que Dios decía que no se
hiciera y un mal paso preparaba el camino para otro. (Jueces 14:8,9)
La decadencia moral carcome poco a poco el corazón hasta que
finalmente se cede a la tentación y se cae.
Pocas veces se le vio tan resuelto y puso en marcha un plan diferente
al plan de Dios para su vida. Ahora pidió la mano, hizo los arreglos y regresó
a la fiesta de bodas.
Siendo la costumbre de poner a un acompañante al novio, fue
sorprendido con el hecho de que le pusieron treinta compañeros para que
estuvieran con él. Pudo haber servido esto como advertencia, pero sus ojos
se enceguecían cada vez más. (Jueces 14:11)
Los filisteos sabían que Sansón podía tomar venganza de los filisteos
de un momento a otro, temían lo que pudiera hacer. Para su propia diversión,
Sansón elaboró un enigma para sus acompañantes con la promesa de una
recompensa si lo resolvían. (Vs. 12-14)

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Viene una nueva crisis mientras los días de la fiesta transcurrían y se
acerca el plazo para resolverlo. Los acompañantes recurrieron a la esposa y
amenazaron con quemarla si no obtenía la respuesta de Sansón, pues se
sintieron burlados. Entonces, con Sansón, la mujer lloró, molestó y finalmente
consiguió la respuesta de los labios de él. Sabiéndose engañado y
traicionado, se llenó de ira y fue en busca de treinta filisteos, los mató y
despojó para dar sus ropas a los acompañantes de la boda y pagarles, así, la
apuesta.
Molesto, no consumó la boda y se fue. Una vez tranquilo, regresó por
su novia, y para su sorpresa encontró que se le habían dado como esposa a
un amigo, pensando que él no tendría más interés de ella. Enfurecido cobró
venganza prendiendo fuego por la cola a trescientas zorras, a las que soltó
por los trigales secos, consumiendo toda la cosecha de grano de los filisteos.
Cada vez que abandonamos los planes de Dios para nuestra vida lo
único que conseguimos es complicar las cosas.
Creyendo que había tomado venganza de los filisteos resultó que
ellos tomaron venganza contra él, y en su ausencia quemaron a su esposa y
su familia.
Sin haber aprendido la lección, complicó aún más las cosas al
enamorarse de Dalila, una mujer hermosa y pública del valle de Sorec.
Comenzó de nuevo un diálogo con el pecado, el que lo llevó
finalmente a una triste condición de vida.
Dalila había aceptado la oferta de mil cien ciclos de plata ofrecidos por
cada uno de los príncipes filisteos que la habían ido a entrevistar. Su ambición
la llevó a luchar para descubrir cuál era la fuente de la fuerza física
descomunal que poseía Sansón.
“La verdadera grandeza de un hombre se mide por el poder de las
emociones que él domina y no por las que lo dominan a él”. (Patriarcas y
profetas, pág. 612)
Jugó con el pecado pensando que en el momento que
quisiera detenerse lo lograría. El tiempo invertido en su pasatiempo hizo que
finalmente se olvidara del sueño que Dios tenía para su vida.
Cuando Dalila preguntaba, él siempre tenía una pista para ella, pero
no decía la verdad total. No todo era mentira, pero no todo era verdad.
Vale la pena notar que Dalila, al igual que el pecado, ya no vino
disfrazada, sino que le habló directo: “¿En qué consiste tu gran fuerza y cómo
podrás ser atado para ser dominado?” (Jueces 16:6)
Su gran fuerza tenía que ver con el sueño que Dios tenía para él y
podría ser dominado sólo si dejaba de lado los planes de Dios para su vida.
Su cabellera era sólo un símbolo, “no había virtud alguna en sus cabellos
largos, sino que eran una señal de su lealtad a Dios…”
¿Cuál es el sueño que Dios tiene para ti? ¿Dónde te encuentras
ahora? Y, lo más importante, ¿qué has hecho con el sueño que Dios tiene
para tu vida?
No olvides que Dios nos creó con la capacidad de hacer planes para

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el futuro y sufrimos cuando vamos más allá de nuestros límites, o cuando no
tenemos lo que queremos.
Saber qué quieres o tener un propósito en la vida, le dará, en primer
lugar, sentido a tu existencia; en segundo lugar, simplificará tu vida. Sin
embargo, no hagas más de lo que Dios quiere que hagas, debes enfocar tu
vida. En tercer lugar, dará un estímulo a tu vida; después de todo, el trabajo
sin propósito acaba tu vida.
Tener bien claro un propósito en tu vida te prepara para la eternidad.
Recuerda que lo más importante es saber qué hiciste con Jesucristo y con lo
que te entregó.
Dios quiere que seas completamente feliz y la fuente de la felicidad es
Jesús. Quiere hacer de ti un héroe; te quiere ver triunfar; desea que salgas
adelante; que te prepares para prosperar; que no sufras la derrota que
quebranta el alma y el espíritu.
Sólo unas cuantas palabras para recordarte lo que te quiere decir:
“Mío eres tú” (Isaías 43:1-4) y “No temas” (Isaías 41:10).
Vs. 7-10. Volviendo a la carga Dalila, Sansón le dijo: “Si me atares
con siete mimbre verde que aún no estén secos”. Dalila lo ató, hizo traer a los
filisteos para poder comprobar lo que se le había dicho, pero Sansón se
levantó para comprobar que no sucedía nada y poder seguir avanzando en su
juego, pues había una fuerza sutil que lo ataba a ella.
“Me has engañado” le reprochó Dalila y se engañaba a sí mismo
olvidando el sueño que Dios tenía para su vida.
Vs. 11-12. Ahora las instrucciones de Sansón fue de traer sogas
nuevas, y Dalila repite el mismo procedimiento. Sansón se liberó de nuevo.
Vs. 13-15. “Me has engañado” vuelve a lloriquear Dalila. Las
instrucciones fueron, entonces, de utilizar siete trenzas aseguradas con una
estaca de telar en el cabello de Sansón, llevando a Dalila muy cerca del
secreto.
“Tres veces tuvo Sansón la más clara manifestación de que los
filisteos se habían aliado con su hechicera para destruirle; pero cuando ella
fracasaba es su propósito hacía de ello un asunto de broma, y él ciegamente
desterraba todo temor.” (Patriarcas y profetas, pág. 610)
Vs. 16-18. Desarmada su voluntad, Sansón descubrió todo su
corazón y confesó: “Nunca pasó navaja sobre mi cabeza, porque soy nazareo
de Dios desde mi nacimiento, si soy rapado mi fuerza se apartará de mí.”
Vs. 18-19. Sansón fue rapado y los filisteos se lanzaron sobre él.
Vs. 20. “Esta vez saldré como las otras veces y me escaparé”, planeó
Sansón, pero Jehová se había apartado de él.
Quiero que pienses cuántas veces has jugado con el pecado y
aparentemente has salido ileso; cuántas veces Dios te ha llamado para que le
des tu corazón y no has podido ver su mano de amor anhelante que quiere
hacer realidad el sueño que tiene para tu vida.
De pronto, sin embargo, la tragedia visita nuestra vida, nos vemos

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confrontados con crisis que no previmos que vendrían, con eventos que no
pensábamos se darían en nuestra experiencia y de pronto todo cambia.
Vs. 21. La tragedia tocó su vida, lo tomaron preso y estaba sin
fuerza. Los filisteos le sacaron los ojos y llevándolo a Gaza, fue puesto en un
molino y, amarrado con cadenas, ocupa el lugar de una bestia.
Nunca el sueño de Dios ha sido que seas mutilado, física o
emocionalmente; nunca ha deseado verte sufrir, no quiere que sufras sin
necesidad; por el contrario, quiere aclarar tu visión para que puedas ver el
sueño que tiene para ti.

Resolución
Su cabello empezó a crecer. Fue llamado algún tiempo después para
que sirviera de diversión en la fiesta que se celebraba al dios Dagón (dios
pez), pues era el que había entregado en sus manos a su enemigo, según sus
creencias.
Mutilado, lastimado, herido física y emocionalmente, se presentó
delante del pueblo en la fiesta, y estando allí elevó una oración a Dios,
(Jueces 16:28) “Señor Jehová, acuérdate ahora de mí, y fortaléceme, te
ruego, solamente esta vez, oh Dios…”
No sé dónde estás y cómo te sientes ahora, pero ojalá esta oración
fuera tuya también y pudieras sentir el poder de Dios en tu vida para dejar que
él haga su sueño realidad en tu vida
Vs. 29. Sansón tomó las dos columnas principales donde descansaba
el edificio lleno de gente importante de los filisteos y dijo: “Muera yo con los
filisteos”.
Qué final trágico tuvo la vida de un hombre que había sido llamado
para ser el héroe de Israel y que finalmente murió en una condición muy triste.
Vs. 31. Una delegación de israelitas, entre ellos sus familiares, llegó a
buscar el cuerpo de quien debió haber sido vitoreado por el pueblo de Israel,
pero de entre los escombros sacaron a un muchacho lastimado del rostro y el
cuerpo y sin ojos. Ahora era llevado de regreso a casa; no había trompetas de
júbilo ni algarabía del pueblo, sólo una procesión que lamenta que la vida de
un héroe nacional terminara de esa manera.

Conclusión
¿Qué harás con el sueño que Dios tiene para tu vida? Aún hay tiempo
para darle sentido a tu vida. Quiera Dios que seas dirigido por su amor y
hagas su voluntad en todo. Sí, él tiene un sueño para ti, nunca lo olvides.
Recuerda que cada cuerda de la vida que rasgamos en esta tierra
tiene consecuencias por la eternidad.
Esta promesa es para ti: “No se deja solo al hombre para que venza el
poder del mal mediante sus débiles esfuerzos. Hay ayuda puesta a su
disposición, y ella le será dada a toda alma que realmente lo desee.”
(Patriarcas y profetas, pág. 613)

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Ilustración de niño de beisbol
En una cena de beneficencia para una escuela de niños con
capacidades especiales, el padre de un estudiante pronunció un discurso que
nunca será olvidado por las personas que lo escucharon.
Después de felicitar y exaltar a la escuela y a todos los que trabajan
en ella, este padre hizo una pregunta: “Cuando no hay agentes externos que
interfieran con la naturaleza, el orden natural de las cosas alcanza la
perfección, pero mi hijo, Herbert, no puede aprender como otros niños lo
hacen. No puede entender las cosas como otros niños. ¿Dónde está el orden
natural de las cosas en mi hijo?”
La audiencia quedó impactada por la pregunta. El padre del niño
continuó diciendo: “Yo creo que cuando un niño como Herbert, física y
mentalmente discapacitado, viene al mundo, una oportunidad de ver la
naturaleza humana se presenta, y se manifiesta en la forma en la que otras
personas tratan a ese niño”. Entonces contó que un día caminaba con su hijo
Herbert cerca de un parque donde algunos niños jugaban beisbol. Herbert le
preguntó a su padre: “¿Crees que me dejen jugar?” Su padre sabía que a la
mayoría de los niños no les gustaría que alguien como Herbert jugara en su
equipo, pero el padre también entendió que si le permitían jugar a su hijo, le
daría sentido de pertenencia muy necesario y la confianza de ser aceptado
por otro a pesar de sus habilidades especiales.
El padre se acercó a unos de los niños que estaba jugando y le
preguntó, sin esperar mucho, si Herbert podría jugar. El niño miró alrededor
como buscando a alguien que lo aconsejara, y luego le dijo: “Estamos
perdiendo por seis carreras y el juego esté en la octava entrada. Supongo que
puede unirse a nuestro equipo y trataremos de ponerlo al bate en la novena
entrada”.
Herbert se desplazó con dificultad hasta la banca y con una amplia
sonrisa se puso la camisa del equipo mientras su padre lo contemplaba con
lágrimas en los ojos por la emoción. Los otros niños vieron la felicidad del
padre cuando su hijo fue aceptado.
Al final de la octava entrada, el equipo de Herbert logró anotar algunas
carreras pero aún estaban detrás en el marcador por tres carreras.
Al inicio de la novena entrada, Herbert se puso un guante y jugó en el
jardín derecho. Aunque ninguna pelota llegó a Herbert, estaba obviamente
extasiado sólo por estar en el juego y en el campo, sonriendo de oreja a oreja
mientras su padre lo animaba desde las graderías.
Al final de la novena entrada, el equipo de Herbert anotó de nuevo.
Ahora con dos ‘outs’, las bases llenas y a una carrera para obtener el triunfo.
Ganar era una posibilidad y Herbert era el siguiente en batear.
Con esta oportunidad, ¿dejarían a Herbert batear y renunciar a la
posibilidad de ganar el juego? Sorprendentemente, Herbert estaba al bate.
Todos sabían que un solo 'hit' era imposible porque Herbert no sabía ni como
agarrar el bate correctamente, mucho menos pegarle a la bola. Sin embargo,
mientras Herbert se paraba sobre la base, el 'pitcher', se dio cuenta que el

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otro equipo estaba dispuesto a perder para permitirle a Herbert un gran
momento en su vida. Así que se movió unos pasos al frente y tiró la bola muy
suavemente para que Herbert pudiera al menos hacer contacto con ella. El
primer tiro llegó y Herbert abanicó torpemente y falló. El lanzador de nuevo se
adelantó unos pasos para tirar la bola suavemente hacia el bateador. Cuando
el tiro se realizó, Herbert abanicó y golpeó la bola suavemente justo enfrente
del 'pitcher'. El juego podría haber terminado. El 'pitcher' podría haber
recogido la bola y haberla tirado a primera base. Herbert hubiera quedado
fuera y habría sido el final del juego. Pero, el 'pitcher' tiró la bola fuera del
alcance del niño en primera base y del resto de sus compañeros de equipo.
Todos desde las graderías y los jugadores de ambos equipos
empezaron a gritar “Herbert, corre a primera base, corre a primera”. Nunca en
su vida Herbert había corrido esa distancia, pero logró llegar a primera base.
Corrió justo sobre la línea, con los ojos muy abiertos y sobresaltados. Todos
gritaban: “¡Corre a segunda!” Recobrando el aliento, Herbert, con dificultad,
corrió hacia la segunda base.
Para el momento en que Herbert llegó a segunda base, el niño del
jardín derecho tenía la bola...era el niño más pequeño en el equipo y sabía
que tenía la oportunidad de ser el héroe del día. Él podía haber tirado la bola
a segunda base, pero entendió las intenciones del 'pitcher' y tiró la bola alta,
sobre la cabeza del niño en tercera base. Herbert corrió a tercera base
mientras que los corredores delante de él hicieron un círculo alrededor de la
base.
Cuando Herbert llegó a tercera, los niños de ambos equipos, y los
espectadores, estaban de pie gritando “¡Corre a home! ¡Corre!”. Herbert corrió
al 'home', se paró en la base y fue vitoreado como el héroe que bateó el
'grand slam' y ganó el juego para su equipo. “Ese día”, dijo el padre con
lágrimas bajando por su rostro, “los niños de ambos equipos ayudaron
dándole a este mundo un trozo de verdadero amor y humanismo”. Herbert no
sobrevivió otro verano. Murió ese invierno, sin olvidar nunca haber sido el
héroe y haber hecho a su padre muy feliz, haber llegado a casa y ver a su
madre llorando de felicidad y abrazando a su héroe del día.
El cielo ha hecho todo lo posible porque tú seas un héroe. No dejes
pasar por alto esta oportunidad, dale toda tu vida a Dios y deja que Jesús y su
Espíritu Santo te guíen hoy y siempre.

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