You are on page 1of 3

http://www.elmercurio.

com/legal/noticias/opinion/2016/03/24/peritajes-psicologicos-de-
dano-como-medio-de-prueba-para-acreditar-vif-y-maltrato-habitual.aspx

Peritajes psicológicos de daño como medio de prueba para acreditar VIF y maltrato habitual

"... Para establecer la presencia maltrato habitual y VIF es insuficiente el relato subjetivo de la
presunta víctima. Además, es fundamental disponer de una serie de antecedentes y pericias
psicológicas que contribuyan a que el juez disponga de un grado de convicción jurídica
razonable..."

Jueves, 24 de marzo de 2016 a las 17:20

Comente

Mauricio Pavez
En Chile se desconoce la relevancia que tienen los informes psicológicos como uno de los diversos
medios de pruebas para acreditar las figuras de violencia intrafamiliar (VIF) y maltrato habitual. En
este orden de ideas, la presente columna tiene por objeto revertir este escenario. Ello para
contribuir a que los jueces dispongan de elementos de juicio científicos para resolver con mayores
grados de validez. Para tales efectos, se dará a conocer la naturaleza de los informes psicológicos
de daño; así como indicar cuál es su utilidad en el contexto jurídico. En particular, para el
propósito de acreditar VIF y maltrato habitual.

I. Violencia intrafamiliar desde un punto de vista jurídico y daño psicológico

Desde un punto de vista jurídico según el abogado Jorge Garrido Chancana, para establecer dicha
figura legal se requiere que concurran dos elementos o criterios. El primero de ellos es acreditar la
conducta maltratadora, y el segundo es establecer o acreditar los efectos físicos o psicológicos
derivados de la conducta violenta. De lo anterior se desprende lógicamente que es insuficiente la
acreditación objetiva de la conducta maltratadora como único criterio para establecer dicha figura
legal (por ejemplo, un video, un correo electrónico, una carta, un testimonio). Además, desde un
punto de vista formal y jurídico también se debe acreditar formalmente el daño psicológico
mediante una metodología científica, y, por consiguiente, objetiva, siendo insuficiente el relato
subjetivo de la persona presuntamente afectada.

Ahora bien, es importante destacar que desde un punto de vista psicológico es poco frecuente o
extraño que solo una conducta violenta genere como consecuencia un menoscabo psicológico. Sin
embargo, debemos confesar que ello puede acontecer excepcionalmente. Por regla general, un
menoscabo psicológico (es decir, un trastorno mental reactivo) se genera como resultado de la
agresión crónica o habitual, lo cual acontece más frecuentemente en la figura legal de maltrato
habitual.

La VIF puede acontecer, por ejemplo, cuando uno de los cónyuges a consecuencia de estar en
estado de ebriedad o bajo la intoxicación de alguna sustancia humilla en público a la pareja. En
este caso, la conducta del cónyuge constituye un estímulo suficientemente perturbador como
para generar un menoscabo psicológico acreditable. Este evento aún cuando sea aislado es
suficientemente intenso como para afectar la honra y el carácter de la persona. Sin embargo, en
nuestra opinión profesional, por regla general, es poco frecuente que solo una conducta violenta
genere consecuencias psicológicas adversas significativas. No obstante ello, es importante
destacar que cada caso en particular debe ser examinado conforme a los antecedentes específicos
del mismo.

II. Delito de Maltrato habitual y daño psicológico

Para la psicología forense la habitualidad (cronicidad) de la conducta maltratadora, casi en la


totalidad de los casos, genera como consecuencia trastornos mentales reactivos. Desde un punto
de vista científico, resulta muy extraño o atípico que una persona que ha sido agredida de manera
crónica y sistemática no presente algún trastorno mental reactivo. En este orden de ideas, los
peritajes psicológicos de daño constituyen uno de los principales medios de prueba existentes
para los efectos de acreditar la figura de maltrato habitual (crónico).

III. Distinción entre daño psicológico y aflicción

En primer, lugar es preciso señalar que la aflicción se caracteriza por un estado de la tristeza
pasajero y transitorio, y en consecuencia, es un afecto inherente a la condición humana. Un
ejemplo de aflicción es sentir abatimiento cuando nuestro equipo favorito de fútbol es goleado
por su archi-rival. Sin embargo, es importante reiterar que la aflicción, por definición, es un
sentimiento transitorio, y, por lo tanto, no es incapacitante. En cambio, desde la perspectiva
forense, el daño psicológico (secuelas psicológicas), se genera por la exposición del sujeto a un
estímulo o varios suficientemente poderosos (ilícito(s)) como para generar un estado de
sufrimiento crónico, y, como resultado de ello trastornos mentales reactivos.

Los peritajes psicológicos de daño en materia de VIF y maltrato tienen por finalidad indagar si
existe un nexo causal temporal entre, por ejemplo, las agresiones (estímulos) y un posterior
cambio patológico en la víctima (por ejemplo, trastorno por estrés post traumático). En otras
palabras, los peritajes psicológicos tienen por finalidad indagar si existe daño psicológico a
consecuencia de la figura de VIF o maltrato habitual.

Para la psicología forense las pruebas psicológicas de daño son válidas solo cuando se parte de la
tesis que el menoscabo mental es atribuible al supuesto ilícito. Por consiguiente, cuando el sujeto
presenta una alteración pre-existente (con anterioridad al supuesto ilícito) no es aconsejable
realizar una evaluación psicológica de daño. Ello porque es sumamente difícil distinguir la relación
de causalidad entre el estímulo ilícito y la posterior aparición de una patología reactiva. Sin
embargo, para otros autores como Daniel Navarro, el daño psicológico también se puede acreditar
cuando existe una patología mental pre-existente. En particular, éste señala que un ilícito
(estímulo perturbador) puede en algunos casos exacerbar o agravar una enfermedad pre-
existente. Por ejemplo, un sujeto que presentaba con anterioridad al ilícito ataques de pánico,
como resultado de sufrir un ilícito puede experimentar un aumento de la intensidad, frecuencia de
los episodios, y por consiguiente, se puede exacerbar la enfermedad. Sin embargo, por regla
general, esta teoría no es acogida por los jueces.

Para establecer la presencia maltrato habitual y VIF es insuficiente el relato subjetivo de la


presunta víctima. Además, es fundamental disponer de una serie de antecedentes y pericias
psicológicas que contribuyan a que el juez disponga de un grado de convicción jurídica razonable.
Este ejercicio es fundamental para discernir en qué circunstancias acontece un problema conyugal
esperable (normal) respecto un caso verdadero de violencia intrafamiliar y maltrato habitual.
Discernir entre uno y otro evento es fundamental para no generar consecuencias psicológicas
adversas en los miembros de la familia; así como para no judicializar los conflictos o
desencuentros que son inherentes a la condición humana.

* Mauricio Pavez Diez es perito psicólogo externo de la Corte de Apelaciones, del Ministerio
Público, de la Defensora Penal Pública y colaborador externo del Sename.