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Typus Orbis Terrarum,

obra de Abraham Ortelius. 1570


Tomado de: http://blogs.ua.es/
cienciaytecnologiasigloxvi/2013/01/16/cartografia/
El territorio moderno y la geografía (colonial) del capital. Una arqueología mínima
Modern Territory and (Colonial) Geography of Capital. A Minimal Archeology
O territorio moderno e a geografia (colonial) do capital. Arqueologia mínima

Horacio Machado Aráoz


Doctor en Cs. Humanas con mención en Estu- Esta artículo deriva de la investigación desa-
dios Sociales y Culturales (Unca). Investigador rrollada en el marco del plan de trabajo del au-
Adjunto de conicet. Centro de Investigacio- tor como investigador del conicet titulado
nes y Transferencia Catamarca (citca)-Co- “Territorios y cuerpos en disputa. Transforma-
nicet. Facultad de Humanidades, Universidad ciones socioterritoriales y conflictos ecológicos
Nacional de Catamarca. en la Provincia de Catamarca”.
machadoaterreno@arnet.com.ar

doi: 10.11144/Javeriana.mys19-39.tmgc

Resumen Abstract Resumo


Este artículo procura ofrecer una arqueolo- This article seeks to provide a minimal ar- Este artigo visa fornecer uma arqueologia mí-
gía mínima sobre algunos de los principales cheology of some of the main theoretical links nima sobre alguns dos principais elos teóricos
eslabones teóricos con base en los cuales fue that influenced how the modern concept of com base nos quais o conceito moderno de te-
articulándose el concepto moderno de territo- territory was articulated. This inquiry see- rritório foi se articulando. Tal investigação pre-
rio. Esa indagación pretende hacer manifiesto ks to bring to light the extent this construct tende manifestar em qual medida tal construto
en qué medida dicho constructo ha opera- has operated as a key mechanism for the gra- tem operado como dispositivo chave para a
do como un dispositivo clave para la progre- dual establishment and institutionalization of progressiva constituição e institucionalização
siva constitución e institucionalización de la the colonial geography of capital as a global da geografia colonial do capital como sistema
geografía colonial del capital como sistema de western domination system, in particular, as an de dominação plenamente global e de Ociden-
dominación plenamente global y de Occiden- hegemonic geopolitical core. te, em particular, como seu núcleo geopolítico
te, en particular, como su núcleo geopolítico hegemónico.
hegemónico.

Palabras clave Keywords Palavras-chave


territorio; propiedad; colonialidad; capitalismo territory; property; colonialism; capitalism território; propriedade; colonialidade; capitalismo

174 / Mem.soc / Bogotá (Colombia), issn 0122-5197, 19 (39): 174-191 / julio-diciembre 2015
El descubrimiento de la América y el del paso a las Indias Orientales por rutas comerciales. En todo ese proceso, el con-
el Cabo de Buena Esperanza han sido los dos sucesos más importantes y cepto de territorio ha ocupado un lugar clave,
grandes que se encuentran en la historia del mundo. Sus consecuencias como soporte material y simbólico del emer-
han sido ya muy considerables; pero es todavía un periodo muy corto gente Estado-nación y de los presupuestos mis-
el de los dos o tres siglos que han pasado para haberse experimentado y mos de la humanidad.
advertido todas ellas. Qué beneficios, o qué daños puedan resultar en La geografía moderna, nacida como instrumen-
el futuro para la humanidad de estos dos admirables sucesos, no hay to epistémico del poder imperial, ha instituido
previsión humana que pueda penetrarlo. las divisiones que las guerras de conquista y las
rutas comerciales fueran pergeñando a partir de
Adam Smith, La riqueza de las naciones, 1776. 1492 en adelante, como expresiones de las jerar-
quías civilizatorias y raciales supuestamente es-
tablecidas entre territorios y poblaciones, ya sea
La gran industria ha creado el mercado mundial, ya preparado por la naturaleza, ya sea por la Historia. Occi-
por el descubrimiento de América. El mercado mundial aceleró dente mismo, como núcleo geopolítico y cultu-
prodigiosamente el desarrollo del comercio, de la navegación y de todos ral de esta geografía moderno-imperial, es una
los medios de transporte por tierra. Este desarrollo influyó a su vez en el entidad histórico-geopolítica cuya construcción
auge de la industria, y a medida que se iban extendiendo la industria, el no es independiente del proceso mismo de colo-
comercio, la navegación y los ferrocarriles, la burguesía se desarrollaba, nización del «resto» del mundo y de la correlati-
multiplicando sus capitales y relegando a segundo término a todas las va consagración del «territorio» como categoría
clases legadas por la Edad Media […]. Espoleada por la necesidad central de todo el andamiaje político y económi-
de dar cada vez mayor salida a sus productos, la burguesía recorre el co de las sociedades modernas.
mundo entero […] arrastra a la corriente de la civilización a todas las Partiendo de estas sugestiones, en este artícu-
naciones, hasta a las más bárbaras. […] Obliga a todas las naciones, si lo procuramos hacer una reconstrucción míni-
no quieren sucumbir, a adoptar el modo burgués de producción […]. En ma y selectiva, no exhaustiva, de algunos de los
una palabra: se forja un mundo a su imagen y semejanza. principales mojones teóricos sobre los que se ha
edificado el concepto moderno de territorio, así
Marx y Engels, Manifiesto del Partido Comunista, 1848. concebido como un pilar fundamental de la geo-
grafía imperial del capital.

Lo que ahora denominamos «globalización» lleva entre nosotros, de una El orden geográfico de la modernidad
forma u otra, mucho tiempo; al menos desde 1492, si no antes. (cartografía del colonialismo)

David Harvey, Espacios de esperanza, 2007. Si, prevenidos contra las trampas de la naturali-
zación, es decir, de la colonialidad del poder1,
Introducción abandonamos de entrada la noción del espacio
geográfico como puro ámbito de lo dado y asu-
La invención moderna del territorio ha resultado mimos concebirlo como propiamente un pro-
una herramienta fundamental para la construc- ducto complejo, históricamente emergente de
ción y consolidación de la geografía colonial del la imbricación dinámica, contingente y mutua-
capital. Su conceptualización e institucionaliza- mente constituyente entre acción social y espacio
ción ha ido urdiéndose a la zaga del proceso his- geofísico2, no podemos omitir una perspectiva
tórico-geográfico de irrupción y expansión del que lo piense desde el punto de vista del fenó-
colonialismo específicamente moderno. meno colonial, sobre todo cuando nos referimos
Las jerarquías civilizatorias imaginadas entre los
territorios y las clasificaciones raciales de las
poblaciones se han ido instituyendo como el 1 Aníbal Quijano, «Colonialidad del poder, eurocentrismo y América
suelo positivo de la geografía moderna, nacida Latina», en La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias
sociales. Perspectivas Latinoamericanas, comp. Edgardo Lander
como instrumento epistémico del poder impe- (Buenos Aires: clacso, 2000).
rial para trazar los mapas de las conquistas y las 2 Milton Santos, De la totalidad al lugar (Barcelona: Oikos-Tau, 1996).

El territorio moderno y la geografía (colonial) del capital. Una arqueología mínima / Horacio Machado Aráoz / 175
al espacio geográfico contemporáneo y a los es- cuanto de la propia extensión del «nosotros» como
pecíficos procesos de territorialización que acon- identidad abarcada y comprendida en aquella. En
tecen en el marco de la era moderna. En efecto, este sentido, Robert Sack señala que la idea de
así como el propio concepto de territorio es im- territorio expresa necesariamente a la noción de
pensable sin el poder o por afuera del poder, la «límite», y concomitantemente, a las de conti-
geografía de la modernidad es inconcebible sin nuidad-discontinuidad, adyacencia-contigüidad,
referencia al colonialismo, en particular al colo- identidad-alteridad5. A su vez, la propia idea de
nialismo del capital. límite evoca –en su profundo sentido filosófico-
Esto significa, de un lado, que se debe resaltar la político– la de la acción política por excelencia: «es
naturaleza eminentemente política del territo- que política es el arte de definir los límites»6.
rio. Este, como tal, es un concepto que hace refe- Entonces se puede afirmar, en definitiva, que no
rencia a una modalidad específicamente práctica hay territorio sin sujeto político que lo consti-
de aprehensión del espacio geográfico por par- tuya como tal, como tampoco hay sujeto políti-
te de las sociedades humanas. Se trata de una co sin ese proceso históricamente constituyente
aprehensión que es práctica en su cabal sentido de apropiación territorial. Producto, efecto y me-
holístico, esto es, que implica una apropiación dio de (re)producción del poder, el territorio es
semiótica-discursiva-representacional, y tam- propiamente un artefacto político, cuyas especifi-
bién, simultánea e inseparablemente, una apro- cidades se concretizan en el campo de la historia;
piación eminentemente económica y política3. es decir, las rugosidades, relieves y demarcacio-
La noción de territorio, por tanto, alude al es- nes que van a configurar los territorios como fe-
pacio geográfico simbólicamente estructurado y nómenos concretos adquieren sus geoformas,
políticamente construido por un determinado co- propiedades y atributos de los también especí-
lectivo humano, cuyos modos organizacionales ficos modos de concepción, apropiación, signifi-
y de subsistencia, relaciones de poder y defini- cación y uso que determinados sujetos históricos
ciones identitarias son, a su vez, intrínsecamente le imprimen. Y en tal sentido cabe concebir la(s)
dependientes de aquel. El espacio geográfico se geografía(s) resultantes como propiamente so-
constituye en «territorio» como efecto del poder cio-bio-geo-grafías políticas, como expresiones
de un colectivo humano que, a través del traba- territoriales de determinados regímenes de po-
jo social organizado, ejerce su administración, de- der-saber propios de ciertos sujetos históricos de
limitación, nominación, clasificación, distribución, determinadas comunidades políticas.
modos de uso y habitación, defensa y, del que, de Esta perspectiva nos permite entonces abordar la ecua-
tal modo, a través de esos procesos, construye su ción enunciada al comienzo. Lleva a preguntarnos
identidad-identificación4. por el sujeto político que construyó la territoriali-
Así, territorio y poder son conceptos recíprocamen- dad de la modernidad, por el específico régimen de
te constitutivos. No se pueden pensar el uno sin poder-saber que estructuró, configuró y definió los
el otro. El territorio alude de por sí a una comu- modos dominantes de concepción-apropiación-
nidad política que lo constituye y se constituye uso del espacio geográfico en la era moderna.
como tal en el simultáneo proceso de delimitación, Es ahí, en ese plano, que a la hora de indagar en
esto es, de demarcación tanto del espacio geográ- el proceso de producción política del territorio
fico como hábitat sobre el que ejerce su dominio,

5 Robert Sack, Human Territoriality: Its Theory and History (Cam-


3 Pierre Bourdieu, Le sens pratique (Paris: Minuit, 1980). bridge: Cambridge University Press).
4 Santos, De la totalidad; Carlos Walter Porto-Goncalves, «Da geo- 6 «Es preciso rescatar un significado que los griegos reservaron
grafia às geo-grafias: um mundo em busca de novas territoriali- para límites – Polis. Polis es como originalmente designaban
dades», en La guerra infinita: Hegemonía y terror mundial, comp. al muro con el que delimitaban la frontera entre la ciudad y el
Ana Esther Ceceña (Buenos Aires: clacso, 2002); Rita Segato, «En campo. Así, polis era el límite entre la ciudad y el campo. Tiem-
busca de un léxico para teorizar la experiencia territorial con- po después pasó a designar lo que se encontraba contenido en
temporánea», en (Des)territorialidades y (no)lugares. Procesos el interior del muro –la ciudad–. Mientras tanto, la polis, política,
de configuración y transformación social del espacio, ed. Diego la ciudad, la ciudadanía mantienen un íntimo vínculo con aquel
Herrera Gómez y Carlo Emilio Piazzini (Medellín: La Carreta Social, significado original». Carlos Walter Porto-Goncalves, El desafío
Instituto de Estudios Regionales, Universidad de Antioquia, 2006). ambiental (México: pnuma, 2004), 33.

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moderno, lo colonial no resulta apenas un matiz va a provocar el más violento movimiento tec-
o una perspectiva más entre otras posibles, sino tónico en las placas geológicas de la configura-
que emerge más bien con toda la fuerza de lo ción económica, política y epistémica del mundo,
constitutivo-constituyente. En un sentido histó- operando el desplazamiento del eje civilizatorio
rico-geográfico, la concepción moderna del terri- del planeta desde Oriente hacia lo que posterior-
torio es impensable sin referencia a la irrupción y mente se conocería como Europa, y más tarde
expansión del capitalismo y, por tanto, también, Occidente. Como señala Enrique Dussel:
del colonialismo. Si, como señala Milton Santos,
las formas espaciales son «un lenguaje de los mo- La anexión de Amerindia en 1492 por España per-
mitirá que Europa inicie el despliegue del sistema-
dos de producción»7, cabe concebir el territorio mundo –ahora realmente mundial–, pero debemos
moderno como la cabal expresión geográfica del tener conciencia de que esa Europa tenía todavía
colonialismo del capital8. significación periférica en referencia al espacio eco-
nómico y cultural continental asiático […]. Gracias a
En efecto, la modernidad, como específico régimen
la plata, y en menor medida al oro, España –y Europa
histórico de poder, construye e instaura un con- con ella– tuvo el dinero para comprar en el indicado
cepto-régimen territorial completamente nuevo mercado chino. Desde el Atlántico, del Caribe hacia
y se construye también a sí misma, en su versión Sevilla, o del Pacífico de Perú y de México hacia Fili-
pinas y China por el occidente, los metales preciosos
hegemónica, a través de esa territorialidad tam- integraron a la Europa del siglo xv al siglo xviii, al
bién nueva y específica: la territorialidad del co- Viejo Mundo como extremo occidente del naciente
lonialismo y del capitalismo. Como constructo sistema-mundo, siendo solo una región secundaria en
cuanto a la producción de mercancías10.
político, en su especificidad histórica, el territo-
rio moderno, y de allí en más la geografía mun-
De allí que el territorio de la modernidad habla
dial toda, emerge y se presenta como artefacto
fundamentalmente de la expansión colonial del
colonial por excelencia. Es que, en sus orígenes,
capitalismo. La configuración económica, po-
el territorio de la modernidad remite a la acumu-
lítica, ecológica, demográfica y epistémica del
lación originaria, la que se origina y desencade-
mapa-mundi moderno-contemporáneo remite
na a partir de los «descubrimientos imperiales»9.
indefectiblemente al
Esto es así no solo para Marx y sus sucesores de
la Escuela de los Annales y la geografía crítica (de descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de
Fernand Braudel y Henry Lefevbre a Immanuel América, la cruzada de exterminio, esclavización y se-
Wallerstein y David Harvey), sino también para pultamiento en las minas de la población aborigen,
al comienzo de la conquista y saqueo de las Indias
Adam Smith, el padre de la economía política y
Orientales, a la conversión del continente africano en
uno de los pilares de la cosmovisión liberal bur- cazadero de esclavos negros11.
guesa, quien, casi tres siglos después, no dejaba
de admirarse y de advertir sobre la magnitud y la En este plano, se comprende que no es que el colo-
productividad geopolítica y geoeconómica de ta- nialismo sea un incidente aleatorio en la configu-
les «descubrimientos». ración histórica del territorio moderno, ni es que
Es que lo que la historiografía occidentalocéntrica su papel sea relevante para entender apenas la te-
llama el «descubrimiento» del «Nuevo Mundo» rritorialidad de América Latina, o África. Por el
contrario, se trata de un factor fundamental en
7 Santos, De la totalidad, 23. la producción política de la geografía del mundo
8 Karl Marx y Friedrich Engels, Manifiesto del Partido Comunista. moderno como totalidad. La cartografía moder-
https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm
(consultado en mayo de 2014); Karl Marx, Elementos fundamen-
na –como globalidad ya desde sus orígenes– fue
tales para la crítica de la economía política (Buenos Aires: Siglo surgiendo y diseñándose históricamente por y
xxi, 1971); Karl Marx, El Capital, Tomo I (México: Siglo xxi, 1977);
a través de la expansión capitalista-imperialista
David Harvey, «Geopolitics ofthe Capitalism», en Social Relations
and Spacial Structures, ed. Derek Gregory y John Urry (Londres:
MacMillan, 1985); David Harvey, Space of Capital. Towards a Criti-
cal Geography (Londres: Routledge, 2001). 10 Enrique Dussel, «Sistema mundo y transmodernidad», en Moder-
9 Boaventura de Souza Santos, La caída del Angelus Novus. Ensa- nidades coloniales, ed. Saurabh Dube, Ishita Banerjee y Walter
yos para una nueva teoría social y una nueva práctica política (Bo- Mignolo (México: El Colegio de México), 212-213.
gotá: Universidad Nacional de Colombia, 2003), 69. 11 Marx, El Capital, 638.

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de Occidente. El fenómeno colonial resulta, por «territorio» y su institucionalización no solo ex-
tanto, el elemento fundacional de lo que se im- presan el nuevo patrón de poder mundial emer-
pone como la nueva geografía mundial; marca el gente, sino que además se constituye en su
origen de la geografía como ciencia y el origen fundamental medio de producción, expansión y
de la ciencia como epistemología vinculada a los legitimación. Las nuevas dinámicas de territoria-
aparatos de poder que se institucionalizan en el lización que se abren con los «descubrimientos
capital y en el Estado12. imperiales» trazan y dan cuenta de la nueva geo-
De allí en más, la cartografía moderna expresa y re- grafía de la dominación, de la dominación globali-
produce las jerarquías impuestas por el colonia- zada, desde sus orígenes y primeras etapas, hasta
lismo moderno. A través de ella, Occidente, más las de sus formas y modalidades contemporáneas.
que «conquistar», crea el Nuevo Mundo: instituye De allí que delinear una sucinta anatomía políti-
las nuevas formas de concebir, nominar y ordenar ca del concepto moderno de territorio, auscul-
el espacio geográfico mundial. Trazará las líneas, tar sus presupuestos epistémico-políticos, resulta
no por imaginarias menos eficaces económica y relevante no solo para poder ver y comprender
políticamente, para imponer a través de ellas las las matrices del régimen de poder actuante en su
nuevas divisiones y cosmovisiones. Del Tratado de especificidad histórica, sino también para avizo-
Tordesillas, al Meridiano de Greenwich, los nue- rar críticamente sus implicaciones y efectos en el
vos sujetos del poder establecerán el «centro» del mundo contemporáneo.
mundo, sus «márgenes» y «periferias»; decidirán
el «arriba» y el «abajo», la ubicación de los pun- El territorio como artefacto colonial.
tos cardinales, las posiciones relativas, las esca- Presupuestos
las, y las fronteras; dibujarán mapas e inventarán
nombres; marcarán los recursos (de su interés) en Las necesidades históricas de la competencia mundial del capital a
los territorios-objetos-de-saqueo; impondrán sus la busca y captura de nuevas regiones de acumulación se transforma
lenguas sobre las «tierras conquistadas» y la «na- de este modo, para el mismo capital, en un terreno de acumulación
turaleza descubierta»; se repartirán sus «perte- extraordinariamente precioso. Tanto más se desarrolla el colonialismo,
nencias»; diseñarán los «estados» y la «división y tanto más se acentúa al mismo tiempo la política mundial y colonial
internacional de trabajo». Establecerán, entonces, del capital, y tanto más contribuye el militarismo […]. El capitalismo es
la Verdad y la Ley13: las formas (únicas) de designa- la primera forma económica dotada de una capacidad expansiva; en su
ción, clasificación, jerarquización y administración virtud, tiende a extenderse sobre toda la tierra y a expulsar sin tregua a
de los espacios y los pueblos. Trazarán, en defini- las otras formaciones económicas […].
tiva, la línea abismal14, esa que define concluyente-
mente el espacio de la civilización y el de la barbarie. Rosa Luxemburgo, La acumulación del capital, 1912).
En definitiva, el mundo moderno emerge como
producto inventado del imperialismo. Como dis- En el lapso de la historia de la vida en el plane-
ciplina científica y como práctica política, econó- ta, 1492 inaugura una nueva era, geológica y
mica, cultural, la geografía moderna toda, surge civilizatoria. Es el origen de la civilización del
de y se desarrolla con los avatares del colonialis- capital, de la globalización del imperio del ca-
mo. Como sedimentación de las concepciones pital15. Hablamos de una nueva era civilizatoria
y relaciones de poder, el concepto moderno de caracterizada por su imperialismo como ras-
go identitario, crónico, endémico, imprescindi-
ble, y de un tipo de imperialismo, a su vez, cuya
12 Harvey, Space of Capital; Horacio Machado Aráoz, «Naturaleza particularidad reside en los modos de conce-
mineral. Una ecología política del colonialismo moderno» (Tesis bir la territorialidad y de producir los procesos
doctoral, Universidad Nacional de Catamarca, 2012).
13 Michel Foucault, La arqueología del saber (Buenos Aires: Siglo xxi,
de territorialización, ambos como dispositivos
1970); Michel Foucault, Microfísica del poder (Madrid: La Piqueta,
1979); Michel Foucault, Seguridad, territorio, población (Buenos
Aires: Fondo de Cultura Económica, 2006). 15 Marx, El capital; Rosa Luxemburgo, La acumulación del capital (La
14 Boaventura de Souza Santos, Una epistelología del Sur (México: Plata: Terramar, 2007); Harvey, Space of Capital; Ellen Meiksins
clacso/Siglo xxi, 2009). Wood, El imperio del capital (Madrid: El Viejo Topo, 2003).

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subordinados a la incesante dinámica de la acu- territorial como locus y containner de poder19, ám-
mulación. Se trata de un imperialismo inscrip- bito de ejercicio del poder y, a la vez, fuente prin-
to en la geografía16 y que se ha plasmado en «la cipal del poder social (político-económico).
mundialización perversa» de nuestros días17. Históricamente, esta representación emerge y se
En efecto, el capital se expande imponiendo una consolida durante el periodo que transcurre entre
nueva concepción dominante de territorio y ha- los hitos simbólicos de 1492 y 1648 (Tratado de
ciendo de este un nodo clave de su específico Westfalia), en el que tiene lugar, por un lado, la
régimen de dominación. Pensado como recur- reorganización de las relaciones de la emergen-
so y base de poder, desde Bodin a Ritter, Ratzel te «sociedad civil» con base en la imposición y
y Mackinder; fuente de las riquezas o medio de generalización de la propiedad privada como do-
producción clave, como en el caso de los mer- minio posesorio absoluto, individual, privativo,
cantilistas, los fisiócratas y la economía política exclusivo y excluyente; y por el otro, la correlativa
clásica; principio de clasificación racial de las po- y concomitante noción de soberanía estatal, fun-
blaciones, según una larga tradición que incluye a damento de la organización política de las socie-
Montesquieu, Kant y Hegel; abordado como ob- dades modernas, en el que el territorio se concibe
jeto de conquista por parte de los fundadores del como propiedad y atributo del poder soberano. Al
derecho internacional público (Grotius, Vattel), mismo tiempo que se erige como base demarca-
el territorio ha ocupado un lugar central en la toria y fuente de un poder absoluto que se ejerce
historia teórico-práctica del expansionismo co- como dominio regulativo sobre la población in-
lonial moderno-capitalista. terna, la noción de Estado territorial presupone
Una breve genealogía sobre sus principales hitos una correlativa configuración de un espacio exte-
permite descubrir la matriz representacional a rior, como ámbito de ajenidad, de extra e inter-
través de la cual Occidente (léase, el capital) ins- nacionalidad, por tanto, espacio sometido a las
tituye al territorio como su objeto colonial estraté- únicas leyes del comercio y de la guerra20.
gico. Esta se funda, esquemáticamente, sobre la Así, propiedad privada (dominium) y soberanía es-
articulación de tres pilares epistémico-políticos: tatal (imperium) confluyen en la idea de un poder
la noción de territorio como espacio de dominio, absoluto que nace de y se ejerce sobre un determi-
una economía moral de la expropiación y una teoría nado y específico espacio geográfico, y que se
racial de jerarquización de las poblaciones. plasmará como nomos organizador y regulador
En efecto, un primer vértice fundamental de la ma- de los cuerpos, las cosas y los «recursos». La no-
triz colonial reposa justamente sobre la repre- ción de territorio como propiedad privada (acto
sentación del territorio como espacio de dominio de posesión que en su reverso dialéctico impli-
absoluto, base del sistema de sujeciones econó- ca, per se, un proceso expropiatorio) se consolida-
micas y políticas en función de las cuales se or- rá en un momento histórico en el que convergen
ganizarán tanto las prácticas privadas como las las «políticas internas» de enclosure, la literal li-
públicas de la vida social. En tal sentido, Ed- quidación fáctica y normativa de los bienes comu-
ward Soja acota que la especificidad histórica nes, con las «políticas externas» de exploración y
de la territorialidad moderna reside en sus no- expansión del reparto colonial de poblaciones y
ciones constitutivas de «soberanía, propiedad, territorios de «ultramar»21.
disciplina, vigilancia y jurisdicción»18, todos con- Epistémicamente, esto se plasmará en el naci-
ceptos que reflejan la construcción del espacio miento de una moderna ciencia geográfica ob-
sesionada con el «trazado de mapas y la revisión
catastral» en tanto herramientas clave por las

16 David Harvey, «El “nuevo” imperialismo: acumulación por despo-


sesión», Socialist Register, n.° 40 (2004). 19 Anthony Giddens, The Constitution of Society. Outline of the
17 Milton Santos, Metamorfosis del espacio habitado (Barcelona: Theory of Structuration (Oxford: Polity Press Cambridge, Basil
Oikos-Tau, 1996), 21. Blackwell, 1984); Porto-Goncalves, «Da geografia».
18 Edward Soja, Geografias Pós-Modernas. A Reafirmação do Espaço 20 Foucault, Seguridad, territorio, población.
na Teoria Social Crítica (Rio de Janeiro: Jorge Zahar, 1993), 183. 21 Marx, El capital.

El territorio moderno y la geografía (colonial) del capital. Una arqueología mínima / Horacio Machado Aráoz / 179
cuales se «sentaron la base para los exclusivos tipo de relación, que es la de la dominación económi-
privilegios y derechos de clase para la apropia- ca o la colonización […] una relación de utilización,
colonización, dominación con el resto del mundo: esta
ción de los frutos, tanto de la naturaleza, como idea se forjó a fines del siglos xvi y comienzos del
del trabajo, dentro de espacios bien definidos»22. siglo xvii y se cristalizaría a mediados de esta última
En tanto objeto de posesión, la episteme colo- centuria con el conjunto de tratados firmados en ese
momento, para constituir la realidad histórica de la
nial moderna piensa el territorio como «algo» que todavía no hemos salido. Eso es Europa25.
sujeto al mapeo; instituye el cartografiado como
acto oficial de poder, ejercicio delimitador (de En definitiva, la moderna idea de territorio como
los dominios) realizado desde, por y para el po- propiedad se plasma en una nueva geografía de la
der, y ejecuta el trazado de límites como forma dominación, tanto en el plano «interno», con la or-
emblemática de ejercicio del poder imperial. ganización clasista del Estado-nación bajo la gu-
Sobre estas bases emergen tanto la organización bernamentalidad de la economía política, como
burocrática racional del Estado, como la estruc- en el «externo», donde acontece la organización
turación de las modernas economías nacionales. del mundo como espacio de dominio colonial.
Ambos procesos tienen como contracara necesa- Ahora bien, en su proceso histórico de realización,
ria el desarrollo y estructuración de las «geogra- esta idea de territorio se articula a lo que deno-
fías imperiales»23, primero bajo las economías del minamos la economía moral de la expropiación,
saqueo del siglo xvi, y luego con el control y la esto es un vasto corpus representacional explí-
organización asimétrica de los flujos comerciales citamente destinado a justificar y legitimar el fe-
y de la división internacional del trabajo a partir nomenal proceso de expropiación/apropiación
del siglo xviii. Como indica Saskia Sassen, organizado y echado a andar desde la conquista
originaria en adelante. Su largo proceso de pro-
[…] mientras que las ideas económicas predominan-
tes en la época guardan una estrecha correspondencia ducción se puede rastrear a través de toda una
con el objetivo de enriquecer al príncipe, las políticas línea de pensamiento de los más importantes re-
cada vez más mercantilistas […] preparan el terreno ferentes de la filosofía y las ciencias modernas
para la idea de que la riqueza del reino depende de
la riqueza de sus mercaderes y productores, que a su entre los siglos xvi y xviii, y cuyos desarrollos se
vez depende de los circuitos globales de comercio y dirigieron a conceptualizar el territorio como ob-
extracción: el ingreso de metales preciosos desde jeto de conquista y a racionalizar el hecho mismo
América y el desarrollo de la producción en Europa
de la expropiación26.
alimentan el comercio. […] [Así] las principales po-
tencias europeas de mediados del siglo xvi comparten Como primer mojón en ese derrotero, hallamos la
la necesidad de construir mediante geografías impe- «legalización» (filosófica, moral y jurídica) de la
riales sus propias economías políticas nacionales, con colonización que bajo los preceptos de la filosofía
el fin de acumular riquezas de carácter nacional24.
aristotélica intentan Ginés de Sepúlveda y Tomás
Moro, por ejemplo. El primero, apelando a la teo-
En el mismo sentido, Foucault resalta la centralidad
ría de la autoridad de Aristóteles, justifica la con-
de los vínculos coloniales como factores consti-
quista y colonización hispánica sobre América
tuyentes de la entidad histórico geopolítica de
con base en la «natural inferioridad de los pueblos
Europa, en cuanto centro de esa territorialidad
bárbaros», lo que los sitúa ipso facto bajo el mando
global que se impone al mundo como totalidad:
de un pueblo superior27. En el caso de Tomás Moro,
[…] aunque es un recorte geográfico, [Europa] no
carece de relaciones con el mundo entero, pero esa re-
25 Foucault, Seguridad, territorio, población, 344.
lación con el mundo entero marca la especificidad de
26 Anthony Pagden, Señores de todo el mundo: ideologías del im-
Europa respecto de él, porque el continente solo debe
perio en España, Inglaterra y Francia (en los siglos xvi, xvii y xviii
tener y comienza a tener con el resto del planeta cierto (Madrid: Península, 1997); Meiksins Wood, El imperio del capital;
Machado Aráoz, «Naturaleza mineral».
27 «La primera razón de la justicia de esta guerra y conquista es
22 David Harvey, Espacios del capital. Hacia una geografía crítica que siendo por naturaleza siervos los hombres bárbaros, incultos
(Madrid: Akal, 2007), 125. e inhumanos, se niegan a admitir el imperio de los que son más
23 Saskia Sassen, Territorio, autoridad y derechos. De los ensamblajes prudentes, poderosos y perfectos que ellos; imperio que les trae-
medievales a los ensamblajes globales (Buenos Aires: Katz, 2010). ría grandísimas utilidades magnas commoditates, siendo además
24 Sassen, Territorio, autoridad y derechos, 129-131. cosa justa por derecho natural que la materia obedezca a la for-

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su razonamiento apela a las nociones de «justicia fundamentales: instituye la homología traba-
distributiva» del Estagirita, alegando que, en una jo-propiedad-razón-derechos. En su Segundo Tra-
situación en la que determinados pueblos ten- tado del Gobierno Civil traza la distinción entre
gan tierras insuficientes, les asistiría «el derecho «estado de naturaleza» y «estado civil», contra-
de justa guerra contra naciones que dispongan de poniendo la «realidad histórica» (en realidad, eu-
tierras ociosas y sin cultivarse»28. rocéntricamente imaginada) de América a la de
La distinción entre tierras «ociosas» y tierras «culti- Europa, marcada por la existencia o no de dinero
vadas» abre una grieta que va a ser luego profun- y, por tanto, de comercio. Con base en ello, esta-
dizada por referentes emblemáticos de la filosofía blece los fundamentos del desarrollo civilizatorio
y la economía política burguesas. En esta direc- de la humanidad. A su criterio, el dinero –expre-
ción, Hugo Grotius (1583-1645), considerado el sión del trabajo acumulado– no solo es el indi-
padre del derecho internacional público, propo- cador del grado de «progreso» alcanzado por un
ne la aplicación del concepto de res nullius a los pueblo, sino que es el motor que impulsa al de-
territorios susceptibles de conquista para distin- sarrollo de «las capacidades inventivas e indus-
guir los casos de «guerra justa». Para Grotius, los triosas de los hombres»; allí donde no hay dinero
pueblos tienen legítimo derecho a apropiarse de ni comercio, «no hay razón para salir del estado
territorios cuando estos se encuentran «vacíos o de naturaleza»30. Si el trabajo es la fuente del va-
subutilizados». Esto significa que no basta que se lor, es también lo que da derecho de propiedad; la
trate de territorios habitados, pues la mera ocu- extensión de la propiedad es expresión del valor
pación de tierras no significaba propiedad y, por creado y del nivel civilizatorio alcanzado.
tanto, no daba lugar a derechos: «si los bienes utili- Estas nociones se sistematizan y explicitan más aún
zables permanecían ociosos, no existía propiedad con el desarrollo de la economía política, cien-
alguna en ellos, y por tanto […] podía ser ocupa- cia de la «riqueza de las naciones» que va a pos-
da por personas capaces y deseosas de cultivar- tular que la legítima adquisición de la propiedad
las», asistiéndolos incluso el derecho legítimo de o su pérdida –y por tanto, de los derechos civiles
guerra, ya que «procurar la subsistencia es la pri- y políticos «asociados» a ella– dependen en últi-
mera y más fundamental ley de la naturaleza»29. ma instancia, de la competitividad de los sectores
La noción de tierra baldía, res nullius, de Grotius o sociedades. Desde los desarrollos de William
se amplía más todavía con la filosofía política de Petty (1623-1687) sobre la teoría del valor traba-
la propiedad (Locke) y los desarrollos de la eco- jo hasta los de David Ricardo (1772-1823) sobre
nomía política clásica, asintiendo por un lado la los orígenes de la renta, la racionalidad del uso de
noción de propiedad con la de razón y de de- los recursos se mide en términos de rentabilidad
recho, y, por el otro, asimilando las nociones de (valor de cambio), por lo que las «economías de
utilización-aprovechamiento a las de producti- subsistencia» no constituyen una fuente de pro-
vidad y de rentabilidad. piedad legítima, y están expuestas a la expropia-
En términos de la economía moral de la expropia- ción, ya sea por la acción política (colonización)
ción, los desarrollos de Locke (1632-1704) son ya sea por vías de la competencia de mercado.
Así, se consolida una cosmovisión en la que el te-
rritorio se concibe como propiedad rentable y en
ma, el cuerpo al alma, el apetito a la razón, los brutos al hombre,
la mujer al marido, lo imperfecto a lo perfecto, lo peor a lo mejor,
la que la extensión de las posesiones «adquiri-
para bien de todos (utrisque bene). […]. ¿Qué cosa pudo suceder das» se piensa como unidad de medida de la ra-
a estos bárbaros más conveniente ni más saludable que el quedar cionalidad y laboriosidad de los poseedores, por
sometidos al imperio de aquellos cuya prudencia, virtud y religión
los han de convertir de bárbaros, tales que apenas merecían el tanto también de la extensión de sus legítimos
nombre de seres humanos, en hombres civilizados en cuanto pue- «derechos» ante terceros y aun sobre terceros,
den serlo […]». Ginés de Sepúlveda, De la justa causa de la guerra
contra los indios (1550), citado por Enrique Dussel, 1492: El en-
sean estos otros sectores sociales u otros pueblos/
cubrimiento del Otro. Hacia el origen del mito de la Modernidad
(Madrid: Nueva utopía, 1992), 69.
28 Tomás Moro, Utopía (1516), citado por Meiksins Wood, El imperio
del capital, 96. 30 John Locke, Segundo Tratado del Gobierno Civil (Madrid: Impren-
29 Meiksins Wood, El imperio del capital, 92-93. ta de la Minerva Española, 1828), 80.

El territorio moderno y la geografía (colonial) del capital. Una arqueología mínima / Horacio Machado Aráoz / 181
culturas. El «progreso de la humanidad» requiere «naturalmente» clasificadas en un estricto orden
dejar que los sectores más racionales y más com- jerárquico de superioridad/inferioridad.
petitivos de la sociedad dispongan sobre los re- Solo a modo ilustrativo, Kant, por ejemplo, pro-
cursos y decidan sobre su asignación, incluso a pone la siguiente caracterización de las «razas»
costa del sacrificio de los incompetentes31. humanas:
Así, la economía moral de la expropiación traza una
parábola que va desde las razones «humanistas» Los pueblos americanos son incapaces de civilización.
No tienen la fuerza de la motivación […]. Apenas ha-
y de «justicia distributiva» de Sepúlveda y Moro, blan, nunca se preocupan de nada y son flojos […].
a las de la competitividad y eficiencia de merca- La raza americana es demasiado débil para el trabajo
do. El territorio como objeto de conquista es co- duro, incapaz de toda cultura, de hecho, más baja aún
que el negro […]. Uno podría decir que la raza de
dificado primero como res nullius (Grotius), luego
los negros es completamente lo contrario a la de los
como espacios de la in-civilidad/estado de naturale- americanos; están llenos de afecto y pasión, son muy
za (Locke), y más tarde como espacios ineficien- vivaces, conversadores y vanidosos. Ellos pueden ser
tes/inviables (von Hayeck). En todo caso, la idea de educados, pero solo como sirvientes, esclavos, o sea
que se permiten ser entrenados. Tienen muchas fuer-
tierras baldías, desiertos, emerge crónicamente en zas motivadoras, son también sensibles, tienen miedo
la episteme colonial como dispositivo clave para a los golpes y hacen mucho por su sentido del honor33.
legitimar toda nueva ola de modernización/colo-
nización. Desde 1492 hasta nuestros días, de mer- Ya en Hegel las diferencias raciales expresan las dis-
cados electrónicos y finanzas globales, la economía tintas etapas de la evolución del Espíritu absolu-
moral de la expropiación concibe los territorios to a través de la historia. Para el filósofo alemán,
como objetos de conquista, espacios de acumula-
ción, enajenados de sus «meros habitantes» y pues- La historia universal va del Oriente al Occidente. Eu-
ropa es absolutamente el Fin de la Historia Universal.
tos en disponibilidad por y para la inversión. Asia es el comienzo […] Asia es la parte del mundo
Llegados a este punto, no resulta difícil observar la donde se verifica el comienzo en cuanto tal […] Pero
estrecha articulación lógica entre la economía mo- Europa es absolutamente el Centro y el Fin del mundo
antiguo y el Occidente en cuanto tal, el Asia el absoluto
ral de la expropiación y una teoría de clasificación de
Oriente. […] De América y de su grado de civilización,
las poblaciones32. En tanto la expropiación colonial especialmente en México y Perú, tenemos información
involucra a territorios y a poblaciones-cuerpos, su de su desarrollo, pero como una cultura enteramente
racionalización no puede quedar solo centrada en particular, que expira en el momento en que el Espíritu
se le aproxima […]. La inferioridad de estos individuos
el objeto de apropiación, sino que precisa también en todo respecto es enteramente evidente. […] África
una correlativa versión sobre los «otros» desplaza- es en general una tierra cerrada, y mantiene este su ca-
dos. De allí que la concepción del territorio como rácter fundamental. Entre los negros es, en efecto, ca-
racterístico el hecho de que su conciencia no ha llegado
objeto de conquista se ligue lógicamente a la ra- aún a la intuición de ninguna objetividad, como, por
cialización de las culturas expropiadas. ejemplo, Dios, la ley, en la cual el hombre está en rela-
Desde los planteos de Ginés de Sepúlveda a la «teoría ción con su voluntad y tiene la intuición de su esencia
de los climas» de Montesquieu, y de la antropología […]. El negro es un hombre en bruto34.

imaginaria de Kant a la geografía «ideal» de He-


gel, el colonialismo precisó justificar la apropiación Así, a través de estos dispositivos de enclasamiento/
desigual del mundo en términos de poblaciones racialización, el sujeto moderno (europeo, varón,
propietario, heterosexual) conquista el territo-
rio de lo universalmente humano; se concibe como
31 Un ejemplo emblemático de este razonamiento se puede hallar patrón y medida de todas las cosas y, desde ese
ya en 1798, con la publicación del «Ensayo sobre el principio de
la población», de Thomas Malthus, donde su autor señala que «la
miseria y el sufrimiento de las clases bajas comportan un control 33 Immanuel Kant, Lectures on Ethics (1765-6), citado por Emma-
natural de la expansión de su número», lo que resulta necesario ya nuel Chukwudi Eze, «El color de la razón: la idea de “raza” en la
que «proveer subsistencias para una parte de la sociedad que en Antropología de Kant», en Capitalismo y geopolítica del conoci-
general no puede considerarse la más valiosa, reduce la porción miento. El eurocentrismo y la filosofía de la liberación en el deba-
que de otra manera le correspondería a miembros más industrio- te intelectual contemporáneo, ed. Walter Mignolo (Buenos Aires:
sos y valiosos». Thomas Malthus, Ensayo sobre el principio de la Ediciones del Signo, 2001), 226.
población (Madrid: Lucas Gonzalez y Cía., 1970), 97. 34 Georg Wilhem Friedrich Hegel, Die Vernuft in der Geschichte, cita-
32 Quijano, «Colonialidad del poder». do por Dussel, 1492: El encubrimiento del Otro, 15-19.

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lugar, emprende la colonización del Otro, bajo la susceptible de apropiación legítima por parte de
representación legitimante de la «misión civili- las fuerzas naturalmente superiores; el territorio
zatoria». La negación (cultural), explotación (eco- es así instituido como espacio de manifestación
nómica) y opresión (política) del Otro aparecen, de la historia, y esta, a su vez, concebida como
bajo este marco, legitimadas por la «superioridad evolución. El expansionismo ilimitado del capital
manifiesta» de Occidente y el imperativo moral se reviste así de «desarrollo histórico» y hace del
del «progreso del espíritu» (sensu Hegel). mundo moderno un vasto teatro de operaciones
Con la publicación de «El origen de las especies» en para la guerra. Erige sobre el territorio su geogra-
1859 la clasificación racial que instituye la epis- fía de la dominación específica.
teme colonial pasa del registro filosófico al pro-
piamente «científico». El darwinismo se instituye América Latina y la territorialidad colonial
como sentido común de las clases dominantes eu- extractivista. Geografía de la alienación
ropeas de la segunda mitad de siglo xix: «la evo-
lución» –entendida como una irrefrenable fuerza En el principio, el mundo entero estaba como hoy América y aún mucho
de la naturaleza que procede a la selección de los más sumido en ese estado primitivo que no lo está actualmente esa parte
más aptos mediante la competencia descarnada y nueva descubierta, pues entonces no se sabía lo que era el dinero […].
la supervivencia de lo «mejor» de cada especie– Los americanos son muy ricos en tierras y muy pobres en subsistencia.
adquirió el estatuto de «ley científica». La naturaleza les ha dado tan liberalmente, como al pueblo más
Así, como acota un destacado historiador de la favorecido, los materiales de una excesiva abundancia; les ha provisto de
ciencia, un suelo fértil y capaz de producir todo lo necesario […]. No obstante,
por falta de trabajo, no sacan ni la centésima parte de las ventajas y
Se aceptó la evolución porque cabía dentro de una vi- comodidades que obtenemos de nuestras tierras.
sión del mundo que implicaba que el desarrollo de la
naturaleza tenía un propósito moral. […] Los pensa-
dores liberales dieron la bienvenida a la idea de que la John Locke, Segundo Tratado del Gobierno Civil, 1689.
evolución ocurría por la acumulación de los esfuerzos
de los animales por conquistar sus medios, pues ello
significaba que el progreso social resultante de la ac- La división internacional del trabajo revela únicamente la manera de
tividad comercial era continuación directa del desa-
ser del modo de producción dominante.
rrollo de la naturaleza. Aún los conservadores podían
aceptar la evolución, siempre y cuando se viera como
la realización de un plan divino […]. La teoría de la Milton Santos, Por uma geografia nova, 1978.
evolución adaptativa […] era de importancia decisiva
en una época en que gracias a la potencia técnica de
Occidente se realizaba la conquista y colonización de la La mirada del conquistador/colonizador instituyó la
mayor parte del mundo. Expulsar a los habitantes «pri- entidad «América» desde sus orígenes fundacio-
mitivos» de los territorios conquistados se justificaba nales como pura «naturaleza», es decir, el espacio
argumentando que la medida era necesaria para el pro-
greso. El darwinismo fue característico de una época de social y geográfico opuesto al de la «civilidad».
explotación, y la ira del progreso por medio de la lucha Esa misma mirada, al tiempo que redujo la di-
capturó la atención de todo el mundo. Los industria- versidad sociocultural y biológica de sus pobla-
les explotaban a sus obreros y las naciones occidentales
ciones originarias a la uniforme categorización
explotaban al resto del mundo, pero los que triunfaban
en la lucha estaban más que dispuestos a ver su triunfo de lo primitivo, lo salvaje, construyó la represen-
como la fuerza impulsora del progreso35. tación de su espacio geográfico bajo el mito «el-
doradista», que la imaginó como el reino de la
Se completa así la matriz representacional a través exuberancia, el de una naturaleza cuya «excesiva
de la cual Occidente construye y hace del «terri- abundancia» se la suponía como duro obstáculo
torio» un estratégico artefacto de su expansionis- para el «desarrollo de la razón» y el «esfuerzo del
mo colonial. Pensado como ámbito de dominio trabajo»36. Como señalan dos historiadores de la
absoluto, objeto de conquista y explotación, ecología americana de la época,

35 Peter Bowler, Historia fontana de las ciencias ambientales (México:


Fondo de Cultura Económica, 1998), 222-224. Resaltado nuestro. 36 Locke, Segundo Tratado del Gobierno Civil.

El territorio moderno y la geografía (colonial) del capital. Una arqueología mínima / Horacio Machado Aráoz / 183
En el periodo de la conquista y colonia la forma en que el poder colonial irrumpió expropiando, desterri-
América fue «ocupada» por los nuevos dueños se basó torializando, implantando monoculturas exóge-
en dos falacias fundamentales: la primera, la creencia de
que tanto la cultura como la tecnología de los pueblos nas, verticalidades extractivistas, expresiones de
sometidos eran inferiores y atrasadas con respecto a la una auténtica territorialidad de la alienación40.
europea y, la segunda, que los recursos del nuevo conti- En este sentido, la noción de extractivismo refie-
nente eran prácticamente ilimitados. De esta forma se
justificó plenamente la destrucción y eliminación de las
re histórica y geográficamente a la organización/
formas y sistemas preexistentes. Además, al considerar- ordenamiento territorial específico de los espa-
se los recursos ilimitados, no hubo mayor preocupación cios coloniales –tanto en su fase de colonialismo
por la tasa de extracción de estos37.
como en la de colonialidad–. La propia organiza-
ción económica, política y cultural de ciertos terri-
Bajo el dominio de esas representaciones, América torios como «zonas de extracción» para destinos
va a ser violentamente incorporada a las fuerzas remotos de otros –considerados superiores o prin-
revolucionarias del mercado mundial, ya como es- cipales– hunde sus raíces en los orígenes mismos
pacio abismal periférico, territorio colonial por ex- del sistema-mundo moderno, es decir, hace par-
celencia, diseñada y constituida desde un principio te de la colonialidad originaria y constitutiva de la
como territorio propiamente minero: zona de la pura moderna geografía del capital. Precisamente esta
y mera extracción, de la extracción sin fin y como obje- nace de ese acto de ordenamiento territorial funda-
tivo en sí mismo. De allí en más y hasta el presente, cional de alcance global que tiene en el Tratado de
esas representaciones hegemónicas se plasmarán Tordesillas (1494), su primer instrumento jurídico
en la configuración del territorio americano como formal. Este no solo define la primera modalidad
el espacio de la explotación extractivista por exce- concreta de reparto del mundo, sino que estable-
lencia. Como señala Edgardo Lander, ce el espacio geográfico de los sujetos propietarios y
el mero espacio de los objetos poseídos; traza la «lí-
[…] en toda la historia del continente latinoameri-
cano –con limitadas excepciones– las élites políticas, nea abismal»41 que separa la historia de la prehisto-
culturales y económicas [las externas y las internas] ria, la civilidad del «estado de naturaleza» en bruto.
han tenido visiones del continente, de su población, Ese acto semiótico-político de demarcación, que
sus culturas y su ambiente, como terreno a conquistar,
a domesticar para someterlo y adecuarlo a las exigen- se territorializa a través de concretas empresas
cias de la «civilización», o el «progreso»38. económico-políticas y militares de conquista,
ocupación y explotación, opera el ordenamien-
De tal modo, a través de un «proceso violento de to territorial básico y fundacional de la moder-
conquista continuada que no ha concluido»39, el na geografía mundial. Al delimitar y establecer,
poder imperial procedió al ordenamiento colo- de un lado, la «zona de saqueo» y, del otro lado,
nial del territorio americano, fragmentándolos en la «zona de acumulación», ese estatus colonial y
cuadrículas de monocultivos destinados a la me- trato racista dado al territorio y las poblaciones
trópoli y tomando el acto primario-exportador americanas están fundando propiamente el Nue-
como expresión civilizatoria. La empresa colo- vo Mundo, no solo «América» como la periferia
nial avanzó así desgarrando ecosistemas, culturas salvaje y no solo «Europa» como centro civiliza-
y unidades socioterritoriales preexistentes. Allí torio, sino el emergente sistema-mundo colonial
donde antes había horizontalidades fluidas, cir- del capital como totalidad histórico-geográfica.
cuitos endógenos de prácticas, productos y senti- Lo que recientemente ha dado en llamarse «extrac-
dos de vida hechos, tejido social territorializado, tivismo» da cuenta en realidad de este originario
y fundacional patrón de organización del mundo-
del-capital. El extractivismo expresa así la práctica
37 Nicolo Gligo y Jorge Morello, «Notas sobre la historia ecológica de
América Latina», Revista Estudios Internacionales 49, n.° 13 (1980).
38 Edgardo Lander, «América Latina: historia, identidad, tecnología y
futuros alternativos posibles». En El límite de la civilización indus- 40 Milton Santos, «O retorno do Território», en Território, Globali-
trial. Perspectivas latinoamericanas en torno al postdesarrollo, ed. zação e Fragmentação, org. Milton Santos, Maria Adelia de Souza
Edgardo Lander (Caracas: faces, Facultad de Ciencias Económicas y Maria Laura Silveira (São Paulo: Hucitec, 1994).
y Sociales, Universidad Central de Venezuela, 1996), 127. 41 Boaventura de Souza Santos, Para descolonizar Occidente. Más allá
39 Lander, «América Latina», 128. del pensamiento abismal (Buenos Aires: Clacso, Prometeo, 2010).

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colonial –inseparablemente económico, política, Delinea así una geografía de la extracción como
cultural, y militar– que se establece entre el espacio geografía subordinada, dependiente, proveedo-
abismal periférico y el espacio de la «civilización uni- ra, estructurada por y para el abastecimiento de la
versal» en sí. El extractivismo remite a ese flujo de geografía del consumo y la acumulación, la geogra-
relaciones que «une», «integra» (es decir, subordi- fía de las metrópolis imperiales.
na) un espacio al otro y que hace a la especifici- En consecuencia, el extractivismo refiere a la dialéc-
dad de cada uno dentro de una totalidad mayor tica del desarrollo como dispositivo del coloniaje
que los contiene. El capital nace de y se expan- moderno, que produce «desarrollo» en el cen-
de con y a través del extractivismo. Como advir- tro (es decir, concentración y acumulación de los
tiera Marx, la acumulación de capital se realiza medios de poder y de consumo) y «subdesarro-
necesariamente mediante una geografía económica llo» en sus periferias44, vale decir súperexplotación45
mundial estructurada sobre este patrón de inter- de su naturaleza tanto exterior –ambiente geofí-
cambio desigual entre metrópolis y colonias: sico-biológico/Tierra–, como interior –fuerza de
trabajo/energías corporales.
El sistema colonial hizo madurar, como plantas de in- Así, mientras que en términos generales el extrac-
vernadero, el comercio y la navegación. «Las socieda-
des Monopolia» constituían poderosas palancas de la tivismo alude al modo histórico de ordenamien-
concentración de capitales. La colonia aseguraba a las to territorial que impone el capital a nivel global,
manufacturas en ascenso un mercado donde colocar en términos específicos hace referencia a la par-
sus productos y una acumulación potenciada por el
ticular posición y función que caracteriza a las eco-
monopolio del mercado. Los tesoros expoliados fuera
de Europa directamente por el saqueo, por la esclavi- nomías coloniales dentro de ese sistema, en tanto
zación y las matanzas con rapiñas, refluían a la metró- fragmentos espaciales periférico-dependientes
poli y se transformaban allí en capital42. eminentemente proveedores de materias primas.
En este sentido específico, la noción de «extracti-
Por tanto, se trata de un patrón de relacionamiento vismo» define a las formaciones sociogeoeconómi-
que no es reductible al lugar de «caso», no es algo cas donde la explotación intensiva de la naturaleza,
«accidental», ni «circunstancial», sino que remite eminentemente orientadas a la exportación de mate-
a un sistema de relaciones estructuralmente cons- rias primas, se erige como principal patrón organiza-
titutivo y constituyente de la moderna geografía dor de sus estructuras económicas, socioterritoriales y
del capital. El capitalismo, por su propia dinámi- de poder. En estas formaciones la fragmentación
ca sociometabólica43, precisa de esta organzación espaciotemporal de los procesos socioeconómi-
colonial del mundo. El extractivismo emerge cos resulta una característica intrínseca, configu-
como expresión del ordenamiento territorial he- rándose, espacialmente, en economías de enclave
gemónico del capital, implantado ya desde en- y, temporalmente, en discontinuos ciclos extracti-
tonces a escala global. Son los requerimientos vistas de auge y decadencia.
fisiológicos (es decir, estructural-funcionales) del Como puede avizorarse, el carácter colonial-depen-
capital los que imponen, a través de la originaria diente de las formaciones sociales extractivistas
división internacional del trabajo, una geometría resulta no solo ni principalmente de las asime-
de poder diseñada mediante la distinción posicio- trías emergentes del comercio exterior y sus im-
nal y funcional entre un «centro» –las metrópo- pactos macroeconómicos negativos (deterioro de
lis– y sus «periferias» –los territorios coloniales–. los términos de intercambio, transferencia cró-
nica de excedentes, dependencia tecnológica,
comercial y financiera, etc.; todos aspectos se-
42 Marx, El capital, 942.
43 En otros trabajos he desarrollado esta conceptualización del ex- ñalados por la literatura clásica del estructuralis-
tractivismo como una función sociometabólica de la acumulación mo y el dependentismo latinoamericanos), sino
capitalista. Véase el artículo «Crisis ecológica, conflictos socioam-
bientales y orden neocolonial. Las paradojas de NuestrAmérica en
las fronteras del extractivismo», en Revista Brasileira de Estudos
Latino-Americanos rebela 3, n.° 1 (2013). Para el estudio/análi- 44 André Gunder Frank, El desarrollo del subdesarrollo (Barcelona: Ana-
sis del concepto de «metabolismo del capital» véase John Be- grama, 1971); Arturo Escobar, La invención del Tercer Mundo. Cons-
llamy Foster, Marx’s Ecology. Materialism and Nature (New York: trucción y deconstrucción del desarrollo (Bogotá: Norma, 1996).
Monthly Review Press, 2000). 45 Ruy Mauro Marini, Dialéctica de la dependencia (México: Era, 1973).

El territorio moderno y la geografía (colonial) del capital. Una arqueología mínima / Horacio Machado Aráoz / 185
fundamentalmente del efecto estructural de de- En el plano «nacional», económicamente la alie-
pendencia sistémica que producen sus implicacio- nación territorial involucra una estructura so-
nes geoeconómicas, geoecológicas y geopolíticas, cioterritorial con grandes asimetrías sectoriales
efectos a los que referimos mediante el concepto y regionales, con niveles muy heterogéneos de
de alienación territorial. productividad y deficientes grados de articula-
Esta noción hace referencia justamente a los impac- ción funcional y espacial. Esto no solo provoca
tos geográficos y políticos de larga duración que altas deseconomías de escala sino también lími-
tienen una estructura socioterritorial organizada tes estructurales al funcionamiento endógeno y
como economía primario-exportadora. Como ha autosustentado de la economía nacional. Ya po-
destacado Milton Santos, a través de este esquema líticamente implica la erosión de la capacidad
la dependencia se imprime en las formas geográficas: de control y disposición que la sociedad políti-
«la demanda procedente del centro» queda «direc- ca organizada ejerce sobre su territorio. Como
ta e inmediatamente marcadas en la sociedad, en Milton Santos advertía, «desde el momento en
la economía y en el espacio» de los países perifé- que se acepta un modelo de crecimiento orien-
ricos46. La dinámica de las inversiones primario- tado hacia afuera, el Estado y la nación pierden
exportadoras convierte la tierra habitada en tierra el control sobre las sucesivas organizaciones del
ocupada: el capital provoca un proceso de desterri- espacio»48. El Estado pasa a ser un dispositivo ju-
torialización y desplazamiento de las poblaciones rídico-político que funciona como apéndice de-
y economías locales mediante la simultánea im- pendiente y facilitador de los requerimientos del
plantación de una actividad completamente ex- capital hegemónico.
traña, no solo en sus mediaciones y características Ahora bien, tanto a través de la forma Estado, como
tecnológicas, sino fundamentalmente en sus sen- a través de la figura corporativa que institucio-
tidos político-culturales y destino económico. naliza la operatividad del capital, las nociones de
Los efectos de alienación territorial impactan sobre propiedad privada y de soberanía estatal, expresio-
los espacios coloniales tanto a nivel local como a nes de la concepción de dominio sobre la tierra/el
nivel «nacional», en términos geoeconómicos y mundo, resultan los soportes semióticos y jurídi-
geopolíticos. A nivel local, se resiente como di- co-políticos que conforman –ya globalmente– la
námica expropiatoria: las comunidades locales y territorialidad extractivista hegemónica de la mo-
sus economías (usualmente estigmatizadas como dernidad colonial-capitalista. Es a través de las
«tradicionales», «atrasadas», «no competitivas») concepciones modernas de territorio como pro-
receptan el impacto desintegrador de la radica- piedad y como espacio soberano/jurisdicción que el
ción de capitales, un impacto cuya magnitud es capital (des)organiza los territorios locales bajo la
proporcional al volumen de las inversiones y la forma de enclaves monoculturales subordinados a
escala de las explotaciones. Acontece entonces una dinámica mundial de valorización abstracta.
lo que Santos menciona como la imposición de La competencia interestatal e intercapitalista por
las «verticalidades» sobre las «horizontalidades» la apropiación de «recursos naturales» y la crea-
del territorio: el espacio local se desvanece como ción de espacios coloniales –es decir, meramente
«territorio propio», pierde sus huellas comunales, extractivistas– constituye un factor geopolítico
sus propiedades y funciones locales, y los circui- central a la hora de historizar la morfología del
tos endógenos de productos, prácticas y sentidos poder plasmada directamente sobre los territo-
se devalúan y resquebrajan. En esa misma medi- rios y la geografía mundial en sus distintas es-
da, pasa a ser cada vez más un «territorio-global- calas de espacialidad.
en-red», un fragmento verticalmente integrado a Histórica y sociológicamente es importante seña-
cadenas de valor diseñadas y controladas por el lar que esas nociones de propiedad y de soberanía,
capital transnacional/transnacionalizado47. que funcionan como los cimientos del territorio

46 Santos, De la totalidad, 50. 48 Milton Santos, Espaço e Sociedade (Ensaios) (Petrópolis: Vozes,
47 Milton Santos, «O retorno do Território». 1979), 9.

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moderno y la territorialidad hegemónica, no son extractivismo a escala mundial para crear así «un
meras construcciones teóricas que «flotan en mundo a su imagen y semejanza», el sujeto subal-
el aire», sino que encarnaron como discursivida- terno, que en las periferias reconfiguró los territo-
des prácticas instituyentes tanto de subjetividades rios como correas de transmisión subordinadas y
como de formas institucionales que las torna- dependientes de materias primas para abastecer la
ron operativas. En concreto, detrás de las figuras industrialización de los países centrales, protago-
jurídicas o teóricas de la propiedad y la sobera- nista de la colonialidad, está encarnado en las oli-
nía cabe visualizar a las élites económicas y políti- garquías vernáculas. Desde ese lugar de insanable
cas que, en cuanto clase social, las materializaron complicidad histórica, a costa de una férrea gestión
como fundamento del ordenamiento territorial territorial sacrificial, las oligarquías latinoamerica-
moderno. Fueron efectivamente las élites las que, nas se erigieron como usufructuarias subalternas
tanto en las metrópolis imperiales como en las de la explotación de la naturaleza, operaron el ex-
sociedades coloniales, fungieron como el «sujeto tractivismo como condición de posibilidad para su do-
histórico» del extractivismo y de la organización minación interna. Como señala Roitman,
colonial de la geografía mundial del capital. Tan-
to en nombre del «progreso universal», como en La oligarquía latinoamericana disfrutó del despilfarro
y el lujo, teniendo todo el control político y social que
el del «desarrollo nacional» impusieron, a lo largo le garantizaba ser los dueños de los recursos natura-
del proceso histórico de la acumulación capitalis- les, estaño, café, azúcar, caucho, como resultado del
ta, diferentes regímenes de explotación diferen- control sobre el Estado y la práctica violenta ejercida
sobre las clases dominadas y explotadas. Ningún país
cial asimétrica de territorios coloniales a fin de
se eximió de esta realidad. Sus oligarquías pasaron
abastecer los cambiantes núcleos geopolíticos de a ser adjetivadas por el producto de exportación del
la acumulación a escala mundial. cual dependían para mantener sus niveles de obsce-
En particular, en América Latina conviene no pasar na y lujuriosa forma de vida plutocrática. Oligarquía
azucarera, bananera, cafetalera, del huano, salitrera o
por alto que el extractivismo no solo crea las asi- ganadera. La emergencia de actividades productivas
metrías geoeconómicas globales que perpetúan ligadas al sector primario-exportador era el motor que
nuestra condición colonial, sino que también ese impulsaba los cambios en la estructura social. Pero el
inmovilismo seguirá caracterizando y la exclusión
mismo patrón territorial dio lugar a los regímenes social es la lógica que explica la dinámica social del
oligárquicos que se apropiaron del imaginario de régimen oligárquico49.
la «nación», y desde ese lugar, usufructuaron de
los privilegios de la súperexplotación de pobla- Así, en definitiva, a lo largo de esa historia de más
ciones y territorios, ahora «independientes y so- de «quinientos años» la entidad histórico-geopo-
beranos». En efecto, las élites criollas emergieron lítica dada en llamar «América» ha ocupado
y se constituyeron como los nuevos sectores do- siempre un lugar destacado como región extrac-
minantes internos en la etapa posindependentis- tivista-territorio alienado-zona colonial. Desde
ta, con base en el sostenimiento y profundización 1492 en adelante, ininterrumpidamente, el terri-
de las economías extractivistas «heredadas» de la torio americano
colonia. Sus posiciones de poder y sus modos de
dominación van a ser estructuralmente depen- […] aparece ante el pensamiento hegemónico global,
y ante las élites dominantes de la región como un es-
dientes de ese mismo patrón de organización/ex-
pacio subalterno, que puede ser explotado, arrasado,
plotación socioterritorial. La gestión extractivista reconfigurado, según las necesidades de los regímenes
se constituye como el molde fundacional del or- de acumulación vigentes. A lo largo de cinco siglos,
denamiento económico, político y socioterrito- ecosistemas enteros fueron arrasados por la implanta-
ción de monocultivos de exportación. […] Hoy es el
rial de los «estados nacionales» en nuestra región; turno de la híperminería a cielo abierto, de los mono-
y a su interior, las oligarquías latinoamericanas cultivos de soja y agrocombustibles con insumos quí-
emergen, en este sentido, como un genuino pro- micos […], de los grandes proyectos hidroeléctricos o
de las vías de comunicación en la Amazonia, como in-
ducto histórico-geográfico del extractivismo.
En consecuencia, si la emergente burguesía indus-
trial europea fue el sujeto por excelencia del or- 49 Marcos Roitmann Ronsemann, Pensar América Latina. El desarrollo
denamiento territorial global, el que instituye el de la sociología latinoamericana (Buenos Aires: Clacso, 2008), 173.

El territorio moderno y la geografía (colonial) del capital. Una arqueología mínima / Horacio Machado Aráoz / 187
fraestructura de nuevos ciclos exportadores. […] Una de la «humanidad», como cumbre civilizatoria
larga historia de desarrollo desigual y combinado, una universal51. Ya plenamente instituido como razón de
ruptura a nivel global del metabolismo sociedad-na-
turaleza, que penaliza crecientemente a la naturaleza Estado, a mediados del siglo pasado, «el desarrollo»
americana y a los pueblos que en ella hacen su vida50. (como imaginario político global y como sustrato le-
gitimador de las políticas públicas) marca el tránsi-
Expansionismo del capital y colonialidad to del colonialismo al de la colonialidad, fase que no
del desarrollo. Consecuencias significa la caducidad o superación de las viejas
prácticas coloniales sino su plena normalización.
¿Qué es pues lo que se desarrolla? Lo que se desarrolla no es un país, sino En efecto, en su expresión más elemental el colo-
un patrón de poder mundial, una sociedad […] la sociedad capitalista. nialismo refiere a los procesos inseparablemen-
te culturales, económicos y políticos (incluidos
Aníbal Quijano, «El fantasma del desarrollo en América Latina», 2000. los militares) a través de los cuales minoritarios
grupos sociales proceden a la apropiación, dis-
Si en los cimientos de la territorialidad de la do- posición y control de territorios, recursos y po-
minación –la moderna dominación del capital– blaciones inferiorizadas y despojadas. Desde
hallamos los conceptos-instituciones claves de un punto de vista estrictamente material, su-
la propiedad y la soberanía, en la superficie de la pone la configuración de un régimen de apro-
misma cabe identificar el discurso del «desarro- piación y consumo diferencial de energía tanto
llo» como su más prominente y portentoso dis- de sus fuentes básicas (naturaleza-bienes comu-
positivo práctico-legitimador. El «desarrollo» nes) como de sus formas y manifestaciones so-
es, en efecto, uno de los conceptos políticamen- ciales (energías corporales-trabajo). Como se vio,
te más potentes de la modernidad hegemónica; la geografía moderna –desde sus orígenes en las
su productividad en términos geográficos, es de- economías de rapiña hasta su institucionaliza-
cir, como factor configurador de territorialida- ción en la división internacional del trabajo– se
des y territorializaciones (de poder) es difícil de estructura como totalidad con base en la organi-
exagerar. Junto a la entidad «América», el «de- zación y reproducción de esta sistemática apro-
sarrollo» emerge como otro de los nodos clave piación diferencial de energías.
que surje como sintetizador de la dialéctica social La estratificación jerárquica de territorios y pobla-
entre dominación y emancipación en el mundo ciones racializadas es un resultado históricamen-
moderno-contemporáneo. te delineado por el expansionismo geográfico del
La construcción del espacio geográfico como ám- capital y este, a su vez, es producto y condición
bito de dominio del Estado (territorio nacional) del particular metabolismo socioecológico del
y del capital (propiedad) sienta las bases para la capital. En efecto, tratándose de un modelo ci-
configuración de la moderna ideología del «de- vilizatorio cuya lógica se basa en la dinámica de
sarrollo». La conquista semiótica que Occiden- la acumulación sin fin y como fin en sí mismo52,
te hace de la idea misma de lo «civilizado» y de su funcionamiento supone una constante inten-
lo propiamente «humano» se configura como te- sificación del consumo destructivo de energía53.
lón de fondo ideológico que, más que ocultar, lle- Esto, a su vez, históricamente se ha resuelto a tra-
va a justificar los procesos económicos, políticos, vés de una sistemática e ininterrumpida política
ecológicos y culturales de despojo, devastación y colonial, es decir, mediante la continua repro-
dominación. En ese imaginario, el discurso del de- ducción/renovación de mecanismos de subalter-
sarrollo opera como dispositivo de expropiación nización de ámbitos socioterritoriales que son
de la historia y de la naturaleza, impone la natu- configurados como «proveedores» de excedentes
ralización del capitalismo como estadio superior

51 Machado Aráoz, «Naturaleza mineral».


50 Héctor Alimonda, «La colonialidad de la naturaleza. Una aproxi- 52 Marx, Elementos fundamentales; Marx, El capital; Max Weber, La
mación a la ecología política latinoamericana», en La naturaleza ética protestante y el espíritu del capitalismo (Buenos Aires: Pro-
colonizada. Ecología política y minería en América Latina, coord. meteo, 2003).
Héctor Alimonda (Buenos Aires: Clacso, 2011), 22. 53 Foster, Marx’s Ecology; Machado Aráoz, «Crisis ecológica».

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energéticos, destinados a abastecer los centros de Y, en tercer lugar, permite develar en qué me-
acumulación y consumo. dida la constitución de Occidente, como centro
Así, en el marco de la dinámica de la acumulación geopolítico, económico y cultural del mundo-ca-
capitalista erigida como patrón civilizatorio (uni- pital, emerge como consecuencia de esos dispo-
versal), el colonialismo (y sus efectos socioterri- sitivos estructurales de desigualdad ecológica, en
toriales) no es un «exceso» ni una «externalidad» la medida en que la hegemonía de Occidente re-
subsanable del sistema, sino justamente un im- posa, en su estricto sentido material, en la repro-
perativo/requerimiento funcional, una condición ducción continua del imperialismo ecológico como
estructural de posibilidad para asegurar su siem- base del ordenamiento territorial del capital57.
pre precaria y provisoria estabilización económi- En este marco, la ideología del desarrollo expresa
ca y política. En estas condiciones, el discurso del cabalmente la política del capital, la que presenta
desarrollo viene a producir entonces el gran en- su «arte de definir los límites» bajo la fantasía de
cubrimiento de la ecuación ecológico-política de lo ilimitado. Una política que ofrece el crecimien-
la dominación del capital. Bajo la homologación to infinito y una vida de consumo, de consumo ili-
ética y política de la colonización como civiliza- mitado58, pero que, en realidad, bajo el fetichismo
ción54, el discurso del desarrollo encubre la naturaleza de la mercancía, oculta/encubre los costos sacri-
perversa del metabolismo social del capital basado en ficiales de dicha fantasía y la distribución des-
la necesidad insoslayable de extender, sostener y pro- igual de sus efectos destructivos.
fundizar al extremo las prácticas y estrategias del Dicha civilización, la civilización del capital, la que
colonialismo/extractivismo como dispositivo cla- englobó a todas las culturas-pueblos-territorios
ve para su continua e ilimitada (auto)expansión. bajo una misma lógica y racionalidad, única, su-
La fisiología del capital supone, en definitiva, un perior, absoluta, que tomó por asalto la «natura-
régimen de poder-saber plenamente sustentado leza», que se instaló en el lugar de lo «universal»
sobre una territorialidad de la dominación, en la y desde allí «avanzó» hacia el «mundo del pro-
organización del extractivismo a escala global, la greso» edificado sobre el despojo colonial, hoy
cual, prometiendo «el desarrollo», avanza en su ya no dirige sus efectos destructivos solo sobre
carrera de acumulación/consumo ilimitado so- los despojados de humanidad59. Ha globalizado ya
bre la base de la creciente explotación sacrificial los riesgos, ha creado una civilización en crisis:
de territorios/poblaciones sometidos a coloniaje. aquella que «se pone en peligro a sí misma»60.
Expresión por antonomasia de la geografía eco- La geografía de la dominación ha desembocado
nómica del capital, el extractivismo nos ha- hoy en la globalización del colonialismo; la de-
bla de la ecología política de la modernidad vastación de los territorios se ha tornado cri-
«occidentalocéntrica»55. Es decir, refiere, en pri- sis ecológica global, terminal, crisis civilizatoria.
mer término, a la forma de designación y rela- ¿Serán tiempos, entonces, de liberar al territorio
cionamiento que las fuerzas hegemónicas de la de la colonialidad del desarrollo? ¿Serán tiem-
modernidad imponen sobre la «naturaleza» y los pos de imaginar/reconocer territorios-otros y for-
territorios, basada en su concepción como puro mas otras, radicalmente otras, de habitarlos? De
objeto de conocimiento y de explotación56. En no ser así, ¿será posible, en términos estrictamen-
segundo lugar, explicita el carácter intrínseca- te realistas, seguir proyectando el mañana?
mente desigual de apropiación del mundo que im-
plica ese patrón de relacionamiento/explotación.
57 David Harvey, «El “nuevo” imperialismo»; John Bellamy Foster y
Brett Clark, «Imperialismo ecológico: la maldición del capitalis-
54 Aimé Césaire, Discurso sobre el colonialismo (Madrid: Akal, 2006). mo». Socialist Register, n.° 40 (2004).
55 Fernando Coronil, «Naturaleza del poscolonialismo: del eurocen- 58 Jean Baudrillard, La sociedad de consumo. Sus mitos, sus estruc-
trismo al globocentrismo», en La colonialidad del saber: eurocen- turas (Madrid: Siglo xxi, 2009); Zygmunt Bauman, Vida de consu-
trismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas, comp. mo (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2007).
Edgardo Lander (Buenos Aires: Clacso, 2000). 59 Franz Fanon, Los condenados de la Tierra (Buenos Aires: Fondo
56 Horacio Machado Aráoz, «La naturaleza como objeto colonial. Una de Cultural Económica, 2001).
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