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TITULO

UN ENFOQUE INTEGRAL LIGADO AL TERRITORIO EN LOS


PLANES DE CULTURA
AUTOR
Carles Monclús Garriga

ABSTRACT

En la comunicación se argumenta la necesidad que los Planes y Proyectos


Culturales Locales tengan un enfoque integral. Este enfoque integral supone
tener en cuenta las dos líneas de intervención que históricamente se han dado
en la política cultural, la difusión cultural i la participación activa de los
ciudadanos en las actividades culturales.
Este enfoque dual y centrado en las características e historia del territorio
concreto en el que estamos planificando tiene un efecto positivo en la
identificación de los ciudadanos con el proyecto, y es por tanto generador de
identidad pero además hace que la repercusión económica de la intervención
genere mayores plusvalías en tanto que singulariza el proyecto.

PALABRAS CLAVE

PLANIFICACIÓN, TERRITORIO, IDENTIDAD

TEXTO

La necesidad de disponer de un Plan

Constatamos que, salvo loables excepciones, la planificación cultural de los


ayuntamientos de nuestro entorno se mueve bajo dos premisas, la primera es
que planificación equivale a programación de actividades y la segunda es que
esta programación de actividades tiene una perspectiva temporal nunca mayor
al curso de los presupuestos anuales. Llegamos al extremo, en algunos casos,
de nombrar a los técnicos de cultura como programadores, lo cual desde
nuestro punto de vista supone un empobrecimiento de sus funciones, y del
papel que les atribuimos.

En un Congreso, como éste, en el que se analiza el impacto económico de las


actividades culturales, pensamos que es necesario repetir aquello que es
evidente. Para que las actividades culturales tengan un impacto económico
importante en el territorio han de ser planificadas a medio o largo plazo y
hemos de establecer unos objetivos y unas líneas de actuación que sirvan de
soporte o andamiaje a esas actividades.

Porque las actividades, desde nuestro punto de vista, no son un fin en si


mismas sino un medio para avanzar en unos objetivos que nos hemos
propuesto para el territorio y sus ciudadanos. Unos objetivos que marcan las

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metas hacia las que queremos avanzar tanto el los aspectos estrictamente
culturales como en los aspectos sociales y económicos.

Un plan estratégico cultural en cualquier ámbito territorial y por tanto también


en el municipal ha de establecer una serie de objetivos en las tres grandes
áreas de intervención en cultura: el patrimonio, las artes y la comunicación, en
el marco de una determinada perspectiva de política cultural que entendemos
como “Conjunto estructurado de acciones y prácticas sociales conscientes y
deliberadas, (o ausencia de ellas), de los organismos públicos, (pero también
de otros agentes sociales y culturales) en la cultura, entendida básicamente y
de manera restringida como sector de actividades culturales y artísticas, pero
también de manera indirecta y extensa como universo simbólico compartido
por la comunidad.” MONCLUS, C.(2006).

Porque política cultural se hace siempre cuando se está interviniendo en el


sector de la cultura, pero demasiado a menudo no se explicita, simplemente se
actúa. Esto convierte la política cultural en opaca y no susceptible de ser
sometida a la crítica. También, demasiadas veces, los programas políticos de
los partidos que se presentan a gobernar llenan su contenido en materia
cultural de tópicos y frases vacías de contenido, no creyendo en el papel que
puede jugar esa política en la transformación del municipio.

El plan debería establecer unos objetivos a medio y largo plazo, una serie de
proyectos prioritarios, la creación o mantenimiento de los recursos personales y
equipamientos necesarios para desarrollar el Plan y las fuentes de financiación.

También entendemos que sería bueno y deseable que un Plan estratégico


surgiera del consenso de las diferentes fuerzas políticas representadas en el
consistorio ya que esto le daría más estabilidad y proyección de futuro. En
nuestra comunidad autónoma esto, en la actualidad, parece una tarea
imposible ya que el bipartidismo existente en la mayoría de municipios no
genera consensos, sino más bien enfrentamientos cainitas entre las dos
fuerzas mayoritarias.

Ya que este consenso parece imposible por lo menos pediríamos a quién le


corresponda gobernar que planifique su actuación en cultura con la
perspectiva de toda la legislatura y no desde la inmediatez de los presupuestos
anuales. Planificar en base a los presupuestos anuales genera
fundamentalmente programación de actividades a corto plazo sin una visión
más global de la repercusión de la cultura en otras áreas.

La singularización del Plan a partir del análisis del territorio

Sin duda un Plan estratégico ha de partir de las características concretas del


territorio sobre el que vamos a actuar. Un Plan de un territorio nunca sirve para
otro pues el punto de partida y la base de la que partimos es distinta.

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Sin querer ser exhaustivos, porque no es el objeto de esta comunicación, un
análisis del territorio debería incluir:
• un análisis de la comunidad humana que vive en el territorio y que
estará caracterizada por una determinada pirámide de edad, con unas
características de ocupación, económicas, sociales y culturales, con unas
determinadas percepciones sociales sobre el territorio en el que viven, y
con unas formas habituales de utilización del tiempo de ocio.
• un análisis de las redes sociales y asociativas presentes en el territorio
y, en especial, aquellas ligadas a actividades culturales.
• un análisis de la historia de las actividades culturales realizadas en el
territorio.
• un estudio del patrimonio cultural local y de sus posibilidades y de
aquellos nuevos elementos patrimoniales susceptibles de ser activados.
• un estudio de las tradiciones y del calendario festivo, así como de
aquellas tradiciones que se han perdido o están en peligro de desaparecer.
• un análisis de la ubicación estratégica de la población en un territorio
más amplio como la comarca que incluya la red de comunicaciones y de
transporte colectivo.
• un análisis del tejido empresarial en el ámbito cultural presente en la
localidad y en la comarca.
• un análisis de los equipamientos existentes o disponibles para poner en
marcha el plan pero también de las posibilidades de suelo público para
construir equipamientos o de las posibilidades de edificios públicos o
privados ya construidos y susceptibles de desarrollar actividad cultural.

En este análisis, desde nuestro punto de vista deberíamos implicar a la


población pues esto ya garantizaría un cierto grado de complicidad y de
adhesión al proyecto. Utilizar metodologías participativas es fundamental para
que los ciudadanos y ciudadanas sientan el proyecto como suyo y al mismo
tiempo es un buen instrumento para escuchar los deseos y anhelos de la
población.

Este análisis del territorio es absolutamente necesario porque, desde nuestro


punto de vista, si queremos que el plan cultural tenga un impacto económico y
social mayor ha de ser singular y enraizado en la población en el que se va a
aplicar.

Tristemente la realidad que nos solemos encontrar es otra y las actividades que
organizan muchos de nuestros ayuntamientos se caracterizan en muchos
casos por la copia de lo que hace el municipio cercano. Si ellos hacen teatro,
nosotros también, si … nosotros también lo haremos. Este es un planteamiento
que ignora la clave comarcal y resta posibilidades de poner en valor lo que
hacemos en tanto que sólo podemos competir en hacerlo mejor pero no en
hacerlo diferente o en hacer otras cosas y que sus posibilidades de atractivo
sean mucho mayores.

En este siglo, y con la mejora de las comunicaciones, no podemos pensar en el


Plan de un municipio dirigido sólo a la población del municipio. Hemos de
empezar a pensar en clave comarcal partir de la colaboración y la
complementariedad.

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Un territorio debe partir de este análisis y optar porque, por ejemplo, el
patrimonio local sea el eje sobre el que va a construir todo su proyecto cultural
o que dentro de las artes su apuesta estratégica sean las artes plásticas, o las
artes escénicas, o que su alternativa y su singularización va a ser una apuesta
por las nuevas tecnologías en cultura. Evidentemente no excluye esto que
pueda organizar actividades en otras áreas o artes, pero sí que debe tener
claro cual va a ser el hilo conductor, la estructura sobre la que apoyaremos el
resto de actividades.

Porque cuando hablamos de enfoque integral no nos referimos a un enfoque


que intente desarrollar todas las actuaciones posibles en el patrimonio, las
artes y la comunicación. Se trata de que en aquellas artes o sectores que se
pretendan desarrollar, se haga siempre con ese enfoque integral que
desarrollaremos más adelante.

Qué objetivos debería tener un Plan estratégico

Entre los objetivos a medio y largo plazo que debería tener un Plan cultural
estratégico IÑAKI LÓPEZ DE AGUILETA (2000) nos plantea los siguientes:
• Contribuir a la terciarización de la población, al trasvase de la actividad
económica al sector servicios.
• Mantener, o yo diría también generar, la centralidad de cada localidad
en su comarca, también desde el punto de vista cultural.
• Difundir la imagen de la población.
• Contribuir a elevar el nivel de vida de los ciudadanos.

También y sin el ánimo de cerrar el repertorio, sino con el humilde ánimo de


sugerir, desde nuestra perspectiva un Plan cultural estratégico debería tener
objetivos como
• Potenciar la cohesión social
• Potenciar las industrias culturales y las empresas culturales presentes
en el territorio.
• Favorecer la participación de los ciudadanos y ciudadanas en la vida
social, cultural y política.
• Aumentar el tejido asociativo de la localidad.
• Garantizar el acceso de los ciudadanos a códigos estéticos diversos.
• Y, por supuesto concretar que áreas (patrimonio, artes y comunicación)
van a ser las prioritarias y dentro de estas que artes o que aspectos se van
a desarrollan más exhaustivamente, teniendo en cuenta el enfoque integral
que desarrollaremos en el punto siguiente.

Qué entendemos por integral

La historia de la política cultural ha sufrido desde la posguerra de la Segunda


Guerra Mundial un movimiento de péndulo entre las tendencias que han dado
una mayor importancia a la difusión cultural y las que han dado un mayor
énfasis a la participación.

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Después de la finalización de la 2ª Guerra Mundial y hasta finales de los años
60 podemos señalar una corriente ligada a la puesta en marcha de los Estados
del Bienestar que se ha venido a llamar democratización de la cultura que puso
todo su énfasis en facilitar el acceso de los ciudadanos a las actividades
culturales como un derecho paralelo a los de la educación y la sanidad. Se dio
la importancia a la difusión y a la financiación pública de las actividades de alta
cultura para que fueran accesibles a los ciudadanos.

A finales de los años 60, empieza a haber grupos de ciudadanos que rechazan
el acceso a la alta cultura, y quieren participar en la construcción de la cultura,
surgen conceptos como la contracultura o las culturas alternativas. Nace la
animación sociocultural. Empieza un nuevo ciclo de la política cultural que da
relevancia a la participación activa de los ciudadanos. Esta corriente es la que
se ha llamado democracia cultural y fue asumida por la UNESCO en la
Conferencia de Helsinki de 1972 sobre políticas culturales. En el Informe final
se decía " Se trata menos de ampliar el acceso a un tipo de cultura ofrecido pro
grupos privilegiados que de promover una diversidad de expansión fundada en
el pluralismo social y permitir a la mayoría una participación directa y activa en
la vida cultural. En una época en la que un número cada vez mayor de jóvenes
rechaza una cultura establecida en la que no reconocen ni el objeto ni la fuente
de sus aspiraciones, la cultura debe ser más que nunca el fruto de la libertad.
No sólo no debe estar al servicio de la propaganda política, sino que es preciso
que, en bien de todos, se nutra de todas las corrientes del pensamiento."

Esta corriente de pensamiento propició unas políticas culturales centradas en


la participación activa de los ciudadanos. De hecho, en España en la transición
de la dictadura a la democracia los primeros ayuntamientos democráticos
pusieron en marcha sus incipientes políticas culturales dando mucho énfasis a
los aspectos de participación. En muchas ciudades se crearon centros cívicos,
casas de cultura, y universidades populares con este enfoque.

Posteriormente la crisis de los 80, con la subsiguiente reducción de los


recursos económicos y la aparición de la gestión cultural como disciplina,
critican esta etapa anterior como la etapa de tallerismo y del “todo vale” y
vuelven a dar una mayor importancia a la difusión. Se desarrolla el marketing
cultural y se empiezan a desarrollar estudios sobre la repercusión económica
de las actividades culturales. Se olvida la línea de participación y se centra la
intervención en la difusión. En algunos casos se llega a confundir participación
con asistencia.

En los últimos años hemos visto como se impartían infinidad de cursos para
mejorar las capacidades profesionales de los técnicos en cultura, centrados en
los aspectos de gestión del producto cultural y su comercialización. Esto que
tiene aspectos muy positivos en cuanto a mejora de las técnicas de producción
y distribución a veces parece que ha olvidado las finalidades últimas de la
intervención en cultura. Ha confundido en muchas ocasiones intervención en
cultura con entretenimiento.

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Sin embargo, en los primeros años de este siglo XXI, observamos un cambio
de tendencia y un regreso a los valores de la participación activa en la cultura.
Ya en la última década del siglo XX empezamos a oír voces que reclamaban la
intervención en cultura como un factor de cohesión social. Y, es evidente que la
actividad pasiva de espectador no genera cohesión social, la cohesión social
se genera cuando hacemos cosas con otros y las actividades culturales son
especialmente indicadas en tanto que están repletas de contenidos simbólicos.

Un ejemplo de esta nueva línea de intervención es la agenda XXI de la cultura.


Fue aprobada por más de 300 ciudades y gobiernos locales el 8 de mayo de
2004, como un documento guía para políticas culturales locales, y presentada
a la UNESCO. La organización CGLU (ciudades y gobiernos locales unidos) la
adoptó como referencia en sus programas de cultura. Plantea los derechos
culturales como parte indisociable de los derechos humanos. La cultura se
entiende como un factor de desarrollo económico, pero también social y
territorial. La cultura es un importante factor de inclusión social y la
participación cultural como elemento de ciudadanía plena.

En el marco de esta agenda XXI la Federación Española de Municipios y


Provincias ha publicado la “Guía para la evaluación de las políticas culturales
locales”, que, desde nuestro punto de vista es un documento muy interesante y
que vuelve a situar la participación de los ciudadanos como un polo necesario
en la intervención en cultura.

Nuestra Constitución además contempla estas dos líneas de intervención


desarrolladas en Europa a partir de la segunda guerra mundial: la
democratización de la cultura y la democracia cultural.

Artículo 9.2
Corresponde a los poderes públicos (..) facilitar la participación de todos los
ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.

Artículo 44
Los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que
todos tienen derecho

Nos referimos pues a un enfoque integral cuando tenemos en cuenta estas


dos líneas, es decir, partimos de que las actividades culturales que más
enriquecen a los ciudadanos son aquellas en que los ciudadanos
participan activamente, pero consideramos que las actividades de
difusión cultural son absolutamente necesarias porque facilitan el acceso
de los ciudadanos a un repertorio de códigos estéticos diversos bien
elaborados y de calidad y muy indicadas para motivar a los ciudadanos a
participar en actividades culturales.

Por tanto entendemos que cualquier Plan Estratégico debe favorecer tanto el
acceso de los ciudadanos y ciudadanas a las actividades culturales como el
aumento de la creación tanto a nivel aficionado como profesional, es decir
posibilitar que las personas creen o participen de manera activa en actividades
culturales como un medio para mejorar su calidad de vida.

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Que ventajas aporta este enfoque

Podríamos decir simplemente que este enfoque responde a lo que nos exige la
Constitución o que es un enfoque que responde a las necesidades de una
sociedad multicultural que exige políticas para promover la cohesión social. Por
cohesión social entendemos el grado de consenso de los miembros de un
grupo social en la percepción de pertenencia a un proyecto o situación común.
Es una medida de la intensidad de la interacción social dentro del grupo. Por
tanto no debemos confundir cohesión social con desaparición de los rasgos
culturales individuales o grupales. Hay cohesión social cuando conozco y
acepto las diferencias del otro sin exclusión pero tengo un sentido de
pertenencia a un proyecto común y, para eso, es esencial la convivencia y
hacer cosas junto al otro, por lo que las actividades culturales participativas son
un espacio privilegiado para su fomento.

Pero en un Congreso sobre la Plusvalía económica de la cultura debemos ir


más allá y intentar analizar si este enfoque aporta beneficios o mejora los
resultados económicos de una intervención cultural.

Evidentemente no tenemos datos y lo que vamos a hacer es aportar nuestras


intuiciones y nuestra observación a lo largo de los últimos años de aquellos
proyectos puestos en marcha en diferentes municipios que parten de este
enfoque.

También hay que decir que no tenemos datos porque datos no hay muchos ni
de la inversión real en cultura, poco transparente por la propia estructura de los
presupuestos públicos, ni por supuesto de la incidencia real en la economía.
Aunque empiezan a haber estudios, y en eso el Departamento de Economía
Aplicada de la Universidad de Valencia está realizando interesantes
aportaciones, seguimos lejos de que haya suficientes.

Cuales son las ventajas de un enfoque integral ligado al territorio:

a) La singularización de la oferta
Uno de los aspectos fundamentales para competir en un mercado es la
singularización del producto a ofrecer. Esto es evidente en cualquier producto o
bien de mercado y por tanto también en la oferta cultural.
En la medida que nuestra oferta es diferente puede atraer ciudadanos, tanto
usuarios como público, de diferentes lugares.

b) La potenciación y reconstrucción de la identidad local.


Siguiendo con el aspecto anterior en la medida que nuestro proyecto es
singular y característico de nuestra población potenciará y reconstruirá la
identidad local.
Si nuestra localidad pasa a ser un referente en las artes plásticas porque hace
exposiciones de calidad, potencia las relaciones con la Facultad de Bellas
Artes, facilita y potencia la ubicación de galerías de arte en la localidad, ofrece
Talleres de iniciación a las artes Plásticas para niños, organiza viajes a

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diferentes Museos de referencia y a la Feria Arco, organiza un concurso de
pintura y de escultura, organiza cursos de pintura para la tercera edad, sin
duda todos los ciudadanos de esa localidad se sentirán orgullosos e implicados
y eso tendrá una repercusión positiva en la respuesta que tendrán a la oferta.
Pero además esta imagen de la localidad generará sinergias con otros
negocios y sectores económicos del territorio que de alguna manera podrán
aprovechar esa imagen en sus negocios. Nuestra localidad sin duda será un
referente en las artes plásticas. Las artes plàsticas, evidentemente, son un
ejemplo que podriamos tranferir a otra área de intervención en cultura, al
patrimonio, al sector audiovisual,….

c) La identificación e implicación de los ciudadanos en el proyecto.


En la medida que los ciudadanos no son meros espectadores sino que son
también participantes porque se les ofrecen actividades en las que son
protagonistas activos, y se les da la posibilidad también de hacer propuestas, la
identificación de los ciudadanos con el proyecto es mayor, y su participación en
las actividades de difusión también es mayor.

d) El aumento de la gratificación percibida por los usuarios.


La gratificación percibida para el usuario depende de si pesa más la utilidad
simbólica, funcional y vivencial de asistir a la actividad frente a los costes de
dinero, de conveniencia y psicológicos. Desde nuestro punto de vista cuando
participamos activamente en actividades culturales la utilidad vivencial de la
participación es mayor que en actividades pasivas y los costes psicológicos
disminuyen.

e) La generación de empresas o agentes culturales privados.


En la medida que hacemos la intervención desde este enfoque integral
creamos una base, una sazón, que favorece la creación de empresas y
entidades del tercer sector vinculadas a las áreas que hemos impulsado.

d) El refuerzo de la ubicación en el mapa de la localidad.


En la medida que la propuesta que hacemos es integral y singular
posicionamos a nuestra localidad en el mapa, favorecemos, como dice Inaki
López de Aguileta, la centralidad del municipio en la comarca. Y, eso, sin duda,
genera también la potenciación del comercio y la hostelería local.

e) El aumento del público en las actividades de difusión.


En la medida que los ciudadanos no son solo meros espectadores sino
participantes su interés por las actividades culturales es mayor y su
participación como público aumenta. No hay duda que, por ejemplo, las
personas que hacen teatro aficionado son un público fiel de las
representaciones teatrales, y que las que participan de un taller de música se
interesan también más por los conciertos.

A modo de cierre

Des de nuestro punto de vista es absolutamente necesario la elaboración de


Planes Estratégicos con el enfoque integral que hemos defendido en los
diferentes territorios y en especial en el ámbito municipal que es el más

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próximo a los ciudadanos y ciudadanas. Este enfoque lo defendemos
fundamentalmente por razones sociales pero pensamos que también puede
generar un mayor impacto económico.

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