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PDVSA: De Ramírez a Quevedo / Retrospectiva 2015 - 2018

Por: Einstein Millán Arcia
Revisando la cronología previa y posterior a los sucesos ocurridos en
PDVSA a partir de Noviembre de 2017, son muchas las conclusiones a
las que se puede arribar acerca del porque de la deplorable situación
actual de PDVSA.

Todo inicia a partir de la implementación del plan siembra petrolera.
Aunque su ejecución navegó por aguas turbulentas desde su inserción;
con múltiples eventos de corrupción en costa afuera y Faja del
Orinoco, con complicaciones y abandono de varias empresas mixtas, el
naufragio solo se hace palpable a loa ojos el estado con el derrumbe del
barril a mediados de 2014. Dicho evento deja expuesto y hace evidente
el recalentamiento de las finanzas que venia sufriendo PDVSA, su
creciente y destructiva corrupción interna, su autoflagelación y su mal
manejo.

Ya para 2016 PDVSA acusaba un desplome de cerca del 60.6% en sus
ingresos totales, traducido en unos US$48.002 millones en 2016 versus
US$121.895 millones para el ejercicio 2014. Con ello, la ganancia neta
pasó desde US$9.074 millones durante 2014 a US$828 millones en 2016,
un derrumbe de alrededor de 91%, solo comparable con la abrupta
caída observada durante la gestión del Luis Giusti durante el ejercicio
1998, donde llego hasta la inédita suma de US$663 millones; aun la
más baja en su historia.

Aunque ya venia desplomándose con consistencia desde 2008, la
producción promedio durante 2016 comenzaba a mostrar signos de
castigo acelerado, al pasar a 2.57 MMBD desde 2.90 MMBD en 2014.
Las exportaciones también comenzaban a ceder con fuerza, al caer
hacia 1.82 MMBD desde 1.90 MMBD durante el mismo periodo. Es de
hacer notar que en esa producción reportada se contabilizaba y aun se
contabiliza el volumen de crudo importado utilizado como diluente,
cuyo promedio para 2016 fue de unos 68 MBD.

Entrado ya el 2016 el gobierno de Maduro mostraba señales de una
creciente asfixia financiera y una visible presión política desde su
entorno más cercano. A la par, los gobiernos chino y ruso ejercían
mayor presión para proteger y garantizar sus intereses en Venezuela.
En Febrero 2016 es creada Camimpeg, instrumento corporativo
exclusivo del sector militar para avanzar en el ámbito y sobretodo en
los negocios del sector petrolero. Es así como ese segmento comenzaba
a saborear y palpar “en tiempo real” lo atractivo de PDVSA, no como
instrumento de generación de valor y resguardo de la soberanía, sino
como instrumento de control del poder financiero y político.

En medio de una abundante ignorancia acerca de las causas reales del
problema, motivadas en esencia por factores de naturaleza tanto
interna como externa, por políticas erradas en el manejo operativo,
financiero y ético de PDVSA, y por la inconveniente política de
recortes planteada y defendida por Venezuela, el gobierno busca
culpables y comienza a dudar de la cúpula y el entorno petrolero. Es
así como decide infiltrarla abiertamente y dar al traste con la necesaria
presencia de la exposición global, el conocimiento y la experticia en su
manejo.

La industria petrolera comenzaba a acusar un franco y sostenido
deterioro desde 2007-2008 en todos los aspectos; moral, ético,
organizacional, técnico y operativo. Sin embargo y mientras el precio
del barril se mostraba “saludable”, su presidente y directiva pasaban
desapercibidos aunque ello significara sacrificar el negocio medular
para satisfacer el apetito político. Siempre y cuando el gobierno central
recibiera divisas para sostener el clientelismo, el populismo y la
compra de voluntades, le tenía sin cuidado el resto.

La supuesta habilidad del equipo que con la implementación del plan
siembra petrolera que dio inicio a la destrucción que hoy acusa
PDVSA, demostró no ser más que incompetencia y corrupción
despiadada sostenida en un barril en alza. La fiesta solo duró hasta de
Junio’2014. A partir de allí, las mascaras comenzaron a caerse.
Tal y como desnuda el grafico anexo en donde se contrasta la
producción nación versus el ingreso neto normalizado por precios del
barril, la supuesta bonanza de la PDVSA de Ramírez y Del Pino no era
otra cosa que una farsa sustentada en dos aspectos fundamentales; alza
del precio del barril y artificios contables llamados “ingresos
financieros” apoyados en marramuncias cambiarias. No por
casualidad, entre 2012 y 2015, los artificios cambiarios y contables
ocultos entre los llamados “ingresos financieros” tuvieron su pico
máximo, al pasar de US$765 en 2012 a más de US$20.343 millones en
2014 y US$16.830 millones en 2015.

Ya para mediados de 2016, el gobierno enfrentaba graves problemas de
caja y el cerco internacional se cerraba de forma continua e
indefectible. Sus socios tradicionales, China y Rusia exigían más y
mejores garantías. Venezuela comenzaba a solicitar periodos de gracia
a China para pagar solo intereses de la deuda contraída hasta el
momento y poder liberar así, envíos de crudo que irían en
consecuencia a generar flujo de caja, brindando a la estatal la
posibilidad de poder incrementar su capacidad de emisión de deuda
en forma de bonos a futuro para brindar un respiro aunque fuese de
etéreo y pasajero; eran acciones que no apuntaban a la causa sino a las
consecuencias del problema; destinadas a comprar tiempo, a correr la
arruga.

Las pésimas negociaciones y peor arquitectura de los modelos de
negocios de las empresas mixtas a la postre pusieron a la estatal contra
la pared. Para entonces, la deuda de Venezuela con el gobierno chino
ascendía a unos US$50 billones. PDVSA entraría en un círculo vicioso;
en una espiral suicida con las empresas mixtas, ya que a medida que el
barril cedía PDVSA debía asegurar mayor volumen de crudo para
cubrir el margen de deuda. Desafortunadamente su producción estaba
destinada a desplomarse drásticamente como en efecto sucedió,
forzando al gobierno central a ofrecer garantías adicionales, mientras
ascendía incontrolable su potencial de mora.

Es así como comienza a desmontarse esa PDVSA que desde 2005 yacía
bajo el dominio de clan Ramírez-Del Pino; una nefasta experiencia que
jamás debe reeditarse de nuevo en nuestra Venezuela, pero que sin
embargo a juzgar por los cambios recientes, el mal aun persiste.

La entrada de Nelson Martínez al ministerio de Petróleo ocurre en
Enero’2017, a la par del nombramiento de una nueva junta directiva en
donde destacaban individuos muy cercanos a la cúpula del poder. Se
crea la vicepresidencia ejecutiva con Maribel Parra al frente, llevan a
Simon Zerpa a la vicepresidencia de finanzas y colocan a un
desconocido sin perfil en una posición clave; Nelson Ferrer nada
menos que en exploración y producción, además de varios activistas y
proselitistas políticos de confianza, sin ningún tipo de calificación
conocida como directores externos.

Llegado Julio’2017, tiene inicio la saga de sanciones desde los EEUU
contra funcionarios Venezolanos y toma cuerpo de manera abrupta la
desconfianza interna entre los distintos segmentos del poder político.
En Agosto 2017 nombran a Nelson Martínez presidente de una PDVSA
en clara pugna y llevan a Eulogio del Pino de vuelta al Ministerio de
Petróleo. PDVSA ya no era una industria petrolera; era simplemente
un cascaron sostenido solo en una inercia que fenecía por fuerzas de
fricción originadas por la anarquía e incompetencia dejadas por su
predecesor.

Nelson se enfrentaba aguas turbulentas en esa PDVSA, en donde
abundaban enfrentamientos que originaron diferencias fuertes con
parte de esos personeros impuestos en la directiva desde de
Enero’2017 y también con el vecino de la torre oeste, el entonces
ministro. Nelson arma equipo y activa mecanismos de impacto para
reducir la entropía interna, para apaciguar la profunda anarquía
organizacional y para remediar la abismal y sostenida caída de
producción en curso, sin percibir que ello agigantaba la magnitud de
las grietas políticas ya iniciadas. Lo comenzaron a visitar
prácticamente a diario activistas políticos y militares, le cerraban el
paso, no le aprobaban cambios ni postulaciones. Estaba con las manos
amarradas.

La cronología de eventos que se sucedieron de allí en lo adelante,
marcaría una “purga selectiva” sin precedentes en la historia reciente
de PDVSA, desembocando en la detención de Eulogio del Pino y
Nelson Martínez a finales de Noviembre de 2017. Un elemento clave
que ha pasado desapercibido es que tan pronto fue detenido N.
Martínez e incorporado M. Quevedo, se separa del cargo de manera
inmediata la entonces vicepresidenta ejecutiva M. Parra. Ya PDVSA
estaba siendo activamente penetrada no había vuelta atrás, el control
ya estaba en esas manos que tanto la habían deseado; su destrucción,
esa misma destrucción que ahora esta en curso activo, estaba
sentenciada.

Con el arribo de Quevedo los efectos no se hicieron esperar. Entre la
última semana de Noviembre, cuando PDVSA mostraba
una producción puntual de 1.919.000 B/D y finales de Marzo cuando
la producción nación se abatió hasta 1.509.000 B/D, el país dejaba de
producir unos 420.000 B/D; un desplome sostenido de 105.000 B/D por
mes, mientras que las exportaciones a Norteamérica, que a la postre
son las que generan ingresos inmediatos se desplomaban hasta llegar a
su mas bajo nivel histórico de menos de 380.000 B/D. Lo que habíamos
advertido se esta cumpliendo, se cierra la brecha entre la
disponibilidad de crudo con potencial de generar flujo de caja y aquel
que obligatoriamente debía ir dirigido al pago de compromisos
pactados y que no generaban ingresos frescos, poniendo al gobierno en
la disyuntiva entre castigar el mercado interno o cumplir compromisos
contraídos.
PDVSA está en medio de un torbellino desenfrenado de confusión y
anarquía; del no saber que hacer. No hay reacción de la directiva
sencillamente porque no saben que hacer; desconocen el negocio.

Es allí, en medio de ese río revuelto, donde los estafadores y
aprovechadores hacen precisamente su aparición estelar. Muchos
hablan de privatizar, otros de invadir y otros andan detrás
devastadores llenando sus alforjas. En esencia, todos son caimanes de
un mismo caño. Lo que buscan es acceso fácil a comisiones y poder.
Muchos de esos mismos han sido gobierno en el pasado y nada
aportaron entonces aparte de su enriquecimiento propio. Otros han
estado incursos y procesados por delitos penales por corrupción y aun
así asoman sus narices para opinar sobre lo que ellos mismos de una u
otra manera son corresponsales.

Aparte de enseriarse y poner a PDVSA en las manos correctas. Aparte
de realmente combatir la corrupción y echar a un lado el populismo
para dar paso a medidas económicas duras pero necesarias, son pocas
las alternativas que le quedan al gobierno. Quizá declararse en
moratoria, endeudarse a costa de arrasar con los recursos del macizo
guayanés o entregar a descuento activos preciados de PDVSA a manos
desconocidas ocultas detrás de algún capital de origen cuestionable.

De no actuar con contundencia y premura, las consecuencias de esta
increíble e inédita destrucción serán sentidas con fuerza en todo
estamento de la sociedad, pero sobretodo en aquel mas desposeído. El
mercado interno se verá seriamente diezmado, como también se verá
el acceso a los bienes de consumo y servicio. La población más endeble
se revelara y el país entrara en un torbellino indescriptible de tensión y
anarquía.