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David, crítica al mundo frívolo de la racionalidad.

¿Hasta qué punto la cotidianeidad puede y debe sumergir, en los más profundo del
individuo, sus instintos y sentimientos humanos? ¿Realmente son efímeros en un
mundo cada vez más “veloz” y “moderno” donde no hay espacio para sentir, pero sí
para pensar únicamente? Roberto Fiesco y Julián Hernández (ambos directores y
productores mexicanos) se plantearon tales preguntas para responder sobre el
sentido de ser un humano en una sociedad tan convulsa en la individualidad que
provoca, según establecen, carencias humanas.
A través de su cortometraje titulado David (estrenado en 2005), los directores
mexicanos a lo largo de 15 minutos con 21 segundos, buscan entablar, así como
narrar (bajo la producción de Daniel Alonso) la construcción de la idea de la
sexualidad y del disfrute del sexo como desahogo, e igualmente, como
autorreconocimiento del hombre. Tal autodescubrimiento parte desde dos mundos
sociales: la juventud y la “madurez”.
David, representante de esta juventud aventurera y en búsqueda de
vivencias nuevas, es un joven estudiante del nivel secundaria que en un día
cualquiera se escapa de la escuela para asistir al cine. Sin embargo, tal experiencia
no sería tan placentera al ver que ninguna película era de su agrado. David,
interpretado por Jorge Adrián Espíndola, posee un problema para comunicarse
debido a que es mudo, pero ello no le impide entablar un acercamiento con José.
Javier Escobar (actor mexicano) interpreta a José, un hombre desempleado
producto de la crisis laboral en el México de la primera mitad de la década del siglo
XXI. Un “hombre” bajo toda la extensión del concepto mexicano: trajeado, con
corbata sujeta hasta la garganta y, como no podía faltar, un bigote como
característica del género masculino en la sociedad; por ello representa, bajo la
conceptualización de Roberto Fiesco, una generación madura o adulta.
En un momento, dentro del relato expuesto, estas dos historias se entrelazan
para poder dar razón a lo antes comentado donde tras mensajes escritos, palabras
y juegos, ellos exteriorizan sus sentimientos y deseos con el único objetivo de
desaparecer, por un instante, del abismo sofocante, cruel y egoísta: la sociedad.
El film, ganador del Cuarto Concurso Nacional de Proyectos de Cortometraje,
logra, bajo una línea conductora clara, esbozar la gran problemática de la sociedad
mexicana, e internacional también, que es envuelta en prejuicios y valoraciones
vacías, donde lo único que se crítica es lo observable, lo incomodo, lo no entendible
sin detenerse a pensar lo que hay detrás de ello (motivos, sentimientos,
aspiraciones).
Por lo tanto, todo aquel que pretenda ver el cortometraje David debe hacerlo
con una mentalidad abierta ante la situación presentada; y comprender moralmente
el porqué de un mundo socialmente (in)existente. Porque como diría Juan Bosch
(ensayista, novelista, historiador, educador y político dominicano): “El amor
verdadero consiste en un olvido absoluto de la ley de la especie, logrado mediante
la gozosa enajenación de las almas en la comunión eterna y elevada”.

FUENTE:
 IMCINE (2012). David, Secretaria de Cultura, Instituto Mexicano de Cinematografía, 2005,
México. Recuperado de: <http://www.imcine.gob.mx/cine-mexicano/pelicula140>