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LIMITACIONES Y ASPECTOS ÉTICOS SOBRE

LA TEORÍA E-R
LIMITACIONES DE LA TEORÍA E-R

A pesar de la eficacia de las técnicas de condicionamiento, las teorías E-R tienen limitaciones. El
conocimiento de estas limitaciones debería estimular a los profesores a usarlas con prudencia y
moderación y a tener también en cuenta los aspectos
positivos de las teorías cognitivas.

"Puede enseñarse a un caballo a abrevar, pero no existe ningún método de condicionamiento


que sirva para enseñarle a hablar" (Seligman y Hager, 1972)). Muchos psicólogos creen que el
condicionamiento solamente es un medio eficaz para modificar conductas en circunstancias limitadas.
El condicionamiento animal, por ejemplo, depende de la dotación biológica de los animales y de su
preparación para producir determinadas respuestas. No es difícil enseñar a una paloma hambrienta a
picotear un círculo iluminado si se utiliza como refuerzo. La conducta de picotear es un medio
biológicamente adecuado para conseguir alimento. ¡Pero intentemos conseguir que una paloma
picotee un círculo iluminado para desactivar una corriente eléctrica que es fuente de descargas! Si
bien el acto de picotear es una conducta apropiada para comer en esta especie, no está de ninguna
manera relacionada con la conducta de escape de una paloma. Es prácticamente seguro que ese
intento de condicionamiento se resolverá en un fracaso. En otras palabras, la teoría E-R o las técnicas
de condicionamiento no siempre funcionan.

Robert Bolles, que ha estudiado minuciosamente ejemplos de investigación fructíferos con


técnicas de condicionamiento, sugiere que el aprendizaje o los cambios conductuales podrían
explicarse mejor en términos de expectativas que en términos de reforzamiento (1972). Cree que los
animales y los seres humanos tienen unas determinadas expectativas generales y específicas. Desde
su punto de vista, cuando más fuerte sea la expectativa de una determinada asociación
estímulo-respuesta, más fácil será el proceso de condicionamiento. Imaginemos a dos niñas de doce
años. Una de ellas procede de una familia de clase media, de buena educación, y ha crecido en un
ambiente social y psicológico favorable. La otra ha pasado tres años en una institución para
delincuentes juveniles y el resto de su vida en muchos hogares adoptivos, en los que se le ofrecía poco
cariño y escasísima seguridad. Supongamos que se envía a ambas alumnas a un internado en el que
la pulcritud, la puntualidad, la realización de las tareas escolares y los proyectos extraacadémicos se
recompensan con fichas que pueden cambiarse por excursiones especiales, camisetas de deporte y
entradas para espectáculos deportivos. Este programa de condicionamiento y la expectativa específica
de ganar una camiseta de deporte, por ejemplo, tienen más probabilidades de resultar atrayentes para
la primera estudiante, que mantienen la creencia general de que "las cosas buenas pueden
conseguirse dando cosas buenas a los demás", que para la segunda, cuya expectativa general es que
"las cosas buenas las consigo cuando puedo coger sin que me cojan". La teoría de Bolles sugiere que
hasta que se pueda cambiar la expectativa general de la niña delincuente, el programa de
condicionamiento escolar entrará en conflicto con la misma y resultará probablemente ineficaz.

El papel que desempeñan las expectativas plantea la cuestión de su cambio. El reforzamiento


interviene decisivamente en el desarrollo, así como en el cambio y el fortalecimiento de las mismas. En
el caso de la niña delincuente, es muy probable que,
al cabo de un período de semanas o meses, a medida que vaya viendo que sus compañeros de clase
consiguen recompensas y que ella obtiene ocasionalmente alguna, acabe por desarrollar una nueva
expectativa en relación con la posibilidad de obtener cosas buenas en la escuela. El hecho de recibir
refuerzos y de ver cómo los demás los reciben por manifestar conductas deseadas puede inducirle a
cambiar su expectativa de que "las cosas buenas las consigo cuando las cojo sin que me cojan" por esta
otra "las cosas buenas las consigo cuando hago lo que se me pide". Según la teoría de Bolles, es este
cambio de expectativas, más que los refuerzos en sí mismos, lo que mueve a la niña a modificar sus
pautas conductuales. La idea de que el aprendizaje depende de las expectativas, y no del reforzamiento,
nos lleva al examen de las teorías cognitivas del aprendizaje.

ÉTICA DEL CONDICIONAMIENTO

¿Qué ética subyace en los condicionamientos clásico y operante? ¿Tiene alguien derecho a actuar
como terapeuta de la conducta, a modificar la conducta de otra persona? ¿Menoscaba el
condicionamiento los derechos y libertades de la persona? ¿Es moralmente admisible usar el
condicionamiento por la simple razón de que da resultado?

Quienes se han ocupado de estas cuestiones parecen dar con frecuencia por sentado que el
condicionamiento puede y debería prohibirse. La verdad es que el condicionamiento no puede
evitarse o suprimirse. Recuerda en cierto sentido a la medicina. Como ésta, existió durante largo
tiempo antes de que se formara el depurado cuerpo de conocimientos de que ahora disponemos.
Antes de que se escribiera el primer libro de psicología, los padres sonreían a los niños que
balbuceaban sus primeras palabras y recompensaban a los que limpiaban sus platos. Los
trabajadores recibían suplementos por las horas extraordinarias que trabajaban. Los cocineros eran
felicitados por sus platos conseguidos. El hecho de estimular a otras personas a comportarse de
determinada manera no es otra cosa que el condicionamiento.

Quizá determinadas prácticas del condicionamiento deberían prohibirse y otras aceptarse, al


igual que ocurre con determinadas prácticas médicas, pero ni la medicina ni el condicionamiento
pueden abolirse. Desde nuestro punto de vista, las preguntas reales que deberían hacerse son las
siguientes: ¿Qué conductas deberían condicionarse? ¿Cómo se debe realizar el condicionamiento?
¿Quién debe condicionar a las personas? ¿Qué técnicas de reforzamiento son apropiadas? Estas
cuestiones tienen implicaciones éticas fundamentales. Sin embargo, así como un buen médico se guía
por el objetivo último de mantener al paciente con vida, los profesores deberían guiarse por el objetivo
profesional de desarrollar las habilidades cognitivas, emocionales y sociales de los niños en el
momento de decidir cuándo, cómo y con quién deberían utilizarse las técnicas de condicionamiento.
En otras palabras, el problema ético está directamente relacionado con los objetivos que una persona
establece para otra y con las condiciones en las que se usan las técnicas de condicionamiento.
REFERENCIAS

Gispert, C. (Dir). (2004). Enciclopedia de la Psicopedagogía. España: Océano.