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«Es un sofisma creer en la neutralidad del movimiento sindical


y en la independencia de los sindicatos en cuanto a su postura
ideológica y propaganda subversiva.»
Declaración emitida por el Comité Peninsular de la FAI en diciembre de 1929

«Nosotros, este Gobierno, cualquier Gobierno, ¿hemos sembrado en España


el anarquismo? ¿Hemos fundado nosotros la FAI? ¿Hemos amparado de alguna
manera los manejos de los agitadores que van sembrando por los pueblos este lema
del comunismo libertario?»1. Siguiendo a Manuel Azaña, que eludía con ese cínico
argumento las responsabilidades de su Gobierno en los sucesos de Casas Viejas,
saldados con veintidós campesinos muertos, la historiografía liberal y marxista ha
presentado a la Federación Anarquista Ibérica (FAI) como un nido de manipulación,
violencia e irresponsabilidad, provisto, además, de unas pinceladas de mesianismo
y fanatismo que terminan de conformar el retrato de una secta. La trabazón entre
la FAI y la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) fue vista por los reformistas
o gradualistas como un instrumento por parte de los militantes de la específica
-empleando la terminología con la que a veces se conoce a entidades como la FAI
y la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias- para imponer su autoridad dentro
de la sindical, y ésa es la perspectiva que ha sido adoptada por historiadores como
Gerald Brenan y Raymond Carr, que achacan la crisis confederal de 1931 al «tiránico
liderazgo» de una FAI que funcionaba «como grupo de presión semi-secreto»2. Otro
autor que se sitúa en esa línea es Julián Casanova, para quien el comportamiento
adoptado por el anarcosindicalismo a partir del verano de 1931 debe atribuirse a
una suerte de golpe de Estado dentro de la organización perpetrado por «grupos
de anarquistas dispuestos a reorientar a la CNT por lo que ellos suponían que era el
buen camino revolucionario»3.
Las específicas son uno de los aspectos peor conocidos del entramado
organizativo libertario español. Es cierto que la FAI ha sido objeto de un mayor
número de trabajos de investigación y síntesis que las Juventudes Libertarias,
pero esos libros y artículos se limitan a la reproducción de lugares comunes que
oscurecen todavía más su historia, salvando excepciones como la clásica obra de
Juan Gómez Casas. Tampoco es el caso de ¡Nosotros, los anarquistas! Un estudio
de la Federación Anarquista Ibérica (FAI). 1927-1937, que vio a la luz en inglés en
el año 2000 y que, desde 2010, está disponible en castellano en una edición de la
Universidad de Valencia.
1 Citado en CASANOVA, Julián: República y guerra civil, en FONTANA, Josep y VILLARES,
Ramón: Historia de España, v. 8, pp. 71-72.
2 BRENAN, Gerald: The spanish labyrinth, Cambridge, Cambridge University Press, 1976, p. 255,
y CARR, Raymond: The spanish tragedy, Londres, Weidenfeld and Nicolson, 1977, p. 41, citados
en CHRISTIE, Stuart: ¡Nosotros, los anarquistas! Un estudio de la Federación Anarquista Ibérica
(FAI) 1927-1937, Valencia, Prensas Universitarias de Valencia, 2010, pp. 104-105.
3 CASANOVA, Julián: De la calle al frente. El anarcosindicalismo en España (1936-1939),
Barcelona, Crítica, 1997, p. 85.

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Un punto común de ambos textos es la adopción de lo que Gómez Casas
denomina una «aproximación cuando menos real, llevada a cabo desde la interioridad
del tema»4. Frente a aquellos investigadores que fingen abordar su objeto de estudio
de una forma objetiva, ocultando tras una metodología supuestamente científica
su toma de partido previa, inevitable en tanto que son sujetos políticos inscritos en
la historia, Gómez Casas defiende que una condición necesaria del conocimiento
histórico reside en la comprensión de la lógica interna por la cual se rige el
funcionamiento del agente o proceso estudiado. Pese a estar plenamente admitido
por la mayor parte de las tendencias historiográficas actuales, ese planteamiento
parece inoperante cuando se habla del movimiento libertario español, lo que da
lugar a errores de bulto, cuando no a una manipulación abierta de su trayectoria y
contenido. La peculiaridad del anarquismo con respecto a las formas autoritarias
de entender y encarar lo social hace que no sea posible estudiar los fenómenos
de orientación ácrata aplicando categorías que quizá resulten válidas para otras
expresiones políticas. ¿Qué historia de la FAI cabe si no se aprecia la diferencia
entre un grupo de afinidad y un grupo de presión, o entre la trabazón CNT-FAI y la
subordinación del sindicato al partido propia del marxismo?
Volviendo a la obra de Christie, ésta nos propone una historia de la específica
desde la conferencia fundacional del 27 de julio de 1927 hasta la disolución del
Consejo de Aragón, en agosto de 1937, que certificó la muerte de la revolución
social iniciada el 19 de julio de 1936. La elección de ese marco cronológico se
relaciona con la manera que tiene el autor de enfocar la evolución de la organización.
La FAI surgió durante los últimos años de la dictadura de Miguel Primo de
Rivera, agrupando en su seno a los militantes confederales descontentos con el
rumbo que los comités estaban imprimiendo a su organización. Era una reacción,
favorecida en buena parte por el regreso del exilio de los activistas anarquistas más
jóvenes, frente a la amenaza reformista que se cernía sobre el anarcosindicalismo, sin
que en ningún momento pueda sostenerse que actuara como una CNT paralela. El
autor insiste en la idea de que «la FAI, todavía débil a nivel numérico y organizativo», era
un sus comienzos «un instrumento mediante el cual anarquistas, anarcosindicalistas
y militantes de la clase obrera -la inmensa mayoría de los cuales no estaban afiliados
a grupos de la FAI- podrían canalizar su oposición a la postura colaboracionista de
clase adoptada por los dirigentes y reafirmar el contenido anarquista de la CNT»5.

4 GÓMEZ CASAS, Juan: Historia de la FAI (Aproximación a la historia de la organización espec


del anarquismo y sus antecedentes de la Alianza de la Democracia Socialista), Madrid, Fundación
Anselmo Lorenzo, 2002, p. 10.
5 CHRISTIE, Stuart, ¡Nosotros, los anarquistas!, op. cit., p. 92.

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A partir de 1932, una vez contrarrestada la maniobra de los treintistas, dicha
organización se fue convirtiendo «en una estructura de intereses creados que frenó
la actividad revolucionaria espontánea de las bases y reprimió a la nueva generación
de activistas revolucionarios de las Juventudes Libertarias y del grupo “Amigos de
Durruti”»6. Ese proceso culminó con la orden de retirada de las barricadas que la
FAI dirigió a los anarquistas y poumistas durante los sucesos de mayo de 1937. Por
entonces, la federación de grupos anarquistas ya había dado paso a una fórmula
organizativa más propia de un partido político que de una específica y se había
alineado con la estrategia colaboracionista de la CNT, al integrarse en el Gobierno
de Francisco Largo Caballero.
Christie explica esa ruptura atendiendo a la conformación de bases y cúpulas
en las organizaciones libertarias como resultado de una situación de guerra, modelo
explicativo que algunos han negado basándose en que «a la CNT no se le puede
establecer con bases y cúpulas, porque tales cuestiones no existían en el seno de la
organización»7, razonamiento absolutamente tautológico que nos sirve para introducir
una reflexión complementaria a la de Gómez Casas: si no es posible conocer
adecuadamente el anarquismo español sin comprender su lógica interna, tampoco
es posible hacerlo prestando atención únicamente a su autorrepresentación, por el
simple hecho de que el discurso y la práctica no siempre se avienen en armonía.
Que el movimiento libertario se oponga al ejecutivismo y se dote de mecanismos
para prevenirlo no invalida el hecho de que a lo largo de su historia hayan aparecido
y sigan apareciendo en su seno dirigentes de la peor calaña.
Durante las jornadas libertarias celebradas por el Núcleo Confederal de
Motril en conmemoración del 75º aniversario de la revolución social, José Luis García
Rúa señaló en un debate la urgencia de analizar las causas de la degeneración
ideológica sufrida por el movimiento libertario durante los primeros meses de la
guerra de España. Además de una lectura desmitificada de la FAI, en la cual la
específica fue, ante todo, el símbolo de las aspiraciones de una parte importante
de la militancia confederal, tenemos ante nosotros una obra imprescindible para
quienes compartimos la inquietud expresada por el compañero.

6 Ibidem, p. 12.
7 FERNÁNDEZ, Elías: «La otra historiografía justificativa. Ángel Viñas: El escudo de la
República. El oro de España, la apuesta soviética y los hechos de mayo de 1937 (Crítica,
Barcelona 2007). 734 páginas», en Germinal. Revista de Estudios Libertarios, nº 4, 2007, p. 123.

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