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Reseña del texto “La Razón Compasiva y la Acción como Ideología: una Nueva

Mirada a la Psicología de la Liberación”


Amalio Blanco & Mauricio Gaborit

Lorena María Durango Guisao

Docente: Juan David Villa Gómez

Universidad Pontificia Bolivariana


Curso de Campos Ocupacionales (Social)
Medellín
2018
1.Tesis del autor
Propone mirar una nueva forma de la Psicología de la Liberación precisamente desde su
acción política y ética, la cual debería abordar las realidades latinoamericanas desde lo geo-
socio-temporal, donde a la hora de trabajar con las personas predomine una racionalidad
compasiva, desde el sentimiento y la solidaridad con la condición deshumanizada del otro,
en vez de una racionalidad instrumental que lo oprime y revictimiza.
2.Argumentos que sustentan la tesis
-Para el autor
-Finalmente para el autor las vías que la psicología y la psicoterapia han impactado son
dimensiones como los escenarios éticos que se manifiesta en la subjetivización del trabajo,
la psicologización de la vida cotidiana, el compromiso terapéutico con los límites de la
existencia humana: enfermedad, sufrimiento y muerte. Todo esto es susceptible de ser visto
a través del lente de la psicoterapia y por tanto tratado por ella. Otra dimensión son los
materiales éticos donde se refiere a aspectos del yo que pueden ser evaluados, medidos,
problematizados y sobre los cuales se ha de trabajar. La dimensión de las técnicas éticas es
que las terapias proveen a las personas de técnicas para actuar sobre ellos mismos con el fin
de rehacerse y apuntar a lo que realmente son. Vendiendo la idea de un ser incompleto,
insatisfecho con lo que es en el presente y exigiéndole la realización plena de su ser en el
ejercicio de una libertad que realmente no le permite ser lo que quiere sino lo que está
establecido.
3.Discusiones (teorías o autores)
En el texto se aborda la conferencia realizada por el filósofo George Calguilhem
denominada “¿Qué es la psicología?” en la cual realiza una dura crítica al objeto de la
psicología y finaliza ofreciendo una metáfora que sugiere que se puede pensar en los
conocimientos psi como una oposición entre conocimiento filosófico con el conocimiento
perverso de control. Ante lo cual provoca a los psicólogos para que elijan el conocimiento
filosófico en lugar del opuesto.
Nikolas Rose incluye en su crítica las teorías y prácticas terapéuticas como el psicoanálisis,
la terapia cognitiva, la terapia conductual, la terapia racional emotiva, la psicoterapia breve
y todo el conjunto de prácticas que tengan como rubro lo terapéutico.
El autor toma el concepto de “violencia simbólica” utilizado por Pierre Bordieu cuando una
persona es la que posee el conocimiento que otra no tiene, en el contexto de la psicoterapia
esto implica que el terapeuta es quien puede significar e interpretar lo que le sucede al
paciente porque él es quien está capacitado para hacerlo.
Se concibe el poder desde la perspectiva de Michel Foucault quien señaló que el poder
puede ser contemplado como una acción que guía las acciones de otros, en esta medida las
relaciones de poder son vías para modular las conductas, los deseos y las decisiones de los
individuos.
Se tiene en cuenta la conferencia impartida por Max Weber titulada “La ciencia como
vocación” en la que el sociólogo alemán se refirió a un juicio emitido por Tolstoi en que
observó la carencia de sentido de la ciencia por no responder a la importante cuestión de
¿qué hacer y cómo vivir? El autor agrega que el nacimiento de las técnicas y teorías
terapéuticas que tuvieron gran expansión durante el siglo XX son intentos por responder
esa cuestión que planteaba Tolstoi y antes que él muchos seres humanos.
Trae a colación la manera en que Karl Popper concebía el conocimiento científico, para
éste el psicoanálisis no es una ciencia abierta, sino un conocimiento cerrado, que no se
corrige a través de sus errores, sino que se reafirma constantemente a partir de su verdad.
De este modo, el psicoanálisis no cumpliría con el principio de falsabilidad (refutación y
verificación) de toda teoría para que sea científica.
El autor cita al filósofo Ian Hacking quien observa que los lenguajes psicológicos nos
proveen de los términos con que hemos de experimentarnos y de actuar como un
determinado tipo de ser humano. Los términos psicólogos crean prototipos de seres
humanos y, en consecuencia, los seres humanos actúan acorde a ese modelo establecido, a
través de las elecciones del día a día, y aunque creamos ser auténticos, estamos intentando
encajar o parecernos al tipo de ser humano que los conocimientos psi establecen. La
realidad existe en la medida en que sea asimilada por el lenguaje.
El psicoanalista británico Michael Balint consideró que los psicoterapeutas presentan la
urgencia de organizar los malestares de sus pacientes para convertirlos en una enfermedad
y que esto actúa en el paciente considerando su malestar original como un “caso clínico”
que no tenía por qué ser tan exagerado.
4.Reflexion personal
Ante lo que expone el autor asumo una postura ambivalente, porque en cierto modo
considero validas algunas críticas que el autor hace sobre las psicoterapias a lo largo del
desarrollo de la psicología, de cómo han favorecido la relación de poder del terapeuta sobre
el paciente y cómo esto ha provocado alienación y subordinación de un ser humano ante
otro. Para sustentar esto el autor ofrece argumentos sólidos, pero tiende a ser absolutista, en
lo que no estoy de acuerdo, porque el autor pone en un mismo saco las diferentes
psicoterapias siendo que estas tienen un objeto común que es el ser humano, pero presentan
matices a la hora de intervenir en aspectos o dimensiones de éste. No niego que el autor, al
igual que los filósofos que él cita a lo largo del texto, ponen a los psicólogos en estado de
emergencia, pues al confrontarnos con aspectos de la ciencia que aún están inmaduros, nos
implica replantear y realizar reformas que nos permitan tener una estructura consolidada, y
aun cuando esto no es lo más relevante, si es fundamental que tengamos una práctica
reflexiva en las que las relaciones de poder permitan la participación equitativa de las
partes, sin favorecer las violencias simbólicas ni reales y donde sea la persona quien en el
ejercicio de su libertad decida cómo desarrollar su personalidad, cómo dotar de sentido su
existencia teniendo en cuenta la integridad y el bienestar de los que están a su alrededor.