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Dudé en revelar mi voto porque fui director y hago parte de Dejusticia y no quiero

que esta explicación sea vista como una afiliación partidista de nuestra institución.
Dejusticia es una organización no partidista y pluralista y por ello esta columna sólo
me compromete a mí individualmente y no a la institución ni a sus miembros. Es más,
varios de mis colegas más cercanos discrepan de mi opción electoral, con razones que
respeto.

Si finalmente revelo mi voto es por las importancia de esta elección y porque a veces
creo que los lectores tienen derecho a conocer la opción del columnista, con el fin de
evaluar si su preferencia electoral sesga sus análisis y posiciones.

Mi punto de partida es que Colombia ha tenido avances importantes pero enfrenta aún
problemas enormes: defender la vida, consolidando una paz integral; fortalecer el
Estado social de derecho, combatiendo las corrupciones y las ilegalidades; defender el
pluralismo y las libertades, lo cual implica proteger la laicidad del Estado y las
conquistas de las minorías étnicas y sexuales; reformar la justicia sin tirar por la borda
la independencia judicial; transformar la política y el sistema electoral para superar el
clientelismo; enfrentar nuestras intolerables desigualdades sociales, con un modelo de
desarrollo socialmente incluyente y ambientalmente sostenible, lo cual supone
avanzar a una economía más fundada en el conocimiento que en el extractivismo;
todo lo anterior implica un profundo reordenamiento territorial; debemos lograr una
posición digna en el escenario internacional, que nos permita, entre otras cosas,
promover la reforma de la irracional política frente a las drogas; etc, etc.

Esta visión me aparta profundamente del Centro Democrático, por su entorno de


ilegalidades y su campaña contraria a la paz y al pluralismo, con propuestas que
polarizan y ponen en riesgo el Estado de derecho.

Vargas Lleras preserva un modelo económico extractivista y un entorno clientelista


que difícilmente le permite enfrentar esos desafíos.
De la Calle tiene propuestas sólidas pero es el candidato de un partido liberal cuyo
comportamiento clientelista contradice sus propuestas.

Petro, quien fue un excelente senador, ha hecho una excelente campaña y varias de
sus propuestas son buenas y recogen aspiraciones populares, por lo cual entiendo el
fervor que ha despertado. Pero tiene un particular estilo caudillista, que no sólo le
hace difícil construir equipos políticos cooperativos sino que además alimenta la
polarización, como lo mostró su paso por la alcaldía. Esto en el actual contexto no es
un defecto menor pues Colombia debe enfrentar todas estas difíciles tareas sin perder
los logros ya alcanzados en décadas anteriores, muchos de ellos sintetizados en la
Constitución de 1991, por lo cual necesitamos un gobierno que convoque y no que
divida, con el fin de reducir la creciente polarización política.

Por eso mi opción en primera vuelta es Fajardo. Su trayectoria política muestra que
tiene un estilo de gobierno limpio y con capacidad de convocar, en vez de dividir,
aunque infortunadamente su campaña, que ha sido regularzona, ha sido a veces
también divisiva, lo cual es contradictorio. Sus propuestas, aunque a algunas les falta
a veces concreción, están bien encaminadas a enfrentar los desafíos que mencioné. La
gran crítica en su contra es que sería tibio por cuanto a veces expresa dudas en ciertos
puntos y no asume posiciones tajantes frente a ciertos problemas. Pero ese supuesto
defecto es para mí una virtud pues muestra la apertura mental para discutir y construir
consensos en torno a problemas difíciles. De un gobernante debemos esperar no tanto
rigidez en sus posiciones sino solidez en sus principios éticos, que Fajardo ha
mostrado en su gestión pública