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m é x i c o

Primer semestre 2018


volumen 14, número 1
Rector General
Dr. Eduardo Abel Peñalosa Castro
Secretario General
Mtro. Norberto Manjarrez Álvarez
UNIDAD IZTAPALAPA
Rector
Dr. José Octavio Nateras Domínguez
Secretario
Dr. Miguel Ángel Gómez Fonseca
Directora de la División de Ciencias Sociales y Humanidades
Dra. Juana Juárez Romero
Jefe del Departamento de Sociología
Dr. Juan Manuel Herrera Caballero
Editor
Dr. Mario Federico Bassols Ricardez
Asistente Editorial
Lic. María Guadalupe González Ramírez
Comité Editorial del Departamento de Sociología
Dr. Juan Manuel Herrera Caballero, Dr. Miguel Rodrigo González Ibarra, Mtro. Manuel Larrosa Haro, Dr.
Josué Tinoco Amador, Mtro. José Joel Vázquez Ortega, Dra. Paula Carolina Soto Villagrán, Dr. Juan Soto
Ramírez, Dr. Mario Federico Bassols Ricardez, Dra. Alicia Saldívar Garduño, Dr. Fernando Herrera Lima.
Comité Asesor
Dr. Manuel Alcántara (U. de Salamanca), Dr. Guillermo Almeyra (UNAM), Dr. Marcelo Arnold Cathalifaud
(U. de Chile), Dra. Ana Bock (CPF de Brasil), Dr. Víctor Manuel Durand Ponte (UNAM), Dr. Agris Galva-
novskis (UDLA Puebla), Dra. Mireya Lozada Santeliz (U. Central de Venezuela), Dr. Carlos A. de Mattos
(U. Católica de Chile), Dr. Ricardo Melgar Bao (INAH), Dr. Martín Mora (U. de G.), Dr. Marco Eduardo
Murueta Reyes (UNAM).
Portada: Patricia Reyes
Colored human head silhouette and tree. Ilustración: ©lolloj, Adobe Stock.
POLIS. vol. 14, núm. 1, Enero - junio de 2018, es una publicación semestral editada por la Universi-
dad Autónoma Metropolitana a través de la Unidad Iztapalapa, División Ciencias Sociales y Humanida-
des, Departamento de Sociología. Prolongación Canal de Miramontes 3855, Col. Ex-Hacienda San Juan
de Dios, Delegación Tlalpan, C.P. 14387, Ciudad de México, y Av. San Rafael Atlixco 186, edificio H,
cubículo 101, Col. Vicentina, Delegación Iztapalapa, C.P. 09340, Ciudad de México; teléfono 5804-4600,
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yahoo.com.mx>. Editor responsable: Dr. Mario Federico Bassols Ricardez. Certificado de Reserva de Dere-
chos al Uso Exclusivo de Título No. 04-2011-061717205300-102, ISSN en trámite. Certificado de Licitud
de Título número 13177 y Certificado de Licitud de Contenido número 10750, ambos otorgados por la
Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. Editada por
Ediciones del Lirio: Azucenas, Número 10, Col. San Juan Xalpa, Delegación Iztapalapa, C.P. 09850, Ciudad
de México. Este número se terminó de editar en la Ciudad de México en abril de 2018, con un tiraje de
500 ejemplares.
Las opiniones expresadas por los autores no necesariamente reflejan la postura del editor de la publicación.
Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos e imágenes de la publica-
ción sin previa autorización de la Universidad Autónoma Metropolitana.

Integrante del Índice de Revistas Mexicanas de Investigación Científica y Tecnológica del


Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología
m é x i c o
Primer semestre 2018
volumen 14, número 1

Servando Gutiérrez Ramírez


Presentación 05

Artículos

Tania Hernández Vicencio


El Partido Acción Nacional en Veracruz. El triunfo de un partido
pequeño en las elecciones de 2016 y 2017 15

Miguel González Madrid


El significado de Constitución. Breve revisión del concepto
y de su relevancia a la luz del principialismo y el garantismo 43

Chihu Amparán Aquiles


Frames del discurso público en la arena política del 68 81

Daniela Alonso, Silvina Brussino, Luciana Civalero


Demócratas insatisfechos: un estudio sobre actitudes hacia la democracia
en Córdoba (Argentina) 107

Nancy Murillo García, Guillermo Alonso Cervantes Cardona, Adriana


Nápoles Echauri, Andrea Celeste Razón Gutiérrez y Felipe Rivas Rivera
Conceptualización de Competencias Socioemocionales y Estilo
de Vida de estudiantes universitarios de ciencias de la salud 135

Reseñas

Miguel Rodrigo González Ibarra


Después de Ayotzinapa. Estado, crimen organizado
y sociedad civil en México 157
Presentación

Servando Gutiérrez Ramírez

S in duda, 2018 se alza como un año por demás relevante a escala local
como regional en México y algunos países del Cono Sur, como Ar-
gentina y otros más como Brasil, donde los asuntos políticos y electorales
serán el tema de discusión en los doce meses siguientes y en los que el
abordaje de cuestiones relacionadas con los regímenes políticos predo-
minantes –o que se encuentran en una amplia posibilidad de cambio– se
ha convertido en la discusión cotidiana, a la par de fenómenos no menos
apremiantes, como los relativos a la corrupción, la inseguridad y la vio-
lencia, que parecieran estarse generalizando en varios de los países de la
región latinoamericana. Por ello, la participación cada vez más notoria e
intensa de la denominada ciudadanía en los asuntos que marcarán la vida
política, social, económica, laboral y educativa en los próximos seis años
será crucial para incidir en la transformación de las realidades aludidas
y con ello incidir de manera positiva en la resolución de los problemas
más apremiantes de estos países.
Por consiguiente, no es casual que los artículos que forman parte del
presente número de Polis México estén encaminados a analizar de manera
minuciosa temas relacionados con partidos políticos tan característicos
como el Partido Acción Nacional en un lugar por demás representativo
del sureste mexicano como es el estado de Veracruz; que se hable de o los
significados de la Constitución que rige la vida política de una nación;
que se otorgue relevancia al discurso público enarbolado por actores de
movimientos sociales en escenarios políticos específicos y que se analicen
las actitudes de los ciudadanos en torno a esa discusión aún existente
de lo que es o debe ser una democracia, entendida como una opción
POLIS. México 2017, vol. 13, núm. 2, pp. 5-11

ante un sistema autoritario o dictatorial, como los vividos en un amplio


margen de tiempo en la región sudamericana, como es el caso de países
como el de Argentina.
La quinteta de trabajos incluidos se completa con un artículo que
aborda un asunto de los llamados temas emergentes, o propios de la
modernidad presente: las competencias emocionales y los estilos de vida
en un sector de la población importante: los jóvenes universitarios en
Instituciones de Educación Superior en México; y, finalmente, se cierra
la edición de este número de Polis México 18-1 con la reseña de un libro
que desmenuza los detalles de un asunto lamentable en México que
Servando Gutiérrez Ramírez

alcanzó dimensiones internacionales: el caso de los desaparecidos en


Ayotzinapa.
En este sentido, el trabajo presentado por Tania Hernández Vicen-
cio, «El Partido Acción Nacional en Veracruz. El triunfo de un partido
pequeño en las elecciones de 2016-2017», señala que el nivel de votación
recibido por el pan en las elecciones intermedias de 2015 y su baja repre-
sentación en la Cámara de Diputados local debían llevar a este partido
político a repensar la manera en que se estaba vinculando con la ciuda-
danía veracruzana si quiere tener presencia relevante en ella, sobre todo
si es que su intención inmediata fuera «ganar elecciones» en un año de
tanta trascendencia política como el que prefigura ser 2018 a escala local
y nacional.
Para Hernández Vicencio, Veracruz es muy significativo para las aspi-
raciones del pan, debido a la importancia de su padrón electoral (cuarto
lugar de las 32 entidades federativas), sumado a la relevancia económica
que el estado representa en el país, no se diga porque la entidad evi-
dencia una amplia militancia panista, a pesar de tratarse de un lugar
geográfico donde el priísmo tiene aún gran presencia política y electoral.
Asimismo, para la autora, el Partido Acción Nacional, al igual los otros
partidos políticos, debe contender con la pérdida de credibilidad que
tales organismos han tenido no sólo con la población en general, sino
con su militancia. Por tanto, estas instituciones políticas se encuentran
diseñando nuevas estrategias para acercarse al electorado en busca de
obtener sus votos y convencerlos de su talante democrático y la inten-
ción de consolidar una cultura ciudadana que favorezca su imagen e
ideario político y que los convierta en opciones reales de gobierno. Esta
es la intención que, de acuerdo con Hernández Vicencio, el pan estaría
tratando de impulsar de manera cada vez más eficiente y concreta para
ganarse la confianza no sólo de la sociedad veracruzana.
Por último, la autora señala críticamente que el Partido Acción Na-
cional, que originalmente se había presentado como un organismo ciu-
dadano reticente a la coptación clientelar, característica de otros institu-
tos políticos, desafortunadamente también ha tenido que recurrir a esa
estrategia puesto que

[...] el pan, después de su paso por el ejercicio de gobierno,


reconoció el valor pragmático de dichas redes y, por otro lado,
6 que las condiciones de desigualdad social cada vez más pronun-
Presentación

ciadas en México son frecuentemente usadas electoralmente


por los partidos, a pesar de su discurso democratizador.

Por su parte, en el artículo «El significado de Constitución. Breve revi-


sión del concepto y de su relevancia a la luz del principialismo y el garan-
tismo», Miguel González Madrid destaca el valor que en cualquier país
que se jacte de contar con una «democracia plena» debe disponer de una
Constitución política, entendida como la «norma suprema y parámetro
de validez de todo orden jurídico […] de un Estado y su vida política
y colectiva», efectiva en su objetivo de limitar el uso y distribución del
poder político, anteponiendo en todo momento y circunstancia los de-
rechos humanos de cualquier persona que pudiera ser víctima de «los
excesos del poder» del Estado mismo o de sus representantes.
Para González Madrid, es de suma importancia conocer el significado
que se le ha dado a la constitución a lo largo de la historia de la humani-
dad, en especial cuando surge el denominado Estado-nación, puesto que,
de acuerdo con la época de que se trate y analice, «[se encuentra afectada]
por el pensamiento jurídico y político dominante en cada momento
histórico». Sin embargo, el autor se detiene a hacer un detallado análisis
de la llamada «constitución con bases principialistas», caracterizadas por
las ideas liberales y democráticas –a partir de los enfoques garantista y
neoconstitucional– en las cuales se destacan los señalamientos moder-
nos de la protección a los derechos fundamentales de los ciudadanos y
donde, además, se vuelven evidentes los principios de limitar el uso del
poder hacia los gobernados y se potencia «la defensa de las libertades
individuales».
De acuerdo con González Madrid, en el naciente siglo xxi los enfo-
ques citados son los que han fundamentado la «noción de Estado consti-
tucional de derecho» que rige a los países democráticos donde se enaltecen
los principios del derecho interno y el derecho internacional, mismos
que enfatizan la maximización de la protección de los derechos humanos
de los ciudadanos y destacan la obligatoriedad del Estado para garantizar
los derechos fundamentales de sus gobernados, evitando de esta manera
cualquier uso o abuso de posibles excesos del poder. Lo anterior, sin
duda, dice el autor, permitirá «confiar en un sistema de justicia institu-
cional» que vele por los derechos fundamentales de las personas. Contan-
do con estos significados, el autor intenta responder a la pregunta: ¿qué
debe entenderse, entonces, por constitución democrática? Responde de 7
Servando Gutiérrez Ramírez

manera inmediata y luego de una interesante y detallada argumentación


al respecto, que la constitución democrática es aquella formada no sólo
por los principios liberales y democráticos, sino también por los que se
refieren a «los mínimos de bienestar» y de «buena sociedad» en donde
«[se] coloca a los derechos de las personas y los ciudadanos, individual y
socialmente, como puntos clave para la justificación de las acciones de
la sociedad y del Estado».
González Madrid termina su exposición señalando que en las cons-
tituciones democráticas modernas, los derechos fundamentales de las
personas/ciudadanos se han colocado en primer plano, y más allá de
cualquier uso excesivo del poder político, sumado a la idea de que el
orden jurídico de la protección de los derechos ciudadanos es una de
las grandes finalidades de todo Estado que se diga constitucionalista.
En conclusión, para González Madrid, «la Constitución proclama y
enumera diversos derechos y libertades, pero también establece variados
mecanismos o medios para su control, de tal modo que el sistema de
justicia constitucional sea eficaz para garantizarlos».
En «Frames del discurso público en la arena política del 68», Aquiles
Chihu Amparán hace una interesante investigación en torno a uno de los
eventos más relevantes que marcaron la historia del México del siglo xx:
el movimiento estudiantil de 1968. Considerando el discurso esgrimido
por los estudiantes, los medios de comunicación –particularmente la
prensa escrita–, los gobernantes y las fuerzas del orden –policía y ejército
mexicanos–, el autor destaca la divergencia del discurso de los actores
involucrados, pues mientras los estudiantes enarbolan la relevancia de
las «libertades democráticas», la prensa y demás actores políticos tratan
de desviar la atención hacia la existencia de una pretendida «conjura
comunista» alentadora de dicho movimiento estudiantil.
Para detallar el análisis del discurso público en consideración, Chihu
Amparán recurre a la estrategia metodológica que denomina como «la
perspectiva del análisis de los marcos (frame analysis)», la cual consiste
en que a partir de la selección de ciertos aspectos de la realidad social en
que se encuentran insertos los actores involucrados, se hace un ejercicio
de interpretación textual de lo que se percibe; es el discurso y la acción
llevada a cabo por los contrarios –los protagonistas y los antagonistas–,
se comprende el problema que los lleva a interaccionar e, identificado lo
anterior, se procede a señalar posibles propuestas de solución al evento
8 en consideración.
Presentación

De esta manera, Chihu Amparán destaca la pertinencia del frame


analysis en el discurso político en un escenario «de juego del poder»,
donde hay una intensa confrontación ideológica de los participantes,
cuya finalidad es identificar a quienes comparten valores e ideas simi-
lares o afines y ello los lleve a actuar, en consecuencia, como un grupo
integrado capaz de defender en todo lugar y momento una visión un
compromiso o una posición determinada. De acuerdo con el autor, las
características aludidas son las inmersas en el movimiento estudiantil del
68 y que, después de revisar y analizar las notas de los principales diarios
de circulación nacional, fue posible visualizar los «momentos cruciales
y coyunturas» en las fases del conflicto en cuestión: el estallido de la
protesta estudiantil, la organización de las manifestaciones por los in-
conformes y, finalmente, la desafortunada acción policiaca que culminó
con la muy recordada matanza del 2 de octubre de 1968 y que le dio la
vuelta al mundo generando gran rechazo internacional a dicha atrocidad
perpetrada por el gobierno mexicano de aquellos años.
Por su parte, y a nivel de la situación vivida en la región latinoameri-
cana, en su texto Daniela Alonso, Silvina Brussino y Luciana Civalero,
enfático e ilustrativo, y que lleva por título «Demócratas insatisfechos:
un estudio sobre actitudes hacia la democracia en ciudadanía argentina»,
establecen, a partir de un enfoque psicosocial, una interesante reflexión
sobre las actitudes manifestadas por la sociedad de la ciudad de Córdoba
en torno a la comprensión y entendimiento que sus pobladores tienen
respecto al «régimen político democrático» instaurado en el país termi-
nada la fase de autoritarismo y dictadura de larga data en la Argentina
del siglo XX.
Alonso, Brussino y Civalero utilizan el término «demócratas insa-
tisfechos» para referirse a la mayoría de los argentinos que consideran
la democracia o el régimen democrático como algo positivo, pero que
no están satisfechos con el funcionamiento del «nuevo» sistema políti-
co, pues «no creen que ésta [la democracia] sea eficaz en la resolución
de los problemas de la ciudadanía». Por consiguiente, y con base en lo
señalado, los argentinos, de acuerdo con las autoras, al igual que sucede
en varios países latinoamericanos, comparten una visión «churchilliana
de la democracia», que considera la idea de que este sistema político es
el «menos malo», ya que permite la posibilidad de contar con otras op-
ciones partidistas que pueden llegar a conformarse en gobierno a través
del procedimiento de llevar a cabo elecciones libres y competidas. En 9
sí, puede decirse que este artículo es un buen intento para reflexionar
la concepción que se tiene en el momento presente de ese ente político
denominado democracia.
El artículo con que se completa la presente edición de Polis México
tiene que ver con el abordaje de un tema novedoso y relevante que lle-
va por título «Conceptualización de competencias socioemocionales y
estilos de vida de estudiantes universitarios de Ciencias de la Salud», de
Nancy Murillo, Guillermo Alonso, Adriana Nápoles, Andrea Razón y
Felipe Rivas. Con ese documento, los autores señalan la pertinencia de
que en ámbitos concernientes a las Instituciones de Educación Superior
(ies) mexicanas, aparte de la formación académica sustantiva de este ni-
vel de escolaridad, también se desarrolle a la par de lo que ellos llaman «el
fomento de las competencias socioemocionales», las cuales posibilitarían
mayor y mejor desarrollo personal y profesional que les permita a los
jóvenes que cursan este nivel educativo universitario contender, con bue-
nas posibilidades de éxito, los retos al que los va a enfrentar la realidad
y vida cotidiana y los lleve a conformar los «estilos de vida saludables»
aludidos por quienes escriben este interesante trabajo investigativo.
Grosso modo, se destaca que ante situaciones de alto desempleo y
crisis económicas recurrentes, las competencias socioemocionales ad-
quieren relevancia, pues con este tipo de «herramientas» los jóvenes que
egresan de las ies, según el análisis que desarrollan los autores, pueden
tener mayores posibilidades de acceder a un empleo. Por lo mismo,
recomiendan enfáticamente su inclusión en los planes y programas de
estudio universitarios, puesto que generan, entre otras aspectos positivos,
«actitudes, hábitos y conductas» que inciden en la adopción de estilos de
vida beneficiosos para las personas –en este caso, los jóvenes universita-
rios– que les genere y potencie un nivel de bienestar individual, familiar,
social, laboral y profesional. Sin embargo, los autores reconocen que una
proporción significativa de los jóvenes universitarios con los que traba-
jaron en esta investigación desconocían o confundían el significado de
las competencias socioemocionales. El reto termina destacándose en este
trabajo porque el conocimiento y formación adquiridos en educación
superior en, durante y al finalizar los estudios, «podrían ser complemen-
tados mediante la revisión y discusión del tema».
Finalmente, el presente número de Polis México cierra con una sobre-
saliente reseña de Miguel Rodrigo González Ibarra del libro Después de
Ayotzinapa. Estado, crimen organizado y sociedad civil en México, de Nina
Presentación

Lawrenz, Carlos A. Ricart Pérez y Tanja Wälty. Dicho libro es una ex-
tensa obra que detalla lo sucedido en los lamentables hechos acontecidos
en la ciudad de Iguala, Guerrero, en el ya inolvidable año 2014 para los
mexicanos y todos aquellos que siguieron este acontecimiento a escala
internacional. No en balde, los resultados del texto en consideración
se dieron por las actividades llevadas a cabo en el Instituto de Estudios
Latinoamericanos de la Universidad Libre de Berlín.
Como bien señala González Ibarra, el libro evidencia la urgente ne-
cesidad de alertar, mediante un diagnóstico serio, realista, acerca de la
situación de violencia que se vive en México y que cada vez más se ha
hecho más evidente y se desarrolla con insospechados signos de bruta-
lidad. De ahí la importancia del tratamiento ínter y multidisciplinario
del tema que permita conocer «la articulación y significado de los pro-
cesos de violencia, conformación estatal y resistencias en México». En
consecuencia, la valía de tan relevante obra descansa en la colaboración
y el tendido de puentes para la discusión entre activistas, sociedad civil
y especialistas, que posibilite mayor entendimiento de eventos que cim-
bran la conciencia de cualquier sociedad y que, desafortunadamente, no
excluye la posibilidad de que tales eventos pudieran replicarse en otras
latitudes del planeta. Sin duda, se trata de un texto que debe tenerse
siempre a mano para tratar de entender esas «cosas inexplicables» que
aún ocurren en tiempos de la modernidad del nuevo milenio. Lectura
por demás recomendable, seguro de que muchos lectores potenciales
aceptarán el reto de revisar con atención.

11
Artículos
El Partido Acción Nacional en Veracruz.
El triunfo de un partido pequeño en las
elecciones de 2016 y 2017
National Action Party
The triumph of a small party in the 2016 and 2017 elections

Tania Hernández Vicencio1

RESUMEN

El objetivo es analizar la situación estructural del Partido Acción Nacional


en Veracruz, así como sus resultados en los procesos electorales de 2016 y
2017. Presento elementos empíricos sobre su fuerza política en esa entidad
que contribuyen a cuestionar el triunfo de un partido pequeño e histórica-
mente defensor de una cultura ciudadana en un territorio con una cultura
política corporativa y clientelar, en principio, ajena a la naturaleza de Acción
Nacional.
Palabras clave: pan, elecciones locales, estructura partidista, representación
política, clientelismo político.

ABSTRACT
This paper analyze the structural situation of the National Action Party in
Veracruz, as well as its results in the electoral processes of 2016 and 2017.
I present any evidence about its political strength, which contributes to
questioning the triumph of a small party and historically defender of a
citizen´s culture in a territory with a corporatism political culture, outside
the nature of National Action.
POLIS. México 2017, vol. 13, núm. 2, pp. 15-42

Keywords: pan, local elections, party structure, political representation,


political patronage.

Recibido el 27 de septiembre de 2017


y aprobado el 26 de enero de 2018

1
Doctora en Ciencias Sociales por El Colegio de la Frontera Norte y miembro del
Sistema Nacional de Investigadores. Profesora Investigadora en la Dirección de Estu-
dios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Dirección: Ignacio
Allende 172, Colonia Tlalpan, Delegación Tlalpan, cp 14000, Ciudad de México. Tel:
40 40 51 00, ext. 233. Correo: <thernandez.deh@inah.gob.mx>.
Tania Hernández Vicencio

Introducción

En un trabajo previo que lleva por título «El Partido Acción Nacional y
la difícil ruta de la construcción ciudadana»2 afirmé que la caída en los
porcentajes de votación de este partido en las elecciones intermedias de
2015 y el impacto negativo que ese proceso tuvo en su representación
en la Cámara de Diputados eran apenas dos botones de muestra de la
urgente necesidad de Acción Nacional de trabajar en su relación con
la ciudadanía y en la ampliación de su estructura territorial, si su obje-
tivo principal era ganar elecciones. No obstante, apenas un año después
el pan regresó a la disputa electoral en varias entidades de la República
Mexicana, entre las que destacó Veracruz, un territorio clave para la
elección presidencial de 2018.
Si bien ese estado de la república es relevante por sí mismo, entre otras
cosas porque su padrón electoral ocupa el cuarto sitio nacional3 y porque
la economía local, a pesar de la crisis, aún sigue siendo importante en
varios sectores para la economía,4 fue apenas en los años noventa del siglo
pasado cuando los panistas mostraron que podían mejorar sus niveles
de votación en regiones y municipios específicos; por otro lado, el pan
en realidad ha estado en la pelea por la gubernatura desde hace poco
más de un lustro. Aunque Veracruz se ha convertido en la entidad que
más aporta militantes al padrón nacional de este partido (tabla 1), con
una estructura muy localizada y en un estado de fuerte presencia priísta,
parecía difícil que un candidato de Acción Nacional pudiese ganar la
elección de gobernador.
El objetivo de este trabajo es analizar la situación estructural del Par-
tido Acción Nacional y sus resultados en la elección de gobernador de
2
Ponencia presentada en el xxvi Congreso Nacional de Estudios Electorales.
Guanajuato, Guanajuato, 2015.
3
La lista nominal de electores de esa entidad es de 5.5 millones.
4
A pesar de la fuerte crisis económica en la que se encuentra la entidad, Veracruz
todavía es relevante en la economía nacional. En 2015, su Producto Interno Bruto
representó 5% del pib nacional y la economía veracruzana ocupó el 5º lugar en
relación con la economía nacional. Entre las actividades económicas hoy día más
relevantes están el comercio, la industria y los servicios; los sectores estratégicos de la
economía son el metalmecánico, la agroindustria, el turismo, la extracción de petróleo
y la petroquímica. Información económica y estatal, Veracruz, proporcionada por la
Secretaría de Economía, <https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/197751/
16 veracruz_2017_02.pdf> (consultado el 9 de julio de 2017).
El Partido Acción Nacional en Veracruz

Veracruz en 2016, así como los obtenidos en los comicios de 2017, cuan-
do se renovaron las 212 alcaldías. El pan ganó dos importantes elecciones
en un territorio tradicionalmente corporativista y clientelar, a pesar de
ser un partido realmente pequeño. En esa perspectiva, pretendo aportar
elementos del análisis empírico para la construcción de tres hipótesis
a comprobar ampliamente en futuras investigaciones: (a) el triunfo de
Acción Nacional en Veracruz muestra que, en contextos altamente de-
teriorados, no importa el tamaño y la presencia territorial del partido
para ganar una elección por competida que sea; (b) las redes clientelares
creadas por los propios partidos y la utilización de las estructuras de
otras organizaciones políticas parecen ser el mecanismo clave para ganar
la elección, y (c) así como la ideología o los valores enarbolados por un
partido no suelen ser relevantes para sus élites, parece que tampoco lo
son para sus militantes y simpatizantes.
El artículo se divide en cuatro partes, además de esta introducción.
En la primera planteo algunas reflexiones sobre varias tesis en torno a los
partidos políticos, a propósito del desempeño del pan en las elecciones
de Veracruz. En el segundo apartado avanzo varios elementos empíricos
que apoyan esas reflexiones, considerando la situación estructural que ese
partido vive en dicha entidad. En la tercera parte abordo sus resultados
electorales. Y en la última parte hago algunos comentarios finales.

Reflexiones sobre algunas tesis en torno


a los partidos políticos

Como sabemos, los partidos políticos en general han perdido credibili-


dad entre la ciudadanía e incluso entre su militancia, de tal suerte que
cada vez les es más difícil convencer sobre su eficacia para cumplir con
sus funciones. Así, en contextos de alta competitividad electoral, tam-
bién caracterizados por ambientes sociopolíticos complejos, los partidos
están echando mano de nuevas estrategias, estructuras y liderazgos que
les ayuden a movilizar al electorado. Los partidos están desarrollando
nuevos procesos de adaptación a las condiciones que les impone el am-
biente y renovando los mecanismos para captar votos, aunque su relación
con la ciudadanía en procesos electorales no necesariamente se traduzca
en el fortalecimiento de su vida institucional.
17
Tania Hernández Vicencio

La pérdida de credibilidad de los partidos políticos tradicionales,


entre otras cosas, ha sido resultado del incumplimiento de cuatro de
sus funciones: (a) la socialización política, es decir, de educar al mayor
número de ciudadanos en su ideología y valores; (b) la legitimación del
sistema político promoviendo las instituciones democráticas; (c) la repre-
sentación de intereses de grupos específicos, y (d) la movilización de la
opinión pública en torno a temas concretos de la agenda pública (Kurt
y Neuman, 1980). El caso del pan en Veracruz muestra que este partido
cumplió básicamente con las últimas dos funciones; haber cumplido con
las dos primeras tareas requería, en principio, de una eficiente función
de la estructura partidaria, es decir, requería de una amplia presencia te-
rritorial que permitiera al partido y a sus candidatos acercarse a la mayor
cantidad de ciudadanos, posibles votantes e incluso posibles militantes;
por otro lado, implicaba convencer a partir de un programa político en el
que se plasmaran sus principios ideológicos, así como utilizar estrategias
de acción propias de la democracia, como, por ejemplo, el desarrollo
de una cultura ciudadana. Estos aspectos, sin embargo, parecen haber
estado fuera de la acción partidista.
Las elecciones para gobernador de Veracruz en 2016 permiten ob-
servar varios elementos adicionales para una mayor problematización
sobre el desempeño institucional de los partidos tradicionales mexicanos,
como es el caso de Acción Nacional. Por ejemplo, en varios estudios se
ha venido argumentando la pérdida de la centralidad de la ideología
a nivel de la actuación de las élites partidistas, pero no se ha debatido
suficiente acerca de la pérdida de la relevancia que la ideología puede
tener en la militancia, como tampoco se ha abordado con detalle la
relevancia que realmente puede tener la estructura territorial para ganar
los procesos electorales. Por otro lado, habría que revisar aquel plan-
teamiento de Kirchheimer (1966), quien afirmaba que la prosperidad
económica puede romper las históricas tensiones, disminuir la relevancia
ideológica y debilitar lo mismo a los partidos clasistas que a los confe-
sionales, los conservadores o los liberal-conservadores. Lo que muchas
veces observamos es que incluso en el marco de fuertes crisis económicas
y de la profundización de tensiones históricas, la ideología parece no
tener relevancia para las élites, pero tampoco para los militantes. En este
sentido, hay que reconocer, de nuevo retomando a Kirschheimer, que
hay un proceso de ida y vuelta que se expresa en los partidos catch all y
18 es que en las sociedades contemporáneas en las que se va perdiendo el
El Partido Acción Nacional en Veracruz

interés por las ideologías se reproducen partidos que contribuyen a esa


desideologización y viceversa (1966:199). De hecho, lo que sí podemos
ver con claridad es una segunda parte de la propuesta de este autor en
la que afirmaba que finalmente son las leyes del mercado político las
que terminan por someter a los partidos y los obligan a transformar
sus objetivos y estrategias en aras de captar electores y mantenerse en la
lucha por el poder.
En el análisis sobre la crisis de los partidos políticos en el mundo, de
acuerdo con Appleton y Ward (1995:114), se han perfilado dos posturas
analíticas sobre su situación actual: la de quienes denuncian el deterioro
de los partidos y la de los defensores de su adaptación. Personalmente
comparto esta segunda visión y considero que lo que salta a la vista es su
capacidad y pragmatismo para reinventar sus estrategias de supervivencia
en contextos en los que en muchos países parece haber una tendencia
generalizada del electorado a ya no involucrarse orgánicamente en los
partidos políticos y a participar coyunturalmente a través de movimien-
tos ciudadanos (Montero y Gunther, 2007:19). Así las cosas, además de
que la ideología ha pasado a un segundo plano en la estrategia de los
partidos, también se observa el desdibujamiento del vínculo estrecho
que –por lo menos en teoría– parecía existir entre el tipo de partido, el
perfil de la militancia y el perfil del electorado al que los partidos pre-
tenden llegar. En ese sentido, en el caso que nos ocupa, es importante
observar cómo un partido como Acción Nacional, que durante muchos
años se presentó como una institución de ciudadanos que tenía entre sus
principales objetivos la construcción de una cultura ciudadana e inde-
pendiente de las redes clientelares, ha echado mano de éstas como una
estrategia clave para su refuncionalización. La realidad parece indicar que
la cultura clientelar ha marcado incluso a los partidos de oposición que,
como el pan, después de su paso por el ejercicio de gobierno, reconoció
el valor pragmático de dichas redes y, por otro lado, que las condiciones
de desigualdad social cada vez más pronunciadas en México son con
frecuencia usadas electoralmente por los partidos, a pesar de su discurso
democratizador.
Ahora bien, si –en principio– la naturaleza de los partidos políticos
nos dice mucho sobre el tipo de militantes que pretende formar y el
tipo de electorado al que pretende llegar, es útil retomar aquella premisa
clásica de Duverger (1956) en el sentido de que un partido de cuadros,
de notables o también llamado de ciudadanos, estaría más en la ruta de 19
Tania Hernández Vicencio

captar la atención y representar a las clases medias y altas, a los sectores


educados de la sociedad, que tienen resueltas sus necesidades básicas re-
lativas a su manutención, trabajo, salud, etc., y que buscan en la política
una forma de incidir en otros procesos de la vida democrática. No obs-
tante, en el caso que nos ocupa, justo es interesante observar que Acción
Nacional ha logrado avanzar electoral y políticamente en una entidad
que, por su composición sociodemográfica, se antoja un territorio difícil
para un partido que históricamente ha tenido presencia, sobre todo en
zonas urbanas y entre la clase media.
Algunos datos que nos hablan de esta complejidad son los siguientes.
Según datos del Instituto Nacional de Geografía e Informática, en 2015
el estado de Veracruz tenía 8’112 505 habitantes, 61% de la población
vivía en zonas urbanas y 39% en zonas rurales. En Veracruz, el grado
promedio de escolaridad de la población de 15 años y más es de 8.2
grados, lo que equivale a poco más de segundo año de secundaria, 55%
tiene la educación básica concluida, casi 20% terminó la secundaria y
15% concluyó la educación superior. El 9% de la población mayor de
5 años habla una lengua indígena y de cada 100 personas que declararon
hablar una lengua indígena, 14 no hablan español.5 La edad promedio
de la población económicamente activa es de 39 años y su escolaridad
promedio de 9.8 años.6
Con esas referencias generales sobre la población veracruzana, en
principio, ya es difícil pensar que un partido como el pan, con una
estructura pequeña –como se verá– haya logrado penetrar por sí sólo en
amplios sectores de la sociedad local. Si, como dice Poguntke (2002),
ante la crisis los partidos han intentado recuperar lo perdido en materia
de afiliación y llegar a sectores sociales a los que no han tenido acceso,
la cultura política, los rasgos demográficos de su población veracruzana
y las propias limitaciones estructurales de un «partido de ciudadanos»
como el pan, no son elementos que abonen positivamente a su creci-
miento. Por otro lado, si bien es cierto que los partidos políticos mexi-
canos están usando estrategias de acercamiento a la ciudadanía cada vez

5
Encuesta intercensal 2015. Los datos citados aparecen en <http://cuentame.inegi.
org.mx/monografias/informacion/ver/poblacion/educacion.aspx?tema=me&e=30>,
consultado el 12 de junio de 2017.
6
Véase «Veracruz en el contexto laboral nacional, primer trimestre de 2017». <http://
www.stps.gob.mx/gobmx/estadisticas/pdf/perfiles/perfil%20veracruz.pdf>, consultado
20 el 11 de agosto de 2017.
El Partido Acción Nacional en Veracruz

más sofisticadas vía internet, aún sigue siendo fundamental la construc-


ción de vínculos por medio de su organización tradicional e incluso el
uso de las redes clientelares establecidas por ellos u otras fuerzas políticas.
En el caso del pan, si bien se trata de una organización política eficiente
en la administración y control de sus procesos internos a escala nacional,
también es cierto que localmente muchos de sus comités y subcomités
aún tienen importantes dificultades para la comunicación y contacto
con la ciudadanía. Parece claro que en el singular proceso veracruzano,
al hacer mancuerna con el Partido de la Revolución Democrática, el
pan logró construir los apoyos necesarios usando las redes clientelares de
este partido, así como las redes de apoyo del candidato a la gubernatura,
Miguel Ángel Yunes, quien fue un importante priísta en la entidad y en
su trayectoria en el pri logró construir sólidas alianzas político-electorales
en distintos puntos de la entidad.7

Fuerza político-electoral del pan en el estado de Veracruz

Tras la reforma de estatutos del pan en 2014 en la que se eliminó la


categoría de militantes adherentes, el nuevo padrón quedó apenas por
encima del nivel de 1999, es decir, en cerca de 400 mil militantes (Her-
nández, 2013). Si bien Acción Nacional nunca será un partido de masas,
7
El desarrollo de clientelas electorales ha sido denunciado a escala nacional dentro
del pan y el prd en varias ocasiones. En Acción Nacional, este fenómeno comenzó a
presentarse desde que sus candidatos llegaron a ejercer el gobierno a escala estatal y la
disputa por las candidaturas fue más fuerte. Como parte del proceso de depuración
de su padrón de militantes, algunos líderes panistas en varias entidades de la república
denunciaron la afiliación masiva de la que este partido había sido objeto; además,
manifestaron su desconfianza a que la revisión de los padrones estatales estuviera a cargo
de los propios comités. Tal fue el caso del estado de Puebla donde se denunció al propio
gobernador, quien habría apoyado la afiliación de militantes de otras fuerzas políticas
como Nueva Alianza, el prd y Compromiso por Puebla. Véase Mónica Camacho, «El
pan inicia depuración de militantes ante las denuncias de afiliación masiva», Jornada de
Oriente. <http://www.lajornadadeoriente.com.mx/2017/05/29/pan-inicia-depuracion-
militantes-ante-las-denuncias-afiliacion-masiva>, 10 de agosto de 2017. En el caso del
prd, la nota más reciente en ese sentido se dio en febrero de 2017 cuando su Comisión
de Afiliación advirtió sobre la existencia de direcciones electrónicas que intentaron
hacer afiliaciones masivas en entidades como Puebla, Morelos y, por supuesto, Veracruz.
Alma E. Muñoz, «Afiliaciones masivas saturan sistema del prd», <www.jornada.unam.
mx/2017/02/26/politica/010n1pol>, 26 de febrero de 2017. 21
Tania Hernández Vicencio

es un hecho que los imperativos de la lucha electoral le han planteado


la necesidad de tener presencia en nuevos espacios, incluso en los que
–como he mencionado– le son difíciles de penetrar considerando el perfil
social y cultural de la población. A pesar de ello, entidades como Vera-
cruz han sido un reto y un objetivo para el pan; el panismo ha aprove-
chado el caldo de cultivo que se ha producido con las crisis económicas,
con las divisiones dentro del priísmo local y con un ambiente marcado
por la violencia social y política, por lo que desde hace varias décadas el
panismo observó la posibilidad de recoger la crítica ciudadana al gobier-
no del estado en relación con temas sustanciales como el desempleo, la
corrupción y la inseguridad, por mencionar algunos.8
Veracruz es uno de los estados más poblados del país. Según el Censo
Nacional de Población, en 2010 la entidad cuenta con más de siete mi-
llones de habitantes distribuidos en 212 municipios. Electoralmente, su
padrón electoral ocupa el cuarto lugar nacional, con 5’125 499 electores
y 30 distritos electorales. Como dije, se trata de una entidad clave en
la economía nacional, tanto por la riqueza generada por sus históricas
regiones petroleras en el norte y sur del territorio, como por el turismo,
comercio y servicios en la zona centro, y el desarrollo de la ganadería y
la agricultura a lo largo del estado, actividades económicas que a pesar

8
La crisis económica, política y social de la entidad, se agudizó entre los gobiernos
de Fidel Herrera y Javier Duarte. Entre 2013 y 2016, últimos cuatro años del
exgobernador priísta Javier Duarte, encarcelado por diversas acusaciones relacionadas
con corrupción, delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia
ilícita, entre otros, la economía local cayó 0.8% anual, desempeño que contrastó con el
2.1% de crecimiento del pib nacional en el mismo periodo. La expansión económica de
Veracruz estuvo por debajo incluso de lo que se registró en el sexenio previo, entre 2005
y 2010. Véase «Duarte dejó a Veracruz en recesión económica», Excélsior, 12 de agosto
de 2017, <http://www.excelsior.com.mx/nacional/2017/04/28/1160325>, consultado
el 12 de agosto de 2017. Por otro lado, durante el gobierno de Duarte, aumentó la
violencia; el secuestro pasó de 29 casos durante el gobierno de Miguel Alemán (1998-
2004) a 404 con Duarte, y comparado con otros gobiernos el homicidio creció más
de 60 por ciento. Véase la nota de Jafet Tirado, «Con Duarte, crecieron los delitos de
alto impacto», El Financiero, 19 de agosto de 2015, <http://www.elfinanciero.com.mx/
nacional/con-duarte-en-veracuz-crecen-delitos-de-alto-impacto.html>, consultado el
12 de agosto de 2017. El gobierno de Javier Duarte también terminó por dividir el pri.
En 2016, incluso la Comisión de Justicia Partidaria del pri consideró su expulsión.
Véase «No pretendo ser un factor de división para el pri: Javier Duarte», <http://www.
22 excelsior.com.mx/nacional/2016/09/25/1118906>, Excélsior, 12 de agosto de 2017.
El Partido Acción Nacional en Veracruz

de la crisis siguen siendo relevantes en el Producto Interno Bruto del


estado y el país.
Históricamente, Veracruz fue y sigue siendo un bastión político-elec-
toral del pri. Fue apenas hasta la reciente elección de junio de este año
cuando un miembro del pan y exmilitante priísta ganó la elección de
gobernador, después de 86 años de gobiernos del pri. La cultura política
de la entidad ha estado marcada por las prácticas clientelares y corpora-
tivistas típicas del priísmo, más que por estrategias ciudadanas que abo-
nen a la construcción de procesos democráticos. En este sentido, puede
decirse que fue hasta el final de la década de los ochenta, con la candi-
datura a la presidencia de la república de Cuauhtémoc Cárdenas por el
Frente Democrático Nacional, que en varios municipios de la entidad la
izquierda comenzó a tener mayor relevancia y los procesos de participa-
ción ciudadana fueron haciéndose presentes con mayor naturalidad. En
este sentido, destacó el trabajo de organizaciones como Alianza Cívica,
que articuló amplias redes de la sociedad civil en oposición al gobierno.
Pero Acción Nacional poco tenía que disputar en esos momentos. El
pan era un partido con poca representación electoral, la cual, además,
estaba concentrada en municipios como Xalapa, Córdoba, Orizaba,
Fortín de las Flores, Boca del Río y Veracruz Puerto. En la década si-
guiente, Acción Nacional mostraría su fuerza en lo que en otros traba-
jos he denominado la Región Centro-Golfo, integrada por el corredor
industrial, comercial y turístico que va de Puebla a Veracruz. Con el
ascenso del pan al gobierno federal en el año 2000, al panismo se le
crearon expectativas sobre la posibilidad de ampliar su presencia en te-
rritorios difíciles de penetrar. Es importante destacar que, además del
uso de programas sociales federales en las administraciones de Acción
Nacional, particularmente cuando estuvo al frente de Desarrollo Social
Josefina Vázquez Mota, otros actores políticos incluso internacionales,
como la alemana Fundación Konrad Adenauer, parte de la Organización
Democratacristiana Internacional, han contribuido a que orgánicamente
Acción Nacional haya podido vincularse con población asentada en te-
rritorios mayormente campesinos o indígenas en estados como Veracruz,
Tabasco, Chiapas y Oaxaca.9

9
Entrevista con Frank Priess, director de la Fundación Konrad Adenauer. Ciudad
de México, 23 de febrero de 2011. 23
Tania Hernández Vicencio

Para ello, en 2001 se llevó a cabo una reforma de estatutos en la que,


entre otras cosas, se estableció que los comités directivos municipales
debían coordinar el trabajo de subcomités en cada municipio, los cuales
se integrarían con un número variable de secciones electorales (Her-
nández, 2003). La intención era que los subcomités fuesen la unidad
organizativa con la que el pan desplegaría un trabajo político lo más
desagregado posible y, por ende, lo más cercano a la ciudadanía. La
creación de los subcomités –como se consignó en 2001– o delegaciones
municipales –como en los hechos fueron llamados– no ha sido exitosa y
puede inferirse que, por lo menos por esta vía, el panismo no ha tenido
éxito en la construcción de nuevos vínculos ciudadanos. Sólo el Estado
de México, Jalisco y Veracruz, han tenido avances en la creación de estas
subunidades, aunque en el caso que nos ocupa no se han constituido los
subcomités en los 212 municipios. Lo interesante, sin embargo, es que a
pesar de las dificultades del trabajo organizacional, Veracruz es el estado
que más aporta miembros al padrón nacional del pan, por encima de
entidades históricamente importantes como el Estado de México, Jalisco
y Nuevo León, pero que con la militancia que reúne, que es de poco más
de 40 mil personas, se antoja difícil que Acción Nacional pueda, por sí
sólo, ganar una elección. Un dato adicional en ese sentido es que sólo en
cinco de los 20 municipios en los que el pan tiene cierta representación
en términos de militancia, su nivel se encuentra entre las 1300 y casi 6000
personas; estos son los casos de Tantoyuca, Xalapa, Veracruz, Boca del
Río y Córdoba (tabla 2, mapa 1). Aquí hay que destacar este último caso,
donde el pan ha tenido presencia desde hace varias décadas y al parecer
su militancia no ha crecido significativamente; y, por otro lado, el caso
de Tantoyuca, donde recientemente Acción Nacional ganó terreno en
un contexto de crisis de la zona petrolera y el aumento de la violencia.
También es interesante observar que sólo dos de esos cinco municipios
están gobernados por un panista; estos son Tantoyuca y Boca del Río.

Resultados del PA N en la elección de gobernador de 2016


y local de 2017

Acción Nacional fue mejorando sus niveles de votación en la elección


para gobernador, particularmente entre 1998 y 2010 (gráfica 1). Entre la
24 elección de 1998 y 2004, el pan creció casi ocho puntos porcentuales,
El Partido Acción Nacional en Veracruz

y entre 2004 y 2010 su nivel de votación también aumentó, aunque


apenas en seis puntos. En la pasada elección, no obstante, la presencia
de una izquierda fuerte representada en el Movimiento de Regeneración
Nacional disputó importantes espacios opositores, particularmente en
la capital del estado.
Otro dato interesante es el relativo a la distribución de distritos elec-
torales ganados por el pan en el periodo 1998-2016 (gráfica 2). Acción
Nacional prácticamente aumentó el número de los distritos electorales
en los que resultó triunfador entre las elecciones de 2004 y 2010, cuando
pasó de ganar 36.6% a triunfar en 53.55% de los distritos electorales. En
una perspectiva temporal amplia, tenemos que en la elección de 1998 el
pan apenas ganó el 8% de los distritos electorales, lo que indicaba una
presencia muy focalizada en el centro de la entidad, en los distritos de
Veracruz-Boca del Río (tabla 3). En cambio, en los procesos electorales
de 2004 y 2010 Acción Nacional logró ampliar su presencia en el norte
del estado, incorporando distritos importantes en los municipios de Tan-
toyuca, Temapache, Tuxpan, Poza Rica y Papantla, además de ampliar
su presencia a distritos de otros municipios del centro como Misantla,
Huatusco, Tierra Blanca y La Antigua (mapa 2).
Por lo que toca a las elecciones de 2016, aunque el pan ganó con
menos distritos que en 2010, pues sólo resultó triunfador en 13 de los
30 distritos en disputa, lo que equivale al 43%, logró tener presencia en
otros municipios del centro-norte del estado, como Martínez de la Torre,
Emiliano Zapata –municipio conurbado a Xalapa–, Medellín, Zongo-
lica y Cosamaloapan. Por otro lado, en el sur del estado la presencia de
Acción Nacional es prácticamente inexistente, pero ha venido ganando
un sitio relevante en la zona petrolera del norte de la entidad, que es
parte del Cinturón de Burgos, colindante con el estado de Tamaulipas,
en regiones cañeras y cafetaleras del centro del estado, así como en las
zonas serranas y con importante población indígena como son Papantla
y Zongolica, cuyo ambiente se complica por la violencia generada por
el crimen organizado.
Me parece importante apuntar que históricamente, como sucede a lo
largo y ancho del país, las regiones serranas son muy vulnerables respec-
to al clientelismo electoral, proceso en el que los partidos, autoridades
municipales, funcionarios y diputados locales, suelen actuar como in-
termediarios del intercambio económico y social por bienes electorales.
De acuerdo con un estudio de una organización pro defensa del voto, 25
Tania Hernández Vicencio

Veracruz ocupa el séptimo lugar por porcentaje y el segundo por canti-


dad de población con ingresos por debajo de la línea de pobreza, lo que
quiere decir que son más de seis de cada 10 (63%) y cinco millones de
personas.10 En el caso de Zongolica, la zona metropolitana más cercana
a esta región es el eje suburbano de Córdoba-Orizaba, cuya dinámica
agroindustrial es la columna de la economía regional. Su población es
mayormente rural y concentran elevados índices de miseria y margina-
lidad social. Tienen costumbres muy arraigadas, lo que se aprecia en la
elevada prevalencia del náhuatl, que supera el 80% de hablantes de la
población total en varios municipios. Los servicios públicos son escasos
y los habitantes sufren de prácticas discriminatorias.11
En esa perspectiva, no es imposible pensar que el uso electoral de
los recursos pueda ocurrir. No obstante, parece complicado aportar ele-
mentos veraces en relación con este tema, toda vez que, como apuntan
Ugalde y Rivera, el problema con los estudios sobre clientelismo electoral
es la dificultad para medir la eficacia de esta práctica, sobre todo cuando
los resultados se basan en encuestas. La razón principal que ubican los
autores es que la coacción y compra del voto es ilegal y con frecuencia
deriva en condenas públicas, así que los encuestados prefieren no repor-
tarla. Otros dos problemas son, por un lado, que la redacción, el orden
y el formato de las preguntas también pueden influir en los resultados,
obstruyendo aún más la medición. Y, por otro, que al intentar medir el
clientelismo electoral se toca el tema del secreto del sufragio.12
Ahora bien, más allá de los méritos del panismo histórico de man-
tener su presencia, aunque mínima, en la entidad, lo más probable es
que en varios de los municipios hayan sido las redes clientelares y cor-
porativas del priísmo las que operaron en la elección de 2016 a favor del
pan y de que con la instrumentación de programas sociales clave, como
Oportunidades, que inició en 2002, el voto panista se vio incrementado.
En el primer caso, la reconversión coyuntural de las redes clientelares
priístas no necesariamente implica el rompimiento de sus lealtades con

10
«Cómo evitar el uso de programas sociales», <http://www.eluniversal.com.mx/
entrada-de-opinion/articulo/rogelio-gomez-hermosillo-m/nacion/2016/01/5/como-
evitar-el-uso-electoral>.
11
Véase movimientos antistémicos en Veracruz, <http://antisistemicosuv.blogspot.
mx/2013/06/las-movilizaciones-sociales-indigenas.html>.
12
Véase Luis Carlos Ugalde y Gustavo Rivera Loret de Mola, «Clientelismo electoral
26 y la compra del voto en México», <http://www.nexos.com.mx/?p=18989>.
El Partido Acción Nacional en Veracruz

el priísmo, pero sí su reinvención en ciertos procesos electorales, de tal


suerte que obtienen importantes beneficios económicos y sociales a cam-
bio de apoyo político-electoral hacia la «oposición». Al parecer, son los
propios expriístas y, en el caso que analizamos, el propio Miguel Ángel
Yunes, quien en fechas recientes ha usado sus clientelas para expresar su
fuerza, sin que esto signifique fortalecer al pan. Yunes ingresó al pri en
1969 y en ese partido llegó a ser un miembro importante, fue diputado,
senador y funcionario de gobierno del estado;13 de 1992 a 1997 fungió
como secretario de Gobierno cuando Patricio Chirinos era su titular.
Tras un proceso de enfrentamiento con el exgobernador Miguel Alemán,
a quien denunció ante la Procuraduría General de Justicia del Estado
de Veracruz por supuestos actos de corrupción y abuso de poder, Yunes
renunció al pri en 2004, año en que refrendó sus vínculos con el panis-
mo para incorporarse formalmente al pan en 2008. Los cargos públicos
más relevantes de la carrera política de Miguel Ángel Yunes han sido en
el gobierno federal y a la sombra del panismo.14 Yunes ya había conten-
dido por la gubernatura como candidato de la Alianza Viva Veracruz,
integrada por el pan y el panal, en la elección de 2010, cuando quedó a
tres puntos porcentuales del priísta y actual gobernador Javier Duarte.
Un dato que aporta al análisis de las condiciones del triunfo del panis-
mo en Veracruz es la postura que asumió Gerardo Buganza, exmilitante
de Acción Nacional, cuya campaña en 2004 permitió que este partido
estuviera cerca del triunfo con un candidato de importante trayectoria
interna. Buganza es oriundo del municipio de Córdoba donde fue sín-
dico y al que luego representó como diputado federal. En 2004, Gerardo
Buganza obtuvo casi 34% de los votos emitidos, frente a 35% del priísta
Fidel Herrera, quien resultó triunfador. Con el avance de la votación por

13
Estuvo al frente de instancias de seguridad social, fue presidente del Tribunal Fiscal
y asesor jurídico y de Asuntos Legislativos y presidente estatal del pri en Veracruz en
dos ocasiones. Diputado en el Congreso de Veracruz y diputado federal por el viii
Distrito Electoral Federal a la lv Legislatura de 1991 a 1994 y plurinominal a la lix en
2003, periodo en que fue cercano de Elba Esther Gordillo.
14
Incluso antes de afiliarse al pan y durante los dos sexenios de los panistas de
Vicente Fox y Felipe Calderón, Yunes tuvo cargos importantes. En el año 2000,
Yunes fue coordinador de Asesores del secretario de Gobernación, director general de
Prevención y Readaptación Social y asesor de la Subsecretaría de Seguridad Pública de
1999 a 2000. En 2005 pidió licencia al Senado para asumir su cargo como subsecretario
de Seguridad Pública. De 2006 a 2010 fue director general del Instituto de Seguridad
y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado. 27
Tania Hernández Vicencio

el pan y con las fuertes crisis entre los grupos priístas veracruzanos, la
elección de gobernador de 2010 reflejó otro punto de inflexión debido
al aumento de las simpatías por la oposición y por las alianzas entre el
gobierno y el panismo. Al resultar triunfador, Javier Duarte incorporó a
Gerardo Buganza a su gabinete como secretario de Gobierno, y con ello
refrendó públicamente su confrontación con el expriísta Yunes Linares.
La segunda nominación de Miguel Ángel Yunes como candidato del pan
a la gubernatura en 2016 desató una nueva crisis, pero esta vez dentro
del pan, de tal suerte que en marzo de 2010 Gerardo Buganza renunció
a Acción Nacional en protesta por lo que calificó la pérdida del proyecto
político de su partido en aras de la negociación de intereses específicos.
Buganza también renunció a su cargo en el gobierno estatal para sumarse
a las corrientes independientes.
Miguel Ángel Yunes Linares, quien fuera candidato de la Alianza
Unidos para Rescatar a Veracruz, integrada por el pan y el Partido de
la Revolución Democrática, resultó triunfador en la elección para go-
bernador de 2016 con el 34.41% de los votos emitidos, frente al 30.53%
obtenido por su primo Héctor Yunes Landa, candidato de la Alianza
Unidos para Mejorar Veracruz, integrada por el pri, el Partido Verde
Ecologista de México, el Partido Nueva Alianza, Alternativa Veracruzana
y el Partido Cardenista, y frente a un sorprendente 26% obtenido por
Cuitláhuac García Jiménez, candidato del Movimiento Regeneración
Nacional (gráfica 3, mapa 3). En la elección de 2016, el pan ganó 13 de
los 30 distritos disputados, que equivale al 43%, aunque su triunfo repre-
sentó un descenso de poco más de seis puntos considerando su votación
obtenida en 2010.
Y es que el proceso electoral se desarrolló en un ambiente de violencia.
Dos semanas antes de la votación hubo eventos agresivos con bombas
molotov, narcomensajes amenazando de nuevos eventos si la gente salía
a votar, dos casas de candidatos fueron baleadas, los ataques y amenazas
se dieron a candidatos del pan y de morena, algunos funcionarios de
casilla amenazados y se generalizó una campaña, vía teléfonos celulares,
invitando a la gente a no salir de sus casas.15 Algunos de los munici-
pios donde la violencia fue más evidente fueron Mixtla, Tierra Blanca,

15
«A horas de la jornada electoral, plagan Veracruz atentados para inhibir
el voto», La Jornada Veracruz, <http://www.jornadaveracruz.com.mx/Post.
28 aspx?id=160605_062721_703>, 5 de junio de 2016.
El Partido Acción Nacional en Veracruz

Álamo, Tantoyuca, Emiliano Zapata, el puerto de Veracruz y la propia


capital. La situación contribuyó a que el nivel de abstencionismo se
incrementara, al pasar de 40.7% en la elección de 2010 a 46.4% en 2016.
De manera paralela, las acciones proselitistas a favor del pan se dieron
por el Consejo Coordinador Empresarial y de varios obispos, por lo que,
en este segundo caso, fueron interpuestas dos acciones de inconstitu-
cionalidad por el pri y morena, alegando la participación de clérigos
de la Iglesia católica en política. Los acusados ante Gobernación fueron
diez obispos y varios sacerdotes por exigir a los candidatos que fijaran
su postura sobre el derecho a la vida, pero también por haber criticado
al gobierno y hablar del uso excesivo de recursos públicos en la elección
a favor del candidato del pri. Conforme a lo publicado en la página del
Tribunal Electoral del Estado de Veracruz, al resolver los recursos de in-
conformidad 115 y 116, quedó acreditado que sí hubo participación activa
en el proceso, pero el dictamen también señala que la Iglesia participó
en actividades y declaraciones con motivo de disconformidad, pero que
al no demostrarse que las declaraciones hayan tenido como finalidad
beneficiar de manera directa al candidato ganador, sino más bien inmis-
cuirse en la vida política del estado, el Tribunal determinó que carecía
de relevancia en materia electoral.16
Los resultados de la elección de 2016 fueron claves para el panismo,
pero también para el prd, partido con el que fue en coalición en la elec-
ción para gobernador, de tal suerte que, en los comicios de 2017, en los
que se renovaron las 212 alcaldías, estos partidos concretaron una amplia
coalición que reunió buena parte de los municipios de la entidad. El prd
encabezará 70 de las candidaturas, entre las que destacan 11 municipios
que son cabeceras distritales; al norte, en Poza Rica y Papantla; al sur, en
Acayucan, Cosoleacaque, Minatitlán y, al centro, en Zongolica, Xalapa,
Camerino A. Mendoza y Emiliano Zapata.17
Finalmente, ese antecedente fue fundamental en los resultados que
obtuvo el panismo en los comicios locales de 2017. Para la elección, el
pan volvió a ir unido con el prd, con la coalición Contigo el Cambio Si-
gue. Para la designación de los candidatos, el pan se reservó 142 sitios y el

16
«Los acusados ante Gobernación serán 10 obispos de Veracruz y otros clérigos»,
<http://www.alcalorpolitico.com/informacion/los-acusados-ante-gobernacion-seran-
10-obispos-de-veracruz-y-otros-clerigos-211459.html#.WCZmKtLhDIU>.
17
Alma E. Muñoz, «Encabezará prd alianza con an en 70 municipios de Veracruz»,
<http://www.jornada.unam.mx/2017/02/08/estados/031n3est>, 8 de febrero de 2017. 29
Tania Hernández Vicencio

prd pudo designar candidato a alcalde en 70 municipios. En la elección


pudieron distinguirse cuatro familias, grupos o redes familiares que ope-
raron a lo largo del territorio veracruzano. La familia Yunes, encabezada
por el gobernador y sus hijos, cuyo núcleo de operación era el puerto de
Veracruz y el municipio de Boca del Río. La familia Aguilar Mancha,
encabezada por Juan Antonio Aguilar Mancha, dirigente del pan en la
entidad, cuyo eje articulador se situó en el municipio de Tuxpan, en el
norte del estado, y la que trabajó para fortalecer la alianza pan-prd. La
familia Guzmán Avilés, encabezada por Rosendo Guzmán Avilés, secre-
tario de Desarrollo Agropecuario, Rural y Pesca de la entidad, y cuyo
centro de acción fue el municipio de Tantoyuca, lugar en donde hay
más militantes panistas, en un territorio de fuerte tradición priísta. Y el
llamado Grupo Sotavento, encabezado por Tito Delfín Cano, diputado
local, quien opera en el municipio de Tierra Blanca, abarcando también
la región del Papaloapan. Delfín Cano ha sido cercano al gobierno de
Javier Duarte.
Un dato interesante que nos habla de una relación distante entre el
actual gobernador y su partido es que al revisar la página de internet
del pan estatal en ese proceso se observa que el gobernador en ningún
momento aparece apoyando, como un liderazgo clave de la estructura,
el desarrollo de las campañas de los distintos candidatos panistas en la
entidad. Incluso, tampoco hubo promoción de su parte en los tradi-
cionales espectaculares que se colocan en todos los distritos electorales.
De hecho, el mismo bajo perfil había observado el presidente del pan
en Veracruz, en relación con la campaña de Yunes para la elección de
gobernador un año antes.
Con los resultados electorales de junio de 2017 en Veracruz, Miguel
Ángel Yunes resultó fortalecido, pero no el pan. La coalición pan-prd
triunfó en 112 de los 212 municipios en disputa, y panistas y perredistas
tienen 40 y 32 presidencias municipales, respectivamente. Son de des-
tacarse los municipios de Veracruz, Boca del Río, Córdoba, Catemaco,
Coscomatepec, Fortín de las Flores, Martínez de la Torre, Xalapa, Balde-
rilla, Tuxpan, Álamo, Acayucan, Temapache, Minatitlán, Coatzacoalcos,
Papantla y Poza Rica. Importante es destacar que prácticamente en cinco
de éstos el panismo tiene presencia desde hace varios años, pero, en el
resto, el peso importante lo jugó el perredismo. El pan aumentó en los
municipios en los que será gobierno y aumentó también la población
30
El Partido Acción Nacional en Veracruz

que habrá de gobernar. En Veracruz gobernará 4’184 251 habitantes,


contra 1’541 723 que gobernaba antes de las elecciones de 2017.

Comentarios finales

Como planteé en el inicio de este trabajo, los elementos aquí vertidos nu-
tren algunas ideas que, a manera de hipótesis, abordaré posteriormente.
No obstante, con las evidencias empíricas presentadas es posible afirmar
que el crecimiento y triunfo de un partido pequeño como el pan en un
estado como Veracruz parece estar más relacionado con el contexto de
descomposición política, económica y social en el que se dieron ambas
elecciones, así como con una estrategia en extremo pragmática de Acción
Nacional que echó mano de varias situaciones: (a) el apoyo coyuntural
que le dieron redes clientelares priístas para operar en lugares estratégicos
de la entidad y cuyos miembros no necesariamente han pasado a militar
en sus filas; (b) el uso de las redes clientelares del izquierdista Partido
de la Revolución Democrática, partido con el que el pan fue en alianza
en ambas elecciones, y (c) el impulso que le dio el liderazgo de un ex-
militante del Partido Revolucionario Institucional, como Miguel Ángel
Yunes Linares, quien convenció al electorado de oposición de que era
la única opción real de triunfo frente al sistema de partido hegemónico
en esa entidad.
Algunos elementos concretos del contexto que contribuyeron al
triunfo panista fueron los siguientes: (a) el fuerte desgaste de un gobierno
corrupto que contribuyó a agravar la situación de crisis de la entidad; (b)
las fuertes divisiones en el interior del pri; (c) la violencia que se mantuvo
como una constante a lo largo del territorio; (d) la operación de otros
actores políticos clave que hicieron proselitismo a favor del pan, como
fueron los obispos de la Iglesia católica, y (e) la importante presencia que,
sin duda, cobró el candidato del izquierdista Movimiento de Regenera-
ción Nacional, que incentivó la fragmentación del sistema de partidos.
En este artículo me centro en el análisis de los factores estructurales.
El triunfo del panismo en Veracruz aporta nuevos elementos de análi-
sis sobre un patrón que ya se había observado en otros procesos electorales
locales y que ha mostrado que a casi treinta años de alternancia política
en los estados y después de tres lustros de la alternancia política a escala
federal, la clase política local experimenta un proceso más complejo y difí- 31
Tania Hernández Vicencio

cil para su transformación. Con excepciones, el caso de Veracruz también


abonaría a la hipótesis de que en la mayor parte de las entidades los parti-
dos de oposición y en particular Acción Nacional han obtenido triunfos
importantes sobre la base de las redes y liderazgos expriístas, en procesos
complicados en los que el partido, si bien experimenta tensiones internas,
ha sido capaz de soportar la adaptación de su estructura e institucionali-
dad a las circunstancias que pueden garantizarle el triunfo electoral. De
ser así, el pan estaría ganando elecciones cuando se ha convertido en un
partido más pequeño de lo que ya era y cuando tiene una severa crisis de
representación de los intereses que tradicionalmente lo definieron.

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Tania Hernández Vicencio

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On-the-Theory-and-Practice-of-Party-Formation-and-Adap-
tation-in-New-Democracies.pdf>.

34
El Partido Acción Nacional en Veracruz

Anexo

Tabla 1. Participación de Veracruz en el padrón nacional del pan

Entidad Militancia Lugar


Veracruz 44 156 1º
Estado de México 43 437 2º
Jalisco 37 161 3º
Puebla 35 884 4º
Nuevo León 35 171 5º
Distrito Federal 32 919 6º
Sonora 24 774 7º
Baja California 17 927 8º
Michoacán 17 787 9º
Guanajuato 16 899 10º
Sinaloa 14 519 11º
Aguascalientes 14 199 12º
Querétaro 13 210 13º
Guerrero 13 019 14º
San Luis Potosí 11 978 15º
Yucatán 10 980 16º
Chihuahua 10 512 17º
Tamaulipas 9851 18º
Zacatecas 9405 19º
Oaxaca 9160 20º
Durango 7668 21º
Hidalgo 7394 22º
Morelos 6600 23º
Coahuila 5856 24º
Chiapas 5411 25º
Tlaxcala 5118 26º
Colima 4126 27º
Campeche 3985 28º
Baja California Sur 3274 29º
Nayarit 3229 30º
Quintana Roo 2785 31º
Tabasco 2194 32º
Fuente: Elaboración propia. El número de militantes del Partido Acción Nacional (pan)
se obtuvo del Registro Nacional de Militantes del partido. <http://www.rnm.mx/Estados>.
35
Tania Hernández Vicencio

Tabla 2. Los veinte municipios con mayor militancia del pan en Veracruz, 2016

Situación
¿Es gober-
Distrito electoral al electoral
Municipio Militancia nado por
que pertenece del distrito
el pan?
(2016)
1 Tantoyuca 5797 ii. Tantoyuca Disputa Sí
2 Xalapa 3519 x. y xi. Xalapa 1 y 2 Debilidad No
xiv. y xv. Veracruz
3 Veracruz 2621 Fortaleza No
1y2
4 Boca del Río 2452 xvi. Boca del Río Fortaleza Sí
5 Córdoba 1343 xix. Córdoba Disputa No
Coatzacoal- xxix. y xxx.
6 758 Debilidad No
cos Coatzacoalcos 1 y 2
7 Orizaba 755 xx. Orizaba Debilidad No
8 Tierra Blanca 710 xxiii. Cosamaloapan Disputa Sí
9 Tlalixcoyan 697 xvi. Boca del Río Fortaleza Sí
10 Tlachichilco 604 iv. Álamo Disputa Sí
Álamo
11 535 iv. Álamo Disputa No
Temapache
Tuxpan de
12 Rodríguez 528 iii. Tuxpan Fortaleza No
Cano
Medellín
13 485 xvii. Medellín Fortaleza Sí
de Bravo
14 Citlaltepetl 474 ii. Tantoyuca Disputa No
15 Minatitlán 428 xxviii. Minatitlán Debilidad No
16 Comapa 427 xviii. Huatusco Disputa No
17 Coatepec 378 xii. Coatepec Disputa No
18 Tamalin 377 i. Pánuco Debilidad Sí
19 Totutla 376 xviii. Huatusco Disputa Sí
xiii. Emiliano
20 La Antigua 349 Fortaleza Sí
Zapata
Elaboración propia. El número de militantes del Partido Acción Nacional (pan) se obtuvo
del Registro Nacional de Militantes del partido. <http://www.rnm.mx/Estados>.

36
El Partido Acción Nacional en Veracruz

Mapa 1. Tendencia de la densidad de la militancia panista


Para este mapa se tomaron como referencia los veinte municipios con más militancia

Fuente: Elaboración propia con datos del Organismo Público Local Electoral (ople) de
Veracruz. <https://oplever.org.mx/proceso1213.html>.

37
Tania Hernández Vicencio

Gráfica 1

Fuente: Elaboración propia, con datos del Organismo Público Local Electoral (ople) de
Veracruz. <https://oplever.org.mx/proceso1213.html>.

Gráfica 2. Distribución de distritos electorales ganados por el pan, 1998, 2004, 2010 y 2016

Fuente: Elaboración propia, con datos del Organismo Público Local Electoral (ople) de
38 Veracruz. <https://oplever.org.mx/proceso1213.html>.
El Partido Acción Nacional en Veracruz

Tabla 3. Distritos ganados por el pan en elecciones para gobernador del estado
1998, 2004, 2010, 2016
1998 2004 2010 2016
Veracruz Tantoyuca Pánuco Tuxpan
Boca del Río Temapache Tantoyuca Martínez de la Torre
Tuxpan Temapache Misantla
Poza Rica Papantla Perote
Papantla Misantla Emiliano Zapata
Misantla Perote Huatusco
Huatusco Xalapa i Veracruz i
Orizaba Xalapa ii Veracruz ii
Córdoba Coatepec Boca del Río
Tierra Blanca Huatusco Santiago Tuxtla
La Antigua Tierra Blanca Medellín
La Antigua Zongolica
Veracruz i Cosamaloapan
Veracruz ii
Boca del Río
Santiago Tuxtla
Fuente: Información del ople. <https://oplever.org.mx/proceso1213.html>.

Gráfica 3

Fuente: Elaboración propia, con datos del Organismo Público Local Electoral (ople) de
Veracruz. <https://oplever.org.mx/proceso1213.html>.
39
Tania Hernández Vicencio

Mapa 2. Regiones en las que el pan triunfó en la elección para gobernador

Fuente: Elaboración propia, con datos del Organismo Público Local Electoral (ople) de
Veracruz.<https://oplever.org.mx/proceso1213.html>.

40
El Partido Acción Nacional en Veracruz

Mapa 3. Escenario distrital de la elección para Gobernador de Veracruz de 2016

Fuente: Elaboración propia, con datos del Organismo Público Local Electoral (ople) de
Veracruz.<https://oplever.org.mx/proceso1213.html>.

41
Tania Hernández Vicencio

Mapa 4. La fuerza electoral del pan en los distintos distritos electorales en la elección para
gobernador 2016
Cómo influyen el ambiente interno y externo en el desarrollo del partido y cómo efectos
sistemáticos impactan la estructura de la naturaleza o génesis del partico, Van Biezen Kir-
chheimer, 1966, catch all Panebianco, 1988, electoral-profesional.

Fuente: Elaboración propia, con datos del Organismo Público Local Electoral (ople) de
Veracruz. <https://oplever.org.mx/proceso1213.html>.
42
El significado de Constitución. Breve revisión
del concepto y de su relevancia a la luz
del principialismo y el garantismo
The meaning of Constitution. Brief review of the concept and
its relevance in the light of principialism and garantism

Miguel González Madrid1

RESUMEN
Desde la antigua Grecia, la constitución ha tenido diferentes significados y contenidos. Eso no ha dependido únicamente
de la configuración diversa de instituciones políticas o de la agregación en su texto de cláusulas de protección de derechos
y libertades, sino también del alcance protector y del diseño específico del sistema garantista. Todo esto ha implicado la
creación de sistemas de medios de control constitucional y un redimensionamiento de la constitución, hasta concluir,
en la actualidad, en su conversión en norma suprema y parámetro de validez de todo el orden jurídico, especialmente
en sociedades con democracia plena. En este sentido, este trabajo plantea la pertinencia de considerar el debate entre las
versiones constitucionalistas de principios y garantías como una oportunidad para robustecer el significado de Consti-
tución en términos de norma suprema que, simultáneamente, limita los confines y la distribución del poder político,
previene y sanciona los excesos de poder, da eficacia a la protección de derechos, enaltece la dignidad de la persona, irradia
coherencia al orden jurídico y determina los parámetros de validez de las normas inferiores. Por tanto, las fronteras entre
esas versiones constitucionalistas pueden suavizarse en muchos puntos, los cuales pueden tratarse de modo intercambiable,
aunque persiste la cuestión de la confrontación entre derecho y moral como zona obtusa que complica o imposibilita la
unificación del constitucionalismo contemporáneo.
Palabras clave: Constitución, derechos fundamentales, control constitucional, neoconstitucionalismo, constitucio-
nalismo principialista, constitucionalismo garantista.

ABSTRACT:
Since ancient Greece, the Constitution has had different meanings and contents. This has not depended only on the
diverse configuration of political institutions or on the inclusion in its text of clauses protecting rights and freedoms,
but also on the protective scope and specific design of the guarantor system. All of this has involved the creation of
systems of means of constitutional control and a re-dimensioning of the Constitution, to the point of concluding, at
present, its supreme norm and parameter of validity of the entire legal order, especially in societies with full democ-
racy. In this sense, this work raises the pertinence of considering the debate between the constitutionalist versions of
principles and guarantees as an opportunity to strengthen the meaning of Constitution in terms of supreme norm
that, simultaneously, limits the confines and the distribution of political power, Prevents and sanctions the excesses
POLIS. México 2018, vol. 14, núm. 1, pp. 43-80

of power, gives effectiveness to the protection of rights, enhances the dignity of the human person, radiates coherence
to the legal order and determines the parameters of validity of lower standards. Therefore, the borders between these
constitutionalist versions can be softened in many points, which can be treated in an interchangeable way, although
the question of the confrontation between law and morality persists as an obtuse zone that hinders or precludes the
unification of contemporary constitutionalism.
Keywords: Constitution, fundamental rights, neoconstitucionalism, constitucional control, constitucionalism of
principles, garantist constitucionalism.

Recibido el 22 de marzo 2017 y aprobado el 17 de noviembre de 2017

1
Politólogo y maestro en Derecho Electoral. Profesor e investigador de la Univer-
sidad Autónoma Metropolitana (Unidad Iztapalapa) e-mail: mgmundouno@yahoo.
com.mx
Miguel González Madrid

I. Introducción

Hoy día se discute poco si, por ejemplo, los ciudadanos conocemos el
significado de la constitución que rige el orden jurídico de un Estado y,
por tanto, nuestra vida política o colectiva,2 aunque el legislador consti-
tuyente procura –por los medios a su alcance– que cada quien conozca
la norma fundamental para actualizar cardinalmente nuestra sujeción al
orden jurídico, sea de manera abstracta o concreta. El hecho de no ser
expertos en materia constitucional no es un pretexto para eximirnos de
una sujeción tal, aunque podemos ignorar los distintos casos concretos
llevados ante la justicia ordinaria o ante la justicia constitucional.
No obstante que en estos tiempos en que los comunicadores de ra-
diodifusoras, televisoras y grandes cadenas periodísticas insertan notas
relativas a la impartición de justicia por tribunales jurisdiccionales, es
posible escuchar cada vez más voces seculares que discuten el sentido de
resoluciones o sentencias recaídas a asuntos de trascendencia pública,
porque se llega a creer que posiblemente los jueces están ligados a algu-
nos de los intereses particulares ventilados, en lugar de conducirse como
duros defensores de la constitución, de sus preceptos, bases o principios,
y de todo lo que significa en relación con los derechos fundamentales y
la organización del Estado.

2
Debe prevenirse, por cierto, que la expresión «vida colectiva» connota doblemente
un sentido social y político. Entre los antiguos atenienses, la vida social o común y la
vida política estaban confundidas en una sola actividad que se desarrollaba en la polis
(traducida generalmente como «Ciudad-Estado») como actividad pública y directa
propia de todos los ciudadanos. Consecuentemente, la distinción entre «lo privado»
y «lo público» no tenía lugar en aquella época, puesto que los ciudadanos vivían para
la vida pública sin demérito de su vida privado-económica, además de que en algún
tiempo (con Solón, Clístenes y Pericles) se procuró reducir la desigualdad económica
entre ciudadanos con el objeto de garantizar la entrega de éstos a la vida pública. La
calidad de ciudadano, así, derivó en una virtud fundamental: vivir para participar de
los asuntos públicos. De modo que, en los tiempos actuales, en que persiste la escisión
entre «vida política» y «vida privado-económica», cuando se dice «vida colectiva» se
alude a un esfuerzo por integrar nuestra pertenencia a la sociedad civil y al Estado
político. De ello se puede deducir, por ejemplo, que si las constituciones rigen nuestra
vida colectiva-estatal, ello no puede abstraerse del interés de las personas por traducir
sus condiciones de vida privado-económica en referentes de valores y reglas colectivas.
De ahí que hoy «lo público» connote una esfera de unidad de lo político-gubernamental
44 y lo político-civil.
El significado de Constitución

Puesto que todo Estado se ha regido por una constitución, conviene


entonces preguntarse, inicialmente, sobre el distinto significado de cons-
titución en cada época, obviamente afectado por el pensamiento jurídico
y político dominante en cada momento histórico.3,4 Desde los antiguos
pueblos griegos han existido las «Constituciones» y su finalidad estaba
trazada conforme a las necesidades de organización política de las ciu-
dades-Estado, pero «el concepto de constitución escrita es relativamente
reciente y data del siglo xviii» (Monroy Cabra, 2005:13), y como norma
suprema y eje organizador del orden jurídico estatal el concepto contem-
poráneo de constitución tiene sus antecedentes próximos en los siguientes
momentos de la modernidad:5 (a) la constitucionalización de ciertos de-
rechos del hombre y el ciudadano en la primera Constitución francesa el
3 de septiembre de 1791; (b) la constitucionalización de ciertos derechos
y libertades personales y ciudadanas en la Constitución estadounidense,
mediante enmiendas promulgadas el 15 de diciembre de 1791; (c) la sen-
tencia del juez presidente (chief justice) de la Corte Suprema de los Estados
Unidos de América, John Marshall, en 1803, que instaura el primer sistema
de control de constitucionalidad de leyes en su versión de control difuso
(Andrade, 2003), y (d) el modelo de control concentrado (y abstracto) de
constitucionalidad creado por el jurista y filósofo iuspositivista austriaco
Hans Kelsen en 1920.

3
Sin embargo, es preciso también decir que no todo poder político llegó a constituir
un Estado. En sentido moderno, incluso vale señalar los elementos básicos constitutivos
del Estado de derecho: un gobierno o conjunto de órganos de gobierno, un territorio,
un pueblo y la soberanía estatal.
4
Jesús María Alvarado Andrade (2012) escribió un interesante artículo en el que
revisa el concepto de Constitución de la antigüedad a la modernidad. Sin duda, para
este tema, dicho trabajo es de obligada consulta, pues el autor aporta una serie de
elementos de fondo mediante el estudio de distintos exponentes del constitucionalismo.
5
Rodrigo González Quintero (2011:14) afirma que el estudio de los orígenes del
control constitucional no debe hallarse restrictivamente en la célebre decisión del
juez John Marshall para resolver el juicio Marbury vs. Madison, en 1803: «el control
constitucional no apareció súbitamente en una sentencia, sino que hace parte de
una larga tradición, confirmada luego por la judicatura norteamericana durante las
tres décadas antecedentes a la famosa decisión». Del mismo modo, Marco Gerardo
Monroy Cabra (2005:13) señala lo siguiente: «El concepto de constitución escrita es
relativamente reciente y data del siglo xviii, en que aparecen documentos para regir
la organización política de la sociedad. Sin embargo, el término constitución referido
a la política es antiquísimo; la reflexión sobre la organización política se halla en la
Antigüedad clásica, en la Edad Media y en la Modernidad». 45
Miguel González Madrid

Luego de una breve remisión a los antecedentes antiguos del consti-


tucionalismo, que se concreta en el problema de la organización política
y territorial de las ciudades-Estado, ilustrado en ciertas tipologías de
formas de gobierno, es pertinente avanzar a una breve defensa del signi-
ficado de la Constitución con bases principialistas que han aportado las
tradiciones de pensamiento liberal y democrático, a su vez revisadas y
cuestionadas por medio de los enfoques garantista y neoconstituciona-
lista, los cuales coinciden en destacar el principio de supremacía-funda-
mentalidad constitucional y la cardinalidad de los derechos fundamentales
o de los derechos humanos, con antecedente en la limitación del poder
político y la defensa de las libertades individuales. El constitucionalismo
–en su conformación contemporánea rígida– puede recrearse a través de
distintos enfoques, sea en una orientación iusnaturalista o «no positivis-
ta» (v.g. el «neoconstitucionalismo») o en una de perfeccionamiento o
expansión del positivismo jurídico, pero en todos los casos su esencia de
superioridad normativa es invariable, como bien precisa Luigi Ferrajoli
(2011:16) en los siguientes términos:

[…] el constitucionalismo, como sistema jurídico, «equivale a un


conjunto de límites y vínculos, no sólo formales, sino también sus-
tanciales, rígidamente impuestos a todas las fuentes normativas por
normas supra-ordenadas; y, como teoría del Derecho, a una concep-
ción de validez de las leyes ligada ya no sólo a la conformidad de
sus formas de producción en las normas procedimentales sobre su
formación, sino también a la coherencia de sus contenidos con los
principios de justicia constitucionalmente establecidos.

Me parece que en el inicio del siglo xxi, en un contexto de encuentro


abierto entre el derecho interno y el derecho internacional, los enfoques
neoconstitucionalista y garantista han puesto de relieve dos cosas, respec-
tivamente, en calidad de formas derivadas de un «constitucionalismo de
los derechos», como lo sugiere Luis Prieto Sanchís (2013), o «dos modelos
de constitucionalismo», como se desprende de la conversación entre
Luigi Ferrajoli y Juan Ruiz Manero (2012): (a) la necesidad de maximizar
la protección de los derechos humanos en un escenario de conformación de
un bloque de constitucionalidad-convencionalidad, y (b) la obligación del
Estado de garantizar los derechos fundamentales como forma de limitación
46 estructural de los excesos de poder, a fin de confiar en un sistema de
El significado de Constitución

justicia institucional la promoción de esos derechos (acciones afirmativas


previstas normativamente y operadas por medio de políticas públicas),
de manera paralela a una serie de prohibiciones estatuidas, y la efectiva
reducción de lesiones o agravios a éstos.
Luigi Ferrajoli denomina el neoconstitucionalismo como «constitucio-
nalismo argumentativo o principialista», distinto del «constitucionalismo
normativo o garantista». Ambas vertientes constitucionalistas suelen con-
jugarse en un bloque principialista-garantista cuando se pretende extremar
el efecto protector de la Constitución en un contexto de unidad del derecho
internacional y del derecho interno; por ejemplo, cuando se prefiere un
tipo de justicia sobre la base de los principios de dignidad humana y pro
personae. Sin embargo, como bien reconoce este pensador italiano en
una breve revisión lexicográfica de esta distinción, a pie de página, no se
puede omitir que el neoconstitucionalismo tiende a «elaborar principios no
formulados en la constitución, sino fruto únicamente de argumentaciones
morales», en tanto que el garantismo tiende a advertir los límites del po-
der político y sus efectos en la protección de los derechos fundamentales
(Ferrajoli, 2011a:20, nota 9 de pie de página).6
Por lo anterior, hoy día resulta difícil separar la noción de Estado
constitucional democrático de derecho respecto a la influencia que han
ejercido en su diseño dichas tradiciones; precisamente por eso, debe
reconocerse el gran alcance histórico que tuvo la Carta Magna de 1215
en términos de una sintomática limitación del poder concentrado en el
monarca con base en el respeto y la protección de derechos de los gobernados,
lo cual habría de contrastar con el significado de constitución en las polis
de la antigua Grecia, basado en la organización de los ciudadanos para la
discusión de los asuntos públicos y el mantenimiento de la defensa común.
En las antiguas ciudades-Estado la Constitución tenía como fin la orga-

6
No sobra decir de una vez aquí, por cierto, que la concepción garantista de Ferrajoli
tiene preferencia por la denominación derechos fundamentales, en tanto que derechos
que se desprenden de la Constitución y, por tanto, subsumen los derechos humanos que
conciernen estrictamente a las personas; en cambio, la concepción neoconstitucionalista
ha preferido adoptar la expresión derechos humanos porque designa a todos aquellos que
son inherentes a las personas y a otras clases de sujetos, y se encuentran reconocidos
en todas las fuentes del Derecho. Dice Luigi Ferrajoli que «son derechos fundamentales
aquellos derechos subjetivos que las normas de un determinado ordenamiento jurídico
atribuyen universalmente a todos en tanto personas, ciudadanos y/o personas capaces de
obrar» (Ferrajoli, 2001a:291). 47
Miguel González Madrid

nización de la comunidad política –los propios ciudadanos convertidos


en Estado in situ y viviente, es decir, en ecclesia visible y cotidiana en
el ágora para decidir los asuntos públicos– y su conservación ante las
amenazas de los pueblos vecinos. A partir de 2015, lo que importa son
los derechos de los llamados «hombres libres» de aquella época (los aris-
tócratas propietarios) y, por tanto, la contención de los abusos de poder
del monarca. La Carta Magna que los nobles obligaron a firmar al rey
Juan i contiene en germen una perspectiva principialista sustentada en
la prioridad de los derechos y las libertades individuales ante los detenta-
dores de poder político, al mismo tiempo que la necesidad de garantizar
esos derechos y libertades mediante un debido proceso de justicia. Y digo
«prioridad» puesto que esos hombres libres determinaron desobedecer
a ese monarca, y aun preferir a otro, si no firmaba dicha Carta Magna.
Como consecuencia, si bien la eficacia del constitucionalismo moderno
parte del principio de supremacía-fundamentalidad constitucional y de
la idea de control constitucional del conjunto normativo, mecanismo
eminentemente garantista, es imposible que motive en el largo plazo la
producción de sentencias si no contiene los derechos fundamentales en
el centro de su estructura doctrinal, porque la eficacia constitucional no
está disociada de la necesaria protección de esos derechos, y solamente
de ese modo es que la autoridad del Estado se puede hacer obedecer.
Ahora bien, a partir de una breve revisión de significados relevantes
de Constitución en sucesivas épocas, se plantea en este trabajo la hipó-
tesis de que el Estado democrático de derecho se rige por una Constitución
democrática y, por tanto, hay una razón principialista de doble carácter
liberal y democrático que permite configurar una estructura de poder político
limitada por iguales y universales libertades y derechos individuales. Del
mismo modo, al entenderse bajo esta perspectiva a la Constitución como
norma fundamental (norma de normas), no se pretende separarla mate-
rialmente de las normas infraconstitucionales, sino, precisamente desde ella,
por interpretación, reducir o evitar el conflicto normativo o la vigencia de
normas que la contradicen. Sin duda, estamos aquí exactamente ubicados
en uno de los puntos de debate entre principialismo y garantismo que
se resume, en ese orden, en la preferencia por la ponderación o por la
subsunción normativa.
Sin embargo, en este trabajo se prefiere el punto de vista del jurista
español Juan Antonio García Amado (2014:29-32 y ss.), consistente en la
48 intercambiabilidad de los métodos ponderativo y subsuntivo, puesto que,
El significado de Constitución

en realidad, el primero parte de un momento de balance de principios


conforme a una serie de argumentos, pero concluye necesariamente en la
subsunción del objeto cuestionado a una norma de aplicación redimen-
sionada; a su vez, el segundo no procede como una aplicación mecánica
de la norma a los hechos sub judice, sino que implica un trabajo previo
de razonabilidad discrecional por los jueces para desprender significados
normativos aplicables. Así, la dimensión del efecto limitador de los dere-
chos respecto al poder político, bajo el manto garantista constitucional
(o constitucional-convencional), se compagina con la dimensión del
mayor alcance protector de los derechos gracias a su naturaleza princi-
pialista que colma a la misma constitución. Entonces, la constitución
democrática se vuelve una concatenación expansiva de normas-princi-
pios bajo la cual todos los actos de autoridad deben legitimarse, todas
las normas derivadas deben quedar conformes y todos los derechos se
tornan en la finalidad de la sociedad-Estado.
Pero la cuestión es, entonces, ¿qué debemos entender por Constitución
democrática, sobre todo si, como dice Víctor M. Martínez Bullé-Goyri
(2013:41), la cuestión de la democracia y la de los derechos fundamen-
tales en el mundo contemporáneo comparten un estrecho vínculo con
la idea de dignidad humana, la cual no se satisface solamente en una
concepción de derechos y libertades individuales, sino también en una
concepción de derechos sociales constitutivos de una tercera generación
o un tercer núcleo de derechos fundamentales (Salazar Ugarte, 2006:148
y ss.). Una aproximación a una respuesta plausible nos lleva a entender
que hoy día este tipo de constitución está literalmente atravesada por
principios liberales y principios democráticos, pero también por princi-
pios de mínimos de bienestar social, todo lo cual conforma un modelo
de buena sociedad 7 y, sobre todo, coloca los derechos de las personas y
7
Por «buena sociedad» debemos entender una vida colectiva basada en una serie
de valores, reglas y principios que pueden garantizar la permanencia de la dualidad
conformada por la autonomía individual y el igual goce de derechos según una
estructura balanceada de oportunidades y funciones reconocidas; por tanto, un
programa de «buena vida», a través de leyes idóneas y políticas públicas, pueden
garantizar simultáneamente la autorrealización de cada cual y los diversos mecanismos
de solidaridad colectiva, mutua, recíproca, independientemente de que cada quien
prefiera inclinar más un polo u otro. Sin embargo, un significado contextualizado de
«buena sociedad» variará según la época y la concepción preferida del mundo, además
del valor que se quiera dar a la relación entre alter y ego, del significado de los fines
comunes y los fines individuales, etcétera. Así, el significado de «buena sociedad» ha 49
Miguel González Madrid

los ciudadanos, individual y socialmente, como puntos clave para la


justificación de las acciones de la sociedad y el Estado.
De acuerdo con Pedro Salazar Ugarte, los derechos sociales constitu-
yen una de las innovaciones de la democracia constitucional, y también
denotan «pretensiones» o «expectativas» de las personas o de una clase
de personas, pero carecen de contenido preciso y de una contraparte
concreta, por lo cual generalmente aparecen como ««derechos de papel».
Al respecto, Salazar Ugarte (2006:152) cita a Ricardo Guastini: «La lógica
de Guastini es simple: un derecho sin garantías no es verdadero, es un
derecho de papel y ése es el caso de los derechos sociales». Sin embargo,
en la medida en que el constitucionalismo principialista –incluido el
mismo enfoque garantista de Ferrajoli– proyecta el valor cardinal de
todos los derechos fundamentales-humanos y su exigibilidad, cada vez
más genera la convicción de que los derechos sociales también deben ser
realizables, es decir, también deben ser tutelados por vía jurisdiccional. Es
cierto que, a pesar de que ello parece depender más programáticamente
de la disponibilidad de recursos de los gobiernos, el segundo elemento
innovador de la democracia constitucional, que descansa en el control
de constitucionalidad de leyes, según Salazar Ugarte (2006:160), permite
entender que las constituciones están también contemporáneamente
diseñadas para garantizar todos los derechos fundamentales, por lo que la
configuración de legalidad que lleva a cabo el poder legislativo ordinario
–y que también afecta la disponibilidad presupuestal– está subordinada
al principio de supremacía constitucional, como bien lo observó desde
1803 el juez Marshall en el histórico juicio Marbury vs. Madison, que
originó el modelo de control constitucional difuso, y posteriormente,
en 1920, lo estableció el jurista y filósofo austriaco Hans Kelsen –como
principio de fundamentalidad constitucional de todo el orden jurídico–
al concebir el control concentrado de constitucionalidad de leyes.8

transitado de la selectiva visualización de las personas con «buena posición social» (v.g.
la referencia a los «dignatarios») a un amplio consenso sobre la sociedad estatuida en la
«dignidad humana», es decir, en el valor intrínseco de la persona, de toda persona, sin
distinción ni discriminación alguna (al respecto, sirve de apoyo el trabajo de Martínez
Bullé-Goyri, 2012). Indudablemente, una concepción de sociedad democrática y de
derechos humanos conlleva la idea de «buena sociedad» (Salum Alvarado, 2009).
8
Sobre los modelos de control constitucional de leyes, difuso (a casos concretos) y
concentrado (estrictamente abstracto), véanse: Highton, 2010; Arango Escámez, 2011;
50 Flores Cruz, 2006; Celotto, 2003, y Brewer-Carías, 1994.
El significado de Constitución

Para mesurar el alcance de nuestra hipótesis, señalamos que la inten-


ción básica de este artículo consiste en destacar la relevancia del signifi-
cado principialista de las Constituciones de nuestro tiempo, originado
en la prioridad de los derechos fundamentales, puesto que ello contribuye
a procurar cierto equilibrio inestable en el corazón de esa dualidad. Sin
duda, esta pretensión es inherente a la función de control constitucio-
nal, y es lo que lleva a observar «desde afuera» y desde cada segmento de
intereses privados una apariencia de incoherencias o incongruencias en
las decisiones de los jueces constitucionales, sobre todo en una época en
la que es muy clara la disociación entre la esfera estatal-gubernamental
y la compleja esfera civil-privada, a diferencia de la vida colectiva entre
los atenienses de la época de Solón, Clístenes y Pericles, que unifica la
vida cotidiana de los ciudadanos en el marco de la comunidad política,
es decir, de los asuntos públicos.

II. La Constitución de los antiguos

Desde los tiempos de Aristóteles9 (el más lúcido y original discípulo de


Platón, pero en desacuerdo con muchas de las ideas del Maestro), ha
habido un interés por el estudio de las «Constituciones».10 Precisamente,
la descomunal empresa de estudio de ciento cincuenta y ocho constitu-
9
Aristóteles (nacido en Estagira, Macedonia, en 384 a.C.; fallecido en Calcis Eubea,
Grecia 322 a.C.) vivió en una época en la que comenzaba a entrar en decadencia la
democracia ateniense. Eso explica, en parte, la teoría aristotélica de las seis formas
de gobierno: tres «puras» y sus correspondientes derivaciones degenerativas. Así, a
la democracia (el gobierno de «los muchos» pero, sobre todo, de «los pobres») le
habría seguido la demagogia –o, como él la denominó, «oclocracia»– como forma
corrompida por la manipulación de las deliberaciones de la Ekklesia (Asamblea), a
través de ciudadanos especialmente interesados en influir el sentido de las decisiones
colectivas para beneficio de unos cuantos con real poder económico y político, es decir,
del sector aristocrático de la población. Una visión de este contraste la presenta Alfredo
Cruz Prados (1988).
10
Marco Gerardo Monroy Cabra dice –citando a Enrique Álvarez Conde– que el
concepto de Constitución, en su sentido antiguo, se encuentra originariamente entre
los hebreos, en el sentido de la existencia de una norma superior rectora de los actos de
gobernantes y gobernados. Pero, en cuanto que norma aplicable para la organización
del poder político o de una comunidad política, el concepto proviene de los antiguos
griegos y, luego, de los romanos en términos de ley o estatuto de la civitas para el
ordenamiento de la res publica (Monroy Cabra, 2005:14-16). 51
Miguel González Madrid

ciones de ciudades griegas y no griegas, en perspectiva comparada, llevó


a Aristóteles a distinguir entre Constituciones «puras» e «impuras», así
como a desprender su teoría de tres formas «puras» de gobierno y tres
«impuras» o degenerativas.11
No obstante que el pensador estagirita logró una tipología de formas
de gobierno con base en una aguda observación empírica y comparati-
va, cuyo criterio general sigue siendo aplicable (véase Rossi y Amadeo,
2002:70), él no plantea una teoría normativa de las formas de gobierno
ni se ocupa de algún principio que pudiera proporcionar alguna clave
acerca de las razones que deberían llevar a los ciudadanos a elegir una
forma de gobierno y no otra.
Es cierto que a Aristóteles se debe la idea de que las Constituciones re-
velan la realidad política y social de una colectividad, la naturaleza de una
sociedad, pero no se encuentra en su obra una consideración normativa
de la función constitucional respecto a los límites del poder. Esto es, más
allá de la consideración de que la sociedad –o, mejor, la organización del
poder político o de los cargos públicos– se rige conforme a normas más o me-
nos estables, superiores12 y permanentes, no existe en Aristóteles una idea
de la naturaleza y primacía de derechos de los ciudadanos, porque en la
democracia antigua no existen los ciudadanos (hombres libres) separados
de la vida pública-colectiva y, por tanto, de su unidad como un todo al
concurrir cotidianamente a la plaza pública. Las votaciones por unanimi-
dad son reveladoras de esa unidad ciudadanos-ciudad Estado, de modo
que la libertad de los ciudadanos es concebible únicamente en el marco

11
Suele citarse al respecto el acervo de la Biblioteca del Liceo (estancia donde
enseñaba Aristóteles) con 158 Constituciones recuperadas, griegas y no griegas. El acceso
al estudio aristotélico se encuentra unido a la presunción de que otros pensadores
habrían contribuido a indagar sobre el mismo fenómeno que había atraído al estagirita.
Al respecto, véase Antonio Guzmán Guerra (2007).
12
«En efecto –dice el doctor Pablo Pérez Tremps–, los antecedentes de la existencia
de un Derecho superior se remontan al mundo clásico para llegar al pensamiento liberal
y al revolucionario». En la modernidad, la idea de un derecho superior se desarrolla
primero a través de la insignia del Derecho Natural y luego del constitucionalismo
moderno bajo tres tradiciones: (a) el common law anglosajón (sobre todo con la
doctrina de sir Edward Coke, que proclama la superioridad del derecho jurisprudencial
respecto al derecho de origen parlamentario); (b) la de supremacía constitucional
angloamericana expresada en la frase supreme law of the land (supremacía constitucional
del orden jurídico), y (c) la de superioridad constitucional basada en el valor de los
52 derechos humanos. Al respecto, véase Pablo Pérez Tremps (2008:2-10).
El significado de Constitución

de una comunidad y de una participación política in situ. Y, de hecho,


la libertad del ciudadano hace veinticinco siglos era entendida no como
autonomía individual, sino como una inserción necesaria y privilegiada
en la vida colectiva, de modo que tampoco hay una noción de represen-
tación política ni de gobierno como estructura política con autonomía
específica, porque ambas nociones connotan una escisión estructural de
la vida política que es propia del mundo moderno.
Por tanto, en la antigüedad no hay una concepción de constitución
conforme a un núcleo de preceptos, valores o principios fundantes de
derechos individuales y limitadores del poder político, como hoy día lo
proclama el neoconstitucionalismo (el constitucionalismo principialista
y el constitucionalismo garantista). El aporte aristotélico, en realidad,
tiene que ser visto más bien en términos de una tarea seminal de gran
alcance que, precisamente, abre una discusión interminable en dos ver-
tientes: (a) la del reconocimiento de iguales libertades del ciudadano
exclusivamente en el marco de una pertenencia a una comunidad política
(base del comunitarismo, opuesto al liberalismo individualista), y (b) la
de un interés por la distinta organización morfológica interna del poder.13

III. La Constitución como carta de derechos

Con la llamada Carta Magna de 1215 se puede obtener una primigenia


conceptualización de la Constitución como acotación del poder regio
y, más allá de su circunstancia, de toda clase de poder político, puesto
que, por su contenido, se puede considerar también como una carta
de derechos y libertades. Así, antes que un determinado tipo de nor-
mas relativas a la organización del poder, importan los derechos por los
cuales el gobernante tiene una razón de ser y de mantenerse en el poder.
Esto permite comprender por qué las primeras constituciones modernas
fueron consideradas como «cartas políticas», en tanto que destacaron
el compromiso de los detentadores de poder político ante «la Nación».

13
El doctor Óscar Correas (1976:128) dice lo siguiente: «Es cierto que Aristóteles no
propuso un estado ideal. Definitivamente cierto. Pero es que no es eso lo importante.
Es un error metodológico forzar a un autor de modo que resulten de sus páginas lo que
el lector busca, en lugar de buscar lo que el autor entrega. Si en Aristóteles buscamos
su «estado ideal», perdemos la oportunidad de advertir la sagacidad con que penetró
la sociedad de su tiempo». 53
Miguel González Madrid

Con el seminal contenido de la Carta Magna de 1215 estamos a la vista


del nacimiento del «constitucionalismo» medieval que prolongó –desde la
Baja Edad Media y hasta la etapa primaria de la modernidad (siglos xvi al
xviii)– la idea de la defensa de la legalidad ante los ataques reales, y que no
es otra cosa que la defensa de privilegios estamentales frente a la Corona.
Aquella imagen de defensa de derechos de «personas libres» que hicieron
los señores feudales o barones ante el monarca Juan i (o «Juan sin Tierra»),
quedó plasmada como el antecedente ineludible de las modernas cartas y
declaraciones de derechos de los ciudadanos y las personas.14 En efecto, «el
constitucionalismo es la respuesta al ejercicio desmesurado y abusivo del
poder» y, desde un punto de vista de técnica jurídica, conforma también
la base de la racionalización del poder mediante el otorgamiento de de-
rechos y la separación entre órganos de poder (Dussan, Escobar, Kahn y
Núñez, 2002:190). Por lo demás, ese constitucionalismo medieval se erige
en el marco de un Estado estamental determinado por el principio de que
el poder tiene un origen popular y que en ello reside la razón de la limitación
de la autoridad real, lo que luego será tomado como una de las bases del
liberalismo político a través del pensamiento iusnaturalista (al respecto,
Miranda, 1959:512). Karl Loewenstein (1979) incluso coincide con esa con-
sideración al afirmar que el constitucionalismo, en general, consiste en el
sometimiento del poder político a un orden normativo fundamental (al
respecto, véase también González Casanova, 1965). A su vez, al referirse a
la concepción extremadamente realista del poder de Loewenstein (Teoría de
la Constitución), y concretamente a su abuso y degeneración (ya anticipada
por Aristóteles), Eric Cícero Landívar Mosiño (2011:34) señala con precisión
que, «siendo imposible el eliminar y suprimir el poder político de la so-
ciedad, puesto que como señalamos es un elemento esencial del Estado,
lo que corresponde es limitarlo y controlarlo para de esa manera evitar
su ejercicio degenerado, abusivo, excesivo y autocrático».

14
Juan Sin Tierra, o Juan I, descendiente de los Plantagenet y hermano de Ricardo
Corazón de León, fue designado rey de Inglaterra en 1199 y Señor de Irlanda mientras
éste se encontraba combatiendo en la tercera cruzada, y se mantuvo en el trono hasta
1216, cuando falleció. Su imagen de persona cruel y traicionera, y su predilección por
la intriga, le acarrearon infinidad de inconformidades y levantamientos de los señores
feudales, siendo el más importante el de 1215, cuando literalmente lo obligaron a firmar
una serie de cláusulas (no numeradas) constitutivas de lo que se conocería como la
Carta Magna, confiados en que contaban con un potente ejército nobiliario suficiente
54 para enfrentar cualquier reacción de fuerza del monarca.
El significado de Constitución

En el siglo xvi, época madura del Renacimiento y antesala de la mo-


dernidad, el pensamiento constitucionalista podía hablar ya de «leyes
fundamentales» propias de cada reino que ni siquiera el monarca podía
ignorar (Pujol, 1991:46-47). Este hecho hace plausible la afirmación (aquí
resumida) del historiador británico A. J. Carlyle acerca de que –en una
cierta traducción histórica europea de la Lex Regia romana– en aquel
tiempo la libertad política (individual) se fundamenta siempre en la au-
toridad política de la comunidad, y luego ésta confiere a su gobernante su
imperium y su potestas. Por tanto, recuerda Carlyle (1982:22 a 25 y passim),
si «toda autoridad es limitada», «no es el príncipe quien es superior, sino el
derecho, y el derecho en la Edad Media era primordialmente la costumbre
de la comunidad».15
Las llamadas cartas de derechos extendidas a los dominios burgueses
desde la época del Renacimiento temprano (siglos xii y xiii), pronto se
volvieron la base del constitucionalismo moderno, que tuvo sus primeros
frutos con las dos revoluciones liberales inglesas del siglo xvii. Así, en
1689, con la segunda y «gloriosa» revolución inglesa, apareció la famosa
Bill of Rights, uno de los documentos más importantes de la doctrina de
los derechos humanos en el sistema jurídico anglosajón, impuesto por el
parlamento inglés (bastión burgués, por lo menos en lo que toca a la Cá-
mara de los Comunes) al príncipe Guillermo de Orange como condición
para suceder al rey Jacobo.16 Dominado por el liberalismo político como
paradigma normativo, el constitucionalismo moderno fue decisivo para
dar trascendencia a la limitación del poder político a través de una defensa
sistemática del principio de división del poder público y de la primacía de
los derechos y las libertades individuales.

15
Sobre la cuestión de la relación entre estos distintos conceptos (imperium, potestas,
auctoritas, etcétera) en el derecho romano, particularmente durante el imperio romano,
véase el trabajo de Manuel Alonso García (1956:99-100).
16
Ese dato se encuentra en varias enciclopedias y forma parte del catálogo histórico
de instrumentos internacionales relativos a los derechos humanos, si bien es bastante
remitir a declaraciones y convenciones contemporáneas (posteriores a la Segunda Guerra
Mundial) tratándose de resoluciones de tribunales internacionales en la materia aplicables
a Estados que no forman parte del sistema jurídico anglosajón. No obstante, así como
la Declaración de Derechos de Virginia de 1776, la Declaración de Derechos inglesa de 1689
suele citarse como precedente inmediato de las modernas declaraciones (desde 1789)
sobre derechos humanos. 55
Miguel González Madrid

IV. La Constitución real

Con sus dos conferencias dictadas en abril y noviembre de 1862 acerca de


la «Constitución», el político socialista alemán Ferdinand Lassalle tuvo
el acierto de conectar el significado de la constitución con la realidad
política prusiana; es decir, trató de subrayar cómo los factores reales de
poder determinan los contenidos constitucionales que, por cierto, según
Lassalle, pueden ser «buenos» y «duraderos» sólo cuando hay correspon-
dencia entre el sentido del deber ser y la realidad política imperante.
Sin duda, el materialismo histórico de Marx actuaba ya como guía del
ordenamiento de las ideas de Lassalle, aunque luego –en su conversión
reformista– también fuera blanco de la aguda crítica marxiana en la cues-
tión social y sobre el Estado (cfr. Crítica del Programa de Gotha, 1875).
Lassalle sólo tomaba el aporte marxiano como un punto de apoyo
metodológico, pero trataba de innovar en una cuestión en la que en cierto
modo Marx ya se había anticipado cuando hablaba de la voluntad de la
clase dominante transfigurada en la superestructura política-ideológica-ju-
rídica. Wenceslao Roces, conocido por su traducción de El Capital para la
casa editorial Fondo de Cultura Económica (México), lo dice del siguiente
modo: «Allí donde Marx dice «condiciones económicas», «las leyes de
la dinámica económica», en ¿Qué es una Constitución? Lassalle (1931:31)
pronuncia: «los factores reales y efectivos de la sociedad».17
Según Lassalle, los «[...] factores reales de poder que rigen en el seno
de cada sociedad son esa fuerza activa y eficaz que informa todas las leyes
e instituciones jurídicas de la sociedad en cuestión, haciendo que no
puedan ser, en sustancia, más que tal y como son...» y la constitución no
es más que «la suma de los factores reales de poder que rigen en ese país»
(1931:58 y 65). Basándose en una hipótesis extrema de desaparición acci-
dental (por incendio) de todos los ejemplares escritos de «la Colección
legislativa» prusiana, Lassalle pretendía ilustrar el significado profundo
de tales «factores reales de poder»: una combinación o correlación de
fuerzas políticas reales que, atendiendo el interés de cada cual de una

17
La publicación de ¿Qué es una Constitución? por Editorial Cenit, contiene
también la «Introducción histórica» escrita en 1908 por Franz Mehring (fundador de la
socialdemocracia alemana y, dentro de ésta, en 1916, fundador de la Liga Espartaquista
junto a Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht); se encuentra reproducida mediante
escaneo por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la unam (consúltese en línea:
56 <http://www.bibliojuridica.org/libros/libro.htm?l=2284>).
El significado de Constitución

forma pactada, plasma sus bases de mantenimiento en la «Constitución


jurídica». En otras palabras, en «la hoja de papel» (la «Constitución es-
crita») se establece una forma de organización del poder político, unos
ciertos derechos y obligaciones generales, facultades de los órganos de
poder, etcétera. Así, en el supuesto de su destrucción total (por incen-
dio), subsistiría, sin embargo, la «Constitución real y efectiva» (1931:71).
Se observa que la doble concepción contemporánea acerca de la
constitución en sentido material y en sentido formal tiene su origen en
esa distinción lassalleana entre Constitución real (efectiva, verdadera) y
Constitución escrita. Por lo demás, puede agregarse que la concepción
aristotélica de la Constitución como «naturaleza de la sociedad» no está
muy alejada de dicha distinción, pero Lassalle tiene el mérito de plantear
la cuestión de manera realista y en un afán por mantener un mínimo de
congruencia con la crítica marxiana al carácter clasista e instrumental
del llamado «Estado de derecho». Precisamente por esto último es que
Lassalle (1931:71) concluye de manera contundente que «los problemas
constitucionales no son, primariamente, problemas de derecho, sino de
poder». El constitucionalismo, como pensamiento abstractamente nor-
mativo, había quedado desnudado así por una vertiente dura del realis-
mo político.
Sobre esa atrevida visión realista de la constitución, Francisco Caamaño
Domínguez (2000: 56), como otros más, se ha adherido a una concepción
de constitución como producto normativo situado culturalmente, cuya ma-
gia consiste en presentarse como un compromiso colectivo ineludible que
implica la inclusión de todo tipo de actores y una serie de bases para su
participación en un «proyecto común». Podemos decir, al respecto, que la
constitución tiene cierto plus democrático justamente por dicho carácter
inclusivo total. Ella no es democrática porque se produce conforme a un
procedimiento que determina una voluntad colectiva constituyente, sino
porque su contenido recoge principios propios de la democracia, si bien
de una «democracia liberal» de la que es imposible separar, por ejemplo,
la libertad y la igualdad como principios cardinales del Estado constitu-
cional, democrático y de derecho.18

18
La discusión acerca de la «democracia liberal» puede verse preferentemente en los
siguientes trabajos: Giovanni Sartori (1989:444-479) y Javier Ruipérez (2008:41-50). 57
Miguel González Madrid

V. La constitución como norma fundamental

La obra del célebre jurista austriaco Hans Kelsen formalizó, sin duda, la
concepción de la constitución como norma fundamental, colocada por eso en
la cúspide de la pirámide que representa el orden normativo. Con ello, la
llamada Escuela de Viena, a la que perteneció, pronto dejaría su lugar a la que
con mérito se ha llamado «Escuela de Kelsen», integrada con nuevas concep-
ciones –primero– sobre la democracia y –luego– sobre el orden normativo,
mismas que se complementarían con una concepción acerca de la justicia en
la década de los cincuenta del siglo pasado.19
En general, hay coincidencia en la consideración de que su Teoría pura
del derecho representa su obra cumbre en la que propone que el Derecho
tiene como objeto una ciencia jurídica específica, a la vez separada del
iusnaturalismo y de la moral. De manera que el fundamento –y la vali-
dez– de una norma se encuentran en otra norma de mayor jerarquía, de
manera que la constitución es la norma primigenia20 y suprema en el orden
nacional y, en ese carácter, carece de positividad.21 Para Kelsen, según Ri-

19
La obra principal de Hans Kelsen se publicó en el siguiente orden: 1920, El
problema de la soberanía y la teoría del derecho internacional; 1920 y 1921, De la esencia y
valor de la democracia; 1925, Teoría general del Estado; 1935, Teoría pura del derecho; 1950,
El derecho de las Naciones Unidas, y 1952, Principios de derecho internacional.
20
Es posible que de la consideración de la Constitución como norma primigenia
se haya derivado la distinción entre normas primarias y normas secundarias, atribuida
originalmente a Herbert Hart, quien además propone que la Constitución es, en
sentido estricto, una «norma de competencia», no una norma de conducta (que, por
ende, señala algún tipo de sanción). Al respecto, véase la excelente «geografía de las
normas de competencia», de Alberto Calsamiglia (1994:747-767), que remite a los
diversos pensadores que han tratado el tema, desde Kelsen hasta Herbert L. A. Hart.
21
El escrito de María Fernanda Velasco Enríquez (<mafevel@hotmail.com>),
publicado en <http://www.monografias.com/trabajos12/consti/consti.shtml> (fecha
de realización, 4 de diciembre de 2002), resume correctamente, por cierto, los dos
sentidos de Constitución según Kelsen, el lógico-jurídico y el jurídico-positivo. Otros
autores (por ejemplo, Miguel Carbonell y Enrique Uribe Arzate) han derivado
otra tipología que permite distinguir entre la «supremacía» y la «fundamentalidad»
constitucional. En sentido lógico-jurídico, la Constitución es norma fundamental, o
«hipótesis básica», una «norma supuesta», y su creación, por ende, no depende de un
procedimiento jurídico preestablecido, de modo que no es una norma positiva. En
sentido jurídico-positivo, da fundamentalidad al orden jurídico; es decir, como «norma
puesta» da validez al conjunto de normas jurídicas. Véase al respecto Enrique Uribe
58 Arzate (2006:71-87).
El significado de Constitución

cardo Guastini (2006:203), «la norma fundamental (nf ) es una norma


no positiva, no puesta, sino presupuesta por la ciencia jurídica». Así,
mientras la constitución se concibe como norma fundamental y fuente
del derecho, la formalización del Estado y el Derecho –en medio del
auge positivista de la década de los veinte– logra abrir una nueva brecha
a la investigación jurídica, que en la actualidad se mantiene productiva, a
pesar de los diversos debates provocados por el neoconstitucionalismo, el
realismo jurídico, la teoría jurídica tridimensional y las nuevas vertientes
del iusnaturalismo (por medio de la doctrina de los derechos humanos).22
No obstante la trascendencia del concepto de Constitución como
norma fundamental y de validación del orden jurídico, hay que señalar
también la consideración kelseniana del derecho internacional como fun-
damentación normativa de carácter general. Valiéndonos de una referencia
especializada que Yolanda Frías (1986:70) hace de la obra de Kelsen,
conviene rescatar la idea que el jurista austriaco manifestó –en Principios
de derecho internacional)–sobre una fundamentación que rebasa el orden
jurídico nacional a partir de dos consideraciones:

• Las normas fundamentales de los órdenes jurídicos nacionales son


básicas relativamente, puesto que «están determinadas por una
norma de Derecho Internacional General que es el principio de
efectividad».
• El derecho internacional «constituye la base del orden jurídico
nacional».

VI. La constitución como control del poder político

Al constitucionalista español Manuel Aragón Reyes se debe la insistencia


en la tesis de que no basta con que el poder del Estado esté limitado, sino
que además debe estar controlado. Y me parece que es esta la dirección en
que puede prosperar una argumentación principialista que considere la
constitución a la vez en su sentido más abstracto de supremacía norma-
tiva y de fundamentalidad del orden jurídico y en su sentido concreto
22
Una evaluación –entre muchas– de la obra de Kelsen, que, sin embargo, señala
un alcance mesurado de la «ciencia jurídica kelseniana» (dicho así en coherencia con
una frase que el mismo jurista austriaco empleó en su autobiografía), es la de Efrén
Vázquez (1999:85). 59
Miguel González Madrid

o material como ordenamiento del modo de ser y de querer ser de una


sociedad (a pesar de su estructuración desigual y combinada, así como
del conflicto de valores que suele caracterizarla; véase, al respecto, Aragón
Reyes, 2002:81 y ss.).
Una breve recapitulación nos permite incluso aportar un mínimo
de razonabilidad en esa última aseveración: aun en su carácter abstracto
basado en principios que trascienden las particularidades generacionales
e informan su supremacía (cfr. Kelsen), una Constitución siempre ha
de ser aplicable a problemas concretos (cfr. Lassalle) que conciernen a
una sociedad específica (cfr. Aristóteles) y eficaz en su finalidad de evitar
el abuso de poder por la vía de una concatenación de principios (cfr.
liberalismo político).
Como hemos señalado, desde la Carta Magna de 1215 se sienta el
precedente de un principio general de limitación del poder político. Sin
duda, esto configurará una defensa cardinal de las libertades individua-
les. Pero los derechos y las libertades fundamentales que se encuentran
establecidos –otorgados o, a veces, reconocidos– en las Constituciones
modernas junto a una serie de principios limitadores del poder político
(división de poderes, periodicidad del ejercicio de los cargos de elección
popular, etc.), pueden convertirse en simples «derechos de papel» si,
como dice José Martínez de Pisón (2001), se carece de efectivas garantías
para su protección. Ello puede ser así si, en primer lugar, la constitución
no previene un sistema de controles políticos y jurisdiccionales y, en
segundo lugar, éste no funciona de manera efectiva.

VII. La Constitución como núcleo de principios

Ahora bien, un concepto principialista de constitución, para ser com-


prensivo del alcance de su eficacia en sus distintas dimensiones (nor-
mativa, valorativa y social), no puede omitir las referencias a las otras
concepciones, puesto que éstas han logrado apuntar aspectos que son
denotativos de la pretensión de una sociedad de regirse por un tipo de
normas básicas o superiores y generales. Sin embargo, el núcleo de la
Constitución ahora se encuentra en los valores y principios que configuran
las aspiraciones legítimas de una colectividad.

60
El significado de Constitución

Consecuentemente, desde esta perspectiva, siempre es necesario re-


pasar las otras concepciones –y aun las tipologías que proponen23– y
subrayar que el carácter abstracto y fundante de la Constitución connota
determinaciones principialistas que permiten, por tanto, una legitima-
ción precisa de los medios para su aplicación y defensa en la totalidad
del orden jurídico. Así, es posible pensar la Constitución ya no sólo como
limitación normativa del poder (desde un punto de vista lógico-jurídico
y jurídico-positivo, según Kelsen), sino además como un conjunto de
principios que configuran derechos y obligaciones, que consecuentemente dan
sustento a un sistema de instrumentos de control permanente de los sujetos
responsables (política o jurisdiccionalmente) de los órganos por medio de los
cuales funciona el poder del Estado.
Se desprende de lo anterior que el apartado orgánico constitucional
siempre estará acotado por la fuerza que esos principios logren imprimir
a los derechos (apartado dogmático) y por la finalidad última de realiza-
ción de éstos en un marco democrático. Los llamados «mínimos consti-
tucionales» aparecen así proyectados ya no sólo como normas supremas,
sino además como un sistema de garantías de orden político y jurisdiccional
que tiene por finalidad dar efectividad a los derechos fundamentales corre-
lacionados con un dimensionamiento más preciso de las responsabilidades
públicas con un contenido democrático.
Una concepción de Constitución como sistema de controles del poder,
en definitiva, no puede mantenerse por cuerda separada de una concep-
ción principialista. Ambas coronan, a final de cuentas, el esfuerzo por
arraigar tanto el significado lógico-jurídico (de supremacía normativa)
como el significado jurídico-positivo (de validación normativa) de la
Constitución. De cualquier manera, el Estado constitucional no debe
ser entendido en el sentido único de principios jurídicos que rigen la or-
ganización del poder y la realización procedimental de derechos. En los
términos planteados por Manuel Aragón Reyes (2002:11 a 29 y 105), es
pertinente subrayar que, en efecto, la democracia informa constitucional-
mente un conjunto de principios sin los cuales el orden jurídico carecería de
contenido o legitimidad (propulsora de fines plausibles) que, a su vez, es
condición imprescindible de su autovalidación (su realización o vigencia)
«en la vida del ordenamiento y de las instituciones».

23
A propósito, un buen trabajo didáctico –aunque breve– que esquematiza las distintas
concepciones de constitución y sus tipologías corresponde a Ermo Quisbert (2007). 61
Miguel González Madrid

V I I I . El aporte neoconstitucionalista y el desacuerdo entre


principialismo y garantismo

Luis Prieto Sanchís ha sugerido, a diferencia de Ferrajoli, incluir en el


neoconstitucionalismo a las dos tradiciones constitucionalistas contem-
poráneas que han contribuido a una concepción de los derechos funda-
mentales-y-humanos como prioridad de la sociedad y del Estado. El ar-
gumento de Ferrajoli para caracterizar el neoconstitucionalismo como un
enfoque que tiende a desprender principios jurídicos más allá de la norma
constitucional, al echar mano de criterios morales, aparece más como una
forma de defensa del garantismo como fase superior del iuspositivismo y
enfatiza en la obligación del Estado para instaurar un sistema de justicia
constitucional, lo cual da la impresión de que la idea actual de constitu-
cionalización de los derechos se centra únicamente en la organización y
operación del aparato estatal-nacional. Así, para Ferrajoli, el principia-
lismo carecería de elementos comunes frente al garantismo, sobre todo
cuando desde aquella trinchera se aducen juicios morales.24 Pero Prieto
Sanchís (2011:231 y 232) quiere ser mediador de un modo que, al mismo
tiempo que relativice los postulados principialistas, rompa también con la
distinción rígida de Ferrajoli afectada por la confesión de parte de éste de
sostener «una concepción del constitucionalismo estrictamente ‘iusposi-
tivista’», puesto que, como bien recuerda Prieto Sanchís, el iuspositivismo
ha estado casado con el postulado de que el Derecho «depende de ciertos
hechos y no de juicios morales».

[…] he propuesto cuatro rasgos o criterios fundamentales sin cuya


concurrencia seguramente no hubieran podido concebirse (o lo hu-

24
La opinión de Luigi Ferrajoli (2011a:23) ante el neoconstitucionalismo
principialista y argumentativo es que éste proviene de una «clara matriz anglosajona; se
caracteriza, por un lado, por el ataque al positivismo jurídico y a la tesis de la separación
entre Derecho y moral; luego, por la tesis de que los derechos constitucionalmente
establecidos no son reglas, sino, antes bien, principios en virtual conflicto y, por ello
mismo, objeto de ponderación y no de subsunción; y, en fin, por la consiguiente
concepción del Derecho como una «práctica social» confiada, sobre todo, a la actividad
de los jueces». Así, según Luis Prieto Sanchís (2011:242), «las divergencias giran de nuevo
en torno al ya comentado problema de la objetividad, en especial de la objetividad de
los principios morales incorporados a la constitución y de la forma de argumentar a
62 partir de los mismos».
El significado de Constitución

bieran hecho de otra manera) los distintos (neo)constitucionalismos,


principialistas o garantistas, a saber: el reconocimiento de la fuerza
normativa de la Constitución como ley suprema, la incorporación a
la misma de un denso contenido material o sustantivo, en particular
de derechos fundamentales, la garantía judicial y la rigidez frente a
la reforma. […] Pero, a mi juicio, las cuatro características indicadas
representan el presupuesto común a toda concepción (neo)cons-
titucionalista, tanto principialista, argumentativa o iusnaturalista,
como positivista y garantista. Las diferencias entre esas concepciones
responden entonces al distinto modo de interpretar el alcance o la
importancia de tales características.

En esa perspectiva mediadora, Prieto Sanchís (2011:238) propone modu-


lar la fuerza de la ponderación en la justiciabilidad de derechos si ésta se
entendiera más bien como una subsunción «en el ámbito de aplicación
de dos normas que suministran razones contradictorias», del mismo
modo que, por efecto, si la ponderación reformulada así no dependie-
ra regularmente de principios (razonabilidad y proporcionalidad), que
facilitan la discrecionalidad, el cálculo atrevido o la sobreinterpretación
de los jueces, sino que dependiera sistemáticamente de las reglas estable-
cidas, es decir, de la norma fundamental y de las normas ordinarias con
arreglo a ella. Así las cosas, para Prieto Sanchís (2011:240), mientras el
principialismo extrapola el litigio entre derechos a un nivel de conflicto,
Ferrajoli (garantista) prefiere abordarlo como en una perspectiva ordi-
naria de violaciones normativas.
La proclamación del constitucionalismo garantista se resume en unas
cuantas líneas de un texto de Luigi Ferrajoli (2011:24), como una con-
fesión que pretende provocar una firme convicción en la centralidad
de la norma fundamental y, por tanto, en la constitucionalización de la
democracia, no hay más:

La concepción del constitucionalismo que he llamado «iuspositi-


vista» o «garantista», es opuesta. El constitucionalismo rígido, tal
como he escrito en varias ocasiones, no es una superación, sino que
es, antes bien, un reforzamiento del positivismo jurídico, que se
amplía a las opciones –los derechos fundamentales estipulados en
las normas constitucionales– a las que debe someterse la producción
del derecho positivo. Es el fruto de un cambio de paradigma del 63
Miguel González Madrid

viejo iuspositivismo, producido por el sometimiento de la produc-


ción normativa a normas de derecho positivo no sólo formales, sino
también sustanciales.

El lugar que ocupan los derechos de todos (los derechos fundamentales)25


en el pensamiento de Ferrajoli está acotado estrictamente a la Constitu-
ción rígida, y los principios que están alojados en ella solamente existen
como formas de una razón que trasciende en el deber ser y se afirma en un
debido proceso de producción normativa previsto constitucionalmente
(Ferrajoli, 2011a:25). El neoconstitucionalismo garantista connota así un
proyecto normativo delimitado a la Constitución como objetivación de
la validez de todo el orden jurídico. De manera que

[…] el constitucionalismo garantista se concibe como un nuevo pa-


radigma iuspositivista del Derecho y de la democracia, que –en cuan-
to positivamente normativo en relación con la misma normación
positiva, y en cuanto sistema de límites y vínculos sustanciales rela-
tivo al «qué», junto a los formales relativos al «quién» y al «cómo» de
las decisiones– integra el viejo modelo paleo-iuspositivista. Gracias a
él, los principios ético-políticos mediante los que se expresaban los
viejos «derechos naturales» han sido positivados, convirtiéndose en
principios jurídicos vinculantes para todos los titulares de funciones
normativas […] (Ferrajoli, 2011a:27).

No obstante que Luigi Ferrajoli (por ejemplo, 2006:30-32) ha aborda-


do limitadamente el fenómeno de la internacionalización del Derecho,
Rodolfo Moreno Cruz (2007:836 y 837) destaca que en su obra hay una
negación hacia la posibilidad de un gobierno mundial, toda vez que éste
«ubica en una cúspide el mandato y no necesariamente legítimo y pro-
tector de los derechos fundamentales y de las garantías». La alternativa a
la internacionalización o globalización del Derecho estaría puesta así en
la democratización de los órganos de poder supraestatales y, sobre todo,

25
De acuerdo con Rodolfo Moreno Cruz (:831), falta año «ese ‘todos’ tiene
los derechos de la personalidad, y el ‘sólo’ es el conjunto –de ciudadanos– que
tienen los derechos de ciudadanía. Si no eres ciudadano, formas parte del ‘todos’ y
consecuentemente tienes un derecho de la personalidad. En cambio, si eres ciudadano,
posees derechos de la personalidad y además dispones de los derechos de la ciudadanía».
64 Véase, además, Ferrajoli, 2001:287 a 293.
El significado de Constitución

«en su función de garantía de la paz y de los derechos fundamentales de


los hombres y los pueblos» (Ferrajoli, citado por Moreno Cruz 2007).
A pesar de que Ferrajoli admite la internacionalización del Derecho, es
claro que únicamente admite la formación democrática de órganos su-
praestatales (Naciones Unidas, una Corte internacional, etcétera) orien-
tados a establecer garantías que satisfagan las declaraciones sustanciales,
por lo que así se concretaría «un modelo constitucional internacional
sustentado en los principios de la democracia sustancial y de la demo-
cracia política» (Moreno Cruz, 2007:841).
Hoy día, el derecho internacional ha logrado incidir visiblemente la
protección de los derechos fundamentales y humanos, pues ha provo-
cado la apertura progresiva de los sistemas jurídicos nacionales en las
democracias plenas y aun en las democracias imperfectas (o en vías de
consolidación). En ese tenor, la constitucionalización de los derechos
ha implicado que las constituciones se configuren con flexibilidad y
con cierto grado de apertura al derecho que emana de los instrumentos
internacionales, de la doctrina constitucionalista y aún de las sentencias y
la jurisprudencia de las cortes internacionales. En esto parecen converger
los enfoques neoconstitucionalistas principialista y garantista. De modo
que el carácter invasivo de las constituciones en relación con el conjunto
del orden normativo, que ha postulado el neoconstitucionalismo princi-
pialista, parecería ser también una conclusión del garantismo puesto al
día de la internacionalización de los derechos fundamentales.

IX. A manera de conclusión

Riccardo Guastini (2003:29 a 45) ha señalado diversos significados y


matices del término «Constitución» utilizado en el lenguaje jurídico y
aun político, y he citado arriba a Marco Gerardo Monroy Cabra (2005:13
a 18) a propósito del uso del término en sentido político desde las an-
tiguas Grecia y Roma, hasta la Edad Media, cuando las constituciones
conservaron su significado como marco para la organización del poder
político en correlación con los asuntos públicos (la res pública) y, pos-
teriormente, incorporaron disposiciones pactadas con el poder regio o

65
Miguel González Madrid

principesco para el mantenimiento de privilegios de tipo estamental.26


La Carta Magna Libertatum (Carta de Libertades) de 1215, en Inglaterra,
inauguró la época del constitucionalismo medieval y fue antecedente in-
mediato de diversas cartas de derechos27 que condujeron progresivamen-
te a la instauración de un sistema de límites del poder político del cual
la monarquía fue su figura central. Así, el constitucionalismo moderno
toma del constitucionalismo medieval la idea de «Constitución» como
límite al poder político y como ley fundamental o norma fundamental
para regir un orden jurídico nacional-estatal.
Desde un punto de vista racional-normativo, el constitucionalismo
moderno configuró la Constitución como la norma fundamental (norma
normarum o, como en Alemania, grundgesetz), como un auténtico siste-
ma normativo que se impone a las demás normas del orden jurídico y,
por tanto, le otorga primacía (Mora-Donatto, 2002:18 y 37). Sin duda,
la tradición constitucionalista estadounidense, a partir de la sentencia
emitida por el juez John Marshall al caso Marbury vs. Madison en 1803,
y la tradición austriaca generada por el pensamiento de Hans Kelsen,
en 1820, consolidaron el concepto de Constitución como Ley Suprema
o Ley Fundamental, cúspide de todo el sistema normativo y, a la vez,
parámetro de producción y de validez de las normas inferiores. Pero lo
más importante que heredaron estas tradiciones fue la idea de que no era
suficiente la limitación del poder político a través de una serie de principios

26
«En la Edad Media se usó el término constitución para referirse a la legislación
del príncipe. Como España, Francia e Inglaterra fueron reinos de ciudades, el término
constitución se utiliza como instrumento de carácter legislativo por medio del cual se
daban franquicias o privilegios a los individuos de una comunidad política –burgos,
villas o ciudades–. Las constituciones [leyes fundamentales del reino] se entendieron
como pacto y por éste se define el estado jurídico de una colectividad, de un territorio,
de una ciudad» (Monroy Cabra, 2005:17).
27
Cartas de derechos en Inglaterra posteriores a la Carta Magna de 1215: las
Provisiones de Oxford (1258), una serie de documentos considerados como primera
Constitución escrita en la historia de los ingleses, presentada a Enrique iii para que
éste reconociera una nueva forma de gobierno (colegiada), con poder concentrado en
quince miembros; la Petición de Derechos (1628), protectora de derechos personales y
patrimoniales; la Carta de Hábeas Corpus (1679, con antecedentes en 1305, bajo Eduardo i
de Inglaterra, y en la Ley Inglesa de 1640), que prohíbe las detenciones sin orden
judicial, y la Bill of Rights (1689), que consagra los derechos y las libertades consignados
66 en cartas precedentes.
El significado de Constitución

para conferir poder a órganos del Estado y para garantizar derechos, sino
que también era conveniente controlar el poder del Estado.
La tradición estadounidense de la Judicial Review, en un esquema de
control constitucional difuso y concreto de las leyes, y la tradición aus-
triaca del control concentrado y abstracto de leyes mediante un órgano
especializado, se convirtieron así en piedras angulares de los actuales
sistemas de control constitucional de leyes. Como bien señala María
Virginia Andrade (2003), al iniciar el siglo xix, la Suprema Corte de los
Estados Unidos fue considerada «un refugio para aquellos hombres que
querían retirarse» de la función judicial y «se mantenían al margen de la
labor activa del gobierno [de los otros órganos de poder]». Sin embargo,
el juez Marshall, con ese caso, pudo actualizar con precisión la naturaleza
jurisprudencial inglesa y, con ello, abrir un lugar a las consideraciones
de los jueces para resolver casos difíciles de vinculación constitucional.28
Indubitablemente, hoy día el trabajo de los jueces da un toque especial
y preponderante al constitucionalismo, sea en el enfoque principialista o
bien en el garantista, de modo que la ineludible protección de derechos
se orienta inexcusablemente a confirmar el poder de la autoridad de
control jurisdiccional –razonablemente discrecional y provista de bue-
nos argumentos–, o la finalidad garantista a través del debido proceso
constitucional (véase Gumerato Ramos, 2012; Rea Lozano, 2013; García
Melgarejo, 2015), incluso a veces las dos cosas en situaciones excepcio-
nales (Escobar Paraguay, 2012).
El constitucionalismo contemporáneo, posterior a la Segunda Guerra
Mundial, corresponde propiamente al Estado constitucional de derecho
al que se refiere Luigi Ferrajoli (2002), en oposición al Estado legislativo

28
Al referirse a la naturaleza del Derecho inglés y estadounidense, Roland Séroussi
(1998:7 a 10) dice que esta vertiente del Derecho, extendida a través del sistema de
Common Law, diferente del Derecho continental europeo o románico-germánico (Civil
Law), está basado en dos grandes principios: el de razonabilidad (reasonableness) y el de
equidad (equity) como proporcionalidad, y en el recurso de los precedentes judiciales
a fin de dar fuerza argumentativa, oportunidad y agilidad a las resoluciones judiciales.
Aunque esto contrasta visiblemente con el principio de «buena fe» heredado por el
derecho romano, en el Derecho estadounidense se han incorporado ambos principios
(De la Rosa, 2012:492). Además, sobre el principio de razonabilidad en el Derecho
estadounidense y la versión del principio de proporcionalidad en el Derecho alemán,
véase José Ignacio Martínez y Francisco Zúñiga Urbina (2011). Sobre los principios
de razonabilidad y proporcionalidad aplicados en el Derecho español, Roca Trías y
Ahumada Ruiz (2013). 67
Miguel González Madrid

de derecho. Así, puede hablarse estrictamente de la constitucionalización


del Derecho y de los derechos, y consecuentemente de la aparición del
Derecho como «sistema de garantías» (Ferrajoli dixit, 2006:15 y ss). En
efecto, esta etapa es la que Ferrajoli ha preferido para hablar de la ga-
rantía de los derechos fundamentales, incluso en sede supraestatal. Este
acotamiento es descrito por Robert Alexy (2003:28) del siguiente modo:

Una teoría de los derechos fundamentales de la Ley Fundamental es


una teoría de determinados derechos fundamentales positivamente
válidos. Esto la distingue de las teorías de los derechos fundamentales
que han tenido vigencia en el pasado (teorías histórico-jurídicas)
como así también de las teorías sobre los derechos fundamentales en
general (teorías teórico-jurídicas) y de teorías sobre derechos funda-
mentales que no son los de la Ley Fundamental […].

En esta serie de aseveraciones conclusivas es evidente que, en pri-


mer lugar, los derechos de las personas (y los ciudadanos) han pasado a
ocupar un lugar preponderante en las constituciones, como su apartado
dogmático, pues trascienden otras formas de limitación del poder políti-
co; en segundo lugar, la Constitución es Ley Fundamental en tanto que
funda todo el orden jurídico, le da sentido a los contenidos normativos
y proyecta su razón de ser como condensación de los derechos conside-
rados como finalidad del Estado constitucional; y, en tercer lugar, sin
embargo, los derechos de las personas no se agotan en las constituciones
de los Estados nacionales, sino que encuentran su trascendencia, incluso
como derechos-principios en sí mismos y, por tanto, como «mandatos
de optimización» (Alexy dixit, 2003), según ha destacado el enfoque
neoconstitucionalista principialista desarrollado desde el último cuarto
del siglo xx29 por Paolo Comanducci, Susanna Pozzolo, Gustavo Za-
grebelsky y Luis Prieto Sanchís, entre otros, inspirados en una serie de
consideraciones no positivistas o abiertamente antipositivistas de Ronald
Dworkin y Robert Alexy (véanse al respecto Comanducci, 2003; Car-
bonell, 2010; Pozzolo, 2010; Lopera Mesa, 2004). Así, la Constitución

29
De acuerdo con Mauricio Barberis (2003), el neoconstitucionalismo habría
aparecido en los años setenta cuando Ronald Dworkin lanzó un duro ataque al
positivismo jurídico, y de paso al utilitarismo. Véase la serie de trabajos de Dworkin,
compilados en su libro Los derechos en serio, publicado en inglés en 1977; la obra aquí
68 utilizada corresponde a Editorial Planeta-De Agostini, 1993.
El significado de Constitución

proclama y enumera diversos derechos y libertades, pero también esta-


blece variados mecanismos o medios para su control, de tal modo que
el sistema de justicia constitucional sea eficaz para garatizarlos.
En la actualidad, la preocupación porque la sociedad esté regida por
un Derecho superior –un Derecho principialista o garantista intensa y
extensivamente constitucionalizado– ya no señala sólo la dimensión de
la forma y organización del gobierno. Ello podía ser así en la antigüedad
porque el colectivo de ciudadanos era el gobierno mismo o, por lo menos,
no erigía un gobierno de representantes, sino de simples delegados o comi-
sionados cuyo periodo de ejercicio era breve y su nombramiento podía ser
revocado, además de la sujeción de los ciudadanos a la aplastante decisión
mayoritaria.30
Desde la modernidad, puesto que los gobernantes parecen separarse
de los gobernados, y a fin de prevenir que los detentadores de poder no
ataquen el orden jurídico-político o no lo contravengan, ese Derecho
superior, condensado en la Constitución, adquiere su fuerza a través de
una concatenación de cláusulas y principios generales que designan: (a)
la forma de gobierno y su organización, pero también sus límites; (b) los
derechos fundamentales como prioridad del orden jurídico, pero también
sus límites (Brage Camazano, 2004:445; Tórtora Aravena, 2010; Prieto
Sanchís, 2000), determinados en virtud de la prevención de consecuen-
cias negativas por su ejercicio concreto individual o colectivo en un con-
texto específico, de la posibilidad de manifestación abierta de conflictos
entre derechos por aplicación normativa, de la forma de su enunciación
constitucional o de la diferenciación entre el ámbito de vida pública y
el ámbito de vida privada, y (c) una serie de límites enunciados bajo la
forma de principios constitucionales y competencias distribuidas entre los ór-
ganos de poder que, sin embargo, tienden a ser completados por una serie

30
Los antiguos ciudadanos atenienses que, por ejemplo, desobedecían o contrariaban
las decisiones de la Asamblea, sea por una sobreposición de sus preferencias privadas, por
un abierto desafío a la mayoría en el momento de las votaciones o por severas críticas a las
instituciones, eran obligados a desistirse o corregir y, de no ser así, prácticamente sellaban
su destino: muerte «voluntaria» (recuérdese el juicio a Sócrates), ejecuciones sumarias,
recibir un trato de indiferencia, incautación de propiedades, pérdida de derecho al voto,
exilio forzoso («ostracismo»; recuérdese el primer caso del general Temístocles en el año
471 a.C., o el del filósofo Anaxágoras, durante el periodo de Pericles, que se libró de la
muerte y fue condenado al exilio). Por cierto, todo ello fue tema de la llamada tragedia
griega y se puede consultar en diversas fuentes. 69
Miguel González Madrid

de controles instaurados también constitucionalmente y que son visibles


cotidianamente en el entramado de tribunales principalmente de orden
jurisdiccional.

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Frames del discurso público
en la arena política del 68
Public discourse frames in 68´s political arena

Chihu Amparán Aquiles

RESUMEN
El objetivo es describir y analizar el discurso público de los actores
involucrados en la coyuntura del movimiento del 68. Con este pro-
pósito, analizo las estrategias discursivas empleadas por los principales
actores involucrados: el movimiento estudiantil, la prensa y las au-
toridades (gobernantes, policía y ejército). En ese escenario político,
el discurso del movimiento estudiantil gira en torno al marco de las
libertades democráticas, mientras que el discurso de la prensa y las
autoridades gira en torno al marco de la conjura comunista.
Palabras clave: Análisis de los marcos, discurso político, protesta
social, marco de las libertades democráticas, marco de la conjura
comunista.

ABSTRACT
The aim of this paper is to describe and analyze the public discourse
utilized by the actors involved in 68 movement´s juncture. I carried
out the analysis of the discourse strategies used by the main actors
involved: student movement, press and authorities (governors, police
and army). In this political scenario, discourse student movement
focus on democratic liberties frame, meanwhile press and authorities
discourse focus on communist conspiracy frame.
Keywords: Frame analysis, political discourse, social protest, demo-
POLIS. México 2018, vol. 14, núm. 1, pp. 81-105

cratic liberties frame, communist conspiracy frame.

Recibido el 30 de enero de 2017


y aprobado el 30 de junio de 2017
Chihu Amparán Aquiles

Introducción

El discurso público constituye un proceso interactivo en el que los mo-


vimientos sociales, medios, partidos, gobernantes y aparatos de Estado
(militares y policía), se enfrentan en el espacio público con la intención
de legitimar sus discursos sobre la protesta y el orden público. Con el
objeto de analizar el discurso público generado en el movimiento del 68,
me sitúo desde la perspectiva del análisis de los marcos (frame analysis).
Un marco (frame) es una imagen mental y textual que se encuentra en la
base de todo proceso comunicativo. En el discurso público, la acción de
enmarcar o construir marcos significa seleccionar determinados aspectos
de la realidad percibida en un texto y con este propósito promover una
definición del protagonista, del antagonista, del problema y recomendar
remedios para la solución de éste. La construcción de marcos forma parte
de las estrategias discursivas de aquellos que participan en el discurso públi-
co. Un marco maestro, o marco dominante, desempeña la misma función
que un marco interpretativo de un movimiento particular. La diferencia
consiste en que el primero desempeña esa función a una escala más grande
y en relación con varios movimientos. Un ejemplo lo constituye el marco
de los derechos en los Estados Unidos de América en donde los derechos
se convirtieron en la meta de varios movimientos: los feministas, los am-
bientalistas, los homosexuales, los discapacitados, los ancianos, los niños.
Un marco maestro, o marco dominante, está vinculado con un ciclo de
protesta, concepto que se refiere a los patrones de elevación y caída
de los movimientos sociales, así como la tendencia de los movimientos
a generar otros movimientos en olas de actividad o en estado latente.
Se trata de una fase de intensificación de los conflictos marcada por la
rápida difusión de la protesta de los sectores con mayor nivel de parti-
cipación a los menos movilizados, un ritmo de innovación acelerado en
los repertorios de confrontación, una combinación de movilización orga-
nizada y no organizada, así como secuencias de interacción intensificada
entre protestantes y la autoridad que pueden terminar en la reforma, la
represión o la revolución. En el discurso público en la coyuntura política
del movimiento del 68 aparece, por una parte, el marco de las libertades
democráticas del movimiento estudiantil y los sectores populares, y de
la otra, el marco de la conjura comunista utilizado por la prensa, las auto-
ridades, la policía y los militares.
82
Frames del discurso público en la arena política del 68

El discurso político

El discurso político es el discurso producido en la escena política, en el


interior de los aparatos donde se desarrolla explícitamente el juego del
poder: el discurso presidencial, ministerial o parlamentario, el discurso
electoral, el de los partidos políticos, el discurso de la prensa política
especializada, el discurso emitido en ciertos momentos por los medios
de comunicación y, en algunos casos, el discurso de la magistratura, el
del ejército y el de la policía. Para Giménez (1989), el discurso político
es un discurso argumentado que aparece como un tejido de tesis, argu-
mentos y pruebas, con el objeto de presentar de manera esquemática y
teatral el ser y deber ser de la política ante una audiencia (este discurso
argumentativo no está dirigido a convencer al adversario, sino a reco-
nocer y confirmar a los aliados y atraer a los indecisos; en esta confron-
tación ideológica, el discurso cumple la función de reconocimiento,
la identificación que permite a quienes defienden los mismos valores
reconocerse como miembros de un mismo grupo). El discurso político
es polémico; en él se argumenta no lo que el actor protagonista es, sino
lo que los actores antagonistas son y no son (se trata de un discurso que
define al antagonista, lo ataca y lo desenmascara). El discurso político es
estratégico, orientado a enmascarar las contradicciones, un discurso que
pone en juego una estrategia retórica en la medida en que seleccionan y
ordenan ciertas operaciones semánticas en función de objetivos estraté-
gicos. El discurso político es performativo; quien lo emite no se limita a
informar o transmitir una convicción, sino que produce un acto, expresa
públicamente un compromiso y asume una posición.
Desde la perspectiva del framing, defino el discurso político como
un conjunto de textos emitidos en una coyuntura política particular, en
relación con un problema en el interior de un campo de identidad. Las
unidades de análisis son los textos producidos por los actores. Por textos,
en este caso, se entiende la manifestación concreta del discurso, aquellos
actos de lenguaje (un discurso oral o escrito) que poseen un comienzo y
un final fácilmente identificable: libros, artículos, folletos, documentos,
discursos, entrevistas, comentarios de radio y televisión (Donati, 1992).
Un texto generalmente se encuentra impreso. Pero si escuchamos a un
orador, también nos encontramos ante la expresión de un texto oral.
También materiales visuales como fotografías, pinturas, películas y pro-
gramas de televisión son formas alternativas de textos. Los textos nos 83
Chihu Amparán Aquiles

permiten construir cómo los individuos ven los acontecimientos, a ellos


mismos, a otros y al mundo en general. Cuando hablamos de la lectura
de un texto, nos estamos refiriendo a que un lector es capaz de deducir
lo que un autor escribió descifrando los símbolos escritos en las páginas
del libro. Leer un libro significa crear significado de los símbolos que
encontramos en el texto. Mientras que los símbolos se encuentran en
el texto, los significados no. Ellos se encuentran en la lectura del texto.
Por ello, no se puede hablar de encontrar el verdadero significado de un
texto. Por el contrario, de lo que podemos hablar es de hablar que hemos
construido un significado fuerte o bueno del texto. En este sentido, es
necesario buscar los elementos presentes en el texto. Un elemento central
es el argumento. Todo argumento se compone de una demanda (que es
sobre lo que el autor intenta convencernos) y evidencias para comprobar
esa demanda. De acuerdo con esta propuesta metodológica de análisis
del discurso, el análisis de coyuntura es el estudio de una arena política
en donde hay un problema, un actor protagonista, un actor antagonista
y una audiencia. El escenario es la arena política, el lugar concreto en
donde cobran vida las controversias y los conflictos políticos.
La definición de un problema como una injusticia es el paso más
importante para movilizar y atraer las simpatías de la audiencia. Esa
movilización puede ser más efectiva si se definen además los agentes
causales de ese problema. Un marco (frame) es un esquema interpretativo
que estructura el significado de la realidad. Un marco interpretativo de
política es un principio de organización que transforma la información
fragmentaria o casual en un problema político estructurado y signifi-
cativo en el que se incluye, implícita o explícitamente, una solución.
Los marcos de política no son simples descripciones de la realidad, sino
construcciones o representaciones específicas que dan significado a di-
cha realidad y estructuran la comprensión de la misma. El análisis de
marcos es el estudio de los marcos interpretativos de política como se
utilizan en la (re)construcción y negociación de la realidad por los actores
sociales y políticos en sus respectivos discursos. El método de marcos
interpretativos de las políticas trata de identificar los marcos dominantes
en conflicto entre sí en el discurso de los actores, marcos que se constru-
yen para dar sentido a diferentes situaciones y acontecimientos, atribuir
culpas o causalidad y sugerir líneas de actuación. Un marco interpre-
tativo de política se encuentra integrado por una representación de un
84 diagnóstico (algún hecho de la vida que se considera problemático y que
Frames del discurso público en la arena política del 68

necesita de cambios), la representación de un pronóstico (se propone


una solución al problema que indica qué es lo que se debe hacer) y una
llamada a la acción (que fundamenta las razones para involucrarse en la
acción correctiva).
En relación con el campo de identidad, se pueden distinguir tres
conjuntos de identidades o campos de identidad: los protagonistas, los
antagonistas y las audiencias. Los individuos y colectividades defini-
dos como protagonistas son aquellos que simpatizan con los valores,
creencias, metas y prácticas del movimiento, o bien porque resulten
beneficiados por él. Se llama campo de identidad protagonista a la cons-
telación de atribuciones de identidad de individuos o colectividades
consideradas como simpatizantes del movimiento. Estas atribuciones
incluyen la personificación de los rasgos más positivos del movimiento
en individuos particulares (héroes y heroínas), así como la utilización
de marcadores colectivos de identidad que definen los rasgos del sector
de población representado por el movimiento social. Los antagonistas
son las personas o colectividades opuestas a los valores, creencias, metas
y prácticas del movimiento, o que pueden ser dañadas por la acción del
movimiento. El campo de identidad antagonista se constituye por las
constelaciones de atribuciones de identidad de los individuos o colec-
tividades considerados como oponentes del movimiento social. Entre
los actores considerados como antagonistas podemos encontrar insti-
tuciones hostiles, enemigos públicos. Los activistas de los movimientos
sociales construyen identidades antagonistas al identificar y definir a los
individuos, colectividades, creencias, valores y prácticas opuestos a las
causas de los protagonistas. Al igual que en el caso de los actores prota-
gonistas, esas atribuciones consisten en juicios acerca de la conciencia
y el carácter moral de los antagonistas. Los campos de identidad de la
audiencia son constelaciones de atribuciones de identidad de los indi-
viduos y colectividades consideradas como observadores neutrales o no
comprometidos en el contexto de la acción colectiva, pero que pueden
reaccionar favorablemente al discurso del movimiento social. El enmar-
cado de la audiencia es importante para los activistas del movimiento,
porque a través de él pueden identificar qué tipo de marcos pueden ser
más resonantes para los grupos sociales que puedan unirse como aliados
potenciales.

85
Chihu Amparán Aquiles

Los marcos de la acción colectiva

El surgimiento de un movimiento social indica la existencia de un gru-


po de actores que ha logrado formar una identidad y una solidaridad
colectivas que le permiten movilizarse en respuesta a un conflicto de-
terminado. En la base de ese conflicto, los movimientos sociales cobran
vida dentro de un proceso de definición y comunicación al intercambiar
sus concepciones sobre el poder con sus adversarios. Mediante el pro-
ceso de enmarcado (framing process), los movimientos sociales tratan de
construir un discurso coherente que permita definir los problemas por
los que luchan, las causas que los originaron y las soluciones y estrate-
gias adecuadas para enfrentarlos. El proceso de enmarcado no incluye
únicamente las acciones discursivas de los propios movimientos, sino
también las de sus oponentes, las de las instituciones políticas y las de
las instancias de producción simbólica dominantes en una sociedad.
Estas instituciones realizan un contraenmarcado que pretende minar
la legitimación del significado que el movimiento social atribuye a sus
diagnósticos, estrategias y propuestas de solución.
Uno de los pioneros en el análisis de los marcos en los movimientos
sociales es Gamson (1992) para quien un marco posee una función mo-
vilizadora si logra construir tres dimensiones: (1) definir las raíces y la
solución del problema de manera colectiva y no de manera individual;
(2) definir una injusticia que puede remediarse a través de la acción
colectiva; (3) definir la postura de los antagonistas: nosotros y ellos. La
primera dimensión es la de la agencia que se refiere a la conciencia de
que es posible cambiar la realidad mediante la acción colectiva. Hacen
ver a la gente su posibilidad de ser agentes activos de su propia historia.
La segunda dimensión es la de la injusticia, que se refiere a la indignación
moral expresada como la conciencia política en relación con algo injus-
to. La tercera dimensión es la de la identidad, que se refiere al proceso
clasificador que define el nosotros frente a los otros que tienen diferentes
ideas y valores. Se trata de un proceso que identifica al adversario como
blanco concreto. La primera condición indispensable de las actividades
de enmarcado de todo movimiento social es la construcción de un marco
de agencia. Los marcos interpretativos para la acción colectiva implican
un sentimiento de eficacia colectiva y la negación de la inmutabilidad de
alguna situación indeseable. Asimismo, definen a la gente como agentes
86 potenciales de su historia. Lo que en este contexto se denomina agencia
Frames del discurso público en la arena política del 68

se refiere a la conciencia de que es posible alterar las condiciones o las


políticas con la acción colectiva. Y esta idea de la agencia encuentra
sus orígenes en la teoría de la acción social. Esta teoría ocupa un lugar
preponderante en la teoría sociológica porque sus distintas variantes
apuntan a resolver una dicotomía: aquella formada por la pareja determi-
nismo y libertad. De manera que esta teoría responde a la interrogante:
¿se halla la acción social determinada por los contextos estructurales en
los cuales se encuentran instituciones, estructuras o condiciones econó-
micas? O bien: ¿la acción social es el efecto de una intencionalidad, de
una voluntad libre, de una conciencia racional que establece sus fines y
manipula sus medios? La teoría de la acción presente en el interaccionis-
mo simbólico presenta tres elementos básicos: el actor (que es la unidad
actuante), la situación (donde actúa el actor) y, finalmente, un elemento
mediador que vincula al actor con la situación: la interpretación de la
situación. La interpretación se da mediante una secuencia de tres pasos:
(1) el actor identifica aquellos objetos con los cuales la acción identifica
los objetos presentes en la situación; (2) el actor evalúa esos objetos, y (3)
el actor toma una decisión sobre la base de esa evaluación. La segunda
condición de las actividades de enmarcado de todo movimiento social es
la construcción de un marco de injusticia. Todo movimiento importante
se apoya y promueve en algún tipo de revisión normativa. La forma más
importante de revisión normativa que pueden traer consigo los movi-
mientos sociales consiste en la producción de nuevos sentidos de lo que
es justo e injusto en una sociedad. El sentido de injusticia no equivale
a la concepción de un problema y los intentos por solucionarlo. Más
bien, el sentido de injusticia se relaciona con el modo en que un proble-
ma es percibido. De manera general, se puede decir que un problema
social puede percibirse ya sea como un infortunio o como un estado de
injusticia. Es claro que no es el contenido mismo del problema lo que
determina una u otra percepción. La diferencia entre infortunio e injus-
ticia estriba, en cierto modo, en una forma de concebir al actor mismo
y a sus relaciones con las autoridades. Así, por ejemplo, la concepción
de un problema como infortunio produce una relación específica entre
las víctimas del problema y los centros de autoridad en la sociedad que
se concreta en el mecanismo de la petición: una petición consiste en el
pedido de ayuda hacia los centros que poseen el poder social, quedando
en manos de éstos la posibilidad de otorgarla o no y, por tanto, ello supo-
ne que las víctimas no tienen una concepción activa de sí mismas, pues 87
Chihu Amparán Aquiles

consideran que son las instituciones las únicas que pueden solucionar los
problemas. En cambio, la percepción de un problema como injusticia
hace que las relaciones entre las víctimas y las autoridades estén mediadas
por la demanda: una demanda es una petición, pero acerca de la cual
las víctimas se aseguran (mediante su movilización) que será satisfecha;
en este caso, las víctimas del problema se perciben a sí mismas como
agentes activos que tienen en sus manos, por lo menos en cierta medi-
da, la solución del problema. La tercera condición de las actividades de
enmarcado de todo movimiento social es la construcción de identidades.
En los procesos de enmarcado los miembros de las organizaciones de los
movimientos sociales ofrecen afirmaciones acerca de los actores relevan-
tes en el contexto de la acción colectiva. Los procesos de enmarcado y
de construcción de identidades constituyen esfuerzos realizados con la
finalidad de interpretar y de operar dentro de arenas de acción colectiva
en donde el movimiento adquiere sentido para los participantes, una vez
que la situación ha quedado enmarcada y se han atribuido identidades a
los individuos y a las colectividades. Los enmarcados de fronteras toman
típicamente la forma de distinciones entre nosotros y ellos. Mediante
una serie de marcadores de discurso, se les recuerda a los miembros del
movimiento social lo que los diferencia de los no miembros. Una forma
de hacer esta distinción es distinguir entre aquellos que están verdade-
ramente comprometidos en la acción colectiva y aquellos que no son
capaces de hacer los sacrificios implicados en el compromiso. Los marcos
de fronteras están condicionados por las interpretaciones que realizan
los activistas acerca de la historia tanto mundial como local de los movi-
mientos y de las organizaciones. En esta medida, una de las funciones de
los marcos de frontera es embellecer y reconstituir los aspectos relevantes
del pasado del movimiento social. Una estrategia común es la de vincular
el movimiento con algún gran momento anterior (que llega a adquirir
cualidades míticas o proféticas).
Con la finalidad de analizar el discurso, es necesario construir un corpus
significativo (exhaustivo), representativo y homogéneo. En este caso,
he consultado textos seminales o representativos del movimiento,1 ta-
les como los principales desplegados del Consejo Nacional de Huelga

1
Un movimiento social es el conjunto de acciones colectivas que tienen cierto
grado de organización y fluyen por fuera de los canales institucionales con el objetivo
88 de promover un cambio en la sociedad (Snow y Trom, 2002).
Frames del discurso público en la arena política del 68

(cnh).2 En la prensa he revisado los principales periódicos de esa época


que dieron sus versiones de los hechos, así como las declaraciones de
los principales miembros del gobierno, de la policía y el ejército. Por
último, he leído entrevistas de los principales líderes del movimiento, así
como de personajes políticos importantes en ese momento. Es necesario
destacar que la selección del corpus se hizo en función de momentos
cruciales y coyunturas. El proceso político que describo y analizo com-
prende el ciclo del movimiento que va del 22 de julio, cuando se da la
riña entre estudiantes, al 4 de diciembre de 1968, con el regreso a clases
y la desaparición del cnh. De acuerdo con las crónicas, establezco tres
fases que vivió el movimiento. La primera es la fase del estallido de la
protesta y abarca los días que van del 22 de julio hasta el 7 de agosto; en
esta fase tienen lugar la pelea entre estudiantes, el enfrentamiento de los
estudiantes con los granaderos, la represión de los granaderos y militares
a los estudiantes y la primera manifestación multitudinaria que encabeza
el rector Javier Barros Sierra. La segunda fase comprende los días del 8
de agosto al 17 de septiembre; en esta fase nace el cnh y estalla la huelga
nacional; además, se organizan tres manifestaciones que agrupan varios
cientos de miles y tienen lugar el 13 de agosto, el 27 de agosto y el 13 de
septiembre, día de la manifestación del silencio. La tercera y última fase
abarca del 18 de septiembre al 4 de diciembre; en ella tienen lugar varios
acontecimientos: la ocupación de Ciudad Universitaria por el ejército
el 18 de septiembre, la matanza del 2 de octubre en Tlatelolco, la vuelta
a clases el 4 de diciembre y la desaparición del cnh.

El estallido de la protesta

El movimiento del 68 surge como consecuencia de una pelea en la plaza


de La Ciudadela entre estudiantes de la Vocacional 2 del Instituto Po-
litécnico Nacional (ipn) y la preparatoria particular Isaac Ochotorena,
incorporada a la Universidad Nacional Autónoma de México (unam).
Al día siguiente, los estudiantes se volvieron a enfrentar y fueron in-
terceptados por dos batallones del cuerpo de granaderos y perseguidos
hasta el interior de la Vocacional donde alumnos y maestros fueron

2
Los desplegados, publicados en los periódicos El Día y Excélsior se encuentran en
el libro de Ramón Ramírez (1969). 89
Chihu Amparán Aquiles

golpeados. El 26 de julio, los enfrentamientos continúan cuando los


granaderos atacan a estudiantes que venían de dos manifestaciones. Una,
que conmemoraba el aniversario del ataque de Fidel Castro en 1954 al
Cuartel Moncada y, otra, que protestaba por la agresión de la policía
a los alumnos de la Vocacional 2 y los estudiantes de la preparatoria.
Los granaderos terminan por sitiar las preparatorias 2 y 3 ubicadas en
el centro de la ciudad. Esa noche, elementos de la Dirección Federal de
Seguridad y del Servicio Secreto irrumpen en las oficinas del Partido
Comunista y los talleres de su periódico La Voz de México, deteniendo
a varios trabajadores y periodistas.
Al día siguiente, aparecen por primera vez los marcos de los antago-
nistas en el discurso público de la prensa que se refiere a los disturbios
como el resultado de una conjura comunista. El periódico El Universal
señala como culpables a los agitadores de varias organizaciones: del Parti-
do Comunista de México, de la Central Nacional de Estudiantes Demo-
cráticos de la Línea Trotskista, del Movimiento de Liberación Nacional,
del Movimiento 26 de Julio y de las células pertenecientes a la Juventud
Comunista ubicadas en el ipn, de Ciencias Políticas y de Economía de
la unam. De acuerdo con esta versión, se trataba de núcleos estudianti-
les dirigidos por miembros de las células comunistas que se unieron al
contingente de grupos castristas que habían marchado desde la fuente
del Salto del Agua hasta el Palacio de Bellas Artes. Asimismo, el diario
indicaba que ahí se encontraban muchas mujeres y varios hombres de
definido físico cubano portando banderas castristas, lanzando mueras
al gobierno de México, insultos a la policía y vivas a Demetrio Vallejo,
Dionisio Encina y Valentín Campa. Al mencionar que frente al Palacio
de Bellas Artes se improvisaron mítines relámpago, el periódico ase-
guró que «Varios oradores pidieron armas y la organización de grupos
políticos y guerrillas en cada calle, en cada esquina.»3 Por parte de las
autoridades, el general Luis Cueto Ramírez, jefe de la Policía Preventiva
del Distrito Federal, en una conferencia de prensa declaraba: «Hemos
dejado a los estudiantes en libertad de que hagan lo que están haciendo
para demostrar a la opinión pública y a ellos que la policía no está en
plan de agresión».4 En esa conferencia, advirtió que la policía cuenta
3
Antonio Lara Barragán. «El foco de la agitación». El Universal, México, 27 de
julio de 1968.
4
Juan Jaime Larios. «La policía no está en plan de agresión. Cueto». El Universal,
90 México 28 de julio de 1968.
Frames del discurso público en la arena política del 68

con recursos que no ha implementado y que si bien ha actuado con


prudencia «esa prudencia tiene su límite.» Asimismo, dio a conocer los
nombres de varios detenidos y calificó los acontecimientos como «un
movimiento subversivo» que tiende a crear un ambiente de hostilidad
para el gobierno y el país en vísperas de los Juegos de la xix Olimpiada.5
La protesta continuó en forma violenta y los estudiantes ocuparon las
preparatorias 1, 2 y 3 de la unam, secuestraron camiones para construir
barricadas y los incendiaron. La madrugada del 30 de julio fuerzas del
ejército, con tanques, toman por asalto las escuelas y con una bazuca
derriban la puerta de la preparatoria San Ildefonso; hay versiones de
que varios estudiantes habían fallecido durante esa acción (Zermeño,
1978:13). En un artículo intitulado «Desde hace 39 años intervienen
comunistas en la Universidad. Experiencia en escándalos estudiantiles,»
un articulista de El Heraldo de México escribía: «Todo comenzó por una
batalla entre los jovencitos de una Vocacional y una Preparatoria [...]
extraña coincidencia de que se trataba de un 26 de julio (aniversario
del movimiento castrista) se cometieron desmanes en personas y pro-
piedades que degeneraron en actos de vandalismo.»6 Al día siguiente,
en Ciudad Universitaria, el rector Javier Barros Sierra izó la bandera
nacional a media asta en señal de luto. El 1 de agosto encabezó una
manifestación con un contingente de 100 000 personas que salieron de
Ciudad Universitaria.
Ese día, el presidente Gustavo Díaz Ordaz, en un discurso pronun-
ciado en Guadalajara, ofreció una «mano tendida» a quien quisiera estre-
charla.7 Los estudiantes le respondieron escribiendo en los muros: «Que
le hagan la prueba de la parafina a la mano tendida» (Krauze, 1999:73).
En esta fase, aparecen los marcos de pronóstico que guiarán al mo-
vimiento. El 4 de agosto el movimiento estudiantil elabora el pliego

5
«76 agitadores rojos que instigaron los disturbios estudiantiles están detenidos.
Algunos de ellos son extranjeros; exhorto de Cueto a padres de familia». Guillermo
Estrada Unda, Novedades, 28 de julio de 1968.
6
A. Barrios Gómez. El Heraldo de México, 31 de julio de 1968.
7
«…Yo quiero escoger esta tierra para dirigirme a la nación entera, para convertirla
brevemente en una tribuna nacional frente a los deplorables acontecimientos de los
últimos días en la capital de la República.
91
Chihu Amparán Aquiles

petitorio de seis puntos.8 Dos de las demandas del movimiento del 68


revelaban la situación que se vivía en ese momento. Libertad para los
presos políticos y la derogación del artículo 1459 y 145 bis del Código
Penal federal (artículo que consignaba el delito de disolución social y
atentaba contra las garantías y derechos individuales y sociales, libertad
de expresión, de pensamiento, de reunión, de huelga, de asociación).

No quiero decir que a nadie le han dolido más que a mí, porque nunca he preten-
dido ser el primero en nada ni significarme frente a todos quienes son mis iguales, pero
estoy entre los mexicanos a quienes más les haya herido y lacerado la pérdida transitoria
de la tranquilidad en la capital de nuestro país por algaradas en el fondo sin importan-
cia […] Una mano está tendida: es la mano de un hombre que a través de la pequeña
historia de su vida ha demostrado que sabe ser leal. Los mexicanos dirán si esa mano
se queda tendida en el aire o bien esa mano, de acuerdo con la tradición del mexicano,
con la verdadera tradición del verdadero, del genuino, del auténtico mexicano, se vea
acompañada por millones de manos que, entre todos, quieren restablecer la paz y la
tranquilidad de las conciencias.» «Hay una Mano Tendida, la de un Hombre que ha
Demostrado que Sabe ser Leal: Díaz Ordaz.» El Día, 2 de agosto de 1968.
8
(1) Libertad a los presos políticos. (2) Destitución de los generales Luis Cueto y
Raúl Mendiolea, así como también el teniente coronel Armando Frías. (3) Extinción de
Cuerpos de Granaderos, instrumento directo en la represión y no-creación de cuerpos
semejantes. (4) Derogación del artículo 145 y 145 bis del Código Penal federal (delito
de disolución social) instrumentos jurídicos de la agresión. (5) La indemnización a las
familias de los muertos y a los heridos que fueron víctimas de la agresión el viernes 26
de julio en adelante. (6) Deslindamiento de responsabilidades de los actos de represión
y vandalismo por parte de las autoridades a través de la policía, granaderos y ejército.
Desplegado publicado por la Comisión Organizadora de la manifestación del 5 de
agosto, El Día, 4 de agosto de 1968.
9
«Artículo 145. Se aplicará prisión, de dos a doce años y multa de mil a diez mil
pesos, al extranjero o nacional mexicano que, en forma hablada o escrita o por cualquier
otro medio realice propaganda política entre extranjeros o entre nacionales mexicanos,
difundiendo ideas, programas o normas de acción de cualquier gobierno extranjero o
perturben el orden público o afecten la soberanía del Estado mexicano.
Se perturba el orden público cuando los actos determinados en el párrafo anterior
tiendan a producir rebelión sedición armada o mitin.
Se afecta la soberanía nacional cuando dichos actos pueden poner en peligro la
integridad territorial de la república, obstaculicen el funcionamiento de sus institu-
ciones legítimas o propaguen el desacato por parte de los nacionales mexicanos a sus
92 deberes cívicos.»
Frames del discurso público en la arena política del 68

Esquema 1. Enmarcado del discurso del Consejo Nacional de Huelga

• Libertad presos políticos


• Destitución generales: Cueto Ramírez,
Mendiolea y teniente coronel Frías
• Extinción cuerpo de granaderos
• Derogación de artículos 145 y 145 bis del
Código Penal
• Indemnización a familias de muertos y
heridos en agresión desde el 26 de julio
• Deslindamiento de responsabilidades de actos
de represión y vandalismo
• La fuerza pública
(granaderos, ejército)
• Presidente
DIAGNÓSTICO (gobierno federal)
• Prensa nacional

ANTAGONISTA

PROTAGONISTA

AUDIENCIA
Consejo Nacional de
Huelga (cnh)

• Pueblo de México
PRONÓSTICO • Estudiantes
• Padres de familia
• Obreros
Violación a la autonomía universitaria • Campesinos
Violencia en general que realiza el • Prensa internacional
gobierno sobre los estudiantes • Organizaciones populares
• Profesores
Negación al diálogo público de • Intelectuales
parte del gobierno

93
Chihu Amparán Aquiles

El principal protagonista del movimiento del 68 es el cnh, que nace el


8 de agosto de 1968 con integrantes de escuelas de la unam, del ipn, las
normales, El Colegio de México, Escuela de Agricultura de Chapingo,
la Universidad Iberoamericana, la Universidad La Salle y las universida-
des de provincia. El ala izquierda del cnh la constituía un estudiantado
de grupos trotskistas, maoístas, de la Liga Comunista Espartaco y que
estudiaban en unas cuantas escuelas y facultades de la unam: Ciencias
Políticas, Filosofía, Economía, Arquitectura, Psicología, Prepa 1, Prepa
6, Prepa 8. Del Politécnico: Ciencias Físico-Matemáticas, la Vocacional
7, Economía. Y por otro lado, Chapingo y la Normal Superior. En opi-
nión del rector Javier Barros Sierra, se dio una unificación, muy poco
frecuente, de diversos grupos de la izquierda que constituyó una fuer-
za muy importante dentro del cnh. Pero fue también importante una
fuerza centrista de afiliación cercana al pri, de la cual formaron parte
líderes estudiantiles del Politécnico y de la Universidad, que ocupaban
previamente en el movimiento puestos de dirección y que no quisieron
perderlos, sino participar en el cnh, no asumiendo las posiciones más
radicales. Ellos no estaban enmascarados; simplemente trataron de con-
servar sus sitios, como en efecto lo lograron (García Cantú, 1993).
En la primera fase del movimiento, resulta sorprendente la rapidez
con que la protesta se transformó en un movimiento social dotado de
una organización centralizada.10 En el curso de dos semanas, del 26 de
julio al 8 de agosto cuando se forma el Consejo Nacional de Huelga
(cnh), la protesta se da un programa y una dirección colectiva formada
por 210 alumnos, tres por cada una de las setenta escuelas o facultades.
En el mitin del 5 de agosto, en el Casco de Santo Tomás, se emplaza al
gobierno a responder en 72 horas a las demandas contenidas en el pliego
petitorio de seis puntos, o en su caso estallaría la huelga nacional. La
espontaneidad con la que estalla la protesta, la consolidación de una
dirección colectiva centralizada, su rápida difusión a escala nacional y
el estallido de la huelga nacional, obedecen a dos causas. La primera
se encuentra determinada por la estructura de oportunidades políti-
cas. Este concepto describe las fuerzas políticas formales e informales

10
En el cnh participaban alumnos de la Universidad Nacional Autónoma de Mé-
xico, con aproximadamente 90 000; del Instituto Politécnico Nacional, con 70 000;
de las Escuelas Normales y de la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo, con
40 000; alumnos del Colegio de México, de la Universidad Iberoamericana, el Colegio
94 La Salle y las universidades de Veracruz, Sinaloa, Puebla y Tabasco.
Frames del discurso público en la arena política del 68

que rodean a un movimiento. Incluye una amplia variedad de facto-


res, desde la naturaleza del Estado a la presencia de grupos de apoyo.
La capacidad represiva del Estado, la apertura a los niveles de acceso
en el sistema político, la cohesión de la élite política, la presencia de
aliados y el tiempo del ciclo de protesta. En ese momento, el sistema
político mexicano se caracterizaba por un centralismo presidencialista,
estructuras corporativas y una gran desigualdad en la distribución de la
riqueza. Y ante los conflictos prefería recurrir al aparato de policía y al
militar, en vez de a la política y la negociación. Es importante destacar
que hay una relación entre la percepción subjetiva y las oportunidades
políticas. De manera que la percepción del cierre de las oportunidades
políticas, tales como actos represivos, generó un movimiento social de
proporciones nacionales. La segunda causa del rápido crecimiento del
movimiento y su transformación en un movimiento popular11 se localiza
en la repercusión social y popular que tuvo la demanda principal del
movimiento en torno a las libertades democráticas. El movimiento surge
por las agresiones que la fuerza pública comete en contra de los planteles
escolares y durante las manifestaciones del 26 de julio, una organizada
por un grupo estudiantil oficial del Instituto Politécnico Nacional y, la
otra, la manifestación que año con año venía efectuándose para celebrar
el aniversario de la Revolución Cubana. Iniciado el movimiento estu-
diantil como una protesta contra los excesos de la fuerza pública, toma
un cariz totalmente diferente y se va canalizando hacia la petición de
medidas que tendían a democratizar la vida pública del país como, por
ejemplo, la derogación del artículo 145 del Código Penal y la libertad de
presos políticos. He aquí que el movimiento, partiendo de una protes-
ta, fue conducido hacia rumbos totalmente distintos. La demanda de
libertades democráticas reclamaba la libre expresión de pensamiento, el
respeto a los derechos de la oposición, la libertad de prensa, garantías y
derechos individuales, el derecho a la organización y a la huelga, el cese
a la persecución política y sindical, la libertad de los presos políticos.12

11
El movimiento tenía varias organizaciones: el Consejo Nacional de Huelga, la
Coalición de Profesores de Enseñanza Media y Superior Pro-Libertades Democráticas,
las asambleas permanentes, los comités de lucha de las diversas facultades y escuelas, los
centros de enseñanza superior y universidades privadas, las brigadas políticas populares,
comités de lucha a nivel de la clase obrera organizada en sindicatos.
12
«Habría que decir que gran parte de la actividad política estudiantil era clandes-
tina. Por ejemplo, en el Politécnico el periódico Vanguardia Revolucionaria se dejaba 95
Chihu Amparán Aquiles

La demanda de libertades democráticas fue ampliamente aceptada como


marco maestro por varios movimientos sociales, el estudiantil, el obrero
y el popular. En este sentido, el discurso del movimiento estudiantil del
68 tuvo una gran resonancia en amplios sectores de población que lo
hicieron suyo, contribuyendo de esta manera a su crecimiento. El marco
de las libertades democráticas predominó en el discurso del movimiento
estudiantil. Como contraparte, las autoridades, los militares, la policía y
la prensa enarbolaron el marco de la conjura comunista.
La huelga, las manifestaciones, los mítines y las brigadas13 de reparto
de la propaganda fueron los repertorios de la acción colectiva que utilizó
el movimiento del 68. Las más importantes manifestaciones fueron tres.
La del 13 de agosto salió del Casco de Santo Tomás y reunió a 150 000
participantes que llegaron al Zócalo. En ella participaron estudiantes
del ipn, de la unam, Chapingo, normales y el público en general; la
Coalición de Maestros encabezó la manifestación que exige la libertad de
Vallejo y de los presos políticos; la principal consigna es «¡Líder honesto
igual a preso político!» El 27 de agosto salió otra del Museo de Antropo-
logía y reunió alrededor de 300 000 participantes; los estudiantes llevan
retratos de Juárez, Villa, Zapata, Hidalgo, el Che Guevara y Vallejo. Una
vez en el Zócalo, los estudiantes permanecieron en la plaza e izaron una
bandera rojinegra a media asta. En la madrugada, los que habían perma-
necido allí fueron desalojados por el ejército. Al día siguiente hubo un
acto de desagravio a la bandera nacional, al que asistieron trabajadores

en los salones a las seis de la mañana, pues si identificaban a los responsables merecían
expulsión automática, golpizas y líos así. Todavía en 1968 las pintas costaban muertos;
la policía balaceaba impunemente y nadie decía nada. Además, existía la práctica de
la detención preventiva; cada 1 de mayo, cada 1 de septiembre se efectuaba una redada
contra gente reconocida de izquierda para asegurar que el acto se desarrollaría sin
problemas; lo mismo cuando vino Kennedy. Eran los años y el paraíso de la censura.
Todavía durante la Olimpiada Cultural, la contribución de México a las Olimpiadas,
la señora Díaz Ordaz mandó ponerles brasieres a las bailarinas del ballet de Nigeria,
pues le parecía obsceno que bailaran con el torso desnudo.» Bellinghausen (1988).
13
«¿Sabes? Las brigadas eran la vida del movimiento. La gente iba a las manifesta-
ciones por las brigadas. ¿Por qué seguía toda la gente a los estudiantes? Por las brigadas,
porque antes habíamos ‘volanteado’ en los camiones, los trolebuses, los mercados, los
grandes almacenes, los talleres, las esquinas en las que hacíamos mítines relámpago y
nos pelábamos hechos la mocha apenas olíamos un granadero […] ¡Jijos, cómo me
acuerdo yo de las brigadas! Salvador Martínez della Rocca, Pino, del Comité de Lucha
96 de la Facultad de Ciencias de la unam. Poniatowska (1971).
Frames del discurso público en la arena política del 68

al servicio del Estado. El 13 de septiembre tiene lugar la «marcha del si-


lencio», que sale del Museo de Antropología rumbo al Zócalo. Fue una
manifestación de más de 250 000 personas, en donde todos marcharon
en silencio para evitar que la policía pusiera como pretexto una provoca-
ción de los estudiantes. Los estudiantes cubrieron la ruta con los brazos
en alto haciendo con los dedos la «V» de la victoria; algunos llevaban
tela adhesiva en la boca simbolizando la consigna que era: «nadie deberá
abrir la boca». En esta manifestación aparece por primera vez el símbolo
del movimiento, que es un círculo con radios de arriba hacia abajo y del
centro hacia la derecha que forman una «L» (Libertades) y la parte de
la circunferencia que corta a ambos forma una «D» (Democráticas). El
campo mayor es de color rojo y el menor es morado con un círculo rojo
en su interior (Cazés, 1993).14 Los símbolos usados por el movimiento
no siempre fueron bien vistos; algunos de ellos sirvieron para confirmar
la falta de nacionalismo por enarbolar personajes y lemas extranjeros. El
movimiento no recurría a la historia nacional porque no la sentía como
suya. No obstante, en la marcha del silencio surgen las figuras de los hé-
roes de la historia mexicana, Hidalgo, Morelos, Zapata y Villa, ninguna
de Ernesto Che Guevara, de Marx o de Mao. El movimiento experimenta
un giro hacia los sentimientos nacionalistas y en las marchas, a través de
las calles de la ciudad, los contingentes pasan frente a los monumentos
nacionales que conmemoran a Juárez y la Independencia nacional: «Ya
no más porras injuriosas, olvídense de los insultos y de la violencia. No
lleven banderas rojas. No carguen pancartas del Che, ¡ni de Mao! ¡Ahora
vamos a llevar la figura de Hidalgo, la de Morelos, la de Zapata, pa’ que
no digan! ¡Son nuestros héroes! ¡Viva Zapata! ¡Viva!»15

La fase final del movimiento

A través de las protestas públicas, los movimientos buscan influir en la


opinión pública. El rasgo característico de las protestas es su capacidad
para movilizar a la opinión pública presionando de esta manera a los

14
El 25 de agosto, durante la celebración del festival popular en la explanada de
Rectoría de la unam, se dio a conocer el ganador del concurso para dar un símbolo
al movimiento. El círculo como figura geométrica expresa la unidad estudiantil y la
unidad nacional en torno a la bandera de las libertades democráticas.
15
Consigna del cnh (Poniatowska, 1971). 97
Chihu Amparán Aquiles

funcionarios a que tomen decisiones a favor del movimiento. Con la


finalidad de intervenir en el proceso de toma de decisiones políticas
del gobierno, la protesta adopta la forma de manifestaciones, mítines y
huelgas. En este sentido, la protesta es una estrategia, no convencional,
es decir, no apegada a los principios de la democracia representativa, se-
gún los cuales la intervención sobre la toma de decisiones debe hacerse,
bien directamente, mediante el uso de la oposición parlamentaria, o bien
indirectamente, mediante el voto de los ciudadanos en las elecciones.
En la medida en que la protesta es un recurso que utilizan los sectores
sociales que tienen menos poder, el éxito de la protesta depende de la
capacidad de poner en movimiento un proceso de persuasión indirecta,
mediado por los medios de comunicación, dirigido a obtener el apoyo
de grupos más poderosos con el fin de conseguir decisiones políticas
favorables a los sectores sociales menos poderosos. Sin embargo, para
lograr el éxito, la protesta debe tener en cuenta la capacidad represiva del
Estado. Hay dos tipos de estrategias que establecen los Estados en rela-
ción con la protesta. Estrategia de exclusión, que se basa en la represión
del conflicto. Los países que aplican esta estrategia tienen un gobierno
ideológicamente homogéneo y conflictos sociales polarizados. Estrategia
de inclusión, que se funda en la cooptación de las demandas emergentes.
Los países que implementan esta estrategia tienen un gobierno ideoló-
gicamente heterogéneo y abierto a los actores externos.
¿Qué factores influyen en la adopción de alguna de estas estrategias?
Uno de estos factores se relaciona con la cultura política y la historia demo-
crática del país. En 1968, el Estado le respondió al movimiento estudiantil
con la estrategia de exclusión.
El 18 de septiembre, a las 10 de la noche, el ejército invade Ciudad
Universitaria. Diez mil soldados comandados por el general Crisóforo
Masón Pineda tienen la misión de capturar a «los agitadores del Comité
de Huelga.» Los oficiales encuentran pintas en puertas y muros con las
siguientes consignas y nombres: «Lucha hasta morir». «Volveré y seré
millones». «Che Guevara». «Únete a la lucha». «Ahora el fusil». «Marx».
«Si la victoria ya está cerca». En un comunicado de prensa, la Secretaría
de Gobernación explica la decisión de intervenir la unam:

Es del dominio general que varios locales escolares […] habían sido
ocupados y usados ilegalmente, desde fines de julio último, por dis-
98 tintas personas, estudiantes o no, para actividades ajenas a los fines
Frames del discurso público en la arena política del 68

académicos [...] Por tanto hubo necesidad de hacer uso de la fuerza


pública para desalojar de los edificios universitarios a las personas que
no tenían derecho a permanecer en ellos [...] así como para restable-
cer la autoridad interna y salvaguardar la autonomía universitaria.16

Al día siguiente, los detenidos por el ejército en Ciudad Universitaria son


trasladados a la cárcel de Lecumberri y a la Procuraduría del Distrito.
El 21 de septiembre, en Zacatenco, continúan los enfrentamientos
entre estudiantes y policías. Alumnos de la Vocacional 7 se preparan
con piedras y bombas molotov en espera de la llegada de los granaderos
a la zona de Tlatelolco. Los estudiantes queman trolebuses, patrullas
e interrumpen el tráfico por San Juan de Letrán. En la tarde llegan
los granaderos a Tlatelolco; los estudiantes, parapetados en los edifi-
cios aledaños, sorprenden a los granaderos arrojándoles piedras, palos y
bombas molotov y los vecinos de Tlatelolco les avientan baldes de agua
caliente. Los siguientes días se suceden enfrentamientos entre la policía,
los granaderos, los militares y los estudiantes. El 1 de octubre el ejército
entrega Ciudad Universitaria. El cnh anuncia la realización de un mitin
el 2 de octubre en la Plaza de la Tres Culturas, y que al terminar saldrá
una manifestación hacia el Casco de Santo Tomás para exigir la salida
del ejército de los planteles del ipn. El 2 de octubre en la tarde inicia en
la Plaza de las Tres Culturas el mitin que esperan cerca de 15 000 perso-
nas, entre ellas estudiantes, electricistas, comerciantes, ferrocarrileros y
periodistas nacionales y extranjeros. Cuando el mitin está por concluir,
se informa a la multitud que se suspende la marcha como medida de
seguridad para evitar posibles enfrentamientos. Se solicita a los asistentes
que se retiren a sus casas en cuanto concluya el acto. En ese momento,
un helicóptero sobrevuela y una luz de bengala aparece en el cielo y
cae lentamente. Al mismo tiempo, otro helicóptero lanza dos luces de
bengala. Inmediatamente se escucha el ruido de carros militares que se
acercan y se estacionan alrededor de la plaza. Los soldados saltan de los
carros con sus ametralladoras y entran a la plaza. En los tejados de los
edificios también se encuentran soldados. La mayoría de los asistentes
asegura que los soldados, sin advertencia ni previo aviso, comenzaron
a disparar. La plaza se convierte en un infierno y la gente corre de un
lado a otro.

16
«El Ejército Ocupó la Ciudad Universitaria». El Día, 19 de septiembre de 1968. 99
Chihu Amparán Aquiles

Al día siguiente, el general Marcelino García Barragán, secretario


de la Defensa Nacional, en una conferencia de prensa declaró ante los
periodistas:

[...] que el ejército había intervenido en Tlatelolco a petición de la


policía y para sofocar un tiroteo entre dos grupos de estudiantes «que
la tropa había sido recibida a balazos por francotiradores y que el
tiroteo duró aproximadamente una hora […] Informó que el ejército
usó en el tiroteo su arma reglamentaria –mosquetón 762– y que los
estudiantes utilizaron metralletas. 17

Por su parte, el Senado expresó su apoyo al presidente de la república.18


El 4 de octubre, en una sesión en la que hubo golpes, en la Cámara
de Diputados se aprobó un documento del pri y del parm que afirmaba
que las medidas tomadas por el gobierno el 2 de octubre en Tlatelolco
correspondían a «la magnitud de los acontecimientos y a la gravedad de
las circunstancias». El documento fue aprobado por mayoría, pese a los
votos en contra de los diputados del pan y del pps.19
El 5 de octubre, el cnh dio una conferencia de prensa en la que
declaró que la matanza de Tlatelolco fue provocada por una de las frac-
ciones gubernamentales en pugna, que valiéndose de grupos armados
ametralló al ejército y al pueblo. Esto originó que la tropa respondiera al
fuego contra los francotiradores y la multitud. Además, aseguraron que

17
«La tropa fue recibida a balazos por francotiradores». El Día, 3 de octubre de 1968.
18
«[…] a pesar de la promesa pública de mantener el orden, se ha advertido la
presencia entre los estudiantes, de elementos profesionales de la agitación, de la pro-
vocación y del motín, cuya influencia, como ha quedado comprobada por los trágicos
resultados de la concentración efectuada ayer en la Plaza de las ‘Tres Culturas’, se
encamina a impedir toda solución satisfactoria a los problemas planteados, ejecutando
actos graves de agresión en contra de la policía y del ejército mexicano, mediante el
empleo de armas modernas de alto poder […] ante lo que se justifica plenamente la
intervención de la fuerza pública para proteger no solamente la vida y la tranquilidad
de las instituciones del país. El Senado de la República considera que la actuación del
Ejecutivo se ha apegado a la Constitución Política del país y a las leyes vigentes, que le
señalan como deber, el mantenimiento de la seguridad interior.» «Expresa el Senado
su Apoyo Unánime al Sr. Presidente», Ramírez Méndez, El Heraldo de México, 4 de
octubre de 1968.
19
«Puñetazos y Silbidos en la Cámara. Apoyo de Diputados a la Actitud Oficial
100 Ante el Conflicto». Novedades, 5 de octubre de 1968.
Frames del discurso público en la arena política del 68

durante la matanza de Tlatelolco ningún estudiante estaba armado. En


cambio, los francotiradores traían una contraseña y pistolas similares.20
El día 9 el cnh acepta la tregua olímpica y se compromete a no realizar
manifestaciones del 12 al 28 de octubre. El sábado 12 se inauguran las
Olimpiadas de México 68 y el 4 de diciembre los estudiantes regresan
a clases.

Consideraciones finales

El movimiento estudiantil del 68 fue un movimiento por la democracia.21


El sistema político se encontraba dominado por el régimen de parti-
do único de Estado con los partidos del pri, el pan, el pps y el parm.
Mientras que en la oposición el Partido Comunista prácticamente se
encontraba satanizado y el resto de la izquierda era reducida a grupos de
marxistas ortodoxos como los maoístas, espartaquistas, trotskistas y gue-
varistas. Una de las demandas centrales del movimiento era la derogación
del artículo 145 del Código Penal que castigaba el delito de «disolución
social» y por el cual habían sido encarcelados Demetrio Vallejo y Valen-
tín Campa, líderes ferrocarrileros; maestros de la sección ix; líderes de
movimientos estudiantiles de Puebla, Michoacán, Guerrero; varios polí-
ticos vinculados con luchas armadas y líderes del movimiento médico. Es
sorprendente la espontaneidad y la rapidez con que el movimiento de 68
se difundió y pasó de una protesta a movilizaciones de cientos de miles
en las calles. El movimiento pasó del estallido de una protesta y rebasó
sus demandas iniciales para proponer un programa de cambios radicales.
Movimientos precedentes como el de la huelga de los ferrocarrileros de
1958 a 1959, el de la huelga de los médicos de 1964 a 1965, proponían
demandas relacionadas a sus intereses económicos de grupo, sectoriales
y profesionales. Los estudiantes de 1968, en cambio, enarbolaron deman-

20
Conferencia de prensa presidida por Gustavo Gordillo, de Economía; César
Tirado, de Ingeniería Química; Marcelino Perelló, de Ciencias; Roberto Escudero, de
Filosofía y Letras; José Nasar, de la Vocacional 7, y Ricardo Parra Montes, de Comer-
cio. «Exhorta a Evitar Todo Tipo de Violencia el Consejo de Huelga». Elías Chávez,
El Universal, 6 de octubre de 1968.
21
«El eje de reflexión sobre el 68 es el tema de la libertad, en los sindicatos, en la
vida política y en los medios de comunicación. 1968 fue el punto álgido de este proceso
de restricciones a la libertad». Gilberto Guevara (González, 2003). 101
Chihu Amparán Aquiles

das que abarcaban un rango mayor de problemas políticos, sociales y


económicos. El cnh se aproximó al estatus de partido político creándole
al sistema político una crisis de legitimidad de enormes dimensiones a
tal punto que la respuesta de la élite gobernante adoptó la forma de una
campaña de deslegitimación y desprestigio del movimiento estudiantil
(Yoram, 1971). En el imaginario político se trató de un proceso de la
conversión del enemigo político en delincuente común (Gilabert, 1991).
El gobierno de Díaz Ordaz no reconoció ni consideró como tales a los
presos políticos, ya que el ministerio público hizo las consignaciones
por los delitos de ataques a las vías generales de comunicación, despojo,
acopio de arma, homicidio, lesiones contra agentes de la autoridad, re-
sistencia de particulares, invitación a la rebelión, asociación delictuosa,
daños en propiedad ajena, robo, falsificación de documentos.
De igual manera, para comprender el movimiento del 68 en México
es necesario ubicarlo en el contexto de una serie de movimientos estu-
diantiles a escala mundial. En el año de 1968 en 18 países22 se dan nume-
rosas manifestaciones estudiantiles. En Francia, las autoridades cierran la
Universidad de Nanterre y La Sorbona. Los estudiantes responden ocu-
pando La Sorbona y el Odeón constituyéndose en asamblea permanente
revolucionaria. El 17 de mayo se declara en París la huelga general, como
protesta contra el gobierno. En Bélgica, en la Universidad de Lovaina,
3000 estudiantes se enfrentan con la policía. Después levantan barricadas
en la Universidad Libre de Bruselas y chocan con la policía en Amberes,
Ostende, Bruselas y Lovaina. En Italia se dan luchas callejeras entre po-
licías y estudiantes en Roma y en Turín. En Londres se da una violenta
manifestación estudiantil en contra de Estados Unidos. En Estados Uni-
dos la Universidad de Berkeley es declarada en estado de desastre civil al
cabo de tres días de disturbios estudiantiles. Como indicaba Marcelino
Perelló (González, 2003), pasaban muchas cosas simultáneamente; en el
contexto internacional, los sesenta fueron la psicodelia, pero sobre todo
tuvieron una faceta política que se puede resumir en el nacimiento del
Tercer Mundo, la irrupción de un nuevo mundo constituido por Asia,
África, Oceanía y América. En América Latina fue la guerrilla, fue el
Che, Marigella en Brasil, los Tupamaros en Uruguay, Marco Antonio

22
España, Bélgica, Argelia, Italia, Inglaterra, Venezuela, Alemania, Colombia, Fran-
cia, Brasil, México, Sudáfrica, Estados Unidos, Uruguay, Japón, India, Checoeslova-
102 quia, Portugal y Egipto.
Frames del discurso público en la arena política del 68

Yon Sosa en Guatemala. En Estados Unidos fue el movimiento negro


de Martin Luther King y el movimiento de Malcolm X y sus «panteras
negras»; todo ello ejerció una gran influencia. Pero en los sesenta también
se produjo un gran movimiento cultural, que abarca la música, el cine
y la literatura latinoamericana. El 68 fue un efecto de los sesenta y los
sesenta fueron un fenómeno mundial.

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105
Demócratas insatisfechos: un estudio
sobre actitudes hacia la democracia
en Córdoba (Argentina)
Dissatisfied democrats: a study of democratic
attitudes in Argentinian citizens

Daniela Alonso, Silvina Brussino, Luciana Civalero1

RESUMEN:
Este trabajo propone un abordaje de las actitudes ciudadanas hacia la democracia y el rol de aspectos psicosociales
en su análisis. De modo específico, se estudiaron las diferencias en las actitudes hacia la democracia respecto a tres
dimensiones relacionadas: preferencia por el régimen político democrático, valoración de la democracia como ideal y
satisfacción con el funcionamiento de la democracia. Además, se analizó la contribución de los valores psicosociales, el
autoposicionamiento ideológico, la tolerancia a la corrupción política, evaluación de los actores políticos, participación
política y aspectos sociodemográficos a la explicación de estas dimensiones de las actitudes hacia la democracia. Para
ello, se tomó una muestra de 252 ciudadanos de Córdoba (AR), de entre 18 y 65 años, a través de un muestro cuotificado
por edad, sexo y nivel socioeconómico. Los datos se recogieron mediante un cuestionario cerrado en formato papel y,
para su análisis, se hicieron pruebas de diferencia de medias y análisis de regresión múltiple. Los resultados permitieron
dar cuenta de que los ciudadanos realizan evaluaciones diferenciales de la democracia como sistema político abstracto
y de su capacidad de brindar resultados deseables. Se discute el rol de las variables estudiadas en las evaluaciones sobre
democracia, destacando la importancia de aspectos ideológicos y normativos.
Palabras clave: Democracia, legitimidad política, valores sociales, corrupción política, cultura política.

ABSTRACT:
This article access citizens’ attitudes towards democracy and the role that psycho-social aspects play on their explana-
tion. Specifically, differences in attitudes towards democracy based on three related dimensions are studied: preference
for a democratic political system, evaluation of democracy as an ideal and satisfaction with the functioning of de-
mocracy. In addition, we address the contribution of psychosocial values, ideology, tolerance of political corruption,
evaluation of political actors, political participation and socio-demographic aspects to the explanation of these three
dimensions of attitudes toward democracy. We selected a sample of 252 citizens of Córdoba (AR), between 18 and 65
years old, through sampling with age, sex and socioeconomic status quotification. Data was collected through the
application of a closed questionnaire and mean difference tests and multiple regression analysis were performed. The
results evidenced that citizens make differential assessments of democracy as an ideal and about its ability to provide
desirable results. The role of the variables studied in relation to the different assessments of democracy is discussed,
highlighting the importance of ideological and normative aspects.
Keywords: Democracy, political legitimacy, social values, political corruption, political culture.

Recibido el 10 de agosto de 2017 y aprobado el 30 de enero de 2018


POLIS. México 2018, vol. 14, núm. 1, pp. 107-133

Daniela Alonso. Licenciada en Psicología y Doctoranda en Psicología (Facultad de


1

Psicología, Universidad Nacional de Córdoba). Miembro Equipo de Psicología Política


del Instituto de Investigaciones Psicológicas (IIPsi - CONICET y UNC). daniela15_ve@
hotmail.com
Silvina Brussino. Doctora en Psicología (Facultad de Psicología, Universidad
Nacional de Córdoba). Directora del Equipo de Psicología Política del Instituto de
Investigaciones Psicológicas (IIPsi - CONICET y UNC). Directora de la Maestría en
Metodología de la Investigación en Ciencias del Comportamiento (UNC).
Luciana Civalero. Licenciada en psicología (Universidad Nacional de Córdoba).
Miembro del Equipo de Psicología Política del Instituto de Investigaciones Psicológicas
(IIPsi - CONICET y UNC). Adscripta a la Cátedra de Psicología Sanitaria (Facultad de
Psicología, UNC).
Daniela Alonso, Silvina Brussino, Luciana Civalero

Introducción

El presente trabajo tiene como objetivo realizar un abordaje psicosocial


de las actitudes de apoyo al sistema político democrático de ciudadanos/
as de la Ciudad de Córdoba (AR). El estudio de la vinculación de la
ciudadanía con el sistema político no sólo atañe a los análisis relativos
a la estabilidad y calidad de las democracias, sino que también puede
comprenderse como un indicador de la cultura política de las naciones
y, además, estas actitudes facilitan la comprensión de comportamientos
sociales y políticos (Somuano Ventura, 2005).
En el contexto regional latinoamericano, el proceso de consolidación
democrática inicia hacia finales de la década de los ochenta, luego de
unos veinte años de alternancia entre democracia y autoritarismo (Alis-
ter Sanhueza, Cea Sánchez & Guerrero Chinga, 2015). Al respecto, la
literatura en el área señalaba el déficit de legitimidad democrática como
una de las bases de esta oscilación y, en función de ello, se esperaba una
nueva ola de autoritarismos unos quince años después (Seligson, 2002).
Sin embargo, la democracia se ha visto fortalecida, contando con aproba-
ción casi unánime de la población y sin signos de debilitamiento, a pesar
de que sus niveles de legitimidad no se han visto particularmente incre-
mentados. De este modo, el apoyo a la democracia se ha generalizado,
trascendiendo fronteras culturales, religiosas y políticas, hasta conver-
tirse casi en el único modelo político apreciado globalmente (Dahlberg,
Linde & Holmberg, 2015; Magalhaes, 2014), pero sin traducirse esto
en satisfacción respecto al funcionamiento real de los regímenes demo-
cráticos actuales. Así, la literatura en el área señala la existencia de altos
porcentajes de ciudadanos que pueden denominarse como «demócratas
insatisfechos» (Dahlberg et al., 2015; Doorenspleet, 2012; Zovatto, 2002),
personas que manifiestan un acuerdo básico con la permanencia de la
democracia, pero no creen que ésta sea eficaz en la resolución de los pro-
blemas de la ciudadanía. Desde la perspectiva de la psicología política,
si bien hay literatura que documenta estos perfiles, los abordajes que lo
hacen empíricamente son relativamente escasos (Dahlberg et al., 2015).
Para el caso de Argentina, según datos de Latinobarómetro de 2015,
mientras que más del 70% de los/as ciudadanos/as prefería la democracia
a cualquier otra forma de gobierno, casi el 50% se encontraba poco o
nada satisfecho con el funcionamiento de la misma.
108
Demócratas insatisfechos

En función de ello, a la hora de indagar acerca de las actitudes hacia


el sistema político democrático consideramos relevante la inclusión de
abordajes complejos, a través de indicadores que trasciendan la mera pre-
ferencia por la democracia. Hoy día, se registra una tradición de estudios,
principalmente aquellos derivados de programas de encuestas globales,
como la World Values Survey, que generan indicadores unidimensionales
en que preguntan directamente si la persona cree que la democracia es
o no el mejor sistema de gobierno. Si bien estas perspectivas tienen gran
desarrollo, planteamos aquí la necesidad de recuperar otras relativamente
más complejas que combinan estos indicadores directos con otros in-
directos. En función de este carácter «indirecto», puede esperarse que
estas últimas generen respuestas relativamente menos cínicas o menos
sesgadas por la deseabilidad social. En consecuencia, adoptaremos aquí
un abordaje de las actitudes hacia la democracia que incluye aspectos
relativos a su funcionamiento y principios básicos y, en función de las
mencionadas tensiones entre éstos, evaluamos si efectivamente hay di-
ferencias en el modo en que las personas valoran los distintos aspectos
del régimen político democrático.
En relación con lo anterior, destacamos que los estudios clásicos sobre
la legitimidad política (i.e. Easton, 1975), sostienen esta diferenciación
en términos de apoyo específico –evaluaciones concretas e inmediatas
respecto a lo que las autoridades políticas hacen y cómo lo hacen– y
apoyo difuso –evaluaciones de los aspectos más básicos del sistema–. Este
último es entendido como una dimensión más propia de la legitimidad
política al dar cuenta de situaciones donde los ciudadanos toleran –y aún
aceptan–, por ejemplo, decisiones políticas a las que se oponen.
Además, según esta distinción, habría fuentes diferentes para los dis-
tintos tipos de apoyo. En el caso del apoyo específico, serían relevantes
las evaluaciones de desempeño y confianza en las autoridades; mien-
tras que, para el caso del apoyo difuso, cobrarían relevancia aspectos
como los procesos de socialización y las propias experiencias. Así, podría
esperarse que las evaluaciones de desempeño y confianza fueran poco
relevantes en el desarrollo de actitudes más generales de apoyo al siste-
ma democrático. Sin embargo, Magalhaes (2014) cuestiona esta idea y
encuentra que la percepción de la efectividad del gobierno se relaciona
con mayores niveles de apoyo a la democracia. En el mismo sentido, en
el contexto de democracias poscomunistas, Linde (2002) encuentra que
las percepciones de justicia y corrupción tienen un fuerte efecto no sólo 109
Daniela Alonso, Silvina Brussino, Luciana Civalero

en el apoyo al desempeño del sistema político (apoyo específico), sino


también a sus principios básicos (apoyo difuso). Además, ambos autores
sostienen que el rol de los aspectos de desempeño sería más relevante en
democracias recientes y en procesos de consolidación democrática. En
consecuencia, se espera que estos aspectos sean particularmente impor-
tantes en las valoraciones de la democracia en Argentina, una democracia
joven que –con sólo 34 años– atraviesa el periodo ininterrumpido más
largo de su historia.
Vinculados al desempeño de los regímenes políticos, la literatura pre-
via señala cómo la corrupción política mina las bases del apoyo al sistema
(Alister Sanhueza et al., 2016), aunque suele no ser consistente respecto
a la magnitud real del impacto sobre su estabilidad y continuidad. Al
respecto, Beramendi y Zubieta (2013) entienden que una percepción
negativa del sistema normativo en un contexto de alta corrupción, even-
tualmente se traduce en una percepción de las instituciones políticas
como arbitrarias y poco creíbles. En este sentido, si bien Moraes, Santos
y da Silva Torrecillas (2014) no encuentran relación entre la percepción
de corrupción y la confianza política, sí lo hacen con la calidad demo-
crática. Sin embargo, Morales Quiroga (2009), a partir de datos del
Latin American Public Opinion Project (lapop) del año 2006, entiende
que no es la percepción de corrupción la que tiene un impacto en la
valoración de la democracia, sino que son las experiencias personales de
corrupción las que impactan negativamente en esta valoración. Por el
contrario, Linde y Erlingsson (2013), en un contexto como el suizo con
niveles de corrupción significativamente menores, encuentran que las
percepciones de corrupción sí constituyen un importante determinante
del apoyo al sistema democrático. Es interesante dar cuenta de que en
contextos menos corruptos sea donde la percepción de corrupción tenga
un impacto negativo mayor.
Sin embargo, en contextos como el argentino –donde la mayoría
de las personas percibe niveles bajos o muy bajos de transparencia en
el gobierno (Corporación Latinobarómetro, 2015)– las mediciones de
percepción de corrupción pueden no arrojar datos significativos dada
su escasa variabilidad. Un abordaje alternativo consiste en medir la tole-
rancia a comportamientos trasgresores. En este sentido, Pozsgai Álvarez
(2014) sostiene que altos niveles de corrupción conducen eventualmente
a mayor tolerancia a la misma y Tverdova (2009; citado en Pozsgai Ál-
110 varez, 2014) entiende que esta tolerancia puede impactar en el apoyo al
Demócratas insatisfechos

sistema político en general y también en la confianza y comportamien-


tos políticos en particular. A nivel empírico, Morris y Klesner (2010)
encuentran en México que aquellos que toleraban más la corrupción la
percibían menos y, además, confiaban más en las instituciones políticas,
lo cual constituiría un hallazgo opuesto a lo esperado teóricamente. En
función de estos antecedentes, se espera que la tolerancia a la corrupción
se vincule con las actitudes hacia la democracia, aunque la evidencia
previa acerca de la dirección de esta relación es contradictoria.
Otra variable relacionada con la legitimidad política es la participa-
ción política, frecuentemente señalada en la literatura como condición
esencial para el funcionamiento de la democracia y la estabilidad social
al promover la eficacia y responsabilidad ciudadanas (Imbrasaité, 2009;
Inglehart, 2003). En este sentido, para la vitalidad del sistema demo-
crático es importante no sólo el resultado de la participación, sino la
experiencia en sí misma.
Desde la perspectiva de la psicología política, tanto la propia defini-
ción de qué actividades se consideran como participación política como
su clasificación tienen un carácter situado (Sorribas & Brussino, 2013) y
variable (Brussino, Imhoff, Rabbia & Paz García, 2013), siendo la dicoto-
mización en modos de participación convencionales y no convencionales
la que cuenta con mayor tradición en el área. Uslaner (2004) encontró
que la participación convencional (en instancias previstas por el sistema
político) reflejaba actitudes de apoyo al sistema, mientras que quienes
participaban en acciones no convencionales (por ejemplo, de protesta)
creían que el sistema político y económico no era eficaz y que participar
en actividades políticas tradicionales no era efectivo. Así, las personas que
participan convencionalmente mostrarían mayores niveles de confianza
en el sistema político, y serían menos propensas a involucrarse en la
política de manera no convencional. Sin embargo, en Córdoba, esta bidi-
mensionalidad no se ha sostenido, encontrándose también dimensiones
mixtas de participación, mejor definidas en función de sus objetivos que
de su carácter convencional o no convencional (Brussino et al., 2013).
No obstante, estos antecedentes apoyan la idea de que, si bien la par-
ticipación es condición necesaria para la visibilización y reconocimiento
de diversas voces e intereses, no toda participación política está motivada
por un apoyo al sistema político ni conduce directamente a actitudes de-
mocráticas. Según Hooge (2003), se requieren otras condiciones vincula-
das al tipo de participación, contexto y aspectos como el nivel educativo. 111
Daniela Alonso, Silvina Brussino, Luciana Civalero

En la misma línea, al examinar la acción colectiva, Sabucedo, Durán,


Alzate & Barreto (2011) destacan la relevancia del tipo de situación que
desencadena la acción y su relación con aspectos emocionales e ideoló-
gicos. Así, si bien se espera un vínculo entre la participación política y
el apoyo al sistema político democrático, éste puede no ser transversal a
todos los tipos de participación política.
Por otra parte, recuperamos aquí algunas variables típicas de estudios
sobre cultura política vinculadas a actitudes hacia el sistema político.
Uno de los aspectos más representativos de estos abordajes es el de los
valores sociales. Al respecto, Pereira, Lima y Camino (2001) entienden
que los valores sustentan las estructuras jurídico-políticas a través de las
cuales se ejerce el poder, al mismo tiempo que las doctrinas políticas son
discursos más sobre valores que sobre hechos. Los valores, entendidos
como una organización duradera de creencias en relación con los modos
de conducta preferibles o estados finales de existencia (Rokeach, 1973),
pueden convertirse en heurísticos, que orientan las acciones, valoraciones
y actitudes sociales (Pereira et al., 2001).
En este estudio seguimos la propuesta teórica de Pereira, Camino y
Bastos da Costa (2004), que articula elementos de la teoría de los tipos
motivacionales de Schwartz (1992) –de corte más individual– y de la
perspectiva sociológica de Inglehart (1997). Estos autores proponen que
los sistemas de valores se anclan en las identidades de los grupos sociales y
en los posicionamientos ideológicos derivados de ellas, expresan conflic-
tos ideológicos en las sociedades y orientan los comportamientos (Pereira
et al., 2004). En este marco, Pereira et al. (2001) examinan la relación
entre los sistemas de valores y las actitudes democráticas, encontrando
que mientras que los valores religiosos se asocian a una actitud negativa
hacia la democracia, los valores posmaterialistas lo hacen positivamente.
Por su parte, Inglehart (2003) destaca también el rol de los valores so-
ciales posmaterialistas en el desarrollo de actitudes democráticas en una
sociedad. Consecuentemente, hipotetizamos una vinculación entre los
valores sociales y apoyo al sistema político democrático, replicando lo
hallado en estos estudios previos.
En relación con lo anterior, diversos estudios señalan la cercanía con-
ceptual entre valores sociales e ideología política. Zubieta, Delfino y Fer-
nández (2007) encontraron que la adscripción a ideologías de izquierda
se asociaba positivamente a valores de auto-trascendencia y apertura al
112 cambio y negativamente a valores de conservación, mientras que la ads-
Demócratas insatisfechos

cripción a la derecha lo hacía positivamente con valores de esta última


dimensión (i.e. tradición, conformidad). En un trabajo más reciente,
Brussino, Sorribas, Rabbia y Imhoff (2013), constatan esta vinculación
en un estudio donde la ideología es definida operativamente (posicio-
namientos respecto a issues de actualidad y política), encontrando, por
ejemplo, que quienes adscribían a ideologías progresistas manifestaban
menor adhesión a valores normativos (religión, obediencia, tradición),
ocurriendo lo inverso entre los conservadores. Estos últimos, además,
manifestaban alta adhesión a valores de la dimensión existencia (estabi-
lidad, supervivencia y salud). Tomados en conjunto, estos antecedentes
permiten postular una relación entre ambos constructos.
Adicionalmente, los desarrollos desde la teoría de justificación de
sistema señalan el rol de la ideología en el sostenimiento de los sistemas
políticos, económicos y sociales. Así, Jost y Hunyady (2005) postulan
el conservadurismo político como una de las ideologías que sirve a la
función de legitimar el orden social existente. En función de esto, po-
dría esperarse una relación positiva entre el conservadurismo político y
la legitimación del sistema político vigente. Sin embargo, Rutto, Russo
y Mosso (2014), sostienen que las actitudes conservadoras/progresistas
refieren principalmente a la esfera económica y social y que, en conse-
cuencia, es esperable que este aspecto de la ideología se relacione con la
justificación del sistema económico y social, pero no con la democracia
en sí misma. En función de este último planteo, no sería esperable que
la ideología política tuviera relación con el apoyo al sistema democrático.
Por otra parte, distintos estudios abordan la relación entre el estatus
del grupo de pertenencia y la tendencia a justificar el statu quo. En este
sentido, algunos antecedentes sostienen que los grupos de mayor estatus
tendrán mayor tendencia a justificar el sistema (Kelemen, Szabó, Més-
zárosa, Lászlób & Forgas, 2014; Rutto, Russo & Mosso, 2014), dado
que esto favorece su posición «privilegiada». La evidencia empírica al
respecto señala que un mayor nivel socioeconómico y mayor cantidad de
años de educación impactan positivamente en las actitudes democráticas
(Alister Sanhueza et al. 2016; Carlin, 2006; Corporación Latinobaróme-
tro, 2013; Doorenspleet, 2012; Linde & Elingsson, 2012). Sin embargo,
otros autores encuentran que son los grupos más desfavorecidos los que
manifiestan una tendencia mayor a la justificación del orden vigente
(Henry & Saul, 2006). Este hallazgo podría justificarse por necesidades
cognitivo-motivacionales, como la reducción de la disonancia cognitiva 113
Daniela Alonso, Silvina Brussino, Luciana Civalero

que implica participar en un sistema personalmente costoso (Jost, Pel-


ham, Sheldon & Sullivan, 2003). Así, las personas más desfavorecidas
por el statu quo serían las que tienen una necesidad mayor de reducir la
disonancia ideológica y, en consecuencia, tendrían una tendencia ma-
yor a justificar los sistemas sociales y sus autoridades. En función de
esta evidencia previa, se considera relevante la inclusión de variables
sociodemográficas que nos permitan dar cuenta del estatus y su rol en
las actitudes hacia el sistema político democrático.
Finalmente, si bien la evidencia previa regional no sugiere vinculación
entre la edad y las actitudes hacia la democracia (i.e, Latinobarómetro,
2013), Seligson (2002) sugiere que los más jóvenes podrían tener actitu-
des más favorables hacia el sistema político debido a su reciente expe-
riencia de socialización política en la educación formal, mientras que las
personas de mayor edad han tenido posibilidad de transitar experiencias
negativas con el mismo.
En conjunto, estos antecedentes nos permitieron dar cuenta de la
relevancia del estudio de las actitudes hacia el sistema político democrá-
tico. Así, se abordan las diferencias en las actitudes ciudadanas hacia la
democracia en relación con tres dimensiones: preferencia por el régimen
político democrático, valoración de la democracia como ideal y satisfac-
ción con el funcionamiento de la democracia. Además, se examina el rol
de las evaluaciones de desempeño de los actores políticos, tolerancia a la
corrupción política, participación política, valores psicosociales, autopo-
sicionamiento ideológico y variables sociodemográficas (sexo, edad, nivel
educativo y nivel socioeconómico) en la predicción de actitudes de apoyo
al sistema político democrático. Si bien el carácter transversal de este
abordaje no nos permite dar cuenta de la evolución de estas relaciones en
el tiempo, ni determinar la dirección causal de algunas de ellas, el diseño
metodológico aplicado, junto con los antecedentes teórico-empíricos en
el campo, permite una aproximación a relaciones de tipo explicativo.
Consecuentemente, teniendo en cuenta los antecedentes teóricos y
empíricos y en función de los objetivos de investigación propuestos, se
plantean las siguientes hipótesis:

H1. Las personas mantendrán distintos niveles de apoyo a la demo-


cracia al ser examinada en sus distintas dimensiones, siendo estos
mayores a la mera preferencia por el régimen democrático y más bajo
114
Demócratas insatisfechos

respecto a la satisfacción con su funcionamiento (Latinobarómetro,


2013, 2015; Zovatto, 2002).

H2. Teniendo en cuenta que la democracia argentina es una demo-


cracia joven, las evaluaciones de desempeño y confianza institucional
se relacionarán no sólo con los aspectos específicos de desempeño del
régimen político, sino también con el apoyo básico al régimen y sus
principios generales (Linde, 2002; Magalhaes, 2014).

H3. La tolerancia a la corrupción se relacionará con las actitudes ha-


cia la democracia, aunque la evidencia previa respecto a la dirección
de esta relación es contradictoria (Linde & Erlingsson, 2013; Moraes,
Santos & da Silva Torrecillas, 2014; Morris & Klesner, 2010; Pozsgai
Álvarez, 2014).

H4. La participación política se vinculará con las actitudes hacia la


democracia y, según los antecedentes, se espera que la relación de-
penda del tipo de participación (Hooge, 2003), siendo las acciones de
tipo más convencional las que predicen mejor las actitudes de apoyo
al sistema político (Uslaner, 2014).

H5. Los valores religiosos se asociarán negativamente con actitudes


favorables hacia la democracia y los valores posmaterialistas lo harán
positivamente (Pereira et al., 2001).

H6. Respecto al autoposicionamiento ideológico, los antecedentes


empíricos no arrojan claridad respecto a su rol en relación con las
actitudes hacia la democracia, de modo que tenemos tres hipótesis
alternativas al respecto:

H6A. En función de su relación con los valores sociales, se espera


que la relación entre el autoposicionamiento y las actitudes hacia la
democracia sea del mismo signo que aquella entre esta última y los
valores psicosociales (Brussino, Sorribas et al., 2013), de modo que
mientras más hacia la izquierda se ubique una persona en el espectro
ideológico mantendrá actitudes más favorables hacia la democracia.

115
Daniela Alonso, Silvina Brussino, Luciana Civalero

H6B. Alternativamente, desde una perspectiva de justificación de


sistema, las personas más conservadoras manifestarán actitudes más
favorables hacia el sistema vigente, a favor del sostenimiento del
status quo (Jost & Hunyady, 2005).

H6C. Finalmente, desde la perspectiva de Rutto et al. (2014), el au-


toposicionamiento no se relacionará con las actitudes hacia el sistema
político democrático.

H7, Respecto al nse, se espera que se relacione con las actitudes hacia
la democracia, aunque los antecedentes son contradictorios respecto
al signo de esta relación sistema (Henry & Saul, 2006; Kelemen
et al., 2014; Rutto et al., 2014).

H8. Un nivel educativo mayor se relacionará con actitudes más fa-


vorables hacia la democracia (Corporación Latinobarómetro, 2013).

Respecto a la edad, lo antecedentes sugieren dos hipótesis alternativas:

H9A. La edad no es un predictor significativo de las actitudes hacia


la democracia (Latinobarómetro, 2013).

H9B. Las personas más jóvenes tendrán actitudes más favorables


hacia la democracia debido a su reciente experiencia de socialización
política en el sistema educativo (Seligson, 2002).

Método y materiales

Participantes: la población en estudio comprendía a ciudadanos/as de


Córdoba de 18 a 65 años. La muestra fue seleccionada a través de un
muestreo no probabilístico ajustado por cuotas de sexo, edad y nivel
socioeconómico (Lohr, 2000). Así, si bien se trató de una muestra no
representativa, se garantizó una distribución similar a la población real
en términos de aspectos sociodemográficos. De cualquier modo, este
tipo de muestreo nos exhorta a mantenernos cautos en la generalización
116 de los resultados a la población. Para la definición de estas cuotas, se
Demócratas insatisfechos

tomaron en cuenta proporciones estimadas por el Instituto Nacional de


Estadística y Censo (indec). Así, quedó conformada por 250 personas,
de las cuales el 49.2% fueron mujeres y cuya media de edad fue de 38.8
años. Respecto a su nivel socioeconómico, el 6.7% pertenecía a un nivel
alto, el 17.1% medio-alto, el 24.2% medio típico, el 27% medio-bajo, el
17.1% a un nivel socioeconómico bajo y el 7.9% marginal.

Instrumentos

Variables sociodemográficas. Para el registro del sexo, edad y nivel


educativo, se construyeron preguntas cerradas de alternativa fija. En
el caso del nivel socioeconómico, se tomó un índice que contempla la
relación entre la cantidad de personas que aportan ingresos al hogar y
miembros del mismo, ocupación (medida de modo abierto y luego reco-
dificada en trabajos no calificados, operativos, técnicos o profesionales),
nivel educativo y cobertura de obra social del principal sostén del hogar
e indicadores de indigencia (Comisión de Enlace Institucional, aam,
saimo, ceim, 2006).

Apoyo al Sistema Político Democrático. A partir de los ítems de la


Word Values Survey que evalúan apoyo al sistema democrático (Magal-
haes, 2014) y de la escala de Actitudes Democráticas desarrollada por
Pereira et al. (2001), se generaron 12 ítems, con formato de respuesta tipo
Likert de 6 puntos. En función de un análisis factorial con el método de
componentes principales (KMO=,80; p≤,001), se obtuvieron tres factores
que explicaron el 61.86% de la varianza: preferencia por un régimen político
democrático (α=,61) que indaga la preferencia por la democracia, a la
vez que el rechazo a otros sistemas políticos; valoración de la democracia
como ideal (α=,85), que evalúa la importancia de los ideales democráti-
cos para el desarrollo y bienestar de la ciudadanía y la satisfacción con el
funcionamiento de la democracia (α=,77), que evalúa la percepción de este
sistema político como uno eficiente para dar respuesta a las necesidades
ciudadanas. Si bien el coeficiente de confiabilidad de la subescala de
preferencia por un régimen político democrático es relativamente bajo,
la literatura en el área considera aceptables niveles de confiabilidad desde
60, siempre que los resultados no sean utilizados para tomar decisiones
sobre la vida de las personas y se considere el contexto de producción
de la escala (Aron & Aron, 2001; Maroco & García-Marques, 2006). 117
Daniela Alonso, Silvina Brussino, Luciana Civalero

Autoposicionamiento ideológico. Evaluada a través de un único ítem


que pide al participante que se posicione en una escala de 7 puntos que
va de totalmente de izquierda a totalmente de derecha en función de su
autopercepción ideológica.

Valores psicosociales. Escala desarrollada por Pereira et al. (2004) en el


contexto brasilero. Se presenta al/la participante una lista de 24 valores
a los debe asignar una puntuación de 1 a 10, según la importancia que le
asigne para la construcción de una sociedad ideal (por ejemplo, autorrea-
lización, libertad, riqueza, placer). Los valores se distribuyeron en cuatro
dimensiones: Materialismo (α =,81), Hedonismo: (α=,81), Posmaterialismo
(α =,79) y Religiosidad (α =,92). Si bien la propuesta de los autores con-
sideraba tres subdimensiones en la escala de valores posmaterialistas, en
este caso confluyeron en una única dimensión más general.

Tolerancia a la corrupción política. Escala de ítems desarrollada


ad hoc que indaga acerca de la tolerancia a hechos de corrupción por
funcionarios (por ejemplo, que un funcionario utilice fondos públicos
para objetivos personales). Para su formulación, se tomaron en cuenta
situaciones analizadas en otros estudios latinoamericanos (Bailey & Pa-
ras, 2006; Rottenbacher & Schmitz, 2012). Las opciones de respuesta van
de 1=mal en todos los casos a 6=bien en todos los casos. El coeficiente de
confiabilidad de esta escala fue de α=,60 y la estructura unidimensional
(KMO=,63; p≤,001) explicó un 45.9% de la varianza. Si bien estos indica-
dores son aceptables, no son óptimos, por lo que los resultados respecto
a esta variable serán interpretados teniendo en cuenta estas limitaciones.

Evaluación de los actores políticos. Confeccionada ad hoc. Consta de


24 afirmaciones con opciones de respuesta en formato tipo Likert de 5
puntos que evalúan la percepción ciudadana respecto al «desempeño de» y
«confianza en» los actores políticos de los tres poderes del Estado nacional
(ejecutivo, legislativo y judicial; por ejemplo, en general, «los legisladores
nacionales toman decisiones apropiadas, pensando en el bien del país»
y «confío en que el Poder Ejecutivo nacional tome decisiones que son
correctas para el país»). Para su confección, se tomaron como referencia
indicadores de estudios regionales (Lodola & Seligson, 2011, 2013; Booth
118 & Seligson, 2005) y se realizaron juicios de expertos y pruebas piloto
Demócratas insatisfechos

previas. La confiabilidad de la escala total fue de α=,91 y la estructura


unidimensional (KMO=,93; p≤,001. 38,6% de varianza explicada).

Participación política. Veintiún ítems que indagan acerca del invo-


lucramiento en acciones y prácticas políticas. La participación en cada
actividad fue ponderada por el nivel de importancia asignado por la
persona en una escala de 1 a 10. En función de un análisis factorial ex-
ploratorio, a través del método de componentes principales con rotación
promax (KMO=,83; p≤,001), se obtuvieron tres dimensiones que explican
el 51.1% de la varianza y que reflejan distintos tipos de participación:
Participación Política Partidaria-Electoral (α=,88), que incluye acciones
como recolección de firmas para avales y asistencia u organización de mí-
tines partidarios; Participación Política de Contacto (α=,82), que agrupa
acciones vinculadas al contacto directo con actores políticos partidarios,
y Participación Política No convencional y de Protesta (α=,75), que implica
acciones de mayor intensidad como escraches, marchas y cortes de calles
o rutas.

Procedimiento

El cuestionario fue administrado en formato papel, de forma individual


y personal por entrevistadores capacitados. Previo a ello, se obtuvo el
consentimiento informado de los/as participantes, garantizando la vo-
luntariedad de la participación, así como el anonimato y la confidencia-
lidad en el tratamiento de los datos.

Análisis de datos

En primera instancia, con el objetivo de conocer las características de


la distribución de los datos, realizamos análisis estadísticos univariados.
Para dar respuesta a nuestro primer objetivo, se realizaron pruebas t para
muestras relacionadas, examinando las diferencias en las puntuaciones
medias de las dimensiones de las actitudes hacia la democracia. Luego,
se hicieron análisis de regresión múltiple utilizando el método de pasos
sucesivos (stepwise) para analizar el aporte de las variables independientes
en estudio a la explicación de las dimensiones de apoyo al sistema polí-
tico democrático. Se escoge este método de estimación porque permite
obtener modelos explicativos más parsimoniosos donde se incluyen sólo 119
Daniela Alonso, Silvina Brussino, Luciana Civalero

las variables que hacen un aporte significativo a la explicación de la va-


riable dependiente. Asimismo, para garantizar la confiabilidad de estos
modelos se comprobaron los supuestos que subyacen a análisis multiva-
riados de linealidad, independencia, homocedasticidad, normalidad y
no colinealidad de los residuos (Tabachnick & Fidell, 2013).

Resultados

Respecto al primer objetivo, los resultados de las pruebas t arrojaron


diferencias significativas entre las tres dimensiones de actitudes hacia la
democracia, dando cuenta que la valoración del sistema no es uniforme
en todos sus aspectos. En concreto, la media de valoración de la demo-
cracia como ideal (M=5,03) fue la más alta y se diferenció significativa-
mente de la preferencia por un régimen democrático (M=4,82) (t=2,74,
p≤,01) y, principalmente, de la satisfacción con el funcionamiento de la
democracia (M=3,57) (t=16,64, p≤,001), siendo esta última significati-
vamente más baja. Además, la preferencia por un régimen democrático
se diferenció también de la satisfacción con su funcionamiento (t=15,55;
p≤,001). Estos resultados apoyan la H1, permitiéndonos sostener tres
grupos actitudinales diferenciados respecto a la democracia como objeto
político.
En relación con nuestro segundo objetivo, en la tabla 1 se exponen
los modelos de regresión múltiple obtenidos, listando las variables que
alcanzaron significación estadística en alguno de los modelos y también
aquellas que fueron incluidas en las estimaciones, pero no alcanzaron
significación.

Tabla 1. Aporte de los aspectos sociodemográficos, ideológicos y psicopolíticos a la explicación


de las actitudes hacia el Sistema Político Democrático
Satisfacción
Preferencia Valoración con el
Régimen Democracia Funciona-
Democrático como Ideal miento de la
Democracia
Variables independientes β β β
Nivel educativo 15* ,13* ,29***
Edad - ,24** -
Tolerancia a la corrupción política -,18**
-,26*** -,17**
120 Valores sociales posmaterialistas - ,28*** ,11*
Demócratas insatisfechos

Satisfacción
Preferencia Valoración con el
Régimen Democracia Funciona-
Democrático como Ideal miento de la
Democracia
Valores sociales religiosos -,28*** - -,20**
Evaluación de los actores políticos - ,25*** ,18***
Participación partidaria electoral 16 **
- ,15**
Autoposicionamiento ideológico
-,23*** - -
de derecha
Variables excluidasa
Valores sociales materialistas
Valores sociales hedonistas
Participación política de contacto
Participación política no conven-
cional y de protesta
Nivel socioeconómico
R ,60 ,51 ,54
R2 35.5% 25.8% 29%
a
Se consignan aquí todas las variables que no realizaron aportes estadísticamente sig-
nificativos en ninguno de los modelos de regresión, pero que fueron contempladas en las
estimaciones.

La preferencia por el régimen democrático es la dimensión mejor expli-


cada por nuestros predictores (35.5% de la varianza explicada). En este
modelo, una menor adhesión a valores religiosos (β=-,28), un autopo-
sicionamiento ideológico orientado hacia la izquierda (β=-,23) y menor
tolerancia a la corrupción política (β=-,18) junto con una mayor partici-
pación partidaria electoral (β=,16) y un nivel educativo más alto (β=,15)
predicen la preferencia por un régimen democrático. En este sentido, son
los aspectos ideológicos y normativos los que tienen un poder explicativo
mayor, mientras que los aspectos evaluativos de desempeño institucional
no resultan significativos.
Por su parte, las variables en estudio predijeron un 25.8% de la varian-
za en la dimensión de valoración de la democracia como ideal. De nuevo,
la edad (β=,13) y la tolerancia a la corrupción política (β=-,26) fueron
predictores estadísticamente significativos, mientras que en este caso fue-
ron los valores posmaterialistas los que predijeron estas actitudes (β=,28).
Además, la evaluación positiva de los actores políticos (β=,25) y una
mayor edad (β=,24) realizaron aportes significativos a la explicación de 121
Daniela Alonso, Silvina Brussino, Luciana Civalero

la variable. Se destaca aquí que los aspectos relativos a la evaluación de


actores políticos y a la corrupción se ubican entre los predictores más
relevantes, aun cuando la variable dependiente recoge expresiones abs-
tractas sobre actitudes hacia el sistema.
Por último, nuestro modelo de regresión para la variable dependiente
que examina la satisfacción con el funcionamiento de la democracia
consigue explicar el 29% de la varianza. De modo llamativo, el nivel edu-
cativo es aquí el predictor de mayor peso (β=,29), siendo las personas de
mayor nivel educativo las más satisfechas con la democracia. También, en
consonancia con lo esperado en función de la teoría, aspectos evaluativos
más específicos del sistema fueron significativos. Así, menor tolerancia
a la corrupción política (β=-,17) junto a una evaluación favorable de los
actores políticos (β=,18) predijeron la variable dependiente. Finalmente,
menor adhesión a valores religiosos (β=-,20) y mayor adhesión a valo-
res posmaterialistas (β=,11) y mayor participación partidaria electoral
(β=,15) se asociaron con mayor satisfacción con el funcionamiento de
la democracia.
Consistentemente con la bibliografía previa (Pereira et al., 2001), los
valores materialistas y hedonistas no se vincularon con las actitudes ha-
cia la democracia en ningún caso. Además, otros tipos de participación
política (de contacto y no convencional/de protesta) y el nivel socioe-
conómico tampoco tuvieron relación significativa con las este tipo de
actitudes hacia el sistema político.

Discusión

El presente trabajo tuvo como objetivo aportar a la comprensión de las


actitudes hacia el sistema político democrático por los ciudadanos y
ciudadanas de Córdoba, enfatizando en la necesidad de abordar empíri-
camente la distancia entre la deseabilidad de la democracia como sistema
de gobierno en abstracto y el escaso reconocimiento de su capacidad para
resolver demandas y necesidades de la ciudadanía. Consecuentemente,
nuestros datos permitieron dar cuenta de estas tensiones a través de las
diferencias significativas de las actitudes en las distintas dimensiones
entre sí y, en particular, entre la satisfacción con su funcionamiento y el
apoyo más general al régimen y sus ideales.
Al respecto, Zovatto (2002) destaca que los latinoamericanos tendrían
122 una concepción churchilliana de la democracia, meramente formalis-
Demócratas insatisfechos

ta, limitada a la existencia de varias opciones partidistas y elecciones


y reconocida simplemente como el menos malo de los sistemas políti-
cos conocidos. Esta definición parece consistente con los resultados de
nuestro estudio y nos alerta sobre la necesidad de preguntarnos qué está
entendiendo la ciudadanía por democracia cuando manifiesta explíci-
tamente su apoyo.
Teniendo en cuenta estas tensiones, otro de nuestros objetivos fue
estudiar el rol de un grupo de variables psicosociales y sociodemográficas
en la explicación de actitudes de apoyo a la democracia en tres dimensio-
nes diferentes: la preferencia por un sistema político democrático frente a
alternativas no democráticas (concepción «churchilliana»), la democracia
como ideal y la satisfacción con su funcionamiento.
Inicialmente, destacamos que algunos aspectos sociodemográficos
resultaron relevantes, aun en presencia de otras variables actitudinales
más específicas. Si bien el nivel socioeconómico no realizó el aporte sig-
nificativo que postulábamos (H7), sí lo hizo el nivel educativo, apoyando
nuestra H8. Esta variable –si bien superó las pruebas de colinelidad– es
la que más se relaciona con el nivel socioeconómico (r=,68; p≤,001), de
modo que parte del aporte de éste puede estar siendo solapado por el ni-
vel educativo. En este sentido, los antecedentes señalaban la relevancia de
la educación formal en el desarrollo de valores y actitudes favorables a la
democracia tanto a nivel social (Castelló-Climent, 2008) como a nivel
individual (Glaeser, Ponzetto & Shleifer, 2006; Corporación Latinoba-
rómetro, 2013). Gleaser et al. (2006) explican esta relación por el efecto
socializador del sistema educativo, a través del fomento de la participa-
ción cívica y ciudadana.
Por otra parte, la edad fue uno de los principales predictores de la va-
loración de la democracia como ideal. Si bien los antecedentes señalaban
que ésta no sería una variable particularmente relevante (Latinobaróme-
tro, 2013) o, alternativamente, tendría una relación inversa con ella (las
personas de menos edad manifestarían actitudes más favorables) (Selig-
son, 2002), nuestro hallazgo –contradictorio con nuestra H9– podría
explicarse –por lo menos de manera parcial– por aspectos contextuales.
Esta dimensión indagaba acerca del reconocimiento de la democracia
como sistema que permitiera el desarrollo del país y de sus ciudadanos
y remitía implícitamente al posible impacto de otros sistemas políticos
en estos ideales (i.e., sólo en un sistema democrático las personas pueden
desarrollarse a plenitud). Teniendo en cuenta que la ausencia de una 123
Daniela Alonso, Silvina Brussino, Luciana Civalero

alternativa no democrática puede conllevar una pérdida de identidad


y contenido del concepto mismo de democracia (Zovatto, 2002), es
posible que en Argentina –donde las nuevas generaciones han sido socia-
lizadas en democracia– los más jóvenes reconozcan menos impacto que
el sistema político efectivamente tiene en el desarrollo de una sociedad
y, en consecuencia, de su ciudadanía. Por su parte, es posible que las
personas de mayor edad puedan reconocerlo mejor, en tanto han vivido
bajo regímenes autoritarios y conocen sus consecuencias. De cualquier
modo, se trata sólo de una hipótesis que necesita de nueva evidencia
empírica para sometarla a comprobación.
Otro elemento central de la vida democrática, la participación polí-
tica, también impactó favorablemente en las actitudes hacia el sistema
político. La participación partidaria y electoral predijo de manera posi-
tiva la preferencia por un régimen democrático y el nivel de satisfacción
con su funcionamiento, aunque no la valoración del ideal democrático.
El hecho de que estos sean los repertorios participativos más frecuentes
en nuestro contexto (Sorribas et al., 2013), puede dar cuenta, en parte,
de que sean estas, no otras, las acciones que alcancen significación esta-
dística. Además, por su naturaleza convencional, es esperable que sea la
participación en instancias formales la que se vincule positivamente con
el apoyo al régimen democrátic, no aquella que implica la expresión de
descontento (Uslaner, 2004). Respecto a su rol en la explicación de la sa-
tisfacción con el funcionamiento democrático, estudios previos señalan
que quienes se involucran en instancias del sistema político tienen mayor
percepción de eficacia política interna y externa –evalúan positivamente
su capacidad de influir en el sistema y la capacidad de respuesta de dicho
sistema político (Sorribas et al., 2013)– y, en concreto, una valoración
más positiva del mismo (Uslaner, 2004). Resta preguntar acerca de si es
el hecho de participar políticamente lo que contribuye a una valoración
positiva de la democracia, o si es la evaluación positiva previa la que
conduce a involucrarse políticamente. En cualquier caso, los resultados
apoyan nuestra H4 respecto no sólo al impacto de la participación políti-
ca en las actitudes hacia la democracia, sino también la mayor relevancia
de acciones convencionales.
Por otra parte, la evaluación de los actores políticos fue uno de los
predictores más relevantes de la dimensión de satisfacción con el funcio-
namiento de la democracia. Estos resultados son consistentes con estu-
124 dios clásicos en el área (Easton, 1975) donde el desempeño institucional
Demócratas insatisfechos

es un aspecto relevante para las evaluaciones concretas, pero que no sería


suficiente para explicar el apoyo difuso a un sistema en sí –entendido, en
este caso, como la preferencia por un régimen democrático–. Sin embar-
go, esta variable también hizo un aporte significativo a la explicación de
la valoración del ideal democrático, lo cual es consistente con estudios
previos más recientes (Linde, 2002; Magalhaes, 2014). En suma, nuestros
resultados –apoyando lo planteado en la H1– nos permitieron dar cuenta
de la relevancia del desempeño de los actores del régimen político no
sólo en las evaluaciones de funcionamiento del sistema, sino también en
aspectos menos concretos, vinculados a los ideales democráticos. Ade-
más, nos permiten alertar acerca de los posibles efectos corrosivos sobre
el régimen de su creciente evaluación negativa en términos de funcio-
namiento. De cualquier modo, estos aspectos no parecen generalizarse
a un cuestionamiento del régimen en sí.
Otro aspecto vinculado al desempeño, la tolerancia a la corrupción
política, fue –además del nivel educativo– el predictor que tuvo un rol
significativo en los tres modelos. Este hallazgo es consistente con estudios
previos (Pozsgai Álvarez, 2014) –y con nuestra H3–, que encontraban que
quienes toleran más la corrupción tienden a confiar menos en el sistema
político, principalmente cuando esto se da en contextos de alta percep-
ción de corrupción como el argentino. Además, Rottenbacher y Schmitz
(2012) encontraron que la tolerancia a comportamientos transgresores
se relacionaba con el autoritarismo, variable que refleja un conserva-
durismo social y que, en la investigación previa, ha sido vinculada a la
justificación del sistema sociopolítico vigente. Esto nos permite explicar
que, en nuestra muestra, la tolerancia a la corrupción haya tenido un
comportamiento similar a otras variables asociadas a ideologías conser-
vadoras –también vinculadas a la justificación del orden social estable-
cido–, como la adscripción a valores religiosos y el autoposicionamiento
ideológico de derecha.
En el mismo sentido, entonces, la adscripción a valores sociales re-
ligiosos se relacionó negativamente con la preferencia por un régimen
democrático y con la satisfacción con el funcionamiento de la demo-
cracia, y los valores posmaterialistas lo hicieron positivamente con esta
última y con la valoración de la democracia como ideal. En conjunto,
los resultados son consistentes con lo que encontraron Pereira et al.
(2001) e Inglehart (2003) y apoyan nuestra H5. Respecto a los valores
posmaterialistas, Inglehart (1997, 2003) señala que los deseos de expre- 125
Daniela Alonso, Silvina Brussino, Luciana Civalero

sión y autonomía predisponen favorablemente hacia las instituciones y


prácticas democráticas, mientras que, en relación con los valores reli-
giosos, Pereira et al. (2001) señalan su vinculación específicamente con
la preferencia a regímenes autoritarios y, además, que estudios previos
han dado cuenta de su relación con una baja participación y desinterés
por la política. Resta preguntar por qué razón estos valores no tuvieron
relación significativa en la evaluación de la democracia como ideal. Res-
pecto a ello, Canetti-Nisim (2004), en una muestra israelí, encontró que
la religiosidad es un predictor del apoyo a los valores democráticos sólo
a través de su vinculación con el autoritarismo. Así, sugiere que lo que
hace que la religiosidad sea un motor para la negación de valores demo-
cráticos es la tendencia de personas con fuertes convicciones religiosas a
convertirse en autoritarias. Consecuentemente, creemos relevante incluir
esta variable en futuros estudios y controlar, además, la intensidad del
sentimiento religioso.
Finalmente –refutando nuestra H6–, el autoposicionamiento ideo-
lógico predijo la preferencia por un régimen democrático, de modo tal
que aquellos que se identificaban con posiciones más hacia la izquierda
eran quienes tenían mayor preferencia por este sistema político. Si bien
desde una perspectiva de justificación de sistema no esperábamos esta
vinculación, sí se recogen antecedentes que daban cuenta de que
esta variable se comportaba de modo similar a valores de tipo conserva-
dor y actitudes autoritarias (Brrusino, Imhoff et al., 2013; Zubieta et al,
2007) que sí se han relacionado en la literatura previa con preferencias
por regímenes autocráticos.
Tomados en conjunto, estos resultados nos permitieron dar cuenta
de las tensiones entre la creencia en la democracia como única forma de
gobierno deseable y la percepción de la realidad de su implementación,
marcadamente más negativa. Esto nos permite cuestionarnos acerca de
los límites de la legitimidad de la democracia, pero evidenciando que,
por lo menos desde el punto de vista de la ciudadanía, estos límites no
parecen poner en riesgo la continuidad del sistema en sí mismo. En rela-
ción con ello, resultaría relevante la complementación de estos resultados
tanto con abordajes longitudinales como con estudios cualitativos que
puedan brindarnos información valiosa acerca de cómo se vinculan estas
actitudes en la construcción de las nociones de legitimidad y vinculación
con el sistema político.
126
Demócratas insatisfechos

De cualquier modo, este artículo presentó evidencia empírica acerca


del rol de distintas variables psicopolíticas en la construcción de estas
actitudes, siendo esto particularmente relevante en vistas de aportar a la
comprensión de los procesos de construcción de apoyo a la democracia
a nivel individual con indicadores adaptados localmente. En términos
generales, nos permitió dar cuenta de que los aspectos evaluativos de la
coyuntura no resultan inocuos respecto a las actitudes hacia el sistema
político –aún en relación con aspectos menos concretos del sistema–,
pero que también hay otros aspectos vinculados más directamente a la
cultura política que tienen relevancia en la predicción de las mismas

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133
Conceptualización de Competencias
Socioemocionales y Estilo de Vida de estudiantes
universitarios de ciencias de la salud
Conceptualization of Competence Social-emotional
and Lifestyle of College Students of health sciences

Nancy Murillo García, Guillermo Alonso Cervantes Cardona,


Adriana Nápoles Echauri, Andrea Celeste Razón Gutiérrez
y Felipe Rivas Rivera

RESUMEN
El objetivo es dar cuenta del conocimiento de los estudiantes del Centro Universitario de
Ciencias de la Salud (cucs) de la Universidad de Guadalajara (udg) acerca de los términos
estilo de vida, habilidad social, habilidad emocional y competencia socioemocional, con la fi-
nalidad de orientar el diseño de un programa formativo de competencias socioemocionales y
estilo de vida saludable para los estudiantes de ese centro universitario. Se trata de un estudio
descriptivo, que mediante un cuestionario se solicitó a 243 participantes que definieran esos
cuatro conceptos. Las respuestas fueron analizadas con la técnica de análisis de contenido
bajo el criterio de afinidad semántica. Encontramos que los participantes definen habilidad
como capacidad y cualidad y estilo de vida como una forma de ser. Las respuestas al con-
cepto de competencia socioemocional aparecieron en su mayor parte descontextualizadas,
por lo que esta competencia se identifica como un área de oportunidad para enriquecer el
tema en esa población. Si bien el objetivo principal es el señalado, tenemos el interés de
que surja un análisis comparativo con otras universidades para ampliar el panorama sobre
el conocimiento de los términos señalados.
Palabras clave: Estilo de Vida (ev), Habilidad Social (hs), Habilidad Emocional (he),
Competencia Socioemocional (cse).

ABSTRACT
The objective of this work is to report the knowledge of the students of health sciences (Cen-
tro Universitario de Ciencias de la Salud, cucs) from the University of Guadalajara (udg),
about the terms lifestyle, social ability, emotional ability and social-emotional competence.
In order to design a training program of socio-emotional competences and healthy lifestyle
POLIS. México 2018, vol. 14, núm. 1, pp. 135-153

for students of this faculty. This is a descriptive study, and through a questionnaire 243 parti-
cipants were asked to define the concepts previously mentioned. The responses were analyzed
through the content analysis technique, with the criterion of semantic affinity, finding that
participants define ability as «capacity» and «quality», and lifestyle as a «way of being». Res-
ponses to the concept of socio-emotional competence are mostly uninterpretable, which is
why the enrichment of the subject in the population is identified as an area of opportunity.
Key words: Lifestyle, social ability, emocional ability, social-emotional competence.

Recibido el 19 de septiembre de 2017


y aprobado el 30 de enero de 2018
Nancy Murillo García et al.

Introducción

Hasta hace algunos años, la educación superior había priorizado la


formación académica sobre la social y la emocional. Sin embargo, en
trabajos como el de Goleman (1995) en inteligencia emocional y social
se reconoce la importancia de fomentar competencias transversales. A
partir de entonces, se han desarrollado programas para fomentar las
competencias socioemocionales (casel, 2013; Repetto, Pena & Lozano,
2007), ya que se relacionan con niveles óptimos de desempeño perso-
nal, educativo, profesional de afrontamiento de retos (Pérez, Filella &
Soldevila, 2013) y en general con estilos de vida saludables.
La razón de que se priorizara cierta formación académica en las uni-
versidades obedece a que en la década de los ochenta del siglo pasado la
negociación del financiamiento fue ríspido entre la Secretaría de Edu-
cación Pública (sep) y las Instituciones de Educación Superior (ies). En
el inicio del sexenio salinista se demandó al Estado a que cumpliera con
eficiencia el principio de proporcionar educación superior gratuita a los
jóvenes mexicanos, con financiamiento público suficiente para cumplir
con calidad las funciones y metas universitarias. Así, la matriz conceptual
de las políticas para la educación superior remite a los planteamientos del
neoliberalismo que se estaban asentando como cuerpo de ideas central
y como un programa político a seguir. Desde la década de los noventa,
las universidades son influidas por los procesos de globalización, por lo
que comienzan a proliferar universidades privadas, con auge en carreras
específicas a lo que el mercado de trabajo demandaba, esto es, las co-
rrespondientes a servicios.
Los mercados de trabajo (mt)1 en México tienen una composición
compleja, debido a los modelos económicos implementados en el siglo
xx, lo que ha ocasionado periodos de desempleo, estancamiento eco-
nómico y crisis económica. A partir de los setenta, los mt expresan una
creciente inserción en el sector servicios. El sector servicios tiene una
diferencia en la calificación de la mano de obra: a ese sector pertenecen
los niveles de calificación más altos en relación con los de otros sectores,
como el de la industria (Dombois, 2002). Una actividad profesional se
encuentra en el mercado de servicios. El mercado de trabajo también

1
Se dice mercados de trabajo en plural, ya que en el mercado de trabajo encontra-
136 mos divisiones, según escolaridad, actividad y género.
Conceptualización de Competencia Socioemocionales y Estilo de Vida

«puede analizarse como interacción entre los sujetos que se mueven en


ciertas estructuras que dan sentido a su situación y que ejercen acciones
tendientes a la venta o compra de fuerza de trabajo o a la construcción
de una ocupación» (De la Garza, 2009:6).
Este tema adquiere especial importancia entre el alumnado universi-
tario, pues en el mercado laboral las competencias socioemocionales son
valoradas porque contribuyen a aumentar la empleabilidad (Repetto &
Pérez-González, 2007). Poseer estas competencias permite a los egresados
del área de la salud, principalmente, contar con mejores herramientas
para incorporarse al mercado de trabajo. Con este argumento, se sugiere,
que esas competencias sean incluidas en los planes y programas de es-
tudio del pregrado. La Universidad de Guadalajara tiene como desafío
sumarse a las instituciones que promueven competencias socioemocio-
nales en su alumnado, por lo que surge la tarea de orientar el diseño de
un programa de intervención mediante la detección de las necesidades
de su población; más aún, valorar la manera en que propone formar
profesionales de la salud.
El objetivo en este trabajo consiste en dar cuenta del uso, manejo y
conocimiento que tienen los estudiantes del Centro Universitario de
Ciencias de la Salud (cucs) respecto a los conceptos empleados en las
competencias socioemocionales (en lo sucesivo se usará cse), como la
habilidad social (hs), habilidad emocional (he) y estilo de vida (ev), con
la finalidad de iniciar la construcción de un programa formativo en cse
contextualizado.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (oms), el ev es
una «forma de vida que se basa en patrones de comportamiento iden-
tificables, determinados por la interacción entre las características per-
sonales individuales, las interacciones sociales y las condiciones de vida
socioeconómicas y ambientales» (oms, 1998:27).
El ev se compone de una estructura social, actitudes, hábitos y con-
ductas. Esta forma de vida puede conducirse de acuerdo con conductas
de riesgo o protectoras de la salud, donde un estilo de vida saludable se
integra de patrones de conductas relacionadas con la salud (García-Lagu-
na, García-Salamanca, Tapiero-Paipa & Ramos, 2012) e incluye aspectos
materiales, sociales e ideológicos. Además, la promoción de la salud se
lleva a cabo por medio de mecanismos de autocuidado, ayuda mutua
y entornos sanos (Páez & Castaño, 2010). Se esperaría que la universi-
dad sea uno de estos entornos sanos, donde el alumnado reconozca la 137
Nancy Murillo García et al.

importancia de llevar a cabo ev saludables; más aún, donde adquiera las


habilidades necesarias con el propósito de implementar conductas pro-
tectoras para su salud física y psicológica, como ejercicio físico, alimen-
tación balanceada y competencias de regulación emocional y solución
de conflictos, por mencionar algunas. Debido a que los profesionales
de la salud son los responsables de promover estilos de vida saludables
en la población general, hallamos necesario el análisis de los ev de estos
profesionistas, así como la identificación de la influencia de las univer-
sidades en los mismos.
Se asume que el ev es multifacético, por lo que la dimensión social es
imprescindible, puesto que poseer adecuadas redes de apoyo, como las
del entorno familiar y social, contribuyen a que los jóvenes adquieran
un ev saludable (Eaton, Kann, Okoro & Collins, 2007). Sin embargo,
para que el individuo logre establecer relaciones sociales significativas
que funjan como redes de apoyo para las situaciones cotidianas, es nece-
sario desarrollar cse. Éstas no se contraponen a la inteligencia cognitiva
o académica (Goleman, 1995); más bien, se complementan proporcio-
nando herramientas al individuo para afrontar las situaciones de la vida
con éxito. Como sostienen Fernández-Berrocal & Extremera-Pacheco
(2005), hoy los jóvenes no carecen de información, sino de habilidades
emocionales y sociales para resolver los dilemas de su vida cotidiana.
En un contexto sociohistórico como el que se vive, es más que urgente
pensar en que los sujetos se componen de una psique y una historia de
vida que engloba condición social, raza y género.
Las cse contribuyen a que la persona se adapte a su medio para que
establezca relaciones interpersonales más favorables, porque permite
equilibrio emocional y generar estados de salud y bienestar (Pineda-Ga-
lán, 2012). Bisquerra & Pérez (2007:8) las definen como «el conjunto
de conocimientos, capacidades, habilidades y actitudes necesarias para
comprender, expresar y regular de forma apropiada los fenómenos emo-
cionales». Estas competencias se componen de:

1) Habilidad emocional. También llamada inteligencia emocional.


Es la habilidad de las personas para atender y percibir los senti-
mientos de manera apropiada y precisa, la capacidad de asimilarlos
y comprenderlos de manera adecuada y la destreza para regular
y modificar nuestro estado de ánimo y el de los demás (Fernán-
138 dez-Berrocal & Extremera, 2002).
Conceptualización de Competencia Socioemocionales y Estilo de Vida

2) Habilidad social. Capacidad para actuar; le permite al indivi-


duo adquirir una serie de destrezas que le serán imprescindibles
para adaptarse a un ambiente social (García, García & Rodríguez,
1993).

Aunado a lo anterior, hay el argumento de la influencia negativa de


«los pares», pues Pastor, Balaguer, & García-Merita (2006) encuentran
que la aceptación social y la amistad íntima predicen conductas nocivas
para la salud en chicos y chicas de entre 15 y 18 años, como el consumo
de tabaco, alcohol y cannabis. Por ese motivo, consideramos de gran
importancia el desarrollo de competencias interpersonales e intraperso-
nales, pues contar con habilidades sociales que permitan la adaptación
al medio no garantiza el bienestar del individuo, así como la posesión de
habilidades de autorregulación emocional no es suficiente en sí misma
para tener relaciones exitosas. Partimos de la premisa de que las cse son
susceptibles de aprenderse y enseñarse, y que éstas, al favorecer habili-
dades intrapersonales e interpersonales, contribuyen a implementar ev
saludables en los jóvenes. Sin embargo, es preciso tener en cuenta las
características de la población a la que estarán dirigidos los programas
de cse, ya que cada campo científico y profesional tiene necesidades
particulares (Cantero & Castejón, 2008).

Material y método

La muestra se formó con 243 alumnos del Centro Universitario de Cien-


cias de la Salud (cucs) de la Universidad de Guadalajara. Los programas
que participaron en la muestra fueron Licenciatura en Cirujano Dentista
(48 jóvenes), Licenciatura en Cultura Física y Deportes (20, todos ellos
jóvenes), Licenciatura en Enfermería (37), Licenciatura en Medicina
(110), Licenciatura en Nutrición (17) y Licenciatura en Radiología e
imagen (11). El 66% pertenecía al primer semestre y el 30% al segundo
semestre del calendario 2012B, esto es, el curso en el que se aplicó el
instrumento.
Para producir información que pueda dar cuenta de lo señalado, se
utiliza la herramienta de la encuesta. La guía se construyó a través de
áreas generales o ejes temáticos que resulten en circunstancias observa-
bles. El motivo por el que se elige la encuesta autoaplicada es porque 139
Nancy Murillo García et al.

por medio de ésta pueden abordarse los temas de manera directa con
los sujetos. Debido a las particularidades de los sujetos de este estudio,
se toma la postura de que los métodos cualitativos resultan pertinentes
por permitir al investigador desarrollar conceptos a través de los datos;
los sujetos se pueden ver relacionados en contextos más amplios, dan
cuenta de la perspectiva de los sujetos estudiados y pueden debatir con
datos y teorías (Taylor y Bogdan, 2010).
Pensando en términos fenomenológicos, sería la noción del sentido
subjetivo que el actor individual enlaza con su acción la que permite
la interpretación que el sujeto da al mundo de la vida. Este mundo de
la vida constituye las experiencias y acciones humanas, así como las
percepciones que se tienen. Desde esta visión, los sujetos construyen
sociohistóricamente su realidad mediante la acción social (Dreher, 2012).
El instrumento utilizado es un cuestionario autoaplicado, formado
con cuatro preguntas abiertas, en las que se solicita definir los conceptos
habilidad social, habilidad emocional, competencia socioemocional y
estilo de vida.
Según Mayz (2009), el enfoque de investigación, debido a su natura-
leza fenomenológica, permite situar a los diferentes actores que compar-
ten la misma experiencia, en este caso estudiantes de la salud. Aunado a
lo anterior, señala la importancia de una formación humana que permita
la construcción de significados, habilidades y conocimientos, actitudes
y valores, en un marco personal, colectivo y emocional. Al tratarse de
datos cualitativos, la investigación pretende registrar la información de
la realidad de los participantes, a través de sus respuestas, elaborar un
marco conceptual de ella y comunicarla.
Para ello, se utilizó el análisis de datos (Mayz, Ibídem) empleando un
criterio textual por características semánticas, y como herramienta de
validez la triangulación de investigadores. Ésta se emplea como criterio
de validez y objetividad en la investigación cualitativa y consiste en la
participación de investigadores de diferentes disciplinas, perspectivas y
experiencias en una misma investigación.
Utilizamos la idea de categoría genérica o macrocategoría porque
permite asignar un atributo abarcativo y relacional al grupo de datos
que poseemos. Nos ayuda a tener criterios de orden o de clasificación
para mantener vasos comunicantes entre un dato y otro (Mayz, Ibídem).
Nos permite reunir datos, en este caso las respuestas de las encuestas, en
140 tanto se parecen o son idénticas. Se encontrará más adelante cómo es
Conceptualización de Competencia Socioemocionales y Estilo de Vida

que mediante la categoría genérica se crearon bloques para condensar


los datos obtenidos de las encuestas.
El procedimiento de análisis e interpretación de datos fue el siguiente.
Se construyó una base de datos con las cuatro preguntas. Posteriormente
se agruparon las respuestas que contenían semánticas similares, esto es,
aquellas expresiones lingüísticas semejantes. Se identificó el significado
principal de cada grupo creado y con base en ello se diseñaron macro-
categorías. Este tipo de categorías son genéricas, por lo que permiten
integrar los grupos de respuestas que hacen referencia a una misma uni-
dad temática. Las respuestas fueron analizadas en dos secciones, pues la
mayor parte de las definiciones –presentadas por los encuestados– expli-
caban qué era el término y para qué funcionaba. Finalmente, se calculó
la frecuencia de las respuestas para favorecer el análisis de los resultados.

Resultados

Los enunciados recabados a partir del cuestionario fueron analizados en


dos segmentos. El primero responde a la definición del concepto (qué es)
y el segundo a la utilidad que tiene en un contexto (para qué sirve). Cabe
mencionar que por la manera en que fueron separadas las respuestas se
pudo analizar más detenidamente a los encuestados. Sin embargo, cabe
destacar que los participantes redactaron una única oración por pregun-
ta. La formas en que procedieron a contestar obedece a que hay dos ma-
neras de acercarse a la realidad: a través de saber o conocer. Según Villoro
(2008), la diferencia entre saber y conocer es epistémica. Conocer refiere
un grado –epistemológico– en el que es necesaria la experiencia directa
con el objeto cognoscible. Saber refiere darse cuenta de algo, percatarse
de ello, esto es, una aprehensión inmediata. El conocimiento surge a
través de aprehensiones inmediatas de manera ordenada para dar paso
a una síntesis del objeto cognoscible. Conocer integra en una unidad va-
rias experiencias parciales de un objeto. En el primer momento, conocer
incluye aprehensiones inmediatas y creencias sobre un mismo objeto.
En el sentido en que el autor usa conocimiento es que hemos analizado
las respuestas de los encuestados. El «qué es» refiere un ordenamiento
de saberes, mientras que «para qué sirve» es el conocimiento suscrito en
su aplicación. Conocer es saber no sólo cómo es algo, sino cómo es que
interviene, para qué sirve es; entonces, cómo opera. 141
Nancy Murillo García et al.

Se presentan de manera condensada las macrocategorías encontradas


en las definiciones de estilo de vida (tabla 1), competencia socioemocio-
nal (tabla 2), habilidad social (tabla 3) y habilidad emocional (tabla 4),
así como ejemplos textuales de las respuestas.

Discusión

Pensando desde términos fenomenológicos, sería la noción del sentido


subjetivo que el actor individual enlaza con su acción, la que permite
la interpretación que el sujeto da al mundo de la vida. Este mundo de
la vida constituye las experiencias y las acciones humanas, así como las
percepciones que se tienen. Desde esta visión, los sujetos construyen so-
ciohistóricamente su realidad a través de la acción social (Dreher, 2012).
Respecto al concepto estilo de vida, la mayoría de los estudiantes lo
define como una forma o manera de ser que pertenece a cada persona
y los hábitos que conducen su vida. Llama la atención los numerosos
casos (19%) que no aportan respuesta, o su enunciado no es susceptible
de interpretación. Los encuestados en el estudio tienen una concepción
general del ev, mas no mencionan las condiciones socioculturales de
vida incluidas por la oms (1998), ni su relación con la salud o factores
de riesgo, lo cual es importante tener en cuenta, ya que se trata de fu-
turos profesionistas con la tarea de fomentar estilos de vida saludables.
Vemos una deficiencia en los saberes, por ende, en el conocimiento de
un porcentaje considerable de la muestra y los que aportan respuestas
poseen un sesgo en los saberes sobre el ev.
En cuanto a habilidad social, gran parte de la muestra lo conceptuali-
za como un «saber hacer», es decir, una destreza o aptitud. Es interesante
que sea definida en estos términos, ya que una destreza es susceptible
de potencializar a través de la práctica y el entrenamiento. Más de la
mitad de los jóvenes señala que esta habilidad les permite a las personas
establecer relaciones con los demás y actuar de forma adaptada en el
contexto. Esta acepción es parecida a algunas que hay en la bibliografía
científica, como en García, García y Rodríguez (1993), o Naranjo (2005).
No obstante, la población no incluye aspectos como la influencia inter-
personal, resistencia a la influencia social no deseada (Linehan, 1984),
defensa sin ansiedad inapropiada o ejercicio de los derechos personales
142
Conceptualización de Competencia Socioemocionales y Estilo de Vida

(García, 2010). Un saber hacer los sitúa en el mercado de trabajo con


mejores competencias.
La habilidad emocional es expuesta por la mitad de la muestra como
un «saber hacer», pero una proporción considerable (16%) la determinó
como una cualidad o actitud de las personas. Este es el concepto en el
que se encontró mayor diversidad de categorías en el segundo segmento
de análisis. Los estudiantes respondieron que dicha habilidad sirve para
controlar y expresar las propias emociones, afrontar problemas e influye
la autoestima. La conceptualización de los participantes menciona la
propia regulación emocional, pero no la de otras personas, ni la facilita-
ción emocional (Fernández & Extremera, 2002).
Finalmente, el concepto de competencia socioemocional refleja des-
conocimiento, ya que más de la mitad de los datos (53%) no fue inter-
pretable debido a las respuestas en blanco o a textos incomprensibles.
Esto nos da la pauta para pensar en que la implementación de los planes
y programas de estudio en nuestra casa de estudios –particularmente–
deben revisarse por los cuerpos académicos. Aunado a lo anterior, es in-
dispensable contar con diagnósticos de inicio y cierre por ciclos escolares,
que den cuenta de manera general sobre cómo es que los estudiantes han
adquirido o no conocimientos. Como en los casos pasados, se define la
competencia socioemocional como un «saber hacer», o una cualidad
del individuo, pero se agrega la acepción de lucha o riña empleada para
relacionar el área social y emocional de una persona, para establecer
relaciones o regular el propio comportamiento. Esta conceptualización
difiere a la proporcionada por Bisquerra y Pérez (2007), quienes señalan
los cinco componentes de las cse: conciencia emocional, regulación
emocional, autonomía personal, inteligencia interpersonal y habilidades
de vida y bienestar. Y deja de lado el adecuado ajuste personal y social
mencionado por López, Garrido & Paíno (2001).
El objetivo de emplear el análisis de datos en las respuestas de los
estudiantes a través de su frecuencia y cotejarlo con la teoría da cuenta
de cómo perciben la realidad, y no debe emplearse como juicio de valor.
Sin embargo, lo que sí es importante destacar es que la muestra es lo
suficientemente amplia para hacer una valoración crítica sobre el proceso
de enseñanza aprendizaje en la universidad, de manera general, y en el
cucs, de manera particular.

143
Nancy Murillo García et al.

Conclusiones

En general, los encuestados tienen entre sí concepciones similares de los


términos, y aunque no es posible simplificar los resultados a un único
hallazgo, encontramos que los definen como habilidades y cualidades.
Poseen una idea concreta acerca de estilo de vida, habilidad social y
habilidad emocional, pero sus conocimientos podrían complementarse
mediante la revisión y discusión del tema. Es necesario proporcionar
información específica acerca de competencia socioemocional, concepto
ignorado o confundido por lo menos por la mitad de los jóvenes y que
tiene una influencia directa en un estilo de vida saludable.
Los alumnos de nivel superior, como es el caso de la muestra de este
trabajo, se encuentran próximos a incursionar en el mercado de trabajo,
esto es, a iniciar su trayectoria laboral, por lo que requieren capacidades
de adaptación y solución de problemas que demanda el entorno laboral,
además de competencias técnicas. Este es un motivo por el que resulta
ineludible la inclusión de un programa formativo en cse y ev saludable
en el alumnado. Sin embargo, es preciso tener en cuenta las caracterís-
ticas de la población a la que se dirigen, ya que cada campo científico y
profesional tiene necesidades particulares.
Los resultados ofrecen la pauta para analizar los conceptos y así enri-
quecerlos en la población universitaria. El objetivo radica en lograr que
los alumnos accedan a un programa de formación en cse fomentando
sus habilidades intrapersonales e interpersonales, con la finalidad de que
contribuya al bienestar en su vida profesional y personal. Es medular
pensar que en nuestra institución universitaria se forman profesionales
de la salud –entre otros– y que son ellos los que se incorporan a mercados
de trabajo donde la competencia y la precariedad laboral es una realidad
lacerante para los jóvenes profesionistas.
Nos detendremos un poco para poner la mira en la institución educa-
tiva donde fue aplicada la encuesta. La Universidad de Guadalajara es la
máxima casa de estudios del occidente de México. En 1994 se creó la Red
Universitaria. Una de las primeras acciones fue la elaboración del Plan de
Desarrollo Institucional que, de acuerdo con la normatividad, debería
realizarse en los primeros seis meses de la administración universitaria;
inició funciones en abril de 1989. El objetivo de la Red fue trabajar
en un modelo creado departamental. El objetivo consistía en propiciar
144 formación interdisciplinaria, creativa y crítica asentada en dos ejes: la
Conceptualización de Competencia Socioemocionales y Estilo de Vida

actividad colegiada y el binomio investigación-docencia. Para ello, es


necesaria la flexibilidad del currículum y centrar la atención de docentes
e investigadores en los estudiantes, considerándolos sujetos activos de su
proceso formativo. El departamento debe ser el espacio donde se genere y
articule el conocimiento. Es en los departamentos donde deben generar-
se las propuestas sobre docencia que permitan que nuestros estudiantes
cuenten con las herramientas necesarias que su profesión les demanda.
Nos queda claro que los esfuerzos deben fincarse tanto en la institu-
ción como en los docentes y el alumnado, pero es en el departamento
donde debemos guiar y generar esfuerzos, puesto que nuestro compro-
miso es el estudiantado.

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145
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Tabla 1. Análisis de contenido del concepto estilo de vida


Macro- Macrocate-
Fre- Fre-
categoría Descripción goría ¿Para Descripción
cuencia cuencia
¿Qué es? qué sirve?
Características in-
Hace referencia a
herentes al sujeto,
«Ser» (SE) 56% VI «Vida» 57% la vida de las per-
como parte de su
sonas
personalidad
Actividades o ac «Accio- Se incluyen com-
«Hábitos»
25% costumbres nes cotidia- 11% portamientos ru-
(HA)
constantes nas» tinarios
Grado o condicio-
nes específicas que
Sugiere la adecua-
«Calidad» hacen que la vida ad «Adapta-
6% 4% ción del individuo
(CA) de una persona sea ción»
a su contexto
diferente a la de al-
guien más
Se incorporan as-
Respuestas en pectos que forman
blanco, datos no bi «Bienes- parte de la salud
Otros 13% 6%
significativos o no tar» física y mental (ali-
interpretables mentación, depor-
te, etc.)
Se mencionan
pa «Parti-
habilidades y ca-
cularidades 3%
racterísticas de
personales»
personalidad

148
Conceptualización de Competencia Socioemocionales y Estilo de Vida

Respuestas en
blanco, datos no
Otros 19%
significativos o no
interpretables
Ejemplos textuales
Macrocatego-
Macrocatego-
ría ¿Para qué Ejemplo Descripción
ría ¿Qué es?
sirve?
Formas y hábitos que Hace referencia a las
«Hábitos» tienen las personas actividades cotidianas
«Vida» (vi)
(HA) en cuanto a cómo es su que alguien realiza en
vida diaria su vida
Apunta a la condición
de vida que tiene una
«Calidad» (CA) «Vida» (vi) Nivel de vida que llevas
persona, en compara-
ción a la de otra

Tabla 2. Análisis de contenido del concepto habilidad social


Macro- Macrocate-
Fre- Fre-
categoría Descripción goría ¿Para Descripción
cuencia cuencia
¿Qué es? qué sirve?
Referente al desa-
Capacidad o des- «Actuar en rrollo, desempeño
«Saber ha-
74% treza susceptible de sociedad» 18% o adaptación de
cer» (SA)
ser aprendida (1S) una persona en su
contexto
Para interactuar
con las otras per-
«Establecer
Cualidad o actitud sonas y establecer
«Ser» (SE) 13% relaciones» 53%
inherente al sujeto relaciones tanto
(3S)
cordiales como
significativas
Saber que forma
«Conoci- Establecer vías de
parte del reperto- «Comuni-
miento» 3% 3% diálogo efectivas
rio de conocimien- carse» (4CC)
(CO) con otros
tos de alguien
Respuestas en Participar en la
«Hacer algo
blanco, datos no sociedad y reali-
Otros 10% correcta- 6%
significativos o no zar acciones bene-
mente» (5B)
interpretables volentes
149
Nancy Murillo García et al.

Combina-
ciones de las 12% Varios
anteriores
Respuestas en
blanco, datos no
Otros 8%
significativos o no
interpretables
Ejemplos textuales
Macrocatego-
Macrocatego-
ría ¿Para qué Ejemplo Descripción
ría ¿Qué es?
sirve?
Se refiere a las destrezas
de un individuo para
Habilidades para hacer
«Saber hacer» «Establecer re- acercarse a los demás de
relaciones con otros indi-
(SA) laciones» (3S) manera que le permita
viduos o grupos
establecer lazos inter-
personales
Alude a una característi-
«Actuar en so- La forma en cómo te des- ca personal mediante la
«Ser» (SE)
ciedad» (1S) envuelves con la gente que alguien se expresa
en su entorno
Señala una característica
Es una cualidad que se
Combinación personal que permite a
«Ser» (SE) tiene al convivir o dia-
(3S), (4CC) alguien socializar y ex-
logar
presarse

Tabla 3. Análisis de contenido del concepto habilidad emocional


Macro- Fre- Macrocate- Fre-
categoría cuen- Descripción goría ¿Para cuen- Descripción
¿Qué es? cia qué sirve? cia
Implica cono-
«Saber Capacidad o des- «Autocono- cer tus propios
hacer» 56% treza que puede cimiento» 2% sentimientos
(SA) ser aprendida (2E) y emociones y
entenderlos
Involucra con-
Cualidades o acti- trolar y canalizar
«Autocon-
«Ser» (SE) 16% tudes inherentes a 42% los propios
trol» (4E)
un sujeto sentimientos y
emociones
150
Conceptualización de Competencia Socioemocionales y Estilo de Vida

Saber que
«Conoci- forma parte del Se refiere al amor
«Autoesti-
miento» 6% repertorio de 4% y consideración
ma» (4U)
(CO) conocimientos de consigo mismo
alguien
Alude a que
Sentimientos o mediante esta
«Solucionar
«Emocio- emociones experi- habilidad se
3% problemas» 6%
nes»(5R) mentadas por una pueden afrontar
(5P)
persona problemas de
diversa índole
Respuestas en
Refiere a la con-
blanco, datos no «Expresión»
Otros 19% 12% ducta de expresar
significativos o no (6X)
las emociones
interpretables.
Para interactuar
con las otras
«Establecer personas y esta-
relaciones» 3% blecer relaciones
(3S) tanto cordiales
como significa-
tivas
Combina-
ciones de las 18% Varios
anteriores
Respuestas en
blanco, datos no
Otros 13%
significativos o
no interpretables

Ejemplos textuales
Macrocatego-
Macrocatego-
ría ¿Para qué Ejemplo Descripción
ría ¿Qué es?
sirve?
Alude a la destreza de
Capacidad de un
«Solucionar alguien para resolver
«Saber hacer» individuo para afrontar
problemas» sus problemas o afron-
(SA) los problemas mentales
(5P) tar las consecuencias
(muerte, enfermedades)
emocionales de ellos

151
Nancy Murillo García et al.

Señala las acciones de


Como controlar o expre- una persona que le
Combinación
«Ser» (SE) sar las emociones frente a permiten expresar sus
«6X», «4E»
los otros sentimientos y contro-
lar su estado de ánimo

Tabla 4. Análisis de contenido del concepto competencia socioemocional


Macro- Fre- Macrocate- Fre-
categoría cuen- Descripción goría ¿Para cuen- Descripción
¿Qué es? cia qué sirve? cia
Alude a una rela-
«Relación ción y equilibro
«Saber Capacidad o des-
socie- entre los aspectos
hacer» 22% treza que puede 16%
dad-emocio- sociales y emo-
(SA) ser aprendida
nes» (1es) cionales de una
persona
Involucra con-
Cualidades o acti- trolar y canalizar
«Autocon-
«Ser» (SE) 13% tudes inherentes a 7% los propios sen-
trol» (4E)
un sujeto timientos y emo-
ciones
Saber que forma
Refiere a ser al-
«Conoci- parte del reper-
«Competen- guien competen-
miento» 1% torio de cono- 11%
cia» (9C) te en el contexto,
(CO) cimientos de al-
ser «el mejor»
guien
Involucra la ad-
«Com-
Competencia en- «Adaptación quisición de las
petición» 11% 3%
tre las personas social» (7D) normas de deter-
(10L)
minado contexto
Respuestas en Refiere a la ac-
blanco, datos no «Expresión» ción de expresar
Otros 53% 6%
significativos o no (6X) cómo se siente
interpretables una persona
Para interactuar
con las otras per-
«Establecer
sonas y establecer
relaciones» 13%
relaciones tanto
(3S)
cordiales como
significativas

152
Conceptualización de Competencia Socioemocionales y Estilo de Vida

Combina-
ciones de las 7% Varios
anteriores
Respuestas en
blanco, datos no
Otros 37%
significativos o
no interpretables

Ejemplos textuales
Macrocatego-
Macrocatego-
ría ¿Para qué Ejemplo Descripción
ría ¿Qué es?
sirve?
Habilidad de correlacio- Alude a la capacidad
«Relación
«Saber hacer» nar nuestras capacidades para emplear nuestras
sociedad-emo-
(SA) sociales manteniendo las habilidades sociales y
ciones» (1ES)
emociones en equilibrio emociones a la vez
Refiere a la forma en
La forma en que manejas
«Autocontrol» que una persona con-
«Ser» (SE) las emociones en un me-
(4E) trola sus emociones en
dio social
el contexto
Se refiere a la disputa
«Saber hacer» «Competi- Mostrar tus habilidades y con otras personas en
(SA) ción» (9C) entrar en competencia la que se demuestra lo
mejor de sí

153
Reseñas
Reseña del libro Después de Ayotzinapa. Estado,
crimen organizado y sociedad civil en México

Nina Lawrenz, Carlos A. Pérez Ricart y Tanja Wälty


(eds., 2017), Freie Universität Berlin/Edition Tranvía, 208 págs.

Miguel Rodrigo González Ibarra1*

Medianoche, nuestros hijos e hijas fueron abatidos y nos los quitaron.


Escuchar el latido de su corazón […] Oímos el latido de su corazón.
Paul David Hewson, 1987

¿Cómo entender, desde la sociedad civil y la academia, las condiciones


que hicieron posible lo acontecido en Iguala, Guerrero, en septiembre de
2014? Con base en esta pregunta, se convocó a jóvenes investigadores de
varios países y activistas mexicanos a participar en el Congreso Después
de Ayotzinapa: Estado, Crimen Organizado y Sociedad Civil en México,
celebrado en 2015 en el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la
Universidad Libre de Berlín. El libro compila una selección de ensayos
derivados de ponencias e incorpora la opinión de los participantes des-
de diversas disciplinas y tradiciones epistemológicas con la finalidad de
contribuir al debate y divulgar una perspectiva crítica hacia un público
especializado en Alemania y general respecto a la violencia, seguridad
estatal, crimen organizado, esquemas de gobernanza, movimientos so-
ciales y las consecuencias que estos fenómenos tienen en distintas ma-
nifestaciones socioculturales.
Desde otra perspectiva, los trabajos que se reúnen en esta obra son re-
sultado de la necesidad para generar un diagnóstico más profundo sobre
POLIS. México 2018, vol. 14, núm. 1, pp. 157-165

la situación de la violencia en México, de la falta de precisión conceptual


y escasa base empírica del tema. En este sentido, se planteó crear puentes
de discusión entre la sociedad civil y las redes de investigación que se
formaron con la finalidad de avanzar hacia una construcción teórica que
se nutriera de hechos y procesos objetivos donde activistas e investiga-
dores plantearan puntos de análisis para avanzar en nuevos territorios de
investigación. Para los editores (2017), «El reto consistía en incorporar

1*
Profesor Investigador en el Departamento de Sociología de la Universidad Autó-
noma Metropolitana-Unidad Iztapalapa. Dirige el proyecto «Construcción de ciuda-
danía e incidencia política en México y la Ciudad de México, 2015-2018». Contacto:
<ibarra000@yahoo.com>.
Miguel Rodrigo González Ibarra

los comentarios vertidos en cada una de las mesas de discusión, así como
tender puentes metodológicos y conceptuales entre las contribuciones.
No se buscaban capítulos inconexos, sino una compilación que pudiera
leerse de forma orgánica y conjunta» (8).
En efecto, en la Introducción se advierte que el libro no sólo logró
sus propósitos, sino que generó una discusión –aún necesaria y urgente–
acerca de la importancia que tiene la investigación interdisciplinaria y
de naturaleza transversal para comprender, desde distintas metodologías
y miradas, la articulación y significado de los procesos de violencia,
conformación estatal y resistencias en México. Al convocar a jóvenes e
investigadores para discutir y confrontar sus análisis, el resultado fue una
selección de trabajos con temas críticos y vigentes para estimar la relación
violencia/Estado como categoría de análisis y generar una interpretación
desde una perspectiva coyuntural y pluridisciplinaria.
En este marco, el libro ofrece una articulación en tres ejes de investi-
gación: por una parte, aborda ciertamente la relación violencia/Estado
desde diferentes dominios referidos a los actores que disputan la violen-
cia, las formas en que se presenta y es representada, sus continuidades
históricas y el contexto que la sostiene; por otro, el segundo eje ofrece
una lectura sobre el crimen organizado, tratado desde una visión trans-
disciplinaria con base en la idea de Hannah Arendt, dominio de nadie
(niemadsherrschaft), principalmente; por último, en la tercera línea de
trabajo, se acentúa el concepto de sociedad civil con contribuciones
provenientes de estudios culturales, la ciencia política y los estudios de
género que, en conjunto, destacan la necesidad de visibilizar la violencia
de género, la relevancia de las redes sociales en el alcance de los movi-
mientos sociales y el análisis de la protesta social hacia el ámbito político
institucional en México. En síntesis, estos tres ejes integran la base de
los once trabajos de investigación que se presentan en el libro y que se
exhiben en tres secciones para el lector: «El Estado mexicano frente a
Ayotzinapa», «Antes de Ayotzinapa, violencia y crimen organizado en
México» y «La reacción de la sociedad civil frente al caso Ayotzinapa».
En la primera parte, «El Estado mexicano frente Ayotzinapa», se ofre-
cen tres artículos. El trabajo de Alke Jenss, intitulado «Estado, violencia
y criminalidad en América Latina: conceptos y categorías a partir de los
casos Colombia y México», invita a pensar sobre una trayectoria histórica
del concepto de Estado, así como a dialogar sobre algunas categorías para
158 comprender la estatalidad en esta región, y pone a discusión los casos
Después de Ayotzinapa

referidos como zonas en donde formaciones estatales hacen contrapun-


to a la noción del Estado de Derecho más tradicional. Para este autor,
la situación de la violencia conduce a una revisión conceptual con el
fin de establecer un marco de análisis más adecuado hacia la situación
conflictiva y que permita trascender las aproximaciones convencionales
al papel del Estado para y frente a la sociedad, y su papel particular en
sociedades del «sur global». En su artículo se cuestiona al Estado y las
modalidades de dominación y gobernanzas mismas (Cfr., 19).
Por su parte, los trabajos de Tania Ixchel Atilano Camacho, y de Sabi-
na Morales Rosas y Carlos A., Pérez Ricart, acerca de «El caso Ayotzinapa
y las vías jurídicas para responder a las preguntas: ¿quiénes, cómo y por
qué?», y «Ayotzinapa: derechos humanos y militarización del campo de
la seguridad en México», respectivamente, aportan una lectura funda-
mental para comprender los hechos ocurridos en ese lugar y apuntan a
un análisis más profundo sobre la subsunción o adecuación de hechos
en categorías jurídicas del derechos penal internacional y el derecho
mexicano. Tania Ixchel Atilano subraya los retos legislativos y las ta-
reas pendientes que tiene el Estado de derecho hacia el tema, así como
destaca la importancia del proceso penal para contribuir a encontrar
la verdad de lo sucedido. Sabina Morales y Carlos A. Pérez hacen un
planteamiento cuidadoso sobre la reorientación del campo de la segu-
ridad hacia lógicas castrenses y se hace un análisis interesante de cómo
esa reorientación permitió que se configurara un evento como el de
Ayotzinapa. Concluyen que «analizar las dimensiones de militarización
en un caso de violaciones a los derechos humanos permite avanzar en la
comprensión de los mecanismos que sostienen el engrane del campo de
la seguridad en México», y sugieren que «el problema no es una política
de seguridad incapaz de frenar las violaciones sistemáticas a los derechos
humanos, sino un campo de la seguridad que ha encontrado en dichas
prácticas los medios de su reproducción» (73).
En la segunda parte de la obra, «Antes de Ayotzinapa, violencia y
crimen organizado en México», se desarrollan cuatro trabajos desde una
óptica teórica y metodológica particular y coinciden en avanzar hacia
una posible interpretación de los hechos ocurridos en la Escuela Normal
Rural Raúl Isidro Burgos García, de Ayotzinapa, en septiembre de 2014.
El trabajo de Rodrigo Llanes Salazar, «Ayotzinapa: por una antropología
crítica de la violencia», aporta un argumento crítico a través del cual –y
desde el campo de la antropología crítica– permite comprender el asunto 159
Miguel Rodrigo González Ibarra

(issue) de la violencia en el contexto de la agenda política en México y


ofrece un análisis estructural y simbólico que hicieron, a su juicio, posi-
ble la masacre de Iguala. Para este autor,

[...] la violencia directa contra los normalistas aún sigue en la os-


curidad […] la movilización de los estudiantes de Ayotzinapa y de
sus familiares, la investigación realizada por el giei,2 así como la
solidaridad de organizaciones defensoras de los derechos humanos
y numerosos ciudadanos, son elementos clave para la búsqueda de
verdad y justicia en este caso (92).

En este mismo tenor, el trabajo de Sherin Abu-Chouka y Héctor Jiménez


Guzmán, «Crimen organizado, dominio de nadie y expiación pública:
desarmando el discurso gubernamental sobre el caso Ayotzinapa», com-
parte una perspectiva para comprender la versión en tres dimensiones
analíticas hacia el caso y destaca el uso de la idea del crimen organizado
como un recurso de justificación utilizado en la perpetración del he-
cho que, aunque adjudicado a la delincuencia, tuvo la participación
de miembros de las instituciones estatales. Asimismo, y con base en el
concepto de «dominio de nadie», de Hannah Arendt, plantea un examen
crítico sobre la postura ética y política del gobierno frente a este crimen.
En su lectura, se deduce que

[...] se debe reflexionar en torno a los vasos comunicantes que per-


miten la imbricación de la delincuencia con el Estado (las policías
para nombrar el brazo más visible de esta relación) y, más aún, sobre
la capacidad de organización de ésta desde las estructuras del Estado,
más allá de capacidades de actores anónimos (nadies) para aprovechar
los vacíos de autoridad para delinquir (112).

Desde otra mirada, el trabajo de Jennifer Chan de Ávila, «Ni reinas, ni


princesas: género, prisión y criminalidad organizada», propone compren-

2
El giei es el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes creado por
la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para brindar asistencia técnica
internacional desde la perspectiva de los derechos humanos en la investigación de la
desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Isidro Burgos
García, de Ayotzinapa, en Guerrero, México. Cfr., <http://prensagieiayotzi.wixsite.
160 com/giei-ayotzinapa>.
Después de Ayotzinapa

der la relación entre género, prisión y delitos contra la salud, apuntando


el surgimiento de un fenómeno reciente: el caso de mujeres en prisión
por delitos relacionados con la criminalidad organizada. Con base en
una investigación etnográfica realizada en el Centro de Readaptación
Femenil de Puente Grande en Jalisco, México, se analiza el impacto que
han tenido las políticas contra la criminalidad organizada en las mujeres
en prisión en México. En opinión de los editores, esta experiencia resulta
importante «para definir nuevas líneas de investigación y métodos que
se ocupen de la relación entre violencia organizada, género y prisión en
un México en el que el papel de la mujer en todos estos procesos ha sido
anulado por la investigación social» (Cfr., 11).
La segunda parte concluye con el ensayo de Kenya Herrera Bórquez,
«Entre el olvido, la memoria y el desafío; las disputas por los significados
de la violencia en la frontera norte de México», en el cual estudia la dis-
puta por los significados de la violencia en un espacio social y geográfico
delimitado en la comunidad de Maclovio Rojas en la ciudad de Tijuana,
Baja California, en el norte de México. En un lugar donde el narcotráfico
ha transformado las condiciones de vida de sus habitantes, el análisis
de la violencia constituye un eje fundamental para la construcción de
políticas que atiendan las disputas entre autoridades estatales, traficantes
y pobladores. Para Kenya,

[...] lo que se observa en Maclovio Rojas es una disputa por los sig-
nificados de la violencia, entre el Estado, las redes del narcotráfico y
los pobladores de Maclovio Rojas, donde la memoria, el olvido y el
desafío a la autoridad y a la muerte contienden por dar sentido a la
vida y muerte de los que habitan este lugar (129).

Sin duda, este trabajo advierte la necesidad de construir otras categorías


analíticas que expliquen las formas interiorizadas de la narcocultura y la
violencia respecto a la realidad de este lugar.
La tercera parte de esta obra, «La reacción de la sociedad civil frente
al caso Ayotzinapa», compila cuatro ensayos sobre el papel e incidencia
política de la sociedad civil tras los eventos ocurridos en Iguala en 2014.
El trabajo de Lucía Ixtacuy Figueroa, «Contra la violencia y la inseguri-
dad. Protesta y activismo en la sociedad civil mexicana, antes y después
de Ayotzinapa», presenta un panorama de las protestas y movilizaciones
que precedieron a las organizadas a raíz de lo ocurrido a los estudiantes. 161
Miguel Rodrigo González Ibarra

En este sentido, se evidencian los aspectos más relevantes de los eventos


que originaron el mayor número de protestas contra la violencia e in-
seguridad pública y que generaron cierta afluencia para la movilización
antes del 26 de septiembre de 2014. La autora concluye que «los casos que
tuvieron más impacto a nivel nacional fueron aquellos que representaron
los problemas de seguridad a los que enfrentaba gran parte de la pobla-
ción: víctimas de enfrentamientos entre bandas rivales, privación ilegal
de la libertad, impunidad, y abuso de autoridad» (159), entre otros temas
vinculados al proceso de institucionalización del movimiento y el papel
de las redes sociales en la coordinación y direccionalidad de la protesta.
En esta línea, el trabajo de Priscila Pilatowsky Goñi, «Biografía de un
trending topic: el hashtag “#YaMeCansé” en el caso Ayotzinapa», analiza
–a manera de un relato– el nacimiento, vida y muerte de un hashtag y
cuestiona el papel que tienen las plataformas digitales, su funcionamien-
to y efectividad en los movimientos políticos, así como relaciona el uso
de la comunicación virtual con la televisión con base en la pertinencia de
conceptos como «actor social» y «opinión pública». Para esta autora, la
popularidad del hashtag «#YaMeCansé» ha trascendido la protesta por el
caso Ayotzinapa para convertirse en uno de los eslogan más socorridos de
la protesta reciente de México y ha coadyuvado a visibilizar la violencia
generalizada en el país.

En suma Twitter, junto con otras redes sociales en México han sido
medios de presión política, fuente de información, instrumento de
organización ante desastres y recursos de sobrevivencia […] Queda
preguntarnos en qué medida la duración de una protesta depende de
la capacidad de mantener la atención en las redes sociales […] anali-
zar las redes sociales como plataforma de observación de la sociedad
civil, impone nuevos retos (Cfr., 176).

La tercera parte del libro concluye con los trabajos de María Graciela
León Matamoros, del Colectivo La que Arde, intitulado «En el país de
las ausencias. Feminicidio y activismo social en México», y de Nina
Lawrenz, «¡¿Yo (no) soy Ayotzinapa?! Perspectivas feministas y reflexiones
de discursos en el caso Ayotzinapa». En el trabajo de María Graciela,
desde una perspectiva de la organización social que forma parte, se in-
tenta ofrecer un panorama del problema del feminicidio en México y se
162 establece que en este tema no sólo interviene el Estado, sino que la so-
Después de Ayotzinapa

ciedad también forma parte, a veces cómplice de la situación; asimismo,


se ahonda en la negligencia y corrupción de funcionarios que se apro-
vechan de la vulnerabilidad económica de los familiares de la víctimas y
que hacen imposible el acceso a la justicia. El ensayo pone en evidencia
algunos elementos que contribuyen a la descomposición del Estado y
la falta o carencia de políticas públicas hacia la impunidad y advierte la
necesidad de trabajar en la formulación de mecanismos de prevención,
y concluye con un planteamiento interesante sobre la labor que tiene el
trabajo de ciudadanos y de las organizaciones de la sociedad civil en la
búsqueda de la justicia para aquellas mujeres que han sido asesinadas o
desaparecidas.
En el trabajo de Nina Lawrenz, para comprender la profundidad de
los debates feministas y las dificultades de las políticas de representa-
ción, se propone discutir las maneras en que el debate sobre el ser o no
ser Ayotzinapa fue recibido por distintos grupos feministas mexicanos
y cómo éstos se posicionaron al respecto. Con base en un análisis de los
comunicados y publicaciones que se hicieron virales sobre tres posicio-
namientos feministas, se destaca la tensión entre políticas de representa-
ción, políticas de identidad y políticas de solidaridad y las subalteridades
que se presentan. Desde la perspectiva de la autora,

[...] se busca dar un panorama sobre los diferentes posicionamientos


que asumieron grupos e individuos feministas frente a la moviliza-
ción de millones de personas que marcharon para exigir la aparición
con vida de los 43 estudiantes normalistas […] queremos demostrar
que, por un lado, existe una demanda en común que une a las dife-
rentes corrientes; reclamar justifica y luchar en contra de la violencia
(estatal) en México y en contra de un sistema patriarcal, neoliberal,
clasista, racista y heteronormativo (Cfr., 194-195).

En síntesis, los trabajos que se presentan en esta obra apuntan hacia


una discusión permanente para comprender la compleja relación entre
Estado/violencia en México. Con base en las tesis desarrolladas y en las
evidencias de cada artículo presentado, se puede inferir la necesidad de
profundizar en las líneas de investigación vinculadas a la crisis de repre-
sentación política y la pérdida de confianza institucional que se registra
en el Estado mexicano, concretamente a la incapacidad gubernamental
para esclarecer los hechos y la impunidad que, de alguna u otra forma, 163
Miguel Rodrigo González Ibarra

ha protegido a políticos involucrados en el caso. En mi perspectiva,


los hechos presentados y la ola de confusión gubernamental no sólo
provocaron odio y repudio a las estructuras de gobierno, sino que con-
tribuyeron a crear un clima de inconformidad de la ciudadanía hacia
los métodos utilizados para analizar y atender los conflictos y asuntos
públicos en el sistema político en los últimos años.
Como bien apunta Alke Jenss (2017:20), la situación de la violencia
lleva a pensar lo conceptual y exige aclarar de qué forma el discurso del
«Estado fallido» ha sido reemplazado por conceptos como «debilidad»
o «fragilidad» por la exposición y vulnerabilidad hacia amenazas exter-
nas. En efecto, el caso Ayotzinapa ha puesto en evidencia no sólo la
falta de brújula gubernamental, sino advierte la relevancia del análisis
de coyuntura para profundizar en el estudio de las relaciones de poder
en este lugar, caracterizado por la presencia de grupos y organizaciones
gubernamentales vinculadas al narcotráfico y otras formas de control
político que han rebasado las capacidades del Estado y acentúan la crisis
de gobernabilidad. En consecuencia, es necesario generar una revisión
analítico-empírica cuidadosa para comprender los hechos desde diversas
ópticas epistemológicas y delinear una mejor estrategia de investigación
social hacia el tema.
Por otro lado, el caso de Ayotzinapa pone en la agenda de discusión la
revisión de los procesos de gobierno y la falta de coordinación guberna-
mental a escala federal y local para enfrentar la ola de violencia, crimen
organizado, inseguridad y corrupción que se registra en este lugar del
país en los últimos veinte años. Es importante resaltar que el contexto
social y económico donde se ubica a las escuelas normales en Guerrero
se desarrolla en un escenario caracterizado por la pobreza, la marginación
social y el tráfico de armas, en el cual el municipio de Iguala es el punto
de entrada a la llamada «Tierra Caliente» (región entre Guerrero y Mi-
choacán) donde es posible que los llamados cárteles posean sus territorios
para el cultivo de todo tipo de drogas que se comercializan en el mundo.
Pese a esto, las escuelas o normales rurales, como exactamente la Escuela
Normal Rural Raúl Isidro Burgos García, constituyen una de las pocas
vías de movilidad social que tienen los jóvenes en la región y, de alguna
u otra forma, de socialización política hacia en su entorno. Insisto, el
caso Ayotzinapa pone sobre la mesa a discusión la enorme crisis de repre-
sentación política en México y muestra la necesidad de generar mayores
164 espacios de incidencia política desde la sociedad civil organizada hacia
Después de Ayotzinapa

el conjunto de instituciones que no poseen los mecanismos adecuados


para atender los conflictos y generar estabilidad política.
Finalmente, como parte de las valiosas contribuciones de los autores
de este libro al tema, y de su interés por abordar categorías complejas
en la relación Estado/violencia política desde Alemania, es importante
concluir que este libro constituye una aproximación valiosa al estudio de
los movimientos sociales y políticos en México, en el cual su compilación
fue asumida como un desafío teórico y práctico con el fin de establecer,
de manera sintética y rigurosa, una perspectiva para comprender un
hecho social que ha sido tergiversado desde la posición oficial guberna-
mental y que, a mi juicio, contribuye a generar un acercamiento y opi-
nión más coherente para desentrañar y comprender los acontecimientos
ocurridos el 26 y 27 de septiembre de 2014 en Iguala. Asimismo, aporta
investigación aplicada en otros temas para comprender el papel que tie-
nen las organizaciones de la sociedad civil en los procesos de solidaridad,
la creación de redes e intercambio político con la finalidad de generar
una posición crítica hacia el tema en su conjunto.
A más de dos años de la masacre y desaparición de los 43 estudiantes
normalistas de Ayotzinapa, la violencia en México, especialmente en
el estado de Guerrero, no cesa y pone en evidencia la falta de políti-
cas adecuadas por el Estado mexicano para contrarrestar la impunidad,
corrupción e inseguridad y, por el contrario, advierte un aumento im-
portante del número de homicidios registrados. En este encuadre, es
importante matizar que el estudio de los procesos sociales y políticos
no son lineales, sino requieren de un análisis puntual para distinguir las
diversas lógicas políticas que se presentan en la construcción social del
hecho y que exigen una evaluación constante para estimular el diálogo
desde una perspectiva abierta, plural e interdisciplinaria.
Por último, y como se deriva del texto, considero que el caso Ayot-
zinapa es posible que sea resultado de una serie de procesos políticos
entrecruzados que, con mayor o menor densidad, han puesto en evi-
dencia la crisis de representación, la pérdida de confianza institucional
y la disminución de la legitimidad política del Estado contemporáneo
en México. A decir de Omar García Velásquez, sobreviviente de la ma-
sacre, «Ayotzinapa demuestra la incapacidad del gobierno mexicano para
realizar investigaciones y la facilidad que tiene para armar teatros y tele-
novelas para el público» (Cfr., entrevista en la bbc, 22 de enero de 2016,
<http://www.bbc.com/>)». 165
Requisitos para las colaboraciones
1. Los artículos que se envíen para ser publicados deberán ser resultado de
investigaciones de alto nivel dentro de las líneas temáticas de la con-
vocatoria correspondiente. Asimismo, deberán ser inéditos y no haber
sido ni ser sometidos simultáneamente a la consideración de otras pu-
blicaciones. Se otorgará al Comité Editorial de la revista Polis. México
la autorización para su difusión por los medios y en las formas que
considere pertinentes.
2. Los trabajos deberán entregarse al Comité Editorial o enviarse por correo
electrónico a la dirección: <polis_iztapalapa@yahoo.com.mx>.
3. Las colaboraciones se acompañarán de una breve referencia de los(as)
autores(as), que contenga: nombres completos, institución de referencia,
áreas de investigación, dirección, teléfono y correo electrónico.
4. Los textos se entregarán en original en dos versiones, una con nombre (s)
y otra en anónimo; estarán elaborados en computadora en el programa
Word, tanto impresos en papel como en archivo electrónico, con las si-
guientes características: una página de resumen que contenga el nombre
del artículo en inglés y español, la ficha curricular del autor, el resumen
en español, el abstract en inglés y las palabras clave en inglés y español.
La extensión del trabajo deberá ser de entre 30 y 40 cuartillas, cada una
con 27 renglones a doble espacio y cada renglón de 65 golpes o espacios,
en tipo Times New Roman de 12 puntos, lo que corresponde a entre 45
mil y 55 mil caracteres, incluidos los espacios.
5. Se recomienda que el título no exceda los 60 caracteres, incluidos los
espacios.
6. Las referencias en los textos se presentarán de acuerdo con las especifi-
caciones técnicas siguientes: dentro del cuerpo del trabajo se indicará el
apellido del (los) autor (es) y el año de la edición consultada. Ejemplos:
(Sorauf, 1967), (Alcántara y Freidenberg, 2000); (Cohen, March y Ol-
POLIS. México 2018, vol. 14, núm. 1, pp. 169-11

sen, 1972); (Pugh et al., 1968), cuando se trata de más de tres autores. Si
hay una cita textual, se deberá incluir el número de página o conjunto de
páginas; por ejemplo (Weber, 2004: 8-9). Cuando haya más de una obra
del mismo autor con el mismo año de publicación, se distinguirán con
letras minúsculas junto al año, de la siguiente manera: (Weber, 2004a)
y (Weber, 2004b). Al final del texto se incluirá la lista de referencias, por
orden alfabético del apellido de los autores, con todos los datos de las
obras citadas. Por ejemplo, para el caso de un libro: apellido y nombre
del autor (si hubiese más de un autor, el orden de los datos a partir del
segundo autor serán, de igual forma, apellido y nombre), año de la
edición entre paréntesis, título del libro, número de la edición (sólo
cuando no sea la primera), nombre del traductor en su caso, lugar de la
edición, editorial. Todos los datos se separan con comas. Para el caso del
título de un artículo, éste deberá presentarse entre comillas, lo mismo
para el capítulo de libro. El título del libro o de la revista en que apa-
rece el artículo o el capítulo, deberá ir en cursivas, por ejemplo: García
Aguilar, María del Carmen (1997). «Entre el apocalipsis y la esperanza.
La presencia protestante en Chiapas», Eslabones, vol. 13-14, pp. 102-109.
En cuanto a la citación de artículos científicos electrónicos, además de
lo anterior, se tendrá que agregar al final de la cita su número DOI (en
caso de que lo tenga).
7. Para las referencias electrónicas, éstas se presentarán de la siguiente for-
ma: se debe mencionar la fuente, el año de publicación, el link de loca-
lización y la fecha de consulta; ejemplo: Banco Mundial-People Move.
2014. Sitio web: http://blogs.worldbank.org/peoplemove/ y http://peo-
plemov.in/ Fecha de consulta: 30 de septiembre de 2014.
8. Si la colaboración incluye citas textuales, éstas deberán ajustarse a las
siguientes modalidades: si ocupan cinco líneas o menos, irán precedidas
de dos puntos y entre comillas; si son de mayor extensión, se ubicarán
en párrafo aparte, con sangrado, sin entrecomillar y a un espacio. Los
agregados o supresiones del autor dentro de una cita textual deberán
anotarse entre corchetes.
9. Cuando se utilicen siglas o acrónimos, el nombre correspondiente deberá
escribirse in extenso la primera vez que aparezca, seguido de la sigla o
el acrónimo entre paréntesis. Las subsecuentes veces se utilizará sólo la
sigla o el acrónimo.
10. Las tablas, gráficas, fotografías, mapas y todo elemento gráfico que
forme parte del trabajo deberán entregarse tal y como se obtienen del
programa o el equipo con que se hayan elaborado, creado o capturado
(es decir, sin importarlos desde Word o Acrobat). Deberán ir acompa-
ñados de referencias precisas tanto de localización como de contenido;
en cualquier caso, tendrán que ser de calidad suficiente para permitir
su óptima reproducción.
11. Las reseñas bibliográficas deben seguir los lineamientos de forma de los
artículos –en programa Word, tipo Times New Roman de 12 puntos– y
con las siguientes especificaciones: extensión de siete cuartillas como mí-
nimo a 15 como máximo; contendrá los señalamientos básicos de la obra
y una visión crítica del texto, y privilegiará las opiniones fundamentadas.
170
Sólo se aceptarán los artículos que satisfagan todos los requisitos aquí
señalados. Los trabajos estarán sujetos a un predictamen realizado por el
Comité Editorial y a dos o más dictámenes posteriores de especialistas
en la materia con el método doble ciego. Se considerará la pertinencia
temática y sus contenidos académicos y formales. Los resultados de los
dictámenes se notificarán a la brevedad a los autores. Las colaboraciones
aceptadas se someterán a corrección de estilo y su publicación estará
sujeta a la disponibilidad de espacio en cada número. En ningún caso
se devolverán originales. El envío de cualquier colaboración a la revista
implica la aceptación de lo establecido en estos requisitos.

171
Polis. México. Primer semestre 2018, vol.
14 núm. 1, se imprimió en abril de 2018 en
los talleres de Ediciones del Lirio, ubica-
dos en Azucenas 10, col. San Juan Xalpa,
del. Iztapalapa, Ciudad de México, C.P.
09850. Corrección de estilo: Sigfrido Ba-
ñuelos. Composición tipográfica A. Patri-
cia Reyes Fernández. La edición consta de
500 ejemplares.