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Entrevista a Silvia Duschatzky: “La escuela es hoy un hervidero de cosas

que no sabemos pensar”
http://anarquiacoronada.blogspot.com.ar/2013/12/entrevista-silvia-duschatzky-la-escuela.html

Un valle de lágrimas rodea nuestras
escuelas. Baja calidad, deserción,
repitencia, desigualdad: el diagnóstico
parece unánime, indudable. ¿Pero acaso
esta dimensión del declive escolar no
ensombrece otras facetas, quizás logros
fugaces pero intensos que llevan a que los
chicos y los maestros concurran y vuelvan a
encontrarse en el aula, experimentando
juntos la construcción de saberes, el
asombro ante cada revelación, la
comprensión de los problemas del
compañero? Mientras el aula atraviesa un
eclipse multicausal, la vitalidad de las interacciones entre maestros y estudiantes puede aún alumbrar
alegrías y generar, a la manera como lo concibe la especialista en educación Silvia Duschatzky,
inquietudes movilizadoras, lecciones locales pero que pueden enseñarnos la valentía de poner el cuerpo y
el valor de imaginar e interrogar colectivamente.

Defender la educación pública, ¿acaso ya es algo que se convirtió en una consigna vacía?

Me interesa la escuela pública por sobre la consigna. Tal vez podríamos pensar que todo enunciado vuelto
consigna se vacía o pierde potencia. No obstante, quisiera dar alguna vuelta en torno de la palabra
defensa. La defensa es la reacción a un ataque o por lo menos a un peligro en ciernes. ¿Está en peligro la
escuela? Diría que no.

¿Está en riesgo, entonces, la educación tal como fue concebida en el pasado?

A todas luces el peligro aconteció. “Los chicos no vienen como antes”: esta frase remanida, común en las
escuelas en los últimos años, sintetiza la sensación de que las actuales presencias de chicos y niñas o
jóvenes ya no nos evocan esos cuerpos moldeables imaginados en el pasado. Podríamos enumerar los
signos que muestran la alteración palpable de los escenarios institucionales, alteración que también
puede notarse en el cuerpo docente, especialmente en el cuerpo de los docentes agobiados,
desorientados, cansados. Pero esta alteración no oculta ni empaña la sorpresa que alcanzamos cuando
asistimos a invenciones poderosas que ocurren en muchas escuelas y prácticas educativas. Si algo
sostiene a la escuela a lo largo de su historia es la capacidad de reunir, de juntar aun en la desunión y las
múltiples derivas. Y en esta coyuntura, entonces, se trata de preguntarnos si queremos pensar la escuela
en relación a su mito fundacional o si no sería más pertinente pensar sus cambios, su devenir inconcluso.

¿Cómo, entonces, hoy podemos pensar la escuela?

simbólicos. La escuela aloja distintas vidas. sociales. darle densidad a la cultura democrática? Hacer la experiencia de una vida democrática implica sobre todo una sensibilidad proclive a interesarse por lo que hay. en la calle. un discurso no está dado en contraposición a la ventaja de la novedad. Queda . ¿Acaso esa dispersión de atención no expresa en ocasiones las marcas de una época sobre nuestros cuerpos? La pregunta podría ser ¿nos incomoda la “incapacidad” de que los chicos fijen la atención en un punto o no saber qué hacer con una atención que opera de otro modo? Decir desatención es no advertir que hay una atención en otro lado. El punto es: ¿qué queremos compartir con los pibes? ¿Qué problema podría crear una zona común entre las generaciones? ¿Qué pregunta. qué pasión me toma como maestra? El despliegue de inquietudes no se responde consumiendo compulsivamente capacitaciones ni aplicando prescripciones aggiornadas. en la puerta de la escuela. a partir de Internet? El carácter caduco de un objeto. en el que nada movilizante ni desafiante entre ellos acontece. sexuales. En el aula. “Add” (síndrome de déficit atencional) se dice cada vez que un pibe se presenta disperso. La escuela será pública si aprovecha su circunstancia de albergar vidas y hace la experiencia de poner a prueba lo común de esas vidas. pero también todo lo contrario. sino investigando y probando posibilidades. que no ha hecho. Se trata de liberar fuerzas imaginativas que se sustraigan de políticas que nos aplanan en todos los planos vitales. Si hubiera alguna caducidad. La democracia no pide declamaciones sobre ella sino expresarse en prácticas abiertas de hacer lo común. Entonces.La escuela es hoy un hervidero de cosas que no sabemos pensar y por eso rápidamente las arropamos de interpretaciones y clasificaciones. fuera del aula. Algo caduca cuando pierde toda sensibilidad de conectarse con lo que está vivo. es caduco el cine. ¿qué nos incomoda? ¿Que los chicos no presten atención a nuestros requerimientos o que su atención flotante interpela nuestra desatención? ¿Pero la educación pública puede atender esas incomodidades? La educación pública no es un hecho congelado. en los pasillos. ni en la gratuidad ni en la caprichosa voluntad de sostener su tradición. No es el espacio. una idea. ¿El aula es un espacio caduco. también escolares. No se expresa meramente en la masividad. La escuela efectúa su carácter público cada vez que suelta sus viejas imágenes de lo que debería ocurrir y se afirma y actúa desde su capacidad de generar experiencias que afecten sensiblemente a sus habitantes. afectivos. económicos. Entro a un aula y veo a los chicos conectados a sus netbooks: este mero dato no me dice nada. Cuando no activa imaginaciones ni ya es capaz de generar problema alguno. Se trata de inventar modos que amplíen nuestro poder de decidir y actuar en el medio de las tensiones en las que estamos. abandonando el desencanto. Se trata del problema de las posibles formas de vida que se deben abrir como posibilidades y potencias en vez de clausurar. ¿Qué puede hacer. Pensar qué formas de agrupamiento podemos darnos para investigar juntos. ¿Está caduco el libro. Aun llenos de actualización tecnológica podríamos asistir a un tiempo en el que nada pasa. Tomarse en serio a los pibes no supone proclamar sus derechos sino interrogar y experimentar con ellos. el teatro? Creo que la caducidad se presenta cuando algo se ha agotado. con lo que podría crecer. en el barrio. ¿Qué sería lo opuesto a esa actitud caduca? Lo opuesto a lo caduco no es la novedad sino la actitud problematizante. la escuela pública para profundizar. es lo que nos pasa mientras compartimos un tiempo. construir y buscar con ellos. La democracia no es sólo un asunto de derechos jurídicos. de enseñar y pensar las cosas. la encontramos en los modos reiterados y automatizados de hablar.

mucho más poderosa es la evidencia de que las escuelas no están ni vacías ni vaciadas. podría activar búsquedas colectivas. la burocracia estatal en la escuela. Pensar problemas es pensar también en qué condiciones podemos hacernos cargo de lo que nos pasa. de las inteligencias efectivas que piensan y lidian con lo que irrumpe a diario en las escuelas. ¿Cómo retener chicos en las escuelas? ¿Qué se puede hacer para evitar deserciones? Retener. Y más allá de los datos que confirman que sí la hay. ¿Cómo la escuela. estratégicos. pensar con estos niños y jóvenes que están en el mundo. de crudeza y astucias. podría abrir la oportunidad de una mutación sensible. en todo caso hay formas ininterrumpidas de ir y venir. Problematicemos. para investigar las infinitas maneras de relacionarnos con las personas y las cosas. Allí brota el futuro. acotados. intempestivas. puede gestar el futuro? Si pensamos el futuro como destino trazado de un bien a alcanzar sólo resta el fracaso. La perplejidad podría ser el motor de nuevas preguntas. La administración. sus posibilidades efectivas de pensar lo que los afecta. Y las exigencias burocráticas no ayudan. ya que buscan satisfacer las necesidades del aparato que las engendra. Y en este hacer. no habría escuela. ¿Y qué compartimos? ¿Un espacio. Habría otro padecimiento efectivamente estéril. sus fuerzas. Invirtamos la pregunta. imaginar. el modo de esa presencia. de economías de intercambio.aprovechar ese escenario multitudinario para hacerlo experiencia compartida. ¿qué obstáculos provocan? Los problemas que se viven en la escuela se padecen o se aprovechan. una fe? Lo que compartimos son los problemas y una cierta afinidad sensible para desplegarlos. Probablemente podríamos invertir la cuestión. Si no fuera por los chicos que en efecto van a la escuela aunque de modos intermitentes y disímiles. Lo que hay no es deserción. Sentir de otro modo. Con frecuencia los maestros se ven tironeados por cuestiones que los exceden. El futuro tendría entonces alguna chance si lo pensamos como aquello que puede nacer a partir de advertir los campos posibles que anidan en las existencias reales. ¿Qué escuela debemos hacer. ¿Entonces el Estado sería un obstáculo para la fertilidad del trabajo educativo? Lo sería por su naturaleza exterior a los problemas reales. Cada situación vivida puede ser reconfigurada bajo otro régimen de percepción. Que exceden sus potencias. Y si están y si vuelven. Pero no sólo se padecen por el extrañamiento que nos provoca enfrentarnos a lo que no sabemos. ¿Qué hace el Estado. pensar de otro modo. Es indudable que no es factible prescindir del conjunto de recursos financieros. Dejemos a un lado los lugares comunes que enfatizan la presencia del Estado. la escuela tiene un horizonte de posibilidades infinito. como campos de posibilidades que sólo nosotros podemos imaginar a la vez que nos procuramos los recursos para activar devenires que jamás sabremos de antemano. ¿y luego qué? ¿Retener para qué? La retención en sí misma plantea horizontes pobres. que hacen el mundo y que nos desconciertan? . humanos provistos por el Estado y su política pública. ya no entendido como sujeto que emite normas de funcionamiento institucional? El Estado debería ser capaz de ponerse al servicio de las dinámicas reales. herramienta del pasado. en cambio. habida cuenta de que no hay algo que los ate. ver de otro modo. una retórica. será porque existe en ellos la necesidad de estar con otros. una obligación. El Estado no es un actor secundario. ¿Qué pensar con los chicos? ¿Cómo leer sus mundos? ¿Cómo imaginar zonas comunes? Pensemos al revés. una coincidencia. Hay presencias molestas. plagadas de información.

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