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TEMA N° 9

ESQUEMA DE LA GESTION AMBIENTAL

1.- LA GESTIÓN AMBIENTAL.

Brañes define gestión ambiental como “el conjunto de actividades humanas que
tienen por objeto el ordenamiento del ambiente”. Según este autor, la Conferencia
de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, celebrada en 1972, en Estocolmo,
es el punto de partida “de la incorporación de la gestión ambiental a la función del
Estado”. En esta línea de pensamiento, podría afirmarse que la gestión ambiental en
la sociedad considera dos aspectos íntimamente vinculados: la gestión ambiental
privada y la gestión ambiental pública.

2.- LA GESTION AMBIENTAL PRIVADA.

Paralela a la gestión ambiental pública, existe una gestión ambiental que desarrolla
la sociedad civil, a partir de lo cual surge la gestión ambiental privada contemplada
en la legislación.

El caso de la participación de la sociedad civil en el quehacer de la administración


pública, especialmente en el tema ambiental, resulta cada vez más usual bajo las
tendencias recientes de la filosofía del derecho, que intentan superar los vacíos
éticos de las tesis positivistas y formalistas del derecho. Vacíos éticos que no
contemplaban al “medio ambiente” ni la interacción del mismo con el ser humano.
Es decir, la filosofía del derecho quiere salir de los astringidos límites de positivismo
y formalismo tradicionales para abrir todos los espacios necesarios a la problemática
ambiental.

En ese sentido, no cabe duda que quienes mejor aprovechan dichos espacios son los
actores colectivos emergentes de la sociedad civil. Así, ONG´s, fundaciones y demás
asociaciones civiles, asumen protagonismo para emprender acciones de gestión
ambiental privada.

En el caso boliviano, la gestión ambiental privada, está plasmada en tres


dimensiones: como derecho, como deber y como facultad.´

De ese modo, la Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia, por


ejemplo, desarrolla la doctrina de la gestión ambiental privada en su “dimensión de
derecho” en el artículo 343, cuando expresamente establece: “La población tiene
derecho a la participación en la gestión ambiental, a ser consultado e informado
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previamente sobre decisiones que pudieran afectar a la calidad del medio


ambiente.”

De otro lado, la Carta Magna desarrolla la doctrina de la gestión ambiental privada


en su “dimensión de deber” en su artículo 108 numeral 16, cuando
imperativamente, manda: “Son deberes de las bolivianas y los bolivianos: (…) 16.
Proteger y defender un medio ambiente adecuado para el desarrollo de los seres
vivos.”

Por su parte, el artículo 34 de nuestra Ley Fundamental, que está ubicado en la


Primera Parte, Título II, Capítulo Quinto, Sección I, si bien hace referencia en su
nomen iuris al “Derecho al Medio Ambiente” desarrolla la doctrina de la gestión
ambiental privada en su “dimensión de facultad” cuando expresamente señala:
“Cualquier persona, a título individual o en representación de una colectividad,
está facultada para ejercitar las acciones legales en defensa del derecho al medio
ambiente…”.

3.- LA GESTIÓN AMBIENTAL PÚBLICA.

Desde el punto de vista jurídico, la gestión ambiental pública es la que tiene mayor
alcance y más amplio espectro, pues, es aquella que se ejerce desde el Estado. Tiene
como referente principal, al derecho internacional; más específicamente, la Cumbre
de de la Tierra, llevada a cabo en Río de Janeiro, Brasil, donde se emitió la “Agenda
21”, donde se señala como un acuerdo principal de los países firmantes, la
participación activa del Estado en la generación de políticas ambientales.

Ahora bien, la gestión ambiental pública debe observar un aspecto central, ya que en
materia de gestión, la coordinación territorial y administrativa es sustancial. Esa
coordinación territorial y administrativa, tiene que ver con la identificación de un
ordenamiento territorial y su respectiva estructura administrativa.

En el caso boliviano, la gestión ambiental pública, es susceptible de coordinarse y


consecuentemente desarrollarse en tres niveles: el nivel nacional, el regional y el
local.

La gestión ambiental pública a nivel nacional es aquella que parte de las


atribuciones y competencias del gobierno central, a través de las entidades,
instituciones y ministerios pertinentes (ministerios de medio ambiente).

La gestión ambiental pública a nivel regional es aquella que parte de las atribuciones
y competencias de los gobiernos departamentales. Es decir, dentro de la
organización territorial, el Estado boliviano, estando compuesto por nueve
departamentos, en el contexto de la Ley Marco de Autonomías (Ley N° 031 de 19 de
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julio de 2010), cada uno de ellos, tiene no sólo la atribución sino también la
obligación de velar por el medio ambiente de su jurisdicción territorial.

Finalmente, la gestión ambiental pública a nivel local, es aquella que está


relacionada con las atribuciones y competencias de los gobiernos autónomos
municipales. En ese contexto, la gestión ambiental pública que se genera desde los
municipios, amén de observar las previsiones de la Constitución Política del Estado
y la Ley Marco de Autonomías de forma especial debe ejercer sus políticas
ambientales en el marco de lo previsto en sus respectivas Cartas Orgánicas
Municipales (Art. 284 CPE).

4.- ESQUEMA DE GESTIÓN AMBIENTAL PÚBLICA.

Pero, en última instancia, toda gestión ambiental debe partir del Estado, pudiendo
repercutir en la sociedad civil. En consecuencia, se propone un esquema de la
gestión ambiental pública constituida por los siguientes elementos:

a) Objeto de la gestión (en este caso se trata de la gestión pública ambiental)


b) Políticas, planificación y financiamiento
c) Normativa legal
d) Estructura jurídica e institucional
e) Competencias
f) Normativa administrativa y regulación
g) Administración, manejo y operación
h) Seguimiento y control
i) Sanción y jurisdicción

Este esquema intenta abarcar las alternativas de acción que ofrecen los Estados
contemporáneos para su desenvolvimiento.

5.- ALTERNATIVAS DE LA GESTIÓN AMBIENTAL.

El objetivo de este apartado es señalar las “alternativas institucionales y legales”


disponibles para poner en práctica y ejecutar una gestión nacional del desarrollo
sustentable, que aquí se denomina en forma simplificada gestión pública ambiental.
En este esquema propuesto de gestión pública ambiental, tanto los contenidos como
las orientaciones de la gestión ambiental podrían, por supuesto, variar conforme a
los diferentes sistemas político-económicos y a los criterios políticos de las
sucesivas autoridades encargadas, pero los elementos disponibles serán siempre los
mismos.

El esquema planteado se basa en el concepto de una gestión pública ambiental


compuesta por “las acciones gubernamentales y ciudadanas orientadas al
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desarrollo sustentable”. Por su parte, este desarrollo sustentable se manifiesta en las


actividades relacionadas con "el mejoramiento de la calidad de la vida humana y
del crecimiento económico dentro de la capacidad de carga de los ecosistemas". La
primera consecuencia de aceptar este enfoque de gestión pública del desarrollo
sustentable es superar el concepto tradicional exclusivamente ambiental, que se
reduce a la preservación del medio ambiente y al control de la contaminación.

Por consiguiente, se contempla un marco general de gestión pública, cuyos


elementos o componentes son complementarios entre sí (acciones gubernamentales
y acciones ciudadanas orientadas al desarrollo sustentable), pero con orientaciones y
contenidos que pueden modificarse -de hecho, se modifican- de acuerdo con los
énfasis de las políticas públicas de gobiernos de diferentes tendencias o que, por
tanto, varían, según el objeto específico sobre el que los diferentes gobiernos
enfaticen su gestión.
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a) Ciertas circunstancias políticas pueden recomendar la acción ciudadana (Políticas,


planificación y financiamiento; información y consulta públicas)

b) La defensa jurisdiccional del medio ambiente o la sanción penal (Sanción y


jurisdicción). Idealmente, las acciones políticas para modificar la gesti6n pública
ambiental deberían aplicarse de forma simultánea a todos los elementos de gestión
que se han identificado. Cabe reconocer, no obstante, las realidades políticas, como
por ejemplo las dificultades de la reforma legislativa -para expedir leyes nuevas-
frente a las posibilidades de acción inmediata que brinda el ejercicio de la
administración pública, a través de formulación de políticas, definiciones y
financiamiento de planes.
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1.4 Análisis sectorial y transectorial.

La palabra sectorizacion tiene que ver, según el maestro Raúl Brañes, con “... aquella
característica de la administración pública que consiste en su división en sectores
definidos. Entre estos sectores están algunos que tradicionalmente han ejercido funciones
respecto de determinados elementos ambientales”. De esta manera, el derecho ambiental
puede ser objeto de un análisis sectorial, pues existen leyes que se refieren al uso,
protección, conservación y aprovechamiento de determinados recursos naturales.

No obstante, algunas actividades estatales como la gestión administrativa del ambiente,


presentan ciertas características especiales y determinan la necesidad de establecer
estructuras jurídico-administrativas para el conjunto de la gestión estatal. Esta exigencia, a
decir de Brañes, resulta de que

“... el ambiente debe ser entendido principalmente como un sistema donde se organizan los
elementos que hacen posible la existencia y el desarrollo de los organismos vivos. En
consecuencia, la gestión ambiental no puede concebirse únicamente corno referida a cada
uno de los elementos del ambiente por separado, sino que además, y preferentemente,
referida a todos los elementos en su conjunto y en sus procesos de interacción. De allí nace
entonces la necesidad de una estructura jurídico-administrativa distinta de la tradicional.”

Ante esta necesidad, el derecho ambiental no se puede quedar relegado; por tanto, en
muchas ocasiones adquiere un carácter transectorial que no guarda ninguna relación con los
criterios sectoriales que habitualmente adquiere la organización jurídico-administrativa del
Estado.

Existen actos propios del derecho ambiental que deben traspasar las barreras de la
sectorización administrativa para adquirir un carácter transectorial que se refiera al
conjunto de los elementos ambientales y tenga en consideración todos los procesos de
interacción entre estos elementos; por tanto. el derecho ambiental debe analizarse tanto
desde el punto de vista sectorial como transectorial. Y es que en muchas ocasiones la
sectorización da paso a un análisis que rebasa sus límites ante los requerimientos de ciertos
actos que deben ser integrales. con lo que resulta necesario también un análisis desde el
punto de vista transectorial.