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TEMA

LA BÚSQUEDA DE LA VERDAD EN EL PROCESO LABORAL


I. INTRODUCCIÓN
Con frecuencia encontramos que los derechos sustantivo y procesal del trabajo consagran
principios o criterios que históricamente tuvieron origen y fueron desgajados del
ordenamiento civil y procesal común. Investigar ese proceso podría permitirnos apreciar
mejor el funcionamiento de los mismos.
El principio de veracidad es uno de los principios esenciales del proceso laboral y, para
iniciar la presente investigación sobre su alcance y sentido, nos planteamos partir del
esquema del silogismo de averiguación de la verdad en el proceso en general, ya que el
término veracidad inmediatamente nos remite a la idea de profesar la verdad. Así, el
primer rubro la adquisición de la verdad describe la actividad jurisdiccional y su proceso
cognoscitivo.

II. LA ADQUISICIÓN DE LA VERDAD


Lo que tipifica y distingue la actividad jurisdiccional es su carácter cognoscitivo además de
prescriptivo. Quiere decir, que pasa por investigar la ley aplicable pero al mismo tiempo, y
con la misma autoridad o título, el juez investiga los hechos. Así, en el proceso judicial, la
búsqueda de la verdad supone la aplicación de la norma jurídica a los hechos litigiosos,
para lo cual el juez requiere aplicar un silogismo. Este silogismo se describe de la manera
siguiente: la norma jurídica es la premisa mayor, la inclusión de un caso de la vida real en el
supuesto de hecho de esa norma es la premisa menor, y finalmente la conclusión es la
aplicación al caso de la consecuencia jurídica prevista en la norma
Por ejemplo:
• “Artículo 106. Homicidio simple: el que mata a otro será reprimido con pena privativa de
libertad no menor de seis ni mayor de veinte años” (Premisa mayor).
• Es así que “A” ha matado a “B” (Premisa menor).
• Luego, “A” debe ser castigado con la pena de prisión de seis a 20 años (Conclusión).
En cualquier caso, la realidad ofrece un panorama muy diferente al que surge del ejemplo
arriba citado, porque ni la averiguación de los hechos de la realidad ni su enjuiciamiento o
subsunción pueden realizarse de modo absolutamente lógico. Para empezar, es inviable la
eliminación absoluta de los juicios de valor en el juez.
Además, el punto de partida de la actividad jurisdiccional es el hecho o caso (el mismo que
se trata de subsumir en el supuesto de hecho de la norma). Para ello, hay que tratar de
constatar las afirmaciones sobre ese hecho, tarea llena de dificultades: primero se tiene
que discernir si ha sucedido realmente y, de ser así, se requiere de una reconstrucción
aproximada.
Por último, el juez deberá ceñirse al procedimiento legal pertinente y a los elementos de
prueba permitidos por la ley que delimitan el arbitrio judicial. Ello está expresado del modo
siguiente en nuestro Código Procesal Civil:
“Artículo IX. Principios de Vinculación y de Formalidad:
Las normas procesales contenidas en este Código son de carácter imperativo,
salvo regulación permisiva en contrario.
Las formalidades previstas en este Código son imperativas.
Sin embargo, el Juez adecuará su exigencia al logro de los fines del proceso.
Cuando no se señale una formalidad específica para la realización de un acto
procesal, éste se reputará válido cualquiera sea la empleada”.
El proceso cognoscitivo de adquisición de la verdad estará, pues, interferido por los juicios
de valor del juez, la comprobación de las hipótesis sobre las circunstancias de hecho, y las
reglas y garantías procesales que enmarcan la actuación del juez.

PRIMER TEMA

III. LOS CONCEPTOS DE VERDAD


III.1. Verdad absoluta y verdad relativa
Si se considera que para hablar de verdad la correspondencia de los enunciados con
el mundo real solo debe ser absoluta y a la par, se arriba a la conclusión de que la
verdad solo puede ser relativa. Pero si la verdad absoluta es inalcanzable, y esto mismo
ocurre en los campos científicos más variados donde el conocimiento puede ser
siempre parcial o refutado, ello solo significa que el tipo de verdad al que pretendemos
arribar no es la verdad absoluta.
Una verdad relativa, no por ser tal, tiene que alejarse del concepto de correspondencia
y puede ser obtenida válidamente, por lo tanto, la verdad sí puede ser alcanzada,
quedando la verdad absoluta siempre como un ideal que puede funcionar sólo como
guía. No es entonces insensato asignar el carácter de verdaderas a las proposiciones
cuando se verifica su relación de correspondencia entre ellas y la realidad objetiva.
Y por lo mismo que reconocemos que la verdad absoluta es inalcanzable, los
fundamentos y métodos del modelo procesal deberán ser más estrictos para
acercarnos en la mayor medida posible a la aquélla. Por lo tanto, el modelo procesal
que ha de surgir de este punto de partida o tipo de verdad no es débil, sino todo lo
contrario, riguroso y exigente.

III.2. Verdad formal y verdad material


Aunque la dicotomía verdad formal y verdad material suele ser muchas veces criticada,
sigue siendo referente obligatorio, primero por haber surgido históricamente para
asignar un tipo de verdad al proceso civil (verdad formal) y otra al proceso penal (verdad
material, histórica o real), y segundo, porque pese a considerarse por varios autores
superada, sigue siendo utilizada ampliamente por la doctrina científica.
La crítica a la dicotomía es que la verdad es una sola, no hay una verdad formal y otra
verdad material, sino que la verdad es la misma, y en el campo penal y civil no existiría
un concepto diferente de verdad, sino que más bien por uno u otro tipo de proceso o
metodología se llega al conocimiento de la verdad de diverso modo.
El proceso penal se diseñó bajo la premisa de lograr la verdad material, histórica,
objetiva o real, creyéndose posible el pretender alcanzarla en alto grado de
probabilidad; al mismo tiempo, se consideraba imposible renunciar a ese
conocimiento.
Mientras tanto, el proceso civil identificó tradicionalmente la palabra verdad con la
solución pacífica del conflicto. En el proceso civil, el juez ha estado históricamente
vinculado con las afirmaciones y la disposición de pruebas que efectúan las partes;
incluso las partes pueden disponer del derecho mismo mientras que el juez no ha ve-
nido cumpliendo mayormente un rol investigativo, sino que básicamente se reserva la
verificación de la veracidad de los hechos que le son expuestos. A este esquema de
proceso civil se le adscribe el concepto de verdad formal.

SEGUNDO TEMA
IV. LA VERDAD EN EL PROCESO LABORAL
IV.1. Verdad y proceso laboral
En el proceso laboral rige un principio dispositivo “atemperado” (Palomeque), aunque para
algunos “predomina el principio inquisitivo del juez, emulando al juez penal, con la
finalidad de procurar obtener la verdad real” (Baylos). Sus características lo aproximan por
lo tanto al juez penal, pues en el proceso laboral los jueces están comprometidos en el
descubrimiento de la relación “jurídico material debatida”, diferenciándose por sus
respectivos fines.
El proceso laboral surgió a inicios del siglo XX para garantizar las normas del naciente
Derecho del Trabajo, para lo cual se requería un proceso que contemplase menores gastos
judiciales, mayor sencillez para la defensa del trabajador, rapidez y celeridad en los actos
procesales y una intervención del juez en la búsqueda de la “verdad material”173.
En la Nueva Ley Procesal del Trabajo se reconoce como principio esencial la oralidad, que
a su vez, comenta LUIS VINATEA RECOBA, activa los otros principios, en tanto
“… no es posible entender la inmediación (cercanía del juez con las partes) sin
oralidad y no es posible entender la inmediación sin la concentración, que no
es otra cosa que centralizar en etapas específicas las actuaciones más impor-
tantes del proceso. De modo que se debe hacer uso de la oralidad y la
inmediación como herramientas de percepción de los hechos, pruebas y
materias sobre las que el juez se debe pronunciar”.
Pero no sólo propugna la agilidad del esquema procesal sino que la Nueva Ley Procesal
del Trabajo también promueve la igualdad sustancial, particularmente a través de
normas que reducen la carga probatoria del trabajador. A través de este marco, el
principio de veracidad y la verdad material tendrán mayor vigencia.

IV.2. La función reequilibradora


El proceso laboral aspira a ser “instrumento para la promoción, propulsión y actuación
del Derecho del Trabajo” y “garantía de efectividad” de los derechos materiales
reconocidos por el Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social.
Para la doctrina española, el proceso del trabajo contiene un principio de igualdad
formal, incluye el impulso de parte y el principio dispositivo; pero éste último sufre
“correcciones” a través de la aplicación de un principio tuitivo de la parte más débil
como eje de articulación del proceso, esto es la “acción compensatoria” del juez, que
cobra mayor protagonismo”.
Se suele afirmar que el carácter “compensador” de la legislación laboral se traslada a
lo procesal, y ello se expresa en que el juez asume mayor poder en la dirección del
proceso, especialmente en materia de prueba178. Como afirma Baylos, la tensión
existente entre las igualdades formal y sustancial es resuelta mediante la afirmación
de la función directiva del juez como garante de la igualdad, teniendo el juez el deber
y la facultad de asegurar de manera activa, el equilibrio real en las posibilidades de
alegación y defensa de las partes, y debiendo éstas adecuar sus conductas a los
deberes de celeridad y buena fe.
El artículo III del Título Preliminar de la nueva Ley Procesal del Trabajo prescribe que
los jueces deben evitar que la desigualdad afecte el desarrollo o resultado del proceso,
privilegiando el fondo sobre la forma, debiendo acentuar éste y otros deberes que
menciona frente a la parte más débil –la madre gestante, el menor de edad y la per-
sona con discapacidad.

IV.3. Reducción probatoria a favor del trabajador


Sobre la base del mayor poder del empresario sobre la prueba y por su acusada
proximidad sobre las fuentes probatorias, el proceso laboral invierte la carga de la
prueba, o bien aligera la carga probatoria al trabajador.
El artículo 23 inciso 1 de la nueva Ley Procesal del Trabajo comienza con la clásica regla
general “la parte que afirma un hecho que configura su pretensión debe probarlo”.
Vale decir, que la carga de la prueba pesa siempre sobre la parte demandante, ya que
es ella la que busca sustentar su caso con sus afirmaciones sobre los hechos. No
obstante, el propio artículo citado sale al encuentro de tan consabida regla, indicando
paralelamente que “el que contradice la demanda” (o “los hechos” según reza el
artículo citado) soporta el onus probandi si por la contradicción, alega hechos nuevos.
Pero si se tiene en cuenta que acorde al artículo 19 del mismo cuerpo legal el
empleador está –como dice Pasco Lizárraga- prácticamente obligado a manifestarse,
vale decir, debe afirmar hechos, y además probar estos dichos180, de ello se colige
que el onus probandi no incumbe sólo ni principalmente a la parte demandante. La
contestación implica la necesidad de determinar los hechos que se niegan o se
admiten, al ser una contestación “determinativa” o “circunstanciada”181, debiendo
exponerse los motivos de rechazo. A continuación se transcriben los artículos
comentados:
“Artículo 19.- Requisitos de la contestación:
(…) Si el demandado no niega expresamente los hechos expuestos en la
demanda, estos son considerados admitidos”.
“Artículo 23.- Carga de la prueba:
La carga de la prueba corresponde a quien afirma hechos que configuran su
pretensión, o a quien los contradice alegando nuevos hechos”.
Una segunda e importante novedad en relación al tema probatorio es la presunción de
laboralidad del artículo 23º inciso 2 de la citada ley. La norma prescribe que acreditada
la prestación personal de servicios, se presume la existencia de una relación laboral a
plazo indeterminado, salvo prueba en contrario. Así se prevé en beneficio del
trabajador, siendo la presunción iuris tantum. Por lo tanto, es el empleador quien
deberá demostrar la inexistencia de relación laboral o de una relación sujeta a
modalidad, desvirtuando la presunción.

En tercer lugar, el artículo 23, inciso 4, literales a) y c), considera que es carga del
empleador demostrar el estado del vínculo laboral y la causa del despido; lo mismo
que el pago liberatorio de las obligaciones inherentes a la relación de trabajo, su
extinción o inexigibilidad.
Por último, se puede mencionar que a tenor del artículo 23, inciso 4, literal b) y artículo
23, inciso 5, en el nuevo proceso laboral han merecido especial atención las causas
donde se ventilan situaciones de discriminación, tutela de libertad sindical y otras
situaciones lesivas de derechos fundamentales. El hecho lesivo alegado habría de refe-
rirse a derechos fundamentales conculcados, pues es en esta materia que el derecho
comparado denuncia el difícil escenario probatorio que el trabajador debe enfrentar.
Como expresa José Luis Ugarte:
“Las razones de la rebaja en el esfuerzo probatorio son básicamente dos: Por
una parte, el carácter manifiestamente hundido de las conductas lesivas de
derechos fundamentales, las que se suelen encubrir en conductas
aparentemente lícitas y no lesivas, lo que hace sino imposible, muy difícil la
acreditación del móvil o de la finalidad discriminatoria o lesiva de derechos
fundamentales. Como se ha destacado en la doctrina comparada, dichas
conductas ‘nunca se presentarán como tales, salvo supuesto extremos, sino
enmascaradas y ocultas’.
Por otro lado, el entorno probatorio hostil que enfrenta el trabajador que
demanda tutela de sus derechos fundamentales”.
Para el acceso a esta reducción probatoria para el trabajador, vale decir, para que el
denunciante pueda aprovechar esta ventaja procesal “le corresponde acreditar la
existencia de indicios suficientes de que se ha producido la vulneración de los derechos
fundamentales protegidos por el procedimiento”183.
Siguiendo al mismo autor, es oportuno precisar que esta regla no corresponde en
sentido estricto a una regla de la etapa probatoria sino a una regla de juicio; vale decir,
que opera cuando el juez, al momento de dictar la sentencia, debe resolver quién debe
soportar el costo del hecho que en el proceso no ha quedado plenamente acreditado,
pero de cuya ocurrencia, por la presencia de indicios al respecto, se guarda razonable
duda. Actúa, por lo tanto, en la etapa de la construcción de la sentencia por parte del
juez, esto es, en el de la decisión judicial del fondo del asunto184.
Son muchas las manifestaciones de tutela en el proceso laboral, baste mencionar la
gratuidad, la representatividad de los sindicatos, la institución de la demanda de
liquidación de derechos individuales, la ejecución de las sentencias de segunda
instancia de ser favorable al trabajador aunque la demandada hubiere recurrido en
casación, entre numerosas expresiones de la igualdad sustancial incluidas en la nueva
ley como la presencia de las presunciones del artículo 23 arriba comentadas y de
aquellas que surgen de la infracción de la buena fe procesal del artículo 27 del mismo
cuerpo legal que se transcribe:
“Artículo 27.- Presunciones legales derivadas de la conducta de las partes:
El juez puede extraer conclusiones en contra de los intereses de las partes
atendiendo a su conducta asumida en el proceso. Esto es particularmente
relevante cuando la actividad probatoria es obstaculizada por una de las
partes.
Entre otras circunstancias, se entiende que se obstaculiza la actuación
probatoria cuando no se cumple con las exhibiciones ordenadas, se niega la
existencia de documentación propia de su actividad jurídica o económica, se
impide o niega el acceso al juez, los peritos o los comisionados judiciales al
material probatorio o a los lugares donde se encuentre, se niega a declarar, o
responde evasivamente.”

IV.4. Proceso y principio de primacía de la realidad


Ahora bien, el campo por excelencia para la aplicación del principio de primacía de la
realidad es el ámbito judicial. Como explica Javier Neves, cuando existe un
ocultamiento de la vulneración de la ley, y se califica a una situación o relación jurídica
de un modo que no guarda conformidad con su naturaleza, esto es, una discordancia
entre lo que los sujetos dicen que ocurre y lo que efectivamente sucede185, el
derecho prefiere la realidad por encima de los documentos o acuerdos que pretenden
ocultarla o distorsionarla. Es ahí donde el juez debe hacer prevalecer la realidad sobre
la apariencia, y considerar el acto de encubrimiento como inválido. Ahora bien, en la
práctica este principio cristaliza su actuación tras el acto de valoración de pruebas que
efectúa el juez en su sentencia; esto no quiere decir que el principio de primacía de la
realidad esté ausente del proceso, es más bien encumbrado en éste186.
Ciertamente también la Administración del Trabajo puede efectuar aplicación de este
principio, precisando Fernando García que es connatural a la inspección la facultad de
aplicar la ley a hechos constatados por lo que incluso no requiere de recepción
normativa expresa. La actuación de la Administración supone en todo momento la
verificación de los hechos y su comparación con la obligación contenida en la ley187.
Actualmente el principio de primacía de la realidad está consagrado en nuestra ley de
inspección del trabajo pero su aplicación está extendida en otros ámbitos
(Administración Tributaria, INDECOPI, procesos de amparo).
Buena parte de nuestra doctrina y jurisprudencia identifica el principio de primacía de
la realidad con el principio de veracidad188. Históricamente el principio de veracidad
es un verdadero principio procesal vinculado con el deber de las partes litigantes en el
proceso civil, habiendo formado parte de los principios generales del proceso civil aún
cuando ligado a la sinceridad de la prueba aportada por las partes, al punto que un
autor recuerda que las Siete Partidas regulaban el deber de veracidad de las
manifestaciones fácticas sirviendo para regular los costos189. De esta misma manera,
vale decir, asociado a la buena fe procesal y a los deberes de lealtad y rectitud de los
litigantes, está recogido en el artículo IV del Título Preliminar de Código Procesal Civil
como vimos anteriormente.
En cambio, en la nueva Ley Procesal del Trabajo el principio de veracidad aparece como un
principio del proceso laboral en sí mismo, está ubicado en el primer artículo del Título
Preliminar, y ello es sin perjuicio de adoptar presunciones en relación a la mala conducta
procesal de alguna de las partes según su artículo 27 antes transcrito.
La Ley Nº 26636 también acogió al principio de veracidad como principio del proceso.
Siendo un principio “verdadero” y “general” del proceso civil a decir de Joan Picó i Junoy,
también lo sería de nuestro proceso laboral; sin embargo, éste último asigna al principio
un rol protagónico y esencial, no se refiere sólo a la buena fe procesal de los litigantes sino
que, como dice Sarthou citado por Mario Pasco Cosmópolis, se refiere a la “materialidad
de la verdad”.
V. CONCLUSIONES
PRIMERA. El proceso de adquisición de la verdad propio de la actividad jurisdiccional puede
describirse como un silogismo, cuyo contenido –hechos y derechos así como su método –
la vinculación del juez a la ley– para encontrar la verdad, la distinguen de otros dominios
como la historia o las ciencias.
SEGUNDA. El esquema histórico de proceso civil donde prevalecían los ritos y formalidades
para determinar la verdad de los hechos, permitió vincularlo con el concepto de verdad
formal. En cambio, el proceso penal fue emparentado con la noción de verdad material al
reputarse irrenunciable la búsqueda de la misma, siendo a partir del desarrollo e influencia
del derecho constitucional que la actividad investigadora del juez quedó limitada por las
diversas garantías procesales. Los ordenamientos procesales civiles contemporáneos
combaten la concepción de la verdad formal, ungiendo al juez con amplios poderes como
director del proceso y con mayor iniciativa en materia de prueba.
Sin embargo, en ningún modo el juez civil puede ordenar una prueba para suplir la carencia
probatoria de una de las partes. Tras estos cambios, la doctrina plantea otra categoría: la
verdad jurídica objetiva. Últimamente se viene reclamando la mayor vigencia de la
iniciativa de parte en torno al derecho aplicable (pues si los hechos son indesligables de la
prueba tampoco pueden aislarse de su calificación jurídica); por lo que inversamente, será
posible que el juez continúe acercándose más a la averiguación de los hechos.
TERCERA. Así como el derecho procesal común contempla el principio de socialización del
proceso como remedio de la desigualdad de las partes presentes en un proceso, el derecho
procesal laboral protege especialmente los intereses de la parte más débil según el artículo
III del Título Preliminar de la Nueva Ley Procesal del Trabajo. Ante las dificultades pro-
batorias del trabajador y el normal dominio de la prueba por el empleador, la nueva ley
habilita diversas presunciones a favor del trabajador, reduciendo también el esfuerzo
probatorio del mismo.
CUARTA. La búsqueda de la “verdad material” única y auténtica es como afirma Mario
Pasco un desideratum de todo proceso , incluido el proceso laboral, y la verdad que fluye
del proceso es inevitablemente relativa, siendo un tipo de verdad distinta de la absoluta
pero válida, y las proposiciones al interior del proceso pueden ser admitidas como
“verdaderas”. La consciencia del límite del conocimiento humano no hará sino hacer más
riguroso y exigente el método para la obtención de esa verdad.
En el proceso civil el principio de veracidad se vincula esencialmente con la probidad y el
lícito ejercicio del derecho de probar de los litigantes, por ello casi puede adjetivarse
principio de veracidad de la prueba; en cambio, en el ordenamiento procesal laboral aquel
es un principio fundamental, porque parafraseando a Plá y con la expresión de Sarthou, el
proceso del trabajo es un “proceso-verdad”. El principio de primacía de la realidad se
manifiesta vivamente en el proceso laboral en el momento en que el juez efectúa la
valoración de las pruebas y concede preferencia a los hechos sobre las formalidades o
apariencias que denotan los documentos.

VI. BIBLIOGRAFÍA
BUSTAMANTE ALARCÓN, REYNALDO. (2001). El derecho a probar. Lima, Ara Editores.
GARCÍA GRANARA, FERNANDO. (2009). “La primacía de la realidad y la inspección del trabajo”. En: Los principios del Derecho del Trabajo
en el Derecho Peruano – Libro homenaje al profesor Américo Plá Rodríguez. Segunda Edición. Lima, Sociedad Peruana de Derecho del
Trabajo y de la Seguridad Social (SPDTSS) - Grijley.