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RAzóN Y EMocróN

EN PSICOTERAPIA

7" edición
ALBERT ELLIS

RAZÓN Y EMOCIÓN
EN PSICOTERAPIA

T" edicirin

BIBLIOTECA DE PSICOLOGíA
DESCI-ÉE DE I]ROUWER
Títirkr cle Ia eclición original:
llea:ou anrl eruotiot in pqchathera!1
pr-rblishecl by arrirngement with LYLE STUART, INC., Sec¿rucus

"I'raclr-rcción: Aua I biñez

t t{A¡s
BiBLIOTEC¡\ CENTRAL

l" edición:l9ft0 ct-nsrr -R-§3 +*q


7' edición: 2006 .A
Es* rr§

MArRiz B l6R f3
NUM. ADO G,TA 1.. 'l S

O EDITORIAL DESCI-ÉE DE BROLJ§rER, S.A., I9¡I0


lletrao, 6 - 118009 Bilbao
rvww. edescIee. cor¡-l
i nfb@reclesclee.cr¡m

QLLcrla ¡>rohibitla, salvo cxccpciórr prcvista en la lcy, cualquicr lirrma clc rc¡rrotlucción, rlistri-
buciírn, comunicación pública y tr¿rnsii)rmirción cle estn oL¡r¿ sin (ontirr con l¿ arrtorizat irin clc
los titulares <le prolricclarl intelcttual. I-¿ inlr¿cciírn <lc los <lcrrchos mcncion¿rkrs ¡rur,k scr
constitutivir cle clelito contrir Ia ¡rropieclacl intelcctual (arts. 270 y sgts. dcl (lórligo l)cnal). til
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cl crccll os.

Inpre.;o en Espttiitt -Pritte¡l ia.Spairt


ISBN t 0: ll4-.1i0-0115-l
ISBN I l: 97t3-[t1+-] l0-055t-7
l)e1rósir<r Legal: SE- | 294-2006 LJnirin EtLrolrea
Printed by Publiclisa
693275

INDICE

Prólogo, por Robert A. Harper, 9

1. Los orígenes de la Psicoterapia racional-emotiva, 11

2. La teoria de la Psicoterapia racíonal-emotiva, l7


). Las ideas irracionales que causán y mantienen las perturbaciones emocionales, 59
4. La esencia de la Terapia racional, 81
5. Condiciones indispensables para el cambio de la Personalidad básica, 101
6. [,a Terapia tacional frente al racionalismo, 111
7. La Psicoterapia y el pecado, 121
8. La razón y la valia personal, 13)
9. La ruzón y el pensamiento inconsciente, 155
10. La Psicoterapia activo-directiva, 169
ll. Un enfoque racional de los problemas mentales, 181
12. Un enfoque racional-emotivo de la consulta ptematrimonial, 197
1). El tratamiento de la frigidez y la impotencia, 205
14. El tratamiento de la homosexualidad fiia, 2l)
15. El t¡atamiento de la esquizof¡e¡ia,2))
t6. El ratamiento de un psicópata cc¡n la Psicoterapia tacional-emotiva, 251
17. La Terapia de grupo racional,26l
18. La Terapia racional y otros enfoques terapéuticos, 27,
19. Consideración de algunas de las o6ieciones a la Psicoterapia
¡acional-emotiva, 287
20. Las limitaciones de la Psicoterapia, 325

Biblioeralia, )6)
AGRADECIMIENTO

Agradezco a las siguientes revistas el haberme permitido la reim-


presión de parte del material de este libro American Psychologist,
Annals ol the Aruerican Academy ol Psychoterapists, lournal ol Clini-
cal Psycbology, loumal ol Counseling Psychology, Journal of Consul-
ting Psycbology, Jourual ol General Ps1'c$6¡ofr, Journal ol Psychology,
Marriage and Fanily Liuing, Psychological Reports y Quarterly Reuieu
ol Surgery, Obstetrics and Gynecology. Gracias asimismo al Prentice-
Hall, Inc. por permitirme reimprimir parte del material de S. W.
Standal y de R. J. Corsini, Critical lncidents in Psychotherapy, y a Lyle
Stuart por permitirme reimprimir parte del material de Paul Krassner,
Impolite Interuieu.
El manuscrito de este libro lo han leído el Dr. Roger J. Callahan,
la Dr. Magda Denes, el Dr. Robert A. Harper, el Dr. John W. Hudson,
Ia Dr. Madeleine Mason Lloyd, e[ Dr. Stephen H. Sherman, Brookings
Tatum y el Dr. Edwiri E. rü/agner, todos los cuales me han hecho suge-
rencias muy valiosas, pero a ninguno de ellos se le puede declarar respon-
sable de las opiniones en él expresadas.
PROLOGO

Ex uista de la estrecba relación y colaboración que exisle extre


Elbert Ellis y yo, puedo pat'ecer la persona mrtnos adecaada paro escri-
bir la introducción testimonial de este libro. Pero precisamente porque
conozco a fondo, tanto al autor corno a su método psicoterapéutico,
es por lo que siento que paedo líamar la atención del lector sobre ciertos
as pecto s irn port an t es.
Lo ptimero que quiero recomendar a los lectores de esle uolarnet
es que presten cuidadosa atención a todo su material. Por desgracia
existe una tendencia por p6rte de ciertos indiuiduos prolesionales y
sofisticados a minitnizar la práctica de la psicoterapia ldcional-emotiu«,
considerándola como bastante superlicial, poco dinátnica y errónea (coruo
señola el Dt. Ellis). Sinceramente, ésta lue tdmbién tni printera reacción,
cuando conuersé con el &ator por primera aez sobre sus ideas terapéu-
ticas. Pero desde entonces he podido comprender que el origen de mis
«resistencias» estaba en el luerte condicionante de la cultura de orien-
tación psicoandlitica en ld que nos mouíamos, de lotma bastante dogmá-
tica, mis colegas psicoterapeatat y yo.
Ex los últimos aiios he ido uiendo claro que muchos de los presu-
puestos con los que yo y otros psicólogos, psiquiatras y prolesionales
bemos estado adoctrinando no tot? más que eio Se nos
presentaban -pretilpuestos.
todauía 16 5s¡- como b.echos, uerdodes, axiomas. Pero
-y
aún son presupuestos; y aboro comprendo que erx flilmerosos casos solt
suposiciones falsas acerca del luncionamiento de los sere s bumanos y de
cónuo deben ser tratados de forma elicaz cuando se altera el funciona'
miento.
Yo sugeriría, por lo tdnto, que cualesquiera que sedt, sus reacciones
ante las teorias y procedimientot que deliende el Dr. Ellis en este libro,
atilice sus ideas como un reto a algunas de sus preconcepcioftes sobTe
ld cond¿tcta humana y el tiatamiento de lor desórdenes conducluales.
Aunque no se llegue a estar plenamenle corrueltcido de la elicacia de la
psicoterapia racional emotiua, lo que sí es cierto es que merecerá la
pena inoestigar mucbas de las cuesliones que se plafiteen con la lectura
10 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

sincera de este libro. Bastt,ntes psicólogos, psiquiatras, asistentcs socia-


les y otros prot'esionales han desarrollado lo que la Dr. Estber Menale,cr
ba llamado «el endurecimiento de las categorías». Lo mínimo que pu(-
de ocurrir con la lectura imparcial de Razón y Emoción en Psicoterapia
es la. descalificación del pensamiento prolesional del lector.
Finalmente sugeriria que pusieran a prueba, en la práctica cortcreta
y en las obseruaciones diarias de uno mismo y de los demás, algunas
de las ideas sobre la conducta bumana y psicoterapia que el Dr. Ellis
expone en este libro. Basándome en mi propia experiencia, be llegado
a €slar bastante conuenci¿o de la firmeza de mucbos de sus principios
t prácticas.
A pesar de mis dudas sobre la psicoterapia racional emotiua, probé
sus mélodos, con bonestidad, en mi práctica clínica y me encontré con
que funcionaban. Lo que es más, eran más elicaces que otras técnicas
lerapéuticas que utilizaba cntes (y.sigo usando en algunos casos).
Creo lirrnernente que algunas de las ideas que olrece el Dr. Ellis
son corr,ectiuos dc los prejuicios y del lanatismo de esta generación
de psicoterapeutas y cientilicos conductuales tan importantes como lo
lueion las ideas del Dr. Sigruund Freud para su generación. Esta afir'
mación puede ser muy bien un relleio de mi inclinación irracional posi'
tiua por Albert Ellis y la psicoterapia racional emotiua. Pero creo que
los prolesionales que sigan mi presuipción de leer el libro con cuidado,
utilizándolo como base para cuestionar algunos de sus presupuestos y
para poner a praeba ciertds recomendaciones que hace, se darán cuenta
de que el juicio que bago sobre su importancia reuolucionaria no es
en uano.
RosEnr A. Henpsn, Ph D. \X/ashington, D. C.
1

Los orígenes
de la Psicolerapia racional-emofiva
La psicoterapia racional-emotiva ( a menudo designada de forma
abreviada como TR o terapia racional), tuvo un nacimiento azaroso.
Mis primeras experiencias como psicoterapeuta lo fueron en el campo
matrimonial, familiar y en la consulta sexológica. En estos casos el trata-
miento consiste fundamentalmente en ayudar a individuos que tienen
problemas matrirnoniales y sexuales específicos, dándoles, de forma auto-
ritativa, una información relevante acerca de cómo tratarse entre sí,
cómo copular eficazmente, cómo criar a sus hijos, etc. Este tipo de tera-
pia, sorprendentemente a veces, parecía funcionar bastante bien, pero
tenía sus obvias limitaciones, ya que como pronto descubrí, los proble-
mas de la mayoría de los marimonios o relaciones premarimoniales
eran fruto del conflieo de algunos de sus componentes. Vi claro que
si la gente quería en verdad que se la ayudara a vivir felizmente con
otra persona, primero tendrían que ser enseñados a vivir en paz consi-
go mismos.
De modo que me embarqué en un curso intensivo de entrenamien-
to psicoanalítico. Estaba bastante versado en los principales trabajos de
Freud, y muchos de sus más importantes seguidores, ya desde mis
primeros años de colegio universitario (cuando vivía prácticamente en
la vieja Russell Sage Library entre la calle 22 y Lexington Avenue, una
manzana más allá de la filial del City College de Nueva York, en la
que estaba estudiando ).
Aunque, desde el principio, tuve muchas reservas sobre la teoría
de personalidad de Freud (a los 17 años no me resultaba difícil ver que
L2 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

este señor estaba creando brillantes interpretaciones clínicas para aitlstar-


las a la subjetividad de sus teorías edípicas enormemente unilaterales),
de algún modo, quizá por puro pensamiento de deseos, seguí creyendo
en la eficacia de la técnica psicoanalítica ortodoxa.
Creía, en otras palabras, que aunque los métodos de psicoterapia no
analíticos eran con frecuencia mucho más rápidos y provechosos que los
métodos analíticos clásicos, estos últimos eran indudablemente más pro-
fundos, más penetrantes y por consiguiente mucho más curativos. Por
lo tanto me sometí con gusto a un psicoanálisis ortodoxo, con un pres-
tigioso analista del grupo de Horney, que había sido analista Freudiano
durante 25 años, antes de su afiliación a la escuela de Horney, y que
simpatizaba con algunas de las principales enseñanzas de Jung. A pesar
de su eclecticismo teórico, sin embargo, su técnica analitica era casi ente-
ramente freudiana. El resultado fue que pasé los tres años siguientes
en el sofá, con mi analista sentado en silencio detrás de mí la mayor
parte del tiempo, mientras yo me sumergía en la asociación libre, parien-
do cientos de sueños para ser interpretados, y cliscutiendo indefinida-
mente las conexiones ffansferenciales entre las relaciones infantiles con
mi madre, padre, hermano y hermana de una parte, y mis actuales rela-
ciones sexuales, amorosas, familiares, profesionales y analíticas de la
o tra.
Tanto mi analista como vo consideramos que mi análisis había
terminado con éxito, y por sugerencia suya llevé varios casos'conrol
hasta su término, es decir, trabaié bajo la supervisión de un analista
instructor con mis pacientes, con los cuales empleé lógicamente el sofá,
la asociación libre, el extenso análisis de sueños y la resolución de la
neurosis de transferencia. Durante este periodo, aLlnque vi algunos
matrimonios y algunos casos de consulta familiar a los que no-intenté
hacerles psi.áa.ráÍiris, sin embargo, sentaba por rutina. a todos mis
pacientes en el sofá y les sometía a un psicoanálisis ortodoxo'
' Por desgracia, ei milagro de la terapia profunda, que con-
.esperaba
seguir con eJte procedimiJnto analíti.o,- nuÁ., se materializó totalmen-
i.] Pi.nro qu. pu.do decir con cierta seguridad que yo era un bueny
psicoanalista en esa época. Ciertamente rnis-pacientes.pensaban eso
me enviaron u ,rr u.igo, y compañeros. Por lá que pude ver, mis resul-
tados terapéuticos fueion'ul menos tan buenos como los de otros ana-
listas de Nueva York.
La mayor parte de mis pacientes estuvieron en tratamiento durante
un tiempo considerable (en lugar de abandonar pronto el iuego, gomo
hacen -uchos pacientes .n t.rn.. de ser psicoanalizados), y alrededor
ciel 60 7o de riits pacientes neuróticos mostraron una meioría-considera-
ble como r.rultaáo del análisis (Ellis, 1957b ). Estos resultados, tal
.orno -or,r.ron Glover ( 1940), Phillips (1956) y otros investigado-
LOS ORIGENES DE LA PSICOTERAPIA RAC]ONAL.EMOTIVA 11

res, eran mejores que la media obtenida en los tratamientos psicoana-


Iíticos clásicos.
Sin embargo, pronto tuve que admitir honesramente que algo no
funcionaba. En primer lugar, por parte de mis pacientes, Úopezábamos
con frecuencia con una seria resistencia al método psicoanalítico. La
libre asociación en el verdadero sentido de la palabra era lo que más
les costaba aprender a muchos de ellos, y algunos nunca fueron capaces
de conseguirlo. Mientras que algunos analizados soñaban con prodiga-
Iidad y no tenían problemas para contarme sus sueños, otros sin embar-
go rara vez soñaban, y a menudo olvidaban lo que habían soñado.
Se producían con frecuencia largos e inútiles silencios ( a veces
prácticamente durante toda la sesión analítica), mientras que yo (de
acuerdo con la técnica clásica ) inútilmente me sentaba junto a é1, con
ellápiz languideciendo en mi mano. Aunque hacía lo que podía para que
estuvieran quietos tumbados en el sofá, constantemente intentában
ponerse de pie y pasear por la habitación, o se incorporaban y me mira-
ban, o hacían cualquier cosa menos fijar la vista pensativos en el techo.
Muy a menudo se volvían a mí con amargura, Iamentándose de que
no hacía nada para ayudarles y diciendo que eso era todo lo que podían
aguantar de semejante desatino. Por supuesto, interpreté de forma obe-
diente e ingeniosa que su negativa a seguir adelante tranquilamente con
las normas analíticas significaba que se estaban resistiendo a la relación
de transferencia y por consiguiente a mejorar. A nrenudo lograba conven-
cerles de esto, pero me enconmaba cada vez más y más asombrado.
Me preguntaba también sobre mi propio papel en el proceso tera-
péutico. El interpretar las libres asociaciones y los sueños de mis pacien-
tes, y en pariicular e[ conectar sus problemas actuales con su pasado me
parecía al principio muy divertido. En privado lo llamaba uhacer de
detective,>, y me consideraba muy afortunado al ser pagado por dedicar-
me al oficio de estrujar el cerebro de la gente.
Siendo una persona con cierta expetiencia como escritor, me resul-
taba incluso más divertido este papel de detective de la vida misma
que el de inventar finales imprevistos para mis historias o las de otros.
Cuando ttataba de convencer a un paciente de que en verdad ese día
estaba enfadado, no porque su jefe le huhiera dicho algo desagradable,
ni porque su mujer le hubiera dado la lata en la cama, sino porque
en la actualidad odiaba a su padre y a su madre e inconscientemente
se desquitaba con ellos a través de esa explosión, y cuando mi pacien-
te con emoción corroboraba: «¡Sí, es cierto! ¡Lo veo todo tan claro
ahora!», me sentía muy contento y completamente seguro de que ahora
que le había facilitado esta importante clave para sus problemas básicos,
sin duda mejoraría,
¡Ay!, pronto descubrí que tenía que admitir honestamente ante
(
mí y a veces ante los propios pacientes ) que en general estaba comple-
14 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

tamente equivocado. El individuo que justo ayer gritó miunfalmente


al tiempo que daba un golpe en mi mesa de trabajo que casi me tira
mi preciosa lámpara de alabasto. razón! ¡Tiene toda la razón!
-«¡Tiene
¡Odio a mi padre, le odio, le odio, le odio muchísimo y le he odiado
siempre, a pesar de que nunca quise admitirlo. Sí, tiene toda la tazónl»>.
Este mismo individuo, después de su activa penetración psicológica y
de su júbilo porque había sido capaz de comprender por qué no podía
levantarse por las mañanas e ir a trabajar, volvería al día siguiente, y
al otro, y a la semana siguiente y al mes siguiente, porque todavía no
eta capaz de levantarse de la cama e ir a la oficina.
Entonces, de forma angustiosa y conmovedora me preguntaría:
«¿Cómo es estoT ¿Por qué pasa, Doctor Ellis, que ayer lo veía todo
tan claro, y rcdavía lo sigo viendo claro hoy, y ahora mismo admito
que en verdad odiaba al viejo bastardo, y sin embargo no puedo levan-
tarme de la cama, ni he cambiado un poco mi conducta? ¿Por qué2
¿Por qué pasa esto?,>. Y yo, (todavía riguroso de acuerdo con la teoría
psicoanalítica, aunque preguntándome más y más sobre la validez cle
esta teoría terapéutica) me vería obligado a responder: «Sí, ya sé, Vd.
ha tenido alguna penetración psicológica importante, y estoy seguro que
le ayudará a pesar de todo. Pero pienso que en verdad no lo ha visto
con la claridad suficiente; o quizá haya algo más, alguna otra penetra-
ción relevante qlle todavía no ha visto, al¡nque es probable que se esté
aproximando a ella. Si continuamos con paciencia, hasta que de oerdad
vea lo que le está problematizando, entonces podrá levantarse por la
mañana e ir a trabaiar o hacer cualquier cosa que ahora de forma netrró-
tica es incapaz de hacer.
Normalmente el paciente se tranquilizaba de nuevo ( o al menos
se detenía temporalmente su travectoria)con estas palabras. Pero yo no
de forma completa- y me seguía pregLrntando, preguntando...
-nuncaInternamente me cuestionaba también otros pLlntos de la técnica
psicoanalítica clásica. ¿Por qué, cuando me parecía saber lo que estaba
inquietando a mi paciente, tenía que esperar de forma pasiva, qtrizá
durante semanas o qr:izá durante meses, hasta que é1, por su propia
iniciativa interpretativa, demostrara que estaba completamente «dispues-
to)> para aceptar mi propia introspección psicológica? ¿Por qué, cuando
mís pacientes luchaban angustiosamente por continuar asociando libre-
mente y (después de una sesión entera) sólo decían unas pocas palabras,
no podía ayudarles yo con algunas preguntas u observaciones intenciona-
das? ¿Por qué tenía que empeñarme en crear enfte los pacientes y yo
una intensa relación de transferencias, incluyendo una neurosis de trans-
ferencia, cuando de una forma u otra algunos de los pacientes no pare-
cían preocuparse lo más mínimo por mí, y únicamente estaban interesa-
dos en resolver sus problemas con ellos mismos o con otros de forma
rápida?
LOS ORIGENES DE LA PSICOTERAPIA RACIONAL-EMOTIVA l5

Cuanto más me interrogaba, más escéptico llegué a estar sobre la


eficienciay eficacia de la técnica analiúca clásica. Poio a poco me encon-
tré introduciéndorne de forma inadverrida en los tipos áe análisis neo-
freudianos, no clásicos, y por consiguiente en lo que normalmente se
denomina como psicoterapia de orientación psicoanalítica. Durante mi
período de transformación pienso que ensayé y la mayor parte de los
métodos analítícos más importantes, íncluyendo el dar-amor de Ferenczi,
el de las relaciones de Rank, el del énfasis de la historia actual de
Horney, y las técnicas de relación inrerpersonal de Sullivan. Todos me
parecieron muy interesantes, normalmente me estimulaban y mis pacien-
tes con frecuencia lograban introspecciones psicológicas. Tengo que admi-
tir sin embargo, que aunque la mayoría de mis pacientes empezaron
a sentirse mejor, y algunos de ellos actuaban de forma más eficaz en
sus propias vidas, rara vez, y creo que nunca llegaron a sentirse meior
en lo que considero era el verdadero sentido del término: es decir, una
experimentación mínima de la ansiedad y hostilidad de forma constante.
Cuando paulatinamente fui cambiando de los análisis nprofundosr>,
con sus sesiones de ) a 5 veces poi remrn, en el sofá, a una psicotera-
pia de orientación psicoanalítica, cara a cara, con una o dos sesiones
semanales, empecé a obtener resultados terapéuticos. Para mi sorpre-
sa, este método «superficial, empezaba a producir efectos no sólo más
rápidos, sino aparent¡:mente más profundos y duraderos. En la terapia
de orientación psicoanalítica se utilizaban muchas de las teorías ftlnda-
mentales de Freud, Ferenczi, Abraham, Jones, Fenichel y oros desta-
cados psicoanalistas ( también las teorías neo-freudianas o neo-adleria-
nas de Horney, Rank, Reich, Fromm, From-Reichman, Sullivan y otros);
se rescindía o prescindía de los interminables y exhaustivos métodos
de la libre asociación y los análisis de las implicaciones de los sueños,
y en su lugar se usó un método mucho más rápido y activo.
Así, donde un analista clásico freudiano necesitaría un año o dos
para demostrar a su paciente que está todavía super-dependiente de
sus padres, y que esta dependencia le produce una conducta bastante
neurótica, un terapeuta de orientación psicoanalista puede comunicar
la misma interpretación a un paciente después de unas pocas sesiones,
y al mismo tiempo relacionar de forma activa el pasado del paciente
( que conoce a trávés de sus preguntas directas y agudas ) con su actual
comportamiento neurótico.
En consecuencia, desde 1952 hasta principios de 1955 llegué a
ser uno de los terapeutas de orientación psicoanalítica más activo-direc-
tivo. Y debo decir que mi actividad pronto empezó a obtener resulta-
dos positivos. Con la práctica del análisis clásico había ayudado a meio-
rar de un modo sensible aproximadamente a un 50 %o de los pacientes
totales ( incluidos psicóticos y psicóticos dudosos ), y a un 60 7o áe
los pacientes neuróticos. Con la terapia activo-directiva ayudé de forma
t6 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

indiscutible a\ 6) 7o de los pacientes totales y al 70 7o delos pacientes


neuróticos.
Además, mienras que los pacientes ratados con las técnicas anali
ticas clásicas necesitaban como terapia una media de 100 sesiones (y
gran parte de ellos necesitaban de hecho cientos de sesiones ), los trata-
dos con métodos de orientación psicoanalíticos más activos tenían su{i-
ciente con una media de 15 sesiones. Por lo que pude ver, los pacien-
tes tratados de forma activa y con orienración analítica estaban obte-
niendo mejores resultados en un período de tiempo menor que los trata-
dos con la técnica clásica .,más profunda».
Sin embargo, todavía no me sentía satisfecho con los resultados
que estaba obteniendo. De nuevo, un gran número de pacientes mejo-
raron sensiblemente en un período de tiempo corto y se sintieron mucho
mejor después de obtener aparentemente ciertas introspecciones decisi-
vas, pero pocos de elios estaban realmente curados, en el sentido de
estar mínimamente afectados por la ansiedad y hostilidad. Como antes,
paciente tras paciente me diría: <,Sí, ahora veo exactamente lo que me
preocupa y por qué me preocupa, pero con todo, aún sigo preocupado.
¿Qué puedo hacer ahoraT». Y yo me vería limitado a contestarle:
«Bien, no estoy seguro de que en oerdad lo vea totalmente», O: <<Sí,
estoy de acuerdo con Vd. en que ha tenido una penetración intelectual
en lo que le ha estado preocupando durante tanto tiempo, pero todavía
no ha tenido la penetración <,emocionalo; con lo cual el paciente a
mentrdo me diría: «Estoy de acuerdo. Me imagino qúe en oerdad no
lo he visto todo. No he conseguido la peneración emocional. Ahora
¿córno Ia consigoT
Como los demás psicoterapeutas qr-re conocía, me desconcertaba
y me decía con poco entusiasmo: <<Bien, debe haber algo que en oerdad
le impida conseguir la introspección emocional. Ahora, veamos qué es».
O, ese viejo y usado recurso de terapeuta frustado: «Quizá realmente
no quiere mejorar. Quizá quiere, al mantener su problema, seguir casti-
gándose Vd. mismo>>. Todo lo cual a veces parecía tranquilizar al pacien-
te, pero en absoluto me tranquilizal¡a a mí.
Cuanto más cuestionaba la eficacia de la terapia de orientación
psicoanalítica (y, si vamos a eso, de todos los tipos de terapia que
había utilizado o de las que había oído algo), más convencido estaba
de que algo esencial faltaba en esa teoría y práctica. Finalmente, por
un proceso de tanteos clínicos empecé a ver claro lo que era.
El principio más irnportante del psicoanálisis es en esencia el
mismo de la teoría psicológica del aprendizaje conductista, la cual
rcchaza en su mayor parte la teoría de la respuesta conclicionada
de Pavlov. Esta teoría que, así como los perros de Pavlov tenían sus
incondicionados ataques de hambre completamente condicionaclos al
toque de una campana, por el simple hecho de establecer una asocia-
LoS oRIGENES DE LA PSICoTERAPIA RACIoNAL-EMoTIVA 17

ció¡. entre el toque de. campana del que hace el experimento y la expo-
sición del alimento (de tal forma que los perros impiezan á ,.g..gu.
saliva tan _pronto como oyen la campana, incluso an[es de qu. "r. i".
presente el alimento), así también un ser humano está conáicionado,
desde lo más temprano de su vida, a tener miedo de algo ( tal como
la i¡a de su padre ), por las amelazas o castigos .ada vl, que actúa
de forma reprochable (por ejemplo, cuando se másturba o desea contacto
ttt"'f,.t?ff¿T'.1ti).r,"
teotía,puesro que al individuo (como a los
perros de Pavlov )se le enseña a rener miedo de algo ( tal como la
reprobación de sus padres), y,puesto que se le enseñó a hacerlo cuando
era muy pequeño y no comprendía lo que estaba aprendiendo, la solu-
ción obvia a su problema es enseñarle en una terapia psicoanalítica,
gue ocurrió exactamente en el origen de su vida. Por consiguiente,
sabiendo que ha sido enseñado a tener miedo, y comprendiendo también
qtre no es un niño y qtJe yd no necesita tener miedo a la misma cosa
(como la reprobación de sus padres), el temor condicionado de este
individuo (o neurosis) es presumible que desaparezca. En otras pala-
bras, la introspección en el proceso de los primeros condicionantes
invalidará de alguna forma los efectos de este proceso y le dará libertad
para reestructurarse él mismo.
Esto me pareció, en mis primeros años de terapeuta, la teoría más
admisible. Llegué a ser uno de aquellos psicólogos que pensaban que
estaba cerca de una aproximación enre el psicoanálisis freudiano (o al
menos neo-freudiano ) y la teoría del aprendizaje conductista, y que
se debería hacer todo lo posible por favorecer esta aproximación.
Mi adhesión a la teoría del aprendizaje ayudó a mis resultados
terapéuticos en un aspecto importante por Io menos. Empecé a ver
que no era probable que la introspección sola lograra que el individuo
superara sus temores y hostilidades tan profundamente arraigados.
También necesitaba una amplia etapa de acción combatiendo el temor
y la hostilidad.
Tuve esta idea al extrapolar los experimentos descondicionantes
de Pavlov. Cuando el gran psicólogo ruso quería descondicionar a los
mismos perros que había condicionado tocando una campana, justo en
el momento antes de alimentarlos todos los días, lo que hacía era seguir
tocando la misma campana, tiempo y tiempo, pero sin alimentarlos
después que la tocaba. Al poco tiempo, los perros habían aprendido
a suprimir su respuesta condicíonada; es decir, ya no echaban saliva
ante el sonido de la campana sólo.
Este tipo de descondicionante me dio ( y aparentemente a muchí-
simos otros psicoterapeutas, como Salter ( 1949) y \X/olpe (1958) Ia
idea de que si se obliga a los seres perturbados a hacer lo que temen
(por ejemplo estar en la misma habitación con un animal o ir en un
18 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

tren subterráneo ),. pronto comprenderán que eso no es tan temible


como erróneamente pensaban que era, y su temor llegará a ser descon-
dicionado o suprimido.
Por 1o tanto intenté, como terapeuta, no sólo enseñar a mis pacien-
tes el oligen de sus miedos, el hacerles ver que ya no necesitaban temer
esas cosas (como el rechazo de sus padres), no importa cuánto pudieron
temerlas en otro tiernpo, sino también, como 1o más importante, intenté
animarles, convencerles y empujarles a hacer todo lo que temían (como
exponerse a un rechazo de sus padres o de otros), para que aieran de
forma más concreta que estas cosas ya no eran temibles en Ia actualidad.
De este modo, en lugar de un psicoterapeuta con una orientación psico-
analitica de verdad, empecé a ser mucho más ecléctico, exhortativo-
persuasivo y activo'directivo. Y encontré que este tipo de terapia, aún
ion srr limitaciones concretas, tenía más éxito con la mayoría de mis
pacientes que mis métodos psicoanalíticos anteriores.
No obstante, seguía tropezando todavía con muchas situaciones
irritantes, conocidas por todo tipo de terapeutas, cuando los pacientes
se negaban a hacer prácticamente todo lo que les pudiera ayudar, incluso
después de que era obvio que habían adquirido un grado muy impor-
tante de introspección dentro de su perturbación.
Uno de mis fracasos terapéuticos importantes fue el de una chica
que se negó a salir de sí misma y ffatar de encontrar nrrevos novios,
aun cuando quería casarse a toda costa. Ella sabía muy bien, después
de un montón de sesiones de terapia conmigo y con oros dos analistas
de gran reputación, que había sido expresamente enseñada a tener miedo
de los desconocidos ( por sus temerosos padres y parientes ); que tenía
un miedo tremendo al rechazo, porque siempre se le había dicho que
era fea y menos alegre que su hermana casada más pequeña; que estaba
horrorizada de asurnir las responsabilidades del matrimonio, respeito
al cual estaba segura ( en gran parte, de nuevo, por el adoctrinamiento
familiar) que no sería capaz de llevarlo a cabo con éxito; y que se
encontraba muy atada a su padre y no quería dejar la seguridad que
le daba él por la seguridad menor del matrimonio. A pesar de toda
esta autocomprensión se seguía negando a salir con algún chico y
encontraba las excusas más tontas para quedarse en casa.
La pregunta que me hacía, cuando trataba de resolver el misterio
de Ia inactividad de esta paciente típica era: «Dado qve en otro tiempo
se la enseñó a tener un miedo tremendo a\ rcchazo y a la responsabilidad
en el amor y el marimonio, ¿por qué esta chica de 33 años, bastante
atractiva, inteligente, sigue todavía tan temerosa a pesar de haber sufri-
do tanto por sus miedos, cuando ha triunfado en otros aspectos impor'
tantes de su vida y ha estado varios años con un análisis clásico, una
terapia de orientación psicoanalítica '/ ahora está con una terapia ecléc-
tica activo-directiva? ¿Cómo es posible que haya aprendido tan poco
LOS ORIGENES DE LA PSICOTE&APIA RACIONAL-EMOTIVA l9

en este aspecto del sexo y del amor, y que todavía se empeñe en seguir
destruyendo sus propios deseos sabiendo perfectamente ahora lo que
está haciendo?
Mi primera respuesta a esta pregunta fue en los términos del
condicionante tipo Pavlov y las leyes normales de la inercia humana.
Me dije: <<Sí, esta paciente ha sido condicionada de forma muy violenta
durante su infancia a tener miedo, y es un ser humano que por Io
general encuentra más fácil repetir un hecho antiguo que aprender uno
nuevo. ¿Por qué no ha de continuar con miedo para siempre?
Pero no, esto no tenía ningún sentido: aunque hubiera una buena
razón para tener miedo, no importa lo fuerte que en principio se
condicionó, debería, por lo menos de forma eventual, desvanecerse en
pacientes seriamente afectados como era el caso de éste: es decir,. la
falta de un refuerzo agradable y Ia acumulación concomitante de un
castigo muy desagradable. Pues, según la teoría del aprenáizaje conduc-
tista y pavloviano, el perro en principio llega a estar condicionado al
sonido de la campana cuando se toca iusto antes de ser alimentado
porque (a) a él le gusta de forma incondicional o instintiva la carne,
y ( b ) es reÍ.orzado o recompensado con esta carne cada vez que oye
la campana. Sin embargo, no es la carne en si misma la que le lleva
a responder a la campana que se ha tocado asociada a ella (la carne),
sino e/ sentido de recompensa qúe la carne tiene para el perro.
De igual forma, cuando se hace el experimento descondicionante
y la campana suena continuamente sin que nada de carne se le presente
al perro, no es la ausencia de carne, per se ", lo que inquieta al perro
y le induce a no responder más a la campana, sino la falta de recom-
pensa o refuerzo que acompaña a Ia ausencia de carne.
Es presumible que los seres humanos han de actuar en gran parte
de la misma forma que los perros de Pavlov reaccionaron en las expe-
riencias condicionantes y descondicionantes. Si son condicionados, al
principio de sus vidas, a temer o evitar algo (como el rechazo de sus
padres), en teoría han de ser recondicionados o descondicionados de
forma gradual cuando descubran, al pasar el tiempo, que lo que estaban
condicionados a temer en verdad no es tan terrible. Esto ha de confir-
marse especialmente en la gente con introspección psicológica; es presu-
mible que los que puedan decirse de forma consciente: «Aprendí a
t.mer él rechazo durante mi infancia, pero altora veo que en verdad
no hay nada que temer)>, habrán de superar su miedo en breve y nunca
más se sentirán acosados por ello.
Desgraciadamente las curas de los temores intensos y de hostili-
dades por lo general no ocurren de esta manera.

En el original
20 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

Independientemente de que la gente adquiera o no una inüos-


pección importante en los más antiguos orígenes de su problemátíca,
tata vez consiguen suprimir sus temores automáticamente, incluso cuan-
do las experiencias de su vida les siguen demostrando ( a ) que en verdad
no hay nada de qué temer, y (b ) que si siguen temerosos llegarán a
adquirir serios síntomas neuróticos que no perdonan y se convierten
en un «handicap,r. A pesar de la enorme influencia disfuncional de
sus temores adquiridos en Ia primera época, aún insisten en mantener
la mayor parte de las molestas consecuencias conductuales de estos
miedos.
Observando esto y el camino obstínado en el que muchos de mis
pacientes seguían agarrándose a sus temores y hostilidades, continuaba
preguntándome: ¿Por qué? ¿Por gué seres humanos tan inteligentes,
incluidos los que han conseguido dna introspección psicológica impor-
tante, se agarraÍt de forma tan desesperada a sus ideas irracionales sobre
sí mismos y sobre los demás? ¿Por qué se siguen culpando de esa
manera tan ilógica y exageruda (dando origen así a la ansiedad, culpa-
bilidad y depresión ), y
culpando implacablemente a los demás (creán-
dose así un sentimiento de grandiosidad, hostilidad y resentimiento),
incluso cuando obtienen resultados tan pobres de estas dos formas de
culpabilizarT
Por último, en 1954 empecé a agrupar todos mis conocimientos
psicológicos y filosóficos de forma diferente a como Io había hecho
antes y comencé a obtener lo que parecía ser una buena phrte de la
respuesta a estas preguntas tan importantes. Empecé a ver que los
seres humanos no son lo mismo que los perros de Pavlov o cualquier
otro tipo de animal inferior, y que sus problemas emocionales son
completamente distintos a las neurosis experimentales y otros trastornos
emocionales que producimos en el laboratorio con ratas, cobayas, peros
y otros animales; ya que los seres humanos tienen un atributo que
ninguno de los otros seres animados que conocemos poseen de forma
desarrollada: el lenguaje y la facilidad de producir símbolos que acom-
pañan al lenguaje (Cassier, 1953; Vhorf, 1956) . Pueden comunicarse
ion ot.o. y (quizá lo más importante en lo que a neurosis y psicosis
se refiere) d. fo.rnu infinitamente más compleia y heterogénea que la
comunicación de otros animales a través de sus señales'
Pronto comprobé que esto establecía una diferencia muy impor-
-perro
tante. Es obvio que el de Pavlov es capaz de hacer señales a
un nivel muy rudimentu.io, cuando se toca la campana -en yuxtaposición
con la .urné qrr. le gusta comer, y se le convence de que el sonido
de la campana equivale a la hora de comer (y, en el proceso de desapa-
rición, q,r. .1 sánido de la campana sin la presentación del alimento
no equivale a la hora de comer)' Por lo tanto, su propia comunicación
LOS ORIGENES DE LA PSICOTERAPIA RACIONAL.EMOTIVA 2t

por,señas tiende a ser muy limitada y a estar en gran parlrc a merced


de las circunstancias exteriores.
Sin embargo,.es relativamente fácil para el experimentador ense_
ñar al perro que bajo la condíción á ( piesentació; del sonido de la
campana sin él alimen_to) Io prudente es que deje de segregar saliva.
Es menos paru el experimenrador, pero poribl., .nré¡"i al perro
-fáeil
que bajo la condición a ( presentación áel afimento con un estímulo
nocivo, como una descarga eléctrica dolorosa ) lo prudente es que evite
el comer, mienras que en la condición á ( la presentación del ,lirn.nto
sin ningún estímulo nocivo), más vale que comience de nuevo a comer.
Probablemente esto ocurre porque los procesos de señalización del
perro_ son bastante primarios y rudimentarios y no tiene lo que Pavlov
llamaba los procesos compleios o secundarios de señalización que el
hombre, el único de todos los animales, parece tener. En consecuencia
le es fácil hacer las ecuaciones simples; alimento más coriente eléctrica
igual a euitar comer; y alimento menos corriente elécuica igual a comer.
Sin embargo, tan pronto como aparecen los procesos complejos o
secundarios de autoseñalización del hombre, enra en juego un factor
nuevo que puede cambiar en gran parte la simple ecuación de ir hacia
o de evitar, hecha por los animales más inferiores. Este factor puede
ser llamado autoconsciencia o capacidad de pensar sobre el pensamiento.
Así, el perro de Pavlov puede señaliz^tse a sí mismo: <<Esta carne
es buenar>, y puede acercarse a ella o segregar saliva. O puede señali-
zarse: <<Esta carne más la corriente eléctrica es malarr, y puede evitar
la carne más la corriente. Sin embargo, es probable que nunca se
señalice como un ser humano lo hace: «Sé (soy consciente) que estoy
pensando que esta carne es buenarr, o «puedo vet (comprender) que
me estoy diciendo a mí mismo que esta carne más la corriente elécüica
es mala y mejor es que esté lejos de ellarr.
El perro percibe, y hasta cierto punto piensa sobre lo que está
fuera de él (la carne y la corriente elécrica), e incluso sobre él mismo
( su propia preferencia por la carne o su irritación al recibir la descarga ).
Pero, que nosotros sepamos, no piensa acerca de su pensamiento ni
percibe sus propios procesos mentales. En consecuencia, tiene poca
capacidad para delinir los estímulos externos como buenos o malos,
y en gran parte está limitado a sús se?Tsaciones conctetas, placenteras
o nocivas sobre estos estímulos.
En otras palabras, parece que el perro se está diciendo a sí mismo
(o, más exactamente, se está señalizando, ya que el perro no tiene
nuestro tipo de lenguaje) algo en la línea de:.,Ya que este alimento
sabe bien, me gusta y me mantendré en la actitud de ir hacia él», y
<(ya que este alimento más la descarga eléctrica produce una sensación
desagradable, no me gusta y me mantendré en la actitud de evitarlo».
22 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

Regula su conducta en gran parte porquc sus sensacione-r son f.orzadas


(recompensadas) o castigadas.
Por otro lado, un ser humano es castigado o recompensado por
sus sensaciones y, de acuerdo con esto, hace sus conclusiones sobre
el ir hacia ciertas situaciones o evitarlas. Pero lo más importante es
gue tarnbién es recompensado o castigado por todo tipo de procesos
simbólicos, no sensitivos, tales como las sonrisas, las frases críticas, las
medallas, los demerecimientos, etc., los cuales poco o nada tienen que
ver con sus procesos sensitivos. Y es recompensado o castigado por su
propio pensamiento, aun cuando este pensamiento está en gran parte
separado de los refuerzos o castigos del exterior.
Un hombre, por ejemplo, puede foruarse a ir voluntario a las
fuerzas armadas, lo cual puede ser que le disguste en lo más profundo
y además lo considere peligroso, pero siente que, aun cuando sus amigos
y compañeros no le perjudicaran en ningún aspecto si rehúsa alistarse
( es decir, no le harán el boicot, ni le echarán del trabajo, ni le harán
daño con estímulos nocivos ) pensarán que no es patriota y (en silencio
y con disimulo) sentirán que no es tan bueno como los que se alistaron.
Aunque, en un caso como éste, el mantenerse fuera de las fuerzas arma-
das tiene pocas desventajas y muy secundarias (y probablemente las
ventajas sean varias e importantes), para este hombre el actuar así
le determinará o creará grandes «penalizaciones, y le Íorzará a alistarse
o a abstenerse de ello, 1o que le haría sentirse mlry culpable, hasta
llegar a odiarse.
De la misma manera, aunque los padres de una mujer puedan vivir
a miles de millas de distancia de ella y tengan poco contacto o ninguno,
o incluso se hayan muerto, ella puede sentirse muy culpable y desgra-
ciada por alguna conducta suya ( o sólo un proyecto ), como el tener
relaciones sexuales prematrimoniales, porque si sus padres estuuierdn
cerca, es probable que desaprobarían sts actos (o pensamientos).
Aquí en especial, tenemos un caso claro en el que un acto (la
fornicación ) no tiene desventajas reales ( suponiendo que esta muier
y sus actuales amigos no están de acuerdo con sus padres y aprueben
el acto), y es probable que tenga ventajas considerables, y sin embargo
esta mujer se abstiene del acto por temor (o lo lleva a cabo con un
fuerte sentido de culpa), porque en esencia 1o deline (o la posible
reacción de sus padres ausentes o muertos ante ello) como censurable.
En otras palabras, los perros temen estímulos nocivos reales, mien'
tras que los seres humanos temen estímulos desagradables, tanto ima-
ginados o det'inidos como reales. Hasta cierto punto, es verdad que los
animales más inferiores pueden imaginar o definir lo detestable de una
situación. Así, como Skinner (195)\ ha demostrado, las palomas y
omos animales pueden llegar a ser <<supersticiosos» y temer ciertas
esquinas de una jaula (o de jaulas similares), porque una uez estuvieron
LOS ORIGENES DE LA PSICOTERAPIA RACIONAL.EMOTIVA 2)

castigadas en esa esquina, incluso cuando después no volvieron a recibir


ningún castigo en esa situación. Sin embargo, aun en estos ejemplos,
la paloma tuvo que ser castigada una uez, y ahora evita la situación
en la que fue castigada, debido a una supergeneralización más que por
pura definición.
No obstante, a los humanos se les tiene que decir simplemente
que para la gente es fatal y horroroso que se les desapruebe. Sin ningu-
na evidencia real en la que basar esta ptopaganda, llegan a creer lo
que se les cuenta con facilidad; y por medio de esta opinión bacefl
desaprobaciones muy poco favorables a ellos mismos.
Otra forma de expresar el punto principal que estoy tratando de
desarrollar aquí es decir que los animales más inferiores son condi-
cionados con facilidad a temer efectos de castigos físicos, y a través
cle sus temores físicos a aprender también (en el caso de algunos anima-
les ínteligentes, como el perro ) a temer gestos y palabras de otros
(por ejemplo un perro primero teme que se le castigue por hacer algo
v después aprende a tener miedo de una mirada ceñuda de su dueño
cuando hace esto mismo, aun cuando no sea castigado directamente
por ello ).
EI hombre, además de ser desalentado por el castigo físico y las
palabras y gestos de los demás que signifiquen que le puede sobrevenir
Lrn castigo, también le desalienta ( a ) el tener en cuenta los gestos
v las palabras negativas de los demás, aunque no vayan acompañados
de ningún castigo físico directo, y ( b ) el tener en cuenta sus propias
palabras y gestos negativos sobre las posibles palabras y gestos negativos
.le los demás (o de algunos dioses hipotéticos ). Por lo tanto el hombre
a menudo llega a tener miedo de procesos pilran ente verbales o de
otro tipo de señalización, mientras que los animales más inferiores
nunca serán capaces de tener miedo de esta forma. En consecuencia
las neurosís humanas en algunos aspectos son cualitativamente dife-
rentes de las animales, aun cuando sus perturbaciones coincidan en
otros aspectos.
Volviendo a mis pacientes, durante el año 1954 empecé a com-
prender que no sólo aprendían de sus padres, de Ia gente y de la
comunicación de masas de nuestra sociedad a temer las palabras, pensa-
mientos y gestos de los demás ( al margen de los castigos sensoriales
que las podían inflingir) sino que también eran capaces de temer, por
su facilidad con el lenguaje (o su habiliáad a hablar con los demás
v con ellos mismos) sus propias autoseñalizaciones o conversaciones.
Con esta capacidad, exclusivamente humana, de temer los gestos
), comunicación verbal de los demás y la suya propia, los pacientes
la
podían imaginar o det'inir temores que no tenían ninguna base en
castigos físicos o sensoriales. En realidad, prácticamente todos sus temo-
res neuróticos eran temores definidos: es decir, ansiedades que en su
24 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

9rig9n les fueron definidas por otros y más tarde las hicíeron sn7as.
De forma.más específica, primero se [es dijo que el ser desaprobado
o no amado era horroroso y terrible, y después siguieron diciindose a
sí mismos que el ser rechazado o desaprobado ira espantoso. Este
cuento dos veces contado constituía en la mayoúa de^los casos las
neurosis.
Empecé a ver claro algo que tanto Ios psicólogos freudianos como
los conductistas esraban haciendo mal al prescindir de gran parte de
los aspectos del babla o del lenguaje en la neurosis humana. No total-
mente, por supuesto, ya que los dos admiten de forma tácita o explí-
cita, que los padres y los profesores les dicen a los niños que no
valdrán nada ni tendrán remedio si dicen o hacen cosas malas ( en
especial el desear a sus madres y odiar a sus padres ), y de ese modo
adquieren consciencias muy fuertes o ( usando un término freudiano )
superegos, con lo que se llegan a perturbar.
Sin embargo, al admitir que las filosofías de la vida inculcadas
por el lenguaje pueden producir algunas neurosis, los psicoanalistas
clásicos y los conductistas acentúan también las supuestas influencias
más tempranas en el niño, las no verbales o subcutáneas, y a menudo
piensan que estas influencias ..no verbales)> son factores incluso más
importantes que los adoctrinamientos del lenguaje en Ia creación de
la perturbación emocional. Respecto a esto, estoy completamente con-
vencido que están equivocados, y así parecen indicarlo de forma Parcial
las limitaciones del tipo de terapia que presentan.
Respecto a este punto, aun cuando los freudianos y los conduc-
tistas admiten completamente la enorme influencia de los adoctrina-
mientos verbales en la creación de Ia neurosis (como por eiemplo
Dollar y Miller ( 1950) claramente hacen), por desgracia casi siempre
fracasan como científicos y clínicos al no admitir Ia gran influencia
de los autoadoctrinamientos verbales en el mantenimiento de la pertur-
bación emocional. Y esto, como comprobé cuando hacía el psicoanálisis
clásico y la psicoterapia de orientación psicoanalítica, tiene consecuencias
directas en la eficacia terapéutica.
Ya que, como Bernheim (1887), Coué (19») y otros muchos
médicos psicólogos han visto en los últimos 75 afos, el hombre no
es sólo un animal muy sugestionable, sino que es oiltos\gestionable
de una forma anormal. E insisto en que probablemente la ruzón princi-
pal por la que sigue creyendo en Ia m yorí^ de los sinsentidos con
que se le adoctrinó durante su infancia, es no sólo por la influencia
de las leyes humanas de la inercia mental (la cual es muy probable
que sirva para inducir a los animales inferiores a seguir repitiendo el
mismo error disfuncional una y otra vez ), sino porque de forma activa
y enérgica sigue readoctrinándose.
LOS ORIGENES DE LA PSICOTERAPIA RACIONAL.EMOTIVA 25

Así, un niño en nuesrra cultura no sólo llega a senrirse culpable


de desear a su madre, al enseñársele de forma muy rígida que es imper-
donable que se comporte así, sino que perfia?recerá sintiénáose culpable
para siempre de este tipo de concupiscencia, ya que (a) segairá oyindo
y leyendo acerca de sus asumídas atrocidades, y (b) continuará dicién-
dose a sí mismo cada vez que tenga un pensamiento incestuoso, ¡oh,
Dios mío!, soy un canalla por pensar de forma tan horrorosa>>. Aun
cuando a) no tueru verdad este chico al ser mayor se fuera a vivir
a una comunidad donde se-sicreyera que el incesto era algo bueno y
perfectamente aceptado- lo más probable es que durante muchos años
de su vida, y quizá hasta el final de sus días, b) seguiúa siendo la
verdad y cada vez que tuviera una idea incestuosa se consideraúa a sí
mismo como un indeseable.
Esto es lo que fui comprendiendo de forma cada vez más clara,
cuando me iba abriendo camino de una orientación psicoanalítica hacia
una psicoterapia racional-emotiva: que mis pacientes no estaban adoc-
trinados simplemente con ideas irracionales y falsas sobre su inutilidad,
sino que por inercia y de forma automática, al ser adultos, seguían
agarrados a sus primeras ideas. Más sobre este punto: la mayor parte
seguían (como normalmente hacen los sercs humanos) readocÚinándose
de forma activo-directiva con las ideas negativas originales una y otra
vez, y de un modo inventado, las hicieron seguir viviendo hasta llegar
a ser parte integrante de las filosofías básicas de sus vidas.
Este intento tan fuerte y enérgico de agarrarse a sus irracionali-
dades más primatias era algo que normalmente hacían de forma invo-
luntaria, imprevista o inconsciente no siempre, ya que a
-aunque
veces, completamente conscientes, seguían repitiéndose la .,verdadr> de
los sinsentidos que habían absorbido de sus compañeros y de la socie-
dad. Pero, consciente o inconsciente, deseado o no, les estaba hacíe¡do
obligado- seguir creyendo en muchas ideas irreales,
-literalmente
que eran simples definiciones; por e.§o era que seguían neuróticos, a
pesar de la gran desventaja del estar así, y se resistían de forma increí-
ble a mis esfuerzos (o los de cualquier otro terapeuta) y a los suyos
propios para que sus neurosis cedíeran.
Por fin había resuelto, por Io menos paru mi satisfacción, el gtan
misterio del por qué de tantos millones de seres humanos que, no
sólo estaban perturbados emocionalmente al comienzo de sus vidas,
sino que se empeñaban, ante tanta autodestrucción, a seguir así. La
misma facilidad del lenguaje que les permite ser en esencia humanos
con otros y con ellos ¡¡i5¡¡6s- les permite también abusar
-hablar
de esta posibiliddd, diciéndose tonterías a ellos mismos: deliniendo
cosas como terribles cuando, en el peor de los casos, sólo eran incon-
venientes o molestas.
26 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

En particular, la habilidad de la genre para hablar o decirse cosas


les hacía olvidar que sus necesidades reales, o las necesidades de la
supervivencia humana eran, invariablemente, de naturaleza física o
sensorial decir, consistían en demandas tales como la necesidad de
alimentos-es
suficientes, líquidos, cobijo, salud y ausencia de dolor físico,
y les permitía erróneamente fiaducir sus deseos psicológicos
-tales
como el deseo de amor, aceptación, éxito y tiempo libre- e\ necesida-
des det'inibles. Entonces, en esta relación, una vez que definen sus
deseos o preferencias como necesidades, o aceptan las definiciones falsas
de sus padres o de los demás, su habilidad para autoconversar les
permite seguir definiendo sus necesidades de esta manera tan absurda,
aun cuando no tengan pruebas secundarias con que refrendar sus defi-
niciones.
Más preciso aún: clínicamente descubrí, al comprender lo impor-
tante que era la charla y la autoconversación para los neuróticos y los
psicóticos, que un individuo perturbado casi siempre prefiere ser amado
o aceptado por los demás ( 1o que es casi demente, ya que generalmente
bay ventajas concretas para los que le aceptan), y de forma arbitraria
defíne y mantiene esta preferencia como una necesidad terrible. De ese
modo, es inevitable que llegue a sentirse ansioso, culpable y deprimido
o si no a despreciarse: ya que no existe garantía alguna de que en
este mundo tan realista en que vivimos, será amado con devoción o
aceptado por los demás.
Del mismo modo, una persona perturbada prefiere mandar en los
demás, obtener algo a cambio de nada, o vivir en un mundo perfecto
(1o cual son deseos perfectamente legítimos si dependiera de uno el
poderlos conseguir), y exige que los otros y el universo entero accedan
a sus deseos. De esta manera, inevitablemente llega a ser hostil, a sentirse
enfadado, resentido y ambicioso. Sin la conversación humana y sin el
diálogo consigo mismo algún grado de ansiedad puede existir también;
pero comprendí que nuncá en grado tan intenso y extremo como el
de estos sentimientos que constituyen la perturbación emocional.
Una vez que empecé a ver claro que la conducta neurótica está
condicionada no sólo por el exterior, o adoctrinada en los primeros
momentos de,la vida, sino que es también un adoctrinamiento interno
o autosugestión del individuo, repartida una y otra vez, hasta llegar
a ser parte integrante de la filosofía de la vida que tiene en ese momen-
to ( y que continuamente reitera), la relación con mis pacientes dio
un giro radicalmente distinto.
Comprendí que había sido muy confuso en distintos aspectos:
tanto en mi anterior intento de enseñarles el origen de sus perturba-
ciones como lo que hacían ahora de forma activa para conffarrestar
sus primeros trastornos; y que todavía confundido por las teorías de
orientación freudiana, había estado acentuando la causalidad psicodiná-
LOS ORIGENES DE LA PSICOTERAPIA RACIONAL-EMOTIVA 27

mica más que la filosofía, y había subrayado la importancia de anular


lo hecho, más que lo dicbo o pensado. Había descuidado (junto con
prácticamente todos los terapeutas de ese momento) las declaraciones
simples y precisas y las exclamaciones que los pacientes se decían a sí
mismos al crear su perturbación, y que, aún más importante, todaaía
se lo seguían diciendo literalmente cada día de la semana para mantener
la misma perturbación.
Voy a exponer un caso ilustrativo. Durante este período de prác-
tica psicoterapéutica, tenía una paciente de 37 años a la que había
estado viendo durante dos años y que había conseguido un progreso
considerable, pero que después de este progreso se había quedado en
una especie de estacionamiento terapéutico. Cuando vino la primera
vez a la terapia, se peleaba continuamente con su esposo, soportaba
de mala manera un trabajo poco considerado en una oficina y estaba
como paranoica creyendo que todo el mundo estaba en contra de ella.
Durante las primeras semanas de terapia comprendió que sus padres
( los dos eran bastante paranoicos ) la habían enseñado literalmente a
ser recelosa de los demás y a exigir una forma de vida confortable
del mundo, al margen de que ella trabajaru o no para ganarse la vida:
la habían convencido de que, a menos que diera satisfacción a todos
sus caprichos e hiciera todo en la forma precisa que ellos creían conve-
niente, sería una desgraciada y una incompetente.
Con este tipo de educación, no era muy sorprendente que mi
paciente pensara que su marido no había hecho nada por ella y gue,
al mismo tiempo, ella no valia nada y no era merecedora de tener una
vida confortable. Se le enseñó en el curso de una terapia psicoanalítica
ecléctica que sus padres (y el ambiente cultural en el que había vivido )
la habían adoctrinado con opiniones sobre su propia ineptitud. Fue
ayudada específicamente a ver que estaba pidiendo a su marido esa
aceptación inequívoca qve no había obtenido de su padte, y que, des-
pués de quejarse amargamente ante él de que no la amaba lo suficiente,
por lo general se sentía culpable, tal como años antes se había llegado
a sentir cuando odiaba a sus padres y se oponía a ellos al pensar que
esperaban demasiado de ella.
A esta paciente no sólo la enseñamos las fuentes originarias de
la hostilidad hacia su marido y de su continua infravaloración, sino
que se la animó a que se descondicionar^ efi estos aspectos. Así que
se le asignaron las <(tareas» de (a) intentar comprender el punto de
vista de su matido y actuar con él como si no Íueru su padre, sino una
persona independiente en su propio derecho, y ( á ) intentar hacer lo
mejor posible su trabaio en la oficina, arriesgar la posibilidad de que
pudiera fracasar, y afrontar el hecho de que no era la mejor trabajadora
del mundo y que algunas de Ias quejas sobre ella en el tabajo estaban
justificadas.
28 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

La paciente, de forma seria y razonable, intentó utilizar sus recien-


tes hallazgos y llevó a cabo su <(rarea» terapéutica; durante los seis
primeros meses de terapia obtuvo progresos considerables, de tal forma
que se peleó mucho menos con su marido y tuvo su primer aumento
de sueldo por méritos propios, ya que hizo mejor su trabajo. Sin
embargo, aún conservaba la idea subyacente de que en verdad era un
individuo inútil, y que casi todo el mundo con el que se ponía en
contacto percibía este hecho y pronto empezaban a aprovecharse de
ella de forma excesiva. Ninguno de los intentos de analizar sus difi-
cultades actuales o de remontarlos a sus correlativos en el pasado
parecían librarla de esa serie de creencias básicas.
Teniendo la sensación de que este caso no estaba perdido y que
debía haber algún nétodo de enseñar a este paciente que sus ideas
paranoicas y de desaprobación de sí misma eran infundadas, persistí
en el intento de un avance terapéutico. De repente empecé a ver las
cosas de forma diferente, y este avance durante tanto tiempo buscado
ocurrió.
El siguiente diálogo con la paciente da una idea de lo que pasó.
Como otros extractos de sesiones reales que se incluyen en este libro,
está algo resumido, se ha clarificado en su aspecto gramatical y se han
omitido todos los datos que pudieran resultar identificables. Se ha
llegado a la conclusión que la transcripción palabra por palabra, aunque
refleja mejor el sentido de 1o <1ue pasa en la terupi^, es pesada, prolija
y (a menos que se comente con cuidado) poco clara. Un libro posterior
sobre casos de psicoterapia racional-emotiva incluirá transcripciones lite-
rales con muchas más anotaciones que las que hay en este libro por
falta de espacio.
«¿Entonces Vd. creer, le dije a la paciente (quizá por centésima
vez ) <<que no es muy buena y que es posible que nadie la acepte total-
mentey esté a su lado»?
«Sí, he de ser honesta y admitirlo. Sé que es tonto creer esto,
como Vd. me lo ha demostrado, pero todavía lo cteo, y nada parece
afectar esta opinión.»
<<¿Ni incluso el hecho de que Vd. se haya venido sintiendo mucho
mejor durante el último año con su esposc, con sus compañeros de
oficina y con algunos de sus amigos?»
«No, ni incluso así. Sé que estoy meiorando, por supuesto, v sé
que es por 1o que está pasando aquí en estas sesiones. Estoy contenta
y se lo agÍadezco, pero todavía me siento básicamente igual, que ha¡,
algo en mí en verdad despreciable, algo por lo que no puedo hacer
nada y que los demás. son capaces de ver. Y no sé qué hacer respecto
a este sentimiento.»>
.<Pero este 'sentimiento', como Vd. dice, es sólo su opinión. ¿No
lo comprende?,>
LOS ORIGENES DE LA PSICOTERAPIA RACIONAL.EMOTIVA 29

. «¿Cómo puede ser mi sentimiento sólo una opinión? En verdad


lo siento. Así es como puedo describirlo, como un ientimiento.r,
«Sí, pero lo sienre porqae lo cree. Si creyera, por eiemplo, si de
_ -de
verdad creyera que Vd. es una persona agraáable, a pesar todos
los errores que haya hecho y que aún puede hacer en su vida, a pesar
de todo lo demás, como por ejemplo sus padres, que piensan q"á Vd.
no es tan excelente; si de verdad creyeld esto, ¿se sentiría tan despre-
ciable ? >>

«-Uh.
Hmm. No, me imagino que tiene razón; me supongo que
entonces no me sentiría así.>>
.,De acuerdo: Por lo tanto el sentimiento de que Vd. es despre-
ciable o que no es buena en verdad es una opinión, una opinión muy
sólida, aunque no muy bien articulada, en la que justo Vd. no es muy
buena, aun cuando está actuando bastante mejor y tanto su marido
como sus compañeros de trabajo le han estado demostrando más que
nunca que les cae muy bien.»
. «Bien, supongamos que tíene razón, que es una opinión oculta la
que causa mis sentimientos. ¿Cómo puedo librarme de esta
-uh-
opinión? »>

puede sostenerla?».
-<<¿Cómo
muy bien, estol, segura, ya que la sostengo, y lo he hecho
"Oh,
durante años, según usted.>>
pero, ¿cuál es \a euiJencia para sostenerla? ¿Cómo puede
-«Sí,
probar c¡ue de verdad es despreciable, que no es buena?»>
que probarlo ante mí? ¿No puedo aceptarlo sólo, sin
-«¿Tengo
ninguna prueba?»>
Eso es exactamente lo que está haciendo, y lo que indu-
-«¡f¡¿q¡61
dablemente ha estado haciendo durante años, aceptar esta opinión, una
opinión sin ningún fundamento sobre su propia condición de ser despre-
ciable, sin pruebas de ningún tipo y sin ninguna evidencia detrás de
ello.,>
.<Pero, ¿cómo puedo seguir aceptándolo si, tomo Vd. dice, no bay
ninguna prueba detrás?>>.
«Puede seguir aceptándolo porque (llegado a este punto me sentía
algo confuso, pero presentí que si persistía en la conversación con esta
paciente, y evitaba los viejos clichés psicoanalíticos que hasta ahora
no habían dado una respuesta auténtica a las cuestiones que normal-
mente se planteaban, se podría encontrar por casualidad alguna respues-
ta, pata satisfacción mía y del pacienre. Por lo tanro seguí de forma
resuelta): porque, bien, Vd. es humana.r>
«¿Humana? ¿Qué tiene eso que ver?r>
«Bien (aún no tenía una respuesta, pero de alguna forma sentf
que algo andaba rondando en el pensamiento colaborador de mi pacien-
te y en el mío propio ). Me imagino que es la propia forma de ser de
l0 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

los seres humanos. Se obstinan en agarrarse a opiniones infundadas,


cuando no tienen ni la más mínima evidencia pata sustentar estas opi-
niones. Millones de personas, por ejemplo, creen de forma incondicional
y dogmática en la existencia de Dios cuando, como Hume, Kant y otros
muchos filósofos de primera fila han demosrado, nunca podrán probar
(o, si vamos a eso, desaprobar) su existencia. Pero es raro que eso
les impida ser creyentes fervientes.>>
<<¿Entonces piensa que yo creo en la'verdad'de mi condición de
ser despreciable de la misma forma que esta gente cree en la 'verdad'
de Dios, sin ninguna evidehcia que sustente nuestras opiniones?>>
<<¿Yd. no lo cree? ¿No son la teoría de Dios como Ia
-tantotipo de conceptos definiblesT>>
de su propia despreciabilidad- el mismo
« ¿Definibles? »
.,Sí, Vd. empezó con un axioma o hipótesis tal como: '0 lo hago
todo perfectamente bien, o soy una inútil'. O, en su caso, más espe-
cífico:'Para ser buena debo ser una hija, esposa y madre sacrificada
y maravillosa'. Entonces mira los hechos y enseguida ve que no está
actuando de forma perfecta en su vida no es la hija, esposa y
madre más maravillosa del mundo-. Su-que conclusión entonces es: 'por
lo tanto, no soy buena, en verdad soy despreciable e inútil'.>>
«Bien, ¿y esa conclusión no viene después de los hechos?,
.,No, de ninguna manera. Viene casi enteramente de sus premisas
definibles: y en cierto sentido, no hay hechos en su silogismo, ya que
toda su'evidencia'está influida en gran parte por estas premisas.»
<<Pero, ¿no es un hecho el que no sea ni hija, ni esposa, ni madre
maravillosa? »
.,No, no necesariamente. En la actualidad Vd. puede ser muy bien
una hija tan buena para sus padres como la mayoría de las hijas lo
son. De hecho es bastante meior que la mayoría, en este sentido. Pero
su premisa dice que para ser buena debe ser prácticamente perfecla;
y a la luz de esta premisa, el hecho de cómo es Vd. como hija, inevi-
tablemente se distorsiona y casi siempre tiene que concluir que es una
'pobre' hija cuando, en la actualidad, es mejor que la media.»
«¿Por lo tanto no hay hechos reales en todo mi silogismo?»>
<<No, no hay. Pero aun cuando los hubiere por ejemplo no
estuviera ni como hija, ni como esposá dentro de-si la media-, su silo-
gismo seguiría siendo completamente tautológico: ya que sólo 'prueba'
lo que en principio postuló en su premisa; es decir, que si no es
perfecta, es un ser útil. En consecuencia su llamada inutilidad o despre-
ciabilidad es completamente definible y no tiene existencia de hecho.>>
<<¿Todas las perturbaciones, como la mía, son del mismo tipo?>>
«Sí, piense sobre ello»>. (Y de repente pensé sobre ello, mienras
estaba hablando con esta paciente). «Todos los problemas humanos
parecen ser de la misma naj'rjfaleza. Asumimos que es hortoroso que
Los oRIGENES DE LA PSICoTERAPIA RACIoNAL-EMoTIVA 3I

algo sea así


--especialmente que seamos imperfectos o que alguien no
actúe de la forma angelical que consideramos deberío Enton_
ces, después de asumirlo, literalmente buscamos los ,hechos,
^ríu^r_J.
que prue-
ben nuestra premisa. E invariablemente, por supuesto, encontramos
estos 'hechos' estamos §ortándános Áal o que otm
persona -averigu.amos -que
se está portando mal-. Lógicamente nuestra conclusión será
que en principio teníamos ruzón y que la 'mala conducta, con que nos
hemos enco¡rtrado 'prueba' de forma concluyente nuestras ,.,poriaiona,
anteriores. Pero los únicos 'hechos' ciertos, o por lo menos imparciales
en esta cadena-'lógica'que estamos constrLlyendo así, son nu.ri.r, pao-
pias premisas de arranque frases que'nos dijimos al empezar».
«¿Quiere_decir -las
que yo literalmente me dije ciertas frases
. entonces
sin ningún valor, y que mi conflicto proviene directamente de éstas,
mis propias frases?». Me preguntó mi paciente.
«Sí»>, contesté con repentino entusiasmo. <<Vd. me acaba de dar
una idea, ¡vayal No_tenía un concepto exacto sobre ello antes, aunque
me imagino que realmente sí lo tenía, pero sin ponerlo justo en estos
términos, ya que le dije hace sólo un momento que son las frases con
las que conversamos con nosotros mismos las que inician la rueda de
las frases definibles, los 'hechos' semidefinibles y las conclusiones falsas.
Pero sin embargo, ya sea su idea o la mia, parece ser verdad: que cada
ser humano que tiene algún conflicto se cuenta a sí mismo toda una
cadena de frases {alsas que es la forma en que los humanos inva-
riablemente piensan, en -yapalabras, frases y 6¡¿6i6¡6s-. Y son estas
<¡raciones las que en verdad constituven su neurosis»>.
« ¿Podría ser más preciso? ¿Cuáles son mis irare, eractas, por
ejemploT »
<<Bien, veamos. Esto¡, seguro que enseguida podremos averiguarlo.
Empiece por escuchar las frases de otros, sobre todo las de sus padres.
Y las frases de ellos serán, como hemos visto aquí muchas veces: 'Mira
querida, a menos que nos quieras muchísimo y te sacrifiques por noso-
tros no serás buena, y la gente se enterará y no te querrá, lo que será
temible, terrible, terrible'.>>
<,Y escucho las frases de mis padres, me las digo una y otra vez
y las hago mías es así?»>
«Sí, Vd. se-¿no
las apropia. Y no sólo las frases exactas y públicas,
sino sus gestos, la entonación de su voz, las miradas de crítica y todas
esas cosas, pues para Vd. tienen un significado claro: ya que en su
cabeza las translorma en oraciones y frases. Así, cuando su madre dice,
'¡no hagas eso, querida!'en un tono de voz enfadado y exigente, Vd.
lo traduce por: '¡no hagas eso, querida te querré si lo haces-
y todo el mundo sabrá que no eres buena y no te querrán y eso será
terrible!'.»>
)2 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

<(Entonces, cuando mis padres dc palabra o de hecho me dicen


que no soy buena, inmediatamente me digo: 'tienen razón. Si no les
amo muchísimo y no me sacrifico por e[os, no soy buena y todo el
mundo lo verá, nadie me aceptará y esto será terrible'.>>
<<Correcto. Y las frases y oraciones de los suyos son las que crean
sus sentimientos de horror, creún su culpabilidad y su neurosis.»>
<<¿Pero cómo? ¿Qué hay exactamente en mis propias frases que
crean este sentimiento de horror? ¿Cuál es la parte falsa de estas
f rases ? ,>

«La última por lo general. La primera parte suele ser verdad.


Recuerde que esta parte es algo así: 'Si no quiero muchísimo a mis
padres y me sacrifico por ellos es probable que bastante gente, o al
menos alguna, incluyendo mis padres, pensarán que soy una mala hiia,
que no soy buena'., Y esta parte de su frase puede muy bien ser
verdad.»
<<Mucha gente, incluso mis padres, pueden en verdad pensar que
no soy buenali actúo de e., mrr.., eso 1o que quiere decir?>>
-¿es
<<Sí, en efecto, pueden., Por lo tanto su observación de- que si
no es una hija perfeita varias personas, y en especial sus- padres' no
la daún su aprobación y la consideratfn una inútil, probablemente es
una observa.ión .ry bien fundada y válida. Pero eso no es lo que
sino el resto de sus frases y oraciones'>>
'o¿qri.r.a Vd.,
le perjudica
decir la parte clonde digo:'ya que mucha.gente puede
no aprobar el que t.r rna hija imperfecta' no soy buena'?»>
oExactamente. Si mucha gente, incluso todo el mundo, piensa
que no es una hiia perfecta y quá deberí¿l ser una hiia p-erfecta, ésa bien
pu.d. ,". la opini3n o el ientimie¡to auténtico de elios, pe-ro, ¿qué
ii.n. .ro qr. uer con lo qteVd. tenga que creer? ¿Cómo el ser una
iiir-i-p".f..t^ li horr, úd., except;a ios ojos de ell.os, una inútil? para
¿Éo. qre, aun cuando fuera verdad que es una chica imperfecta
i» prár.r, es terrible el que sea impárfecta? ¿Y qor.Suf es hotroroso
que'mucha gente no Ia apruebe si Vd. es una mala hija?»
.,¿No tango qr. creerme que sea Llna perso¡a horrorosa sólo
porque ellos lo creen? ¿Puedo aceptarme a mí misma como un ser
impérfecto, aun cuando es verdad que lo soy, sin pensar que esto es
horroroso? »>

«Sí. menos que su definición de 'horroroso' y de ,'inútil' sea


A
la misma que la definición de ellos. Y por supuesto.eso es lo.que está
pasando .rando se molesta por el punio de vista de sus padres o de
otros ."rp..to a Vd. Esú Eaciendo suya la definición de ellos sobre
Vd. Toia las frases de ellos y se las apropia. Y este acto completa-
mente inventado y definido por parte suya es el que fabrica su pertur'
bación.»>
LOS ORIGENES DE LA PSICOTERAPIA RACIONAL-EMOTIVA ))

- <<Entonces tengo la elección teóúca de considerar la definición que


-de
hacen de mí como ser inútil ya que soy una hija imperfecta, y
aceptarla o rcchazarla. Y si la acepto, la hago mía y me siento molesta.»
«Sí, se disgusta consigo misma de forma toralmente ilógica».
<<Pero, ¿por qué necesariamente ilógica? ¿No puede ser que tengan
razón al pensar que soy una hija despreciable y una persona que no
vale nada? >>

«No sólo por definición-. Porque es obvio que no todos


los padres-repito,
que tienen una hija imperfecta la consideran como que no
vale nada. Algunos padres sienten que su hija es muy valiosa aun cuando
no se sacrifique por ellos. Está claro que sus padres no piensan así y
establecen o definen su valía en los términos de cuanto haga por ellos.
Peto el concepto de ellos sobre Vd. es una definición y tiene sólo
valor tautológico.»>
<<¿Quiere decir que no hay forma alguna de probar si me consi-
deran un ser inútil por no ser lo suficientemente sacrificada, o si es
que en verdad lo soy?r,
<<Correcto. Incluso si alguien en el mundo estuviera de acuerdo
con ellos en que el que no se sacrifique lo suficiente por ellos equivale
a que es un ser que no vale nada, creo no sería más que la definición
de alguien; Vd. no tendria que aceptarla. Pero por supuesto, como
acabamos de ver, es poco probable que todo el mundo estuviera de
acuerdo con ellos que prueba todo lo subietiva que es la defini-
ción de ellos sobre -losu valía.,>
«Y aun cuando ellos y todo el mundo estuvieran de acuerdo en
que yo soy un ser que no vale nada porque no rr¡e preocupo de su
bíenestar, ¿no significaría que tendría que aceptar esa definición?¡>
..No, realmente no. Porque aun cuando tuvieran razón en decir
que es un ser que no vale nada paru ellos porque no se sacrifica del
todo por supuesto que es prerrogativa de ellos el valorarla poco
cuando -yno hace lo que querrían que hiciera- no hay conexión alguna,
a menos que Vd. piense si existe, entre lo que vale ante ellos y lo que
vale ante sí misma. Usted es una persona perfectamente válida para sí
y ante sí misma, aun cuando los demás piensen que para ellos'y ante
ellos es mala.r,
«Todo eso suena muy bien y muy agradable, pero volvamos a
rnis frases concretas y veamos cómo se elabora.rt
<<Sí, tiene toda la razón. Esas frases específicas son las que tiene
que cambiar para mejorar. Como dijimos antes, las frases más impor-
tantes para Vd. son: 'Como los demás piensan que soy un ser que
no vale nada porque no me sacrifico por ellos, tienen razón . Sería tetti-
ble que continúen pensando esto de mí y no me aprueben totalmente.
Por lo tanto es mejor que me sacrifique más o me odie si no lo hago.r,
<«¿Y para qué tengo que cambiar esas frases?»>
)4 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

<<Bien, está claro que tiene que cambiarlas por: 'Quizá tengan
razón en sz opinión de que soy una persona que no vale nada porque
no soy una hija muy sacrificada, pero, ¿c¡ué tiene eso que ver en
realidad con mi estimación sobre mí misma? ¿Es terrible de verdad
el que sigan pensando así acerca de mí? ¿Necesito tanto su aprobación?
¿Tendré que seguir odiándome si no soy más sacrificada?'.>>
<<Y si cambio estas frases, mis propias versiones sobre las de ellos
y mi creencia en ellas, ¿podré cambiar definitivamente mis sentimientos
de culpa y de ser inútil y sentirme mejor?»
<<¿Por qué no lo intenta y vemosT)>
Esta paciente se detuvo a examinar sus propias frases y trató de
cambiarlas. Varias semanas después de esta charla su mejoría era bas-
tante más significativa que lo había sido en los dos años anteriores
de tratamiento. «¡En verdad parece que ahora lo consigo!», me notificó
dos meses después. <.Cuando alguna vez me encuentro sintiéndome
culpable o disgustada, inmediatamente me convenzo de que debe ser
alguna frase tonta que me digo para provocar este malestar; y ense-
guida, por 1o general a los pocos minutos de empezar a buscar esta
frase, la encuentro. Como Vd. me ha enseñado, la frase suele tener
la forma de: «¿no es terrible que...?>>, o <(¿no sería tremendo si...?».
Y cuando miro de cerca estas frases y las examino me digo: <<¿Cómo
que es teribleTr, o <<¿Por qué en efecto sería horroroso?». Y siempre
me doy cuenta que ni es terrible ni horroroso y supero el malestar
enseguida. De hecho, como Vd. me dijo hace unas pocas semanas,
cuando me mantengo en la actitud de cuestionar y cambiar mis frases
empiezo a notar que dejan de venirme una y otra vez, como solían
hacer antes. Ahora sólo a veces me digo que algo es temible u horo-
roso si ocurrió, o que tal cosa es espantosa porque ha ocurrido. Y en
esas ocasiones que son relativamente pocas, como ya dije, persigo ese
'horror' o sentido de lo 'terrible' que me estov inventando y de forma
obietiva y lógica lo vuelvo a evaluar y lo anulo. Casi no me 1o puedo
creer pero me parece estar llegando á1 punto, después de tantos años
de preocuparme prácticamente por todo y de pensar que era un ser
detestable sin importar lo que hiciera, ahora me encuentro con que
had6 es tan terrible u horroroso y empiezo a reconocerlo arrtes de
alterarme yo misma, y no desPués.
qué cambio en mi vidal En verdad que estoy empezando
"¡Chico,
a ser, con esta nueva actitud, una persona completamente diferente a
como era.)>
De acuerdo con sus palabras, la conducta de esta muier refleiaba
sus nuevas actitudes. Actuaba mucho meior con su marido e hiio y
disfrutaba con la relación familiar como nunca pensó que podría hacerlo'
Se fue de su trabajo y consiguió otro mucho meior pagado y más
gratificante. No sólo dejó de sentirse afectada por la opinión de sus
LOS ORIGENES DE LA PSICOTERAPIA RACIONAL.EMOTIVA )5

padres acerca de ella,.sino que empezó a ayudarles con tranquilidad


a_ superar algunas de las ideas negativas para ellos mismos, del uno
al otro, y para el resto del mundo. Y lo mejor de todo, deió áe preocu-
p-arse en verdad de lo que el resro de la gente pudiera pensai sobre
ella, excepto en contadas ocasiones prácticaJ; dejó a ,rn lado sus ideas
paranoicas de que todos estaban en contra de ella y empezó a consi.
derarse una persona vátida, aun cuando cometía errores muy claros y
los demás se lo evidenciaban desaprobándoselo.
Cuando ocurrieron estos cambios tan notables en esta paciente y
empecé a obtener resultados parecidos ( aunque no siempre tan exce-
lentes) con otros pacientes, los principios de la psicoterapia racional-
emotiva empezaron a adquirir una forma más clara; a principios de
1955 la teoría y la práctica básica de la TR estaba bastante bien
formulada.
Desde entonces algunos de mis compañeros pronto empe-
-que más experien-
zaron a otllizar las técnicas TR- y yo tuvimos muchas
cias clínicas; los principios originales han sido corregidos, ampliados
y reelaborados en muchos aspectos significativos, La teoría TR no es
nada estática y sigue desarrollándose como cualquier buena teoría debe
hacer. Atacado por el gusanillo del proselitismo, empecé a escribit
bastantes artículos y a dar numerosas charlas sobre TR, principalmente
a audiencias de profesionales. Como consecuencia, ahora otros terapeu-
tas se han adherido a este sistema o han incorporado parte de él en
sus propios métodos psicoterapeutas.
También se ha hecho explícita una fuerte oposición a la TR en
estos últimos años, a veces por quienes no parecían entender del todo
1o que significa, y que acusaban a los terapeutas racionales de creer
y practicar una serie de cosas en las que no estában en absoluto inte-
resados. Otros, que comprendieron mejor la TR, se oponen porque
dicen que estas teorías les parecen admisibles y que qrizá funcionen
clínicamente, pero que no hay una evidencia experimental o científica
que las respalde.
Para satisfacer a este último grupo de críticos, muchos de cuyos
puntos están completamente justificados y deberían ser contestados con
hechos confirmados más que con teoría, he estado recopilando una
gran cantidad de pruebas experimentales, fisiológicas y científicas que
les presentaré como una confirmación, por lo menos parcial, de las
teorías básicas de la TR. Se ha comprobado sin embargo que con tanto
material disponible Tlevará bastante tiempo ordenarlo y presentarlo
en una serie de volúmenes científicos y teóricos.
Mientras tanto, muchos clínicos que se sabe que no comprenden
Ia TR y a quienes les gustaría mucho entenderla, han estado pidiendo
un libro que recogiera y fuera más allá de los artículos que ya he
publicado en la bibliografia profesional. He escrito este libro sobre
36 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

todo por estos lectores. En él he intentado recopilar algunas de las


charlas y artículos más importantes sobre TR que he pronunciado y
esqrito durante los últimos cinco años y los presento de una forma
bastante coherente.
El material del presente volumen, pues, no intenta ser un susti-
tuto de los que aparecerán posteriormente en una serie de volúmenes
más definitivos sobre TR. Las páginas de este libro sólo perfilan de
forma breve la rcotia de la psicoterapia racional-emoriva y no intentan
teforzarla científicamente. Se pretende mostrar al clínico algunas de
Ias más importantes aplicaciones clínicas de la teoría que le permitan
(de forma parcial, si se desea) intentar su aplicación en algunos de
sus consultados o pacientes. De esta manera se pueden obtener indica-
ciones sobre la validez en potencia de la TR. Pero se debe recordar,
por supuesto, que en esta conexión no importa cómo funcione una
teoría de terapia en la práctica, ni cuántos pacientes mejorados o cura-
dos <<insistan)> que se han beneficiado de ella. Puede que esté sin
probar la eficacia de la teoría, ya que el auténtico agente curativo puede
haber sido algo muy distinto en la relación paciente-terapeuta (o algún
aspecto externo de la vida del paciente).
En todo caso, la psicoterapia racional-emotiva ha probado hasta
ahora, con los pocos años que tiene de existencia, ser un método y una
teoría que despiertan la curiosidad y, según parece, bastante práctica.
Se espera que con la publicación de este manual introductorio se llamará
la atención de muchos más individuos que los que hasta ahora están
enterados de esta propuesta, y que esto estimulará la discusión y la
experimentación que ayude al desarrollo de sus principios y aplicaciones.
2

La teoría
de la Psicotempia racional-emoliva*
Muchos de los principios incorporados a \a teoria de la psicoterapia
racional emotiva no son nuevos; algunos de ellos de hecho los enun-
ciaron por primera vez los filósofos griegos, estoicos romanos (como
Epicteto y Marco Aurelio ) y algunos pensadores del antiguo budismo
o raoísmo (ver Suzuki, 1956 y §(/atts, 1959-1960), hace miles de años.
Lo que probablemente sí sea nuevo es la aplicación a la psicoterapia
de puntos de vista que se expusieron con anterioridad en contextos
radicalmente distintos.
Uno de los aspectos más gratificantes, sin duda, de formular-y
utilizar los conceptos que forman parte integrante de la terapia racio-
nal, es el descubrimiento constante de que, aunque la mayor parte de
ellos se han construido de un modo independiente a paltir de mis
últimas experiencias con mis pacientes, también han sido formulados,
con anterioridad o al mismo tiempo, por filósofos, psicólogos y otos
pensadores sociales que no han tenido ninguna experiencia con la psico-
terapia, así como por un gran número de terapeutas modernos que se
prepararon en escuelas psicoanalíticas y no psicoanalíticas, entre los
que se e¡cuenran Adkins (1959), Adler (1927, 1929 ), Alexander
y French (1946), Berne ( 1957), Cameron ( 1950), Dejerine y Gau-
kler (1911), Díaz-Guerreru (1959), Dollard y Miller (1950), Dubois
( 1907), Elsenck ( 1961 ), Frank ( 1961), Grimes ( 1961), Guze (1959),

* El matetial de este capítulo y de los dos siguientes es una adaptación am-


pliada de la ponencia «Rational Psychotherapy» que se presentó por primera vez
en el encuentro anual de la American Psychological Association el 3L de agosto
de 1956, y que se publicó con posterioridad en .J. Gen. Psycbol., 1958, 59, 35-49.
38 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

Herzberg (1945), Johnson (1946), Kelly (1955), Levine (1942),


Low ( 1952) , Lynn ( 1957 ), Meyer ( 1958 ), Phillips (1956), Robbins
(1955, 1956), Rotter (1954), Salter ( 1949), Shand ( 1961 ), Stekel
(1950), Thorne (1950, 1961), §üolberg (1954) y \)7olpe (1958,
196la).
Parece que algunos de estos terapeutas han tenido un contacto
directo con mis opiniones antes de escribir sus ensayos y libros, pero
sólo unop pocos se han influido entre sí. La mayoúa de ellos, al margen
de su práctica y de forma independiente, han formulado unas teorías
de psicoterapia nada ortodoxas y yo ditía que sorprendentemente racio-
nales. Esto para mí es bastante alentador. Es una sorpresa muy agra-
dable el descubrir coincidencias próximas enre mis opiniones sobre
personalidad y terapia y las de otros grandes pensadores psicológicos
como Magda Arnold (1960), algunas de cuyas posiciones están muy
cercanas a las mías, aunque ella es católica intransigente y una buena
psicóloga fisiológica, mientras que yo soy no creyente declarado, clínico
y psicólogo social. Este tipo de coincidencia no prueba de forma conclu-
yente, por supuesto, que los puntos de vista de la TR sean correctos,
pero quizás aumente su credibilidad.
El tema central de la TR es que el hombre es el .único animal
que es a la vez racional e irracional; que sLls perturbaciones emocio-
nales o psicológicas en gran parte son el resultado de su pensamiento
ilógico e irracional; y que puede liberarse de la mayor parte de su
infelicidad emocional y mental y de su perturbación si aprende a
maximízar su pensamiento racional y a minimizar el irracional. La tarca
del psicoterapeuta es trabajar con individuos que se sienten infelices
o preocupados sin necesidad, o que están agobiados por una intensa
ansiedad u hostilidad, y enseñarles (a) que sus dificultades en gran
parte son el resultado de una percepción distorsionada y de un pensa-
miento ilógico, y (b ) que existe un método, relativamente sencillo
aunque requiera un método, para reordenar sus percepciones y reorga-
nizar su pensamiento de tal forma que haga desaparecer la causa básica
de sus dificultades.
En otras palabras, lo que pretendo es que todos los psicotera-
peutas,al margen de que comprendan o no lo que están haciendo,
enseñen o induzcan a sus pacientes a volver a pensar y percibir los
sucesos y las filosofías de sus vidas, para así cambiar sus pensamientos,
emociones y conductas ilógicas e irreales (Ellis, 1959; Stark, 196l).
La mayoría de las técnicas psicoterapeutas que se usan por lo
general para que los pacientes lleguen a ser más racionales son, sin
embargo, bastante poco directas e ineficaces.
No hay duda de que los métodos terapéuticos, tales como la
abreacción, la catarsis, el análisis de los sueños, la asociación libre,
la interpretación de la resistencia y los análisis de transferencia a menu-
LA TEORIA DE LA PSICOTERAPIA RACIONAL.EMOTIVA 39

do se han utilizado con éxito y de alguna manera han logrado conven-


cer al paciente de que percibía la realidad de forma errónea e ilógica,
y que si quería superar su perturbación, debería percibirla de manera
diferente (Arnold, i960). La cuestión es: ¿Son en verdad eficaces
estas técnicas, relatívamente indirectas y semilógicas, que tratan de
ayudar al paciente a cambiar su pensamiento? Yo lo pongo en duda.
En cambio, aÍirmaúa que los métodos de psicoterapia más emo-
cionales y menos persuasivos, cuando se utilizan con personas muy
perturbadas, son poco eficaces y antieconómicos. Por oüo lado, una
técnica terapéutica más directa, persuasiva, sugestiva, activa y lógica
es bastante más eÍicaz a la horu de ir minando y extirpando las causas
básicas ( a diferencia de los síntomas externos ) de las dificultades
emocionales de la mayor parte no forzosamente de todos-
de los individuos que viven por-aunque
ayuda psicológica.
Mi opinión sobre la eficacia de los métodos racionales de psico-
terapia son bastante heréticos en comparación con los que mantienen
los más modernos pensadores. Por ejemplo Freud ( 1950), habló contra
las técnicas racionales y persuasivas de esta manera: <<Sin duda en el
rabaio analítico se tiene la sospecha de que se 'habla al viento' cuando
uno está tratando de persuadir a una paciente de que abandone su
deseo del pene porque es irrealizable, o de convencer a un paciente
de que una actitud pasiva hacia otro hombre no siempre significa
castración y que es indispensable en muchas relaciones de la vida».
Deutsch y Murphy (L955) insisten en que la toma de conciencia
de los hechos inconscientes <<no se puede llevar a cabo por la discusión
racional>>. \t/hitehorn (1955) afirma que como la gente perturbada
tiene unos egos tan deformados, les resulta difícil oír lo que se les
dice, existe, pues <(una sobrevaloración del significado lógico y propo-
sícional de la comunicación verbalr>; y la psicoterapia no trata de encon-
trar en la mente del paciente los errores de sus operaciones para infor-
marle después de ellos.
Kelly ( 1955 ) dice que <,la racionalización verbal no facilita nece-
sariamente los procesos psicológicos anticipados ni hace que una perso-
na sea un buen vecino con el que vivir en la puerta de al lado». Estos
son sólo unos pocos comentarios típicos de muchos terapeutas que son
escépticos acerca de cualquier enfoque racional de la terapia,
Sin embargo, en este volumen apoyaré la tesis de que la terapia
racional, no sólo es tl¿uy eficaz, sino que lo es más que la mayor parte
de los distintos tipos de terapia que se utilizan con los pacientes. Aun-
que todavía no se han hecho experimentos terapéuticos controlados
que refuetcen esta opinión (como espero algún dia se harán ), mi
propia experiencia, así como la de algunos de mis compañeros, me
demuestran que, el 65 por ciento tienden a mejorar de forma consi-
derable y significativa con distintas formas de psicoterapia, el 90 por
40 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

ciento de los pacientes tratados con la TR durante diez sesiones o más,


muestran una mejoría clara e importante (Ellis, 1957b). Otros tera-
peutas activo-directivos y racional-persuasivos, entre los que se incluyen
Berne ( 1957), Phillips (1956), Rosen (1953), Thorne (1957) y
§7olpe (1918), han presentado porcentajes así de altos de claras mejo-
rías o de <<curas)>.
En cualquier caso, la TR es una técnica de terapia extraordinaria.
Como "tal es deseable que tenga una base racional o una teorla que
la sustente. Por Io tanto intentaré hacer una exposición de la teoría
general que existe deuás de su práctica.
Los fundamentos teóricos de la TR se basan en el presupuesto
de que la emoción y el pensamiento humanos zo son dos procesos dispa-
res o diferentes, sino que tienen coincidencias significativas y algunos
aspectos sobre todo en las intenciones prácticas son la misma cosa.
Como los otros dos procesos básicos de la vida, el sensitivo y el motor,
tienen una interrelación total y nunca se les puede considerar aparte
el uno del otro.
En otras palabras, ninguna de las cuatro operaciones fundamen-
tales de la vida motora, emotiva y pensante- se experi-
mentan de un modo-sensitiva,
aislado. Si un individuo siente algo (por ejemplo,
ve una varu), al mismo tiempo tiende a hacer algo con ella (cogerla,
pegarle una patada o arrojarla lejos), le produce sentimientos (le gusta
o le disgusta), y piensa sobre ello (recuerda que ya la ha visto antes
o se imagina lo que puede hacer con ella). De la misma manera, si
actúa, se emociona o piensa, también se involucra en los demás procesos
de conducta de un modo consciente o inconsciente.
Así, en lugar de decir que «Smith piensa acerca de este problema»>,
deberíamos decir más exactamente «Smith percibe - r. .r.r. - siente -
PIENSA acerca de este problema>>. Sin embargo, teniendo en cuenta
que la actividad de Smith en relación con el problema se centta e/,
grafi parte en resolverlo y só\o de un modo incidental en verlo, actuar
y- emocionarse, podemos de forma legítima resumir nuestra descripción
de su conducta y decir, simplemente, que piensa en el problema.
Como en el caso de los procesos sensorio-motores y de pensa-
miento, podemos definir la emoción como una forma de co;ducta
compleja que está totalmente relacionada con los demás procesos sensi-
tivos y de respuesta. Como a[irma Stanley Cobb (1950): <<sugiero
que utilicemos el término 'emoción' tanto para hablar de (1) una deter-
minada situación de afecto introspectiva, mediada por lo general por
hechos de interpretación, como para ( 2 ) la serie completa de cambios
psicológicos internos que ayudan (perfectamente) al retorno de un
equilibrio normal entre el organismo y su enrorno, o ( I ) de los distin-
tos modelos de conducta pública estimulados por el entorno y que
implican interacciones constantes entre ellos, los cuales son una expre-
LA TEORIA DE LA PSICOTERAPIA RACIONAL.EMOTIVA 4l

sión,de un estado fisiológico conmocionado (2) y, también de un


estado psicológico más o menos agitado (1)».
La emoción, pues, no tiene una causa o resultado único, sino que
tiene tres orígenes y desarrollos distintos que son importantesr ( a )
a través de los procesos sensorio-motrices; (b) a través de la estimu-
lación biofísica mediada por los tejidos del sistema nervioso autónomo,
del hipotálamo y otros centros subcorticales; y (c) a través de los
procesos cognoscitivos o de pensamiento. Se puede añadir un cuarto
desarrollo, si se desea, tal sería que la emoción surge a través de la
expetimentación y puesta en circulación de procesos emocionales previos
(por ejemplo, cuando el recuerdo de un sentimiento pasado de odio
desencadena una nueva ola de hostilidad).
La emoción parece que se produce, en circunstancias normales, por
factores psico-físicos y ambientales. En el primer caso las células del
cuerpo, entre las que se incluyen las del sistema nervioso central y
autónomo, están en cualquier momento en un cierto grado de excita-
bilidad y autoestimulación (debido a numerosas influencias previas
hereditarias y ambientales ). Un estímulo de una cierta intensidad afecta
a los centros emocionales y excita o ahoga su desarrollo. Este estímulo
se puede aplicar directamente ejemplo una estimulación eléctrica
o las drogas que se transmiten-por
a las células ¡s¡yies¿s- o indirecta-
mente, al afectar a los procesos sensoriomotores y cerebrales, con los
que están conectados e influyen en los centros emocionales.
Si se quiere controlar los sentimientos emocionales, en teoría se
puede hacer de cuatro formas distintas: (a) por medios eléctricos o
bioquímicos (por ejemplo el electroshock, los barbitúricos, las drogas
estimulantes o ranquilizantes); (b) utilizando el sistema sensoriomotor
de uno (por ejemplo ejercicios de movimiento o las técnicas de respira-
ción del yoga ); (c ) empleando los estados emocionales y los pteiuicios
existentes (por ejemplo el cambio que uno realiza, al margen del cari-
ño a los padres o al terapeuta ); ( d ) usando los procesos cerebrales ( por
ejemplo, reflexionar, pensar, o decir a uno mismo que se tranquilice o
que se anime ).
Entre todas estas formas de influir en las emociones se da una
interelación importante. Así, al hacer eiercicios de movimiento uno
tiende a sentir una sensación agradable, a pensar en ciertas cosas, a
crear, quizás, condiciones bioquímicas internas que afecten a las célu-
las nerviosas; así, tales ejercicios, en lugar de tener un efecto único en
las emociones, pueden, muy bien tener efectos múltiples acumulativos.
Como este libro se ocupa específicamente de la psicoterapia racio-
nal-emotiva, la cual está mediada, en gran parte, por los procesos cere-
brales, poco se dftá acerca de las técnicas terapéuticas biofísicas, senso-
rio-motoras y las llamadas <<no verbales,r (aunque en realidad sean no
babladas). No es porque estas técnicas sean inferiores o se las consi-
42 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

dere de poca importancia. En muchos casos son muy valiosas, sobre todo
cuando se utilizan con los individuos que normalmente llamamos psicó-
ticos. Sin embargo, sus procedimientos de trabaio se han explicaio lo
suficiente en otros escritos sobre terapia, mientras que los ditalles de
los métodos psicoterapéuticos racionales o cognoscitivos, se han prefi-
gurado en los últimos años con poca {recuencia. Este libro, pof tanto,
enÍatizará las técnicas racionales de forma unilateral, al tiémpo que
admite la posible eÍicacia de orros medios legítimos de afectar lás emo-
ciones humanas en desorden.
Volviendo al tema principal: la emoción se causa y controla de
distintas formas, y una de ellas es el pensamiento. Gran parte de lo
que llamamos emoció¡ no es ni más ni menos que un tipó de pensa-
miento lleno de prejuicios y altamente evaluativo. Ultima-
mente se -parcial-,
han reunido pruebas empíricas y teóricas a favor de la propo-
sición de que la emoción humana inrínsecamente es un proceso actilu-
dinal y cognoscitivo, pero no se revisará aquí por las limitaciones de
espacio. Parte de estas pruebas se han presentado en el libro Emo,tions
and Reason del filósofo V.J. McGill que debería ser leído por todos
los psicoterapeutas. Citando brevemente al profesor McGill: <,Es tan
difícil separar las emociones y el conocimiento como lo sería el hacerlo
con la motivación y el aprendizaje... Ias emociones... incluyen un com-
ponente cognoscitivo, y una expectativa o disposición a actúat; su racio-
nalismo y valor de adaptación depende de la adecuación de estos dos
componentes en una situación dada... El preveer que un objeto pueda
ser bueno o malo, y el saber o no cómo relacionarse con é1, determina
la actitud hacia é1, y también el sentimiento» (McGill , 1954).
Independientemente de McGill, Bousfield y Orbison (1952) reseña-
ron también la evidencia fisiológica con la observación del origen de la
emoción y encontraron que los procesos emocionales, en contradicción
directa con las impresiones previas, no se originan únicamente en los
centros subcorticales o hipotalámicos del cerebro. Sin embargo, infór-
maron que, <(parece razonable suponer que el córtex, y, sobre todo,
los lóbulos frontales están implicados de alguna manera en la inhibi-
ción, instigación y mantenimiento de las reacciones emocionales».
Arnheim ( 1958 ) más recientemente, ha hecho una pequeña rese-
ña comprehensiva de la emoción y el sentimiento en psicología y arte,
en la que afirma: «la psicologia académica denomina <(emociones» a
ciertos estados mentales porque está acostumbrada a dividir todos los
fenómenos psicológicos en los tres compartimentos de cognición, moti-
vación y emoción, sin comprender que cada estado mental tiene compo-
nentes cognoscitivos, motivacionales y emotivos, por 1o que no es
comecto definirla por uno de los tres... La pasión de la emoción sólo
es dominante en casos extremos, e incluso entonces, no es nada excepto
LA TEORIA DE LA PSICOTERAPIA RACIONAL.EMOTIVA 4J

un subproducto de lo que la persona percibe, conoce, comprende y


desear>.

<,4 menudo cuando hablamos lo que decimos va precedido


de las palabras <<yo creo...)), <<yo pienso...)>, o <(yo siento...»>,
hacemos una pausa para preguntarnos si tales palabras se refieren
a estados subyacentes o a procesos claramente diferenciables uno
del otro. Después de todo, por 1o general, se intercambian estas
frases sin que afecte para nada al signi{icado de lo que quere-
mos decir. <<Creo que la segregación está mal>>, <,Pienso que la
segregación está mal» y <,Siento que la segregación está mal»>,
todas las frases dicen lo mismo. El hecho de que estas frases se
puedan intercambiar a menudo ( aunque no siempre ), nos sugiete
que cada emoción tiene su contraparte cognoscitiva y cada cogni
ción su contraparte emocional».

La última teoría de la emoción más completa en algunos aspec-


tos más s6¡vi¡6s¡¡s- ha sido publicada por Magda -y Arnold ( 1960 ) en
un monumental estudio de dos volúmenes. Después de considerar las
opiniones anteriores más interesantes, y de revisar de forma autoritaria
las pruebas experimentales y fisiológicas que se han reunido en los
últimos cien años, la doctor Arnold termina por afirmar que <<La emo-
ción es un proceso complejo que comienza cuando algo es percibido y
apreciado. La apreciación desanolla una tendencia a ir hacia o a aleiar
r. d. 1, cosa que se siente como emoción, y requiere la acción'.' Sólo
nos gusta o disgusta aigo que conocemos. Debemos ver, oír o tocar
algo, recordar que hemos actuado así o imaginarlo, antes de decidir
q,i. prt, .rorot.o, es bueno o malo. Antes de que la sensación nos lleve
a la acción se debe completar con alguna forma de apreciación' Sólo
se puede evaluar las cosas cuando se comparan con algo similar en el
pasado y con el efecto que produieron en nosotros. Lo que se siente
se debe apreciar en su contexto, a la luz de la experiencia; nuestra
evaluación, por tanto, tendrá que basarse en muchos casos en la me-
moria,..».
<,Los seres humanos están motivados por una apreciación que es
ala vez un iuicio sensitivo y un juicio intelectual o reflexivo' La áeci'
sión final de la acción ,nu elección que, o bien lleva a cabo la
emoción original, o actúa
",en contra de ella. En el hombre la elección
d; dirigida a un punto en esencia es un deseo racional, una
";; ^.lián
inclinación hacia io que se aprecia como bueno (agradable, útil o
valioso) de un modo iefle*ivo. Estas tendencias racionales a la acción
oryari"an la personalidad humana baio la dirección de un ideal propio»>'
.{4 RAZON Y E,MOCION EN PSICOTERAPIA

Para ser más explícita la doctor Arnold escribe:


«La emoción parece que incluye no sólo la apreciación de
cómo me afecta esta persona o cosa, sino también un impulso
claro a acercarme o alejarme de ella. De hecho, ¿no consiste
precisamente la cualldad emocional en una atracción o repulsión
involuntaria e imacional?
Si simplemente me limito a conocer a las personas o cosas
que están cerca de mí, no hay emoción. Si las conozco y, de un
modo teórico y abstracto, las juzgo como buenas para mí, puede
que no haya emoción. Pero si pienso que algo es bueno para
mí, aquí y ahora, y me siento atraído bacia ello, d veces, incluso,
contra mi propio criterio mi experiencia es entonces, hablando con
propiedad, no racional; es algo distinto a la ruzón fría; es algo
que se le añade al conocimiento; es ernocional...
Lo que llamamos apreciación o estimación está próximo al
juicio de los sentidos. En la experiencia emocional la apreciación
siempre es directa e inmediata; es un iuicio de los sentidos, el
juicio reflexivo aparece como una evaluación secundaria. Un ejem-
plo puede ilustrar la diferencia. Cuando el jugador mira un balón
que va por el aire, siente, simplemente, dónde va el balón y
calibra sus movimientos de forma que pueda hacerse con el balón.
Si se parara a reflexionar no podría iugar. Nosotros mismos,
constantemente, estamos haciendo juicios de este tipo, sin prestar-
les mucha atención. En este caso, el juicio de que el balón está
demasiado lejos, demasiado cerca o justo en el sitio que se le
puede coger no es diferente del juicio que hacemos al apreciar
un objeto como bueno o malo, agradable o peligroso. Estos juicios
de los sentidos son directos, inmediatos, no reflexivos, no inte-
lectuales, automáticos, «instintivos>>, «intuitivos»...
Resumiendo, podemos definir la emoción, como la tendencia
a ir hacid algo que intuitiuamente se aprecia como bueno (bene-
ficioso), o a alejarse de algo que intuitiuamente se aprecia como
malo (perjudicicl). Esta atrocción o auetsiólt ua acornpañada de
cdrubios lisiológicos que se organizan bacia el dcercaruiento o la
reti¡ada.

La teoría de la doctor Arnold sobre la emoción está muy próxima


a una opinión que desarrollé en 1954., justo cuando llegaba a ser un
psicoterapeuta racional-emotivo, y que escribí en un artículo titulado
.,An Operational Reformulation of Some of the Basic Principles of
Psychoanalysis>> (1956a). En una sección de este artículo sobre evo-
Iuación, emoción y deseo, escribí:
LA TEORIA DE LA PSICOTERAPIA RACIONAL.EMOTIVA 45

Un individuo evalúa (toma actitudes, se siente predispuesto)


cuando percibe algo como ..bueno» o <.malo'>, ttagradable'> o
odesagraáablerr, .,beneficioso»> o «perjudicial» y cuando, .como
resrltádo de su percepción, responde de un modo positivo o
negativo. La evaluacióí., .rrr" caiacterística fundamental del orga-
niimo humano y parece trabaiar en una especie de circuito cerra-
do con un ..órnir*o de realimentación, ya que Ia percepción
fre,lispone a la respuesta y la respuesta' pues, tiende a
predispo-
ner a la percepción subsidiaria.
La eval,raiión involucra siempre a la percepción y la resptles-
ta, y no a tlna o a otra. Aparece como una propiedad fundamen-
tal, prácticamente definicional de los humanos, ya que' si no tene-
-ór^for-^ de aprobar o de reaccionar de un modo positivo ante
los estímulo, nÉr.nor, o «beneficiosos», y de desaprobar o de
reaccionar de un modo negativo ante los estímulos <<malos>> o
«perjudiciales»>, éstos no podrían sobrevivír.
Un individuo se emociona cuando su evaiuación es muy inten-
sa, cuando claramente lo percibe 66¡¡6 ttbueno)> o <<malo)), ttbene-
ficiosoo o «periudicial,r, y responde con- intensidad ante ello de
forma positiv, á n.grtiur. La emoción, pbr lo general -prob.able-
mente siempt.- uu acompañada de algún tipo de sensac.iones
.á.po."l.r, ü, crraler, al sei percibidas pár [a emoción individual'
,efu.rzun ia emoción original. Por consiguiente las emociones son
evaluaciones con un frárte .omponente corporal, mientras que
las llamadas actitudes no emocionales son evaluaciones con un
componente corporal y relativamente débil'

Si sustituimos la palabra oevaluación,> que he utilizado en el párra-


fo anterior por la palábra <(apreciaciónr> que emple.a la doctor Arnold,
nllestras opiniones son prácticamente idénticas. Ella, -sin embargo, ha
ido más lelos de mi breve formulación original, y ha dividido las emo-
ciones en, (a) apreciaciones intuitivas, inmediatas o irreflexivas que
conducen'a lo qúe yo prefiero denominar «sensaciones'>, Y, -(b) apre-
ciaciones de mái laigo alcance, reflexivas que nos llevan a lo que yo
prefiero denominar ámociones,r, <<emociones mantenidas», .<<actitr'rdes»»
t.,sentimientos>>. El énfasis que pone en la inmediatezy falta de refle-
xión de nuestras sensaciones comunes como ias de odio y
temor- yo creo que, en esencia, -tales
es.correcto; sin embargo,- los térmi-
nos oin.ediato»> e «irreflexivo» se deben ver, como ella misma admi-
te,- más como un significado relativo que absoluto de la diferenciación
lm sensacionei producidas de pronto y las emociones manteni-
"ntr.
drr. Ati, siente dóndá van él y el balón que va a parar, porque tie-
f.i experiencias previas d" re.og.r el balón; (b) -algún recuer-
".
do i.'sus ensayos y errores previosi y (c) una filosofía general de
46 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

correr, esperar, levantar


_el guante, etc., que ha adquirido en expe_
riencias anteriores, por el recuerdo de estai experieniias y del pensa-
miento o rellexión sobre las experiencias y recuerdos. En consicuen_
cia, aun cuando es instantáneo el ir a parur-el balón a través de ciertos
movimientos sensoriales, él aún piensa (o se habla a sí mismo) sobre
lo que va a hacer. De otro moáo con el mejor aparato ,.nroiirl d.l
mundo puede correr de prisa o despacio, no llegar a levantar el guante
en el momento preciso o, incluso, pasear po. él campo y no inlentar
coger el balón.
De la misma manera la persona que se enfada «inmediatamente»
cuando alguien le insulta, debehaber t.nido experiencias previas, ....r.._
dos, y filosofías
_que. se relacionan con la ,.rpu.rt, ,t'i*rito I ou.
no le-permiten devolver el insulto oal instante,> o dar un puieíazo a
su difamador. El «aquí y ahora, del que habla la docror Árnold está
desarrollado de un modo inextricable con el pasado de uno ( y el futuro
),
y se puede dilatar mucho más de lo que a primera vista párece.
Sin embargo, la doctor Arnold ástá en lo cierto al ástablecer una
diferencia entre los sentimienros ( relativamente inmediato, e irrefle-
)
xivos y las emociones o actitudes mantenidr, 'o ..fl.*iurr. 1r, ¿",
respuestas emocionales, la mantenida y la pasajera, tienen en
común el
componenre «¿qué significado tiene para mí este hecho al que le
estoy
dando una respuesta?». En las dos se incluyen t"nd.n.iui-á.-".,u.,
acercándose o aleiándose de los objetos. pero las emociones mantenida.
son bastante más reflexivas que lás reacciones emocionales inmediatas
o impulsivas; en consecuencia, están orientadas de un modo más tilo_
sófico. Así, casi nadie responderá inmediaramenre al insulto o injuria
con rabia, porrque la mayoúa de los humanos tienen una apreciación
de este estírnulo com<r_ aigo m^lo para ellos. pero a los indiviiuos pen-
dencieros y belicosos les durará ei enfado mucho más tiempo e inten-
tarán con más fuerza descargar su rabia que a los qr. ,on pacífic<ls.
La rabia inmecliata e_ imeflexiva depende, hasta cierto prrnto, de
la propia visión del mundo, ya que un -individuo pacífico, én primer
^es
lugar no se enfada y, en segundo lugar, ni siquiera capaz d. .rnt.-
ner su rabia. Sin embargo, la rabia re{lexiva-o mantenida parece que
depende, gran parre, de la actitud filosófica de uno y quÉ está poco
-en
relacionada con las tendencias casi instintivas y arrtodéfensivas. Ctmo
Branden (1962\ ha afirmado: «Los juicios de valor del hombre no son
innatos. Al no rener un conocimiento innato de 1o que es verdadero
o falso, no puede tener un conocimiento innato de io gr:e es bueno
o malo. Sus valoraciones y sus emociones son el producto de las conclu-
siones que ha prefigurado o aceptado, es decir, de sus premisas básicas».
Las emociones que se discuten en este libro, que son una parte
intrínseca de lo que normalmente llamamos <<perturbdción emocionalrr,
son, casi siempre, del tipo reflexivo y mantenido. Son el resultado de
LA TEORIA DE LA PSICOTERAPIA RACIONAL-EMOTIVA 47

lo que Magda Arnold (y otros psicólogos) llama <(actitudes»> y «senti-


mientos»>, y el componente sensorial inmediato es mínimo, mientras que
el filosófico-reflexivo es importante, dicho de otra manera, las emocio-
nes humanas mantenidas son el resultado de las apreciaciones relativa-
mente reflexivas. De la misma manera que somos capaces de notar de
un modo irreflexivo o inmediato que una manzana sabe mal o que un
balón se nos viene encima, e instantáneamente sentilnos repugnancia
o temor, también somos capaces de notar, de lorma reflexiua, que Ia
mayoría de las manzanas picadas saben amargas o que si nos quedamos
demasiado cerca de dos niños que juegan con un balón, nos pueden dar
con é1. En estos casos, podemos sentir aversión simplemente pot pensar
en las manzanas podridas, o por imaginar que nos van a dar con un
balón.
La emoción, pues, no existe de derecho propio, con entidad espe-
cial y casi mística; es, por el contrario, una parte esencial de un comple-
jo sensorio-motor-pensante-emotivo. Lo que, por lo general, calificamos
como pensante es una apreciación relativamente ranquila y desapasio-
nada ( o percepción organizada) de una situación dada, una comparación
obietiva de muchos de los elementos de esta situación y una conclusión
obtenida como resultado de este proceso comparativo o diferencial; y
lo que normalmente denominamos como emotivo, como ya señalé en el
primer artículo (Ellis, 1956a), es una evaluación desasosegada, apasio-
nada y fuerte de alguna persona u obieto.
Así, si comparamos con calma las características de John con las
de Jim, podemos percibir que John sobresale en matemáticas, ajedrez
y dialéctica, mienmas que Jim destaca en las carreras, balonmaflo y
levantamiento de pesos. La conclusión, por tanto, es petlsar que Tohn
probablemente es más brillante que Jim.
Sin embargo, si hemos tenido experiencias personales agradables
con Jim y desagradables con John, podemos cerrar los ojos a la eviden-
cia de la situación y conducir que Jim es un jugador de balonmano
muy inteligente, mienras que John en el debate, a veces, sale perdien-
do; por lo tanto, Jim es más brillante que John. Estaríamos iuzgando,
pues, que Jim era más inteligente que lohn de un modo efiocional,
con preiuicios.
A la gente emocional se le puede decir que su tipo de pensamiento
es diferente del de la gente no emocional: es un tipo de pensamiento
parcial que está tan influenciado por experiencias anteriores que llega
a ser limitado, vago e ineficaz. Los individuos que piensan y que son
relativamente tranquilos, utilizan la máxima información posible
ejemplo, que John es bueno en matemáticas, ajedrez y dialéctica. -por
Los
relativamente emocionales, y apasionados, sólo utilizan parte de la infor-
mación de que disponen- por ejemplo, que Jim es muy bueno en
balonmano. Las personas emocionales en esencia contestan a la pregun-
48 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

ta: «¿es Jim bueno paÍA nosotros2r>, sin embargo, a veces piensan que
la pregunta que se hacen es: <<¿es Jim bueno para cualquiiro?»».
Otra forma de exponer esto es decir que existe una especie. de
continuum desde las apreciaciones personalizádas, prácticamenti irrefle-
xivas, (que lleva a un sentimienro sensorial inmediato), hacia las apre-
ciaciones más reflexivas pero todavía personalizadas ( que conducen a
una emoción o actitud mantenida ), para terminar con una apreciación
más reflexiva pero impersonal ( que lleva a un pensamiento sosegado ).
Así conocemos a Jim y podemos pensar de inmediato e irreflexiva-
mente que es un gran muchacho ( ya que enseguida nos damos cuenta
de alguna característica que nos gusta ). O pódemos notar de forma
reflexiva que Jim riene una disposición favorable d nosotros, mientras
que a John no le gustamor; por consiguiente sentiremos una emoción
de amistad duradera por Jim y no poi John. Finalmente podemos ser
más reflexivor y rrotoi qr. ¡ohn, urrn .rundo no nos gusta demasiado, es
bueno en matemáticas , ajedrez y dialéctica, mieniras que Jim, aun
cuando nos gusta, sólo es bueno en balonmano. Por consiguiente, la
conclusión puede ser que John, probablemenre, sea más inteligente (es
decir, una buena compañía paru aquella gente que le guste la discusión
inteligente) qr-re Jim, aun cuando apoyemos a éste (le tenemos afición
de un modo emocional ).
Una buena parte de lo que llamamos emoción no nece-
sariamente toda- parece ser un tipo de aprecíación -aunque
o pensamiento
que, ( a ) está muy influida o determinada por las experiencias o percep-
ciones anteriores; que, (b) está muy personalizada; que, (c) a menu-
do va acompañada de reacciones corporales importantes y (d) que es
fácil que induzca al individuo emocionado a rcalizar algún tipo de ácción
negativa o positiva. Lo que normalmente llamamos pensamiento sería
una forma de discriminación más tranquila, no tan personalizada, con
menor implicación somática (al menos, percibida ) y no muy directiva
de la actividad.
Podría parecer que el pensamiento y la emotividad, entre los adul-
tos criados en una cultura social en la que se incluye un lenguaje muy
bien formulado, van siempre junros, ,ciúun .n ,rná relación" dé causa
y efecto y, en ciertos aspectos (aunque no en todos), son en esencia
lo.mismo. El pensamiento de uno a menudo se conuierts en su emoción,
y la emoción se conuierte en el pensamiento de algunas circunstancías.
¿Significa esro que nunca existe Ia emoción iin el pensamientoT
No necesariamente. Por unos momentos, puede. Si un ioche se diri-
ge a Vd., inmediatamente y de forma espontánea sentirá miedo, sin
haber tenido tiempo de decirse: nOh, ¡quZ horror que este coche me
atropelle!». Sin embargo, con gran rapidez puede quáempiece a decirse
o a pensar esta frase; y qaizás este pensamiento o discurso interiori-
zado, sea su emoción del miedo.
LA TEORIA DE LA PSICOTERAPIA RACIONAT-EMOTIVA 49

En cualquier caso, partiendo de la base de que Vd., al principio no


tenía ningún pensamiento consciente o inconsciente que acompañase a
su emoción, parece prácticamente imposible ffianteilet un acceso emocio-
nal sin reforzarlo con ideas repetidas. A menos que siga diciéndose
frases del tipo de: «¡Oh, cielosl, ¡hubiera sido terrible que ese coche
me atropellara!>>, su miedo por haber estado a punto de ser aropella-
do desaparecerá enseguida. Y, cuando alguien le da un puñetazo en Ia
cara, si uno no sigue diciéndose: <<¡ese individuo que me dio el puñetazo
es un malvado!, ¡espero que reciba su justo merecido!»>, el dolot del
golpe desaparecerá pronto y su rabia hacia el individuo se irá con el
dolor.
Si presuponemos, pues, que el pensamiento no va siempre .acom'
pañado áe la emoción, podríamos decir que la emocíón mantenida, por
lo general, está asociada al pensamiento, y que el sentimiento mantenido,
a menos que consista en un dolor físico, o en alguna otra sensación
específica, de hecho es el resultado directo de un pensamiento mante-
niáo. Decimos <<por lo general, porque, en teoría, es posible que los
sentimientos, uná vez que han empezado a reverberar por algún estímu-
lo {ísico o psicológico, sigan reverberando bajo su propio poder denro
de los circritos .irocionáI.t. También es posible, cuando se trata de
drogas o impulsos eléctricos, que continúen actuando en las células ner-
vioü. y, poi consiguiente, le mantengan a uno activado emocionalmen-
te. Sin'áÁba.go, .íto, tipos de estimilación directa, continuada de los
centros p.o,1rr.tár., de eüoción, por lo general, están limitados a condi-
ciones muy patológicas (o experimentales ) y son poco frecuentes'
Presuponiendo que el pensamiento, con frecuencia, si no siempre,
va acompañado del sentimiento, y que la mayor parte de los pensamien-
tos cotidianos tienen la forma de palabras, frases y oraciones (en vez
de signos matemáticos, símbolos oníricos y otras formas de señales no
verba"les), podríamos decir que muchas de nuestras emociones toman la
forma de ,uto.onu.rrrción o frases interiorizadas. Si esto es así diremos
que, a efectos prácticos, las oraciones y frases que seguimos diciéndonos,
con frecuencia, son o se conuie¡'ten en nuestros pensamientos y emo'
ciones.
Consideremos, por ejemplo, el caso de un muchacho que quiere
sacar a bailar a una chica.El empezará a decir, más o menos, lo siguiente:
<<es muy guapa...y me gustaría pedirle que bailara conmigo... pero
puede decirme que no... sin embargo, ¿qué pierdo por intentarlo?...
si me rechaza no estaré peor que ahora que todar,ía no se lo he pedi-
do...y, por supuesto, puede ser que acepte en lugar de rechazarme, lo
cual sería estupendo... voy a probar suerte y a pedirle que baile conmi-
go». Al decirse este tipo de frases, este hombre está pensando o planean-
do en relación con la chica, y a efectos prácticos, sus frases interioriza-
das son sa pensalnieflto.
50 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

Si este mismo individuo, sin embargo, está muy emocionado,"podría


decirse.{rases mu.y diferentes: o., .ry gurp^... y me gustaría
que bailara.conmigo.... ó.ai.iá
plro me puede'décir qr.re ío y ¡Zito-ruia terri
ble! ... o bien podría bailar. conmigo... y ver que báilá m"v mal... y,
entonces, puede,qrre yo no. le gustty que incluso me diga algo desagra-
dable... ¡no podría ser más horroroso!¡>.
Este mismo individuo- podría decirse: <<...puede ser que baile
con-
migo... ¡sería tan maravillóso!... mis amigos ine verían'bailanáo con
esta chica tan guapa. y. pensarían que soy ir., g.rn tipo para
estar con
etta... ;seria ruagnilico! ».
Al decirse esre tipo de frases, que incluyen la evaluación
negativa
<<¡sería terriblel» o la positiva o¡seríá
magnífíco!r, .r* i"a]rü"o ,.urr-
forrna su pensamienro iosegado én r:n, erío.ión .:<.iu*r.-y-ár-L*p.a.ti
ca sus frases interiorizadas-de evaluación son su emoción (run
.u.ndo,
técnicamente,. Io que_ parece que ocurre es que, primero'se
dice a sí
mismo esras frases, después siénte una ,.nruáó., Éi.i.u
y, entonces, por un mecanismo de realimentación, percibe .n ," ..iO*ugo
sus sensa-
ciones- físicas que él interpela, finalmente, como su «émoción»).
Parece, pues, que las emociones humanas positivas _como los
.
sentimientos de amor o iúbilo- van asociada, o ,on el resultado
de
frases interiorizadas del tipo de: <<¡esto., b.r.nopri,
emociones humanas negativas -llr,-y {u" lu,
los sentimienio, d. .ubiu o d"p.._
sión- van asociadas o son el -como
resultado cle frases del tipo d., .,esto
es malo para mí>>. Si un ser humano adulto no utilizara estas frases
evaluativas a un nivel consciente o inconsciente, gran parte de''su emo-
ción no existiría.
A veces sutge_ la confusión al establecer esta conexión, porque no
somos capaces de distinguir entre nuestras apreciaciones, .r, gaun puara
sensoriales, o sentitnientor v nuesros estadá, sensorio_cogno'..iiluo,
o
em_ociones. Así, cuando Vd. toma algo de sabor agradab'Íe, como un
helado,
.por ejemplo, sus papilas del !'usto, su senri¡o d.l oif.to y lo.
demás órganos sensoriale. d. ..rpu.ria, sá estimutr",
v Vá. ,, iirrt,
bien o está satisfecho. Sus ,.rrraion.r,'como en este caso, nunca son
puras, ya que, puede haber tenido experiencias previas con el helado y
asociarlo con otros casos agradables io desagraáables). En consecuen-
cia, existe un elemenro de cognición o de percépción general en su sentir
respecto al helado, pero, por lo general, irt. él.rn.n1o de cognición es
mínimo y sus sentimientos acerca del helado no son muy puros y, en
gran parte, constan de apreciaciones sensoriales irreflexivas.
. .S.in embargo, si al mismo tiempo que toma el helado piensa «;oh,
qué bien que-pueda_ disfrutar tomándome un helado con el tiempo que
hlce qu_e no lo probaba!,> o, «iesroy tan agradecido de que fullno de
tal me haya traído este heladolr, más allá je su aprecia-
ción sensorial primera del helado y"ntor...'irá
evaluará otras condlciones y p.rro-
LA TEORIA DE LA PSICOTERAPIA RACIONAL.EMOTIVA 5l

nas en conexión con él y las sensaciones que Vd. tiene sobre ello. Estos
procesos sensorio-cognoscitivos, por lo general le llevarán a sentimien-
tos más amplios y profundos sobre el helado (y las condiciones o perso-
nas con él conectadas ); a estos «sentimientos>> les llamamos emocio-
nes. Por desgtacia utilizamos el mismo término, sextimientost parr-
designar el aspecto agradable o desagradable de las (a) sensaciónes
puras, tales como el dolor o el calor, (b) apreciaciones sensoriales, tales
como el placer de sentir 1o cálido, y ( c ) evaluaciones sensorio-cognos-
citivas que pueden estar conectadas o no con estados sensoriales relati-
vamente puros, como por ejemplo, el querer a las personas que nos
proporcionan calor.
Cuando hablamos de sentiruientos y enzociofies en este libro, inten-
tamos restringir el primer término a estados sensoriales relativamente
puros y a apreciaciones sensoriales, mientras que utilizamos el segundo
para procesos sensorio-cognoscitivos de rango más amplio.
Si lo que se ha postulado hasta ahora es cierto y las emociones
humanas, en gran parte, son una forma de pensamiento o el resultado
del pensamiento, podemos decir que se pueden controlar bastante las
emociones de uno, controlando los pensamientos propios. O más concre-
tamente, se pueden controlar las emociones de uno cambiando las frases
interiorizadas, o la autoconversación, que son las que, en principio, han
dado origen a estas emociones.
Esta es precisamente Ia opinión del terapeuta racional-emotivo:
que, enseñando al paciente la forma en que el pensamiento humano y
las emociones que van asociadas a este pensamiento se pueden contro-
lar o cambiar por el análisis de las oraciones y frases que constituyen,
en esencia, los pensamientos y emociones, le enseñará a superar sus
perturbaciones emocionales. El terapeuta racional considera que las emo-
ciones negativas mantenidas como la depresión intensa, la ansie-
-tales
dad, la rubia y la culpabilidad- no son necesarias para la vida humana,
y si la gente aprende a pensar de un modo correcto y a traducirlo en
acciones eficaces, se pueden erradicar las emociones negativas. Su tarea
es mostrar al pacientá cómo pensar correctamente y actuar de un modo
eficaz.
¿Quiere esto decir que el terapeuta racional defiende que contro-
lando y cambiando el pensamiento se controlan o se cambian todas las
emociones humanas? En absoluto.
Existen muchas explosiones emocionales, tales como accesos de
rabia o de miedo que son el resultado espontáneo y casi instantáneo
de procesos sensorio-motrices que son innatos o el resultado de un
condicionante visceral adquirido en su infancia. Así, si se hace un ruido
fuerte detrás de alguien o se dirige hacia él un coche a toda velocidad,
por 1o general experimentará miedo, mientras que si le prepara buenas
comidas o le satisface sexualmente, por lo general le apreciará o amatá.
52 RAzoN y EMocIoN EN psrcoTERApIA

Este tipo_ de miedos, a-molT y emociones similares, parece que tienen


raíces biológicas y resulta difícil comprender cómo lr'gent. poáii, s,rb,li
vidir sin propensiones emocionales de este tipo. pár .oririjui.rt., ,i
alguien intentara controlar las emociones humanas como si no existie_
sen, estaría apuntando a un objetivo bantante dudoso.
Al margen_de la supervivencia, muchas reacciones emocionales son
gratas y saludables. Algunas personas pueden arreglárselas sin a-or,
sin apasionarse por el arte, la música o la literaturá', sin experimentar
grandes alegrías, goces, éxtasis o deleites. pero,
¿quién podr?a sobrevi_
vir en tales circunstancias? Incluso una vida llena áe una cierta Úisteza,
remordimiento, malestar y aburimiento, es más interesante y viva que
otra que sea,,hermosar> y rragradable, de forma permanente (y monó-
tona). Una existencia desprovista de cierto grado de emocién
esfuerzo, búsqueda, anhelos y deseos, con t<¡dó el riesgo que comporta-de
tales procesos emocionales, conativos y cognoscitivot-j r.ií, tremirrda-
mente sombría e inhumana (Ellis, y Harper, t96la).
- .. \^_p_regunta realmente importante que se hace para conseguir la
felicidad humana y el bienestar emocional, no es, por tanto, «¿sería
inteligente eliminar toda emoción?>>, sino más bien, n¿e, ne..rurio vivir
con emociones negativas intensas y ntantenidas, tales como el miedo
constante y la hostilidad?>>. La respuesta a esta pregunta es: No, en
gran medida.
Las emociones negativas mantenidas (que no sean las causadas por
el dolor físico o el malestar ), invariable.nénte ,on el resultado de la
estupidez, la ignorancia o la perturbación y se pueden eliminar en su
mayor parte deberían serlo- con Ia aplicación un conocimiento
y pensamienro -o correctos. Si los estados permanentesde de emoción, por
lo general son la consecuencia del pensamiento consciente o inconsciente
del individuo, y si el pensamiento es un concomitante de sus autoverba-
lizaciones, se puede concluir que es raro que se vea afectado ( se vuelva
triste o alegre) por objetos y acontecimientos externos, sino que, más
bien, Io será por sus percepciones, actitudes o frases interiorizadas sobte
las cosas y acontecimientos externos.
Este principio, deducido a partir de mis sesiones terapéuticas con
cientos de pacientes en los últimos años, fue descubierto y expuesto por
-(
primer.a vez por los filósofos esroicos, en especial Zenón y Citium el
fundador de la escuela), Crisipo, Panateo dé Rodas (que'introduio el
estoicismo en Roma), Cicerón, Séneca, Epicteto y Marco Aurelio. Quien
mejor expuso las verdades del estoicismo fue Epicteto, que en el siglo I
después de Cristo escribió en el Enchiridion: <rLos hombres no se preocu-
pan por las cosas, sino por las opiniones que de ellas tienen». ShaLes-
peare, siglos más tarde, volvió a expresar este pensamiento en Hamlet:
«No existe nada que sea bueno o malo, es el pensamiento el que lo
hace así,>.
LA TEORIA DE LA PSICOTERAPIA RACIONAL.EMOTIVA 5)

Entonces, si la emoción mantenida se apoya por lo general en Ias


autoverbalizaciones y si ciertas emociones negativas originan estados
desagradables que contribuyen poco a la felicidad humana y que hacen
del mundo un pobre lugar donde vivir, Ia gente iuiciosa debería hacer
un esfuerzo consciente por cambiar sus frases interiorizadas que, a menu-
do, dan origen a sus emociones negativas. Sin embargo, si en teoría
paeden controlar sus pensamientos y sentimientos autodestructivos, y
en la práctica rar^ vez lo hacen, concluiremos que se abstienen porque
(a) son demasiado estúpidos para pensar con claridad, o (b) son bastan-
te inteligentes, pero no saben cómo pensar con claridad en relación con
sus estados emocionales, o (c) son bastante inteligentes y tienen la sufi-
ciente información, pero están demasiado neuróticos (o psicóticos) para
hacer un buen uso de su intelígencia y conocimiento. Como ya he afir-
mado en otta parte (Ellis, 1957a), parece que la neurosis, en esencia,
consiste en una conducta estúpida de una persona que no lo es.
El terapeuta racional-emotivo presupone, pues, que un neurótico,
en potencia, es una persona capaz, pero que, de alguna manera, o en
algún-nivel de_su funcionamiento, ,o se da cuenta-de gue (o cómo)
está destruyendo sus propios obietivos. En otros cmor er un individuo
que tiene una comprensión total o introspección de cómo se está perju-
dicando a sí mismo (lo que ocurre pocas veces), pero que, por ulgun.
razón irracional, persiste en una conducta de autoentorpecimiento. En
cualquier caso, podemos decir que el neurótico está emocionalmente
incapacitado porque no sabe cómo pensar con más claridad ( o no se
preocupa de ello), ni conducirse de un modo no tan autodestructivo.
Que la conducta perturbada de un modo neurótico o emocional es
ilógica e irracional, se puede considerar como una definición. Pero si
definimos lo neurótico de un modo más amplio y lo designamos como
una conducta perturbada completalnefile incompetente e ineficaz, estare-
mos incluyendo acciones de individuos incompetentes o simples de
los deficientes mentales o los que tienen el cere-
-por eiemplo,
verdad
bro dañado-. Pot lo tanto, el concepto de neurosis sólo llega a ser
significativo cuando presuponemos que el individuo trastornado no es
un deficiente, ni está dañado fisiológicamente, sino que, en teoría, es
capaz de conducirse de una forma más madura, controlada y flexible que
la habitual. La neurosis, pues, es una conducta llógíca de un individuo
en potencia loco.
Suponiendo que los individuos perturbados emocionalmente actúan
de un modo irracional e ilógico, las cuestíones más relevantes que se
plantean desde un punto de vista terapéutico son: (a) ¿cómo se origi-
nó el proceso que les llevó a ser ilógicos?, (b) ¿cómo perpetuaron su
pensamiento irracional?, (c) ¿cómo se les puede ayudar a que sean
menos ilógicos y neuróticos?
54 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

Desgraciadamente, la mayor parte de lo que se ha pensado en


relación con la terapia, en los últimos sesenta años, destacando a Sig-
mund Freud (1924-t950, 1938) y sus principales seguidores (Fenichel,
1945; Menninger, 1958), tiene bastante más que ver con ia primera
de estas cuestiones que con la segunda y tercera. A menudo se ha
supuesto que si los psicoterapeutas descubren y comunican de un modo
eficaz a sus pacientes, las razones principales del origen de la perturba-
ción de estos pacientes, los individuos tratados descubrirán, por tanto,
el modo en que se perpetúan sus neurosis y cómo se les puede ayudar
a superarlas. Esta es una suposición dudosa.
El conocer exactamente el origen del comportamiento ilógico de
un individuo, no nos informa necesariamente, ni a nosotros ni a é1, del
modo en queélnantiene su conducta ilógica, ni de lo que debería hacer
para cambiarla. Esto es especialmente verdad porque la gente, a veces,
o quizás como norma general, sufre tanto de neurosis secundarias, como
primarias, y entre las dos existe una diferencia clara. Así, un individuo
en principio se puede llegar a perturbar porque descubre que siente
un deseo terrible de que su padre muera y piensa (de un modo com'
pletamente ilógico) que se le debería culpar y castigar por ello. En
consecuencia, desarrolla síntomas neuróticos como, por ejemplo, aborre-
cer a los perros digamos, los perros le recuerdan a su padre
-porque, a la caza.
que es un gran aficionado
Con el tiempo, este individuo puede llegar a querer a su padre
o a ser indiferente a él; o puede que su padre muera y no sea más un
problema para é1. Sin embargo, su odio hacia los perros puede perma-
necer; no porque Ie recuerden sus antiguos deseos de que su padre
muriera dirían algunos teóricos- sino porque ahora se odia de
un modo-comotan violento por tefier el síntoma neurótico original
-por
conducirse de un modo tan estúpido e ilógico en relación con los perros,
según su forma de pensar- que, cada vez que piensa en los perros su
autodesprecio y su miedo al fracaso le alteran tanto que no puede razo-
nar con claridad, ni combatir su aborrecimiento irracional.
En términos de la autoverbalización, este individuo, en primer
lugar, se dice a sí mismo: «Odio a mi padre; a mi padre le eustan
los perros; por consiguiente, odio a los perros,>. Pero telmina diciendo:
.,odio a los perros; no hay ninguna razón por la que debería odiar a
los perros; es terrible que odie a los perros sin ninguna ruzón; por
consiguiente, soy odiosorr. Aun cuando este conjunto de frases interio-
rizadas le estén neurotizando, no se puede decir que sean estas mismas
frases. En consecuencia, el examinar y explicar a iste individuo el
-o
ayudarle a lograr su introspección- el origen de su neurosis primaria
(es decir, su primera cadena de frases), no le va a ayudar, necesaria-
mente a comprender y superar su neurosis perpetuada o secundaria
(es decir, la segunda cadena de frases).
LA TEORIA DE LA PSICOTERAPIA R]{CIONAL-EMOTIVA 5'

Así, si en un proceso tempéutico se ayuda a este individuo a com-


prender que odia a los perros porque los conecta de un modo irracional
con su padre, al que también odia, él puede decirse: <<¡qué tontol,
aunque mi padre se me represente como un <(pefro)>, los perros de
verdad no son mi padre. Yo puedo aprender con facilidad a que me
gusten los perros, o, al menos, que me sean indiferentes, aun cuando
nunca llegue a gustarme mi padre»>. En este caso estaría curado de su
odio a los perros.
Sin embargo, también puede decitse a sí mismo: <<¡qué tonto!, los
pertos, en verdad, no son lo mismb que mi padre; y yo puedo compren-
der áquí, ahora que he tenido esta nueva introspección psicológica, que
estoy generalizando y confundiendo a los dos, ¡qué idiota soy!, ¡nunca
me había dado cuenta de lo tonto que puedo ser! Tenía ruzón al consi-
derarme tan odioso; ¿cómo puedo apreciarme cuando me comporto de
un modo tan idiota?>>. En este caso, aun cuando haya perdido su neuro-
sis primaria (su hostilidad, sin razón, hacia los perros), este individuo
se aferra con fuerza a su neurosis secundaria ( el odio que se tiene por
ser simple o neurótico). De hecho, a veces, al lograr la inuospección
en su perturbación primaria se culpa de un modo más rlgido, y exacer-
ba así su perturbación secundaria ( es precisamente por eso por lo que
muchos pacientes, en vez de mejorar a medida qtre avanza la terapia y
sus introspecciones se hacen más claras, empeoran).
Además, si después de años de tratamiento psicoanalítico, descubre
este paciente que odia a los perros porque su padre les amaba y su
madre le enseñó a ser hostil con su padre y con cualquier cosa que
estuviera en relación con é1, puede que no pierda ni la hostilidad hacia
los perros (sin tener en cuenta la hostilidad que siente hacia sí mismo
por odiarlos), ya que puede decirse a sí mismo, después de lograr la
introspección: «mi madre odiaba a mi padre y me enseñó a hacerlo
a mí; en realidad mi padre no era un sinvergüenza, desprfés de todo;
es absurdo por mi parte que siga odiando a mi padrer>. Y, en efecto,
puede dejar de odiar a su padre para siempre.
Pero, puede seguir odiando a los perros. Una vez que empezó a
detestar a los perros (asociándolos con su odiado padre), sin duda,
durante años ha mantenido su hostilidad diciéndose, una y otra vez,
frases del tipo de: «los perros no son muy buenos. Huelen mal. Muet-
den a la gente. Se les tiene que cuidar. No tienen nada a su favor>>.
Y, probablemente, estas frases racionalizadoras subsiguientes, completa-
mente marginales de la asociación que hace de los perros y su odiado
padre, Ie han ruantenilo en su odio a los perros. Y no es probable que
estas frases desaparezcan automáticamente, justo porque este individuo
comprende ahora que su hostilidad original hacia los perros era irracio-
nal e injustificada.
56 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERA?IA

Para que este caso ilustrativo no parezca inverosímil, quiero decir


que lo he extraído de un caso real de uno de mis pacientes, que asoció
los perros a su odiado padre y que, después de llegar a odiar y a tener
miedo de cualquier tipo de perros, tuvo varias experiencias desagrada-
bles ( sin duda por ser tan hostil y tan miedoso ).
Aunque no fue demasiado difícil averiguar su odio original hacia
su padre, durante la terapia, ni demostrarle que no necesitaba seguir
odiándole por más tiempo, y aunque consiguió, por primera vez en
su vida, establecer una relación bastante buena con su padre, nunca
perdió sus prejuicios hacia los perros grandes, y prefirió terminar la
terapia a seguir esforzándose en este problema. Del mismo modo he
visto a bastantes pacientes que, después de lograr un grado de inffos-
pección en el orígen de sus síntomas neuróticos importantes, nunca
superan estos síntomas ( aun cuando progresan bastante en otros aspec-
tos de su vida en el tiempo que dura la terapia ).
Si las hipótesis hasta ahora expuestas tienen alguna validez, el
principal objetivo de los psicoterapeutas sería el de mostrar a los
pacientes que sus autoverbalizaciones, no sólo han sido, sino que toda-
uía son el origen de sus perturbaciones emocionales. Se debe enseñar
a los pacientes que sus frases interiorizadas, en ciertos aspectos, son
totalmente ilógicas e irreales, y que ellos pueden cambiar sus emociones
diciéndose a sí mismos mejor dicho, conuenciéndose de la verdad
de frases más racionales -oy menos autodestructivas.
De un modo más concreto: el terapeuta eficaz debería estar desen-
mascarando continuamente las verbalizaciones autodestructivas y el
pensamiento ilógico del paciente en el pasado, pero, sobre todo, las
del presente, a través de ( a ) llamar la atención de él sobre ellas o
sacarlas a su consciencia; (b) enseñarle cómo le causan y mantienen
su perturbación e infelicidad; (c) demostrarle exactamente cuáles son
los vínculos ilógicos de sus frases interioizadas, y (d) enseñarle cómo
volver a pensar, desafiar, contradecir y reverbalizar estas frases (y otras
similares ), de forma que sus pensamientos interiorizados lleguen a ser
más lógicos y eficaces.
Además, antes de terminar la relación terapéutica, el terapeuta
racional-emotivo, no sólo debe tratar en concreto con el pensamiento
ilógico del paciente, sino también demostrar qLte, etl general,las princi-
pales ideas irracionales son las que los seres humanos están más dispues-
tos a seguir y las que normalmente sustituyen a las filosofías del vivir
razonadas. Por otro lado, el paciente que se libera de ciertas ideas
ilógicas, puede muy bien terminar siendo victima de otras también
ilógicas.
En otras palabras, mantengo la hipótesis de que los seres humanos
son un tipo de animales que, cuando se crían en una sociedad con las
características de la nuesüa, tienden a creer en ideas bastante falaces;
LA TEORIA DE LA PSICOTERAPIA RACTONAL.EMOTIVA 51

a seguir readocüinándose con estas ideas de un modo irreflexivo y de


autosugestión; en consecuencia, las llevan continuamente a Ia práctica
con una conducta pública que es autodesuuctiva o neurótica. La mavoría
de estas ideas irracíonales, como ya han señalado los psicoanaiistas
en estos últimos años, son inculcadas por los padres de los individuos
en su primera infancia y después se fijan con Íuerza, debido a las
ataduras con sus padres y a que las ideas estaban arraigadas, grabadas
o condicionadas, antes de que modos de un pensamiento más racional
les dieran la posibilidad de lograr un asidero. Sin embargo, como han
apuntado los ¡evisionistas freudianos, la mayoría de ellar también son
inculcadas por la cultura general del individuo, y en particular, por
los medios de comunicación de esta cukura (Ellis, L96La); (Fromm,
1955; Horney, 1957).
¿Cuáles son las principales ideas o filosofías ilógicas que cuando
los hombres y mujeres de nuestra.civilización las ádquieien en su
infancia y las perpetúan posteriormente, les conduce de foima inevitable
a la autodestrucción y la neurosis? Examinaremos algunas de ellas en
el próximo capítulo.
3

Las ideas irracionales


que causan y mantienen
Ias perlurbaciones emocionales
En la sociedad existente, la familia y otras instituciones directa
o indírectamente nos adoctrinan de tal forma que llegamos a creef en
cantidad de ideas supersticiosas o sin sentido. Este concepto no es
original de la TR, ya que los filósofos lo han dicho durante siglos y
muchos sociólogos y antropólogos lo han documentado (Ellis, l96la,
1962b; Frazer, 1959; Hoffer, 1951, 1955; Rokeach, 1960; Rosenfeld,
1962; Tabori, 7959, 196l). En un texto sociológico reciente por ejem-
plo, Cuber, Harper y Kenkel (1956) tratan de forma incisiva el tema
de .,la antigua aceptación no racional de posiciones de valot»> en la
sociedad americana e indican que muchos de nuestros valores más
queridos y defendidos de forma dogmática los referidos al
matrimonio monógamo, la libertad, la codicia,-comola democracia, la educa-
ción, la religión monoteísta, la tecnología y la ciencia- sólo son asami-
/os como valores <<buenosr> pero rara vez son revisados o cuestionados
de forma seria por los que se ocupan de metedo en la cabeza de los
niños a fuerza de repetirlo. Como La Barre ( 1955 ) observa acertada-
mente: En nuesÚa sociedad «un niño forzosamente llega a ser un
Pensador Correcto antes de aprender a pensar)>.
Escritotes psicoanalíticos recientes han enseñado también la forma
como las supersticíones y los prejuicios socialmente inculcados han causa-
do una perturbación humana y muy difundida. Horney (1939), Fromm
(1941,1947,1955 ), Reich (1949) y otros han intentado mostrar cómo
las enseñanzas sociales ilógicas han sido una primera causa de neurosis
y han insistido en que nada excepto un cambio en la perspectiva de las
ideas o de las filosofías básicas de los hombres y mujeres modetnos
logrará reducir de forma significativa sus tendencias neuróticas.
60 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

En un intento de ir más allá de estos pensadores sociológicos y


psicoanalíticos y ser inás específico en relación con las ideas en que
se basan las aberraciones mentales, destacaré algunos de los aspectos
más ilógicos e irracionales que están omnipresentes en la civilización
occidental y que parece que llevan inevitablemente a una neurosis gene-
rulizada. Estas ideas pueden ser clasificadas de diferentes maneras, por
lo que la siguiente lista no significa que sea definitiva ni imparcial,
sino que constituye una de las posibles aproximacipnes clasificatorias
que se puede elegir para las irracionalidades actuales.
Idea Itracional N." 1: La idea de que es una necesidad exlrema
para el ser bumano adulto el ser amado y aprobado por ptácticamente
cada persona signilicatiua de su comuxidad.
Aunque a menudo se ha afirmado, y puede ser cierto, que los
niños necesitofl y aprobación; aunque es deseable sin duda que
los adultos sean^mot
amados y aprobados por gran parte de la gente con
la que llegan a tenet una relación íntima, es cuestionable si para los
adultos es absolutamenfe necesarlo ser aprobados por cada persona de
su comunidad considerada como significativa para ellos (Riesman e, a/.,
1953; Lipset and Lowenthal, 1961; Bain, 1962). El creer que uno
debe ser aprobado por las personas importantes es irracional por siete
razones:
1. El exigir que se deba ser aprobado por todos los que a uno
le gusten fija un objetivo inalcanzable y perfeccionista: porque aun
cuando 99 personas le amaran o aceptaran, siempre existirá la persona
cien o la ciento uno, etc., que no lo hará.
2. Aun cuando no se consiga la aprobación de todos los que
consideren importantes, si se necesita de lorma extieffia su aprobación
seguirá estando preocupado constantemente por el hecho de cuónto le
aceptarán o si todavía le dan el visto bueno. Por consiguiente, un
grado considerable de ansiedad debe acompañar a la necesidad exuema
de ser amado (Loevinger, 1962; Stewart, 1962).
3. Es imposible, no importa los esfuerzos que se hagan, que uno
sea siempre simpático. Es inevitable que no les gustemos a algunas de
esas personas, cuya aprobación es altamente valorada, por sus propios
prejuicios intrínsecos, o les seamos indiferentes.
4. Suponiendo q'r. ,. pudiera, en teoría, ganat \a aprobación de
prácticamente cada persona que se quisiera, habría que gastar mucho
tiempo y energía en ello de forma que quedarían pocas posibilidades
para otras actividades provechosas.
5. Al intentat de forma incesante el ser aprobado por los demás,
invariablemente se llega a ser servil y zalamerc por consiguiente
-y
LAS IDEAS IRRACIONALES QUE CAUSAN LAS PERTURBACIONES 61

se abandonan muchas de sus propi¿s necesidades y preferencias, llegando


a ser bastante menos autodirectivo.
6. Si de forma obligatoria y obsesiva se busca la aprobación de
los demás, lo cual se tendrá que hacer si arbitrariamente se ha hecho
la definición de que el ser aprobado es más una necesidad que una
preferencia, habrá una tendencia a conducirse de forma tan insegura
y molesta para los otros que a menudo terminarán perdiendo su apro-
bación y respeto y por consiguiente destruirán sus propios objetivos.
7. El amar, más que el ser amado, es una actividad de expresión
propia creativa y absorbente, pero la necesidad extrema de ser amado
tiende más a ser inhibitoria que a apoyar el amor,

En lugar de intentar de forma ilógica resolver los problemas a


través del amor y la aprobación, las personas racionales deberían más
certeramente luchar por una vida productiva, creativa y de amor. Más
específicamente.
1. Deberían intentar, no erradicar todos sus deseos de aprobación,
sino extirpar las necesidades excesivas y arrolladoras de amor.
2. Deberían intentar honestamente ser aprobados en muchos casos
por razones prácticas ( como el compañerismo o un ascenso profesional )
más que (como un niño) buscar el ser amado <<por 5f ¡¡is¡¡1s»>, por
su.<alma inmortal» o por el hecho de aumentar su (falso) propia esti-
ma. Comprenderían que la verdadera autoconsideración nunca viene de
la aprobación de los demás, sino del cariño a uno mismo y de seguir
la mayoría de nuestros propios intereses, independientenlente de que los
demás lo aprueben a no.

3. Deberían, cuando no se es amado o aprobado por los que les


gustaría que estuvieran a su lado, admitir que es fastidioso y frustrante,
pero abstenerse de creer que es horroroso y catastrófico.
4. No deberían ni conformarse por el hecho de conformarse, ni
rebelarse por el hecho de rebelarse, sino preguntarse a sí mismos de
vez en cuando: «¿Qué quiero hacer en realidad, en el curso de mí
relativamente corta vida?» más que «¿Qué creo que les gustaría a los
demás que hiciera?>>.

5. Teniendo en cuenta que es deseable y práctico la aprobación


de los demás, se debería intentar hacerlo de forma planificada, inteli-
gente y tranquila y no de manera alocada y siempre errónea. Con este
propósito, deberían comprender que una de las mejotes formas de ganar
el amor es darlo sinceramente.
62 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

Idea Imacional N." 2: La idea de que para considerorse a aflo


nisno y ccpoz de lograr
ualios<¡ se debe ser mu? cot?zpeteflte, saliciente
tuul1uicr cosd en todos los aspectos posibles.
Mtrcha gente o la mayoria de ella en nuestra sociedad, quizá más
r¡rrc los ciudadanos de cualquier otra sociedad que alguna vez haya
cxistido, creen que si no son muy competentes, suficientes y capaces
cn todos los aspectos por lo menos en un aspecto importante-
-o muy bien acobardarse y morir. Esto es
son unos inútiles y pueden
una idea irracional por varias razones:
1. Ningún ser humano puede ser totalmente competente y desta-
car en todos los aspectos o en la mayor parte de ellos; la mayoría de
la gente no destaca de hecho ni en un solo aspecto importante. Intentor
tener éxito está bien, ya que si se triunfa en un rabajo, un juego o
un proyecto artístico, reporta ventajas reales ( tales como una compen-
sación económica o la satisfacción de haber participado ). Pero el exigir
que se debe tener éxito es hacerse a uno mismo víctima de la ansiedad
y de los sentimientos de inutilidad personal.
2. Aunque el tener éxito de forma razonable y el conseguirlo
tiene distintas ventajas (en particular en nuestra sociedad), la energía
necesaria para conseguirlo normalmente genera tensión excesiva e hiper-
tensión y a uno mismo más allá de sus propias posibilidades
f.uerza
físicas: con la aparición consecuente de distintas vaiedadls de enfer-
medades psicosomáticas.
3. El individuo que tiene la obligaciór de obtener un éxito cla-
moroso no sólo está desafiándose a sí mismo para comprobar su propio
poder, sino que invariablemente se está comparando con los demás y
luchando por ser mejor. Por lo tanto está dirigido por otro más que
por sí mismo y se impone tareas en esencia imposibles ( ya que no
importa lo que pueda destacar en un campo concreto, pues lo más
probable es que siempre haya otros que sean todavía meiores ). No
tiene sentido el estar comparándose de forma envidiosa con los logros
de los demás, puesto que no se tiene ningún control sobre el compor-
tamíento de ellos sino sólo sobre el de uno mismo. En muchos casos
tampoco se tiene control sobre las realizaciones y características propias
ejemplo, no se puede ser guapo cuando se es feo, ni un buen
-por
concertista de piano cuando 5s s5 sq¡de- por lo tanto no tiene sentido
que uno se preocupe mucho por estos aspectos tan incontrolados.
4. El dar un gran énfasis a la filosofía del éxito confunde el
valor extrínseco de uno ( el valor que la demás gente da al compor-
tamiento o a las características propias) con el valor intrínseco (la
viveza o el valor de uno mismo) (Hartman, 19591. El delinir la valía
personal en función de los éxitos extrínsecos y el sostener que para ser
LAS IDEAS IRRACIONALES QUE CAUSAN LAS PERTURBAC¡ONES 6'

feliz se debe superar a los demás, significa suscribirse a una filosofía


fascista y en absoluto democrática. En esencia no difiere nada de la
idea de que se debe ser ario, blanco o cristiano, o poseer una identidad
social pata ser un humano respetable y válido.
5. El concentrarse en la creencia de que se debe tener éxito y
ser competente a menudo aparta al indíviduo de un objetivo importante
que es vivir feliz: es decir, a través de la experimentación hay que
descubrir cuáles son los intereses propios más positivos y agradables
en la vida, y con decisión (no importa lo que los demás piensen)
dedicar gran parte de la relativamente corta existencia de uno a ello.
6. La preocupación por el éxito normalmente da como resultado
un enorme miedo a probar suerte, o a cometer un error, o a ftacasar
en ciertas tareas lo que el miedo tiende a entorpecer de forma
-por
sucesiva los éxitos por los que uno está luchando. Una excesiva auto-
conciencia en la realización de cualquier cometido, que normalmente
viene de la preocupación a fracasar en ello ( y como consecuencia a
definirse como inútil), casi siempre lleva a (a) una ausencia total de
gusto por el trabajo, y ( b ) una tendencia a fracasar completamente en
ello.
Un individuo, en lugar de concentrarse de forma ilógica en su
necesidad de tener éxito en todos los problemas y cometidos con que
se encuentre en Ia vida, actuará de forma bastante más razonable si
sigue esta trayectoria:
1. Debe intentar actuar, más que destruirse a sl mismo en el
intento de actuar bien. Debe concenffarse en disfrutar, no sólo con el
resultado, sino con el proceso de lo que hace.
2. Cuando intenta actuar bien, debe hacerlo por su propia satis-
facción, más que por agradar o ser mejor que los demás. Debe sentirse
involucrado en sus trabajos, más por razones estéticas y artísticas que
por razones puramente egoístas.
3. Cuando intenta actuar bien para su propia satisfacción, debe
insistir en hacerlo no perfectamente bien ni en luchar por /a superación,
sino por sa propia superación.
4. Debe, de vez eD cuando, poner en cuestión sus luchas y pregun-
tarse honestámente si está luchando por alcanzar un objetivo ea si
o en alcanzar un objetivo para su propia satisfacción.
5.Si quiere actuat bien en cualquier asunto o problema, debe
aprender a aceptar sus errores y confusiones en vez de horrorizarse
ante ellos, e intentar meiorar Ia situación. Debe aceptar la necesidad
de practicar y practicar y practicar las cosas en las que se quiere tener
64 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

éxito; se debe forzar a uno mismo a hacer de vez en cuando aquello


en lo que se teme fracasar; se debe aceptar totalmente el hecho de
que los seres humanos en general son animales limitados, y que en
particular cada uno tiene sus limitaciones precisas y concretas.

Idea Irracional N." l: La idea de que cierta clase de gente es uil,


rnaluada e inlame y que deben ser seriamente culpabilizados y costigados
por sa moldad.
Muchos individuos se sienten alterados, enfadados y rencorosos
porque creen que algunas personas 1o general se incluyen ellos
mismos de forma muy especial- son -porgente mala; que a causa de su
maldad actúan de forma inmoral; y q,r.1l único medio de impedir que
actúen de esa manera es haciéndoles sentirse culpables y castigándoles
(Diggory, 1962). Estas ideas no son válidas ni racionales porque:
1. La idea de que algunas personas son malas o infames viene
de la antigua docrina teológica del libre albedrío, la cual presupone
que cada persona tiene la libertad de ac.tuar <<correcta» o <<errónea-
mente», teniendo como referencia la verdad absoluta y la justicia orde-
nada por <<dios>> o por la .,ley natural>>. Si alguien hace uso del «libte
albedríor> en forma (<errónea»>, es un malvado «pecador». Esta docÚina
no tiene una base científica, porque sus términos claves
los de «verdad absoluta», <.rdios>>, olibre albedríon y <,ley-incluidos
natural,>-
son sólo definiciones y no pueden ser ni probadas ni refutadas en
términos empíricos y científicos.
Además muchos descubrimientos psicoanalíticos del último siglo
indican que si definimos operacionalmente el «libre albedrío» como la
habilidad del individuo ( relativa más que absoluta ) de hacer sus propias
elecciones de conducta, en lugar de ser consueñido a actuar de ácuerdo
con las diversas influencias que continuamente se ejercen sobre é1,
podemos entonces aceptar de forma realista el hecho de que los seres
humanos de nuestro tiempo tienen escaso libre albedrío, aunque no
necesariamente ninguno, ya que con mucha frecuencia ignoran o no
son conscientes de algunos de sus más poderosos motivos ( tales como
sus impulsos sexuales u hostiles ), y por tanto se encuentran a sí mismos
constteñidos a actrat de forma que, conscientemente, no desearían
hacerlo, sintiéndose tal vez avergonzados de actuar así. Sus impulsos
y deseos inconscientes anulan considerablemente su «libre albedrío».
2. Cuando las personas act'ian de forma que ellos mismos, u
otros, consideran «€mónea» o «inmoral») parece que Io hacen porque,
en un análisis final, son tlemasiado simples, ignorantes o pertúrbados
emocionalmente como para evitar el hacedo. Aunque taleJ individuos
indudablemente caasafl o sofi responsobles de hacer daño a otros, es
ilógico culpabilizaioJ, es decir, denigrarlos como seres humanos, por
LAS IDEAS IRRACIONALES QUE CAUSAN LAS PERTURBACIONES 65

su simpleza, ignorancia o perturbación. Es lógico decir: <<Han actuado


de forma <,errónea>>, y lo mejor que puedo hacer es inducirlos a c¡ue
no lo vuelvan a hacerr>: pero es an non sequitur * el decir: <<Han actua-
clo de forma 'errónea', por tanto son seres despreciables que merecen
ser castigados severamente o incluso eliminados». Una «mala»> acción
no hace una <..mala»> persona ( aunque la Iglesia Católica así lo ha
aceptado muchas veces ). Lo que existe es una evidencia de una conduc-
ta indeseable por parte del individuo que, por su bien y por el de los
demás, sería pret'erible que cambiase.
3. Por su carácter biosocial (que incluye su herencia y su apren-
dizaje), el hombre es un animal t'alible del que sólo se pueden esperor
errores. No es realista esperar qüe no sea así y condenarlo por ser
como es y por decepcionar las expectativas perfeccionistas de uno. La
frase, oha tenido un error garrafal, pero espero que la próxima vez
lo haga meior», es bastante correcta. Sin embargo, la frase «ha tenido
un error garrafal, no debería haberlo hecho, y deberá hacerlo mejor la
1rróxima vezt>, carece de sentido, ya que lo que realmente significa
es: oEsperé de él que fuese un ángel en lugat de un ser humano y
que no cometiese errores; ahora que ha demostrado que e§ un ser
lalible, le exijo de forma todavía menos realista que sea un perfecto
ángel en el futuror.
4. La teoría de llamar infame a quien actúa mal y culparle o
castigarle por sus actos emóneos (y tal vez antisociales), está basada
en la suposición de que la culpa y el castigo normalmente inducen al
ser humano a abandonar su camino erróneo y a actuar mucho meior
en el futuro. Aunque esta suposición tiene alguna evidencia en qué
basarse (ya que los niños y los adultos a ueces cambian a mejor cuando
son criticados o castigados), la historia del crimen y castigo humanos
aporta considerables pruebas a favor de la tesis contraria, que sería que
los individuos que han sido severamente castigados por 5us .<pecados»>
¡,or lo general no han ido a mejor, sino a peor. Mientras que la pena-
lización tranquila y objetiva de una persona por sus etrores ( como
penaliza un experimentador al animal de laboratorio que toma un cami-
no equivocado en un laberinto ) ayuda habitualmente al proceso de
aprendizaje (Mowrer, 1960a), hay muchas razones para pensar que
la penalización severa y culpabilizante lo que hace es impedir el proceso
humano o bien facilitarlo con efectos tan periudiciales ( en especial
síntomas neuróticos ) para el que aprende que el hecho de culpabilizar
no tiene ningún valor.
5. En el campo teórico debemos esperar que el castigar a un
individuo (en vez de reeducarle de forma obietiva) por actuar mal,

En el original
66 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

tendrá efectos muy pobres en el aprendizaje. Si una persona comete


un error ( tanto por acción como por omisión ) a causa de su simpleza
innata, el hecho de culparle no le hará menos simple ni más inteligente.
Si comete este acto por ignorancia es probable que el llamar la atención
sobre su culpabilidad no le ayudará mucho a ser menos ignorante. Y
si lo comete por una perturbación emocional, seguro que el culpable
le servirá para estar más perturbado. Por consiguiente es difícil com-
prender que el castigar de forma vengativa y enÍadada a una persona
por haber actuado mal le va a ser de utilidad para afrontar el problema
objetivo básico de capacidad y moralidad, es decir: uAhora que he
cometido un error, ¿qué es lo mejor que puedo hacer para corregirlo
en el luturo?»>.
6. En el fondo, la culpabilidad, la hostilidad y la cólera son casi
seguro la causa más importante y seria de la mayoría de las perturba-
ciones humanas (Chambers y Lieberman, L962) . Si los niños no fueran
educados en la filosofía de la culpabilización propia y ajena por errores
actualeso posibles, es difícil que llegaran a sentirse ansiosos, culpables
o deprimidos (cuyos sentimientos son el resultado de Ia autoculpabili-
zación), u hostiles, intolerantes y ostentosos (que es el resultado de
culpar a los demás). Por lo tanto, si preparamos a nuestros niños para
que sean neuróticos, culpabilizándoles y enseñándoles a culpabilizar, y
si les culpabilizamos después aún más severamente cuando los síntomas
neuróticos les obligan a hacer uso de una conducta antisocial y a come-
ter todo tipo de errores, ¿no estamos alcanzando el más alto grado
de necedad y demencia?

En lugar de estar tan preocupados por nuestras malas actuaciones


o las de los demás, el individuo racional debe tener en cuenta el
siguiente enfoque en los errores de acción u omisión:
1. No deberá criticar o culpar a los demás por sus fallos, sino
comprender que invariablemente cometen tales actos por simpleza, igno-
rancia o perturbación emocional. Deberán intentar aceptar a la gente
cuando son simples, y ayudarles cuando son ignorantes o están pertur-
bados.

2. Cuando la gente le culpabilice a uno, primero deberá preguntar-


se si ha hecho algo mal, y si 1o ha hecho, intentar meiorar su conducta;
pero si no 1o ha hecho, comprender que la crítica de la demás gente
á menudo es problema de ellos, y representa por su parte algún tipo
de defensa o perturbación.
). Deberá intentar entender por qué la gente actúa así
un esfuerzo para ver las cosas desde el marco y referencia de -hacer
ellos
cuando crea que están equivocados; si hay alguna posibilidad de hacer
LAS IDEAS IRRACIONALES QUE CAUSAN LAS PERTURBACIONES 67

que los demás deien de cometer fallos, deberá intentarlo con calma.
Si no hay ninguna posibilidad (como a menudo ocurre) deberá resig-
narse filosóficamente a las malas actuaciones de los demás diciéndose:
«¡Es muy malo que sigan actuando así' De acuerdo, es muy malo,
pero desde mi punto de vista no es necesariamente catastrófico!».
4. Deberá intentar comprender que sus propios errores' como
los de los demás, normalmente son el resultado de la ignorancia o de
una perturbación emocional; no debe culparse nunca por ser ignorante,
.rtrip..turbado o tener fallos. Deberá aprender a decirse: oDe acuerdo,
he aciuado en tal y tal cosa mal, o he fracasado en un trabaio en el
que normalmente debería de haber tenido éxito. Por lo tanto he metido
la prta o he fracasado. Eso es malo, pero no terrible, ni horroroso,
ni catastrófico. Y el punto más importante no está relacionado con
mi capacidad de fracasó, sino con la pregunta: «¿Cómo puedo aprender
.1" este error para que el fracaso sea menor la próxima vez?»' Esto
no es más que una prueba, una vez más, de que todavía soy un hombre
falible. De lo que se trata ahora es de intentar ser un poco menos
falible».

Idea Irracional N." 4r La idea de que es tremendo y catastúlico


el hecbo d.e que las cosas no uavan Por el camino que 4 uno le gustaría
que fttesen.
Es asombroso ver cómo millones de personas en la tierra se sienten
,...iblá-"ni" abatidas y tristes cuando i,, tot" no son de Ia forma
que les gustaría qu. fr..un, o cuando- el mundo es como es' El que
il; ;;;¿;;i;"i; .lur^*eÁt. frustrada cuando no están consiguiendo
lo q,ie quieren con tanta fuerza es por supuesto normal' Pero el que
esté; d; forma permanente tan deprimidós o abatidos porque están
frustrados es completamente ilógico por muchas razones:
1. No hay ninguna razón para creer que las -cosas deberian ser
de forma diferente a.-lo que son, al margen de lo iniusta o desafortu-
nada que sea la situación actual de cada uno. Pero sí hay muchas
,^"onrr, en especial los hechos mismos de la realidad, para que las situa-
ciones y acontécimientos desagradables sean como son. El que unas deter-
minadÁ condiciones o una gente repugnante fio nos guste es completa-
mente razonable, pero el llegar a estar seriamente perturbado porque
la realidad es la realidad, es-absurdo. A veces sería agradable q:ue las
cosas fueran de diferente manera, o que tuviéramos lo que esperamos
de la vida, en lugar de Io que .n reálidrd tenemos' Pero el hecho de
que sería agradable que fuera asÍ no 10 transforma ni nos da razones
serias para llorar cuando no es así.
68 RAzoN y ErlrocloN EN psIcorERApIA

2. El estar de forma permanente abatidos por una serie de cir-


cunstancias dadas no nos ayudará a meiorarlas. Al .ont.r.io, cuanto
más abatidos esremos. por los aspecros desagradables de la vida, má,
desorganizados e inefiiaces serán nuestros "esfuerzos ..r.u*io.áo,
mejorar las condicíones de nuestra existencia. "
3. Cuando las cosas no son como nos gustaría que fueran, cierto
que debemos lucha¡, y a veces con mucha fuelza, para cambiarlrs. pero
cuando es imposible cambiarlas (por el momenro o para siempre), lo
q.ue a- menudo ocurre, la única cosa sana que se pueie hacer a, artu,
filosóficame.nte
.resignados con nuestro destino y uáptu. 1., cora, como
son..El hecho de- que los niños, que tienen poóa capacidad para pensar
de .forma filosófica, normalmentL no p,,ede., ,opá.tr. ningún ^grado
de la inevitable frusración, no quiere dlcir que lás adultos ño pñ.dun
hacerlo de una forma tranquila. Ellos pueden, si la mitad del erfuerzo
que dedican a convencerse de que no pueden aceptar la dura realidad
1o emplearan en intenrar aceptárla.

A,unq-Lr9..a primera vista parece bastante plausible la hipótesis


, Dollard
de ^4.', y Miller de que la frustración lleva inevitablemente a la
agresión, un análisis más detenido de las pruebas a favor de dicha hipó_
tesis muestra como Pastore (1950, 1952) y Arnold (1960) Éan
indicado- que -tal
re¿llmente no es la frusftación en cuanto tal, sino una
actitztd. subjetiva i, moralista hacia dicha frustración la que provoca
hostilidad ), agresión. Una persona, por ejemplo, que lleua esperando
20 minutos el autobús, un día de frío, y ve cómo finalmente éite pasa
sin parar, no se senrirá especialmente hostil si ( a ) descubre qué el
autobús no esrá de servicio, pero sí se irritará si (b) ve que el conáuctor
se ha pasado_de parada sin ninguna ruzón. En ambos'casos no pudo
tomar el autobús y la frusrración es idéntica.
, De forma similar, los trabajos recientes de Beecher, Livingston,
Melzack y otros (Melzack,. i961) han demostrado que inciuso la-expe-
riencia 1, reacción frente al dolor físico, depende más que de la inten-
sidad del estímulo doloroso, de los prejuiclos actitudinales, subjerivos
e individuales de la persona que es esrimulada. Aunque nos veámos
frustrados o privados de algo que deseamos, no es nicesario gue nos
sintamos muy desdichados, a no ser que definamo.r nuestra preferencia
como una necesidad extrema.
- En lugar de quedarse ilógicamente abatido por las circunstancias
frustrantes de la vida, o por,las injusticias ..ai., o imaginadas clel
mundo, un ser humano racional puede adoptar las siguientei actitrrdes:
1. Puede cletermina¡ si las circunstancias que se le presentan
como frustrantes o dolorosas son realmente enoiosai, o si por el contra_
rio no está imaginando o exagerando sus características irritantes. Si
ciertas circunstancias son intrínsecamente desagradables, lo mejor r¡ue
LAS IDEAS IRRACIONALES QUE CAUSAN LAS PERTUREACIONES 69

puede hacer es afrontarlas con calma e intentar que sean meiores.


Si por cualquier razón es imposible de momento cambiar o eradicar
la negativa situación existente, podría aceptar filosóficamente o resig-
narse a su existencia.
2. De forma más concreta, podría percibirse su propia tendencia
a sentir las inevitables situaciones desafortunadas como catastróficas,
iOh, Dios míol ¡Qué situación tan terrible! ¡No puedo
-diciéndoles:
soportarlal- cuestionar y desafiar esta tendencia, y transformar sus
frases interiroizadas en: <<Es demasiado negativo que las condiciones
sean tan frustrantes, pero no me eliminarán; y estoy seguro que puedo
soportarlas porque son desafortunadas peto no catastróficas».
3. Siempre que sea posible, debe intentar sacar el máximo prove-
cho de las situaciones frustrantes, aprender de ellas, aceptarlas como
un desafío e integrarlas de forma útil en su vida.
4. Cuando se esté fastidiado por sensaciones {ísicas desagradables,
como un dolor de cabeza, se debe hacer lo posible por eliminarlo, y
si no se logra erradicar, se debe poner en prác'r.íca alguna forma de
distracción. Así, puede centrarse en otros aspectos de la vida, más
agradables (como leer o jugar al ping-pong) hasta que las sensaciones
desagradables desaparezcan. Deberá aceptar sus inevitables irritaciones
v enojos, y comprender clue no aumentan porque se fuerce a sentirse
enfadado cuando está enojado ( y por lo tanto duplicar o cuadruplicar
su irritación original). (Ellis, 1957a.)

Idea Irracional N." 5: La idea d,e que la desgracia humana se


origina por caustts externos y qile la gente tiene poca capacidad, o
ninguna, de controlar sus penas y perturbaciones.
La mayoría de la gente en nuestra sociedad cree que 1o que les
hace desgraciados es el resto de la gente v los acontecimientos, y que
si estas fuerzas externas fueran diferentes ellos no se sentirían tan
abatidos. Piensan que no colaboran en su abatimiento cuando se da
alguna mala circunstancia, y que no tienen control sobre ellos mismos
o sus emociones en estas circunstancias. Esta idea no es válida por
varias razones:
1. La demás gente ), los acontecimientos en realidad poco daño
pueden hacer excepto un ataque físico o el privar ( de forma áirecta
o indirecta ) de algunas satisfacciones concretas ( como el dinero o el
alimento), pero, hoy día, esto es bastante raro. La rna,votí^ de las
<<agresiones>>son ataques psicológicos cuya capacidad para hacer daño
es mínima o no existe, a no ser que se crea effóneamente que pueden
dañar. Es imposible que nadie pueda ser periudicado por ataques verba-
les o gestos, a menos que se deien perjudicar o en realidad se peliu'
70 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

dique_n ellos mismos. No son las palabras o los gestos Io que hiere,
sino las propias actitudes y reaccioies ante estos Jírnbolor.

.? Siempre que. se diga «me duele el que mis amigos no sean


amables».,.o «no puedo ropó.tu. el que la, cár., ,^y^r ríalrr, L qu.
se está diciendo no tiene sentido. Eitas frases .ro hrcen ref.r*cia a
nada.significante y_el contenido es totalmenre definido, i;-;;. .n
realid.ad se quiere decir
.es: «yo soy el causante d. ;; p..tuiüciOn
cuando me digo a mí mismo que el- que mis amigos n" ,i.n ,-ubl.,
es algo tetrible» o <<que el quá_ las coias vayan m"al ., ulgo h*rtroro
y no puedo_soportar este tipo de situación»>.-Aunque el sí;eto á. or.
dr-rele, o el
.complemento de ono puedo .oportárlo, p;;;; qr. ,.
refiere a alg,3n suceso exrerno qu. i" está afáctando ,1. fo.Á. ln.on_
rolable, a 1o sumo no es más que algún acontecimiento o hecho .ná¡oro,
pero que
.llega a ser terrible porque se le está baciendo r., ,rí,-prc
su capacidad de incidir sobre alguíen es nula o prácticamente inexistente.

3. . Aunque millones de personas civilizadas crean firmemente que


no _pueden- conüolar sus emociones y que por lo tanto el ser desgra_
ciados es algo. a lo que esrán destinaáos, no importa lo que hagan, erta
idea es completamenre falsa. La verdad .. q.r. para la'-^yoííu 'dr- l^
gente en nuestra sociedad es dilícil cambiar o controlar sus emociones,
en.gran parte porque rara vez Io intentan para obtener así una cierta
ptáctica; y cuando lo inrentan ocasionalmente lo hacen de forma impre_
cisa, descuidada y torpe. Si estas personas dejarun de considerar sus
emoclones como procesos etéreos y casi humanos, y las vieran como
algo qu.e está compuesto en gran_ parte de percepciones, pensamientos,
evaluaciones y frases interioiizadár, .n.ont.u.iu, br.t.ri. factible eÍ
trabajar de forma manquila y armoniosa para cambiarlas.
. Es cierto que, una vez que se ha estado diciendo a alguien durante
un largo período de tiempo que se debe estar abatido en ciertas situa-
ciones irritantes o peligrosas, esta persona adquirirá tal hábito en
relación con este hecho, que le resultará muy diÍícil, si no imposible,
permanecer tranquila. Pero también es verdad (y por lo generai desco-
nocido por los _americanos ) que una vez que álg"ien sJ ha repetido
una y oua vez durante un período de tiempo sufiiiente qtre no nácesita
sentirse aba¡i{o .por este tipo de cosus, ilegará un momento en que
encontrará difícil el alterarse por ellas, y por el contrario bastante
fácil el-permanecer tranquila c.rándo le sucedán. Con pocas excepciones
y parafraseando a Shakespeare, no hay nada triste in la vida, es el
pensamiento el que hace que sea así.
. En lugar de creer erróneamente que las emociones están fuera de
todo control, el individuo inteligente-e informado reconocert qr.re la
infelicidad en gran parte (arnqré no completamente) viene de á.rt.o
y su ongen es esa misma persona infeliz. Entonces, en relación con
LAS IDEAS IRRACIONALES QUE CAUSAN LAS PERTURBACIONES 7l

sus propias emociones negativas y autodestructivas, se impondrá las


siguientes tateas:
l Siempre que considere que se va a sentir muy abatido ( distin-
guiendo del sentimiento de pena por alguna pérdida o de enojo por
alguna frustración), enseguida debe reconocer que es l/ quien está
creando esa emoción negativa, por una reacción impensada ante una
situación o persona. No se deiará engañ,ar por el «hecho>> de que sus
ansiedades u hostildades tienen un origen <<natural>>, o constituyen su
lote correspondiente como ser humano, o son creadas por condiciones
externas. De forma terminante afuontará el hecho de que es á/ el primer
causante y que como é1 las origina, también puede erradicarlas.
2. Después de observar de forma obietiva sus intensas emociones
de infelicidad, averiguará el origen de sus frases ilógicas que las están
creando y pensará en ellas. Entonces es lógico que las analice y de
forma enérgica las cuestione y desafíe hasta que esté convencido de
sus propias contradicciones y considere que no son defendibles por más
tiempo. A1 analizar y cambiar sus propias verbalizaciones de forma radi-
cal, podrá transformar y contrarrestar las acciones y emociones auto-
destructivas por aquéllas a las que se estaba imponiendo.
Así, si el individuo teme de forma muy intensa el entrat en contac-
to con personas lisiadas, se dará cuenta que no son los lisiados quienes
en realidad Ie dan miedo, sino sus propias frases interiorizadas sobre
la «terribilidado de los lisiados. Con tranquilidad observatá estas frases
(por ejemplo, <,Los lisiados están en una situación nada deseable porque
necesitan ayuda; si yo necesitara aytda como ellos, sería terrible»).
Y las analizará de forma lógica (por ejemplo, preguntándose a sí
mismo: «¿Existe alguna lógica en la forma de relacionar la última parte
de esta frase si yo necesitara ayuda como los lisiados sería
terrible- con la -que
primera los lisiados están en una situación nada
deseable-?r). Entonces -que desafiará sus frases de fo¡ma resuelta (por
ejemplo, repitiéndose una y otta vezi <,Aun cuando ciertamente zo
es deseable que sea un lisiado, no tiene por qué ser terúble o catas-
trót'ico, ni significa que yo sería una persona despreciable«).
Finalmente, examinará y desmentirá las filosofías generales falsas
que existen detrás de sus temores específicos de entrar en contacto con
lisiados, y se recordará a si mismo que también puede llegar a ser un
.,horroroso»> lisiado y estar por tanto en una situación «terrible»>. Así
se demostrará a sí mismo que (a) el estar en contacto con lisiados (o
con cualquiet otro tipo de enfermedad) nunca le podrá convertir mági-
camente en un lisiado; (b) que prácticamente nada que no sea deseable
(como el ser lisiado) es en realidad terrible o catastrófico; y que (c)
casi siempre podrá, con una filosofía sana de la vida, superar todos
los handicaps físicos y cualquier oro tipo de adversidad, en tanto en
72 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

y se mantenga en actitud de pensar, planificar y actuar


cuanto esté vivo
en relación con sus situaciones desafortunadas en las que sé pueda
encontrar, etcétera.

Idea Irracional N." 6; La idea de que si algo es o puede ser


p-el.igrosoo temible se deberá sentir feniblemente inquieto por ello,
deberá pensar constantetnente eil la posibilidad de que esto oiurra.
La mayoría de la gente en nuestra sociedad se obstina en creer
que si están en peligro o si exisre alguna posibilidad de que les acon-
tezca algo que temen, tienen que permanecer preocupados por ese peli-
gro real o en potencia. Esto es una idea irracional por varias razones:
1 Aunque es sabio el prever la posibilidad de un peligro, planear
evitarlo y si es que ocurre, ser prácticos en rechazarlo o en afrontarlo
con éxito, lo que normalmente se siente como <<ansiedad,>, ..preocupa-
ción» o <<temor intensor>, no es de natutal.eza preventiva o constructiva
y a menudo impide seriamente el ser eficaz en prevenir o enfrentarse
a un hecho real. En primer lugar, si se está muy preocupado o super-
alterado por un asunto posiblemente arriesgado, por lo general la exci-
tación y el nerviosismo es tal que de hecho impide ver de forma obje-
tiva si ese <(riesgo» es real o está exagerado.
Así, si alguien está temiendo que un grupo de niños que están
jugando con un balón Ie van a dar con é1 y le van a dejar inconsciente,
es probable que no se dé cuenta si el balón con el que esrán jugando
es realmente duro y peligroso (como una pelota de béisbol o de golf)
o si es un objeto blando e inofensivo (como una pelota de plástico
o de goma ). Por consiguiente el preocuparse o alterarse suele llevar
a fantasear sobre la «peligrosidad» de una situación dada que en reali
dad no presenta prueba alguna de ello.
2. La ansiedad intensa ante la posibilidad de que un peligro
ocurra, con frecuencia impide afrontarlo con eficacia cuando realmente
ocurre. Así, se sabe que los chicos en la calle están iugando con un
balón duro y peligroso, y alguien se encuentra petrificado de miedo
de pensar que él o alguien por quien siente afecto pueda ser golpeado
y herido, su alteración ante este peligro real le hará, en vez de explicar
a los chicos de forma Úanquila 1o peligroso que es usar ese balón,
e inducirles a que utilicen uno más ligero, enfrentarse a ellos al chillar-
les o llamar a la policía, si no fastidiarles de tal manera que ellos, de
forma deliberada, sigan usando el balón duro.
3. El preocuparse mucho ante la posibilidad de que algo terrible
ocurra, no sólo no evita que suceda, sino que a menudo contribuye
a su aparición. El estar muy nervioso por temor a un accidente de
coche puede facilitar el accidente contra otro coche o un poste de la
LAS IDEAS IRRACIONALES QUE CAUSAN LAS PERTURBACIONES 7l

luz, cuando, si se hubiera estado más manquilo, se hubiera podido


evitar.
4. El inquietarse por una situación peligrosa por 1o general lleva
a exagerar las posibilidades de que eso ocurra. Así, si alguien tiene
un miedo horro¡oso a ir en avión, es probable que imagine que su
avión pueda tener un serio accidente, cuando en realidad hay una posi-
bilidad entre mil de que eso ocura. Aun cuando esa preocupación en
un caso como éste, tiene alguno base real, de ningún modo tiene esas
características tan exageradas que se Ie atribuyen al estar tan alterado.
5.
Algunos hechos muy temidos, como una enfermedad seria y
la muerte aI final de nuestros días, son inevitables, y nada, ni incluso
la preocupación por ello, evitará que ocurra. Por lo tanto, el Preocu-
parie por-hechos-inevitables no determina que las posibi]idades de que
,1go otu.., disminuyan, y además no sólo se padecen las desventajas
de los hechos temidos sino que dan lugar a otras adicionales y a veces
mucho más castrantes, que son las de estar preocupado por algo mucho
tiempo antes de que ocurra de verdad' Así, si alguien sabe, por ejemplo,
que de aquí a unos años se morirá, su ansiedad para impedir su- muerte
Áo sólo no logrará aplazar este hecho, sino que hará que los días que
le queden..Á *.,1'-amargos para é1. Pero si acepta 1o inevitable de
su muerte podrá muy bien disfrutar de ese tiempo.
6. Muchos hechos normalmente temidos v peligrosos -como la
posibilidad de ser diabético si se ha nacido en una familia con un alto
indice de esta enfermedad- en realidad no presentan tanto problema
si es que aparecen, pero la preocupación anti s-u- posible aparición les
hu.. *. ,ri. S" puéde vivii buttánte confortablemente (aunque hay
c¡ue admitir que con inconvenientes) con diabetes (o, para el caso,
án tub.r.ulosis, distintas formas de cáncer o de otras enfermedades
en cierto sentid; gra\¡es ) cuando alguien es afectado por. este típo de
enfermedades. Por-'lo tanto el dramátizar sobre los posibles resultados
<le una enfermedad o un mal no conduce a nada, aun cuando hay
bastantes posibilidades de que este mal aparezca.
Un ser humano racional, en lugar de perjudicarse a sí mismo
siendo exageradatnente temeroso, deberá adoptar una serie de actitudes
ante los pósibles obstáculos y peligros que le pueden aparecer en su
vida:
1. Deberá comprender que la mayoúa de las preocupaciones no
las causan los peligros externos, sino que el origen es que se esté dicien-
do a sí mismó: o¿No sería terrible si esto tan peligroso ocurre?»' o
«sería espantoro qú. pasara esto y no pudiera hacerlo frente de forma
conveniente,r. E., iugai de eso deberá examinar sus interiorizadas frases
inrínsecamente catastróficas y cambiarlas por una filosofía más sana
74 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

y realista: «El que este hecho peligroso ocurra sería algo molesto y
enojoso, pero no sería terrible y podría hacerle frente»>.
2. Deberá enseñarse a sí mismo que sus miedos irracionales no
le ayudan a evitar los peligros, de hecho a menudo los aumentan y
normalmente lo que hacen es debilitar y frustrar mucho más que los
temibles sucesos que le hacen sentir tanto miedo.
). Debe comprender que muchos o la mayoría de sus miedos
no son más que formas encubiertas de miedos a lo que los demás
piensen de él; debe cuestionarse y desafiar constantemente esta clase
de temores y darse cuenta de 1o tonto que es por lo general. Deberá
preguntarse qué sentido tiene la mayoría de sus ansiedades acruales,
aun cuando algunas 1o hubieran afectado en el pasado era más
pequeño- y el tener miedo era bastante real. -6u¿¡d6
4. Deberá de vez en cuando hacer las cosas que más miedo le
d¿¡ hablar en público, expresar sus puntos de vista a un supe-
rior -6srne
o defender sus derechos- para demostrarse a sí mismo que no
hay nada intrínsecamente negativo en ello.
5. No deberá alarmarse porque miedos que ya se habían supe-
rado aparezcan de nuevo de forma temporal, pero deberá tabajar paru
erradicarlos uoa vez más, afrontándolos claramente y pensando en ellos,
hasta que haya pocas posibilidades o ninguna de que le vuelvan a
afectar.

Idea Irracional N." 7: La idea de que es más lácil eaitar que


afrontar ciertas responsabilidades y dificultades en la oida.
Mucha gente siente que es mucho más simple hacer sólo lo que
es «fácil>> o .,natural» o lo que es íntrínsecamente agradable, y evitar
las dificultades y responsabilidades. Las ideas de esta gente son falsas
en distintos aspectos.
1. La idea de que existe una forma fácil de resolver las dificul-
tades sólo se considera en relación con el momento exacto de la deci-
sión, pero no se tienen en cuenta los muchos problemas y malestares
que engendra. Así, si alguien encuenrra difícil el pedir un beso a una
chica (o intenta besarla sin hebérselo pedido) y decide no enfrentarse
a un posible rechazo, en el momento de tomar esta decisión negativa
se sentirá bien y aliviado de haber abandonado el problema. Pero tan
pronto como este momento de alivio pase, la sensación será desagradable
por la pérdida de algo probablemente satisfacrorio, o porque no se
ha averiguado lo que ella piensa acerca de uno, o porque no se ha
adquirido más práctica en el besar o en el solicitarlo, etc. El <<placer»>
del momento puede dar como resultado horas, días e incluso años de
infelicidad.
LAS IDEAS IRRACIONALES QUE CAUSAN LAS PERTURBACIONES 75

2. Aunque el esfuerzo que se necesita para evitar una decisión


o una dificultad cot frecuenciá parece que es fácil de llevarlo a cabo
y no tiene consecuencias, en realidad es arduo y largo, ya que.se pasan
iit.rrl-..rt. muchas ho¡as de tortura y debate con uno mismo, de
ingeniosas argumentaciones e intrigas antes de decidir que uno zo se
va a comprometer en una tarea difícil pero en potencia provechosa'
Y el maleitar que esto crea es diez veces mayor que el qu-e uno se
imagina qr. puád. existir si de verdad se compromete en ello'
). La confianza en uno mismo, en un último análisis, surge sólo
de hacer ilgo, y nunca de evitarlo. Estamos ,seguros de- que podemos
hacer algo in.Í frtrrto (y divertirnos al hacerlo) esencialmen-te porque
1o hemoí hecho ya en el [asado y en el presente y hemos tenido algunos
éxitos. Por consíguiente, si alguie., pasa gran parte de su vida evitando
problemas difícilés y responsabilidades, es -probable que consiga una
vida,,más fácil», pero.aii teguto que paralelamente la existencia será
muy insegura.
4. Mucha gente supone que una vida fácil, evasiva y sin respon-
sabilidades.t taibién algo m"y valioso' Como Magda Arnold (1960)
y Nina Bull (1960) han afirmado recientemente, es un presupuesto
tastante dudoso. No parece que los seres humanos son <<más {elices>>
cuando están sentados-de forma pasiva sin hacer nada o haciendo poca
cosa, y quizás ni cuando están (en reiativamente- pocos momentos ) muy
entusíasmados y emocionados con algo. Por el contrario, parece que
cuando les va Áeior es cuando tienen un objetivo en el -sentido.de estar
comprometidos y trabaiar en trn proyecto difícil y a latgo-plazo
(ya
."^ el .rrnp'o del árte, la ciencia, los negocios o cualquiet otra
cosa)"nde formá regular y relativamente tranquila.
Si esto es cierto, .nton.., una vida f-ácit y sin responsabilidades
prr.d. ,., satisfactoria de forma temporal especial en períodos
de oacqciones después de una vida activa- -en
pero es raro que sea prove-
chosa de forma continua. En definitiva la vida es actividad, movimiento,
experiencia, creatividad; y los seres humanos no conocen ciertos tipos
de'satisfacción muy imPortantes cuando se centran en evitar aspectos
de la vida difíciles y sugerentes.
En lugar de euitar huchos retos, dificultades y responsabilidades
de la vida, el individuo racional puede muy bien seguir estos puntos:
1. Deberá hacer sin queiarse las cosas que necesite, rcalizar, aun
cuando le disguste mucho il. hacerlo, y mientras tanto buscar alguna
forma inteligát. de evitar los aspectos dolorosos de la vida q.ue no
sean necesar]os. Se debe imponer la disciplina de realizar las tareas
necesarias después de haberie convencido de forma lógica que soa
necesarias, de^ forzarse literalmente a hacerlas y terminarlas lo más
pronto posible.
76 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

2. Si rechaza el enfrentarse a ciertos problemas y responsabili-


dades de la vida, no debe aceptar como un hecho Ia idea de que es
indolente <(por naturaleza» o «de forma biológica", sino que debe
suponer que detrás de cada rechazo existe toda una cadena de frases
que indican una Íalta de ansiedad o de rebeldía. Deberá, de forma
implacable, desvelar estas frases y analizarlas con lógica, hasta que las
cambie por otras más sanas e impulsoras.
). Deberá intentar no volcarse en ser deruasiado disciplinado
ni hacer las cosas por un camino demasiado arduo ( normalmente por
el sentimiento de culpa y como castigo ). Pero sí intentará ayttdar a
sus actividades discipúnaáas, si es necisario planificando erquémas de
trabaio, imponiéndose metas razonables y logros intermedios.
4. Deberá enfrentarse de lleno al hecho de que oiuir es exacta-
mente lo que su nombre impiica, y que descansar o euitar a menudo
son intervalos lógicos en una vida completa, pero que llegan a ser algo
fatal si ocupan la mayor parte de esa .,vida,>. Deberá aceptar de forma
filosófica que cuanto más responsable y desafiante sea su vida, v más
problemas tenga que resolver, posiblemente sea más interesante, sobre
todo visto a Targo plazo.

Idea Inacional N," 8: La idea tle que se clebe depender de los


demás y que se necesita a alguien nás t'uerte en quiefl confiar.
Aunque en teoría aprobamos la libertad y la independencia en
nuestra socíedad, muchos de nosotros creen que debemos depender de
otros y que necesitamos a alguien más fuerte en quien confiar. Esta
es una idea irracional por varias razones:
1. Aunque es verdad que todos somos a/go dependientes de los
demás en esta sociedad tan compleia (ya que con dificultad podríamos
comprar alimentos, viajar en tren, vestirnos o hacer cientos de cosas
necesarias sin la considerable y colaboradora división del trabajo), sin
embargo no hay razón para que esta dependencia se tnaximalice y lite-
ralmente se exija que los demás elijan o piensen por nosotros. Seamos
colaboradore-r, pero no seruiles.
2. Cuanto más se confíe en los demás, más seguro es que, en un
primero o último análisis, se dejen muchas cosas que se querían hacer
en la vida, y se elijan cosas, forzado por la necesidad extrema, que los
demás quieren que uno haga. La dependencia está inversamente relacio-
nada con el individualismo y la independencia, y no se puede ser uno
mismo y estar rnuy dependiente de los demás al mismo tiempo.
3. Cuanto más se confíe en que sean los demás quienes le euíen
a uno y le ayuden a hacer cosas, menos tenderá a hacerlas por sí mismo
11
LAS IDEAS IRRACIONALES QUE CAUSAN LAS PERTURBACIONES

y como consecuencia a aprender de ellas. Esto significa que cuanto


rnás dependiente se sea, se tende¡á a serlo todavía más. Por otra parte,
si alguien depende de los demás para sentirse seguro, uno no
puede cometer errores o soportar el sentimiento de culpa-Porque
si es que los
hace- en esencia más que ganar pierde seguridad, ya que la única
seguridad real <¡ue se puede tener en la vida es la de saber que, a pesár
de los errores que se puedan cometer, no se es un ser inútil sino simple-
mente una persona falible. La dependencia, en un círculo vicioso, condu-
ce a disminuir la confianza y aumentar la ansiedad. El ser dependiente
configura una búsqueda de la auto-estima y la seguridad que nunca
termina y nunca se encuentra.
4. Cuando se depende de los demás, se pone uno mismo a merced
de ellos, y por consiguiente a merced de fuerzas externas que por lo
general no se pueden controlar. Si se depende de uno mismo para
tomar decisiones y llevarlas a cabo, al menos se uabaia con el propio
pensamiento y se confía en é1 y en la conducta de uno. Pero si se depen-
de de los demás, nunca sa sabrá cuándo deiarán de ser seguros, si se
moverán a otro sitio o si se morirán.
En lugar de luchar por depender de otras personas (o en una hipo-
tética abstracción, como del estado o de Dios), el individuo racional
.{eberá hacer todo lo que pr-reda por sostenerse con sus dos pies y pensar
y actuar como crea conveniente. Algunos obietivos concretos por los que
puede luchar en relación con este aspecto son:
1. Deberá aceptar el hecho de que está y estará ( en algunos aspec-
tos esenciales ) solo en este mundo, y que no es necesariamente terrible
el apoyarse en uno mismo y set responsable de sus decisiones. Por mu-
cho c¡ue colabore con los demás y muy amigos que sean' sólo él conoce
s,-,s nlcesidades y estímulos, y puede enfrentarse a sus problemas en la
vida.

2. Debe comprender muv claramente que nunca es algo terrible


el fracasar en la consecución de un objetivo, que los seres humanos
aprenden con el fracaso y que sus fracasos no tienen nada que ver intrín-
secamente con su valía como ser humano. Por consiguiente deberá seguir
luchando por aquello que quiera conseguir en la vida, aun cuando las
posibilidades de obtenerlo sean pocas, y sobre todo adoptar la filosofía
de clue es mejor el arriesgarse y cometer errores por elección propia,
que vender el alma por una nayuda,> innecesaria de los demás.
3. No debe, de forma rebelde y defensiva, rechazar cualquier
ayucla de los demás, para probar 1o ofuerten que es y cómo puede valér'
selas por sí mismo él solo; a veces se debe buscar y aceptar la <,ayuda»>
de los demás, cuando es realmente necesaria.
78 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

Idea Irtacional N." 9:


La idea de que la historia pasada de uno
es un determinante decisiuo de
la conducta actuol, y que algo que ocu-
rrió alguna uez 1 le conmocionó debe seguir alectándole ináefinida-
ftiente.
Mucha gente hoy en día cree y acrúa parriendo de la base de
que algo que en alguna ocasión af.ectó a su vida de forma significativa,
o le fue útil en un momento dado de su existencia, debe de seguir sien-
do así para siempre. Esto es irracional por varias razones:
1. Si alguien se permite una influencia excesiva de su historia
pasada, está cayendo en el eror lógico de la supergeneralización, ya que
presupone que cuando una cosa es verdad en alguna circunstancia, es
verdad en todas las circunstancias. Puede ser cieito, por ejemplo, que
alguien no fuera capaz de defender sus derechos frente a sus padres u
otras-personas en el pasado, y que por consiguiente tuviera que ser
conciliador o servil con ellos para mantener la paz y conseguir uií ,lgr-
tras de las cosas que tanto deseaba. Péro eso no significa que ahora.
quizás veinte años más tarde, tenga que seguir siendo igualmente conci-
liador o servil con los demás para proregerie a uno mismo y obtener lo
que quiere.
2. Si se e§tá bajo una grave influencia de los hechos pasados, nor-
malmente se emplearán, para solucionar los problemas, soluiiones sr-rper-
ficiales o «fáciles» que fueron útiles en alguna ocasión, pero qr're ahora
pueden ser bastante ineficaces. Por lo general existen disiintas alternati-
vas para cualquier problema que tienen diferentes grados de perfección
y eficacia. Cuanto más influenciado se esré por las soluciones utilizadas
con éxito en el pasado, menos probable es que se puedan buscar oftas
alternativas mejores y posibles para resolver los problemas actuales.
3. Las llamadas influencias del pasado pueden ser utilizadas como
una poderosa excusa para evitar un cambio en el presente. Así, si
alguien tiene miedo de lo que los demás puedan pensar de él y sabe,
especialmente si va a una terapia, que tiene que pensar y actuar de
forma enérgica frente a sus miedos para erradicarlos, una de las excusas
más fáciles en el mundo es decir que está tan influenciado o condicio-
nado por el pasado que no es capaz de pensar o actuar de una forma
determinada para superar su neurosis. Esta utilización del pasado como
exctlsa para no resolver los problemas en el presente normalmente
conduce al ciclo más viciado de perturbación emocional.
Igualmente, si alguien, en un acto de rebeldía, se corta la nariz
para herir su rostro, también puede rechazar algo que le gustaría hacer
en realidad (como ir a la universidad), debido a que sus padres o algu-
na otra persona en el pasado afirmaban que é1 hacía esto en conside-
ración a ellos. Continuando de esta manera, emocionalmente enraizado
LAs IDEAS IRRACIoNALES euE CAUSAN LAs PERTURBACToNES j9

en el pasado, se puede obtener la gran <<satisfacción,» de vencer a aque-


llos <<canallasr>.

4 Exagerando la importancia de los años de formación, se tiende


a utilizar la frase cierta: «Ya que en mi infancia aprendí a hacer las
cosas de forma neurótica, ahora me resulta muy dilicil cambiar»>, pero
se sustituye el final de forma no legítima <(...me resuha lmpoiible
cambiar, por lo tanto puedo renunciar a resolver mi problema y seguir
neurótico sin ningún tipo de esperanza».
En lugar de- sobrevalorar la importancia del pasado y actuar de
acuerdo.a Io que los_psicoanalistas llaman las relaciones de tiansferencia,
el individuo racional debe asumir los siguientes tipos de actitudes:
1. .Puede aceptff el hecho de que el pasado es importante y estar
seguro de Ia infiuencia significativa de sus experienóir. pr."á., .r,
muchos aspectos. Pero. debe saber también que .r¿ presente is el pasado
del mañana, y que esforzándose en rransformarlo,-puede .onr.gui. qr.r.
el mañana sea diferente, y presumiblemenre más satñfactorio quá el háy.
2. En lugar de continuar haciendo cosas de forma automática
en elpresente, porque antes lo hacía así, puede parar y pensar e\ el
hecho de repetir sus actos pasados. Cuando- se encuenrre muy agarrado
por alguna influencia pasada que considere que es perniciosa, debe luchar
de forma enérgica y_ persistente en dos niveles, il verbal y el activo:
haciéndose propagandá negativa sobre la importaÁcia de contiíuar actuan-
do como antes, y forzándose a cambiar su conducta en situaciones apro-
piadas. Así, si teme comer pollo porque su madre le enseñó, de peque-
ño, que era algo perjudicial, inrenrará desafiar Ia filosofía de su madre
( y su_ propia interiorización
) respecto al pollo, hasta que empiece a
minarla; entonces se forzará a comer pollo hasta que compruebe por sí
mismo, con los hechos, que no es un alimento perjudicial.
3. En lugar de rebelarse con rencor conrra todas o la mayoria de
las influencias pasadas, debe valorar, cuestionar, desafiar y rebelarse sólo
contra aquellas ideas adquiridas que son claramente periudiciales en el
momento actual.

Idea Irracional N."- l0r La idea de que uno deberá sentirse ntuy
preocupado por los problemas y las perturbaciones de los demás.

- Muchas personas consideran que lo que otra gente hace o cree


es Io más importante para sus vidas, y que por tanttdeben estar clara-
mente pr€ocupados por los problemas y las perturbaciones de ellos. Esta
idea es falsa en varios aspectos:
1. Los problemas del resto de la gente con frecuencia tienen
poco o nada que ver con nosotros y no hay nínguna razón por la que
80 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

debamos sentirnos muy preocupados, cuando son diferentes a nosotros


o no estamos de acuerdo con su forma de actuar. Si Mrs. jones es muy
severa con sus hijos, es una desgracia para ella y su familia, y si se
puede hacer algo paru ayudarla a cambiar o proteger a sus hijos, eso
está bien. Pero ella no es necesatiamente una criminal porque no esta-
mos de acuerdo con sus hechos hecho, incluso, es posible que
ella esté en lo cierto y nosotros -de
equivocados sobre la conveniencia o
no de su forma de actuar. Y aun cuando fuera una criminal ( si por
ejemplo mutilara o matara a sus hijos ), no hay ninguna razón para
volverse loco por su conducta, aunque se debe poner en conocimiento
inmediato de las autoridades competentes,
2. Aun cuando las personas están tan perturbadas que hagan
cosas que nos molestan o nos hieren, la mayoría de nuestros enoios no
provienen de sus conductas, sino de la idea de injusticia que se perci-
be tras su forma de actuar. Así, si alguien es maleducado con nosotros,
su mala educación rara vez es lo que nos hace daño; nos decimos a
nosotros mismos: «¡Qué descaro! ¿Cómo puede haberme hecho esto a
mí?>>. Lo que realmente nos molesta es flaestra no aceptación de la
realidad en nuestras frases, más que su mala educación.
3. Cuando nos disgustamos por la conducta de los demás, supo-
nemos que tenemos un gran poder sobre ellos, y que el hecho de disgus-
tarnos mejorará de forma mágica su conducta, pero por supuesto que
no será así. Aunque tengamos una enorme capacidad de controlarnos y
cambiar (lo que fana vez estilamos ), de hecho tenemos poco poder de
cambiar a los demás. Cuanto más enfadados y molestos estemos por
su conducta por consiguiente considerable atención-
-prestándoles
menos probabilidades tenemos de inducirles a cambiar.
4. Aun cuando inducimos a los demás a cambiar porque estamos
molestos por sus actos, pagamos un alto precio por la creación de nues-
tra propia perturbación. Ciertamente debe haber, y de hecho hay, otras
formas menos destructivas de intentar, sin alterarse, que los demás corri-
jan sus errores. Pero para la mayoría, el estar terriblemente perturba-
do por la conducta dé oros no les ayuda ni a ellos mismos ni a los
demás.
5. El disgustarse por Ia forma de conducirse de otras personas,
a menudo favorece el que se deje de lado lo que debería ser preocupa-
ción principal, es decir, la forma en que rzo-r comportamos y las cosas
que hacemos. El permitir involucrarnos en otras conductas a menudo
se usa como una excusa sutil para no atajar nuesüos problemas ni ocu-
parnos de nosotros mismos.
En lugar de sentirnos molestos cuando la gente actúa de forma
negativa o hace cosas que nos gustaría que no se hicieran, haríamos
mucho mejor si adoptamos las siguientes actitudes en este orden:
LAS IDEAS IRRACIONALES QUE CAUSAN LAS PERTURBACIONES 8l

1. Debemos preguntarnos si realmente merece Ia pena preocu-


parse por la conducta de los demás, desde el punto de vista de ellos
y del nuestro propio, y debemos interesarnos sólo cuando nos preocu-
pen lo suficiente, cuando pensemos que les podemos ayudar a cambiar
o que nuestra ayuda puede ser útil al intervenir en el asunto.
2. Cuando aquellos por los que definitivamente nos preocupemos
estén actuando mal, no debemos de preocuparnos demasiado por su
conducta, sino que de fo¡ma objetiva y tranquila intentar hacetles ver
sus errores y ayudarles con cariño en sus obstáculos y dificultades.

). Si no podemos eliminar la conducta autodestructiva y enojosa


de los demás, debemos al menos intentar no estar enojados nosotros por
ello y renunciar a la idea de mejorar una situación mala.

Idea Irracional N." L1: La idea de que inuariablemente existe una


solación precisa, correcta y perfecta paru los problemas bananos, y que
si esto solución perlecta no se encuentra sobreaiene la catástrofe.
Millones de hombres y mujeres de hoy día consideran que deben
tener soluciones perfectas y seguras a los problemas que les acosan, y
que si tienen que vivir en un mundo de imperfecciones e inseguridades
cle seguro que no podrán sobrevivir felizmente. Esta búsqueda de la
seguridal, el control absoluto y la verdad perfecta es muy irracional en
varios aspectos:
1. Por lo que se sabe, no existe ni seguridad, ni perfección ni
verdad absoluta en el mundo. Como Hans Reichenbach ( 1953 ) y otros
filósofos actuales han demostrado de forma convincente, nos guste o
no nos guste vivimos en un mundo de probabilidades y de suerte, y
no podemos tener seguridad de nada externo a nosotros. Ya que las
cosas son así y que la búsqueda de seguridad sólo origina expectativas
falsas y ansiedad en conexión con estas expectativas, la única cosa sana
que se puede hacer es aceptar (de buen o mal grado) la realidad, no
cometer nunca la estupidez de decirse que se debe conocer la realidad
totalmente , o que se tiene que controlarla, o que deben existir solucio-
nes perfectas a todos sus problemas.
2. Los desastres que la gente imagina que sobrevendrán si es
que no consiguen una única solución <<correcta)> a sus problemas, o si
no pueden controlar «perfectamente» el mundo exterior, no tienen una
existencia objetiva sino que son <.desastres)> porque ellos piensan que
son,así. Si una persona insiste que sería catastrófico que no pudiéra
resolver sus problemas de forma inmediata, entonces, por sa insistencio,
), como esta solución perfecta e inmediara no es posible, le ocurriría algo
catastrófico ( como un intenso estado de pánico o de desesperanzada
ine{icacia ).
82 RAZON Y'EMOCION EN PSICOTERAPIA

3. El perfeccionismo, por lo general, limita las posibles solucio-


nes a los problemas e induce a resolverlos de forma mucho menos
<<perfecta>> que si no se fuera perfeccionista. Así, si hay muchas posibili-
dades de aprender a tocar el piano y se insiste en que se debe aprender
dando clase con un pro{esor particular durante unas pocas semanas, lo
más probable es que nunca se aprenda a tocarlo o se aprenda muy mal.
En lugar de insistir en que debe haber una solución perfecta y
rápida para un problema dado y que tiene que existir un control seguro
y total ante las necesidades de su vida, sería mucho mejor para un ser
humano que intentara resolver sus problemas de esta manerai
1. Cuando se enfrente a un problema importante en su vida, debe-
rá primero pensar en varias soluciones posibles y elegir, de estas alterna-
tivas, la que sea más práctica y factible, en lugar de la que sea .,perfec-
ta»>. No deberá considerar de forma perfeccionista cada aspecto posible
de cada alternativa posible que en la práctica nunca podrá tomar
-ya
decisiones con este planteamients- 5i¡s aceptar la necesidad de un
compromiso y estar preparado a emplear el tiempo necesario después
de haber considerado lo suficiente cada alternativa.
2. Deberá aceptar el hecho de que las decisiones y los planes
límites por lo general (aunque no siempre ) son inadecuados y no §on
factibles y debérá considerar los puntos de vista moderados y las apre-
ciaciones intermedias que subyacen en esa decisión extrema que está
meditando.
3. Debe saber que errar es de humanos, que es muy probable que
sus decisiones al principio sean mediocres y equivocadas, y que sus
actos no tienen nada que ver con su valor esencial como ser humano.
Sabiendo que por lo general los humanos aprenden a base de intentos
y de equivácr.iorr.r, d"ebera estar deseando e*perimentar, hacer- distintos
planes y ver si funcionan y seguir buscando y experimentando nuevas
posibles soluciones a sus problemas.
693i¿7t

La esencia
de la Terapia racional
El tema central de este volumen es que los diferentes tipos de
ideas irracionales básicas que hemos enumerado en el capítulo anterior
v las consecuencias que de ellas derivan, son el origen básico de la mayo-
ría de las perturbaciones emocionales. Por una vez que un ser huma-
no se crea todos los sinsentidos que incluyen esas ideas, inevitablemen-
te tenderá a sentirse inhibido, hostil, de{ensivo, culpable, ansioso, inefi-
caz, inactivo, descontrolado o desgraciado. Por otro lado, si pudiera libe-
rarse de estos pensamientos ilógicos fundamentales, sería muy difícil
paú él llegar a sentirse tan alterado emocionalmente, o por lo menos
mantener esta perturbación durante un periodo de tiempo largo.
¿Significa esto que todas las llamadas cosas básicas de la neurosis,
como el complejo de Edipo o el rechazo a la madre en la infancia no
son válidas, y que los freudianos y otros pensadores psicodinámicos de
los últimos sesenta años han estado lanzando hipótesis equivocadas?
No necesariamente. Sólo significa, si las hipótesis principales de este
libro son correctas, que estos pensadores psicodinámicos han subrayado
las causas secundarias o los resultados de las perturbaciones emocionales
más que las causas primeras.
Veamos, por ejemplo, el caso de un individuo que, cuando es
pequeño, tiene un fuerte complejo de Edipo, es decir, desea a su
madre, odia a su padre, se siente culpable por desear sexualmente a
su madre y tiene miedo de que su padre le castre. Esta persona, cuando
es un niño, de seguro que estará perturbado, pero si se le cría de fotma
que no adquiera ninguna de las ideas ilógicas básicas que hemos tratado
en el capítulo anterior, será imposible que su perturbación permanezca.
84 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

Debemos recordar que la perturbación de este individuo, cuando


es un niño, no lo es por los bechos de su relación edípica con su
madre, sino por sus nctitudes y miedo- ante estos
-culpabilidad
hechos. Por otra parte, no se siente culpable porqae desee a su madre,
sino porque piensa que es un criminal por desearla; y no tiene miedo
porqu, su padre no apruebe su relación sexual con su madre, sino
porque
- -Puédepiensa que es terrible que su padre le desapruebe.
ser muy <,natural>, o común que un niño se considere un
criminal cuando desea a su madre, pero no hay evidencias de que esta
ídea sea innata o que se tenga que adquirir. De hecho, considerables
testimonios autobiográficot y llíni.o, que tratan a individuos que han
sido criados .n n.,".trn anti-incesluosa sociedad demuesran que muchos
niños pueden desear a sus madres de forma abierta y consciente sin
sentirse culpables por ello ni tener r:n rniedo terrible a la oposición del
padre.
Por 1o tanto está claro que wa relación edípica txo tieñe que dar
como resultadoun complelo de Edipo. Incluso cuando, en un caso dado,
un niño estuvo perturbado por sus sentimientos sexuales hacia su madre,
eso no significa, como afirman los freudianos de fortna resuelta y etró-
nea, que tengan que permanecer neuróticos cuando son adultos. Si se
le cría para ser una persona racional ( lo que raramente ocurre en nues-
ra sociedad), cuanáo sea adulto no se sentirá muy afectado si sus
padres oalguna otrá persona no aprueba sus acciones, ya que estará
más interesádo en s¿¿ ptopia consideración que en la aprobación de los
demás. El no creerá'gue el deseo hacia su madre (aun cuando permanez-
ca en sus años de adolescente ;l adulto ) sea algo infame o malo, sino
que lo aceptará como una parte normal de un ser humano falible cuyos
deseos se*rales pueden ser indiscriminados. Comprenderá que el peligro
real de que su padre le castre es insignificante y no temerá que ello
suceda. Y no sentirá así porque utxa uez que tuvo miedo de su relación
edípica, necesita seguirlo sintiendo para siernpte.
Si este indíviduo, cuando es adulto, sigue creyendo que no es
decente tener relaciones sexuales con su madte, en lugar de castigarse
incluso por pensar en la posibilidad de tales relaciones, decidirá simple-
mente no poner en práctica sus deseos, y llevará a cabo su resolttción
con firmeza. Si ( por alguna casualidad ) flaquea y tiene de hecho rela-
ciones incestuosas, rehusará castigarse sin piedad por su debilidad, sino
que seguirá demostrándose lo destructivo de su conducta e intentará en
la práctica cambiarla.
En estas circunstancias, si este individuo tiene un enfoque en
verdad lógico y racional de la vida en general, de la misma manera
tendrá un enfoque sano hacia sus sentimientos edípicos. ¿Cómo
tonces- es posible que slga perturbado por las relaciones edípicas-en-que
pueda tener?
LA ESENCIA DE LA TERAPIA RACIONAL 8'

Tomernos, para una información más amplia, el caso de una petso-


na que, cuando es un niño, es criticado continuamente por sus padtes;
en consecuencia considera que es una persona muy poco capaz y odiosa,
rechaza la posibilidad de emprender ( y posiblemente fracasar ) tareas
difíciles, y por tanto se odia más porque sabe que es evasivo y cobarde.
Esta persona, durante su infancia, por supuesto que llegará a ser un
neurótico seriamente afectado. Pero ¿cómo podrá mantefier sú neuro-
sis si empieza a pensar, en su vida posterior, de una forma en verdad
1ógica?
Si una persona empieza a ser racional de forma consecuente, ense-
guida dejará de estar tan afectado por lo que los demás puedan pensar
de él y a preocuparse en primer lugar de lo que á/ quiere
empezará
hacer en la vida y lo que piensa de sí mismo. En consecuencia ya no
evitará las tareas difíciles y, en lugar de culparse por hacer las cosas
mal, se diuá a sí mismo algo del tipo de: <<Esta no es la forma correcta
de hacer las cosas ahora; me voy a parar para encontrar una forma
mejor>>. O: «No hay duda de que he cometido un error esta vez; ahora
voy a ver cómo puedo sacar el máximo beneficio de ello, de forma
que la próxima vez actúe mejor>>.
Esta persona, si está pensando de forma correcta en el presente,
no echará la culpa de sus fracasos a los hechos externos, sino que
comprenderá que es él el causante, por su conducta incompetente e
inadecuada. No creerá que es más fácil evitar los problemas difíciles
de la vida que enfrentarse a ellos, sino que comprenderá que el mal
Ilamado camino fácil es invariablemente el más duro y absurdo. No
pensará que necesita a alguien más fuerte e importante que él en quien
confiar, sino que, independiente, se dedicará con empeño a las tareas
arduas sin ayuda exterior. No sentirá más, ya que antes se destruyó a
sí mismo por evitar hacer las cosas por el camino difícil, que debe
continuar actuando siempre de esa forma desffuctiva.
¿Cómo, con este pensamiento lógico, puede una persona pertur-
bada en su origen tal vez mantener o revivir continuamente su neuro-
sis? No puede. De la misma manera el niño consentido, el preocupado,
el egomaníaco, el autista, rodos estos individuos perturbados tendrán
una gran dificultad en prolongar de forma indefinida sus neurosis si
no creen más en tonterías, es decir, en los diferentes tipos de ideas
irracionales básicas enumeradas en el capítulo anterior.
¡No serán las experiencias del individuo durante su infancia las que
con frecuencia le hacen pensar de forma ilógica, y por consiguients Ie
originan su neurosis? No, no necesariamente, ya que en su infancia, el
ser humano tiene que dceptal. las ideas con que le están bombardeando,
v necetita, no de forma automática, asumirlas.
Así, se puede comprobar estadísticamente que la m yoría de los
niños a los que se les dice que son unos monstruos si no se portan

BtrBLI$'f!:(A C FhlT{il¿i i
86 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

bien, creen que eso es verdad y se desprecian por sus fallos. Pero no
todos los ¡iÁos tienen por qué aceptar este hecho, y al menos unos
pocos parece que no lo hacen. Estos, en apariencia, se oponen a- la idea
á. qrrá son se;es despreciables , y v^rt tomando conciencia de ellos mis-
mos como personas uálidut, a pesar de las opiniones contrarias de sus
padres o de los demás.
Por otra parte, aun cuando estos niños tienden a aceptar las ideas
irracionalesqut l.t inculcan sus padres, son muy capaces, cuando son
adolescentes y adultot, de poner én duda y contradecir estos puntos de
vista, y p.ntá. de ora manera son capaces también de abando-
nar lai ireencias religiosas de sus padres. Cierto que es difí-cil pan un
adolescente o un jovén no creerse las tonterías que sobre é1 m.ismo ( o
sobre la religión)'sus padres le inculcan; pero no es- imposible' Por
consiguiente,"el aprendizaje en la infancia influye de forma. tan fuerte
qu. ir.de Éu... q.r. u¡-individuo piense.de forma neurótica o ilógi-
ca, pero no es una rnfluencia funesta ni irreversible.
En resumen, la neurosis parece que se origina y se perpetúa por
algunas ideas irracionales y falsás. El individuo cree en objetivos irreales,
imposibles y a menudo perfeccionist¿5 los que consi-
dera que lé aprobarían im p.ttonas -s5ps6i¿lmente
que paru €l son importantes, le
gustaría hacer las cosas perfectas y no sentirse frusraHo por ninguno
á. ,,r, deseos más impoitantes. Así pues, a pesar de la contradicción,
se niega a renunciar a sus opiniones ilógicas de su infancia.
¿Por qué tantos millones de personas, en potencia racionales, bien
educadas, inteligentes, actúan de esa forma tan neurótica e ilógica hoy
día? Una respuesta completa a esta pregunta sólo se puede dar
se dará- en un libro dedicado a ello. Parte de esta respuesta se resume -y
en el capítulo final del presente volumen. Aquí nos basta con decir
que incluso las personas más capaces e inteligentes de nuesffa socie-
dad tienden también, a causa de su herencia biológica, a ser increíble-
mente sugestionables, a generulizar, a no pensar y a estar muy ligadas a
unas ideas que se cara.ctetizan por su baio nivel, lo que les resulta tan
fácil como a los niños. Y quizás lo más importante es que educamos a
nuestros ciudadanos de tal {orma que, en lugar de contrarrestar sus
tendencias biológicas normales hacia lo irracional, de forma resuelta y
deliberada les animamos a que sigan pensando de esa maneta absurda
e infantil.
Por consiguiente, tanto por una predisposición innata, como por
una poderosa propaganda social (en especial la divulgada por nuestras
familias, escueias,-iglesias e instituciones gubernamentales), incluso las
personas más brillantes con frecuencia están neuróticas y continúan
asl esto decir que se comportan de forma estúpida y desruc-
tiva-quiere
cuando en potencia serían capaces de hacerlo de forma más cons'
tructiva y sana.
LA ESENCIA DE LA TERAPIA RACIONAL ut

Algunas de las filosofías básicas del neurótico, como la idea de


que toda la gente significativa que existe en su vida le debe amar y
aprobar, no son del todo inadecuadas en la infancia, peto en absoluto
son propias de la madurez. Teniendo en cuenta que la mayor parte de
las ideas iracionales las transmiten los padres y otros medios sociales,
y que son sustentadas por la gran mayoría de su comunidad, debemos
reconocer que el individuo neurótico tiende a ser estadísticamente ÍtoÍ-
mal. En cierto séntido, lo que tiene es más una perturbación cultural
o filosófica que siquiátrica (Paul Meehl y William Schofield, comuni-
caciones personales ).
En otras palabras, nuestra civilización está neurotizada y la mayor
parte de la gente están más o menos perturbados emocionalmente, ya
que su educación consiste en enseñades los disparates más absurdos,
c¡ue después interiorizan y se los refuerzan unos a otros, lo que les lleva'
rá inevitablemente a ser desgraciados, ineficaces y autodestructivos. Sin
embargo, no es del todo necesario que los seres humanos tengan que
creer esas ideas irracionales que, de hecho, \a mayoúa de ellos creen; la
tarea de la psicoterapia es conseguir que no crean en ellas, y hacer que
cambien sus actitudes que entorpecen su propia actividad.
Esta es precisamente la tarca que el terapeuta racional emotivo
se impone a sí mismo. Como otros terapeutas, a veces recurfe a algunas
cle las técnicas normales de terapia, que ya he prefigurado en algún
otro sitio (Ellis, L955a, 1955b) las técnicas de la terapia
-incluyendo
introspectivo-interpretativa, las técnicas de apoyo, emotivo-expresívas
v de relación.
Pero considera estas técnicas en gran parte como una estfategia
preliminar, que es como se utilizan por lo general, y que le permiten
establecer una relación con el paciente, que éste se exprese abiertamente,
hacerle ver que puede carnbiar y enseñarle el origen de su perturbación.
En otras palabrds, la mayoría de las técnicas terapéuticas, a sabien-
ilas o no, lo que hacen es enseñar al paciente que sú pensamiento no
es lógico y cuál es el origen de ello, pero fracasan al intentar hacerle
ver cómo lo susténtan en la actualidad, y no son capaces de ayudarle
a que lo cambie y lo reemplace por una filosofía más racional de la vida.
Gran parte de los terapeutas indican al paciente de forma indirecta y
pasiva que su conducta es ilógica, pero el terapeuta racional va más allá,
1, hace un ataque directo e inequívoco a sus ideas irracionales generales
v específicas, induciéndole a adoptar puntos de vista más racionales.
El ataque que la psicoterapia racional-emotiva hace a las posicio-
nes ilógicas de la persona perturbada se centra en dos aspectos impor-
tantes: (a ) El terapeuta de forma directa contradice y niega las supers-
ticiones y la propaganda desructiva que el paciente aprendió en su infan-
cia y que después él se lo está rcforuando. (b) El terapeuta halaga al
paciente, le anima, le intenta convencer, y a veces incluso le insiste
88 EAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

para que se comprometa en alguna actividad ( como hacer algo que


tema), lo que actuará como contrapropaganda frente a los absuidos en
los que cree.
Estas dos principales actividades terapéutícas se llevan a cabo cons-
cientemente con un fin claro: inducir al paciente a interiorizar una filo-
sofía racional de la vida, de la misma forma que en su infancia apren-
dió e interiorizó los puntos de vista irracionales de sus padres y de la
comunidad.
El terapeuta racional, pues, presupone que el paciente de alguna
forma se empapó de los modos irracionales <le pensamiento, y gue a
través de estos pensamientos ilógicos, es él literalmente qúen origina
su perturbación.La función del terapeuta es no sólo demostrar al pacien-
te que sus procesos de pensamiento son de un nivel muy bajo, sino
convencerle de que cambie y los sustituya por un conocimiento más
e{icaz.
Como el paciente está bastante alterado cuando va a la terapia, el
primer enfoque debe ser prudente, efectivo permisivo y de apovo y
a veces se le debe permitir que sus sentimientos surjan de la libre aso-
ciación, la abreacción del desempeño de roles y otras técnicas expresivas
que pueden ser necesarias para una terapia eficaz. Pero el terapeuta
racional no se engaña, y sabe que con estos métodos emotivos-expresi-
vos y de construcción de relaciones no se llega a la esencia del pensamien-
to ilógico del paciente, ni se le induce a pensar de forma más racional.
A veces esto puede ocurrir, ya que por medio de los aspectos emo-
tivos-expresivos de la terapia y de la relación de experiencia, el pacien-
te puede llegar a ver que su forma de actuar es ilógica, y por lo tanto
decidirse a cambiar y trabajar en ello. Sin embargo, lo que normal-
mente sucede es que, cuando van a la terapia, su pensamiento ilógico
está tan profundamente inculcado por sus constantes repeticiones, y
tan artaigado en una dinámica ( o hábitos ), que el demosrarle simple-
mente, aunque se utilice la interpretación directa, que es una persona
de pensamiento ilógico no le ayudará gran cosa. A menudo dirá al
terapeuta, por eiemplo: .,De acuerdo: ya comprendo que tengo miedo
a la castración, y que esto es ilógico; pero todauta siento miedo de
mi padrer>.
Por lo tanto, el terapeuta debe seguir machacanclo una y otra
vez en esas ideas ilógicas del paciente que son las que sustentan sus
miedos y hostilidades- Debe hacer ver al paciente que no es a su padre
a quien en verdad teme, sino a sentirse culpable, a no ser aprobado
o amado, a ser imperfecto o a fracasar. Debe demostrarle de forma
convincente cómo y por' qué esos miedos son irracionales (con algunas
de las razones explicadas en el capítulo anterior ) y hacerle ver los tetrí-
bles resultados.
I,A ESENCIA DE LA TERAP¡A RACIONAL ll( )

Además, si el terapeuta sólo aborda los miedos a la castración del


individuo, y le demuestra lo ridículos que son, ¿cómo puede evitar que,
un año o dos más tarde, no le aparezca algún otro miedo ilógico, como
por ejemplo, el horror a ser sexualmente impotente? Pero si el tera-
peuta ataca los procesos básicos del pensamiento irracional, que son la
razón fundamental de todos los diferentes tipos de miedos que pueda
padecer, será bastante difícil que el paciente pueda sentir, durante los
próximos meses o años, un nuevo síntoma neurótico. Ya que una vez
qlre un individuo abandona las ideas de perfeccionismo, el terror a
fracasar en algo, la necesidad extrema de ser aprobado por los demás,
sus exigencias ante el mundo, etc. ¿Qué ora cosa puede temer o llegar
a perturbarle?
Para dar una idea más precisa de cómo funciona la terapia racio-
nal, expondremos, en los siguientes capítulos de este libro, varios extrac-
tos de sesiones terapéuticas. Pero antes puede ser muy útil el explícar
en términos generales un caso ilustrativo.
Mervin Snodds, áe 23 aios, vino un día a la sesión después de
unas pocas semanas de terapía diciendo que se encontraba muy depri-
mido, pero que no sabía por qué. Unas cuantas preguntas nos hicieron
ver que este paciente bastante neurótico, cuyo principal problema en
ese momento era que llevaba dos años bebiendo mucho, había estado
retrasando el inventario que tenía que hacer como parte de su trabajo
como aprendiz de vidriero. <,Sé que debería hacer el inventario
antes de que se amontonará de-diio-
esa forma, pero lo único que hago es
atrasarlo una y offa vez. Honestamente, pienso que el hacer un trabajo
así lo considero una ofensa».
«¿Por qué lo considera una ofensa?r>.
<<Esaburrido. No me gusta>>.
«Por lo tanto es aburrido. Es una buena razón para que el traba-
jo no \e guste, peto, ¿es una buena razón para que se ofenda por
ello?».
no es lo mismo?».
<<¿Pero
.,En absoluto. El tener aversión a algo equivale a la frase: 'No
me gusta hacer esto, y por tanto no quiero hacerlo'. En la mayorla de
los casos es una frase sensata. Pero el resentimiento equivale a; 'Como
no me gusta hacer esto, no debería te?ter qtre hacerlo'. Y esto siempre
es una frase disparatadarr.
«¿Por qué es tan disparatado el sentirse ofendido cuando uno tiene
que hacer algo que no le gusta?».
«Por varias razones. En primer lugar, desde un punto de vista
lógico, no tiene ningún sentido el que se diga a sí mismo: <<Como no
me gusta hacer esto, no debería tenerlo que hacer,>. La segunda parte
de esta frase no tiene nada que ver con la primera. De hecho, lo que
debería decir a continuación es: <<Como no me gusta hacet esto, el reJro
90 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

de la gente y el uniuerso deberían ser considerados conmigo y no obli-


garme a hacer lo que no me gusta)>. Pero por supuesto que esto no
tiene ningún sentido. ¿Por qué deben ser considerados con usted? Sería
muy agradable que así fuera. Pero, ¿por qué demonios deben serlo?
Para que su frase fuera verdad, todo el mundo, el universo entero,
tendrían que estar centrados únicamente en usted»>.
<<¿De verdad que pido tanto? Me parece que todo lo que pido
en mi trabajo es no tener que hacer el inventario. ¿Es eso mucho
pedir? ».
<<Sí, por lo que usted me ha dicho, sí lo es, ya que el inventario
e-r una parte integrante de su trabajo, ¿no es así? Tiene que hacerlo
para seguir trabajando en ese sitio, ¿no es cierto?».
<,Sí, pienso que sí»>,
<<Y, por lo que ha dicho antes, tiene sus razones por las que quiere
continuar en ese trabaio, ¿no?»>.
como ya le dije antes, en esta especialidad tengo que tener
<<Sí,
al menos t¡n año de aprendizaje, y ellos están de acuerdo en cogerme
como aprendiz. Si tabajo bastantes horas y hago el trabajo»>.
« Incluido el inventario? >>.
¿
incluido el inventario. Si lo hago y trabajo muchas horas, me
<,Sí,
cogerán durante el año que necesito para el aprendizaje».
<<De acuerdo, pues. Ya que usted quiere aprender la técnica de la
vidriería artística, y sólo puede hacerlo con un año de aprendizaje, deci-
dió aceptar este trabajo, a pesar de sus aspectos onerosos, en especial
el del inventario. En otras palabras, usted hizo una elección lógica
entre dos posibilidades, aceptar el trabajo, a pesar de su parte onerosa,
o abandonar la idea de ser vidriero. Parece ser que eligió la primera,
pero ahora se Áiente ofendido porque para conseguir lo que desea tiene
que aceptar esa parte onerosa)>.
.,Oh, pero no es del trabajo en sí mismo de lo que me quejo, sólo
del inventario,>.
<<Pero eso no justifíca nada, ya que el trabajo, en general, incluye
la parte del inventario, y la elección que usted hizo al aceptar el trabajo
incluye la aceptación de esa parte también. Por lo tanto, en lugar de
seleccionar una de las do.s alternativas lógicas el trabajo onero-
so, que incluye el inventario, o abandonar la -hacer
idea de ser vidriero- se
siente ofendido y rechaza la primera de ellas, pero sin embargo no quie-
re aceptar la segunda. Por consiguiente usted quiere, como ya le diie
antes, que el universo y todo el mundo se cenffen en sus deseos, en
vez de que las cosas sean como de hecho sonrr.
.,Por la forma en que lo está exponiendo, parece como si mi punto
de vista no tuviera ninguna lógica. ¿Pero no significa nada el hecho
de que mi iefe podria, si de verdad quiere ser iusto conmigo que
trabajo bastante por muy poco dinero- poner a alguien que -ya hiciera el
LA ESENCIA DE LA TERAPIA RACIONAL 9t

inventario? Después de todo, sabe perfectamente cómo me siento respec-


to a ello, y además /ro es un trabaio necesario para mi aprendizaje de
vidriero»>.
<,Eso es cierto. Su jefe podría liberarle de ese trabajo que tanto
aborrece, e incluso supongamos por un momento que se está equivocan-
do al no disponer las cosas de esa m^neta, ya que cualquier jefe"media-
namente deáente le permitiría trabaiar más el vidrio y hacer menos
trabaio de inventario,r.
..Oh, sería estupendo. Entonces no me queiaría»'
oNo, probabl"me.rte no. Pero aun en el supuesto -de que su iefe
estuviera'ctmpletamente equivocado en la cuestión del inventario, el
que usted se ofenda porque se equivoque no tiene ningún sentido»>.
«¿Qué? ¿Cómo es eso?
oNo impórta lo equivocado que esté, cada ser humano tiene dere'
cho a equivocarse, y usted le está negándo ese derecho,.
<.¿Pero por qué todo ser humano tiene derecho a equivocatse?».
o§i-pl.Á.nté po.q,r" es humano, y como ser humano,-es. falible
y ,e p.,ed. eqrrirrocár. §i su iefe, por eiemplo, se equivoca al obligarle
á hr... el inventario de nuevo que está comple-tamen'
-supongamos
te equivocado- es evidenti q,i. tr., forma de actuar errónea es el resul-
tado de su perturbación emoiional, de su ignorancia o de su simpleza;
y é1, como ier humano falible, tiene derecho a estar petturbado, a ser
ignoi^nt. o simple __aun cuando sería mucho meior que no lo fuera'>'
«¿Quiere decir que tiene derecho a set tan depravado-y loco como
quiera, , p.tm de que otras personas, y entre ellos yo, deseemos que
lo sea menos?»>.
«Correcto. Si usted le hace culpable de ser como es, le está negan-
do el derecho a ser humano y le está exigiendo que sea un superhombre
o un ser angelical cual es bastante absurdo y usted tiene que
admitirlo». -lo
«¿De verdad cree que eso es lo que estoy haciendo?»' .
njNo así? Además, fíiese lo i1ógico que es que esté resentido'
Al maigen de", que su jefe esté equivocado o no en el asunto del inven-
tario, ei que ,rited se- ofenda polq.l. su iefe esté equivocado no va a
hacer que-é1 actúe de forma correcta, ¿no es cierto? Y su resentimiento
tr.npoóo le va a aportar nada bueno a ttsted ni le va a hacer sentirse
meior. Entonces ¿qué es lo que está consiguiendo?>>'
' «Nada bo.nó, me imagino. Si tomo la actitud de decir: <<Bien,
está muy mal que el inventário forme parte de mi trabaio, y que mi
iefe Io íea así,^pero las cosas son así, y no tiene sentido el que me
,ienta ofe.rdído por ellorr, me imagino que me sentiría bastante me-
jor,
' ' ¿no?»>.
*Si, y todavía hay oto motivo por el que su actitud resentida no
tiene sentido>>.
92 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

<(¿En qué se basa?>>.


«Se basa en que, al margen de lo enojoso que pueda ser el hacer
el inventario, usted contribuye a hacerlo todavía raás desagradable al
repetirse constantemente 1o terrible que es, y eso no merece la pena.
Como continuamente apuntamos en la terapia racional, no sólo se enfa-
da paru hacer el inventario, sino que se enfada por est^r enfadado
-y
por el precio de uno, se enfada por lo menos dos veces. Y el segundo,
el que usted mismo ha originado, puede ser bastante peor que el prime-
ro, que aparece por circunstancias concretas de su trabajo»>.
<<Y como me niego dceptar lo enojoso del trabajo de inventario,
lo paso peor que 1o que ^el hecho en sí supondría es así?»>.
«Así es. Si hacer un inventario realmente da-¿nocien patadas, usted
lo está haciendo mucho más penoso>>.
«Sí. Y como de todas formas tengo que hacer este trabajo de ofici-
na, y sé que el jefe no va a consentir que no 1o haga, sería mucho
mejor para mí que lo vaya haciendo y me lo vaya quitando de encima
de forma ranquila y rápida, en lugar de montar semejante follón».
.,Corecto. ¿Se da cuenta, entonces, de los diferentes puntos en los
que su resentimiento, en este caso, es completamente ilógico, aunque
sea perfectamente justificable que no le satisfaga llevar la contabilidad?».
«Veamos. Primero, tomo la decisión de aceptar el trabajo, a pesar
de sus desventajas, porque en verdad quiero ser un aprendiz, y después
intento ir contra mi propía decisión al negarme aceptar estas desven-
tajas, con las que en principio parccía que estaba ^ de acuerdo».
<<Sí, ése es el punto ilógico número uno»>.
«Después, segundo, trabajo para un ser humano, pero me niego a
aceptarle como tal, y le exijo que sea un ángel».
<<Exacto. Ese es el punto ilógico número dos»>.
«Tercero me encuentro tan absorbido por mi resen-
-veamos-
timiento que casi me aparecen principios de úlcera, cuando no es nada
probable que eso haga cambiar a mi jefe o me beneficie a mí»>.
«Correcto»>,
«Y cuarto. ¿Cuál es el cuarto? No me acuerdo».
<<Cuarto: usted se enfada porque está enoiado y retrasa un trabaio
que tarde o temprano tendrá que hacer. Con esta actitud de enfado-
por-estar-enfadado es seguro que el trabajo le resultará bastante más
oneroso de lo que en realidad esr>.
<<Oh, sí. A mi enfado real me invento y le sumo un enfado falso.
Y consigo que un trabajo, en sí desagradable, sea mucho más desagra-
dable todavía>>.
«Sí. ¿Se da cuenta ahora cómo, no sólo en este caso, sino en cual-
quier otro de este tipo, el enfadarse con alguien es completamente
irracional? ».
i.A ESENCIA DE LA TERAPIA RACIONAL 9)

«Mm. Creo que sí. Pero, ¿-cómo dejo de estar resentido? ¿Sólo con
ver que no me beneficia el estar así?rr.
<rNo, no exactamente. Eso es demasiado vago y muy fácil. Más
concretamente, debe averiguar cuáles son las frases exactas que se dice
a sí mismo y que son la causa de su resentimiento; entonces debe cues-
tionarlas y ponerlas en duda, hasta que vea claramente lo tontas que
son y comprenda que deben ser sustituidas por otras más racionales».
En este punto ayudé a mi paciente a darse cuentá de las frases
que se decía a sí mismo y que le hacian estar alterado, frases de este
tipo: «Mi iefe me obliga a hacer el inventario... No me gusta hacedo...
No hay ninguna tazón por la que tenga que hacerlo... Por lo tanto es
un canalla qire me obliga a hacer un trabajo tan aburrido y tan poco
artístico... Así que voy a engañarle y no lo voy a hacer... Y entonces
seré más felizo.
Pero estas frases e¡an tan manifiestamente absurdas que Mervin
no se las poclía creer, y empezó a sustituirlas por frases como éstas:
oE,n verdal no estoy engañando a mi iefe, ya que se da cuenta de lo
que estoy haciendo. Por 1o tanto no estoy resolviendo mi problema...
Lo c¡ue debería liacer es olvidarme de estas tonterías y terminar el
inventario... ¡Pero a mí me da algo si hago ese trabaio para él!...
Sin embargo, si no lo hago, seré despedido... ¡Pero me resisto a hacerlo
para é11... Me imagino que tengo que hacerlo, aunque... Oh, ¿es que
siempre tengo que sentirme así de acosado?... ¿Y por qué tengo que
seguir con semeiante confusión?. .. Me imagino que no estoy muy bien...
Y la gente está contra mí... En especial ese hijo de perra de mi jefe...
Oh, ¿para qué sirve todo esto?».
Con la utilización de frases ilógicas de este tipo, Mervin ptonto
se sintió deprimido, evitaba hacer el inventario lo que le hizo estar
más resentido y deprimido todavía. Le sugerí que en lugar de esas
frases debería decirse otras completamente distintas, como por ejemplo:
«El hacer el inventario es un aburrimiento... Pero en la actualidad es
parte esencial de mi rabajo... Y también puedo aprender algo útil
de ello... Por consiguiente, lo meior es esforzarme en este trabajo y
hacerlo bien, para así conseguir lo que quiero de este trabaio, y después
conseguir 1o que quiero de la profesión de vidriero».
También hice hincapié en que siempre que se encontrara deprimido,
culpable o enfadado es qrle estaba pensando de forma ilógica, y entonces
debe preguntarse cuál es el elemento ilógico que está afectando su
pensamiento e intentar reemplazarlo por un elemento o una cadena de
frases más lógica. Utilicé su dilema de ese momento evitar hacer
el inventario- como una ilustración de su neurosis-el general, que en
general se manifestaba como una tendencia al alcohol grave. Le hicimos
ver que su tendencia al alcohol era el resultado de su aficcíón a hacer
las cosas de la forma más fáci[, y de su resentimiento hacia la gente,
94 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

este caso a su jefe, que está alerta y le bloquea todos sus intentos
-en
de respuesta fácil.
Examinamos algunos incidentes previos de pensamiento irracional
en la vida de Mervin que le habían llevado a un trastorno emocional,
y discutimos algunos principios generales del pensamiento racional. Así
salió a la luz el princípío general de culpabilidad y se le hizo ver por qué
es ilógico que una persona culpabilice a alguien ( o a sí mismo ) por
algo.
Sacamos a colación el principio de inevitabilidad; le demostramos
que cuando algo desagradable o frustrante es inevitable, lo único razo-
nable es aceptarlo sin ninguna queja, en lugar de estar siempre macha-
cando en sus aspectos desagradables. El principio general de hostilidad
también se discutió, se le demostró que el cariño a uno mismo y el
intentar hacer lo que en verdad se quiere hacer en la vida es mucho
más importante que estar obsesionado con la conducta de los demás
e intentar desquitarse de forma resentida.
Así, al intentar enseñar a Mervin algunas de las reglas generales
de una forma de vida racional, procuré ir más allá de su problema
inmediato y proporcionarle un modo de pensar generalizado o una
forma de resolver los problemas que le permitieran hacer frente de
forma eficaz a la mayor parte de situaciones semeiantes que pudieran
aparecer en un futuro.
Después de 47 sesiones de terapia racional, que duraron dos años
aproximadamente, Mervin fue capaz de resolver sus problemas de traba'
jo, terminar su período de aprendizaje e iniciar una actividad más
importante en su profesión. Lo más importante es que prácticamente
dejó de beber, se limitó a media docena de cervezas a la semana. Su
hostilidad hacia su iefe y otros compañeros llegó a ser mínima y por
primera vez en su vida fue ,,popular>>. Hace ya tres años y medio
que terminó la terapia y todo lo que consiguió le sigue sirviendo, no
intenta evitar el trabajo ni es hostil.
El terapeuta racional es, pues, un propagandista sincero que cree
de todo coruzón en una aplicación más rigurosa de las reglas de la
lógica, del pensamiento correcto, y de un método científico paru la
vida diaria. De forma inexorable descubre los elementos más impor-
tantes del pensamiento irracional en la experiencia de su paciente y
le recomienda encarecidamente que adopte formas de conducta más
razonables. Actuando así, el terapeuta racional no ignora ni logra
erradicar las emociones del paciente. Al contrario, lo que hace es
considerarlas más seriamente y contribuir a su transformación cuando
están en desorden o son desmuctivas. Utiliza las mismas vías por las
que han aparecido saber, el pensamiento y la acción-. El terapeuta
racional ejerce una -apresión continua, filosófica e interpretativa, para
que el paciente cambie sus pensamientos y sus hechos, y le impulsa
<)5
LA ESENCIA DE LA TERAPIA RACIONAL

a conseguir salud mental, sin la cual es muy poco probable, aunque


no imposible, que pueda ir muy lejos.
El hombre es el único animal racional y sugestionable. Otros
animales pueden serlo en cantidades mínimas, pero la corteza cerebral
mejor equipada es la del hombre, lo que le da la posibilidad de hablarse
a rí *irmó y a los demás, y de ruzonar a favor y en contra de los
asuntos difíciles que se le planteen.
El terapeuta racional mantiene que aunque la capacidad,del hombre
de sugestionarse y emocionarse de forma negativa (como la ansiedad,
culpa6ilidad y hostilidad) puede haber sido apropiada y ventajosa en
un primer intento de supervivencia, se sentirá mucho mei-or consigo
mismo y con los demás cuando llegue a ser más racional y menos
sugestionable. Y como la capacidad de sugestión es un tasgo práctica-
ménte imposible de erradicar de los seres humanos, nosotros no nos
p.opon.rn-or destruirla, sino modificarla de forma que el hombre pueda
utilizarla de forrna inteligente.
En otras palabras: La gente actúa de una determinada manera
porque ,rrro qu" deberían o d.b.., actuar así. Si son sugestionables
áe fórm, irraciónal, consideran que su actuación debe ser muy emocio-
nal y autodestructiva; pero si pueden ser sugestionados de forma más
raciónal consideran que-su actuaiión debe ser menos negativa emocional-
mente y menos ,"rióti.r. En ambos casos tienden a poner en práctica
aquello en lo que ueen. Como Kelly ( t955) ha ap-untado, p-ot lo
general la dificultad de un individuo «surge áel significado intrínseco
lue é1, personalmente, construye, más que de la forma general que se
*pon" que tienen. Es probable que una persona que considere que el
castigo le borra su culpa, se castigue a sí mismo>>.
El principal problema para lograr una vida auténtica no es, pues,
arradicai la, iree.rcia. de lá gente, sino transformarlas, de forma que
lleguen a estar más arraigadatin la razón y la información' El terapeuta
.ac]onal considera que etto se puede hacer logrando que la gente piense,
cuestione y examirre sus creencias, y por lo- tanto desarrollen un con-
junto de frincipios más prácticos, faciibles y consistentes que los que
poseen.
'
La psicoterapia racional-emotiva es, sin ninguna duda, completa'
mente nueva, a pesar de que algunos de sus principios más impor-
tantes fueron propuestos por Dubois (1907) y muchos terapeutas pre-
freudianos. Poi désgracia, €stos terapeutas no comprendieron muy bien
las raíces inconscienies de la perturbación emocional, y fue Freud quien
contribuyó a acentuar la importancia de estas raíces. Pero aunque Freud,
p.i-.. libro con Josef Breuer (studies on Hysteria, 1895) desea-
"n.u
ba aprobar Ia idea de que <(una gran cantidad de fenómenos de histeria,
probablemente más de los que nos imaginamos, son ideogénicos>>,
áespués solía hablar de los procesos emocionales de una forma tan
96 RAZON Y EMOC¡ON EN PSICOTERAPIA

vaga que parecia implicar que existían por derecho propio, completa-
mente separados del pensamiento.
Como él creía que la neurosis se originaba y perpetuaba por los
procesos «emocionales>> inconscientes, y como él (y sus principales
seguidores ) nunca definieron el término <<emocionalr> de fórma muy
precisa, Freud mantenía que los síntomas neuróticos sólo podían ser
entendidos completamente y erradicados a través de la reláción emo-
cional intensa, o de la relación de transferencia entre el paciente y el
terapeuta. El y sus seguidores psicoanalistas han usado bastante'las
técnicas terapéuricas interpretativas o cognoscitivas, pero todavía siguen
acentuando la importancia de las relaciones de transfelencia en lá terápia.
. Al subrayar la importancia de esto, la actuación de los psicoana-
listas _es, al menos en parte, correcta, ya que los individuos psicóticos
o dudosos ( de los que Freud pensaba, erróneamente, que eran neuró-
ticos histéricos ) están tan nerviosos y poco organizados cuando vienen
7a rcrapia que deben ser enfocados con métodos abreactivos, de apoyo
^ muy
o cargados emocionalmente.
Sin embargo, aun los pacientes bastante perturbados a menudo
resoonden de forma úpiáa y sorprendente al análisis lógico de sus
problemas y a la reeducación filosófica si se hace de forma adecuada
y persuasiva. Y los neuróticos menos perturbados que vienen a la
terapia, por lo general son muy reactivos a los enfoques terapéuticos
racionales, y tienen muy poca necesidad ¡i¡g¡¡¿- de una relación
de ransferencia emocional (incluyendo -s una neurosis de transferencia)
con el terapeuta.
Durante estos últimos años se está reconociendo que los procesos
racionales y cognoscitivos son los más importantes paru la comprensión
y,el cambio de la conducta humana. Así, Robbins (1955) señala que
«la curación es el cambio; la curación es el desarrollo de la conscieniia
racional». Sarnoff y Katz (1954), en una lista con las cuatro formas
más importantes de cambiar las actitudes humanas, ponen en primer
lugar el ataque de los objetos cognoscitivos y el marco refereniial en
que se percibe, o el enfoque racional. Cohen, Stotland y \Wolfe (1955)
indican que, además de las necesidades físicas y emocionales normales
del organismo humano, upuede existir una necesidad de cognición, y...
puede ser una característica apreciable del organismo, y... puede fun-
cionar independientemente de otras necesidades>>.
Bruner. Goodnow y Austin (1956) apuntan que «durante los
cinco últimos años hemos presenciado un considerable aumento de
interés en los procesos cognoscitivos y en su investigación. En parte,
es el resultado del reconocimiento de los complejos proiesos que median
entre los clásicos «estímulos)> y <<respuestas>>, al margen de los cuales
Ias teorías del aprendizaje de estímulo-respu.rta .rperaban forjar una
psicología que prescindiera de cualquier cosa que oliera a «mental»>.
,)7
LA ESENCIA DE LA TERAPIA RACIONAL

El sentido periférico de tales teorías no les permitió durar mucho


tiempo. Y aií las teorías «E-R» se modificaron, se tuvo en cuenta todos
los Éechos imperceptibles que podían tener lugar entre la -entrada de
un estímulo fisico y la emisión de una respuesta observable; la vieja
imagen de .,vínculo estímulo-respuesta» empezó a deshacerse, su lugar
*ocupado
fue por un modelo mediacional. Tal como acertadamente puso
de manifiesto^, hace ya algunos años, Edward Tolman, en lugar de una
centralilla telefónica, que conecta estímulos y respuestas, sería más
provechoso pensar en un sitio donde se hacen mapas en- el que los
éstímulos {uésen clasificados y coordinados antes de que cada respuesta
tuviera lugar, y así se podría tener una visión más ajustada de estos
« mapas cognoscitivosr>.
-Morvrer
(1960a) , más enérgico toclavia, afirma que el viejo con-
ductismo E-R tiene que ser sustituido por el neoconductismo, que
incluye una visión liberalizadora de la percepción. Señala -que «la rele-
urn.i, d. los procesos at'ectiuos y cogtxoscitiuos está siendo reconocida
en el teoría siitemática; y la solución al problema de iniciación y selec-
ción de la respuesta depende de la realidad de la imagen (o memoria),
lo que es un fenómeno cognoscitivo, puro y simple>>.
L,os freudianos, durante los últimos años, han prestado mucha
atención a Ia .,psicología del egor, lo que subraya la importancia -de los
procesos cognoicitivoi y la forma en que éstos originan la perturbación
émocional ñ,.,*rnr, así como la posibilidad que tienen de hacerla des-
aparecer. Freud señalaba, enThe Future ot' an Illusion (1927 ): «Pode-
mos insistir todo lo que queramos en que el intelecto humano es débil...
Pero, sin embargo, ixiste algo especial en esta debilidad. La voz del
intelecto ., ,.rrr", pero no descansa hasta que logra hacerse oír. Final-
mente, después de sucesivos fracasos, termina por triunfar>>. Psicoana-
listas modernos, como Hartmann, Kris y Loewenstein (1947 , 1949),
French (1952-1960) y Menniger (1958), han ido más lejos que Freud
y que los rabajos pioneros de Anna Freud ( 1917 ) sobre la psicología
del ego, y han contribuido a la aparición de una técnica psicoanalítica
radicalmente diferente de lo que era y significaba en su principio.
En el campo de la psicología moderna, Bartlett (1918), Berlyne
( 1960), Brou,n ( 1960 ),-Brunsüik (1,952\, Church ( 1961), Hovland
y Janis (1959), Johnson (1955), Piaget (1952,1954), además de los
,.iib, -.n.ionados Bruner, Goodnos. y Austin (1956), han sido los
pioneros, durante los últimos años, en el estudio de los procesos cognos'
iitiuor. Y Leon Festinger (t957) ha inventado una teoría de la diso-
nancia cognoscitiva qui explique gran parte de la conducta humana
normal y"anormal. Ei trabaio de estos pensadores y-expetimentalístas
ha provocado la aparición literal de cientos de estudios recientes que
se éstán añadiendo á nuestros conocimientos en este área, y que están
demostrando lo importantes que son los procesos racionales y cognos-
98 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

citivos en los asuntos humanos. Como ya Arnold (1960) señaló de


forma adecuada en esta conexión, la importancia que los freudianos
ortodoxos han dado al pensamiento inconsciente y a la influencia emo-
cional puede muy bien haber sido un excelente correctivo frente a los
puntos de vista puramente mentales del siglo diecinueve. Pero sigue
siendo un hecho que <(en los actos premeditados (que comprenden
la mayor parte de nuestras actividades diarias ) debemos depender de
un juicio que no es intuitivo, y que nos impulsa a hacer algo que
puede ser agradable o no. Cualquiera que sea la explicación de estos
juicios racionales y actos premeditados, son estos juicios y actos los
que distinguen al hombre de la bestia».
Se puede apuntar también que durante los últimos años, la preo-
cupación por el lenguaje y los procesos cognoscitivos ha sido lo más
frecuente en algunas áreas semi-psicológicas del conocimiento, tales
como la teoría de la comunicación (Shanon,1949;Iü(/iener, 1948); la
teoría de los juegos y de la conducra económica (Marschak, 1950;
Von Neumann y Morgenstern, 1944); la filosofía (Ayer, 1947; Morris,
1946); y la literatura y semántica (Burke, 1950, 1954; Korzybski,
l9y, l95l). De hecho, es difícil hablar de cualquier ciencia social
importante en la que, durante las dos últimas décadas, no se haya
manifestado un interés grande por los procesos racional-cognoscitivos.
Friedman ( 195, ) afirma que los condicionantes de Pavlov se basan
en gran parte en leyes que son el resultado de un aprendizaje biológico
inconsciente, y esto sin duda no cubre todo el campo de la adapta-
bilidad humana. Además, existe también «el aprendizaje a un nivel
consciente, con poca implicación de las actividades biológicas domi-
nantes»> y este tipo cognoscitivo de aprendizaie .,puede muy bien
seguir unos principios que sean completamente distintos de los encon-
trados por Pavlov,>. Fromm (1950) insiste «ayudar al hombre a discer-
nir Io verdadero de Io falso en sí mismo es el obietivo principal del
psicoanálisis, un método terapéutico que es una aplicación empírica
del lema,'La verdad rchará libre'¡>. Flew (en Feigl y Scriven, 1956)
afirma «que los conceptos fundamentales del psicoanálisis son clara-
mente humanos, ya que sólo se pueden aplicar a criaturas que posean
nuestra capacidad de utilizar un lenguaje desarrollado; que éstas son
precisamente las ideas que utilizan los sujetos racionales para dar cuenta
de su propia conducta y de la de los demás sujetos racionales corto
sujetos racionales; que el lugar que estos conceptos ocupan en el psico-
análisis le da el carácter de una empresa especialmente racional...)).
El pensamiento antopológico moderno, como Voget ( 1960 )
demuestra en un importante artículo eicrito recientemente, también
se ha separado de los conceptos que existían a principios de 1900,
los cuales subrayan la dependencia del hombre en los procesos cultu-
()()
LA ESENCIA DE LA TERAPIA RACIONAL

rales o en sus emociones inconscientes y basaban su supervivencia


en esto. Hoy Voget dice:
Está claro que se admite el juicio de la acción humana y
que se concibe ál indirid,ro como una unidad social habituada
ó .orno sujeto a estados de sentimiento inconscientes. Esta ten-
dencia ,. .r.r. en la dirección de la afirmación de Grace de
Laguna ( 1949 ) que dice:
" <<...La racionalidad del hombre no es una facultad superior
que se añade o se impone a su naturaleza anirnal' Por el contrario,
se extiende por todó su ser y se manifiesta en lo -que él hace
bien así .o*o .., lo que ..é. y piensa. Los hombtes pueden
racionalizar más a menudo de lo que piensan objetivamente, pero
es sólo porque fundamentalmente son seres racionales capaces
de racionalizár o de sentir que lo necesitan' El hombre es racional
en todos sus actos y actitudes, sin embargo éstas pueden ser
irracionales; él es también racional en sus sentimientos y aspira-
ciones, en sus motivaciones y deseos inconscientes así como en
,.rs oúietiuos conscientes, y su racionalidad se muestra en el
simboliimo de sus sueños. Los hombres no podrlan actuar y sentir
como lo hacen si no pudieran formar conceptos y hacer iuicios,
pero tampoco podría hacer .rto de esos conceptos- y ded.icarse a
ia activiáad pirfecta de pensar si no hubieia desarrollado la
capacidad ínnáta de los moios de conducta y sentimiento 'petfec-
tos' característicos del ser humanor>.

Por consiguiente, los pensadores modernos tienden a reconocer,


con la afirmación directa y la implicación, el hecho de que la lógica
y la razón pueden, y en un sentido deben, jugar un papel importante
!n la superáción de la neurosis humana. Finalmente, pueden coincidit
con Epiiteto que en este sentido escribió, hace diecinueve siglos: <<el
asunto principal de un hombre bueno y sabio es su propia razón»>.
5
Condiciones indispensables
para el carnbio
de la Personalidad básica"
¿Debe un individuo perturbado emocionalmente experimentar un
número determinado de condiciones necesarias si es que desea superar
su perturbación y lograr un cambio básico en su personalidad? Sí y no,
depende de lo amplia o resringida que sea nuestra definición de la
palabra condiciones.
Carl Rogers (1957), en un importante escrito sobre este tema,
se atrevió a dar una lista con seis condiciones que é1, de forma hipo-
tética, consideraba que deben existir durante todo el período de tiempo
en el <1ue se lleve a cabo el cambio de la personalidad. Ahora yo
arriesgaré mi prestigio científico afirmando que ninguna de sus condi-
ciones postuladas son necesarias ( aun cuando son deseables ) para que
el cambio de personalidad tenga lugar.
A efectos de la iliscusión, aceptaré la definición de Rogers del
.,cambio de ia personalidad constructiva»> como <(un cambio en la
estructura de la personalidad del individuo, tanto en el plano super-
ficial como profundo, en un sentido con el que los clínicos estarían
de acuerdo, que significa una mayor integración, menos conflictos inter-
nos, más energía destinada a conseguir una vída verdadera; un cambio
en la conducta que la separe de las conductas consideradas como inma-
duras y la aproxime a las conductas consideradas como maduras». Con-
sidero que soy un poco más específico, y en mis propios términos diría

'! Este capítulo es una versión ampliada de un ensayo que se leyó en el taller
de psicoterapia de la American Academ-r, of Psychotherapists, celebrado en Madison,
Wisconsin, el 9 de agosto de i9i8 y publicado posteriormente en J. Consult. Ps¡,-
cbal., 1959. 2], 518-r.i0.
102 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

que el cambio de la personalidad constructiva tiene lugar cuando un


individuo elimina una parte importante de sus reacciones innecesarias
y basadas de forma irreal en la autodestrucción ( en especial los senti-
mientos repetidos, continuos e intensos de ansiedad y hostilidad), las
cuales o bien las experimenta de forma consciente o su manifestación
es soterrada, y le pueden llevar a una conducta inadecuada e ineficaz
( Ellis, 1957 a, 1958a).
De acuerdo con Rogers, las seis condiciones necesarias y suficien-
tes para lograr el cambio de la personalidad constructiva son las siguien-
tes: 1. Que dos personas estén en contacto psicológico.2. Que el
primero (el cliente o paciente) esté en una situación de incongruencia,
encontrándose vulnerable o ansioso. l. Que la segunda persona, el
terapeuta, sea congruente o esté integrado en la relación. 4. Que el
terapeuta tenga una posición incondicionalmente positiva hacia el
paciente. 5. Que el terapeuta experimente una comprensión empática
de los marcos de referencia internos del paciente. 6. Que la comuni-
cación de la comprensión empática del terapeuta y de la posición incon-
dicionalmente positiva al paciente se consiga en grado mínimo por lo
menos.
Examinemos ahora cada una de estas condiciones para comprobar
si son realmente necesarias para el cambio de la per3onalidad básica,
Rogers dice que dos personas deben estar en contacto psicoló-
gico. Me temo que esta propuesta proviene de una especie de presun-
ción terapéutica, ya que en ella se ignora que miles, quizás millones
de cambios importantes de la personalidad tuvieron lugar cuando un
solo individuo (a) se encontró con experiencias externas y aprendió
lo suficiente de ellas como para reestructurar su filosofía de la vida
y sus normas de conducta, o (b) sin tener ninguna relación con otra
persona, asistió a una conferencia, leyó un libro o escuchó un sermón
que le ayudaron a conseguir cambios básicos en su propia personalidad.
Me estoy acordando de muchos casos qlle he leído, de personas
que estuvieron a punto de morir (con algunos he llegado a hablar),
y esto significó un cambio importante en las vidas de estos individuos.
También me acuerdo de varias personas que he conocido que por leer
algún libro, comprendiendo éstos una gama tan extensa que va desde
el referido tonto de Mary Baker Eddy, Science and Healtb, uitb Key
to tbe Scriptures, al escrito por mí, How to lioe uitb a Neurotic, o al
escrito en colaboración con el Dr. Robert A. Harper, A Gaide to Ratio-
nal Liuing, experimentaron a partir de entonces un cambio importante
en su conducta no constructiva con ellos mismos o con los demás.
Con esto no quiero decir que el tener experiencias peligrosas en
la vida o el leer libros que le sugieran algo a uno sea el medio más
frecuente y eficaz de lograr la reconstrucción de la personalidad. Está
claro que no los psicoterapeutas no tendríamos nada que hacer
-¡o
coNDrcroNEs INDTSPENSABLES pÁRA EL cAMBIo DE LA PERSoNALIDAD 10,

en poco tiempo! Pero pretender, como hace Rogers, que €stos métodos
de la no-relación del cambio de personalidad nunca funcionan signi-
fica por el contrario negar la evidencia.
Rogers en segundo lugar afirma que para que el cambio de perso-
nalidad tenga lugar, el paciente debe estar en una situación de incon-
gruencia, encontrándose vulnerable o ansioso. Posteriormente define
la incongruencia como <<una discrepancia entre la experiencia verda-
dera de un organismo y la forma en que la propia imagen de la realidad
individual representa esa experiencia»>. Aquí, aunque puede estar en
Io cierto al suponer quela mayorio dela gente que experimenta cambios
de la personalidad básica están en una situación de incongruencia antes
de que reconstruyan sus modos de conducta, fracasa de nuevo cuando
considera las excepciones a esta regla general.
Me he encontrado con varios individuos cuya congruencia estaba
por encima de la media y no se encontraban básicamente ansiosos,
pero que sin embargo, como ya dije antes, mejoraron sus personali-
dades de forma significativa a través de la lectura o por experiencias
que tuvieron en sus vidas. También he visto a algunos psicólogos,
psiquiatras y trabajadores que eran individuos claramente congruentes,
y que vinieron a la terapia en gran parte con un fin instructivo, o
porque tenían algún problema práctico y deseaban ser ayudados. La
mayoúa de estos pacientes se beneficiaron bastante de la terapia y
lograron cambios importantes de la personalidad constructiva
decir, llegaron a ser más congntentes y tnelros ansiosos. De hecho,-esa
menudo tengo la sensación de que los individuos relativamente con-
gruentes consiguen la mayoría de los cambios de personalidad cons-
tructiva cuando vienen a la, teapia gran parte porque son los
más apropiados para beneficiarse de-en las alternativas filosóficas de la
vida que el terapeuta les coloca delante, o de las formas de cambio,
las cuales simplemente no las habían tomado en consideración antes.
Se debe recordar que existen dos razones principales por las que
un individuo viene a la terapia: (a) quiere ser curado, y (b) quiere
desarrollarse. Una vez que ha sido curado dssi¡, inducido a
-ss
abandonar la mayoría de sus ansiedades u hostilidades paralizadoras
s i¡1s¡s¿5- todavía puede desarrollarse como ser humano decir,
reevaluar y minimizar algunas de sus emociones negativas menos -esfuertes
y parulizantes, aprender a aÍrontar riesgos mayores, ser más espontáneo,
querer más, et6.-. Por lo general encuentro que la terapia de grupo,
en concreto, es un medio muy apropiado para individuos que se han
curado en gran parte en procesos terapéuticos anteriores ( individuales
y/o de grupo), pero que desean saber más sobre ellos mismos en
relación con los demás y desarrollar su experiencia y su capacidad
estética. Creo que los individuos relativamente curados, que son los
que Cad Rogers llamaría personas congruentes, pueden aún desarro-
104 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

llarse y lograr cambios de la personalidad básica con algunas formas


de terapia.
El tercer requisito para el cambio de la personalidad constructiva,
dice Rogers, es <(que el terapeuta debe ser, dentro de los confines de
la relación, una persona integrada y congruente. Eso significa que en
la relación se manifiesta tal como es, de forma libre y auténtica, con
su experiencta rcal representada por su conocimiento. Es lo opuesto
a presentar una fachada, ya sea consciente o inconsciente». Aquí una
vez más presiento que Rogers está hablando de una condición deseable,
pero en absoluto necesaria.
Como la mayor parte de los terapeutas, me considero a mí mismo
(esté en Io cierto o no) una personá integrada, sincera y congruente
que, en la relación con mis pacientes, me expreso de forma libre y
auténtica. Por consiguiente no se puede esperar que cite un caso mío,
a pesar de mi falta de congruencia, si mi paciente mejoró. Sin embargo,
puedo decir que he visto pacientes de otros terapeutas, los cuales yo
sabía que estaban entre las personas más perturbadas emocionalmente
y menos congruentes que uno se puede encontrar, y a algunos d,e
estos pacientes no a todos o la mayoría, pero sí a alguno- les avudó
mucho la relación con sus terapeutas incongruentes y perturbados.
Después de decir esto, permítanme decir rápidamente que zo soy
uno de esos terapeutas que consideran que se es más útil al paciente
cuando se es o se ha sido víctima de una perturbación importante,
va que se supone que empatiza y comprende meior al paciente. Por
el contrario, considero que el terapeuta que está menos perturbado
tiene más posibilidades de servir como modelo y de aceptar sin hosti-
lidad a sus pacientes perturbados. En consecuencia, estoy a favor de
disuadir a los terapeutas muy incongruentes de la práctica terapéutica.
Por tanto, estcy claramente de acuerdo con la afirmación de Rogets
de que la congruencia del terapeuta es muv deseable. Sin embargo,
expreso mis dudas acerca de la idea de que tal congruencia es necesaria
en todos los casos.
El siguiente punto que Rogers considera como condición necesaria
para el cambio de la personalidad es que el terapeuta tenga una posi-
ción incondicionalmente positiva hacia el paciente que significa
«una preocupación por el cliente, pero no de forma-lo posesiva ni para
satisf acer simplemente las necesidades del terapeuta». Aquí, aunque
ranta repetición suene ya mal, debo insistir que Rogers ha vuelto a
confundir lo deseable con lo necesario en la terapia.
Ultimamente he estado en contacto estrecho con varios ex-pacien-
tes de un grupo pequeño de terapeutas, que creo eran bastante inde-
seables, y que no tenían una postura positiva hacia sus pacientes, pero
que de forma deliberada ú^taban de regular sus vidas y sus filosofías
para su propia satisfacción. Diría que de estos ex-pacientes, todos
coNDIcIoNEs INDISPENSABLES PARA EL cAMBIo DE LA PERSoNALIDAD 10,

menos uno, no sólo no se beneficiaron de forma apreciable de la terapia,


sino que alg,,_nos de ellos salieron perjudicados. Pero tengo que admitii
que uno de ellos salió claramente beneficiado, y experimÁtó-un cambio
importante de su personalidad constructiva no tanto como
hubiera deseado- como resuhado de esta terapia -áunque
ineficaz y de alguna
forma perniciosa. También he visto muchos ex-pacientes de oros tera-
peutas, los cuales, estoy completamente seguro, fueron explotados por
sus terapeutas, y es muy sorprendente, pero a algunos de ellos les
ayudó bastante este tipo de terapia de explotación.
La quinta condición para el cambio de la personalidad construc-
tiva, dice Rogers, <<es que el terapeuta experimente una comprensión
empática y correcta de la conciencia del individuo sobre su propia
experiencia. Sentir el mundo privado clel cliente como si fuera el de
uno mismo, pero sin perder nunca la característica de 'como si'
es la empatía y es esencial paru la terapia». De nuevo debo poner -s5f6
en
duda esta afirmación, aunque considero que de entre las condiciones
de Rogers quizás sea la más plausible.
Es muy.deseable qr,re el terapeura coruprenda el mundo del pacien-
te, que uea la condocta del paciente desde el marco de referencia de
éste. Pero que el terapeuta sienta literulmente las perturbaciones del
paciente, o crea en slls inacionalidades lo considero más perjudicial
que beneficioso para el paciente. De hecho, es esa habilidaj del tera-
peuta para comprender la conducta inmadura del paciente, siz creer
en ella ni sentirse involucrado, lo clue le permite inducir al paciente
-n...rr.io
a que deje .le sentir o creer que es que se conduzca así.
Sin embargo, aun cuando nos limitamos a considerar el término
e_m patía como aparece definido en el diccio¡¿¡i¡l aprehensión
-41¿ en la simpa-
del estado de la mente de otra persona sin sentir (como
tía) lo que ese oro individuo sienre, (English and English, 1918),
sin embargo, no es muy seguro que esta afirmación sea siempre una
condición necesaria para que la terapía sea eficaz. Yo he tenido pacien-
tes a los que les he examinado sus problemas desde su propio marco
de refe¡encia, les he enseñado exacramente cómo y poi qre se han
estado destruyendo a sí mismos y qué alternativas de conducta y pen-
samiento podrían uúlizar para ayudarse. Algunos de estos pacientes
adoctrinaron después a sus amigos y parientes de forma arbitraria y
dogmática con las nuevas filosofías de la vida que habían adquirido
con mi ayuda, sin existir la más mínima empatía o comprensión hacia
el mundo de estos personajes. Y para mi sorpresa, de forma ocasional
ayudaron a sus amigos y parientes a conseguir cambios de personalidad
importantes con esta técnica de adoctrinamiento dogmática y no-empá-
tica.
De la misma manera, algunos de los más grandes fanáticos de
todos los tiempos, como Savonarola, Rasputin y Ádolfo Hitler, tenían
106 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

una cierta relación empática con sus seguidores a causa de sus graves
perturbaciones emocionales, y con frecuencia provocaron en sus parti-
darios cambios profundos de personalidad. En algunos de estos ejem-
plos, el cambio fue constructivo. Esto no contradice la proposición de
que empatizar con el mundo privado de otra persona por lo general
ayuda a ser menos defensivo y más congruente, pero es muy dudosa
la hipótesis de que la única terapia que es efectiva es la motivada de
forma empática.
La condición final de Rogers para el cambio de la personalidad
constructiva es <(que el cliente perciba mínimamente que el terapeuta
experimenta empatia y aceptación hacia élrr. Yo he refutado varias
veces esta propuesta con mi práctica terapéutica. En estos casos, he
tenido pacientes paranoicos que, al margen de que empatizar^ de fotma
adecuada con sus marcos de referencia o no, constantemente insistlan
en que no lo estaba logrando. A pesar de todo, como yo seguía demos-
trándoles la forma en que ras actitudes y hechos, entre ellos su odio
hacia mí, eran ilógicos y autodestructivos, al final acabaron aceptando
rni marco de refeiencia'logrando importantes cambios de la personali'
dad constructiva en ellos mismos. Entonces, después que abandonaron
algunas de sus percepciones falsas, comprendieron en la mayoría de
loi casos q,re yó había experimentado más empatía de lo que ellos
se habían imaginado.
En uno de los casos, la paciente paranoica siguió insistiendo, al
acabar la terupi^, que yo no había comprendido sus puntos de vista,
y que estaba completamente equivocado en mi percepción de ella. Sin
embargo, admitió que mis actitudes y mis sistemas de valores la habían
hecho entrar en razón y comprendía que si quería ayudarse a sí misma
debía de adoptarlos. Adoptó algunas de estas actitudes y consiguió
llegar a ser más comprensiva con las demás personas y bastante menos
paranoica. Hoy día, aunque se está operando un cambio importante
en su vida, sigue pensando que no la comprendo.
. A la vista de estas consideraciones, se puede lanzar la hipótesis
de que, cuando las seis condiciones de Rogers se dan, algunos indivi-
duos, muy pocos, logran una reestructuración importante de sus perso-
nalidades; pero esto es menos creíble todavía que el que no se dé en
ninguno. De igual manera, es así mismo dudoso el que ningún paciente
pueda lograr mejoras constructivas importantes a menos que, como
afirma Freud ( 1924-1950), experimenten y resuelvan una neurosis de
transferencia durante la terapia; o, como insiste Rank ( 1945), a menos
que establezca una relación con el terapeuta, primero bastante permi-
siva, para continuar después con una relación muy limitada; o como
pretende Reich (1949), a menos que pierdan sus caparazones ante
el ataque del terapeuta a ravés de sus descubrimientos físicos y psico-
lógicos; o como pretende Reik (1948), a menos que sean oídos de
coNDIcIoNES INDISPENSABLES PARA EL cAMBIo DE LA PERSoNALIDAD Io7

forma eficaz por el <(tercer ojo»> del terapeuta; o como opina Sullivan
(1953\, a menos que experimenten un análisis intensivo de las opera-
ciones de seguridad que emplean con el terapeuta y con las demás
personas importantes de su entorno. Todas estas técnicas terapéuticas
que sugieren pueden ser deseables, pero ¿qué evidencia tenemos de
que sean realmente necesarias?
¿Existen, pues, otras condiciones que sean absolutamente necesa-
rias para que el cambio de la personalidad constructiva tenga lugar?
Mi primer impulso es decir que sí, pero pensándolo mejor me veo
obligado a contenerme y decir que no, o al menos que probablemente
no.
Mi inclinación personal, después de varios años trabajando en Ia
psicoterapia racional-emotiva, es decir que sí, que existe una condición
absolutamente necesaria para que el cambio básico o real de la perso-
nalidad ocurra esto es que existe algo, a través de canales profe-
sionales o no, -y
a través de algún tipo de experiencia consigo mismo,
con los demás, con cosas o con sucesos, por lo que el individuo debe
aprender a reconocer sus percepciones y pensamíentos irreales, incons-
cientes y nada racionales, y tratar de cambiarlos por una filosofía de
la vida más lógica y ruzonable. Estoy tentado a decir que sin este
cambio fundamental en sus presupuestos filosóficos e ideológicos,
ningún cambio profundo de personalidad tendrá lugar.
En un estudio más detenido, me abstengo de hacer esta proclama,
la cual encaiaría perfectamente con mis teorías terapéuticas, por una
razón fundamental y dos menos importantes. Las razones menos impor-
tantes son:
1. Parece que algunas personas consiguen cambios significativos
en sus personalidades sin haber adquirido de forma concomitante una
filosofía de la vida nueva e importante. Se podría decir, por supuesto,
que han adquirido esas filosofías de forma inconsciente. Pero esto
sería difícil de probar objetivamente.
2. Algunos individuos parece que mejoran cuando se modifican
sus condiciones ambientales, aun cuando sigan manteniendo sus anti-
guos puntos de vista infantiles. Así, una persona que se odia irracional-
mente porque es pobre puede odiarse bastante menos si hereda una
fortuna. Se podría decir que la seguridad que adquiere al heredar ese
dinero es lo que le hace cambiar sus opiniones irracionales e infantiles,
y por lo tanto ha conseguido un cambio conductual y filosófico. Pero
de nuevo insisto en que es difícil el hacer una evaluación objetiva de
esa afirmación. También se podtía alegar que este individuo no ha
conseguido realmente un cambio de su personalidad constructiva si se
encuentra seguro sólo porque es rico. Pero, ¿cómo se podría probar
esto, si no es con una definición bastante tautológica?
108 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

Esto me aproxima a la nzón principal y creo que decisiva por


la que no puedo afirmar que para que el cambio de personaliáad
constructiva tenga lugar, es necesario que el individuo sufra algún
cambio en su pensamiento o en su sistema de valores. Suponiendo
que esta afirmación sea cierta --y estoy seguro que muchos terapeutas
estarían de acuerdo con ella- es bastante tautológica. Lo que quiero
decir al afirmar eso es que una integración de la personaliáad pobre
consiste en que el individuo renga Llnos presupuestos ideológicos auto-
clestructivos e irreales, y que para cambiar su integración de Ia perso-
nalidad debe, de alguna manera, abandonar o cambiar pr.ru-
puestos. "rto,
Aunque el sentido literal de esta afirmación se reduce a la frase:
para cambiar slr personalidad, el individuo debe cambiar su persona-
lidad. O: para mejorar, el individuo debe mejorar. Esto prueba muy
poco sobre l¿s condiciones ..necesarias»> para el cambio de personalidad.
De nuevo: Ia psicoterapia racional se diferencia fundamentalmente
de las demás técnicas y teorías en que, según sus preceptos, es deseable,
no sólo que el t"rrp.utn descubra, .o-pránda y ,..pt.'lo, presupuestos
irreales e ilógicos del paciente que le fuerzan a permanecer en una
situación de inmadurez e ineficacia, sino que se requiere qúe ataqae
c inualide esros presupuesros de forma di¡ecta e inequívoca. ¿Es nece-
sario este deseo de la psicoterapia?
. Lo más probable es que no: ya qae algunos pacientes y otros que
no lo son ( aunque creo que bastante poios ) cánsigr,ren una meióra
inrportante, á pesar cle que no consiguen el beneficio de un tefapeuta
racional competente que les ayude a comprender cómo adquieren, man-
tienen y cómo pueden atacar de forma directa y anular sus actitudes
v presupuestos irracionales básicos.
- P9, consiguiente parece ineludible la conclusión de que, aunque
el cambío de personalidad consrructivo básico opú.rto u ,rn.
supresión temporal de los 5i¡¡6¡¡¿5- requiere-como modificaiiones funda-
mentales en las ideologías y sisremas de valores del individuo perrur-
bado, no hay ni una sola condición que sea absolutamente neiesaria
para inducir al cambio en las actitudes y en los modelos de conducta.
Muchas de las condiciones enumeradas por Freud, Rank, Reich,
Reik, Rogers, Sullivan y oros destacados rerapeuras, o las que son
enumeradas en este libro, son bastante deseables; pero lo que realmente
parece que es necesario es que el individuo de algana forrza tenga que
habérselas con experiencias de la vida importantes, o aprender cle las
experiencias de los demás, o sentarse y pensar en sí mismo, o esta-
blecer una relación con un rerapeuta, el cual es prelerible que sea
congruente, empático, racional, enérgico y que sea capaz de aceptar.
Una u otra, más que ésta y aquélla, parece que la única descripción
coNDlcIoNES TNDISPENSABLES PARA EL cAMBro DE LA PERSoNALIDÁD 109

realista de las condiciones.necesarias para obtener el cambio de perso-


nalidad básico en la actualidad
El contenido básico de este libro no es, pues, que la TR es el
único método de terapia eÍicaz. Más bien es qú., .nt.. los cientos de
métodos que se utilizan y aconsejan, la TR ei probablement. .rn" d.
Ias técnicas más elicoces que se Í.ran inventa,lo harta h.t áil. ói.rrr-
mente, en mis veínte años
.como consejero y psicot..up.ütu, sin lugar
a duclas es el mejor método que he..,.orirr?o; y rn
",iá*i, ríd^
vez mayor, de mis colegas profesionales lo enc,rentian particularmente
eficaz en sus priícticas. AuÁ cuando se uriliza de formá pnr.iri,
¡rnto
con otros métodos terapéuticos básicos, a menudo se consiguen iesul-
tados favorables.
Y cuando se utiliza de forma constante y concienzuda, los.resul-
tados son todavía mejores.
6
La Terapia racional
frente al racionalismo'*
Uno de los aspectos más difíciles de la psicoterapia racional-emo-
tiva ha sido el darle un nombre adecuado. Cuando, en un ptíncipio,
desarrollé la teoría y púctica de la TR, pensé en muchos nombres
que fui desechando. Así, pensé que podía llamarse terapia lógica, teta-
pia persuasiva, terapia objetiva, terapia realista, etc. Pero me patecía
que la mayoría de estos nombres daban una.descripción muy limitada
de lo que en realidad eru la teoria y la práctica; y oras denominaciones,
como terapia realista, me parecía bastante clara, pero demasiado vaga
o indiscriminada. Así, el denominar a una forma de terapia realista
o cenrada en la realidad me parece que es involucrar a los demás
tipos de terapia qué la técnica psicoterapéutica no intenta
-¿por
adaptar los pacientes a la realidad?
Después de preguntarme cuál era el aspecto distintiuo de mi méto-
do terapéutico, al final se me ocurrió el término racional: ya que era
eso, más que otra cosa, lo que me parecía estar haciendo
-demostrar
a los pacientes cuáles eran exactamente los aspectos ilógicos o ira-
cionales de su pensamiento, e inducirles a que piensen o se hablen
(o den una nueva orientación a sus frases interiorizadas ) de un modo
más racional. Por lo tanto, cuando en 1956 hice mi primer ensayo
sobre TR lo titulé <<Psicoterapia Racional»>, y sentí que este término
describía de forma bastante concisa y distintiva lo que estaba haciendo.
Por desgracia, aun cuando explicaba con mucho cuidado en este
ensayo que las emociones humanas en gran parte son el derivado de

* Este capítulo es una versión ampliada de «Rationalism and its Therapeu.


ti!Applications». En Albert Ellis (ed.) Tbe Place ol Value in tbe Practice oÍ Psy-
choterapy. New Yo¡k: American Academy of Psychoterapists, 1959.
tt2 RAZON Y EI\{OCION EN PSICOTERAPIA

los procesos de pensamiento humanos, y que mi interés se centraba


en cambiar las perturbaciones emocionales de mis pacientes transfor-
mando su pensamiento, enseguida tuve grandes dificultades con algu-
nos psicólogos, psiquiatras y trabajadores de la psiquiatría. Conside-
raron mis términos racional y pensatnienlo de forma muy literal, sepa-
rándolos arbiffariamente en sus mentes de los procesos emocionales,
sensitivos y motores, e insistían en que con la terapia racional sólo
conseguiría llegar de forma superficial al pensamienro de mi paciente,
y no podría influir en su conducta deprimida y bastante emocionada.
Por supuesto que lo que estos profesionales creían o decían acerca de
lo que yo hacía con mis pacientes tenía muy poco que ver con lo
que de hecho era mi práctica. Pero, aparentemente, nada de lo que
les pudiera decir sobre mi trabajo hacía mella en los prejuicios gue
aparecieron en cuanto que oyeron que usaba los términos cognoscitioo
y racional. Por lo tanto, estos psicoterapeutas y yo no nos estábamos
comunicando demasiado bien.
Para empeorar las cosas, al utilizar el término psicoterapia racional,
otro grupo de terapeutas empezaron a pensar en términos de la filo-
sofía llamada racionalismo, y confundir mi postura con la de los
^
seguidores ortodoxos de esa actitud filosófica. De nuevo sobrevino
un grave bloqueo en la comunicación, ya que definitivamente no soy
un racionalista, en el sentido filosófico ortodoxo de esta palabra. Una
vez más fui acusado cle creer en una serie de ideas en las que sincera-
mente no y de emplear estas ideas en la psicoterapia racional.
creía,
Al final,para confundir más las cosas, me enteré, después de
haber estado utilizando el término terapia racional durante un año,
que existían por 1o menos dos terapeutas que estaban utilizando el
mismo término, 1, mi trabajo tenía muy poco en común con cada tlno
de estos grupos terapéuticos. El primero de estos grupos eran unos
terapeutas de orientación católica, que seguían la postura <,racionalo
de Santo Tomás de Aquino, y ayudaban a sus pacientes a ser lógica-
mente consecuentes, dentro de un marco de premisas tomistas. El segun-
do grupo estaba en el extremo opuesto, estaba formado por terapeutas
de orientación marxista, como Behr (1953), que parecía ser bastante
racional en su enfoque, hasta que tropezó con las premisas básicas
del comunismo, clrando éstos, de repente, tuvieron tantos presupuestos
(aunque de diferente manera) como los tomistas católicos.
Después de todas estas dificultades para usar el término psicote-
rdpia racional, seguí pensando en cómo podría modificar el término,
de forma que significara más de lo que yo quería, y que distinguiera
lo que mis colegas y yo estábamos haciend<¡ de 1o que hacían oros
terapeutas, con títulos parecidos o diferentes. AI final se me ocurrió
el término psicoterapia racional-emotiua, que es el que utilizo ahora
I-Á TERAPIA RACIONAL FRENTE AL RACIONALISMO lll

(reservando los términos terapia racional o IR como formas abre-


viadas ).
Probablemente el término racional-emotiuo es el que meior des-
cribe lo que hago, ya que tiene las connotaciones de una forma de
terapia dé orieniación doble. Claramente subraya la idea de que es
un método razonador, didáctico, persuasivo y cognoscitivo, que enseña
al paciente cuáles son sus filosofías irracionales básicas, que después
Ie áemuestra cómo estas premisas definicionales, infundadas e ilógicas
le llevan a una conducta pertr-rrbada emocionalmente, que debe ser
atacada y transformada si desea que sea meior. Al mismo tiempo, tam-
bién iniica que el propósito primordial de la terapia es cambiar las
emociones más intensas y profundas del paciente y, junto con esto'
su pensamiento. De hecho, el término implica, y la teoria de la psico-
terapia racional emotiva mantiene, que las emociones y el pensamiento
humano, en algunas de sus esencias, son la misma cosa, y que la trans-
forr¡ación del pensamiento implica el cambio en las emociones.
El doble enfoque de la terapia, que va implícito en el término
psicoterapia racional-emotiva, indica también que es algo más que un
método di<láctico o pasivo, ya que, además de la importancia de la
discusión verbal, insiste en el trabaio, la acción, el esfuerzo y la prác-
tica. Eso es exactamente 1o que hace la TR: utiliza el análisis lógico
y la persuasión racional para inducir al paciente a actuar y trabaiar
frente a sus actitudes neuróticas y hábitos.
El terapeuta racional-emotivo no sólo hace ver a su paciente que
se está adoctrinando con premisas absurdas, sino que su actuación está
basada en estas suposiciones infundadas. Trata también de convencer
al paciente de que-debe llevar una lucba, tanto en teoría como en la
práctica, frente a sus propios adoctrinamientos, ] frente a los modos
de conducta pobres que acarrean estos adoctrinamientos' Y a menos
que el terapeuta induzca al paciente a antilar (así como a.no pensar)
sus adoctriÁamientos autodesructivos, no es probable que la inversión
profunda del proceso neurótico tenga lugar.
Sin duda, la TR no se va a construir como una forma de raciona-
lismo mucho menos como un tipo, clásico y ortodoxo, de raciona-
lismo -y
filosó{ico. El racionalismo, en filosofía, es un modo de ver el
mundo idealista y antiempírico: va que mantiene que la auténtica
fuente de conocimiento es la raz6n o el intelecto, más que los sentidos.
Por consiguiente, el racionalista clásico es Lrn partidario del absolu-
tismo, ya que para él la razón es la autoridad primera y absoluta,
c¡ue determina lo que es verdad y cuál debe ser el curso de los actos
en la vida (Rand, 196l).
El racionalista moderno, como los miembros de varios grupos
raci«¡nalistas no religiosos de América y Gran Bretaña, tiene opiniones
completamente distintas de las de los racionalistas clásicos, y su orien-
Lt4 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

tación teórica está mucho más próxima a la posición filosófica del


terapeuta racionál-enrotivo. Esta posición filosófica, resumida, incluye
los puntos siguientes:
1. La ruzón y la lógica no poseen en sí mismas una evidencia
cientffica o una verdad, pero son los insuumentos más valiosos para
discernir Ia verdad de la mentira (Bakan, 1956; Ryle, lg57).
2. La ciencia es intrínsecamente empírica; y el conocimiento
científico debe ser confirmable, al menos en principio, por alguna forma
de experiencia humana ( Ayer, 1947 ). Sin- embárgo ,- teotwar que se
limita sólo a las generalizaciones inducidas de una evidencia empírica
no es muy acertado; el método deductivo hipotético, con el empleo de
las curvas racionales, puede ser más productivo para el avance de la
investigación científica que la total adhesión a los métodos inductivos
de razonamiento (Hilgard, 1956).
3. El racionalismo es una postura filosófica defendible desde el
momento en que el término significa oposición al espiritualismo, misti-
cismo, dogmatismo, autoritarismo, la revelación, lo sobrenatural y
anticientífico.
4. Aunque no se puede vivir sólo de la ruzón, el pensar de
un modo claro, lógico, consecuente y realista favorece bastante la exis-
tencia del hombre y le reduce su perturbación. La mayor parte de las
enfermedades humanas son originadas, mantenidas o aumentadas por
las ideas irracionales, y mediante una actitud o una filosofía racional
ante la vida, se pueden mejorar de forma considerable (Dreikurs, 1950,
1955; McGill, 1954; Grimes, 1961; Brandem, 1962). Es difícil, pero
no imposible, constuir un sistema científico de ética humana; y en
el punto en que el hombre desarrolle una ética racional, será c paz
de vivir en paz y de un modo creativo consigo mismo y con los demás
(Bronowski, 1956; Rapon, 1957).
En otras palabras, el terapeuta racional cree que las verdades cien-
tíficas deben ser posibles en lógica, y poderse confirmar en Ia experien-
cia; las teorías de la terapia racional están basadas en la razón y los
hechos. Pero también cree en el poder de las ideas humanas la
mente-, pero no por encima de la cuestión, sino de forma integrada.-de
En relación con el universo, el terapeuta racional toma una postura
empírica y práctica. En relación con el hombre y su capacidad paru
vivir de un modo eficaz consigo mismo y con los demás, adopta una
postura bastante estoico-hedonista, individualista e <<idealista».
Filosóficamente, el terapeuta racional tiene simpatía por la mavoría
de los fines a conseguir en la vida de los existencialistas mcdernos,
como Buber (1955), Sartre (1957) y Tillich (1953). No hace mucho
que Braaten ha confeccionado una excelente lista con los principales
LA TERAPIA RACIONAL FRENTE AL RACIONALISN1O I l,

temas existencialistas de la vida, y en pocas variacione§, éstos coin-


ciden con los deseados por los psicoterapeutas que practican el análisis
racional. Algunos de ellos son: «(1) Hombre, eres libre, de(ínete a
ti mismo; (2) Cultiva tu propia individualidad; (l) Vive en diálogo
con tus compañeros; (4) Tu propia experiencia es la máxima auto-
ridad; (5) Sé testigo de la inmediatez del momento; (6) No hay
ninguna verdad que no esté en Ia acción; (7) Puedes superarte a ti
mismo con tus esfuerzos; (8) Vive tu potencialidad de forma creativa;
(9) Cuando te elijas, elije al hombre; y (10) Debes aprendet a aceptar
ciertos límites de la vida».
La terupia racional-emotiva no se adhiere, pues, a una. postura
racionalista pr.a o clásica, sino a una visión de la vida y del mundo
humanista-raiional. El enfoque de la TR subraya la idea de que la
emoción humana no existe como algo en sí mismo, no tiene primacía
sobre la conducta humana, no puede estar muy diferenciada de la idea,
y es muy controlable por los procesos del pensarriiento.
' En oposición a la teoría á. qr.r. el hombre está irremisiblemente
dominado por sus emociones primiiivas más bajas cual hace siglos
-lo lo ha perpe'
que lo peipetró el clero judeo-cristiano y recieltemente,
trrdo ei cliro freudiano-oitodo*o- el terapelrta racional cree que las
llamadas emociones o motivaciones de los seres humanos adultos que
son criados en una comunidad civilizada, en gran parte son actitudes,
prejuicios, cteencias, suposiciones e ideas que se adquieren por un apren-
áirá;. bioro.ial, y por tonsiguiente puedén ser revisadas, cuestionadas,
retadas, reconstruidas y transformadas, para lo que es necesario un
esfuerzo considerable y una práctica por parte del individuo emocio'
nado.
En relación con la utilización del libre albedrío frente al deter'
minismo, el terapeuta racional adopta una postura flexible y a mitad
de camino. Aunque es bastante deseable teconocer que los sucesos
humanos, así como el funcionamiento del mundo, están en gran parte
controlados por factores causales más allá del deseo o esfuerzo del
individuo (Skinner, 1953), él sin embargo patte de la base de que
el ser humano es el único animal que puede, si emplea el tiempo y
el esfuerzo necesarios, cambiar y controlar su conducta futura ( Adkins,
1959;Hatmana,796l). Como muy bien dice lWolfensberger (1961):
.,La opinión de que la parte mejor de la conducta humana está comple'
tamente determinada no se opone a la propuesta de que el hombre
puede ejercitar su libertad en ocasiones, o que algunos hombres son
más libres que otros».
El aspecto de la psicoterapia racional-emotiva que mejor resume
la actitud que sus médicos tienen ante la capacidad del individuo a
determinar, de forma existencial una buena parte de su conducta ( aun-
que no toda), y a volver a crear, o crear, su propia experiencia emo-
tt6 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

cional, está compendiado en la teoría del A-B-C de la personalidad


humana, la cual es una parte integral de la TR. Un cas; ilustrativo
del uso de esta teoría puede ser el siguiente diálogo que mantuve
con_ un paciente, el cual decía que se sentía muy desgraciado porque,
el día antes de la sesión_, había estado jugando al golf .on un grupo
de hombres, y se había dado cuenta de qui no les ñabía g.rstadol
Terapeuta: ¿Usted cree que se siente desgraciado porque no les
gustó a esos hombresT
Paciente: ¡Así esl
T: Pero usted no se siente desgraciado por la razón que cree.
P: ¿No? ¡Pero si es que sí!
T: Insisto que no. ¿Usted cree que sólo estaba enfadado por esa
razón?
P: Bien, ¿y por qué entoncesT
T: Es muy simple, tan simple como el A, B, C. A, en esre caso,
es el hecho de que usted no les gustó a esos hombres. Supongamos
que usted captó bien la actitud de ellos y no es fruto sólo de su ima-
ginación.
P: Le aseguro que no lo es. Yo lo pude ver claramente.
T: Muy bien, supongamos que no les gustó, yo llamo a eso A.
Ahora, su desgracia es C cual tenemos que asumirlo como un
-loasí.
hecho, ya que usted lo sintió
P: ¡Maldición!, sí es cierto.
T: De acuerdo, pues; A es el hecho de que usted no les gustó
a los hombres, C es su desgracia. Usted ve A y C y presupone que A,
que es que no les gustara, origina su infelicidad. Pero no es así.
P: ¿Que no es así?... ¿Pues qué es entonces?
T: B,
P: ¿Qué es B?
T: B es lo que usted se diio a si mismo cuando estaba jugando
al golf con aquellos hombres.
P: ¿Qué me diie? Yo no me dije nada.
T: Sí se 1o diio. No podría senrirse tan desclichado si no se lo
hubíera dicho. La única cosa que podría haberle hecho sentir desgra-
ciado es que se le cayera un ladrillo en la cabeza, o algo por el esiilo.
Pero el ladrillo no cayó. Por consiguienre, esrá claro que debió decirse
algo paru sentirse desgraciado.
P: Pero se lo he dicho... De veras, no me dije nada.
T: Usted lo hizo. Debe haberlo hecho. Ahora piense de nuevo
en cuando estuvo con aquellos hombres; piense 1o que se decía a sí
mismo; cuénteme lo que era.
P: Bien... Yo...
T: ¿Sí?
P: Bien, supongo que me diría algo.
I-A TERAPIA RACIONAL FRENTE AL RACIONALISI'IO 1t7

T: Estoy seguro. Ahora, ¿qué es lo que se decía a sí mismo cuando


estaba con aquellos hombres?
P: Yo... Bueno me dije qlre era terrible que no les gustara, que
por qué no les gustaría, .r- cómo podría no gustarles, y cosas por el
estilo, ya sabe.
T: ¡Exactol Y lo que se dijo a sí mismo eru B. Siempre es B lo
que, en situaciones como esa, le hacen sentirse desgraciado. Excepto,
como ya diie antes, cuando A es un ladrillo que le cae en la cabeza.
Eso, o cualquier objeto físico, puede causarle un dolor real. Pero cual-
quíer ataque emocional o mental palabra, un gesto, una actitud
-una sólo puede herirle si usted lo
o un sentimiento en contra de usted-
consiente. Y si permite que un gesto, una palabra, una actitud o un
sentimiento le hieran, es que se está diciendo que es terrible y horro-
roso que eso pase; eso es B. Y eso es 1o que se hace a sí mismo'
P: ¿Qué debo hacer, entonces?
T; Le diré exactamente qué es lo que tiene que hacer. Quiero
que vuelva a irsgar al golf, si puede, con los mismos hombres. Pero
esta vez, en lugar de intentar que ellos le aprecien, o que piensen
que es un gtan muchacho o cualquier cosa por el estilo, quiero que
haga una sola cosa.
P: ¿Qué es?
T: Quiero simplemente que obserue lo que se dice a sl mismo
cuando está con ellos y no le aprecian. Eso es todo: mirar cuáles son
lrrs frases que se dice en silencio. ¿Cree que podrá hacerlo?
P: No veo por qué no. ¿Sólo mirar mis frases, lo que me digo?
T: Sí, justo eso.
Cuando el paciente vino a la próxima sesión, le pregunté si había
hecho la tarea, v me dijo que sí. «¿Y qué averiguó?», le pregunté.
«Fue espantoso>>, contestó, «espantoso del todo. Todo lo que hacía
era autocompadecerme; nada excepto la autocompasión>>.
oExactamente", le dije. «Eso es lo que ha estado haciendo, nada
excepto autocompadecerse. No es raro qLre sea desgraciado»>.
Entonces, en relación con este ejemplo y muchos otros, enseñé
al paciente a observar, tan pronto como se sintiera enfadado, hetido,
culpable, tenso, ansioso o deprimido, qué es lo que se había estado
diciendo exactamente justo en el momento anterior a experimentar
esta especie de sentimiento negativo. En segundo lugar, Ie induje a
averiguar cuál era el origen filosófico de sus verbalizaciones internas.
Así, en este caso, las ideas filosóficas que existían detrás del hecho
de sentirse herido porque no les gustaba a sus compañeros de golf
eran; (1) Era absolutamente necesario que debe ser amado; (2) Como
era un individuo simpático y un buen jugador de golf, rnerece ser
aprobado por los demás; y (3) Era iniusto, honoroso y terrible que
no fuera amado o aprobado.
118 RT{ZON Y EMOCION EN PSICOTER pIA

En tercer lugar, cuando él había observado o inferido las creencias


filosóficas que' existían derás del hecho de sentirse herido ( o, con
más precisión, de herirse a sí mismo ), le enseñé a desafiar, cuestionar
y at^car Io iracional de estas creencias. Así, el paciente se preguntaría:
<<¿Por qué debo ser amado yo (o cualquier otru p..ronr)?». «¿por
qué yo (o.cualquier oúo) ffierece ser aprobado?, ¿sólo por el hácho
.que es una persona simpática y un buen jugador de golfTr. .,¿por
de
qué es injusto, terrible u horroroso que no sea amado o aprobado por
este grupo concreto de jugadores de golf?».
Finalmente, se enseñó a este paciente conbiar sus filosofías irra-
cionales; tenía que decirse constantemente, ^y tratar de convencerse de
que no era necesario que fuera amado (aunque sí deseable); qve flo
merece ser aprobado por los demás, sólo porque se porta bien con
ellos-y desea su aprobación; y que el no ser aprobadá o amado por
Ios demás puede ser un inconveniente, pero nrnca algo terriblá o
catastrófico.
De esta manefa enseñamos al paciente cómo observar, averiguar,
cuestionar y transformar algunas de sus ideas irracionales fundamen-
tales que estaban detrás de sus perturbaciones emocionales completa-
mente innecesarias. Con el tiempo, dejó de creer de verdad en todas
las tonterías que había mantenido duiante tantos años, y empezó a
creer en filosofías mucho más realistas y eficaces. En particular, .om-
prendió que no era muy importante qué cayera bien a-la demás gente
y le quisieran (aun cuando era deseatle); y cuando se dio cuenla de
esto, se desvanecieron sus principales síntomas neuróticos, entre Ios
que se hallaban una gran timidez y Íalta de confianza en sí mismo.
Hoy, después de varios años, es capaz de jugar al golf sin importarle
Io que sus compañeros piensen de- él o ie su juego, y puede hacer
otras muchas cosas con completa seguridad, en lugar de- su antiguo
estado, casi de pánico.
La teoría A-B-C de la personalidad y de la perturbación emocional
se puede usar demostraremos más tardl en varios casos que
presentamos en-como
este libro- con prácticamente todos los individuos,
desde los neuróticos leves hasta los psicóticos graves. También se
puede util?arJ a veces, con niños pequeños el Dr. Roger
Callahan,_ de Detroit, que recientemerrtá la ha -iomo
estado empleando con
bastante buenos resultados. En mi caso, sólo he visto a niñbs de forma
ocasional ( ya que considero que es más eÍicaz el ayudar a los padres
a que sean más cuerdos y racionales,.que ver a los niños), peio rnis
experiencias con los niños aplicando la TR han sido bastante exitosas.
En uno de los casos vi a un niño de ocho años y decidí aplicar
algunas técnicas terapéuticas racionales con é1, prr" .omprobar si podía
actuar'de forma eficaz. Este niño era inteligente peio estaba-muy
LA TERAPIA RACIONAL FRENTE AL RACIONALISMO n9

perturbado, tartámudeaba bastante y estaba alterado no sólo por esto,


sino porque sus parientes y amigos hacían bromas de ello.
Pude hacer ver al niño que realmente no era muy impoftante
que los demás se rieran de é1, y que no necesitaba el punto B-
molestarse porque ellos hicieran bromas al decirse-€n
a sí mismo cuán
horroroso era que esto pasara. Le cité el mismo verso infantil que a
menudo cito a mis pacientes adultos: palos y las piedras /
-<<Los nunca te heritán»- e
Pueden romper tus huesos / Pero los nombres
insistí en que no necesitaba sentirse. herido por las bromas de los
demás, y que podría dejar de molestarse si reconocla que los demás
tienen sus propios problemas y que las palabras realmente no significan
mucho.
Algunas de las cosas que este niño me dijo en la tercera sesión
fueron muy divertidas; demostraban claramente cómo habla compren-
dido lo que Ie había dicho, que empezaba a ver que no necesitaba
molestarse por las palabras y los gestos de los demás y que realmente
no importaba mucho que se burlaran,
Al final de la cuarta sesión, mi paciente no sólo estaba mucho
menos perturbado respecto a las bromas, sino que su tartamudeo habla
decrecido considerablemente, y ha continuado mejorando bastante, a
pesar de que le he seguido viendo de forma ocasional. Aparentemente,
los niños inteligentes de ocho años se pueden beneficiar de la TR
y de Ia teoría A-B-C de la perturbación emocional veces, de hecho,
más que los mayoresi bastante más difíciles y con -amuchos prejuicios.
En algunos casos, también he intentado los métodos tacionales
con los adoletcentes, les he hecho ver que, les guste o no, sus padtes
también son individuos perturbados; que no tienen que tomar a §us
padres muy en serio ( en particular cuando los padres son muy nega-
tivos para los niños); y que zo tienen que estar alterados (o alterarse)
sólo porque sus padres estén perturbados.
De nuevo les demostré a estos adolescentes que lo que les hiere
no es lo que les ocurre en el punto (A) (lo negativo de sus padres),
sino sus propias frases, con un sentido de rebelión y catástrofe, que
se dicen en el punto B: «¿Cómo me pueden hacet esto?>>. «¡Qué
injustos sonl»>. <..¡No puedo soportar lo mal que me ratan!». Cdando
consigo que cambien sus pensamientos y frases interiorizadas, estos
ióvenes pueden vivir de forma más pacífica con algunos padres muy
perturbados y difíciles.
La psicoterapia racional-emotiva, con todo el énfasis que da a la
lógica, la razón y la obietividad, es, pues, una forma muy personal,
individual e <<idealista» de mirarse a uno mismo y al mundo externo.
Acepta a los seres humanos como falibles, limitados y biológicamente
enraizados. Pero también los acepta como personas únicas, productoras
de símbolos y creadoras de pensamientos, que en Ia niayoría de los
t20 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

casos tienen la posibilidad oro lado- de cons-


corriente por
-nada y conductas.
ruir o reconstruir sus emociones Por consiguiente, filo-
sóficamente, tiene poco que ver con el racionalismo clásico; pero sí
toma algunos de los mejores elementos del racionalismo antiguo y
moderno, y trata de acoplarlos a los elementos factibles del humanismo,
existencialismo y realismo.
7
La Psicoterapia y el pecado"
En los últimos años, uno de los pensadores
-ha más transformadores
v lúcidos en materia de psicoterapia sido el eminente psicologo
Ó. Hobu.t Mowrer. Después de hacer una condena elérgica de las
actitudes freudianas en ielación con el id, el ego y el superego, el
profesor Mowrer, durante los últimos diez años, ha mantenido la- tesis
de que si el terapeuta, de alguna manera, transmite a -sus pacientes
la iáea de que no ton responsables de sus pecados, lo único que
conseguirá es animarles a seguir pecando; a menos q-ue asuman total
respoisabilidad por sus delitos lo que es ryás-, dgiel de pecar-
-v, ya que en el
no podrán dejar de estar perturbados, fondo de la cuestión
existe un problema moral.
En un simposium reciente, en el que participé con el Dr. Mowrer,
estableció éste unos puntos con los que sinceramente estaba de acuerdo
(Mowrer, 1960 ): es decit, que la psicoterapia debe ocuparse funda-
mentalmente del sentido de moralidad o rnaldad del paciente; que la
tendencia freudiana clásica está equivocada al aceptar la idea de que
el dar una introspección o una comprensión individual de una conducta
inmoral o antisocial implica que es suficiente para permitir al paciente
cambiar esa conducta; que si existe un infierno para los seres huma'
nos, es el de la psicosiJ y neurosis; que el hombre es sobre todo un
ser social, el cual se mutila psicológicamente hasta el punto de llegar
a herir a los demás sin necesidad; que la única solución básica para

* Este capítulo es una versión arnpliada de dos artículos publicado-s anterior-


mente: <<There'is No Place for de Coniept of Sin in Psychoterapv» (J. Cansu!¡-
Psyco|.,1960,7, 188-192) y <<lvlowret on Sin» (Amer. Psychologist,1960,15,7L3).
122 RAZON Y EMOCION EN P§ICOTERAPIA

el problema de la perturbación emocional es que se corrijan o cesen


las acciones inmorales de los individuos perturbados; y que el psico-
terapeuta eficaz debe, no sólo dar a su paciente una introspección
psicológica en los orígenes de su conducta errónea y autodestructiva,
sino proveede también con un programa de trabajo muy activo para
la desaparición de esa conducta.
A simple vista, parecerá que estoy muy de acuerdo coñ los con-
ceptos de Mowrer sobre la psicoterapia y el pecado. Sin embargo, esto
no es cierto: ya que una de las tesis centrales de Ia psicoterapia racional-
emotiva es que no hay lugar para el concepto de pecado en psicoterapia,
y que introducirlo de alguna forma, manera o medida es bastante perni-
cioso y antiterapéutico. El terapeuta racional mantiene que no se debe
culpar a un ser humano por lo que haga; la principal función lel tera-
peuta, y la más importante, es conseguir ayudar al paciente para que
no le quede ningún vestigio de culpa, ni hacia sí o los demás, ni hacia
el destino y el universo. Mis marcadas diferencias con todos los que
defienden que es mejor que los pacientes se sientan más culpables de
lo que son, para lograr que transformen su conducta antisocial y anti-
destructiva, se puede demostrar mejor haciendo una definición operacio-
nal de los términos <,pecado» y <<culpa>> más precisa y razonable que
la que normalmente hacen los que mantienen este concepto.
En e\ Comprehensiae Dictionary ol Psycbological and Psycboana-
lytical Terns, English and Enlish ( 1958), publicado recientemente, se
da la siguiente definición psicológica de «pecado»>: <<Conducta que viola
lo que el pecador considera que es un código moral, ordenado áe forma
sobrenatural»>,. Define el «sentido de culpa» como: <<Comprensión de
que se han violado los principios éticos, morales o religiosos, unida a
un sentimiento de arrepentimiento, porque debido a eso ha disminuido
la valía personal». English and English no da ninguna definición de
,,culpar, (blame ), pero el New Vorld Dictionary de \üTebster lo define
como: L Censura, condena; acusación; culpar. 2. Responsabilidad por
una falta o efror)>,
- Si uno se fija bien, la belleza de estas definiciones está en que
incluyen un sentido de pecado, culpabilidad o culpa en los dos requi-
sitos primeros para.el sentimienro del individuo: (a) Yo he hecho algo
mal y soy responsable por ello; y (b) No soy un buen muchacho, soy
un pecador, un canalla, una persona sin valor y mezquina por hacer
esto mal. Así, como he demosrado a mis pacientes durante éstos últi-
mos años, y como el Dr. Robert A. Harper y yo hemos apuntado en
varias publicaciones recientes sobre la psicoterapia racional-emotiva
(Ellis, 1957b; Ellis and Harper, l96La, 1961b), es Ia esencia doble
del sentimiento de pecado, culpabilidad y culpa: no simplemente el
hecho de que un individuo ha cometido un error, falta o equivocación,
sino la creencia o presunción bastante insidiosa, y ya creo que comple-
LA PSICOTERAPIA Y EL PECADO I)l

tamente equivocada, de que una persona, cuando hace algo mal no es


buena, es inútil y sin ningún valor'
Yo sí acepto la implicación de Hobart Mowrer de que tal cosa
existe en la conducta inmoral y la equivocación humana. Pero como
psicólo!¡o, no creo que tenemos unas normas morales o éticas absolu'
tas, definitivas o enviadas por Dios.
Sin embargo, considero qrr., como ciudadanos de una comunidad
social, debemor t.ner algunas- normas de lo que está bien y mal' Mi
sentimiento hacia estas ,ár-at es que deben basarse 9n !o- que yo-llamo
hedonismo socializado o de largo decir, la filosofía de que
-es pero al mismo tiempo
"l..nce propia,
primero se debe luchar para satisfacción
no olvidar que, en la mayotía de los casos, se conseguirá lo mejot si
no se esperan gratificaciones inmediatas sino ganancias futuras, y siendo
cortés y considerado con los demás, para que no saboteen nu€stros
propios objetivos. No obstante, estoy dispuesto a aceptar casi todas las
normas aprobadas por la mayoría y planeadas de un modo racional,
con tal que no sean la imposición arbitraria de un cliché autotitario de
los hombres de hoy, o de supuestos dioses.
Junto con Mowrer y casi todos los que parten de un punto de vista
ético o religioso, acentúo el hecho de que son necesarias algunas normas
de moralidád, desde el momento que los humanos viven en grupos socia'
les. Pero ..ih^ro completamente la idea de que la única o la mejor
forma de inculcar estai normas a los individuos es por el sentimiento
de culpa o pecado. Por el contrario, mantengo que cuanto más pecadora
o culprbl. se sienta una persona, tánot posilbiliáades tendrá de ser feliz,
saludable e incluso observadora de la ley.
No se debe olvidar que el problema de la moralidad humana no
es el problema de satisfacer a una deidad hipotética, o de castigar a un
índividuo por sus supuestos pecados. El problema, que siempre está
oscurecido por el concepto de pecado y expiación, es simplemente:
( a ) en primer lugar enseñar a la persona a no cometet actos antisocia'
les, y (b) si esto ocurre, que no vuelva a suceder por segunda, tetcera
o última vez. Afirmo que este problema se puede resolver si el malhe'
chor en potencia o de hecho tiene la filosofía de la vida resumida en
estas frases: (a) «Si hago esto, estará mal»>, y (b) «Por consiguiente,
¿cómo puedo no hacerlo?r>. O: (a) <<Este hecho que he cometido es
erróneo, falso y equivocadorr. (b) «Ahora, ¿cómo puedo cometedo
de nuevo?».
Si los seres humanos pudieran creer e interiorizar estas frases de
un modo más objetivo y sin ningún sentido de culpa, censura o culpa-
bilidad, creo que sería prácticamente imposible que cometiera o siguiera
cometiendo actos inmorales. Sin embargo, si no tiene esta filosofía obie-
tiva de la maldad, no sé cómo podría por un lado evitar ser inmoral, y
por oÚo, conseguir ser moral y emocionalmente saludable. A continua-
124 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

ción.expongo los puntos principales de la filosofía objetiva de una mora-


Iiclarl no cLrlpable que he prefigurado:
l. El individuo puede decirse a sí mismo: (a) «Si hago esto que
es malo, seré un pecador, un canaliar. Si esro es lo que .-i indiuid'uo
se dice, r, Io cree firmemente, es probable que sea .r,orál .n su conduc-
ta a -partir de ahí, pero sólo porque temé sentirse despreciable
pecador. Pero yo aduzco que esos senrimientos de despreiiabilidad -o son
Ia esencia de la perturbación humana: ya que Ia periurbación básica-
mente consiste en una ansiedad inrensa ( es decir, el sentimiento que
surge de la siguiente frase interiorizada: osoy un ser despreciable v por
consiguiente no puedo vivir cómodo v seguro en un mundo lleno-de
personas mucho más valiosas,> ) o una hostilidad continuacla (es decir,
el sentimiento que por lo general sigue a la frase: «Vale más que yo, y
no puedo vivir cómodo ni competir con é1, por Io ranto le odio»).
Por lo tanto, en el mejor de los casos, si un ser humano es moral
fundamentalmente porque se senriría culpable y despreciable si no lo
fuera, lo más probable es que.ru.,.a p,reáa liberarse-de los sentimien-
tos soterrados de despreciabilidad, ni del miedo a que aparezca si, por
un casual, prueba a ser falible y se conduce de un modo inmoral.
Tenemos, pues, un individuo moral qr-re sóIo lo es porque se atormenta
con sentimientos de pecado y desprecio. Y como ninguno de nosotros
somos ángeles, v todos cometernos alguna vez errores y actos inmorales,
tenemos un individuo moral que, en potencia o de hecho, se odia a sí
mismo. O, como Mowrer bien podría afirmar si fuera más preciso al
hablar de 1o que es de hecho el pecado y lo que supone a los seres
humanos, tendríamos un individuo qre .onitrntemenre istá en el límite,
o en el infierno de la neurosis o psicosis_
2. Un individuo autoculpado o culpabilizado puede decirse a sí
mismo, y afirmo que en la práctica lo háce la mar,'oría de las veces:
(.r) .,!i hago esto, estará malr, y (b) «Si me equivoco, seré un peca-
dorr. Y a partir de entonces, como derivación lógica de esta conclusión
irracional e infundada, continuará díciéndose de iorma obsesiva v com-
pulsiva, corno ya he visto a muchos pacientes: <,Oh, seré un temible peca-
{_or
(o ya lo soy). ¡Q"é persona tan terrible! ¡Merezco ser casriga¿o!)).
Y así sucesivamente.
Al decirse esto tan absurdo, y por lo tanto poner en el mismo
plano una actuación equir.'ocada, en potencia o real, con un sentimiento
concomitante de despreciabilidad, este individuo nunca podrá centrarse
en la sencilla pregunta: «¿Cómo puedo ,rc hacer este acto equivocado?»,
o «¿Cómo puedo no repetirlo ahora que lo he hecho?». Seguirá cenra-
do
-en
la frase: .,¡Qué pecador tan terrible, qué canalla so,vl». Lo que
en la mavoría de los casos significa que un modo bastante irónico-
se sentirá divertido al acruar mal, o -deal repetirlo si es que ya lo ha
LA PSICOTERAPIA Y EL PECADO t25

hecho. Su sentido del pecadó le hará seguir actuando mal o hacia el


opecador>. En otras palabras, será un pecador compulsivo.
Para empeorar más las cosas, por lo general el individuo que se
culpa cuando actúa mal ( o, a veces, sólo por pensff que podría actuar
mal ) sentirá ( como normalmente les sucede a los que se culpan ) que
debería ser castigado por su pobre conducta. Por consiguiente, sus
frases interiorizadas tenderán a ser como éstas: «He cometido un crimen
horrible. Por lo tanto soy un terrible pecador y debo expiar mis peca-
dos, debo castigarme por este crimen. Pero si continúo actuando mal y
cometiendo este tipo de delitos, seguro que me cogen, o si no tendré
clue estar ansioso por temer a que me cojan. El ser cogido y castigado,
o la ¿insiedad que me crea el pensar que puedo ser cogido constituye
un duro castigo en sí misnto. Por lo tanto, quizás fuera mejor que siga
cometiendo delitos de este tipo, para así castigarme a mí mismo, y
expiar mis pecados,r.
En otras palabras, el hombre que interpreta sus delitos como peca-
dos, a menudo tenderá a cometer más delitos para así, tarde o tempra-
no, ser castigado en su propio cuerpo por estos delitos.
3. La persona que se auto-culpa (o la persona con un acusado
sentido del peca,Jo ) puede decirse a sí misma las frases, por otro lado
r¡ormales: (a)
"Si hirgo esto, estará mal», y
(b) «Si actúo mal, soy un
despreciable pecador». Entonces, como no es un ángel y a veces se ve
impelido a actuar de forma equivocada, y como está preparado para
condenarse sin piedad (debido a su sentido del pecado) por estos actos,
él o bien rehusará admitir que ha hecho eso que estaba mal, o bien
lo admitirá, pero insistiendo en que no estaba mal. Es decir, el malhe-
chor que tiene un agudo sentido del pecado, o reprime los pensamien-
tos sobre sus delitos, o de un modo psicopatológico insiste en que tiene
razón y que es el mundo el que está equivocado.
Por consigr-riente, de cualquier forma que se mire el problema de
la moralidad, del individlro que de forma sensata empieza diciéndose:
(a ) «Está mal que l.raga esto» v continúa diciéndose en un modo nada
sensato ( b ) un pecador o un canalla por hacerlo ( o incluso por
"Soy
pensar en ln posibilidad cle hacerlo) sólo puede esperarse que consiga
alguno de los cuaro resultados más desfavorables que se derivan de
este hecho: ( i ) un sentimiento profundo de desprecio personal; ( 2 ) una
ocupación compulsiva y obsesiva en el delito por el que se culpa, y la
posibilidad de volverlo a ejecutar; ( 3 ) negación o represión del hecho
de que fue él quien cometió ese acto inmoral; y (4) una insistencia
psicopática en que el acto que cometió no era malo.
Para empeorar las cosas, al individuo que tiene un sentido de
pecado, culpabilidad o culpa no le ayuda el culpar a los demás por sus
delitos reales o en potencia por consiguíente está enfadado y hostil
con los demás. No le ayuda-y ei culpar al destino, las circunstancias o el
126 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

universo por sus frustraciones en la consecución de muchos de sus


deseos en consecuencia se autocompadece y está enfadado con el
mundo. -y
Vemos, pues, en el análisis final, que el culpar, en cualquiera de
sus manifestaciones perniciosas, es la esencia de prácticamente todas
las perturbaciones emocionales. Como les digo a mis pacientes en mu-
chas ocasiones, si pudiera inducirles a que nunca culparan o castigaran
a nadie, y en especial a ellos, bajo ninguna circunstancia, sería casi impo-
sible que se sintieran seriamente alterados alguna vez. Esto no signifi-
ca que no se pueda penalizar a los niños o adultos de un modo obje-
tivo y sin pasión, cuando cometan errores o actúen mal (como, por
ejemplo, los psicólogos penalizan a las ratas de laboratorio con descargas
eléctricas cuando se meten a un pasadizo equivocado en el laberinto);
pero lo que no se puede hacer es castigarles por sus erores o críme-
nes de un modo culpable.
Existen varias razones más que demuestran, casi invariablemente,
que dando al individuo un sentido de pecado o desprecio personal conec-
tado con sus equivocaciones, no se conseguirá menos inmoralidád ni
una mayor felicidad o salud mental. A continuación expongo brevemen-
te algunas de estas razones.
En primer lugar, el culpabilizar y el culparse personalmente inducen
al individuo a rendirse de un modo asqueroso ante alguna autoridad
externa arbitraria, la cual, en un último análisis, representa siempte a
alguna divinidad hipotética; esa adoración le hace sentirse proporcio-
nalmente menos seguro y autónomo. En segundo lugar, el concepto de
culpabilidad inevitablemente conduce al concepto insoportable de sacri-
ficio por los demás y dependencia de ellos es la antítesis de la
verdadera salud mental-. En tercer lugar,-que el individuo culpabilizado
tiende a centiarse constantemente en sus áelitos y crímenes paiados más
que en una conducta consffuctiva presente y futura. En cuarto lugar,
es física y psicológicamente imposible que una persona se pueda con-
centrar lo suficiente en mejorar sus actos morales si está centrada de
forma obsesiva en culparse por sus delitos pasados y presentes. En
quinto lugar, el estado de ansiedad que se origina en un individuo con
tendencia a culparse ocasiona estados de crisis nerviosas concomitantes,
en los que no es cap^z de pensar de forma clara sobre algo, y mucho
menos lograr un cambio constructivo de sí mismo
La medida completa del perjuicio que acarrea el hecho de culparse
se ve mejor en relación con las interferencias que existen en el resta-
blecimiento de la salud mental, una vez que la rueda de la perturba-
ción mental se ha puesto en funcionamiento. El círculo vicioso por lo
general se desarrolla así. Jim Jones, que es un ser humano falible y
bastante normal, en primer lugar exige ser perfecto e infalible, ya que
paru é1, de forma completamente emónea, el cometer errores equivale
LA PSICOTERAPIA Y EL PECADO 127

a ser_ incompetente,, y el ser incompetente


equivale a ser despreciable
( ). Naturalmente, no consigue ni la perfección ni la
es decir, censurable
infalibilidad; de hecho, como está tan ocupado en no ctmeter errores,
y tan centrado en el cómo en vez de en qué es lo que hace, tiende
a cometer muchos más errores que haría ri no re culpara ni si consi-
derara como un ser despreciable por ser un personaje que se puede
equivocar.
Po-r lo,tanto Jim Jones se desprecia a sí mismo por sus errores y
desarrolla algún tipo de síntoma neurótico una hostilidad o
ansiedad intensa hacia los que considera menos -como
incompetentes que é1.
Una vez que ha desarrollado este síntoma, Jim pronto empieza a not"t
que está afligido por ello, y entonces se culpa a sí mismo por sentir
el síntoma estar neurótico. El segundo nivel de culpa le hace
estar aún más -por
neurótico.
Así, lo que en principio no era más que ansiedad por su posible
incompetencia, se convierte en una ansiedad mayor, porque su ansiedad
original le ha conducido a una incompetencia de hecho; entonces da un
paso_ más, y llega a estar ansioso por ser ansioso. En este proceso
turalmentel- tiende a ser aún más incompetente, ya que está -¡na- menos
cenÚado que nunca en la resolución de su problema, y mucho más con-
centrado en la idea de que es una persona horrorosa porque no,puede
resolver sus problemas.
Iinalmen_te_, después que se siente ansioso (es decir, culpado) por:
(a) la posibilidad de ser incomperente, (b) la incompetencia aciual,
derivada de (a), y como resultado de las dos, (a) y (b), (c) un esta-
do de ansiedad o de pánico agudo, Jim comprende que está muy pertur-
bado y va a por ayuda psicoterapéutica. Pero de nüevo sr., tendéncia a
c_u]parse le taiciona, y tiende a sabotear los esfuerzos terapéuticos de
diferentes maneras:
1. Cuanto más trata de ayudarle el terapeuta para que vea lo que
se está haciendo a sí mismo, es decir, una inrospección dé cómo se eitá
culpando, más tiende a culparse por ser tan istúpido, incompetente
o enfermo. Otro punto que ya he señalado es que posiblemente, sobre
todo al principio de_ la terapia, cuanto más vea qui re está culpando,
más se. culpa, por culparse. Por consiguiente puede sentirse muchL peor
antes de que empiece a mejorar.

2. Tan pronto como ve que Ia terapia le exige que haga algo para
mejorar que siempre ocurre, ya que la mejoría no es el reiuliado
-1o mágica sino del esfuerzo por
de una fórmula parte del paciente- por
lo general empieza a preocuparse, porque no sabe si ierá .up", let
decir, competente ) de hacer lo que tiene que hacer para ayudaise. Por
consiguiente, las frases que se le ocurran serán más o menos de este
tipo: «Mi terapeuta me está enseñando que tengo que ver lo que da
128 RAZON Y ENTOCION EN PSICOTERAPIA

origen a mis perturbaciones y desafiar y contradecir mi propio pensa-


miento negativo. Por lo que puedo ver, tiene toda la razón. Pero,
¿no sería terrible que intentara ese desafío a mis propios desafíos y
fracasara? ¿No sería horroroso que se verificara ante él y ante mí que
no puedo hacer lo que tengo que hacer? Quizás, como es tan tremendo
que lo intente y fracase, lo mejor sería que no lo intentase, y así por
lo menos salvo el tipo>>.
Al decirse estas frases, el paciente por lo general encuenra una
excusa para abandonar el intento de curarse iusto al principio; 1', o
bien continú a la terapia a medias y de un modo muy poco eficaz, o se
ccnvence diciéndose: <,Bueno, quizá funcione con otra gente, pero está
claro que conmigo no. Me imagino que no tengo solución» y la abandona.
). Si el paciente continúa en la terapia durante un tiempo, y
empieza a mejorar, pero bastante lentamente (que es lo que ocurre por
lo general, ya que eitá muy habituado, durante muchos años, a formas
...é.r.r, de pensamiento y acción) se dirá a sí mismo: <<¡Qué asco!
Llevo un mántón de tiempo viniendo a la terapia y todat'ía no he
mejorado. ¡Porque, teniendo en cuenta el estallido del otro día, seguro
qué estoy ian mal como cuando empecé! ¡Qué idiota! Es obvio que,
ó no lo estoy intentando del todo cuyo caso estoy perdiendo tonta-
mente mi tíempo y mi dinero en-en la terapia- o lo estoy intentando y
no he comprendido lo que se requiere para meiorar. Ora gente que
yo conozco ha avanzaáo mucho más en el mismo tiempo o en menos'
Me imagino que no siruo paru esto.
A veces el paciente se siente muy disgustado con sus progresos en
la terapia, pero, como comprende que si admitiera francamente que
no se había esforzado mucho para ayudarse ni había sido muy constante,
tendría que culparse sin piedad, no es capaz de afrontar el problema
de que es él quien lo está evitando, y empieza a estar muy resentido
contra el terapeuta porque no le ayuda lo suficiente. Al saber lo bási-
co sobre la filosofía de la culpa, no se explica que ni él ni el terapeuta
puedan ser reprendidos por la falta de progreso ( aunque sí pueden ser
iesponsables uno de ellos o los dos ); Por lo tanto, se le plantea la
eleición de odiar a uno de los dos en este caso elige al terapeuta-.
-y
Entonces, o abandona la terapia completamente (diciéndose que todos
los terapeutas son unos malditos ineptos ) o continúa cambiándose de
terapeuta en terapeuta. En cualquier caso, se niega a admitir que proba-
blemente es él el responsable no censurable- de su falta de
progresos, y que por lo tanto -aunque
lo mejor sería que retomata las tareas de
la terapia con más interés y menos sentido de culpa.
En un caso como éste, el círculo vicioso y^ está completado. En
primer lugar el individuo se altera por su filosofía autodespreciativa;
áespués sá culpa a sí mismo (o a los demás) por estar tan alterado;
entónces, si busca ayuda terapéutica, se culpa de nuevo ( o culpa a los
LA PSICOTERAPIA Y EL PECADO l2')

demás) porque no está inmediatamente curado. Ante este triple proce-


so de sentido de culpa personal, es prácticamente seguro que el pacien-
te no sólo llegará a estar muy perturbado, sino que permanecerá así
para siempre.
Debe¡ía ser muy evidente, pues, que el dar a un individuo el senti-
do de pecado, culpabilidad o culpa personal por sus delitos es altamente
periudicial. Esto no quiere decir que la culpa nunca aytda a los seres
humanos para que corrijan sus errores o conductas criminales. Cierto
que parece que funciona con los niños y algun<-,s adultos. Pero a menu-
do es bastante ineÍicaz lo demuestra el hecho de que después
-como ridiculizando, encarcelando, matando y
de miles de años censurando,
también culpando y castigando a los seres humanos por sus inmoralida-
des, aún no se ha reducido significativamente ni la cantidad ni la cali-
dad de los delitos cometidos en el mundo.
Además, aun cuando el culpar es eficaz, y la gente comete menos
delitos por las duras sanciones sociales que existen, tanto en el período
de formación como posteriormente, no está claro que merezca la pena,
ya que las víctimas, en términos de la cantidad y el grado profundo de
ansiedad y hostilidad que genera, es tan grande como para cuestionar
cualquier moralidad conseguida de esta manera.
El concepto de pecado ( distinguiéndolo de una apreciación obieti-
va del delito ) humanamente es tan inhumano que resulta difícil ima-
ginar una técnica más perjudicial para lograr el mantenimiento de la
moral de Ios hombres. Y como cualquier religión basada en alguna divi-
nidad, casi por necesidad implica a aquellos miembros que violan las
leyes de sus dioses con un claro concepto de lo pecaminoso y censu-
rable, me inclino a invertir la famosa frase de Voltaire y decir que,
desde un punto de vista de la salud, si Dios existiera, sería necesario
desinventarle.
Cuando los terapeutas racionales hablan de la distinción enre
.,pecado» y <(error>>, a menudo se les ha objetado que son unos sofistas
y que en esencia esos dos conceptos son lo mismo. Así, Mowrer (1960c),
en un número reciente de American Psychologist, mantiene que como
la palabra opecado, es más fuerte que <<error)> o <<irresponsabilidad»,
es mejor que el individuo neurótico admita 5u5 .,pecados)> que acepte
sus <(errores>>. Dice Mowrer:
La única forma de resolver la paradoja existente entre el odio y
el castigo a uno mismo es asumir, no que sólo representa una «intro-
yección» de las actitudes de los demás, sino que está justificado en la
realidad, y persistirá hasta que el individuo, después de transformar de
forma radical sus actitudes y hechos, sienta que es digno de algo mejor.
En anticuada fraseología religiosa, mientras una persona permanezca
dura de corazón y sin arrepentirse, su consciencia le mantendrá ligada
al vicio paralizador de la rigidez «neurótica)> y el sufrimiento. Pero si,
110 RAZON Y EMOCION F-N PSICOTERAPIA

al final, un individuo confiesa sus erores y estupideces pasadas y hace


todo lo que puede, por poco que sea, como restitución, entonces el
superego (como los padres en oros tiempos \a sociedad e,n_ gene-
ral-) perdona y mitiga sus severas ataduras, -y
y el individuo es libre de
nuevo, está «bien>>.
Al defender el concepto de «pecador> individual (si no original),
Morvrer está afirmando que el individuo neurótico, si es que va a
meiorar, debe aceptar el siguiente silogismo: (a) El pecar es injustifi-
cable; (b) yo he pecado; (c) por consiguiente, para justificar mi exis-
tencia debo .econt.er mis pecados, cambiar mis costumbres y llegar
a ser un no-pecador.
A primera vista, parece un silogismo perfectamente válido. Pero,
como el mismo Mowrer deja entrever, rara vez funciona, porque <(se
sabe que los seres humanos no camkian de forma radical, a no ser que
primeio reconozcan sus pecados; pero también sabemos lo difícil que
.r que alguien haga tal réconocimiento, a menos qúe ya haya cambiado-
En otras palabras, la comprensión total de la despreciabilidad,es un
<<insulto ai ego bastante grave; parece que son necesarias nuevas fuentes
de energía pÁru Esto es un misterio (¿o es sólo.una obser-
^guanturlo.
vación éq,riuocada? ) que la teología tradicional ha intentado resolver
de diferentes formas haberlo logrado. ¿Podemos, los psicólogos,
hacerlo mejorT». -sin
Estoy seguro que los psicólogos lo pueden hacer mejor, si evitan
caer en la trampa en la que Mowrer, al sustituir las palabras natura-
listas «delito>> y <<responsabilidad» por Ia moralista <(pecado>>, ha caído.
Veamos primero lo que está equivocado en el silogismo de Mowrer
y por qué, ya que por la forma en la que está expuesto, prácticamente
obliga al individuo a pensar que es udespreciable)> y en consecuencia,
incapaz de cambiar su conducta inmoral. La premisa de Mowrer es
que el pecar es injustificable o que el <<odio que el pecador siente por
sí mismo es justificable>>. Con esta frase é1 quiere decir dos cosas impor-
tantes, de las cuales sólo la primera es válida objetivamente: (a) el acto
del pecador es erróneo o equivocado ( ya que en un análisis ptimero
o úliimo se ve que se destruye a sí mismo o a la sociedad); y (b) por
consíguiente, el pecador, como persona, es censurable y completamen-
te deipreciable por llevar a cabo ese acto erróneo o equivocado.
Aunque (a) pueda ser una observación real, (b). es un juicio
de valor arbiuario,-o una definición moralista, que posiblemente nunca
pueda ser validada objetivamente y que, como han demostrado Ep-icte-
io, Hartma, ( 1919), Lewis (1949), Mead ( 1936) y otros, es-filosó'
fióamente insostenible. Al margen de lo responsable que un individuo
sea, en un sentido causativo, Je su conductá errónea o equivocada, él
llega a ser un suieto despreciable o infame sólo si los miembros de su
grupo social lo considerin o delinen así, y, todavía más importante, si
LA PSICOTERAPIA Y EL PECADO Dt

él acepta sus opiniones moralistas. Por ejemplo, donde Mowrer consi-


dera que el asesino medio debe odiarse, yo creo que lo que debe hacer
es reconocer y lamentar su acto asesino, pero de ninguna manera despre-
ciarse porque ha cometido este acto.
Por consiguiente, la paradoja que Mowrer postula el pecador
-que de sus pe-
neurótico no estará meior hasta que reconozca y se arrepienta
cados, y que no reconocerá sus pecados hasta que esté mejor- es el
resultado <<lógico» y directo de la inclusión implícita o explícita del
concepto de desprecio personal en la definición de «pecadorr. Como ya
antes apunté en este capítulo, si alguien cree que sus actos son pecado
decir (a) que está equivocado (destruyéndose a sí o socialmente)
-es
por llevarlos a cabo, y (b) que es censurable y despreciable por estar
equivocado- es natural que no se atreua a reconocer que ha pecado;
o que se invente excusas para justificar que ha actuado así; o se sentirá
tan despreciable después de reconocerlo que no tendrá la fuerza nece-
saría ni será eficaz en la ransformación de su conducta errónea o equi-
vocada.
¿Cómo puede un psicólogo racional no-moralista ayudar a sus
pacientes neuróticos en la resolución de esta paradojaT Muy simple:
cogiendo las palabras objetivas y .,flojasr, (es decir, inmorales), como
<<crimen>> e <<irresponsabilidad", que Mowrer sustituyó por upecadorr, y
colocándolas en el silogismo original. El silogismo entonces queda así:
(a) El crimen es una destrucción personal o de Ia sociedad; (b) he come-
tido un error o he actuado mal; (c) Dor lo tanto, meior es que deje de
destruirme, para lo que debo reconocer mi crimen y utllizar el tiempo y
esfuerzo necesarios en tratar de no repetirlo, de forma que llegue a
hacerlo con mucha menos frecuencia.
Si el malhechor neurótico expone el silogismo de esta manera, no
pensará que es un ser despreciable, ni experimentará un <,insulto» al ego
y, antes de que haya cambiado y dejado de cometer crímenes, podrá
reconocerlos. El problema artificial que se origina al sentir que es un
pecador y al culparse inmediatamente después de cometer un delito no
aparecerá más si el delito es considerado como un error más que como
un crimen atroz.
Aunque, sinceramente, estoy de acuerdo con Hobart Mowrer en
que el ser humano feliz y saludable debe tener un claro sentido del delito,
y que debe no sólo comprender el origen de su conducta antisocial sino
hacer algo eficaz para tener una orientación moral, afirmo que el imbuir
a alguien un sentido de pecado, culpabilidad o culpa es la peor forma
posible de ayudarle o que sea un individuo emocionalmente fuerte y que
esté lo suficientemente socializado.
Ciertamente, un psicoterapeuta racional ayuda a sus pacientes a que
vean que se han conducido mal, de forma equivocada y autodestructiva,
porque han llevado a cabo acciones antisociales, y que si continúan
1)2 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

actuando así, acabarán destruyendo sus propios intereses. Pero también


les hace ver que no hay razón aTguna por la que deban sentirse pecado-
res, culpables o culpados por hechos de los que pueden muy bien ser
responsables. Ayuda a sus pacientes a que se admitan temporalmente
como rnalhechores, que reconozcan la responsabilidad de sus actos, \'
después que se centren, a través de sus frases interiorizadas y actividades
conocidas, en el único problema real que existe, que es: ¿Cómo hago
paÍa /1o repetir eso que está mal la próxima vez?
Si podemos enseñar a los pacientes (y a los millones de personas
en el mundo que, para bien o para mal, no llegarán nunca a ser pacien-
tes), a través de esta forma completamente obietiva y en absoluto culpa-
ble, que, aun cuando los seres humanos puedan ser considerados como
responsables de sus delitos, nadie les va a culpar, estoy seguro que la
moralidad humana mejoraría de {orma considerable y, por primera vez en
la historia, la gente civilizada tendría la posibilidad real de conseguir
una sólida salud mental. El concepto de pecado es la causa directa e
indirecta de prácticamente todas las perturbaciones mentales. Cuant<¡
antes empiecen a atacarla directamente los psicoterapeutas, mejor irán
sus pacientes.
I
La razón
y la valía personal"
.Suponiendo que un ser humano pueda ser enseñado a no culparse
por las cosas que haga (como los delitos y hechos antisociales tratadbs en
el capítulo anterior) ¿no debería de reconocer y aceptar su culpa en rela-
ción con errores de omisión graves por ejemplo, el n-o explotar
-como y pasivo,-en lugar de inten-
al máximo sus posibilidades y ser perezoso
tar, con cierto esfuerzo, conseguir los logros y éxitos de que es capaz?
Sí y no. Quiero decir: sí, debería reconoctr y aceptar su reiponsabilidad
en los errores de omisión; y no, nunca deberá iulparse poi ertos erro-
res, sino centrarse en intentar corregirlos de aquí en adelante.
Casi toda la historia de la civilización occidental ha estado motivada
por la dudosa propuesta de que los seres humanos son valiosos sólo
cuando tienen éxitos y logros o son extrínsecamente competentes, y
que son unos inútiles cuando sus posibilidades son pocas o *sobré
toda- cuando no desarrollan todo el potencial industrial, estético, inre-
lectual o de cualquier otro tipo, que poseen. Aunque la tradición cris-
tiana está a favor de la idea de que el hornbre es bueno y digno de mere-
cimiento en la medida en que es sumiso, espiritual y con uná orientación
social, en la práctica sólo una minoría de cristianos han seguido esta
opinión, mientras que la gran mayoría se ha visto motivada Íundamen-
talmente por los logros y la búsqueda de un status.
Sólo recientemenre, después.que Kierkegaard, Nietzsche, Heidegger
y otros existencialistas han estado exponiendo durante años un criteiio
radicalmente nuevo (y no cristiano), es cuando un considerable número

" fste capítuJo es_ el desarrollo de una charla, <<Science and Human Values»,
presentada en el Merrill Palmer Institute, Deffoit, Febtuary I, 1960.
r)4 RAZON Y EÑÍOCION EN PSICOTERAPIA

de pensadores han empezado a acepta.r la idea de que el ser humano es


bueno y digno de merecimiento simplemente porque existe, porque eJ,
y no por ninguno de sus éxitos extrínsecos (Maslow,1954; May, Angel
y Ellenberget, 1958; Moustakas, L951). Y este concepto nuevo
un individuo siempre tenga lo que Robert S. Hartman (1959)-que llama
«calor intrínsecorr, al margen de la evaluación extrínseca que los demás
hagan- tiene consecuencias de gran alcance para la conducta humana y
psicoterapia.
El concepto de valor humano es bastante indefinido y por lo tanto
propenso a cónfusiones. Aunque pienso que en estos últimos años he
it.godo a comprendedo, me hé eniontrado con que es muy difícil ense-
ñáiselo a los áemás gran parte porque existen influencias sociales
-ena contradecir las ideas lógicas y sensatas que un
y biológicas que tienden
r.r humrno pueda descubrir sobre la valía personal. Así, ,solía enseñar
a mis pacientis, durante las sesiones de psicoterapia racional-emotiva que
tenía ion ellos, que por el simple hecho de existir eran buenos: que la
existencia .tt tí ulgt bu"no y^que cualquiera que esté vivo es digno de
merecimiento. Por "t 1o tanto, ma;tenía que no eran tan poco valiosos
como la m yoría de ellos afirmaban ser.
Esto funcionó en algunos casos, Pero más de una vez vino algún
paciente inteligente y me diio desafiante: «Dado que existo ¿cómo
prueba eso que soy digncl de merecimient<¡7». Pensándolo meior, com-
prendí que tenía razón'. no prueba absolutamente nada. Por definición,
por rrpr.tto, puedo decir que la existencia humana es igual a la valia
[r,:-urr, o que el estar vivo, la singularidad, la yoidad (o como se le
quiera llamai) existe, y precisamente por ello, es digno de merecimiento.
Pero esto es sólo una definición, y las definiciones, obviamente, no prue-
ban nada.
Por consiguiente adopté una línea distinta y empecé a decir a mis
pacientes: .,Dado que no puedo probar que usted es digno de mereci-
-i.nto, de la misma munei. ,rsted tampóco puede probar que no vale
.r^d" párque no haya tenido éxito en la vida, no -haya. desarrollado al
máximo sus posibilidades o no pueda conseguir el c-ariño de personas
para usted importantes. Porque su- concepto de nulidad es también,
como mi definición de valía, una definición. Y ¿cómo puede probar una
definición7 >>.
Por supuesto, mis pacientes no podían probar que,no valían nada,
ni nadie púede probarlá, ya que la lnutilidad y Ia valía personal son
premisas, i,rposiclones o definiciones. De la mjsqa manera que Ios con-
..pto, dá Oiot y divinidad, no pueden ser probados, ya 9u! en el fondo
no e*ist. una evidencia empírica a la que puedan ser referidos'
Aun el concepto de valor extrínseco _.la valía que la gente aribu-
ye a uno se puede precisar exactamente,_ ya que siempre .es un
-no
Éo.r..p,o bastante rilativo.^ Así, si usted es un buen jugador de balon-
LA RAZON Y LA VALIA PERSONAL It5

cesto, es probable que los amantes del baloncesto le valoren de fornla


considerable y piensen que usted es un gran chico, sin embargo puedc
ser que los amantes del béisbol, el aiedrez o la filosofía le consideren
como una persona sin ninguna valía. O, si es judío, puede ser conside-
rado un criminal en la Alemania Nazi o en alguna otra comunidad anti-
semítica, mientras que en el Israel actual sería considerado como una
persona digna de consideración. Aunque el valor exrínseco pueda ser
médico y valorado (como Hartman (L959) ha demosrado), varía mucho
según la persona que lo evalúa.
La confusión aumenta, ya que es fácil creer que las evaluaciones de
los demás, como a menudo se toman como si fueran las de uno mismo,
dcben ser por lo tanto aceptadas. Así, como George Herbert Mead ha
señalado acertadamente, la evaluación que un niño hace de sí por 1o ge-
neral proviene de las valoraciones que los demás reflejan sobre como le
aceptan; de la misma manera, la opinión que la mayoría de los adultos
tienen sobre ellos mismos está basada, aunque en menor grado, en la
aprobación y estima (o carencia de esto) que reciben de los miembros de
su comtrnidad. Pero el hecho de que esto ocurra normalmente no quiere
decir que teflga qve ser así. De hecho, la historia está llena de ejemplos
de personas destacadas que sentían aprecio por ellas mismas, se respe-
taban y tenían una fe ciega en sus ideas, a pesar de que obtuvieron muy
poco apoyo de los demás durante la mayor parte de sus vidas. Y los
despachos de los psicoterapeutas están llenos de personas que no se
aprécian ni tienen fe en sí mismos, a pesar de que son muy respetados
en su comunidad y aprobados por muchos de sus parientes, amigos y
compañeros.
Por 1o tanto, a pesar de los análisis sociológicos de introspección de
Mead y las observaciones clínicas de Harry Stack Sullivan (1947) y sus
seguidores, apenas se da una relación en la proporción uno a uno entre
el valor extrínseco y el intrínseco de uno mismo. Por supuesto, es extra-
ordinariamente difícil el valorarse a uno mucho cuando la mayoría de
la gente que está alrededor piensa de otra manera; y al revés, es también
dilicil odiarce cuando los demás le tienen a uno en gran estima. Pero
está claro que es posible que la autoevaluación de uno sea completa-
mente distinta a la de los demás, y de hecho existen millones de eiem-
plos en los que se da una total discrepancia entre las dos evaluaciones.
Surge de nuevo la confusión, y esta vez parece que tiene raíces
biológicai; está en relación con el concepto de autodominio. Como han
demostrado en los últimos cincuenta años Alfred Adler (1927, 1929,
l93t) y sus seguidores (en especial Ansbacher y Ansbacher, 1956),-y
Robert-\Y/hite ha reafirmado recientemente, el impulso humano de do-
minar tiene raíces muy profundas y probablemente se orígina por algún
tipo de transmisión biológica. En consecuencia, puede-ser-una tendencia
innata y normal de la periona el sentirse bien cuando ha dominado algu-
t)6 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

na situación desafiante o un problema difícil, y sentirse mal cuando ha


fracasado, o en especial cuando ha sufrido una serie de fracasos, en
tareas que le gustaría llevarlas a cabo con éxito.
Sin embargo, el hecho de que a un individuo le guste, de un modo
normal e incluso instintivo, dominar una situación dada no significa que
tenga que apreciarse a si mismo por dominarla, de la misma forma que
el que le guste un helado no signi{ica que tenga que apreciarse por
sentir el placer que supone el comer un helado. Lo más probable es que
su autoevalttación, que por lo general está en relación con el modo como
domina una determinada situación o fracasa ante ella, se adquiera (como
Mead ha demosrado) socialmente más que por nacimiento. En otras pa-
labras, se le enseña que debe apreciarse cuando triunfe y que debe odiav
se cuando fracasa. O quizá más concretamente, se le enseña que ya que
los deruás no aprueban ni les gusta que fracase en el dominio de algo,
debería aceptar la evalución que ellos hacen de él y hacerla suya.
Aun cuando luera una tendencia biológica el que un individuo se
apreciara siempre que llevara a cabo con éxito ciertas tareas y conside-
rara que no vale para nada cuando fracase, no hay ninguna ruzón teórica
por lá qt e esta tendencia no pueda ser socialmente superada. Así, tam-
tién .rirt. una tendencia biológica a que los seres humanos anden con
los pies descalzos, en vez de con zapatos; y mucha gente que está com-
pletamente acostumbrada a llevar zapatos, en cuanto llegan a -sus casas
ie los quitan y se quedan en zapatillas o con los pies 'descalzos. Con
todo, y-a pesar de nuestras tendencias instintivas a ir descalzos, prácti-
camenle todos los que vivimos en áreas urbanas nos acostumbramos,
por el bien de nuestros empeines, a llevar z p^tos cuando andamos sobre
hormigón o cualquier otra superficie dura.
De la mism^ manera, si existiera en los humanos una tendencia
biológica a evaluarse en proporción directa a la forma en que dominan
las situaciones externas, esta tendencia, enseñándola a dar resultados
poco afortunados, casi seguro que se podría superar en la mayoría de
los casos.
En efecto, los hechos parecen den-rostrar que hay mucha gente.que
son prácticamente incompetentes, y que dominan muy poco o nada en
la vida; sin embargo, se aprecian y se sienten menos autoculpados que
otras personas bastante más competentes. Por ejemplo, todas las insti-
tuciones para deficientes mentales tienen personas que, aunque tengan
muy pocas aptitudes o prácticamente ninguna, y la evaluación que hacen
de ellos las demás personas de inteligencia normal sea muy baja, ellos
se tienen una considerable autoestima. Aparentemente estos individuos
se oceptan, a pesar de sus claras limitaciones; y eso es así.
Lo que es más, a la mayotia de la gente en nuesra sociedad que con-
sideran que los deficientes mentales tienen poco valor exÚínseco o nin-
gr.rrro decir, que no /eJ son de ninguna utilidad- les horroriza la
-ér
LA RAZON Y LA VALIA PERSONAL tt/
idea de que, como consecuencia de eso, estos deficientes sean extcnni-
nados. Por consiguiente, es obvio que deben creer que los deficientes
mentales y otros individuos sin valores extrínsecos tienen algún valor
para ellos rrzisrnos algún valor i¡¡¡i¡5s66-. Y por supuesto quc
lo tienen, ya que un -¡is¡s¡
individuo, al margen de lo remasado o mutilado que
sea, en tanto en cuanto tenga vida, siempre hay una posibilidad de «¡ue
su deficiencia sea menor; y si no la hubiera, sí puede, a pesar de sus
limitaciones, aprender a disfrutar y por consiguiente a tener una vida
agradable
El problema de la valía personal es bastante complicado por la
confusión que existe, y de la que la mayoría de nosotros somos víctimas,
entre el valor de un individuo para sí y su felicidad y disfrute. No hay
duda de que se puede luchar por la felicidad de uno y, de alguna ma-
nera, medir. Así, uno puede ser muy feliz, poco feiiz o muy desgra-
ciado. Y, cuanto más se luche, de un modo inteligente, por una vida
sana, sin ansiedad ni hostilidad, más posibilidades hay de ser feliz. Ade-
más, cuantos más éxitos tenga uno, más posibilidades hay de que tenga
dinero, amigos, bienes, etc., y por consiguiente disfrutar en ciertos sen-
tidos que sólo es posible de esta manera.
Sin embargo, la felicidad no equivale a valía personal, y no se es
más digno de consideración cuando se es más feliz. Un hombre, por
ejemplo, puede estar en continuo dolor, y por consiguiente no ser muy
feliz; pero no podemos decir que en consecuencia no vale paru nada y
que debería suicidarse, ya que él puede considerar que su vida merece
la pena, aun cuando no sea una existencia particularmente feliz. O qvizá
razonar que aunque él hoy no vive y su(re, maiana puede vivir y ser fe-
liz, y por lo tanto merece la pena que su vida continúe. En la mayoría de
los casos, mienras una persona esté con vida y tenga la más mínima po-
sibilidad de ser más feliz de lo que hoy es, su potencialidad de llevar una
existencia satisfactoria existe, y puede llevar una existencia satisfactoria.
Como señalan los existencialistas, un hombre que es o existe nunca
es algo estático, sino que en él va implícito la posibilidad áe llegar a ser
de su capacidad creativa hacer de él- algo diferente de 1o
-partiendo
que es en un momento dado. El proceso de llegar a ser, más que el pro-
ducto de lo que ya ha llegado a ser, puede muy bien ser el aspecto más
importante de su existencía. Por lo tanto, el que sea iusto ahora esto o lo
ouo (por ejemplo, deficiente r¡ental o desgraciado) no significa que no
pueda llegar a ser en el luturo algo completamente diferente (por ejemplo,
rnás inteligente o feliz). Mientras tenga vida, puede todavía seguir.un ¡rro-
ceso, tenei un {uturo, cambiarse a un estado mejor o más satisfactorio.
En verdad, puede que de hecho nunca haga esto, v siga toda su vida
tan lisiado o desgraciado como hasta ahora. Pero puede ser que zo. Y
mientras su vida 1e siga dando la más mínima potencialidad de llegar a
t
118 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

ser, cambiar, desarrollarse, no se puede decir que intrínsecamente no


vale para nada.
Aunque es cierto, pues, que un individuo que se esfuerza considera-
blemente y consigue cosas como la fama o fortuna, por 1o general (aun-
que no siempre) tiene mayores satisfacciones, y aunque probablemente
sea cierto que existe alguna conexión enre la felicidad de un individuo
(al menos en potencia) y su valor inrínseco o autovalía, eso no significa
que una persona, cuando consigue todo lo que quiere en la vida o más,
automáticamente se eleva su propia valía. Es probable que, por el domi-
nio que ejerce sobre las personas y cosas externas y sobre sí mismo,
aumente algo su autoconfianza (en especial si operacionalmente defini-
mos la autoconfianza como la seguridad de que se pueden hacer y conse-
guir ciertas cosas que uno quiere. Pero la autoconfianza no es exacta-
mente rutovalía (excepto en alguna definición arbitraria)
por el hecho de que hay bastante gente que están muy seguras-demostrado
de que
pueden realiz¿tr grandes cosas en la vida, y sin embargo se odian a sí
mismos, mientras que otra mucha gente, con poca seguridad de lograr
cosas importantes, sin embargo se aprecian. Todo lo dicho hasta ahora
en este capítulo parece llevar a la conclusión de que si hay un con-
cepto definible obietivamente de autovalía o valor personal intrínseco,
sólo se puede concebir de modo realista como la existencia, el ser, la
vida o el llegar a ser del individuo que le da la posibilidad o poten-
-lo
cialidad de ser felíz-. Oras definiciones de autovalía, como el con-
cepto de que consiste en el dominio, la aceptación social o las realizacio-
nes concretas de la capacidad de uno para ser feliz, son ilógicas porque
(a) invariablemente se refieren a productos más que a procesos de vida;
(b) en realidad están en relación con el valor extrínseco de uno más que
con el valor inrínseco; v (c) llevan a modos de conducta autodestruc-
tivos y moralistas por parte de los que creen en ellas y las siguen (Lich-
tenberg,1962).
Desgraciadamente, el convencerse a uno mismo, si se es terapeuta,
de que los conceptos normales de autovalía son ilógicos e ilegítimos,
y el convencer al paciente de esto son dos cosas diferentes. Debo decir
que durante los últimos años he dedicado tiempo en demosrar a muchos
ie mis pacientes que no eran tan faltos de ua[o, cotto pensaban. Mi
actual posición, como dije ai principio de este capítulo, es que son los
propios pacientes quienes deben de asumir la responsabilidad de probar
que no valen para nada, 5,a que, desde un Punto de vista científico,
la responsabilidad de probar la validez de una teoría debe ser siempre
de quien la consruye: ¡, oo de quienes la refutan, porque no están de
acuerdo con ella, tal como parece que piensan muchos hombres de
religión y ouos no científicos.
A menudo digo a mis pacientes, por tanto: <,Mire, usted insiste
en que no vale para nada, en que es un inútil v que no hace nada
LA RAZON Y LA VALIA PERSONAL 119

bueno. Déme alguna evidencia que pruebe su hipótesis. Por suptresto


no pueden. Casi inmediatamente salen con alguna frase como: <<Bueno,
no_ sirvo para nada porque no hago nada bienr, o <<no tengo ningún
valor porque muy posiblemente nadie se inrerese por mí». Pero tan
pronto como les muestro que éstas son frases tautológicas que no dicen
nada más que: «No valgo para nada porque me ionsidiro que no
valgo para nada,r. «l.a incompetencia, la fal:a de simpatía o lo que
quiera
--les
digo- le convierten en un inútil sólo porque piensa eso.
Otros que piensan de forma diferente pueden y de hecho se consideran
a sí mismos como dignos de consideración aun cuando sean diez veces
más incompetentes y antipáticos que usted».
A continuación reviso con dichos pacientes toda una serie de
razones que indican por qué es insostenible el que se consideren a sí
mismos como carentes de valor. Además de .las razones anteriormente
consideradas en este capítulo, enumero otras, algunas de las cuales
están adaptadas de la brillante monografía de Hartman (1959):
1. La evaluación extrínseca de uno mismo depende de un con-
cepto abstracto de cómo debería ser el ser humano, mientras que la
evallación intrínseca, en términos de la valía personal de uno, depende
del concepto único y singular de uno mismo. Por tanto, es ilegítimo
el medir el valor personal o intrínseco en términos extrínsecos (de
hechos conseguidos).
2. El concepto abstracto del que depende el valor extrínseco
se puede enumerar hasta el in(inito, mientras que el concepto singular
del que depende el valor intrínseco no se puede enumerar hasta el
infinito. Por consiguiente, en términos matemáticos, el primero no'se
puede medir en los mismos términos que el segundo, y al revés; y los
conceptos in{initos que no son numerables no pueden ser medidos por
los cánones convencionales de la valía humana.
). La existencia humana, el estar vivo o la yoidad es un estado
esencialmente biológico, mientras que la meidad, el papel que se juega
y la posesión de un rasgo es un estado del ser, de diferenté clase y en
gran parte social o socio)ógico; no se les puede medir por el mismo
sistema de valores ni las mismas escalas (que es lo que hacen los
neuróticos con un sentido de la valía personal bajo).

_ 4. La yoidad, el estar vivo o Io intrínseco se puede percibir en


dos posiciones solamente: Ia vida y la muerte, Ia existencia y Ia no
existencia. No se puede medir de la misma manera que los rasgos o
características que un individuo vivo posee.
A estas razones lógicas y técnicas del por qué es ilegítimo que
alguien mida su valía personal en los mismos térmínos en qu. normal-
mente mide su valor extrínseco, o valora a los demás, añado una última
140 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

razón, y para mí más convincente clínicamente, de por qué mis pacien-


tes deberían deiar de verse como seres que no valen para nada.
«Afrontémoslo digo-, suponiendo que usted mide su valor
-les
intrínseco y extrínseco por las mismas escalas, y por consiguiente llega
a la conclusión de que no vale para nada, una vez que llega a esta
conclusión, será víctima de sentimientos de ansiedad, culpa, depresión
y otros tipos de alteración emocional. Por otro lado, si usteá no
concluye diciendo que no vale para nada (porque, en el fondo, su defi-
nición de valía es la perfección personal y humana), podrá vivir con
un mínimo de ansiedad y hostilidad. Es obvio, pues, que el único
camino pragmático racional a seguir es asumir que tto se es un inútil».
En otras palabras, por lo general con estos argumentos puedo
probar a mis pacientes que (a) no sirven para nada sólo por sus propias
definiciones arbitrarias; y (b) si mantienen estas definiciones y siguen
pensando que no valen para nada, es inevitable que les
síntomas neuróticos bastante desventajosos, especialmente ^parezcan
ansiedad,
culpabilidad y depresión. Si por lo que se refiere a esto tengo éxito,
ellos podrán concluir qLre no son unos inútiles ni valen para nada.
Pero ¿esta combinación de dos negativas equivale necesariamente a
algo positivo? ¿El que un individuo no sea un inútil prueba que sea
valioso?
Si y no. Suponiendo que definitivamente existe algo como la valía
intrínseca humana, si no es un ser que no sirve para nada, se supone
que es digno de consideración. Si los dos, A y no-A existen, y lo que
tenemos no es no-A, entonces, de acuerdo con las leyes aristotélicas
de la lógica, debe ser A.
Pero hay dos fallos en este pensamiento. En primer lugar, como
Korzybski (l9Y) y muchos de sus seguidores han demostrado, la lógica
a¡istotélica tiene sus propias lirnitaciones y no cubre todas las leyes
del pensamiento. El mundo no consiste sólo de A y no-A, sino que
.onrirt" de Ar, Ar, Ar,etc. En segundo lugar, siempre es posible que
A y no-A sean suposiciones o premisas que no tienen una existencia
empírica real, y en lugar de ser mutuamente exclusivas, carezcan de
sentido las dos.
Así, se puede postular que si Cristo (A) y el anti-Cristo existen,
v John Doe está conrá Cristo, entonces debe estar de parte del anti
Cristo. Pero también se puede argumentar que ya que no hay evidencia
ernpírica que sustente la existencia de Cristo o del anti-Cristo, carece
de sentido afirmar que John Doe está de parte de cualquiera de estos
dos .,seres r,
.

De igual manera, se puede decir que, de acuerdo con las leyes


de la lógica no aristotélica, los conceptos normales del valor intrínseco
que tiene un individuo son bastante absurdos, ya que el valoh (cuando
está en un estado de bienestar físico y felicidad psicológica) es comple-
LA RAZON Y LA VALIA PERSONAL l4l

tamente distinto de su valor: (cuando está muy cansado y tiene un


terrible dolor de cabeza). También se puede decir que los conceptos
de valía t, Íalta de valía son premisas, suposiciones o definiciones que
no tienen una referencia empírica posible; y que, de la misma manera
que los conceptos de Dios y divinidad, no se pueden definir operacio-
nalmente, ni probar o refutar científicamente.
Por consiguiente, aun cuando pruebo a mis pacientes que no
valen para nada sólo por definición, y que el resultado necesario de
esto será que lleguen a sentirse ansiosos y desgraciados, filosóficamente
no les he probado que son inrínsecamente dignos de consideración.
Quizá la meior solución a este problema sería que comprendiéramos
que, en esencia, no existen ni el valor intrínseco ni la falta de é1, ya
qLle son términos de medida que sólo se pueden atribuir a cosas exter-
nas, extrínsecas y a hechos.
La felicidad de un hombre, su eficiencia, consecuciones y otros
rasgos sí pueden ser medidos, pero ¿se puede evaluar con exactitud la
existencia misma, lo que es y llegará a ser? Existencia y no existencia,
vida y muerte, estar vivo y no estar vivo parecen ser particularmente
bipolares: o los tienes o no los tienes, y no hay posiciones intermedias
entre ellos.
Como señala l{artman (1959) certeramente:
¿Quién soy yo? Soy este humano en este planeta tierra. Nací
desnudo y tengo que morir. Eso es todo. Esto es la esencia de
ser yo mismo; y el ser profesor o cualquier otra cosa es algo
diferente de ser este humano, nacido en este planeta tierra y que
tiene q,-re morir. Cualquier definición extínseca de mí mismo no
es en realidad la definición de mí. Para hacer la definición de mí
mismo no debo ni edificarme ni hacer Ia abstracción de mí, sino
simplemente -rel, es decir, identificarme conmigo mismo. Y ésta
es la tarea más diiícil e importante de nuestra vida moral.

En un sentido muy real, las ideas de valor y falta de valor humano


es algo con un nombre equivocado, es una cuestión errónea. Por
supuesto que la gente tiene valores extrínsecos o valores sociales
-estoo
signi{ica que los demás los encuentran inteligentes o tontos, altos
bajos, útiles o no como compañeros, socios o amigos-. Pero para ellos
mismos no tienen de hecho ningún valor o valia, al menos con el
significado normal de estas palabras. Existen o no. Y si se quiere decir
que porque existen son «dignos de consideraciónr>, eso es innegable
no puede ser probado, ya que es una definición más que una
-pero
afirmación de un hecho.
Si la gente se considera a sí mismos como «dignos de considera-
ción»>, sus autoevaluaciones tenderán a ser positivas, y quizás sean más
eficaces en sus actuaciones y más felicer. Éro el concepto de <,digno»
142 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

va pareio al de <<no digno de consideración», por 1o que existe el


peligro de que aparezcan sufrimientos innecesarios y la ineficacia. Por
lo general el concepto de Cielo tiene como contrapartida el de Infierno.
En lugar de tener estas series de autovalores, sería bastante más positivo
si los hombres y las mujeres de forma espontánea, no normal e incons-
ciente, lueranl
Es legítimo que los humanos, en el curso de sus vidas, intenten
ser más felices y eficaces (en el sentido de conseguir más de lo que
ellos quieren o prefieren y menos de lo que no les gusta o detestan
en sus vidas). Pero ¿es legítimo que intenten, de un modo autocons-
ciente, ser superiores o mejores que los demás, al menos en el sentido
de intentar ser nzás dignos de consideración?
Dicho de otra manera: la gente puede intentar aiuir mejor (es
decir, mejorar sus propias actuaciones y conseguir de la vida lo que
quieren), pero no está claro que sea beneficioso para ellos el intentar
ser mejor (es decir, probar su <(superioridad» sobre los demás o su
<<status)> más alto). Mientras se acepta la evaluación extrínseca de la
ualia de los demás y se lucha por cambiar algunas de las caracterís-
ticas externas (como el aspecto físico o el comportamiento en el trabaio)
para ganarse así la aprobación o el amor práctico de los demás, la gente
puede básicamente .rer o ser ellos mismos (es decir, intentar en gran
parte descubrir que es lo que r,//os quieren hacer en la vida, y gastar
la mayor parte del tiempo y de sus esfuerzos en hacer lo que quieren
hacer).
Si la valía personal tiene algún significado tangible posible-
mente no lo tenga, excepto la vaga definición que hemos -muy
vis¡6- 5s¡i¿
mejor relacionarlo con el ser y el llegar a ser de uno (es decir, llegar
a ser lo que uno piensa o imagina que le gustaria) que con las ideas
externas y arbiuarias del valor que lo relacionamos sin pensarlo.
Es por esto por lo que el terapeuta racional-emotivo, para ayudar
'a sus pacientes, intenta que hagan: que tengan lo que Tillich (19fi)
llama el coraje de ser, lo cual, operacionalmente definido, incluiría:
(a) el deseo, más que la necesidad extrema, de ser amado o aprobado
por los demás; (b) la consecuente buena voluntad para reconocer el
valor extrínseco que los demás nos auibuyen, y a veces, por el beneficio
práctico de uno, actuar de forma inteligente y certera para que ese
valor cambie a mejor, y así satisfacer el deseo que se siente de ser
aprobado; (c) una cierta falta de buena voluntad para aceptar el valor
extrínseco que los demás nos aüibuyen como valor intrínseco o total;
Ia insistencia en pasar la mayor parte de nuestra vida descubriendo qué
es lo que en verdad se quiere hacer y haciendo lo que uno realmente
quiere hacer, aun cuando mucha gente no lo apruebe y siempre que
uno no se destruya literalmente en el proceso; (d) un compromiso con
el proceso de la vida más que con los resultados obtenidos, acentuando
I,A RAZON Y LA VALIA PERSONAL t4)

la idea de divertirse aquí y ahora, sin perder de vista los placeres hedo-
nistas a largo plazo y los intereses venideros; (e) una aceptación total
de uno mismo como un yo $eativo, más que de un me pasivo, que
depende de la aprobación y ayuda de las personas importantes (Hamil-
ton, 1962).
Para hacer capaz al individuo de conseguir estas metas y de definir
su «valía>> personal (si es que tal cosa existe) en términos de lo que
es y lo que llegará a ser, y no en términos de lo que consigue y de la
aprobación ext¿rna, el terapeuta racional induce al paciente a abrirse
paro .ntre sus premisas sobre la necesidad extrema de ser aprobado
y d. t"n.t éxitás para ser .,digno», y transformar estas necesidades
en preferencias.
Voy a exponer un caso ilusffativo de uno de mis pacientes, una
mujer dé J6 años, psicóloga, que vino a la terapia porque se despertaba
todos los días a lai I dela áadrugada, presa de pánico por lo que le
\ría a pasar en su trabaio al día siguiente y por si funcionaría de forma
eficaz'el procedimiento de pruebas que había ideado paru la empresa
en la que-trabaiaba.lJna vez despierta, ya no podía volvetse a dormir,
y durante el día no err. capaz de hacer prácticamente nada en su trabajo'
Ánteriormente había .tt.áo durante cuatro años haciéndose psicoanáli-
sis freudiano, y aunque la había ayudado a comprender y resolver algunos
problemas que existían en su relación con sus padres, pensaba que no
ia había uyudado nada en su preocupación constante por su rabajo'
Decidió probar con la terapia racional emotiva.
En la tercera sesión con esta paciente tuvo lugar el siguiente
diálogo:
Paciente: favor, dígame exactamente qué es lo que tengo
que hacer. Otra-Por
vez estaba despierta esta maia¡a alas ))0 y no pude
dormirme de nuevo; me quedé en la cama fastidiada, sudando y dando
vueltas. Y aunque pude llegar hasta la oficina, por supuesto que no
estaba allí de hecho, y mi examen de las propuestas fue muy poco
eficiente. Ahora ¿cómo puedo evitar esto? ya lo he adquirido-
¡y pronto! -que
Terapeuta: revisarlo otra vez. En realidad es un procedi-
-Déjeme
miento muy simple, y si usted trabaiara sólo en é1, estoy seguro que
podría superarlo en muy poco tiempo. Pero aunque es simple, requiere
esfuerzo, y, como ya sabe, no existe la magia en esto de la terapia.
P.: acuerdo, escucharé atentamente, aunque estoy tan turba-
da estos -De
días que apenas puedo estar más de un minuto o dos concen-
trada en algo. Mi mente se pasa el día divagando sobre ese condenado
procedimiento de pruebas que he ideado y en el que han invertido tanto
dinero, y elucubrando si funcionará bien o va a ser una pérdida de
tiempo y dinero. Ciertamente siento muchísimo el que piense lo primero
en esto.
1.{.1 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

T.: eso es precisamente 1o que estoy intentando demos-


trarle: el-Pues
que usted lo sienta es su enfermedad. Usted ha hecho un
trabajo creativo de diseño de un nuevo procedimiento de pruebas, y al
margen de que funcione o no, es sa creación; debería estar deseando
experimentar con él y ver si puede perfeccionarlo. Pero está tan absorta
en que sea, de forma absoluta y positiva, un procedimiento rentable,
y que alguien en quien usted está interesada le alabe y le diga lo grande
que es por haberlo inventado, que se olvida completamente de su
participación en el procedimiento y está implicada sólo en la participa-
ción de los demás: qué es 1o que les va a parecer a ellos.
P.: son ellos los que me pagan ¿no? Y si a ellos no les
gusta este-Pero
procedimiento, o no fr-rnciona cuando esté todo montado,
podría perder mi trabajo. Y después que he trabajado tanto durante
tanto tiempo para conseguir este trabajo, que es el mejor que he tenido,
podría irse todo al garete. ¿No es como para preocuparse?
T.: no 1o es. En primer lugar usted sabe perfectamente que
-No,
si perdiera su trabajo y nunca volviera a trabajar, su marido puede
muy bien mantenerla a usted y a sus hiios, y que él en absoluto iba
a estar perturbado porque usted no ffabaiara. Por lo tanto eso no es
motivo de preocupación. También sabe que usted es la persona más
concienzuda de su empresa y que r.ro importa lo mal que funcione su
procedimiento de pruebas; prácticamente no existe ninguna posibilidad
de que la echen. Además, aun cuando hubiera posibilidades de que
perdiera el rabajo por su comportamiento en él sobre todo
-debido
a su estado de pánico durante el día y su imposibilidad de concentrarse,
después de pasarse la mitad de la noche levantada y censurándose a sí
misma- ¿el preocuparre por la idea de perder el trabajo va a poder
evitarlo? Y en este caso, ¿no parece que favorece de hecho el que se
pierda el trabajo permanecer despierta durante las noches y en
-al
estado de pánico durante el día?
P.: razón, por supuesto que tiene razón. ¿Pero cómo dejo
-"[ienea mitad de la noche
de preocuparme a cualquier hora?
T.: volvamos a la esencia.-oComo ya le he explicado en las
-Sí,sesiones, usted se preocupa sólo porque se dice algo justo
dos prirneras
antes de empezar a preocuparse, y ese algo que se dice no tiene ningún
sentido. Ahora, el punto uno es que debe admitir que se dice algo para
elnpezar a preocuparse, y debe cofiIenzar a averiguar decir a
aueriguar de verdad- cuáles son esas tonterías con las-quiero
que se readoc-
trina constantemente.
P.: eso es?
T.: -¿Y eso es una verdad perfecta seguida de una afirmación
-Y falsa. La afirmación verdadera es: «Si mi procedimiento
ridículamente
de pruebas no {unciona, y yo sigo preocupándome por cosas como ésta
tanto como lo estoy haciendo ahora, seguiré siendo incapaz de concen-
LA RAZON Y LA VALIA PERSONAL t4,

trarme en nada durante el día, y mis compañeros de Úabajo se darán


cuenta pronto o tarde que lamentablemente estoy §iendo muy poco
eficiente en mi tabaio, y no me querrán en este tfabajo». Esta frase
es perfectamente coruecta; no hay nada absurdo en ella.
P.: ._¿Y 7a frase ridículamente falsa que me digo a mí misma?
T.: es: <<Si, como mi procedimiento de pruebas no funcio-
-Puessiendo muy poco eficaz en mi trabajo, mis compañeros
na y yo estoy
rne rechazan o no me aprueban, entonces yo seré una persona que no
vale para nada».
P,: ¿No sería una inútil no vale para nada- si no
-Pero correctamente,
pudiera trabajar aquí o-que
en cualquier otro sitio, y nadie
quisiera asociarse conmigo profesionalmente?
T.: Usted entonces tendría dificultades o inconvenientes,
-No. como profesional no tendría nada que ver con su valía
pero su fracaso
inüínseca, o con el valor que tiene para sí.
P.: ¿Cómo iba a ser buena ante mí si no soy capaz de hacer
el tipo de-Pero
trabajo que quiero ni obtener los resultados que me propongo2
T.: usted sería de gran valía para usted r¡i5¡¡¿
-Entonces
tanto en cuanto -g¡
está viva y tiene la posibilidad de ser {eliz y divertirse.
P.: ¿Cómo podría ser feliz y divertirme si no soy capaz
de hacer -Pero
lo que más deseo?
T.: qué no podría7 Un hombre ciego probablemente lo
que más -¿Por
desee en este mundo sea ver. Pero ¿significa eso que todos
los ciegos sean terriblemente desgraciados?
P.: supongo que no. Pero tampoco son muy felices, me
imagino. -No,
T.: no porque son ciegos, pero pueden ser felices en oros
-No, de
muchos aspectos la vida, y muchos de ellos, que tienen una buena
filosofía, lo son, pero otros, que tienen una filosofía pobre, no 1o son.
Por lo tanto usted, digamos que si no es capaz de perfeccionar su
procedimiento de pruebas ni seguir siendo apreciada por su empresa,
no podría hacer lo que más desea en el mundo. ¡Qué mala suerte!
Considere cuantas otras cosas podría hacer en la vida para divertirse.
Además, ¿el que usted no sea útil a su firma todavía es una
suposición- cómo prueba que no tiene ningún -que valor para si?
P.: si yo quiero hacer lo que mi empresa quiere que haga,
y no les -Pero
soy útil a ellos, ¿no soy también una inírtil para mí?
T.: a menos que piettse que lo es. Por supuesto, si
-No -no,
quíere montar un buen procedimiento de pruebas y no puede, está
frustrada. Pero ¿necesita sentirse terriblemente desgraciada porque está
frustrada? ¿Y necesita juzgarse como una persona que no es digna de
consideración porque no puede hacer una de las muchas cosas que
quiere hacer en la vida?
r46 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

P.: me imagino que no. Pero la mayoría de la gente que


no puede-No,
realizar lo que más desean en la vida, se sienten bastante
inútiles ¿no7
T.: es posible. Pero ¿1o necesitan? La mayoúa de la gente
inteligente-Sí,
cree en distintos tipos de supersticiones, y por consiguiente
entorpecen su propia realidad. Perc ¿tienen que creer?
P.:
T.: -Hmm. ¿tienetl que creer?
P.: -Bien,por supuesto que no.
T.: -No, ¿por qué usted sí? ¿Por qué cree quizás en la
mayor de-Entonces,
todas las supersticiones el no tener éxito o estar frus-
-que de la felicidad y de la vida?
trado equivale a ser un inútil, indigno
P.: ¿cómo no me creo yo esta... superstición, como usted
la llamaT -Pero
T.: ¿cómo diablos puede seguir ueyéndolo? Considerar que
no hace-Pero
nada bien cuando le va mal en el trabajo es claramente defini
cional. Y obviamente esta premisa definicional no es nada buena para
usted, al contrario, le perjudica y Ie causa bastante daño. Ahora, en
estas circunstancias, ¿cómo puede seguir creyendo en estas tonterías
definicionales?
P.: es una buena pregunta ¿cómo)
T.: -Esa sabrá. No se está preocupando de averiguarlo en
-Ustedpuede alguien, en especial alguien tan bien educado
indagar. ¿Cómo
psicológicamente como usted y que por lo general piensa de forma
lógica e inteligente, creer algo tan carente de sentido?
P.: como dirían los freudianos y los teóricos del aprendi-
zaie, por -Bien,
haberlo mamado en mi infancia, en particular de mis padres.
T.: Pero, después de aprender en la inlanci4 que uno
-Correcto.
no hace nada bien, porque así lo creen sus padres cuando se actúa de
forma diferente a 7a de ellos, ¿cómo se puede seguir creyendo algo tan
absurdo durante toda la vida, aun cuando no se tenga más contacto
con esos padres?
P.: me imagino que se vuelven a evocar estas cosas, una
vez -Bien,
y^ aprendidas.
T.: acuerdo de nuevo. Por una continuada autosugestión o
-De el individuo interioriza la ídea inculcada por sus padres
autoconversión,
de que no vale para nada si no es capaz de lograr el éxito, y continúa
repitiéndose esta idea una y oüa vez, sin parlt a preguntarse: «¿Por
qué íntrínsecamente no valgo para nada si no soy capaz de agradar a
los demás, o incluso si fracaso en aquello que quiero conseguir en la
vida? ¿Cuál es la prueba de que la proposición de mis padres fue o
será verdad?
P.: lo tanto si mañana voy a tabajar, después de una
-Por
mala noche sin dormir, y me pregunt-o: <(¿Po/ qué no seré buena si
LA RAZON Y LA VALIA PERSONAL t47

mi procedimiento de pruebas fracasa, hago un mal trabajo e incluso


pierdo mi empleo?¡¡'. encontraré una resluesta sensata a esta
pregunta. -§6
T.: Ya que no hay razón para que un fracaso en el
trabajo le-Exacto.
convierta a usted a cualquier otro- en un tipo detestable
que no sirve para nada. Sólo -osn pensamiento \e hará ser un tipo detes-
table --por definición-. Lo que es más, no existe ninguna ruzón por la
que, si usted supera el definirse como una persona que no vale para
nada cuando exista la posibilidad de fracasar en algo, tenga que seguir
despreocupándose a media noche, envuelta en un sudor frío, como ha
estado haciendo hasta ahora.
P.: --Oh, ¿cuáles son las frases que me he estado diciendo para
originar esa condición?
T.: puede usted imaginárselas o inferirlas? Trate de desci-
-¿Nomismo.
frarlas, ahora
P.: Me imagino que me he estado diciendo algo del tipo
-Hmm.
de: << ¡Las res de Ia madrugada! Dentro de unas pocas horas tendré
que levantarme e ir a tabajar. Y ese procedimiento de pruebas, del
que quizá me debiera haber mantenido al margen y no idearlo, estatá
en la mesa de nuevo para su valoración y aceptación. Puede ser que
no funcione, o que haga el trabajo que se supone debe hacer sólo de
forma parcial. ¡Será terible! ¡Pensarán que soy tonta de remate!
¡Dios! »>.

T.: eso está muy bien! Le dije que podría averiguar


-¡Oiga,
cuáles eran estas frases usted sola, y ahora, con un poco de enttena-
miento y esfuerzo, se hará con un montón de ellas. Continúe así y
pronto estará libre de sus problemas neuróticos.
P.: estaba sintiendo esas frases cuando las he dicho ahora,
-Sabe,
podía sentir que me estaba alterando iusto en el momento en que las
he evocado.
T.: puede también ver lo estúpidas que son esas frases,
ahora que-¿Y
las ha sacado a Ia luz?
P.: decir ¿cómo va a ser terrible que la gente con la
-Quiere
que trabajo piensa que soy tonta de remate?
T.:
P.: -Sí. para ser honesta, 1o veo un poco, pero me imagino
que sobre-Bien,
todo lo creo ---{reo que será terrible.
T.: _-De acuerdo, ése es el siguiente paso qoe no será
terible si el rechazo de sus compañeros hacia usted-ver
tiene lugar. Usted
ya ha podido dar el primer paso importante- vef qu e es lo que se
dice a sí misma y que le origina superturbación actual, o al menos una
r

gran parte de ella. Ahora está lista para el siguiente paso: analizar de
forma lógica, cuestionar y desafiar enérgicamente lo que se está diciendo
a sí misma.
148 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

P.; convencerme, pues, que aunque sería muy poco


-¿Debo
conueniente que mis compañeros no me aprueben mi rabajo, y sobre
todo este procedimiento de pruebas que he diseñado, no será terrible
que 1o hagan?
T.: Usted tiene que comprender que la frustración y la
-Exacto.
inconveniencia de no ser aprobada o de incluso ser expulsada del
trabajo no tienen nada que ver con su valía personal como ser humano.
Porque ¿no es uerdad que lo terrible es que si pierde el respeto de
sus compañeros salga perjudicado su presf igio y no su presu-
puesto- usted -porque
lo interpretaría como una mancha negra en 1o más
íntimo de su valía?
P.: cuallto más pienso en ello, más razón creo que tiene.
-Sí,de la situación es la poca estima que tendría de nti ruisma
Lo «terrible»
si esto ocumiera.
T.: necesita teDerse tan poca estima aun cuando se despierta
a media -¿Y
noche sudando, y rinde poco al día siguiente, y puede que
hasta pierda el empleo porque no trabaia de forma adecuada o su
procedimiento de pruebas no funciona demasiado bien?
P.: me imagino qLle no. De hecho, umm, sí, estoy empezan-
-No, realmente estoy empezando a sentir que no. No tengo
do a comprender,
que odiarme cuando no puedo dormir bien, trabajar bien o no gusto
a los demás. ¡Nol
T.: En verdad está empezando a comprender esto, estoy
-Bien.
seguro. Ahora ¿cómo se siente eil este momento?
P.: alguna forma, bien; se me ha quitado un peso de encima,
algo que-De
" i., me estaba presionando sobre la cabeza.
lo ql-r" pasa cuando desafía y transforma sus frases!
Hu.. Jlo-¡Vea
.,r-, pu d.'-irr'.,tor, usted se estaba'diciendo, y desgraciada-
mente conven.iéndot., «Es terrible que mis compañeros me rechacen>>'
Y se sentia muy mal. Pero ahora que está empezando a preguntarse'
«¿Pero, d. u.ra, tan terrible? ¿Por qué no pu3do apreciarme, inde-
",
pJndi.it...nte de que los demás aprueben mi tiabajoT'i' Y ahora usted
comienza a sentirse mucho meior.
P.: es asombroso. ¡Lo estoy! ¿Y puedo hacer siempre lo
-Sí, mis frases y mis sentimientos de terror por medio de
mismo, cambiar
frases ?
T.: qué no? ¿Su sentimiento de terror es realmente algo
más que -¿Por
las frases que usted compone para crearlo? ¿Su sentimiento
de falta de valía es básicamente diferente de las palabras, frases y
párrafos autodespreciativos que usted se dirige a sí misma?
P.: es tan simple como esoT ¡Dios mío! ¿Qué estuvo
haciendo -¿Todo
mi primer analista todos estos años que le estuve viendo,
si ni siquiera pudo ver y mostrarme algo tan simple como esto?
LA RAZON Y LA VALIA PERSONAL 149

T.: vez estuvo diciéndose a sí mismo sus proplas frases


-Tal
carentes de sentido que contribuyeron a oscurecer lo que realmente
estaba pasando por la cabeza de usted. Pero de todas formas, esto es
problema de é1. ¿Qué va a hacer usted con sus frases, ahora que
comienza a ver lo íntimamente ligadas que están con sus sentimientos
de ansiedad y angustia?
P.: imagino que hay que trabajar bastante en ello.
T.: -Me que sí, y no sólo con sus frases primitivas, tales
-Imagino
como: .<¿No sería terrible que no marchase mi procedimiento de pruebas
y me expulsarán?>>, sino también con sus frases secundlúas y terciarias
que usted construye en base a estas otras primitivas, tales como: <<¿No
es terrible que me despierte todas las noches y permanezca en la cama
empapada en sudor?>> y «¿no es horrible que, después de no haber
podido dormir la noche pasada y de haber estado sudando como una
loca, esté ahora tan cansada que no pueda hacer nada a derechas?>>.
Estas frases adicionales, o la culpa que usted acumula por haberse
autoculpado anteriormente y, en consecuencia, neurotizado, hacen tanto
daño o más que las primitivas frases. Y continúa el círculo vicioso.
P.: nunca acaba?
T.: -¿Y nunca acaba, hasta que usted no acaba con é1. La culpa
-No,
cs la esencia de prácticamente todos los desórdenes emocionales. Y usted,
sólo usted, puede dejar de culparse.
P.: sabe que estoy decidida a ello, ¡De veras que lo estoy!
Creo que-Dios
he aprendido más sobre mí misma en estas tres sesiones con
rrsted que en los cuamo años que he estado antes analizándome. Y lo que
es mejor, creo que ahora sé cómo usar este conocimiento de forma
efectiva. ¡Y lo haré!
Esta paciente comenzó a usar su nuevo conocimiento de sí misma
v su propia autoculpabilizacíót, y al mes dormía con uanquilidad por
la noche, y sólo ocasionalmente lo pasaba mal durante el día por culpa
de su t¡abajo. Su procedimiento de pruebas, aunque marchó relativa-
rnente bien, nunca fue tan rentable como ella y sus socios hubiesen
deseado, pero se tomó bien este fracaso parcial y se negó a devaluarse
por ello. Actualmente años después- está trabajando más eficien-
temente que nunca en -dos
su vida, y 1o que es más importante, se está
aceptando a sí misma como una persona valiosa, incluso cuando actúa
de forma deficiente tanto en la oficina como en casa. Hace poco, en
una reunión profesional donde nos encontramos y pudimos hablar unos
segundos, me dijo:
<,No sólo veo ahora claramente que mi propia valía no depende
de lo que piensen los demás sobre mí, sino que me resulta posible,
al creer así y actuar en consecuencia, transmitir la misma idea a mi hija
de 13 años, una chica muy inteligente, pero que siempre ve el lado
negro de las cosas. El conseguir que ella se dé cuenta de que es una
150 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

persona valiosa, al margen de lo que los demás su padre


, uo- pensemos de ella, es la experiencia más-inch,ridos
gratificante que he
i.íi¿o en mi vida. Las sesiones que tuve con usted hubiesen merecido
la pena si sólo hubiese conseguido esto>>.
Yo también me sentía feliz de que las nuevas actitudes de esta
paciente hacia su propia valía se hubiesen extendido así mismo a la
iducación emocionál áe su hija. Si lo analizamos a fondo, la idea de
que los seres humanos son valiosos porque existen y porque pueden,
creativamente, llegar a ser lo que quieren ser (al margen de lo que otra
gente piense que deberian ser) es más una cuestión educativa que psico-
Ierapéutica. Es mucho mejor que eduquemos a la gente desde su infancia
.r, .rt, idea, que tengamos que reeducarla dolorosamente más tarde con
la experiencia terapéutica.
b.rpré, de ller todo este material sobre la. valía personal, el
Dr. Robárt A. Harper de Washington, D. C., estaba de acuerdo con
-*.l.hos qü. t. movía en un plano .filosófico
e1 espíritu de é1, pero pensaba
d.*riiudo elevado'pu., pacientes. Como enfoque más realista
para muchos individuos autodespieciativos, é1 sugirió la siguiente estra-
tegia
" terapéutica:
nTod-a persona que voluntariamente está viva, independientemente
de 1o que dice que crée, actúa con el presupuesto-de que la vida merece
vivirse. De la misma forma, la creencia de que la vida merece vivirse
no es más que un presupuesto de toda vida humana. Nadie tiene
pruebas de qre la vidá vivirse, ya que nunca ha experimentado
,r"da e*.eptá la vida, no^rlrrr^
tiene unos baremos extrínsecos ni bases de
comparaciSn entre la vida y la no vida' Por consiguiente, la persona
que perpetúa su vida de fbrma voluntaria está actuando de acuerdo
*t ü cieencia de que la vida merece vivirse y no tiene más que su
impresión subjetiva para seguir.
- <<Por consiguiente, la más remota de las preguntas es la que normal-
mente se oye: <<¿Merece la pena vivir la vidaT»>. Es tonta porque (a)
el que hace la pregunta ya la ha contestado afirmativamente con su
acción, o estaría muerto; y (b) la persona a la que va dirigida la pregun-
ta nunca ha experimentado el no vivir, y en consecuencia no tiene más
conocimiento del tema de la <.valía de la vida>> que el que pregunta.
<<Por lo tanto, ya que todo el que está vivo está actuando baio el
presupuesto de que i" ,id, merece vivirse, de ello se deriva que el que
pr.rrpon., la peisona individual, es (o al menos piensa que es) valiosa.
V" qrr., al continuar viviendo, estoy expresando mi opinión de que la
vida merece vivirse, entonces, tanto tiempo como mantenga este presu-
qué? Porque el
-único seré una persona digna de consideración. ¿Por
puesto,
modo de experimentár la vida (a la que considero valiosa) es
a través de mi. Yo soy el único canal, recipiente o instrumento capaz
de conseguir el ser digno de consideración consiguiente, como
-por
LA RAZON Y LA VALIA PERSONAL t5t

soy el único canal posible para que yo viva, tenga que ser (durante el
tiempo que viva) digno dá consideración. No hay nada que refute la
idea de qlre, por el hecho áe ser, soy digno de consideración
que considere que la vida tiene un valot>>. -siempre
<<Supongamos que decido que la vida no tiene ningún valor y que
yo realmente no soy una persona digna de consideración. Entonces, si
de verdad creo esto, deberé quitarme la vida o acordar con alguien para
que lo haga. Pero mi negativa al suicidio como respuesta al hecho de
que la vida y yo mismo carecemos de valor será un presupuesto, estaré
actuando bajo una opinión. Yo no habré probado, ni a mí ni a los
demás, que la vida no tiene valor, simplemente haré valer, por mi
condición moribunda, el presupueslo de que la vida y yo no somos
dignos de consideración. Pero, en tanto en cuanto esté vivo (y, por
consiguiente, actuando bajo la opinión de que la vida merece algo la
pena), sería mejor (por mi propia fruición y satisfacción) que afrontara
la inevitable consecuencia natural de que soy, existo y vivo-
-porque
soy también una persona digna de consideración.>>
«Como médico de la psicoterapia racional-emotiva, he afrontado
este problema de la vida y la autovalía con muchos pacientes. Algunos
de ellos han estado de hecho a punto de suicidarse (en vez de limitarse
a hablar de ello). Me he enfrentado a ellos con la siguiente actitud:
«El suicidio ciertamente es su privilegio, como yo lo veo. No voy a
ratar de ningún modo de impedir que ejercite ese privilegio, pero no
hay ninguna prueba de que la vida o la muerte sean experiencias valiosas.
De hecho ninguna persona viva ha estado muerta, y ninguna persona
muerta ha vuelto para compararnos los procesos de la vida y la muerte.
Sin embargo, desde el momento en que cualquier individuo está impli-
cado, todos los que estamos vivos podemos observar que la muerte
parece ser un proceso muy final. Por lo tanto, aunque yo no tengo
ninguna intención de evitar que usted muera ¿no merecería la pena el
ser menos drástico dentro de los límites del proceso de la vida y asumirla
o creer en ella?, ¿y no sería mejor que tratara al proceso de la vida
de forma más efícaz e intensa antes de quitarse la vida?».
<<Hasta ahcsra, quizás sólo por casualidad, todos mis pacientes han
elegido hacer otro intento en la vida. Digo «quizás sólo por casualidad»>,
pero en verdad creo es una rebelión.
perra! »- en la forma de actuar. Cuando -«YoJes-enseñaré-a-estos-hijos-de-
el terapeuta da al paciente
entrada libre y dice: libre para comenzar el viaje, pero
parece que es un camino -<<Siéntete
muy largo>>,la rigidez normalmente se toma
de la rebeldía del paciente».
<,Volviendo a la idea de que la vida al menos en potencia tiene
valor (¡,, por consiguiente, aceptando de forma racional que esta opinión
bace que el individuo se considere valioso), encuentro que una vez que
el paciente está convencido de que por el hecho de ser es valioso, deja
r52 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

de sentirse tan ansioso sobre sus realizaciones. Ya no piensan más que


deben triunfar en todo lo que hacen y lo que no hacen. Esto es verdad
porque su ansiedad previa para conseguir éxito, ser amado o prender
fuego al mundo se originó en el sentimiento fundamental (creencia) de
que «sólo de esta forma puedo llegar a ser digno de consideración»:
o en esta otra frase aún más enferma y corriente: «Soy una persona
que básicamente no hago nada bien, pero si me conduzco de forma
perfecta puedo engañü a la gente para que crean que soy digno de
consideración; pero si no consigo engañarlos, mi vida será temible,
horrorosa e intolerable>>.
«Hasta hace muy poco, pedía a mis pacientes que probaran que
no valían para nada cual, por supuesto, no podían-. Pero entonces
tuve que admitir que -loyo no podría probarles que eran personas dignas
de consideración, y esto me pareció una réplica muy débil al hecho de
que no fueran capaces de probar que no servían para nada. Por ltr
tanto, ninguno de nosouos probó nada, y los pacientes más inteligentes
solían pensar (y decir): <,Si usted no puede probar que soy digno de
consideración, todo se reduce a su postura afirmando que tengo un
valor frente a \a mía que lo niego; en realidad, ninguno de nosotros
sabemos lo que él está diciendo. Por lo tanto, ¿por qué voy a creerle?».
<.Sin embargo ahora les hago ver a mis pacientes que ya que esttí
aiuo, fundamentalmente su postura es que la vida merece vivirse, y por
consiguiente debe admitir que la única fuente de vida para é1
mismo- es valiosa siempre que la mantenga con vida. No hay ninguna -é[
necesidad de que se prueba nada, ni a sí mismo ni a los demás. No
obstante, déjale que averigüe cómo, por la definición del ser humano
digno de consideración, puede disfrutar de la vida más de Io que lo
hace ahora (lo cual todos suponemos que puede ser un proceso diverti-
do). Por lo tanto yo digo de nuevo: <,dejemos de hacer preguntas
tontas y sigamos con la cuestión de cómo mejorar el proceso de la vida
---cómo disfrutar más de la vida, ser más felices».
Otra forma de considerar la valia de un individuo ha sido desarro-
llada por el Dr. Edwin E. lü/agner (comunicación personal), el cual
señala que los sentimientos de inutilidad y depresión aparecen cuando
el individuo elabora un tipo especial de verbalización interiorizada
decir, que (a) él no es capaz de dominar las situaciones de la vida -es
ni
obtener 1o que quiere, a causa de su incapacidad esencial, y (b) siempre
será incapaz e incompetente y por consiguiente flunca conseguirá lo que
desea, O, exponiéndolo de otra manera, el individuo se dice a sí mismcr
no sólo (a) que es incompetente, sino (b) que es desesperadamente
incompetente. Y, en términos de lo que le rodea, el individuo deprimido
se dice a sí mismo (a) que las condiciones son terribles, y (b) que
siempre serán terribles y ?tunca mejorarán.
LA RAZON Y LA VALIA PER§ONAL 15)

Aunque las frases (a) del párrafo anterior pueden, al menos en


parte, ser verdad que el individuo puede set incapaz en la situa-
-ya
ción actual y las condiciones del mundo pueden ser bastante ¿dys¡s¿5-
las frases (b) no se apoyan en la evidencia objetiva, ya que no hay
pruebas que demuestran que el índividuo es desesperanzadarnente incá-
paz o que las condiciones serán siempre adversas. Como Ayer (1947)
y Stevenson (en Feigl and Sellars, 1949) seltalaron, las declaraciones
absolutistas como que un individuo es desesperanzadamente iacapaz o
que el mundo nunca mejorará, son en gran parte propuestas emótivas
y no verificables que consrituyen el juicio de valor personal del individuo
que hace tal declaración, y que en última instancia no puede ser aprobado
(o refutado) por ninguna evidencia empírica. Uno tiene perfecto derecho
a hacer tales declaraciones, si decide hacerlo, pero dicen muy poco o
nada en relación con el mundo objetivo.
Sin embargo, los postulados absolutistas o emotivos pueden tener
un efecto importante en los individuos que hacen tales declaraciones.
Si alguien uee qúe es desesperanzadamente incapaz, se sentirá deprimi
do, y no intentará lo suficiente hacer frente a la situación existente. Si
no se cree esta declaración emotiva y no verificable, probablemente se
tratará de hacer frente a una situación mundial difícil es muy pro-
bable que se tenga éxito-. Las suposiciones de que uno -y en esencia no
tiene ningún valor, en el fondo son frases que no tienen un significado
obietivo, p€ro que pueden tener consecuencias muy perniciosas. Son
postulados metafísicos que reportan más periuicio que beneficio. Lo
mejor sería que el valor y el juicio se abstuvieran de desarrollar estas
suposiciones no verificables.
9
La razón
y el pensamiento inconscienlen
Antiguamente, antes que Sigmund Freud y su's más fervientes discf-
pulos desarrollaran un análisis profundo complicado de las motivaciones
del hombre, la palabra <<inconsciente>> significaba simplemente 1o que no
se recuerda o está fuera de la consciencia inmediata. Así, el conocido
novelista gótico Matthew G. Lewis escribió en el prólogo de su novefa
El Monje, que se publicó en 1796
La primera idea de esta novela la sugirió la historia del
Santon Barsisa, relatada en The Guardian. La Monia Sangrienta
es una tradición que todavía circula en muchas regiones de Ale-
mania y me han dicho que las ruinas del castillo de Lattenstein, por
donde se supone vaga ella, pueden verse en los confines áe Ta-
ilngia. El Rey de las Agaas, de la tercera a la duodécima estrofa,
es el fragmento de una balada danesa original, y Belerma y Duran-
darte es la traducción de algunas estrofas que se encuentran en una
colección de poesía española antigua, la cual contiene también la
popular canción de Gayf eros y Melisandra, mencionada en el Qui-
jote. Hago, pues, plena confesión de todos los plagios de que soy
consciente; pero no dudo de que se encontrarán muchos oÍos,
de los que en este momento no tengo la menor idea.
Por lo tanto Freud no inventó \a idea de pensamiento inconsciente;
él simplemente profundizó en ello y lo extendió, de forma que hoy <<in-

* Este capítulo es la adaptación de una chatla, «Hidden Problems of Sex


and Violence», dada en el Cooper Union de Nueva York el 30 de noviembre
de 1960.
r56 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

consciente)> ha llegado a significar lo que está profundo e inaccesible en


Ia psique de uno y que es el primer motor de casi tadas los deseos más
importantes. También lleva implícito el significado de que es una cadena
de hechos cruciales en la infancia de la persona, tales como las ataduras
edípicas hacia el padre y la madre, las cuales hace tiempo se reprimieron,
debido al sufrimiento que iba parejo a la experimentación de estos
hechos, y que ahora están en la ruíz de los problemas emocionales de la
persona, los cuales deben ser sacados a la luz con mucho cuidado a tra-
vés de un dilatado proceso psicoanalítico de libre asociación, de análisis
del sueño y de trabaio en la relación de ransferencia con un analista
preparado.
En otras palabras, un sentimiento o pensamiento inconsciente, hoy
día, significa una idea o emoción (a) que la persona conoce pero sus orí-
genes son completamente desconocidos e inaceptables para él; o (b) que
la persona no sabe que la tiene porque se avergüenza de forma consciente
de reconocer su existencia. Esta definición de inspiración psicoanalítica
de los procesos psíquicos inconscientes puede muy bien llegar tan lejos
como quiera, pero sin embargo no se adapta lo suficiente a mis experi-
mentos teóricos o clínicos; ya que he averiguado por mi práctica psicote-
rapéutica en los últimos veinte años, que existen muchos aspectos incons-
cientes de la conducta humana que no están incluidos en los motivos o
sentimientos seriamente reprimidos o profundamente enterrados. Yo
afirmaría, en cambio, que las perturbaciones emocionales se originan en
gran parte por sentimientos o ideas ocultas que las ideologías
inconscientes o desconocidas que nos llevan a -pero
conducirnos de forma neu-
rótica en absoluto están tan profunda y misteriosamente ocultas como
todavía creen los psicoanalistas clásicos.
En su lugar, afirmo que lo que es importante y está oculto en la
mayoría de los casos en que el individuo está perturbado emocional-
mente no son los hechos de sus problemas, ni las razones por las que
se originaron estos problemas; al contrario, 1o que es en verdad desco-
nocido para él es la causalidad actual de sus dificultades, y esta causali-
dad no está oculta en lo profundo, sino que en la mayoría de los casos
se la puede traer a la consciencia con rapidez. Por lo tanto, mantengo
que aun los más inconscientes pensamientos pueden ser directamente
entendidos y atajados y los problemas emocionaies que originan serán
resueltos, con tal que la persona perturbada y su terapeuta no estén ata-
cados por los llamados prejuicios centrales profundos, los cuales hacen
que se nieguen rotundamente a ver los procesos del pensamiento incons-
ciente (a los que Freud en sus primeros escritos llamó los procesos
preconscientes) que están prácticamente ante sus narices.
Para ser más específico, voy a cif.ar un caso puntual. Hace bastantes
años estuve tratando a un hombre de negocios joven y bastante brillan-
te: estaba convencido que era completamente impotente porque había
LA RAZON Y EL PENSAMIENTO INCONSCIENTE 157

fracasado rotundamente con las dos últimas chicas con las que había
intenrado tener ¡elaciones sexuales. El había leído algunos estudios
psicoanalíticos y, muy alterado, empezó a hablarme de s'u infancia: en
particular sobre sus sentimientos de deseo hacia su nradre a los ocho
años, sus relaciones incestuosas con una tía suya joven a los doce y sus
temores juveniles a que su padre le sorprendiera en el acto de la mas-
turbación. Para su sorpresa, yo no estaba muy interesado en este mate-
rial de su infancia, y mucho menos en sus sueños sexuales largos y
complicados que me estuvo contando.
Viendo lo desinflado que estaba que estos pacientes influidos
por el psicoanálisis con frecuencia se-yadeprímen cuando yo, con sangre
fría, les privo del placer de sacar fuera tádos los detalles sangrientos-de
sus primero le expliqué que estaba más interesado en un
hecho que él ignoraba totalmente: a saber, durante los últimos veinte
años había estado manteniendo unas relaciones sexuales satisfactorias, a
pesar de su complejo de Edipo, su incesto público, sus miedos a la cas-
tración, etc., y que sólo muy recientemente, después de dos fracasos
consecutivos, había él evidenciado algún problema de impotencia.
«¿Cómo puede ser pregunté a este paciente- que todos estos
-le que usted está parcelando para
terribles complejos freudianos que yo
me entere no le afectaron en su vida sexual antes de ahora? La vida
sexual que ha llevado durante los 15 últimos años avergonzaría hasta
el mismísimo \X/ilhelm Reichian, y sin embargo usted está convencido
de que el que deseara a su madre a la edad de ocho años le ha arruinado
completamente su vida. ¿Cómo puede ser eso?>>
-El paciente de momento se desconcertó. Después continué con mi
usual eafoque racional-emotivo y empecé a demosirarle que su infancia
y las ideologías transmitidas poi sus padres tenían poco qu. ,.r, en ese
momento, con su problema sexual. Insistí, por el contrario, en que era
él el c1ue, agarrándose en la actualidad a iü mierda y readáctrinándose
de forma activa, se estaba afectando negativamente.
«¿Qué _quiere usted decir?»>, preguntó muy desconcertado.
. «Yo sólo quiero dgqi¡ que piácticamente toda la per-
turbación emocional es tan -s6¡¡esté-
simple como .i A-n-C usted u. d. for-
ma clara el A-B-C de lo-que le está ocurriendo. En -si
el punto A algo ocu-
rre ejemplo, la chica con la que usted está haie un coméntario
sobre-por
el. tamaño pequeño de sus órgános sexuales, o indica que a ella le
es difícil satisfacerse sexualmente y que quizás usted no va a conseguir-
lo. En el punto C, usted se siente impotenie. Entonces, de forma errónea
usted se cree que es A quien origina C las observaciones de ella
hacen_ que usted fracase sexualménte-.-que O cree que es otro tipo de A
---el hecho,.por ejemplo, de que desea¡a u r, *rá.. a los ochá años y
de que se sienta culpable por ello- el que origina su impotencia en ál
158 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

punto C. De hecho, sin embargo, A tiene muy poco que ver con la
causa del C.»
«¿Qué es pues lo que causa C, o mi impotencia?>>, preguntó mi
paciente.
<<B lo hace cs¡¡ss¡{-. Y B es lo que usted se dice a sí mismo
en este caso son un montón de tonterías que se dice- en relación
-y
con A. Así, en lugar de decirse <<Está bien, así que ella piensa que
tengo un órgano sexual pequeño; pero puedo utilizarlo de forma eficaz
para satisfacerla a ella y a mí>>, o <,Bien, quizás es difícil satisfacerla
sexualmente, pero puedo intentarlo. Si tengo éxito, bien, y si no, pues
será una pena, pero no una catástrofe>>, es obvio que se está diciendo
algo del tipo de: .. ¡Oh, Dios mío! ¡Es terrible que piense que tengo los
genitales pequeños! », o <(¿No sería horroroso que no pudiera satisfacerla
sexualmente y ella pensara que no soy un tío buenoT»>. Y al decirse
estas {rases tan catastróficas y falsas en el punto B usted ocasiona, sí,
literalmente ocasiona su impotencia en el punto C>>.
«¿Pero mi educación infantil no tiene nada que ver con todo esto,
aun cuando lo que usted dice es verdad y yo me díga a mí mismo
todo eso?>>
algo que ver con Io que usted se dice en B, ya que está
<<Sí, tiene
claro que usted no nació pensando todos esos absurdos tan catasüóficos
en el B, y debe haberlos aprendido en algún sitio. Sin embargo, no es
muy importante saber que usted lo aprendió cuando le enseñaron a ser
culpable porque deseaba a su madre, tenía relaciones sexuales con su tía
o sentía miedo de que su padre lo castrara. Lo principal y más importan-
te es que usted ha continuado diciéndose durante estos últimos quince
años el mismo tipo de frases falsas que le enseñaron en su infancia, y es
la reiteración de estas frases lo que las mantiene vivas ahora y hace que
se perpetúen los pensamientos ilógicos que usted se dice en el punto B.»>
«Pero ¿por qué son tan ilógicas las cosas que me dígo? ¿No era
terrible que yo deseara a mi madre a los ocho años?; y ¿no es horroroso
que mi compañera haga observaciones críticas sobre el tamaño de mis
órganos sexuales?»
<<En absoluto. Era completamente normal y natural que deseara a
su madre cuando era un niño; y aunque usted cometiera actos que social-
mente no se aceptan, como tener relaciones con su tía, es de esperar que
los niños y los adultos sean falibles y cometan errores sexuales. E[ cul-
parse constantemente por cometer tales errores de seguro que e§ auto-
destructivo e ilógico. Y aunque no es deseable que la chica con la que
se está piense que los órganos sexuales de uno son demasiado pequeños,
eso no es, como ya señalé antes, algo necesariamente catastrófico; y
usted puede estar a gusto con ella o con cualquier otra chica si deja de
decirse que las observaciones y sentimientos de ella hacia usted son ho-
rribles. >>
LA RAZON Y EL PENSAMIENTO INCONSCIENTE 159

«Entonces mi pacients- aun cuando las cosas que me


-preguntó
ocurren en el punto A ---como desear a mi madre o estar con uná chica
que hace comentarios groseros sobre el tamaño de mis órganos sexua-
les- no sean deseables, no tienen porqué conducirme a resJltados nega-
tivos en el punto C, como mi propia impotencia, a menos que yo me
diga que estos hechos tan poco deseables son horrorosos, terriblej e im-
perdonables. ¿No es así?»
«Sí ----contesté- así es exactamente. Y si yo puedo convencerle,
pero realmente convencerle, de que sus alteraciones emocionales, en las
que se incluyen este síntoma de impotencia por el que usted está tan
preocupado ahora, son el resultado de lo que se dice en el punto B, en
lugar de ser el resultado de lo que la demás gente dice, piensa o hace en
el punto A, entonces usted será capaz de cuestionar y desafiar todos los
sinsentidos que se repite a sí mismo y en poco tiempo dejará de sentirse
alterado.,
De hecho así ocurrió. A las tres semanas mi paciente empezó a
recobrar su capacidad sexual y pronto sintió que, sexualmente, estaba
funcionando mejor que nunca. Pero lo que es quizás más importante,
para su sorpresa empezó a admitil que, durante muchos años, había
tenido problemas que no eran sexuales, en especial el ser tímido y débil
en muchas situaciones sociales y de negocios. Además de trabajar en sus
problemas sexuales, empezó a trabajar en las cosas que se decía y que
daban origen a esa timidez, y mejoró considerablemente. Yo he hablado
con é1 de vez en cuando desde entonces (ya que suele llamarme para
enviarme nuevos pacientes) y esa mejoría se ha mantenido en los últi-
mos cuatro años y, por lo que se refiere a su impotencia, parece que
está completamente curado.
En este caso el principal punto es que el paciente era plenamente
consciente de su problema sexual cuando vino al tratamiento, ya que era
consciente de lo que tenía. Algunos de los orígenes más importantes de
su problema no estaban ocultos, ya que él los había averiguado como
resultado de sus lecturas psicoanalíticas. Pero era completamente incons-
ciente del elemento más importante de su perturbación: a saber, sus
frases exclamatorias frases tan ilógicas y catastróficas- que se
decia a sí mismo en -las
el punto B. Y cuando estas frases ocultas se traje-
ron a la luz, en las primeras sesiones de terapia racional-emotiva, y se
le hizo ver cómo estaban destruyendo sus propios objetivos y eran el
origen de su actual impotencia, él fue capaz de transformar estas frases
y mejorar significatívamente.
Yo afitmo que éste es el caso más normal en las dificulqdes emo-
cionales. El problema en sí, a menudo, no está muy escondido; y el
origen del problema puede que sea conocido o que sea inaplicable para
la solución. Así, el saber que las actuales dificultades sexuales se pue-
den relacionar con el complejo de Edipo con frecuencia sirven de muy
160 RAZON Y EMOCION EN PSTCOTERAPIA

poco en el proceso de liberación de esta dificultad. Pero si se conocen los


párrafos y frases exactas que uno se dice en ese momento y que originan
)¡ sustentan los problemas sexuales, es factible erradicarlos.
Permítanme dar una mayor ilustación de esta tesis con un proble-
ma de violencia. En este caso concreto, el de un ama de casa'de l5
años, el problema en sí estaba oculto, ya que ella había venido a la tera-
pia porque tenía fuertes dolores de cabeza; al principio no se daba cuen-
ta.de que odiaba con violencia su papel de ama de casa y a menudo pen-
saba asesinar al más pequeño de sus tres hijos. Sólo después de qui le
señalé categóricamente que, en el campo teórico, si tenía esas tensiones
físicas, era porque odiaba a alguien o a algo, sólo entonces empezó a
admitir ante mí y ante ella que sentía una fuerte hostilidad hacia su
marido, sus hijos y el mundo en general. Entonces me contó una histo-
ria terrorífica: que se quedaba dormida durante el día y en ese estado
de duermevela, soñaba que su hija de dos años se perdía en una calle
de mucho tráfico, o la quemaba por equivocación; otras veces la muti-
laba o mataba.
Era bastante significativo; esta misma paciente, después de indu-
cirla a revelar sus criminales pensamientos en relación con su hija, recor-
dó también que nunca había consentido en masturbarse de forma cons-
ciente cuando era jovencita, pero que a menudo se había encontrado
haciéndolo en el mismo estado de ensoñación que ahora utilizaba para
sus fantasías sádicas.
A primera vísta, éste parecía ser otro caso jugoso para el sofá del
psicoanalista clásico, ya que mi paciente, cuando era una niña, había sido
rechazada por su madre, y había tenido sensaciones sexuales claras, con
bastante culpa, cuando su padre, al que estaba muy unida, la balanceaba
en sus rodi[as y estaba físicamente muy cariñoso con ella. En mis viejos
tiempos de analista, habría vacilado un poco al interpretar que ella se
identificaba con su madre y quería castigar a su hija pequeña por los
pecados que había cometido ella en su infancia; que, en lugar de ser una
esposa y madre responsable, quería seguir siendo una esposa-niáa para
su marido, ya que ella había sido algo de eso para su padre; y que
estaba muy resentida de su marido y de sus responsabilidades de ama
de casa cuando él se negó a dejarla representar ese papel infantil.
Yo le hice ver, muy suavemente, las conexiones que existían entre
su historia pasada y su resentimiento actual hacia su hija. Pero, siendo
un terapeuta más sabio y quizás más triste que cuando practicabá el aná-
lisis clásico hace algunos años, no di demasiado énfasis a la transferencia
del pasado al prgsente de la paciente. Y, como sucede a menudo, me
encontré con que, aunque la paciente estaba deseosa de aceptar este tipo
de interpretación, y estaba de acuerdo en el hecho de que se identifica
con su hija y quería ser una esposa-niña para su esposo sustituto del
padre, esta nueva introspección en los orígenes de su perturbación la
LA RAZON Y EL PENSAMIENTO INCONSCIENTE 1ór

ayudaron muy poco. Siguió viniendo a las sesiones, y siempre con los
mismos pensamientos y fantasías homicidas sobre su hija.
Entonces intenté un enfoque del tipo de TR más activo-directivo
con esta paciente e intenté hacerle ver que, al margen de lo que la
hubiera ocurrido en el pasado con su madre y su padre, la causa teal de
su perturbacíón actual era que ella, en el punto B, se decía {rases del
tipo de: «Todauia sigue siendo terrible que yo sintiera placer sexual
con mi padre; para expiar mi pecado debo castigarme a mí y a mi hiia
y traer la muerte y destrucción a nuestras cabezasrr. Y: <<Es terrible-
mente injusto que tenga que cuidar de mi casa, mi marido y mis tres
hiios y no pueda ser la niña irresponsable que era cuando era pequeña
y mi papá se ocupaba de mí. Las cosas no deberian ser así de malas y
yo me veré colgada si permito que continúen de esta manera)>. Y otra
vez: <<Mi hija pequeña es una molestia paru mi y no debería compor-
tarse en la forma que lo hace cuando yo tengo tantas responsabilidades y
tantas cosas que hacer. ¡Ya le daré a ella por ser tan molesta! »>.
Al principio, como suele ser verdad, se mostraba remisa a aceptar
ertas {raier. Éero continué probándole una y otra vez que, no había
forma de obtener los resultaáos que ella obtenía, a flo sel que se dijera
frases absurdas de ese tipo. Después, vino a verme un día y me dijo
que no había tenido dolores decabeza durante toda la semarla, pero que'
justo la noche antes de venir a verme, había tenido un dolot de cabeza
terrible.
«¿Qué se estaba diciendo a sí misma justo antes de
empezar a tener ese dolor de cabeza? »>
-pregunté-
<,Nada _contestó_, nada en absoluto.»
«Es completamente imposible En primer lugar, nunca nos
-dije--.
decimos nada, ya que estamos pensando constantemente es, di-
-esto
ciéndonos frases interioúzadas a nosotros mismos ----en algo. En segun-
do lugar, si usted tuvo el dolor de cabeza de nuevo, en el campo teóri-
co, debe haberse estado diciendo algo, ya que no hay magia, y los sínto-
mas neuróticos deben tener alguna causa. Ahora, ¿qué se decía a sí
misma?>>
<<Bien, ahora que usted me obliga a pensar en ello, me acuerdo que
me estlrve diciendo algo antes de que el dolor de cabeza empezara, du-
rante toda la semana anterior a que comenzara de nuevo.»>
<<¿Y qué era?>>
<<Me estuve diciendo --de la forma en que me ha enseñado en
estas sesiones- que lto ert terible ni horroroso la forma en que mi hiia
se estaba comportando; que a veces le debia de dar cien patadas, y que
no era tan teffiblemente injusto que me obligara, por ser pequeña y no
poder ayudar, a asumír responsabilidad y tabaio que no son interesan-
tes y por los que no soy capaz de entusiasmarme.>>
«¿Y qué sucedió cuando se decía esas frases?»>
162 RAZON Y E,MOCION EN PS¡COTERAPIA

<<Bien, ya se lo dije antes, he pasado mi mejor semana desde hace


muchos años. De hecho, no recuerdo ninguna época en mi vida que me
haya sentido tan bien y tan libre de la tensión fisica y los nervios.
¡Esas
frases han sido como un hechizo! >>

« ¡Estupendo! Pero ¿qué pasó que hizo que usted las cambiara?>>
<<Humm. Veamos. Ayer durante todo el áía, todo fue bien. Creo
que la pequeña línda estaba mal, pues ruvo un día difícil; derramó la
mayor parte de la comida que le di y gritó como una loca, aun cuando
yo estaba. de lo más paciente. Pero seguí diciéndome a mí misma que
ella es así, los niños son de esa munera y aunque es muy penoso es así
como son. Todo fue bien. Después llegó Joe a casa a las seis, y
ver. . . >> -déjeme
«Sí, ¿qué pasó cuando Joe volvió a casa?>>
<<Humm. Oh, sí, ya recuerdo. El había tenido un mal día en el
[abajo y, al ver que estaba de buen humor, cosa que no es normal, em-
pezó a desahogarse riñendo conmigo. Me hizo una crítica, me dijo que
no era una buena cocinera ni una persona estupenda, que se lo había
e.stado guardando durante algún tiempo y que no se había atrevido a
decirlo hasta ahora. Bien, antes de q.,e me diLra cuenta se había lanzado
a todo volumen. Y yo... ¡sí! , eso es. Ahora me acuerdo realmente: Ie
seguí durante un tiempo, pero después me dije: " ¡Maldiciónl Me com-
porto tan bien con Linda, que es sólo una níña, y la soporto durante
todo el día, y Joe, que es 1o suficiente mayor como para saber portarse
mejor, y con quien me casé justo porque no era, por lo menos entonces,
crítico, resulta que ahora se porta peor que la niña. ¡Qué iniusto! Des-
pués que he sido tan amable durante toda esta semana. ¡En verdad no
me mefezco esto! >>

<< ¡Ahl »>, dije, su voz apasionada y sus mejillas se enrojecieron al

unísono con los sentimientos que estaba reviviendo ahora, <,por lo tanto
usted se dijo algo justo en el momento antes a que su dolor de cabeza
empezara.)>
<<Sí tímidamente-. Me imagino que sí. ¡Y de qué ma-
nera! Ya-sonrió
comprendo 1o que usted quiere decir. Me imagino q.re iiempre
es de la misma manera; cuando actúo bien durante un tiempo pienso
que merezco más que nunca que todo esté de mi lado, y que no merez-
co ser criticada o desaprobada. Por 1o tanto, a la mínima provocación,
me llega el turno del resentimiento y me aparece el dolor-de cabeza.»>
<<Exacto. Usted, en esas circunstancias, vuelve a su filosofía habi-
tual: .que es injusto y horrible que no consiga lo que quiere, en especial
cuando ha sido tan amable durante un tiempo. Y usted protesta contra
la supuesta injusticia de verdad, pero esa protesta, poi desgracia, se
vuelve contra usted.»
« ¡Qué razón tíene! Lo veo muy claro ahora. En verdad debo
tener cuidado con mi filosofía, ¿no?»
LA RAZON Y EL PENSAMIENTO INCONSCIENTE t6J

Y lo tuvo, tuvo cuidado de las frases interiorizadas que a menudcr


repetía y que componían su filosofía. Unos meses más tarde no sólo
habían desaparecido sus pensamientos homicidas, sino que se llevaba bien
con su marido, sus otros hijos y con bastantes amigos y parientes. Sus
pensamientos inconscientes de violencia desaparecieron y, lo que es más
importante, durante el proceso terapéutico racional-emotivo se hicieron
evidentes las frases concretas que ella usaba y daban origen a su vio-
lencia; pudo, de forma consciente, cuestionarlas y desafiarlas hasta que
las rechazó totalmente.
Una y otta vez, en el curso de la TR, los pensamientos y senti-
mientos que parecen ser profundamente inconscientes se hacen eviden-
tes tan proto como la moral arbitraria del paciente hecho de que é1
culpe o-castigue a sí mismo o a los demás- se sale-elalahtz y se desafía
con decisión. IJna vrz que el paciente, a causa de este ataque racional a
sus tendencias moralizadoras, empieza a adquirir una filosofía que no es
culpabilizadota, y a aceptarse a sí mismo y a los demás como personas
ndi nas de consideración» porque existen y están vivos,.no tiene porqué
r.güi. -nnt.niendo sus problemas ocultos y se siente libre--para admi-
tirlos y expresarlos de foima abierta. La f,¡erza Freud llamó super-
ego, pero que se puede definir de forma más -que
operacional como una
,uto.ulpu aibitrarii y enérgica- que le induce a no considerar sus equi-
vocaciones se anula- terapéuticamentey su exÚema necesidad de ser
inconsciente de sus penrámientos, sentimientos y acciones más signifi
cativos desaparece.
Permítánme ilustrarlo con otro caso. Hace unos años estuve viendo
a un hombre de 11 años que tenía una de las tendencias inconscientes
hacia la violencia sexual más extremada que me he enconrado en mi
latga vida como psicoterapeuta. Deseaba relaciones sexuales ilícitas de
forma compulsiva, antes y después de su matrimonio con una mujer
encantadorá de la que decía estar realmente enamorado. Esta necesidad
sexual por lo general se rnanifestaba en que seguía a chicas-ióvenes o
señoras mayorás por una calle oscura durante la noche, de forma vio-
lenta y .ruél l.r Éacía proposiciones y, si no aceptaban de inmediato, las
golpeába con fuerza y ,ali^ corriendo. Después, cuando se dio cuenta
á" io peligroso que .iu etto, modificó su {orma de actuar, ya no hacía
proposiciones sexuales a sus víctimas sino que las seguía sin ser visto y
las golpeaba sin ninguna provocación previa.
-Aunque
este paciente, sorprendentemente, nunca fue cogido des-
pués de dóce ataqués a diferentes mujeres, su mujer empezó a sospechar
por las contusiones que tenía, y él le dio una versión parcial de lo que
había estado pasando. Hablando del tema con ella, decidió asistir a un
tratamiento piicoanalítico clásico y permaneció en él durante seis años,
a una media-de tres a cinco sesiones por semana. Su analista le conven-
ció de que tenía un gran sentimiento inconsciente de hostilidad hacia su
164 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

madre, la cual-él pensaba que había favorecido mucho más a su


hermano
mayor que a é1. Le animó a que reconociera y abandonara esta t oriilia.a
de forma que no tuviera qrré p.oy..trrlo en otras mujeres.
De acuerdo con esto, el paciente empezó .n(r.itarse a su madre
^
en términos bastante dudosos.-Le.dijo qui siempre lahabía odiado
favorecer a su hermano, y al final iompió .on .ll. ..-pf.,r.Ár.. [or Al
mismo tiempo, animado por su analista,-luchó de forma uiol.r,t" con su
.su padre y su socio; cabe presumir que .onr...r.ncia de
herma.no,
esto liLreró "
.una gran cantidad de agresividad reprimida.
Este tipo de traramiento, portesgracia, ná funcionaba muy bien,
aunque era bastante gratificanre para e[-pacient.. Cr.náo uino-r'u..r.,
aún seguía atacando de forma oiasional^a las mujeres en las.áil.r; y,
1o
.que -es más, hacía poco que había incendiado ,, ¿;;-p;;; .1il.u. lu
póliza del seguro y por po.o mata a su hija de seis rá.r, á1. q*
¡.Ui,
obligado a permanecer en la casa durante un. rato para que asi el fuego
pareciera más auténtico.. Obviamenre este paciente ieguía'teniendo
serios
problernas.de sexo y violencia, y en aparieñcia las razones de
-sino
^unqu. que se había averieuado
estos problemas- ya no estaban ocultas,
de
forma .psicoanalítica su hostilidad hacia su madre, I.; p;"bi;;r, aú.,
persistían.
. . Enseguida adopté con esre. paciente
,había una línea distinta a la que
utilizado el
terapeuta anterioi e intenté, d.rd. .ll.i*ipio 1,...¡.
ver que no era hostil solamenre con las mujeres, sino con t"dt .i mundo
prácticamentg, y que esta hostilidad no iba a desaparecer sólo porque
la admitiera honestamente y se liberara de ella p,ibli.áÁ.nt. á-iriu¿. ¿.
su madre o. de cualquier otra persona. Insistí .n qr. tenía una ?ilosofía
-había
que reforzaba su hostilidad, y su criterio, que lo adquirido en su
infancia y ahora lo seguía repitiendo ,rn. y ot.u vez, era qr. iá g.nr.
(en-especial los que estaban cerca de é1) deberian quererle a éfpor
encima
de.los demás , y deberian acceder a todas sus exigencias, tanto .i ,or, a.ro-
nables como si no. En lugar de creer, como cualquier
juicio haría, que está biea y es agradable que lás demásf.rronu en su sano
le aprueben o
hagan 1o que él quiere, constantemente se estaba convenciendá a sí mis_
mo que era necesarir¡ ,v obligatorio que los demás actúen así, y (como
consecuencia natural de esta creencia tan estúpida) que no valdián para
nada
_si
no le quieren y le ayudan siempre.
De {orma basrante peculiar, la tera¡ia psicoanalítica de este pacien-
te le había ayudado , .ét".,.r e intensiiicar sus convic.ion., hortil., -y
arnbiciosas, ya qu: aparenremente su analista también .r.i. q".l. *r¿r.
de una persona debe que.rer a-todos sus hiios de la misma forma y es
una perra si no lo hace así, por lo que merece ser ratada de forma hostil.
Frente a la orientación psicoanalítica previa, me esforcé en hacerle ver
al paciente que no habia ningunu ,uión por la que su -udr. i.ndri,
que haberle querido ninguna razón, si vamt, a eso, por Ia que
-ni
LA RAZON Y EL PENSAMIENTO INCONSCIENTE I (r'r

nadie en el mundo tiene que darle el cariño o las cosas que a él lc gus,
taría tener. Aunque tenía bastante dificultad en conseguir que él vicrrr
esto y Io aceptara, continué exponiéndole y atacando su ambiciosa filoso-
[ía de la vida. Por fin vino un día a mí y me dijo:
<<Estoy empezando a comprender lo que quiere usted decir cuando
habla de no culpar a los demás por sus equivocaciones y errores. Mi
madre llamó el otro dia primera vez en un año que se atreve a
-la las cuarenta la última vez que hablé con
hacerlo, después que le canté
ella- y, después de estar amable durante unos minutos, empezó a
quejarse como siempre de 1o terrible que era que todavía tuviera que
seguir con Ia psicoterapia, que no estaba logrando nada en la vida y
tonterías de este estilo. Como suele pasar, empecé a notar que me
congestionab?' y ya estaba dispuesto a reñir.»
<<Pero entonces ----{omo usted me ha enseñado ¿ h¿6g¡-, me pre-
gunté: «¿Qué me estoy diciendo a mí mismo que me hace estar tan
enfadado con esta pobre mujer? Ella no me está volviendo loco, soy
yo)>. E inmediatamente comprendí que me estaba diciendo a mí mismo
que no debería ser el tipo de muier refunfuñona y lagarta que es y ha
sido siempre. Por consiguiente, me dije: «Está bien, ¿por qué no debería
ser en la forma que es y ha sido siempre?». Y por supuesto que, como
usted me ha estado indicando, no encontré ninguna buena razón por
la que no debería ser como es, ¡porqué no existe al ruz\nl Es cierto
que sería más agradable si fuera tranquila, aprobara las cosas, etc...
Pero no es así, ni lo va a ser, y además no necesito que lo sea para
que en el mundo me vaya bien.,>
«Bien, en cuanto vi eso de forma clara, desapareció toda mi cólera
contra esa muier. Como experimento, intenté dar marcha atrás y enfa-
darme de nuevo con ella, pero no me fue posible. Al contrario, estuve
muy amable con ella su sorpresa, se puede imaginar- e incluso
la invité a cenar a mi-para
casa para Navidad cual no lo había hecho
nunca ni pensaba hacerlo. Me sentí muy bien -1ode ser capaz de hacer eso,
no por ella, pienso, sino por mí. Ahora veo claro que no se tiene que
compartir las opiniones de personas como mi madre, ni créer que uno
es un gusano porque ellos lo piensen; no hay que luchar encarnizada-
mente con ellos para demostrarles que no se está de acuerdo con sus
puntos de vista. Pienso que hay un tercer camino, que es el de aceptar
con tránquilidad su forma de ser y hacer caso omiso de sus observa-
ciones y actitudes malintencionadas. Y este tercer camino es el que voy
a intentar a partir de ahora; si lo consigo, estoy prácticamente seguro
que no tendré que atacar más a mujeres, hombres o cualquier otra
persona.)>
Todo lo cual fue completamente cierto. Han pasado varios años
desde que mi paciente terminó la terapia, y no ha vuelto a sentir la
inclinación, durante todo este tiempo, de atacar a las mujeres, incendiar
166 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

casas o de cometer cualquier acto de violencia sexual o no sexual que


solía hacer de forma tan compulsiva. Las razones para sus antiguas
fantasías y actos sádicos causa no era una hostilidad inconsciente
hacia su madre, sino la -cuyá
creencia subyacente de que prácticamente todo
el mundo debía aprobarle y cumplir sus mandatos- ya no estaban
ocultas. Había sacado sus filosofías básicas de la vida alaluz, y, lo que
es más importante, había sido capaz de analizar, atacar y destruir de
{orma lógica estas filosofías autodestructivas. Con este sistema de valo-
res nuevo mucho más consciente- no ha tenido necesidad de ser
-y
abierta o disimuladamente hostil hacía los demás, por lo que su violen-
cia ha perdido su principal apoyo.
Por consiguiente, en la psicoterapia racional-emotiva, las emociones
negativas del individuo pueden ser completamente evidenciadas y reco-
nocidas, ya que se hacen análisis despiadados y contraataques de las
fuerzas filosóficas de estas emociones, de forma que puedan ser reem-
plazadas con filosofías de la vida más sensatas y útiles. Mientras que
la mayor parte de las formas convencionales de terapia sólo ayudan al
paciente perturbado a adquirir la Introspección n.o 1, la TR le ayuda
a adquirir y utilizar las Instrospecciones n." 2 y J. La Introspección
n." I utiliza un tipo de comprensión que los freudianos hacen mucho:
a saber, que los individuos se den cuenta que sus hechos actuales tienen
una causa previa o antecedente. Así, en el caso del paciente que acaba-
mos de tratar, su primer analista le demostró que su hostilidad infantil
hacia su madre era la causa inconsciente y previa de parte de su hostili-
dad actual hacia las mujeres.
Introspección n." 2: Es una ampliación profunda y más concreta
de la Introspección n." 1: a saber, la comprensión de que las ideas
irracionales que el individuo adquirió en su pasado todavía existen,
y que si en gran parte existen es porque continúa readoctrinándose con
estas ideas diciéndose de forma consciente o inconsciente (vol-
-sigue
viendo al caso del paciente que atacaba a la mujer) que su madre no
es buena, que debería amarle y aprobarle, que los demás deberían
aceptar sus mandatos, y en caso contrario serán unos malvados.
La Introspección n." 3, que en muchos aspectos es aún más impor-
tante que la Introspección n." 1 y 2, pero que también depende de estas
dos y es una ampliación de ellas, es la comprensión total por parte del
individuo perturbado que lo que tiene que hacer simplemente es
cambiar su pensamiento ilógico y erróneo (cuyo origen está en el pasado
y se repite en el momento actual). Así, en el caso que acabo de exponer,
tuve que hacer ver al paciente que atacaba a las mujeres, que su viejo
odio hacia su madre provenía de una filosofía infantil que mantenía
que debia ser atendido por los demás, y que su hostilidad actual hacia
su madre y otras mujeres era el resultado de la autorrepetición de esta
opinión infantil; pero también tuve que convencerlo que, a menos que
LA RAZON Y EL PENSAMIENTO INCONSCIENTE t6'1

enérgicamente desafiara y cuestionara sus ant€riores y.actu.ales. opinioncs


rát.E mundo, posiblámente no podría evitar ser hostil ni §entir la
.t
necesidad de atacar a las muieres.
Esto por 1o general se cumple, y por desgracia la mayoría de los
psicoterapeutas modernos 1o ignoran o 1o pasan por alto' A menos que
.l pr.i"ni., después de adquirñ las Introspecciones n." 1y 2, comprenda
y á..pr. .Í h..ho de que-zo bay otra lorna de m-ejorar que atac.ando
á. form^ enérgica y constante ius ideas i¡racionales q-ue adquirió en
su infancia y q,ie ,ún las mantiene, no podrá superar de forma de{initiva
,., p.rtrrbáión.emocional. Es por esto por lo que-muchos individuos
que en consiguen un, inttotpeición completa, y que durante
^paflenüa
Á,-r.ho, áños ha.en unf psicoterapia intensiva, no logran ayudarse de
{orma apreciable. Afrontán y aceptan la Introspección n'" 1, y quizás
la 2, pero no ven o acePtan la Inrospección n'" J.
ia psicoterapia racional-emotiva, aunque a menudo se la ha acusa-
do de sér menos intensiva y no tan .,profunda,> como el psicoanálisis
clásico u otras terapias <(cenrales profundasr, es quizás la forma más
profunda de terapia que se conoce hoy día, ya que subraya sobre todo
ia adquisición del paciente de las Introspecciones n.o 1,2 y -3; insiste
en el-trabajo p.rsónal en casa, en descondicionar y desensibilizar los
hechos deniro y frr"tu de las sesiones terapéuticas y en otras formas de
trabajo activo por parte del paciente que le ayudan a refo¡zar sus
Introspecciones n.o I y 2 y a poner en práctica la Inrospección n'o J'
Á las técnicut pti.oté..péuticas normales de exploración, ventila-
ción, excavación e inierpretación, el terapeuta racional añade las técnicas
más directas de confroñtación, refutación, desadoctrinamiento y reedu-
cación. Por consiguiente afronta de forma clata y ataia con resolución
los modelos más lecalcitrantes y más profundamente arraigados de la
perturbación emocional.
10
La Psicoterapia activo-directiva"
La mayor parte de las escuelas de psicoterapia más conocidas e
importantes, en particular la escuela freudiana clásica en un extremo
de la escala y la escuela rogeriana, centrada en el cliente y no directiva
en el otro, renuncian rotundamente a los modos de terapia activo-direc-
tivos y apoyan con entusiasmo los modos pasivo-indirectos.
Los defensores de estos métodos no directivos mantienen que es
el paciente el que debe aproximarse a la consecución de las introspeccio-
nes más importantes, antes de que la interpretación del terapeuta se
ponga de manifiesto; que la presentación autoritaria del terapeuta
favorece el que se perpetúe la dependencia por parte del paciente; que
las técnicas directivas son muy poco democráticas y éticamente iniusti-
ficables; que el paciente tiene un enorme potencial para desarrollarse
dentro de sí mismo y que este potencial se puede liberar mejor si el
terapeuta es no directivo y que serias desventajas sobrevienen cuando
el terapeuta es bastante activo o interpretativo (Freud, 1924-1950;
Rogers, 1951; Snyder, 195)).
Por otro lado, en los últimos diez años la teoúa y práctica psicote-
rapéuticas han dado \a ter^pia activo-directiva una importancia mucho
mayor de la que tuvo^ en verdad en las décadas anteriores (Ellis, 1955a),
Varios grupos influyentes, como los seguidores de Adler (1927, 1929),
Alexander v French (1946), Reich (1949), Thorne (1950) y los hipnote-
rapeutas (Kline, 1955; \X/olberg, 1948) son fuertes partidatios de la

* Este capítulo es una versión ampliada de varios comentarios sobre casos rlc
Standal, Stanley \V. y Corsini, Raymond, J. Critical lncidents in Psychotberapy.
Engelwood Cliffs, N. J.: Prentice-Hall,, 1959.
170 RAZON Y EMOCION EN PSTCOTERAPIA

intervención directa de los terapeuras; y una buena cantidad de


teóricos
modernos, como Eysenc\ t]2Oi¡ HerzÉerg (1945), Hr"t iiS62i,
son (1946), Mowrer (1953), perls, Hefferline Jotn-
'(i9St),
y
Goojman
Phillips (1956), Salter (1949), Sal-Zinger (1911), SÁapiro gázl,
tf Sf,rpi_
ro y Ravenetr.e (1959),Staats (1962), \Talker e9;6U,Wtitrt., tvtulon.
(1953) y \X/olpe (1958) han defendido, aunque desde muy i
distintos
marcos de referencia, modos de terapia activo-áirectivos que están radi-
calmente,opuesros a parre de los piincipales modos pasivo_indirectos.
, En de
a tavor
la psicoterapia racional-emotiva ie toma una postura más clara
Ia actividad intensa de dos, el pacienre y el terapeuta,
Y esta postura se toma, no sólo en el_los
campo p.ug^.áti.o, pb.qu. funciona
mejor que las técnicas más pasivas (en cánci.to'con los'pacientes psicó-
ticos y psícóticos dudosos), sino en el campo teórico tu.nbién.
En. primer lugar, Ia teoría de la TR dice que lo que tiene que
conseguir,por,ercima de todo una psicorerapiu eiicuz .l .u-r.rüio d.
tas actrludes del pacrente, en especial sus actitudes para",consigo
mismo
y con los demás. Y aunque est¿í claro que el .u*bio a.- á.i?i.a., a.
un individuo se puede conseguir de muy dife..r,., fo..^,-in.irlo .o.,
las técnlcas más no dire.ctivas (ya que la rnera reflexión y clarificación
que el rerapeur¿ hace.de ru p.n Ái.nto Ie ayud.a a."áp..nJ.i
qu.
p:nsaTiento es ilógico y que deberia cambiailo) uno de io, p.ir.ipu_
iu
tes. merodos para conseguir los cambios actirudinales es el'método
didáctico. Así, los clérigós,. políticos, oficiales d. lu, Ju*r.-^u..rdrr,
científicos, filóso{os, todos intentan cambiar las opinio.res á.-r"r-ii.i.r,
alumnos, leoores, etc.; y a menudo, a través d. ';;.;;;ñ-r* j.opu-
gandísticas, 1o consiguen con alarmante eficacia. Ad.-ár,
tilo'de
profesores no sólo ayudan a cambiar las opiniones objetivas"rt. J. rr'rrdi_
torio,.sino que también consiguen canibioi importantás en relación con
la lealtad emocional, la condúcta ética o el sistema de ualo.es áe los
miembros de esa audiencia. Por lo ranto, el afirmar, .o.o .u.i.nlr..,
Ios terapeutas de orientación freudianu y no di.ecti,ror, qr.-i"r'-p.rr.u_
mientos _y deseos emocionales, inconsciéntes o profunáamente arraiga_
do:. 9: las personas , rara vez son afecrado, pár los ;¿;á.. lZgi.o,
o didácricos de acercarniento a ellos, significa que defienden-una-a,rtén_
tica porquería. Cientos de años de hisioria noi du., miles de ejemplos
que evidencian lo contrario. Como Víoor Hugo dijo citado pÉr Reid
(L962): No hay nada ran poderoso como una-idea cuyo momento ha
llegado.
Si, como la TR afirma, la genre llega a estar perturbada emocional-
T:i* .l esencia porque, sin pensarlo, aceptan ciértas premisas ilógicas
o ldeas rrraciona]es, entonces hay una buena razón puiu.r... qr.] d.
manera, se Ies puede persuadir o enseñar a pensar de forÁa más
Ílgyn"
lóglca y racional y, por 1o tanto, a aniquilar sus perturbaciones (pla_
tonov, 1959). Por ejemplo, si un individuo cree emóneamenre que,
LA PSICOTERAPIA ACTIVO-DIRECTIVA l7t

como ha actuado de una determinada manera en el pasado, debe seguir


actuando así en el futuro, no hay razón por la que no se le pueda
desafiar en esta creencia y exigir que la defienda con una evidencia
objetiva. Su terapeuta le puede indicar que (a) ha transformado modos
de conducta llevados a cabo en el pasado; que (b) no existe una cone-
xión necesaria entre los hechos pasados y los actuales, aunque hay una
cierta tendencia a que el individuo repita sus actuaciones pasadas; que
(c) el pasado del mañana es el presente de hoy de una persona, y por
consiguiente, transfotmando la conducta de hoy se cambia el pasado;
que (d) millones de seres humanos han modificado y continuarán modi-
ficando su conducta pasada, y no hay ninguna ruzóD por la que el
paciente no se pueda incluir entre estos millones; etc.
En otras palabras, las premisas irracionales son sólo premisas, y se
puede demostrar exactamente lo que son. El pensamiento ilógico que
se deriva de ellas (válido o inválido) es ilógico, y se puede probar. Los
profesores de historia, mátemáticas, económicas y offas muchas asigna-
turas no dudarían ni por un momento en enseñar a sus alumnos que
su pensamiento es poco claro. Entonces, ¿por qué el psicoterapeuta (el
cual, si es enicaz, fundamentalmente es un reeducador emocional) no
debe, de forma clara y persistente, enseñar a sus pacientes lo poco
válido que son sus pensamientos acerca de ellos mismos y de los demás?
Según la teoría de la TR, el individuo perturbado llega a estar
neurótico no sólo porque sus padres (o cualquier otra persona cercana
y profesores de su infancia) le hacen propaganda de proposiciones que
no son verdad y que tíene que creer (como el que tenga que ser amado
y aprobado por personas importantes en su vida), sino que é1 continúa
haciéndose propaganda de forma activa de estas mentiras. Además, si
vive en r.rna sociedad como la nuestra, 7a mayoria de los más importantes
medios de comunicación continuarán propagando esto, de forma que él
seguirá creyendo todas las tonterías que aprendió en su infancia. Así,
los anuncios de las revistas, los dramas de TV, las novelas best-seller,
las películas, las canciones populares y otros medios de comunicación
repiten sin cesar en los oídos de las personas el .,hechor> de que será
teirible que no tengan éxito o no sean queridos (Ellis, 1961a,1962b).
A causa de esta poderosa y triple reconvención propagandística
es, de sus padres, de sus autosugestiones y de la sociedad en
-esto
general- las premisas irracionales que el individuo tiene acerca de sí
y de los demás se araigan con más fterza, y es poco probable que la
contradicción de estas premisas suavizada por la mayoría de los terapeu-
tas cualificados le ayudaú considerablemente a erradicar su pensa-
miento autodesÚuctivo. Esto es particularmente cierto en pacientes
seriamente perturbados, que se pasan años hablándose de sus filosofías
de la vida y sus síntomas neuróticos antes de ir a ver a un terapeuta.
En el curso de esta autodiscusión a menudo construyen teorías cómpli-
t72 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

cadas, a veces de nattr.r.a.leza.paranoica, sobre el porqué de su perturba-


ción y de-su imposibilidad de mejorar.
Las frases y teorías que los pacientes se repiten sin cesar
acaban
por converrirse en su evangelio y llegan a estar seguros de que
lo saben
todo sobre ellos mismos y sus problemas. Adem7s, ,rrn irr- nárpli."_
ciones,> de sus perturbaciones como racíonalizacior., pua, ,o
Á.;orua
y culpar así a Ios demás, incluyendo al terapeura, e insiitir .n qu.
ayu-daran podrían mejorar con facilidad. pero, como no se les
ii 1.,
áyuda de
la forma adecuada, «normalmente», a sus ojos, permanecen pert;rbados.
Paru hacer una incursión que sea efeltiva en esre tip'o áe-p.nsa-
miento que_se repite como en un círculo vicioso, por lo gá..ul-.i t..u-
peuta necesira tener un papel exrremadamente activo en lá contradicción
de lo.s pensamienros falsós-del paciente y darle alterrratiua, .ii.* o ,,r,
pro.blemas. Los_que proponen la teoría'de auromealización d.
naliclad, corno Kurr Goldstein (1954), A. H. Maslow (19541 i C".l
i, p..ro-
Rogers (1951), mienrras que juiciosamente valoran .l g.an poteicfu que
tienen los seres humanos y que les hace sentirse bÉn o' .nf..*or, u
menudo fracasan al comprende.r que este potencial existe p.ro qu.
está profundamenre enrerrado baió miles di sedimento, .-o.iorui.,
cognoscitivos y que só.lo con una ayuda exterior activa podrán utilizarse.
En el caso de los pacientes paranoicos en concreto, están tan
convencidos de que les van a ayudar en su particular forma áe conducta
que tiene una clara ventája .o.rtrrporición con las alternativas
-lo ".,
de.conducta- eu€, aunque es erróneo, r. ni.gun rotundamente a crral-
quier contraproposición suavízaáa que les hagá un terapeuta. En estos
casos, a veces una postura categórica y casi dramática por parte del
paciente.de negarse-a seguir adelante con un enfoque tan abzurdo por
parte del rerapeu_ra le pueden llevar al convencimie.rto de que la propa-
ganda que él se hace es ilógica y autodestructiva y qu. ,..iu
-.;á. q,r.
escuchara al rel'apeuta o a cua-lquier orra persona.-Eito no significa que
este tipo de shock o técnica dramática seá necesaria o útil eñ todos ios
casos, pero en algunos, sobre todo en los que se refieren a pacientes muy
paranoicos, es,toy convencido de que la única forma de conseguir resui-
tados favorables es que las contraproposiciones del terapeuta "sean cate-
góricas y dramáticas.
Aun los pacientes bastante menos perturbados, cuando acuden a la
terapia, sus problemas general llevan años sedimentándose;
.por !o
emocionalmente han sufrido fuerres lavados de cerebro por parte de
los demás o de ellos mismos durante esos años. Además, .üu"¿o lu
terapia va siguiendo su curso, intentan convencerse de que realmente
no pueden ayudarse o que le es más fácil seguir E., .o.rr._
cuencia, las.medidas pasivas del "nfe¡mos.
_terapeuta harln el juego a las premisas
neuróticas de.los pacientes y a las deducciones ilOgicai que se derivan
de esas premisas, mienffas que las contraproposictnes activas po, l"
LA PSICOTERAPIA ACTIVO.DIRECTIVA ltl

general les ayudarán a salir de sus rutinas cmocionales. El desaliento


es probablemente uno de los síntomas más frecuentes de cualquier tipo
de enfermedad psicológica', y para atacar parte de los efectos perniciosos
del sabotaje a la propia realidad se requiere un estímulo por patte del
terapeuta, un empuje y una persuasión activa.
Los psicoanalistas clásicos y los terapeutas no directivos han utili-
zado la resistencia normal del paciente al cambio, como una de las
principales excusas para no hacer un ataque frontal a su sistema de
seguridad. Dicen clue si se hace tal ataqae, el paciente se sentirá tan
incómodo que se pondrá a la defensiva o se disgustará, e incluso puede
que abandone la terapia. Aunque esta posibilidad ciertamente existe,
y a veces de hecho ocurre, la encuentro enormemente exagerada. Siempre
me ha sorprendido la forma tan seria en que los terapeutas acogen la
llamada resistencia del paciente y lo fácil que se intimidan por ella.
Estoy convencído que gran parte de lo que se llama <<resistencia>>
del paciente, sobre todo cuando el término se usa en literatura psico-
analitica, no es más que la reacción sana ante una técnica pobre del
terapeuta. El paciente viene a la terapia pidiendo ayuda; el terapeuta,
a causa de sus prejuicios, mantiene una actitud pasiva y se niega a
aportar .,rn^ uyuá" sustancial, por lo que el paciente se <(resiste» al
térapeuta que consider6 ¡¿1¡¡¿|- y a menudo termina cortando
la relación.-algo
Esto no quiere decir que no se haya de esperar una cierta resisten-
cia auténtica en la terapia, ya que normalmente el paciente ha estado
perturbado durante bastante tiempo antes de venir a por ayuda, y no
se puede esperar que cambie su conducta sólo porque el terapeuta le
explique porqué ha estado actuando de una dete¡minada maneta o le
pida que actúe de forma diferente. En concreto en los casos en que
el paciente se ha reprimido o está poco dispuesto a admitir sentimientos
subyacentes de ansiedad y hostilidad, es donde debemos esperar cierta
resistencia a que la introspección y la acción tengan lugar. Además,
como ya se ha señalado en un capítulo de este libro, gran parte de la
resistencia puede incluso tener raíces biológicas, y de aquí que la
dificultad para superarla sea mayor.
De acuerdo, pues; los pacientes por lo tanto se resisten. Los niños
de las escuelas y los estudiantes también se resisten a aprender cosas
nuevas y a cambiar su conducta. Y ¿por eso \¡an a dejar de intentar los
profesores que aprendan y cambien? A menudo el trabaio del terapeuta
es aceptar la resistencia por si merece la pena saber, se espera una
fuerte aversión a deiar un camino ya trillado-a por otro relativamente
sin explorar- y abrirle camino, con frecuencia a ffavés de un proceso
de agotamiento, hasta que se supera. Lo meior para ser arrollado por
elio, y para retirarse cobardemente a la vista de la.,falta de esperanza»,
es adoptar una actitud no terapéutica, y a menudo antiterapéutica.
t74 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

Uno de los aspectos principales de la neurosis es, de hecho, que


el individuo perturbado, cuando ve que existe alguna dificultad y que
puede ser que no tenga éxito en alguna tarea o empresa que se proponga,
lo fácil es que la abandone rápidamente y se retire a un campo más
seguro. Si el terapeuta adopta la misma línea, de forma pasiva e inactiva,
y adopta de lado l^ tarea de superar la resistencia del paciente, utilizan-
do la fácil excusa de que es un individuo <,demasiado resistente>> y nada
apto para la terapia, sienta un precedente bastante pobre posible-
mente muy neurótico- para el paciente, al que se le está -y animando
a seguir con sus mismas tácticas de resistencia pasiva. Si, por el con-
trario, el terapeuta sigue, de forma activa y esperanzada, bombardeando
las defensas del paciente, su actuación le está sirviendo como un buen
ejemplo y podrá al fin convencer al paciente de que puede mejorar,
ya que su conducta no es destructiva.
En la utilización que he hecho últimamente de las técnicas terapéu-
ticas racionales, rara vez me he encontrado un caso en que, al margen
de lo rígida que haya sido la resistencia del paciente en principio, no
haya podido, por uno u otro método de ataque, superarla a la larga.
Como es natural, este procedimiento de ataque activo a las resistencias
del paciente tiene sus propios peligros, en especial el que deie la terapia.
Sin embargo, de hecho encuentro que pocos pacientes se van por esta
tazón, y muchos menos todavía experimentan los perniciosos efectos
como la ruptura psicótica- que Ia literatura profesionai presu-
-tales
pone que ocurrirían si las defensas se ven directamente atacadas.
Lo que normalmente se olvida en esta conexión es que se supone
que el terapeuta, casi por definición, tiene más salud y es más fuerte
que el paciente. Si esto es verdad, entonces debetá ser capaz de comer
el riesgo de atacar las defensas del paciente posiblemente sufrir un
-y
contraataque o recibir un desaire por ello. Además, si está conveniente-
mente preparado, se daún relativamente pocos casos, a lo largo de la
terapia, en que la fuerza y el conocimiento del terápeuta no puedan
superar las resistencias irracionales del paciente. Si el terapeuta se siente
muy intimidado por estas resistencias, es posible que no esté lo suficien-
temente estable y equilibrado como para llevar a cabo una psicoterapia
eficaz; en ese caso, lo meior sería que trabajara en una especialidad no
terapéutica.
Una actitud pasiva o no directiva por parte del terapeuta puede
favorecer el que algunos pacientes se aprovechen de él y eviten así el
afrontar sus problemas básicos, los cuales, para que meioren, es nece-
sario que se opere en ellos. En consecuencia, se pasan felizmente años
en la terapia, de forma que pueden decirse equivocadamente: <<Bien,
estoy haciendo todo lo que puedo para meiorar; si no, fíjate lo religio-
samente que he estado yendo a Ia terapiar>, cuando de hecho están
haciendo todo lo que pueden para evitar supetar sus perturbaciones.
LA PSICOTERAPIA ACTIVO.DIRECTIVA 175

Uno de los casos que aparecen en Critical Incidents in Psycbotbe-


rapy (1959) de Standal y Corsini, el terapeuta, después de haber estado
actuando de forma bastante pasiva durante un tiempo con un paciente
muy desmandado, al final se puso nervioso y le dijo que se <,fuera al
infierno». A partir de entonces, parece que el paciente empezó en
verdad a respetar al terapeuta y a obtener progresos considerables. Yo
no creo que sea siempre bueno que el terapeuta pierda la paciencia con
su paciente (ya que eso le indica al paciente que está justificado que
en ciertas ocasiones pierda la paciencia), pero sí creo que a veces, el
que el terapeuta le diga al paciente, tranquilamente pero con firmeza,
que se vaya al infierno, o algo por el estilo, puede producir un cambio
cuando la aceptación pasiva de-los absurdos del paiiente ha fracasado
miserablemente.
En una ocasión, estuve viendo a una chica que había estado yendo
a la terapia, al menos durante 15 años, con prestigiosos terapeutas;
cuando la vi, seguía muy perturbada. Tomé todo 1o que la paciente
pudo darme durante varios meses, ¡y me dio muchol Me telefoneaba
literalmente a mitad de la noche; se negaba a irse cuando terminaba
la sesión terapéutica; me hablaba a gritos para que los pacientes que
estaban esperando pudieran oÍrla; me telefoneaba cuando estaba viendo
a oros pacientes y se negaba a cortar, de forma que tuviera que termi-
nar haciéndolo yo, y cosas de este estilo, hostiles y negativas. Yo me
tragoé toda esta hostilidad y llegué a un cierto acuerdo con ella, aunque
de vez en cuando, seguía siendo abiertamente hostil.
Un día que se negaba a abandonar mi despacho cuando la sesión
había terminado, alcé mi voz, de forma deliberada y la dije: «Ahora,
escúcheme: La he aguantado bastante sus tonterías como para no
haberla echado de aquí en alguna ocasión. Le he hablado con suavidad
sobre esto varias veces, pero aparentemente no ha surtido efecto,
Ahora le voy a decir de una vez por todas: si no se va de aquí pronto,
cuando diga que la sesión ha terminado, se puede ir directamente a otro
terapeuta. Y esto va también por las llamadas telefónicas y las molestias
que me causa. Si vuelvcl a recibir una sola llamada de usted que no sea
necesaria, sobre todo cuando le digo que estoy ocupado y no puedo
hablar en ese momento, eso será el fin de nuestra relación. ¡Lo digo
en serio! FIe aguantado sus tonterías, me parece que he sido amable
durante este tiempo con usted, ¡pero ya basta! A partir de aquí, o me
demuestra respeto a mí y a mi trabajo, o se va al diablo y se busca
otro terapeuta. Y si quiere, le puedo recomendar uno ahora mismo».
Mi paciente me miraba asustada e inmediatamente se volvió conci-
liadora y se marchó excusándose. A partir de entonces y durante varios
meses no tuve ningún problema con ella. En este tiempo mejoró consi-
derablemente, la primera vez en su larga historia de psicoterapia. Enton-
ces tuvo un cambio v volvió poco a poco a su anterior conducta negativa
t76 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

hacia mí; después de unas cuantas sesiones en que ocurriera esto le


dije que si no cambiaba inmediatamente su forma de comportarse no
seguiría viéndola. Enseguida estuvo mucho más considerada; a partir
de entonces tuve pocos problemas con ella, y mejoró bastante más.
En otras dos ocasiones con pacientes masculinos, después de haber-
les visto en no muchas sesiones, les dije a cada uno: <,Ahora deiemos
esta comedia. No me están dando nada más que un montón de mentiras
y evasiones, y de ese modo no conseguiremos absolutamente nada. Si
quieren seguir engañándose a sí mismos y evitando el intentar mejorar,
eso es asunto suyo. Pero yo estoy aquí para ayudar a la gente a que
mejoren, y no pienso perder el tiempo con aquellos que no me dén más
que problemas. Ahora o salen de su maldita neurosis o se quedan en ella
para el resto de sus vidas. ¿Qué pasará? En los dos casos los pacientes
obtuvieron cambios importantes en sus actitudes hacia mí, hacia la
terapia y hacia ellos mismos.
Considero, por lo tanto, que un terapeuta prudente y valeroso, en
vez de aceptar de forma pasiva el negativismo y la inercia de sus pacien-
tes, utilizará un lenguaje oportuno y certero, e incluso a veces duro,
para ayudarl.os y que se dén cuenta de su letargo y rencor. Encuentro
que la utilización de ciertas palabras fuertes con cuidado-,
-elegidas
con algunos pacientes sobre todo, favorecen bastante esta conexión.
Si un paciente me dice: «Sabe usted, no me apeteció hacer el
trabajo que usted me había asignado para hacer en casa, ni me gustó
que me lo diera, por 1o que lo olvidé», nunca reacciono de esta forma
no directiva: «¿Así que no le gustó la tarea que le puse ), me odia por
habérselo dado?>>, ni en la acostumbrada manera psicoanalítica: «¿Qué
es lo que no le gusta de la tarea que yo Ie puse y de mí?».
Por el conuario, les diré: <,Así que no Ie apetece hacer lo que le
asigno. ¡Mala suerte! Pues va a tener que hacerlo si quiere superar
toda esa serie de tonterías que se dice a sí mismo. Y por otro lado
no le gustó porque le asigno esa tarea. Bien, a mí eso me trae sin
cuidado, nosotros no estamos aquí para establecer una relación amorosa
le pueda resultar gradficante en este momento, ya que no tiene
-que
que esforzarse para mejorar-, sino para convencerle de que a menos
que se libre de su imbecilidad y haga la tarea que yo le asigne, y otras
muchas tareas equivalentes, seguirá cocinándose su propio proceso
neurótico para siempre. Ahora ¿cuándo va a salir de su mierda y bacer
algo que le sirva de verdad?».
Encuentro que, con este enfoque activo-directivo y nada condes-
certdiente, puedo empujar ala gente a la autocuración, mientras que una
técnica no directiva sólo les animaría a perpetuar sus tendencias derro-
tistas y destructivas.
También me encuenÚo que, en los encuentros psicoterapéuticos
racional-emotivos, la actividad persistente del terapeuta triunfa por 1o
LA PSICOTERAPIA ACTIVO-DIRECTIVA tt/
general. Esto es ya de esperar en el campo teóriqp: ya que si las pcrrrrr
baciones de un individuo están formadas en gran parte de frases irracio
nales con las que ha sido adoctrinado en su infancia, y que desde enton-
ces ha seguido diciéndose a sí mismo, es de esperar que este adoctrina-
miento tan profundo y persistentemente arraigado requerirá un conside-
rable proceso de .,desarraigo» persistente. Parece que esto se cumple
en la mayoría de los hábitos aprendidos: una vez que se han aprendido,
entonces, aunque te lleven a resultados poco favorables, es difícil desa-
prenderlos yaprender hábitos diferentes. El individuo habituado debe
persistir y persistir enel proceso de desaprendizaje y rcaptendizaje.
En consecuencia, el terapeuta racional con frecuencia permanece
cuestionando, desafiando y readoctrinando a sus pacientes, hasta que
están preparados para abandonar sus modos de conducta disfuncionales
y fin- sustituirlos por filosofías y conductas más (uncionales.
-¡por
Si el terapeuta no es capaz de persistir, el paciente volverá a sus antiguos
lugares ocultos, y se negará a salir de su neurosis para siempre. En una
ocasión estuve viendo a una paciente difícil; era una mujer que se
dedicaba a la enseñanza y tenía síntomas urinarios y defecatorios que
parecían tener esuecha relación con sus problemas sexuales, pero sentía
auténtica aversión a hablar de la cuestión sexual, y, a pesar de las inda-
gaciones que yo hacía, su actitud era completamente vaga en lo que
a su vida sexual se refiere. Insistía mucho en que nunca se había mastur-
bado y que en relación con este hecho no se sentía nada culpable. Yo
tenía mis dudas sobre esto, pero no pude obtener ninguna información
más con las preguntas que le hacía una y otra vez.
Dándome cuenta de que la paciente se resistía categóricamente,
decidí hacer un mayor ataque frontal coordinado a sus sentimientos
y acciones en relación con la masturbación. A pesar de su insistencia en
que nunca se había masturbado, forcé la situación y la pregunté si sabía
en qué consistía la masturbación en las mujeres. Me miró confundida,
por lo que yo dije:
<<La masturbación en las mujeres no es como normalmente aparece
en los llamados chistes verdes o en las indirectas que se tiran én las
conversaciones. ¿Sabe cómo se hace de hecho?».
Se puso muy nerviosa y al final dijo a bulto: <<Bien, nunca he
usado una vela o algo por el estilor>.
<,No.dudo que !o lo haya hecho
.la_masturbación pero en las mujeres
-insistí-
por 1o general ¡o consiste en utilizar una vela o'algo
así. Se hace con algún tipo de fricción, como la fricción manual en lás
órganos sexuales externos o en el clítoris. ¿Ha hecho alguna vez algo
así? Estoy seguro que sí, pues casi todas las chicas lo hacen en una
ocasión, u otra. Quizá haya presionado sus muslos, o se haya frotado
contra los pupitres, o cosas de ese tipo, ¿Lo recuerda ahorair>.
178 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

Mi paciente de repente se puso roja de ira y estuvo sin hablar


durante diez minutos. Después de eso, y ante mi insistencia, lentamente
indicó que se había estado masturbando durante años. Era muy fácil,
pues, hacerle ver que sabía perfectamente lo que había estado haciendo,
pero que se negaba a reconocerlo, aduciendo que la masturbación con-
sistía en insertarse objetos en la vagina Esto significaba que debía de
haberse sentido muy culpable al seguir masturbándose, y que su culpa-
bilidad Ie estaba causando, al menos en parte, los síntomas urinarios
y defecatorios. La paciente enseguida reconoció esto y comenzó a mejo-
rar despacio, mientras que antes no habíamos sido capaces de conseguir
ninguna mejora.
En otros muchos casos que he tratado con la TR, he encontrado
que la persistencia ha terminado triunfando. Cuando los pacientes han
insistido en que no se sienten culpables, ni enfadados, ni tensos, les he
planteado que probablemente estén alterados, con la evidencia de sus
conductas. En la mayoría de los casos enseguida han empezado a admitir
que están perturbados, pero insisten en que no saben porqué, o que
no se dicen nada a sí mismos que les haga estar perturbados. Sigo afir-
mando con más fuerza si cabe que sl saben porqué, y que se están
diciendo a sí mismos frases que les alteran. Por 1o general, cuanto más
insisto, más acaban admitiendo que estoy en lo cierto, y que se pueden
ayudar a sí mismos mucho más de lo que en principio pensaron.
Otra forma de actividad que se utiliza con frecuencia en la psicote-
rapia racional-emotiva y que es muy importante es que el terapeuta
arig.re unu tarea concreia á1 paciente. Estas tareas a veces son relativa-
mente vagas y a veces muy específicas.
Como ejemplo de la asignación de una tarea vaga o general, voy
a exponer el caso de un chico de 27 años que vino a la terapia por
su novia, la cual se quejaba de que él no se relacionaba para nada con
los amigos mutuos, sino que se ponía a leer el periódico o a tabaiar
en algún problema de contabilidad cuando les visitaban o iban a vísitar-
los. Después de ver a este chico en dos sesiones sólo, me di perfecta
cuenta de que era exraordinariamente inhibido y que había criticado
muchísimo toclo lo que hacía, y su padre le había aceptado superficial-
mente sus éxitos en la escuela (que eran notables) pero no había demos-
trado ningún interés real en é1. Como resultado del daño terrible que
le produjo su horrorizada visión de las reacciones (o falta de reacciones)
de sus padres, empezó a desconfiar de todo el mundo y a relacionarse
de una forma completamente superficial.
En el campo teórico se enseñó a este paciente que debía estar
diciéndose continuamente frases del tipo de: <,Si me acerco demasiado
a la gente, me pueden techazar, como han hecho mi padre y mi madre;
¡y eso sería terrible! <<Si me hago de alguna manera inaccesible a la
LA PSICOTERAPIA ACTIVO.DIRECTIVA 179

gente y todauía me aceptan, entonces me sentiré seguro y me podré


abtir a ellos en el futuro»>.
El paciente no podía ver, todavía, que se decía de hecho frases de
ese tipo, pero estaba deseando admitir que muy bien pudiera ser cierto.
Por consiguiente se le asignó la tarea de (a) que, siempre que se encon-
trara retrayéndose en una situación social, buscara sus propias frases
autodestructivas específicas, y (b) que, en estas ocasiones, se forzara
a establecer una relación más cercana con la gente, que dejara de leer
el periódico, que dijera lo que se le ocurriera sin preocuparse de si
podría parecer una tontería o no.
A las dos semanans el paciente volvió a la sesión de terapia y
dijo: «Hice lo que usted me ordenó hacer»>.
«¿Sí? ¿Y qué pasó?»>.
<<
¡Muchas cosas! Encontré que era mucho más difícil de lo que
esperaba el poner en práctica lo que usted me dijo. ¡Realmente difícil! ».
<<¿Pero usted lo hizo, no obstanteT>>.
<,Oh, sí. Estuve haciéndolo, obligándome a hacerlo. ¡Era mucho
más difícil de lo que esperaba! ».
«¿Qué es lo que fue difícil, exactamente?».
<,En primer lugar, el darme cuenta de cuáles eran las frases, las
que usted decía que yo me repetía a mí mismo. A1 principio no podía
reconocerlas. Me parecía que no me decía absolutamente nada. Pero,
como me indicó, cada vez que me encontraba retrayéndome de la gente,
me decía: <<Ahora, aun cuando no puedas verlo, deben existir algunas
frases. ¿Cuáles son?>>. Y al final las encontré. iY habia muchas! Y
todas parecían decir Io mismor>.
«¿Qué cosa?».
,, ¡Ay! , que iba a ser rechazado».
o¿Si hablaba y participaba con los demás, quiere usted decir?>>.
<<Sí, si me relacionaba con los demás sería rechazado, y esto iba
a ser terrible. Y no había ninguna razó¡ para que yo corriera ese
riesgo y fuera rechazado de forma tan terrible»>.
«¿De este modo podía callarse y no correr el riesgo?»>.
<<Sí, así yo podría callarme y seguir en mi esquina, al margen de
los demás».
«¿Y 1o hizo así?>>.
,. ioh, sí! Me <li cuenta. Muchas veces durante la semana»>.
«¿E hizo usted la segunda parte de la tarea asignada?».
«¿El obligarme a hablar y a expresarme?».
<<Sí, esa parte».
«Eso fue peor. Era realmente duro. Mucho más duro de lo que
me había imaginado, pero lo hice,>.
«¿Y?>>.
180 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

<<Oh, no fue mal del todo. Hablé varias veces, más que nunca.
Algunas personas se quedaron muy sorprendidas. Phyllis estaba muy
sorprendida también. Pero hablé. Y ¿sabe qué?».
« ¿Qué? ».
<,Que incluso melo pasé bien 7a mayoúa de las vecesr>.
«¿Se lo pasó bien expresándose?».
«Sí. Un día estaban los Slotts allí, en el sitio de Phyllis. Estaban
hablando de las Naciones Unidas y de política, algo sobre lo que yo
en verdad no entiendo mucho, porque, sabe usted, creo que en el
pasado he evitado tener información sobre este tipo de cosas, ya que
me daba un miedo terrible el hablar sobre ello. Bueno, de todas formas,
ellos estaban hablando sobre el último chisme que había salido en los
periódicos, y a mí se me ocurrió una idea que pensé que me gustaría
exponerla, pero me di cuenta de que, como solía hacer, iba a perma-
necer callado y a no decir nada, por miedo a que me miraran como
si estuviera loco y no entendieran lo que quería decir. En cambio, me
dije: « ¡Aquí tengo la posibilidad de dar el paso decisivo y poner en
práctica mi tarea! ». Y hablé, dije lo que pensaba y todos me miraron;
ni siquiera sé cómo se recibió, pero nadie parecía estar en desacuerdo
conmigo. De todas maneras, sabía que por una vez me había expresado,
y eso era lo importante».
<<¿Y cómo se sintió después de haberse expresado de esa forma?r>.
<<
¡Extraordinariamente! No recuerdo cuándo me sentí así por
última vez. Me sentí extraordinariamente _es decir, bien_. ¡En verdad
era algo para sentir! Pero fue tan duro. Casi no lo consigo. Y me volví
a obligar un par de veces más durante la semana. Pero lo conseguí.
¡Y estaba tan contento! >>.
<,¿Por lo tanto las tareas que sele asignaron han salido bien?».
de verdad que sí»>.
<<Sí,
A las pocas semanas y en gran parte como resultado de las tareas
asignadas, este paciente llegó a estar algo rnenos inhibido socialmente
y fte capaz de expresarse más libremente que nunca. Es bastante dudoso
que, sin este tipo de tarea asignada, hubiera conseguido tales progresos
en tan poco tiempo.
En otro caso, asigné una tarea más específica a una chica de
20 años que acababa de casarse; tenía bastante dificultad en conseguir
el cariño de su suegra. Su padre y su madre nunca habían sido cariñosos
con ella; siempre se había referido a ellos, desde su infancia, como
Jack y Bárbara, en vez de papá y mamá. Pero su suegra, que a ella le
gustaba y quería ser su amiga, era una muier muy cariñosa y se quejaba
cada vez que la paciente Ia llamaba Mrs. Steen o Marion; evidente-
mente quería que la llamaran mamá.
El problema de la paciente era que no la apetecía llamar a su
suegra <<mamá>>, y sentía que sería una hipócrita si actuaba así sólo
LA PSICOTERAPIA ACTIVO-DIRECTIVA t8l

para seguir en buenas relaciones con ella. Sin embargo, Ie hice ver que
se estaba negando a ver las cosas desde el marco de referencia de'su
suegra, y que estaba dando una opinión de ella moralista e infantil.
La convencí ile que, si objetivamente y sin culpa aceptaba a su suegra
con ,su ayuda, la de su marido y parientes políticos, conseguiría Ios
resultados que deseaba; y con esta acritud no moralista nó tendría
ninguna dificultad en llamar a su suegra «mamá»> en lugar de <,Mrs.
Steen»>.
La paciente en teoría aceptó esta opinión, pero aún tenía gran
dificultad en pensar en su suegra y dirigirse a ella como .,rrraÁár.
Después de esto, le asigné la tarea específica de telefonear a la mujer
todos los días durante un período de dos semanas y empezar la conver-
sación con un <<Hola, mamá», y que introdujera la palabra <<mamá»> dos
o tres veces en la conversación antes de que ésta se terminara. A rega-
ñadientes dijo que lo intentaría, aunque todavía se sentía incómoáa
v de alguna manera hipócrita por ello.
Después que lo experimentó durante una semana, vi a la paciente
v le pregunté cómo le iba con su tarea psícoterapéutica.
<.Oh, sí quería hablarle sobre ello. Después de haber
hablado con mi -dijo--
suegra tres días sólo, como usted me había mandado,
encontré que llamarla <<mamá>> era realmente Íácil. De hecho, en cierto
modo me gusta ei sonido de la palabra. Y ¿sabe qué2, ¡pues que he
empezado a utilizarlo con mi madre también! , ¡y parece que /e gusta! »>.
<< ¡Entonces usted ahora tiene dos <{mamás» por el precio de unal >>.

«Sí. Y como usted predijo, realmente me siento más cerca de mi


suegra, y de mi madre también. No llevo mucho tiempo, ¿verdad?».
<.No, de veras que no. A la acción de decir la palabra le sucedió
rápidamente el sentimiento de proximidad. Eso es Io que hace un siglo
Stendhal apuntaba sobre el amor: que si uno actt3a como si estuviera
enamorado de otra persona, probablemente lo estará pronto. Eso es lo
que ocurre con muchos de nuestros sentimientos en el momento
que actuamos sobre ellos, empezamos a sentirlos -que
profundamente»».
<,Mi caso se ha resuelto así, y yo estoy muy contenta de que haya
ocurrido, y de haber cumplido mi tarea de forma consciente. Nunca
pensé que volvería a Ia escuela a través de la psicoterapia, pero ésa es
la forma en que parece desarrollarse».
.,Teniendo en cuenta que la psicoterapia eÍicaz y la reeducación
son prácticamente sinónimos, probablemente ésa sea la forma en que
debería desarrollarser>.
. Es-tos son dos.ejemplos típicos de los muchos de Ia psicoterapia
racional-emotiva en los que se han usado métodos muy activó-directivos,
entre los que se incluye la asignación de tareas generales o específicas.
Mientras que oftas escuelas de terapia, como la de Gestalt, utilizan de
t82 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

alguna manera técnicas similares, la TR lo incluye en el campo teórico,


que es una parte integrante de su razón fundamental básica.
Si los adoctrinamientos sensorio-morices y verbales son los que
fundamentalmente enseñan a los seres humanos a pensar de forma irra-
cional y a sentirse perturbados, lo que más les aytdaú a reorganizar
sus pensamientos y emociones será el mismo tipo de readocffinamientos
de doble apellido. Un nuevo pensamiento verbal normalmente conduce
a un cambio en la conducta motora; y una remodelación en la actividad
sensorio-motúz por lo general lleva a un cambio de la idea. Pero las
modificaciones de conducta más rápidas y más profundamente artaigadas
por lo general provienen de un ataque combinado sensorio-motriz y
verbal, a los viejos modos disfuncionales de pensamiento y de actuación
(Israelí, 1962; Martí-Ibáfez, 1960; Permyal<, 1962¡.
11

Un enfoque racional
a los problemas marilales"
La primera parte de este libro ha sido dedicada a la exposición de
parte de la teoria y práctica general de la psicoterupia rucional-emotiva.
Esta segunda parte se dedicará a la aplicación del método de la TR
a diferentes tipos de pacientes, en los que se incluyen aquéllos con
problemas matrimoniales y prematrimoniales, perturbaciones psicosexua-
les, neurosis homosexuales, psicopatía y esquizofrenia dudosa'
Una de las principales ventaias de la TR es que es aplicable no
sólo a una amplia gama de casos psícoterapéuticos típicos, sino que está
muy bien diseñada para aconsejar a individuos que consideran que no
est¿n pertutbados emocionalmente, pero que saben que no están funcio'
nando bien en ciertas áreas especificas de su vida, tales óomo sus matri-
monios o sus trabaios, y que desean ser aconsejados en este sentido.
Muy posiblemente, la mayoría de estos individuos preocupados deberían
uerrir-u una psicoterapia intensiva en vez de a por <<consejo»>, pero el
hecho es que no lo hacen. Por lo tanto al conseiero, y en especial al
conseiero matrimonial, le incumbe el ser un terapeuta bastante bien
preparado y experimentado para poder tratar de forma adecuada a los
individuos que vienen porque necesitan ayuda (Ellis, 1956b; Harper,
1953). Si el conseiero aprende y pructic^ lo esencial de la TR, estará
preparado en este sentido.
- - La mayor parte de las parejas que desean consejo matrimonial son
víctimas de la muy bien llamada interacción neurótica en el matrimonio

't Este capítulo es una adaptación ampliada de los artículos, <,Neurotíc fnter-
action Between'Marital Partners, (1. Counseling Psychol., 1958, 5, 24'28) y «M*
rriage Counseling with Demasculinizing lWives and Demasculinized Husbands»,
Marriage and Family Liuing, 196Q, 22, D-21.
184 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

(Einstein, 1956). Como ya se ha señalado antes en este libro, los neu-


róticos son individuos que intrínsecamente no son unos ineptos o
estúpidos que sufren sin necesidad de una intensa e ininterrum-
-perohostilidad, culpabilidad o depresiór- y la interacción
pida ansiedad,
neurótica aparece en el matrimonio cuando un esposo y una esposa, en
teoría personas competentes, en la ptáctica se comportan el uno con
el otro de forma irracional y destructiva para el matrimonio. De nuevo,
si las tesis de la TR son correctas, la interacción neurótica matrimonial
proviene de ideas, creencias o sistemas de valores imacionales e ineales
por parte de uno o de los dos componentes del matrimonio; estas
y sistemas de valores deben ser atacados de forma coordinada
creencias
para que la interacción neurótica cese.
De forma más concreta, echemos un vistazo a las principales ideas
neurotizantes que han sido pre{iguradas en el capítulo 3, y veamos cómo
se aplican al matrimonio. Anteriormente ya señalábamos que una de
las principales creencias irracionales que la gente utiliza para alterarse
es la idea de que para el ser humano es una necesidad extrema el ser
aprobado o amado por casi todas las personas importantes para él con
las que se encuentra; es decir, que es más importante lo que los demás
piensen de él que lo que él piensa de sí mismo; y que es mejor si
depende de los demás que de sí mismo. Aplicado al matrimonio, esto
significa que el individuo neurótico cree firmemente que, al margen de
como é1 se comporte, su cónyuge, sólo porque e-t su cónyuge, deberá
amarle; si no le respeta, la vida es un horor; su principal papel como
esposa es ayudar/e y socorrer/e, en vez de ser, de derecho propio, un
individuo.
Cuando los dos componentes del ma[imonio creen esta tontería
q.ue deben ser amados, respetados y atendidos por el otro--
-creen
están no sólo pidiendo algo que rara vez se concede a un individuo en
este mundo tan inexorablemente realista, sino que están pidiendo una
devoción absoluta de otro individuo que, como precisamente él también
la pide, es el candidato con rnenos probabilidades de darla. En estas
circunstancias, lo más probable es que ocurra un terible holocausto
marital.
La segunda creencia irracional importante que la mayoría de los
neuróticos mantienen en nuestra sociedad, es que el ser humano debería
o debe ser de lo más competente, suficiente, inteligente y talentoso,
y no vale para nada si es incompetente en cualquier aspecto importante.
Estos neuróticos cuando se casan creen que su éxito deberá ser total,
como compañeros y como amantes. La esposa entonces se censura por-
que no es una perfecta madre, ama de casa y amante; y el esposo se
desprecia porque no es un excelente proveedor ni un atleta sexual. Por
lo tanto, acaban deprimiéndose a causa de su supuesta incapacidad y,
o bien luchan de forma compulsiva por conseguir la perfección, o deses-
UN ENFOQUE RACIONAL A LOS PROBLEMAS MARITALE§ 185

peranzados abandonan la batalla y se conaierten de hecho en unos


esposos y amantes muy pobres. Cualquiera de estas dos elecciones de
inadaptación que se haga por lo general encoleriza al otto, y el holocaus-
to matrimonial sobreviene.
El tercer presupuesto irracional de la mayoría de los neuróticos
es que se deberían de culpar severamente a sí mismos y a los demás
por sus errores y equivocaciones, y que el castigo les ayudaría a evitar
errores futuros. En ionsecuencia, los neuróticos casados tienden a alte'
rarse por los effores y estupideces de sus compañeros; gastan un
tiempo y una energía considerables al intentar reformarlos y en vano
quieren ayudar a sus cónyuges con agudas críticas a sus actuaciones
equivocadas.
Como ya hemos señalado anteriormente, teniendo en cuenta que
los seres humanos perturbados emocionalmente tienden de por sí a
culparse de sus imperfecciones; que incluso los hombres y mujeres sanos
se iesisten a actrar de la llamada forma correcta cuando se les riñe de
forma taiante por haber actuado de la llamada forma equivocada; y
que los humanos criticados se centran de forma compulsiva , en sus
equivocaciones, en lugar de enfrentarse con calma al problema de cómo
cimbiar su conducta esto y por muchas razones más- el que un
compañero culpe al otro -porde sus imperfecciones, en el cien por cien de
los éasos, le hace un daño inmenso. Aun los consejeros obviamen-
te están de parte del cliente- rara Yez pueden ayudar -que
culpando a un
individuo; y-los cónyuges a menudo se casaron fundamentalmente
porque el novio o lá -que
novia ptnsaban que él o ella no serían criticados
-r,
po. esposo- prácticameñte no consiguen nada --€xcepto un daño
m,ry gravé en su relación- criticando a sus compañetos. Pero ésta es
p..tirá-.nt. la forma en que la mayoria de los neuróticos se conducen
por sus filosofías básicamente falsas de la vida.
Un cuarto presupuesto estúpido que subyace en la pertutbación
emocional y la origina es la idea de que es terrible, horroroso y catastró-
fico que las cosas no sean como a uno le gustaría que fueran; que los
demás nos deberán de facilitar las cosas, ayudarnos en las dificultades
de la vida; y que uno no debería de tener que posponer los placetes
actuales pot beneficios futuros. Los neuróticos que en su matrimonio
se adhieren, de forma consciente o inconsciente, al no-puedo-soportar-la-
frustración del sistema de valores, invariablemente se ven envueltos en
serias dificultades, ya que el matrimonio, en muchos casos, es una situa-
ción excepcionalmente frustrante que implica aburrimiento, sacrificio,
posponer placeres, hacer lo que el otro quiere, etc...
En consecuencia, los individuos neuróticos se tesienten con amargu-
ra de sus matfimonios y sus compañeros en numerosas ocasiones, y,
pronto o tarde, aparece este resentimiento. Entonces, sintiendo de
forma neurótica que no son amados o que s¿¿s deseos están siendo
r86 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

frustrados, las esposas de estos neuróticos entran en discusión, y ya está


montada de nuevo la batalla. El resultado último sólo puede ser o un
matrimonio que es un infierno, o el divorcio.
La quinta y última creencia irracional que consideramos aquí es la
suposición mítica de que la infelicidad humana en gran parte es causada
y fotzada por el exterior, por la gente y los hechos de fuerza, que
prácticamente no se tiene ningún control sobre las emociones de uno
y que cuando uno está mal, la mayoría de las veces no se puede ayudar
a sí mismo. De hecho, prácticamente toda la infelicidad humana es
autocausada, es el resultado de presupuestos estúpidos y de frases inte-
riorizadas que se derivan de esos presupuestos, como las creencias que
acabamos de explicar. Pero una vez que un individuo casado está conven-
cido de que el origen de su infelicidad es externo, inevitablemente culpa
a su compañero-a y su conducta de su propia miseria, y de nuevo se
encuentra con un follón matrimonial, ya que su compañero-a, sobre
todo si está neurótico, afirmará (a) que no es la causa de su infelicidad,
y (b) que por el conrario, es él-ella quien se la está causando. El
material de las separaciones está formado por creencias así de estúpidas.
Mi argumento es que un individuo seriamente neurótico posee,
casi por definición, un conjunto de postulados básicos que son clara-
mente irreales, ilógicos y llenos de preiuicios. En consecuencia, este
individuo encontrará casi imposible el ser feliz en una relación realista,
de todos los días y de la tierra, que es como suelen ser los matrimonios
modernos. Además, este individuo, al ser infeliz, inevitablemente pondrá
verde a su compañero-a el cual, si está bien, acabará harto de la relación
e intentará escapar, lo que repercutirá en é1, llevando esto a una inter-
acción neurótica en el matrimonio (Kink, 1962).
Por consiguiente, al margen de lo irracionales que sean las creen-
cias de uno de los esposos, la interacción matrimonial neurótica contri-
buye a la creación de una neurosis doble. Pongamos por caso un esposo
que cree que su esposa debe amarle sin condición, no importa cómo se
porte él con ella; que debe ser competente en todos los aspectos; que
deberá culpar a los demás, y €o especial a su esposa, por los errores
y equivocaciones; que nunca debe ser frustrado y que la causa de su
infelicidad está en su muier y en el exterior.
Si la esposa de este individuo tan neurótico no tuviera las mismas
creencias ilógícas, se daría cuenta enseguida que su marido estaba seria-
mente perturbado, no proyectaría su hostilidad ni resentimiento hacia
é1, y, o bien le aceptaría como es, o intentaría ver con tranquilidad que
necesita ayuda profesional, o decidiría que no quería seguir casada con
un individuo tan perturbado y buscaría el divorcio. Sin embargo, no
reacciona de forma neurótica ante su marido, y su decisión origina una
situación difícil, pero no es un estallido estúpido y limitado.
UN ENFOQUE RACIONAL A LOS PROBLEIUAS MARITALES In7

Si lo que se ha dicho hasta ahora en este capítulo es razonable


y correcto, entonces la solución al problema de tatar la interacción
neurótica en el marimonio es bastante obvio. Si los neuróticos tienen
presupuestos o sistemas de valores básicamente irracionales, y si estos
presupuestos les llevan a la interacción autodestructiva con sus compa-
ñeros, entonces la función del conseiero matrimonial consiste no en
atacar el problema del matrimonio, ni la interacción neurótica que existe
entre los cónyuges, sino las ideas o creencias irracionales qroe causl?,
la neurosis i deax o .
Mi consulto¡io matrimonial es parte integrante de la técnica general
de la psicoterapia racional emotiva. Fundamentalmente consiste en hacer
ver a cada cónyuge que está interactuado de forma neurótica (a) que
tiene algunos presupuestos irracionales básicos; (b) cuáles son estos
presupuértor; (c) cómo se originan; (d) cómo se mantienen en la actua-
lidad por autoadoctrinamientos inconscientes continuos; y (e) cómo
pueden ser sustituidos por filosofías más racionales y menos autode§-
tructivas.
Más concretamente, se hace ver a cada cónyuge que su conducta
perturbada sólo puede proceder de creencias irreales subyacent-es; que
éstas creencias sé pueden haber aprendido en su origen por influencias
familiares de la iñfancia y ambientales, pero que ahora están siendo
mantenidas por verbalizaciones internas; que su compañero-a nunca e§
la causa ..ri d. sus problemas; que es él quien de hecho está creando
y perpetuando ahora esos problemas; y que la única esperanza de qu9
á"ii.n¿u a su compañero-á y deje de estar unilateral e interaccional-
mente neurótico es que aprenda a observar, cuestionar, pensar y reformu-
lar sus presupuestos básicos.
Voy a .*pon". un caso ilustrativo. Hace poco tjempo vino al con-
sultorio-un mátrimonio que habían estado casados durante siete años;
la esposa estaba muy perlurbada por supuestas aventuras de su marido
.o., ót.u, muieres y su marido estaba «harto» de las quejas de su.esposa
y de la infelicidad en general, pensaba que era inírtil seguir adelante.
bnseguida se hizo evidénte que la esposa era una persona extremada-
mentÉ neurótica que pensaba que tenía que ser protegida y amada de
forma incondicional; que se odiaba a sí misma por su incompetencia;
que culpaba severamente a la gerite, y en esp-ecial a su.marido, porque
áo la amuba sin reservas; y que sentía que la causa de su infelicidad
era la falta de afecto de su marido.
Al mismo tiempo el esposo era un individuo algo perturbado, que
creía debía culpar a su esposa por sus errores, en especial por el hecho
de pensar que tenía aventuras con otras mujeres, cuando no las tenía,
y qre pensába que era injusto que su esposa le criticara y le frustrara

En francés en el original
188 RAzoN y EM()(:r()N l,]N psrcoTERAp¡A

sex¡¿rlrncrlre cuando él estaba haciendo todo lo que podía,


tanci¿rs muy difíciles, para ayudarla. en circuns_
En este caso, urilizó el procedimiento, en cierto modo
,se
ortodoxo, de ver a los poco
dos .rpo.o, ut _ir-o tiempo en todas
nes gran parte porque considero gue,este las sesio-
-en
que se llega enseguida a las principales'
método ahorra-tiempo,
dificrltades-.nr**'ior'.rporo.,
y porque siento,que-el que uno de ios
cónyuges sea testigo de Ia reedu_
cación emocional del..otio_prede
las reformulaciones fit..áf¡Im ti
,.*i. .á*o jncentivo y modelo para
;;il.
el grupo terapeuta-esposo-esposa viene-a cónyuge. En este sentido,
ser a pequeña escala un intento
de terapia dé grupo.
De todos modos,como el esposo, en este
caso, estaba menos pertur_
bado que Ia esposa,'lu
¡.i;;;'ll;;;
sobre los pr.rrpr.ríor. itóti;"; d;;i;'r.
de atención que se hizo fuc
ver que, en general, el culpar es un sentimi.."rl en ellos. Se le hizo
trabajó
es bueno ni para el que cuipa ni pa.ra la-victrma;
¡rir.iár"J iJrqu. no
aunque muchas de lai. queiai que'él
y que, en concreto,
riene ¡;;;'.Jo,ir" i.. i,]. ..1o.
i::,{.r ypor
crlttque
otras perturbacion., prai.r..
conductas.de este- tipo "lr* ¡yrriiiiJ*,"1i ql. et t,
sólo puecle servr para que ella
empeore en vez de mejorar_fomeniundo
ductas de celos.
..i tn ,p*i.i¿; i; .r;;, .."-
Se le hizo ver también que el presupuesto
deberia despreciar.le o f.r.t...L ..;Jlr".;',. de que su esposa n¿)
qué los individuos perturbados era erróneo: ya que
¿por
torma crítica y frustrante.? Se le";';;;;;'actuar precisamente de esta
demosÚó que, aunque las acciones
su esposa esruvieran equivocadas, dos de
errores ;" i;;';ig;;[, _,
su reacción a la conduCra de ella .ru igrul_.nte
equivocad a, y en vez
de obtener los resultador qr..?á, ,¿1. estaba consiguiádo qu.
-q;.-;f
las cosas empeoraran. S; dJ *.ár.l'"i".ir."'ry"aar
él decía- .nror,.., ,..iu .u.io*.ür'j"iiiir.nte a su esposa _-_{omo
esperora el hecho de que su esposa
que, por el momento,
iba a actuar mal, no se enfureciera
cuando esto ocurriera, y que esperara por
hasta que el descontení.'y l" i.r-.[;^;;i.;;rrrn
Io menos varias semanas
.n u_ub¡liá"á
ción-dándole tiempo así para utriuilr. p.rir.U^.i"*;.-""^*'* ,i-r..pr._ "
c,r esposo, aunque con.-algunas reincide,ncias,
responder a este enfoque ..rlirt-, pronto emDezó a
I."tor'i.oUt.r.r.
mismo tiemDo. el t.rapeuta ,trcó lo, pr.iupu..ro d-. ,, muiei, y, al
Se Ia demosiró cómo v porqué .n
irracionales de ella.
un p.lÁ.-i¡o había adquirido [a necesi_
dad extrema d. r.. oúááu-;; ¡;;
palmente porque reáccionó '.ri."l.
ln.^á"#,.ionul y protegida _princi_
-ry .rf
de darle todo el cariño que í.i.rii^l'r'".u*do in.rpr.idad de su mad¡e
L.r.pequeña_ y ya
adulta, lo necesaria o,,. .rá para ella lÁ-auiádertrrcción,
reforzando la creencla a.-qí;-tuiirá p="*'lrí ..guir.
mundo. Se hizo evidenre ,u til"*riá"c;;;id"
nl..rirrU, el amór de todo el
*lpárr. ,""ri.llirm
UN ENFOQUE RACIONAL A LOS PROBLEMAS MARITALES 189

o culpar a los demás y fue duramente atacada. Se les mostró tanto a


clla como a su marido cómo una filosofía de ese tipo lo único que
consigue es indisponerlos con el testo de la gente, en lugar de conseguir
su aprobación o lograr que actúen de forma diferente y presumible-
mente mejor.
AI final, la idea de esta esposa de que la causa de su infelicidad
era la falta de afecto de su marido se hizo evidente ante su conoci-
miento consciente y se expuso a la despiadaáa hz de la racionalidad
que sólo podía venir de dentro, de sus propias actitudes hacia los hechos
externos tales como \a faha de amor de su esposo, y que sólo podría
ser borrada si ella admitiera la parte que tenía en la creación de esta
infelicidad.
Como el esposo en este caso empezó a aceptat Ia neurosis de su
esposa de forma más filosófica, a ella le fue más fácil ver que él
no la estaba culpando ni provocando- que era ella la que-ya creaba sus
celos, su ira y su dependencia infantil. Empezó a observar al detalle
las frases que se decía y que la hacian sentir tan infeliz.
En una ocasión, cuando el consejero estaba explicando al marido
la forma en que él provocaba a su mujer para que ésta admitiera que
estaba equivocada, en apariencia porque quería ayudarla a pensar correc-
tamente, pero en \a práctica porque quería demostrarle que era superior,
ella interrumpió y dijo:
<<Sí, y veo que yo hago exactamente 1o mismo. Me tomo la molestia
de buscar las cosas que hace mal, o de acusarle de ir con otras mujeres
porque en realidad pienso que soy una estúpida y no sirvo para nada,
v quiero rebajarle incluso ante mí»>.
A la luz de la anterior de{ensa de la esposa de sus celos, esto
significaba un progreso real. Después de un total de 2J sesiones con-
iuntas, la suerte del matrimonio de esta pareia ya no se ponía en duda;
decidieron tener niños y criarlos, lo que antes habían evitado a causa
de sus mutuas inseguridades. También se ayudaron en oros problemas
que no estaban necesariamente relacionados con su matrimonio, pero
que sabían que suponían serios obstáculos para poder vivir felices y sin
ansiedad.
Otro de los problemas más comunes en los marimonios de hoy
día puede servir como ejemplo ilustrativo de cómo la psicoterapia emo-
tivo-racional se utiliza de forma eficaz en la consulta matrimonial. Es
el problema de la desmasculinización del esposo a través de la casración
de su esposa.
Las definicíones están en regla cuando se utilizan términos como
esposas castrantes y esposos desrnasculinizados; antes de pasar a discutir
la forma de aconseiar a individuos que están en estas categorías, voy
a hacer una pequeña definición en términos clínicos bastante clásicos.
Hace un tiempo estuve viendo a un hombre y una mujer que habían
190 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

estado casados durante 12 años; según la historia inicial que ellos


contaron, se tenían una aversión tremenda, pero querían mantener el
matrimonio porque tenían cuatro niños y no podrían hacer frente
económicamente a la separación. El esposo a{irmaba que su esposa no
hacía más que regañarle continuamente o intentar dominarle en todo;
la esposa se quejaba con amargura de que su esposo era un cobarde
que se negaba a asumir cualquier responsabilidad, incluso el críar a los
niños, a menos que ella estuviera constantemente detrás de é1.
El marido, de 45 años, tenía una pequeña estación de servicio,
era respetado por sus conciudadanos y tenía vieios amigos que Io eran
de verdad. En su casa, sin embargo, bebía mucho, ignoraba a sus hijos,
taÍa vez tenía relaciones sexuales con su esposa y se negaba en rotundo
a entrar en discusión sobre los asuntos de la casa. El ni se oponía ni
favorecía los planes de su esposa, pero se quedaba pasivo y no coope-
raba siempre que ella intentaba hacer algo, ya fuera doméstico, ya fiera
un hecho social. En varias ocasiones, en especial cuando estaba bajo los
efectos del alcohol, había intentado besar y acariciar a niñas menores
de diez años, pero él resueltamente lo negaba, a pesar de que había sido
cogido por su esposa más de una vez.
La esposa de 39 años, se había hecho cargo de la casa y de los
niños, pero, además, ganaba más dinero que su marido criando caballos
de carreras; por lo general vestía vaqueros o el equipo de montar,
y abiertamente había tenido planes con oros hombres ante las narices
de su marido. Ella misma admitió que la mayor parte del tiempo que
pasaba con su marido lo empleaba en intentar corregir lo que ella consi-
deraba su irresponsabilidad, le decía que <(era como su padre, que
nunca había llegado a nada»>.
Por lo tanto, esto parece ser un caso bastante clásico de mujer
castrante o desmasculinizante y hombre castrado o desmasculinizado'
He elegido este ejemplo clásico para presentarlo aquí porque quiero
defender la tesis de que ¡o existe de hecho tal entidad, como mujer
desmasculiniz nte per se )'; y si se puede probar con este caso extremo
que la esposa no era desmasculinizante por derecho propio, entonces se
podrá coácluir que ninguna esposa, en sí, de sí y por sí lo es'
La objeción que yo hago al concepto de desmasculinización se centra
sobre todo en el campo teórico (aunque por supuesto que la teoría que
se opone a este concepto se deriva, en último análisis, de la evidencia
empírica y clínica). La construcción teórica de donde proviene mi oposi-
ción al concepto de esposas castrantes o desmasculinizantes se basa en
la teoría A-B-C de la personalidad y de la perturbación emocional que ya
se ha presentado con anterioridad en este libro. Esta teoría, que está
muy directamente relacionada con los enfoques existenciales y fenomeno-

En el otiginal.
UN ENFOQUE RACIONAL A LOS PROBLEMAS MARITALES I9I

lógicos de la conducta humana (Combs y Snugg, 1960)' mantiene


que
';ui; C'
;r, el estímulo A, da origen a la reacción emocional humana Pora
.l .o.rtrurio, casi siempre .t B -lut creencias del individuose relativas
Á, lu, u.titudes hacia ella y la interpretación que de ella hace- lo
qr. á. fr..fro da origen a la teacción, C' Así, como les explico a casi mis
;lr;.; en la consuiia marimonial, las acciones de sus esposos
o
;;;; t.; la causa de que ellos lleguen a estar ansiosos' enfadadosde.las
en C. Por el contrario, sul propias intetpretaciones ac-
"ti..u¿ot
ciones de sus compañeros en A es lo que en verdad les origina sus
perturbaciones en C'
' Áoli.uda a la desmasculinización, la construcción A-B-C de la per-
muier'
,rrU*iá"'.-..iunul mantiene que es imposible-que cualquier el punto C' a
;;;l;.,";-Á, lr.¿^ á.r.nur..,iini'^t " útt hombie,,en de hecho
;;;t!;; lit..i..ni. l" mutile' Lo que <'desmasculiniza>> a

,n frt.Ét. que está psicológicamente castrado son sus propias creencias


y.hotrible
;; B ;; i..it, tr.'....n.L. d" que €s terrible,-horroroso o le
;;;" .ip.;;l;';1;;;; ;;', muilr) le critique,le riña' le rechace
i.rrp.rr.b.. No ímpoita lo castrante que una muier intente ser' sus es-
g-estos' pala-
fuerzos fracasarán a menos que su esposo tome en ¡erio sus
il;;;i;i., qr. quieren ser castrantes menos que él utilice las
de ella para destruirse a sl -a
rnismo'
-r
opiniánes
al matgen de lo fuerte y seguro
¿Es posible que cualquier hombre,
qr. p'"áu t.., * i.ti.t. a'la descarga continua-de una muier que quiera
á"t.rirr.rii"i zár? Cietamente lo es, ya que no importa lo que su mujer
Jig, o haga, como que recurra al castigo concreto (por eiemplo' negarse
a darle de comer) i lu violencia físña (por ejemplo' golpearle con el
"
,lpi.. ."¿iff"), ,rt puirb.as y.hechos sólo surtirányefecto si él cree de
it'.r* .it¿nrí qu, iui.trt palabras son terribles, (b) que é1 no vale
para nada porqr:. además son verdad'
Si un-esposo se niega a creer esto y en su lugar piensa
que su espo-
sa debe de tener *;;h;t preiuicios y probableáenle esté perturbada
en Io
..o.iánulrn.nr., por-io qu" t. .tt""'; e incluso si ella está forma
q9.e actúa de
.i*., ri*pl.-ári. .t qr; él está equivocado, ya él posiblemente no
qr. d.rpi.ita su ira, pero nunca que es un inútil-
más obietivo v sin las
ii.'r¿?t", -*.rriti¿Lá á1pniu utiii"' un término
yo'
idioru, connotaciones sexuales) la fuerza del
Para ser más específico aún, volvamos al caso del matrimonio que
había explicado en términos generales en unos pátrafos anteriores' Las
y que.querían ser
falabru, y h..hos de la esposa en el punto A, negativos
castrantes, consistían en castigar continuamente a su marldo por su
irresoonsÁilidad, porque ella llevaba completamente la casa' por ganar
;;;ii;;;. qu. il, y iodo esto adoptando el llamado atavío masculino
, ooni.n¿o io, au.ino, a su marido con sucesivos amantes' Entonces'
ifi.""ár.o á..lla en el punto A deberá dar como resultado, de lorna
192 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

fiaturdl,.que su esposo crea, en el punto B, que la


criticaque ella le hace
es temible y que no es más qr:. ,rn imbécii que
no sirve para nadaT Esta
es exacramente la pregunta que el marido rne hizo
.uur,áo l. ui po, p.i_
en el consultorio matrimonial; mi respuesra fu.,-"t¡oi
T.,., :.,
oamente no)>.
.o,u.r-
entonces procedí a hacer ver a este individuo,
en las sesiones
siguientes, que las murmuraciones y Ia crítica de ,o'.rfo*o io ..^n
espantosas, terribles ni horrorosas. Visto objetivament.,
.iu-- qu. .run
desagradables, nada deseables y familiar y autodestructivas.
por lo ranto los araques críticos violentos á. ,, .rpo.. Eri¿ bi.n,
no eran deseables.
tsl problema que se.presenraba entonces era cómt cambiar
las palabras
y hechos.negarivos de ella _¡y no cómo hacer para alterarse_.
Iisistí en
que si el esposo se tranquiliiaru y afronturr'lu .onáu.iu-d.'*''.rporu
como un problema a atajar, y no éomo un «horror» p".
,1T?,,ur.., .., -ry
.t qr. lray que
:*Í::.^: probable qu. prai.-ru-l*Jr*-rlgo p.ru
resolver este problema.
Además, como yo le señalé de forma directa y activa, aun cuando
f^df:jecir,
l;. conducta
desáe un punto a. uirá.onvencional rnuiriÁoniut, q,r.
Ia de su muier era indeseable y destructiva, no ..u ,rn, buÉnu
razón paru que se culpara por ello y, í.-.roro y .áU.ta.
i.iioc.diem
ante elll.
Obviamente, si ella, que era. una mujer_inteligente y competente,
actuaba siempre de forma distructiva, ., q* a.úi"'.?i.ilír,riiá"o..rr"
b^da y ser poco realista _aun en el supuesto de que
él no fuera el
.leo j.
mejor esposo del mundo y ella tuvíera, eÁ cierto ,.niido,
para su negativismo. Esta esposa, con sus tácticas qu. qu..i-á .rr¿n
masculinizanres, no podía conseg,ri, lo, ..."i;;J;;
,.. d.r_
d,; ¿llá'¿.r.r.
saber, que su marido asumiera una mayor responsabilidad.
*¿,
-a EIi; .on"
tanremenre recurría a Io que G. V. Hamilton
muy acerrada, conducta peisistente no ajusrada,
lilZ:¡
llurnr, á.-fo..u
neurotlca.
i ¿.;r;;;;.]i .rtrb,
Yo le señalé al marido que si su esposa estaba tan perturbada y sus
y cr-íticas eran en girn pu.t..producto de ,;
regañin-as
qué debería de romarse tr.i.n ,erio las ,.iitrd., t.;;.b*iOn, ¿po,
qué, en cambio, no era más comprensivo con lru
,ii{,,ai-Ár-iili'
¿vo,
t"nd.n.irrá*u.rr., d.
su mujer, intentaba com.prendei de dónde venían, ¿.;^U, á.llcirre,
en el punto B, lo horrible y terrible que eran jlri¿"v
*Gn u
automutilación real en el punro C7 "J "n.
Seguí trabajando en eita forma con el paciente durante
varias sesio_
nes, hasta que al final se.diorcüenta d. qrá.rf;;;;;;;uJrIlrpor"
le riñera no era más j,rstificable que .nf'rd"rr. con un niño
o un defi-
:i::"t. l.r.1l que el malo.e incluso p.ru...o.-at
;;:¿;;
ducta de un niño, un deficiente menral o un iniividuo
;;;';,i,ii'^
ron-
p.?iu.t.áo .n
verdad es algo legítimo, pero el oAu. u.rr. ird-i"id;;;"1'q"..fr."ri"
UN ENFOQUE RACIONAL A LOS PROBLEMAS MARITALES l()l

debería .te,, mayor, más inteligente y menos perturbado , no lo es dc


hecho, supone ser poco realista y ambicioso.
«¿No tengo razón al enfadarme por las riñas de mi mujet y
ofenderme con ella por ello?" Me preguntó el marido en un momento
dado durante la tercera sesión.
.,Usted está postulando en su pregunta dos afirmaci6¡ss ¡ss-
pondí- de las cuales -ls y
una es muy sensata y la otra muy irracional
nada sensata. La primera afirmación es que usted tiene derecho ---o,
más exactamente, una tendencia humana normal- a enfadarse, moles-
tarse y tener aversión a las riñas de su esposa. Eso es perfectamente
cierto, ya que no hay razón para que, como ser humano, no deba tener
aversión a las cosas que no le gustan a las mejores caracte-
rísticas de su esposa.» -incluso
<<¿Entonces, el que yo tenga aversíón a sus riñas es normal?>>
<<Sí, completamente normal sólo en el sentido de que a casi
todo el mundo le disgusta regañar-no(ya que el que la mayoría de la gente
haga una cosa no prueba que eso sea <,bueno>> y se <<adapte bien» a las
necesidades de uno)- sino que es normal en el sentido de que no es
autodestructivo. El tener aversión a las esposas que riñen, a los Martinis
o a 1o que quieras en gran parte es una cuestión de gusto y preferen-
cias; y Llno tiene perfecto derecho a sus gustos y preferencias, con todo
lo exüaño que les pueda parecer a los demás, siempre y cuando se man-
tenga dentro de la ley y no perjudique a los demás sin necesidad, sólo
por satisfacerlos.»
«¿Cuál es, entonces, la parte insensata de mi pregunta?>>
«La segunda afirmación que va implícita decir, que corTto
usted tiene aversión a algo (en este caso las riñas-esde su esposa), ese
algo, por lo tanto, no debería, no debe, no tiene que existir. Un niño o
un adulto poco realista (que en esencia es un niño grande) cree que por-
qrre a él no les gusta que llueva no debería llover. Pero ¿por qué no de-
bería? Lo que en verdad quíere decir, si üaducimos esta frase en térmi-
nos sensatos, es que como a él no le gusta que llueva, seria agradable
que no lloviera. Pero si llueve es muy posible- eso es muy malo,
y poco puede é1 hacer., -que
<<Parece estar diciendo que yo, legítimamente, puedo tener aversión
a Ias riñas de mi esposa, pero que si la odio o me enfado con ella por
esto, es que me estoy diciendo, de forma poca sana: "Ya que no me gus-
ta, ella no debería hacerlo", en lugar de decir, de forma sensata: "Ya
que no me gusta, sería agradable que no lo hiciera".,>
.,Sí, eso es exactamente lo que estoy diciendo: que usted está ffans-
formando st deseo perfectámente racional de que su esposa deje de
refrirle en una necesidad enfetmiza y una exigencla imperiosa de que ella
lo haga. Cuando su necesidad enfermiza no se satisface, entonces apa-
rece su ansiedad, originada por sus propias frases interiorizadas: "De-
t94 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

be de dejar de reñir porque no puedo soportarlo; y cuando su exigencia


imperiosa no es satisfecha, aparece su ira, causada por sus frases ilógicas:
"Debería deiar de reñir porque a mí no me gusta; no es buena porque
no hace lo que a mí me gusta".>>
«Según usted, entonces yo estaría mucho mejor y me sentiría me-
nos ansioso si cambio mis frases y me digo que: "no me gusta que riña,
pero puedo soportarlo", y "sería agradable que dejara de reñir, ya que
no me gusta, pero probablemente nunca dejará de hacerlo por esta razón,
por lo tanto tendré que soportarlo el tiempo'que sea".r>
..¿Así que son mis frases las que hacen todo el daño?>>
«Sí, usted se está autosentenciando literal y figuradamente; se está
autocondenando por sus señalizaciones internas o intracomunicaciones.»>
Al mismo tiempo que estuve atacando, de esta manera, el resenti-
miento del esposo contra su esposa, también estuve examinando su cul-
pabilídad, ya que las acusaciones de su esposa no eran del todo infunda-
das, y él había sido, desde el principio de su matrimonio, un esposo nada
responsable. En este sentido, le hice ver que su irresponsabilidad no pro-
venía, como él pensaba, de su incapacidad para actuar bien o para vivir
sin cometer equivocaciones, en el punto A, sino de su actitud de auto-
culparse, en el punto B, porque no actuaba bien y cometía tales errores.
Así, cuando el marido vino por primera vez al consultorio, estaba
convencido de que no era capaz de manejar a los niños, y por consi-
guiente, ya no intentaba aprender a controlar y guiar a sus hijos. Le
hice ver que era su creencia irracional sobre la teruibilidad de cometer
errores con sus hijos lo que le había llevado de hecho a evitar asumir
responsabilidades en la educación de ellos. Cuando al final empezó a
comprender que fio era tafl terrible que cometiera erroles ni que fraca-
sara en algo que él intentaba conseguir, dejó de estar a la defensiva res-
pecto a asumir responsabilidades en su casa empezó a pensar en
agrandar en lo posible su negocio. -y
En cLralquier caso, el principal punto terapéutico que utilicé con
este paciente {ue quizás el convencerle de que no tenía que ser desmas-
culinizado, aun cuando su esposa, por sus razones neuróticas, estuviera
intentando casrarle. Insistí en que sólo él tenía el control real sobre la
fuerza de su propio yo, y si dejaba de tomarse tan en serio los dichos
y hechos de los demás, sobre todo los de su pobre y perturbada esposa,
ganaría confianza en sí mismo, en lugar de destruirla.
Una vez que estuvo convencido de este punto, empezó a conside-
rarse de forma distinta, a intenrar cosas que nunca había hecho antes, a
resistir los ataques violentos de su esposa, e incluso a intentar relaciones
sexuales marimoniales, que no lo había hecho en meses. Al mismo tiem-
po, fue capaz de ver claramente que su interés por las niñas provenía
(a) de su hostilidad hacia su esposa (que se encolerizaba más por esta
conducta concreta), y (b) del miedo a tener relaciones sexuales con cual-
UN ENFOQUE RACIONAL A LOS PROBLENÍAS I'ÍARITALES 195

quier otra mujer después de haber sido intimidado mejor,. haberse


-o,
áejado intimiiar- pó. tu esposa. Su interés por las niñas fue desapare-
ciendo a medida que se sentía menos intimidado.
AI mismo tiempo que estuve viendo al esposo, tenía. tna sesión
semanal con la .rpor.. Ál principio pensé que sería más difícil que se
r..ri*rum ella que é1, sin .mbuigo iru. -énot dificultad en mostra¡le
ei A-B-C de su óonducta autodestructiva. En siete sesiones justas -sn
comparación de las ll que mantuve con su marido- la demostré que
srrs tendencias que queríán ser casrantes no se derivaban, como.ella pen-
rrUr, ¿a punto A --1. irr.sponsabilidad de s-u maridg y su deseo ho-
nestá de que é1 fuera más responsable, sino del punto B lamentos
y su sentido de catásrofe respecto al punto A' -sus
En el caso de la esposa, también, tuve que hacerle ver .que, no era
terrible que su esposo ie condujera como lo hacía, sino-simplemente
a.rrátraJfl., y q; ur,a vez que tome la irresponsabilidad, de é1 como
in fr:obllrrra' á ,iprror,.n u., de como un crimen atroz, algo se podrá
l,u.át p"t ello. Púcticámente dejó de teñirle, con sorprendente rapidez'
Áf-!tin.ipi" ella seguía con ot;os hombres, pero después, cuando su
-arido mejoró sexualmente, dejó estas aventuras'
No puedo decír, en este caso, que fui capaz de arreglar.el marimo-
nio de g..rt" haita trl punto que vivieron felices para siempre' Que
".a,
yo sepa, sigüen casados y eitán mucho más contentos consigo- mismos y
.o., ót.J qr. unt.r. Ño obstante, nunca les irá de maravilla, a causa
; p; "j á.'incompatibilidades básicas de intereses que deberían de
habár consid.rudo ,ntes de casarse, pero que no lo hicieron' Sin embargo,
el punto principal de la presentación de este caso es que la esposa ya no
.rn potible casmador, y que si lo fuera, el marido se negaría en rotun-
".
d<¡ a ser desmasculinizado.
Insisto, pues: no existen muieres exactamente desmasculinizadoras;
lo q* h.y, po. desgracia, .on hombres que piensan qtre pueden ser
*realidad por sus esposas o novils Y 9tt!: a causa
de
;;r;;á"; pÁiátogi.n.ente
ello, lo ,on. En eitos hombres, no son desmasculinizados por
ningrnu muier, sino que siempre ,sofl ailtocaslrados. Si existe una murier
il"-;. pu.á á..it qú. .t casiradora, esa es la madre de un hombre, ya
ó;; ;; ü q". l" trur.it. las actitudes primeras, las interpretaciones y los
óió";.ior que él más tarde, uttlizatÁ. en el punto P y lt obligará a
tener muy en cuenta el punto A llamada esposa desmasculinizaáoru'
Sir-.-U-g", en relación con la -11 madre castrante en origen, debemos ha-
cer dos restricciones importantes.
En primer lugar, el coniunto básico de creencias, presupuestos, acti-
tudes filósóficas e interpretaciones de la vida de un hombre, sin ninguna
duda, son inculcados por su madre, pero también por su padre, p-arientes,
hermanos, profesores, libros, amigos toda la cultura social-. Más
que su *rá.. tolu, es esta cultura -pot
en realidad la que básicamente le fo-
196 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

menta el llegat a estar desmasculinizado y a creer, de forma irracional,


,rye ¡lebe ser h.erido y casrado por las pálubrur y gestos de los demás.
En segundo lugar, aun cuando la madre de un-hombre, o su cultu_
ra como un todo, le adoctrinen con Ia creencia de que no puede contro-
lar su propio destino psicológico y que debe ser vulnerabl. , lo, lnrul-
tos y a las tendencias casfantes de los demás, aun así esto no sisnifica
q.oe teng(t que seguir creyéndolo para el resto de su vida. puede, iicluro
si_n a.lrgda psicoterapéutica, contradecir, cuestionar y desafiar las ideolo-
gías.básicas con las que ha sido criado, y a través de esto, llegar a ser
invulnerable a cualq-uier inrento de castiación psicológica. présto que
el individuo pttede ]legar a ser liberado cuando é. adulio, en realidad él
nunca es desmasculinizado o disminuido por los demás; en el análisis
último, él consiente a los demás que le perjudiquen, por io tanto, se cas-
tt^ a sí mismo. Cuando un ser humano es racional y realista, cualquier
posibilidad de desmasculinización, coléricamente próvocada por la mu
ier o defensivamente aceptada por el hombre, ,e hu.. rnu, ..*otu.
t2
Un enfoque racional-emofivo
de la consuha premalrimonial"
Así como la psicoterapia racional-emotiva es bastante útil en los
casos de consulta matrimonial, de la misma forma es un método muy
eficíente para el tratamiento de los casos de consulta prematrimonial,
ya que la persona que busca ayuda a causa de sus dificultades prematri-
moniales, al igual que el individuo que viene con un problema matri-
monial, lo que necesita es algún tipo de psicoterapia intensiva. No es
simplemente que su novia o prometida está actuando mal, o que la situa-
ción prematrimonial es complicada, lo que les lleva a buscar ayuda. Casi
siempre es á/, que tiene dificultad paru relacionarse con su futura pare-
ja, o que no sabe manejar la situación en la que están metidos.
Aunque he visto a algunos clientes en la consulta matrimonial que
lo que necesitan son respuestas a preguntas muy simples, y que a veces
se resuelve en una o dos sesiones, la mayoría vienen por razones más
profundas y complicadas. Las principales preguntas que hacen son:
<<¿Es mi prometida la persona idónea para mí?»>, «¿Debería tener rela-
ciones sexuales prematrimonialesT>>. <<¿Cómo puedo encontrar el compa-
ñero apropiado?». «¿Cómo puedo superar mi incapacidad sexual o mis
inclinaciones homosexuales antes de casarme?»>. Estas y otras preguntas
parecidas por 1o general envuelven unas características de la persona-
lidad profundamente arraigadas y antiguos problemas emocionales por
parte del que viene a la consulta.

1- Este capítulo es una exposición ampliada de la charla <,4 Rational Approach


to Premarital Counseling», dada en el encuentro anual del National Council on
Family Relations en la Unive¡sidad de Columbia, el 26 de agosto de 1960, y publi-
cada en Psychological Reports, 196i, 8, 33J-338.
198 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

Puesto en términos más dinámicos, las preguntas reales que se


hacen la mayoría de los individuos que vienen a la consulta premamimo-
nial son: «¿No sería terrible que fuera sexualmente rechazado?, o ¿que
cometiera un error en la elección de mi compañero-a?, ¿o que actuara
de forma equivocada y perversa en mis aventuras prematrimoniales?r>.
Y: <<¿no es terriblemente injusto que el chico o la chica en el que estoy
interesado sea poco amable?, o ¿no sea muy comprensivo?, o ¿sea muy
exigente?, o ¿demasiado interesado?>>.
Dicho de otra manera, la mayoría de los individuos que vienen a la
consulta prematrimonial están ansiosos yf o enf.adados sin necesidad.
Tienen miedo del rechazo, la incapacidad, de actuar mal en el noviazgo
o en el matrimonio; están tan enfadados y son tan hostiles porque los
componentes general o de forma específica- del otro sexo no se
conducen como -ena ellos les gustaría que Io hicieran. De acuerdo con los
principios de la psicoterapia racional-emotiva, ya que los sentimientos de
ansiedad y resentimiento la mayoría de las veces se auto-originan sin
necesidad e inevitablemente perjudican al individuo que los experimenta,
mi enfoque psicoterapéutico a la mayoría de los individuos que vienen
a la consulta prematrimonial es demostrarles, lo más rápidamente posi-
ble, cómo librarse de estos miedos y hostilidades para que sean capaces
de resolver sus presentes y futuras dificultades en el noviazgo y en el
matrimonio.
La principal construcción teórica y técnica que utilizo para extirpar
la vergüenza y la ira de una persona soltera, en relación consigo misma
y con sus posibles compañeros es la misma teoría A-B-C de la personali-
dad expuesta con anterioridad en este libro. Veamos cómo esta cons-
trucción se ha aplicado de forma específica a algunos casos premarimo-
niales.
Tomemos, en primer lugar, la ansiedad prematrimonial por
1o general es el principal síntoma que se presenta en la gente -que
joven que
viene a la consulta antes del ¡¡¿1¡i¡¡6¡i6-. Ultimamente he estado vien-
do a una chica de 25 años que, a pesar de su profundo deseo de casarse
y tener familia, nunca había estado prometida a un chico. Ella es bastante
guapa, muy bien educada y ha tenido muchas oportunidades de salir
con chicos, ya que su familia entera está preocupada porque no tiene
novio y le arreglan citas casi sin avisar, pero ella siempre encuentra algu-
na excusa para no salir con chicos, o queda a una hora y en el último
minuto cancela la cita. A los pocos actos sociales que ha ido, no se ha
separado de su madre o de alguna amiga ni un solo momento, ni ha con-
sentido en estar a solas con un chico.
Era muy fácil haber dado al problema de esta chica una clasificación
<<psicodinámica>> impresionante y haberle dicho que tenía una fiiación
pregenital con su madre, o unos lazos simbióticos muy fuertes con ella,
pero tales etiquetas, aunque fueron parcialmente ciertas, no la ayudarían
UN ENFoQUE RACIoNAL EMoTIvo DE LA CoNSULTA PREMATRIMoNIAL I99

en nada a superar sus problemas. En su lugar se la dijo simplemente que


su fobia a los chicos, en el punto C, posiblemente no fuera ca,rsada por
un hecho o esrímulo nocivo en el punto A (como el que {uera rcchazaáa
e.n. alguna ocasión por algún chico por el que estaba interesada), sino que
debían ser las frases carastróficas que se decía en el punto B lu .rrrru
rcal y actual de sus miedos extremos a quedar con un chico.
«¿Qué es 1o que se dice en el punto B que la hace reaccionar con
tanto miedo en el punto C?»>, Ia pregunté.
Al principio, como es el caso de muchos de mis pacientes de psico-
terapia y de la consuka matrimonial, ella insistió en que no se decía
nada en el punto B, o que, si se lo decía, no podía sabei lo que era. Sin
e.lb.argg,.seguí- haciendo hincapié en campt teórico, yo afirmaba que
"l reiultados
debía decirse algo absurdo pará consegrir taá lamentables-en
su tono emocional y en su conducta; seguí cuestionándola en este senti-
do, y pronto esto logró su triunfo. Averiguó que se decía a sí misma
que sería terrible si salía con un chico y, a1 iguál que sus dos hermanas
mayores, era seducida sexualmente antes del matrimonio, pero, a dife-
rencia de ellas, no se casaba con su seductor.
Estas frases interiorizadas eran, por turnos, subtítulos de la filoso-
fía gen_eral de la cliente, que afirmabá qr. la úÁica cosa realmente bue-
na en la vida era el matrimonio más que el sexo, y que cualquier chica
gue lo consigtriera casarse era una incompetente y nó servía para nada.
De forrna bastante perversa, como suele ocurrii .n *u.ho, casos de
neurosis, esta chica al sobrevalorizar \a necesidad de casarse, se condu-
cja a.un estado de pánico tal que le impedía conseguir la meta que más
deseaba.
¿Qué se podía hacer- para ayudar a esta cliente? En mis viejos tiem-
po.s
le psicoanálisis la habría animado a que transfiriera en mí áus nece-
sidades matrimoniales y de amor, y entónces, mezclado todo esto con
rituales de análisis de sueño y asociáción libre, hubiera intentado demos-
trarle que, de la misma forma que yo la aceptaba, podría aceptarse ella
misma; se_ suponía que así se sentiría libre para irsl y casarsé con otro
hombre. Quizás, después de cientos de horas de anái¡.sis, esto hubiera
servido; o quizás hubiera llegado a estar tan simbióticamenre atada a mí
como ahora lo estaba con su madre, y al final, a los 65 años, hubiera
comprendido que no_me iba a casar ion ella y se hubiera jubilado en
una casa para ex analizados que a mí, ingenuamente, se me habría ocu-
rrido organizat en alguna ocásión.
. No deseando ,exponerme a un resultado fortuito de la terapia, ata_
qué directamente las irracionales filosofías de la vida d. .r,u'.hi.u y
Ias golpeé (las filosofías, no Ia chica) en su cabeza hrr,u qr., J..ou¿,
¿"
tres meses de consulra, ella decidió abandonarlas. Más eipecíficá-.rte,
ataqué con fuerza slls estúpidas ideas de que las relacione, ,.*rr"l., pr"_
matrimoniales son viles y vetgonzantes, áe que el único estaáo Lr'r.no
200 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

paru que- no consiguen un objetivo


l^ mujer era el matrimonio, que los
importante, como puede ser el lograr una relación buena con una per-
sona del otro ,ero, son unos ineptos y no tienen ningún valor como
seres humanos. Como contrapartida ,la aytdé a comprender que las rela-
ciones sexuales pueden ser buenas al margen del matrimonio, que el
matrimonio puede ser una meta prelerible para una mujer, pero no
humano y no pr.reba nada en relación con la valía esencial de uno'
Yo no creo en milagros o en influencias sobrenaturales., pero los
cambios que experimentó esta cliente en relación con la sexualidad y las
filosofías g.netál.t de la vida fueron casi milagrosos. No tuve que insis-
tir muchJpara que dispusiera varias citas con chicos jóvenes. Encontró
que le gusiaba aiariciaise hasta llegar al orgasmo con algunos de estos
arnigos.*Unos meses más tarde estrbleció relaciones sexuales completas
.on-r.ro de ellos, y ahora se va a casar con su amante. Además, -aunque
tara vez hablamos de los restantes aspectos de su vida, ha vuelto a la
universidad, que la abandonó por desesperación a causa-de-su pobre vida
social allí, y éstá intentando ser profesora de la escuela de enfermeras.
Consideremos otro caso de consulta prematrimonial de acuerdo con
las líneas psicoterapéuticas racionales. Un hombre de 28 años vino a
la consulta- porque ii.-pr. estaba enfadado con su novia, en apariencia
porque ella- le uacobaráaba>> criticándole en público. Al cuestionarle,
ád,"lti¿ también que nunca había sido muy potente con una mujer y
que tenía bastante miedo a que no les fuera bien sexualmente. con su
novia después de casados. Dá acuerdo con la interpretación,psicoanalí-
tica yo l'rubiera hecho hace años alegremente (y obstinadamen-t.)-
-qué
él lo qui en verdad temía no era que su novia le.acobardara en público,
sino que se acobardara é1 mismo cuando al fin fuera a la cama con su
novia, y los llamados ataques a él no eran más que una proyección de
sus miedos de castración.
Mi interpretación se habría basado en mi antigua juventud psico-
analítica. Por fortuna, tuve el sentido común de llamar a la novia de mi
cliente, y sorpresa!- enseguida descubrí que era una muier
quejumbrosa,- ¡sorpresa,
negativa c1ue, figurativamente hablando, solía castrar a mi
cliente en público, con 1o cual me puse a hacer dos cosas, muy directi-
vas y nada-psicoanalíticas: primero la convencí de que viniera a la con-
.,rltá, ,rnqu. al ptincipio afirmaba que ella estaba bien y que el proble-
ma se cifraba en la inconsideración e ineptitud de su novio. Cuando con-
seguí que viniera a la psicoterapia un total de 48 sesiones indivi-
duales y un año de terapia de grupo- -con le hice ver que su ira, en el
punto C, no procedía de la conducta inepta de su novio, en el punto A,
sino de su propia interpretación, llena de prejuicios y pomposa, de esta
conducta en el punto B.
En otras palabras, demostré a esta mujer que ella se decía: (a)
«John se está portando como un inepto y un desconsiderado en público»
UN ENFOQUE RACIONAL EMOTIVO DE LA CoNSULTA PREMATRIMoNIAL 2OI

y (b) «No debería actuar así; es un hijo de perra por hacerlo>>. Sin
embargo, le indiqué, se ayudaría mucho más si se dijera: (a) «John está
actuando de una forma que yo considero inepta y desconsiderada en
público», y (b) «Si estoy en lo cierto, que puede ser que no, entonces
sería ruucho ruás positiuo que le indujera a dejar de actuar así; debería
intentarlo todo para ayudarle a ver lo que está haciendo (sin culparle
por elio) de forma que mejore sus actuaciones>>.
Cuando la convencí tengo que decir de nuevo que durante un
tiempo me seguía muy mal, -ypero al final triunfó la metodología racional-
emotiva y unas buenas cuerdas vocales- de que nadie debe culpar a la
gente pol lo que hagan y que los errores y equivocaciones deben ser
aceptados y perdonados en lugar de despreciados si de verdad se les quie-
re ayudar, ella no sólo dejó de regañar a su novio en público sino que
llegó a ser una persona más amable y menos perturbadora.
Mienras tanto, retrocediendo a mi primer cliente, que le habíamos
dejado rechinando los dientes por su novia y temblando por el espectro
de su impotencia sexual, demostró ser un fácil converso a la causa del
pensamiento racional. Después de 16 sesiones de una consulta muy
directiva fue capaz de ver que, al margen de la dureza verbal de su
novia, sus palabras el punto A- podrían herirle y enojarle
el punto C- sólo si-en -enel
se decía muchas tonterías sobre estas palabras en
punto B.
En lugar de cuestionar lo que se había estado diciendo saber,
-a y no
«esta perra me está destrozando con sus horribles críticas públicas,
tiene derecho a hacerme eso a mí qLre soy un pobre infelizr- se le
indujo a qLre cllestionara la racionalidad de estas verbalizaciones internas.
Después de haber desafiado de forma activa sus preslrpuesros imefle-
¡iye5 particlllar los que mantenían que (a) que las palabras críticas
de su-s¡
novia erafl neces^tiamente perjr-rdiciales; (b) que ella no debería
repetir constantemente las críticas que le hacía a él; y (c) que era dema-
siado débil para soportar sus críticas y no era capaz de estar a la altura
de las circun5l¿¡6i¿5- este cliente empezó a creer en él y en una filoso-
fía radicalmente diferente <le las relaciones sexuales, se empezó a decir
cosas del tipo de: «Ya está la pobrecilla poniéndome en ridículo de
nuevo a causa de su perturbación. Ahora voy a ver si alguno de los pun-
tos que arguye contra mí son verdad; si así es, voy a intentar cambiar
en este sentido. Pero también, en la medida en que ella esté equivocada
en su apreciación de mí, voy a intentar ayudarla en sus problemas, de
forma que no tenga qr-re seguir siendo desagradable conmigó en público».
Cuando se operó este cambio en las frases interiorizadas del clien-
te, fue capaz áe afrontar mejor las críticas de su novia, y su hostilidad
hacia ella se desvaneció en gran parte. Entonces pudo afrontar el hecho
de su impot¿¡si¿ probó que, como suele pasar, era el resultado de
su preocupación ante-56la posibilidad de fracasar lo que le hacía fracasar de
202 RAZON Y EA,IOCION EN PSICOTERAPIA

hecho. Cuando adquirió una nueva filosofía sexual y general sobre el


fracaso, llegó a ser una persona perfectamente capacitada sexLlalmente.
En su nueva filosofía, en lugar de decirse: <<Si fracaso sexualmente,
será terrible y me sentiré completamente acobardado», empezó a decir-
se: <<Es muy deseable que sea una persona sexualmente capacitada, pero
no es necesario; y en el caso de que fuera impotente en el momento
actual, existen formas extravaginales de satisfacer a mi compaiera, ¿crtál
es la tragedia entonces?>>. Al perder su terrible miedo al fracaso sexual,
logró funcionar bien; y al perder el miedo a que su novia le criticara
públicamente, la ayudó a ser mucho menos crítica.
Los principales aspectos de la TR que se aplican por lo general en
la consulta prematrimonial incluyen el que se enseñe al paciente que no
es hotible que {racase en sus aventuras sexuales y amorosas; que no
existe razón alguna por la que su compañera deba actuar en la forma que
a él le glrstaría que lo hiciera; y que toda la infelicidad que pueda
experimentar en sus relaciones prematrimoniales (o, más tarde matrimo-
niales) no son más que el resultado de todas las tonterías que se dice
Llna y otra vez, y no el resultado de los hechos y actitudes de su com-
pañera. La terapia racional-emotiva, en estos aspectos, fuerza directa-
mente al cliente a aceptar la realidad, en particular en sus relaciones con
su compañera y amante.
Esta es una de las principales ventajas de la TR cuando se aplica
a los casos de consulta matrimonial o prematrimonial: es decir, que se
cenüa en la realidad en vez de er-r la fantasía. Visto que algunas formas
de terapia alejan a las parejas o matrimonios de la realidad y les fuerza
¿r concentrarse exclusivamente en ellos cuando están bajo tratamiento, y
visto que estos tipos de terapia en consecLrencia favorecen \a separación
de los componentes de la pareia o maüimonio entre sí, lo que la psicote-
rapia racional emotiva intenta es inducirles a que se en{renten con ellos
rnismos y con Ia realidad.
Así, la TR coloca al individuo de lieno en el mundo, como dirían
algunos de los existencialistas, y no le separa de forma arbitraria del
resto de las personas y de las cosas, le estimula a comprender que rela'
ciones como la del matrimonio sr¡tt excepcionalmente terrenas y (a me-
nudo) difíciles, y qlle no tiene sentido que ignore sus aspectos más duros
o que los evite metiéndose en un mundo de fantasía. En último término,
clebe vivir en algún tipo de lealidad, y sólo puede conocerse y com-
prenderse en esta realidad cuando se arriesga, experimenta o se compro-
lnete en sumo grado (pero no totalmente).
Pero tal compromiso, dice la TR al individuo, aun cuando conlleve
cl riesgo del sufrimiento, de la ftustración y de los problemas, nunca le
llevará" a sentirse un inírtil y a perdel las esperanzas en el caso de que
fracase. Si comete el error de casarse con la chica que no debía o no ca-
sarse con la que debía, o de vivir con una mujer a la que debería haber
trN ENFoeuE RAcIoNAL EMorrvo DE LA coNsuLTA pREMATRIMoNIAL 20)

dejado, o dejar a una mujer con la que debería haber vivido, esto es
lamentable, penoso y desafortunado, pero no es terrible ni catastrófico.
En esa tentativa ha fracasado, pero no es un Fracaso, con F mayúscula.
Todavía es un ser que vive, que sigue siendo humano, y puede inten-
tarlo una y ofta vez, hasta que encuentre lo que quiere, o algo tazon -
blemente próximo a lo que quiere en sus relaciones sexuales o matri-
moniales.
La TR, por tanro, da al individuo una visión muy realista del matri
monio y del hecho de que mejor sería que dejara de culpar a su novia o
esposa y se dedicara a cultivar sv propio jardín matrimonial de forma
más eficaz. Pero también le transmite la filosofía <<idealista>> de que,
qierda o gane, sigue siendo el maestro de su propio destino y el capitán
de su alma y que sus experiencias de perdedor las puede utilizar para su
propia ventaia en el futuro. Le insta a que sea un individuo ez el mundo
en general y en el mundo del matrimonio en particular: a asumir total
responsabilidad ante sus acciones y reacciones, pero a aceptar la realidad
exterior tal como es y no, de un modo romántico, ignorarla, evitarla o
negatla.
L3

El tratamiento de la frigidez
y la impotencia*
Existen muchas razones en nuesra sociedad por las que las muje-
res llegan a ser frígidas y los hombres impotentes, una de las cuales es
un poderoso sentimiento de culpabilidad por parte de las personas se-
xualmente incapacitadas (Ellis, 1952, l96lb; Hirsch, 1957; Hitsch-
mann y Bergler, 1949; Kinsey, Pomeroy, Martin y Gebhard, 1953). En
otros sitios he presentado pruebas que evidencian cómo la gente del
mundo occidental es amollada por las actitudes antisexuales con las que
se les adocrina prácticamente desde que nacen; en consecuencia, se con-
sideran culpables cuando se dejan ir y disfrutan del sexo. El resultado
natural son los diferentes grados de frigidez e impotencia (Ellis, 1958b,
1962b).
Sea como fuere, otro fenómeno ha hecho su aparición en la sociedad
contemporánea que es diferente de la culpabilidad social en mu-
chos sentidos más pernicioso- sobre la que Freud construyó-y una parte
importante de sll teoría psicoanalítica. Este fenómeno es el de Ia ver-
güenza coincide con la culpabilidad en algunos aspectos, pero que
-que
en cierta manera es también diferenre. Ya que un individuo, cuando se
siente culpable, es porque considera que ha actuado de forma equivo-
cada o perversa ante los ojos de su Dios, del destino o del sistema de
valores sociales, pero cuando se siente avergonzado o incapacitado, lo
más probable es que considere que ha actuado de forma perversa o
inepta ante sus propios ojos o los de las personas con las que tiene un
contacto más inmediato.

" Este capítulo es_una ampliación de «Guilt, Shame and Frigidity», Quart.
Reu. Sttrg., Obset. atd Cynecol., 1959,16,259-261; y del capírulo II, págs. 2r22J6
de Tbe Art and Science ol Loae (Nueva York: Lyle Sruart, 1960).
RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA
206
Singer (1951) v otros muchos pensa-
Como han señalado Piers y
recientementt' tt rnt1¡' probab'le que la
doles psicológicos y sociológicos que de ella se derivan (dis-
versüenza y ln, ,"nti'iltá? il intupttidud
tinsuiénclolos cle la culpabiliclad
y sus senti;ientos concomitantes de
,r,oidnd) aumenten d";;¡; ;;;"Éinl
tt' una sociedad en la que se da
consecuciones sobre la santi-
orioridad al éxito ,.U"'i^ i*á ua y u las
hrd como es la nrrestra'
-tul tantos millones de individuos
Como resultndo d"- ttnt' en este país
a los que se les ha ¡"Jt]lJ'¿t'l'';ü;";;;'
ht tttudo viendo' en la clien'
consulta matrimonial' a petsona
tela privada d. t^ p,it'oi"üpiu v dI la sexual adecuada'
*as persona 0"., , otll'Ji;"hub¿tlt"tdo t'"^incapacitaclas
"áututión sexualmente a
son frígiclas o impotentes' Estas personas
qt''e no.tán'id"t'n el sexo como algo
menudo son seres -uy sotisticado' relaciones sexuales pre-
malo y qrre no ,i.ntt'{ t;i;;;tljü;á ii ""'bl"ttt
matrimoniale, o -n,ti,,,'JJt'lá'il tth;'
la mayotía quieren'conseguir
tt*"ul y harían cualquier cosa que estuvlera en su
i;";il;;i;"..ián
mano Por exPerimentarlo' para los hombres'
;;;;' ro par^ las muieres comoeran
Esto sirve h"y los matidos los
Mientras que, en lo,láo"n'"t'io"'' ton ftttutntia
oue venían a verme queiándose de que ttrs
*uitttt no tenían demasiado
que hoy-seanrlutr,.ttoot"
iilrlü'?t'rát't.i,.-i"]"t'sexuales' ei probable orsasmos sean más
i;;';;;;;;.i;;E q'''e quieren qué
lo 'u'
consisuiendo' Los esposos'"':'-':^I
slguen
meiores y que iuvtL no están.
- de la muier sino
viniendo prrn q.,.¡r,].t, p";;; J"-ü int'p'Iidad
sexual
de su impotencia en gran parte' r que r--
los L^*L--.
hombres y ,, mujeres
,

Una de lu, prinlip'l"' 'o'ont' por las e's' irónica-


<,le nuestra sociedad'"áttá"tiL"tl'i'
Juiitr*tián sexual'plena
por consefluirla' Se sienten tan
mente, porque .,,4n'iup"ttát?irnin'dot
aversonzador, u .uu""á! la educación'
ti ; l";;^; los más altos niveles
i::iÍ"i;üiáá".*p,ttiva que entorpecen de forma rásica sus Propros
de forma claraln el problema
deseos. Es decir, en lugar de centrarse sería: «tCómo.P::-1'
real que está a mano malamente t*p"ttio'
-que,
lo suticieniemente excitante v concentrarme en movrmlen-
;;J;;üo Ia acción ple-
tos 1o bastanr" ""i'tJunit'- á" fo'-o
quá tántigo satisf

na?>>_- esta gente 1o que hace es


ttttttnt" "' ñ:"1':T,'muy, diferen-
tt'
';;'" idiota y'un incompetente si
*¡".?-"Ol', 'lt¿ t'n'óit;;'¡tf
no soy capaz
^
de copular sin dific'-'it'J'' ro'*" ¿ittlnte: la gente incapaci-
con la idea de cómo en
tada sexualm.",. o# rTit;;;i';t; "'i;;;
obsesionada
relaciones sexuales (Eichen'
lusar de q,,¿
"rra,:"iu:t""#';"d;
luíb, §e2; Ellis, le62b)'
Los aspectos fi'áJgito' y er.rdocrinológico-s-de 1a impotencia y la
Kupperman' 1959;
r. igno'un'ii"rír1t*o' ñttgnr'n"' 1959;
{rigidez no de los
lWaller y stru,,,,,'i;i;j'"§; ttu,,gol ourece que la'mayoria
para que I"t a causa de su inca-
hombres y mujeres que vienen " ^yútl"
EL TRATAMIENTO DE LA FRIGIDEZ Y LA IMPOTENCIA 20t

pacidad sexual son fisiológica y endocrinológicamente normales, y poco


se puede hacer por ellos con recetarles hormonas. El deseo y la satis-
facción sexual están mecliatizados en gran parte por el sistema nervioso
central y la corteza cerebral, y, para que la estimulación y la satisfacción
sean máximas, debe existir un enfoque coordinado de la ide¿ sexual es-
pecí[ica.
Si una persona, en lugar de concentrarse en despertar los estímulos
sexuales, se está diciendo a sí mismo que sería terrible que fuera sexual-
mente incompetente; que eso probaría que no servía para nada y era
inferior; que debería ser capaz de conseguir tantos orgasmos y tan pode-
rosos como los demás; que cuando llegue al clímax, sonarán las campa-
nas y las luces echarán destellos éste es el tipo de frases que las
personas se repiten una y otra vez, -si lo único que se puede esperar es
que nunca consigan un alto grado de excítación y de realización plena.
Otra de las formas que adopta la vergüenza sexual actualmente en
nuesta sociedad es la inhibición decir, actúa como Lrn inhibidor de
-es extracoitales. Hoy, son menos las
Ia variedad de coitos y de las técnicas
personas bien educadas y de clase media qLre se niegan a intentar dife-
rentes posiciones en el coito o jr.regos sexuales que no sean el coito, que
en otro tiempo se les denominó erróneamente <(perversiones»>. Al tener
bastante poca culpabilidad, en un sentido tasnochado y pasado, no pien-
san que estos aspectos del sexo sean algo malvado.
Sin embargo, al mismo tiempo millones de americanos están em-
pleando métodos extravaginales sólo como técnicas «preliminares>> o
como «juegos y no las usan ni las incluyen en la consecución del orgasmo
cuando es necesario. Las razones por las que se restringen a sí mismos
están en estrecha relación con la vergüenza: es decir, sienten que «debe-
rían»> conseguir la plena satisfacción a favés del coito .,naturalrr, y eso
no requiere la manipulación digital de los genitales, la relación genito-
bucal o cualquier otra técnica para llegar al clír¡ax.
Si la gente necesita métodos no coitales para construir el orgasmo
normalmente les pasa a muchos de ellos- sienten que algo les
-como
funciona umal,r, que sexualmente son <<inferiores» o <<incompetentes».
Por supuesto que este sentimiento es completamente ilógico y práctica-
mente es una consecuencia de las ideas arbitrarias que tienen sobre lo
que es <(vergonzoso». Para acabar de complicar el problema, cuando mu-
chas esposas piensan que no son normales porque no llegan al orgasmo
en Ia copulación pene-vagina, sus esposos a veces también creen que son
inferiores porque no pueden dar a sus esposas el orgasmo si no es con
métodos no coitales. Por eso los dos componentes de la pareja, avergon-
zados 7a mayoúa de las veces equivocados- dificultan su propia
-y sexual.
satisfaccíón
Voy a exponer el siguiente caso; estuve viendo a una mujer casada
de 25 aítos que nunca había conseguido un orgasmo con su marido y
208 RAZON Y ENIOCION EN PSICOTERAPIA

que estada dispuesta a divorciarse por lo avergonzada que se sentía de


ella mis¡na y de su ineptitud. Sin siquiera intentar descubrir al principio
alguno de sus sentimientos inconscientes *profundos, de culpabilidad,
ansiedad u hostilidad, pasé a explicarle la forma en que estaba impidien-
do el tener orgasmos.
Le dije: oPor 1o que me cuenta, está claro que usted se repite cons-
rantemente: "Oh, qué horrible es que no consiga el orgasmo con la pe-
netración" y "¿cómo, una persona tan incompetente como yo, puede
llegar a conseguir el clímax total?", o "¿si no logro hacerlo con mi mari-
do que me trata tan bien ¿cómo va a irme bien con otra persona?, et-
cétera">>.
«Tiene razón. Esas son las re{lexiones que me hago.»
«Pero ¿cómo Ie va a ser posible centrarse en su placer sexual cuan-
do está tan centrada en autoculparse? Para sentirse sexualmente estimu-
lada, debe pe?tsar en algo que la estimule sexualmente, y su pensamiento
es de lo menos estimulante que uno se pr-reda imaginar decir, que
usted como mujer no vale nada.r, -es
«¿Pero cómo puedo considerarme una muier valiosa si soy tan
mala sexualmente?»
«¿Cómo no puede? En primer lugar, según lo que usted me ha
dicho, su esposo no se queja en absoluto, ya que l/ se encuentra satis-
fecho con sus rel¿rciones sexuales. Y en segundo lugar, aun cuando se
quejara, eso significaría que él tiene cierto tipo de preiuicios totalmente
arbitrarios ejemplo, que insista en qLle usted tenga un orgasmo
durante la -por
penetración, en lugar de decirse que sería agradable que lo
¡r.ryis¡¿- y que él está perturbado por tener esos preiuicios, de la mis-
ma forma que usted también lo está al tener los suvos. De todos modos,
en el peor de los casos, eso sólo probaría que usted no es una buena
compañera sexual para su marido, pero nunca que no vale nada como
mu jer.»
otro hombre, o
«¿Qr-riere decir que podría ser apta para cualquier
para mí misma, aun cuando mi esposo considerara que no funcionaba
bien en la cama?»
<<Exactamente. Y parece que usted cree en verdad que si no es
una perfecta amante para su esposo no es valiosa, y eso es sólo su defi-
nición sobre usted misma, pero no tiene nada que ver con los hechos
externos. >>

Insistí una y otra vez que era un ser humano digno de considera-
ción en sí mismo, al margen de lo mala que pudiera ser como amante.
También le repetí muchas veces que si en h-rgar de concentrarse tanto
en lo inútil que era por no tener orgasmos, se concentraba más en los
estímulos que la pudieran excitar sexualmente, podría conseguir clímax
que la dejaran plenamente satisfecha.
EL TRATAMIENTO DE LA FRIGIDEZ Y LA INÍPOTENCIA 209

Al principio se resistía a mis sugerencias, pero después de ocho


sesiones de una psicoterapia racional-emotiva muy repetitiva, empezó a
convencerse. Por primera vez intentó deiarse ir en las relaciones matri
moniales y lo consiguió; pudo disfrutar con la penetración, aun cuando
no tuvo orgasmo. Al final llegó a estar lo suficientemente relajada como
para intentar la relación genito-bucal con su esposo, y encontró que se
estimulaba tanto con este método, que era tan excitante que no podía
concentrarse lo suficiente en su propio clímax. Sin embargo, cuando su
esposo practicaba el cunni-lingus independientemente, ella se concentraba
muy bien y experimentaba un orgasmo explosivo.
Después de una cierta práctica, esta paciente logró concentrarse en
el placer sexual durante el coito. Ella me lo contó así en una de las
últimas sesiones psicoterapéuticas:
«Al principio me resultó muy difícil, me enconrraba a mí misma
pensando: "¿Ocurrirá esta vezT ¿Ocurrirá esta vez?". Y, por supues-
to, como usted me había explicado, no ocurría nunca cuando yo me
quedaba pensando así. Al final me diie a mí misma: "De acuerdo, si no
ocurre esta vez ¿qué?".
«Tampoco es tan malo que nunca consiga un orgasmo de esa mane-
ra. No obstante, voy a intentarlo». Y, como pensé que no sería dema-
siado malo que nunca lo consiguiera, me sentí mucho más relajada que
nllnca respecto a ese tema)>.
<<Entonces, sin demasiada dificultad, pude concentrarme en mi
propio placer; no en el de Jim, por ejemplo, sólo en el mío, y casi
inmediatamente, empecé a sentir que venía; me seguí concenffando en
el placer que estaba consiguiendo, en las sensaciones sexuales, y en que
guería seguir sintiéndolo. Y, antes de que pudiera darme cuenta, después
de sólo cinco minutos cle penetración activa, allí estaba, fue apasionan-
te. Otras veces lo habíamos intentado durante media hora o más, pero
nunca pasaba nada. Sin embargo esta vez, ¡tremendo!».
En la última sesión que tuve con esta paciente, cuando estábamos
hablando de otros aspectos de su vida ( ya que no volvió a tener proble-
mas sexuales ), me contó sonriendo que su esposo había estado fuera
unos días en un viaje de negocios y que a la vuelta se habían pasado
la noche entera haciendo el amor en posiciones y formas muy distintas.
.,Puede creerlo dijo- ¡estoy segura que tuve como cien orgasmos
esa noche I >>. -me
_ Voy a exponer el caso de un paciente de 2I años como ejemplo
de la terapia racional-ernotiva aplicada a un hombre con serios probl.-
mas sexuales. Vino a verme porque, tan pronto como empezáb, lut
relaciones sexuales con sll esposa, o bien perdía la erección o evaculaba
a los pocos segundos de la penetración. Estaba claro que este paciente
padecía un complejo de Edipo clásico es raro que se áé enre
mis pacientes, aunque de vez en cuando-queaparece- y se sentía culpable
2t0 RAZON Y EMOCiON EN PSICOTERAPIA

al tener relaciones sexuales -con una mujer, porque su madre, que toda-
vía era joven y atractiva, le había enseñado literalmente que el sexo
era para la procreación exclusivamente y que la gente «más digna de
consideración» se divertía en ocupaciones «más álevadas y *.Jo..rr.
Como consecuencia de ello, esre paciente sólo había hecho dos o
tres intentos abortados de tener relaciones antes del maffimonio; se
casó con una mujer médico bastante poco atractiva y unos años mayor
que é], pero era un tipo de persona muy intelectual y umás digna'de
consideración»> (de acuerdo con el modelo de su madre y el suyo pópio).
El había funcionado bien con su esposa hasta que se quedó emÉarázada
de su primer y hasta ahora único hijo, pero désde enionces él siempre
ha tenido dificultades sexuales, y el niño tiene ahora dos años.
Era fácil comprender que esre paciente temía mejor dicho,
mantenía el tipo pero estaba muerto de miedo- ser-opotente; no fue
difícil que_ aceptara la interpretación de que su impotencia en princi-
pio procedía de sus adoctrinamientos sobre el incesto y de su creencia
de que el sexo por el sexo era algo deshonesto. Desgraciadamente, la
aceptación de estas interpretaciones no tenía un efecto concreto sobre
su capacídad sexual.
Se demostró a este paciente que, mientras que su perturbación
primcria podía muy bien estar conectada a las relaciones de él con su
madre y a las creencias antisexuales que esto engendró, su perturbación
secandaria (y por el momenro la más importante) estaba conectada con
sus sentimientos de vergüenza, incapacidad y fracaso. Esto quiere decir
que la sociedad (y, en este caso en concreto el padre más qué la madre)
le habían enseñado a creer que lo peor que le puede p^sui , alguien en
el mundo, peor incluso que el disfrutar sexualÁente, és ser débil, bobo,
un fracasado.
, En consecuencia, cuando empezó a no poder mantener la erección,
en lugar de preguntarse algo tan simple como: <(cPor qué estog Íraca-
sando sexualmente?», y «¿Qué puedo hacer para no ieguir fiacasan-
do?», él se repitió una y otra vez: «¡Mira qre frrcaro.r.rl Erto prueba
lo que siempre había sospechado: que roy debil, no soy fuerte. ¡Oh,
Dios mío!, ¡qué terrible es que sea tan poco competente y tan cobar-
de!». Al repetir el paciente una y otra vez frases-de este tipo, siguió
cenrándose y recentrándose en su fracaso sexual y no en el éxito, por
lo que no podía superar su incapacidad.
I)ebo recordar de nuevo en esta conexión que, tanto en el hombre
com.9 e.n la mujer, la estimulación sexual y la incitación al orgasmo están
mediatizados fundamentalmente por los impulsos de la cortáza cerebral
del cerebro y en principio son básicamenti cognoscitivos. Cuando nos
cenüamos en ideas que no son sexuales la idea de que es terri-
ble o catastrófico que no consigamos la -como
erección o que re llegre al
clímax demasiado pronto- es pr-ácticamente imposible que no, .án..n-
EL TRATAMIENTo DE LA FRIGIDEZ Y LA IMPbTENCIA 2lt

tremos a \a vez en ideas que sean sexualmente excitantes. En el hombre


el resultado suele ser la incapacidad para conseguir o mantener la
erección.
Ultimamente no me he encontrado ni un solo caso de alteracio-
nes en el comportamiento sexual masculino en el que, al margen de
cuál haya sido la causa original del problema, que el individuo no
haya estado diciéndose secundariamente lo horrible que era que fuera
impotente, convenciéndose de que era un fracaso terrible y que, como
tal, debería continuar asi paru siempre. Eso es lo que ocurrió con este
paciente. En el momento que aparecieron sus primeros síntomas, se
quedó observándose sin cesar, esperando que hiciera aparición su debi-
lidad sexual, preocupándose al mismo tiempo por ellos y pasándolo muy
mal. Se le demostró lo que estaba haciendo exactamente y lo absurdas
y catastróficas que eran las frases que se estaba diciendo, que eran
las que mantenían sus dificultades de erección y de eyaculación; des-
pués de esto se le indujo a que empezaÍ^ a contradecir las tonterías
que se decía a sí mismo; al poco tiempo empezó a meiorar.
Así, este paciente comprendió qle no era terrible simple-
-sino sexual,
mente de esperar- que tuviera problemas en su comportamiento
teniendo en cuenta su educación. Se le movió a admitir q¡e flo er^
un incompetente o un fracasado sólo porque tuviera un problema sexual.
En general fue Íorzado a cuestionar su concepto completo de la mascu-
linidad y del fracaso, y a comprender que bacer, intentar, trabaiar en
cosas es más importante que tener éxito o hacerlo de forma perfecta.
Una vez que renunció a la filosofía del éxito y la perfeccíón, fue capaz
de obsetvar su conducta sexual de forma mucho más objetiva y de
centrarse en los estímulos sexualmente excitantes.
Al mismo tiempo, ataqué sus creencias básicas de que el sexo era
algo pernicioso cuando no iba destinado a la procreación y de lo horri-
ble que era el deseo incestuoso hacia la madre (aunque esto era menos
necesario, ya que él había cuestionado parte del putitanismo que su
madre le había inculcado en su infancia ).
Así pues, atacando en dos niveles: (a) en su filosofía antisexual
primera que le llevó en principio al problema sexual, y ( b ) en su filo-
sofía secundaria del éxito y el perfeccionamiento que favorecía el que
conservara, apoyara y agravara sus síntomas originales, de esta forma
dirigi a este paciente hacia unos modos de pensamiento sobre sí mismo
y su sexualidad más racionales.
Cuando utilizaba el psicoanálisis, me hubiera concentrado funda-
mentalmente en el primer punto, mientras que ahora, con la utilización
de la terapia racional emotiva, me concentro sobre todo en el segundo
punto y considero que es mucho más eficaz. Encuenfto que esta técnica
es muy útil casi siempre en los casos de desarreglo psicosexual de los
hombres y las mujeres.
2t2 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

Compruebo también que, aunque todos los años veo a mucha


gente que viene específicamente por sus problemas sexuales, tata vez
viene alg.uien-que tenga lo que yo llamaría una perturbación puramen-
te sexual. Salvo pocas excepciones, mis pacienies tienen dificultades
emocionales generales que se derivan de sus filosofías generales de la
vida, pobres, ilógicas y autodestructivas. Sus síntomal sexuales casi
siempre se derivan de estos credos o presupuestos generales idiotas; y
cuando sus creencias básicas las que son inconsiientes, en el senti-
do de no saber lo importantes -de
que son en sus vidas- se sacan a la l:uz,
se evidencian y analizanpara hacerles ver lo ridículas que son, y conti-
nuamente se atacan, refutan y arrancan, sus problemas sexuales no
desaparecen automáticamente, pero sí al menos son mucho más sensibles
a las insrucciones de reeducación específica.
Por lo tanto, la psicoterapia racional-emotiva, en relación con el
ratamiento de la frigidez e impotencia, no es una técnica paliativa,
superficial o removedora de los síntomas. Por el contrario, es una
forma de terapia intensiva y enraizada en la teoría que va directa a las
principales raíces filosóficas de la perturbación actual del individuo y
que pretende cambios actitudinales fundamentales en vez de <<curas»
superficiales.
14
El trafamiento
de la homosexualidad fija.
Probablemente se hayan escrito más tonterías sobre la homosexua-
lidad que sobre cualquier otro áspecto <.anormal,> de la conducta huma-
na. Así, normalmente se cree que todo aquel que mantenga una activi-
dad sexual con personas de su mismo sexo es homosexual, y, como tal,
es un pervertido o está muy perturbado. Esto es absurdo: ya que,
como Kinsey y sus colegas ( 1948, 19fi) y otros muchos investigado-
res y clínicos han demostrado, q,tizás un 40 por ciento de hombres y
un porcentaje menor pero considerable de muieres en algún momento
de su vida han tenido algún tipo de relación homosexual; pero pocos
de estos individuos llegan a ser exclusivamente homosexuales, fijos y
confirmados.
Al mismo tiempo, normalmente se cree sobre todo los homose-
-y homosexuales nacen
xuales mismos- que las personas exclusivamente
así, y que en esencia no son psicóticos o neuróticos, excepto cuando
se pefturban al ser perseguidos por sus aberraciones; Algunas autorida-
des afirman o insinúan que es prácticamente inútil tratar a los homose-
xuales con cualquier forma de psicoterapia (Baker, 1959; Bell, L959;
Hooker, 1957; Mercer, 1959; §üolfenden Report, 1957). Estas afirma-
ciones no se apoyan en pruebas objetivas que lo evidencian, pero sin
embargo las creen muchos profesionales y profanos en el tema.
También está muy extendido que los homosexuales, en general,
son individuos claramente más creativos que los que no son homose-

* Este capítulo es una versión ampliada de «A Homosexual Treated with


Rational Psychotherapy», J. Clin. Psycbol., 1959, 15, ))8-)$, y de .,Homosexua-
lity and Creativity», l. Clin. Psychol., 1959, 15, J76-)79.
214 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

xuales, pero no existen hechos que sustenten esta creencia. Hace algu-
nos años se me pidió que diera una charla sobre el tópico de la homo-
sexualídad y la creatividad en uno de los forums del Cooper Union,
y se me ocuruió que en lugar de especular sobre el tema, decidí ser fiel
a mi Ph. D. y mi preparación clínica e hice una pequeña investiga-
"
ción sobre la relación que existía entre la homosexualidaá y la creati-
vidad.
La investigación con el homosexual es particularmente arriesgada,
ya que el investigador por lo general no tiene la oportunidad de conocer
bien los casos, a menudo tiene que utilizar un grupo no típico y le
resulta difícil conseguir un grupo conttol de no homosexuales con el
que comparar debidamente a sus individuos homosexuales. Por suerte,
sin embargo, yo he estado trabajando en unas circunstancias en las que
han disminuido o prácticamente desaparecido la mayor parte de las
limitaciones en la investigación con los homosexuales. En los últimos
años he visto alrededor de 130 pacientes que tenían problemas homo-
sexuales serios, y he tratado de forma intensa a un número mayor de
pacientes heterosexuales, muchos de los cuales habían tenido una ten-
dencia homosexual mínima o prácticamente inexistente y fueron hetero-
sexuales de forma excepcional por su orientación.
Cuando estaba considerando lo que iba a decir sobre los homose-
xuales y su creatividad en la charla del Cooper Unión, se me ocurrió
que, si comparaba la creatividad de 66 homosexuales y 150 hetero-
sexuales que habían sido mis pacientes, y los había estado víendo de
forma intensiva en tratamientos que habían durado de 10 a J50 sesio-
nes de psicoterapia, pues bien, en esta comparación podría encontrar
un material muy interesante y claramente obietivo sobre este tema.
Aunque es verdad que los individuos así investigados eran pacien-
tes de la psicoterapia por lo tanto no eran típicos de la población
¿¡¡6¡iq¿¡¿-, también -yes cierto, como ya he señalado en publicaciones
anteriores (Ellis 1955c, L956c, I962b), que los homosexuales fijos en
nuestra sociedad casi siempre son neuróticos o psicóticos; por 10 tanto,
es difícil que se encuentre por algún sitio el llamado grupo normal,
por lo que es probable que el único grupo control legítimo con el que
se pueda comparar un grupo homosexual sea aquél compuesto por indi-
viduos perturbados emocionalmente. Fue una afortunada coincidencia
el que pudiera encontrar entre mís pacientes un grupo de individuos
ocasionalmente heterosexuales que, en términos de edad, sexo y status
educacional, iban parejos a los individuos con problemas de homosexua-
lidad serios que había estado viendo en la terapia.
Ya que los 66 homosexuales que se utilizaron en este estudio no
constituían un grupo homogéneo, se pensó que era aconsejable dividir-
los en 3 subgrupos, por razones de comparación. El primer subgrupo,
que incluía a t hombres y 10 muieres, estaba formado por individuos
EL TRATAMIENTO DE LA HOMOSEXUALIDAD FI]A 215

con un fuerte componente homosexual y una historia de homosexuali-


dad pública, pero que también tenían un fuerte componente heterose-
xual, por lo que eran más o menos bisexuales. El segundo subgrupo,
que incluía a t hombres y 10 mujeres, estaba formado por individuos
que, hasta el momento en que vinieron a Ia tetapia, eran exclusiva o
predominantemente homosexuales, pero al mismo tiempo mantenían el
papel propio de su sexo decir, los hombres se comportaban como
hombres en nuestra sociedad-es y las mujeres como mujetes' El tercer
subgrupo, que incluía 10 hombres y 4 muieres, estaba formado por
individuos que, hasta la fecha de la psicoterapia, eran exclusiva o predo-
minantemente homosexuales, pero que mantenían un papel sexual inver-
tido decir, los hombres adoptaban el papel de muier (o <<marico-
na» )-es
y las mujeres el de ..macho» siempre que fuera conveniente.
Aunque la breve descripción de estos res grupos puede ser algo
confusa y no muy precisa, si etiquetamos a los miembros del primer
grupo como biseiuáles, a los del segundo como homosexilales y a los
del tercero como inrtertidos, se clarificaú bastante la situación.
La primera cuestión que se investigó en este estudio fue: ¿Cómo
.o*pu.u. la creatividad dé los pacientei heterosexuales con la de los
grupor de pacientes homosexuales? Por razones de esta comparación,
é1 titrp.utu clasificó a cada uno de estos pacientes como ( a ) m¡rl- creati-
vo, (b) algo creativo y (c) muy poco creativo. La creatividad en sl
se-difinió án términos'de origináliiad e inventiva como English
y English lo definen en su Diclionary of -o,
Psycholog,ical and Psychoanaly'
tical Terms (1958), la facultad de «encontrar soluciones nueva§ a un
problema o modos nuevos de expresión artística>>.
Se encontró que, en el caso de los pacientes heterosexuales, el
26 por ciento eran muy creativos, el 31 por ciento eran algo creativos
y el $ por ciento muy poco creativos. En los pacientes bisexuales, el
11 por ciento eran muy creativos, el 52 por ciento algo creativos y el
37 por ciento muy poco creativos. En los pacientes homosexuales, el
9 por ciento eran muy creativos, el 39 por ciento algo creativos Y el
53 por ciento muy poco creativos. Por último, de los homosexuales
invertidos, el cero por ciento eran muy creativos, el 14 por ciento eran
algo creativos y el 86 por ciento no etan creativos.
Estos descubrimientos indican que existía una disminución clara
de la creatividad desde los pacientes estudiados más heterosexuales a
los más homosexuales, con los bisexuales en el medio. Cuando se com-
pararon a los pacientes heterosexuales con los homosexuales e inver-
tidos, se encontró que en el 43 por ciento de los primeros frente al 6J
por ciento de los últimos la creatividad era muy escasa o nula. Cuando
se estudió la significación estadística a través del análisis Chi-square,
esta diferencia probaba que era muy importante.
2t6 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

Se averiguó que mientras que el 61 por ciento de los pacientes


heterosexuales parecían volverse más creativos, o eran capaces de plas-
mar su potencial creativo en una realidad a medida que la psicoterapia
avanzaba, de la rnisma manera el 61 por ciento de los biiexuales se
volvían más creativos con la terapia, pero sólo en el 54 por ciento de
los homosexuales y en el 5l por ciento de los invertidos aumentaba su
creatividad durante la terapia.
Por lo tanto, a partir de estos descubrimientos parece claro que
los pacientes homosexuales no sólo son menos creativos que los bGe-
xuales y heterosexuales sino que también se benefician menos de la
psicoterapia en términos de aumento de la creatividad. En un intento
de determinar por qué los pacientes homosexuales eran bastante menos
creativos que los individuos heterosexuales estudiados, se examinaron
los diagnósticos clínicos de todas las personas comparadas, y se encon-
traron diferencias muy definidas.
Mientras que el 78 por ciento de los pacientes heterosexuales eran
neuróticos y el 22 por ciento psicóticos dudosos o torales, la proporción
de pacientes psicóticos y dudosos se elevó al 37 por cienro en los bise-
xuales, al 41 por ciento en los claramente homosexuales y al 57 por
c.iento en el grupo de invertidos Cuando se estudió la significación esta-
dística se encontró que en los pacientes homosexuales e invertidos había
más pacientes psicóticos 1, dudosos que entre los pacientes heteroxe-
xuales.
Se consideró, pues, la hipótesis de que la relativa falta de creativi-
dad ent¡e los pacientes homosexuales e invertidos podría estar relacio-
nada con la seriedad de su perturbación emocional. Para verificar esta
tesis, se hizo una comparación entre los neuróticos heterosexuales y los
neuróticos homosexuales e invertidos. Se averiguó que mientras él J9
por ciento del primer grupo tenía una creatividad mínima o nula, la
creatividad era igualmente escasa en el 50 por ciento del grupo de
homosexuales. En otras palabras, aun cuando el diagnóstico clínico se
mantenía constante, el grupo heterosexual probó que era más creativo
que el homosexual. Sin embarg<,r, la diferencia no era estadísticamente
importante.
También se investigó sobre el grado de mejoría en el grupo hete-
rosexual y homosexual. Se enconró que mientras que el 97 por ciento
de los individuos del grupo heterosexual consiguieron una clara mejo-
ría, el L6 por ciento de los bisexuales, el )2 por ciento de los homose-
xuales y el 64 por ciento de los invertidos no mejoraron nada o, en
todo caso, 1o mínimo. En relación con la superación del problema homo-
sexual específico, se averiguó que el 100 por cien de los bisexuales,
el 54 por cien de los hom<¡sexuales y el 28 por cien de los invertidos
consiguen una meioría notable y clara.
EL TRATAMIENTO DE LA HOMOSEXUALIDAD FIJA 217

A partir de estos descubrimientos, podemos extraer las siguientes


conclusiones ( completamente provisionales) :

l. Los pacientes homosexuales en general, y los invertidos en


particular, son mucho menos creativos que los pacientes heterosexua-
les y, en lo que a su creatividad se refiere, se benefician menos de la
psicoterapia.
2. Los pacientes homosexuales en general, y los invertidos en
particular están bastante más perturbados emocionalmente que los pa-
cientes heterosexuales.
3. Los pacientes homosexuales en general, y los invertidos en
particular no consiguen tantos beneficios clínicos en el curso de la psico-
terapia intensiva como los individuos heterosexuales.
4. Una de las principales razones de la mayor creatividad del
heterosexual sobre el homosexual parece ser Ia importante relación que
existe entre una perturbación emocional seria y la falta de creatividad.
5. La psicoterapia ayuda claramente a que los homosexuales estén
menos perturbados emocionalmente, sean menos homosexuales y más
creativos; pero, en estos tres niveles, es menos eficaz con los homose-
xuales claros y con los bisexuales y mucho menos eficaz con los homose-
xuales que adoptan su papel sexual ínvertido que lo es con los que
no son invertidos.
Estas conclusiones concernientes a la homosexualidad y la creati-
vidad no se pueden tomar, por supuesto, como un evangelio, ya que
se basan en un único estudio hecho por un solo terapeuta. Oros estu-
dios de individuos heterosexuales y homosexuales parecidos o distintos
podrían muy bien dar resultados diferentes. Como a menudo se ha
dicho de los experimentos psicológicos en el campo de Ia teoría del
aprendízaje, las ratas de un laboratorio no parecen seguir el mismo
camino que las ratas en el laboratorio de un grupo que es oponente;
es ptobable que yo haya manipulado de forma inconsciente a los indivi-
duos utilizados como coneiillos de Indias en mi estudio clínico, o tam-
bién han podido ser manipuladas mis propias apreciaciones de sus actua-
ciones, para obtener así los resultados y conclusiones que acabo de
exponer.
Sin embargo, posiblemente este estudio pionero de la conducta
homosexual humana creo que es el primero que se sirve de un
-que de orientación heterosexual y perturbados
grupo-control de individuos
emocionalmente- haya producido hallazgos y conclusiones válidas, Si
así es, presenta una interesante cuestión suplementaria: a saber, dado
que los homosexuales por lo general son menos creativos que los hete-
rosexuales, ¿cómo se explica la presencia hoy de tantos homosexuales
tan extraordinariamente creativos en el campo de la música, teatro, dise-
2t8 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

io y danza? Creo que esta aparente paradoja se puede explicar de dife-


rentes formas:
En primer lugar hay que señalar que esa aparente preponderancia
de homosexuales en ciertos campos artísticos quizás no sea tan grande
como parece a simple vista. Sin duda, nos resulta muy fácil recordar a
ciertos destacados dramaturgos de esta generación que son homosexua-
les, pero, ¿quién puede recordar un número pequeño de destacados
dramaturgos que sean heterosexuales? Con frecuencia, los creadores
importantes que son homosexuales tienden a ser personajes poco comu-
nes a causa precisamente de su homosexualidad y de las perturbacio-
nes que de ella se derivan; por consiguiente es fácil recordarlos en
cualquier discusión. Pero a los creadores importantes que son heterose-
xuales, y que probablemente lleven una vida tranquila y nada sensaciona-
Iista, se les recuerda con menos frecuencia y facilidad.
En segundo lugar, una proporción considerable de homosexuales
que por lo general son reconocidos como personas creativas, no lo son
de hecho en el sentido que se da en esta discusión. Esto es particular-
mente cierto en intérpretes, como por ejemplo bailarines, actores, can-
tantes, etc., que tienen un claro talento y lo que hacen lo hacen bien,
pero que su inventiva y originalidad es mínima o prácticamente nula.
Yo creo que muchos homosexuales se dedican a las artes de interpreta-
ción llegan a ser expertos con el tiempo- en gran parte porque
están-y más interesados en conseguir la forma y la aprobación que porque
sean verdaderamente creativos ( aunque por supuesto que esto también
les ocurre a los heterosexuales). Además, los homosexuales en nuestra
sociedad a menudo cuentan con una buena experiencia como actores
de su papel en la vida real, ya que el ser siempre honestos respecto a
su homosexualidad puede resultar desastroso a veces. El interés tan poco
común que tienen en las artes de interpretación puede muy bien que
esté relacionado con el papel que desempeñan en la vida real y no
que proceda necesariamente de una creatividad básica.
En tercer lugar, se debe señalar en concreto que los campos creati-
vos en los que prr..e que destacan los homosexuales son casi exclusi-
vamente estéticos y artísticos, pero rara vez son científicos profesio-
nales directivos o de cualquier otro tipo. Sin embargo, en la América
actual probablemente existan muchos más individuos creativos que tra-
bajen en campos no artísticos que en los artísticos; y cuando recordamos
la alta proporción de homosexuales que hay en los campos estéticos, nos
olvidamos-de la baja proporción de ellos que destacan en el campo
creativo que no es estético. Nos olvidamos también que, mientras que
los artistás, escritores, compositores y coreógrafos son figuras públicas
con un alto grado de reconocimiento, cientos de miles de físicos, bioquí-
micos, investigadores de la medicina, psicólogos, políticos, economis-
tas, etc., son personas con una vida muy creativa y que contfibuyen
EL TRATAMIENTO DE LA HOMOSEXUALIDAD FIJA 219

notablemente a nuestra cultura sin lograr jamás un reconocimiento


público.
Por lo tanto, se puede poner en duda que la proporción de homo-
sexuales creativos sea tan alta como parece, o que los homosexuales en
general tengan más inventiva que los heterosexuales. Puede que quizás
sean más artistas o estéticos, pero no necesariamente más creativos.
Suponiendo que, a pesar del número de creadores destacados que
existen en nuestra sociedad y que son claramente homosexuales, el homo-
sexual medio no es tan creativo como podría serlo en potencia, ni tan
creativo como lo es la persona heterosexual, la pregunta que se suscita
entonces es: ¿Por qué eso es así? ¿Existe algo en la condición del
homosexual que le interfiera en su creatividad y se la entorpezca a
veces?
Mi respuesta a esta pregunta sería: Sí, existe algo a veces, aunque
no siempre, en la condición del ser predominantemente homosexual e
invertido que bloquea la creatividad en potencia de un individuo. ¿De
qué manera? De las siguientes formas:
1, Como ya se ha indicado con anterioridad en este capítulo y yo
he demostrado en otros escritos (Ellis, 1955c, 1960, 1962b),los exclu-
sivamente homosexuales y los invertidos no sólo están más perturbados
que los heterosexuales sino que tienen buenas razones para creer que
tienen que ser neuróticos o psicóticos. Esto no es debido a la púctica
de actos homosexuales ( lo que es completamente normal en ellos ), la
causa es que se ciñen estrictamente a estas actividades, pero al mismo
tiempo viven en una sociedad que (desgraciada e injustamente ) les
castiga por hacerlo. La homosexualidad fija no es de nacimiento sino
que aparece cuando un individuo tiene un miedo terible a establecer
relaciones heterosexuales, o tiene lijaciones fetichistas o ataduras obse-
siuas y compulsiuas con las personas de su mismo sexo. Los miedos, las
fijaciones o las ataduras obsesivas y compulsivas que conducen a los
seres humanos no sólo a 7a actividad homosexual sino a la homosexua-
lidad total e invertida casi siempre son causados y están en relación con
los sentimientos ptofundamente arraigados del homosexual de culpabi-
lidad, incapacidad e inutilidad, es decir, con sus infundadas autoeva-
luaciones negativas e irracionales.
Los homosexuales fijos y los invertidos son personas que se odian
de forma intrínseca y gue, absortos por la idea de elevai su propia
estima, intentan en vano inducir a los demás a que les acepten y aprue-
ben, por lo que gastan cantidades ingenres de tiempo y enárgía
les pasa a las personas seriamente perturbadas- concentradós en -iomo
córuo
están actuando enun problema en lugar de hacerlo en el problemaefl si.
En consecuencia, no son capaces de aportar soluciones nuevas a los
problemas artísticos y científicos ni son altamente creativos la
definición utilizada en este capítulo. -según
220 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

2. Como Donald §íebster Cory ( L956, 1960) ha demostrado,


los homosexuales fiios y los invertidos, entre el deseo por un lado de
rebelarse contra la sociedad y el de ajustarse a ella y a la subsociedad
homosexual por otro, se destrozan a sí mismos. Por lo que he podido
deducir de mis estudios clínicos de los homosexuales, emplean mucho
más tiempo en aiustarse a los grupos homosexuales e imitarlos que en
hacer una rebelión de cara al exterior. Mi impresión de hecho es que los
homosexuales, en general, son de la gente más imitativa, convencional,
y de los que más exigen la aceptación en nuesra cultura ultraconfor-
mista. Diría que su conformidad básica y su falta de riesgo ideológico a
menudo les impide buscar los aspectos de la vida y del arte realmente
nuevos y originales y no les permite ser tan creativos en la práctica
como lo son en teoría y en potencia.
3. Los homosexuales fijos que adoptan un papel sexual invertido,
están todavía más perturbados que los homosexuales que mantienen
su propio papel sexual. El Dr. Daníel Brown, un prestigioso psicólogo
clínico, que ha pasado probablemente más tiempo que cualquier oro
científico estudiando la inversión del papel sexual (Brown, 1961), me
dijo ( comunicación personal ) que no había encontrado un solo caso de
invertido total que fuese un individuo con una alta capacidad creativa
reconocida en toda la historia de la humanidad.
Estoy seguro que con el tiempo se solucionará la situación de
estas personas como {s1¿5 especial enre las lesbianas que han
adoptado un papel masculino- -s¡ pero apostaría a que siempre será algo
excepcionalmente raro. Ya que es casi seguro que alguien está tafl
perturbado como para olvidarse de su propio papel sexual y compor-
tarse de hecho como un miembro del otro sexo, estará demasiado orga-
nizado y con poca objetividad como para centrarse en buscar solucio-
nes originales y nuevas a los problemas artísticos o científicos.
4. Los homosexuales fijos y los invertidos, por lo general, se
sienten tan culpados, perseguidos y marginados de la vida social normal
en nuestra sociedad que, además del odio que se tienen y de sus miedos
y hostilidades primarias que les inducen a adoptar modos de vida exclu-
sivamente homosexuales, con frecuencia adquieren también una pertur-
bación secundaria como resnltado de la desaprobación de la sociedad'
Estas dos perturbaciones, la primaria y la secundaria, se combinan y
les mantieáen absortos en sus propios problemas, de forma que el
tiempo y la energía que podrían dedicar a resolver el problema de la
creatividad es desviado hacia otros intereses.
5. Como ya he señalado en mi libro SexWithout Guilt (1958b),
la homosexualidad con frecuencia se adopta como forma de vida porque
se concibe, bastante tercamente, como un camino más fácil que el de
EL TRATAMIENTO DE LA HOMOSEXUALIDAD T'IJA 221

atacar las dificultades que la sociedad impone a Ia consecución de unas


relaciones heterosexuales satísfactorias. Los homosexuales jóvenes a me-
nudo consiguen la satisfacción sexual con más rapidez y facilidad que
los heterosexuales que por lo general tienen que gastar tiempo y dine-
ro para llevar a una chica a la cama o al altar y que, si se casan, deben
aceptar entonces aún más grandes responsabilidades sociales, económicas,
de educación de los hiios, etc.
Pero los individuos que adoptan la homosexualidad en gran parte
porque es un modo de vida más fácil y menos responsable, tienden
también a buscar la forma fácil de todos los aspecros de la existencia,
l.cuando es necesario el estudio, la autodisciplina, el practicar y traba-
jar duro para crear algo, entonces se tiran a la bartola como lo hacen
con sus problemas personales y sexuales. Por consiguiente, muchos de
ellos, que tienen una capacidad creativa muy importante, no llegan a
darse cuenta de ello, sino que terminan aburriéndose de ellos mismos
y siendo desesperadamente diletantes o pseudointelectuales.
Esta gente se da esos aires de artisras, literatos y estetas porque
les interesa mos[arse así al público, pero la verdad es que vitalmente
no les absorbe ninguna ocupación la contemplación autista y
narcisista de ellos mismos y el miedo -excepto
terrible a que alguíen, de forma
literal o figurada, Ies corte Ios testículos-. Este miedo es aplicable, tanto
a los testículos imaginados de las lesbianas masculinizadas como a los
reales de los hombres homosexuales.
¿Qué se puede hacer entonces por este estado tan lamentable de la
situación? ¿Cómo se puede ayudar a los individuos bisexuales, homo-
sexuales e invertidos para que superen su mutilación emocional y consi-
gan desarrollar al máximo su potencial creativo? Me temo que la meior
respuesta a esta pregunta es, en primer lugar, haberlos criado de forma
que no lleguen a sufrir desviaciones sexuales; ya que, como he subra-
yado en escritos anteriores (Ellis, 1956c, 196A, t962b) y otros escrito-
res actuales también lo han hecho (Allen, 1946; Berglet, 1956; Cory,
1961; Fink, 1954; Honry, 1955; London y Caprio, 1950; Robertiello,
1959; Stekel, 1934; §flestwood, 1953),la homosexualidad fija es una
reacción aprendida, y, como tal, se'puede desaprender definitivamente.
Incluso la inversión del papel sexual, en el que se incluyen los
intentos del individuo de librarse de sus órganos sexuáles y conseguir
los del otro sexo, no se hereda; como ya han señalado Daniel Brown
(1961) y John Monay (1961) no hace mucho, es el resultado de impre-
siones muy tempranas y en teoría se puede tatar.Hoy en día es perfec-
tamente posible, como lo corroboran casi todas las autoridades en la
materia, criar a un niño de forma que no llegue a ser homosexual fijo
o invertido; y esto, en relación con la homosexualidad, sería nuestro
objetivo primordial.
222 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

Como sabemos bastante exactitud por cierto- que muchos


individuos han sido -con
y seguirán siendo criados de forma que lleguen a
ser bisexuales, homosexuales o invertidos, la solución a sus problemas
no será que se les inyecte hormonas, que tomen tranquilizantes, les
apliquen el electro shock o cualquier oro procedimiento físico que ya
haya sido descubierto. Probablemente una actitud más sana y una acep-
tación más liberal de las relaciones heterosexuales evitaría bastante la
homosexualidad Ííia y aytdaria a que la vida de los homosexuales fuera
más sana mientras estén desviados. La psicoterapia intensiva es, y
probablemente lo siga siendo, el único método eficaz de curación.
Esto no significa que los terapeutas hayan sido, hasta la fecha de
hoy, extraordinariamente eficaces en el tratamiento de los homosexua-
les. No ha sido así. En gran parte porque la mayoría de los homose-
xuales fijos no sienten ningún deseo de cambiar, y, aun cuando quieren
ayuda terapéutica, con frecuencia no realizan el esfuerzo necesario para
cambiar. Además, muchos psicoterapeutas, guiados en parte pot los
conceptos erróneos de la primera época de Sigmund Freud ( 1960), han
adoptado una actitud derrotista hacia el tratamiento de la homosexua-
lidad y han intentado sobre todo que los homosexuales se adapten a
su problema, en lugar de ayudarles a que se libraran de su problema.
Sin embargo, cuando el terapeuta es heterosexual; cuando no cárga
con el fardo de las preconcepciones psicoanalíticas ortodoxas; cuando
considera la homosexualidad como un problema de la personalidad
en general en vez de una práctica sexual concreta; cuando no moraliza
ni culpa a sus pacientes homosexuales y, sobre todo, cuando descubre
y ataca, de forma activa y despiadada, las filosofías irracionales y auto-
destructivas de la vida invariablemente se hallan detrás de toda
conducta homosexual fiia--quepuede muy bien ayudar a los homosexuales
a no tener miedo y a disfrutar de la participación heterosexual, y conse-
guir que se odien menos, que sean menos hostiles y más autodirectivos
v creativos de verdad.
Como ya señalé con anterioridad en este capítulo, la gran mavoría
,le los bisexuales, la mayoría de los homosexuales fiios y alrededor de
la cuarta parte de los invertidos que he estado viendo en la psicotera-
pia intensiva han mejorado con este tratamiento de forma clara en el
otp..to sexual y en general. Como caso ilustrativo voy a resumir el
.nloqr. terapéutico rácional-emotivo utilizado con un paciente que vino
a la ierapia én primer lugar porque había sido exclusivamente homose-
*ual duránte toá, ,., vidá y p.nirb, que había llegado al momento de
sentar la cabeza y .urur.". El había 1eído algo acerca de mi trabaio
con los homose".ráles en una revista y se sintió aludido. Además de su
problema sexual, sufría de palpitaciones en el corazón, y siempre le diag-
nosticaban que era de origin psicogénico; é1 se preguntaba si se podría
EL TRATAMIENTO DE LA HOMOSEXUALIDAD FIJA 22)

hacer algo en relación con ello. Pensó de forma vaga que podría tener
otros problemas, pero no estaba seguro de lo que podría ser.
El paciente, de J5 años, vivía en Brooklyn con sus padres y diri-
gía la Íábrica de juguetes de su padre que estaba enfermo. Había sido
educado en la religión católica pero no se consideraba un creyente. EI
era el único hijo de una madre «muy religiosa y neurótica>> y de <<un
padre excepcionalmente débil y dominado>> él los describía-
que se había quedado inutilizado a causa de -como
una apoplejía dos años
antes de que el paciente viniera a la terapia. El siempre había estado
muy cerca de su madre y por lo general hacía lo que ella quería, aunque
se quejaba con amargura de los persistentes intentos de ella por conüo-
larle, a é1 y a su padre. El apreciaba a su padre pero no le respetaba.
El paciente, al que llamaremos Caleb Frosche, nació y se crió en
Brooklyn; en su infancia fue bastante tímido y nunca le pasó nada impor-
tante; pasó res años bastante desdichados en la Marina; siempre le fue
bíen en la escuela; se dedicó a la enseñanza durante un breve período
de tiempo después de obtener su doctorado en zoología y a regaña-
dientes se hizo cargo del negocio de su padre cuando a su padie le
dio la apoplejia; y lo estaba llevando basrante bien. Había salido unas
cuantas veces con chicas cuando iba al instituto, pero tenía miedo de
hacer cualquier tipo de proposición sexual, por temor a ser rechazado,
y en consecuencia nunca había besado a una chica. Cuando estaba en
la maina, a los 19 años, dos marineros le emborracharon y le indujeron
a tener su primera experiencia homosexual. Desde entonces había come-
tido actos homosexuales cada dos o tres semanas, establecía sus contac-
tos en los urinarios públicos y nunca llegaba a una relación profunda
con sus compañeros. Ocasionalmente quedaba con chicas, sobre todo
para convencer a los demás que era heterosexual, pero nunca se sintió
particularmente atraído por alguna de ellas ni llegó a comprometerse
seriamente.
Poco tiempo después de que su padre empezara a tener problemas
con su corazón, entonces Caleb, que tenía 25 altos, sintió ataques repen-
tinos de palpitaciones del corazón y dolor de pecho. Esto duraba sólo
unos pocos minutos, pero le deiaba abatido durante horas e incluso días.
Los continuos exámenes médicos habían revelado que no era algo pato-
lógico y él se refería a sí mismo como un <<neurótico cardíaco».
Caleb fue uno de mis primeros pacientes tratados cori Ia psicote-
rapia racional-emotiva. El primer síntoma importante que ataqué en el
curso de la terapia fue su norma de homosexualidad exclusiva, ya que
éste era el aspecto de su conducta que más le preocupaba. Al atacar la
norma homosexual de Caleb, en principio le expliqué con cuidado por
qué su forma de actuar era neurótica. Le demostré que aunque la aiti-
vidad homosexual en sí no es el producto de la perturbación émocional,
cuando se conforma como fija o exclusiva, entonces sí es una manifes-
224 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

tación neurótica, ya que elimina de forma rigida, fetichista y llena de


prejuicios otros modos de satisfacción sexual, claramente heterosexua-
les. Así, a causa de su hostilidad o de su miedo ilógicos, el homosexual
en nuestra sociedad pierde el derecho al deseo y Ia satisfacción sexual
con la mitacl de la población del mundo, y para que su conducta sea
todavía más ilógica, se limita a sí mismo a tener relaciones sexuales
sólo con las personas que le acarrearán más dificultades sociales y lega-
les, llegando incluso al chantaje y arresto.
Al principio de la terapia se le hizo ver a Caleb que la intención
del terapeuta no era inducirle a renunciar a sus deseos o actividades
homosexuales que no existía ninguna razón lógica por lo que no
-ya mantener sus deseos desuiados- que el obietivo
debiera, al menos,
de la terapia era ayudarle a superar sus bloqueos irracionales frente a
lá heterosexualidad. Una vez que é1 1o hubiera superado, y que deseara
de forma activa las relaciones sexuales con mujeres y disfrutara con
ellas, entonces sería relativamente poco importante, desde un punto de
vista de la salud mental, que él tuviera inclinaciones homosexuales o
mantuviera relaciones homosexuales de forma ocasional ( y no auto-
desmuctiva ).
Pronto salieron a la luz los presupuestos básicos que estaban dehás
del modo de conducta homosexual de Caleb. Al preguntarle pot su
participación homosexual especí{ica, é1 reveló que invariablemente entra-
ba a algún urinario público o a un bar de homosexuales, se quedaba
dando vueltas por allí hasta que alguien se le acercaba, entonces, le
atrajeru o no, se iban juntos para tener relaciones sexuales. En 16 años
de actividad homosexual, nunca se había acercado a un hombre.
Basándonos en ésta y otra información parecida, estaba claro que
el motivo principal que Caleb tenía para ser homosexual era el miedo
al ¡echazo de: (a) todas las mujeres, y (b) la mayoúa de los hombres.
Estaba tan convencido de que sería rechazado si hacía alguna propuesta
sexual a un hombre o a una mujer que había dispuesto su vida sexual
de forma que no tuviera que hacer ninguna propuesta activa, con lo
cual, la posibilidad de rechazo no existía. Era obvio que su miedo al
rechazo lo había adquirido en su infancia, como más tarde se reveló
en sus respuestas, y probablemente estaba relacionado con el hecho de
que era un niño gordito y con poco encanto, e incluso su misma madre
le comentaba que tendría problemas en encontrar una chica atractiva
que se enamo¡ara de é1.
El terapeuta, en lugar de emplear tiempo en criticar el hecho de
que el miedo al rechazo de Caleb procedía de su infancia, le conven-
ció, con razones puramente lógicas, que eso había sido así, al parecer
desde que temió ser rechazado por las chicas cuando era adolescente,
y que su miedo se debía haber originado algún tiempo antes. El tera-
peuta, en lugar de machacar una y offa vez en la infancia de Caleb,
EL TRATAMTENTo DE LA HoMosExuAL¡DAD FIrA 225

intentó llegar 1o más rápidamente posible al origen de su miedo al recha-


zo: a saber, Ta creexcia ilógica de que el ser delaprobado por una chica
(o un chico) sería algo terrible. Ef terapeuta dijo:
T. En interés de Ia discusión, suponga que en los tiempos en que
estudiaba en el instituto intentó, pero lo lnténtó de verdad, echar un
tiento a..una chica, y ella sin lugar a dudas le rechazó. ¿por qué iba a
ser terrible eso?
P: Pues lo serla.
T: ¿Pero por qté?
_ P: Porque -uh-yo- pienso que si eso me ocumiera serla el fin
del mundo.
T: fero ¿pu qué? ¿Se terminaría el mundo de aerdad?
P: No, por supuesto que no.
-. T: ¿Le hubiera dado una torta la chica, le hubiera llamado gili-
pollas, 1o hubiera contado a las demás chicas y le hubieran corrd.-
-se
nado al ostracísmo7
P: No, me imagino que no.
Tj Entonces,-¿qué es.lo que ella bobria hecho? ¿Cómo Ie podría
haber hecho dai,o de uedad?
P: Bien, pienso que en ese sentido ella no hubiera podido.
T: Entonces, ¿por qué piensa que ella sí habría podidol
P: Esa es una buena pregunta, ¿por qué?
T: La respuesta es tan obvia quá probablemente no se la crea.
P: ¿Qué es?
T: Pues sencillamente, si usted pensaba que si una chica le recha-
zaba, e\ daño sería tenible, ..u po.qr. se lo'habían enseñado así. A
usted se le educó, literalmente, en-la óreencia de que si alguien le recha-
zaba,.en especial una chica, y le decía que no le gustaba, s"ería algo terri-
ble, horroroso y espa.ntoso. Por rupu.ito qrr" ná lo esi el qrre"alguien
Ie rechace o no acceda a sus deseos no es en absoluto horroroso, pero
usted piensa que Io es, porque así se le diio.
P: ¿Se me diio?
T: Sí le dijo de forma literal y figurada. Se lo dijeron sus
-se
padres literalmente le prevenían una y otra vez ¿no?- Ie
decían que si actuaba-los-cuales
mal, si era t¿rpe al dirigirsé , l, g.nt.] .1io, no
le querrían ni le aceptarian eso s)ría borrlroso, seria"terri'ble.
P: Sí, tiene razón, eso -yes lo que me decían.
, T: Sí, pero no eran ellos sólo. Los libros, las películas, las obras
de teatro, todos le decían lo. m,ismo, una_y,otra'rrr, d, for*i indi...rr,
figurada y simbólica: que si alguien héro" d.'lu p.li.uir.-"rr.¿ o
-.i un desaire,
cualquier,orro- era hechazado-o sufría ,ll[,i iii;i; q"
era terrible, ¿debería ser dañado?
. ..P, Me imagino que así fue. Sí, eso es lo que en verdad decían
los libros y las películai, ¿no?
226 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

T: Seguro. De acuerdo entonces; a usted se le enseñó que el ser


rechazado eIa terrible y esPantoso. Ahora volvamos a mi
pregunta
..igi..t. Suponga que le'pidá a una chjca un beso o cualquier otra cosa'
,' .1" f. ,.th^rZ. ¿Qrré plrd..ía por ello, realmente, por ser rechazado?
P: ¿Perder realmenteT Me imagino que muy poco' -
T: Correcto: muy poco. De heiho, usted ganaría bastante'
P: ¿Cómo es eso?
T: Muy sencillo: ganaría experiencia,- ya qu: si lo. intenta y es
rechazado, no 1o uolueria-aintentar-con esa chica o de esa forma' Podría
seguir inténtándolo con otras chicas o con esa chica pero de ora manera,
etcétera.
P: Quizás usted obtenga algo allí'
T: Quizás. Siempre qu*. t. ls rechazado -como ocurre acciden-
t.lrn.nt., üdu ,., q,r. pon. una moneda en una máquina y no le sale
el chicle'o el cara-elo-- te está aprendiendo que esa chica, esa técnica
o .r, máqrina de chicles no {uncionan; pero si se intenta con otra chica,
técnica o máquina se puede conseguir el éxito. De hecho, es práctica-
mente seguro que se óonsigue a lo largo del gran viaie'
P: Probablemente tenga razón.
T: Está bien,.nro.r..í' Por lo tanto, no es el rechazo lo que le
duele, ¿no? Es su'idea, st creencia-, su suposición de que.el rechazo
., dráino y terrible. Eslo es lo que de verdad se hace a sí mismo, y eso
es lo que í.-o, a tener que cambiar para que usted supere esa neurosis
homosexual tan tonta.
Así, sesión tras sesión, el terapeuta estuvo señalando los temores
ilógicos lue existían detrás de la norma de conducta homosexual fiia
del"paciente qué eran ilógicos, 9ómo los aprendió y. absorbió
de
srs primeros-por
.ó-prñ.ro. y sob"re todo, -cómo seguía readocrinándose
;h;; ; ;és de'repetírrélo, .or',o un loro sin pensarlo, de decidirse
una y otra vez que se basan en probadas. evidencias, cuando es obvio
!;; ;., completámente arbirarioi y no tienen ninguna base'.
El miedt del paciente al rcchazo, a perder la aprobación, a que
los otros se tieran ¿e ¿t o le criticaran se examinó en todos sus aspectos
/ t. f. .tiaenció una y ora vez' Pero no sólo se evidenció, sino que
át t..rp.,r,, le atacó ánérgicamente, 1e demostró que el que alguien
; ;;;;:rp.. d.-^rirdo p'ot lo que los demás pensaban era.estúpido
, ru,od.ri..rctivo, ya que'entonces regulaba t" uid' en función de los
ocuue' se sientan
á.;il, ; no .n f"í.ión sr.ya. Ademái-, cuando esto
;;"d;.";r., lu p.opi, f.Íicid^d que hace prácticamente imposible que
se pueda conseguir alguna vez'
La norma de cáducta homosexual de Caleb se atacó, pues, de
forma continua y directa, pero no se hizo en términos de q-ue era
i"-átrf estaba'equivo.ui", sino en términos de que era autodesruc-
"
tiva y autolimitativá de ella se derivaban presupuestos básicos que
-y
EL TRATAMIENTO DE LA HOMOSEXUALIDAD FIJA 227

no tenían nada qu€ ver con el sexo y que se ramificaban en el resto


de su vida, 1o que Ie impedía disfrutar de otros muchos aspectos también.
Al mismo tiempo que se cuestionaban y atacaban los presupuestos
filosóficos subyacentes en el miedo al rechazo de Caleb y Ia conducta
homosexual consiguiente, el terapeuta le animó a que quedara con
chicas, de (orma que pudiera, con la práctica real, superar Ios miedos
que sentía en relación con ellas. Se le previno que su primera cita podría
resultar embarazosa, incómoda y un fracaso en definitiva, pero se le
dijo también que sólo esforzándose en tales situaciones y sentimientos
podría superar sus miedos irracionales a las mujeres.
En su primera cita, que tuvo lugar a la semana siguiente de la
primera sesión terapéutica, Caleb había quedado con una chica muy
mona y educada, pero bastante fúa y problemática. En su segundo
intento quedó con una bibliotecaria, una chica un año más ioven que
é1, cálida y acogedora; con ella empezó a hacer árrumacos, pero resultó
que ella también estaba bastante perturbada, Saliendo aún con ella, fue
a una fiesta con una chica a la que había conocido hacía algún tiempo
de forma bastante amigable, pero con la que no había quedado nunca,
y terminó teniendo relaciones sexuales con ella, con lo que disfrutó
tantidad. Sin embargo, la chica se fue a vivir a otra ciudad al poco
tiempo, y no la volvió a ver jamás.
Mienmas Caleb salía con estas chicas, el terapeuta revisaba con él
los detalles de su conducta y sus reacciones ante ellas. Le dio informa-
ción específica e instructiva'de cómo quedar con ellas; qué esperar de
ellas; cómo entenderlas y cómo comprender sus problemas; cómo no
descorazonarse cuando le hicieran un desaire; qué tipo de propuestas
sexuales podía hacer y en qué momento, etc. Consideraron sus errores
y meteduras de pata de forma constuctiva y obietiva y se le hizo ver
que, en lugar dá culparse por estos errores, debería utilizarlos como
una enseñanza positiva.
Después de haber visto al terapeuta siete veces, una vez por
semana, conoció a una chica que le parecía muy apetecible, pero que
estaba convencido, al principio, que no llegaría a nada con ella. El
terapeuta le animó insistentemente a seguir viéndola, aun cuando las
cosas estaban bastante negras. Caleb persistió, en gran parte por la
insistencia del terapeuta y pronto empezó a hacer progresos con la
chica. No sólo consiguií ganat su lealtad emocional, sino que, a pesar
de que ella tenía una historia de indiferencia sexual, él de forma gradual
fue despertando sus deseos y, a través de las caricias y los abrazos,
logró que sintiera unos orgasmos remendos. Fue ella la que al final
insistió en llegar al coito, y esto, tanto para él como para ella fue
extremadamente gozoso.
Sin embargo, lo que más le impresionó a Caleb no fue su habilidad
sexual con la chica, sino su capacidad de ganarse su respuesta emocio-
228 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

nal, frente a su superioridad inicial, después que él ya estaba conven-


cido de que no conseguiría nada con ella. La filosofía básica de él
acerca de su propia inutilidad, o la necesidad de fracasar en todas las
cosas que él realmente deseaba se debilitó, a causa de esta lección
práctica sobre el valor de seguir luchando.
Aunque las inclinaciones homosexuales de Caleb a partir de las
dos primeras sesiones apenas se mencionaban, y no se hizo ningún
intento directo de que él abandonara, renunció a la homosexualidad
de forma voluntaria y total tan pronto como se dio cuenta que tenía
éxito con las mujeres tanto en el aspecto emocional como en el sexual.
A la doceava semana de terapia é1 había cambiado de ser homosexual
al cien por cien a ser heterosexual al cien por cien. Todas sus fantasías,
tanto en sueños como en la realidad, tuvieron una orientación hetero-
sexual, y prácticamente nunca mantuvo una relación homosexual.
Al mismo tiempo que puntualizaba que los problemas homosexua-
les de Caleb procedían de sus sentimientos de incapacidad y miedo
al fracaso, y que ponía en movimiento fuerzas despropagandizadoras
de su homosexualidad Íija, hice un ataque frontal a las palpitaciones
del corazón de Caleb. Hice una pequeña interpretación de orientación
psicoanalítica para hacer ver a Caleb la conexión existente entre sus
síntomas psicosomáticos y la apoplejía de su padre; 1o relacioné también
con la tendencia de su madre a arrullarle cuando estaba enfermo y con
el disgusto que le había producido el tener que hacerse cargo de la
fábrica de su padre en lugar de dedicarse a la carrera que él había
elegido.
Sin embargo, el ataque analítico racional se hizo en gran parte
en la causa secunderia de los síntomas psicosomáticos de Caleb v no
en la primaria. Es decir, se le demosmó que aunque los síntomas de
este tipo aparecen por lo general porque un individuo tiene miedo de
sufrir una apopleiía como su padre, o quiere que su madre le arrulle,
o lucha pot el objetivo neurótico de ser capaz ¿e deiar una actividad
que no Ie gusta, tales síntomas se mantienen de modo secundario pot-
que llegan a ser un punto focal del miedo y la autoculpa.
Como señalé a Caleb en un punto:
<<Dado que el origen de las palpitaciones del corazón están en dos
sentimientos, el miedo irracional 1' la hostiliclad, que causan ptáctica-
mente todos los síntomas neuróticos, la pregunta más importante es:
¿Por qué usted mantiene esos síntomas?»
«Sí, ¿pot qué? En especial cuando son tan molestos.r,
«Gran parte de la respuesta es que tsted odia y tiene miedo de
los sintomas en sí. Digamos que ante un sentimiento de pánico su
cotazón late de forma violenta. Entonces, como es un ser humano que
observa y se habla a sí mismo sobre lo que observa , siente que está
golpeando de forma salvaje.>>
EL TRATAMIENTo DE LA HoMoSEXUALIDAD FIJA 229

«¡Así es! Y entonces le doy al botón del pánico.»


«Sí. Usted le da al botón del pánico al decirse a continuación:
';Oh,.Dios mío! ¡Cómo me late el coiazón! ¡Me voy a morir!'. órundo
descubre que su síntoma es psicogénico más que físíco se dice tÁbién:
'¡Cielos!.¿Cómo puedo ser tan idiota de ertai así? Tengo que terminar
con esto', para terminar diciéndose: '¡Qué terrible! No p"üo terminar
con este síntoma. De.hecho, no paedo pararlo. Esto demuestra que
soy un idiota y un cobarde sin remedio'.»>
<<Con lo que se fiia en mí, ¿no?»>
Por si sus_ palpitaciones no eran ya lo bastante malas,
<<Así es.
usted lo empeora al decirse iontinuamente lo térrible y lo horroroso
que es decirse que es un idiota y un incomperente por tenerlas_
v que no-altiene remedio.porque no puede librarse de ellas.-por supuesto,
en estas _condiciones, el
-miedo.original que en principio le hizo sentir
estas palpítaciones, en lugar de ir desapareciendo dL forma gradual,
se va marcando cada vez más usted lireralmente "le está
-porqr.
haciendo marcarse cada vez más- in iegundo lugar.»>
<<O sea, que literalmente estoy cavando mi propia tumba,
¿no7>>
<<No exactamente. Muy poca gente muere de neurosis.
euizá fuera
mejor que así lo hicieran, pero siguen viviendo de forma miserable.r,
_ Una y otra vez le probé a Caleb que cada vez que sentía las
palpitaciones del corazón (a) se decía alguna tontería relativa a la
hostilidad y el miedo que hacía que ésros aparecieran, y (b) todavía
se decía alguna idiotez mayor con lo que los agravaba-y perpetuaba.
Por consiguiente Caleb se reforzaba continuamente dos ideas de sus
filosofías irracionales básjcas de la vida: primero, que debía ser muy
competente, lograr todo lo que se propusiera en la vida y tener éxito;
y en segundo lugar, que cuando hiciera algo mal o actuara de forma
equivocada, debería culparse y considerarse a sí mismo como un idiota
y un canalla. Estas filosofías, que son puro perfeccionismo y autoculpa-
bilidad, deben condtcirle necesariamente a adquirir algún iipo de sín-
tomas, como las palpitaciones del corazón, y después de adquiridos,
o agravarlos y perpetuarlos.
Pasé bastante tiempo, pues, desenmascarando e interpretando los
presupuesto-s fundamentales de Caleb en relación con el peifeccionismo
y. la autoculpa, y demostrándole que éstos podrían y deLían ser reem-
plazados_ por otros: en especial que un ser humano áebería actuar bien,
en vez de tiene.que...; que debería intentar ser capaz, en lugar de per-
fecto. En relación con su neurosis secundaria culparse" por estar
neurótico y tener síntomas psicosomáticos- se-él le demtstró áe forma
particular que no debería concentrarse en creer que era un idiota sin
remedio por tener esas palpitaciones, sino en cómo aceptarse a sí mismo,
a pesar de que por el momento estuviera neurótico.
r

2r0 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

Cuando al fin Caleb empezó a comprender que el tener esos sínto-


mas era algo desagradable y desafortunado, pero que no era un crimen
.r,í.trofe,"e.to, síÁtomas .-p.rrto., a désaparecer' Como él
"n. en la novena sesión: «Cuantb menos me culpo por las cosas
"observó
-- experimento, menos
que las experimento. ¡Es realmente increíble!»'
Áinqr. haÉía pensado llegar al ataque del problema.vocacional
de Caleb d. ,rn,for^ma racional-emotiva directa, no hizo falta, ya que
lo .oniig,rió él mismo como un subproducto de algunas de las nuevas
ideas quL estaba aprendiendo en el curso de las sesiones terapéuticas'
L" ,ini.o que yo tice fue darle la idea general de que un individuo
*1¿-rr"á é.oéionul-.nte cuando et ,apá, de preguntarse qué es lo
que más le gustaria hacer en la vida, cuando excarva en los p.reiuicios
que adquirii en su infancia de un modo irreflexivo para ver si. es esto
ü q". iealmente quiere hacer, y cuando sigue adelante intentando hacer
exactamente eso.
Ái principio Caleb se enconraba bloqueado en este sentido porque,
.unq,r. i."i, ,n profundo resentimiento contra su padre y. su madre,
r. étif. f.stantá obligado a dirigir el negocio de su- padre, simple-
*hi.i.ru.
;.;;" ;;.;;; e[os queiían que 1o Pensaba que les haría mucho
;;;;-ri;;; qu"dáb, en Él n"gocio estaba mal que les
v *eía que
daiaru de esa árn.ro. Yo, como su terapeuta, insistí en que conside-
rara también este otro prrnto d. vista: a saber, que estaba mal que
no pensata en sí tanto ao-o .n sus padres, porque.en -la moralidad
-- ---Sitanto el autointerés como el interés
entá por los demás'
Cri.b, señalé, era indiferente a su piopia carrera, y sus padres
qu"ri^n !u.1r^br¡..i,nla Íábrica, entoncei él muy bien podía ayudar-
li, o rutirfr.erles'en este sentido. Pero si él claramente desea estudiar
una carrera, tiene perfecto derecho a elegir su carrera sobre las prefe-
r.n.iur de árr. padies; y si ellos insisten. en sentirse heridos por esta
;i;.;i¿r, ;t tu p.obl"-á , y quizá él pueda ayudarles a resolverlo'
Sóio en uÁa ocasión'se discutió el tema de la moralidad y sus
obietivos vocacionales durante el tiempo que duraron las sesiones tera-
habíatnot hablado sobre el pro-
;á;i.r;. p.io .n bastantes ocasionesindividuo. dependía de sí ,mismo'
[i.Á. !.r.tal de que Ia salud del
ou. d.t ti. decidir io qrr. quería hacer en la vida y desp.ués de hacerlo'
,1r, h.ti. demasiado a iot áemás, luchar por conseguirlo' De repente
y'Loante mi sorpresa, en la 18 sesión Caleb sacó el tema de su carrera'
sacó ad"má, como un lait accompli;'; una cuestión que había resuel-
to por sí mismo. Dijo Caleb:
uHe decidido algo de fotma definitiva, Dr' Ellis' Al.margen de
que mi padre viva -i.ho tiempo 9 lo, y de cómo se prreda sentit mi
áu¿t., ei año qu. ,i.n. áejo de trabaiai án el negocio' Ya he empezado

En el original
EL TRATAMIENTO DE LA HOMOSEXUALIDAD FIJA 2\
a enviar solicitudes de trabajo como profesor de mi especialidad para
el próximo aio, y eso es lo que voy a hacer. He estado pensando
mucho sobre lo que usted me ha estado diciendo, y tiene toda la razón.
Sólo tengo una vida que vivir, y ¡bendita ella!, a partir de ahora voy
a vivirla para mí. La única cosa que siempre he deseado hacer en
relación con mi carrera es enseñar zoología y algún día, quizás, escribir
un texto definitivo sobre esta materia. Y pase lo que pase, lo voy a
hacer.r»
Caleb, inesperadamente, dijo en la diecinueve sesión de terapia
que pensaba suspender las sesiones por el momento, ya que le gustaría
actuar por sí mismo. Dijo que sabía gue no estaba completamente
curado, pero que sentía que estaba superando bastante bien los princi-
pales problemas por los que había venido a la terapia y que le gustaría
saber cómo podría maneiarse con ellos a partir de ese momento él solo.
En ese instánte sentí que era algo prematuro el dar por finali-
zadas las sesiones, a pesar de los grandes progresos que Caleb había
hecho en un período de tiempo relativamente corto. Pensé que, como
suele suceder en muchos casos, después de que pasaran unas semanas
o algunos meses, Caleb encontraría bastantes dificultades en seguit ade-
lante por sí mismo y probablemente volvería a buscar ayuda. Sin embar-
go, me guardé mis dudas y le animé a Caleb a intentarlo é1 solo, así
como a que se sintieta libre de volver en el momento en que tuvieta
dificultades. Caleb me dijo muy sinceramente que volvería antes de
que las cosas se pudieran poner mal de nuevo, pero me repitió que
quería intentar cosas pot sí mismo durante un tiempo.
Y ocurrió que Caleb nunca volvió. Tres años más tarde, sin embar-
go, en un chequeo general contó que se había casado con la cuarta
chíca con la que había quedado y que eran padres de un precioso niño.
El enseñaba zoología en una universidad del medio oeste y le iba
bastante bien en casi todos los aspectos, aunque no perfectamente. No
tenía ningún interés en las relaciones homosexuales y se sentía libre
de los síntomas psicosomáticos del corazón que le habían hecho venir
a la terapia.
Uno de los aspectos más interesantes de este caso es que algunos
de los problemas básicos de la vida de Caleb no salieron prácticamente
nunca a discusión en el tiempo que duró la tetapia parte porque
-en y en parte
yo pensaba analizar en detalle algunos de ellos más tarde-
porque creía que algunos tenían poco que ver con los principales pro-
blemas de Caleb. Así sentía que su norma de conducta homosexual
era causada, al menos en parte, por las ataduras que tenía con su
madre, lo que incluía también elementos del tabú del incesto y el
sentimiento de que ninguna otra chica sería lo bastante buena para é1.
Sin embargo, en el curso de la terupia se hicieron pocas alusiones
a la relación de Caleb con su madre y np se hizo ningun análisis deta-
2)2 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

llado de esta conexión. No obstante, su norma sexual desviada cambió


radicalmente a lo largo de la terapia, ya que con toda seguridad, la
causa principal de su homosexualidad no era su atadura edípica a su
madre sino sus sentimientos de incapacidad y miedo al rechazo, que
fueron directamente analizados y atacados durante la terapia.
De la misma manera, aunque nunca se interpretó de forma directa
la hostilidad de Caleb hacia su padre gran parte porque la terupia
terminó antes de que se investigara con-enminuciosidad este aspecto de
su conducta- acabó siendo mucho menos hostil con su padre por un
Iado, y por otro siendo capaz de romper con é1. Esto ocurrió así
porque en el curso de la terapia se atacó sin par y de forma intensa
a su filosofía básica del culparse a sí y a los demás. Una vez que su
filosofía empezó a cambiar, ya no tuvo necesidad de set celoso ni hostil
hacia su padre.
En cualquier caso, el terapeuta hizo un rápido ataque frontal a
los presupuestos básicos y las filosofías irracionales que subyacían tras
los síntomas de Caleb; y sin llegar a los seis meses de terapia, tuvo
lugar la reorganización radical de los obietivos de su vida y de su
conducta pública, sexual y no sexual. Se ayudó a un individuo que
Freud y sus primeros seguidores le hubieran considerado como-al un caso
muy difícil y rígido para la terapia- a superar su vieia neurosis homo-
sexual y a conseguir otros cambios importantes en sus normas de vida.
De la misma manera, la psicoterapia racional-emotiva ha sido uti-
lizada (por mí y por un número considerable de médicos ) de forma
eficaz en otos muchos casos de homosexualidad Íiia y de desviaciones
sexuales serias. Aunque los desviados siguen siendo los pacientes más
difíciles (en parte porque de su conducta pervertida profundamente
anaigaáa están consiguiendo claras ventajas sexuales), intrínsecamente
no son más difíciles de tratar que otras personas muy perturbadas; y
elataque directo y activo a las premisas filosóficas inconscientes a
menudo produce resultados muy valiosos.
15

EI tratamienlo
de Ia esquizofrenia"
Una de las preguntas más {recuentes que me hacen en relación
con la psicoterapia racional-emotiva, especialmente cuando hablo de mi
trabajo en reuniones profesionales es: «¿Admitiendo que su técnica
tenga excelentes ventajas cuando se utiliza con neuróticos comtlnes,
o con gente que tiene graves problemas pero que en realidad no está
demasiado trastornada, puede funcionar con psicóticos al cien por cien,
especialmente con esquizofrénicos paranoides u obsesivos graves?».
Mi respuesta a esta pregunta es: oReconozcámoslo: los individuos
psicóticos son la clase de pacientes más difíciles para cualquier tipo de
psicoterapia; y los resultados con respecto a esto, por lo general son
bastante desalentadores. Aunque se Ies ayuda temporalmente, recaen
a menudo sin avisar, en graves estados psicóticos. Personalmente, creo
que la mayoría de ellos no llegaron a ser simplemente de la forma que
son, sino que en un aspecto muy importante nacieron con diferentes
tendencias psicóticas, y en general tienen exacerbadas esas tendencias,
de forma importante por su primera educaciónr> (Dilger, 1962; Keeiey,
1962; Marti-Ibáñez, 1960; Masot, 1959; Wolpe, l96la).
No obstante, creo que los psicóticos en general y los esquizofré-
nicos en particular, pueden ser ayudados de forma importante ( aunque
pocas veces curados) por la psicoterapia intensiva, y de todos los méto-
dos de psicoterapia que he visto utilizar con pacientes psicóticos, la
terapia racional-emotiva es una de las técnicas más eficaces ideadas.

'! Este capítulo es una versión ampliada de «Hypnotherapy rvith Bordeline


Psychoticsr,J. General Psychol., 1958, 59, 245-25).
»4 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

Uno de los primeros intentos que hice en la utilización de la


terapia racional con un paciente psicótico fue en 1955, cuando estaba
tratando a un hombre de 38 años, esquizofrénico paranoide, que estaba
terriblemente celoso de su mujer, y gue insistía constantemente en que
siempre que llamaba a su mujer durante el día, ella estaba fuera, debía
estar teniendo relaciones sexuales con un vecino, un repartidor, un
compañero, o con cualquier otro hombre con quien pudiera haber
entado en contacto. Le mostté cómo sus historias sobte lo que ella
hacía eran totalmente contradictorias, y cómo ella no podía estar
haciendo ni la mitad de las cosas que estaba convencido que hacía;
pero al principio hice pocos progresos.
Entonces, cambié a sus ideas paranoicas, e intenté mostrarle que
no procedían de ningún suceso externo que estuviera ocurriendo, sino
de su propia creencia de que sería una cosa horrible, destructora de
su ego, que su esposa fuera tan infiel como él pensaba que era. nVd.
sigue diciendo» le dije, «que ella sería una pena traicionera si le
fuera infiel, y ése es el problema. Pero esto es una tontería, ya que
si fuera adúltera como usted cree, eso sería problema de ella, y no
necesariamenÍe suyo. Todo lo que tendría que hacer baio esas circuns-
tancias, sería aceptar totalmente el hecho de que ella tiene ese problema
y entonces decidir ttanquilamente, bien permanecr con ella y ayudarla
a resolverlo, o bien deiarla, y permitirle que lleve su problema a otro
matrimonio.
«¿Pero cómo puedo tranquilamente decidir hacer una cosa seme-
jante>>, pregunto, <,cuando ella está haciendo una cosa tan temibleT
¿Cómo puede esperar Vd. que yo esté trdnquilo sobre esto?>>.
«Está Vd. confirmando mi opinión», contesta, <<precisamente por-
que Vd. no puede estar tranquilo en que ella presumiblemente tenga
un problema, Vd. tiene evidentemente uno, y su problema no es que
ella le sea infiel, sino su desprecio a sí mismo si ella lo fuera,>.
«¿Qué quiere decir? ¿Que pasaría por un momento difícil si ella
fuera cogida en el acto?>>
«Bien, ¿no 1o pasaría?, ¿si realmente la cogiese en el acto, le diría
o no ranquilamente: 'Mira querida, si tú no puedes serme fiel des-
hacemos el matimonio y ya está', en lugar de meditar, pensar lo
terrible que sería si alguien se entera de que es un cornudo, y en general
preocuparse con ello?>>
<,Yo creo que quizás tenga razón, me doy cuenta- sí, pasaría
un momento-yodifícil, estaría preocupado por lo que pensasen los demás
de mí¡>
«Exactamente, y de ahí es de donde procede su pensamiento para-
noide, tiene tanto miedo de ser mal mirado si le fuera infiel, y piensa
tan catasróficamente todo el tiempo por esa 'horrible' perspectiva, que
no puede hacer nada, sino pensar todo el día en que está fuera con
argún indivir,". ;":-, :,';,." .:.-;:ca ra eviden ,,^ :
que es infiel, y antes o después encuentra algo sospechoso, sigue bus-
cando y encuenta algo todavía más sospechoso, y por fin concluye
sencillamente qte debe ser una adúltera. Realmente, su 'evidencia' con-
siste sólo en sus sospechas, pero su auténtica sospecha no es que ella
sería una perra si la cogiese en el acto, sino que Vd. sería un débil
que tiene una esposa adúltera. Su propio sentimiento es aquí la autén-
tica consecuencia, y el comportamiento de ella sólo sirve para propor-
cionarle una excusa, si fuera asi, para tener este sentimiento.>>
«¿Tener una excusa?»>
<<Sí, porque realmente tiene el sentimiento con el que empezar.
Tiene cierta razón al principio antes de que ella haga algo, que sería
un inútil si le pusiera los cuernos. Así, el ponerle los cuernos a Vd.,
si semejante suceso realmente ocurre, es una excusa pública para des-
ahogar su sentimiento subyacente, que siempre estuvo allí antes de que
ella hiciese o pensase hacer su acción. De hecho, me parece que Vd.
podría tener una desilusión si enconrara que no le está poniendo los
cuernos, porque entonces la básica visión negativa de Vd. mismo, no
estaría justificada. Y me parece que casi quiere probar que es Vd. un
sujeto malvado, y es exactamente la clase de persona a quien una
esposa pondría los cuernos.»,
<,No sé, quizás tiene razón, pero no lo veo del todo. ¿Por qué
querría yo pensar que soy detestableT Veo que puede tener razón,
pero no veo que la tenga del todo.,>
«¿Lo ve? Ahora está buscando la evidencia de mi exactitud, preci-
samente como busca la evidencia de la maldad de su esposa. Como
la mayoúa de los individuos paranoides, en lo que realmente está inte-
resado es en la cefieza, en controlar totalmente su medio, y ver todas
las respuestas posibles, buenas y malas, a las preguntas en este medio,
de tal forma que no haya posibilidad de duda o indecisión por su
parte. Vd. insiste en respuestas perfectas, incluso respuestas equivoca-
das perfectas. Y el mundo, claro, consiste en aproxir¡aciones y proba-
bilidades, no en respuestas perfectas. Pero, al estar poco dispuesto a
admitir tales aproximaciones sigue buscando las respuestas perfectas.
Y cuando no las hay paru el momento presente, Vd. las crea, como
ahora está creando este comportamiento adúltero por parte de su
esposa. >>

<<¿Pero cómo sabe Vd. que yo lo creo? Podría existir.»>


<<Ciertamente podria existir. ¿Pero cuáles son las probabilidades?
Realmente las acusaciones conra §u esposa son muy graciosas.»>
<<Yo no le encuentro nada gracioso.»
<<No, no lo encontrará, pero acusar a una pobre, sosa, y terrible-
mente asustada mujer como la suya de correr por toda la ciudad,
buscando a un hombre a quien abordar y meterse en la cama con é1,
»6 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

es bastante ridículo. Porque, ella está casi tan asustada como Vd. de
lo que la gente piensa de ella. Y aunque quisiera tener relaciones con
otros hombres las probabilidades son del noventa y nueve por ciento
de que lo rechazase, o por 1o menos de que lo aplazase por un año
o dos, antes de que se entregase a é1. Por lo que Vd. me dice, ella
tiene miedo en muchas ocasiones incluso de tener relaciones sexuales
con Vd., porque cree que es terrible si no tiene un orgasmo completo,
v se odia a sí misma si no 1o tiene. Y Vd. tiene a esta pobre, asustada
mujer, corriendo el riesgo de ir por toda la ciudad, de la cama de un
hombre a la de otro. Es realmente muy gracioso.»>
En este punto, no pude evitar soltar la carcaiada, con la idea de
la esposa inhibida, tímida, de este paciente, siendo agresivamente liber'
tina como seguía acusándola de ser. Y mi risa, con el solo pensamiento
de esta idea, me pareció que tenía más efecto sobre el paciente que
cualquiera de mis palabras o acciones. Observando esto, continué en
la misma vena que antes, interpretándole ambos, su miedo a lo que la
gente piensa, cómo esto se relaciona con sus engaños paranoicos, y
iambién los miedos parecidos de su esposa, y cómo estaban relacionados
con la infinitesimal posibilidad de que estuviese comprometida en rela-
ciones adúlteras.
«¿Así que Vd. realmente cree que mi esposa nunca haría eso?)>,
preguntó el paciente.
«Ciertamente, creo que nunca lo haría. De hecho hay tan poca
posibilidad de que haga eso de lo que Vd. la acusa, como de que Vd.
ic, encaiase bien si realmente la encontrara en una situación adúltera'
Vds. dos tienen un miedo parecido de hacer algo que los demás pudie-
ran considerar malo o indecoroso; por su parte, Vd' nunca perdonaría
su adulterio aunque no tuviese deseo sexual por ella, y ella nunca
perdonaría su propio adulterio aunque estuviera agonizando de nece-
sidad sexual y Vd. rehusara dárselo. Dos mentes bastante peculiares,
con un único pensamiento, destruir el ego.r>
«Pero Vd. dijo antes que nosotros, mi esposa y yo, sóIo estábamos
trátando de proteger nuestros egos. ¿Cómo somos entonces, destruc-
tores de egosT»>
oNo, Vds. están tratando de proteger su ego débil, su falso orgullo'
Un indivíduo que tiene un ego sano, o un orgullo verdadero, no tiene
que protegerse de las opiniones de los demás,- excepto cua¡do están
cornj.o..iidos problemai prácticos reales. De forma general se gusta
tantá a sí mismo qrr" pr"á" estar cómodo, incluso cuando los demás
.lesaprueban su conducta. Pero la gente como Vd' y su esPosa, con
egos clébiles, o con la idea de que és terriblemente importante lo que
lés demás pi".,r., de Vds. (lo que es igual que tener-un ego débil),
tienen que proteger constantement" tr., fálso orgullo. Y por esta clase
EL TRATAMIENTO DE LA ESQUIZOFRENIA 2)7

de protección, en realidad deshuyen sus egos verdaderos, destruven


en realidad Io que Vds. queúan hacer en la vida.»
<,Oh.»
<<Sí,puede decir eso otra vez.)>
Mi paciente paranoide estaba pensativo en ese momento. Y des-
pués de continuar durante bastantes sesiones más, mosrándole lo abso-
lutamente ridículo que era pensar que una esposa, asustada como un
gato como Ia suya, buscara asuntos colr otros hombres. De forma gra-
dual, para mi sorpresa, abandonó la idea y empezó a llevar una relación
mejor con ella. No dejó de ser esquizofrénico, y continuó realizando
actos de autosabotaje típicos, y dedicándose de vez en cuando a medi-
taciones paranoides. Pero mostró una considerable mejoría , y fue capaz
de seguir trabajando de {orma regular, y de mantener mejores relaciones
con los demás.
Mientras que, antes de que yo viese a este paciente había estado
internado dos veces, y había tenido varias series de tratamientos de
shock sobre la base de paciente externo, durante los últimos seis años
no ha tenido crisis recurrentes y parece haberse adaptado a una forma
estable de vida. Tiene ideas pasaieras de vez en cuando, de que su
mujer le es infiel, pero en estas ocasiones es capaz de recordar nuestras
conversaciones sobre el asunto, incluyendo mi auténtica sorpresa por
la idea de que su esposa sería agresivamente adúltera, y rápidamente
se convence a sí mismo de que sus ideas son infundadas, y establece
de nuevo un buen período de ajuste.
En otros muchos casos, he sido capaz de disuadir a esquizofrénicos
de la idea de que deben ser totalmente amados y adorados por toda la
gente importante de sus vidas, y les ha ayudado a aceptat la realidad
de no ser a menudo aceptados por los demás.
Con esquizofrénicos hostiles hasta cierto punto creo que casi
-y
todos son de forma subyacente bastante hostiles- he tenido quizás
aún más dificultades en disuadirles de su hostilidad. Aunque a menudo
se les puede ayuáar a comprender, que no hay buenas razones por
las que Ia gente debería actuar de la forma que ellos quieren que actúen,
todavía parecen quelel discutir, culpar, odiar y algunas veces, cualquiera
que sea la técnica que yo utilice, incluido el darles un consiclerable
apoyo y aprobación terapéutica, no les inducirá a hacerlo de otra
manera.
Al mismo tiempo, se pueden hacer progresos poco corrientes con
respecto a esto. Una mujer de unos cuarenta años, esquizofrénica hostil
excepcional, odiaba a su marido, al novio de su hiia, y a todos sus
vecinos. Durante muchos meses no pr:de lograr ningún progreso, en
hacerle ver que por muchos errores y equivocaciones que todos estos
individr,ros hubieran cometido, odiarles no iba a rcctificar su conducta,
y sólo iba a mantenerla a ella tan miserable como había sido todos los
»8 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

días de su vida. <<Pero no son buenosrr, siguió gritándome, cuando hablé


de mostrarle que sus enemigos eran huma¡os falibles, y por lo tanto
deberían ser perdonados por sus .,pecadosr>.
No obstante continué. Todas las sesiones parecían duplicados de
la primera, con sus quejas interminablemente repetidas, y con mis argu-
mentos contra ellas presentados de forma resuelta y no culpabilizadora.
Finalmente, cuando un día ella se quejó de que uno de sus vecinos
había pegado injustamente a su hiia, por haber discutido con el niño
del vecino, insistí enérgicamente en que la paliza que recibió su hija
por parte del vecino, era mucho menos dolorosa que las palizas verbales
que la paciente daba a su hija casi cada día de la semana, y que las
salidas verbales que tenía contra su marido y otras personas, eran tam-
bién crueles para esas personas, e igual de doloroso para la misma
paciente.
Offa vez, para mi sorpresa, esta mujer esquizofrénica aceptó las
enérgicas interpretaciones, y comenzó después a discutir conmigo la
culpabilidad y sus consecuencias de una forma mucho más moderada
y compasiva. Aunque tampoco esta paciente (nunca) se curó del todo,
y todavía muchas veces tiene consigo misma y con los demás momen-
tos difíciles, es mucho menos culpabilizadora y discutidora que era
antes de que yo empezara a verla, y es capaz de tranquilizarse a sí
misma en muchas ocasiones en que se altera de forma tremenda, cuando
antes, a menudo permanecía alterada durante horas y días.
Los esquizofrénicos dudosos ( o ambulantes ) son mucho más fáci'
les de ayudar psicoterapéuticamente, que los esquizofrénicos hechos y
derechos, y la TR es uno de los mejores métodos de ayudarlos. Aquí,
de nuevo, debe admitirse que los objetivos de la terapia deben ser a
menudo realistamente limitados puesto que hay evidencias de que inclu-
sive los psicóticos dudosos pueden tener causas, tanto orgánicas como
psicológicas para sus graves trastornos, y el arreglo de los aspectos
psicológicos de su enfermedad puede no eliminar del todo los elemen-
tos orgánicos. Lo que este elemento orgánico puede ser en psicosis,
y 1o que exactamente puede hacerse al respecto, no está todavía claro,
pero hay buenas razones para creer que con el tiempo, nuestro cono-
cimiento de este aspecto se puede mejorar.
De acuerdo con la teoría de la terapia racional-emotiva, tanto los
psicópatas como los neuróticos se dicen a sí mismos algún tipo de
tontería, en el punto B, después de que algo les ocurra en el punto A,
para producir sus reacciones negativas ( en especial ansiedad extrema
y hostilidad), en el punto C. Pero donde los neuróticos pueden y no
realizar una d;scriminación cognoscitiva adecuada en el punto B, para
producir resultados sensatos en el punto C, existe la posibilidad de
que los psicóticos realmente lto puedafi hacer semejantes díscriminacio-
nes de forma adecuada, o bien tienen extraordinarias dificultades en
EL TRATAMIENTO DE LA ESQUIZOTRENIA »9
hacerlas. En consecuencia, los neuróticos (aunque bastante difíciles de
reorientar) son mucho más educables que los psicóticos, y sólo con un
esfuerzo considerable puede un terapeuta eficai, enseñar a un paciente
psicótico cómo diferenciar enre süs generalizaciones falsas y verda-
deras, y a socavar su pensamiento irraiional.
D,e este modo, mientras que ambos, neurótíco y psicótico, por lo
general creen que son individuos inútiles, el último lo hace'd. ,-,na
forma más concluyen_te. ¿Por qué? Porque, creo yo, es más fácil paru
las personas con reales deficieÁcias de pensamienio rrcrr esta conclu-
sión, que la contraria. De este modo, el psicótico, probablemente se
está diciendo a sí mismo algo así:
"Yolosoy ,nor.r[ por mi falta de
habilidad para pensar claramenre, por tanto tengo iificultades con
la gente; así que tendré que hacerló lo mejor posibiá, de todas formas
a pesar de estas dificultades, y aunque los demái puedan desvalorizarme
como persona yo puedo ser muy valioso para mi, y no pensar que soy
inútil». Pero darse mucho valor a uno mismo de esta forma, aun
cuando los demás le valoren a uno poco es intrínsecamente más difícil
(incluso para los individuos llamados normales), que valorarse uno a
sí mismo menos. Se necesitan avances extra en el pensamiento, extra
en discriminación.
Los neuróticos probablemente son ésos, qr-re por una u otra razón,
rehúsan utilizar sus poderes de pensamiento hábiles, y por lo tanto
fracasan en hacer estas distinciones exffa, y terminan por-pensar falsa-
mente que son inútiles cuando cometen errores o desagradan a los
demás. Pero cuando les ayuda un terapeuta a hacer tales" distinciones
extra, pueden y a menudo lo consiguen, vencer sus dificultades. Los
psicóticos, creo yo, no pueden hacer tan fácilmente estas distinciones
extra, y algunos psicóticos graves, es probable que en realidad no lo
puedan hacer en absoluto. Por lo tanto depend.n d. ,r, pobres gene-
raciones (que sostengo de nuevo, son más fáciles de hacer y necesitan
relativamente poco esfuerzo de pensamiento ), y se niegan a moverse
de ahí.
Los psicóticos, además, pueden sentirse más cómodos con estas
viejas y gastada_s ( aunque contraproducentes ) falsas generalizaciones,
porque pueden hacerlas con éxito, y pueden derivar ina cierta satis_
facción.de su <<ego)> de su pensami..rté frlro y paranoide. <<Une>> bien
este falso pensamiento, o ál menos parece hu..rlo así. y aunque el
rompecabezas en el que están ttabajando, se <,completa>> en su
q3-rter es porque completan sólo las partes fácileJ y dejan pasar
-ryo,
'las
difíciles, logran sentirsé muy <(sarisfechbs,, con las prites qu" i.,"n .o*-
pletado. Además, la sociedád en la que residen, i., ,yráá ,.rl-.nr.
a creer que son inútiles para sí mismos si no tienen'valor para los
demás, de esta forma tienén pocos incenrivos para cumpletar .f io*p.-
240 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

cabezas de una vida feliz o buena, e imaginar que pueden no tener


valor para los demás, pero ser todauía valiosos para sí mismos.
No obstante, los psicóticos dudosos, y los hechos y derechos, pue-
den ser ayudados, de forma especial si el terapeuta los ve de modo
realista como poseedores de un pensamiento deficiente, y trabaja para
ayudarlos a vencer al menos parcialmente esa deficiencia. Todas las
técnicas racional-emotivas empleadas con neuróticos, pueden ser también
empleadas con pacientes psicóticos, pero generalmente se les tiene que
dar más estructuración, más estímulo, y más énfasis de sus valores poten-
ciales, de la que se le da al neurótico.
Incluso la hipnoterapia puede ser utilizada eficazmente con los
pacientes psicóticos dudosos, aunque no es de ningún modo de forma
necesaria, el tratamiento preferente, y sólo muy rara vez, yo lo he
utilizado en mi práctica. Esto, no sólo es porque los pacientes dudosos
no son los mejores sujetos hipnóticos, sino, en su mayor parte porque
incluso cuando son hipnotizables, hay considerable peligro de que
lleguen a est^r más desorganizados y desorientados de lo que normal-
mente están.
La sugestión, es una espada de doble filo cuando se emplea con
toda clase de pacientes, y puede conducir de forma especial a resul-
tados un tanto raros cuando se utiliza con esquizofrénicos dudosos.
De este modo, yo noté una vez que uno de mis pacientes dudosos
tenía varios cheques de su talonario rellenos, listos para pagar su
cuenta de teléfono, su tendero, la cuenta del almacén, etc. Cuando
le pregunté por qué no rellenaba los cheques en el momento de pagar,
en vez de por adelantado, contestó, que pensaba que yo le había
aconsejado hacerlo de esta manera. Lo que yo realmente había dicho,
era que si quería obtener el máximo rendimiento del tiempo pasado
conmigo, sería interesante qlle tuviera mi cheque preparado cuando
viniese a la sesión, en vez de perder tiempo en rellenarlo al final de
la sesión. Había generalizado esta sugerencia en un modelo rígido de
rellenar todos sus cheques.
Aún más importante, es el hecho de que los psicóticos dudosos
son generalmente autistas, desorganizados, individuos muy poco realis-
tas, que tienen grandes dificultades en aceptar seriamente los hechos
inexorables y duros del vivir cotidiano. Bajo hipnosis, frecuentemente,
pierden el gusto incluso por los grandes vuelos de la fantasía, y enton-
ces conseguir que acepten mi modelo de vida integrado, positivo, bas-
tante bien organizado,llega a ser a menudo, más difícil que en el curso
de la terapia no hipnótica.
No obstante, hay ocasiones en las que de forma deliberada empleo
hipnosis con pacientes dudosos, particularmente cuando muestran inte-
rés en ser hipnotizados y cuando aparentan ser suietos razonablemente
buenos. En estas ocasiones, cuando empleo hipnosis, encuenffo por lo
EL TRATAMIENTO DE LA ESQUIZOTRENIA 241

general una distribución un tanto. dicotómica, en Io que se refiete a


la facilidad de Ia hipnosis. Eso quiere decir, que encuentro que algunos
pacientes especialmente los más jóvenes, son bastante sugestionables,
dependientes de orientación, y fácilmente hipnotizados, mientras que
otros, incluso cuando piden ser hipnotizados, luchan desesperadamente
y es casi imposible ponerlos en trance. Incluso los que están en un
estado hipnótico, tienden a estar en trance ligero, más que ptofundo,
y a menudo de forma espontánea despiertan cuando se discute mate-
rial inquietante o cuando hay ruidos fuertes en la calle.
La técnica principal, que empleo con psicóticos dudosos a los que
hipnotizo, es la misma que uso con mis casos hipnoterapéuticos no
psicóticos; esto es, una combinación de hipnosis y psicoterapia racional-
emotiva. Cuando se usa junto con la hipnosis, la TR se convierte en
una formación de una clase especial de autosugestión, que podría llamar-
se penetración autosugestiua. Toda sugestión hipnótica que tiene éxito
terapéutico es muy probable que trabaje en gran parte a ravés de la
autosugestión, puesto que a menos que el paciente mi¡mo tome pose-
sión de la sugestión del hipnoterapeuta, y consciente o inconsciente-
mente siga pensando en ellos cuando el terapeuta no esté presente,
es probable conseguir sólo los resultados más efímeros. Pero cuando
el paciente sigue repitiéndose y repitiéndose a sí mismo, lo que otigi-
nariamente le ha repetido el hipnoterapeuta pueden darse e(ectos tera-
péuticos de larya duración.
La autosugestión terapéutica puede dividirse en tres grandes cate-
gorías. La primera puede llamarce autosagestión con penetración exter-
no, y se tipifica por el trabajo de Bernheim, Coue, y muchos otros
que han enseñado a sus pacientes a repetirse a sí mismos como loros,
f rases como: <<Yo puedo mejorarrr, .,el dolor está desapareciendo»,
«yo no tengo miedo)>, etc. Sin ningún conocimiento de cómo surgieron
sus trastornos en primer lugar, o por qué sus autosugestiones funcionan,
en segundo lugar, muchos de tales pacientes vencen aparentemente la
sintomatología neutótica, y algunos de ellos son probablemente incluso
curados.
El segundo tipo de autosugestión, que se utiliza para propósitos
terapéuticos, puede llamarse autosugettión con penetración directa. Esta
técnica está ilustrada en un caso de Bowers, Brecher y Polatin (1918).
El Dr. Bowers, trabaiando con un paciente gravemente esquizofrénico,
consiguió que él mismo se separase en dos partes, §lalter positivo y
\üalter negativo, y entonces bajo hipnosis empezó a expulsar sistemá-
ticamente al'§{/alter negativo del cuerpo del paciente. De forma gradual,
después de meses de permitir al V/alter negativo librar sus propias
batallas en Ia hipnosis, lo que parece haber estado acompañado por
la continua sugestión a sí mismo de que el buen Walter podía con-
quistar al mal lü7alter, el paciente logró una extraordinaria recuperación.
242 RAZON Y EMOCION EN PSICOTEBAPIA

En el curso del tratamiento, el paciente del Dr. Bower no sólo


logró una excelente recuperación social, sino que también desarrolló
una peneffación considerable en algunos de sus pensamientos ilógicos
previos. Fue capaz de ver que rebelándose conra su padre, sólo cortaba
su nariz para herir su cara, que por realizarse pobremente en el área
sexual estaba tratando de evitar el sadismo de su padre, y que su
padre realmente era como un pequeño terrier enfadado, furioso, cuyo
ladrido era peor que el mordisco. Concomitante con la sugestión tera-
péutica y la autosugestión, lü/alter f:ue capaz de abandonar varias falsas
ideas o creencics sobre su padre, y así, librarse realmente a sí mismo
de la influencia que le había producido el mal §Talter o §flalter negativo.
de la influencia que le había producido el mal Iü/alter o el \üalter
negativo.
Cuando tiene lugar la autosugestión con penetración directa ocurre
un fenómeno similar, pero con una notable adición, a saber, peneüación
en el mismo proceso autosugestivo. Tal penetración surge de una com-
pleta comprensión de por qué ftncionan sugestión y autosugestión.
Bernheim ( 1887 ) fue uno de los primeros en realizar esa sugestión,
con o sin hipnosis es a menudo el instrumento terapéutico más efectivo.
Pero ni él ni ninguno de sus seguidores parecen haber comprendido
claramente por qué esto es así, es probable, que irónicamente, porque
la respuesta al problema es muy simple.
La respuesta a este enigma, a la luz de la teoría de la psicoterapia
racional-emotiva, es simplemente que sugestión y autosugestión son
eficaces en los síntomas neuróticos y psicóticos, porque en primer lagar
son los instruntentos que cousan o ayadan a producir estos síntoffias.
Virtualmente todas las emociones humanas adultas compleias y soste-
nidas son causadas por ideas o actitudes, y estas ideas o actitudes son
en primer lugar sageridas por personas y causas externas al individuo
(especialmente por sus padres, profesores, libros, etc.), y son, en segun-
do lugar, continuamente autosugeridas por él mismo.
Así, el paciente del Dr. Bowers, Walter, se educó en un medio
social, que primero le sugirió que su padre era temible, que debe evitar
a toda costa los modelos de conducta sexual de su padre, que se debe
rebelar contra su padre, incluso si tiene que cortar su nariz para herir
su cara, etc. Y entonces después de interiorizar las ideas irracionales,
rü/alter se las autosugirió a sí mismo, una vez y otra, hasta creerlas
totalmente, y automática o inconscientemente actuó con la ( falsa )
suposición de que eran verdad.
Precisamente porque las emociones desordenadas de §7alter, resul-
taron de ideas ilógicas, y precisamente porque estas ideas estaban en
un principio profundamente arraigaáas por sugestión y autosugestión
repetitiva, no es difícil ver por qué la contra-sugestión positiva del
Dr. Bower, así como la conüa-sugestión positiva de Walter, son final-
EL TRATAMIENTO DE LA ESQUIZOFRENIA 24)

mente un instrumento eficaz pata ayudarle a vencer los pensamientos,


y consiguientes sentimientos, profundamente arraigados en su origen.
Y precisamente como §falter fue inducido primero por sugestión y
autosugestión a ((comprender» o conseguit <<penetración» en lo temible
que era su padre, así con la contrasugestión y autosugestión de natu-
raleza positiva, pudo comprender y penetrar en esta misma inocuidad
del padre.
La única cosa que aparentemente no comprendió §Talter al final
de la terapia fue por qué y cómo la sugestión y autosugestión original
le conduio a sus creencias ilógicas, y cómo y por qué la última suges'
tión y autosugestión le condujo a sus más lógicas, y de aquí menos
esquizofrénical creencias. Esta capacidad adicional de peneración en
cómo y por qué las ideas y sentimientos irracionales surgen y cómo
los pacientes pueden intentar atacat y derrotar invariablemente tales
creencias sin ientido, es lo que la terapia racional trata de dar. Así,
en el caso de §üalter un enfoque hipnoanalítico racional habría inten-
tado mostrarle que, en general los seres humanos son educados en
nuestra sociedad, para creer (por sugestión y autosugestión) muchas
ideas irracionales, que úna vez que creen estas ideas, deben Tlegat a
estar más o menos tiastornados emocionalmente; y que la única y exclu-
siva forma que tienen de vencer sus trastornos es admitir que sus ideas
son irracionales, atacarlas con la autosugestión, y reemplazarlas con
ideas más racionales.
Para ilustrar esto, consideremos el caso de un esquizofrénico dudo-
so a quien vi hace tiempo. Este hombre de 31 años había tenido ante-
riorménte 10 años de térapia, pero había conseguido evitar ser hospi-
talizado. Era excepcionalmente miedoso, dependiente y cumpulsivo; y
aunque no tuvo atiertumente ilusiones y alucinaciones, era muy hostil
haciá casi todo el mundo, sentía que el mundo entero estaba contra
é1, y que había fracasado en la escuela y en los negocios por los obstácu-
los que la gente intencionadamente ponía en su camino. Continuamente
preguntaba cuál era la forma <<correcta>> de hacer las cosas y llegaba
, .it^. totalmente confundido y desorganizado cuando existía la posi-
bilídad de que cometiese algún error.
Este eiquizofrénico ambulante fue ttatado en privado alrededot
de un año uti.t y se intentó la hipnoterapia. En el curso de este tiempo
mostró que tenía varias ideas irracionales básicas, especialmente tenÍa
r.rna cala-itosa necesidad de que todo el mundo le amase por todo
lo que hiciese, y de ser perfectamente competente en todas las tareas
que realizaba.
Se discutió, el origen de estas ideas en las relaciones del paciente
con sus padres y el adoctrinamiento de su cultura, pero se gastó más
tiempo en mostrarle pot qué sus creencias eran irracionales, que en
demostrarle por qué había llegado a creerlas al principio. También se
244 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

le enseñó cómo y por qué surgían generalmente tales ideas ilógicas,


y cómo los seres humanos autosugestivamente siguen adoctrinándose
a sí mismos con estas ideas sin sentido. Se le enseñó que si detenía
este tipo de adoctrinamiento, y en su lugar desmentía sus puntos de
vista irracionales, y en consecuencia atraía su inutilidad a su propia
atención consciente, pronto empezafian a desaparecer, y el miedo,
dependencia, y conducta compulsiva que tenía, tenderían de forma conco-
mitante a desaparecet.
Se hicieron diferentes avances con este paciente esquizofrénico
dudoso. Comenzó a ver por sí mismo, que en realidad no tenío que ser
amado por nadie, que no sucedía ninguna catástrofe menos que
él la provoca5s- 6u¿¡d6 alguien no le admitía; que -a
sus incompetencias
no eran grandes crímenes, sino simplemente retadores obstáculos con
los que podía realmente disfrutar al abordarlos. Sin embargo, todavía
seguía cayendo en el pensamiento irracional y quería sabe¡ si no podría
obtener ayuda adicional paru vencerlo.
En parte por sugerencia suya, y en parte por sugerencia mía, se
discutió la hipnosis, estando é1, más que deseoso de intentarlo. A pesar
de esta buena voluntad, al principio no era un buen caso, Puesto que
tenía miedo consciente de lo que podía sucederle, si se abandonase
totalmente a alguien, su atención se mantenía errante mientras trataba
de hipnotizarle. En dos ocasiones, iusto cuando parecía ceder a la hipno-
sis, abría de repente los oios y se incorporaba en el sofá.
Por último, durante el cuarto intento de hipnosis, el paciente cayó
en trance de ligero a medio, pero todavía parecía resistirse, y siempre
al borde de deipertarse. No ie hizo ningún intento para explorar la
memoria infantii o de obtener una penetración adicional dentro de la
psicodinámica, en parte porque el paciente no parecía receptivo a este
iipo de pruebas, y-.n prtt. porqu. por 1o general no se enfatiza en el
curso de la psicoterapia racional-emotiva.
En su lugar, se hizo sugestión directa. Pero mienffas'se incluían
algunas órdenei para que el paciente realizase ciertos actos que normal-
ménte temía, la sugestión principal tomó ia forma de hacerle pensar
de forma diferente'sobre estos aitos, antes que simplemente bacerlos'
De este modo en una ocasión dijo el terapeuta:
osabeinos que ahora tiene problemas en acudir a bailes y conocer
chicas nuevas, pero no va a tener mucha dificultad con esto en el futu-
ro. Esto es porque va a darse cuenta de que Vd. es el causante de sus
propias dificultades, que se y avergüenza de conocer chicas porque
Vd. piensa que esterrible y^zora
horrible que le rechacen.
.,Pero no va a pensar más en eso, no va a adoctrinarse más a sí
mismo con esa tontería. En su lugar se va a dñ cuenta de que no
hay nada terrible en que le rechace alguien que a Vd. le gustaría cono-
EL TRATAMIENTO DE LA ESQUIZOFRENIA 241

cer; que el terror está por completo en su cabeza y no tiene una exis-
tencia objetiva; que sólo existe porque se sigue diciendo a sí mismo
que existe, y en este sentido exá haciendo que exista.
«Vd. está empezando a ver ahora que no tiene que crear esta ton-
tería, este falso terror, que no debe tener miedo, está comenzando a ver
ahora que puede ir a la pista de baile y pedir un baile a una perfecta
desconocida, y maldito 1o que le importa si acepta o rehúsa. Está empe-
za¡do a ver que según la media, debe ser rechazado muchas veces si
aceptan también oras muchas, y que en realidad no importa si es
recbazado. Está empezando a ver, a mostrarse a sí mismo :una vez y
otra, que lo peor que puede suceder si una chíca le rechaza, es que
pensará mal de Vd., pensará que es idiota o desgarbado, o feo, o algo
por el estilo, y qúe no importa lo que ella piense, en realidad no le
afecta en absoluto. Lo que en realidad cree Vd. que importa es lo
que realmente siente que es. Y siVd. sabe que Do es un idiota, que no
es desgarbado, que no es feo, no tiene importancia lo que ella piense.
»Además, está empezando a ver que incluso no importa mucho si
es Vd. estúpido o incompetente o ignorante o imperfecto en algunos
aspectos. Porque ninguno de nosotros, lo está viendo más y más clara-
mente, puede ser tot;lmente suficiente y bueno en todos los aspectos,
todos tenemos nuestras diferentes imperfecciones y fallos; y en la med!
da en que somos razonablemente capaces en alguxos aspectos, no es
necesario que seamos Un Número Uno e¡ todos.
»>Ya a tratar por tanto, y va a seguir tratando de pedir un baile
a las chicas en la próxima fiesta a la que asista. Y se va a dar cuenta
de que, en éste como en todos los asuntos humanos sólo la práctica
hace la perfección, que no puede esperar ser muy bueno al principio,
que tendrá muchos enores antes de que se acostumbte a lo que está
haciendo y desarrollando una buena técnic^ para hacerlo. Y se va
a dar cuenta de forma especial, que 1o importante no es el éxito, la
fortuna en hacer algo, sino la prueba honesta, el darse a Vd. mismo una
oportunidad, el tratar de hacer lo que quiere hacer tenga o no éxito
al hacerlo.
>>Por lo tanto va a seguir intentándolo, y siempre que fracase, lo
que algunas veces será seguro, y empiece a avetgonz tse o asustarse del
fracaso, de que haya otros a quien Vd. no guste o piensen que es incom-
petente, Vd. va a cuestionar, cuestionar, y caestionu su propio senti-
míento de miedo o vergüenza. Va a preguntarse a sí mismo: <<¿Por qué
estoy temeroso o avergonzado? ¿Qué hay de temible o vergonzoso en
fracasar o en que piensen mal de unoT ¿Cuál es la diferencia? ¿Cuál
es el crimen? ¿Cuál es la catásfofe? Va a seguir cuestionando, clrestio-
nando, y cuestionando su miedo y su vergüenza, observando cuidado-
samente cuándo aparecen, preguntándose por qué aparecen, mostrán'
dose a sí mismo en todas y cada ocasión queVd.las hace aparecer.
t
246 RAZON Y EMOCION EN PSICOTENAPIA

>>En otras palabtas, va a verse e sí-mismo crear y,causar,su vergüen-


,^ y'lJri"',' y"íüZt¿"i.' , ,i -i'-o frases como: iDios mío' lo idiota
que cree que soy por pedirle un bailel ¡Qué penoso es .que :i:i 1-:
dectrse trases asl
*, un idióta! Y otservándose a sí mismo en vez de empez.ar.
va a decirse
il;;;;;'i;Ir.. ..-.rdotus de miedo v vergüenza,
^
.r rr-f"gl. "tras frases más realistas, más juiciosas como: ¿Así que cree
la diferencia?' o:
;;. il?Ji"ia for pedirle que baile? ¿Y qué? ¿Cuál es
Ásí que- no *e acepta esta vez, seguiré probando hasta que alguten me

;;;p;. ¿Óu¿ ¿. p..ti*lu h.y .i q" -t rechacen a menudo' si al


final me aceptaran?
>>Vaa ver, y ya está empezando a ver-' que toda su vergüenza y
que
miedo son creaciones suyas consistentes en frases tonta-s e ilógicas'
r..r,ai.piiLndo, y qr. pu.d. cambiar estas frases-y decirse cosas más

iuiciosas, y eliminar ásí la vergüenza


y.el miedo' Va a empezar a ver
ll"" iááit't"s emociones negativas continuadas que la gente siente' son
ür- rt"Jr.,. de sus propi; f rases inte-riorizadas más que de sucesos
..i.I"át, v- que ,i tólá cámbiasen estas frases, sustituyéndol¡s por otras
;;';;t;iJt;, v tt.Á"t.n a creer realmente el contenido de las frases
"s,,
;; í;i;i;;;t, íod, vergüenza v miedo irracional, todos sus trastor-
- emocionales, se desvanecerían'
nos
,V; a ir, po, lo tanto, a ese baile del sábado por 1a noche ay las va
a bailar una vez tras otra y otra, y va a seguir pidiendo bailes
con ellas'
;hi;, ,- u ,.g,ri, bailando,'cono.íéndolut, y cáncert^ndo citasmismo
a
Y ,.,iéntru, eié haciendo esto, va a estar diciéndose que su.miedoquey

io huy nada que r.-.., "J' át 1o qut avergonzarse' igual que
u.rgiié.rr, ,on^...r.iorrá suyas, y pt'ádt huttilas desaparecer
juiciosas y.sanas' en. lugar
las ha creado, q"" p".á. í.pátítt" frases
y
de frases poco juiciosas y tontas, y librarse con estas trases ¡utctosas
sanas de toda necesidad de miedo y vergüenza'
»>Va a hacer esto: pensar, pensar, cuestionar'
cuestionar' detener
qué pena" mostrar-
los catasüofismos, decir;¿Y quéi'en lugar de'Oh'
;;;tÑ;;o qu. lrr.oiu' y reacciones exteriores a Vd' no son tan
así' repitiéndose la
;;;.;;;; á"i" r-,, .Já; á" eran'- Y. pensando
y
clase de frur., .o.r..; ;; á bailándo y citándose'..bailando
citándose, hurt" qrr.
"gt'i'
p"oca dificultad y mucha diversión en
".,.r'r"n""
hacerlo así».
Después de la primera sesión hipnoterapéutica
utiliz¿¡do este enfo-
mayor que
qr., ;i-;;.i"nte dilo que había recibido una avuda real' de una sesión
nunca anteriorrn"n,"i#; ;;;;*¿;itdo como
resultado
más fueron
de terapia. Aunque d;tÑt;á;;;t,
'tipnotit,
t¿i., unas pocas sesiones

ffi;;il, t" continuaba meiorando de forma importante'


l' proporcionada pot
creyendo que su .",";i; tt'-pi"¿*t"*áe 'v'daotro año de psicote-
los procedimi.n.o,íilno,ti'pZ'iit"t' Después-de
EL TRATAMIENTO DE LA ESQUIZOFRENIA ).t I

rapia racional sin utilizar la hipnosis, se despidió sensiblemente meiora-


do. Un reconocimiento informal dos años después, mostraba que mante-
nía su recuperación.
Varios otros pacientes, que incluían esquizofrénicos dudosos y neu-
róticos, se han tratado también con una combinación similar de hipno-
terapia racional, y el resultado ha sido casi de forma uniforme bueno.
Sin embargo, si la hipnosis adjunta al método de análisis racional es
muy eficaz, es difícil de decir, puesto que la utilización del método sin
la hipnosis ha sido bastante e{icaz por sí mismo. Mi opinión es que,
generalmente, es preferible utilizar la terapia racional-emotiva sin la
hipnosis en casi todos los casos, ya que el individuo que mejora su
proceso de pensamiento y su estado de salud mental sin trucos ni mule-
tas, es más probable que aumente su confianza en sí mismo y mantenga
su mejoría inicial, que el paciente con el que se ha empleado hipnosis
u otras técnicas especializadas de esta clase. Yo no estoy por tanto
defendiendo el uso de técnicas hipnóticas, y el uso de estas técnicas es
muy escaso en mi práctica.
Cuando se utiliza sin trabajar el tema penetración en el proceso
autosugestivo, la hipnosis se acerca demasiado a la autosugestión ciega,
que incluso cuando es eficaz terapéuticamente tiene diferentes desven-
tajas y limitaciones. Como ha señalado Platonov (1959):
Es necesario delimitar el fenómeno asociado con la petcepción
consciente de la palabra y su sugestiva influencia. Aparentemente
fue Dubois el primero en señalar la necesidad de una clara delimi-
tación de las concepciones de sugestión y persuasión, que antes
de é1, se habían confundido generalmente. En suma, de acuerdo
con Verwon, <<la sugestión es una idea producida artificialmente,
que surge sin el conffol de la crítica y se acepta por mor de su
casi ceguera»>. A. Forel enÍatizaba que <<no debemos considew
la inlluencio de an hombre sobrc otro por razoaar, cott o ufla
sugestión»... Y. Katkov observa correctamente en uno de sus
estudios que hay una relación dialéctica entre la percepción cons-
ciente del discurso y su influencia como sugestión. La influencia
verbal percibida críticamente no puede ser sugerida, porque es
percibida de forma pasiva sin crítica, puede fácilmente llegar a
set sugerida, incluso cuando pueda contradecit la experiencia pasa-
da y ser diferente de la realidad actual.

Estos primeros investigadores avanzados, han visto correctamente


que la sugestión y la persuasión no sólo son diferentes, sino en impor-
tantes sentidos totalmente antagónicas. Cuando un individuo, con una
fe cíega, acepta una sugerencia, incluso una sugerencia que le libta de
algún síntoma neurótico, hace lo correcto de la forma equivocada: <<me-
jorando» por medio de la renuncia a pensar por sí mismo. Aunque de
248 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

ese modo puede perder su síntoma, no sólo no está haciendo incursio-


nes reales contra su trastorno básico, sino que realmente puede estar
agrandándolo, ya que este trastorno en el fondo, eJ su tendencia a acep-
tar sin pensar y a depender de la autoridad extetior (CiaÁi, 1962;
Maitz, 1960).
De forma parecida, los individuos que abandonan sus síntomas y
((meioran» como un resultado de técnicas de tranquilización, abreacción
y catarsis, vínculos de transferencia, inhibición recíproca, condiciona-
mientos operantes, pensamiento positivo, y varias otras clases de técni'
cas de no-penetración o semi-penetración, pueden verdaderamente <(cu-
rarse)> en el sentido de no retomaf de nuevo sus síntomas de ttastotno,
peto es dudoso que esté .,curador>, en el sentido de que no es impro-
bable que adquiera otros síntomas. Es verdad, como señalan Bruner,
Goodnow, y Austin (1956), que algunos de los más creativos solucio-
nadores de problemas, son individuos cuya realización actual va Por
delante de su habilidad para dar justificaciones verbales de ello. Pero
a menos que tales justificaciones verbales estén a la larga próximas,
tales personas tendrán que seguir resolviendo sus problemas básicos de
vida una vez y ofia, en lugar de encontrar una solución general que se
pueda reaplicar siempre que el problema que surja sea similat a los
que ya ha solucionado.
Las <<Curas>> por sugestión hipnótica o no-hipnótica,- tienen en
offas palabras realmente po.o ualoi profiláctico, porque el individuo
,,curadb,r, precisamente no se da cuenta de córno mejorar y tiene que
volver corriendo al sugestionador cuando de nuevo se encuentra en pro-
blemas. Por lo tanto, no fortalece en realidad su propia raz6n o es menos
responsable para meterse en dificultades emocionales (Jackson y Kelly,
1962).
Debido a estas serias limitaciones de la sugestión, la psicoterapia
racional-emotiva, intenta trabaiar principalmente con las técnicas de
persuasión más que con las técnicai de iugestión. Porque en el curso
áe persuadir a alguien a cambiar sus puntos de vista, el terapeuta tiene
q,re inducir al pi'ciente a pensur de una forma diferente, -por desaliot
sus propias supbsiciones irieflexivas. Pero en el curso de la sugestión,
.l tá.rp.rt, .., gtr., parte induce al paciente a aceptat n-uevas ideas
sobre la fe, más-que , p.ntr. en ellas verdaderamente' Ideas que en
prirr.ipio ,on u..püdr, ,obr. unas bases de sugestión, pueden má.s tarde
,.. t.átud., y reaceptadrs sobre la base de evidincias basadas en hechos'
Pero también, pr.á".t no ser nunca repensadas y permanecer fijadas en
un fundame"iá ¿. fe, de hecho infündado, lo que es iracional y
neurótico.
Sin embargo, cuando se emplea correctamente la sugestión hipnó-
tica y no-hipnó1ica pueden ayudar, porque se ha demostrado que los
EL TRATAMIENTO DE LA ESQUIZOFRENIA 249

pacientes neuróticos y psicóticos dudosos pueden ser ayudados de forma


apreciable en algunos casos con la sugestión y autosugestión que se
acompaña con la peneración directa en el proceso de sugestión.
Si se enseña a estos pacientes a comprender que sus trastofnos se
originan en su mayor parte en la sugestión de los padres y la sociedad,
y que estaban entonces y están ahora siendo retenidos inconscientemen-
te por una readoctrinación autosugestiva, si se les somete a obligadas
y repetitivas contra-sugestiones por parte del terapeuta; y si, sobre todo,
se les enseña cómo pueden contra-autosugestivamente despropagandizar-
se a sí mismos, tanto con verbalizaciones como con acciones conscientes,
de forma que no confíen por más tiempo en verbalizaciones ilógicas e
irracionales, que subyacen y les causan trastornos emocionales, pueden
entonces ser llevados a enfrentarse y aceptar la realidad, y a pensar con
claridad en sí mismos y en sus relaciones con los demás. Este tipo de
terapia racional, con o sin reforzamíento hipnótico, parece producir una
excelente forma de atacar algunos de los más duraderos y profundos
estados de psicopatología.
Sin embargo, se debe enfa¡izar de nuevo, que los psicóticos son los
más difíciles de tratar con éxito, con cualquiera de las {ormas de psico-
terapia conocidas hasta el presente. Pueden tener un desorden de pensa-
miento tanto de base orgánica como fisiológica, y sus dificultades en
enfocar y diferenciar de una 'manera racional y no contraproducente
son, muy probablemente al menos, en parte endógenas.
Precisamente por la gravedad de sus trastornos, la TR es uno de
los mejores métodos a elegir en el tratamiento de psicóticos. Presenta
un punto de vista de la vida, y un enfoque cognoscitivo-emotivo de la
realidad que es extraordinariamente claro, comprensible y de fácil ense-
ianza. Evita la persecución de fantasías sin estructura, la libre asocia-
ción, la producción de símbolos, y otros enfoques vagos y amodos de
la terapia, que con frecuencia ayudan al psicótico a estar incluso más
confundido que 1o está la primera vez que viene a la terapia. Hace un
considerable uso de la persuasión, reeducación, ofrecimiento de infor-
mación, y otras técnicas estructuradas, que ayudan a los psicóticos a
enfocar de una manera más integrada los aspectos de la vida compro-
badores de la realidad.
La TR, es un método de terapia extraordinariamente permisivo
y no culpabilizador, que da la máxima ayuda a los psicóticos, que son
casi de forma invariable excesivamente autoculpabilizadores y culpabi-
lizadores de los demás. Permite al terapeura ayudar de forma erpeilfica
a los pacientes psicóticos a dirigir sus vidas y a apoyar de forma tempo-
ral sus más sanos juicios y mejor sabiduría, hasta que verdaderamente
sean capaces de intentar dirigir su propia existencia desorganizada.
Donde la esencia de la psicosis es entonces, desorientación, confu-
sión, no-integración, y pobre enfoque y diferenciación (que son algu-
250 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

nas veces llevados a los extremos defensivos de la superrigidez paranoi-


ca), la esencia de la terapia racional-emotiva es un alto grado de extruc-
turación lógica, enfoque claro, y diferenciación analítica. En consecuen-
cia, la TR consigue a menudo buenos resultados con los psicóticos, en
un periodo bastante corto, mientras que offas formas de terapia ( espe-
cialmente el psicoanálisis clásico y las formas de tratamiento no-direc-
tivo ) permiten y ayudan, el forcejeo y mantenimiento concomitante o
agravámiento del proceso psicótico.
La psicoterapia racional-emotiva, desde luego que no es eficaz con
todos los psicóticos, y ayuda a muchos con una mejoría relativa, más
que de una forma verdaderamente curativa. Pero pocas, si alguna de las
otras formas de terapia, tienen mejores antecedentes de todo tipo con
pacientes psicóticos graves y dudosos, que en consecuencia tiene un
enfogue racional del tratamiento.
L6

El tratamiento de un psicópata
con la Psicoterapia racional-emotiva"
Los llamados psicópatas o individuos que sufren grandes desórde-
nes de carácter cuya conducta es claramente antisocial, son extraordi-
nariamente difíciles de tratar con cualquier forma de psicoterapia. Pocas
veces buscan tratamiento de forma voluntaria, y cuando son obligados
de forma involuntarie a tratarse, tienden a resistirse hoscamente, y la
búsqueda de la.,cura,, no tendrá un esfuerzo real por su parte. Incluso
cuando vienen a tratamiento privado buscan generalmente «curas») mági-
cas sin esfuerzo, y tienden a permanecer en tratamiento sólo por un
corto período de tiempo, y a hacer relativamente pocos progresos.
Las técnicas psicoanalíticas de enfocar a los psicópatas son especial-
mente ineficaces por varias razones. Estos individuos son frecuentemen-
te no-introspectivos, y no-verbales, tienden a no ser abiertamente brillan-
tes y educados, son intolerantes con los procedimientos proliios; y son
muy escépticos o temerosos de complicados análisis o interpretaciones
psicológicas. Es por tanto sólo al psicópata excepcional al que se puede
ayudar con métodos analíticos como los empleados por Lindner en su
Rebel'Vithout a Cause (1944). Las técnicas considerablemente modifi-
cadas de interpretación, como las evocadas por Cleckley (1950) y
Schmideberg (7959), se recomiendan generalmente en lugar de los mé-
todos psicoanalíticos clásicos.
Antes de intentar tratar jóvenes delincuentes o viejos criminales
en mi práctica privada actual de psicoterapia, tenía considerable expe-
riencia en examínarlos y tratarlos cuando era Psicólogo Jefe en el Centro

n Este capítulo es una ampliación de <,The Treatment of a Psychopath with


Rational Psychotherapy", J. Psycbology, 1961, 51, l4l'150. Publicado también :n
italiano, Quaderni di Criminologia Clinica, 1959, l, 17)-184.
252 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

de Diagnóstico del Estado de New Jersey, y más tarde Psicólogo Jefe


del Departamento de Instituciones y Agencias de New Jersey. Por esa
época me impresionó el hecho de que si el delincuente era un iefe, un
desviado sexual, un drogadicto, o un asesino, la peor forma de tratar
de ayudarle a rehabilitarse era, datle una conferencia sobre moralidad,
apelar a su conciencia o superego, o culparle de alguna forma por su
delito.
Empecé a ver que en su forma peculiar, prácticamente todos estos
delincuentes en realidad eran culpables y estaban ansiosos baio su
Íachada de envalentonamiento psicopático, y que de hecho sus actos
criminales, frecuentemente eran cometidos como un intento defensivo
para protegerse de sus propios sentimientos de poco amor propio. Vi
qrre muchos de ellos eran conducidos por la fuerza a una conducta
psicoterápica, por una subyacente culpabilidad y ansiedad, y que esfor-
zarse por hacerles sentirse más culpables y ansiosos, como intenté
inicialmente en algunas formas de conseio y psicoterapia, escasamente
les ayudaría
-En a perder su necesidad de defensas compulsivas' - ,
su lugár enconué que si de momento le mosraba al delincuen-
te que no era-crítico con sL¡- comportamiento, y si al principio me.aliaba
con él ( si era necesario ) conra las autoridades de la prisión en la que
estaba encarcelado (a quienes él casi siempte veía como perseguidores)
se podía establecer entre nosotros un grado notable de relación. Enton-
."r, ,nu vez que el prisionero sentía que yo realmente estaba en su
lado, era a menudo posible mostrarle que su modelo de conducta crimi-
nal no era simpleménte inmoral y antisocial (lo que por supuesto él
sabía sin que yo se Io dijera ) sino que, lo más importante, eÍa c,ontra-
producenti. Si yo le podía convencer, 1o que a menudo podía, de que
sin importar lo herida que pudiera estar ( desde su punto de vista,
justificada y vengativamente) la sociedad por sus crímenes, él mismo
eta aún más autosaboteador por estos actos y sus con§ecuencias habitua-
les, entonces yo tenía una oportunidad bastante buena de conseguir que
cambiase su conducta en el futuro.
Mis frecuentes investigaciones y relaciones terapéuticas con los
criminales, me han enseñadó, que los psicópatas criminales habituales
como otros seres humanos rastárnados, actúan de una forma irracional
y contraproducente, porque creen falsamente que de ese modo se están
ayudando a sí mismós. i cuando están tranquilos, sin culpa, y todavía
enérgicamente desengañados de esta creencia, son capaces a menudo
de cámbiar radicalmente la orientación filosófica y la conducta antiso-
cial que procede de esa orientación. Porque muchos o la mayoría de
los psicópatas clásicos son, como señala Clecley, básicamente psicóticos,
son'a menudo más difíciles de tratar, y uno se debe contentar con obie-
tivos razonablemente limitados en la terapia. No obstante, pueden
resultar de un tratamiento apropiado, meioras notables en sus mode-
EL TRATAIIÍiENTO DE UN PSICOPATA

los de vida, general y particularmente en la reducción de su conrlucr¿r


antisocial.
En parte como resultado de mis experiencias en el tratamiento
de delincuentes jóvenes y viejos, así como en la considerable experien-
cia de trabajar con neuróticos y psicóticos corridntes y molientes, he
desarrollado en años recientes la técnica de la psicoterapia racional-
emotiva expuesta en este volumen. Un caso, que lleva consigo el trata-
míento terapéutico racional de un psicópata, setá descrito a continuación.
El paciente tenía 25 años, hijo de una Íamllia acomodada, había
estado implicado en casos de comportamiento antisocial que incluía
mentiras, robos, irresponsabilidad sexual y asaltos físicos a personas
desde los 14 años. Había tenido problemas con la ley en cinco ocasio-
nes diferentes, pero sólo se le había condenado una vez, pasando un
año en un reformatorio. No manifestaba culpa por estos delitos v no
parecía estar afectado en absoluto por haber dejado lisiado en una
ocasión a un hombre viejo, cuya bomboneúa había sido atracada por
sus jóvenes camaradas. Había tenido dos hijos ilegítimos con dos chicas
diferentes, pero no había hecho esfuerzos por verlos o contribuir a su
ayuda financiera. Vino a la psicoterapia sólo por Ia insistencia de su
abogado, que le dijo que era su única oportunidad de ser puesto en
libertad provisional, en lugar de ser enviado a prisión por su último cleli-
to (robo de unas máquinas de disuibución ); había que declarar trastotno
emocional y convencer al tribunal de que realmente estaba tratando de
hacer algo para mejorar. Primero fue examinado pot un psiquiatra que
le diagnosticó como psicópata irremediable y pensó que el ratamiento
sería inútil. Pero yo accedí a verle porque pensé que representaba un
desa[ío para la psicoterapia.
Durante las primeras sesiones, el paciente sólo cooperó de forma
moderada, postponía citas sin ruzón y llegaba 10 ó 15 minutos tarde a
casi todas las entrevistas. Escuchaba muy atentamente y tomaba parte
activa en la sesión, pero tan pronto como deiaba la oficina del tera-
peuta, en sus propias palabras «Olvidaría casi todo lo que habíamos
dicho», y entraba en la siguiente sesión sin haber pensado en sus proble-
mas o en su posible alivio, no era que resistiese a \a tenpia por rencor,
sino que francamente hacía muy poco o nada paru «hacerse con ellorr.
Durante las primeras sesiones, hice pocos intentos para conseguir
detalles completos de la historia del paciente, simplemente establecí que
era el hijo único de una madre demasiado cariñosa, que siempre le
había dejado libre, y de un padre comerciante que ostensiblemente había
sido permisivo y amigable, que realmente le había enseñado un casi
imposible alto nivel de éxito y que se desilusionaba grandemente siem-
pre que caía por debajo de esos niveles. El paciente quíen llama-
remos Jim- se había comportado como un mocoso -a mimado con los
otros niños, con los que siempre trataba de hacerse el señor, nunca
254 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

desarrolló sus potencialidades en la escuela, y comenzó a llamat la


atención de sus iguales y profesores en su infancia, por antipático y
presumido, y sólo había sido capaz de desenvolverse razonablemente
con las chicas, de las que una o más, por lo general conseguía que le
sirvieran mientras él explotaba sádicamente sus tendencias masoquistas.
Aunque el paciente era bastante inteligente y podia comprender
fácilmente las explicaciones psicodinámicas de su conducta
la posible relación entre su fracaso en satisfacer los altos niveles-como de
excelencia de su padre, y su intento de probar a los demás por acciones
antisociales totalmente opuestas, lo ogrande» que era- no se hizo
ningún intento para interpretar o clarificar tales conexiones. Pot una
razón, se opuso tenazmente a tal «mierda psicoanalítica» siempre que la
psicodinámica de su situación era, incluso aludida, por otra, el terapeu-
ta racional-emotivo frecuentemente hacía poco uso de esta clase de
clarificación histórica puesto que lo juzgaba muy interesante, pero no
conducía de forma necesaria a un cambio de personalidad básico.
En su lugar, se enfocaron las circunstancías corrientes del paciente,
y se le mostró rápida e intensamente que se frustraba a sí mismo en
el presente, igual que en el pasado. De este modo, estuvo discutiendo
conmigo Ia posibilidad de violar los términos de su fianza, y «latgarse
de la ciudad»>. Sin entrar en la moralidad de su idea, o defenderme por
la noción implícita de que la terapia no le estaba ayudando, y que por
lo tanto también podía seguir viviendo la clase de vida que siempre
había vivido. Yo tranquila e implacablemente le mostré a Jim: (a) que
tenía pocas probabilidades de largarse de la ciudad, sin que le cogieran
en poco tiempo, (b ) clue llevaría una vida de desesperada evasión en
el tiempo que permaneciera libre, y (c) sabía que casi seguro el tribu-
nal no tendría piedad cuando fuera capturado. Aunque al principio esta-
ba poco dispuesto a aceptar estos hechos inexorables, pacientemente le
obligué a aceptarlos.
Al mismo tiempo le seguí mostrando a Jim las filosofías irrealis-
tas y tontas que había detrás de sus ideas contraproducentes de inten-
tar no cumplii la lit¡ertad baio fianza. Le mostré que se estaba diciendo
a sí mismo de forma grandiosa e idiota que deberia ser capaz de hacer
lo que quería porque quería hacerlo; que era absolutamente iniusto
y poco ético para los demás, incluyendo la ley, permanecer en esa
línáa, t¡ qu. totalmente catasrófico cómo se frustaban sus demandas
unilaterales. "rá
Y estas suposiciones, seguí insistiendo, eran totalmente
infundadas e irracionales.
<<¿Peto por qué?», preguntó Jim, en un momento de Ia cuarta
sesión. «¿No debería queter hacer las cosas para ir por mi caminoT
¿Por qué no debería tratar de obtener lo que quiero?»>.
EL TRATAMIENTO DE UN PSICOPATA 257

Terapeuta: No hay ninguna razón. Querer lo que tú quietes, cuan-


do lo que quieres es perfectamente legítimo. Pero tú, por desgracia,
haces una cosa de más, y eso es per{ectamente ilegal.
Paciente: ¿Qué es eso? ¿Qué es ilegal?
T: Tú no sólo quieres lo que quieres, sino que lo exiges. Tú
tienes un deseo perfectamente s¿¡6 tener el proceso por tus
-syi¡¿r lo transformas en ftece-
propios medios, por ejemplo- y estúpidamente
sidad absoluta.
P: ¿Por qué es eso disparatado?
T: Por Ia simple ruzón d,e que, en primer lugar, cualquier exigen-
cia o necesidad es disparatada. Querer una cosa, querer cualquier maldi-
ta cosa que tú tengas que suplicar está bien que tú admitas
-siempre
Ia posibilidad de no ser capaz de obtenerlo. Pero tan pronto como exi-
ias algo, o lo transformes en necesidad, simplemente será que no eras
c paz de rnanteller que no 1o vas a obtener. En ese caso, bien, hafás
algo desesperado para obtenerlo generalmente has hecho en tu
-como o bien seguirás enfadándote,
larga historia de conducta antisocial-
frustrándote, de forma extraordinaria, o estarás ansioso por no obte-
nerlo. En cualquier caso tú pierdes.
P: ¿Pero suponemos que puedo obtener lo que quiero?
T: Bueno que después no te sea contraproducente el
obtenerlo, como en -siempre
este caso. Incluso en el caso de que pudieses eludir
la libertad baio Íianza con éxito, lo que es muy dudoso, a excepción de
un corto período de tiempo, que conseguirías finalmefile, tener que
vivir el resto de tu vida con el tenor de ser detenido o teniendo que
abandonar todo y a todos los que amas para huir, digamos, ¿a Suramé-
rica?
P:¿Tal vez no?
T:¿Tal vez no? Además, supongamos por un momento, que real-
mente 1o conseguiste, que realmente eludiste la libertad baio fianza,
y que no te cogieran, y que no vivirías con miedo perpetuo. Incluso
entonces, ¿te estarás haciendo un gran favor?
P: Me parece que me lo estaría haciendo. ¿Qué más podría
pedir?
T: Mucho más, y es precisamente porque no pides más, lo que
prueba, a mí al menos, que eres un individuo enfermo.
P: ¿En qué sentido? ¿Qué clase de mierda me estás dando?
Mierda.
T: Bien, me podría poner muy <<ético>» y decir que si sigues
con ese tipo de cosas, como robar máquinas disüibuidoras, saltarte la
libertad bajo fianza, y cosas así, estás entonces ayudando a crear la clase
de mundo donde tú mismo no querrías vivir, o donde desde luego no
querrías que viviesen tu familia o amigos. Porque, si tú puedes conti-
256 RAzoN y EMocroN EN psrcorERAprA

nuar con esas acciones, también pueden otfos y en semejante


m
de robos y evasores de fianza, ¿qrien querría vivir?
P: .¿Pero yo dije que supusiérr-o, qu. no me importa viv
ese mundo, mundo que me guri" .n rea[dád?
T:De acuerdo, puedei decir eso, e incluso intentarlo, aunqu
pregunto si en realidad.lo has pensado lo detenidam."t.
Pero supongamos que,sí, yo no q,riero uru. ar. argumentoó;
á;be
«ético»>
una persona presumiblemenre <(poco étíca,, como ti. p.ro tod^ui^,
otro argumento mejor, que tú y la gente como tú, por lo general,
olv
P: ¿Y cuál es?
T: Es tu propia piel,
P: ¿Mi propia piel?
Sí, tu gruesá e impenerrable piel, ru inocente, siempre ino
.^ plel.
re -,T'
P: No entiendo. ¿De qué diablos está hablando?
T: Simplemente de ,rpongurno, como hemos
^erio, .t-o" Lu.ky Luciano -y- dicho,
eres inocenre de verdad. Supón,
oiiár- p
individuos que realmenr. pri..án nrU.r-ioráao de
,na'imprn.
oe crrmenes, en realidad
,rienen una piel más gruesa, y no lés imp
un carajo lo.que les suceda a los demás qr. puEáun ,lírii-p"i,r, f
ñas, no les importa gué clase de mundo están
hacie.,do. ¿óamo pue
pregunto puedes tú personalmente, eso .r_ fuú.i.),
esa a-tractiva, -tú, ,--.án"r
tosca, impenetrable piel?
P: ¿Qué importa cómo lo conseguí, puesto que está ahl?
I: Ah, pero sí que importa, ahí está la diferáncia.
P: ¿Cómo diablos es eso?
T: Sencillamente así. El único camino práctico por el que
Due
quedar Iibre de culpa,- puedes ,u"r.".i
u,i,
unas condiciones como lai que esramos dercrb.i.náo,
;;i t
ffi;r1lÉ15
J.;;;.i;;;-, q
dando lib.re.de. culpa de lo'que h^§ii ulil;;;;U;ilff;'...o,n-
es por la hostiliáad, por .l ,.ntiii.n,á, ,bo
ryi1...riTinales,
ctmlento "ái",
del mundo contra el que te estás conduciendo criminalmen
, ,P,. !No_puedo quedar liÉre de culpa de estas."rár-rir-áá
ros demás/ ¿lror qué no puedo?
T: No es muy probable. ¿por q_ué se cargaría una persona a
demás sin odiarles.n.i..r"rn.nlrJ
¿y;;. podría no esrar al men
algo.preocupado por Ia clase de ordJn .á.il
á.;.;;_.;;;lp.rü
estaba creando a menos que.eche po. lo, ,,r.l.r-.lr-;;;;i;i;;;".rp"-o
ción con un resentimiento defensiu" .ontm f", a.Áiri"s¡sr vrLvr
P: Io_ sé. ¿Por qué no podría?
T: \l¿Puedes, tú)
¿Si podría yo, quiere decir, conseguir no preocuparme?
l:L: Exactamentel
iCon tu larga historia de mentir a los demá
¿Engatusándolos para hacer toda .lir. á..orus que realmente no qu
EI- TRATAMIENTO DE UN PSICOPATA

o ren hacer, engañándolos con tus sentimientos hacia ellos. Las chicas c¡rrc
dejaste embarazadas y abandonaste, por ejemplo. Los compañeros dc
n crimen a quien traicionaste. Los padres cuya aytrda buscabas siempre
después de romper todas las promesas que les hacías. ¿Llamaúas arnor
o a lo que sentías por estas personas? ¿AfectoT ¿Amabilidad?
P: Bien-uh-no, no exactamente.
T: ¿Y la hostilidad, el resentimiento, amargura que sentías por
y estas personas debes seguir sintiendo perpetuamente, hay que con-
fesar, al seguir-y«quedando libre de culpa, de un crimen después de
otro- estas emociones te hacían sentirte mejor, sentirte feliz?
P: Bien, a veces, debo admitir que me hacían sentir meior.
T: Sí, a veces. ¿Pero realmente, en 1o más profundo, en lo más
íntimo de tu corazón, te hace sentirte bien, feliz boyante, alegre por
cargarte gente, odiarles, urdir e intrigar contra e11os7
P: No, supongo que no, no siempre.
T: ¿Incluso la mayor parte del tiempo?
P: No-uh-no. Debo admitir, que muy raramente.
T: Bien, ahí está tu respuesta.
P: ¿Quiere decir el asunto de la piel espesa? ¿Quiere decir que
espeso mi piel odiando a los otros y que realmente sólo me hiero a
mí mismo en el piocesoT
T: ¿No es así como es? ¿Lo es realmente? ¿No es tu piel espesa
en parte, como las lámparas de piel humana hechas por los Nazis, cons-
truida, alimentada de nada, sino de tu odio a los demás? ¿Y ese odio
principalmente, a la larga, no te corroe a ti?
P: Hm. Yo. Me ha dado algo sobre lo que pensar.
T: Piensa en ello, por todos los medios. Piensa real, seriamente
en ello.
De forma similar, en sucesivas sesiones con este inteligente psicó-
pata, seguí sacando directamente a colación, examinando implacable-
mente, y atacando enérgicamente, algunas de sus filosofías básicas de
la vida, y mostrándole que estas filosofías subyacen a su conducta y
pensamientos antisociales. No hice críticas negativas o ataques sobre
el paciente mismo, sino simplemente sobre sus ideas, sus pensamien-
tos, sus suposiciones que (consciente o inconscientemente) servían como
pilares de sus sentimientos y acciones desordenadas.
El proceso terapéutico con Jirn, fue totalmente una batalla. Era
inteligente, y tenia poca dificultad en ver de forma ostensible las cosas
que yo señalaba, e incluso en estar rápidamente de acuerdo con ellas.
Pero su conducta, que reflejaba sus creencias rertles, cambiaron poco al
principio, y sólo (como hacen muchos pacientes) daba iarabe de pico a
las nuevas ideas que estábamos discutiendo. Finalmente, después de un
año de tetapia racional-emotiva, Jim fue capaz de admitir que por un
largo tiempo había sentido vagamente la maldad y lo contraproducen-
258 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA
I
te de su conducta criminal, pero que había sido incapaz de hacer ningún
ataque coordinado sobre ello, en su mayor parte porque tenía miedo
de que no podria cambiar. Esto es, creía que: (a) no tenía habilidad
para controlar sus tendencias antisociales; y que (b) no sería capaz de
seguir desenvolviéndose satisfactoriamente en la vida si intentaba vivir
más honestamente.
Empecé entonces un asalto frontal a las filosofías que había detrás
de los séntimientos derrotistas de Jim. Le mostré que la falta de habi-
lidad de un individuo para controlar su conducta, procedía principalmen-
te de la idea de que no podía hacerlo así, la noción de que los senti-
mientos existentes desde hace mucho tiempo son innatos e incontrola-
bles, y que simplemenfe tenía que regirse por ellos. En su lugar, insis-
tí en que los sentimientos humanos son de forma invariable, incontro-
lables,-si uno busca fuera de las ftases auto-propagandizadoras (por
ejemplo oyo debo hacer esto,r, <<no tengo que poder para panatme A
mí mismo de hacer eso», etc. ) que uno inconscientemente usa pafa $ear
v mantener estos <<sentimientos>>.
Los graves sentimientos de incapacidad de Jim seritimientos
originales de que nunca podría conseguir la atención -sus
de los demás a no
r.iq,re fuera un niño pioblema y sus sentimientos posteriores de que
no podría competir en una economía civílizada a menos que- recurriera
u una condr.ct; de mentira y robo- fueron también seguidos por las
creencias auto-propagadas que había detrás, esto es, por las.sentencias:
«Soy totalmenie inriiil a no ser que siempre sea el centro de atención,
incluso aunque logre su atención con una conducta antisocial»>. <<Si com-
pito con los demás de forma honesta, me romperé la cara y eso sería
totalmente vergonzoso e imperdonable». Etcétera.
Estas creencias auto-saboteadoras, y las frases interiorizadas que
continuamente las mantenían, no {ueron entonces, simplemente segui-
das a su fuente ( las relaciones infantiles de Jim con sus padres, y
compañeros) sino que {ueron analizaáas, cuestionadas, desafiadas y con-
tra-atacadas lógicamente por el terapeuta, hasta que Jim aprendió a
hacer una clase similar dá auto-análisis, cuestionamiento, y desafío por
sí mismo. Finalmente, después de considerables progresos, retrocesos,
y de nuevo continuación áel progreso, Jim ( que por entonces -se le
Labía concedido la libertad baió fiá¡za) voluntariamente dio por finali-
zado el trabajo bastante fácil, bien pagado y sin problemas, que su
familia, debido a su situaciór-r financiera, habia sido capaz de asegu-
rarle, y decidió volver a la escuela a estudiar para contable.
«Toda mi vidar> durante una de las últimas sesiones de tera-
pia- "he tratado de-diio
evitar hacer las cosas por el camino difícil, por
miedo, claro, de fracasar y 'probarme' por esa tazón a mí mismo y a
los demás que no valí¡ ¡ada. No quiero más mierda de esa nunca. Voy
a ttatar de hacerlo condenadamente bien por el camino difícil de ahora
EL TRATAMIENTO DE UN PSICOPATA 259

en adelante, y si fracaso, fracaso. Mejor fracasar de esa forma que


'triunfar' de la forma estúpida que 'triunfaba' antes. No es que yo
piense que ahora ooy a fracasat. Pero en el caso de que fracase, ¿qué
Pasa? ».
Un informe complementario de dos años de este paciente, mosffa-
ba que estaba acabando la escuela y que 1o hacía muy bien en el rabajo
escolar. Hay razones para creer que continuaria trabajando y triunfando
en el campo de trabajo de su elección. Si es así, un psicópata conffa-
producente se había vuelto por fin, un ciudadano ilusionado.
En este caso, la alta inteligencia del paciente y sus buenos antece-
dentes familiares, conribuyeron de forma incuestionable a hacerle una
persona más apropiada para la psicoterapia que suele ser el psicópata
medio. La misma técnica de psicoterapia racional-amotiva, sin embar-
go, también ha sido recientemente utilizada con varios otros individuos
con graves desórdenes de carácter y síntomas de aguda conducta anti-
social, y parece trabajar bastante mejor que el psicoanálisis clásico y los
métodos de orientación psicoanalítica que yo empleé en primer lugar
con esta misma clase de pacientes.
Esto no quiere decir o implicar que la TR trabaja de maravilla con
todos los psicópatas. La TR (o cualquier otro tipo conocido de psicote-
rapia ) no lo hace. Incluso los pacientes ligeramente neuróticos pueden y
generalmente son difíciles de reorientar en su pensa: miento: la que, como
se ha señalado en la primera parte de este libro, casi todos los seres
humanos encuentran lácil comportarse de forma idiota consigo mismos
y los demás. Los psicópatas y los psicóticos (que, según mi forma de
pensar, coinciden seriamente en parte ) encuentran todavía más difícil
cambiar sus formas contraproducentes. Incluso cuando no están orgáni-
camente predispuestos a ser aberrantes (1o que es probable que de
forma general sean), su desordenado y erróneo pensamiento está tan
profundamente arraigado que sólo, con los más grandes esfuetzos por su
parte y la del terapeuta, pueden hacerse incursiones eficaces contta su
escurridizo pensamiento.
Por lo tanto, no sólo debe el terapeuta mismo que trata psicópatas,
ser extraordínariamente sano y no culpabilizador, sino que debe set
capaz de mantener enérgicamente una actitud desafiante, de cortacir-
cuito: de forma que por su insistencia en atacar el conocimiento descui-
dado de sus pacientes antisociales, al principio compense sus tenden-
cias a tirarse planchas por lo que se refiere a esto. Dejados a sus propios
recursos, los individuos psicópatas evitan brillantemente enfrentarse
a los problemas básicos y eluden aceptar un punto de vista a largo
plazo. Si el terapeuta rechaza totalmente el dejarles seguir adelante
con esta clase de conocimiento de baja calidad, pero absteniéndose al
mismo tiempo de despreciarles por tenerlo en la actualidad, tiene algu-
na opcrtunidad para ser honesto, una muy buena, pero todavía
-no
260 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

una buena oportunidad- de romper y desmenuzar los modelos racio-


nalizadores rígidamente fijados que el psicópata sigue inventando y
sosteniendo.
La ftanqueza, energía, y libertad de moralizar están entre los méto-
dos más eficaces del arsenal del terapeuta que quiere asaltar los reduc-
tos de la psicopatía. Todos estos atributos terapéuticos son muy enfati-
zados en la psicoterapia racional-emotiva; y se supone por tanto que
esta técnica es una de las más eficaces formas de tratar a los individuos
con graves desórdenes de carácter.
L7

La Terapia de grupo racional


Aunque yo utilizo la psicoterapia de grupo hace una década y
y encontré que era una forma eficaz de trat^r a los delincuentes jóve-
nes institucionalizados, y aunque he sido miembro de la Asociación
de Psicoterapia de grupo Americana durante muchos años, me resistí
a hacer terapia de grupo con adultos en mi práctica privada hasta hace
poco. Una de las principales razones de mi resistencia era Ia conciencia,
por medio de mis pacientes y mis contactos profesionales, de gue a
menudo caía en el tipo de terapia de grupo de orientación psicoanalítica
que es más corriente en la ciudad de Nueva York.
Cuanto más racional me volvía como terapeuta, más irracional pare-
cía ser Ia mayor parte de la terapia de grupo psicoanalítica; y vo no
quería tener parte en añadir al panorama de Nueva York algunos grupos
<<terapéuticos» adicionales cuyos pacientes eran estimulados a verse unos
a otros como miembros de la misma famllia, a ventilar sin erradicar
siempre realmente su hostilidad, a volver a los llamados estados de
desarrollo pregenitales, y de forma general a llegar a estar más enfer-
mos (aunque quizás más enfermo de una forma más gratificante) que
habían estado antes de ingresar en la terapia.
Sin embargo, según se desarrollaba la teoría y práctica de la psico-
tetapia racional-emotiva, empecé a ver cómo se podía aplicar de una
forma lógica a la terapía de grupo, y algunas veces la usé en pequeños
grupos formados por miembros de la misma familia. De esta forma vi
de forma bastante frecuente a maridos y esposas durante la misma
sesión; y algunas veces vi a sus hijos, o padres, u otros familiares con
ellos. También de forma ocasional vi a un paciente y a su amigo o amiga
simultáneamente.
262 RAZON Y EIúOCION EN PSICOTERAPIA

Una cosa que observé especialmente en el curso de ver estos peque-


ños grupos era que a menudo se ahorraba considerablemente tiempo
terapéutico, en que todo lo que tenía que enseñar a un paciente era
algunas veces igual de eficaz con el cónyuge u otros acompañantes del
paciente. Además, si veía, digamos, a un marido y a su esposa juntos,
e incluso convencía a uno de ellos de que estaba actuando irracional-
mente, y que si miraba sus frases interiorizadas y las desafiaba y
cambiaba podría comportarse mucho más racionalmente y menos neuró-
ticamente, entonces este paciente convencido, era frecuentemente capaz
de hacer un trabajo mejor con el otro paciente menos convencido, que
yo mismo era. cap^z de hacer. El paciente convencido se convertía en
una especie de auxiliar del terapeuta; y su forma de desempeñar este
tipo de rol era frecuentemente de enorme ayuda, para el otro paciente,
y para sí mismo (Bach, 1954; Hunt, 1962).
Observando esta clase de efecto en los pequeños grupos terapéu-
ticos, decidí experimentar con grupos mayores, y formé mi primer grupo
regular de terapia racional, compuesto de siete miembros en 1958. Desde
el principio, el grupo fue un gran éxito. Los miembros no sólo disfru-
taban en las sesiones sino que parecían beneficiarse sensiblemente con
ellas. Y algunos miembros, que habían tenido antes varios años de tera-
pia individual y habían hecho relativamente pocos avances, eran capa-
ces de hacer mayores progresos después de haber sido dutante un tiem-
po miembros regulares de un grupo. Pronto el grupo original empezó
a aumentar de tamaño, según querían unirse más miembros; y actual-
mente, tengo cinco grupos bastante grandes trabajando sobre la base
de una vez a la semana.
La terupia de grupo racional, es sensiblemente diferente en varios
aspectos de muchas de las otras clases de terapia de grupo. En primer
lugar, los grupos tienden a ser mayores que son los grupos psicoanali
ticos u otros tipos. Aunque, yo pensé ingenuamente cuando empecé mi
primer grupo, que siete u ocho miembtos era una multitud en un grupo
sencillo, pronto comencé a ver que los grupos mayores no sólo eran
bastante prácticos sino que realmente tenían diferentes ventajas. Con los
grupos grandes, por ejemplo, las sesiones tendían a ser más animadas,
aportaban más material nuevo, y se pasaban menos apuros por dar vuel-
tas a los mismos y viejos juicios neuróticos, tendían a surgir; puntos
de vista más desafiantes que eran presentados a cualquier individuo que
sacaba su problema en una determinada sesión, y desde el punto de
vista de Ia economía educacional, cuando se tenían sesiones productivas
se presentaban más <<alumnos>> para aprender y beneficiarse de los
actuales recursos ( el terapeuta entrenado ) profesionales.
Cr>mo consecuencía de su capacidad para tratat con grupos bastan-
te grandes de pacientes , la terupia de grupo racional-emotiva es tam-
bién financieramente económica, puesto que a cada paciente se le puede
RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA ).(t\

cobrar un precio bastante razonable por la sesión de hora y media en


que particip.- cada semana.
Por tanto, como resultado de la experiencia práctica, pronto en-
contré factible ampliar mis grupos a 10, 12, y algunas veces incluso
14 miembros regulares. Al principio, permití a los miembros del grupo
relacionarse fácilmente unos con otros fllera de las sesiones de grupo;
pero semejante relación terminó pronto en mentiras y evasiones por
parte de algunos de los miembros del grupo, que estaban llegando a ser
demasiado amigos de otros miembros, las reglas se endurecieron y la
relación se limitó a que los miembros como grupo tomaran café después
de la sesión (sin la presencia del terapeuta).
No se permitieron otras alternativas que no fueran éstas a las
sesiones de grupo sin la presencia del terapeuta, ya que mis observacío-
nes me habían llevado a creer que los pacientes del grupo que tenían
sesiones alternativas y que se relacionaban unos con oros fuera de la
frecuencia adoptada por la terapia de grupo como forma de vida, se
aislaban a sí mismos de otros contactos exteriores, y llevaban una
clase de existencia protegida, y a menudo enfermiza, que les permitía
eoitar enfrentarse y resolver algunos de sus principales problemas de
relación y dificultades en la vida.
Desde el principio, la terupia de grupo racional ha adoptado una
línea muy didáctica y bien integrada, en que la sesión normalmente
empieza con la presentación por alguien de un problema (o la contínua-
ción de un problema presentado en la sesión anterior ). Entonces los
ouos miembros del grupo, actuando como una especie de auxiliares del
terapeuta cuestionan, desafían, y examinan analíticamente el pensamien-
to del paciente presentador, siguiendo las mismas líneas que séguitía
un terapeuta racional con su paciente en una entrevista individual. Si
por ejemplo, el presentador dice que su jefe le gritó ese día, y que él
se alteró mucho, quieren saber exactamente qué se dijo a sí mismo para
alterarse, por qué cree esas tonterías que se dice a sí mismo, cómo va
a contradecirlo, qué va a hacer la próxima vez que el jefe le chille,
cuál es el principio filosófico general de su alteración, etc., etc.
Después de que un paciente ha sido entrevistado terapéuticamente
de una forma racional-emotiva por los otros miembros del grupo, un
segundo o tercer paciente es ffatado de forma similar en una sesión
determinada; aunque en algunas ocasiones se puede dedicar la sesión
entera a los problemas de un solo paciente, especialmente uno que no
haya presentado anteriormente en el grupo ninguno de sus trastornos.
Mientras tanto, tiene lugar un considerable análisis racional y de interac-
ción de esta interacción.
De esta forma, si un miembro del grupo es demasiado insistente
en que otro miembro tiene cierto problema o que debería hacer esto
o 1o otro sobre el problema, puede ser interrumpido y desafiado por
264 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

cualquier otro miembro del grupo, a decir por qué se altera tanto con
el problema de la primera persona, o por qué se está proyectando o
disiorsionando tanto por este problema; y rápidamente, la segunda per-
sona en lugar de la primera puede ser el centro de la atención teraPéu-
tica del grupo. De forma parecida, si los individuos permanecen dema-
siado calladós en el grupo, hablan demasiado, hablan, pero nunca traba-
jan sobre sus problemas, o cualquier ora actuación inapropiada, pueden
ser espontáneamente desa{iados y cuestionados obietivamente po¡ otros
miembros del grupo (o por el terapeuta) por su conducta de grupo'
Ninguna forma se prohíbe en el grupo; y ningún tema de ninguna
clase es tabú. Si los individuos son reacios a discutir ciertos aspectos
de sus vidas, se les permite permanecer en silencio durante un rato'
Pero al final, casi con seguridad, serán preguntados; y sus tercos silen'
cios y evasiones serán analizadas racionalmente hasta que,se convenzan
de que no hay nada de 1o que avergonzarse, de que no bay horror en
revelarse a los otros miembros del grupo.
Realmente, con pocas excepciones, el contenido y el lengu-aie de
las manifestuciá.,", dL lot miembros es extraordinariamente libre la
mayor parte del tiempo; y los desviados sexuales, ladrones, partícipes
en'inceito, individuoi impotentes y frígidos, pacientes paranoides, y
otros participantes en actos desaprobados socialmente están contirlua-
mente-hablando y discutiendo de forma muy abierta sus acciones. Es
tan l-ronesto en la mavoría de los casos el curso general de Ia. discusión
que el individuo desÉonesto y evasor pronto empieza a sentirse a dis-
gurto y a menudo se siente obligado a sacar cualesquiera fantasías o
¿rctos públicos que había estado ocultando.
Al mismo tiempo, no hay énfasis delibetado por su propio bien
en el tipo de sesión «confesión verdadera»>, abreacción, o catarsis. Los
individuos, a menudo son estimulados en el grupo por el terapeuta o
por otros miembros del grupo, a hablar francamente y a discutir los
problemas que les molestan, pero que se sienten avergonzados de discu-
tir. Sin embargo se les estimula a hacerlo así, no por la liberación catár'
tica que conseluirán de ese modo, sino para mostrarles,. a un nivel filo-
sóficó, q,r. r.ál-..,te no hay nada que temer en revelarse ellos a los
clemás, y que el mundo no se acabatá si lo hacen así.
De esta forma, cuando alguien tiene miedo de hablar francamente
(como es habitual, especíalmente, entre los miembros nuevos del grupo),
no se le obliga a hacerlo conra su deseo, sino que se le pregunta
normalmente: <<¿Por qué no quieres contarnos tu problema? ¿Crees que
no nos gustarías si nos diieses las 'terribles' cosas que has hecho?
Supongamos que no nos gustas: ¿Qué suceso horrible ocurrirá enton'
ces?r. Con este tipo de preguntas, que realmente consiste en un ataque
a las suposiciones filosóficas del miembro del grupo tímido o indeciso,
se Ie induce no sólo a aitear sus pensamientos y sentimientos, sino a
LA TERAPIA DE GRUPO RACIONAL

desafiar sus propias premisas y a ver que no hay ninguna buena razóu
para permanecer en silencio.
De forma similar, cuando a a1g,3n miembro del grupo no le gusta
lo que otros miembros están diciendo o haciendo, peto admitirá sus
sentimientos de disgusto o enfado, es frecuentemente animado por otros
miembros del grupo a expresar sus sentimientos más abierta y honesta-
mente. Pero, de nuevo, el propósito de impulsarle a expresarse a sí
mismo no es para ayudarle a airearse o conseguir una liberación emo-
cional, sino para mostrarle que: (a) no hay buenas razones por las que
no debería comportarse como siente, y (b ) que incluso hay menos bue-
nas razones para sentirse de la forma que lo hace y para proteger sus
sentimientos contraproducentes.
De este modo, un miembro de uno de mis grupos que no decía nada
durante las primeras sesiones a las gue asistía, pero que fruncía el ceño
y ponía mala cara a m,¡chas cosas que los otros miembros del grupo
estaban diciendo, fue finalmente desafiado: <,Bien, veamos Joe, ¿qué te
pasa?». Al principio insistió en que no estaba alterado en absoluto por
lo que pasaba en el grupo, sino que simplemente había estado pensando
en cosas ajer.ras al grupo cuando fruncía el ceño y ponía mala cara. Pero
entonces, varios miembros del grupo señalaron que cuando Jack había
dicho esto, o Marion había dicho aquello, Joe siempre se enfadaba, o se
ponía de mal humor, mostraba cualquier otro claro sentimiento negativo.
¿Cómo era eso?
oDe acuerdo» por fin Jo"-, <(reconozco que me he enfa-
dado. Muy en{adado,-dijo,
en realidad. Y, ¿por qué no debería haberme enfa-
dadoT Jack ha estado hablando todo el tiempo de sí mismo como si
fuera la única persona de la habitación, y todos los demás estamos aquí
precisamente para oírle y ayudarle a resolver sus problemas; y a él
obviamente, no le importa nada ayudar a nadie que no sea él mismo.
Y Marion, bien, ella revisa la misma cosa, una vez y otra, y nos pregun-
ta qLle la digamos qué hacer, pero realmente no tiene interés en hacer
nada por sí misma y no hace absolutamente ningún esfuerzo para cam-
biar. Yo creo que lo único que quiere es nuestra atención y no tiene
en absoluto intención de cambiar. Así, ¿por qué tendría que perder
el tiempo en decirle nada cuando incluso no está escuchando real-
mente ? »> .

Un par de miembros del grupo comenzaron inmediatamente a


defender a Jack y Marion, y a decir que no estaban haciendo exacta-
mente lo que Joe les acusaba de hacer; v que Joe estaba exagerando
enormemente su pobre conducta de grupo. Pero una chica interrumpió
a estos dos defensores y dijo: .,Mira, éste no es el problema. Suponga-
mos qlle Marion y Jack están actuando precisamente como tú dices, Joe,
v que en cierto sentido están haciéndonos perder el tiempo al resto del
grupo. ¿Y qué? ¿QLré esperas que haga Ia gente trastornada, comportar-
266 RAZON Y ENÍOCION EN PSICOTERAPIA

se como pequeños ángeles en uná situación como éstá? Seguro que lo


están hacienio -rl, pot ..o es por lo que están aquí. Si actuaran de
la forma que parece que tú quieres que actúen, no necesitarían en abso-
luto la terapiá. Ahora, la pregunta real es: ¿Por qué diablos no puedes
tú seguir t, fo.m, de conducta, y el tratar de ayudarlos,,y ayudarse a
ti mñmo al ayudarles a ellos, lo cambia? Sentado en la esquina, y
poniendo mala cara como has estado haciendo durante las últimas sesio-
nos, no va a ayudarte a ti, ni a ellos, ni a nadie>>.
«Sí», diio inesperadamente otro miembro del grupo: <,Supongamos
que Jack y especialmente Marion, de quien, a propósito, yo creo que
ti.n.r rrrón, porq.," le encuentro muy a menudo un dolor horrible
para mi ca!:eza, y sinceramente estoy de acuerdo contigo en que no
está tratando muy enérgicamente de utilizar el grupo, excepto para
euitar hacer algo sobre su problema, supongamos que los dos están
haciéndonos perder el tiempo por actuar de la forma en que lo hacen,
y no están réalmente ratando de resolver sus problemas. ¿Y qué? En
cualquier caso, cómo esperabas que actuasen neuróticos como nosotros,
¿como gente perfectamente sana y saludable? Pero, como dijo Grace,
ir".,o es el problema. El problema real es que tú te estás alterando
porqlle Jack y Marion se están comportando en su típica forma alte-
rada. Ahora, ¿qué es lo que tú te estás diciendo para enfadarte con
ellos 7 ».
Varios otros miembros del grupo intervinieron también inesperada-
mente, no para inducir al enfada?o-miembro a admitir que estaba enfa-
dado o priu.ont.gr:ir dar una <,saludable» salida a su enfado, sino,
r¡rás bien, prru.oni.guir que mirase detrás de su enfado, y descubrie-
se lo que ét .ttat a hlciendo para crearlo. Al principio,, se.sorprendió
.on enfoque, porque sentíá que tenía perfecto derecho a estar
"ri. con
enfadado Jack y Marion. Pero un rato después, empezó a ver que
otros problemas estaban implicados, y dijo:
«Sí, ahora estoy empezando a entenderlo. Vosotros no estáis tra-
tando de hacer que diga 1o que siento, aunque también es importante,
nle doy cuenta des.lc cl momento en que realmente lo siento, y no
me estoy haciendo ningúrn bien a mí mismo poniendo malas caras como
ésta y ocultando mis sentimientos, sino que estáis tratando de que mire
más aiiá de mis sentimientos y me pregunte qué estoy haciendo pata
crearlos. Yo, nunca antes pensé sobre ello de esa manera, pero precisa-
mente, según estoy sentado aquí, puedo ver que tenéis razón. Porque
vo me est;ba diciendo, mienras Marion estaba hablando, que no tenía
intención de cambiar sus formas, y que por tanto estaba imponiéndose
al resto de nosotros, especialmente a mí, en quien yo pensaba, sí, yo
creo que quiero cambiar, aunque quizás estoy racionalizando demasia-
do cle la misma forma que ella lo hace. De cualquier manera, yo me
sigo diciendo a mí mismo que ella no debería actuar de esta forma
LA TERAPIA DE GRUPO RACIONAL 261

anti-grupo, y sí anti-mí mismo, creo. Y veo ahora que estoy equivoca-


do: no hay razón por la que ella debiera actuar de esa manera, aunque
sería meior para ella si no estuviera>>.
«Y además>> uno de los miembros del grupo-, <<tú no estás
-dijosentido enfadándote con ella, como has estado
ayudándola en ningún
haciendo, ¿no es así7>>.
«Sí, tienes toda la razón. Si realmente quierc ayudar a Marion, no
debería entonces estar enfadado con ella, sino que debería decírle que
realmente no está tratando de mejorar, y debería tratar de aytdatla a
ver, porque no lo está üatando de hacer, v entonces podría ser, uh,
realmente una ayuda en vez de, uh».
<,Cocerte en tu propia salsar.
<<Sí,cocerme en mi propia salsa. Estoy empezando a ver que mi
problema es por no expresarme de forma amable a ella, sólo por enfa-
darme, y bien, sabes, precisamente pensaba algo en este momento.
Podría ser, sí, bien podría ser que me esraba enfadando con ella porque
queria ayudarla v no sabía cómo, y pensaba que era terrible que no
supiera cómo ayudarla, y tenia miedo de tener una oportunidad y hablar
aho, 1, tal vez meter el dedo en la llaga anres que ella, y antes que
el resto del grupo. Y yo-yo, sí, yo me doy cuenta de que he estado
sentado aquí poniendo mala cara porque realmente me odio a mí mismo
por no saber cómo ayudarla, o al menos intentar hablar en voz alta
para tratar de ayudarla, y entonces, la culpabilicé a ella por ponerme
en esta posición, cuanJo claro, me puse yo a mí mismo, por tener miedo
de hablar en voz alta, y estaba viéndola a ella como la razón de mante-
ner la boca cerrada, cuando realmente no era la culpable en absoluto».
<<En otras palabras, el terapeuta-, <(tú te culpaste a ti
mismo por no ser capaz de -diio
ayudar a Marion. Entonces la culpaste a
ella por ponerte en esa situación auto-culpabilizadora, como en reali-
dad era. Entonces tú te dijiste a tí mismo, culpable otta vez, qué te
inportaba. <,Ella es inayudable y en realidad no quiere que ninguno de
r.losotros Ia ayudemos; gire deie entonces de hablar de esas tonterías
de que está hablando como si intentara conseguir nuestra ayudar...
«-Sí, y entonces yo casi vi lo que estaba haciendo, incluso antes
de que el grupo empezase a indicármelo, )¡ me cr"rlpé a mí mismo una
vez más por hacerlo, y por no decírmelo a mí mismo, por no sacar a
7a lluz mi problema, y en su lugar permitir a alguien como Marion,
seguir disparatando sobre sus problemas cuando realmente no intenta-
ba sacarlos. Lo veis. Ahora puedo verlo bien. Ya estoy empezando a
culparla otra yez y puedo sentir cómo me sube la sangre y el genio»>.
<<Está muy firme y enérgicamente fijado este hábito culpabilizador,
¿no es cierto?», preguntó el terapeuta. <<Pero no se desanime ahora, y
empiece a culparse a sí mismo por tener el hábito de culpar. Ese sería
268 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

el irónico indicio final. Tan pronto como objetivamente puedas ver


lo que estás haciendo, cómo estás culpando, como creo que ahora estás
a ver, el círculo vicioso, o glupo de círculos concéntricos
".p"zando
entielazados de culpa, puede romperse. Con tiempo y con esfuerzo,>'
«Sí, el diablo sabe que me está llevando a trtí un tiempo demasia'
,1o largor, interpuso uno de los otros miembros del grupo, <(pero va
rnuy despacio, y realmente creo que me culpo a-mí mismo un poco
-.no, ,ádu diu. Ahora, si yo solo puedo aplicárselo a otros y paro de
culpar a gente como Marion, que todavía, también estoy- obligado a con-
fesárlo, Áe da dolor de cabeza también con sus circunloquios».
<,Quieres decir» otro miembro del grupo- <<que te
das a ti mismo dolor de -interrumpió
cabezarr.
«Sí, gracias. Me doy a mi mismo dolor de cabeza. Bien, cuando de'
t.ng^ e ,, clase de culpabilización, conseguiré algún lugar para mí
,riáo y seré capaz di vivir más confortablemente en este mundo
atroz)>.
«Puedes estar seguro», diio el miembro del grupo que había ata-
cado primero por su silencio poniendo mala cara.
Énton..t, aunque en la terapia de grupo racional hay considerable
aireación emocional y expresión de sentimientos contradictorios por y
entre los miembros del giupo, el propósito filosófico de esta aireación
es continuamente sacado a ia luz y eiaminado. El obietivo final, como
cn toda la terapia racional-emotiva, es cambiar los pensamientos y sen"
timientos de loi participantes, más que ofrecerles simplemente expresio-
nes gratificantes
"Aigrnu. y «saludables»».
de ias principales ventajas de las formas de grupo de TR
son las siguientes:
1. Puesto que la TR es un modo de actitud de indorinación, el
individuo que tiene un grupo entero de individuos, incluyendo-a m-uchos
que están por lo menorlrÁ t.rtto.nados como é1, atacando y desafiando
sus auto-indoctrinaciones irracionales, puede ser más eficazmente esti
ru-rulrrdo y persuadido de desafiar sus propias tonterías, que puede el
individuá que sencillamente tiene un solo terapeuta para mostrarle lo
.ontraproducente que es. No importa lo sano, inteligente y eficaz que
pueda'ser rn t".up"utr, todavía es una sola persona, y todo-su traba-
io .on un paciente puede ser bastante {ácilmente expulsado, diciéndose
¡ sí mismoel pacieÁte que el terapeuta es malo, estúpido, loco,.etc. Es
a menudo mes dificil pát, ,n paciente resistente ignorar la influencia
terapéutica de 10 ó 12 personas que lo es el evitar a un solo terapeuta.
2. En la terapia de grupo racional-emotiva, cada miembro del
grupo que participa activamente sirve como una especie de terapeuta
[or propio derecho, e intentan de la meior manera hablar a los omos
.i.Áb.át del grupo al margen de sus auto-saboteaciones. Haciéndolo
LA TERAPIA DE GRUPO RACIONAL 269

así, generalmente no pueden ayudar viendo que tiene precisamente pre-


juicios tan tontos e infundados como tienen las otras personas a las que
trata de aytdar; y así precisamente es como debe vencer sus tonterías,
y así es como debe vencer grán parte de las suyas. Cuanto más terca-
rrente los otros miembros del grupo se aÍerran a sus premisas irracio-
nales, más puede ser capaz de notar su propia tozudez en aferrarse a
sus propias premisas. Además, clrantos mejores argumentos a que puede
recurrir algunas veces en la excitación del momento para atacar los
puntos de vista de otro miembro del grupo, más {ácilmente, es él capaz
de utilizar argumentos parecidos para vencer su propio derrotismo. En
el grupo de lá TR, todos los pacientes tienden varias t,eces a tomar el
papel de terapeuta, y esta fornla de interpretar un papel, como Corsini,
Sharv, y Blake (196I) y Moreno y Borgatta (1951) han demostrado,
es un eficaz método de autoenseñanza.
). En la terapia de grupo racional-emoriva, como en la mayoría
de las formas de tratamiento de grupo, el simple hecho de que un
paciente oiga los problemas de otros miembros del grupo es algunas
veces bastante terapéutico. Creyendo, cuando por primera vez lleea a
la terapia, que él especialmente está trastornado y no vale para nada,
pronto encuenffa que sus problemas no son diferentes de los de otra
gente; y que tiene compañía de sobra en el mundo del trastorno emocio-
nal. Puede ver por tanto que no está necesariamente desahuciado, y
que puede (como los otros) vencer sus problemas. Particularmente
cuando un miembro trastorna.do del grupo ve individuos igual de neuró-
ticos meiorar lentamente pero con seguridad en el curso de la terapia
de grupo, es probable que se diga a sí mismo que es posible para él
mejorar también, considerando que previamente, puede haber pensado
que esto era virtualmente imposible.
4. Los individuos trastornados que piensan .n iur alteraciones
seriamente, aparecen a menudo con respuestas individuales que pueden
ser eficazmente aplicadas a otros. Algunas veces la específica termino-
logía que emplean paÍa atacar sus dificultades pueden ser recogidas y
útilmente aplicadas a otros miembros del grupo. Algunas veces su
contenido filosófico es provechoso. Algunas veces la asignación de acti-
vidad de uabajo práctico en casa que se dan a sí mismos puede ser
aplicado con éxito a otros. I)e esta forma, una de mis pacientes se
fijó a sí misma la tarea de hacer una relación escrita verdadera de lo
qlre se decía a sí misma precisamente antes de alterarse por algo. Enton-
ces, cuando se alteraba de nuevo por algo parecido, sacaría su lista
previamente hecha y la repasaría, para ver lo que probablemente se
iba a decir a sí misma est6 vez. Y encontraria más fácilmente con qué
tabajar y desafiar de esta forrna su propio pensamiento negativo. Otros
dos miembros de su grupo, al oír su técnica de manejar sus verbaliza-
270 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

ciones interíores, usaron el método y lo encontraron bastante prove-


choso.
5. Frecuentemente un miembro del grupo, especialmente uno
que ha estado defensivamente impidiéndose á sí mismo observar clara-
*.nr. ,u propia conducta ( porque con su filosofía de vida auto-culpa-
-obligado
bilizadora,' esiaría entonces a pasar momentos difíciles ), es
.ufu, d. tbr..un, en el curso Jel tratamiento de -grupo, Ia conducta
nLrrótic^ de los demás; y después de ver la conducta de los demás,
., ,upo, de reconocer el mismt tipo de actividad o inactividad en sí
mismt. De esta forma, un buen número de pacientes que tienen poco
que decir en la terapia individual, porque están disculpando algunas
l;-r;; "rrt;res dificlltades, al p.i"iipio escuchan las tevelaciones quede
lo. .i.tná, en su gruPo, y enroices descubren que tienen mucho
,llcir al respecto u*Uoí, el grupo y las sesiones de terapia individual'
"ñ una especie de- chisna que los capacite para ver
Esta gente necesita
il qr.-;;;;, hacien,lo; y el irabaio de grupo lés proporciona en muchos
casos esta especie de chisPa.
Además, el simple hecho de que Jim, que es bastante hostii' se
le aparte .on ,eg,r.iáud de la .o.,áu.t, de Joe, 1e permite frecuente-
-.nr. u., lo ho"stil que es Toe la sin tttonoitt al principio su ptopia
irt.iili¿^á. n".o J"rpre. d" í". hostiliclad de Jbe -(v quizás la de
cautelosamente, como
Jack, la de Judy, la áe Jill), es capaz de acercarse
sucedió, a su propio enfado, y admitir que existe'

6. Las asignaciones de trabajo para casa del grupo son-a menudo


más eficaces qr. lat dadas por un terapeuta individual' Si el terapeuta
indiviclual le'dice a un paciente tímido, que simplemente tiene que
salir y conocer gente para vencer el miedo que les tiene, el paciente
p,redé tesistirse a seguir la sugerencia del terapeuta durante bastante
ii"-po. Pero si un gÁpo enteró le dice «mira, amigo,.vamos a dejarnos
de tonterías. Qre."-os que tú hables a la gente de tu clase en la
escuela, aunque creas que te va a matar el hacerlo", entonces, el-pacien-
,. pr.á" ceier má, fáiilmente a la presión del-grupo, puede obligarse
,li.ur. una actividacl social, y puede ver rápidamente que no arruina
realmente toda sr-r existencia si fracasa en que le acepte alguien a quien
habla.
El simple hecho de que otros miembros del grupo estén-haciendo
cosas más ül,rdubl.t después de venir a la terapia, que hacían- antes,
pr.d. .onu.ncer a un mle-bro para que pruebe esta misma clase de
.oru.; y el hecho de que vaya a iener dificultades en explicar al grupo
qrr. ha realizado iu asignación de trabaio para. casa ptede clarle
"o extra que necesitaba para conseguir.realizarlo' Cuando un
la energía
-i.*U.-" d.l grupo rcal\za actos saludablei debido a la presión del
grupo, puede átri haciendo la cosa correcta por las razones equivoca'
LA TERAPIA DE GRUPO RACIONAL )'t I

das, esto es, hacer que ha ..mejorado, por su calamitosa necesidad dc


aprobación del gn-rpo. Esta clase de «progreso, de ningún modo es
siempre un auténtico movimiento, pero puede ser a veces una consicle-
rable ayuda temporal.
l. Considerando, que en la terapia individual, el paciente puede
a menudo dar una relación aparentemente honesta pero todavía muy
falsa de sus interacciones con otra gente, en una situación de grupo,
su propia relación no es ni siquiera necesitada en muchos casos, puesto
que interactúa socialmente de forma correcta dentro del mismo grupo.
Por lo tanto, el terapeuta puede literalmente ver cómo está interactuan-
do, sin confiar en sus informes. En un caso por ejemplo, una de mis
pacientes siguió viniendo a mí durante semanas, diciéndome cómo
rechazat¡a el ser hostil por más tiempo, r-ro importaba cómo le provo-
casen sLl esposa o su jefe. Pero después de haber estado en un grupo
durante sólo unas pocas sesioner, .r^ evidente qre todauía... *u.iro
más hostil con los demás de lo que él se daba cuenta que era; y este
hecho se le podía mostrar enérgicamente a su atención y trabajo
realizado.
8. Un grupo, le ofrece a un individuo trastornado más hipótesis
sobre las causas de algunos de sus comportamientos, que casi cualquier
terapeuta individual podría ser capaz de ofrecerle. En una ocasión, uno
de mis ¡racientes había estado alterado por su relación con su amiga
durante muchas semanas, y ambos, el terapeuta y su grupo, en sesiones
individuales y de grupo, le habían dado muchas hipótesis de por qué
estaba alterado, tales como: tenía miedo de no poder conseguir otra
amiga si ella le dejaba, pensaba que era iniusto lo difícil que era enfren-
tarse con ella, la identificaba con su dominante madre; etc. El paciente
consideró cuidadosamente todas estas hipótesis, pero sintió que ninguna
de ellas tocaba realmente la campanilla en su cabeza.
Finalmente, sin embargo, uno de los miembros más reservados
de su grupo, que raramente tenía algo constructivo que ofrecer, en
este punto se preguntó, si precisamente como en su propio caso, el
paciente no estaba preocupado por su fracaso en hacer algún progreso
significativo en su relación con esta chica, y estaba culpándose a sí
mismo por fracasar en aplicar eficazmenrc su penetración aprendida en
la terapia a su relación con ella. Esta hipótesis tocó la campana real;
y el paciente vio más claramente 1o que se estaba diciendo a sí mismo
y empezó a uabajar en uno de sus problemas básicos, miedo de fracasar
en el proceso misnro de Ia terapia.
9. En algunos casos, la terapia de grupo ofrece al paciente, espe-
cialmente a esos que pueden ser lentos en reanimarse a considerar sus
problemas en cualquier momento dado, una oportunidad de llegar más
intensamente al fondo de algunos de sus trastornos, que lo hace Ia forma
272 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

general de la terapia individual. De esta forma, una sesión de terapia


i. g-po g"n"rulÁ"nt" dura una hora v- media ( frente a una sesión
indivi.lual q,.," dura 45 minutos). Si, durante este tiempo, un paciente
dado está discutiendo sus problemas con el grupo; y si entonces inme-
diatamente después, conti;úa discutiendo consigo mismo dura¡te una
hora o dos más, a\ acabar el café con algunos miembros del-grupo,
p;;¡.- finrl..ntá empezar a ver cosas sobre ,rno mismo que habrían
.i,lo *r.ho más difíciles o incluso imposibles para é1' el verlas,.s.i sim-
plemente tuviese los 45 minutos habituales de una sesión sencilla'
Por el mismo recuerdo, sus dos, tres, o cuatro horas totales de
participación terapéutica en un determinado día, incluso. si é1 mismo
..ia ,.lutiurmente silencioso durante este tiempo, pueden hacer tal
impacto total sobre el paciente que puede continuar pensando cons-
ructiva y objetivamente sobre sí mismo durante horas o días después;
mientras'que después de sesión sencilla de terapia individual, puede
r.rna
tenderuná ,., y otra a volver a sus normales evasiones «le pensamiento
coordinadas sobre sí mismo.
En muchos aspectos, por tanto, la terapia de grupo racional (como
muchas oras formás de terapia de gtupo ) tiene ventajas concretas sobte
la psicoterapia individual. Péro también tiene desventaias' Un individuo
en un grupo, no puede naturalmente recibir la misma atención especi
fica dei-terapeuta^que cuando está en sesiones inclividuales. Cuando ve
al terapeuta^solo, es mucho más probable que logre un mayor grado
de concentración en su problema, que consiste en concentrarse en sus
principales tareas, en la firmeza, persuasión, desafío, y.estímulo, que
casi ctn seguridad será diluido significativamente cuando no es, sino
un individuo en un grtlpo de 10 ó 12.
Además, la te¡apia de grupo no se adapta a todos los pacientes'
Algunos tienen demásiado miedo de los contactos de grupo, incluso
paiu probrr, algunos están demasiado enfermos para soportarlo cuando
prueban. algunos son tan sugestionables que aceptan todas las sugerencias
terapéuticas, las buenas y las malas con igual seriedad, y por tanto
pueden resultar más dañados que ayudados por el tratamiento del grupo.
La mayoría de los pacientes de psicoterapia general,, he encontrado,
qr. ..ián suficientemente preparados para la terapia de grupo, incluso
crrando han empezaclo por primera vez la terapia, y se pueden beneficiar
de forma ,pr.ii^bl. Con ella. Muchos de ellos durante las primeras
semanas Ll grrpo pasan por un momento difícil; pero si lo soportan
"n
lo encuentran cada vez más Íácil, y se benefician enormemente.
Igual que la terapia de grupo es pocg apta para algunos p-acientes,
"misma lle visto
de l, forma ei prácticamente obligatoria paraotros
totalmente, a unos po.ts pacientes que lien"n graves problemas de
socialización, y que'prr...n casi imposibles de -ayudar cuando sola-
mente están'.Á tá ,.üpia individual,'por la simple razón de que sólo
LA TERAPIA DE GRUPO RACIONAL 21
'
pueden ser significativamente mejorados si y cuando tienen más contac-
tos con los demás, y a través de este contacto (y la supervisión tera-
péutica que continúa mientras lo está teniendo), trabaja sus problemas
de relación. Pero rehúsan, estos pacientes, hacer nada en absoluto para
lograr los contactos sociales exigidos; 1, pueden seguir rehusando inde-
finidamente años de terapia regular. Finalmente abandonan la terapia
disgustados, sintiendo que no se han beneficiado mucho, lo que en
su caso es verdad.
Estos mismos individuos, si pueden ser de alguna forma obligados
o ccnvencidos para que se unan a un grupo terapéutico, de forma
general todavía prueban que son pacientes difíciles, en que hablan muy
poco, no interactúan con otros miembros del grupo, y continúan llevan-
do su vida solitaria en medio del proceso del grupo. Sin embargo, muy
comúnmente pueden ser presionados por el terapeuta y por el grupo
para participar más y más en [a actividad del grupo; y después de un
tiempo, y algunas veces un tiempo no demasiado largo, son socializados
mucho meior y empiezan a tabajar con sus dificultades de relación.
No tengo vacilación, después de una considerable experiencia con
pacientes de esta clase, en obligar a algunos de ellos a asistir a la
terapia de grupo, diciéndoles que no los veré por más tiempo sobre
una base exclusivamente individual. La mayoría de las veces, este tipo
de obligación no es necesaria; ya que los pacientes individuales pueden
ser convenciclos por medios normales de unirse a un grupo. Pero en
los varios casos, en los que he obligado a alguien a unirse a uno de
mis grupos, lo peor que ha sr-rcedido es que han abandonado el grupo
después de unas sesiones; y en más de la mitad de 1os casos han perma-
necido con el grupo y se han empezado a benefíciar significativamente
de su asociación con é1.
Mi experiencia con la psicoterapia de grupo racional-emotiva,
durante los pasados años me ha demosrado que el grupo funciona,
cuando se hace eficazmente no es simplemente un accesorio de la terapia
individual, sino en realidad una importante parte de ella. Porque las
sesiones individuales tienden a ser más interesantes y útiles cuando
el miembro participa en el grupo. La conducta que los pacientes mues-
tran en el curso de las sesiones de grupo, se puede discutir en detalle
duranre las sesiones individuales; y de {orma similar el material que
aparece durante la terapia individual puede ser útilmente empleado en
el curso de las sesiones de grupo.
Idealmente, encuentro que si veo a mis pacientes en sesiones indi-
viduales regulares (generalmente una vez a la semana), al principio
<Je la terapia, y después de unas pocas sesiones introductoras los incluyo
en una sesión de grupo una vez a la semana, se obtienen los máximos
beneficios. Después de uno a tres meses de esta combinación de terapia
individual y de grupo, la mayoría de los pacientes pueden después de
274 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

esto, ser vistos una vez a la senana en grupo, y una vez cada otra
semana (o incluso muchas veces menos) en terapia individual. Después
de un año o dos ( y algunas veces menos ) de haber seguido sobre estas
bases, la mayoría de lós pacientes pueden ser vistos de forma-regular
principalmenie en el gtrpo, con auséncia total o muy frecuente de sesio-
nes individuales.
Dicho todo esto, la duración total de un contacto terapéutico en
la mayoria de los casos terminados, es de dos a cuatro años. Pero
durante este período de tiempo el paciente ha sido visto quizás 75
a 100 veces en sesiones individuales y alrededor de 150 veces en sesio-
nes de grupo. En términos de tiempo y dinero gastado por el paciente,
es un considerable ahorro sobre el psicoanálísis clásico y la mayor parte
de los tipos de psicoterapia de orientación psicoanalítica. Y los resul-
tados, desde casi las primeras semanas de terapia hasta el final, son
bastante mejores en la mayoría de los casos que los resultados que
parece que se obtienen por otros métodos terapéuticos.
La psicoterapia de grupo racional, es entonces, parte integral del
análisis racional-emotivo. La participación de grupo es casi de fo¡ma
ideal adaptable al enfoque racional; y muchas de las graves limitaciones
y resultados antitetapéuticos de la terapia de grupo psicoanalítica se
eliminan o descienden de forma significativa con la utilización de esta
clase de método de grupo.
1B

La Terapia racional
y otros enfoques terapéuticos*
Todavía está por tealizarce una profunda cútica de la mayoría de
las escuelas de psicoterapia existentes; y algún día espero encontrar
tiempo para escribir un voluminoso y bien documentado libro sobre
este tema. Sin embargo, debido a Iimitaciones de espacio, este tipo
de crítica no se intentará, ni tan siquiera de forma somera, en el presen-
te volumen. No obstante, intentaré indicar brevemente algunas de las
principales diferencias entre el enfoque racional-emotivo de la psicote-
rapia y el de otras importantes escuelas de práctica terapéutica.
TR y Psicoanálisis Freudiano. Ya hemos tratado ampliamente en
este volumen, las diferencias entre la TR y la práctica psiconalítica
Freudiana, por tanto estas diferencias sólo se analizarán aquí de forma
esquemática. El psicoanálisis clásico consiste en la aplicación de las
técnicas de asociación libre, análisis de los sueños, análisis de la rela-
ción de transferencia entre el analista y el analizado, y en la inter-
pretación psicoanalítica directa del paciente por el analista. En la psico-
terapia racional-emotiva la asociación libre y el análisis de los sueños
se emplean tara vez, no porque no produzcan un notable o interesante
material sobre el paciente, sino porque la mayor parte de este material
es inaplicable para curarle, y es ineficaz en términos de tiempo, esfuer-
zo, y dinero que se utilizan para conseguirlo (Loevinger, L962; Starer
y Tanner, L962).

" Este capítulo es una versión ampliada de <,Rational Psychotherapy and Indi-
vidual Psychology>>, J. Indiuid. Psltcbol.,1957,13, )8-44 y parte del material que
aparece en .,An Impolite Interview rvith Albert Ellis», de Paul Krassnes y Robert
Anton \I/ilson, The Realist, marzo y mayo 1960, reeditado en lmpolite lnteluieu§.
Nerv York: Lyle Stuart, 1961.
276 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

Una neurosis de ransferencia específica entre el terapeuta y el


paciente prácticamente nunca se produce de forma deliberada en el
curso de la terapia racional; pero cuando las relaciones de transferencia
normal y contraransferencia surgen en el curso de Ia terapia, o bien
son directamente interpretadas y tratadas, o simplemente anotadas y
utilizadas por el terapeuta; pero no se interpretan de forma expresa
al paciente. Se considera más importante en la TR interpretar y estu-
diar las transferencias emocionales desde sus padres ( y otros aspectos
importantes de su juventud) a sus relaciones y amigos ajenos a la terapia
(tales como su cónyuge, amigos, compañeros de trabaio) que a inter-
pretar cada detalle de sus ransferencias emocionales al terapeuta.
Más que sobrevalorar la importancia de la relación de transferen-
cia en sí, el terapeuta racional-emotivo dedica bastante tiempo a analizat
v observar las bases lilosólicas de todos los fenómenos de transferencia:
es decir, las creencias ilógicas del paciente de que debe ser amado por
el terapeuta ( y offos ); o de qtte debe odiar a un terapeuta frustrante
o no cariñoso ( u otra persona significativa en su vicla ); o de que debe
comportarse en el presente de la misma forma que se comportaba en
su infancia con sus amistades.
Por tanto, en lugar de revelar simplemente al paciente los fenó-
menos importantes de la transferencia, el terapeuta racional ataca filo-
sófica e ideológicamente las bases sobre las cuales estos fenómenos
continúan existiendo; y por tanto aytda a extirpar ambas transferencias
positivas y negativas que están oprimiendo y frustrando al paciente y
forzándole a comportarse de una forma compulsiva e ineficaz. Por esta
razón, donde muchos terapeutas creen manejar e interpretar eficazmente
Ios ptocesos de transferencia de sus pacientes, el terapeuta racional
piensa que \a mayoria de estos terapeutas realmente sólo aportan iarabe
de pico al intento de extirpar fenómenos de transferencia; y de hecho,
por su neurosis cle transferencia creada arti{icialmente, o Úansferencias
positivas alentadoras para el terapeuta, normalmente ayudan en lugar
de minar la transferencia producida por la perturbación.
Con respecto al análisis de los complejos de Edipo y Electra, el
terapeuta racional una vez más cree que los freudianos describen amplia-
mente estos procesos en lugar de eliminar sus raíces más profundas.
Porque cree que el origen filosófico real de un complejo de Edipo ( si
existe y cuando realmente exista en un alto grado ) no es la asociación
infantil del paciente con su padre y su madre, sino la adquisición de
un falso coniunto de creencias acerca de estas relaciones: a saber, las
creencias de que sin duda sería terrible que le sorprendieran mastur-
bándose, que desease a su madre, que su padre le odiase por celos, etc.
El terapeuta racional, cuando encuentra un complejo de Edipo real,
ataca vigorosamente las creencias que lo sustentan, y de ese modo 1o
LA TERAPIA RACIONAI- Y OTROS ENFOQUES TERAPEUTICOS 277

elimina de forma más concienzuda (y la mayor parte de sus efectos


de aspecto pernicioso ) que la terapia psicoanaiítica clásica.
El terapeuta racional está mucho más próximo en su técnica a los
psicoterapeutas de orientación psicoanalíticá, en particular
aquéllos de
las escuelas de Horney, Fromm y Alexander, que el ,.ruliri" clásico.
Al igual que estos analistas neo-freudianos (o neo-adlerianos), utiliza
bastante la interpretación directa para mostrar a sus pacientes cómo
su conducta anterior está conectada con su mal funcionaaia.rto presente,
y cómo han sido adoctrinados indebidamente con ideas y actitudes que
están ahora frustrando sus propios fines.
El terapeuta racional, no obstante, dedica menos tiempo a 1os
sucesos pasados en la vida de su paciente que la mayoría de los tera-
peutas de orientación psicoanalítica; y concretamente, va más allá de
su interpretación al at(tcar enérgicamente la filosofía de la vida adqui-
rida por el paciente en su infancia, una vez que la ha revelaclo analítica-
mente, y convencido al paciente de que todavía persisten con bastante
fuerza.
El terapeuta racional también utiliza de forma considerable más
sugestión, persuasión, tareas de activídad, y otros métodos directivos
de terapía, que cualquier terapeuta de orientación psicoanalitica; y
cuando los utiliza, lo hace en el teneno teórico más que en el puramente
empírico.
TR y Jungianismo. Aunque las teorías de Jung difieren radical-
mente en muchos aspectos de las de Freud y Adlir, Ia terapia de Jung
parece que se deriva en gran parte de los puntos de visia práciicoi
de, estos pione,ros; y jung ha señalado (tgSC) que .,las neurosis
-dos
más agudas generalmente requieren un análisis reductivo de sus sínto-
.y estados. Y aquí no se debería aplicar éste o aquel método indis-
mas
criminadamente sino, de acuerdo con la naturaleza dál caso, el análisis
debería conducirse siempre por las indicaciones de Freud o Adler».
No obstante, continúa Jung, «cuando la cosa llega a hacerse monótona
y empiezan .a aparecer repericiones, y un juicio imparcial nos dice que
se ha llegado a un alto, o_ cuando áprr.ó.n cont;idos mitológicos o
'arquetípicos', entonces es el momento de abandonar el método analítico
reductivo y t-ratar los símbolos analógica o sintéticamente, lo cual es
equivalente al procedimiento dialéctico y a la vía de indiviáualización».
La TR coincide con la terapia de Jung, en que examina al paciente
de un¿ forma religiosa, en lugar de hacJrlo ,n.líti.^me.rte; Áantiene
que el objetivo de la rerapia debería ser tanto el conocimiénto v des-
arrollo del individuo como la curación de su perrurbación mental; esti-
mula firmemente al paciente a dal ciertos pasos constructivos; v en
particular en[atiza su individualidad y la realiiación de lo que en verdad
quiere hacer en la vida. Filosóficamente, por tanto, la terápia racional-
278 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

emotiva está en muchos aspectos más próxima al análisis de Jung que


a Ia técnica Freudiana.
Al mismo tiempo, el terapeuta racional por lo general no dedica
mucho tiempo a observar o analiza¡ los sueños, fantasías, o productos
simbólicos de sus pacientes, tal y como se hace en la práctica de Jung;
y no está particularmente interesado en los contenidos mitológicos o
«arquetípicos» del pensamiento de los pacientes. Considera que este
matérial es informativo y a menudo fascinante, pero no está especial-
mente relacionado con las suposiciones filosóficas básicas del paciente,
las cuales afirman que normalmente están ptesentes en las sencillas
frases interiorizadas afirmativas y exclamativas, y no se deben buscar
en formas simbólicas.
El terapeuta racional cree también que la mayoría cle los pacientes
están ya trn pt.o.rpados por sus pensamientos vagos, fant'ásticos, y
mitológicos que animarles realizrit más ideas de este tioo durante la
terapial con frecuencia les^ impide ver de forma clata lo que están
diciÉndose a sí mismos p^.u .i.rt sus propias alteraciones. Particular-
mente en el caso de individuos esquizofrénicos y psicóticos dudosos,
no emplearía este tipo de técnica confusa, ni incluso con neuróticos
corrientes y molientes; preferiría ayudarles a ver lo que se repiten absur-
damente a sí mismos .n ... momento, en lugar de descubrir cualquier
material arquetípico que pueda o no, tener importancia en sus trastornos
-- "-iñ
actuales.
yTerapia Adleriana- Cuando apatecía-el primer.tlcto público
sobre la'tetapiá racional-emotiva en 1956, el Dr' Rudolf Dreikurs y
oitor indicaron que parecía existir una íntima conexión
^dl.tianos
.ntr" .rru.hos puntos de vista de ia TR y parte del pensamiento básico
de Alfred Adlér. En el momento en que publiqué este escrito yo mismo
.ro estaba enterado de algunas de las similitudes básicas entte el siste-
Á^ 1..rpe"tico Adlerian"' y lu TR, aunque yo. conocía Ya. lo.s escritos
de Adler (1927, tSZg, tglt) y me hábian impresionado favorable-
-.nr.. Pero hasta que releí estos escritos y leí también las más moder-
na, e*pori.ion., d. Ansbacher y Ansbacher (1956), Dreikurs (1950'
D;¿t:;;i;o, ^Jlrir,.,or, no Á. di .cuenta del importante grado de
.oin.íá.í.i,
-- de los puntos de vista adlerianos y de la TR'
i; terapia rr.io.ral-.motiva, por eiemplo, sostiene .que son las
creencias o rrtitudrt irracionales dJla gente las que normalmente deter-
minan sus reacciones emocionales significativas y les conducen a sus
t...tárnor. Adler continuamente enfa-tizaba la importancia del estilo de
¿a individuo e insistía en que «la vida psíquica del hombre está
"ii,
determinada por su obietivo». EL factor común e-s que ambos -creen-
cias y actitudes por un lado y obietivos de la vida por otro- son una
forma de pensamiento.
LA TERAPIA RACIONAL Y OTROS ENFOQUES TERAPEUTICOS 279

Adler señalaba que cuando un individuo está neurótico <(nosotros


debemos reducir su sentimiento de inferioridad, haciéndole ver que
realmente se subvalora a sí mismo». Los terapeutas racionales enseñan
a sus pacientes que sus sentimientos de insuficiencia surgen de las
creencias irracionales de que deberían ser totalmente competentes en
todo lo que hagan, y que por consiguiente deberían culparse a sí mísmos
cuando cometan errores, o cuando alguien les desapruebe.
El terapeuta racional-emotivo hace relativamente poco uso de la
noción freudiana de un «inconsciente»> sumamente dramático, en el cual
yacen las motivaciones dormidas siempre listas para golpear al individuo
con síntomas neuróticos (Ellis, 1950, 1956b) , pero sigue haciendo ver
a sus pacientes que se hacen de forma inconsciente y sin saber se dicen
frases e ingenuamente se las creen, perpetuándolas inconscientemente,
lo que afecta significativamente por tanto a su conducta. Adler dice Io
mismo con estas palabras: «El inconsciente no es otra cosa que Io que
hemos sido incapaces de formular con conceptos claros. No es un asunto
de conceptos ocultos en algún recóndito inconsciente o subconsciente
de la mente, sino de las partes de nuestra consciencia, cuyo significado
no comprendemos totalmenter>.
Adler señala que el terapeuta <<debe estar tan convencido de la
unicidad y exclusividad de la dirección del neurótico que es capaz de
predecir las interpretaciones y mecanismos perturbadores del paciente,
encontrándolos siempre y explicándolos, hasta que el paciente comple-
tamente alterado los venza sólo para colocar en su lugar otros nuevos
y mejor ocultos». Esto, en sus propios términos es lo que exactamente
hace el terapeuta racional, porque sabe, incluso antes de hablar con
el paciente, que éste debe tener algunas ideas irracionales y absurdas
otra manera posiblemente no estaría trastornado-. Y sabiendo
-de
esto, el terapeuta racional-emotivo busca deliberadamente estas irracio-
nalidades, a menudo las predice, y pronto las descubre y explica, o
revela sin piedad sus defectos de tal manera que el paciente está obli-
gado finalmente a vencerlas y reemplazarlas con una filosofía de la vida
más racional.
EI terapeuta racional, como enfatizábamos en este libro, insiste
en la acción tanto como en la despropagandizaciór?, y a menudo virtual
o literalmente fuerza al paciente a hacer algo que contrarreste su pobre
pensamiento. Adler escribió en relación con esto: «El verdadero cambio
en la naturaleza del paciente solamente puede realizarlo él mismor>.
Hablando de individuos con graves sentimientos de incapacidad,
Adler señalaba que «el tratamiento apropiado para tales personas es
animar'los, nunca desanimarlos»>. El terapeuta racional más que cualquier
otro tipo de psicoterapeuta consigue de las creencias y filosofías pro-
fundamente arraigadas por medio de la persuasión, los halagos, y la
280 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

animación continua, que el paciente sea más constructivo,' positivo y


ambicioso.
El médico de la TR cree que los seres humanos no están seria-
mente afectados por la gente y las cosas exteriores, sino por la visión
que tienen de estas personas y cosas, y que por 1o tanto tienen un
poder casi ilimitado para cambiar sus criterios y palabras, cambiarse a
sí mismos, y transformarse en lo que quieran. Alfred Adler dijo en
relación con esto: «Nosoffos debemos construir nuestras propias vidas,
es nuestro deber y somos dueños de nuestras propías acciones, si ha
de hacerse algo nuevo o reemplazar algo viejo, nadie debe hacerlo sino
nosotros mismos»>.
En muchos aspectos importantes, la TR y la Psicología Individual
de Alfred Adler coinciden y se apoyan mutuamente en sus principios.
No obstante hay algunas diferencias significativas. Aunque se ha dicho
(Munroe, 1955) que la técnica terapéutica de Adler era a menudo
bastante persuasiva e incluso dominante, como es en muchas ocasiones
el terapeuta racional, Adler mismo se adhirió a un punto de vista más
pasivo, se requiere un cuidado especial para inducir al paciente a cual-
quier tipo de aventura. Si esto surgiese, el especialista no debería decir
nada a favor ni en contra, sino excluir por rutina toda tarea peligrosa,
solamente debería constatar que mientras esté convencido del éxito,
no podría jrzgar si el paciente estaba realmente preparado para la aven-
tura»> (Ansbacher y Ansbacher, 1956, p. 339).
Sin embargo, es principalmente en el campo de sus opiniones sobre
el interés social donde probablemente Adler se opone más seriamente
al terapeuta racional. Según las últimas creencias ese comportamiento
humano eficaz se debe basar fundamentalmente en el egoísmo, y si está
basado en esto también necesitará lógicamente estar arraigado en el
interés social. Adler parecia creer lo contrario, que sólo a través de un
interés social fundamental, un individuo podia alcanzar la máxima feli-
cidad y el máximo egoísmo.
Ansbacher y Ansbacher informan en relación con esto: «A la expo-
sición más general de la pregunta, '¿Por qué debería yo amar a mi
vecino?', se señala que Adler contestó: «Si alguien me pregunta por
qué debería amar al prójimo, yo no sabría cómo contestarle, y sólo
podría responderle por qué planteaba esa pregunta»>. El terapeuta racio-
nal se inclinaría a tomar una postura diferente, y a decir que existe una
buena respuesta a la pregunta de por qué se debe amar al prójimo, o
al menos por qué debería tener cuidado en no perjudicarle: a saber,
sólo al hacer eso probablemente se está ayudando a construir la clase
de sociedad en la cual viviría mejor uno mismo.
El terapeuta racional, en otras palabras, cree que el egoísmo deman'
da el interés social, y que el individuo racional que lucha por su propia
felicidad, por ese ffiotiuo, estará a su vez interesado en los demás. Por
LA TERAPIA RACIONAL Y OTROS ENFOQUES TERAPEUTICOS 28t

otra parte, el terapeuta racional tiende a creer, con Maslow (1954), y


otros recientes teóricos de la personalidad, que el animal humano de
fotma normal y natural es atento y cariñoso con los otros humanos,
siempre que no esté ocupado con pensamientos ilógicos que le lleven
a una conducta autodesructiva y de odio a sí mismo.
Por tanto, donde Adler escribe: <<Todos mis esfuerzos están dedi-
cados a incrementar el interés social del paciente», el terapeuta racio-
nal, preferiría decir: <,La mayor parte de mis esfuerzos están dedicados
a incrementar el egoísmo del paciente». El terapeuta racional supone
que si el individuo posee un egoísmo racional, tenderá en el terreno
biológico y lógico a tener, de forma invariable, un alto grado de inte-
rés social.
En algunos aspectos teóricos, y en varios elementos de técnica espe-
cíficos, la TR y la Psicología Individual difieren de forma significativa.
Por tanto, la terapia racional-emotiva se esfuerza particularmente en
revelar, analízat, y ttatlr de resolver las frases concretas interiorizadas
que el paciente se dice a sí mismo pafa perpetuar su trastorno; V esto
está mucho más unido en este aspecto a la teoría semántica general y
al análísis filosófico, que a la teoría de Adler. También tiende a hacer
menos uso del sueño material y de los recuerdos de la infancia, que
la teoria de Adler.
Es interesante e importante apuntar, no obstante, que en muchos
aspectos la TR y la Psicología Individual concuerdan milagrosamente.
Que Alfred Adler tuviese una ventaia de medio siglo para plantear
algunos de los elementos principales de una teoría de la personalidad
y la psicoterapia, que estaba independientemente derivada de un siste-
ma y una perspectiva bastante diferentes, es en verdad un notable tribu-
to a su perspicacia y juicio clínico.
LaTR y laTerapia Centrada en el Cliente o Nodirectioa. La psico-
terapia racional-emotiva surge principalmente como una rebelión empí-
rica contra los métodos pasivos del psicoanálisis freudiano clásico, y de
la terapia nodirectiva de Roger. En mis primeros días como conseiero
y terapeuta, empleé de forma experimental grados considerables de pasi-
vidad y no directividad, en mi trabajo con pacientes. Descubrí que aun-
que este método era enormemente gratificante paru muchos individuos
(aunque a menudo no par^ los más inteligentes, que pronto «se daban
cuenta)> de que obtenían del terapeuta poco más de 1o que le daban),
era tertiblemente inútil en cualquier juicio establecido. Los pacientes a
menudo reciben penetraciones importantes en su interior pot medio de
la terapia no directiva, pero sólo en raras ocasiones hacian uso de sus
intuiciones para cambiar su filosofía fundamental y sus modelos de con-
ducta. La terapia racional-emotiva, por tanto, tenía como método buscar
un camino más eficaz de conseguir que los pacientes no sólo uiesen, sino
q.ue cambiasefl sus premisas de vida irracíonales.
282 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

Los objetivos de la terapia centrada en el cliente de Roger y


los de la TR tienen mucho en común, y son similares a los objetivos
de la mayor parte de las escuelas de terapia. Así, Rogers (1951) observa
que la personalidad humana modificada, después de que tenga lugar
una terapia eficaz, incluye generalmente: (a) menor tensión potencial
o ansiedad, menor vulnerabilidad; (b) una menor posibilidad de amena-
za, menor probabilidad de defensa; (c) mejor adaptación a la vida;
(d) mayor autoconüol; (e) mayor aceptación de sí mismo, menos auto-
culpabilidad, y ( f ) mayor aceptación y menor hostilidad hacia los
demás. Estos son todos los objetivos concretos de la Psicoterapia racio-
nal-emotiva.
El método de Roger está relacionado por otra parte con el método
racional, en que el terapeuta no directivo o centrado en el cliente pare-
ce ayudar a sus pacientes de forma fundamental, al aceptarlos comple-
tamente a pesar de sus incapacidades, delitos, y transtornos, al quedar
poco afectado e impasible, al servir como un modelo bastante estable,
y, comunicándoles enérgicamente su respeto incondicional y su enérgica
comprensión de las esftucturas internas de referencia. De una manera
diferente de la reflexión no directiva de sus emociones, el terapeuta
racional comunica a sus pacientes que los acepta y los perdona incon-
dicionalmente, a pesar de sus actos inmorales o ineficaces, y que puede
permanecer amigable y sin preocupación, no importándole qué material
saquen a colación durante las sesiones.
Claro que, precisamente porque el médico racional-emotivo cree,
en la práctica y en la teoría, que nadie es nunca culpable por lo que
hace, y que la culpa y la cólera son sentimientos disfuncionales e irra-
cionales, es capaz de comunicar a sus pacientes que en realidad no los
odia ni piensa que son despreciables cuando actúan de forma <<mala»>
o incompetente. A este respecto, acepta y permite probablemente
mucho más que la mayoría de los terapeutas psicoanalíticos, no direc-
tivos, o cualquier otros.
Al mismo tiempo, el terapeuta racional va más allá en esto que
el terapeuta de Roger, en sulna a sus pacientes totalmente y
^cepta
no les culpabiliza, les enseíia enérgicamente a aceptarse a sí mismos
y a los demás sin ninguna culpabilidad. No sólo les aporta un exce-
lente ejemplo a través de su propio comportamiento no culpabilizante,
sino que también demuestra de forma didáctica por qué deberían acep-
tarse a sí mismos. En relación con su persuasión activa al enseñar,
discutir, y aportar información se aparta ampliamente de la actuación
no directiva y de la aprobación pasiva de los seguidores de Carl Rogers.
Aunque el terapeuta racional tiene cierta confia¡za en la capacidad
innata de los seres humanos para ayudarse a sí mismos cuando los
demás no les admitían racionalmente, acepta también las limitaciones
de que las personas extremadamente trastornadas se benefician por
LA TERAPIA RACIONAL Y OTROS ENFOQUES TERAPEUTICOS 28)

esta tazón, y como consecuencia hace algo nás qlue aceptarlos de una
manera incondicional, para ayudarles verdaderamente a aceptarse a sí
mismosyalosdemás.
TR y Terapid Existencialista. Como en el caso de las coincidencias
con los objetivos de Rogers, la terapia racional-emotiva también coin-
cide de forma significativa con los objetivos de los terapeutas existen-
cialistas. Como hemos dicho anteriormente en este volumen, los obje-
tivos principales de los terapeutas existencialistas son ayudar a sus
pacientes a definir su propia libertad, cultivar su propio individualis-
mo, vivir en comunicación con sus semejantes, aceptar sus propias
experiencias como la más alta autoridad, ser plenamente conscientes
en momentos de apuro, encontrar la verdad a través de sus propias
acciones, y aprender a aceptar ciertos límites en Ia vida (Braaten, 1961;
May, 1961; Royce, 1962; Thorne, 196l). Los médicos de la TR acep-
tan estos puntos de vista, aunque puede que utilicen una terminología
y énfasis algo diferentes.
Como los partidarios de Rogers, sin embargo, la técnica funda-
mental ( y a menudo única ) de los terapeutas existencialistas, en sus
esfuerzos por ayudar a sus pacientes a alcanzar estos propósitos indi-
vidualistas, es mantener encuentros existencialistas abiertos, honestos
y libres con estos pacientes; en el curso de estos encuentros, presu-
miblemente los pacientes que ven los terapeutas siguen en realidad
sus propios códigos, y son individuales en sus propias razones, relati-
vamente libres de los dictados de oras doctrinas, y en consecuencia
comienzan a emular a los terapeutas en esos recuerdos y a liberarse
a sí mismos de su comportamiento neurótico, limitado convencional-
mente.
El médico de Ia TR, por otro lado, cree que mientras los obje-
tivos de los existencialistas son buenos, y sus encuentros experimen-
tales con los pacientes son posiblemente útiles en muchos casos, fraca-
san (como los Rogerianos ) al aceptar la horrible realidad que la mavoría
de los individuos emocionalmente trastornados, y especialmente los
neuróticos y psicóticos graves, están tan fuertemente adoctrinados y
autopropagandizados en el momento en que vienen a la terapia, que
los mejores encuentros existenciales con los terapeutas van a serles
con frecuencia de relativamente poca ayuda. Su realidad, por el hecho
de que tales encuentros son inmediatamente gratificantes, pueden des-
viar a los pacientes del trabajo en obietivos terapéuticos de largo
alcance. Puesto que las técnicas de la terapia existencialista son algo
vagas y faltas de esÚucturas, pueden llevat a las personas seriamente
trastornadas a volverse confusas y desorganizadas. Puesto que el tera-
peuta sirve más como un buen modelo a sus pacientes, Ios pacientes
no orientados sobre el odio a sí mismos, pueden decirse que posible-

NTBLIOTHCA (HNTRAá
284 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

mente no podrán ser tan buenos como é1, y pueden culpatse a sí


mismos aún más severamente.
Por todas estas razones, el terapeuta racional cree que la mayor
parte de los terapeutas existencialistas son mejores teóricos que prác-
ticos; y por tanto, además de todos los buenos encuentros que puedan
tener con sus pacientes personalmente: enseñanzas directas, persua-
sión y discusión, a menudo es necesario sacarles de su pensamiento
negativo profunda y extensamente araigado. Además, precisamente
porque los psicóticos y neuróticos graves están con frecuencia desorien-
tados y sin dirección, necesitan a menudo una forma de terapia más
directa y muy bien enfocada, lo cual es el anatema de la mayor parte
del pensamiento existencialista. Los encuentros libres con otros seres
humanos son excelentes para las personas relativamente sanas. Es
dudoso que muchos individuos seriamente anormales en un alto grado,
puedan mantener o resistir satisfactoriamente este tipo de relación antes
de que se les haya ayudado de una forma más autoritaria a disciplinar
su pensamiento.
TR y Terapia de Aprendizaje Condicionado. Hay una concordancia
considerable entre la teoría racional emotiva y su práctica, y el trabaio
de los terapeutas del aprendizaje condicionado, tales como Dollard y
Miller ( 1950 ), Eysenck (1961), Ferster ( 1958 ), Mowrer (195),
1960a), Rotter (1954), Salter (1949), Shaw (1961), §üolpe (1958,
I96la), y algunos psicoterapeutas soviéticos ( Myasischev, Bassin y
Yakovleva, 1961; Sakano, 1961).
En el terreno teórico, el terapeuta racional acepta las principales
premisas de los teóricos del aprendizaje, y cree que los seres humanos
están en gran parte condicionados o enseñados a responder sin eficacia
a ciertos estímulos o ideas, y que en consecuencia pueden ser readap-
tados de forma ideológica o motora en el curso del proceso terapéutico.
Es escéptico, sin embargo, respecto al alcance del tratamiento desesta-
bilizador de los terapeutas, tales como Saller o \X/olpe, quienes en gran
parte se concentran en el síntoma de eliminación y no se preocupan
de ninguna reesructuración filosófica básica de la personalidad del
paciente. También cree que cuando los terapeutas desestabilizaclores
tienen éxito con sus pacientes, por lo general los han inducido incons-
cientemente a cambiar sus ideas interiorizadas y no han conseguido
hacerles reaccionar de forma diferente a los estímulos que les han sido
presentados.
La terapia racional emotiva, en otras palabras, intenta situar las
técnicas desestabilizadoras dentro de un marco verbal o ideológico,
antes que utilizarlas en sus formas más elementales, trata de reaccio-
nar no sólo Ia respuesta neurótica del individuo ( tal como su miedo
a los animales o su ira hacia los pobres conductores de automóviles ),
sino cambiar la base filosófica de esta respuesta, de modo que ni el
LA TERAPIA RACIONAL Y OTROS ENFOQUES TERAPEUTICOS 285

miedo actual a la hostilidad, ni reacciones similates tenderán a aparecer


en el futuro.
La TR es por lo tanto, bastante compatible con las técnicas deses-
tabilizadoras y en sí mísma incluye gran parte de desestabllización
ve¡bal. Pero üata al paciente en una estructura de referencia más amplia
y más ideológica, e intenta darle un concepto y una técnica de resolvet
cualquiera de sus actividades de base ilógica en lugar de proveerles
simplemente de medios para vencer sts octual miedo irracional u hos-
tilidad.
La TR y otras escuelas de terapia. La psicoterapia racional-emotiva
tiene algo en común con otras escuelas terapéuticas; pero al mismo
tiempo tiene importantes diferencias con ellas. Así, tiene muchas seme-
janzas con el pensamiento de los Semanticistas Generales, pero a su
vez proporciona una detallada técnica de psicoterapia que está muy
lejos de los seguidores de Kurzybski (1911 ); y su teoría de la perso-
nalidad, y el sistema de terapia, es mucho más amplio en alcance y
aplicación que la teoría y práctica de los semánticos.
La TR tiene pocas diferencias con algunos de los puntos de vista
de \X/ilhelm Reich ( 1949) y sus seguidores, en especial su idea de
que los trastornos emocionales tienden a reflejarse en la postura, gestos
y hábitos motores de los individuos, y que ayudanclo a las personas
üastornadas a liberar sus tensiones musculares y psicológicas, se le
puede ayudar a enfrentarse y trabajar algunos de sus problemas psico-
lógicos. Del mismo modo, la TR a veces utiliza técnicas cle relajación
física, especialmente las expuestas por Jacobson (1942), como com-
plemento de la psicoterapia. El terapeuta racional crce, sin embargo,
que los métodos de manipulación y relajacirin tlc la terapia son en
gran parte paliativos y desviacionales, v quc rara vez por sí mismas,
llegan a los principales orígenes cle las dificultades emocionales.
Lo que los seguidores de Reicl¡ y otros médicos fisioterapeutas
no parecen ver, es que si se manipula físicamente a un paciente, con-
cretamente en el aspecto sexuáI, pr-recle a menudo despropagarle incons-
cientemente, y en consecuencia pr-rccle hacérsele más bien con esta des-
propagandizacíón inconsciente, clue los contactos y caricias físicas.
Por tanto, si John Jones cree irracionalmente que la participación
sexual es un asunto perverso, y su terapeuta reichiano ( especialmente
si es una terapeuta) manipula muy a menudo partes de su cuerpo, es
bastante probable que Jones se diga a sí mismo: <<Bien, que sabes tú.
El sexo no puede ser malo después de todo». Y puede realmente perder
algunas de sus inhibiciones y trastornat alguna de las armaduras de su
cárácter.
La cuestión es, no obstante: ¿Son realmente las manipulaciones
reichianas las que ayudan al paciente, o son las nuevas ideas, qae él
está derivando indirectamente de tales manipulaciones físicas de su
286 RAZON Y ET,IOCION EN PSICOTERAPIA

cuerpo? El terapeuta racional, en tanto que no tiene serias objeciones


a los de la terapia, de forma casi invariable incide,
aspectos físicos
sobre todo en 1o ideológico más que en el campo fisiológico, y ayuda
a cambiar las armaduras corporales, principalmente a través de cambios
ideológicos más que a la inversa.
Por sus inclinaciones de actividad dirigida, el terapeuta racional-
emotivo no tiene prejuicios contra oÚos modelos diferentes de terapia,
en los que los pacientes son tocados físicamente, manipulados o enga-
tusados para tener algún tipo de acción (Hamilton, 196l). De este
modo, si él quiere actoar así, no hay nada en su orientación teórica
que le impida utilizar algunas de las técnicas empleadas en el curso
de la terapia Gestalt, hipnoterapia, terapia experimental, terapia del
reflejo condicionado, o psicoterapia por inhibición recíproca ( todas
estas escuelas están explicadas con habilidad en Psychoanalysis and
Psycbotberapy: )6 Systems, de A. Harper, 1959).
Sin embargo, de nuevo la TR va bastante más leios que las prin-
cipales prácticas de estas diferentes escuelas terapéuticas, y además de
usar a veces algunos de sus métodos, incluye un enérgico método didác-
tico para atacar la orientación filosófica básica del paciente (Wolf,
t962\.
La TR está más próxima, en sus consideraciones eclécticas a la
Terapia Psicobiológica de Adolf Meyer (Meyer, 1948; Muncie, 1939)
que a la mayoria de las terapias directivo-activas, puesto que la TR
hace mucho incapié en los métodos verbal y hablado, así como en los
llamados métodos terapéuticos no verbales o no vocalizados. Esto no
es, sin embargo, una aproximación totalmente ecléctica, puesto que
tiene y descansa sobre una teoria centralizada del trastorno humano
y de la psicoterapia. Y en relación con su teoría es particularmente
rnás enérgica, y francamente más contrapropagandística que las teorías,
con las que de forma más destacada parece coincidir, como la Psicología
Individual de Adler, la terapia directiva de Thorne, la Semántica Gene-
ral de Johnson, la mayor parte de la terapia de la teoría del apren-
dizaje y la terapia de la afirmación estructurada de Philips (Stark,
1961 ).
Dicho todo esto, la TR es, al mismo tiempo, sumamente filosó-
fica-interpretativa-racional y está particularmente centrada en el trabaio
activo y en la formación emotiva. De forma bastante peculiar, esto
parece ser una exüaña combinación, excepto entre los terapeutas fran-
camente eclécticos de hoy. Pero la terapia racional-emotiva, está basada
en un sistema teórico estructurado, el cual da una imagen racional
a la variedad de técnicas específicas que explica. En un último análisis,
ésta es una de las características más distintivas: que presenta una
firme perspectiva teórica y plausiblemente racional a los muchos méto-
<1os terapéuticos que emplea y a los que no emplea.
19

Consideración
de algunas de las obieciones
a la Psicoferapia racional-emotiva"
Siempre que yo o mis colegas que creemos y practicamos Ia psico-
terapia raiionál-.motiva exponemos nuestros puntos . de vista a una
audiencia profesional o profana, y en particular a los del primer grupo,
el ambiente se carga con enérgicas objeciones, protestas y contrapero-
raciones. Los individuos inclinados hacia el psicoanálisis de nuestra
audiencia se alteran, porque afirman enérgicamente, que no estamos
bastante centrados, y lbs rogerianos y sus cohortes no directivas aducen
la causa por la que nosotros presumiblemente tenemos demasiada sangre
fúa, y .rá t.n.Áo. suficientá consideración positiva e incondicional con
nuesÚos pacientes.
Coniiderando las objeciones sumamente emocionales que surgen
a menudo contra los principios y procedimientos de la TR, por los
diversos partidarios dá la. áiferentes escuelas, sería fácil decir: «Eso
es rel protlema» y deiarlo así. Y tal vez el problema de ésos. que tan
enérgiiament. ,. opoÁ.n a la TR sea que se encuentran terriblemente
incóáodos .or, .r,r.rtro, puntos de vista. Sin embargo, es tamb-ién un
gran problema para rorát.or, que algunas de las protestas elevadas
iontra procedimientos raciales emotivos sean válidas. Y a menos que
respondrmos franca y claramente a estas protestas, lavalidez de nuestra§
propio. adopciones y técnicas quedarán in duda. Permítaseme, por lo
iunio, .onriáerar algrnas de lai más fuertes y pertinentes que se han
* Este capítulo es una versión amplíada de los trabaios presentados en el
coloquio del departamento de psicología de graduados de la Universidad de Minne-
sota, Universidad del Estado de Iowa, los Centros de Admínistración de Veteranos
de St. Paul, Minnesota y Knoxville, Sociedad de Michigan de la Escuela de Psicó-
togos, y el Centro Médico de la Universidad de Kansas en 1961 y 1962.
288 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

manifestado contra la TR, y ratar de responderlas con un mínimo de


evasión irracional u hostilidad.
¿Es la'l'R dcruasiado insensible, intelectaal, y sobre-uerbal? A me-
nudo se hacen objeciones de que cualquier aproximación racional a la
terapia , tiende a ser demasiado intelectualizada, reservada y sobre-verbal.
Algunas respuestas a esta acusación son las siguientes:
1. Puede muy bien haber formas de psicoterapia racional o didác-
tica que no consideran de una forma adecuada los aspectos emocionales
de la naturaleza humana; pero es dudoso que la TR sea una de estas
técnicas. Comienza con la adopción de que la gente üastornada, tiene
sentimientos de hostilidad o ansiedad; y más que la mayoúa de las
omas escuelas de terapia, considera la hipótesis de que algunos de estos
sentimientos están biológicamente arraigados, que hay una tendencia
normal de los humanos a volverse fácilmente temerosos y coléricos, y
que es más difícil ( aunque no imposible ) para ellos comprender, contro-
lar, y en cierta medida erradicar esta tendencia. Este es el trabaio de
la terapia efectiva, el terapeuta racional emotivo trata de enseñar a
los individuos rastornados cómo pueden desafiar y cambiar sus tenden-
cias basadas biológicamente ( así como las inculcadas por el entorno
hacia el comportamiento irracional y sobreemotivo, y ayudarle a volver-
se más racional, aunque es probable que nunca de forma total,
2. En el proceso real de la terapia, la mayoría de las sesiones
racional-emotivas comienzan con los sentimienlos actuales del paciente:
con la descripción exacta de cómo de mal o de bien se sentían cuando
este sentimiento o aquella relación ocurrieron en su vida. Al paciente
no se le pide que hable de sus pensamientos o actuaciones, sino funda-
mentalmente de cómo siente estas ideas o acciones. Entonces, cuando
sus sentimientos demuestran ser negativos y contrapfoducentes, se le
exponen sus fundamentos cognoscitivos e ideales. Es decir, se le muesfta
cómo é1, concreta y literalmente crea la mayotí^ de sus emociones auto-
destructivas, haciéndose a sí mismo consciente o inconsCientemente
ciertos reproches interpretativos y exclamatorios. De este modo, cuando
se siente herido al ser rechazado, se [e muestra que su sentimiento está
creado por: (a) la frase interiorizada y bastante sentada: <<No me gusta
ser rechazado,, y (b) la frase decididamente insensata: «Es terrible ser
rechazado, y como no me gusta, no puedo soportar set rechazado de
este modo».
3. El crítico que acusa al terapeuta racional emotivo de ignorar
o el sentimiento y la emoción, está haciendo r'rn. frk,
intelectualizar
dicotomía entrelo que se llama emoción y lo que es llamado pensa-
miento. Reaimente, los dos están íntimamente relacionados, y la emo-
ción ininterrumpida, particularmente en un adulto, consiste en su mayor
parte en pensamientos o actitudes autoevaluadoras (Arnolds, 1960),
CONSIDERACION DE ALGUNAS DE LAS OBJECIONES ?8')

Los adultos humanos se sienten bien principalmente porque: (a) recíben


sensaciones físícas agtadables ( como buenos olores, gustos, sonidos,
miradas y caricias) v (b) piensan o creefi que alguna persona o alguna
cosa es deliciosa encantadora, y se sienteru mal porque se encuentrán
con estímulos físicos desagradables y creett o piensafi que alguna perso-
na o cosa es horrible, espantosa o terrible.
Rudolf Arnheim (1958) ha publicado recientemente un trabajo
muy audaz en el que nos dice, que la emoción no puede estar separada
de la percepción o el pensamiento.Y V. J. McGill, en su libro Emotions
and Reason (t954), ha señalado que <<es tan difícil separar las emo-
ciones y el conocimiento, como lo sería separar la motivación y el
aprendizaje... Las emociones-.. incluyen un componente de..conocimien-
to y una esperanza o disponibilidad paru actuar; su racionalidad y valor
de adaptación depende de la suficiencia de estos dos componentes en
una situacíón dadar.
La terapia racional emotiva, no sólo aÍúma a los seres humanos
en la búsqueda de la inocencia, y a aceptar toda clase de sensaciones
físicas ínofensivas (como el sexo y los placeres gustatorios), sino que
también sugiere un acercamiento hedonístico de largo alcance hacia la
satisfacción, que acentúa los placeres y la ausencia de dolor del mafiana
al igual que las satisfacciones de hoy. Tampoco la TR es anti-emocional:
desde el momento en que está sumamente a favor de que los individuos
tengan una amplia gama de experiencias y emociones, incluyendo mu-
chas de las moderadamente «desagradables»>. Está simplemente opuesta
a ello, e inventa contramedidas muy efectivas en contra de los estados
emocionales frecuentes, prolongados, intensamente negativos, o conÚa-
producentes, tales como la ansiedad disfuncional ( en cuanto opuesta al
temot iustificado), y la hostilidad sin sentido (en cuanto opuesta a la
autodefensa, a los sentimientos de enojo y malestar, que estimulan la
conducta en constante cambio ).
4. \Wolpe (1956) ha señalado que <<no es de esperar que las
respuestas emocionales cuyo condicionamiento implica núcleos subcorti-
cales automáticos, sean más afectados por los cambios en el contenido
intelectual del paciente>>. tü7olpe parece, no obstante, dar por sentado
que las respuestas emocionales en los seres humanos, son en primer
lugar el resultado del condicionamiento que, ocasiona los núcleos subcor-
ticales automáticos, y por último continúan produciéndose de forma
automática. Esto es una suposición dudosa.
Lo más probable es que en la mayoría de los casos un individuo, del
mismo modo que un niño pequeño, primero se diga a sí mismo algo
así como: o¡Oh, cielos, sería terrible que mi madre no me amara!»> y
que luego se condicione tal vez a niveles subcorticales, de forma que
siempre que su madte frunza el ceño, critique, o de algún modo Ie
indique el poder no amarle, comience a sentirse terriblemente ansioso.
290 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

Si esto es vetdad, entonces gran parte de la llamada emotividad subcor-


tical automática, está realmente basada en su filosofía cortical de la vida
inconsciente y claramente artaigada. Porque si no creyese continuamen-
te que es terrible para su madre o para alguna otra persona querida,
rechazarle, sería dudoso que sus reacciones neuróticas subcorticales se
mantuviesen todavía. La filosofía de la vida hasta donde yo puedo ver,
está notmalmente ( aunque quizás no siempre ), apoyada en el nivel corti-
cal más que en el subcortical, y puede cambiarse a través de modifica-
ciones en el pensamiento de los individuos.
Además, suponiendo que haya algunas respuestas emocionales cuyo
condicionante incluye los centros subcorticales automáticos, que pueden
no estar completamente afectados por cambios en el contenido intelec-
tual de la persona, la terapia racional emotiva es una de las pocas técni-
cas que contiene gran cantidad de acción, ttabajo, y tareas <(para casa»>
de naturaleza no verbal (aunque actualmente en desuso).
De este modo, en el curso de las sesiones de TR individual, se
indica que el terapeuta que ve que un paciente tiene miedo de montar
en avión, lo mejor que ha de hacer es persuadirle, convencerle, indu-
cirle, e incluso ordenarle hacer viajes en avión. También en las sesiones
de terapia de grupo racional emotivo, un individuo que tiene miedo
de participar en las discusiones de grupo o contar al grupo algunas de
sus conductas presumiblemente vergonzosas, a menudo se le incitará y
el terapeuta y otros miembros del grupo prácticamente le obligarán a
resolver sus. temotes, tanto en la práctica como en la teoría.
Aunque la mayoría de los terapeutas racionales no practican las
técnicas específicas de Iü7olpe, de liberación de los pacientes temerosos,
por medio del uso de insensibilización hipnótica o aparatos especiales
o presentando al paciente objetos específicos a los que teme, no hay
nada en la teoría de la TR, que nos impida usar ese tipo de técnicas.
Por el contrario, la teoría establece que los seres humanos se propa-
gaodizan a sí mismos para comportarse de forma irracional consciente
o inconscientemente, verbal o activamente convenciéndose a sí mismos
de tonterías, y que las dos principales fuerzas contrapropagandizadoras
que les aytdarán a cambiar sus creencias fundamentales subyacentes, y
su trastornada conducta, sin pensar y desafiando y contradi-
^ctuariy obligándose a sí mismo
ciendo sus fallos interiorizados, por una parte,
a bacer las cosas de las que están irracionalmente asustados por otra.
5. Appel ( 1957) ha afirmado que ..la psicoterapia es esencial-
mente la influencia psicológica, social, y emocional de un individuo
sobre otro. Esto no puede quedarse completamente en el terreno inte-
Iectual, porque el paciente es algo más que sólo sus ideas»>. Esto es,
por supuesto, una verdadera afirmación; pero que no niega los princi-
pios de la TR.
CONSIDERACION DE ALGUNAS DE LAS OBJECIONES )') l

Como se ha expuesto en los primeros capítulos de este Iibro, la


terapia racional emotiva ve a los seres humanos como poseedores de
cuat?'o procesos básicos movimiento, pensamiento, y emo-
ción- -percepción,
todos íntegramente interrelacionados. Pero también sostiene
gran parte de 1o que nosotros llamamos emoción, es poco más o menos
un cierto tipo especie de propensión, perjuicio, o evaluación
-una
fuerte- de pensamiento.
Entonces, aunque el paciente sea algo más que sólo sus ideas, para
todos Ios efectos prácticos permanece, de hecho, que, especialmente
como un aspecto de su alteración emocional, es principalmente sus
ideas, y que por lo tanto el modo más importante de ayudarle a resol-
ver sus trastornos es ayudándole a cambiar sus ideas conscientes o
inconscientes. Prácticamente todas las formas de psicoterapia, incluven-
do la terapia de la inhibición recíproca de V/olpe, y la de desenmasca-
ramiento del carácter de Wilhelm Reich a través de la manipulación
física del paciente, incluye explícita o implícitamente un énfasis impor-
tante en el cambio de las ideas del paciente. Su realidad, casi por defi-
nición en el término psicoterapia, significa una forma de comunicación
verbal enre el paciente y el terapeuta; de otro modo, se usaría el
término lisioterapia en su lugar.
La terapia racional emotiva como se ha señalado anteriormente,
enfatiza por medio del paciente Ia actividad abieta y las tareas para
casa. También (como trataremos detalladamente más adelante) incluye
algún tipo de relación entre el paciente y el terapeuta.Más que la mayor
parte de las otros clases de terapia, ésta acentúa explícitamente la inter-
vención directa, lógica-persuasiva del terapeuta para ayudar a cambiar
las ideas del paciente, desde el momento en que mantiene que el hombre
es un animal especialmente simbólico y pensador, y que sus neufosis
y psicosis son en su mayor parte, aunque no totalmente, un resultado
de su pensamiento irracional.
6. Alan Iü7atts (1960) sostiene que <,hay mucho que sugerir, de
que cuando los seres humanos adquirían los poderes de Ia atención cons-
ciente y el pensamiento racional, se fascinaban tanto con estos nuevos
instrumentos que olvidaban todo lo demás, como pollos hipnotizados
con una línea de tiza delante del pico... El intelecto no es una facultad
de la mente ordenada y separada, sino una característica del coniunto
de la relación organismo-medio ambiente, el campo de fuerzas donde
yace la realidad de un ser humano,>. La implicación aquí es que esos
modelos bastante intelectualizados de psicoterapia, no pueden llegar al
problema básico de todo el organismo humano y por tanto tienen un
alcance limitado.
Hasta cierto punto, la crítica de !íatts del racionalismo es válida
desde el momento en que el pensamiento ultra-racionalista ( que es una
especie de dogma religioso ), puede ignorar fácilmente la sensación y
292 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

experiencias de la existencia humana. Uno de los aspectos filosóficos


básicos de la terapia racional emotiva, sin embargo consiste en el énfa-
sis del hedonismo, el placer, y la felicidad (en el sentido de Schopen-
hauer o Platón ) más que de los llamados goces del intelecto puro y
la idea.
Tal vez, el objetivo principal que al paciente de la TR se le ayuda
a alcanzar sea el del compromiso, el riesgo, la alegría de existir, y la
experiencia sensorial, en la medida en que no es simplemente de corto
alcance, hedonismo contraproducente de una variedad infantil, se le
estimula más que rechazarlo. Incluso algunos de los esfuerzos de los
Budistas de Zen por conseguir la sensación extrema osatori, no serían
totalmente incompatibles con algunos de los objetivos que un devoto
de la experiencia racional emotiva pudiera buscar paru sí mismo
que no busca este modo de sentir como un escape de enfrentarse -yaa
algunas de sus ansiedades y hostilidades fundamentales (Hora, 196l).
L Rollo May (May, Angei y Ellenberger, 1958) ha señalado que
la preocupación por la técnica no llega al origen de los problemas del
paciente; y que por tanto todos los sistemas racionales de psicoterapia
pueden estar limitados en sus efectos curativos. Es verdad que los tera-
peutas racionales pueden llegar a preocuparse por la técnica, pero
también, por sLrpuesto, puede ocurrirles a muchos otros terapeutas, inclu-
yendo a los Freudianos, los no directivos, y los médicos Existencialis-
tas. Aunque el término racional ha tendido a convertirse en sinónimo
de .,altamente técnico» en los terrenos industrial y económico del discur-
so, esta sinonimia no existe necesariamente en el terreno de la terapia
racional.
Esto no quiere decir que en el análisis racional emotivo no exista
una técnica de terapia definida y educativa, porque sí existe. Mucho de
1o que hace cualquier terapeuta, racional, especialmente su método de
determinar rápidamente qué es 1o que verdadera y {undamentalmente
molesta al paciente, y su procedimiento tajante de conseguir que este
paciente desafíe y cuestione sus suposiciones irracionales básicas, puede
especificarse claramente, y eficazmente ser enseñado a cualquier tera-
peuta de mente abierta que quiera aprender este método. En este senti-
do, buena parte de los modus operondi de la TR son más claros y con-
cretos que los métodos de la mayoría de las otras escuelas de terapia.
En gran parte, sin embargo, el terapeuta racional emotivo enseña
a sus pacientes por ejemplo: en sus relaciones con estos pacientes,
sirviéndoles como modelo relativamente no trastornado. A menos que
se haya enseñado a sí mismo cómo no ser ansioso ni hostil en su rela-
ción con estos pacientes ( y oros ) el terapeuta no es probable que sea
capaz de enseñarles de una forma convincente, como eliminat más que
simplemente expresar u ocultar sus propias ansiedades y hostilidades
fundamentales.
CONSIDERACION DE ALGUNAS DE LAS OBJECIONES 29)

Las llamadas técnicas de terapia del terapeuta racional-emotivo,


por tanto, consisten en gran parte en la utilización de sl mismo, de su
propia persona, y de lo que bien podrían ser llamados sus encuentros
experimentales con sus pacientes. En términos freudianos, se llamaría
sus relaciones de transferencia con los pacientes; pero existe la duda
de que esto fuese un uso adecuado del término transferencia, puesto
que Freud con esta palabra quería significar la utilidad del analista
como una imagen paternal hacia el paciente, por un lado buena y por
otro mala.
En la TR, sin embargo, el terapeuta sirve como un modelo bueno
o sensato y no estimula la experimentación de una neurosis de ftansfe-
rencia cIásica por el paciente. Si los fenómenos de transferencia y contra-
transferencia surgen, se les hace frente y se les interpreta, pero no
se les da ningún énfasis fetichista especial, como se hacé en trátamien-
to Freudiano y de Sullivan.
En cualquier caso, la TR utiliza la experiencia del paciente con el
terapeuta, además del empleo consciente y directo de métodos didácti-
cos por lo c,,al el terapeuta, como una especie de sabio con autoridad,
enseña literalmente al paciente cómo pensar más clara y cientifica-
mente sobre sí mismo y sus compañeros más próximos. y como el tera-
peuta racionalmente bien analizado, en realidad no se preocupa dema-
siado . de- lo que los d.m6r piensan de él y realmente no .i en gran
medida hostil con los que no están de acuerdo con é1, .,
riamente libre para- ser él misruo en la relación terapéutica"*t."orá.ru-
y disfrutar
las expresiones totalmente naturales de sus propios pensamienios y senti-
mientos en el transcurso de esta relación. De este modo, siendo él
mismo está especialmente libre de Ia técnica por la técnica, adquirida
de .forma artificial, y está lejos de acabar siéndo el hombre di paja
ncionalista al cual se le acusa a veces de estar de parte de aq,ré[ás
que no comprenden verdaderamente 1o que él está háciendo y slendo.
_I
Fn psicoterapia, Rollo May (May, Angel, y Ellenberger, 1958)
también ha señalado: «Hemos tendido a cometer él error detar dema-
siada importancia la verbalización... La verbalización, al igual que
la formulación en la ^ sesión psicoterapéutica, es útil sólo en la medida
en que forma parte integral de la experimentación»>. La acusación de
que los terapeutas racionales sobre-enfatizan la verbalización es una
de las objeciones más comunes a su actividad. Esta acusación es en su
mayor parte inválida porque los que la hacen no parecen tener claro
lo que es la verbalización, y casi siempre la confunden con el habla.
La palabra <.verbalr> como la Lengua Inglesa señala en Comprehen-
siae Dictionory ol Psycbological and Psycboanalytical Terrts (1918),
significa (<tener que ver con, tomar la forma de, consistente en pala-
bras de cualquier modo: habladas, oídas, vistas, escritas, o p.nraáa.rr.
Si esto es así, resultaría claramente que la gran mayoría del pensa-
294 RAZON Y EMOCION EN PSICOÍERAPIA

que conduc-e
miento humano, y particularmente el tipo de pensamiento
es verbal' o, más exactamente' consls-
;';;;;;p..tumiá.,io trastornado, y que el
te en la verbalización t.*; áe'ideas, actituáes' evaluaciones
individuo por lo g.r.;;i-^h;'pttndláá en la époia t'.{ ".tBli:'^d:
sugestionándose a st
s,, vida v qu. tigü. repitiendo indefinidamente o
mismo p'or'el resto de sus días'
Casi cada vez que una persona rcaliza un acto neurótico -pot
t.*. d. *^.r... irracional encontrarse con extraños- está
"i"*olá.-
;;.bí-;." áiciér,dot. cosas, como ¡oh, « qué terrible sería si me encon-
interna
rase con esos exüaño. y no Áa gustaran!"' Y es su verbalización
la que en gran medida constituye o causa sus üastornos'
Desde el momento .n q,é mucho de lo -que los seres
humanos
o
u..UJir., de forma i.tt.rna, ie h^te con una base ignorada incons-
nunca se
.i.rá -rcho de lo que incluso verbalizan conscientemente'
" hrblrá., sus trastornos emocionales no tienen a menu'
""-rr.i"'¿.-i.iÁ,
#;;; fiJ .áttJ..ión con sus verbalizacionesunbabladas; y como conse-
;;i; i.t ,vu¿r.a ."rt1i"t*t'e -poco
si terapeuta simplemente
p"tuut.t fiutes Pero si este tera-
;;;;t;; titt habladas, v-sentencias'
oeuta asuda . ir.iriuril"ni;;;;;il; revelando a la gente trastornada
I"¿i-.t-i, extensión total de sus verbalizaciones internas -y externas'
y si les enseña ,.".,rá"-.nie cómo verlo ellos *it,-:t'^1,^l^"l.tirtó*o
propias- uetbaliza-
continuar ..,érgi."*"ritl" itt^li"i" y atacando' sus
, no hábhdas) será bastante difícil para
.i;;;;;r;i"rii.'-tr,r¡t"á;'
-- -- seguir üastornados'
ellos
El",.r"peuta racional, está entonces ocupado intensiva y extensiva-
ment;:;; i;s verbalizaciones conscientes e inconscientes de sus pacien-
;;;. Áti, tanto si ,on-.ánr.i".,tes del hecho como si no' son todos los
el terapeuta Roge-
;;;";;iÉ"; á. pri.otr.upeutas. De este rnodo, aunque
forma y
;;; ;".d; ,ti.r,r,n.nr" decir,poco a su paciente,.por su multitud
;:;ii;i i. .r,a diciendo -o verÉalizando- disimuladámente
y encubiertas
de cosas importantes. V, po, sus verbalizaciones abiertas
ertá ayrdaráo finalmente-al paciente .a decirse a si mismo cosas como
',,A,rrque yo me odio a mí mismo por hacer las cosas,qqe hq
¿ri^r,
;;;;á. haciendo,'mi terepeuta evidentemente me acepta y está de mi
lado. Por lo tanto, p;;á; q;. yo no sea.la persona indeseable que he
;r;;il p..rr.ndo q.r. toy, y qttizás pueda aceptarme a mí mismo con
menos culPa»>.
De forma similar, el terapeuta Reichiano, a fuerua de manipular
físicamente rl p^.i.ii!,-"J-[Jitt'u o tntutiutamente) apuntando'
diciendo o verbalizanáo .,n mtn'uit terapéutico significativo' Y final-
.."t. .tt¿ irrdrci.náo " su puciente a deóirte a sí mismo algunas cosas
*'.i físicas de mi tera-
;;t-;ip; i.t ,,Vo p".do pot las manipulaciones
;;;;:;;..rt-.n,.-l]¡,f iíituia.' físicá v emoc.ionalmente' Y desde
el momento en que él no está evidentemente inhibido en este asPecto'
CONSIDERACION DE ALGUNAS DE LAS OBJECIONES 2',1

y él es capaz de evocar en mí respuestas desenmascaradoras, no parecc


haber ninguna raz6n por la que 7o no pueda liberarme a mí mismo de
forma similar>>.
Sin verbalizaciones internas tales como éstos, es dudoso que algu-
na psicoterapia fuese eficaz a un nivel no puramente verbal ( si en
verdad es concebible para los seres humanos comunicarse en forma com-
pletamente no verbales), es casi imposible concebir que esta terapia
vaya a tener efectos realmente duraderos. Porque a menos que un
paciente finalmente comunique de forma clara consigo mismo, y lo
haga en algún tipo de lenguaje interno, ¿cómo puede evitar volver a
caer en sus viejos comportamientos neuróticos o psicóticos? A menos
que en algírn tipo de palabras, frases, o sentencias, se convenza total'
mente a sí mismo de que zo es terrible fracasar en algunas tafeas, o
que la gente no le ame, que no es necesario que el mundo y la gente
se abstengan de frustrarle, ¿cómo puede prevenir por sí mismo volverse
otÍa vez, tan ttastotnado como estaba antes de que empezara ningún
tipo de psicoterapia?
Por consiguiente, aunque ambos, pacientes y terapeutas pueden
dialogar mucho, y pueden por esta ruzón, limitar y esffechar un salu-
dable aflujo de sensaciones y emociones, si ellos son eficazmenle uerba'
les (o pensadores) tenderán normalmente a volverse menos inhibiy'os
y mucho más capaces de sentir en profundidad y liberar sus sentimien-
tos. La cantidad de verbalización no es aquí el problema, sino la efica'
cia o calidad de la verbalización interna.
El terapeuta tacional, especialmente al principio de la terapia,
tiende conscientemente a ser más verbal y más locuaz que la mayoría
de los terapeutas. Pero, en particular se esfuerza por ser, y enseñar a
sus pacientes a ser, eficaz, intuitiva, y otganizadamente verbales. Más
tarde, según el paciente se vuelve más adecuada e integralmente verbal,
el terapeuta tiende a ser menos locuaz. El iniciado en el pensamiento
cientí{ico está ahora aprendiendo de su maestro, y está mostrando lo
bien que puede aplicar el método científico a su propio comporta-
miento.
9. A menudo, se hacen objeciones de que puesto que muchos
de los trastornos humanos se aprenden en la más temprana infancia,
en un estado preverbal, es imposible eliminar estos trastornos con mode-
los de análisis fundamentalmente verbales (Schactel, 1947; Mc.Clelland,
l95l). La primera respuesta a esta objeción es que Ia hipótesis de que
los üastornos humanos son en su mayor parte aprendidoi en un estado
preverbal, nunca ha sido dada por válida de una forma convincente, y
hay muchas razones para creer que las manifestaciones neuróticas más
serias, que son claramente el resultado del aprendizaje, son aprendidas
después de que el niño tiene nueve meses, es decir, después de que
empieza a verba\zat.
296 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

Suponiendo que el aprendizaie ant'erior.no


verbal' conribuye signi-
que
ficativamente . lo, ,.^t'l!"át áltionale.s del individuo' resultaría
;;;";; ñ" er niño,ác"i.'._ ;1 ¡:^1'.: *":,1BX1i'#ffiil#Tffi
comportamlento prev
i.;
los demás, retraduce su'rnoitJ"ac,
u es clescle entonces por ( á molestado realmente por sí
ltrr.l "ti^t;;;i;; verbales traáucidas de su desorden'
p". ;ü-;ue el niño llesa a aretorizat por la
Aceptando, ,se.
ausencia de sus pr¿r.,'t'u"nhJl' Jt-"i'do iová paru vetbalizar' pode-
que empieza- a verbalizar' traduce
mos suponer {ácilmente, que una vez
extÉrnas y se dice a' sí mismo
su terror en frases ,, otátiontt internas o
cosas como: «No es h;;;iüil6;"tit-p'dttt
*t huv'n dejado' Quizás
ñ,rñ.4 rcor.§"'r Probablementé no me aman' Y esto prueba que vo no
,,);ffi
;il.'il;;;;;;'-int'ii"';'¿as como éstas que :1-"11"--*'"
;;'"0""#tó; yll; q;t pu.ed9 más importante) aumenta lmportan-
::r
temente sus trastornos adquiridos preverbalmente' que el individuo (va
Si esto ., uri, ti *orntnto en
un "'''á'iü-¿;E
adulto) viene a la psicot"iapia' meior ('y de hecho
sea un niño o "fy ayudarle a extraer
contacto con él
casi el único) modo de ponerse en
sus trastorno, udqtri.iiol'eti'i; ;it;;;;'
; ttt'peuticamente verbal
"tse le debe ens.eñar exacta-
con é1. Es decir .o.o ñ lo-o' mencionado'
de forma irracional ( aunque no'
;;;;; lo q,.r. é1 está
il'i;;; ;;.;;.i^ h"tl;;á" abiertamente )' v cómo puede concreta- Esto
""tuli'4"¿ose
mente desafim y r..'iu"u;";: ;J'lizaciones'contrapróducentes'
a volverse bastante
ü;;j.;;;;ln.ír* ;';";ñ' individuos aorenden
neuróticos .n ,n .r',¿o;;;t;ú;i;'iit *'t está todavía,:il-i"*tt-
rnanteniendo de
-p'"atn se están realmente
trar) parecería que sus trastornos viendo y cambiando sus
forma bastante ,.rb,'il f evocarse'
orooias verbalizaciones.
rt'rltler ( 1950) señalan acertadamente' la
psicote-
''"t:;;'óáiir.¿l verbal
raoia eficaz consiste ;';;'; ;;;t ; i^ descripción v.uso de
-u'"'
üruüi,-' il;;;;i","d. fá'-'. que se. hagan accesifl::
i]"i.
de la solu'
dos de manipulacióí titüáit^ " liigüística'"característica
ción de los iroblemas del adulto'
10. A menuclo se hacen objeciones pierjen-de de que los procedimientos
mi'mos' vista la felicidad
racionales llegan a a",-inni" -v en sí
h;;;;o,, ll"u'n más males que alivio'
; l*;;ti;i;;;'(1956)'i-,;'Je,R;I;it 'oniino utilitario sabe la
Daniel Bell l"t
"tl-.t"iánalismo
y por lavida industrial mo-
escasez de tiempo ,"^""il'i'l¿n»''Por
ello'
sólo¿i iolpe regular del
derna, tiempo y 'i^¿"t "métricoode orden en
"rf,,tJo-tt'¿^ iund,,ntn"l"ntt ut'
reloi. La Íábrica,#;;';;;
lugar
deriyal
el cual estímulo v ;ñ;;t;, los ¡itmos de trabaio',1e No
i: :l
es cle extranar
mecánicamente impuesto
senrido de tiempo v lugar'
oficina
#ñ':';;; Áiáo* ü,lÜ ;';áa 'fii.n'r' "Hov día'. cada
en la que
eficaz, cada fábrica;; ;í di', es una
prisión panóptica
CONSIDERACION DE ALGUNAS DE LAS OBJECIONES 291

los trabaiadores sufren... por la creencia de estar dentro de una máqui-


na». Jack Jones (1958) también ha sostenido tenazmente el punto de
vista de que el racionalismo debe lógicamente conducir al estatismo,
autoritarismo, y comunismo, y debe por consiguiente ayudar a suprimit
la libertad y espontaneidad de los hombres.
Esta idea de que el racionalismo exremo puede destruir las emo-
ciones y usurpar las libertades, en realidad contiene un germen de
vetdad, si se admite la dudosa proposición de que un racionalista
extremo es verdaderamente racional. Porque, como el Dr. Robert A. Har-
per y yo, indicamos en nuestro Iibro á Guide to Rational Liaing (Ellis
y Harper, 1961a), un enfoque racional de la vida apenas significa un
lateral, monolítico tipo de racionalidad. Una definición de la palabra
racional, tal y como la usan los modernos exponentes de la racionalidad,
y el terapeuta racional-emotivo, es: demostrat razón, no estar loco ni
tonto, ser sensible, encaminarse a resultados eficaces paru \a felicidad
humana, producir los efectos deseados con un mínimo de costo, desgas-
te, esfuerzos innecesarios, o efectos laterales desagradables.
Respondiendo a los críticos de la racionalidad, como Bell y Jones,
Starobin (1959) ha preguntado: <<¿Tiene la Razón la culpa de nuestros
problemas, o ha sido el conducir la Razón más allá de sus límites lo
que intrínsecamente debería tenerla por sus propias definicíones? ¿Es
la Razón per se lo que se debe abandonar, o la deshumanización deTa
tradición racionalista, que separa el racionalismo de su propio propó-
sito, que era servir y salvar al hombre?>>. Y como Hilgard (1958) ha
señalado uEl profundo conocimiento de nuestra propia irracionalidad
es un tiunfo pata la racionalidad. Esto parece paradójico, pero real-
mente no lo es. Sóio un hombre de ideas claras es capaz de descubrir
sus mecanismos de auto-engaño, sólo los procesos racionales pueden
descubrir las áreas de la imacionalidad».
11. Se critica con frecuencia que la TR lleva a intelectualizar y
rucionalizar, o a alguna forma de defensa psicológica, lo cual no es en
absoluto objetivo real de la terapia eficaz. Aquí parece existir de nuevo
una con{usíón semántica innecesaria. Aunque racionalizar en un sentido
filosófico, significa hacer racional o estar de acuerdo con la razól, en
un sentido psicológico significa; inventar explicaciones aparentemente
racionales o plausibles por los actos de creencias o deseos de uno mismo,
y por lo general ponen estas disculpas sin darse cuenta de que están
enmascarando sus motivos reales. Psicológicamente por tanto, raciona-
lizar o disculpar el comportamiento de una persona es lo opuesto de
ser racional o razonable al respecto.
De forma similar, aunque intelectualizar en un senrido filosófico,
significa Íazonar o pensar, en sentido psicológico significa sobre-enfati-
zar las actividades intelectuales (como Matemáticas o Arte Absracto)
y considerarlos superiores a otras actividades (como el drama popular
298 RAZON Y EMOCION EN PSICOTERAPIA

o la música). Intelectualizar psicológicamente, también ha venido a


significar pensar en los propios problemas emocionales de una forma
tan detallada y compulsiva que hacen negar su verdadera existencia y
evitar resolverlos, en lugar de intentarlo.
Aunque los principios de la terapia ¡acional-emotiva están enérgica-
mente a favor de un enfoque bastante razonable de la vida humana,
no aprueban un enfoque de irracíonalizacíón o intelectualista, en el
sentido con que estos términos se usan con frecuencia en la psicología
moderna. Disuadir la trayectoria de alguien, alegando sus dificultades
emocionales, es estar sumamente sano y juicioso. Pero racionalizar o
intelectualizar acerca de su conducta contraproducente es ayudar a
perpetuarla indefinidamente. Aquellos que acusan al terapeuta racional-
emotivo de fomentar la rucionalización e intelectualización no compren-
den su teoría y práctica, sino que le juzgan con anticuados criterios
racionalistas y obsolutistas, a los que él no contibuye.

¿Está esencialmente limitado el uso de la razón en los asuttos


humanos y en la psicoternpia? Un coniunto importante de objeciones
que se la hace a menudo a la terapi^ racional-emotiva, se ocupa de las
limitaciones esenciales de la razón. Incluidos en este grupo de objecio-
nes están los siguientes puntos:
1. Algunos críticos sostienen que racionalismo en el sentido filo-
sófico del término, es una filosofía anticuada o irreal, puesto que consis-
te en: (a) el principio o práctica de aceptar la razón como la única
autoridad para determinar las opiniones o el curso de la acción de una
persona, y ( b ) la teoría filosófica de que la razón o intelecto es la
verdadera fuente del conocimiento, antes que los sentidos. Estos dos
elementos del racionalismo, son poco válidos y científicos.
Yo estoy completamente de acuerdo con los críticos del raciona-
lismo absolutista o del siglo dieciocho, y estoy más que deseando admi-
tir que e.r una postura que no es definida hoy día. El actual devoto
de \a razón, como he dicho en una publicación sobre «Rationalism and
its Therapeutic Applications»> (Ellis, 1959) no cree en absoluto o de
una forma perfeccionista en el poder de la tazón, pero cree que aunque
el hombre no puede vivir sólo de la razón, puede ayudar considerable-
mente a su vida y reducir sus problemas pensando clara, lógica, conse-
cuente y realistamente.
Además, un terapeuta racional, no es anti-empírico, pero acepta
la idea de que el conocimiento científico debe, al menos en principio,
estar confirmado por alguna forma de experiencia humana. Es claramen-
te un empírico y un realista; pero también adopta una visión semi-
idealista o fenomenalista, respecto a esto, cree que las reacciones huma-
nas no están causadas generalmente por estímulos o sucesos externos
sino por las propias percepciones e interpretaciones del individuo, de
coNsrDERAcroN DE ALcuNAs DE LAs oBJEcroNEs 299

estos acontecimientos,externos.,La terupia ¡a_cional_emotiva


no está muy
relacionada o subordinada a la doctrin, iif"r.ifi*-á.i-rr."iolrrrlir*o,
excepro en la medida en que se opone a rodas 1.. f;.;;; j.lIrlr"r*_
ralísmo, espiritualismo, misticismo', ,.u.I".ián, ;;c*;;ñ;]
r,ittoritu.ir-
mo, y anticientifismo (ver Capítulo 6).
2. La razón misma, como muchos críticos modernos han señalado,
tiene sus limitaciones intrínsecas. Como
Jack Jon., figlgl-i.ái.r, _fJ
la ruzón.I, qy..introduce un modo aitiÍiciil d. .or.ián.ir.-iirro
ra supresron de Ia proyección au naturel del deseo para considerar ",
el
.:ynto 'objetivamente', por ejemplo como un ,hecho,... La iáea del
objetivo humano se deriva ,uÁu iu más de-la ;ñ;'ro-?Jd.r.o.
Es decir la conciencia racional se conuierte en su p;opio
proyecta tanto hacia arrás como hacia adelanre a rravéi lin, y se
dJ ,rri...d.nt.
histórico.
William Barrett (Suzuki, 1956), de un modo similar señala, que
uen la ciencia misma,._los progresos'Áodernos se han
hacer nuesto racionalismo he"redado,.,7r- ;n..trbt",...
.ÁUinráo pu.u
Física y Gódel en Matemáticas han demostrrdo ii.ii.,
ft.ir.nü.rg .,
ir.f"Jit-í., , f,
ruzón hümana». También Gombrich (McCurdy,
«el significado de la expresión hr-anu ;-p;¿ eludirá l"
léZóll;ü;; qr.
.*pli.r.iOn
científica... El enfoque racional pued. .yuJa', ; ;li;l;-rri.í'.rror.,
pensar, que la intuición siempre debe ser superior
\:omo a la ruzónl
g¡¡nostrandg Io que.una obra de arre puede no haber significado dentrá
oel marco de su esrilo y situación. Habiendo reducido á. .rte
modo el
área de error, debe abandonarse... Creado como un instrumento
ayudarnos a encontrar nuestro camino a través ¿.f -á.para
lu,
lengua bastante pobre cuando t.^r.rno, ".ir.rro
ai- Á^iir^, y
ll-r1?; lr.r,,ra .es
clasrtlcar el universo interno>>.
Más recientemente, George Boas- ( 1961 ) ha publicado
Tbe Limits ol Reason, en el q",re señala que ír, un libro,
nas)> ya sea en Ia forma.de Ieyes científicas
#;f;;;]Jii#, *.,.r_
o_de ;;;;-¿;i;;r]"uiolrn,
desfiguran, y zupersimplifican l, .r..r.i, .orf"...-;;;;r;;;
mentamos en el tiemoo . La lógica,
.rp"ri_
_afirma el D.. ilr;,;;-ii*.-ningrn.
relación con Ia histária, p"rír. L ljil; h ruzón por su propia
naturaleza deben rechazar-el cambio, "
i Ia' razón no prá¿. ,Urr..u. lu
vaúedad,la ambigüedad, o ta p.rti.ui..idrá J.r
pocb puede llegar a un acuerdb con la memoria,
..ái ,iá"iiJ"?.'r",o-
ranza, puesto que Ia esencia misma de la esperanza
h d;r;*;;"i,
.rp.-
es ser inacional.
.Aunque_ críticos como Jones, Barrett, CfrUri.fr, v"n.rr^or.a",
ser demasiado enrusiasta*i d..ná.trr. ,u, lí;-it.r-;'d*;;;;í;,
n"
.duda.de que -en algunos ,rp..to, ii*., .urón. La razón no es
cabe
más infJible o p-erfecta que el mismo hombre; t¡rne
tajas y límites. pero como ha señalado rir.É
difieiir-a.ru.n_
tliiii^ É"^'¿.fJ*" ¿.
Ia racionalidad: .,Ser consciente ¿. t", ii-it., ai"ii rirai^;;.;r":.;;;."._
100 RAzoN y EMocroN EN psrcorERApIA

bler>,y ésta era la actitud 'liberal' sugerida por Sócrates, que recomendó
como le señalaba Platón, sólo ouna confianza indecisa en la razón huma-
na»>. No ver ningún límite 'horizontal' a la razó¡ humana es ser 'racio-
nalista' y en la actualidad eso quiere decir totalitarista»>.
Robert Anton \X/ilson (1959) también echa un rapapolvo a Jack
Jones por sus ataques a la ruz6n y señala que aunque ciertamente la
racionaliclad tiene sus limitaciones sociedad racionalista- o,
-una adecuados para los senti-
mejor, razonable, puede tener los medios
mientos más profundos e intensos de la emoción humana, que una
cultura irracional. Frankel (1958) reconviene de forma parecida a
\X/illiam Barrett y a algunas de sus cohortes irracionalistas y existen-
cialistas, al señalar que «ningún defensor contemporáneo de las filosofías
científicas y racionalistas, condenada por los existencialistas negaría que
la razón es el insmumento de una criatura limitada y finita enredada
en sectas, sexo y circunstancias históricas. Pero es extraordinario, dedu-
cir de este hecho que cuando tratamos de comprender lo irracional,
deberíamos hacerlo de una forma irracional. No tenemos que estar locos
para comprender la locura, y el geólogo que comprende las piedras no
necesita ser, el mismo, un terrón. Si incluso el pensamiento ordenado
es falible, como seguramente lo es, es dudoso que nuestros apasionados
impulsos vayai a proporcionar caminos más seguros a la verdad.
Dado que la ruzón es falible, y que tiene limitaciones intrínsecas,
esto no contradice el hecho de que es uno de los mejores instrumentos
disponibles para investigar las fuentes de los trastornos humanos, y
ayudar a los humanos a vencer sus suposiciones y deducciones. Otros
instrumentos psicoterapéuticos relacionarse el terapeuta con
el paciente, tener un encuentro-cómoexperimental con é1, servir como un
buen modelo de conducta, darle ayuda soportable continua, etc.-
pueden ser procedimientos valiosos. Pero precisamente como la razón
por sí sola no puede ayudar a muchos pacientes a vencer sus perturbacio-
nes emocionales, es igualmente poco probable que la negativa de un
terapeuta a emplear cualquier clase de lógica persuasiva, le permita
ayudar a sus pacientes de una forma intensa o permanente. Un enfoque
puramente racional de la terapia tiene claras limitaciones; pero un
enfoque irracional, cien por cien irracional, es por lo general desastroso
(Schwartz y 1ü7olf, 1958).
3. A menudo se afirma que los seres humanos son naturalmente
irracionales e ilógicos, y que por tanto cualquier tipo de terapia racio-
nal, posiblemente pueda no serles de mucha ayoda. Es bastante curio-
so, que la rcoría de la terapia racional-emotiva acepta completamente el
hecho de <¡ue los seres humanos están naturalmente biológica-
mente- preparados para ser irracionales v que sólo con -sí,
grandes dificul-
tades pueden inducirse a sí mismos a ser lógicos en su comportamiento
de una forma constante.
coNSIDERAcIoN DE ALGUNAS DE LAs oBJEcIoNEs ]OI

Io, personalmente, he creído durante algunos años que el hombre


-hereda una predisposición a-pensar poco claramenre du.rnie su infancia,
y que es muy fácil y
estadísticamenre muy normal para é1, continuar
aceptando y rcalizando sin pensar durante s, mayoría de eád las
más
ridículas, insensatas, y a menudo dementes suposiciones y concepciones.
Yo, también llego a creer a la luz de la reciente evideícia e*jerimen-
tal clínica, que las tendencias hacia los rastornos mentales g.uu.r, .n
particular la esquizofrenia crónica son a menudo congénitosi
hereda-
dos, y que la enfermedad menral es un proble-, ,urrá biológico como
socio-psicológico.
_ A pesar de rodo, soy más optimista acerca de las posibilidades de
la psicoterapia, si está basada er la teoría y práctica aáecuadas. preci_
samente porque los seres humanos tienden normalmente a ser irracio_
nales yo creo que deben ser criados no-biológicamente (o incluso hasta
cierto punto anti-biológicamenre ) de forma qr. ,. les pueda enseñar
a vencer gradualmente los obstáculos innatos d" s,, pensamiento. De
forma particular, por las técnicas de terapia racional-Émotiva, de rela-<