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Josep M. Rambla
Seminario de Ejercicios (EIDES)

EJERCICIOS ESPIRITUALES
DE SAN IGNACIO DE LOYOLA
Una relectura del texto (6)
EJERCICIOS ESPIRITUALES
DE SAN IGNACIO DE LOYOLA
UNA RELECTURA DEL TEXTO (6)
Josep M. Rambla, sj

Introducción: Ejercicios para después


de los Ejercicios Espirituales ....................................................................... 5
I. Contemplación para alcanzar amor [EE 230-237]
1. A modo de obertura: una vida escondida con Cristo en Dios .............. 7
2. Unas consideraciones previas .............................................................. 8
3. El texto de los Ejercicios ...................................................................... 10
4. Comentario ........................................................................................... 11
5. Consideraciones posteriores ................................................................. 19
II. Tres modos de orar [EE 238-260]
1. Introducción ......................................................................................... 25
2. Los modos de orar en el mes de Ejercicios .......................................... 26
3. El texto de los Ejercicios ...................................................................... 27
4. Comentario ........................................................................................... 30
III. Para un sentido verdadero de Iglesia [EE 352-370]
1. Introducción ......................................................................................... 35
2. El texto de los Ejercicios ...................................................................... 37
3. Comentario ........................................................................................... 39
4. Algunas orientaciones prácticas ........................................................... 42
5. Al final (al principio) el amor divino ................................................... 45
Notas ..................................................................................................................... 47
Josep M. Rambla. Jesuita. Teólogo. Especialista en espiritualidad ignaciana.
Estudia la espiritualidad a partir de la inserción en un medio popular y en la
acción social. Es autor, entre otros, de Dios, la amistad y los pobres. La mística
de Egide Van Broeckhoven (Santander: Sal Terrae, 2007).También es autor de
los cuadernos de Cristianisme i Justícia: Ignacio de Loyola, seglares y jesui-
tas (EIDES, núm. 48), ¿De qué hablamos cuando hablamos de interioridad?
(EIDES, núm. 69) y de la serie de cuadernos sobre los Ejercicios Espirituales.
Una relectura del texto (EIDES, núm. 53, 63, 72, 74 y 79), entre otros.

Edita: Cristianisme i Justícia - Roger de Llúria, 13 - 08010 Barcelona


Tel. 93 317 23 38 - E-mail: info@fespinal.com - www.cristianismeijusticia.net
Imprime: Ediciones Rondas S.L. - Depósito Legal: B 25848-2016
ISBN: 978-84-9730-385-9 - ISSN: 2014-654X - ISSN (virtual): 2014-6558
Edición: Anna Pérez i Mir - Revisión y corrección del texto: Núria Garcia Caldes
Maquetación: Pilar Rubio Tugas - Diciembre 2016

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INTRODUCCIÓN: EJERCICIOS PARA DESPUÉS DE LOS
EJERCICIOS ESPIRITUALES

Todos los Ejercicios Espirituales tienen como finalidad la vida de después de los
Ejercicios, pues son para «ordenar la propia vida» [EE 21]. Sin embargo, los ejer-
cicios o prácticas que se realizan tienen una finalidad próxima o inmediata: «qui-
tar de sí todas las afecciones desordenadas» [EE 1,3] con el objetivo de «buscar
y hallar la voluntad divina» [EE 1,4], realizando una elección y alcanzando así la
máxima identificación con Cristo. Luego, después de los Ejercicios, la persona
que los ha realizado, una vez transformada u ordenada, deberá sumergirse en
unas circunstancias distintas de las que habrá experimentado en el retiro (o en el
caso de Ejercicios en la vida cotidiana, unas circunstancias distintas del ritmo e in-
tensidad de la experiencia propia de estos Ejercicios). Ignacio, siempre previsor y
experto en el conocimiento de una espiritualidad bien integrada en la vida, ofrece
unos recursos que, presuponiendo una experiencia de Ejercicios bien realizada,
con la elección o reforma de vida y la plena confirmación en la identificación con
Cristo en su Pasión y Resurrección, ayudan a conectar la persona ya renovada
con el medio que le tocará vivir, en el mundo y en la Iglesia.

Por ello, la «Contemplación para alcanzar amor» ha de ayudar a conectar la ex-


periencia de los Ejercicios con la vida en sociedad, en el estado que cada ejerci-
tante haya asumido en la elección, y las «Reglas para el sentido verdadero en la
Iglesia» son unas orientaciones para «en todo acertar» en la vida de comunión
eclesial. San Ignacio añade todavía unas prácticas oracionales, los «Tres modos
de orar», que ya ha anunciado en la anotación cuarta [EE 4,3], como parte de los
Ejercicios Espirituales. Estos modos de orar, que de alguna manera se han prac-
ticado durante el mes de Ejercicios, vienen a completar el equipaje de prácticas
espirituales del que podrá servirse el ejercitante en su vida diaria.

Y basten estas palabras para situar el sentido del comentario que va a seguir y
que abarcará, por tanto, «Contemplación para alcanzar amor», «Tres modos de
orar» y «Reglas para el sentido verdadero en la Iglesia».

5
I. CONTEMPLACIÓN PARA ALCANZAR AMOR
[EE 230-237]

Antes de entrar propiamente en la misma «Contemplación para alcan-


zar amor» (CAA), vale la pena detenerse en el carácter cristológico
de esta contemplación, no solo para aportar algo de luz a la cuestión
que sobre esto se suele plantear, sino para situar mejor la CAA en la
dinámica de todos los Ejercicios.

1. A MODO DE OBERTURA: UNA VIDA ESCONDIDA CON CRISTO


EN DIOS

Los Ejercicios Espirituales aspiran a Sin embargo, una paradoja sorpren-


que el ejercitante pueda participar en de a quien analiza detenidamente el ca-
la íntima inmediatez de Dios que se rácter de la experiencia de los Ejerci-
comunica gratuitamente [cf. EE 15,3- cios. Estos tienen distintos fines, pero
4]. Pero todos ellos están atravesados hay uno que los engloba todos, prac-
por la relación personal con Jesús, el ticado al terminar toda la experiencia
Señor [cf. EE 4,2-3]. Porque este, que espiritual, el de la «Contemplación
desciende de arriba (Jn 3,12-13), es el para alcanzar amor», expresado en la
que nos dice «quien me ha visto a mí, petición propia del ejercicio: «En todo
ha visto al Padre» (Jn 14,9) y quien in- amar y servir a su divina majestad»
troduce al ejercitante en la Luz inacce- [EE 233].1 Ahora bien, resulta llama-
sible a fin de que pueda dejarse abrazar tivo que, mientras que durante todos
por el Creador [cf. EE 15,4]. los Ejercicios ya desde la primera se-
7
mana, la imagen de Cristo preside las una realidad que lo ilumina y calien-
meditaciones y las contemplaciones, ta todo, de quien provienen los rayos,
al llegar al final, como en continuidad porque «todos los bienes y dones des-
con el misterio de la Ascensión (donde cienden de arriba» [EE 237,1]. Así
el Señor es arrebatado a la vista de los pues, del mismo modo que la luz y el
discípulos), Cristo desaparece también calor del sol nos acompañan sin que su
de la vista del ejercitante. imagen se nos imponga, Cristo es una
A esta paradoja pueden aportar al- presencia real y eficaz, una compañía
go de claridad algunos datos de la vi- que nos sigue continuamente, sin que
da de Ignacio. Por ejemplo, la imagen se pueda circunscribir a un espacio o
de los rayos de luz que, según algu- a una figura determinada, sino que se
nas experiencias personales del santo, mantiene escondido. Por tanto, partien-
pueden interpretarse cristológicamen- do de la experiencia mística de Igna-
te, «como del sol descienden los rayos» cio, podemos afirmar que nuestra vida
[EE 237,1]. El mismo Ignacio, al final cristiana, en nuestro mundo, consistirá
de su vida, declaraba: «Aún ahora tenía en una relación existencial con Cristo,
muchas visiones, sobre todo aquellas en la fe y en el amor, pero sin verle
de ver a Cristo como sol».2 Ya desde (cf. 1Pe 1,8). Y la CAA se dirige a esta
la época de Manresa, el sol (o un cuer- forma de vivir, «en Cristo», nuestra
po blanco y, más adelante, de oro) es la vida en una sociedad tantas veces opa-
forma como percibe en la fe a Cristo: ca a la presencia y acción de Dios.

2. UNAS CONSIDERACIONES PREVIAS

2.1. CAA y Ejercicios en general o incluso si no debería impregnar toda


la experiencia del mes.
Parece claro que la «Contemplación
para alcanzar amor» es el punto final al
cual se orientan y convergen los Ejer- 2.2. CAA y Principio
cicios Espirituales, ya que son para la y Fundamento
vida ordinaria del ejercitante. Sin em-
bargo, por la lógica de que el fin deter- Siempre, por otro lado, se ha subra-
mina los medios, la CAA está de algún yado que el Principio y Fundamento
modo presente en todos los Ejercicios. ya contiene germinalmente la CAA.
Quizá esto explique el hecho de que, Toda la vida cristiana se halla polari-
a lo largo de la historia, la CAA se ha zada en una relación de amor real, en
propuesto en lugares muy distintos de la alabanza, la reverencia y el servicio
los Ejercicios.3 Y, a la vez, nos plantea (porque las obras han de prevalecer so-
la cuestión de hasta qué punto pode- bre las palabras) y todas las cosas son
mos anticipar la propuesta de la CAA, mediadoras de esta relación de amor
8
con Dios. Así pues, úsese una termino- 2.4. CAA y acompañamiento
logía u otra, la propuesta del Principio
y Fundamento ha de incluir la apertura Todo lo que precede me lleva a desta-
al amor, como respuesta a un Dios que car no solo algo tan obvio como que
crea, es decir, que continuamente sos- la persona que da los Ejercicios ha
tiene al ejercitante en el amor. de haberlos practicado «enteramente»,
sino que la experiencia plena de dichos
Ejercicios ha de estar siempre viva en
2.3. CAA y Ejercicios de iniciación la misma actividad de acompañar y,
por lo mismo, la persona que realiza el
Además, dada la importancia que tie- acompañamiento vive una cierta cone-
ne la experiencia de Dios en la vida xión entre el Dios que le habita y tra-
creyente, a la cual se orienta la «Con- baja en su corazón y el Dios que habita
templación para alcanzar amor», creo y trabaja ya en el corazón del ejerci-
que en cualquier tipo de Ejercicios tante.
Espirituales, incluso en los más senci- Confirma de algún modo lo dicho
llos que se presentan en la anotación en este apartado y en el anterior lo
18ª [EE 18], la CAA debe estar implí- que aduce Polanco sobre los Ejerci-
cita desde el inicio. De no hacerlo así cios elementales que Iñigo comenzó a
introduciríamos al ejercitante en un dar en Manresa, que inflamaban en el
cristianismo atrofiado. Por lo general, amor de Dios: ad inflamandum amo-
la persona que hace los Ejercicios ha rem in Deum.5 En efecto, es evidente
recibido el bautismo y ha sido ungida que, después de la elevada experiencia
por el Espíritu. No es, pues, legítimo mística del Cardener, el peregrino ya
acogerla y retenerla en el vestíbulo, no podía «ayudar a las almas» si no
sin permitirle moverse ya en el hogar era desde aquella experiencia de unión
del Espíritu. Esto no significa que a la amorosa con Dios, aquella iluminación
persona que hace este tipo de Ejerci- que le llevó a ver la vida como lugar de
cios se le deban proponer las materias mediación de su encuentro con Dios.
y las prácticas propias de los Ejercicios
completos, sino que la manera de pro-
ponerle cualquier tipo de Ejercicios ha 2.5. La CAA en relación
de tener muy presente que el Espíritu con las etapas precedentes
ya trabaja en su corazón y en su vida.
Por esta razón, aunque los Ejercicios La CAA puede considerarse como
«se han de aplicar» [EE 18,1], se debe una apertura a la realidad de la vida
partir de algo que ya precede a la ac- fuera de los Ejercicios. Ahora bien,
ción del acompañamiento y a la tarea se ha hablado y discutido sobre lo que
del ejercitante. De aquí una cierta re- la CAA aporta a la experiencia de los
serva personal a llamar «leves» a los Ejercicios. Desde luego, no aporta «el
Ejercicios sencillos de iniciación, pro- amor», ya que este, desde el Princi-
puestos por Ignacio en la anotación 18ª pio y Fundamento, ha sido objeto de
y una advertencia de no banalizar estos la tarea del ejercitante como respuesta
Ejercicios.4 al amor de Dios, derramado en su co-
9
razón. Liberar el amor para dejar que propio amor» [EE 189,10], con la rea-
la propia vida se mueva por el amor lidad exterior, que de modo implícito
que desciende de arriba, «del amor o explícito ya ha estado presente a lo
de Dios» [cf. EE184,2; 338,2]. Sería largo de todo el mes. Si durante el mes
además muy ingenuo pensar que un de Ejercicios el ejercitante ha contem-
ejercicio que suele proponerse casi al plado al mundo en Dios, ahora se le in-
mismo final de los treinta días va a vita a contemplar a Dios en el mundo.
conseguir hacer que nazca el amor en Será una iniciación a vivir el ignaciano
el ejercitante. En cambio, sí que puede «a Él en todas amando y a todas en Él»
decirse que la función de este ejerci- (Co 288), expresión de una forma de
cio es conectar al ejercitante, que ha vida cristiana o de una espiritualidad
ido creciendo en amor, saliendo «de su plenamente integrada.6

3. EL TEXTO DE LOS EJERCICIOS

[230] CONTEMPLACION PARA ALCAN- do, pueda en todo amar y servir a su


ZAR AMOR divina majestad.
Nota. Primero conviene advertir en [234] 1º punto. El primer punto es traer a la
dos cosas: memoria los beneficios recibidos de
La primera es que el amor se debe creación, redención y dones particu-
poner más en las obras que en las lares, ponderando con mucho afecto
palabras. cuanto ha hecho Dios nuestro Señor
[231] La segunda, el amor consiste en co- por mí y cuanto me ha dado de lo que
municación de las dos partes, es a tiene y consecuente el mismo Señor
saber, en dar y comunicar el amante desea dárseme en cuanto puede se-
al amado lo que tiene o de lo que tie- gún su ordenación divina. Y con esto
ne o puede, y así, por el contrario, el reflectir, en mí mismo, considerando
amado al amante; de manera que si con mucha razón y justicia lo que yo
el uno tiene ciencia, dar al que no la debo de mi parte ofrecer y dar a la su
tiene, si honores, si riquezas, y así el divina majestad, es a saber, todas mis
otro al otro. Oración. Oración sólita. cosas y a mí mismo con ellas, así co-
[232] 1º preámbulo. Primer preámbulo es mo quien ofrece afectándose mucho:
composición, que es aquí ver cómo Tomad, Señor, y recibid toda mi liber-
estoy delante de Dios nuestro Señor, tad, mi memoria, mi entendimiento
de los ángeles, de los santos interpe- y toda mi voluntad, todo mi haber y
lantes por mí. mi poseer; Vos me lo distes, a Vos,
[233] 2º preámbulo. El segundo, pedir lo Señor, lo torno; todo es vuestro, dis-
que quiero: será aquí pedir conoci- poned a toda vuestra voluntad; dad-
miento interno de tanto bien recibido, me vuestro amor y gracia, que ésta
para que yo enteramente reconocien- me basta.

10
[235] El segundo mirar cómo Dios habita en criadas sobre la haz de la tierra, id est,
las criaturas, en los elementos dando habet se ad modum laborantis. Así
ser, en las plantas vegetando, en los como en los cielos, elementos, plan-
animales sensando, en los hombres tas, frutos, ganados, etc., dando ser,
dando entender; y así en mí dándome conservando, vejetando y sensando,
ser, animando, sensando, y hacién- etc. Después reflectir en mí mismo.
dome entender; asimismo haciendo [237] El cuarto: mirar cómo todos los bie-
templo de mí siendo criado a la simi- nes y dones descienden de arriba,
litud y imagen de su divina majestad; así como la mi medida potencia de
otro tanto reflictiendo en mí mismo, la summa y infinita de arriba, y así
por el modo que está dicho en el justicia, bondad, piedad, misericor-
primer punto o por otro que sintiere dia, etc., así como del sol descienden
mejor. De la misma manera se hará los rayos, de la fuente las aguas, etc.
sobre cada punto que se sigue. Después acabar reflictiendo en mí
[236] El tercero considerar cómo Dios tra- mismo según está dicho. Acabar con
baja y labora por mí en todas cosas un coloquio y un Pater noster.

4. COMENTARIO

Puesto que la palabra amor se explica rá la vida de gran parte de los ejerci-
en las dos notas preliminares que si- tantes.
guen al título, conviene declarar el sen- Alcanzar. Respecto del verbo «al-
tido de «contemplación» y «alcanzar». canzar» también conviene proyectar
Contemplación. La palabra «con- algo de luz, puesto que su sentido pre-
templación», que Ignacio reservaba ciso no es obvio. No se trata de «conse-
para los misterios evangélicos, tiene guir» el amor al fin de un largo proceso
aquí su sentido fuerte. No se trata de de Ejercicios. Naturalmente, de ningún
la simple meditación o consideración modo como fruto de un esfuerzo hu-
discursiva de la historia, sino de con- mano, pero tampoco como gracia que
templar «lo real vivido en Cristo resu- ahora se solicita, ya que a lo largo de
citado, presente en el ejercitante y en los Ejercicios se ha trabajado la afecti-
el mundo recapitulado en Él: todo en vidad espiritual y el ejercitante ha tra-
todos».7 Esta contemplación se orienta tado de decidirse movido por el amor
a la percepción de lo interior, incluso [EE 15,104,184,338]. Tampoco parece
en lo exterior de la vida, que es una ri- que se pretenda en este ejercicio final
queza mayor que la penetración de lo «excitar» más amor ya desarrollado en
interior en lo interior;8 es decir, se aspi- los Ejercicios Espirituales, aunque la
ra a buscar y hallar a Dios «en todas las traducción de la Vulgata, ad amorem
cosas», no solo las interiores, sino en spiritualem in nobis excitandum, pa-
el mundo exterior, donde se desarrolla- rezca sugerirlo. Más bien, dentro de las
11
posibilidades lingüísticas permitidas más generoso. De este modo se enfo-
por el verbo «alcanzar» y con la pers- ca la vida ordinaria como una vida en
pectiva de un ejercicio para la salida la alianza, en la reciprocidad del amor
del retiro y para de algún modo enfocar que es el compartir. La CAA es un en-
la vida ordinaria del ejercitante, creo trenamiento para la amistad. Recor-
que es legítima esta interpretación: demos la experiencia de Ignacio con
«contemplación para vivir en el amor». Fabro en el Colegio de Santa Bárbara
y la vida de los primeros compañeros
en París, como la describe Laínez.9
4.1. Notas y preámbulo Además, la relación con Dios se con-
vierte en una sinergia, porque esta re-
4.1.1. Primera nota: La vida cristiana lación de amistad con Dios se vivirá
es una vida de fidelidad en la vida de compromiso, ya sea en
Al pasar a la vida de cada día, las obras medio del mundo o también en el re-
van a ser una clave para comprender tiro de un monasterio, ya que siempre
la realidad del amor, que, aunque se el encuentro con Dios nos dirige hacia
expresa de muchos modos, las obras los demás (cf. Dios y Moisés; Jesús y
lo muestran muy claramente. Amar los discípulos). La cristificación de los
con obras es la verdad del amor (cf. Ejercicios nos introduce, por tanto, en
1Jn 3,18; Sant 1,22). Pero siempre la intimidad trinitaria tal como aparece
quedan interrogantes que solo el dis- en la gran oración apostólica de Jesús
cernimiento puede dilucidar. ¿De qué cuando pide al Padre que seamos aco-
obras se trata? Porque las obras inte- gidos en la misma relación amorosa
riores también son un verdadero test de las personas divinas (cf. Jn 17). Si
del amor. Además, las palabras pueden recordamos lo que se ha dicho sobre la
ser verdaderas obras. Si bien no son amistad en el comentario de la cuarta
raros los casos, por ejemplo en el ma- semana, se ve claramente cómo este
trimonio, en que uno o una se deshace ejercicio de la CAA es una prolonga-
en palabras tiernas y muy afectuosas ción hacia afuera de lo ya vivido en los
y, sin embargo, mantiene una relación Ejercicios.
que pone en cuestión la tal fidelidad, En resumen, las dos notas previas
declarada solo con palabras. Por esto, ayudan a que el ejercitante considere
la nota ignaciana nos previene del ries- que la vida cristiana se desarrolle más
go de poner un excesivo énfasis en los como «encuentro» que como «pensa-
sentimientos, aunque tienen su impor- miento» o simplemente «praxis», y se
tancia, y también de caer en el error de edifique más en lo profundo del cora-
creer que uno ama de verdad por lo que zón, de la afectividad, que en las ideas
siente, o a la inversa, creer que uno no o las simples acciones morales. Lo que
ama porque siente poco al Señor. Teresa de Jesús formuló, a propósito
de la oración que es «tratar de amis-
4.1.2. Segunda nota: La vida cristiana tad», se aplica más en general a toda
es relación la vida cristiana como tal. Solo así, por
Aquí se trata del amor de amistad, el vía de encuentro, y no por conocimien-
más elevado, aunque no sea siempre el to intelectual, es posible hallar a Dios
12
en todas las cosas, puesto que muchas de espiritualidad acompañada, todo lo
«cosas» requieren una tal atención que contrario de una espiritualidad desér-
no permiten pensar en Dios. tica o solitaria. El ejercitante va expe-
rimentando que nunca estamos solas
4.1.3. Oración sólita: una constante o solos. Este preámbulo, que expresa
imprescindible una cierta visualización y conciencia
Vivir en el amor y en el servicio y amar explícita de un encontrarse junto a
a Dios en todas las cosas y a todas las nuestro Señor y los ángeles y santos,
cosas en Dios, supone un ojo sencillo, puede generar una vivencia espiritual
una intención recta. Ignacio indica muy de sentirse, no de pensar, siempre en
sabiamente que esta intención recta no compañía. Y esta experiencia se puede
solo ha de orientar el «estado de vida» vivir en la vida ordinaria. San Pedro
en general, sino que se ha de extender Fabro es un exponente extraordinario
a «todas las cosas particulares» (Co de esta manera de vivir la fe, aunque
288). El encuentro con Dios en la vida él frecuentemente la experimentaba
no tiene lugar por una especie de au- incluso con el pensamiento o la con-
tomatismo al entrar en contacto con ciencia refleja.
alguna realidad o con la realización de
alguna obra sin más. La intención recta 4.1.5. Segundo preámbulo: la clave
viene a ser la clave de toda la partitura del ejercicio de la CAA
que estará compuesta de una gran va- Como siempre, este preámbulo, en el
riedad de notas. Las cosas, en sí mis- que se formula la petición propia del
mas, pueden tener significaciones muy ejercicio, explicita la finalidad que se
distintas y pueden orientarse en un pretende.
sentido u otro, y de aquí que «las in- Pedir conocimiento interno de tan-
tenciones, acciones y operaciones» del to bien recibido. Puesta la nota previa
ejercitante se han de ordenar al «ma- sobre el carácter de correspondencia
yor servicio y alabanza» de Dios, en la del amor, es sumamente importante
búsqueda del Reino. Ignacio le escri- que uno reconozca los dones que re-
birá a un jesuita que incluso las cosas cibe de la otra persona para poder co-
que distraen de pensar en Dios pueden rresponderla. Además, aquí se pide el
ser muy espirituales cuando están diri- conocimiento por la sencilla razón de
gidas por la recta intención.10 que los dones de Dios no son siempre
patentes a nuestro conocimiento. El
4.1.4. Primer preámbulo: una vida bien verdadero no coincide sin más
acompañada con lo que nosotros valoramos como
A través de los Ejercicios aparecen tal. Por tanto, hay que pedir el cono-
otras indicaciones semejantes a este cimiento. Más todavía, al tratarse de
preámbulo. Por ejemplo, en el triple «conocimiento interno» nos referimos
coloquio [EE 63; 147], en la oblación no solo al conocimiento más profundo
del reino [EE 98], en la composición de aquello que se nos da, sino que, en
de lugar de los binarios [EE 151]. En el supuesto de que el «conocimiento
los Ejercicios, de un modo sencillo y interno» para Ignacio significa un co-
sin que se explicite, se cultiva un tipo nocimiento de relación personal, aquí
13
pedimos captar todo el amor que en- amor y servicio: «Todos se esfuercen
cierra el don que se nos ofrece.11 De de tener la intención recta, no sola-
este modo, pues, «enteramente recono- mente acerca del estado de su vida,
ciendo», con un gran agradecimiento, pero aun de todas cosas particulares,
podré responder con amor de obras al siempre pretendiendo en ellas pura-
amor con el que Dios se me anticipa, mente el servir y complacer a la divina
porque «Él nos amó primero» (1Jn Bondad por Sí misma, y por el amor
4,10). Y el objeto de la petición es y beneficios tan singulares en que nos
amar y servir.12 Expresión que, como previno».
ocurre a menudo en Ignacio, tiene un
sentido algo más hondo que el que En todo
revelan las simples palabras. Se pide La doble interpretación textual de la
que, en respuesta al amor que Dios nos frase permite ahondar en la riqueza
muestra, correspondamos con amor, de su contenido espiritual. En primer
es decir, con aquella actitud profunda lugar, «en todas las cosas», nos sitúa
que es realización de la propia exis- en lo más distintivo de la espirituali-
tencia humana. «El amor es plenitud dad ignaciana: hallar a Dios en todas
de la ley» (Rom 13,10). «El amor es las cosas. El ejercitante que descubrirá
vínculo de la perfección» (Co 3,14). en los puntos de la CAA la gran varie-
«El amor no pasa nunca» (1Cor 13,8). dad de los dones de Dios en toda la ex-
Pero el «servir» no es simplemente una tensión de su existencia, comprenderá
consecuencia del amor, sino su misma fácilmente que es en la totalidad de su
eclosión. Es decir, el servicio no es una vida y no solo en un sector o zona de la
acción que se realiza por amor, sino misma donde ha de encontrar a Dios.
que él mismo es amor. Con lo cual se Por consiguiente, la persona que ter-
desvela la riqueza del servicio que no mina los Ejercicios se dispone a pro-
consiste en hacer determinadas obras, seguir la experiencia espiritual, en la
sino que él mismo es amor, una expe- que ha sido adiestrada durante varias
riencia espiritual. semanas, en la cotidianidad, que está
Esto ya se indicaba de modo muy constituida por toda una gama inmensa
denso en la anotación 15ª [EE 15]: de «cosas»: lugares y tareas, situacio-
«Que el mismo Criador y Señor se nes, personas, momentos personales,
comunique a la su ánima devota abra- realidades sociales, vida de Iglesia, etc.
zándola en su amor y alabanza y dis- Y esto no significa que la experiencia
poniéndola por la vía que mejor podrá lleve necesariamente a la vida activa
servirle en adelante». El amor con que (aunque los Ejercicios sirven espe-
Dios se comunica al ejercitante es un cialmente como preparación a la vida
abrazo que le envuelve en este mismo cristiana inmersa en el mundo), puesto
movimiento amoroso y lo convierte en que la expresión «todas las cosas» no
respuesta de servicio. Un párrafo fun- pone ningún tipo de límite. Es lo que
damental, conocido como «la perla de Ignacio recomendaba y enseñaba a
las Constituciones» (Co 288), es una Francisco de Borja cuando le aconseja
formulación especialmente privilegia- que no se limite a la oración, sino que
da de esta unión interpenetrada de trate de reducir el tiempo dedicado a
14
ella y, en cambio, procure entregarse al los ricachones de la época, pero con
estudio de la teología y a despachar los la diferencia de que ella lo dio «todo»
negocios de su ducado, ya que «es ma- (cf. Mc 12,44).
yor gracia poder gozar de su Señor en Podemos concluir con estas pala-
varios oficios y en varios lugares que bras de Simon Decloux: «Decir “en
en uno solo».13 todo” es por tanto, para Ignacio, por
En segundo lugar, «en todo» tam- un lado, sostener que nada se escapa
bién tiene un sentido adverbial, del al amor y al servicio; pero, por otro
todo o enteramente (como lo indica lado, es afirmar también, conforme al
la versión de la Vulgata: totum me im- “magis” que mide su dinamismo hacia
pendam) y el vocabulario de la edición Dios, que nunca acaba uno de aplicarse
de Monumenta así lo supone.14 En este a amar mejor y a servir mejor, porque,
caso, nos hallamos ante la expresión la intensidad del dinamismo del Espí-
del carácter totalizador de la experien- ritu, que atraviesa el amor y el servicio,
cia de Dios: «Con todo el corazón, con es propiamente infinita».16
toda la mente…». Dios lo pide todo, Pero todavía cabe una tercera in-
por Él hay que abandonarlo todo, etc. terpretación que enriquece el sentido
La oración con la que culminará el de lo dicho hasta aquí. Jerónimo Na-
primer punto («Tomad, Señor, y reci- dal decía que Ignacio veía la vida y
bid…») manifiesta esta disposición de las cosas ex integro. Partiendo de esta
una total entrega con la nota inequí- afirmación, podemos pensar en otro
voca de una relación con Dios, al que significado que la expresión «en todo»
no se le puede restar nada de nuestro permite: «en conjunto». Es decir, no
corazón y vida. A esto ha preparado el solo se pide en el preámbulo amar y
ejercicio de los binarios, que intenta servir en todas las cosas y enteramen-
superar la reserva del segundo binario, te, sino que se pide abrazar aquella vi-
porque la persona que quiere relacio- sión de la realidad armonizada en su
narse con Dios con «recortes» o reba- conjunto, como la experiencia ignacia-
jas, está, en definitiva, manipulando a na del Cardener, que se definió como
Dios. una visión sintética o arquitectónica de
En un texto sobradamente cono- la realidad.17 Allí Ignacio percibió en la
cido de las Constituciones, Ignacio fe una armonía entre las cosas de la fe,
dice que el jesuita «ha de aborrecer en las cosas de las letras y las cosas del
todo y no en parte, cuanto el mundo espíritu, es decir, de todo el ámbito de
ama y abraza» (Co 101).15 Solo cabe la realidad en la que se desenvuelve la
añadir que esta entrega total no tiene vida humana y creyente (Au 30). Esta
nada de espectacular, sino que se da en interpretación, pues, integra el doble
los ámbitos más corrientes y sencillos sentido del «todo»: la dimensión ex-
de nuestras vidas, aunque las creamos tensiva y objetiva y la dimensión in-
insignificantes. Por eso, uno de los tensiva y subjetiva.
pasajes evangélicos de más impacto Desde esta perspectiva se compren-
para muchas personas es el de la pobre de mejor la incomodidad de Teilhard
viuda que entregó solo una monedita, de Chardin con una interpretación lite-
poco si se compara con lo que daban ralista y cerrada del texto de los Ejerci-
15
cios y también la creatividad espiritual todas amando y sirviendo y a todas
con que lo aborda, puesto que Teilhard amando y sirviendo en Él».
está convencido de que la fidelidad a
un texto consiste en superarlo.18 Des-
de esta concepción teilhardiana, fuen- 4.2. Los puntos de la CAA20
te para algunos de una deseada reno-
vación cristológica, podemos abrir la Antes de entrar en los puntos, conviene
CAA a las perspectivas de Colosenses recordar que su contenido no represen-
1,15-20 o del capítulo 21 del Apoca- ta un avance lineal, sino en espiral. Es
lipsis y contemplar al Cristo cósmico decir, cada punto no añade un conte-
en una visión dinámica de una historia nido distinto al anterior y, en cambio,
que se está haciendo, en la cual el ejer- aporta una nueva profundización o en-
citante se halla implicado y de la cual foque. Además, la contemplación de la
Él es la recapitulación.19 primera parte de cada punto induce a la
A la luz de todo lo anterior, se com- respuesta del amor, que «consiste en la
prende mejor cómo la espiritualidad comunicación de las dos partes». Los
ignaciana acompasa el «más» del di- cuatro puntos se pueden resumir con
namismo del amor con el «todo» de la cuatro palabras: Gracia, encuentro, es-
entrega que el amor requiere. Es decir, peranza y diafanía.
mediante el término «más» Ignacio ex-
presa la dinámica creciente del amor, 4.2.1. Primer punto: La vida cristiana
que o bien se extiende como el fuego es gracia
o bien se apaga. Pero con las palabras La vida cristiana es gracia, porque toda
«en todo» viene expresada la inten- la vida son «beneficios recibidos». Al
sidad del amor, que pide darlo todo, comienzo de los Ejercicios el ejerci-
quemarlo todo, porque todo amor es, tante ha sentido que «es creado», es
realmente y etimológicamente hablan- decir, que su existencia parte del amor
do, un holo-causto. e iniciativa de Dios, un amor que «es»
permanente. Ahora, al terminar la ex-
A su divina majestad periencia espiritual, la persona que se
En esta expresión se encierra la di- ejercita pone mayor atención en la se-
mensión teologal de la contemplación. rie inmensa de dones de todo orden de
Puesto que la realidad creada, toda ella que ha sido objeto. Se da cuenta, «pon-
marcada por el acontecimiento de la derando con mucho afecto», de que el
resurrección de Cristo, es medio divi- «es creado» del Principio y Fundamen-
no, el encuentro con ella es mediación to significa en realidad «es regalado».
de la relación con Dios. Así, el amor y ¡Toda la vida como regalo de Dios!
el servicio, concretados en una forma Así puede hacer suyas las palabras de
cualquiera de acción en el mundo, es gozosa gratitud y alabanza de Efesios
una experiencia de Dios. Amar y servir 1,8-23; 4,7-16. El testimonio de la ju-
trasciende, sin anularlo, el compromi- día Etty Hillesum, que en medio de la
so con el mundo. Recordemos el texto experiencia atroz de un campo de con-
ya citado de las Constituciones, pero centración puede exclamar «la vida es
acomodado a esta petición: «A Él en bella», es un exponente extraordinario
16
de cómo se pueden reconocer en cual- Señor, lo torno». El ejercitante ha
quier situación los beneficios de Dios. aprendido la gratuidad del amor, pero
Pero, como sabemos muy bien, también que el amor es la máxima gra-
el amor no deja las cosas igual, y por tificación: un amor que es Dios mis-
tanto el ejercitante considera «con mu- mo, derramado en nuestros corazones
cha razón y justicia» cuánto ha de dar (cf. Rm 5,5), pero que a la vez es el
en correspondencia, «afectándose mu- amor con el cual amamos a los demás,
cho», con todo su corazón, a este Dios ya que si Dios nos ama de tal modo
que tanto le ama y se ofrece «entera- también nosotros nos debemos amar
mente» a Aquel que tanto le ha amado unos a otros (cf. 1Jn 5,6). Este amor,
y le ama. «vuestro amor y gracia», es la máxima
En este punto, nos hallamos con gratificación, necesaria, pero que «me
una de las escasísimas veces en que basta» para vivir una vida humana-
Ignacio pone en labios del ejercitante mente llena. En efecto, Dios no nos ha
una fórmula de oración, el «Tomad destinado al vacío, sino que ha venido
Señor y recibid…» lo cual indica la a darnos vida y «vida en abundancia»
trascendencia de lo que en ella se dice. (Jn 10,10). «Amo porque amo, y amo
En efecto, las partes de esta oración re- por amar» (San Bernardo).
sumen el itinerario de lo propuesto en
las notas previas. Puesto que «el amor 4.2.2. Segundo punto: La vida
se debe poner más en las obras que en cristiana es un encuentro
las palabras», el ejercitante ofrece al Ya desde el comienzo de los Ejerci-
Señor todo su ser, partiendo de lo que cios, Ignacio ayuda a que el ejercitante
más le realiza como persona que es se ponga en actitud de relación, «para
la libertad (y recordemos que ya Karl alabar, hacer reverencia y servir».
Rahner descubrió en este punto un Ahora culmina este proceso ejercitán-
existencialismo avant la lettre),21 con dose en el encuentro con Dios «en to-
la firme decisión y fuerza de dejar que das las cosas», ya que «habita en las
Dios tome, reciba y disponga absolu- criaturas», de modo que la vida cris-
tamente y según Su voluntad de todo. tiana se convierte en un encuentro con
Además, el amor, expresado en las tres Dios en la vida. Este encuentro podrá
potencias, es imago trinitatis (según la ser al estilo del buen samaritano, que le
teología bien conocida por Ignacio), es sabe reconocer en la cuneta de un ca-
decir, es participación del mismo mis- mino, o como Juan de la Cruz, que le
terio trinitario, un amor derramado en reconoce en todas las criaturas, pero en
el corazón por el Espíritu. La gracia todo caso la CAA nos propone avan-
crea en la persona que se ejercita una zar en esta dimensión de vivir la vida
especial relación con las tres personas cristiana con la calidez de una amis-
divinas.22 En esta oración puede decir- tad con un Dios que está presente en
se que nos encontramos en plena sin- todo lugar y en toda circunstancia. Es
fonía del «todo», ya que aparece cinco la experiencia de una vida acompaña-
veces en las cinco líneas del texto. da, como la vivieron los discípulos de
La correspondencia del amor se ex- Emaús, que aunque no tenían concien-
presa en el «Vos me lo distes; a Vos, cia de la presencia del Señor a su lado,
17
le experimentaban realmente, como el ser en la línea de la búsqueda de su
reconocieron más tarde: «¿No es ver- Reino. Es una esperanza activa, nacida
dad que nuestro corazón ardía?» (Lc de la fe en el amor activo de Dios en
24,32). Así pues, el «hallar a Dios en el mundo de hoy. Y, por tanto, una ac-
todas las cosas» nos sitúa en la catego- tividad toda ella impregnada del amor
ría de encuentro que es una percepción «que mueve el cielo y las estrellas».
real de Dios, aunque no consista en Como diría Jerónimo Nadal, Operari
una conciencia refleja de su presencia in Deo.24 Todo el hacer humano, «de
a nuestro lado. Este punto nos inicia palabra y obra» (cf. Col 3,17) es expe-
en el camino de una vivencia afectiva riencia de Dios.
profunda en nuestra tarea cotidiana,
que es lo más característico de la es- 4.2.4. Cuarto punto: Sensibles
piritualidad ignaciana.23 Se ha dicho a la diafanía, de Dios
que el cristianismo está muy cercano Sabemos que Teilhard de Chardin
al animismo, sin llegar a caer en él. La amaba este término, diafanía, más ex-
verdad, si uno se toma en serio textos presivo aún que el de epifanía, ya que
como Col 1,15-20, no parece que nos Dios está en el corazón de la Tierra,
excedamos si sentimos al Dios que nos de nuestro mundo y no ha de añadir
sale al encuentro en las mil realidades ningún elemento revelatorio más para
de nuestra vida, y que eso se convierte manifestársenos, lo cual sería la «epi-
en una amistad permanente con el Se- fanía».25 La misma realidad de nuestro
ñor. mundo es ya transparente, porque a tra-
vés (dia) de las mismas cosas se mani-
4.2.3. Tercer punto: Vivir fiesta (fanía) Dios mismo, como «jus-
en la esperanza ticia, bondad, piedad, misericordia» y
La vida cristiana es vivir en la espe- un «etc.» que abarca la gama inmensa
ranza, puesto que ya estamos salva- de manifestaciones de Dios en nuestro
dos, aunque solo sea en la esperanza mundo. Esta consideración favorece
(cf. Rm 8,24). Es que Dios «trabaja» un talante positivo, nacido de la mirada
(cf. Jn 5,17) en el mundo que ya está de fe: «felices los que creerán sin haber
marcado con el signo de la vida del Re- visto» (Jn 20,29), es decir, dichosos los
sucitado. Vivimos, pues, en un mundo que contemplen la realidad verdadera
lleno de sentido, a pesar de los sinsen- y honda de las cosas, porque la vida se
tidos en los que se halla sumergida la les convertirá en una dicha, las cosas
humanidad y la creación [cf. EE 50]. irradiarán a veces bondad y belleza y
Dios no se ha dado de baja de nues- siempre el amor de un Dios que nos
tro mundo, Dios no quiere apearse de dice que en el Resucitado está con
él, al contrario, lleva adelante la obra nosotros hasta el fin de los tiempos
liberadora ordenándolo todo hacia el (Mt 28,20) y que, por el Espíritu, hace
bien, como dice Rm 8, 28-30. Esta mi- todas las cosas nuevas (cf. Ap 21,5).
rada tan positiva y consoladora es, a la Iñigo, en Manresa, alcanzó aquel
vez, una llamada a corresponder a este insight, aquella mirada profunda, divi-
Dios, por medio de la sinergia del com- na, mediante la cual «todas las cosas
promiso por el mundo, poniendo todo le parecían nuevas», porque las cap-
18
tó en su verdadera realidad, que es la nen con ellos quizá lleguen a alabar a
huella que el Resucitado ha dejado en Dios a causa de las obras que le refle-
ellas. Es verdad que Dios «es siempre jan (cf. Mt 5,16).
mayor», que lo desborda todo, pero En algún sentido, este punto reca-
que también se nos da en lo más pe- pitula los anteriores como lo expre-
queño. En el mundo actual se revela sa Karl Rahner: «Todos estos puntos
la creación continua de Dios. Por esto tienen en común el “hallar a Dios en
el místico Egied veía la creación en todas las cosas”, tienden a que el mun-
el mundo actual y prefería la realidad do redimido se haga conmigo transpa-
concreta de este mundo actual más que rente a Dios y también a que Dios se
la lejana y sublime de la zarza ardien- haga transparente al mundo y a mí».27
te del Sinaí.26 El talante positivo, fruto En su experiencia del cuarto punto de
de una vivencia cristiana de acogida de la CAA, el poeta Gerard Manley Hop-
la Buena Noticia, puede desarrollarse kins, anota, partiendo de la imagen
con la propuesta de este cuarto pun- ignaciana: «Todas las cosas están grá-
to. Y cristianas y cristianos, sensibles vidas de amor, grávidas de Dios; bas-
a esta diafanía, pueden ser reflejo del ta saber tocar, para que chispeen y se
Dios que ha dicho sí al mundo y que lo enciendan, goteen y fluyan, resuenen y
ama, de modo que quienes se relacio- hablen de Él».28

5. CONSIDERACIONES POSTERIORES

5.1. Una mirada de conjunto Jesús, acaba en el anonadamiento de la


Cruz. Pero el descenso desde la mirada
Analizando más en detalle la conexión y solidaridad empieza a ser asunción
de la CAA con la totalidad de la expe- del mundo a través de la resurrección,
riencia de los Ejercicios, creo oportu- que es el sí de Dios al mundo y a la his-
nas estas reflexiones: toria, de modo que Jesús es constituido
Señor (Fil 2,9-11) y en Él todo tiene
5.1.1. Descenso o kénosis de Dios la consistencia, y en consecuencia la
En la contemplación de la encarnación, historia vivirá «dolores de parto» (Rm
el ejercitante se pone ante el misterio 8,22) de una nueva creación ya conce-
de la mirada de Dios hacia el mun- bida y en gestación.
do, una mirada sensible a la realidad Así pues, con la resurrección, el
contradictoria y doliente del mundo y descenso de Dios se ha convertido en
de la historia que se vuelve solidari- divinización del mundo y en mundani-
dad eficaz en el «hagamos redención zación de Dios, hasta el punto de que el
del género humano» [EE 107,2]. Este mundo es ya «medio divino», y no hay
descenso, que se hace visible y se con- que buscar a Dios fuera del mundo, sino
vierte en historia concreta en la vida de en la inmersión en el mundo concreto.
19
Si el cielo es la condición de resucitado cito. Y esto es verdad porque se halla
(cf. Col 3,1-5), la tierra sellada ya por en el ejercitante que ha transformado
la nueva vida del Señor ha de ir acer- su vida, «Cristo formado en vosotros»
cándose a aquella condición «celestial» (Ga 4,19; cf. 2,19-20). La vida del ejer-
de Cristo. Dios ha de ser santificado, el citante, en cuanto persona creyente, es
reino ha de llegar a su plenitud y la vo- una vida escondida en Cristo, sin que
luntad de Dios ha de realizarse «como esta vida tenga quizá especial relieve
en el cielo, así en la tierra». Pero esto «religioso». Cristo configura el vivir
se realiza en el descenso al corazón del y el hacer de la persona que ha culmi-
mundo, al corazón de la vida. nado la experiencia de los Ejercicios:
le abre a la realidad del mundo por el
5.1.2. Movidos por el amor cual Cristo ha vivido y se ha entrega-
Todos los Ejercicios son escuela de do, le une al Padre como el Padre está
afectividad, «Escuela Superior de amor unido con Cristo, le acompaña como el
de Dios» (W. Sierp), según uno de los que estará con nosotros hasta el fin de
comentarios clásicos. Tratan de orde- los tiempos. Verdaderamente, el ejer-
nar los afectos, es decir, de centrarlos citante puede afirmar que su vida está
en el verdadero tesoro donde ha de es- escondida, pero con Cristo y en Dios.
tar el corazón y de crecer en amor, un El Espíritu, que de modo anónimo ha
amor alimentado por la relación perso- ido animando toda la experiencia de
nal con el Señor [cf. EE 104], de modo los Ejercicios, será el que en la vida
que todo lo que el ejercitante delibera de cada día le recordará la palabra de
o decide en el curso de la experien- Cristo y le conducirá creativamente
cia espiritual esté movido por el amor hacia la verdad completa (cf. Jn 14,26;
que «descienda de arriba del amor de 16,13). La vida del ejercitante, como
Dios» [cf. EE 184,2; 338,2]. La CAA cristiano o cristiana, será una vida es-
es, no la culminación de algo que ya piritual, cristocéntrica y teologal, pero
se ha ido realizando, sino la expansión mundana, ya que por la resurrección
al exterior de la experiencia intensa de Dios ha dicho sí al mundo.
amor vivida a lo largo del proceso de
los treinta días, es como la eclosión
mundana del amor encendido y ali- 5.2. La pneumatología de la CAA
mentado en el retiro.
Como sabemos, los Ejercicios no pre-
5.1.3. Una vida escondida sentan el misterio de Pentecostés. Este
El ejercitante, al dejar el retiro, es ya la hecho y la importancia que el Espíritu
persona que no busca al que vive en- Santo tiene en el proceso de los Ejer-
tre los muertos (cf. Lc 24,5), sino en cicios, junto con la sobriedad llamati-
medio de la vida, en toda la polícroma va de Ignacio al referirse a él, debido
realidad de personas y circunstancias. a la cautela que le imponían sus con-
Un tema recurrente al tratar de la CAA, flictos con la Inquisición a lo largo de
en el que ya me he detenido algo al co- su vida, hace pensar que de hecho la
mienzo de estas páginas, es que en ella CAA es el misterio de Pentecostés sin
no aparece Jesucristo de modo explí- que se diga explícitamente.29 Lo cual
20
se comprueba porque, aún sin propo- ninguno de ellos viene a suplir ningún
ner dicho misterio como materia de misterio de la vida de Cristo, ahora
la contemplación, la CAA encierra lo compone la CAA para introducir este
sustancial de la obra del Espíritu Santo momento de los Ejercicios, que es el
en la vida de los cristianos. Los am- paso a la vida cotidiana sin que trate
plios y profundos estudios sobre este de sustituir el misterio de Pentecostés,
punto de J.M. Lera son exhaustivos y que sin duda puede proponerse en la
en buena parte convincentes.30 En con- medida que se crea conveniente.
creto, la segunda nota previa y los cua- En resumen, la CAA es pneumato-
tro puntos expresan cualidades muy lógica, pero en la línea en que lo son
propias de la acción del Espíritu: como los Ejercicios («espirituales», «cristo-
don personal de Dios y como presen- lógicos», místicos), y ahora lo es en la
cia de Dios en todas las cosas. «Hay medida que esta contemplación prepa-
que afirmar que la “Contemplación ra para vivir la experiencia cristiana en
para alcanzar amor” es toda ella pneu- la vida ordinaria, y no ya en la contem-
matológica», concluye Lera.31 Sin em- plación propia de los Ejercicios. Me
bargo, creo que, dado que el Espíritu parece que la formulación de Víctor
Santo ha estado presente en todos los Codina expresa muy bien lo que pre-
Ejercicios verdaderamente Espiritua- tendo decir: «La contemplación [para
les (recordemos que el Espíritu Santo alcanzar amor] es una prolongación de
en el Nuevo Testamento aparece más la Cuarta semana en la vida de cada día
como pneumatikós que como Pneu- bajo la órbita del Espíritu».33
ma),32 en la CAA no lo está de modo
más explícito, sino como Espíritu de
Jesús. Y ciertamente el Espíritu, que 5.3. «Habéis resucitado
recuerda y lleva a la verdad completa con Cristo»
a Jesús, ahora es el que, como siempre,
hace cristológicos, y no jesuánicos, los La experiencia de la resurrección, en la
Ejercicios. Más aún, a partir de aho- última semana de los Ejercicios, no ha
ra con su calidad de anónimo (según alejado al ejercitante de los cometidos
expresión de santo Tomás de Aquino), terrenos, sino al contrario, mediante la
hace posible la relación permanente contemplación y el discernimiento le
del cristiano con Jesús, para con él «en ha sumergido en este nuestro mundo,
todo amar y servir». En este sentido, al que Dios ha dicho «sí» (cf. 2Cor
la CAA es específicamente pneumato- 1,19-20), para «en todo» realizar la
lógica. Sin embargo, dejando de lado obra del Padre que labora, ad modum
la conveniencia de proponer en Ejerci- laborantis. Por tanto, la larga experien-
cios la contemplación del misterio de cia espiritual de encuentro inmediato
Pentecostés, no parece que la CAA lo con Dios, mediada por Cristo, seguirá
sustituya. Más bien, de modo semejan- siendo ahora real, ya que el mundo,
te a como Ignacio crea unos ejercicios donde se desenvolverá en adelante la
propios (Principio y Fundamento, Rei- vida del ejercitante, es medio divino.
no, Banderas) para introducir determi- Así pues, podemos concluir que la vida
nados momentos de los Ejercicios, y cristiana será:
21
• Experiencia de Dios. La vida en múnmente en el Nuevo Testamento se
el mundo, animada por el Espíritu oculta bajo el adjetivo espiritual, y del
y en relación constante y escon- mismo modo también en los Ejercicios
dida con Cristo, resucitado pero Espirituales.
abajado en la humanidad doliente
de hoy, será experiencia del Dios:
una «vida en Dios». Porque el 5.4. La CAA en la situación
«Señor» [EE 104] contemplado del mundo actual
durante largas horas de oración a
través de «los misterios de la vida Las personas que nos movemos en la
de Cristo nuestro Señor», y con sociedad actual y deseamos vivir una
cuya «gloria y gozo» [EE 221] de vida de cierta hondura humana y cris-
resucitado se ha identificado el tiana nos sentimos confrontados con
ejercitante, al final de los Ejerci- estas realidades que nos sacuden. En
cios es la «divina majestad» [EE primer lugar, una sociedad dura, do-
233) que sigue dándose al mun- minada por la búsqueda de resultados
do, trabajando en él y dejándose rápidos, verificables y aparentes, unas
descubrir en sus mil reflejos [EE relaciones muy marcadas por los inte-
234-237]. reses de todo tipo (económico, socio-
• En Cristo. A la vez, su existen- político, psicológico, social…), una
cia será una vida con Cristo, con frialdad y anonimato en medio de la
quien ha llegado a relacionarse e superpoblación y una alta densidad de-
identificarse en el largo proceso mográfica. Los humanos nos hallamos
del mes de Ejercicios. Una vida indigentes de calor y de afecto.
con Cristo en la fe, gozo y dicha En segundo lugar, la nuestra es una
de los que sin haber visto creen sociedad centrifugadora y disgrega-
(cf. Jn 20,29), a quien se ama sin dora: impulsados a salir de nosotros
verle (cf. 1Pe 1,8). mismos, nos encontramos lanzados a
• En la opacidad de nuestro mun- la dispersión, a la fragmentación y a
do. Y en esta relación de amis- la atomización de nuestras vidas dis-
tad con Él [EE 230-231], la vida persas en sectores alejados los unos de
entregada en plenitud de libertad los otros (lo familiar, lo profesional, lo
[EE 234] estará «escondida» en eclesial, lo lúdico, etc.), con una notable
medio de la opacidad del mundo pluripertenencia a distintos grupos o co-
y de las situaciones predominan- munidades (familia, trabajo, iglesia…).
temente seculares en que deberá En tercer lugar, estamos sumer-
desarrollarse su cotidianidad. gidos en una sociedad secularizada.
Dios y lo religioso no están ausentes
Por tanto, la CAA prepara para de nuestro mundo, pero tienen poca o
una profunda experiencia de Cristo, nula relevancia pública. Aunque esto
experiencia honda del mundo, unión sea una realidad sociológica, que en sí
constante con Dios. Y todo ello es obra misma no tiene connotación negativa,
del Espíritu, que es Espíritu del Padre lo cierto es que nos vemos obligados
y del Hijo (el «anónimo»), que co- inevitablemente a vivir la fe en un con-
22
texto social donde lo religioso públi- por extensión con las personas, y con
camente no cuenta y todo nos resulta una mirada cordial hacia la vida; nos
opaco a la trascendencia. inicia en la unidad de sentido que lo
Estas tres notas –sociedad dura, ex- abarca todo, en la relación inmanente
periencia disgregadora y mundo secu- con un Dios que nos sale al encuentro
larizado– contrastan con tres necesida- en toda situación y en cualquier reali-
des humanas importantes: la necesidad dad, convirtiendo la existencia en un
de plenitud afectiva, la búsqueda de diálogo con Aquel en el cual todo tiene
unidad en la vida y el anhelo de una su unidad y consistencia; nos ayuda a
vivencia religiosa en el mundo. A estos no ceñirnos a ningún espacio sagrado
tres deseos y necesidades responde de para vivir la fe, rompiendo la división
modo particular la CAA: nos dispone a entre sagrado y profano, y nos llama
vivir en el interior de nuestra sociedad a ser en todo lugar, en todas las cosas
anónima y gélida con un sentido de verdaderas, adoradores en espíritu y
amistad profunda con Dios en Cristo y, verdad.

23
II. TRES MODOS DE ORAR [EE 238-260]

Los Ejercicios terminan en la cuarta semana con «la resurrección y as-


censión poniendo tres modos de orar» [EE 4,3]. ¿Qué se pretende con
ellos?

1. INTRODUCCIÓN

Una primera respuesta es ofrecer unos ayuda cuando se quiere profundizar en


modos de orar sencillos que se adap- la vida interior. Y, al mismo tiempo, son
ten a personas con poca experiencia indirectamente una invitación al realis-
de oración. Como tienen la peculiari- mo pastoral, no dando a nadie lo que
dad de no estar unidos al proceso de «no pueda descansadamente llevar y
los Ejercicios, pueden introducirse aprovecharse» [EE 18,2]. Porque, con
en distintas situaciones de la vida, o la mejor voluntad, se corre el riesgo de
incluso pueden ser materia para unos ofrecer ejercicios, como el del Reino o
Ejercicios más sencillos. Esto último Dos Banderas, etc., a personas que an-
es lo que Ignacio propone muy deta- tes deberían haber recorrido más tramo
lladamente en la anotación 18ª [EE en la vida interior [cf. EE 18,11-12].
18,3-12]. En las Constituciones de la Compa-
De acuerdo con esta interpretación, ñía de Jesús, Ignacio presenta un crite-
los modos de orar ofrecen un buen re- rio sobre la forma de dar los Ejercicios
curso pastoral para no dejar a nadie sin que confirma lo dicho:
25
«[1] Los Ejercicios Espirituales que aplicó durante cuatro años con
enteramente no se han de dar sino Pedro Fabro. Francisco Javier empleó
a pocos, y tales que de su aprove- este método de ejercicios sencillos en
chamiento se espere notable fruto a la India. Con todo, esta no ha sido la
gloria de Dios. práctica habitual en la Compañía. An-
»[2] Pero los de primera semana tes de finalizar el siglo xvi, Gil Gon-
pueden extenderse a muchos, zález Dávila se lamentaba de que «de
»[3] y algunos exámenes de con- los modos de orar hay poca enseñanza,
ciencia y modos de orar, espe- siendo ellos tan útiles».34
cialmente el primero de los que Estos motivos para proponer los
se tocan en los Ejercicios, aún se modos de orar son válidos, pero no
extenderán mucho más; porque responden a la pregunta de por qué en
quienquiera que tenga buena vo- los Ejercicios se indican como mate-
luntad será desto capaz» (Co 649). ria después de la cuarta semana. Por
eso, ahora nos centraremos en el aná-
Esta es la práctica que empleó Igna- lisis de los modos de orar sin perder
cio tanto para iniciar en la vida espiri- de vista sobre todo su finalidad en el
tual a la gente sencilla, según consta en conjunto de los Ejercicios, ya que se
los testimonios de Alcalá, como para presentan al final del curso de las cua-
la preparación del mes de Ejercicios, tro semanas.

2. LOS MODOS DE ORAR EN EL MES DE EJERCICIOS

Ignacio no expone cómo proceder en la Una primera respuesta, pero in-


práctica de estos tres modos de orar. En suficiente, es que se trata de ofrecer
cambio, el directorio de Polanco llena al ejercitante un complemento de las
esta laguna. Según este directorio, las variadas formas de orar que ya se han
contemplaciones de los misterios de la practicado a lo largo de los Ejercicios
Resurrección y Ascensión con Pente- (meditación, contemplación, repeti-
costés han de ocupar dos o tres días, la ción, aplicación de sentidos, resumen,
«Contemplación para alcanzar amor» examen, oración vocal con la gran va-
ocupa un día, y algunos días se han de riedad de matices posibles).
dedicar al ejercicio de los tres modos de Yendo más a fondo, José Calveras
orar. Esta interpretación autorizada de sostiene que los tres modos de orar son
Polanco se confirma sustancialmente en un complemento del fruto propio de
el Directorio Oficial.35 Tratemos, pues, los Ejercicios. Este fruto consta de tres
de comprender qué se pretende con la partes:
práctica de los tres modos de orar, dada
la importancia que le atribuyen tanto • La victoria de sí mismo hasta
Ignacio como los Directorios.36 quitar todos los afectos desorde-
26
nados y ordenar desde la raíz el tidos (tres potencias) captación de
amor a nosotros mismos [EE 1]. la realidad (sentidos corporales).
• La ordenación perfecta de la vida Este orden es el que sigue el adul-
[EE 46]. to en el dinamismo ordinario de su
• La formación espiritual completa vida y es el inverso del orden del
en las varias prácticas y experien- dinamismo del niño en su proceso
cia de la vida interior (los Ejerci- de maduración. Y también sirve
cios en su conjunto).37 para educar la sensibilidad que es
fundamental y en la cual, para la
Partiendo de esta perspectiva, po- praxis, nos lo jugamos todo.
drá verse cómo los tres modos de orar • El segundo modo confronta a la
ayudan a progresar en las tres líneas persona con el misterio de la pa-
del fruto de los Ejercicios Espirituales. labra, que lleva dentro de sí una
Desde un punto de vista distinto, rica historia. Se trata de dejarse
Adolfo Chércoles considera los tres llevar por las resonancias que
modos de orar en su dimensión antro- cada palabra evoca.
pológica: • El tercer modo aprovecha la ex-
periencia vital del «anhélito» pa-
• El primer modo ofrece dos posibi- ra revitalizar algunas plegarias y
lidades: Ayuda a la recta estructura conectar la persona con Dios des-
del yo mediante las materias que de los niveles más viscerales.38
presenta: mandamientos (la visión
de la realidad), pecados capitales Después de estos prolegómenos,
(actitudes personales), elaboración pasemos a analizar el mismo texto ig-
de los datos que aportan los sen- naciano de los Ejercicios Espirituales.

3. EL TEXTO DE LOS EJERCICIOS

[238] TRES MODOS DE ORAR, Y 1º SO- [239] Primeramente se haga el equivalen-


BRE MANDAMIENTOS te de la 2ª addición de la 2ª sema-
La primera manera de orar es cerca na, es a saber, antes de entrar en
de los diez mandamientos, y de los la oración repose un poco el espíritu
siete pecados mortales, de las tres asentándose o paseándose, como
potencias del ánima y de los cinco mejor le parecerá, considerando a
sentidos corporales; la cual manera dónde voy y a qué: y esta misma ad-
de orar es más dar forma, modo y dición se hará al principio de todos
ejercicios, cómo el ánima se apareje modos de orar.
y aproveche en ellos, y para que la [240] Oración. Una oración preparatoria,
oración sea aceptada, que no dar for- así como pedir gracia a Dios nuestro
ma ni modo alguno de orar. Señor, para que pueda conocer en lo

27
que he faltado acerca los diez man- guarde la orden y regla ya dicha y el
damientos, y asimismo pedir gracia coloquio.
y ayuda para me enmendar adelan- [245] Para mejor conocer las faltas he-
te, demandando perfecta inteligencia chas en los pecados mortales, míren-
dellos para mejor guardarlos, y para se sus contrarios, y así para mejor
mayor gloria y alabanza de su divina evitarlos proponga y procure la per-
majestad. sona con santos ejercicios adquirir
[241] Para el primer modo de orar convie- y tener las siete virtudes a ellos con-
ne considerar y pensar en el primer trarias.
mandamiento cómo le he guardado, [246] 3º SOBRE LAS POTENCIAS DEL
y en qué he faltado, teniendo regla ANIMA
por espacio de quien dice tres veces Modo. En las tres potencias del áni-
Pater noster y tres veces Ave María, ma se guarde la misma orden y regla
y si en este tiempo hallo faltas mías, que en los mandamientos, haciendo
pedir venia y perdón dellas, y decir un su addición, oración preparatoria y
Pater noster; y de esta misma mane- coloquio.
ra se haga en cada uno de todos los [247] 4º SOBRE LOS CINCO SENTIDOS
diez mandamientos. CORPORALES
[242] 1ª nota. Es de notar que cuando hom- Modo. Cerca los cinco sentidos cor-
bre viniere a pensar en un manda- porales se tendrá siempre la misma
miento, en el cual halla que no tiene orden, mudando la materia dellos.
hábito ninguno de pecar, no es me- [248] Nota. Quien quiere imitar en el uso de
nester que se detenga tanto tiempo; sus sentidos a Cristo nuestro Señor,
mas según que hombre halla en sí encomiéndese en la oración prepara-
que más o menos estropieza en aquel toria a su divina majestad; y después
mandamiento, así debe más o menos de considerado en cada un sentido,
detenerse en la consideración y es- diga un Ave María o un Pater noster,
crutinio de él, y lo mismo se guarde y quien quisiere imitar en el uso de
en los pecados mortales. los sentidos a nuestra Señora, en la
[243] 2ª nota. Después de acabado el dis- oración preparatoria se encomiende a
curso ya dicho sobre todos los man- ella, para que le alcance gracia de su
damientos, acusándome en ellos, y Hijo y Señor para ello; y después de
pidiendo gracia y ayuda para enmen- considerado en cada un sentido, diga
darme adelante, ha de acabar con un un Ave María.
coloquio a Dios nuestro Señor según [249] SEGUNDO MODO DE ORAR ES
subiecta materia. CONTEMPLANDO LA SIGNIFICA-
[244] 2º SOBRE PECADOS MORTALES CIÓN DE CADA PALABRA DE LA
Acerca de los siete pecados morta- ORACIÓN
les, después de la addición, se haga [250] Addición. La misma addición que fue
la oración preparatoria, por la manera en el primer modo de orar será en
ya dicha, sólo mudando que la mate- este segundo.
ria aquí es de pecados que se han de [251] Oración. La oración preparatoria se
evitar, y antes era de mandamientos, hará conforme a la persona a quien
que se han de guardar, y asimismo se se endereza la oración.

28
[252] 2º modo de orar. El segundo modo oraciones, de forma que por algún
de orar es que la persona, de rodillas tiempo siempre se exercite en una
o asentado, según la mayor dispo- dellas.
sición en que se halla y más devo- [257] 2ª nota. La 2ª nota es que acabada
ción le acompaña, teniendo los ojos la oración, en pocas palabras convir-
cerrados o hincados en un lugar sin tiéndose a la persona a quien ha ora-
andar con ellos variando, diga Pater, do, pida las virtudes o gracias de las
y esté en la consideración desta pa- cuales siente tener más necesidad.
labra tanto tiempo, cuanto halla signi- [258] TERCER MODO DE ORAR SERÁ
ficaciones, comparaciones, gustos y POR COMPÁS
consolación en consideraciones per- Addicción. La addición será la mis-
tinentes a la tal palabra, y de la misma ma que fue en el primero y segundo
manera haga en cada palabra del Pa- modo de orar. Oración. La oración
ter noster o de otra oración cualquiera preparatoria será como en el segun-
que desta manera quisiere orar. do modo de orar. 3º modo de orar. El
[253] 1ª regla. La primera regla es que es- tercero modo de orar es que con cada
tará de la manera ya dicha una hora un anhélito o resollo se ha de orar
en todo el Pater noster, el qual acaba- mentalmente diciendo una palabra
do dirá un Ave María, Credo, Anima del Pater noster o de otra oración que
Christi y Salve Regina vocal o mental- se rece, de manera que una sola pa-
mente, según la manera acostumbra- labra se diga entre un anhélito y otro,
da. y mientras durare el tiempo de un an-
[254] 2ª regla. La segunda regla es que si hélito a otro, se mire principalmente
la persona que contempla el Pater en la significación de la tal palabra, o
noster hallare en una palabra o en en la persona a quien reza, o en la ba-
dos tan buena materia que pensar y jeza de sí mismo, o en la diferencia de
gusto y consolación, no se cure pasar tanta alteza a tanta bajeza propia; y
adelante, aunque se acabe la hora por la misma forma y regla procederá
en aquello que halla, la qual acaba- en las otras palabras del Pater noster;
da, dirá la resta del Pater noster en la y las otras oraciones, es a saber: Ave
manera acostumbrada. María, Anima Christi, Credo y Salve
[255] 3ª regla. La tercera es, que si en una Regina hará según que suele.
palabra o dos del Pater noster se [259] 1ª regla. La primera regla es que en
detuvo por una hora entera, otro día el otro día o en otra hora que quiera
cuando querrá tornar a la oración, orar, diga el Ave María por compás, y
diga la sobredicha palabra o las dos las otras oraciones según que suele,
según que suele; y en la palabra que y así consecuentemente procediendo
se sigue inmediatamente comience a por las otras.
contemplar, según que se dijo en la [260] 2ª regla. La segunda es que quien
segunda regla. quisiere detenerse más en la oración
[256] 1ª nota. Es de advertir que acabado por compás, puede decir todas las
el Pater noster en uno o en muchos sobredichas oraciones o parte dellas
días, se ha de hacer lo mismo con el llevando la misma orden del anhélito
Ave María y después con las otras por compás, como está declarado.

29
4. COMENTARIO

4.1. Primer modo [EE 238-247]39 de la luz. Más todavía, la misma ora-
ción no es una simple acción sin impli-
4.1.1. Razón de ser de este modo cación personal, sino la expresión de
de orar una persona transformada en Cristo, en
Este modo de orar es un trabajo interior comunión con Él, que ora en su nom-
de reestructuración personal desde la bre: «Todo lo que pidáis en mi nom-
fe y con actitud de súplica: «Dar for- bre, yo lo haré» (Jn 14,13; cf. 15,16;
ma, modo y ejercicios, cómo el alma 16,24).
se apareje y aproveche en ellos». Se Los provechos que de este modo
basa, por un lado, en los mandamien- se pueden sacar los expresa cumpli-
tos y los pecados capitales y, por otro, damente Gil González Dávila: «Tiene
en las potencias del alma y los sentidos facilidades este modo de orar, y en él
corporales. hay trato con Dios, y meditación de
¿Por qué este trabajo de reestruc- la ley divina, tanto encomendado de
turación? Porque el cristiano siempre la Escriptura, y ayuda para cumplirla.
vive, ama y ora desde la fragilidad Puede aquí haber oración vocal o men-
(cf. Rm, 8,26-27). Y, aunque uno haya tal, según que más se ayudare el que lo
progresado mucho en el seguimiento usa. Puede también servir a gente más
de Cristo, la necesidad de pureza de provecta».41
corazón, de fidelidad al amor de Dios, Además, la vida de fe es una alian-
de cristificación de la existencia no za que comporta una fidelidad siem-
cesa y se manifiesta en formas más pre creciente a la voluntad del amado
sutiles y exigentes. Las Reglas de dis- (cf. Jn 14,15; 15,10.14). De aquí la
cernimiento de la segunda semana de necesidad de configurar la propia vida
Ejercicios, propias para personas que según la voluntad de Dios («manda-
han progresado ya en el camino de la mientos») y de desarraigar las actitu-
vida espiritual, suponen que dichas des que dificultan la aceptación real de
personas necesitan «mayor discreción esta voluntad («pecados mortales» o
de espíritus» [EE 329]. El propio capitales). Por otro lado, vivir cristia-
Ignacio, aún después de la conversión, namente es configurar plenamente la
se sentía «todo impedimento» de la existencia según Cristo, en todo igual a
desbordante acción del amor de Dios, nosotros «menos en el pecado» (Hebr
aunque esto no le quitaba la paz, sino 4,15; cf. 2,17), desde lo más profundo
que le llevaba a ponerse confiadamente («potencias del ánima») hasta lo más
en sus manos.40 Además, una sencilla y exterior («sentidos corporales»).
sincera reflexión sobre la vida de per-
sonas y comunidades cristianas y de 4.1.2. Práctica
sus actividades descubre con facilidad Las indicaciones que se proponen en
la importancia de dejarse «podar» (cf. este primer modo siguen un curso muy
Jn 15,2) y de crecer continuamente en familiar a la persona que ya ha prac-
una vida más evangélica, como hijos ticado la variada experiencia de ora-
30
ción de los Ejercicios. Como, según he pecados en la medida en que uno se
dicho, es una forma de ahondar en la deja llevar por ellas, y que son fuente
alianza con Dios, por eso cabe desta- de otras inclinaciones o pecados, por
car que se pide la gracia para captar las eso se llaman capitales.43
infidelidades y para reaccionar positi- c) Sobre las potencias del alma y
vamente, siempre como respuesta al los cinco sentidos corporales. Algunas
amor («para mayor gloria y alabanza obras recientes han destacado la di-
de su divina majestad»). mensión humana de Jesucristo y, con
ello, han destacado tanto la psicología
4.1.3. Algunas notas particulares de Jesús como su sensibilidad cor-
a) Sobre los diez mandamientos. poral.44
Se impone una visión positiva sobre d) Observaciones diversas. Se tiene
el decálogo. La libertad resulta fun- que hacer por separado la oración sobre
damental en el decálogo, puesto que cada tema (mandamientos, pecados…).
todo el texto gira en torno a ella y la Dedicarle el tiempo necesario, pero
alianza es su contexto. Por otro lado, teniendo en cuenta que no hay que
el NT no lo anula, sino que lo lleva hacer un examen minucioso.
a la perfección.42 Además, el propio En el caso de los pecados capitales,
Ignacio deja abierta la puerta a una ayuda contemplar las virtudes opuestas
ampliación de materias cuando indica para progresar por ellas: envidia-amor,
en la anotación 18ª que se puede soberbia-humildad, avaricia-generosi-
practicar este modo de orar con los dad, lujuria-castidad, ira-mansedumbre,
«preceptos de la Iglesia… y obras de gula-templanza, pereza-diligencia.
misericordia» [EE 18,7]. La utilidad Como la pedagogía de Dios con no-
de esta oración es, pues, evidente, sotros ha consistido en hacerse hombre
dado que cada cristiano o cristiana como nosotros, en la oración sobre los
disfruta de una abundante serie de sentidos corporales (y de modo seme-
orientaciones evangélicas para su vida jante sobre las potencias del alma), ayu-
o estado que pueden ser materia de una da «imitar en el uso de sus sentidos a
oración sencilla y práctica. Cristo nuestro Señor» o también «imitar
b) Sobre los pecados mortales o en el uso de los sentidos a Nuestra Se-
capitales. Tanto Jesús, cuando enseña ñora».
que lo que mancha al hombre es lo Consta que Ignacio, cuando propo-
que sale de dentro, como las cartas del nía esta manera de orar, lo hacía recu-
NT, señalan estas tendencias, con los rriendo a textos de la Escritura.45 Por
riesgos que conllevan y la importan- tanto, es normal que nos sirvamos de la
cia de luchar contra ellas. Evagrio del Biblia como punto de apoyo en la ora-
Ponto, y luego Juan Casiano, nos han ción. Por ejemplo:
legado un tratado completo de estos
vicios (para ellos, ocho vicios, ya que • Mandamientos: Mc 12,28-34; 10,
incluyen la akedia o desidia) y de la 19-21; Lc 18,18-23; Rm 13,8-
forma de resistirlos y combatirlos. Se 10…
trata de tendencias muy arraigadas en • Pecados capitales: Ef 4,17-5,20;
el ser humano que se convierten en Col 3,5-17…
31
• Potencias del alma: memoria iniciar a personas poco experimenta-
(Mt 6,25-34; Lc 4,18-21; Mt 9,9- das en el camino de la oración perso-
13; Jn 4,31-34)); entendimiento nal. Sin embargo, es también muy útil
(Lc 18,9-14; 21,1-4; 6,1-5; Mc recurrir a este modo de orar en unas
10,35-45; Mt 6,24)); voluntad circunstancias distintas de la vida, no
(Lc 6,20-26; 7,18-23; 19,1-10; solo como recurso para la oración,
Mc 15,40-41; Jn 11,28-36; Lc sino también para no estancarse en el
6,41-42)… proceso inacabable de apertura total a
• Sentidos corporales: Basta recor- la acción del Señor y de transforma-
dar muchos momentos de la vida ción en Cristo (cf. Ga 4,19), que pre-
de Jesús en que aparece cómo senta características siempre nuevas a
mira (al joven rico, a la muche- lo largo de nuestra existencia. Como
dumbre hambrienta…), cómo observa muy acertadamente Santiago
escucha y habla (a la samaritana, Arzubialde, hay que «redescubrir su
al ciego de nacimiento, a Nicode- profundo valor y actualidad», de estos
mo…), cómo debía oler y gustar modo de orar, «porque en realidad solo
(en sus contactos con la naturale- existe un modo de asimilar la vida cris-
za, en los ambientes de pobreza tiana: meditar la Ley de Dios y expe-
y marginación, en las fiestas y rimentar en la oración los contenidos
banquetes…), cómo tocaba (con nucleares de la fe».47
gestos de perdón, de afecto, de
curación, de aliento…).
4.2. Segundo modo [EE 249-257]
e) Por lo que se refiere a los man-
damientos, el modo de orar permite la 4.2.1. Razón de ser de este modo
aplicación a determinaciones más par- de orar
ticulares que comporta la voluntad de Los siguientes modos de orar son
Dios en el estado o trabajo de cada uno ayudas para la interiorización de ple-
(matrimonio, celibato, ministerio, pro- garias importantes para el cristiano y
fesión, acción social o política, etc.). para una asimilación más personal de
También se pueden tomar las «obras los contenidos de la fe. El segundo es
de misericordia» [EE 18,7]. más meditativo, aunque no debe pasar-
f) Es posible que Ignacio pensase se por alto que el texto dice que es un
este primer modo de orar principal- modo de orar «contemplando» y que
mente para los Ejercicios más elemen- en el propio ejercicio se espera hallar
tales o de iniciación que describe la «gustos y consolación».
anotación 18ª, ya que, por un lado, allí
solo se refiere a este primer modo y, 4.2.2. Práctica
por otro lado, la persona que completa Destaco algunas de las indicaciones
el proceso de los Ejercicios se supone propuestas en el texto, cuyo título ya
que ha alcanzado ya un cierto grado de es elocuente: «Contemplando la signi-
purificación como el que pretende este ficación de cada palabra» [EE 249]. Si,
primer modo.46 Es, pues, importante por ejemplo, se toma el padrenuestro,
aprovechar este recurso espiritual para decir «Padre» y «estar en la considera-
32
ción de la palabra tanto tiempo cuanto 4.3. Tercer modo [EE 258-260]
halla significaciones, comparaciones,
gustos y consolación en consideracio- 4.3.1. Razón de ser de este modo
nes pertinentes a la tal palabra, y de la de orar
misma manera haga en cada palabra» El tercer modo de orar ayuda a una
[EE 252,2]. «Si la persona que contem- cierta impregnación pausada de la ple-
pla… hallare en una palabra o en dos garia que se toma como materia.
tan buena materia que pensar y gusto
y consolación, no se cure pasar ade- 4.3.2. Práctica
lante» [EE 254]. Como se ve, se trata Destaco de su práctica que «mire prin-
de una experiencia espiritual honda. Al cipalmente en la significación de la
mismo tiempo, hay que notar las indi- tal palabra, o en la persona a quien
caciones tan propias de la mistagogía se reza, o en la bajeza de sí mismo, o
de los Ejercicios: «Teniendo los ojos en la diferencia de tanta alteza a tan-
cerrados o hincados en un lugar sin an- ta bajeza propia». Estas indicaciones
dar con ellos variando…» [EE 252,1], revelan la densidad espiritual de este
y también, «no se cure pasar adelante» modo de orar. En concreto, la palabra
cuando halla gusto o consolación [EE «bajeza» es de especial significación
254]. De modo que, según Peters, «na- en el lenguaje ignaciano. ¿Expresará
die puede practicar convenientemente aquí la importancia de esta actitud en
este segundo método de oración que el supuesto de un estado de consola-
no haya hecho estos Ejercicios entera- ción al fin de los Ejercicios, para cuya
mente».48 situación Ignacio recomienda «humi-
llarse y bajarse» [EE 324,1]? Además,
4.2.3. Algunas notas particulares la práctica de este tercer modo sigue
Es un modo de orar practicado por los a la del segundo y, por ello, el ejerci-
santos padres (Cirilo de Jerusalén, Orí- tante reza ahora unas oraciones que ya
genes, etc.) y santos como Francisco ha contemplado y saboreado quizá con
de Asís o Teresa de Jesús. El Camino consolación.
de perfección de santa Teresa de Jesús Desde este punto de vista, parecen
es un excelente ejemplo de este modo muy acertadas las palabras de W.A.M.
de orar sobre el padrenuestro. Puede Peters: «La última finalidad de estos
ser alguna manera de lectio divina, al tres ejercicios, y especialmente del se-
estilo de la Scala Claustralium: lec- gundo y tercer modo de orar, es pro-
tio, meditatio, oratio, contemplatio. longar en la vida de cada día el orden
Se puede practicar lo mismo con el y harmonía conseguidos en las cuatro
avemaría, el credo, la salve, el Alma semanas del retiro y evitar perderse en
de Cristo y otras oraciones de uso fre- la actividad y el ajetreo de la vida el
cuente (magníficat, benedictus, plega- variado fruto de los Ejercicios».50 Ade-
rias eucarísticas…). Juan XXIII escri- más, son muy inspiradoras las reflexio-
be en su Diario de un Alma que un año nes de Javier Melloni: «De hecho, cada
hizo sus Ejercicios Espirituales orando uno de los tres modos se puede poner
el Miserere distribuido en versículos a en paralelo con las tres vías (purgativa,
lo largo de los ocho días.49 iluminativa y unitiva) en tanto que son
33
tres modos diversos de entrar en comu- ción. Naturalmente, dentro del marco
nión con Dios».51 de esta oración, cabe perfectamente la
oración de Jesús, llamada por su pene-
4.3.3. Algunas notas particulares tración afectiva oración del corazón,
Se ha relacionado este modo con la hoy día divulgada de muchas formas.53
oración hesicasta: Oración de Jesús, Naturalmente, este método se pue-
oración del corazón.52 Aunque no coin- de aplicar a cualquier plegaria. Es un
cide plenamente con ella, ya que se in- modo especialmente útil en situacio-
dica el período determinado de un an- nes en que, por distintos motivos, re-
hélito para cada palabra de la oración sulta difícil hilvanar el pensamiento.
con actividad meditativa, sin embargo Aunque se pueden orar varias plega-
presenta algunas semejanzas, concre- rias en un tiempo de oración, también
tamente el carácter rítmico, la incor- existe la ventaja de poder hacer, con
poración del cuerpo en la oración y este modo, una oración intensa en bre-
la inspiración del contenido de la ora- ves momentos.

34
III. PARA UN SENTIDO VERDADERO DE IGLESIA
[EE 352-370]

Para centrar bien el estudio de estas Reglas, creo oportunas dos con-
sideraciones: sobre el significado de las Reglas y sobre algunas difi-
cultades que suscitan.

1. INTRODUCCIÓN

En primer lugar, en la mistagogía igna- tanto, es importante destacar cómo la


ciana nunca se propone al ejercitante Iglesia ha estado presente en todo el
nada que no venga exigido por la mis- curso de los Ejercicios.54
ma experiencia que se está haciendo. Veamos algunos puntos del proceso
Por eso, las reglas sobre el sentido de de los Ejercicios donde la vivencia de
Iglesia no han de ser enfocadas como Iglesia aparece de una manera u otra.
un añadido a la experiencia vivida por En el fundamento verdadero de la his-
el ejercitante, sino en continuidad con toria [cf. EE 2,2], base de la experiencia
lo vivido ya y como ayuda para el ca- orante del ejercitante que debe fundarse
mino que, posterior a los Ejercicios, en la Palabra de Dios y en los misterios
se ha de vivir en la cotidianidad. Por dentro del amplio margen de la lectura
35
eclesial; en la participación en la euca- se desarrolla en una doble dimensión:
ristía y tal vez en las vísperas, oración subjetiva (mociones y pensamientos)
explícitamente eclesial; muy probable- y objetiva (contemplación del mis-
mente en la participación en el sacra- terio de Cristo actualizado en comu-
mento de la penitencia o reconcilia- nión eclesial). Durante los Ejercicios
ción; en el diálogo con la persona que la presencia de la Iglesia está mediada
da los Ejercicios, que ha de vivir el sen- básicamente por la persona que «da
tido de Iglesia. Además, en las prácti- los Ejercicios». Una vez terminados
cas propuestas en la anotación 18ª [EE estos, la comunión eclesial no ha de
18,7], en unos Ejercicios propiamente desaparecer. ¿Cómo garantizar esta
ignacianos, pero de iniciación, aparece sintonía eclesial en la vida ordinaria?
–entre otras orientaciones y ejercicios– Las «reglas» que propone Ignacio son
la instrucción sobre los preceptos de la una ayuda en este sentido, un comple-
Iglesia, que siempre se han de guardar mento de las reglas de discernimiento.
[EE 42,2] y que en Ejercicios se han «Discreción de espíritus es experimen-
de guardar en lo referente a ayunos y tar consciente o inconscientemente, la
abstinencias, incluso en la cuarta se- voluntad del Padre, en la contempla-
mana [EE 229,5]. Además, la elección, ción del Hijo, en forma de consuelo
momento cumbre de los Ejercicios, ha espiritual, dentro del ámbito de la Igle-
de realizarse dentro del marco de la sia» (P. Penning de Vries).
santa madre Iglesia [EE 170,2]. Final- En segundo lugar, es patente que el
mente, en las contemplaciones se ha- redactado de las Reglas, junto a princi-
brá podido conocer al Señor llamando pios de gran calado, baja a concrecio-
a los apóstoles [EE 275], instruyendo nes importantes, pero condicionadas
«a sus amados discípulos» [EE 278], por unas determinadas circunstancias
y enviando a predicar a estos «amados históricas (iluminismo, erasmismo, lu-
discípulos» [EE 281], a quienes luego, teranismo). Y, como es de suponer, la
resucitado, se les aparece repetidamen- eclesiología de Ignacio no es la nuestra
te y les encarga prolongar su misión actual, hija de una renovación ecle-
[EE 302; 304,306,307]. Una síntesis sial, que cristalizó en el Vaticano II y
de esta convocación y misión, núcleo todavía hoy está pendiente de aggior-
de la Iglesia, se halla en la meditación namento. Por todo ello, trataremos en
de Dos Banderas, donde Cristo nues- estas páginas de exponer la doctrina
tro Señor instruye y envía a «sus sier- ignaciana que aparece más claramente
vos y amigos» [EE 146]. Por tanto, lo en el texto y de exhumar de sus pala-
fundamental de las Reglas para sentir bras lo que nos dicen hoy las aplicacio-
en la Iglesia se ha experimentado de nes que propuso para su época.
alguna forma a lo largo de los Ejerci- El hecho de que esta reglas fuesen
cios, máxime, si la «breve y sumaria de redacción tardía, en parte en París
declaración» de quien los da tiene bien y en parte ya en Roma, se debe proba-
asimilado este sentido. blemente a que Ignacio, que orienta los
Conviene advertir finalmente que Ejercicios a la vida corriente, fue des-
los Ejercicios Espirituales son una in- cubriendo en sus experiencias y con-
tensa práctica de discernimiento. Este flictos eclesiales en ambas ciudades
36
aspectos que convenía iluminar para mente importante tenerlo en cuenta en
poder de hecho «en todo amar y ser- el caso de las presentes reglas. Hay que
vir».55 Por otro lado, no solo subyacen acomodar a esta materia lo que se dice
a estas reglas las experiencias eclesia- a propósito de las reglas de discreción
les del Ignacio converso, sino posible- de espíritus: «Según la necesidad que
mente la larga y variada experiencia de sintiere en el que los recibe» [EE 8,1],
Iglesia que ya tenía desde los primeros «porque, cuanto le aprovecharán las de
años de Loyola, «donde la fe se con- la primera semana, le dañarán las de la
servaba incontaminada».56 segunda» [EE 9,4]. Y, en el caso de las
Finalmente, si todas las orientacio- reglas sobre el sentido de Iglesia, hay
nes de los Ejercicios han de ser apli- que tener en cuenta las circunstancias
cadas a cada ejercitante por la persona eclesiales que previsiblemente habrá
que da los Ejercicios, esto es especial- de vivir el ejercitante.

2. EL TEXTO DE LOS EJERCICIOS

[352] PARA EL SENTIDO VERDADERO [356] 4ª regla. La cuarta: alabar mucho reli-
QUE EN LA IGLESIA MILITANTE giones, virginidad y continencia, y no
DEBEMOS TENER, SE GUARDEN tanto el matrimonio como ningunas
LAS REGLAS SIGUIENTES destas.
[353] 1ª regla. La primera: despuesto todo [357] 5ª regla. La quinta: alabar votos de
juicio, debemos tener ánimo apareja- religión, de obediencia, de pobreza,
do y prompto para obedecer en todo de castidad y de otras perfecciones
a la vera esposa de Cristo nuestro de supererrogación; y es de advertir
Señor, que es la nuestra santa madre que como el voto sea cerca las co-
Iglesia hierárchica. sas que se allegan a la perfección
[354] 2ª regla. La segunda: alabar el con- evangélica, en las cosas que se ale-
fesar con sacerdote y el recibir del jan della no se debe hacer voto, así
santísimo sacramento una vez en el como de ser mercader o ser casado,
año, y mucho más en cada mes, y etcétera.
mucho mejor de ocho en ocho días, [358] 6ª regla. Alabar reliquias de santos,
con las condiciones requisitas y debi- haciendo veneración a ellas, y ora-
das. ción a ellos: alabando estaciones,
[355] 3ª regla. La tercera: alabar el oír misa peregrinaciones, indulgencias, perdo-
a menudo, asimismo cantos, salmos nanzas, cruzadas y candelas encen-
y largas oraciones en la iglesia y fue- didas en las iglesias.
ra della; asimismo horas ordenadas a [359] 7ª regla. Alabar constituciones cer-
tiempo destinado para todo oficio divi- ca ayunos y abstinencias, así como
no y para todas oración y todas horas cuaresmas, cuatro témporas, vigilias,
canónicas. viernes y sábado; asimismo peniten-

37
cias no solamente internas, más aun mente se aprovechan de la vera inte-
externas. ligencia de la Sagrada Escriptura y
[360] 8ª regla. Alabar ornamentos y edifici- de los positivos y santos doctores;
os de iglesias; asimismo imágenes, y mas aun siendo ellos iluminados y
venerarlas según que representan. esclarecidos de la virtud divina, se
[361] 9ª regla. Alabar, finalmente todos pre- ayudan de los concilios, cánones y
ceptos de la Iglesia, teniendo ánimo constituciones de nuestra santa ma-
prompto para buscar razones en su dre Iglesia.
defensa y en ninguna manera en su [364] 12ª regla. Debemos guardar en hacer
ofensa. comparaciones de los que somos vi-
[362] 10ª regla. Debemos ser más promp- vos a los bienaventurados pasados,
tos para abonar y alabar así consti- que no poco se yerra en esto, es a
tuciones, comendaciones como cos- saber, en decir: éste sabe más que
tumbres de nuestros mayores; por- San Agustín, es otro o más que San
que dado que algunas no sean o no Francisco, es otro San Pablo en bon-
fuesen tales, hablar contra ellas, qui- dad, santidad, etc.
er predicando en público, quier pla- [365] 13ª regla. Debemos siempre tener
ticando delante del pueblo menudo, para en todo acertar, que lo blanco
engendrarían más murmuración y que yo veo, creer que es negro, si la
escándalo que provecho; y así se in- Iglesia hierárchica así lo determina,
dignarían el pueblo contra sus mayo- creyendo que entre Cristo nuestro
res, quier temporales, quier espiritu- Señor, esposo, y la Iglesia su esposa,
ales. De manera que así como hace es el mismo espíritu que nos gobierna
daño el hablar mal en absencia de y rige para la salud de nuestras áni-
los mayores a la gente menuda, así mas, porque por el mismo Espíritu y
puede hacer provecho hablar de las Señor nuestro, que dio los diez Man-
malas costumbres a las mismas per- damientos, es regida y gobernada
sonas que pueden remediarlas. nuestra santa madre Iglesia.
[363] 11ª regla. Alabar la doctrina positiva y [366] 14ª Dado que sea mucha verdad que
escolástica; porque así como es más ninguno se puede salvar sin ser pre-
propio de los doctores positivos, así destinado y sin tener fe y gracia, es
como de San Jerónimo, San Agustín mucho de advertir en el modo de ha-
y de San Gregorio, etc., el mover los blar y comunicar de todas ellas.
afectos para en todo amar y servir a [367] 15ª No debemos hablar mucho de la
Dios nuestro Señor; así es más pro- predestinación por vía de costumbre;
pio de los escolásticos, así como de mas si en alguna manera y algunas
Santo Tomás, San Bonaventura y del veces se hablare, así se hable que
Maestro de las sentencias, etc., el el pueblo menudo no venga en error
difinir o declarar para nuestros tiem- alguno, como algunas veces suele,
pos de las cosas necesarias a la sa- diciendo: Si tengo de ser salvo o con-
lud eterna, y para más impugnar y de- demnado, ya está determinado, y por
clarar todos errores y todas falacias. mi bien hacer o mal, no puede ser ya
Porque los doctores escolásticos, otra cosa; y con esto entorpeciendo
como sean más modernos, no sola- se descuidan en las obras que condu-

38
cen a la salud y provecho espiritual de tales modos, mayormente en nues-
sus ánimas. tros tiempos tan periculosos, que las
[368] 16ª De la misma forma es de advertir obras y líbero arbitrio reciban detri-
que por mucho hablar de la fe y con mento alguno o por nihilo se tengan.
mucha intención, sin alguna distinción [370] 18ª Dado que sobre todo se ha de es-
y declaración, no se dé ocasión al timar el mucho servir a Dios nuestro
pueblo para que en el obrar sea torpe Señor por puro amor, debemos mu-
y perezoso, quier antes de la fe for- cho alabar el temor de la su divina
mada en caridad o quier después. majestad; porque no solamente el
[369] 17ª Asimismo no debemos hablar temor filial es cosa pía y santísima,
tan largo instando tanto en la gracia, más aun el temor servil, donde otra
que se engendre veneno para quitar cosa mejor o más útil el hombre no
la libertad. De manera que de la fe y alcance, ayuda mucho para salir del
gracia se puede hablar cuanto sea pecado mortal; y salido fácilmente vi-
posible mediante el auxilio divino, ene al temor filial, que es todo acepto
para mayor alabanza de la su divina y grato a Dios nuestro Señor, por es-
majestad, mas no por tal suerte ni por tar en uno con el amor divino. FINIS

3. COMENTARIO57

3.1. Título [EE 352] modos de pensar y valorar, en actitudes


y comportamientos y en discernimien-
3.1.1. «Sentido verdadero» to para tomar decisiones «dentro de la
Puesto que la palabra sentido, como santa madre Iglesia jerárquica» [EE
sentir, tiene un rico contenido en los 170,2].58
escritos ignacianos, para captar bien su También el adjetivo «verdadero»
pensamiento en estas reglas hemos de es de honda significación ignaciana,
poner de relieve el doble componente ya que aparece en distintos momen-
cognoscitivo y a la vez afectivo de este tos importantes de los Ejercicios y
término. Porque para vivir de acuerdo tiene especial trascendencia. La ex-
con nuestro bautismo, por el que en- periencia espiritual ha de ser algo es-
tramos en la Iglesia, importa mucho trechamente ligado a la realidad, algo
tener «sentido» eclesial, algo así como siempre válido, auténtico y lejos de
un «instinto eclesial». Se trata de tener toda arbitrariedad o subjetivismo. Por
una captación lúcida y afectuosa de la esto, la contemplación se ha de basar
naturaleza de la Iglesia y de todo lo en el «fundamento verdadero de la
que es verdaderamente eclesial. Por historia» [EE 2,2]; la guía de una de-
tanto, estas reglas no son propiamente cisión sólida tiene que ser la «vida ver-
para practicar, sino para educar la sen- dadera» de Cristo [EE 139,2] y no lo
sibilidad eclesial y que se traduzca en que pueda ser una apariencia de vida,
39
pero en realidad son «engaños» [EE vez idealizada, sino para vivir en nues-
139,1]. A medida que el ejercitante tra Iglesia de cada día. Recordando una
progresa en el curso de los Ejercicios vez más que no se trata de la jerarquía
deberá hacer un discernimiento bien solo, sino de todo el pueblo de Dios.
matizado de sus mociones y distinguir Por esto importa «sentir en la Iglesia»,
la «verdadera alegría y gozo espiri- pero en esta Iglesia, no en otra. Estas
tual» de las alegrías y gozos aparentes palabras de J. Corella son muy expre-
[EE 329,1], puesto que, a los que pro- sivas: «Llamarla militante es pensar en
gresan en la vida espiritual, el mal se una Iglesia trabajadora, más de la calle
presenta «debajo de especie de bien» y de la vida cotidiana, en misión, fati-
[EE 10,1-2]. Por esta razón, el texto gada por el Reino, humilde y sudorosa,
de los Ejercicios nos previene del pe- necesitada de refuerzos, con las listas
ligro de no captar los sentidos de Igle- de enrolamiento siempre abiertas…
sia engañosos, no verdaderos. Uno en Como la vida misma, “milicia pisando
seguida puede pensar que los engaños tierra” [Job 7,1], ganando con impulso
vienen del lado de la heterodoxia, o de y aún con violencia, el Reino para los
un exceso de libertad o subjetivismo hombres».60 Al poner el adjetivo mili-
en la Iglesia. Pero, aun cuando eviden- tante como calificativo de la Iglesia se
temente los engaños pueden provenir nos invita implícitamente a no poner
de este lado, sin embargo también en el primer plano la jerarquía, sino a
pueden proceder de eclesiocentrismo, toda la inmensidad de la Iglesia y co-
de formas inmaduras y acríticas de vi- munidades que la forman.
vir la vida cristiana en la Iglesia y en
general de heteropraxis, aún a pesar 3.1.3. «Se guarden las reglas
de sostener una doctrina muy ortodo- siguientes»
xa.59 La historia del autor de los Ejer- Aquí no aparece el matiz suavizador
cicios nos habla abundantemente de del título de las Reglas de discerni-
amor a la Iglesia, de hondo sentido miento de la primera semana: «Re-
de Iglesia y al mismo tiempo de pen- glas para en alguna manera sentir y
samiento propio, de libertad creativa, conocer» [EE 313,1]. ¿Será porque
de crítica discreta, etc. Su vida eclesial aquí se considera la realidad objetiva
estuvo llena de malentendidos, de di- de la Iglesia y no los aspectos más per-
ficultades, hasta de encarcelamientos, sonales y subjetivos de la experiencia
de resistencias y distancias por parte personal muy variada? Sin embargo,
de algunas autoridades eclesiales, in- las reglas que tienen un valor universal
cluso del Papa, debido precisamente permiten las diversas aplicaciones que
a su «sentido» de Iglesia «verdadero», el Espíritu inspire a cada persona. Y,
lleno de amor y también de espíritu cuando bajan a concreciones muy par-
apostólico. ticulares, nunca se indica un camino
individual a recorrer, sino un espíritu
3.1.2. «En la Iglesia militante» que hay que mantener. Por ejemplo, se
Las orientaciones de los Ejercicios no hablará de prácticas litúrgicas, de es-
son para vivir en un Iglesia escatoló- tados de vida, de devociones, etc., con
gica ideal o en la Iglesia primitiva, tal las que no se señala a nadie un camino
40
a seguir, sino que se respetan todos los se ve que esta actitud supone la
caminos. capacidad del cristiano para prac-
ticar una buena hermenéutica de
las declaraciones del magisterio
3.2. Principios fundamentales eclesiástico. Cuando la deter-
[EE 352,353,362,365] minación es formal y definitiva,
según dicha hermenéutica, se ha
Lo más fundamental de las orientacio- de saber desconfiar de «lo blanco
nes ignacianas se halla en los EE 352, que yo veo», si la Iglesia deter-
353, 362, 365. En ellas se ofrecen pis- mina «que es negro». Pero Igna-
tas para moverse en el plano de una fe cio no dice de ningún modo que
adulta. Moverse en la fe significa no debemos sostener que es blanco
reducir, ni teórica ni prácticamente, la lo negro.
Iglesia a una institución puramente hu- • La «esposa de Cristo», «nuestra
mana. Pero esta fe ha de ser adulta, es santa madre Iglesia» no se iden-
decir, no ha de eliminar la responsabi- tifica obviamente con la «jerar-
lidad personal y el sentido crítico. Las quía». Porque todo cristiano tiene
ideas ignacianas se pueden resumir en en la Iglesia su función y Dios la
estos puntos: dirige también a través del Espí-
ritu que reside en cada cristiano
• La Iglesia ha sido convocada por y en las comunidades. Sin em-
Cristo mismo para prolongar su bargo, es «jerárquica» [EE 353]
obra: es su «esposa» [EE 353, porque encierra diversidad de
365]. La Iglesia está animada y ministerios o servicios y caris-
dirigida en su misión por el Es- mas. Recordemos, como se co-
píritu Santo: «Espíritu», «Espí- mentó ya en las condiciones para
ritu y Señor nuestro» [EE 365]. hacer una buena elección, que
El Vaticano II ha confirmado este posiblemente fue Ignacio quien
carácter primordialmente teoló- introdujo en el lenguaje eclesial
gico de la Iglesia: Iglesia de la la expresión «Iglesia jerárqui-
Trinidad, que se realiza en el ca».
Pueblo universal de Dios y que • En el particular ejercicio de los
tiene la jerarquía a su servicio, en ministerios, o en la vida de las
orden a cumplir su misión en el personas que los ejercen, se pue-
mundo.61 den dar defectos: en las «consti-
• Gracias a la presencia y acción tuciones, comendaciones como
del Espíritu de Cristo, la Iglesia costumbres de nuestros mayo-
es madre fecunda: «La nuestra res… malas costumbres…» [EE
sancta madre Iglesia», «nuestra 362]. Por tanto, una persona cris-
sancta madre Iglesia» [EE 353, tiana no ha de vivir en la Iglesia
363,365]. Y por tanto no hay que con los ojos cerrados, es decir, de
fiarse en exceso del propio juicio modo infantil y sin sentido críti-
cuando no coincide con lo que co. Ya Francisco Suárez, a pro-
la Iglesia «así lo determina». Ya pósito de la llamada obediencia
41
ciega, entendida como una dispo- en la Iglesia, advierte que no hay
sición positiva para ver las razo- que obedecer como un «animal»
nes en que se funda la autoridad (brutum) que no piensa.62

4. ALGUNAS ORIENTACIONES PRÁCTICAS

4.1. La Iglesia como comunión Sin embargo, también hay que tener
[EE 353] en cuenta el escándalo que ocasiona a
veces en personas inteligentes, hones-
La obediencia debe ser una forma tas y formadas cuando se consiente de
de realizar y mantener la comunión. modo fácil el inmovilismo o una ma-
Pero la obediencia adulta tiene que sa- nera de proponer la fe de modo acrítico
ber muy bien en qué y cómo hay que y desfasado de la cultura de la época.
obedecer, según una buena formación De hecho se trata de respetar el ca-
eclesiológica, en la que se distinguen rácter encarnatorio de la vida cristiana:
claramente campos, competencias, gra- sacramentos, oración común, votos,
dos de autoridad tanto personal como prácticas de devoción popular [EE 354-
doctrinal y disciplinar. La praxis vivi- 361]. En estos párrafos, Ignacio intro-
da por Íñigo, y luego Ignacio, es suma- duce de forma muy general el tema,
mente iluminadora: en Alcalá, en Sala- sin especiales matices. El cristianismo
manca, en París, en Roma, etc. no es un angelismo, sino una forma hu-
mana de vivir al estilo de Jesús, muy
humano, muy sensible y muy inserto
4.2. Los carismas y el pluralismo en la vida de la gente corriente. Y la
[EE 354-361] gente necesita formas de vivir la comu-
nidad, expresiones y celebraciones de
Aceptar y potenciar el pluralismo, ad- la fe, ritos… Esto es un valor, ya que
mitiendo que hay distintas formas de nos permite expresarnos y que entre en
vivir y expresar la misma fe (personas comunión el presente con el pasado, ya
más sencillas, personas más formadas, que los mismos sacramentos y credos
piedad popular, etc.). El capítulo 14 son celebrados y confesados desde la
de la carta a los Romanos ya tuvo que antigüedad por todos los creyentes (Pa-
afrontar las tensiones que se creaban blo, Ignacio de Antioquía, Francisco y
en la comunidad cristiana dada la pre- Clara de Asís, Hildegarda de Bingen,
sencia en ella de cristianos más débiles Catalina de Siena, Teresa de Jesús, Juan
y más fuertes, más conservadores y de la Cruz, Tomás Moro, Teresa de Li-
más renovadores. En este caso, Pablo sieux, Juan XXIII, Óscar Romero…).
apela a la comprensión hacia las per- Y también gracias a los mismos ritos y
sonas más sencillas o menos formadas las mismas fórmulas de fe es posible la
a las que hay que evitar escandalizar. comunión en el espacio, con la Iglesia
42
universal, ya que vivimos y celebramos la Eucaristía, la oración comunitaria
la misma fe de modo semejante en Eu- popular y la litúrgica, las devociones
ropa y en África, en medio de las sel- populares (reliquias, penitencias, ora-
vas amazónicas o entre los rascacielos ción de petición), ornamentación del
de Manhattan, en Nueva Delhi, en Pa- culto y el templo, imágenes, preceptos
rís o en Otawa… Esto sí, «ningún rito de la Iglesia. Todo ello converge hacia
nos dispensa de amar» (Georges Ber- una devoción popular que no raramen-
nanos). Sin duda que Ignacio tiene muy te conduce a formas muy elevadas de
viva la experiencia de sus devociones, vida cristiana.
quizá poco ilustradas, en Loyola y en En cuanto a la regla cuarta [EE
Castilla y La Rioja, y, sobre todo, sus 356]: «Alabar mucho religiones, virgi-
prácticas devocionales en Manresa.63 nidad y continencia, y no tanto el ma-
Cuando dice «alabar» piensa sin duda trimonio como ninguna de ellas», hay
en no criticar, pero también en apre- que tener en cuenta la posición polémi-
ciar y valorar las prácticas devociona- ca de Lutero y también de Erasmo que,
les populares, aunque, desde luego, no ante una vida religiosa en franca deca-
supone que uno haya de practicarlas. dencia, exaltan el matrimonio como el
Sin embargo, posiblemente el verbo buen camino cristiano, mientras que
«alabar», tan repetido, ha de tener algún descalifican la vida monástica («mo-
sentido o intención particular, máxime nacatus non est pietas»). Entonces
dada la sobriedad de Ignacio, tan ajeno Ignacio procura «defender» la dignidad
a toda excesiva ponderación. Además, de la vida consagrada y de los votos
este mismo verbo «alabar» tiene una frente a la sentencia que los denigra.
especial significación desde el Principio Más tarde, el Concilio de Trento
y Fundamento, ya que define la recta condenaría a quien negase que la vida
relación del creyente con Dios. ¿No de celibato y de virginidad es «mejor
querrá indicarnos Ignacio que es una y más feliz» que la vida matrimonial.
actitud cristiana el reconocer con senti- En este sentido, la doctrina de una
do de alabanza a Dios la gran variedad cierta superioridad ha sido mantenida
de dones o carismas que se dan en la en la Iglesia incluso hasta el mismo
Iglesia?64 Vaticano II. Pero dicha doctrina hay
Las reglas segunda a novena que que conjugarla con la de la llamada
ahora comentamos, según bella ex- universal a la santidad, que el mismo
presión de Corella, constituyen una Ignacio ya presupone antes de entrar
«letanía de la alabanza». La alaban- en elecciones cuando afirma que hay
za supone una actitud de confianza, que llegar a la perfección evangélica
gratitud y benevolencia que dispone en cualquier vida y estado [EE 135,6]
a acoger el estado de las cosas de un y que también el Vaticano II proclama
modo muy diferente al de la crítica y la claramente en la Lumen Gentium. Hay,
queja. Supone «bendecir» (decir bien), por tanto, que situar esta regla en el
en lugar de «maldecir» (decir mal). marco de la complementariedad de es-
Con todo, esta alabanza no es total e tados y carismas en la Iglesia que, en
indiscriminada, sino que se dirige ha- la medida en que cada uno es fiel a su
cia los sacramentos de la penitencia y vocación del seguimiento de Cristo,
43
expresa y ofrece, a modo de un diálogo de Cristo». Y sabemos bien que a me-
existencial, distintas facetas de la ina- nudo esta actitud es la verdadera cruz
gotable riqueza del Evangelio. de muchas personas de gran santidad
(Hildegarda de Bingen, Catalina de
Siena, Rosmini, Juan de la Cruz, Óscar
4.3. Autoridades [EE 362-364] Romero, Teilhard de Chardin, Pedro
Casaldáliga, etc.)
En relación con las autoridades tanto En resumen: No dejarse llevar ni
de la Iglesia como civiles y sus distin- por la crítica demoledora ni por los
tas manifestaciones: mitos de «personas-estrella» o de ideas
a) Predisposición a interpretarlas «brillantes». No inclinarse por una sola
correctamente. Lo cual no indica creer- teología: o solo positiva («mover los
lo todo, no pensar. Más bien aplicar el afectos») o solo especulativa («definir
mismo «presupuesto» [EE 22] que Ig- o declarar para nuestros tiempos»).
nacio propone al principio de los Ejer-
cicios. Y cuando llega el momento en
que alguna declaración o disposición 4.4. Integración de valores
de las autoridades no se vea aceptable, [EE 365-370]
aquí entrará en juego la «representa-
ción» (una forma seria de discusión de En lo que se refiere a cuestiones doctri-
la determinación tomada) o incluso de nales o de ortodoxia:
la «objeción de conciencia». En cual-
quier caso, Ignacio, con toda la tradi- • Tener un buen conocimiento de
ción anterior, sostiene que nadie está los diferentes grados de garantía
obligado a obedecer una orden que im- de infabilidad en las manifesta-
plique pecado. ciones doctrinales del magisterio
b) Aceptar la Iglesia escandalosa: (concilios, definiciones, encícli-
en caso de errores o males claros. Ac- cas, enseñanza ordinaria del Papa
tuar de acuerdo con una legítima dis- o de los obispos…).
crepancia, evitando la desorientación • Partiendo de esta conciencia,
de los demás y colaborando en el re- dar preferencia conveniente, con
medio de lo erróneo o desacertado de sentido autocrítico, a lo que de-
modo responsable, inteligente y eficaz. termina el magisterio o lo que se
Porque, en efecto, es evidente que en manifiesta en el sentido eclesial
la Iglesia se dan pecados, aún en medio respecto de mi juicio particu-
de la mucha santidad. Es la casta mere- lar. Por tanto: No simplificar los
trix de los Padres. Un cristiano o cris- problemas eliminando la bipola-
tiana maduro no cerrarán los ojos a la ridad que implica la encarnación
realidad, y su misma madurez le hará de Dios en lo humano, finito:
sentir dolor por el pecado de la Igle- libertad-gracia, obras-gratuidad,
sia, lo cual le impulsará por verdadero amor-temor, mundo-Dios, acción-
sentido eclesial a exponer, proponer, oración, justicia-fe, etc. Dios lo
denunciar, según los casos, estas faltas es todo y, sin embargo, da consis-
que desfiguran el rostro de la «esposa tencia propia a la realidad creada;
44
solo Dios salva, pero pide la cola- lidad… En la predicación hay que
boración de la libertad humana; el atender a la verdad, sin ignorar el
amor lo ha de animar todo, pero realismo que impone el contexto
con conciencia de la propia fragi- humano en el que se habla.

5. AL FINAL (AL PRINCIPIO) EL AMOR DIVINO

El título del texto autógrafo dice «en la una especie de expresión subliminar
Iglesia», mientras que la Vulgata tradu- leemos estas últimas palabras «amor
ce «cum Ecclesia». Aún reconociendo divino». ¿Fue consciente Ignacio de
la preferencia por la expresión más esta clave reveladora de toda la expe-
original, que destaca que el cristiano riencia? De hecho, la totalidad de los
está en la Iglesia, es miembro de la Ejercicios han facilitado la íntima co-
Iglesia, resulta iluminadora la combina- municación del ejercitante con Dios
ción de la dos expresiones como hizo hasta dejarse abrazar por Él en el amor
inspiradamente Florencio Segura. Con [cf. EE 15,4] y disponerse a hacer de
la Iglesia como individuo que se con- su vida un camino de «en todo amar
fronta con ella para el discernimiento. y servir».
En la Iglesia como miembro, adulto y Ahora, al terminar se nos da en for-
corresponsable, de una comunidad ten- ma de apretada síntesis la clave que
sa y a veces conflictiva y pecaminosa.65 sustenta la experiencia de los Ejerci-
Con estas reglas se cierra el libri- cios y toda la existencia humana:66 El
to de los Ejercicios Espirituales y con amor de Dios.

45
NOTAS

1. Doy por supuesto que el fin de los Ejercicios pratique d’un texte. París: Editions facultés
es el de la CAA. En palabras autorizadas: «po- jésuites de Paris, pág. 426.
der en todo amar y servir a su divina majestad 8. Véase el texto de Suso citado por Demoustier,
[233], síntesis completa del efecto espiritual en la pág. 426, nota 3: «Celui qui demeure in-
concreto, típico y distintivo, a que apuntan térieur dans les choses extérieures devient plus
los Ejercicios de San Ignacio» (Calveras, J. intérieur dans les choses intérieures que celui
(1950). Qué fruto se ha de sacar de los Ejer- qui ne demeure intérieur que dans les choses in-
cicios Espirituales de San Ignacio. 2ª edición. térieures» (1977) Vie XLIX, Œuvres complètes.
Barcelona: Librería Religiosa, pág. 139). Acelet-Hustache: Le Seuil, pág. 285.
2. Autobiografía, núm. 99. Cf. también los núms. 9. FN, Diego Laínez, Carta sobre San Ignacio, I,
29, 41, 44, 48 y Diario Espiritual, núm. 87. núm. 30, págs. 102-104.
3. Véase el artículo, ya clásico, de Díez-Ale- 10. «Carta a Manuel Godinho de 31 de enero de
gría, José M. (1951). «La “Contemplación 1552», en: (1963). Obras Completas de S. Igna-
para alcanzar amor” en la dinámica espiritual cio, 2ª edición. Madrid: BAC, págs. 781-782.
de los Ejercicios de san Ignacio». Manresa, 11. Véase Divarkar, Parmananda (1984). La sen-
núm. 23, págs. 171-193. da del conocimiento interno. Reflexiones so-
4. Baste recordar la calidad que, dentro de una bre los Ejercicios Espirituales de San Ignacio
forma muy sencilla pero rica, revisten los Ejer- de Loyola. Santander: Sal Terrae. P. Divarkar
cicios que Ignacio daba en Alcalá de Henares, afirma; «conocimiento interno es lo que hoy
según consta en los procesos de su canoniza- llamaríamos conocimiento personal, la clase
ción. Uno de los testigos dice: «El dicho Iñi- de conocimiento a la cual queremos aludir
go estaba doctrinando los dos mandamientos cuando decimos que conocemos a alguien,
primeros, amar a Dios, etc., y sobre esto habló que es distinto de conocer algo acerca de al-
muy largamente». [Calveras (1958). Ejerci- guien. Cuando el que es personalmente cono-
cios Espirituales. Directorio y Documentos de cido es Dios, entonces conocimiento interno
S. Ignacio de Loyola. 2ª edición. Barcelona: significa “fe”, en el más rico sentido de la pa-
Balmes, núm. 654). Otro: «E le decía cómo labra» (pág. 33). Y añade más adelante: «Por
había de amar a Dios» (Ibid., núm. 660). Y to- supuesto que la relación personal solo puede
davía, introduciendo el examen de conciencia, darse entre personas; pero puede también
le sugería esta plegaria: «Dios mío, Padre mío, afectar a la relación con las cosas… Así, por
Criador mío. Gracias y alabanzas te hago por ejemplo, una fecha del calendario adquiere
tantas mercedes como me has fecho e espero para mí un especial significado si resulta que
que me has de facer» (Ibid., núm. 661). es el cumpleaños de alguien a quien yo quiero;
5. FN, II, núm. 527; también en Exercitia Spiri- no dejará de ser la fecha que era, pero ahora se
tualia, pág. 11. ha hecho operativa a en mi vida». Y concluye
6. Sobre la propuesta de la CAA en otros lu- diciendo que a esto se refiere el texto «cono-
gares y no después de la contemplación de cimiento interno de tanto bien recibido», (pág.
la ascensión, puede verse Vanhoye, Albert. 34). Véase también del mismo autor: «La
«Ejercicios Espirituales para la “civilización transformación del yo y la experiencia espi-
del amor”», en: García Lomas, Juan M. (ed.) ritual: El enfoque ignaciano a la luz de otros
(1993). Ejercicios Espirituales en el mundo de modelos antropológicos», en: Alemany, Car-
hoy. Bilbao-Santander: Mensajero-Sal Terrae, los y García-Monge, José A. (eds.) (1997).
págs. 299-309. Cf. pág. 303, nota 2. Psicología y Ejercicios Ignacianos (Volumen
7. Véase Demoustier, A. (2006). Les Exercices I). Bilbao-Santander: Mensajero-Sal Terrae,
Spirituels de S. Ignace de Loyola. Lecture et págs. 23-34 y sobre todo, pág. 26.

47
12. Para este punto y el que sigue, véase el artículo en pleno naufragio, esta palabras que mues-
muy documentado y exhaustivo de Decloux, tran toda la riqueza humana que nace de una
S. (1991). «En todo amar y servir, para una libertad entregada a la Libertad: «Mi vida está
comprensión del lema ignaciano», Manresa, atada con Cristo en la cruz, pero la cruz de
núm. 63, págs. 7-31. Cristo no está atada a nada».
13. «Carta 45 de 20 de septiembre de 1548», en 22. «Tal como lo ve san Ignacio, ese amor es una
(1963). Obras Completas de S. Ignacio, 2ª imago Trinitatis. La aplicación de las poten-
edición, págs. 711-714; citada en la pág. 712. cias anímicas no significa la aplicación de un
14. En el glosario al final de Exercitia Spiritua- instrumento o de unos instrumentos sobre co-
lia, volumen 100 de Monumenta Historica S. sas sometidas simplemente desde fuera a tales
I., puede leerse: modus adv. En todo = entera- instrumentos para su transformación. Ignacio
mente 165, 186, 233, 342, 350, 353, 363, 365. sabe que la memoria, el entendimiento y la vo-
15. En una carta a su hermana Magdalena de Lo- luntad son la imagen de la Trinidad. Si, pues,
yola, escribía Ignacio el 25 de mayo de 1541: en el suscipe, esa Trinitas se menciona como
«A quien plega [al Señor nuestro] por la su presente en el propio ser del hombre y si esa
infinita y suma bondad os aumente siempre imago en definitiva nos presenta a Dios como
en amarle en todas las cosas, poniendo no en un acto de amor, es evidente que aquí se pien-
parte, mas en todo, todo vuestro amor y que- sa en un amor que en semejante realización de
rer en el mismo Señor, y por Él en todas las la imago Trinitatis está sostenido por el propio
criaturas», en (1963). Obras Completas de S. misterio divino intratrinitario, máxime cuan-
Ignacio, 2ª edición, pág. 641. do la gracia divina crea una auténtica relación
16. Cf. nota 12, pág. 12. personal con las tres divinas personas y no es
17. Puede verse la voz «Todo» de Melloni, Ja- solo una objetivación creada de la causalidad
vier, en (2007). Diccionario de Espiritualidad eficiente de Dios, que vendría a ser la obra ad
ignaciana (GEI). Bilbao-Santander: Mensa- extra, hacia fuera, del mismo Dios» (Rahner,
jero-Sal Terrae, págs. 1704-1707. También: Karl (1974). El sacerdocio cristiano en su rea-
Rambla, J.M. (2011). «“Dios todo en todo”. lización existencial. Barcelona: Herder, págs.
“Todo”, otra clave de los Ejercicios», en: Gar- 273-274).
cía de Castro, José y Madrigal, Santiago 23. Esta es la doctrina ignaciana que recordaba
(eds.). Mil gracias derramando. Experiencia Nadal cuando decía que Ignacio era contem-
del Espíritu ayer y hoy. Madrid: Comillas, plativo en la acción y que hallaba a Dios en to-
págs. 325-341. das las cosas y que esto es lo que deseaba para
18. Laberge, Jacques (1973). Pierre Teilhard de los jesuitas. Por ello, en las instrucciones que
Chardin et Ignace de Loyola. Les notes de Ignacio da para los que están en formación
retraite (1919-1955). París: Desclée de Brou- insiste en este aprendizaje del encuentro con
wer. Dios en todas las cosas de la vida. Véanse las
19. Las perspectivas que abre a la espiritualidad cartas 66, 67 y 72, en 1963. Obras Completas
cristiana la Carta Encíclica del papa Francis- de S. Ignacio, 2ª edición.
co, Laudato Si’, confirman la importancia de 24. Jerónimo Nadal habla a menudo de una mane-
esta orientación de la CAA. ra de obrar en comunión con Dios y desde el
20. J.M. Lera propone una interpretación explí- corazón: «operari in Deo», «operari in Chris-
citamente pneumatológica de los puntos. Las to», «cordis operatio» (Orationis Observatio-
cualidades de los bienes que Dios nos da se nes, MHSI, vol. 90, págs. 292, 308, 599).
corresponden con las cualidades de la acción 25. Véase «El Medio Divino, 3ª parte», 3, en: La
del Espíritu Santo (Cf. (2016). La pneuma- aparición del Medio divino, El gusto del ser y
tología de los Ejercicios Espirituales. Una la Diafanía de Dios. Recuérdese la alocución
teología de la cruz traducida a la vida. Bil- del que fue prepósito general de la Compañía
bao-Santander-Madrid, Mensajero-Sal Terrae- de Jesús, P.H. Kolvenbach, el día de la Epifa-
Comillas, particularmente las págs. 110-159). nía de 1995.
21. Paul Claudel en «Le soulier de satin» pone en 26. Cf. Rambla, J.M. (2007). Dios, la amistad y
boca del jesuita Rodrigo, agarrado a una tabla los pobres. La mística de Egide van Broec-

48
khoven, jesuita obrero. Santander: Sal Terrae, al texto ignaciano de William A. M. Peters en
pág. 166. su obra (1978). The Spiritual Exercises of St.
27. Rahner, Karl (1986). Meditaciones sobre los Ignatius. Exposition and Interpretation. Cen-
ejercicios de san Ignacio. Barcelona: Herder, trum Ignatianum Spiritualitatis: Roma, págs.
3ª edición, pág. 263. 170-179.
28. Devlin, Christopher (1959). The Sermons and 37. Cf. Los tres modos de orar, núm. 74, pág. 146.
Devotional Writings of Gerard Manley Hopkins. 38. Chércoles, A.M. (2007). La oración en los
Oxford: Oxford University Press, pág. 195. Ejercicios espirituales de san Ignacio de
29. Polanco, buen intérprete de Ignacio, en su Loyola. Barcelona: Cristianisme i Justícia. EI-
Directorio da por supuesto que se propone el DES, núm. 49, capítulo 2.
misterio de Pentecostés como última contem- 39. Cf. Rambla, J.M. (1993). «Orar desde la debi-
plación de la cuarta semana (Cf. Directorio del lidad: el primer modo de orar en los Ejercicios
P. Polanco, núm. 102, en: Los Directorios de Espirituales», Manresa, núm. 65, págs. 47-59.
Ejercicios, págs. 169-170). Sin embargo, apo- 40. Carta a Francisco de Borja, finales de 1545
yándose en la autoridad de Polanco, no parece (1963). Obras Completas de S. Ignacio, 2ª edi-
claro que se pueda deducir que en la mente ig- ción, pág. 665.
naciana la CAA equivalía a Pentecostés. 41. Directorio del P. Gil González, núm. 174, en
30. Ver Lera Monreal, J.M. (2016). La pneuma- Directorios, pág. 294.
tología de los Ejercicios Espirituales. Bilbao- 42. Cf. Wénin, A. (1995). «El decálogo: revela-
Santander: Mensajero-Sal Terrae, sobre todo ción de Dios y camino de felicidad», Selec-
el capítulo III: «La “Contemplación para al- ciones de Teología, núm. 136, págs. 325-343.
canzar amor”, el pentecostés ignaciano». 43. Su importancia no ha escapado a la cultura y
31. Ibid., pág. 136. moral contemporáneas. Cf., por ejemplo, la
32. Recordemos que Luis de la Palma ya afirmaba película Seven o la obra reciente de Marina,
que incluso una actividad exterior, de las que J.A. (2011). Pequeño tratado de los grandes
se practican en los Ejercicios, puede ser «es- vicios: Madrid: Anagrama. Y, si se consideran
piritual», si «nace de la moción del Espíritu» «las siete virtudes a ellos [pecados capitales]
(Cf. Rambla, Josep M. (2008). Ejercicios Es- contrarias», tenemos también la obra intere-
pirituales de San Ignacio de Loyola. Una re- sante de Comte-Sponville, André (1996).
lectura del texto (1)). Barcelona: Cristianisme Pequeño tratado de las grandes virtudes. Bar-
i Justícia. EIDES, núm. 53, pág. 8). celona: Paidós.
33. Codina, Víctor (2011). Una presencia silencio- 44. Cf., por ejemplo, Luneau, R. (2000). Jesús, el
sa. El Espiritu Santo en los Ejercicios ignacia- hombre que «evangelizó» a Dios. Santander:
nos. Barcelona: Cristianisme i Justícia. EIDES, Sal Terrae; Pagola, J.A. (2007). Jesús. Apro-
núm. 62, pág. 24. Este trabajo, aunque breve, es ximación histórica. Madrid: PPC.
un estudio muy interesante sobre la pneumato- 45. «E lo declara muy bien, e lo declara por los
logía de los Ejercicios en su conjunto. evangelios e con san Pablo e otros santos»
34. Directorio del P. Gil González, núm. 173, p. (Procesos de Alcalá, Segundo Proceso, en
294, en Directorios, p. 294. Calveras, Ejercicios Espirituales. Directorio
35. Cf. Calveras, José. (1951). Los tres modos y Documentos… núm. 655).
de orar en los Ejercicios Espirituales de San 46. En este sentido se pronuncia W. A. Peters
Ignacio. Barcelona: Librería Religiosa, núms. refiriéndose a este primer modo: «It is more
72-73, págs. 144-146. suitable for the exercitant of the eighteenth
36. Aunque escasean los estudios sobre los tres annotation and it is there that we find it men-
modos de orar, sin embargo J. Calveras publi- tioned». Y más adelante, en la misma página:
có el voluminoso estudio citado en la nota pre- «The first method, which falls outsdie the long
cedente, en el que no solo explica en qué con- retreat» (The Spirtual Exercises…, pág. 170).
sisten estos modos de orar, sino que propone 47. Arzubialde, S. (1991). Ejercicios Espiritua-
maneras de aplicarlo, con abundantes referen- les de S. Ignacio. Historia y Análisis. Bilbao-
cias a la literatura ignaciana. Sin embargo, me Santander: Mensajero-Sal Terrae, Manresa,
parece destacable el comentario muy ajustado núm. 1. En la cita de la pág. 516, Arzubialde

49
piensa que este primer modo se puede propo- boraron en París, y las restantes ya en Roma
ner después de la confesión general, o «mien- (1539-1541).
tras el ejercitante siente la experiencia gozosa 56. Puede verse el artículo: Rambla, J.M. (2012).
del perdón. Y sobre todo es el medio ideal para «Del gentilhombre Íñigo a San Ignacio de Lo-
ayudar a la perseverancia» (pág. 523). yola: una eclesialidad progresiva», Manresa,
48. The Spiritual Exercises…, pág. 174. núm. 84 págs. 111-125.
49. Cf. Guidetti, Armando (1968). «La anotación 57. Un comentario imprescindible es el de J. Co-
18: Método olvidado de los Ejercicios ignacia- rella, ya citado en la nota 54.
nos», en: Los Ejercicios de San Ignacio a la 58. A veces estas reglas se han denominado por
luz del Vaticano II. Madrid: BAC. En las págs. algunos comentaristas «Reglas de Ortodoxia»,
629-630, el autor narra cómo, según consta en dirigiendo la atención hacia la doctrina. Este
su diario espiritual, Juan XXIII, siendo nun- enfoque condicionado en parte por el contexto
cio, practicó un año en soledad los Ejercicios del siglo xvi, muy marcado por el iluminismo
tomando cuatro versículos del Miserere cada y la crisis protestante, en parte también por
día. una cierta preocupación casi obsesiva por la
50. The Spiritual Exercises…, p. 179. doctrina ortodoxa, es muy reduccionista, ya
51. Melloni, X. (2001). La mistagogía de los que son también reglas para la «ortopraxis».
Ejercicios. Bilbao-Santander: Mensajero-Sal 59. A este respecto conviene advertir las formas so-
Terrae, pág. 265. Son realmente lúcidas las lapadas de heterodoxia que se dan en personas
páginas en que desarrolla este pensamiento, que presumen precisamente de muy fiel ortodo-
págs. 264-267. xia. Cf. González Faus, J.I. (2013). Herejías
52. Cf. Hausherr, I. (1954). «Les Exercices Spi- del catolicismo actual. Madrid: Trotta.
rituels de Saint Ignace et la méthode d’oraison 60. Corella, J. (1988). Op. cit., pág. 106.
hésychastique», Orientalia Christiana Perio- 61. Es interesante por su hondura y amplitud de
dica, núm. 20, págs. 7-26. comprensión el artículo de Congar, Yves M.
53. En la misma línea se halla la oración propues- (1963). «Pour un sens vrai d’Église», Chris-
ta por Jalics, Franz (2013). Ejercicios de con- tus, núm. 10, págs. 207-220.
templación. Introducción a la vida contempla- 62. «Quis enim dubitre potest, quin homo non ut
tiva y a la invocación de Jesús. Salamanca: brutum vel stolidus obedire debeat, sed ut homo
Sígueme. qui recta ratione utatur?» (Suárez, Franciscus,
54. Sin embargo, es vedad lo que dice K. Rahner: De Religione Societatis Jesu, IV, cap. XV).
«El director de los Ejercicios… no transmite 63. Cf. nota 56.
oficialmente, en virtud de la esencia última 64. Es muy atinada la observación de Corella so-
de dichos Ejercicios y a pesar de su carácter bre lo que no es objeto de alabanza en la Iglesia
eclesial, la palabra de la Iglesia en cuanto tal» según estas reglas. No se alaba ninguna perso-
(Cf. «Palabras de Ignacio de Loyola a un je- na en particular, ni los beneficios eclesiásticos,
suita de hoy», en Aquí y Ahora, núm. 8, págs. ni el Vaticano con sus palacios y corte, ni los
8-9). Me parecen muy acertadas las observa- cardenales y nuncios, ni la Inquisición y tribu-
ciones de J. Corella: «Gran parte de la culpa nales eclesiásticos, ni la legislación y cánones
de que estas Reglas pasen por ser casi inacep- del Derecho canónico, aunque sí los preceptos
tables para bastantes, se debe a que se las ha de la Iglesia (cf. Op. cit., pág. 189).
separado de su contexto literario y espiritual, 65. Véase Segura, Florencio (1986). «La reglas
que son los Ejercicios. Entonces pierden toda ignacianas para sentir con la Iglesia», Manre-
su capacidad de referencia a las experiencias sa, núm. 58, págs. 199-208.
espirituales que les dan sentido» (Corella, J. 66. Nuevamente la intuición de J. Melloni de unir
(1988). Sentir la Iglesia. Comentario de las la mistagogía ignaciana con el camino de las
reglas ignacianas para el sentido verdadero tres vías, nos ilumina en la lectura de esta úl-
de Iglesia. Bilbao-Santander: Mensajero-Sal tima regla de los Ejercicios. En efecto, los tres
Terrae, pág. 18). estadios de temor servil, temor filial y amor
55. Sobre la redacción tardía, según Dalmases, puro se corresponden con las tres vías: purga-
cabe suponer que las 13 primeras reglas se ela- tiva, iluminativa y unitiva (Op. cit., pág. 271).

50
«Ayudar» es el verbo con que Ignacio de Loyola expresó

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modestamente su gran deseo de hacer el bien a los otros.
Bajo este lema de servicio y sencillez,
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trabaja en nosotros» - 74. J. M. RAMBLA - SEMINARIO
DE EJERCICIOS (EIDES). Ejercicios Espirituales de
san Ignacio de Loyola. Una relectura del texto (4) -
75. C. MARCET. Ignacio de Loyola: un itinerario vital
- 76. P. ARRUPE. Hombres y mujeres para los demás - 77.
L. ESPINA CEPEDA. Ejercicios ignacianos acompañados
por santa Teresa - 78. D. MOLLÁ. El «más» ignaciano:
tópicos, sospechas, deformaciones y verdad - 79. J. M.
RAMBLA - SEMINARIO DE EJERCICIOS (EIDES).
Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola. Una
relectura del texto (5) - 80. C. MARCET - Releyendo
nuestras vidas - 81. J. M. RAMBLA - SEMINARIO DE
EJERCICIOS (EIDES). Ejercicios Espirituales de san
Ignacio de Loyola. Una relectura del texto (6)

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