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RESEÑA: “EL ORDEN CONSERVADOR” DE NATALIO BOTANA

EL PROCESO DE REDUCCIÓN A LA UNIDAD: LA CONFORMACIÓN


DEL ESTADO NACIONAL

1C) ¿Cómo surge y se afianza la figura político-militar de Roca en este período?


Indicar las medidas que fue implementando de cara a la consolidación del Estado
Nacional, vinculándolas con el ideario político del Partido Autonomista Nacional
(PAN), al que representaba.

El General J.A., de origen tucumano y formado en el Colegio Nacional de Concepción del


Uruguay de J.J. de Urquiza será la figura central en la consolidación de un Poder Central
nacional que albergue finalmente el monopolio legítimo de la violencia en el territorio
argentino.

Es destacable señalar que Roca, a lo largo de su exitosa carrera militar, había servido
lealmente a distintas autoridades de un Poder central de carácter nacional (establecido luego
del Pacto de San Nicolás de los Arroyos) frente a distintos levantamientos de sediciosos o
enemigos que estas administraciones pudieran tener.
Por lo tanto había acompañado primero a Urquiza como oficial del Ejército de la
Confederación Argentina en sus combates frente al Estado de Buenos Aires, para luego
ponerse, con la misma fidelidad, bajo las órdenes del ex gobernador bonaerense, Bartolomé
Mitre, quién luego de triunfar sobre Urquiza en la batalla de Pavón se había constituido
como Presidente, la misma actitud tuvo con los sucesores de Mitre, Sarmiento y
Avellaneda, tanto en la Guerra del Paraguay, como en la represión a diferentes caudillos,
tanto del Interior como de la Provincia de Buenos Aires. Finalmente, su jefatura en lo que
fue el exterminio de pueblos amerindios en la Patagonia y en el Chaco Austral,
consolidaron las actuales fronteras territoriales del Estado Argentino. Su condición de
norteño, su expertise militar, su profundo conocimiento del territorio debido a su rol de
Ministro de Guerra del también tucumano Avellaneda, y su aceitada relación con las
autoridades provinciales, agobiadas por la predominancia de una Provincia de Buenos Aires
que aún albergaba al Gobierno Federal y necesitadas de un equilibrio de poder, resultaron
fundamentales para la constitución de la tan anhelada unidad política centralizada y el
comienzo del fin del pronunciado desbalance y enfrentamiento entre Buenos Aires, los
distintos poderes provinciales, y diversas facciones dentro de esos territorios. Una unidad
que había esperado siete décadas para consolidarse. Roca, ya en su rol de Presidente de la
Nación y aupado por la Liga de Gobernadores del Interior que tenía epicentro en Córdoba,
sus dos medidas fundamentales, orientadas a consolidar ese poder central, fueron la
nacionalización de la Ciudad de Buenos Aires, separándola de la Provincia, y la prohibición
absoluta de todo tipo de milicias o formaciones militares provinciales o locales. Por lo
tanto, la creación de un único sistema de cobro de impuestos mediante la federalización de
los recursos de la Aduana por un lado, la centralización de la hegemonía gubernamental que
al mismo tiempo aislaba a la rica y poderosa Buenos Aires, y la consolidación de un poder
central militar por el otro, son considerados las piedras basales del Estado Argentino
Moderno. El Partido Autonomista Nacional fue la fuerza política que sirvió como
instrumento partidario de este Orden Liberal-Conservador, y hasta su nombre denota su
origen unificador, ya que las palabras que lo componían se deben a la concordancia entre
dos grupos políticos aparentemente antónimos, el Autonomismo de Adolfo Alsina, que
buscaba preservar la unidad territorial y fiscal de Buenos Aires y el Nacional del tucumano
Nicolás Avellaneda, diputado porteño de orígen norteño pero que derivó, al igual que luego
Roca, en un representante de los intereses de las élites políticas del Interior, coalición que
dejó definitivamente fuera del poder a la fracción porteña de Bartolomé Mitre y sus
hombres. Este instrumento sirvió a los fines de alcanzar la reducción a la unidad de la que
habla R. Braun, con distintas cuotas de coacción y consenso. El lema de gobierno roquista
“Paz y Administración” se resume de manera interesante en esta cita textual de la asunción
del tucumano “En cualquier punto del territorio argentino en que se levante un brazo
fraticida…allí estará todo el poder de la Nación para reprimirlo”. Un lema que se basa en
dos ideas que reproduce Botana y que asegura fueron el sustento de los gobiernos tanto de
Avellanda como de Roca “Unión y Gobierno”: por un lado la unificación de los intereses de
los distintos sectores en pugna hasta entonces, un reparto de poder entre las élites porteñas y
las provinciales, he aquí la cuota de consenso, y por el otro, tal como sostiene la cita
previamente referida, la coacción del Ejército Nacional que permitiría la paz social y el
debido funcionamiento del aparato central constituido, con una hegemonía total, o casi total,
sobre el territorio.

LA CONSTITUCIÓN DE 1853 Y EL RÉGIMEN POLÍTICO DERIVADO.

2A) ¿A qué llama Botana régimen político? ¿Por qué todo régimen político
requiere de una fórmula prescriptiva y de una fórmula operativa? ¿Cuál es la
función de cada una de ellas y cómo fueron plasmadas en la Constitución Nacional
de 1853?

Según Natalio Botana, un régimen político representa a una “una estructura institucional de
posiciones de poder, dispuestas en un orden jerárquico, desde donde se formulan decisiones
autoritativas que comprometen a toda la población perteneciente a una unidad política”. El
autor asegura que el régimen político se compone básicamente de dos puntales, por un lado
mantener un rol de dominación del poder político frente a otras esferas de poder existentes
en la sociedad y por otro lado asegurar un compendio de normas que efectivicen el acceso y
el ejercicio del poder político por parte de los gobernantes frente a los gobernados.
La fórmula prescriptiva alberdiana es necesaria, según el autor, para justificar la autoridad
de los gobernantes frente a ciudadanos que deben obedecer la ley y aceptar su dominio,
preferiblemente a través de una cuota mayor de consenso que de coacción, y entre los
mismos mandantes. Se hace necesario un principio de legitimidad, que es básicamente de lo
que se trata la fórmula. En traducir de manera efectiva los intereses y anhelos materiales e
ideológicos de la élite gobernante en un tipo de creencia que sea compartida, por un lado, y
se solidifique en reglas que regulen los mecanismos de poder por el otro. Esta fórmula se
sostiene en base a un sistema que efectúa la concordancia entre la voluntad de los actores y
el diseño de las instituciones de la República. Esta última es la fórmula operativa.
J.B. Alberdi plasma su propia fórmula prescriptiva en la Constitución de 1853 como
herramienta necesaria para lograr conciliar la necesidad de conservar algunos elementos
fundamentales del status quo pre-republicano con la de los principios igualitarios liberales
ilustrados. La Constitución estadounidense con sus controles y contrapesos pensados para
evitar al mismo tiempo tanto la tiranía monárquica o de las élites como la tiranía de las
mayorías populares, era su texto de inspiración. La esencia de esta fórmula se basaba en la
coartación de la libertad política del pueblo, en pos de garantizar estabilidad y desarrollo,
mediante la cesión del ejercicio del gobierno a un grupo minoritario de ciudadanos, pese a
que este mismo gobierno y sus mandantes debían compensar esa reducción en la libertad
política garantizando un máximo de libertad civil a través de garantías constitucionales.
Poder Central en manos de un Presidente, que debía ser eficaz como un monarca en su
fortaleza frente a poderes locales pero limitado en su arbitrariedad por la separación de
poderes del Estado, demarcando de manera clara la autoridad del Poder Ejecutivo. Ya
establecida la legitimidad del origen del poder, Alberdi también se ocupó de señalar el
futuro que debía alcanzar la República, las metas que ese Poder Central debía cumplir para
alcanzar el desarrollo de la misma y que hacían que valga la pena ese determinado
andamiaje institucional. Estas fueron: abandonar la herencia hispánica, fomentar la
inmigración europea, con la subsiguiente llegada de nuevas ideas además de mano de obra,
y finalmente la construcción de modernos sistemas de transporte como vías férreas y de
navegación, que favorezcan la industria y el comercio.

LA IMPLEMENTACIÓN DE LA LEY SÁENZ PEÑA

3B) “La ley de la reforma electoral fue finalmente sancionada. […] Nada torció la
voluntad reformadora. No obstante, tras el convencimiento de la victoria, es
posible diseñar el esbozo de un plan estratégico basado en el uso de todos los
resguardos institucionales que el ordenamiento constitucional ponía a disposición
de los reformistas”.

Atendiendo al fragmento citado, responder:


• ¿Cuáles son los “resguardos institucionales” a los que alude la cita? ¿Por qué se
aprueba la lista incompleta y en qué consistía?
• ¿Qué consecuencias tuvieron las elecciones legislativas de 1912 y 1914, las
primeras en que la ley entró en vigor?
• ¿A qué mecanismos recurrieron los partidos conservadores para condicionar el
voto en este nuevo contexto? ¿Cuáles fueron los mecanismos propios del
orden conservador que se mantuvieron y cuáles se vieron atacados?

La lista incompleta consistía en un sistema mixto, proporcional y plurinominal de


distribución de escaños parlamentarios que aseguraba, además de la obvia presencia de los
sectores políticos provenientes del viejo PAN, sean estos roquistas o modernistas, la
presencia de la oposición, compuesta principalmente por dos nuevos partidos como eran el
Partido Socialista en la Capital, la Unión Cívica Radical en casi todos los distritos, y otros
regionales, con importante presencia en el regiones del Interior, el ejemplo más notable de
esto último fue la Liga del Sur de Lisandro de la Torre. Un sistema que tenía la
particularidad de establecer de antemano la representación minoritaria. Este era, según
Botana, “el único medio constitucional posible para garantizar la representación de las
minorías” a través del sistema electoral. La finalidad detrás de la implementación de la lista
incompleta en particular, y de la Reforma electoral en general, parecía ser, según las
estimaciones de algunos de sus protagonistas, una suerte de gatopardismo a la criolla:
“cambiar todo para que nada cambie” tal como sostiene uno de los protagonistas de la
novela de Giovanni Tomasi di Lampedusa. Asegurando la incorporación de la oposición al
sistema, desinflamando así la posibilidad de nuevos alzamientos y revoluciones como los
protagonizados previamente por los radicales, pero al mismo tiempo sosteniéndose en
resguardos institucionales, un eufemismo para referirse a la captura de sectores del Estado
por parte del PAN y que quedaría por fuera de la reforma democratizadora de 19212. Un
ejemplo de esto es lo plasmado en el hecho de que este sistema electoral sólo regiría en lo
referido a las elecciones a diputados nacionales, Colegio Electoral Nacional, Colegio
Electoral del Senado de la Ciudad de Buenos Aires. Este último fue el más efectivo de los
resguardos. Una herramienta que le permitía al viejo régimen controlar el Interior y por
ende el Senado, ya que sus miembros se elegirían de manera indirecta y por medio de sus
respectivas legislaturas provinciales.
La indecisión demostrada por los legisladores en lo referido a la elección de un sistema
mixto (lista completa para Colegios Electorales e incompleta para lo demás) con avances y
retrocesos, fue otro de los resguardos institucionales plantados por el viejo régimen.
Las elecciones de 1912, y sobre todo la de 1914, pese a lo previsto por el oficialismo, que
había dividido sus porotos en las listas de la Unión Nacional sanzpeñista y la Unión Cívica
mitrista, y a la utilización de añejos métodos clientelares o fraudulentos (sobre todo la
compra de votos), resultaron en un notable espaldarazo para opciones opositoras en
importantes centros urbanos, primero de Buenos Aires y Santa Fé, para luego extenderse
por Mendoza, Córdoba Corrientes y Entre Ríos, provincias que eligieron a diputados
radicales, sociales y Lisandrodelatorristas (si es que alguna vez existió semejante cosa). La
conservación de la elección indirecta en las Provincias, y la posibilidad de la intervención
federal para anular resultados opositores incómodos en las provincias fueron algunos de los
más notables sedimentos conservadores que pervivieron a la reforma de Sáenz Peña. Pese a
todo, el gran resguardo institucional que representaba la figura del gran elector nacional
corporizado en el Presidente de la Nación bajo cuyo liderazgo y control de la sucesión se
lograba el respaldo de los poderes políticos regionales, se truncó luego de la muerte de
Róque Saénz Peña, y la incapacidad del núcleo gobernante de encontrar una nueva figura
fuerte que lo reemplace o un partido que canalice el voto conservador (Se buscó a través del
Partido Demócrata Progresista, fuerza nacional de De la Torre pero el proyecto no cuajó) lo
que resultó, sumado a otros factores, en la victoria de Hipólito Yrigoyen en 1916.