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LYDIA PANADA DE BROII,VN

PASAJESNOCTURNOS
A MI MADRE
¡, MI HIIO
. ESPOSOY ITENMANOS
DESDEI.A DISTANCIA
CON GRAN CARIÑO

LYdicr
LYDIA PARADA MERCADO

Entre el fárrago de noticias que a diario


nos llega con procedencia varia, encontramos
una que no se refiere ni a los "tupamaros", ni a
cursillos para matar moscaso para entrar y sa-
lir de un avión, ni a las alpargatas que usa Se '
fla Loren, sino a algo que para nosotros los bu-
nianos tiene un significado muy especial.

Trátase, en efecto, de lo sucedidocon la


Profesora de Estado y nuestra coterránea dc-
ña Lydia Parada Mercado, que hace algunos
años emigró de la-Patria con el noble deseo de
incrementar su bagaje cultural y, quien sabe,
dar más categorla a su titulación universitaria

Con una admirable acometida,en la que


encontramos destellos de aventura y bohemi:t
al modo romántico, partió de esta tierra casi
con rumbo desconocido,aunque para algunos
era cosa cierta que lucharía por establecerse
allí donde Washington mandó levantar un día
Ia gigantescaantorcha de la Libertad.

Se fue sin compadrazgos,sin bagajes ni


viáticos, sin ruegos ni lamentacionesy sí sólo
con el aliento de sus proyectos y la palanca de
sus anhelos sedientos de superación.

De cnando en vez sabíamosalgo de ella.

Pudimos así informarnos que, iuchando


duro, como se lucha entre riscos o entre dóla-
res, la profesional había conseguido abrirse
campo en la tierra de Lincoln, y se ganaba nc-
ble y eficientementeel sustento pasandoclases
de castellano entre gentes que se incrustaban
en el rutilante mundo internacional del servicio
diplomático,

¡La Profesora de Castellano y Filosofía,


modestamentetitulada en la Escuela Normal
de Sucre, hacía valer y respetar su tltulo en
Washington D. C., tal como 1o hiciera un mas-
culino batallador que tenga lós pantalonesbien
puestos!
Y consiguió defenderse y estabilizarse
con los recursospropios, sin el auxilio de nadie
y sl sólo con la confianza puesta en sl misma,
en su capacidad, su inteligencia y su firme de-
terminación de triunfar.

¿Y despuésqué?
Las nobles aspiraciones espirituales ja-
más se sacian y cada vez se sienten acosadas
por este afán de seguir hacia metas desconoci-
das, pero desde las cuales se pueden vislunr-
brar siempre mejores horizontes; y he aquí que
Lydia Parada, ya jurídicamente convertida en
la señora Brown, pues ha decidido formar hc¡-
gar en Estados Unidos, se inscribe como estu-
diante en la universidad y luego de un curso
que dura tres años, alentada sin desmayospor
el inteligente y comprensivo consorte, obtiene
una titulación de Master, es decir, la Licencia-
tura en Filosofía.

Y Lvdia es va una flamante Licenciada.


mostrando así el insólito caso de ser, segura-
mente, la primera profesional beniana que lle-
ga a tan altos peldaños,con el manejo sólo de
sus propios impulsos.

Lydia se honra a sí misma, honra a su


familia v honra a su tierra, y este suceso,que
no podemos pasar por desapercibido,motiva
nuestro más franco aplauso,para ella y para el
respetable hogar que modeló su niñez, que se
lo brindamos sin reserva como los vieios ami .
gos que conocimossus inquietudes de iuventud
y como los sincerospaisanosque recogenorglr-
llosamente tan merecidostriunfos.
HORACIO RIVERO EGÜEZ

Trinidad, junio de 1971.


. INTRODUCCION

La mayor parte de los cuentos y leyen'


das son de mi tierra porque cuando escribo,mi
pensamiento,da un paseo por esos lugares que
iodearon mi infancia y mi juventud. Me resulta
placentero huir de lo artificial, de lo material,
esapar de la metrópoli a la selva; asÍ no me
siento aprisionadapor la civilización y más bieu
arrullada por la humedad silvestre, por el aire
con olor a bosque y a tierra natural sin que ei
cemento la cubra sino alfombras de verde cés-
ped que alimentan el espíritu llenándolo de so-
ñadoras esperanzas.

No soy ufia folklorista científica, sino


más bien, yo diría, emotiva que impresionada
por las bellezas que encierra mi tierra, he ttsa-
do la imaginación para hacer de esascosaslna
ravillosas una leyenda o un cuento.

Por ejemplo: "La Leyenda del Jaraiore'


chi" la escribí despuésde hacer un viaie a San
Ignacio de Mojos, un pueblito a cien kilómetros
de Trinidad (capital del Departamento del Be-
ni) en un carretón tirado por dos yuntas de pa-
chorrientos bueyes que lo arrastraban a dos kr-
.-13-
lómetros y medio por hora. Fue entonces quc
la belleza radiante de esa florcita roja, disemr-
nada por esos interminables bajíos de leguas
largas como vulgarmente dicen los oriundos de
las que "El diablo anduvo sin calzones",me im-
presionó e inspirada en las extraordinarias cua-
lidades de la flor escribl su leyenda.

Presento a los personajes tal como son


en la realidad. Pienso que al describir las cos-
tumbres, contar anécdotas,tradiciones, supers-
ticiones y leyendases una manera de hacer co-
nocer a la gente de una determinada región de
la patria, en este caso El Beni.

Esta literatura está enriquecida con el


criollismo. Los protagonistas usan su propio
lenguajey así el lector se da cuenta de los dife-
rentes localismos y más aún llega a conocer la
sicologíade la gente en cuyo escenariose desa-
rrolla el diálogo o \a trama del cuento.

Creo que se los puede saborearen su rea-


lidad viviente. No hago gala de un español cas-
tizo, por medio del acomodode palabras,consa-
gradas por el uso, tomadas de escritores que vi"
vieron en épocasque no son las nuestras, sino
que tomo la lengua en función como el instnt-
mento para expresar los estadosde nuestro es-
píritu.
-14-
Es fácil conocer el origen, la clase y has-
ta 1a cultura de cada uno de los personajespor
la manera de hablar, pues en su nativa expre-
sión dicen lo que sienten y lo que piensan.Esto
arrastra la ventaja de cimentar la integridad
nacional. Además de que el lector tenga el co'
nocimiento de la idiosincrasia de la gente nor-
oriental, así como de las bellezasy deficiencias
que encierra esa parte maravillosa de nuestro
territorio.

Las formas dialectológicasdel casteilano


que existen en el país son muchas y por ende,
usarlas es beneficiosopara apreciar la riqueza
v tonalidadesdiferentes del español que se ha-
bla en Bolivia.

Esperoque este mi primer libro tenga, en


el sentido mencionado anteriormente, alguna
importancia y que venga a aumentar el acervo
literario boliviano que es vasto y valioso. El es-
critor nacional está tratando dla tras día de sa-
cudirse del yu¡1o extranjero desarrollandote-
mas de tierra adentro, de nuestros propios pro-
blemas, matizados con descripcionesde las fa-
bulosas bellezas con que la naturaleza nos ha
regalado.

-15-
Ojalá que su lectura produzca un est¿do
superior de sensibilidadal comprendersela mi-
seria y explotación que sufría la clase obrera en
años atrás, como en "El Maripeo" y la felici-
dad que se siente llevando esta vida tranquila
y sin apuros, donde lo único que sobra es el
tiempo porque, de lo demás se carece.

<0o-

-t6-
fr
. EL MARIPEO

Aquel día el monte parecía más verde.


La copa de los árboles, que protegían Ia misé-
rrima vivienda del indio, se levanta más ale-
gre,. Sus ramas soportaban, casi con orgullo,
el peso del nido de los buitres, y el eco del canto
de las aves que viene desde el enmarañadora-
maje de la selva resuena en la iglesia donde
Faustino y Dolores se casan.

Un largo rosario de cuentasmuy grandes


entrelazaa la joven pareja. Por más de dos ho-
ras arrodillados -como si estuviesen pagando
penitencia- soportan casi sin pestañearel ser-
món de consejos del cura parroquial.
-Este rosario es la cadena que los une
para siempre,-les dice el cura,-sólo la muerte
podrá romperla.

-Sí Taita, iremoj juntoj hajta el cielo-


replicó Faustino.
-Se casanpara formar una familia feliz
y muy larga. Tengan muchos hiios que cada ni
ño viene con su marraqueta debajo del brazo.
-t9-
-Sí Taita, yo quiero tener muchoj hijo;
porque no tuve hermanoj y por eso yo solo ten
go que cargar con la cuenta que dejó mi padre.
El que era su patrón, don Honorato González
no quiere rebajajla.

-Aceptas por compañera de tus días a


Dolores?
-Sí Taita, la quiero mucho.
-Aceptas por marido de toda tu vida a
Faustino?
-Si Taita, yo también 1o quiero.

En un cuarto desmanteladode la casa de


la novia suenala bombilla(l) anunciandoel ma-
:ripeo(2).

Una estera en media sala y el cántaro de


chicha de camote(3) esperan la llegada de los
recién casados.

Al son de taquiraris v camavalitos los


móperos(4)novios encabezanla procesiónman-
cornados por serpentinasmulticolores. El paso
menudo de Ia tierna moperita da movimiento
rltmico a sus senos turgentes cubiertos, tan só-
1o, por la delicada zaraza del tipoy(5). Negras
¡r langastrenzas golpean sus caderasescultural-
mente torneadasy con el cuello en alto y sti
cuerpo finamente tallado cual la imagen alta-
-20-
nera de un hermoso totaí(6), se dirige sonrien-
te al lugar del maripeo.

Sentadasobresus talonesen la esterade


junco, Dolores vertía ia famosa chicha fermen-
tada a todos los móperos del pueblo.

-Qué buena ejtá tu Dolorej, Faujtino,


voj nacijte pa ser feliz, haj tenÍo suerte- le de-
cia Etanislao mientras sorbía ntidosamente la
tleliciosa bebida.
-No tan feliz, compañero,tengo que
trabajar mucho pa pagar la cuentota que dejó
mi padre al morir. Mi nuevo patrón -don Eu-
logio Zelada- me ha tomao porque le he ro-
gao.

-Pero voj soj joven y muy juerte,-repli-


có Etanislao con entusiasmo.
- -Así
creo yo, ademaj ya le he dicho a
Dolorej que vamoj a tener muchoj hijoj pa que
cuando yo "ejtire la pata", si le debo al patrón,
con el trabajo de todoj ej máj fácil pagajle. Er
mi caso como juí solito tengo que sacar el pe-
cho solo.

Al caer la tarde el firmamento se man-


chaba con el rojo agonizante del creprlsculo.
-2r-
Las nubes fabulosamentesonrosadaspor los úl-
timos destellos de la luz solar ambulaban apa-
cibles por el cielo tropical. En el bosque ya
había penetrado la oscuridad de ia noche y
el gorjeo de los pajarillos, era reemplazado
por el lamento de las avesnocturnas y agorera$
como el Guajojó(7).
-Manuela, mi comadre, servime maj
chicha que ya ejtoy un poco alegre- le dice don
Etanislao.
*Gueno puej, trae tu tutuma(8), te via
dar de ejta otra que ejtá frejquita.

-Ya loj novioj se fueron a dejcansar.


Que contenta debe ejtar tu hija comadre, ese
dejcansitole va a sentar bien. ..

-Sí, sí, a la oracioncita se juyeron ¡Ca-


rachu! no tuvieron miedo de la oscurana:dice
don Lorenzo con una sonrisita de picardía. ..

Tres días duró el festeio del casamiento


de Faustino y Dolores. Los in"dlgenascaían bo-
rrachos. Dormían la mona unas cuantas horas
y continuaban bebiendo, pues tenían que dar
fin con los cántaros de chicha preparadospara
el festín.

-22_
Cinco afios de vida conyugal feliz han
transcurrido desde el día de aquella unión,

Y allá en la estancia de Zelada escondi-


da bajo_el embrujo del bosquesecular, se divisa
la chocita de paja de los móperos cuyo enlace
presenciamos.

Los arbolones de enormes brazos verdes


la cobijan con su sombra y el platanal de hojas
acortinadas le dan un leve frescor en la hora
calurosade la siesta.

En la quietud de una noche callada ya


acostadosen la chapapa de tacuara(9) que les
sirve de lecho, la pareja conversa.
-Y laj lunaj pasan Dolorej y el primer
hijo nada.
-Yo también ejtoy cansada de ejperar,-
contestó Dolores, como si tuviera el alma atra-
vesada por el cuchillo de la esterilidad.

-Todoj loj díaj charlo con el "Viya"(I0)


que parecevejlo detraj de esaj nubej cuando el
cielo ejtá clarito.

Al arrear el ganao por esoj interminablej


bajíoj(l l), pienso que al llegar a casa voj me
-2'3 -
vaj a dai la sorpresade que el chico ejtá en ca.-
mino. Pero nada, siempre la mijma cosa.

La paciencia de Faustino esperandoque


su mujer le anunciara su nuevo estado se tor-
naba en desaliento.

Montado en su caballo que va al paso


lento del ganado cruzando cañadas(I2),bejucr-
,les(t3) y curiches(I4) sueña con la intensidad
que le permite el campo abierto y con la espe-
ranza de esa ambivalencia de verdes camDes-
tres.

Con la mirada fija en el crespón ceniza


de los nubarronesambulantes de ese cielo con-
fundido con la inmensidad del pajonal(15,¡,
Faustino descansasobrelas caronas(16)a la ori.
lla de una laguna mientras pastoreael ganado.

La tristeza del alma rociaba su pensa.


miento de un sollozo perenne como el sollozr:
eterno del viento de la pampa.
-Qué gorda ejtá la muchachita Dolo-
rej...
-Sf, y ej muy lindinga, también. Tiene
loj ojoj de tu madre. Pero ejtá un poco enfermi-
ta, no sé qué le pasa a mi peladita(17).
-24 -
-Tenej que llamar ahorita mijmo a do.
ña Juana Ia curandera de Sachojerepa que Ia
vea:

"Ejta niña linda


se quiere dormir
y el pícaro sueño
no quierevenir" . . .

AsÍ le canta su padre arrullándola en los


brazos. Con cariño intenso, que no puede ma-
nifestar con palabras, la aprieta contra su pe-
cho como si fuera una continuación de su vid¿r
misma o la suya propia.

Y le dice a Dolorej -la quiero tanto que


me quedo mudo cuando la tengo conmigo, o ej
puej que no sé hablar. Qué felicej son loj cara.
yanaj(I8) que lej hablan a suj hijoj con paia-
braj bonitaj!
-Claro -contestó Dolores- porque
elloj van a la ejcuela a aprender.
-Tenej razón mujer, por eso via traba-
jar muy duro pa que mi hijita tenga ejcuela y
sepa todo lo que sabenloj carayanaj.

La musiquilla chillona y melancólica de


la procesión indígena siguiendo el rastro del
-25-
Señor, el Viernes Santo, penetraba con agude-
za en los oídos de Faustino.

El Iamento de la flauta se hacía uno con


el lamento de su alma al sostener el cuerpecito
sin vida de su hija, envuelto en una carona olo-
rosaapastoyamuerte.

El chillar del viento meciendo la melena


del bosque lo despierta. Siente todavía el pesc
frío de su hijita soñada.Y con una lágrima de
ternura y dolor dice:
-Vamoj vacaj viejaj al corral que el
surazo ejtá llegando con juerza.. -

-o0o_

-26 -
. ':. VOCABULARIO

l,- Bombillar,- (Localismo) Banda compuestapor una ca-


ja, un bombo y una flauta..' '
2.j- Maribeo.¿' (Locaiismo) Fiesta indlgdna cuyo nombre
se deriva de maripi, que es una calabazadisecadaque
usan, como cucharón,para servir la bebida.
3.- Camote.- Americanismo. Batata, planta comestible,de
la que se hace la chicha que fermentada es como un
aguardiente.
4.- Mópero.- Nombre que se les da a los indios del orien'
te de Boliüa.
5.- Tipoy.- Camisa larga y sin manga de las indias del
Oriente de Bolivia.
6 .- Total.- Americanismo.Especie de palmera muy ritil.
7.- Guajojó,- Bolivianismo.Urutaú. Ave de mal agüero.
8.- Tutuma,- Amedcanismo.Calabaza.
9.- Chapepa de Tacuara.- Catre hecho de caña fuerte, es-
pecie de bambr¡,
10.- vtye.- Dios en dialecto ignaciano. Derivado del gua'
ra¡rf.
11.- Bajio.- Americanismo.Terreno baio.
12.- c;aíiaü.- Americanismo, Arroyo,
13.- Bejucal.- Sitio donde hay muchos bejucos. Beiuco:
nombre de varias plantas tropicales, de tallos muy lar-
gos y delgados que se extjgqlg4ior el suelo o se a¡ro-
llan a otros vegetales.

-27 -
14.- Cur¡che.- Bolivia¡ismo. Pa.rtaÍD o br-
15.- Paional.- Americanismo. Sit¡o dd - d iiu o
pajón.
16.- Ca¡on&- Tela acolchonada qE - t- | ht bes¡ids
bajo la silla o alba¡da.
17.- Peladt¡.- Localismo. Palabra & aú lE a un
bebé o a una muchacha en la tra ¡¡ h fl-
18.- Ca¡ayana"- Viene del guar¿¡l CÍ|!E. iE lrire de'
cir "Gran Pfca¡o",

-o0o-

-28-
EL MEDICO DEL PUEBLO

El pueblito situado en medio de una sel'


-dos y llena de peligros, tenía más o menos
va espesa
unos mil habitantes, era más que un pueblo,
una aldea. Todos vivían como en familia cono
ciéndose mutuamente en sus quehaceres'mo-
dos de vida, cualidadesy defectos.

En las tardecitas, cuando el sol hace gala


de esa su l:uz roiiza de agonÍa, salían a sentarse
en un banco de la pequeñaplaeita cuadradaque
cercaba las cuatro manzanas principales, don-
de residla la gente dueña de haciendasy gana'
do. Otras casitas regadas,con techo de mota-
cú, se extendÍan a lo largo del río que les rega-
laba su brisa en la hora del crepúsculoy que los
oriundos suelen llamar la oracioncita.

Y segrin la costumbre,que continúa has-


ta ahora en los pueblos del Oriente de Bolivia
at'rnen las pequeñasciudadesde 10.000o más
personas,los hombres se sentaban separados
de las mujeres, excepto los novios o enamora-
dos.

-29-
Era entoncesque se hacía el comentario
de los sucesosdel día. La crítica de lo bueno v
lo malo y las murmuraciones sobre uno y otró
tema eran abundantes,se quitoneabanla pala-
bra para decirlas.

-Imagínese -habla uno- que don An-


drés viajó ayer a la capital con toda su familia.

-Qué linda vacación la que se van a


. dar, afirma otro de los del grupo.

-El viejo ricachón, sinvergüenza que


compra el sueldo de los pobres maestrosal 20,eo
de interés -añade Pedro con cierto enoio- es-
tá bien que desempolvealgunos billetei de los
muchos que tiene guardados.

-¡ Oh!, ustedesno saben cual es el tiro del


;i

viejo -dice José Rivas- casar a las hijas con


jóvenes de la capital.

-Pero, son tan feas que ni con plata va


a lograr realizarlas- agrega otro riéndose.

Raril que era el más buen mozo y soltero


de los del grupo expresó:
-Yo, ni cubriéndolesla cara con un,co-
tencio me duermo con ningüna de ellas.
- 3 0-
-Chito, chito, cállense que acá viene el
hermano. Se ha quedadohasta fin de mes para
cobrar los vales de los suelditos comprados.En
cuanto reciba el efectivo viaiará también.

E'Cómosabeseso?;preguntóuno.

*El me 1o contó anoche en casa de la


Cruca donde nos encontramostomando un tra-
go.

La charla cesó porque pasabaun ramille


te de muchachasjovencitas dando vueltas a la
plaza muy encorchetadas.La mirada de todos
se clavó en ellas. No hablan terminado de pa-
sar cuando las tijeras empezarona cortar.

-Por Dios, que Hortensia está nalguda


-murmuró Jos&- y camina como diciendo:
"Para mí para voz, para solitos los dos. . . ".

-Fljense, fljense en Carmencita,-co-


deándolos susurró Pedro- está perdiendo la
cintura. Dicen que ya el hijo de don Eulogirr
Martínez se la ha almorzao.

-¡Pobrecita!,-comentó RaúI, con pena


de las habladurlas,-tandulce que es.
-31 -
-Sí, muy dulce,-añadió Pedro,-pero un
pocosordaja.. . ja. .. ja.. ., todosrierona una
voz.

En medio de las carcajadas se unió a!'


grupo el Dr. Aguilar que venía de visitar a un
enfermo.
- ICO-o sigue el Intendente Dr.?-le pre-
guntaron todos.

-No muy bien. Ya le he dicho que si


puede viaje al interior para que lo operen,pues
acá carecemosde recursos.Yo hago lo que pue-
do pero no siempresucedenmilagros.

EI Dr. Aguilar era un hombre delgado ¡r


de tez pálida. Despuésde graduarsede médico,
el gobierno lo destinó allí para que cumpliera
con la práctica de provincia que exige la le;'.
Se enamoró de una chica del lugar y se casó
quedándosepara siempreen ese "paraíso", don-
de los dlas se deslizabanfelices resoirándosela
calma de una vida tan tranquila como sencilla.

Tenía un sueldito mísero como jefe dei


Dispensario,pero no le hacía falta. el dinero
porque la gente le regalaba.de todo.

-32 -
Antes de que aparecierala pierna de va-
ca colgada en el corredor de la casa donde se
había carneado,ya el doctor contaba con su
buen pedazó de lomo o de costilla gorda y el
cura también. El que tenía lechería le obsequia-
ba la leche y, los carrpesinos que llegaban del
campo le traían arroz, cebolla, yuca y muchos
otros alimentos de su pequeñaproducción. Los
regalos menudeabanpara el médico y el sacer-
dote porque el uno curaba el cuerpo y el otrcr
el alma, según la creenciade los indios.

La felicidad que hasta entonces,disfruta.


ba el hogar de los espososAguilar se iba empa-
lideciendo poco a poco. El doctor se sentía en-
fermo y como médico conoció slr 1rrá1.Una tn-
berculosis galopante se lo llevaba lentamente.

-Nadie tiene la vida comprada¡le decía


en charlas íntimas a su mujerr Ha5l que estar
preparado para los golpes que da la suerte.
-Qué aceite hediondo tomas todas las
mañanas querido?¡le preguntó la esposa.
-Aceite de caimán. Es un buen recons-
tituyente para los pulmones.
-Ah!, ahora comprendo.Te sientes en-
fermo.
* 3 3 -
-No, nada de eso, es solamenter¡na vi-
tamina fuerte. Y ahora que bablamosde la vida
quisiera encargarte una cosa Pero que sea un
..s€cr€tosellado con nuestro amor de cónyuges,
J bueno?

-Por supuesto;le respondióella, ua tan-


to curiosa.
-Si es que muero primero qu€ hi, te ro-
garía colocarme en el bolsillo del saco con que
me entierren una navajita de esas 'Guillet" bien
fila. No me preguntes más. Es solamente u,'r de-
seo.
-Magnífico -le contestró e{la-- pero lo
encuentro un poco sin sentido.

A las dos semanasde esta cha¡la las cam-


panas de la igle.siadel pueblo doblaban sü fune-
ral. Misteriosamente amaneció muerto. Todos
creyeron que de un ataque al corazñn-

El Dr. Aguilar para salvar a sr familia 1.'


amigos del contagio le inyeitO un líquido quó
lo haría dormir por tres días.

-34-
EL JENECHERT]

:AquÍ podemos pasar la noche --drjo


don Sinforoso- porque los viajeros antenores
han dejado el jenecherú(l) prendido, que nos
permitirá hacer el fuego para el cafecito quc.
con tantas ganas,lo deseoahora.
-Sí;-dijeron los mozos a una voz-Iis la
pascana(2)del ñáchacha que es famosa por ser
el paradero de los tigres, añadió uno de ellos.

Siguieron comentando que, como el río


es tan encajonado,les gusta esconderseen sus
orillas, porque cuando los caimanessalen a aso-
learse les es fácil comérselos.
-Pero no queda otra alternativa -afir-
mó el patrón- ya la noche está llegando y los t
mosquitos se alborotan peor.
-Claro patroncito, no queda otro reme'
dio al alba vamos a salir de aquí para aprove-
y
char la fresca. Los bueyes se han cansaomuchc
hoy porque hemoscruzao el bajío de Dolores en
la ira del solr.fue 1o que Paulino habló.
-35-
-Vamos muchachos,-gntó don Sinforo.
sorapurarse que quiero, cuanto antes, mi hama
ca y que atiranten mi mosquitero para salvar.
me un poco de esta sabandija que me tiene lo-
co.

En su dialecto los r¡rozos empenarona


hablar.

. -Está bien¡murmuró uno de ellos,-qut:


sepaesteviejo que por primeravez haceun vi¿-
je a caballo y en carretón, que no es como vo.
Iar en-esospájaros donde siempre llega sin quo
le cudste nada.
-Si puej¡añadió t¡onildo:'él solamente
recibe la plata y no sabedel tr¿'DaFque se hace
acá ni de los peligros que hay en h seh a

-Bueno, bueno,-les gritó nuev-amente,-


nada de conversay manos a la obra

Después de desenyugar atirantaron en el


galpón(3) con techo de paja pero sin paredes,
las hamacas.Sacaronlos cueros de res gue for-
maban el toldo de los carretonesy los etendie-
ron en el suelo. Como la choza era tan p€que.
ña solamente cupieron en ella dos oreros y el
tercero lo pusieron en la grama cerca de la ca-
sa.
-36-
I -A los pocos minutos la liamarada se
dejó sentir con todo su furor. El jenecnerúque-
dó enterrado entre la chafra que todos recogie-
ron en cuestión de segundos.Se olió la esencia
del café que les alivió el cansancioy a don Sin-
foroso le quitó el sueño.

Un locro de charquil4) con urucr'.(S¡fue


el plato que saborearoncomo cena.

Cuando ya dormían, menos ei patrón que


escuchabahasta el colazo de los brieye:i defen-
diéndosede los mosquitos, se oyó el branlrr del
tigre que se acercabapoco a poco hacia el ltt-
gar.

El panzaso de los cocodrilos entrándose


al agua y el lamento de las aves nocturnas se
apoderaron de él y un miedo terrible lo hacía
arrepentirse de haber tomado la decisión de
realizar ese viaje, por tierra, a sus estancias.

Pero los mozos dormían como piedras'.


Estaban acostumbradosa la selva y el ruido de
ella era la música que los arrullaba en las no-
ches oscurasde pascana.

El bramido del tiere resonóen sus oídos


y de un salto estuvo en la cama de Paulino que
se había acomodado a los pies de su hamaca.
-3'7 -
Era el peón más fornido y valiente por eso le
ordenó que se acostara cerca de é1.

Todos despertarony se pusieron al ace-


cho para matar al tigre que al olor de Ia carne
humana quería calmar su hambre.

Tomaron sus machetes,üstos para ata-


'car
en el momento preciso. El jenecheru era la
chispa de fuego que, por lo menos, los consola-
ba.

Don SinforoSg temblaba miásque una ho-


ja en pleno vendaval. Entre ellos hablaban en
su dialecto ignaqlano que es una rama deriva-
da del guaraní. . l
-Elay che,-dijo Pedro,-muchas veces
me ha tocao pascar aquí y jam:ásm han salío
los tigres y si han bramao en la noche m los he
escuchao.
-Ni yo tampoco,-contestó Par¡lino,- es
que el tigre ha ollo la carne del patrfu y pien-
sa que es más sabrosaque la de nño,ro6-

Todos rieron a carcajadasy do Sinfo-


roso, que moría de miedo, les dijo furim.

-38-
, -Nada de chistes, cambas de mierda.
jNo sienten el peligro? Este tigre esüi hambrien-
to y busca una presa que será alguno de los de
aquí.

Y toda la desgraciaocurrió en segundos.


Solamentese oyó el grito de los padresy el sal-
to del animal al agarrar a la víctima que le fue
más fácil, al pequeñohijo de Rosendoy Casil-
da que dormía profundamente al lado de sus
progenitores en el cuero que quedó completa'
mente bajo la intemperie de esa noche oscura
y sin relámpagos.

La destrezade Paulino se dejó ver en ese


mismo instante, al derribar a la fiera clavándo-
le su machete en el estómago.Soltó al niñó que
ya agonizabal

Lo sepultaron en una lomita detrás de la


tapera. Rosendo le puso su cruz y en sollozos
dntrecortados la mamita le hablaba en su dia-
lecto: "La luz del jenecherú te alumbrará, hiji-
to, el camino del cielo donde "El Sache"(6) te
espera.

Al alba siguieron viaje con un hermoso


cuero de tigre que costó el fin de una vida que
apenas empezaba.

- 3 9 -
El patrón Io miró con agrado y pensó:
En Londres llamará la atención, lo haré curtir
y será un valioso adorno en mi casa".

El se sentía feliz de haber salvado el pe-


llejo, estaba lejos del sentimiento de los padres
y demás vaqueros a quienes el dolor había en-
mudecido.

-. _¡V-

VOCABUI.ARIO

1.- Jen€ch€(ú.- Tizón recio y Bacizo qc * deja de ux


dia para otro, entre el rescoldo de la ci¡¡' a fin,de dis-
poner prontamente de fuego. Se emp¡ea dEbólicamente
en el sentido de "Fuego que no se a¡¡aga @"-
2.- Pasca¡a,- Parada, etapa que se hace e! u liate.
3.- Galpón.- Americanismo. DepartaE€üto kitodo ant!-
guamente a los esclavos de las haci€ld.s-
4.- Locro de charqu¿-- Plato tfpico co ¡uroz y
came seca.
5.- Uruq¡.- Achiote. Su fruto tíene r¡¡ coha¡te usado
principalm€nteen culinaria.
6.- Et Sache.- Dios en dialecto ignaciaao. Ra. dÉiirada
del guararlf,

- 40,-
CRIMEN OLVIDADO

- ¡,Lo mataron a don Juan Camacho!

Dos comadres emitén esta exclamación


en el mercadito al aire libre que está en la es-
ouina de la colla Sinforosa. Mientras toman el
café con los consabidoscuñapeses(l)y roscas(2¡
charlan de la barbaridad ocurrida en la madrtt-
gada de ese día.
-Qué cosa horrible, comadre, el crimen
de anoche,pobre don Juan.
-JY .o-á 1omataron?
-Como dormía junto a la ventana que
da al canchón de su casay con ella abierta par
el calor, aprovecharon la luz de la luna, que
alumbraba como de día, y le pegaron el tiro
eiactamente en el ojo.
-JY usted lo vio comadre?
-Claro que sl. Al ruído del disparo oí los
gritos de la hija lamentándose.Corrí y todavía
-41 -
lo vl vivo, cafdo en el suelo, inconsciente,con
el ojo salido y revolcándose en un charco de
sangre.

-Vaya uno a saber quién fue el ases!


nojno?
- iAve María Purlsima comadrita! Yo
tengo mis dudas porque recuerdo un incidente
rocurrido con un pretendiente de su hija.

-Por supuestoque usted debe est¿r al


tanto de todito porque es su vecina. Y por qué
no pe Io cuenta?,me muero de curiosidad, co-
madre.
-No comadre Juana, no me atrevo ni a
mencionarlo.Tengo miedo de que me llamen'y
me hagan preguntasy si el asesinosabe de que
estoy en contra de é1,puedo ser su próxima víc-
timajno le parece?

-Tiene razón. Es peligroso abrir la bo-


ca en este pueblito donde todos nos conocemos
y los comentariospasan de unos a otros aumen-
tados y corregidos.

El incidente que vivía en la memoria de


la vecina habÍa tenido lugar hacía un año.
-42-
Los días transcurrían despacioy se per-
dían las esperanzasde que el padre le permitie-
ra a su hija la visita .del muchacho aquél que
rondaba la casa.Muy de vez en cuando se veían
minutos contados y apenas cruzaban palabras.

-Ya no puedo más con esta pasión que


me arrastra a todo. Si tu padre.continúa tan se
vero contigo, soy capaz hasta de matarlo -le
decía Enrique mordiéndoselos labios.

Elvira era una jovencita de apenas 17


años. Baja y morenita. Graciosa y de silueta
delgada. Piema gruesa y un busto muy bieu
formado, verdaderamenteatractiva. Unos ho
yuelos divinos la ayudaban a ser una mujercita
encantadora.

Siendo muy niña aún quedó huérfana de


madre, tal que ella constituyó el consuelode su
padre que no volvió a casarsenunca más. Po¡
ese mismo hecho le tenía mucho respeto y se
comprendíanmutuamente.

Enrique, el pretendiente,era ya un hom-


bre de 27 años. Guapo pero de mirada dura. Ha-
bía algo en é1que no inspiraba confianza. Ade-
más no tenía ninguna profesión sino un oficio
que apenasle alcanzabapara mantenerseé1.

-43 -
Un domingo de pascualas calles estaban
desiertasporque era la hora de la siesta.El pue-
blito dormía con las puertas cerradas para evi
tar la resolana caliente que quiebra la tierra en
esos lugares del trópico. Sólo se oía el ruido de
los jaucis(3) que, aprovechandoel siiencio, co.
rrían diestramentede un barbecho a otro.

.; Elvira salió a comprar un refresco a la


pulpería de Ia esquina. Enrique Ia vio y de un
salto estuvo a su lado. Asiéndose fuertemenle
del brazo le dijo:
-Ahora te quedas conmigo. Nos iremos
lejos de aquí y el viejo de tu padre no sabrá ua-
da de nosotros.
-Suéltame, por favor, que papi me está
atisbando desde la ventana.

-No lo haré, pues quieraso no, aunque


tenga que matar, serás mía. Abusando de su
fuerza viril trataba de arrastrarla con é1.Des-
pués de un buen rato de forcejeo y viéndose
perdida gritó:

-¡Socorro, socorro! este hombre me


quieie robar. Papi, papito, ven en mi ayüda.

-44-
El cobarde la tiró con fuerza haciéndola
caer sobre los jones(5) duros que estaban cal-
cinados por el quemantesol de la hora. En se-
gundos el padre estuvo a su lado. Injustamente
la castigó.Desfogó su furia con un tirón de ore-
jas y una mechoneadade cabellos que lastima-
ron el alma de Elvira para siempre.

Desde ese día Enrique desapareció.Na-


die supo más de é1.No solamentese fue del ba-
rrio sino del pueblo también.

Elvira continuaba su vida normal. Pero


en sus adentros ya no era la misma. Mantenía
luchas tremendas consigo misma, a veces de
compasiónpor Enrique que había puesto a prue-
ba su amor queriéndoselallevar en las barbas
de su padre. Sabía que ess le costaría la vida y
admiraba su valentla para afrontar el peligro
con decisión y sin temor.

Amaba a su padre pero en ese amor ya


se había incrustado, aunque levemente,una es-
pinita que, sin arrancarle del todo la ternura,
pinchaba alguna de las fibras de su sentimiento
paternal.
A menudo se preguntaba:
- j'Por qué no me dejará salir?jQué hice
yo para que me castigara jalándome de los ca-
bellos sino gritar pidiendo auxilio?

Y se contestaba -bueno, será tal vez


porque me quiere demasiadoy desdela muerte
de mi madre no tiene más que a mi.

Estas reflexiones la aliviaban un tanto.


pero al poco rato se decía:
' -Si mi vida no es la de é1.Soy otro ser
humano, otra vida que necesitabastarse por si
sola. Y al no encontrar solución a su problema
imrmpla en un amargo llanto, desahogo que le
daba fuerzas para seguir soportando todo.

En el pueblito todo el incidente dormía


en el olvido, pero en el corazón de Elvira se avi-
vaba más la llama de 1o sucedido esa tarde si-
lenciosay soleadade la Resurreccióndel Señor.

Y en un nuevo amanecerde uno de los


días de cuaresma,cuando la luna baña las ca-
lles con su claridad plateada,es que las coma-
dres comentan el crimen de la muerte del pa-
dre de Elvira.

Todo quedó en penumbra.No se hizo jus-


ticia. Y así como el recuerdo de don Juan Ca-
macho durmió, muy luego, en el sepulcro del
olvido juntamente con sus restos, también el
-46-
horrendo crimen se perdió en el correr de los
días.
La hija, con Ia tremenda impresión y c!
dolor del deceso de su padre se fue al campo
en busca de la tranquilidad que su espíritu ne-
cesitaba. Una lucha constante, consigo misrna,
no la dejabavivir. Desechabala idea de que En-
rique hubiera podido ser el culpable.
-No¡repetían sus labios a cada momen-
to. "No" decía en voz a\ta, para poder acallar
el "si" que en un violento latido su corazón de-
cla.
Con el aire del campo, el ver.dedel bos-
que y Ia soledad, Elvira encontró un poco de
palma.

A Ios pocos meses y casualmenteEnri-


que pasó por esta estancia.Su expresiónde sor-
presa fi.regrande.

-¡Oh Elvira!, no imaginaba que estuvie-


ras por estos lados, qué sorpresatan agritdable
que me da Ia vida en volverte a ver cuando me-
nos lo pensaba.
-Gracias, Enrique, después de la trági
ca muerte
'zar de mi padre decidí venirme ac6.a go-
de la quietud del campo.
-47 -
-Te comprendo querida. Me apené
cuando supe semejante desgracia y mttcho hc
pensadoen ti.
lév t¡ qué haces por aquí?
' -Desde lo ocurrido aquel domingo de
pascua preferí alejarme del pueblo. Creía que
dejándote de ver este capricho, pasión o 1o que
- quieran llamarle se terminaría con la distan-
cia.
-¿Y asi ha sido? -insinuó Elvira.

-No, mi -linda, ahora que te veo me doy


cuenta que el sólo mirarte mé causa verdaderá
felicidad.
-iPero qué estáshaciendo,de qué vives?

-Estoy recogiendoganado de diferentes


estanciaspara llevarlo a Santa Cruz, me pagan
muy bien por el arreo.

No se habló más del fallecimiento del vie-


jo y ellos formaron un hogar de cuya unión na-
cieron tres niños. Despuésde un tiempo se ins-
talaron nuevamenteen el pueblo.

El carácter brusco y el temperamento


frío del esposono le permitieron a Elvira gozar
-48-
de la felicidad que esperaba.Pero, resignada
con su suerte era una esposa abnegada y una
madre ejemplar.
Enrique llegaba tarde a la casa y de un
humor insoportable.

dDónde está mi comida, carajo? Ché,


floja, levántate a calentarme el puchero que me
muero de hambre.
Y como no lo hizo de inmediato de una
patadala sacó de la cama.

La pobre Elvira se levantó sollozando a


prender el fuego para calentarle e1majao(4) que
siempre le dejaba tapado en la mesa del corre-
dor.
Entre dientes murmuró: "Vas a ver que
te voy a denunciar a la justicia que vos matas-
te a mi padre".
Una noche de abril, cuando la luna llena
de cuaresmaquebraba su luz en la vieja pared
de una casita humilde, tres niños sollozan enci-
ma del cadáver de su madre.
Misteriosamente, Elvira falleció. Tenia
las uñas moradas y los labios de un color lila
impresionante. El médico forense la declaró
muerta por envenamiento.
-49-
VOCABULARIO

l.- Cuñapeces.- Pan hecho de ha¡ina de ¡ruca y queso.


2.- Rosc¿s.- Pa¡ de harina de malz y queso.
3.- Jaucis.- Lagartija, Muy nervioso y movedizo.
'
4.- Majao.- Plato tlpico del Oriente de Boüvia.
5.- Jone6.- Pedazosde tierra dura-

-o0o-

.-50-
VISPERAS DE NAVIDAD

Se espera Ia Navidad con regocijo' Hay


alegría y animación en todo y en todos. La na-
turaleza eritera y hasta los cerros nevados sa-
ludan con su belleza blanca la llegada del Re-.
dentor. La cordillera parece mecerseal vaivén
de las nubesy en cada grieta contemplamosan-
gelitos formando el cortejo del Niño Jesús'

En el ambiente se respira el olor fresco


del pino de los campos.Todas las miradas -las
tristes y alegres- se posan en los arbolitos y
decoracionesnavideñas.

Las tiendás lucen en sus vidrieras coro-


nas rojas y verdes y un sonrientePapa Noel in'
vita a gastar las moneditas ahorradas durente
el año.

En las alturas el viento helado recogeto-


nos alegres de villancicos, que poco a poco se
van perdiendo en el infinito de las montañas.
En las llanuras la brisa ardiente esparceel eco
de estas cancionespor sus praderas,montes y
bosques;y hasta repiten su melodía las canta-
rinas aguaS de la corriente
-51 -
Con sonoridad de fiesta las chillonas
campanasde las iglesiasrepican la misa de me-
dia noche. Y en los altares los Reyes Magos
con mil juguetes,cintas y flores anuncian la ve-
nida del Salvador. Hay sensibilidaden el alma
de las cosasy en el alma humana, pero en la de
los muchachosque hay.

En estos corazonestiernos sólo hay amor


e inocencia. En sus rostros de dulzura infinita
se dibuja Ia alegría y el contento y en el de los
huerfanitos únicamente una sonrisa marcada
con el tinte gris de la melancolía.

Y así en este labeúnto de las vísoeras


Pepe, Luisito y Juan se reunen en la callé. Al
igual que todos los demásrepasanlas vidrieras
y admiran, con sentimientosdiferentes,los pre-
ciosos juguetes y miles de cosas que la gente
compra en medio de un alboroto indescriptible.
-Qué bello tren -dice Juan- si estuvie-
ra con mis padres de seguro que me 1ocompra-
ban. Cuesta un dineral y creo que es eléctrico.
-Pues 'urrelvea tu casa -le contestaron
en coro sus dos amigos.
-No, -afirmó golpeandoel piso con el
zapatÉ ya les he dicho que mi libertad vale
-52-
más que ese tren y que todo en el mundo.
-Qué cosasraras tiene la vida -replicó
Luisito- en cambio yo que no tengo padres
añoro el calor de un hogar y los mimos de una
madre buena-Y una lágrima, vertida sin que-
rerlo, fue el rocío de la amargura profunda de
su alma,
-No llores hombre-le dice Juán- pal-
meándole la espalda suavemente-Y continuó
diciendo-yo también a veces recuerdo a la ml¿
con .cariño.
-Así me gusta oirte hablar, Juan, como
un ser humano, no como un perdido que no re-
cuerda ni siquiera a la madre que Dios le dio.

-Si, sí ámigo, Ya sé que tú adoras a la


tuya a quien no tuviste la suerte de conocer'

-Mira Juan, no solamentela adord, si-


no que la venero. Venero su memoria. Y elevó
su mirada al cielo que estaba llúo de puntitos
brillantes. Esa noche las estrellas semejandoltt'
ciérnagas,alumbrabancon un resplandorextra-
ordinario. Y la grande,la grande estrella de Be-
lén se movía como si estuviese viajando a la
tierra. Con diamantinos fulgores iluminaba el
descensoglorioso del Mesías.
-53-
Y despuésde contemplar unos segundos
esta delicada e indescriptible belleza celestial,
continuó diciendo:
-Ella vive en el cielo, en ese más allá
misterioso donde mi mirada no puede penetrar.
-Caramba amigo, estás hablando cbmo
un orador y apenas tienes 13 años.
-Es verdad,- contestó Luisito,-pero son
13 años sufridos. No soy más que un arrimado
en un hogar donde sólo me tienen por compa-
sión y los niños de la casa me tratan muy mal.
-Bueno, bueno, no me enternezcasha-
blándome del amor maternal. Comprendo que
una madre -sea 1o que fuere- es madre y pa-
ra serte sincero,yo también quiero a la míaidi-
ce Juan bajando la vista como tratando de bo.
rrar su imagen que en esosmomentos se le pre-
sentabamás clara que nunca.
-Claro¡replicó Luis,,esoes lo más natu-
ral y humano.

Pero cuando vuelven a mi mente -oro-'


testó Luis mordiéndoselos labios- sus lujós y
vanidades,sus,comilonasy festines,sus juegos
de pocker, bridge, etc., etc., siento odio por ella

-54_
y por todos los ricos. Por aquéllos que amasan
fortunas explotando al trabajador, al pobre
obrero que jamás sale de su miseria. En mi ca-
so, por ejemplo,mientras gozabande los frutos
de esa injusta explotación, me olvidaban. No
sabíanni comprendíanmi soledad.
a
*c 'Soledad?rrepitió Luisito¡ahora me to-
ca a mi recordarte que solamentetienes 14 años
para hablar de soledad.

-Si Luis, la sentía en esa casonaelegan-


te donde siempre paraba rodeado de la servi-
dumbre que me brindaba su lealtad y un poco
de ternura. Por suerte tuve a Peoe. . .
- éDónde se conocieron?..1ointerrumpiri
Luisito.

Pepe,el mayor de ellos, que hasta enton-


ces había permanecido callado escuchando el
diálogo anterior, tomó la palabra.

-Mi madre comenzóa trabaiar de coci-


nera en la lujosa casa de los padresde Juan.Hi-
cimos amistad. Me daba pena verlo tan solo y
lleno de complejos. Creo que mi influencia le
ha sentado muy bien. Ahora, ya Io ves, es un
muchacho animado que puede bastarse a sí
mismo.
- j que puede bastarse a sl mismo dices?
Pero de qué manera, explícameeso -dijo Luis.
-Muy sencillo,'respondióPepe.-Mi ma-
dre nos da la comida que saca de la casa de sus
patrones y para nuestros gastos extras, como
cigarrillos, por ejemplo, lustramos zapatos en
7a Plaza de las Flores.
-No nos reproches nada se adelantó a
decir Juan. Si vieras lo fel2 que soy. Después
de fumar uno de esos cigarrillos especialesqne
me brinda Pepe,me pareceflotar por las nubes.
Sueño con cosas lindas e irreales. Mi pensa-
miento vaga por mundos desconocidos.Mi vis-
ta tiene el rosa bello del amor. En fin, no puedo
explicarte el adormecimiento físico y mental
q u ee m b a r g a
t o d om i s e r ,t a . . . . . .

-Vamos yaílo interrumpió Pepe.

En ese momento con más ruido que riun-


ca las camnanashicieron vibrar el ambieritetla.-
mando a É Misa de Gallo.

Con los ojos rojos empañadospor el efec-


to de la droga se alejaron los dos muchachos.
la mirada indefinida y tristona de Juan se po-
só en la de su amigo Luis con destellosde in-
certidumbre.
-56-
-Buena suerte les deseo amigos¡fue Ia
respuesta del que se quedaba solo-Va a nacer
el Galileo y mi camino es diferente al vuestro.

-Adios, adios;-contestaron los otros a


una voz. Y Luisito siguió a lo largo de la call¡:
rumbo a la iglesia entonandoun viejo villanci-
co:

Cantemos,cantemos
Al niño Jesús
Que llega radiante
A darnos amor.

Soñemos,soñemos
Con tierna emoción,
En las bondades
Que nos da el Redentor.
Y en esta Nochebuena
De luz y realidad,
El niño primoroso
Nos da felicidad. Nos da feli. . .

El frenar brusco de un auto en la calltl


por donde se alejaron sus amigos interrumpió
su canto. El cuerpo de Pepe tendido en el pal'i
mento desgarró su alma. Una lágrima de lásti"
ma mezclada con la nostalgia de la Navidael
sin padres y de los zapatos sin regalos fue la
-57-
máxima expresión de este huerfanito de menle
tan clara y de sentimientostan puros.

Aterrado Juan de lo ocurrido corrió al


lado de su amigo como buscandoprotección.Y
como un milagro del Niño Dios esa Nochebuena
junto al arbolito, rodeado del calor hogareño y
de Ia compañíade Luisito, que para siemprese
quedó con ellos como un hijo más de la familia,
se sentÍa feliz. Felicidad que día a día se hacía
más intensa debido a los sabios conseios del
buen amigo que con su inteligencia lo encarriló
por la sendadel deber y de la corrección.

-o0o_

-58-
EL TESORO BUSCADO

Al alba, don Custodio Balderrama, des-


de el pequeño balcón de su modesta vivienda,
contemplabael cerro de Potosí. Cada nuevo dla
Io veía más hermoso y monologaba: "Pensar
que tiene el vientre lleno de riquezas.Estos es-
pañoles que se llevan la plata por toneladasy a
nosotrosnos dejan migajas.Qué deseos.tengo
de poner fin a esa corona y a esos reyes que
gobiernan con el dinero de estastierras que son
nuestras". En su alucinación veía correr el me-
tal por las faldas de la montaña. El azulado cie-
lo sobre los cerros lo estremecíay todo el pa-
norama Ie parecía bañado de plata, hasta que
abrumado de la pena de no ser rico caía sobre
el sillón con la cabeza agachada.

A las ocho se levantaba su mujer -doña


Lucinda Claros- y al verlo en ese estado de
tristeza y renegando de ser pobre trataba de
calmarlo.
-No Custodio. no te hagas mala san.
gre. Dios da a cada uno, de sus.hijos 1o que se
merece.
-59-
-Ya lo sé Lucinda, pero por lo mencs
déjame soñar con las riquezas de mi cerro que
me mira todas las mañanas con amor.

-Creo que te estás volviendo loco pen-


sando en el dinero, es mejor vivir conformado
con lo que uno tiene, así nuestros días en este
mundo, ya que solamenteestamos de paso, re-
sultan más llevaderos.
-Sí querida, pero son siete nuestros hi-
jos y si no tenemos no podremos darles una
buena educación.
-Son solamentecuatro los que tienen
que ir a la universidad, puesto que las mujerci-
tas se casan y con aprender a cocinar y a co-
ser -que yo me basto para ello- estarán lis-
tas para formar un hogar feliz¿no te parece?
-Sí, sí, pero con este bastón seguiré to-
cando los paredonesde esta casona.Puedeque
encuentre el dinero que nuestros antepasados
han enterrado.
-Te será difícil, Custodio, dar con el lu-
gar donde está.
-Pues a veces arde v también se siente
el hueco del vacío.
-60-
Todo el tiempo con su bastoncito golpea-
ba las paredesde la vieja casa con la esperanza
de encontrar algún tesoro oculto.

Y no pensaba mal, ya que los antiguos


como no tenían bancos, enterraban sus joyas y
dinero en algún sitio de la casa o entre las pa'
redes y como eran dobles hechas de adobe, re-
sultaba más seguro que los bancos de ahora,
tan seguro que se morían dejando el tapado pa-
ra que, con los años, alguien de buena suerte la
aprovechara.

En los pueblos del Oriente de Bolivia se


cuentan muchas historias de éstas. Se dice que
una familia compró una casa grande y muy vie-
ja y que al remodelarlacuando demolíanuno de
esosparedonesse encontraron con un cofre de
joyas y libras eisterlinas.La familia, de la no-
che a la mañana, cambió de situación. La casa
se revistió de cortinas, alfombras y adornos im-
portados de Francia por intermedio de la Cása
Suárez Hermanos.

De manera que don Custodio Balderrama


no soñabasino que estabaen lo cierto. Algunas
mañanas contemplabala Villa Imperial cubier-
ta de un hermoso cielo azul. Su mirada vagaba
por la ciudad y de pronto dejaba que sus ojos
se detuvieran en la bella montaña de faldas ar-
-61 -
gentadasque con el sol brillante del invierno es-
pejeaban ante su codicia y ambición; Cabecea-
ba perezosamentejuntamente con la ciudad
adormilada en esa altura de clima secoy vento-
so.

De repente vociferaba,pero sus gritos se


perdlan entre los balcones y las callecitas es-
trechas de Potosí y el viento recogía sus ecos
en remolinos que morían en lo.alto del cerro de
entrañas de plata.
-¿Qué vestido vas a lucir en la boda de
nuestra hija?¡le. pregunta el esposoa Lucinda.

-El mismo que uso siempre,por ello no


me van a sacar la multa puesto que está como
nuevo muy bien cuidado.
-Yo también el mismo -dice don Cus-
todio- sintiendo la garra de la pobreza. Creo
que téngo que conformarme, como ttl, a vivir
contento con lo que tenemos.

Pasó la boda de la hija mayor en forma


sencilla y de acuerdo al bolsillo de los padres.
Se casó con un muchacho de la, vecindadrcon
recursos exactos para poder subsistir,,pero se
amabanmutuamente.
. Al regresar de la iglesia colgaba sobre el
firmamento una magnífica luna llena que que-
braba su luz sobre la Villa Imperial y sus mon-
tañas. Otra vez frente a su balcón don Custo-
dio reanudó sus acostumbradasquejas.

. -Si fuera rico, mi hija se hubiese casa-


do mejor. . .
-Oh, Custodio, le cortó la esposa,ellos
serán felices porque se quieren. ¿De qué sirve
el dinero cuando no hay amor? ,
-Pero ya ves hija, que don Manuel Pe-
draza que es un cholo negro y feo, ha casadoa
las hijas con muchachosde la sociedady mu-y
bien parecidos. Han sonado las campanas de
.las iglesias por tres días repicando esa boda, y
ieso por qué?,porque el padre es rico aunque
sea cholo.
-SÍ, sí querido, por favor' olvfdate de
todo aquello y vivamos la realidad no sueñes
con cosasque no llegarán nunca.

Ese nunca le puso los nervios en tensión


¡r'enfurecido empezó a golpear con su bastón
los paredonesde su casa. Repetidas veces dio
en un lugar de la sala que daba la impresión de
vacío y eufóricamentegritaba:
_ oJ _
-Aquí, aquí está querida, tráeme el aza-
,qon para cavar.

Muy sumisa doña Lucinda traio la herra-


mienta.También se leía en su rostr-ola exore.
¡ión {e felicidad porque era evidenteque-ha-
bían dado con algún tapado.

Una profunda oscuridad fue lo que se


vio en la tremendaexcavaciónque hacia ól fon-
do de la pared se extendía.

Don Custodio convenció a su muier a


que entrara. Como era pequeñay delgadala
ató de la cintura con una soga y la metié alum-
brando con una linterna. Los alaridos de Lucin-
da fueron tremendos al encontrarse con cala-
veras que le sonreían con esa macabra risa de
la muerte.

Brillantes, rubíes, esmeraldasy una can-


tidad de piedras preciosas lucían su valor en
medio de calaverasy huesoshumanos.Don Cus-
todio Ia subió rápidamentecontentísimo de ha-
ber encontrado,por fin, el tesoro que todos co.
mentabanque ardía en esa casa.

.-64-*
Lucinda salió completamentetrastorna-
da. Perdióla razóny terminó sus días en un
manicomio.La enfermedadeterna de su espo-
sa fue el precio que don CustodioBalderrama
pagópor ia fortuna que pudo legar.a -susdes-
.ddndientes.Desdeentoncestienen la fama oe
ricos en las esferassocialesde la Viila Impe-
rial de Potosí.

-90s-

-65-
NIEVE EN EL CORAZON

. Es sorprendentela claridad en esta no-


che de nieve. Los árboles con sus ramas caídas
se retuercen agobiadospor el peso de los copos
que, como faros, alumbran el ambiente.

Las calles teñidas de blanco semejan


un mar indiferente al sentimiento. Los foqui-
tos que decoran los pinos de las portadas y de
los patios dan chispas multicolores que se re-
flejan en la blanca sábanaque envuelve la ciu-
dad. Pero de toda esa bellez exterior sólo el
frío de la nieve se adentra en mi alma. Su
blancura se vuelve negra en mi soledad,la que
al llegar al corazón se congela en copos de
tristeza y amargura.

¡Qué Navidad!, el bellísimo panoralila


que ante mis ojos se presenta, por primera
vez, se mezcla con la oscuridad de lo incierttl
de mi destino. Regalos debajo del arbolito, pa-
quetes con rosones y papeles brillantes se di-
visan por entre los ventanales de las grandes
mansionesy de las humildes moradas. Siento
la nostalgia de la patria. Extraño el alboroto
- 67.-
de la familia grande. Pero me conformo pen-
sando que algo muy noble me trajo a estos pa-
rajes donde el progreso de 1os pueblos y el
desarrollo de la civilización comercializan los
sentimientos.

La venida del Mesías es el estandarte


que les sirve a las fábricas productoras de ju-
guetes, cajas y toda clase de regaios para ,,po-
nerse las botas" saqueandoel bolsilio del po-
bre obrero, de la gente de clasemedia y hasta
obligan ai rico a desempolvarunos cuantos
reales de sus inmensosingresos.Las grandes
casas comerciales y aún los pequeños nego-
cios ganan un porcentaje de película mientras
que la gente del pueblo después de celebrar
este grandioso acontecimiento,a costa de sa-
crificio, se queda con facturas que amontonari
Ias tarjetas de crédito y por las cuales tienen
que pagar un interés elevado.

Y como un contraste a todo esto. mi


lrnaginaciónvuela hacia esos tiempos dc sen-
cillez de corazón y grandeza de álma. Huelo
el retoñar de Ias plantitas de arroz cultivadas
especialmentepara embellecer el arreglo del
Niñito Jesús. Veo a las familias, alrededor de
é1,rezandoel rosario para pedir a Dios salud y
bienestar. Despuésde-ta Misa de Gallo un pl;-
to de salpicón de pollo es el n'ráspreciado re-
_68_
galo que todos saborean en la "Nochebuena".
Recuerdos regados de tristes y alegres mo-
mentos se agolpanen mi interior. El bello pano-
rama no me dice nada. Es una maravilla sin pa-
labras.Es una hermosuramuda.tSerátal vez por
ta falta del idioma que todo me parece así? Re'
costada.contestando,casi sin meditar, las pre-
guntas que mi hijo me hace, una llamada telefó-
nica interrumpe ese desandar del espíritu.

*áHola, quién llama?

-Te habla la mamá Lucila, porque deseo


linvjitarte a tí y a tu hijo a pasar la Nochebuena
bon nosotros.Vendrán muchos compatriotas y
el Papa Noel también ha dejado debajode mi ar-
bolito dos regalitos para ustedes.
-Gracias Lucilita. La verdad que prefe'
riría quedarmeen mi cuarto sumida en mis pett'
'ru
samientos,pero iré por mi hijo y agrqdezco
gentileza.

El niño brinca {e alegría.Tiene deseosde


salir del cuarto que nos sirve de vivienda. Con
un amigo nos manda recoger a las 10 de la no-
che. El frío es intenso. Todo está enterrado en
la nieve. El auto se desliza por las calles muv
lentamente,oyéndosetan sólo el chirriar de las
y el patinarde los cochessobrela nie-
cadenas
-69-
ve. Sigue nevando.Una lluvia de gruesoscopos
cubre la ciudad y el campo.
-Son las doce de la noche,.grita la Ma-
ma Lucila. Abrazos y besos se dan unos a otros.
Algunas derramanlágrimas y se transportan es
piritualmente a la tierra querida. Yo corro ha-
cia mi hijo. Lo estrecho fuertemente contra mi
pecho y 1obeso aparentandoalegría. El niño se
siente feliz con los regalos; y a través de los vi-
drios, con los ojos bien abiertos, admira es¡¡
tempestadde nieve nunca vista por é1.Pero yo
no puedo separarmede la idea, ¡qué dura es la
vida acá! El idioma es la principal barrera. No
podemos comprender a la gente sin hablar sr:
lengua. El no poderse comunicar es terrible.

Tocan la puerta. Un grupo de bolivianos


llega a abrazar a la Mama e intercambian rega-
los. Como en romería los conterráneosentran y
salen de la casa de Lucila como si allí estuviera
la patria. Y realmente en ese techo se respira
aire boliviano. Se les invita un traguito de pisco
para combatir el frío del.cuerpo, ya que el del
alma se mantiene adormecidopor el dolor de Ia
Iejanía.

Llegan las cuatro de la mañana y nadia


se puede marchar. Es un sueño efímero mover
los autos que están sepultadosen esa arena que

_70_
semejasal molida. Vemos despuntar el día, que
tiene la misma claridad de la noche cuando la
blancura nívea la ilumina, sin damos cuenta'
Algunos cabeceanen los sillones del inmenso
sótano y otros, ya bastante mareados,empiezan
en el "yo te estimo" con las personasque tienen
la.pacienciade escucharlos.

Más o menos al mediodía del veinticin-


co, el Colorado Sanz,con el coraje de los tragos,
sale al patio de la casa. Enterrado hasta las ro-
dillas se persigna. Con las manos juntas en po-
se de oración eleva la mirada al cielo. Observa-
mos que ora. No oímos 1o que dice, pero reímos
mucho de su ocurrencia. A los breves minutos
entra casi congeladoy le preguntamos:

'?Por quién rezabascon tanta devoción?

-Por los mártires de la independencia,


Bolívar y Sucre¡contesta tiritando de frío. .

Es tanta la nostalgia por el suelo patrio


que hasta vienen a la memoria esoshéroes que
nos dieron la libertad, porque en este país, de-
mocrático por excelencia, nos sentimos en-
claustrados en nuestros problemas del comien-
zo. Las diferencias de costumbres,idioma, ho'
rario de trabajo, etc., etc., son duras de escalar
con éxito.
- 7l '--
En esa Navidad del 62 escuchépasajes
interesantes.Cada compatriota tiene sus difi-
cultades;Unos falta de visa, por lo que Ia Inmi-
gración amenaza con sacarlos dei país. Otros,
escasezde dinero ya que se habían venido con
pocos dólares en el bolsillo, solamentepara los
primeros días. Pensabanencontrar trabajo muy
pronto y empezara ganar dólares a granel, pe-
ro al convencersede la realidad sienten un te-
rrible desaliento.A todo esto se suma la sole-
dad de Ia que todos nos lamentamos.

El bullicio de la gran ciudad con esa su


muchedumbrepor las calles, las filas de autos
por las carreteras,el ruido de motores, trenes y
aviones nos aturde pero no alivian el a1ma,al
contrario en medio de tanta algazara el espíri-
tu se siente más solo aún v toda esa fantasía
nos resulta ajena.

En un rincón de la sala veo a una señora


de edad madura, sentadaal lado de una chiqui-
lla. Me acerco a charlar con ella porque se ia
nota consternada.Entablo la conversaciónv le
pregunto:

*tDe qué parte de Bolivia es Ud. seño.


ra?
-72 _
-De Valle Grande.He venido con mi hi
jita. ¡Ahl aquí se la presento. Tiene apenas l5
años, pero la he traído porque ambas vamos a
trabajar.
-j¡n qu¿ piensa trabajar señora?

-De cualquier cosa. Fuede ser en una


casa de dama de compañía. Querenos perma-
necer aquí unos dos aiios por 1o menos.

-/ Cuál es el propósito de venir a traba-


jar a este paí s ya a sus años?

-Hacer dinero y despuésregresar a Bo-


livia a comprarme una casita.
- d'fiene la visa de residente?

-No, la de turista solamente.Pero esr-r


no importa. Todas las amigas mías que han es-
tado acá me han informado que no tendremds
ningún problema ya que en las casas particu-
lares no exigen visa. Claro que pagan un poco
menos, pero 1o bastante como para ahorrar.

-áQué hacía Ud. en Bolivia?

-Soy maestra jubilada. Pero como el


sueldo apenas alcanza para comer no me ha
-73 -
sido posibld comprar un techo que me permita
vivir tranquila el resto de mis días.
-La idea es muy buena señora,pero le
será difícil servir en una casa. Los americanos
pagan, pero son exigentes en 1o que respecta a
la limpieza. Y veo que si Ud. ha sido maestra
toda su vida le será muy duro acostumbrarse
a quehacerescompletamentediferentes sin ha-
ber tenido antes la práctica.
-No crea eso, me las batiré muy bien.
Estoy segura.

No quise seguir,porque la señora,esta-


ba muy ilusionada con la cantaleta repetida.en
Sud América de que en los Estados Unidos se
gana muchísimo dinero, el que alcanza para vi-
vir muy bien y ahorrar.

Al poco tiempo me informaron que des-


pués de mucha búsquedaconsiguieron dos em-
pleos para la hija, pero que de los dos la despi-
dieron al día siguiente.Una de las amas de ca-
sa había dicho que ni gratis la tendría, ya que
no sabía ni freir un huevo. La mamá aguantó
cinco mesestrabajando en una casa.Desde lue.
go regresó a su tierra cansadísima,con las ma-
nos deshechasa causa de los detergentesquc
se usan para la Iimpieza y con un resfrío cróni
co.
- 7 4-
Alguien le dijo: Ahora ya te vas conten-
ta habiendo tenido la vivencia de la realidad y
espero que a todas las amigas que deseenve-
nir con el mismo propósito les digas la verdad.

Pero muy altanera había contestado:


"Te equivocas.Iré a mentir y a contar grande-
zas, como todas, pues si he venido a sufrir a
esta patria extraña es debido a todas esas em-
busteras que me decían que en las casasno ha-
cían nada sino servir de compañía a los niños
y practicar el inglés con ellos y con los dueños
de casa. "Damas de compañía", tamaña farsa
farsa de las mentecatas".

Jamás olvidaré aquella Nochebuenaque


se hizo una con el día. Muchas otras han veni-
do pero ya en condicionesdiferentes, mirándo-
Io todo a través de otro cristal. Los arbolitos y
juguetes navideños parecen esparcir el perfu'
me de la felicidad.

Todo 1o veo tan natural que otra Navi-


dad que no fuera tan celebrada como la de
Washington ni embellecidapor la nieve no se-
ría Navidad para mí.

-75-
UN BAUTIZO PARA RECORDAR

Pqrq Tqniq Teresc Aguilerc Gcsser

Una cripula de iglesia asoma por entre


la fronda veraniega de un barrio de Bethesda.
La capilla, de construcción moderna, está de
bote a bote vestida de gala para celebrar la vi
gilia pascual del domingo.
En el asiento de adelante una helmosa
mujer de cabelloscastañosy de fez ligeramente
tostada, seguramentepor el sol de la playa, sos-
tiene en sus brazos a una niña de cinco meses
de vida. Lleva la cabeza cubierta por una ele.
gante mantilla española que se le resbala gra-
ciosamentepor sobrelos hombros.
Su extraordinaria belleza me llamó ia
atención y me sentí animada cbntemplándola.
Recordéen aquellos momentos una antigua de-
finición: "La belleza es la misma perfección de
las cosasen cuanto deleita el ánimo del que las
contempla". Como me inspiró interés, observé
su mirada, la tenía fija en Ia niña que como un
ovillito de hilo la guardaba en su resazo. Esa
mirada era tierna, maternal y bondadosa,isera'
su madre?,me pregunté. . .
-77 -
El sacerdote,con su túnica dorada de
día festivo, hace la señal de la cruz y empieza
la liturgia con las palabras"Tania Teresa". Des-
filan hacia el altar cuatro personas.Una pare-
ja joven de estirpe española.La mujercita del-
gada y morena de ojos de gitana y aspectosen-
cillo, al lado de un apuesto y buen mozo galán.
Alguien murmura a mi lado: "Son los padres
del bebé". Junto a la bella madrina un caballe-
ro en la madutez de su vida, de entradas pro-
fundas que le dan un resplandor de inteligen-
cia, con cierta finura y una especiede alta res-
ponsabilidad."Son los padrinos de la niña"
mufmura atla vez una voz a mi lado.
El cura levanta en alto a la criatura, la
muestra al público en una deprecación solem-
ne. Pide a los feligresesque rueguen por Tania
Teresa y dice: "Para ella este día significa que
el misterio de Cristo se repite en su bautismo.
Ingresa a la vida cristiana, a la fe ciega que
nos acompaña. A Ia vivencia de Dios que los
judíos tuvieron en esashoras de tinieblas en el
Calvario. El bautismo reproduce la victoria de
Cristo sobre Ia muerte".
Todos los creyentesse ponen de pie colr
un intenso fervor religioso. Es tan emocionan-
te el momento y es tanta la devoción que en-
crespa la piel. Un unánime aplauso retumba
en el templo de San Bartolomé. Y despuésde
- 7 8 -
ese vibrar de regocijo, el profundo campanazo
de la elevación estremecelos corazonesde esa
concurrencia católica. Mientras Tania Teresa
inocentementellora por la pasión de Jesús y
sonríe también por su triunfo.
Retorna la comitiva y me fijo en Tania
Teresa. Es un divino angelito, de nariz respin-
gada, ojitos vivaces y claros como los vitrales
del templo y unas diáfanas pupilas rodeada-s
de tupidas y largas pestañas.Hoyuelosgracio-
sos se dejan ver en su sonrisa cuando el sacer-
dote le derrama el agua santa en el pecho.

Una vida nueva sin la experiencia del


mundo, me digo, pero Jesúsya la cuenta entre
sus hijos. Acaba de rociar sus días con el agua
bendita de su pasión. Ha saboreadola sal mi-
lagrosa del Nazareno,la sal de la tierra que le
da grandezay sabor a todo. Y el Rabí de Gali-
lea la llevará de la mano por la senda feliz del
cristiano.
I
La misa termina y el sacramentodel bau.
tismo también. Toda impresionada de esta nue"
va manera de cristianizar a los humanos oigo
que alguien, junto a mí, repite: "Ha vuelto ia
costumbre de bautizar a los niños tal 'como se
hacía en la iglesia primitiva", y yo apenasmo-
viendo los labios me dije: "Este es un bautizo
Dara recordar".
_79 _
VIDA DE RULETA

. Un lierrazo tras otro dado con mano enc-


miga terminó con su vida. partió al otio mun_
do sin realizar todavía todos los .u-¡io, q.r.
en su mente bullián. pero se fue maldiciendo
a la-.mujerdel puebloque con furia leónicapu-
so fin a sus días.

Encajes bordados arrullaron su cuna v


Ia palabraflorida manó de sus labiosen Ii eáaá
preciosa de su juventud, pero la nostalgia,locu_
ra y pobreza rociaron su vida madura y su Ie-
cho de muerte.

El pueblo era tranquilo pero bello. Los


atardeceTl inolvidables que ie- contemplaban
desdeIa PlazaBallivián no teníanparangóncon
otros en el mundo. y así como la puestidel sol
se perdía lentamente entre el tüpido bosqué
verde y el techo rojizo de las casasde tejas, Én_
negrecidasp-orel tiempo y las aguas, É mira_
oa apaclDtede esagentebuenay sencillase os_
curecía con el ambiente en tiniéblas del pueblo
sin luz.

- 8 I _
Estos atardeceresde oro recogieron sus
versos de amor y locura. Las aguas del arroyo
murmuran su risa traviesa y los remolinos del
Mamoré sepultan sus frases de rosa y perfume
para la graciosa pelada trinitaria.

La gran fortuna heredada saltó de sus


manos con ímpetu ligero, como brinca la bola
en 1amesa pintada de blanco y de rojo, de azul
y de verde en los clubes de ruleta.

Ruleta fue su vida. Pero esta bola de car-


ne y de hueso sentía amaba y sufría. Fueron
muchas las que oyeron el susutro de sus hala-
gos perfumados de ritmo y cadencia,de sexo y
espíritu.

Su vida la saturó de poesía.Aun lás pal-


meras de la bella capital beniana, cuando me-
cen su cabelleraal viento parecen recordar sus
frases colmadas de pasión y talento. De esa al-
ma audaz y valiente que con atrevimiento cru-
zó las aguas bravías del Mamoré en su famosa
"matita". Barca pequeñallamada como su pri
mera hija, la que al.partir en tierna edad toda'
vfa, hirió las fibras más delicadasde su sensibi-
lidad paternal.

. Fue en.Sucre;allá en las faldas hogare'


ñas maternas, cuando una morena lo apogq.;en
- ó¿-
su seno,lo adora y venera como a su Señor.Pe.
ro como el Lobo fiero de Rubén Darlo, no con-
forme con la sumisión de la mujer amada ni el
cariño de los hijos que adornan su hogar, regre-
sa nuevamente a esos atardeceresde oro, a la
verde pradera y al pueblo sin luz.

El misterio del bosque escuchasus que-


jas. Con la puesta del sol se va la claridad qrre
busca su alma. Y sus ideas martilleadas por la
absurda política se entrevieran entre el espesr.r
ramaje de la selva inexplorada.

Su mundo cambió. La bola se aleió del


joven elegantey gentil. Esta vez la ruleta cayó
sobre el tapete sucio de alcohol y miseria. Se-
mejando a un obrero abarcas su planta calzaba
y ropas zurcidas por otra morena su cuerpoves-
tía.

Pero la ruleta dando vueltas seguía,ma-


reando su mente de inquietud anlmal. La bola
pasa del oro amarillo, al verde esperanzay f!
nalmente se para en el gris torbellino del hom.,
bre sin fe.

Protesta de todo, de la riqueza que ama-


san los ricos, del vestir elegante del joven ga-
,lán,de las fiestas socialesque alegran la vida y
de todo 1ooue él disfrutó.

_8,3_
Prefiere compartir con las víboras en un
cuarto dondeel azar 1omandó y un tigre le tien-
de la mano, 1o llama de hermano y le cuenta
sus penas.

Y en ese paupérrimo recinto animal y


humano escribió el pequeño folleto: "La vida
de los animales". Fruto de la dia¡ia y directu
observaciónque de ellos hacía.

Hasta que en uno de esos atardeceresde


oro, con mano certera la vecina herida terminó
con su vida. En ese mismo instante en la Pla.
za Ballivián el sol se ocultaba sepultando sus
días en el pueblo sin luz.

-6[6-

-84-
VERIDICA HTSTORIA

Una real y emocionantehistoria sucedi-


da en el ambiente diplomático de alcohol y de
fuego, de vicio y mujeres es la que a contínua-
ción relato:

Las hipócritas cartas cambian fácilmente


de cara en el poker. No hay cosa más traicione-
ra en la vida que el mundo de los naipes.A ve-
ces sonríen al jugador y pocos minutos después
los ases,reyes y reinas le enseñanla figura de
la mala suerte. El rojo corazón a unos les da el
triunfo cuando a otros el negro mortuorio de Ia
espada,la derrota. Con las escalerasganan mu-
cho dinero pero por la falta de un peldaño del
trébol cojean y caen.

Con estas variantes de la suerte, el Em-


bajador en las mesas de juego se amanecia,
mientras una esposa,con un hijo pequeño,an
gustiada lo esper4. Bella es la rubia. Sus ojos
como salidos del a¡rua marina, azul Ia mirada
reflejada en la oscuridad solariegadel dormito-
rio, se posan en el tic tac del reloj. El niño en
su cuna, con sueño de angel dormita, mientras
la madre con lcrqojos abiertos de azul el cuar-
to alumbra. MeOecon desesperaciónsu blonda
cabellera.En ese nerviosismo de la esperahas-
ta la blanda almohadase vuelve más hura oue
Ia piedra.

El sonido de las campanasanunciando


su boda resuenaen sus oídos como una ironía
a su infelicidad. El vibrar del bronce en esossus
inciertos momentos adquirió su verdadero re-
piqueteode tragediay no de dicha como en el
día de sus nupcias.La fiesta, el champány to-
do se mezcla_ en sus presentimientos. De áque-
Ila pomposaboda sólo quedael recuerdosázo-
nado con la nostalgia de la realidad.

_ EI Embaiadorjuega de noche y duerme


de día. La felicidadde la esposa fruitrada en
amargura se torna. Sólo un suspiro elevado a
las altas montañas,donde el cónáor mora. es la
única queja que Ie sale del fondo del alma. El
nevado Illimani que presenció su enlace, con..
templado por ella en Ia oscuridad del dormito-
rio se vuelve azuladopor el color de sus o.jos.
Y esa ciudad perdida entre las montañas
toma la forma de un abismo al que ella desea
descender.Quiereliberarsede la mano jugado.
ra y poder encontrar otra redentora de'su=cul.

-86-
pa. De su culpa inocente de amar sin razonar'.
todo esto la rubia teje en su mente confundi'
da, mientras las cartas sobre el tapete verde
sin airarearseen números ni en colores la es'
palda al esposole dan. El Embajador pierde y
pierde.. . y sin importarleel honor ni el amo"
de la mujer y el hijo en un último esfuerzo,tem-
blorosas las manos y mordiéndoseel labio, po-
ne en la mesa su riltima ficha, es humana y sen'
sible, ficha roja, tan roja como la indignación
que diabólicamente se extiende por todo su
cuerpo.

Al clarear el día el teléfono suena en Ia


penumbra sileneiosade la alcoba.
-¡HolaliQuien llama a estashoras?'con-
testa la esposa sorprendida de la voz exlraña.

-Un desconocido,señora,que deseaad-


vertirle que su marido la acaba de jugar y un
magnate del gobierno con un poker de ases la
acaba de ganar... Casi sin sentido por la tre-
menda afirmación la hermosarubia se estruja
el corazón. Se siente desvanecery no hay na-
die que le dé algo de beber.

En ese instante el chasquido de la puer-


ta al abrirse le permite ver, con sus ojos nubla-
dos por el llanto, la figura del marido que aca-
-87 -
ba de llegar. Al verlo, con voz temblorosale di-

-¡Maldito, ya sé que me has jugadol En


unos naipes has barajado mi vida y tu suerte,
ya no pienso sequir a tu la. . :y de un manazo
esos labios callaron. El miserable emprendió a
golpes con ella. Sin compasión la ultrajaba,
mientras vociferando encolerizadole decía:
-No serás de nadie sino mía. No me im-
porta que ese chancho te hubiese ganado pero
jamás dejaré que ese asquerosose te acerque
siquiera. Con una escalera real volverás a ser
mía aunqueél no 1o quiera..rPero la esposa
ya nada escucha.Yace tirada en el suelo, mien-
tras el niño, inocente a la tragedia, en su cuna
dormita.

_o0o_

oo
EL TELONY LALUZ

La Peña Folklórica organiza-


da por la Asociación de Damas Bo-
livianas en Washington tuvo un glan
éxito. Esta Asociación dirigida por
la señorita Laura Jiménez y colabc-
rada por r¡n grupo de señoraspr$ta
alruda mensual a los orfanatos, hos-
pitales y asilos de ancianosde los di-
ferentes centros de la patria. He aqul
un breve comentario de una de las
secretarias de dicha Insütución.

Misteriosamente el telón se abre sin


que la persona encargadadel escenariose die'
tra cuenta de que una mano bondadosalo Ie-
vantaba cautelosamente,

El salón de bote a bote aplaudía al pri-


mer bailecito que apareció en escena.Y yo se-
guía dando vueltas por entre las mesasbuscan-
do a los bailadores del taquirari oriental. Las
entradasconfundidas y a mis artistas, descono-
- 8 9 _
cidos por las porteras, se les negabael paso al
recinto donde tenían que actuar.

Al fin, sollozandoen una mesa encontré


a la más difÍcil de ellas. A la hermosa niña
quinceañeracuya reaccióny conductareflejan
Ia rebeldía de la edad de rosa.

Al verme levantó la cabezay con lágri-


mas que se escurrían -como perlas- por la
delicada piel de sus mejillas explotó diciendo:
-¡No bailo, no bailaré! Porque el trato
que en Ia puerta he recibido me ha quitado el
ánimo y el entusiasmo que en esta noche de
arte pensabademostrar.
-No hijita, no hagas caso. La misión
de ellas es tremenda. No pueden contener la
abalanchade la gente y por eso han perdido la
paciencia. Mala sue¡te, solamente,de que túl
llegaras ese rato en qud la calma habían per-
dido.

El telón se cierra y nada la consciencia


me decía de la obligación.

Al compás de un acordeónque interpre-


ta el "Sombrero de Sao", el ramillete de jóve-
nes baila con ese entusiasmo innato del alma
-90_
oriental. Dan saltos y gritan "bolleo, bolleo,
cuando todos con las manos se juntan en el
círculo de la unión y la alegría. En el ruedo, al
igual que las otras chiquillas, la graciosa quin-
ceañerá,olvidando el mal rato, mueve la cintu-
ra al ritmo alegre del taquirari oriental.

El maestro de ceremonia dice:


-Apaguen la luz del público porque una
danza del "collao" va luego a aparecer.

Oí la palabra luz, Pero no alumbró mi


memoria y la oscuridad del olvido continúa
durmiendo en mis recuerdos'

Las sombrillas con elegante armonía se


mueven, las polleras en rltmica danza revolo-
tean con igualdad y perfección, enseñandolas
diestras figuras que tan bellamente las mane-
jan.
,
Otra vez el maestro de ceremonia;
-El calcetln de un bailarín se ha extra-
viado, se dará buena recompensaal que lo en-
cuentre.

Las cuerdas de las guitarras, charangos


y armoniosrocían el alma de poesía.Sueñosno
- 9 1-
realizados, pasajes vividos, fracasos amorosos,
momentos felices en brazos del amado reviven
en eI espíritu de los espectadoresal compás de
los taquiraris, huayñitos, cuecasy bailecitos de
la tierra lejana, pero añorada.

En el fondo del salón se lee; "Bolivia en


el Coraz6n" y realmente con las canciones de
los aficionados y los instrumentos musicales
ejecutadoscon tanto gusto la Patria se adentró
aquella noche en lo más recóndito del corazón.

El telón se abre nuevamente. La danza


del amor se presenta en escena.
-"La Cueca Boliviana",- anuncia el
maestro de ceremonia.

Las bailadoras con sus pañuelos enarno-


raron al cholito. Las polléras vuelan y al com-
pás del zapateolas palmas del priblico reflejan
el éxito de esa noche de "La PeñaLa Kantuta,'.

Por última vez el telón se baia. Y la luz


se enciendedefinitivamente para el priblico, pe-
ro telón y luz escaparon de mi mente; quizás
porque fue más fuerte el arte que el deber.

-92*
En la madrugada, al despertar, una luz
clara iluminó mi pensamiento.Se llevó el telón
negro del olvido, pero en cambio me dejó la ti.
niebla del resto de la noche con la que el in-
somnio jugó sin compasión.

'Una palmita, más calurosa que


-y la de la
cueca,para este grupo de señoras señoritas
que alimentaron el alma del boliviano con tan
magnífica presentación.

-o0o_

-93-
PACTO SAGRADO

-¡Qué bueno el pacto abuelitd!lsÍ muy


joven sabré cómo es el otro mundo o qué pasa
óon nosotros en ese más allá del que nadie re-
gresa,-ledecía el nieto a la abuela.
-Pero tú sabes hijito,-le contestó ella
con esa personalidady arrogancia qtte la carac-
terizaban¡ que la muerte no viene solamente a
llevarse a los ancianitos, como yo, sino que
también le gusta arrullar en su seno mudo y
frío b ióvenes fuertes así como a niños inocen-
tes toáavía. Morirás tú o yo primeroCquién 1o
sabe?

Entre nieto y abuetQ,había cierta afini-


dad. Se comprendÍanmutuánente y en l-aslar-
gas veladas que sosteníanhablando de 1a vida
y sus problemas se pronetieron formalmente
que quien falleciese primero vendría a infor-
marle cómo era la muerte y a dónde vamos
cuando la tierra recoge nuestro cuerpo¿Y el ai-
ma vaga sola por los parajes conocidoso se va
también para siemPre?
- aI -
Fue una promesa seria sellada con el
cariño y respeto recÍproco que se tenían, y el
pacto se hizo en la quietud de una noche calla-
da.

El vivaz adolescente la amabacon admi.


ración.Veía en ella a un ser superiory no a una
viejecit4 caduca y desmemoriada,como suelen
considerárlasla mayoría de los nietos en la edad
inquieta y peligrosa de la adolescencia.

-dSerá cierto abuelita que el espíritu se


reencarna en otia persona?-le preguntó curio-
samenteJorge.
-Ya pronto lo sabremos-le respondió
ella dándoleuna palmaditaen la mejilla- digtr
lo sabremos¡porqueignoramos cuál de los dos
partirá primero.

-Tienes razón abuela. Espero ser yo el


que venga a despedirse de tí. Pues te quiero
tanto-le dijo, abrazándosea su cintura,-que nb
me atrevo ni a pensar siquiera en el dolor que
me causarÍa perderte.
-Gracias, mi amor¡ fue la contestación
de Ia viejecitaenfatizandoese gracias con un
beso en la frente del muchacho.

-98-
-Para mi también el mundo gira alrede-
dor de tÍ -continuó- y si la vida tiene toda-
vía algún interés es solamenteporque tú estás
aquí y alegras con tus charlas estos mis tristes
días de vejez. Digo tristes, no porque me faltc
nada ni sufra privaciones. sino porque siempre
'
el atardecer de Ia vida es gris. Gris que poco a
poco empalidecehasta volverse blanco, pero es
el blanco de la nada y cuando toma ese tono
ya estamosen brazos de la muerte.

-No hablesasí abuelita que me asustas,-


le dijo el nieto clavándole sus ojos enormemen-
te abiertos por el miedo.
-No, no temas hijito que tú eres joven.
Estás apenasempezandoa vivir. Tienesfloridos
años por delante y mucho que hacer para for-
marte. En cambio yo, siento que la muerte me
ronda con su silencio.Pero nó hablemosde lo
desconocido, Jorge, v pensemos que todavía
estamos juntos y felices¡terminó diciendo la
anciana apretándolo fuertemente contra su pe.
cho; y con una sonrisita aguda se tragó las 1á-
grimas que como un nudo en la garganta se que-
daron sin verter.

En esta armonía y tranquilidad se desli-


zaron unos cuantos años más en esa familia de
abolengo y de conservadoras costumbres.To-
-99-
dos los domingos con el mejor traje desfilaban
a misa y la abuela, cubierta con su mantón de
seda, encabezabala procesión.Conservandoal-
go de su melodiosa voz, todavía dirigía los co.
ros en una de las iglesias de Santa Cruz.

Llegaronlas ansiadasvacacionesescola
res. Jorge -ya universitario- quería gozar
del campo y divertirse con sus compañeros,al
mismo tiempo que visitar a su enamoradaen
Izozog.Deseabacazar,pescaren el Río Grande,
montar a caballo para lacear juntamente con
los mozos de la estanciade su tío. Tomar leche
recién ordeñaday en fin respirar ese aire con
olor a bosque y admirar el mar verde de esos
extensosllanos. . . Anhelaba compartir el amor'
con su chica en los vucalesbañadosde luna. La
visión de todo esto lo enloqueció.Sus instintos
juveniles fueron más fuertes que su amor a la
abuelay se separóde ella por primera vez.
-No llores abuelita que el tiempo vue-
Ia. Solamente estaré ausente dos meses,le di-
ce Jorge con pena de dejarla.
-Sí, sí, lo sé y te comprendo.Es egois.
mo mío ponerme asl. Al contrario debo estar
feliz porque vas a disfrutar de tus vacaciones
en el campo donde todo es puro como el aire, li-
bre como la inmensidad de nuestros baiíos v
tranquilo como la selva, muda err palabras y ri-
ca en melodías.. .

Y el nieto partió. Uniéndosea una tropa


de arrieros salió con destino a Izozog pensando
acoplarse a la misma caravana al retorno de
ella.

Allá por el año 1926 las zonas cercanas


al Río Grande, en la Provincia de Cordillera ai
sud de Santa Cruz, estabanamenazadaspor tri'
bus de salvajes: Los Yanaiguas, mlry famosos
por su ferocidad, atacabana los arrieros o cr-¡.
merciantes.El salvajismo de estos indios era el
'temor de los viajeros, por eso Jorge trató de
protegerse para llegar a Izozog a salvo Esta
propiedad estaba situada. en la banda sur del
Rlo Grande o Guapay.

Su permanenciaen la estancia le resul-


taba placentera.Se sentía feliz. Cada día una
nueva actividad y una nueva experiencia. Con
el grupo de amigos lo pasabade lo mejor.

Pero un buen día de sol verani.ego.lorge


se levantó más temprano que de costumhre Se
lo notaba preocupadoy en la hora del desayu.
no les anunció que regresabaal pueblo.
-Me marcho hoY,'1s. ¿ii..
- 1 0 1-
- CPero qué te pasa?¡-lepreguntaron to.
dos a una voz.
-Nada,- replicó con serenidad,sino que
tengo ganas locas de estar con los míos, de ver
a mi abuela.

-éTienes algún presentimiento?,-


uno de
los amrgos le preguntó.

-No podría contestarte-respondió,-percr


lo cierto es que salgo hoy. Si mi tío me da un
mozo para que me acompañese lo agradeceré,
pero si no, igual me voy.

-Bueno, bueno,-dijeron al unísono los


compañeros-Nosotros saldremos en la tarde o
mañana bien temprano y te daremos alcance
en el camino.

Ya en el viaje acamparonen una islita a


Ia orilla del Guapay. Mientras el mozo cocina-
ba el consabidolocro de charquey los caballos
descansabana la sombra de un hermoso cupe'
cí, Jorge con su rifle al hombro decidió ir a ca-
zar pavas a la banda del río. Por esa parte no
transitan los viajeros y está bastante alejada
del camino.
-102-
. Cuando se encontrabaen mitad del lecho
del río fijando la mirada en las crestas de los
árboles que negreabande pavas una voz ronca,
que parecíavenir de muy lejos, lo hizo detener
se. Jorge... Jorge.. . le gritaban. Y como las
llamadas eran insistentes se aprestó a regresar
creyendo que sus amigos le habían dado alcan.
ce como prometieron.

Al llegar a la pascana solamente advir-


tió la presenciade su acompañantey sorpren-
dido le preguntó:
-
-¿Dónde están mis amigos?Llegaronjno
es verdad?,porque a sus gritos he vuelto.

-No joven¡le contestó el indio;nadie ha


venio ni tampoco nadie le ha gritao, pero lo hi-
zo bien en volverse porque por ese lao salen
los indios comegentey su vida, puej, peligra-
rba.
-iOh, que suerte tüve!, esa voz milagro-
sa me ha salvado¡ dijo Jorge elevando su mira-
da de agradecimientoal cielo...

Todavíael eco de Jorge... Jorge.. . re-


tumbaba en sus oídos. Reconoció entonces el
tono de voz de su abuelitay presintió su muerte.
-103-
Fue siniestra la llegada a su morada, Si-
lenciosamentepenetró. Dos cirios a los pies de
un Cristo que colgaba era el saldo de esa vida
tan preciadaque, en su ausencia,para siempre
se alejó.
Lloró mucho y esa noche dormir quiso
en el cuarto donde ella se veló. En el medio de
su sueño, cumpliendo su palabra, la abuelita
apareció.
Despertó emocionado y a su madre le
cohtó 10 sucedido.
-Mamá, acabo de ver a mi abuela. Su
presenciame asustó.

-Nuestro pacto fue sagrado y por eso


he venido.
-No, no te acerques.gritédesesperado.

-No, no me acercarémás porque me tie-


nes miedo,-me decía,-y poco a poco se alejó.

Pero calmándomey ai verla que se iba


atiné a preguntarle:
-C Cómo es el más allá abuelita?

Y sin volver la cara afirmó:


-r04-
-La muerte, hijo, es terrible. En mi
mundo que también será el tuyo y el de todos
se respira \na paz triste, lóbrega y fría, desco-
nocida en el mundo de los vivos.

- iOtr itijot, estás impresionado.El que


se muere se acaba y no vuelve nunca más..le
contestó la madre tratando de tranquilizarlo.

-Sí mamá, la he visto, la he visto, -le


repetfa Jorge-. Vestida con el hábito café con
el cual solla ir a las procesionesdel Cristo Re-
dentor.

-Sl querido, con ese la enterramos. Si-


gue, sigue, que ya me estás sugestionandoa mf
también.

-Pero los zapatos que llevaba, -conti-


nuó relatando Jorge- jamás se los había vis'
to. Tampoco eran nuevos porque parecían cor-
tados en la punta. EI hábito también tenía los
puños rotos y en el pecho una enorme rasgadn-
ra. Y cuando dio la espalda al retirarse noté
otra rotura en el cuello del vestido y el talón de
los zaoatos descosidosa la fuerza.

-105-
* i ehora te creo Jorge, la viste! -aterra-
da exclamó la madre-. Pues como .de la indi-
gestión que tuvo se hinchó tanto tuvimos oue
romper los zapatos y el vestido para que le óu-
pieran, exactamenteen las partes que obser-
vaste.
' En ese momento el chisporroteo de los
cirios resonobaen los candelañrosconsumien-
do la última llama de la noche.

Con el día huyeron 1os fantasmas y el


miedo del muchacho se quedó mezclado con la
nostalgiaconfundida de su sueño.

-o0o_

- I U b _
LEYENDA DEL GUAJOJO

Noches lóbregas y tristes son las nocires


de surazosen el Beni. Silba el viento en los ra-
majes de la selva secular.Alrededor de una fo-
gata se reunen los vaqueros despuésdel rudo
ycotidiano trabajar. Hierve el agua que servr-
rá para preparar el aromático café con qué ali-
viar sus penas.Alguien sopla el fuego. Las sorr,.
bras de los hombres y de los árboles se mueven
cual fantasmas infernales. Un escalofrío corre
por las venas de aquellos hombres acostumbra-
dos a luchar cuerpo a cuerpo, con sus trágicos
destinos.Estos hombres, sin embargo se sobre-
cogen y se sienten diminutos ante el misterio
de la selva tenebrosa.Se oye el graznido de una
lechuza(I). ¡Ave María Purísima!,dice alguno,
y hace una cruz con un tizón. De repentese oyc
a lo lejos un lamento en lo profundo de la sel-
va, lamentoque se va acercando¡guAjo.. . io. . .
jo. . . jó. . . ! que se grava y va haciéndosepoco
a poco más profundo y más alto. Pareceque al
guien gritara desde lejos pidiendo socorro.

EI Guajojó es un ave invisible qrre en-


vuelto en los misterios de la selva vasa errantd
de follaje en follaje, sin poder encontrar lo que
ha perdido: una niña que, según la leyenda, era
la adoracióny el ídolo de aquelloshumildes mo-
radores del temible Mamoré. Cuando las tem-
pestadesazotan la tranquilidad de los hombres
y el pavor se enciendecual una llamarada trá-
gica de dolor, se escuchaa lo lejos el profundo
gemido de aquella ignota ave que se pierde en
la leianíade las sombrasfunerarias.

Unos dicen que fue un amante incom-


prendido y otros que una predestinaciónsupre-
ma le obligó a ser el eterno caminante en bus-
ca del amor que no pudo conseguir.

Por eso aquella noche despuésde aquel


lamento que destrozabael alma, uno de los va-
queros que atizaba la fogata dijo: "Ojalá que Ia
encuentresCaguana,ojalá que la encuentres.
y en esta forma termine tu eterna penitencia v
así también nosotros en estas soledades,deie-
mos los temores que azotan nuestra débil exis-
tencia.
'-¿Por qué decís eso?imurmnró un jo-
venzuelo acurrucado y temeroso.
-¿Acaso no conocés Ia historia de Ca-
guana y de la moperita(2) Guaji? Pueste la con-
taré, para que nunca entreguéstu cariño a nin-
-108_
guna mujer y sepás mantenerte siempre fuefe
y llegueSa ser el mejor lacero de la estancia y
el mejor cazador de tigres en toda la orilla del
Mamoré.
-Escuchá muchacho: "Hace mucho
tiempo, antes de que 1os "carayanas"(3) abu-
sivos se hicieran dueños de nuestras tierras y
de nuestros ganados,vivía feliz el cacique Yu-
banure a orillas del Mocoví, junto ccn su tribu
que lo admiraba y obedecía ciegamente.Era
bueno y sabía con suave palabra hacerse obe-
decer. Lo acompañabasu mujer Pacula y su hi-
jo el fuerte y ágil Caguana.

Este joven era un famoso y temerario


cazador,de su flecha certera no escapaba la
veloz urina(4) ni el trapecista maneche(s)ui el
taitetú(6) y por docenas se contaban los felo-
ces "pintados" enzartadosen su lanza de tacu¿r-
ra(7). Nadaba como u npez, llegando en su te-
meridad hasta a cruzar el tumultuoso Mamoré.

Sucedió que un día que andaba de caea


se encontró en medio de la selva con una apa-
rición inesperada:una hermosa moperita que
lloraba sin consuelo.En sus ojos se había estarn-
pado el sello de una profunda pena. Por eso di-
cen que las aguasdel lago "Isirere" son las mis.
mas lágrimas que derramó la indiecita en aquel
-109-
incontenible momento de confusión. Su cabe-
Ilera negra estabadespeinadapor las tersas ca'
ricias dé la noche y en sus labios se asomabael
reflejo de 1osrojos horizontes de 1a tarde. Ver-
lo ella y correr a su lado fue todo unor¡Sáivanle
valiente Caguana!-gimióla joven.
-¿Cómo me conoces?¡dijo el cazador'

-Sé mucho de tí,-replicó la niña¡somos


vecinos y sin embargo jamás han tenido usto-
des noticias de nosotros, pero por referencias
de nuestros hombres, ya sabía que tú eras un
hermoso y valiente guerrero. Ayer salí con mi
amiga Jarajorechi a recoger quitachiyÚts(8)y
nos perdimos en el bosque.Hoy ella ha i!9 .a
busiar el camino mas no vuelve todavía. Vivi'
mos a la orilla de los curiches(9) de Cocharca.
Vos oue conocésbien el monte muéstramela ru'
poderoso 'Iacaná, te dará ltl
ta y mi padre, el
que pidas.

Extasiado el joven contemplabasu silue-


ta deslumbrante,finamente tallada cual la ima-
sen altanera de un altivo totaí(I0) y luego se
óye qrre le dice estas palabras: "Hace tiempo
cüe ánhelaba conocerte.Mi hermana la Cicuri
dice haberte visto más antes reposando en las
sombrasfraganciosasde un hermoso cupecí(l l)
y ahora que me pides y me imploras salvación

- 1 1 0-
es para mi una gracia suprematener que ser yo,
er consueloen este tu momento de desespera_
ción. Te llevaré hasta cerca de tus tierras pero
no le digas nada a tu padre que es enemigódel
mío. Todas las tardes te espéraréa 1a sómbra
del chiriguaná(I2) más alto que está a orillas
del Ibare,

- Y así fue. Condújola y en larga camína_


ta las insistentes miradas del valiente Caguana
hicieron despertar en el alma de la niña'india
una sensaciónextraña para ella y hasta enton-
ces desconocida. Era ,,El Amor,' que habíaque-
rido formar también su nido en el tierno córa-
zóri de Guaji. Cada tarde se acariciaban loca-
mente a la sombra del alto chiriguaná.

Intrigado Tacaná por las salidas cotidia-


nas de Guaji, mandó espíasque Ie trajeron la
grave noticia. La indiecita amaba a Caguana,
enemigo de Ia tribu. Rugió de rabia ef caci_
que(13)y_al regresarsu hija, la increpó dura-
mente y la encerró en una fortaleza hecha de
troncos de madera,cuya corteza vierte un líqui-
do mortífero que es veneno activo para el ié.
nero humano.Pasaronlos días y locá de anJias
de ver a su amado,en un moménto de desespe-
ración y angustiay frente a la imperiosadjfi-
cultad. de cumplir el compromiso cbn Caguana
resolvió quitarseIa vida.

-lil-
Una luminosa idea invadió su pensamien-
to. Comprendióque en su fortaleza se encontta-
ba el puñal que había de extinguir su existen-
cia. Succionóen Ioco desenfrenola corteza aci.
dulce de ochoó(l4).Y mientras el sol se eclip.
saba su esbelto cuerpo se desplomaba,modu-
lando en sus labios el nombre de Caguana.

El cielo se nubla. Grandesgotas de lluvia


resonabanen el techo quebradizo de la choza
de sus padres.Allí a lo lejos, en la alegre mora-
da de Caguanauna enorme tempestad de vien-
to azotaba la tranquilidad del mediodía. Su co-
razón había sido invadido por un triste preserr-
timiento. Sentía algo inexplicable que venía a
inquietar su espíritu. Dichoso hubiese sido si
hubiera llegado a comprender que ese trágico
anuncio era la muerte de su idolatrada Guaji y
en carrera veloz hubiera ido en pos de su pronta
salvación. Mas la niña al sentir los efectos del
veneno, glandes estertores de dolor daban fin
con su joven existencia.

El padre casi muere de pesar, pero tarde


fue su alrepentimiento. Mientras tanto su joven
salvador venía todos los días a esDerara Guaii.
Nuuca más la volvió a ver.

-rtz-
Cuando supo la horrible tragedia de su
amada perdió \a razón. Lanzó un grito y partió
a internarse en la selva llamando desesperada-
mente a la que era más que su vida. Su padre
lo hizo buscar pero nunca jamás llegaron a en-
contrarlo. Pareceque una bendiciónsupremahi-
zo que su espíritu vagase en raudo vuelo por
Ias enmarañadasselvas en busca de su amada,
cuyo cuerpo en un triste atardecer de suspiros
y llanto fue arrojado a las aguas cristalinas del
lago "Isirere", donde estaban sus lágrimas for-
mando todavía las tersas olas de aquel límpido
espejo.

Es por eso que desde entonces ha sido


condenado a vagar día y noche sin que nadie
pueda verlo ni aun darse cuenta que pueda
existir.

Una antigua leyenda dice que tiene la


forma de un pájaro nocturno que envuelto en
un manto negro infudiendo pavor, se desliza
vertiginosamente entre el silencio de los
bosquesorientales.Y cuando el sol se va ocul-
tando se oye el grito desgarradordel joven Ca-
guanallamandoa su amada ¡Guajo... jo...
jó...!Y así continúahastaahora;recemospor
su alma hermanos!.. .

- 1 1 3-
Las últimas brazas de la fogata se apa-
gaban. El rostro de los vaqueros estaba se-
rio y triste. El joven que hizo la pregunta, en
jugaba algunas lágrimas. Lentamente se levan-
taron, atirantaron sus hamacas y soñaron en
aquellos tiempos paradisiacosen que la repug-
nánte ansia de riqueza de los carayañas,toda'
vía.no los había despojadode sus exuberantes
tierras y de sus innúmerosganados.

VOCABULARIO
l.- Lechuza.- Ave rapaz nocturna.
2.- Mopedta.- Nombre que se les da a las indias del
oriente de Bolivia,
3.- Carayana,- Viene del gua¡anf "Caraya" que quiere de'
cir "gran plcaro".
4.- Urira.- Animal á8il y he¡moso de la fai,tlilia de la ga-
cela.
5.- Meneche.- Bolivianismo, Mono aullado¡.
6.- Tatteüú.- Boüvianismo. PecarÍÍ.
7.- Tacuara,- Caña fuerte, especiede bambrl.
8.- Q¡¡itachiyús.- Fruta silvcstre que se da en !l fj¡iente
de Bolivia,
9.- Curiches.- Bolivianismo. Pantano o laguna.
10.- Totai,- Americanismo. Especie de palme¡a fruy útil.
tl.- Cupecf,- Fruta silvestre que se da en el Ortelite d€
12.- Chi¡iguaná.- Arbol parecido al F¡amboyán.
13.- Cacique.- Nombre que se da a1 jefe de una tribu.
14.- Ochoó,- Planta medicinal.

- 1 1 4*
?,¿
#¡r.
EL PATUJU

E-nla punilla(2) de la casade paja se me.


ce¡ en la hamacaPachuriy su lindá mujercita
que le acaricialos cabelloscon ternura-digna-
de una moperita(3)enamorada.Levantala iis-
ta para contestarel saludode don Lucrecio.
-Buenos dlas don Lucrecio,comose ha
amaieclo Ud. hoy?

- -Muy bien, Idolina, gracias.Ustedes


siemprecomo dos chaicitasarrullándoseen la
hamaca.
Enderezandola cabezfle contesta
Pachuri.:
-Claro, porquees mi mujer y a nadie le
.
im¡orta, siguetu camino y no'te molestésen
saludarque tus amabilidadesestándemás.

Cortadopor la reaccióntan bruscade su


amigo,con una sonrisitay una señalde adios
a Idolina,se alejó sin decir palabra.
-lt7-
-Ya te he dicho -querida- que no me
gustan las confianzas con ninguno de los de la
estancia.Porque si les das la mano despuésse
agarran del codo.

''
i-Oh, Pachuri no ieas así, me enfermas
con tus celos que los tenés hasta del aire qué

':Bueno puej, es mejor qué no hablemos


más dé'tus celos porQüé;:rbómo
' ?fe,lcostunibre,
'i
vamostat€rminar peleaosr'r . ir-: :r:

-Y a propósito queridingo,ivamos a ir
al cumpleafiosde doña Parmenia el sábado por
la noche?
. - =1 t $ . * ,
-No sé todavía y, por favor no me ha-
blés de fiestas ahora que gozamos de esta ma-
ñana tranquilaino te pareóe?
-Claro que sí, pero yo necesitosaber si
me vas a llevar para que doña Juana me haga
el tipoy(4).
-Ya lo vamos a ver eso el sábadomis-
mo, hoy recién es domingo, tenemoj una sema-
na por delante para pensajlo.

Idolina lo amaba intensamente pero él


Ia martirizaba mucho con sus celos.La pobreci-
ta no podía ni mirar de soslayo a ninguno de
Ios hombres del rancho porque le armaba el es.
cándalo y hasta la pegaba.

-Pero tu cuñadita, Petrona,ya está con


la cola parada para la fiesta. Tanto tu hermano
como ella están entusiasmadísimos.Ayer me di-
jeron que se iban a divertir mucho y a comer y
ibeberen grande ya que la viejosa de doña Par"
menia ha matao chanchos, gallinas y patos y
el patrón les ha regalao una lata grande de al-
cohol.
-icuándo los viste?/Adónde has ido srn
mi permiso putilla de mierda?

- 1 1 9-
-Yo. . . yo. . . yo no salí¡respondióldo-
lina tartamudeando;ellos pasaron por aquí y
entraron un rato mientras vos te habías ido a
{cortar caña.
-Cuidao puej con andar como Pituca
moviendo las nalgas a todo el que pasa y pelan-
do los dientescomo invitándolos a oue se acues"
ten con ella.
-Válgame Dios, Taitito, yo no sé cómo
te podésexpresarasÍ de tu cuñada,de la mujer
de tu hermano.
-Cállate, eso es asunto mío y no tenés
por qué criticarme nada, yo sé lo que digo y
,por qué lo digo.
El hermano menor de Pachuri vivía feliz
con Pituca. Era un hombre abierto y franco. Sin
malicia ni celos. Confiaba en su esposay tam-
bién la quería mucho. Ambos amigueros y en
todos los convites eran los primeros en llegar
y los últimos en salir. Saboreabanla parte bue-
na de la vida con un humor excelente que con-
tagiaba a todos los que tenían la suerte de com-
partir con ellos.

Al son de la bombilla(5) Pituca lucía su


tipoy de satén brilloso bailando con todos los

_r29_
de la fiesta; En ruedos agarrados hacían la vi.
borita y túneles con los brazos por donde las
parejas pasaban siguiendo el ritmo alegre de
los taquiraris y carnavales.

Todo 1o contrario a ldolina oue no se


movÍa del lado de Pachuricon la visü baja pa
ra no encontrarsecon la de nadie, por temor de
que el tirano de su marido le hiciera algún es.
cándalo si la sorprendíamirando a alguien.

Eran las cuatro de la madrugaday el bu-


ri(6) estaba que ardía. Todos muy alegresy err
su mayoría con sus tragos en la cabezahacien-
do vivir al Tata Presidentede la nación.

De repente un botellazo le llega a la ca-


beza de Pachuri haciéndolo caer ensangrenta.
do y sin sentido. Todos se agolpan al rededor
del herido que agoniza,pero el hermano menor
habiéndosedado cuenta de que Lucrecio fue el
que le lanzó el botellazo se avalanchócon el cll-
chillo en la mano diciendo a sritos:

.-Ahora te voy a rajar la panza por cri-


minal¿)Comote haj atrevío a mataÍ a mi herma.
no? Pagaráscon tu vida el enorme error de ha-
ber herido a un Pachuri.

-12t -
-Calma, calma¡gritaban las mujeres1lo-
fando.

Todos les hicieron cancha en el cuarto.


Los hombres espectaban solarnente mientras
las mujeres lloraban a gritos desesperadas.

VerdaderamenteIe sacó las trioas a Lu-


crecio y de ahí corrió despavoridopoi toda esa
pampa sin que nadie pudiera alcanzarlo.Se per-
dió en la inmensidaddel bajío, entre el arroóillo
y la paja brava se enterró en vida. Y al herrnano
celosose lo sepultó en el monte alto, donde ape,
nas manchonesde luces de sol penetran por ón-
tre el follaje de esa selva espesa.

En el monte brotó el Patuiú esbelto. es-


condiendoen el centro una flor amarilla v roia
que apenas saca la cresta puesto que ¿l ia cü-
bre con su poncho verde como ocultándola de
las miradas de los impertinentes.

Pero entre Ia melena del pajonal brotó


otro Patujú de hojas anchas y abiertas como cl
carácter del hermano franco. Ambos crecen
cerca de los arroyos y lagunas,es decir en los
lugareshúmedosporquelas lágrimasde las dos
indiecitas lloraron la ausencia de los pachuri
por mucho tiempo.
VOCABULARIO

1.- Patujú"- Planta de la familia Musáceas. Hay varias es-


pecies.

2.- Purilla"- Alero de las casasde campo, espaciosoy aco-


gedor, donde los viajeros que llegar¡ tarde la noche pue
den dormir sin molestar a los dueños de casa.

3.- Moperita.- Nombre que se les da a las indias del Orierr


te de Bolivia.

4,- Tipoy.- Camisa la¡ga y sin manga de las indias del Pa-
raguay y Bolivia, vestimenta tfpica de las indias del
Oriente de Bolivia.

5.- Bomb¡lla.- (Localismo) Banda compuesta po¡ una caia,


un bombo y una flauta.

6.- Buri.- Baile popular.

-o0o-

- t¿ó -
LEYENDA DEL CATAISISY

r¡Quéviajes tan cansadosy penosos.pcr


los largos y solitarios caminas del orientel/Có-
mo avanza lentamente la carreta resonando
desde lejos el estridente chillar de sus ruedas
hundidas en el gredoso barro. Los pobres pere-
grinos pasan la noche bajo la verde fronda. Tie-
nen por techo la majestuosidaddel bosque y
por lecho la dura tierra. Un milagro divino los
resguarda de los animales feroces que habitan
en esas enmarañadasy silenciosas selvas del
Beni.

Y fue una noche baio los árboles de unu


isla saturadade olores trópicales y silvestres.
cuando Ios caminantessintieron un ligero estre
mecimiento ai ver el relampagueardel ciete.
amenazante.Caían finas gotas de lluvia. Una
lobreguez aterradora envolvió el horizonte.
Oyose a lo lejos el gemir lastimero del Cataisi-
sy. Aquel triste canto se acercabapoco a poco
Catisi.. . sy.. . sy. .. sy.. ., ese trágicoanun-
cio hizo correr por sus venas un frío torturante
de miedo y terror y en una ráfaga de viento hu.
racanado, aquella maligna ave, atravesó la
sombra de los arbolones que los cobijaban, re-
sonando con agudezaen ese instante tormento-
so su melancólica canción.

Ese terrorífico lamento llenó de aneus-


tia sus almas. Y en sus tímpanos permanécía
Iatente aquel gemido desgarrador, que se per-
dió poco a poco en el eco del bosque secular.
Solamentela negra oscuridad los acompañaba.
Al clarear el día la tempestadcesaba.Todo Io
lrtgubre huyó junto con las sombrasde la noche
Más, ese agonizanie lamento les anunciaba la
pérdida de algún familiar o persona amada.
Ellos lo sabían.

¿Y por qué el Cataisisy tiene Ia rnaléfi-


ca misión de prevenir Ia entrada de la inexo-
rable muerte en una casa; y por qué también
nos produce pavor ese su nostálgico canto co-
mo el gemido de un alma "én agonía?Narrare-
mos la causa de su eterna penitencia.
En las orillas del pintoresco . Itarecore,
alumbrado por los últimos ráyos del sol po.
niente, se dMsa el refugio solitario de Mituqlri
y su esposa la bella y seductora Catáy,
que con su gracia y caminar altanero,
conquista a los hombres de la ribera;' .
y con sus ojos color traición
l.destrozabade Mituquí el corazón, -
ésta era la estrofa que en broma sus ámigos:le
dedicaban. Era el más, ,aDuesto : cazador'jde'{a
-t26*
comarca.Tenía el alma soñadoracuvo sino era
amar hasta morir. Ofrendaba a Catáv todo su
amor, la adorabaíntegramentecon iodos sus
defectos y desvaríos.Amaba el aire que respi..
raba y la tierra que pisaba cuando tan gracio-
sa y provocativamentecaminaba. Sus miradas
eran su alimento vivificador. ¡Qué cariño más
intenso! "y que a prisa camina el amor a los
cuarenta". Sentía por su joven mujercita un
amor de padre, de cónyuge, de hermano y de
amigo, era una mezcla divina y sublime de to-
dos los amores.
Un día lleno de luz v de sol cuando en
las hojas cabrilleaba el rocío mañanero, la in-
fiel Catay oscureció para siempre su vida con
un trágico velo. No satisfecha con su amor y
sus caricias, marchó por los procelosos cami
nos por donde la pasión arrastra. Y mientras
Mituquí se desplomabahacia el abismo lleno
de sensacionesamargasy crueles,la engañado-
ra Catav bebla en los labios del Cacioue de los
Guayochos(l)el jugo de un amor tan brutal co-
mo salvaje.
Ese terrible desensaño,sufrido en su vida
ya de hombre maduro, llenó sus días de negra
sombra.Inconsolable,sentÍasevencido oor la án-
gustia. Su corazóngritaba reorimiendblos so-
llosos que lo ahogaban.Perdida la fe en el "Vi-
ya"(2) resolvió firmar un pacto con el diablo.
-127 _
Lucifer aceptó su alma a cambio de su amor.
Momento a momento lo engañabacon sus ma-
léficas indicaciones envolviéndolo más y más
en su trampa infernal.
Un día que Mituquí vagaba por el bos-
que completamente trastornado pronunciando
sin cesar la oración: "Cata, Catay" se adueñó
de su alma para torturarla eternamentey ha'
cerla pasar los más atroces lugares del infier-
no, hasta que logró convertirlo, con su admira-
ble astucia y macabros aqueiarres,en una ave-
cilla de trinar agudo pero lastimero. Desde en-
tonces recorre en raudo vuelo estas selvas del
oriente boliviano, pregonandode aiguien su fi-
nal siniestro.
Unos dicen que es el diablo encarnadr.r
en esta ave y otros que es su mensajero predi
lecto. Padeceeternamenteen las llamas del in'
fierno purgando el pecado mortal de haber
creído en Lucifer. Se 1o escuchaen las noches
d e t e r r i b l et e m p e s t a dC a t a i s y . . .s y . . . s y . . .
sy..., llamando a su idolatradaCatay, es que
no pierde la esperanzade encontrarla aún más
allá de la tumba, mientras ella desde el fondo
del misterio 1o contempla sin poderlo socotrer.
VOCABULARIO
1.- cacique.- Nombre que se le da al jefe de una tribu,
2.- viya.- Dios en dialecto ignaciano.

_ l?A _
t ¡lt *.-d''
j*

.l"U\k"',.
LA SUCUANA

- ¡Qué noche más clara y qué luna blanca,


si parece de día!.Le dice el eompadre Jesús a
su mujer que en las ancas del caballo se dor-
mía.
-Es una suerte que nos alumbre asl,
porque el olor de la sucuana(l) impregna todos
estos curichales(2)¡le contesta Juana.
-Oh hija, no te creas de esas supersti
ciones que son historietas de viejos.
-N9 Jesris,todo lo que ocunió en aque-
-
lla época fue cierto.iAcaso no hueles ese ólor
penetrante afrodisiaco,medio húmedo por el
sereno de la noche?
-Claro que lo siento, pero es el aroma
del campo y de algunas floreCillas silvestres.
-La enorme cicurí(3) que se tragó a la
fnuchacha todavía ronda por estas tierias ce-
negosas.Créemeque le tengo miedo. Dicen qr¡e

- 1 3 1-
es inmensa y que con su fuerza es capaz hasta
de matar a un toro. La mujer del mayordomo
de la estancia nos la contó la otra noche:

-El caciquede "Los Tajibos" era un pe-


rito en el manejo de la flecha, todos lo respeta-
ban por temor a su brazo certero.Nadie se atre-
vÍa a mirar a su hija Sucuana,la que ya tenía
18 años,pero ninguno de los vaqueroshabía in'
tentado ni siquiera lanzarle un piropo. La mt-
raban de soslayo sin atreverse a hacerlo de
frente por miedo al padre que era una fiera.

-Pero uno de aquéllos, intrépido, empe-


z6 a verla de ocultas. Era casado y tenía ui)a
prole de hijos. Ella estaba en su punto, en la
edad en que el amor no puede esperar.Tal que
enamoraron bajo las sombras oscuras de los
saucesllorones en las nochessin luna. Sucuana
habla hecho un hoyo en el cerco y como una
gacela corría hacia el curiche(4) cubierto de ta-
raraquis(S)y muchos otros arbustos del car¡-
po.

-Nadie podla verlos y de cuattrlo en


cuando un curucusí(6) les regalaba su luz, que
el mancebo aprovechabapara contemplar sus
caderasmorenas y sus senos grandes de pezo-
nes gruesos.
- t ó ¿ -
-Nadie sospechabaque Sucuana halrÍa
perdido su inocencia de niña con sólo el testigo
de los saucesllorones y el tarope(7) que ocul-
taba en sus "aguas barrosas" el secreto de sus
amores adúlteros.

Pero el contacto sexual, legal o ilcgal,


siempre deja su huella haciéndonosperdural:;les
por generacionesenteras; y es así que en ei
vientre de la hermosa Sucuana crecía un niño
con el placentero recuerdo de su pasión agria
do con el sabor db su pecado.

La maternidad se anunciaba en sus


ojeras profundas, en su mirada lánguida y sin
brillo y sobre todo en su bnsto turgente y cre-
cido.
- j gué hacemos amor?,muy pronto la
verdad será descubiertapor tu padre.
-Sé que él me matará y estoy decidida
a morir -le contesta Sucuana- mojándole el
rostro con sus lágrimas.

La noche estaba más oscura orle nunc¿l


El croar de las ranas era la trágica -úri"o q.,n
los acompañaba(unida al miedo de los aman-
tes.
-133_
Uno de los pies de Ia india morena se in-
trodujo en la humedad del tarope(7),juguetean-
do sus dedos ett el tararaquizal(8) del curiche.
Al ponersede pie se enredó entre los bejucos ;v
cayó.

El amante no pudo retenerla porque una


serpientese enroscóen ella y la ahogó estru-
jándola con los anillos de su cuerpo. Se dice que
una boa atraída por el olor de la leche -que ya
afloraba en sus pechos- estaba al acecho
cuando el destino implacable la enredó en sr¡
trampa de muerte.

A la noche siguiente, el indio acudió al


Iugar de la cita, arrepentido de no haber afron-
tado el peligro para salvarla o morir con ella.

Lo que sus ojos vieron lo privaron de Ia


'taz6n por el resto de sus días. El tarope verde
habla desaparecidoy una flor blanca bogaba
por esas "aguas barrosas". El olor a leche de
mujer era patente.

Desde entonces la Sucuana, flor blanca


de la familia de la reina victoria, apareceen la
época de llenura y anegamiento.Siempre noc-

-134-
turna con su olor penetrantey afrodisiacode
pecado.Los indiosconocensu origen,Estánse-
gurosde quevienede aquellamujer que,a flor
de agua,dio a luz un niño adúltero.

-o0o-

VOCABULARIO

l.- Sucuar&- Flor blanca hoctt¡rna qr el dialectc


ciano,

2.- Cürichale6.- Viene de Curiche.

3.5 Stcr¡rI.- Anaconda


l
4.- Curlchs,- Pantano o laguna.

5.- Tareraqub,- Planta tropical de tallo muy largo y del-


gado que se e,diende psr el 6uelo. Esp€cie de ¡eirrc( .

6.- curucusL- Luclérnaga,

7.- Tst¡pe.- Pla¡rta acuática, e8pecie de nenúfar de ho¡ás


grandes.

8.- Ta¡arequlzal - Beiucal,

-t35_
LA LAGUNA DEL ISIRERE

Aspirando el ambiente vivificador cle las


mañanitas húmedas del bosque, con su ,.atadi_
jo"(l)
$e rop_aen la cabezá,óaminan rápida-
mente las indiecitasignacianascon direccióna
su laguna. Inmensay majestuosa,rodeadapor
un espesomonte, sus aguas representan_se_
gun una antigua creencia indígena_ el sacrifi_
cio de u_natierna moperita(2),que con sus lá_
grimas dio nacimiento a esta encantadoralagu_
na de belleza tropical.

Recogíanlas lavanderassu ropa Dara re_


tornar al pueblo, cuando ese atardec-eráoacible
y tranquilo fue turbado por la voz ronca de los
truenos.Azot dos por el furioso viento, se mc_
cían los arbolones que componen el fantástico
monte que rodea sus riberas. EI agua perdió
instantáneamentesu blancura para tórnarse ro_
ja y en el fondo una escamavérde y misteriosa
cubría el piso. Las olas rugían furiósamente ai
estrellarse contra "las chapapas" de las Iavan_
deras. Tenía el aspectode un mar embrabecido.
Las "mamas"(3) ancianas conociendova la le-

-137_
yenda, apresuráronsea regresarllenas de terror
y espanto.En la noche, ya en la quietud de
sus chozas,contaron a sus hijos el misterioso
encanto de sus embrujadasaguas.

Guinarají y Escenaeran los padres dc


Isidora. Bella y graciosamoperita, que predesti-
nada por el "Viya"(4), tenía los ojos verdes. Su
cuerpecito virgen soportaba los castigos, con
que inútilmente el cruel Guinarají trataba de
poner fin a sus amorescon el valiente Yacamí.
Sólo la pasión que al corazón abraza,hacía(eol-
vidar que su padre, comprometió a Isidora pa-
ra esposade Tucumá, hijo de un compadre y
amigo suyo,

A la orilla del más grande "paúrro"(5)de


aquel inmenso yomomal, donde siempre solían
verse, nuestra indiecita, esperabaen vano. Ya-
camí mandado por el jefe de su tribu, viajó a ie-
janas tierras, pensandoregresar pronto al lado
de su amada "moperita". Pero ya los últimos
colores del crepúsculose perdían en el infinito
y el apuesto guerrero indígena no aparecía.El
velo negro de la noche cubría los árboles, que
se destacabanen el horizonte como engrande-
cidos por la caricia de la tarde. Isidora presen-
tía algo malo, pero no podía imaginar una trai-
ción.

-138-
- Embebida en estas cavilaciones,fija sus
verdes ojos en el agua cristalina del paíro, ¿on_
9e, 90! asombro, ve reflejada su belleza. Esta_
ba deslumbradora. Aquelló fue una uuio_.on.
templación inocente. pero luego una visión ho_
rrible la sacó de esa su abstraóción,cuando vio
dibujarseen ese límpido espejo,lá figura del
aborrecidoTucumá,que con ojos libidiiosos la
mlraba.En esamirada hablaba el deseo de la
carne, el instinto brutal. Confundida, gritó, lla_
mó . . . mas, todo inritil, el valle cubtórIo ¿é oa_
vorosas tinieblas callaba. Desesperadase laizó
al paúro, testigo de sus amoresi al mismo tiem_
po de esossus minutos de desblacióny llanto.

Misteriosamentedel fondo de aquel pozo,


empezóa brotar o manaraguaen eran canf¡dad.
tg-nta. . que el intrépido Tucumá se ahoeó en
ellas, quedándoseenterrado,para siempñ, en
es€ atascoso yomonal(6),que hoy constituye
una_rnmensa y hermosa laguna. Roguemospór
el alma de Isidora,ya que cón el sacrlficioáe-su
uda y de su amor, la Divina providencia nos
dio un elementovital, que sublimizael páisaü
de ese rinconcito verde lleno de esperanza. "Á
dos kilómetros del pueblo se extienden sus
aguas,divinizadaspor las generosasy enormes
ramasque custodiansus orillas.
La tradición cuenta que cuando el agua
se tiñe de sangre,representael deseocarnal de
Tucumá. Cuando está cristalina, las lágrimas
de Isidora esperandoa su amado y cuando se
torna verde, son los verdes ojos de la indiecita
fijos en el agua del "paúro", contemplando su
belleza escultural.

-6Qs-

VOCABULARIO

l.- Atadijo.- Atado de ¡opa.

2.- Moperlta.- India en la flor de la edad.

3.- M¿mas.- Indias en la edad madura,

4.- Vtya.- Dios en dialecto ignaciano.

5.- Paúro.- Pozo de donde mana agua cla¡a.

6.- Yomonal,- Pantano.

-140-
LA FLOR DEL SIYEYE

, . $u.inspirabaen la humilde y desmante_


lada iglesiadel puebloun rechinanieolor a si.
yeye. El templo estabaengalanadode fe de-
v
voción porque se celebrabánlas fiestas patro_
nales de San Ignacio. Cada indiecita lucia ese
dia su mejor tipoy. Llevaba en el pecho unos
pemtos de s-iyeye,para conquistar al mópero
más guapode Ia región.

Una-antigua creencia indígena,


-
sostieneque aquella flor,
seducecon su olor v color
y trae suerte en el ámor.

Pero su historia desconocidahasta ahoj


ra, nació en la leyenda del pueblo.

SeveritaCalaje,era bella, de una belleza


deslumbrante. El ritmo armonioso de sus fol..
mas, sus largas y negras trenzas de un negro
azabache-ysu gracia natural, casi divina, reiie-
jaban la frescura de sus quince primaverás.

-i4t-
Todos los móperos del rancho sentíanse
atraídos por aquella belleza radiante. Pero Se-
verita sólo suspiraba por Rafael Mojibaro que
mostrábaseindiferente ante sus encantos.

Desesperadoya su corazón de callar esa


pasión, vencida su voluntad por la fuerza del
amor, acudió a pedir consejo a una curandera
del lugar. La bruja, con voz ronca y severa,in-
dicábaleel camino a seguir.:

* Cruzandola banda del "Maoaire" verás


destacarseuna pequeñapalmeritad-etallo grue-
so y nudoso,ostenta en sus ramas una flor ama-
rilla de olor fuerte y penetrante.Encuéntrasea
la orilla de un pozo profundo de agua negra cus-
todiada por un enorme reptil. Para descubrir su
efecto tiene que suceder algo fatal. Si tú eres
la elegida por "Viva" obtendrásla flor sin nin-
gún obstáculoo sino resígnatea sufrir por ese
amor.

Sus virginales manos log,raroncoger un


ramillete. Desde ese instante Severita fue in-
tensamenteamada por eI guapo Rafael. Efecti.
vamente la flor del siyeye hizo nacer una pa-
sión ardiente, en pocos días más viajarían al
pueblo a unir sus destinos para siernpre.

-142_
, ry fantasmanegro de los celos inquieta-
ba a todos los móperos del rancho. endrés Ma-
sapaija decidió vengar la traición del anrigo y
dio a beber a Severita un brevaje mortal. L; fa'-
tal sucedió y con los últimos matices del cre.
púsculo Ia indiecita murió.

-o0oE-

-143-
LA FLOR DEL JARAJORECHT

La flor.del Jarajorechi, orgullosa y alta-


nera, acariciada por el aire tibio de los inmen-
sos bajÍos, se destaca como el sol. Con sus io-
jos y encendidos pétalos coronados de
rocío
se yergue con la altivez y gallardía de las tier_
nas moperitas. El viento de la pampa la azota
crudamentesin conseguirdoblai su iallo, verde
v rrno, que sostie-neaquella flor de atrayente
belleT¡tropical. Su color rojo simbolizalá pu-
rezade la sangre indíge-nay su apostura expre_
sa eI espíritu guerrero de las tribüs del Oriente.
Es el slmbolo que irradia Ia hermosura v él
amor selváticode las indiecitashiias de la oam_
pa, que sacrificabansus vidas por no mezclir su
sang-recon el carayana. La flór del Jarajoreclf
brotó en una-remota época de guerra v fioreció
al comenzarta primaveraa la orilla de una ca-
ñadacomo una bendicióndel ,,SACHE,,.

vlan los rgnaclanosen un rincón de Mojos, ba_


jo el mandodel Caciqueyurapari, cierto"dÍáfutr
interrumpidapor los españolesque vinieron a

-145-
invadir sus tierras vírgenes.Los indios se su-
blevaronen defensade lo propio,y aquel silen_
cio profundoy hondo de susbosquesmisterio-
sos y aquel agonizar de sus tardes fue profana-
do por la codiciade los blancos.

, Puturi(I), la indiecita hija del Cacique,


de_negras ojerascomo la penay labioshumede-
cidos por el serenode la noche,deslumbróal je-
fe-de los.cspañolesdespertandoen él unu pa-
sión,arrebatada.Empujado por la fuerza irre-
sistibledel amor, prometió paz al Cacique a
cambio_desu hija. Al instante,yurapari hiio sil-
bar su flecha en el espaciocomo señal de rebe-
llOn.

Ciegode furia y despechoel españolpor


esa negativav movido por su pasiónvehemen_
te la persiguiócon una ansiedadsalvaie.Enton-
ces,el cielo se desencadenó en una lluvia to-
rrencial. Los rlos rebalsaron.Los baiíos se vol.
vieron mares. Las cañadasse pusieron de na.
do, y los truenos ensordecianeÍ espaciocon sir
horrísono fragor. La seductoraindiócita. de oie-
ras negras como la pena, se detuvo hipante
rrente a un arroyo y obserr-andoqrre aquel
homhrecontinúasu persecución, lucha con más
Iuerza por mantenerla pureza de su raza. Dc-
ja en la orilla su tip,oy rojo, oloroso a siyeve ,r
sus jarichis verdesde fibras de plátano <iuésü_

_ 1 46 _
jeta! sus largas y obscuras trenzas; y cau-
sando el asombro del hombre blanco, d-esapa-
rece misteriosamenteenvuelta en una ola de
aquellasaguas santificadaspor su Dios.

En 1a naturalezasucedióun cambio brus-


co, la-luz del sol apacibley brillante resplande-
ció iluminandoel horizonte.Una frasañcia de
plantas humedecidaspor la lluvia sidespren.
dió de la tierra. Se escuchabapor doquierél tri-
nar armonioso de las avecillas con el murmulkr
de su aleteo despuésde la tormenta. La lluvia
fertilizó _los campos. Una serenidad campestre
cubrió el Universo. Los árboles reverdebielronv
las flores abrieron sus corolas perfumadas.Esl-
ta sublimidad se hizo divina cu-andosureió del
lugar dondequedóel tipoy y los jarichis de pu-
turi, Ia bellísima flor del Jarajorechi; y desdc
entonces apareceal comenzar la primavera en
nuestros bajíos, saturando el ambiente de un
en{briagador perfume y ostentando en sus Dé-
talos carmesí el recuerdo del espíritu rebeide
de la raza moieña.

-t47 -
VOCABULARIO

Puturi.- Jarajorechi en dialecto ignaciano.

Mopertt¡,- Indllgena en la flor de la edad.

Sache,- Dios en diatecto ignaciano.

Tipoy.- Traje t pico que usan las indias en el Beni.

Slyeye.- Flor silyestre.

J¿richis.- Cinta con que las indias sujetan sus trenzas.

Moteña.: iróveniente de Moios (Depa¡tamentodel Beni),

-o0o-

-118-
LA FUERZA DEL ESPIRITU

. Adelaida no podía conciliar el sueño, ei


insomnio jugaba despiadado con srs pensa.
mientos.En las tinieblasde esa nocheinólvida,
ble, aún el ronquido del esposo que
- dormía a
pierna suelta, la desesperaba.

Derrepentela lluvia en forma de aguace-


ro rompió el silencio,desplomándose con sran
estruendosobreel techo del dormitorio.Hiiitos
de viento húmedo se colaban por entre las hen.
dijas de puertasy ventanasy el silbido agudc,
del ventarrón hacía estremecóra Adelaidi nor
cuya imaginación corrían los fantasmas.

En el nerviosismo de su desvelo ovó el


trotar de un caballoque poco a poco se acerca_
Daa la entradade su casa.
- lChe tomast, despertá!que alguienile-
ga, seguramentea pedir auxilio en esta noche
de tempestad-le dice a su marido sacudiéndo.
lo violentamente para que despertara.
-Oh, no me fastidiés que mañana es lu-
nes y tengo que trabajar.

- lst -
-Ya Io sé, pero no por eso vas a hacer
poco caso de ese pobre viajero que, sin duda al-
guna, está sopadingoy desea encontrar refu-
gio.

En ese momento los toquesa Ia puertir


resonaron fuertemente en los oídos de Tomás,
que de un salto estuvo frente a ella para abrirla.

Reconocióa su compadre y amigo, que,


sin siquiera saludarlo,le dice afligido:

-Compadrito, me están matando y le


pido, por favor, que venga a defendermecuanto
antes.
-¡Oh compadre, usted está borracho 5r
es mejor que se vava a dormir la mona. Maña-
na muy temprano hablaremos- le contestó pa.
chorrientamente Tomás, cerrándole la puerta
en sus narices.

Volviéndose a la cama le dice a su mu-


jer:

-Ya ves hija que nada grave pasa, el


compadre con el efecto de los fragos se le he
ocurrido venir a molestarnos.
-152_
-De veras que me sorprendesu actitud,
Tomás. El es muy medido y jamás se hubiese
atrevido a hacernosesto en sano. Es que el al-
cohol empuja a cometer errores tanto en los ac-
tos como en los dichos.

-Es así, Adelaida, pero, por favor, olvi-


date del asunto que quiero dormir.

Ambos continuaron callados y a revuel-


cos en el lecho. Sin siquiera pestañear sus ojos
se mantenían bien abiertos.

Más o menos a la media hora oyen otra


vez el trote apurado de un caballo y tras eso los
golpes a Ia puerta, que parecían dados con el
cabo del talero que siempre lleva el jinete. Eran
toques de angustia y de zozobra.
:-Oh, quién será esta vez? -se dijo To-
más- que ocurrencia más desagradable.Venir
a fastidiar a estashoras y en esta noche tor-
mentosa.

Al abrir la puerta se encontró con la pre-


sencia de su compadre nuevamente,que en to-
no apaciblele decía:
--Compadrito, tres bandidos me acaban
de matar, Han enterrado mi montura debaio de
ese enorme chichapí que queda en la esquina
del chiquero.Ellos han huido hacia el sur pbr el
caminoreal, si los siguenlos encontrarán.

-Ay compadre,ya le he dicho que se


vaya a dormir. Está Ud. borracho y para eso lo
mejor es descansar.Despuésde 6 o 7 horas dc
sueño quedará chalita y entonces conversare-
mos largo.
-No compadre,no serán 6 o 7 horas, si-
no un sueño eterno. Tomás, sin contestarle na-
da, le volvió a cerra¡ la puerta en sus narices.

-Otra vez era el compadre,Adelaida. Si


regresa Io trataré torpemente, pues la pacien-
cia se me está acabando.

-Oh Tomás, no seas cruel. El alcohol


pone a flote los sentimientosde las Dersonas.y
si viene, así derrepente,es porque nos quierc.
Más bien debiste invitarlo a pasar.

-Que esperanza!,si lo hago esta vez se


le hará costumbre.
-No sé Tomás lo que me pasa. Tengr)
un mal presentimiento y un cariño especialpór
este nuestro compadre.

-154_
Al amanecerlos comentariosen la aldea
de la trágica muerte del compadre eran gran-
des.

Sorprendida la pareja de todo 1o ocurri-


do fue a la policía a sentar en acta lo sucedido
la noche anterior.

Hallaron la montura en el lugar que él


indicó y cogieron a los bandidos exactamente
por donde eI difunto señaló.

El desprendimiento del alma fue tan


fuerte que se presentó en sus álgidos momentos
en Ia casa de sus amigos compadres.Si Tomás
hubiese sido más compasivoy Ie hubiera exten-
dido Ia mano, se hubiese dado cuenta de que
era un fantasma "de otro mundo" Io que tenía
ante sus ojos.

-o0o_

_155_
LA MARIPOSA NEGRA

La charla de sobremesaes una tradicro-


nal costumbre en 1asfamiiias de hispanoaméri,
ca. Es la hora en que todos cuentan sus impre-
siones del día. Los pequeños sus experiencias
en la escuela con los maestros, sus travesuras
así como sus éxitos. Los adolescentesse man-
tienen cailados; absortos en sus pensamientos,
pero los mayores les hacen bromas con las ena-
moradashasta hacerlossonrojar.

Es la oportunidad en que el padre da sus


consejosy les aplaude 1o bueno que han hecho
así como también reprende a los hijos que han
cometido alguna falta ya sea en la escuela,en
la calle o en el hogar.

Una familia de ocho miembros gozabade


esta amena charla un día martes a las nueve
de la noche, en un pueblo pequeño del Oriente
de Bolivia llamado Loreto. Era acaudaladay en
-la casa se respiraba el aire de la felicidad. To-
dos muy alegres departían en una agradable
tertulia.
-157-
'-La pelfcula de anocheno me gustó na-
da, Julio¡dijo Ia esposaun poco contrariada.

-Ni a mí tampocoi contestó el maridor


esa pornografía que se exhibe en los últimos
tiempos es vergonzosa.
-Oh, papá, cuando usas esos términos
no nos cabe duda de que te has educadoen In-
glaterra.

-Si, hijos, y rueguen a Dios porque me


conserve la vida y el ganado de mis estancias
siga sano y gordo para que también ustedes
continúen sus estudiosallí.
-Oh, Julio, de eso no debes preocupar-
te ya que las vacas son parinderas,no fallan
con el ternero cada año.
-Y continuando con el cine¡agregó otro
de los hijos¡a mí me encantó papá, uf . . . . los
besos que se daban.
-Y el busto de la muchacha era reve-
rendo¡ afirmó otro.
-Yo no me fijé en esor exclamó Pepitai
pero los vestidos que lucía la artista eran real-
mente de película como vulgarmente se dice.

_ 1 5 8_
-De todas maneras es admirable el in-
genio de los comerciantes para hacer dinero,
dijo don Julio, por ejemplo en este pueblo que
ni luz tenemos,que haya un cine que funcione
con su propio motor es. . .

Se tragó e1resto de la frase al sentir una


brisa lraída por aigún elementoexterior que pe-
netraba por Ia ventana del comedor y que puso
a todos en tensión. Aleteando fuertemente una
mariposa negra se introdujo en la habitaciórr
esparciendopelusas que quedaron flotando en
el ambiente, para luego posarse sobre la pared
con las alas extendidas. Mostrando sus dos
enormes manchas que en forma de ojos, tiene
en la parte superior de las alas, semejandopro-
-
fundas cuencasde una calavera humana.'

El asombro de miedo de Ia familia fue


unánime.
-Vo la mato en este momento, papito,
no se preocupen¡dijo el hijo mayor.

-No, no7le insinuó el padre, haciéndole


bajar el brazo que ya lo tenía listo para actuar.

-dfor qué no? Es lo mejor que se puede


_
hacer con estosbichosdesagradables.

- lJv -
-No hijos, tienen que saber que esla
mariposa negra, tan negra como la muerte es
su mensajera.Entra para anunciarnosque se
llevará a alguno de nosotros.Yo no creo en ello.
pero respeto las supersticionesde mis antepa-
sados.
-Sí queridos¡aseveróla madre'Hay que
dejarla tranquila, porque si la matamos su ven.
ganza será peor. Hay que tratar de que se va-
ya viva y que vuele hacia su mundo oscuro de
donde viene.

Ella, la Negra Mariposa, con sus ante-


nas inmóviles,parece que escuchabasin con-
moverse,en abSoluto,por su tragica misión.

Y el padre continuóFmás bien debemos


tener cuidado de que abandone la casa con
vida, porque de lo contrario, según la antigua
creencia,la muerte se quedará rondando.

La mariposaaletea fuertementellaman-
do la atención cuando hace su ingreso en la vi-
vienda señaladayá, con su presencia,por el in-
fortunio.

Con su vuelo apagó ias velas y meche-


ros que alumbrabanla morada.

_160_
.- Bueno, no nos queda más que esperar,
pfla desalojará este hogar en donde ha escogi.
do a su víctima¡ expresó el padre, bajando !a
vista que hasta entoncesla tenía fija en el gris
oscuro de la mal agüera mariposa.

A los tres días,juntamente con el fére.


tro en que yacía el cadáver del padre que falte-
ció de un ataque al corazón, salió eila lentamen-
te, llevándoseconsigo el olor a muerte que su
pelusa esparceen su aleteo.

-e[6_

-161 -
Et MISTERIO DE UNA CASA

Era una noche de lluvia menuda.El aguaL


caía lentamente chocando contra los crista'les
de los,grandes ventanales de la casa, y entre
Iasverdadesy mentirasque la güija dice,la his_
torta que a continuaciónrelato nació en medio
de una tertulia agradable.

. Después del ruido de platos y la charla


animada de la cena un silencio de muerte im-
pregnó el ambiente. Nuestros ojos enormemen_
te abiertos se clavaron en Ia personaque pausa_
damente ponía el tema sobre un tapeie cle mie-
do y recelo.

Le había dicho el espíritu de un familiar:

__"No compres esa casa porque está mal"


$if. U.r¡ alma en pena cuyosrestosreposande_
bajo del bar quiere liberarse.El doctór con su
ciencia y el veneno en la mano la mató,'.

Seguramente en otra noche de lluvia


-como ésta- en que se rememoraban pa_
las
Iabras grabadaspor el alma en el papel, fue que

_163_
el famoso galeno la hizo beber el líquido mor-
tal mezclado -quizás- con la espuma del
chanlpagne.
De Dronto un ruido nos hizo saltar de te-
rror. Los vellos erizados y el corazón palpitan-
do apurado me obligaban a abandonar ese li-
ving oloroso a misterio.

Pero 1ainteresantehistorieta seguíay su


curiosa urdimbre hizo que me sentara otra vez'
Las coincidencias de la güija con la realidad
eran sorprendentes.
Continúa el espiritu del familiar diciendo
cosastan graves y tan raras:
"Tu esposo encontrará el cadáver de la
bella japonesita asesinada en el sótano. Será
mejor que no investiguen.Y todavía más, el au-
tor que puso fin a los días de esa mujer, ha cu-
bierto el piso para ocultar su crimen. Pedirá dos
mesesde prórroga para desocuparla.
La advertenciadel espíritu les causó un
terrible desconcierto.La trágica y espeluznante
historia bullía noche y día en la mente de los
compradoresde la casa. Pero el papeleo de los
trámites nadie pudo detenerlo.
ParecÍaque el espíritu de aquella a quiett
_164-
tanto hicieron padecer tomaba parte para que
desalojaran cuanto antes al doctor. El rondar
de su verdugo en la solariegay silenciosa casa
!o la dejaba salir de ese sótano semioscuroy
frlo. Y aunque lo cubrió con una alfombra ver-
de como para darle un poco de caior y enterró
su cuerpo debajo del bar, el alma prisionera de
ese amor se veía subyugadaa é1.

Nadie sabe por qué esta alma en pena,


ambulaba solamentedentro del recinto sin oo-
der elevarseal infinito. Tal vez el sádicodoctor
aúrnen muerta la gozaba.

Y en el quejido constantede no poder se-


parar el mal de su cuerpo pecador,puso todo str
esfuerzo para que una nueva familia de su do-
lor la aliviara.

Después de esta terrible narración, que


daba vueltas y vueltas en Ia mente preocupada
de Ia pareja compradora,fueron nuevamentea
ver Ia casa.El doctor, con el mismo nombre ouc
el espíritu escribió,se presentó.
El agente entró con ellos a mostrarles
las dependenciasde la casa. Y a pesar de que
el galeno se quedó fuera cuando ellos ingresa-
ron, al bajar al sótanoestabasu figura inmóvil,
seria y misteriosaen el medio de la sala.
- 1 6 5-
-Le tuve miedo y 1o miré un poco con-
fundida, dijo la narradora-. Una sensaciónex-
traña de temor me embargó toda -añadió.
Sin duda alguna al comprobar que el
nombre era el mismo que noche atrás el espíri
tu les dio, le dejó atónita, pasmada y sorpren-
dida.
Con esta coincidenciase podía pensar
que todo 1o demás era verdad, que el alma no
mintió.
-Quiero señor que me hable un poco
del sótano- preguntó la interesada.
-Se construyó casi juntamente con to-
da la casa, -contestó el dueño-. Solamenteel
piso no es el original, porque al inquilino que
,actualmentevive aquí, no le gustaba, tal que lo
ha cubierto con esta alfombra que está bien pe.
gada al piso. "Ah olvidaba informarle también
que ei inquilino ha pedido dos meses más pa-
ra salir.
Todo coincidÍa y esos meses de espera
entre la compra y la mudanza fueron largos y
amargos para ml, manifestó la narradora.

Hasta que en el otoño de ese año, en un


dla triste y sin sol se mudaron a la casa que el
doctor desocupó.
La primera semana fue de sobresalto y
miedo. Todos andaban callados.sumidos en sus
pensamientos y con la preguntaa flor de labio:
"Será verdad?Quién lo vio?

Y para aumentar el nerviosismo un fras-


quito bien tapado con el rótulo de VENENO fue
encontrado en un rincón del sótano.

Y la bolita de la güija seguíamoviéndose


y el espíritu del familiar aconseiandola mane-
ra de conseguir el bienestar:

"Hagan bendecirla.Que un padre de la


iglesia con sus rezos ahuyente a los fantasmas.
Y con el incienso permita que esa alma, que
purga sin pecado,traspasede esa atmósfera vi.
'ciada a la clara y pura del reino de los cielos,'.

Y así fue. Desde el día en que la bendi-


ción se hizo, el sol iluminó la casade felicidad.
Las plantas que la rodean transformaron su
verde triste y opaco en el claro del retoño. y
hasta el piso oscuro de la alfombra no da la
'senbación
del verde caluroso sino del verde del
y
bien la esperanza.

Nada importa si los huesos de la bella


japonesa.reposanen el bar, si su alma ya viaja
por los aires liberada de este mundo de maldaá.

-167 -
LANARK WAY

El labe¡íntico mundo de las calles de


Washington pasaba ante sus ojos como un re-
lámpago pero no con la sensaciónque él da err
una noche oscura de tempestadsino en una cla-
,iralfalumbradapor el mercurio de las luces de la
gran capital. A pesar de la velocidad con que
-sin darse cuenta- conducía,los letreros ver-
des en contraste con el diamantino de la ilumi-
nación los leía sin dificultad. Y despuésde casi
una hora de üaje atravesandoavenidas,calles,
callejones;viendo acerasy señales;confundida
en ese intenso tráfico de la hora de regreso al
hogar, bruscamentedio un viraje hacia la dere-
cha en la calle LANARK WAY.

- lNo me digas que Carmen está aqul!

- Sí, claro. La pobrecita está atravesan-


do una situación difícil.

- é¡Porqué?,dímelo chica que tengo locos


deseosde verla y si es necesariode ayudarla.
- 1 6 9-
-Pues hace poco, a ralz de la muerte de
su esposo,llegó de Nicaragua con sus tres ni-
ños.
-lPero no seguían en Cuba? Yo creía
que se habíanquedadoaguantandoa Castro.

-No, que va, tuvieron que salir rajando


sin dinero y sin rumbo cierto.
- iPobre Ernesto!, se las ha tenido que
ver duras. Abandonar así su isla con la respon-
sabilidad de una esposay tres niños.

. . 1
-¡Ahj ahora .que recuerdoErnesto erl
tu eterno admiradoréverdad? Siempre andaban
juntos en las aulasy en los jardinesde la uni.
versidad.

-Sí, sí, no sigas, por favor, porque mi


pensamientovuela hacia esos parajes cubanos
donde el celestecielo se confunde con el celes-
te agua y ambos se matizan con el verde reto-
ñar de las palmeras.

Por un momento el espíritu de Graciela


se trasladó hacia la tierra trooical de sus ensue.
ñ o s .. .

-170_
-"Qué bien se sienteuno respirandoeste
aire soleado de La Habana. La brisa marítim.a
da animación a todo¿no te pareceErnesto?
-Si querida, el viento caliente y el sol
de mayo dora tus cabellos como en los campos
la luna baña los cañaveraies".

Cuando levantó los párpados su amiga


le decía:
-¡Qué te pasa Graciela!,por unos se
gundos te has quedadosilenciosacon la mirada
clavada en el infinito como oerdida en el vacío.

-Perdóname, amiga. Dame la dirección


de Carmen que quiéro ir a verla ahora mismo.
-Vive en la calle Lanark Way No 17.
Tienes que fijarte bien, pues es muy difícil da.r
con la pequeñacasa donde temporalmente se
hospeda.

Al sonar el timbre corrió Carmen a abrir


la puerta. Grande fue su sorpresaal ver frent,:
a ella a Graciela. Se abrazaron efusivamente.
Parecía que el espíritu de Ernesto las acercaba
en un sentimiento de amistad que pasaba del
simple conocimiento a la intimidad.
-17r -
-iCO-o has podido dar con la casa?No
salgo de mi asombro,pues los niños me dijeron
que el letrero con el nombre de la calle ha sido
derribado por la tremenda tempestad de ano-
che.
-Eso es completamente falso, porque
cuando leí Lanark Way con letras grandesdi la
vuelta a la derechacomo me indicaron. No oue-
de ser cierto lo que dices-Carmen- y qriier,t
convencermede la realidad.

Al comprobar que en verdad, el letrero


no existía,un estremecimientola sacudió.Se dio
cuenta de que una luz sobrenatural la había
guiado hasta el umbral de la pobreza.Las cuen-
cas misteriosasde los ojos de Ernesto se posa-
ron en los suyospara iluminarleel caminoón su
búsquedapiadosa.

-o0o_

-172-
EL QUE PAGA ES VEGA

-Mozo, traiga 6 botellas de ceryez¡r


más.
-Si, señor, siempre que el representan_
. .
te del candid¿to Vega acepte pagar lá cuenta-
re contesto et mozo con una sonrisita burlona.
-Si pues - dice el agente,.ya les he di.
.
cho que toda la noche corre por mi cuenta.
-Es. que nuestro voto vale, puej, mucho
..
dinero -dice Santiago- especiaimentecuan_
do no se le ha visto la cara il candidato o can_
didoteja. .. ja. .. ja. .. rieron todos.

El pueblito alejado del centro de la repú_


blica y desconectado de Ia sede del gobieino
por la falta de vÍas de comunicación,"también
necesitabatener sus representantesen el con.
greso nacional. Por esta razón algunos ciudada-
nos del Kollasuyo lanzabansu candidaturaa
iiegas, con Ia seguridadde ganar el asientoen
la honorablecámaraya sea de senadoreso di
putados,

-173_
El partido político no importaba, puesto
que el derechistano tuvo contendor por mucho
tiempo y lanzarse a la campañaelectoral era un
triunfo seguro.

'-Que siga la banda hasta que amanez-


ca corearon, ya a las cuatro de la madrugada,
los pocos borrachos que quedaban.
-No señor, -contesta el corneta- ni
aún cuando nos paguen,puej tenemoj el pico
hinchao de tanto soplar.
-Pero tienen que seguir soplando,cara-
jo, denle palo al cuero y picb al fierro, porque
chupar con música es muy lindo y mucho más
cuandola paga el bolsillo ajeno.
Como los cuatro músicos que companían
Ia banda se resistieron a continuar, el camba
borracho le tiró una patada a uno de ellos, el
que reaccionó como un toro v de un sopapo le
sacó dos dientes delanteros y 1o dejó durmien-
do.
Asl terminó esa noche con un hombre en
el hospital y Vega era el que cargaba con el
muerto y los daños y perjuicios ocasionadosen
la cantina.
Tres meses duró la camoaia electoral
con ese ritmo de jolgorio y borracherastodas
-174-
las noches. Decían algunos: "Qué pena que nc
haya eleccionescada año, pues estas chupas y
comilonas parecen un carnaval.

Las paredes se llenaron de letreros. ¡Vi-


va Vega, el que nos dará pega! ¡Vega es el que
paga!

¡Víva ei Senador! y los pícaros mucha-


chos cambiabanla E por O y a la N le ponían
el acento de la ñ y se convertía en SOñADOR.
Los sábadospor la mañana la banda con
toque de ataque repartía boletines invitando ¿
la asambleade la noche debajo de los tamarin,
dos de Lacoa.En letras grandes se leía: ,,Habrá
chanchoy mueha bebida" y el agente con.su
amplificador en cada esquina gritaba:
-Todoss a la asambleapara tratar asun-
tos importantes acerca del progreso del pue.
blo-. Ya en la reunión:
-Queridos camaradass, el viento dei
triunfo está con nosotros.
-Si no hay viento en contra- gritó urr.,t
de los oyentes.
El collita no hacía caso de las interrun.
cionesy burlas y continuaba:
El candidato Vega está feliz de represen.
tar a este pueblo valiente que -ignorando sus
virtudes y sin haberlo visto nunca- le da su
aDovo.
Un camhaenzapatao, Iointerrumpe.

-Y realmente no lo conoceremosnunca
porque despuésde Ia eleccióncalentaráel sillón
del congresosin pronunciar palabra y habrá en
Ias paredesun letrero: ¡Viva el futuro senador
mudo! Seguíael agente con su alocución:

-Ya no andarán con el agua al pecho,


las víboras no les picarán, ni los caimanesse los
comerán porque el senador Vega mandará ca-
nalizar los rlos.
Esta vez uno de los oyentes preguntó:
-¿Y cuándo tendremos un camino para
ir a La Paz en carretón y así poder estrecharle
la mano al Dr. Vega?

Su compañerole dice codeándolo:


-Si no es doctor, sino señor.
-Bueno, no importa ya yo le dí el título.
-El señor Vega le dará Ia respuestaa
su pregunta en la próxima carta que yo reciba.
-176-
Una semana antes de los comicios elec-
torales un señor llegado del interior empezóa
hablar desdeel kiosco de la plaza.
-Yo soy el candidatocontendor.Me lla.
mo Luis Zapallo. Mi partido es nuevo v es de
izquierda.
Un par de amigos que cuchicheabanie
pregunta al otro en voz baja:
-¿Qué partido es ese?
'de izquierda? ¿Porqué se llama

-Oh, cáliate, porque hacen todo con la


,
zuÍoa,
-Ah, ahora comprendo.Y los otros sc,
llaman derechistasporque hacen todo con la de-
recha. Caramba que en estas eleccionesestov
aprendiendoharto de política.
Llegó el día ansiado.Encerraron a los
cambasen el cuartel la noche anterior oara lle-
varlos al día siguiente,de diez en diez,á deposi.
tar el voto.
AI alba se encontró don Nicolás con su
compadre don Ramón.
-Hola compadre Nicolás, se ve que us-
ted está interesao en el candidato porque ha ve-
nido a la capital a votar.
^t77 *
-Y con todinga mi gente, compadre.

- jAcaso sus mozos sabenleer y escribir'?

-No, pero les han enseñao a hacer un


garabato,que dizqué, equivale a la firma.

-Ay, por Dios,éno tiene miedo de que


los descubran?

-No, porque el señor Vega es primo


hermano del futuro PresidenteToledo y dicen
que tampocoél sabe mucho ja ja . . . ja. . .

-itr-e han prometido algo bueno, para ser


cómplice de todo esteberenjenal?
-Claro, compadre, han ofrecido dar-
me los títulos de propiedad de todingos esos
can{pos que están cerca del mío.

-La oferta es buenaza, siempre que la


cumplan compadre.Usted sabe que despuésdtr
ganar la elección nos echan al olvido y no re-
cuerdan a los que han colaboradoal triunfo.
-No se preocupede eso compadrito, que
a mÍ nadie me la juega porque de un balazo le
estiro el cuero.

-i78-
Despuésdel recuento de los votos, todo
eI pueblo daba vueltas a \a plaza dando vivas
al senadorVega. Las bandas de música se oian
por todos lados festejando la victoria. En las
ánforas se contaron dos mil ochocientosvotos
en favor del candidato oficial y el pueblo sola-
Íremte contaba con una población de tres mil.

Desde ese momento del triunfo el asente


de Vega no pagó ni un centava más. El señador
ignoró por completo a la gente y al pueblo que
representaba,pero quedó el dicho que 1o repi
ten todas las personasque gastan y se lo recal-
can a las que no les cuesta,como el padre a los
hijos y el esposoa la esposa:"Claro que no cui-
dan nada, porque no les importa, puesto que el
que paga es Vega".

Un golpe de estado entre gallos y media


noche,dejó sin efecto 1aeleccióny todo ese tra-
bajo de filigrana que el collita agente hizo po¡
su pariente Vega quedó al agua.

Nuevamente se escuchaban los discur-


sos por la radio del Estado: "Pueblo en general,
nosotros hemos depuestoal Presidente Toledo
para terminar con la tiranla y empezar con la
democracia.

*179_
Y uno de los cambas oyentes preguntó:
¿A qué gobiernose refiere, al de la B o al P.P.E.?

-Oh hombre, a los tres úrltimos.No oyes


que se ha formado un triunvirato que represen-
ta a los tres gobiernos caídos en los tres meses
pasados?

-De veras jau que no me daba cuenta,


ahora sí que estamos arreglaoj.
-Claro, puej, ahora ya no será un Presi-
dente,sino trej cada vej.
-Será más fácil para todos llegar a ser
jefe porque entre esoj trej se pelearán muy fá'
cilmente y así tendremoj cambio de gobierno
caoa semana.
-Carajo, ché, que me dan rabia estoj
políticoj, por eso es que cada día estamoj máj
pobrej.

-Claro hermano, esa es la razón, pero


callate porque si nos oyen hablando nos quitan
la pega y nos dejan sin pan.
-Mejor. compadre,vámonoj a dormir )¡
no pensemoj en el destino de nuestra pobre
Bolivia.
-180-
VIAJE FUNESTO
Con cq¡iño c¡ lq me¡roriq de Rómulo.

La muerte está en todas partes, por eso


a vecesesperaa sus víctimas en lugares lejanos
y extraños al dolor del vecino.

Así lo hizo con Rómulo. Lo acechó en


T¡inidad por más de dos meses.En dos ocasio-
nes le puso su mano de plomo, su mano de hie-
lo, pero se la asentó levi y él se levantó de la
cama risueño y con vida.

El dolor de la enfermedadse.intensifica-
ba minuto a minuto. El agrio sabor.de su mal le
|racia perder el amor a la vida y el deseo de
existir.

La pena de ver a su esposapostrada lo


inclinaba hacia el abisrno de la desesperación.
Mientras la enlutada,cn esosdías calúrososde
agosto,rondaba la casa con saña y maldad.

¡Oh muerte inexorable!por qué penetras-


te sigilosamenteen esa casona de gentes feli
-18I_
ces?O es que encontrastelas puertas abiertas,
o es que te encantó el patio lleno de chinos cul-
tivados por una santa mujer? Paralítica dejaste
la mano que los cultivaba, pero los sigue regan-
do con las lágrimasque lloran su ausencia.

Una tarde del dieciocho de seotiembre


se embarcóen un avión con rumbo haciael nor-
te. Todos pensamos,allá está la vida porque la
ciencia la alarga y cura los males. Pero la ma-
cabra, sin dejarlo un momento,se embarcótam-
bién.

Le permitió tener la vivencia del país


que tanto soñó conocer.En Miami admiró la o¡-
.ganizaciónde ese extenso aeropuerto y en el
hospital de Houston se sintió feliz. Jamás cr¡;.
zó por su mente terminar sus días en la frialdad
de un hospital extranjero.

Mucho adelanto, camas electrónicas,bo-


tones por aquí y por allá. Médicos excelentes.
Enfermeras especializadasy responsables,pe-
ro Ie faltaba el calor de su pueblo natal. El amor
de Ia esposay de Ia familia entera, el aliento de
los amigos y en vez de televisores y aparatos,
contemplar los paredonesde su casa que tan.
to amó. Asimismo el cuidado de nuestros gale-
nos que unen la ciencia al corazón para conso-
lar al enfermo con su visita cotidiana.
-182-
Al amanecer del veintidos, día que ya
estaba marcado en el calendario con la señal
inhumana e implacable de Ia muerte, cesó de
vivir. Un dolor violento nos lo arrancó en un
instante.

Sólo Dios sabe lo que sufrÍ al verlo sin


vida en un cuarto desolado de ese grandioso
hospital. Y es más amarga la pena al ver que
todo sigue su curso. Nada se detiene,sólo el co-
razó¡ de Rómulo dejó de latir. No hay ni un mi
nuto de silencio para el enfermo que parte. Y
el sollozo de los dolientespasa desapercibido
en este mundo de gringos. Un odio tremendo
me embargóen los tristes momentosde su par-
tida. Culpé a los médicos y a las enfermerasy
yo me culparé siempre de no haber recibido sn
último suspiro.

La Casa de Funerales preparó todo con


esmero y cuidado para trasladarlo a su patria.
Qué triste fue verlo en una sala alfombrada,en
ataud elegante,todo perfecto, pero el frío de su
cuerpo era nada en comparaciónal hielo pene-
trante de la soledad.Y me dije: "Gracias dine-
ro", porque con los señoresdólaresnos Io lleva-
remos al calor del hogar.

El viernes siguiente regresaba cadávcr


al lugar de partida. ¡Qué gran diferencia! Mon-
- r 8 3-
tones de amigos con ramos de.flores y llorando
esperabanen el aeropuerto de Santa Cruz.

De allí en una avioneta atravesandoesos


campos tan verdes, de un verde que da vida,
amor y esperanza,llegamos a Trinidad. Es ln-
descriptible el cuadro patético de su recibimien-
to. Hijos, hermana,nietos,sobrinos,amigos,to-
dos en un solo llanto le dan el adiós oostrero.
Y en la casonade amplioscorredoresla esposa
esperacon ansias tener el consuelode acariciar
sus restosya fríos.

Tumultos de gente acude al velorio y nos


acompañaal cementerio.Por 1o menos, me di-
€lo, tuvimos la satisfacción de que reposara en
el suelo querido donde nació.

Estoy segura que Dios 1o tiene en un lu-


gar privilegiado en premio a su vida correcta.
Sirvió más de treinta años como empleadode la
Administración Pública. Fue jefe del Tesoro
Departamental v Administrador de Aduana en
Guayaramerín.Siempre se 1o tomó como ejen-
plo de honradez, esa fue su relevante cualidad.
Y cuando, alguna vez, injustamente era exone-
rado de su cargo la gente no lo olvidó, por su
meticulosa honradez y dignidad.

-184-
Rómulo Llanos no solamenteprestó sus
servicios a la nación en tiempo de paz. El tam-
bién se hizo presente cuando el clarln de la
guerra lo llamó. Combatió en las candentestie-
rras del Chaco defendiendoIa integridad nacio-
nal. Se lo vio luchar vale¡osamenteiunto a sus
compañerosde CañadaStrongestpor lo que es
consideradohéroe nacional.

Un esposoy padre cariñoso, benemérito


de la Guerra del Chaco y buen amigo, merece
gozar de la gloria celestial.

Mi profunda gratitud para los esposos


Roth-Taborga y para las familias Ayoroa-Si-
mon que en Houston y Miami respectivamen-
te, nos prestaron su colaboración decidida. Pa-
ra Ia gente piadosa de mi pueblo un saludo de
agradecimiento por habernos acompañado en
el dolor.

Adiós Rómulo, hasta cuando nos encon-


tremos allí.

__o0o_

_ lóc _
LA CAMPESINA

Con tristezo sin lógrimos


llorcr lcr pobre ccmpesinu,
su mi¡crdq crcongojodo
se cl'qvq en el inlinito cielo
de sus díqs sin destino.

El silencio de lc pompa
se lrcg(r sus suspiros,
que se qued(m en el ¡esuello ccnEcdo
de su trobcjo mcl remune¡qdo.

Lcs polmcs de sus monos


hcn perdido lt¡s línec¡s de lc suerle,
y sólo se ven los surcos bien profundos
de sus qmbiciones mue¡tcs.

Xn ccda lolcnge de sus dedos,


un collo endu¡ecido es lq muesl¡c
de su qdverso comino
c¡ue lo sigue ab¡iéndose ccmpo entre los espincs

Su poncho lleva el olor penetrcrnte


de lc cric¡lurc¡ desnul¡ida
que ccrrgq en sus espcldcs.

Esos son los ¡lños que no tomcn vilqminqs,


gue ¡(¡ leche, poco consisle¡te,
de unc¡ mod¡e mcl alimentqdcr
es Iq que les da lc¡ vido.

- ligT -
Pe¡o l<¡ mad¡e ccnpesincr
lo ccrrgc en sus pulnones,
pqrece que vilie¡<¡ del qolor
que el,lc lb pasc con su qliento.

Mienl¡os prepcrc el ¡xrchero.


el nene juegcr con sus t¡etrzqs,
hosta que se due¡me o¡rullcdo
por el trcrboio duro,
que denlro y fuer<r de lc choza
'lcbo¡c¡ dia¡icmente.

Y ollá en los llcnos


lo llevq en sus cuqdriles,
con unq c@isita <¡mq¡rsdq q lq cintu¡g;
lo dejc c lq ventu¡s
del viento y sol qu€nante de lq selvc.

Se desbordc en clegrícs
en los diss en que se c¡dorc¿<rl sqnio
o en el feriado que le do un desccnso,

Pobre compesino, que no scbes llorc¡ con légrimcs,


pero si con lc mircrdq ocongojcdcr
que se pierde en el infinito cielo
de tus dlc¡s sin deslino.

Lydicr Porodc de B¡own

- 1'88-
I N D I C E

¡NTRODUCCION Pás. l 3
EL MARIPEO lo
EL MEDTCODELPUEBLO 29
EL IENECHERU 35
CRIMENOLVIDADO 4T
VISPERASDE NAVIDAD 5¡
NL TTSOROBUSCADO 59
NIEVE EN EL OORAZON 67
UN BAUTIZOPARA RECONDAR 77
VIDA DE RUI"ETA 8I
VERIDI'CAII¡STONIA 85
El. TEION Y LA LUZ 89
PACTO SAGB,ADO s7
LETENDA DEL GUAJOJO 107
EL PATU]U tt7
LEYENDADEL CATAISISY 125
LA SUlCUANA t3l
LA LAGUNA DEL ISIRENE 137
IA FLORDEL SIYEYE 141
LA FLONDEL IARATONECHI r45
LA FUERZADEL ESPINITU 15i
LA MARIPOSANEGa)A 157
EL MISTERIODE UNA CASA ruo
LANARK WAY I69
EL QUE PAGA ES \¡EGA 173
VIAIE FUNESTO l8l
1A CAMPESINA t87
LYDIA PARADA DE BROWNn¿ció en Trinidad
capital del Depart¡mentodel Beni;dondecursó
la escuelaprimaria y secundaria,realizó
estu
dios p¡ofesionales en la ciudad de Sucre en la "Escuela Nacional de Macs-
t¡os" sección "Filosoffa y Letras". Obtuvo el tltulo de p¡ofesora en provi
sión nacional c.Jn la tesis "Histo a de hs lenguas de la Huma¡lidad".

Enseñó gramática castellana en el "Colegio Nacional 6 de Agosto"


donde recibió el tftulo de Bachiller en Humanidades, postedormente fu¿
haestra en la "Escuela P€dro Domingo Mu¡illo" - en la "Escuela Secundana
Bancaria" - en la "Profesional de S€ño¡itas" en la ciudad de La Paz, ense-
ña¡do las cátedras de castellano y lite¡atura.
\
Desde eI año 1962 ¡adica en washington, capital de los Estados
Unidos de Norte Amé¡ica, siempre enseñando el espáñol, pero ya como
segunda lengua. Trabajó en "Institutos d€ Lenguas" para militares que
debían cumplir misiones diplomáticas en países de España o Hispano Amé-
ca; continuando su labor en la Escuela Secundaria "She¡wood" del con-
dado de Montgomery en el área metropolitana de Washington D. C.

En 1971 la "Universidad George Washington" te otorgó el tÍtulo de


Maste¡, previa lectura de la tesis "El problema del Indio en la Sensibilidad
Lirica de Rosario Castellanos", poetisa, novelista y cuentista mejicana.

Recibió varias distinciones en honor a sus méritos como profesoü


de Estado: una beca concedida por el Departamento de Estado para el Se-
minario de Educación en la "Univérsidad de Rio Piedms" en Puerto Rico
Otra beca otorgada por el gobiemo argentino para la observaciÓn del sis
tema escolar de dicho pals. Dirigió una delegación de Técnicos Mecánicos
de la "Escuela Pedro Domingo Murillo" a invitación del gobiemo bra_
sileño para la observación de las escuelas técnicas del Brasil.

Recibió del Instituto de Lenguas del Departamento de Defensa, el


honor de un "Oustanding Performance" o sea sobresaliente manera de en_
señar y competencia como profeso¡a de español: ha publicado artfculos,
l€yendas y poesÍas en varios pe¡iódicos de Bolivia y en el boletln editado
por Ia Colonia de Residentes Bolivianos en Washington DC.; fué sec¡eta-
ria de Cr¡ltura de la Federación de Maestros en La Paz, perteneció a la
di¡ectiva de la "Asociación de Damas Bolivianas en Washington"

---'l

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