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Comentario a La balsa y la pirámide de Ernest Sosa

En La balsa y la pirámide1 Ernest Sosa se propone comprender la naturaleza del problema


de la justificación del conocimiento protagonizado por dos teorías: el fundacionismo y el
coherentismo. Por una parte, el fundacionismo afirma que el fundamento de nuestro
conocimiento es un conjunto de creencias básicas autoevidentes. Por otra parte, el
coherentismo dirá que ese fundamento está dado por una relación coherente entre la totalidad
de creencias que componen un sistema. Sin embargo, los argumentos antifundacionistas
hacen ver que el fundacionismo enfrenta un serio problema y es que la tesis de que existen
creencias autoevidentes que justifican nuestro conocimiento es muy cuestionable, lo cual trae
como consecuencia el problema de la justificación infinita. A lo largo de su ensayo, el autor
brinda una serie de argumentos para sacar al fundacionismo de estos dos apuros. Dichos
argumentos consisten en 1) mostrar que hay grados de fundacionismo y que 2) uno de esos
grados es la sobreveniencia, la cual afirma que las creencias básicas del fundacionismo se
fundan en propiedades no epistémicas. Como ya se intuye, esto le permitirá dar la vuelta a
los cuestionamientos antifundacionistas.
El problema de la justificación del conocimiento.
El objetivo que se plantea Sosa en La balsa y la pirámide es comprender la disputa que se
plantea en uno de los problemas más importantes de la epistemología: la pregunta por el
fundamento del conocimiento. Este problema tiene dos supuestos:
1. Todo nuestro conocimiento se apoya en creencias, pero no todas nuestras
creencias son conocimiento. Si esto es así, la cuestión es ¿cuáles son los requisitos
para que una creencia sea considerada conocimiento? La tradición epistemológica
muestra que, al menos, se necesitan dos cosas: a) que esa creencia sea verdadera
y b) que esté justificada.
2. La justificación de una creencia supone una propiedad normativa, la cual no
puede estar fuera del ámbito del conocimiento mismo. Esto quiere decir que los
requisitos para que una creencia sea considerada conocimiento deben ser de
carácter epistémico.
De esta forma, el problema de la justificación del conocimiento puede resumirse en la
pregunta ¿Cuál es el fundamento de nuestro conocimiento?
Ahora bien, la respuesta a esta pregunta debe, estrictamente, ser dada por alguna
teoría epistemológica, ya que es un problema propio del conocimiento. Para ver los tipos de
respuestas que pueden darse, debemos entender antes que hay dos preguntas centrales en la
teoría del conocimiento que son a) ¿cómo conocemos? y b) ¿qué conocemos?
a) Esta corresponde con un enfoque metodista, el cual parte de la pregunta ¿cómo es
posible el conocimiento? Desde este enfoque se intentan dar un método para poder
designar lo que es y lo que no es conocimiento. Sin embargo, este enfoque presenta
un problema que se conoce como escepticismo, el cual consiste en afirmar que, a falta

1
Sosa, E. (1992). La balsa y la pirámide En Sosa, E. (1992) Conocimiento y virtud intelectual. México: IIF/FCE
de un método adecuado para responder a la pregunta por la posibilidad del
conocimiento, no será posible afirmar la existencia de conocimiento. Dejando, por
tanto, completamente de lado la pregunta ¿qué conocemos?
b) Esta corresponde con un enfoque particularista, el cual parte de la suposición de que
hay tipos de conocimiento para, posteriormente, intentar mostrar cómo es que lo
conocemos. En este caso, el problema del escepticismo no tiene cabida, pues se parte
de la suposición de que sí hay conocimiento.
Sosa propone tratar los dos métodos que se han propuesto para dar respuesta a la pregunta
¿de qué manera es posible tener creencias justificadas? Estos dos métodos, aunque tienen un
mismo objetivo, tienen posturas distintas.
Por una parte, el fundacionismo de Descartes y Hume ve al conocimiento como una
estructura arquitectónica compuesta por una base sobre la cual descansaría todo el conjunto
de nuestras creencias sobre el mundo. La principal premisa del fundacionismo es que la base
de la estructura arquitectónica es un conjunto de creencias autoevidentes, es decir, creencias
que no necesitan estar justificadas para ser fundamento del conocimiento. Algunos ejemplos
de esto son las ideas innatas que propone Rene Descartes en sus Meditaciones metafísicas2,
las cuales tienen la propiedad de encontrarse en nosotros antes de cualquier experiencia -la
idea de Dios o la idea de infinito, por ejemplo. Otro ejemplo son los estados mentales, los
cuales corresponden con las afecciones inmediatas que tenemos sobre el mundo -como la
sensación de calor, color, olor, etc. De este modo, el fundacionismo propone la metáfora de
la pirámide para responder a la pregunta que le atañe. Esta metáfora puede representarse del
siguiente modo:
 El conocimiento es una estructura arquitectónica compuesta por una base que
corresponde con un conjunto de creencias autoevidentes y un conjunto de pilares
relacionados entre sí que corresponden con un conjunto de creencias denominadas
inferenciales.
 Toda creencia es una proposición que un sujeto S esté justificado en creer en un
tiempo t.
 Existen creencias autoevidentes que, por definición, no necesitan ningún tipo de
justificación.
 Existen creencias inferenciales que se relacionan entre sí asimétricamente. Es decir,
una creencia A se infiere de una creencia B, pero no al contrario.
 Para que una creencia inferencial esté justificada, debe poder ser inferida de alguna
creencia autoevidente.
En este sentido, la respuesta del fundacionismo al problema de la justificación sería que
el fundamento de nuestro conocimiento es el conjunto de creencias básicas no inferenciales
o autoevidentes. Sin embargo, esta metáfora presenta dos problemas iniciales. El primero de
ellos es que no hay tantas verdades autoevidentes como había pensado Descartes. Segundo,
suponiendo que sí hubiera suficientes de estas creencias, muy pocas creencias no

2
Descartes, R. (1982) Discurso del método; Meditaciones metafísicas. México: Espasa Calpe.
autoevidentes podrían inferirse de estas, pues, como bien afirma Sosa, al restringir lo obvio
a un contexto dado, muy poco conocimiento del sentido común podría inferirse de estas
verdades autoevidentes.
Frente a esta problemática surge una postura alternativa conocida como
coherentismo, la cual, como es de esperarse, argumenta en contra de que es posible justificar
nuestro conocimiento a partir de creencias autoevidentes. De ahí que el coherentismo niege
que lo que justifica a una creencia sea otra creencia con la propiedad de ser infalible o
autoevidente. La propuesta del coherentismo ante esta problemática será la metáfora de la
balsa. Esta metáfora es más sencilla y afirma que nuestro conocimiento es como una balsa
sobre un lago. En términos más concretos, la tesis del coherentismo consiste en decir que la
justificación de una creencia consiste en una propiedad relacional que engloba a todo un
sistema de creencias. De este modo, la respuesta coherentista al problema de la justificación
seria que el fundamento de nuestro conocimiento descansa sobre relaciones coherentes que
se llevan a cabo entre un cuerpo o sistema de creencias. Esto quiere decir que, a diferencia
del fundacionismo, el coherentismo no parte de la suposición de creencias justificadas por
autoevidencia, sino de la relación coherente entre las creencias mismas. Por tanto, hasta aquí
puede verse claramente que la motivación principal del coherentismo será ir en contra de la
tesis fundacionista de que lo que justifica una creencia sea una creencia autoevidente. Ante
esto propone el siguiente argumento.
Fundacionismo vs Coherentismo
Argumento critico coherentista hacia el fundacionismo (ACC)
a. Si un estado mental incorpora una actitud proposicional:
a(i) Si un estado mental (EM) incorpora una actitud proposicional
(AP), entonces el EM no nos da un contacto directo con la realidad.
a(ii) Si un EM no nos da un contacto directo con la realidad, no nos
proporciona garantía alguna contra el error.
a(iii) Si no nos proporciona garantía contra el error, entonces el EM
no puede servir de fundamento para nuestro conocimiento
b. Si un estado mental no incorpora actitud proposicional:
b(i) Si un EM no incorpora una actitud proposicional, ¿qué relación
lógica puede tener con cualquier otra creencia?
b(ii) Si un EM no tiene contenido proposicional y no puede
proporcionar apoyo lógico para alguna hipótesis, entonces no puede
servir como fundamento para el conocimiento
b (iii) Por tanto, si un EM no incorpora una actitud proposicional,
entonces no sirve como fundamento del conocimiento.
c. Todo estado mental o incorpora o no incorpora una AP.
d. Por tanto, ningún estado mental es útil como fundamento para
el conocimiento3.

3
Sosa, E. Ibidem. p. 219-220
Lo que el coherentismo plantea con este argumento es un dilema al fundacionismo. Esto es
un dilema porque, en principio, el fundacionismo afirma que las creencias autoevidentes son
proposiciones. Ahora, lo que hace el coherentista aquí es tratar las creencias autoevidentes
como estados mentales. Lo que establece el ACC es que tanto si esos estados mentales son
proposicionales como si no lo son, la conclusión será la misma, a saber, que ningún estado
mental es útil como fundamento para el conocimiento. Por lo tanto, el ACC está atacando
directamente a la premisa base del fundacionismo.
Ernest Sosa argumenta en contra de la crítica coherentista con los siguientes
contraejemplos:
1. ¿Qué nos hace pensar que solo las actitudes proposicionales pueden prestar apoyo
a las actitudes proposicionales? Es perfectamente posible que una persona se
justifique en una práctica en razón de las consecuencias que esta trae. Pues las
intenciones que en muchas ocasiones sustentan una práctica -las razones que nos
llevan a actuar- son actitudes proposicionales que están justificadas mediante las
consecuencias de la misma y estas consecuencias no son necesariamente actitudes
proposicionales.
2. Es también posible que haya creencias justificadas sin que estas sean verdaderas
o infalibles, pues ocurre demasiado a menudo en nuestra vida diaria que las
creencias basadas en la observación resultan ilusorias, pero no menos razonables
por el hecho de ser falsas.4
Estos dos contraejemplos le valen a Sosa para decir que el argumento coherentista está
equivocado. En efecto, cada uno de ellos ataca un punto importante del argumento. El
primero a la premisa b(i) y el segundo a a(iii). Sin embargo, considero que sus contraejemplos
no bastan para decir que el coherentista está equivocado. A continuación explico por qué.
Con respecto al primer punto, estoy de acuerdo en que el fundacionismo pueda
justificar creencias en actitudes no proposicionales, como cuando justificamos el hecho de
hacer ejercicio diariamente debido a los beneficios que esto conlleva. Pero ¿qué pasa con las
creencias que no se pueden justificar con las consecuencias de una acción? Él habla de las
costumbres y dice que, por ejemplo, una persona puede justificar su práctica monótona en
razón de las consecuencias que esta trae. No obstante, parece difícil pensar que este tipo de
justificación sea aplicable a todo el conocimiento. ¿O es que acaso Sosa afirmaría que toda
creencia puede justificarse con actitudes no proposicionales? El autor no deja esto claro en
su argumento, lo cual hace que su contraejemplo, aunque es útil para atacar el punto b(i), no
sea tan definitivo como piensa.
Con respecto al segundo punto, el autor afirma que no es tan obvio que un estado
mental deba ser infalible para ser considerado fundamento del conocimiento. Recordemos
que la premisa a(iii) dice que, dado que un estado mental no nos proporciona garantía contra
el error, no puede ser fundamento del conocimiento. Lo que responde Sosa es: «¿qué te hace
pensar que un estado mental debe, necesariamente, ser infalible? Pues para mí, es muy común

4
Sosa, E. Ibidem. p. 222
tener creencias falsas justificadas en nuestro día a día y, sin embargo, están justificadas». Lo
que estaría diciendo indirectamente el autor es que lo importante para el fundacionismo es la
justificación, no la verdad o falsedad de la creencia justificada. Si esto es así, ¿a dónde vamos
con esto? Nuevamente, Sosa no argumenta al respecto. Ya de entrada, esto hace débil su
contraejemplo, pues no responde inmediatamente las posibles objeciones. Por otra parte,
¿sería lo mejor para la ciencia, por ejemplo, tener creencias falsas justificadas? Parece que
no, pues resulta difícil imaginar al científico tratando de dar razones para justificar creencias
ilusorias. En este sentido, la verdad y la falsedad sí importan para la justificación de una
creencia, ya que lo que se busca es que el conocimiento científico sea verdadero y que esté
justificado, no que únicamente esté justificado.
Estas son mis razones para sostener la afirmación de que los contraejemplos que
brinda Sosa no bastan para decir que el antifundacionista está completamente equivocado. A
lo más, puede decir que hay ciertos aspectos que el antifundacionista deja de considerar,
como lo expuesto en los contraejemplos 1 y 2. Sin embargo, la crítica al fundacionismo
también tiene algo que decir y es que a) si partimos del hecho de que las creencias son
actitudes proposicionales, entonces actitudes no proposicionales -como las consecuencias de
una acción- no bastan para justificar todo el conocimiento. Pues parece difícil afirmar que
toda creencia puede justificarse con actitudes no proposicionales. Por otra parte, b) que, al
menos en el ámbito científico, la verdad y la falsedad de nuestras creencias importan en
conjunto, ya que la labor del científico no es dar razones falsas y verdaderas para justificar
una hipótesis, sino dar únicamente razones verdaderas que permitan justificar la hipótesis.
De otra forma, tendríamos una ciencia mediocre y, posiblemente, irracional.
A pesar de esto, hay una crítica más que Sosa hace al argumento antifundacionista y
consiste en decir que dicho argumento está basado en un Modelo de Justificación
Intelectualista. Este modelo afirma que «la justificación de la creencia (y en general de los
estados psicológicos) es parasitaria de ciertas relaciones lógicas entre las proposiciones»5.
Para entender esto supongamos que tenemos la creencia i) las calles están mojadas y que ésta
se justifica a partir de dos creencias más: ii) que llueve y que iii) si llueve, entonces se mojan
las calles. Lo que dice Sosa es que aquí nuestra creencia de que las calles están mojadas se
justifica gracias al hecho de que esta se basa en 1) el condicional «si llueve entonces se mojan
las calles» y 2) en el hecho mismo de que está lloviendo. Esto, según Sosa, sería parasitario
de que 1 y 2, tomados en conjunto, implican lógicamente que las calles están mojadas -la
creencia que queríamos justificar. Así, pues, continua Sosa, este análisis trae tres
consecuencias importantes para el ACC:
1. Aunque según el coherentismo, una creencia se justifica por su pertinencia a un
conjunto coherente de creencias, una variante del dilema planteado puede
afectar al mismo coherentismo.
Ya que 1) la propiedad de ser un miembro de un conjunto coherente de creencias
sobreviene de la propiedad de ser un miembro de cierto conjunto coherente CC. Esto
implica que se conserva el modelo intelectualista de justificación porque la

5
Idem
justificación de la creencia A sería parasitaria de las relaciones en CC, pues es un
miembro de este conjunto. De ahí que la justificación de A podría ser indirectamente
parasitaria de las relaciones del conjunto CC.
2. Que el dilema del fundacionismo planteado por el ACC resulta fatal para el
fundacionismo, el coherentismo y para la posibilidad de una epistemología
sustantiva.
Pues 1) si sólo podemos justificar actitudes proposicionales por medio de actitudes
proposicionales y 2) si para poder justificarlas estas deben, a su vez, estar justificadas;
por tanto, no sería posible construir una epistemología completa, ya que 1) y 2)
descartan la posibilidad de un regreso finito de la justificación.
3. Que una forma alternativa del dilema tendría idénticas consecuencias sobre la
ética normativa.
Pues, nuevamente, si 1) y 2) son el caso, entonces no es posible construir una ética
normativa completa, pues la justificación de toda acción depende de las intenciones
que encierra y de la justificación de éstas.
Con estas tres críticas al ACC, el autor quiere concluir que las críticas coherentistas al
fundacionismo «llevan demasiado lejos su celo antifundacionista»6. En lo cual no estoy de
acuerdo. En lo que sigue explico mis razones.
Lo que concluye el argumento ACC es que, si un estado mental no incorpora una
actitud proposicional, entonces no sirve como fundamento del conocimiento. En mi opinión,
la pregunta retórica que formula el ACC al fundacionismo es ¿son actitudes proposicionales
tus creencias infalibles base? Si es así, entonces simplemente no pueden servir como
fundamento del conocimiento o porque a(ii) no proporciona garantía contra el error o porque
b(ii) no pueden proporcionar apoyo lógico. Si no es así, ¿entonces qué tipo de creencias son?
Ya Sosa dio un argumento para esto, defendiendo la idea de que, por ejemplo, una persona
puede justificar sus prácticas en razón de las consecuencias que estas traen. Pero, como
vimos, esta es una respuesta parcial, ya que este tipo de actitudes no proposicionales no
podrían justificar todo nuestro conocimiento. Así, pues, esto me lleva a concluir que la
respuesta fundacionista que hace Sosa al cuestionamiento del ACC es parcial y que, por tanto,
es falso que, como el mismo autor afirma, el fundacionista salga de este encuentro sin ningún
daño serio7. De hecho, el ACC está cuestionando directamente por la conveniencia de tener
creencias autoevidentes y considero que, hasta que no responda adecuadamente a la pregunta
planteada por el ACC, el fundacionismo no podrá seguir adelante con su planteamiento. No
obstante, esto implica un problema serio, pues, al no haber certeza de la posibilidad de
creencias últimas que justifiquen el conocimiento, la justificación puede seguir ad infinitum.
Esto es lo que se conoce como el argumento del regreso.
Un argumento a favor del fundacionismo: el argumento del regreso.

6
Sosa, E. Ibidem. p. 224
7
Ídem
El principal objetivo de este argumento es apoyar la necesidad de creencias básicas para
justificar el conocimiento y tiene como premisa más fuerte el hecho de que no es posible un
regreso infinito de la justificación. Sin embargo, ¿cómo se muestra que no es posible una
justificación infinita? Bien, el fundacionista tiene algunas formas de responder a esto, entre
las cuales se encuentran principalmente tres:
1. Un regreso infinito es incompatible con las limitaciones de la mente humana.
2. La justificación no es posible en un intento de justificación infinita, pues, dado
que es infinita, nunca puede llegar a darse.
3. Aceptar la justificación infinita trae problemas, como el hecho de que sea fácil
justificar una gran cantidad de creencias de manera conjunta.
Las respuestas que formula Sosa a estas objeciones en su artículo no me parecen
contundentes, por lo que, en principio, estaría de acuerdo en que sus objeciones son
suficientes para aceptar la necesidad de creencias básicas para justificar el conocimiento. No
obstante, sigue estando presente el problema que plantea el ACC al fundacionismo, a saber,
¿son actitudes proposicionales tus creencias básicas? Nuevamente, Sosa no dice nada al
respecto en esta parte del argumento.
Ahora me gustaría explicar ¿qué tiene que decir el coherentismo con respecto a la
posibilidad de un regreso infinito de la justificación? En su replica al ACC, Sosa afirma que
el celo antifundacionista nos pone ante un dilema que afecta al fundacionismo, al
coherentismo y a la epistemología sustantiva, pues dado que 1) si sólo podemos justificar
actitudes proposicionales por medio de actitudes proposicionales y 2) si para poder
justificarlas estas deben, a su vez, estar justificadas; no sería posible construir una
epistemología completa, ya que 1) y 2) descartan la posibilidad de un regreso finito de la
justificación. Es decir, Sosa está afirmando que el coherentismo, al tener un modo de
justificación inferencial, es, al igual que el fundacionismo, propenso a un intento de
justificación infinita. No obstante, aquí me gustaría hacer una defensa del coherentismo.
Ahora bien, para mi defensa me gustaría apelar al concepto de rizoma que trabajan
Deleuze y Guattari en Mil Mesetas.8 Este concepto hace referencia directa al rizoma que las
raíces de plantas y árboles forman debajo de la tierra. La ventaja de este concepto es su nivel
de abstracción, el cual hace que dicho concepto exprese más una forma lógica que un objeto
propiamente dicho. Ahora bien, lo que dicen estos dos filósofos es que un rizoma es un
sistema de ramificaciones interconectadas, cuyos nodos variables no tienen un papel de
control central para el sistema. Ahora bien, teniendo en cuenta las características del
coherentismo, parece que este se asemeja más a un rizoma que a una balsa flotando en un
estanque. Esto se hace evidente a partir de las características principales del coherentismo
que son:

8
Deleuze, G; Guattari, F. (1988) Rizoma. En Deleuze, G; Guattari, F. Mil mesetas: capitalismo y esquizofrenia.
Valencia: Pre-textos.
1. El coherentismo afirma que el conocimiento es un sistema de creencias
interrelacionadas y que, a su vez, «forman una red de creencias de la cual el
conocimiento generado posee el carácter lógico de ser inferencial»9.
2. La justificación es realizada de una manera holista teniendo como principal
aspecto la coherencia -que no sean contradictorias entre sí. En este sentido, la
verdad o falsedad no es predicable de una creencia en concreto -como pasa con el
fundacionismo, sino que es únicamente predicable de un sistema coherente de
creencias.10
3. Las creencias de la red son revisables y eliminables, susceptibles a ser sustituidas
o mejoradas por otras creencias, siempre que las nuevas creencias integradas al
sistema sean coherentes.
La primera y segunda características empatan con la noción de «sistema» que define al
rizoma, pues un cambio mínimo en una parte de este implica un reajuste integral de la
totalidad. Por último, la tercera característica empata con la noción de «nodo variable» que
define al rizoma. Ahora bien, lo importante aquí es ¿qué tiene que decir esta nueva metáfora
sobre el regreso infinito de la justificación? Primero, que, al no haber creencias con control
central de todo el sistema, no hay necesidad de hablar de una «justificación última». Esto
saca a relucir una diferencia crucial entre fundacionismo y coherentismo, a saber, que la
noción de justificación inferencial que utiliza el fundacionista es jerárquica, vertical y lineal,
mientras que el tipo de inferencia que utiliza el coherentismo es todo lo contrario: es
rizomática. Esto implica que, figurativamente, pueda expandirse en distintas direcciones -
como la raíz de un árbol, debido al hecho de su característica más importante, es decir, la de
que no hay un control central como en el caso del fundacionismo. Por esta razón, considero
que Sosa está equivocado al decir que «el dilema que se plantea en el ACC afecta tanto al
fundacionismo y al coherentismo como a la posibilidad de una epistemología sustantiva en
tanto que el dilema descarta la posibilidad de un regreso finito de la justificación». Pues, para
empezar, el problema del regreso no es aplicable, como él mismo piensa, al coherentismo;
ya que el problema de esta teoría no es propiamente cómo se justifican un conjunto de
creencias inferencialmente jerárquicas y lineales sobre una creencia base no inferencial, sino
cómo se justifican las creencias de un sistema mutuamente a partir de un criterio de
coherencia.
Lo que dirá posteriormente el autor es que el rechazo fundacionista de los regresos
sin fin de la justificación es sólo un medio para sostener la tesis de que toda creencia
justificada debe descansar, en última instancia, en un fundamento -lo cual supone un regreso
terminal. Finalmente, termina su análisis del argumento del regreso con el siguiente
razonamiento: «debemos aceptar que hay un final en la justificación, sino ¿de qué otra forma
se puede mostrar la necesidad de fundamentos?» Pues bien, yo apoyo la propuesta
coherentista más que la fundacionista porque, como se ha visto, esta última trae más
problemas al momento de resolver uno solo. Hasta ahora se ha visto que el fundacionismo 1)
no puede responder adecuadamente a las preguntas a) ¿son actitudes proposicionales tus

9
Muñoz, M. (2015) Un acercamiento crítico a la epistemología. México: Universidad Intercontinental p. 153
10
Ídem.
creencias infalibles base? b) Si no, ¿qué tipo de creencia son? Además de que, 2) al suponer
que hay creencias base, debe responder a la pregunta ¿cómo se detendría un regreso infinito
de la justificación? Para lo cual no tiene más argumentos que decir que es necesario una
creencia base no inferencial. Por su parte, el único problema que encuentro en el
coherentismo es la de dilucidar cómo se justifican las creencias entre sí a partir de su criterio
que es la coherencia. Esto me permite afirmar que, por ahora, el coherentismo es una
alternativa más viable para dar una respuesta al problema del fundamento. Sin embargo, Sosa
tiene más argumentos para afirmar lo contrario. A continuación, voy a analizar su argumento
de los dos niveles de fundacionismo. Esto nos posicionará en, lo que considero, es el
argumento central de Sosa, donde establece que uno de esos grados es la sobreveniencia, la
cual afirma que las creencias básicas del fundacionismo se fundan en propiedades no
epistémicas
Dos niveles de fundacionismo.
Hay dos formas de fundacionismo: formal y sustantivo. Un fundacionismo formal respecto
a una propiedad normativa o evaluativa -ejemplos de estas propiedades son la infalibilidad o
la coherencia- es la tesis de que las condiciones reales y posibles en las que dicha propiedad
se aplica pueden ser especificadas recursivamente. Un ejemplo de fundacionismo formal
respecto a la justificación epistémica es el fundacionismo clásico, el cual tiene como
principales premisas que a) toda creencia infalible está justificada, b) toda creencia que sea
inferida deductivamente de una creencia infalible está justificada y c) toda creencia que se
diga justificada lo está en virtud de a) y b). Este tipo de fundacionismo es el que ha venido
criticando el coherentista hasta el momento, ya que el ACC está criticando principalmente la
posibilidad de a). Dado que no es posible dar razones convincentes para aceptar a), el
fundacionismo clásico de Hume y Descartes ha perdido su atractivo. Sin embargo, Sosa
argumenta que no está perdido todo para el fundacionista, ya que es posible definir dos tipos
de fundacionismo en distintos grados.
Otro grado de fundacionismo formal sería aquel cuya tesis principal es que la idea de
justificación epistémica está sujeta a la sobreveniencia que caracteriza generalmente a las
propiedades evaluativas y normativas. El autor entiende por sobreveniencia una doctrina que
afirma que toda creencia se funda en alguna de sus propiedades no epistémicas. Además,
debido a que tiene como fin mostrar el fundamento de una creencia, debe ser considerada un
tipo de fundacionismo. Por tanto, lo que dice es que este otro tipo de fundacionismo formal
se llama «doctrina de la sobreveniencia» y que su principal tesis consiste en afirmar que toda
creencia se funda en alguna de sus propiedades no epistémicas. Ahora bien, según el autor,
en esta misma línea es posible encontrar dos grados más altos de fundacionismo formal: 1)
uno donde las condiciones reales y posibles para justificar una creencia se pueden especificar
recursivamente y 2) otro donde dichas condiciones sean especificadas mediante una teoría
simple y comprehensiva. Según Sosa, el fundacionismo clásico, a pesar de sus deficiencias,
constituye una teoría fundacionista formal del más alto grado. Que el fundacionismo clásico
sea una teoría fundacionista formal del más alto grado quiere decir que A1) afirma que
nuestro conocimiento puede ser fundamentado y A2) que busca una teoría simple que
explique con precisión cómo la justificación epistémica superviene, en general, sobre lo no
epistémico. Esto le hace pensar al autor que el coherentismo puede volverse un
fundacionismo del más alto grado bajo la condición de que el concepto de coherencia sea lo
suficientemente simple y esté libre de toda mezcla normativa o evaluativa. Para esto prepara
el siguiente argumento:
Argumento donde se muestra que el coherentismo es un tipo de fundacionismo
1. Siempre y cuando la noción de coherencia sea simple y libre de toda mezcla
normativa, el coherentismo podrá considerarse un fundacionismo formal del
más alto grado.
2. El coherentismo explica cómo la justificación epistémica superviene sobre lo
no epistémico en una teoría de notable simplicidad, pues afirma que una
creencia esta justificada si y sólo si ocupa un lugar dentro de un sistema de
creencias que es coherente y comprehensivo.
3. Es una meta de la epistemología explicar cómo la justificación epistémica de
una creencia superviene sobre lo que no es epistémicamente evaluativo o
normativo
4. Si el coherentismo apunta a la meta epistemológica, entonces se ve impuesta
por restricciones, ya que debe explicar cómo la justificación epistémica de una
creencia superviene sobre lo que no es epistémicamente evaluativo o normativo
5. Por esta razón, la noción de coherencia debe concebirse como libre de mezclas
epistémicamente evaluativas.
6. Por lo tanto, su contenido debe consistir en conceptos tales como explicación,
probabilidad e implicación lógica (conceptos libres de contenido evaluativo o
normativo).
7. De ahí que el coherentismo pueda ser considerado un tipo de fundacionismo
formal del más alto grado.
De esto, Sosa concluye que el parentesco que ambas teorías tienen es que comparten un
mismo objetivo, a saber, desarrollar una teoría fundacionista formal del más alto grado, es
decir, una teoría simple que explique con toda precisión cómo la justificación epistémica
superviene en general, sobre lo no epistémico. Esta conclusión le será útil para refutar una
objeción más al fundacionismo que se conoce en su conjunto como argumentos del ascenso
dóxico:
 La creencia B está fundacionalmente justificada para S por tener la propiedad F,
sólo si S está justificado en creer: 1) que la mayoría de sus creencias con la
propiedad F son verdaderas y 2) que B tiene F.
 Una creencia B en la proposición P está fundacionalmente justificada para S, sólo
si S está justificado en creer que no hay algún factor presente que le haría cometer
errores sobre el contenido de P.
El ejemplo más claro para esto es el siguiente. Supongamos que nuestras creencias sobre el
mundo sensible se justifican por su origen en nuestros sentidos. El defensor de estos
argumentos dirá que la justificación requiere de una creencia adicional, a saber, de que
nuestros sentidos funcionan apropiadamente en tales circunstancias. Pero, dado que esto
puede ser contingente, como se vio en el ACC, no habría forma de para un regreso al infinito.
Como se puede ver, los argumentos del ascenso dóxico plantean un problema similar al ACC.
Sin embargo, la respuesta de Sosa a este problema será que una creencia infalible no está
justificada en estado mental alguno, sino en alguna propiedad no epistémica que no supone
inferencia a partir de otras creencias. Con esto, no sólo le da la vuelta al argumento dóxico,
sino que también da una alternativa al problema del regreso. Pues, dado que el fundamento
de una creencia no son estados mentales ni propiedad epistémica alguna, podemos descartar
el problema del regreso dado que la justificación infinita es incompatible lógicamente con la
sobreveniencia de la justificación sobre hechos no epistémicos.
* * *
Finalmente, realizaré un comentario con respecto a esta conclusión. Primero, la
respuesta que da Sosa al argumento dóxico y, al mismo tiempo, al ACC, no es una respuesta
directa, sino lo que podría llamar un giro de ciento ochenta grados sin moverse de lugar. De
cierta forma, parece que Sosa, al percatarse de que la necesidad de creencias autoevidentes e
infalibles para justificar nuestro conocimiento, aunque razonable e intuitiva, resulta
insostenible, prefiere darle la vuelta a las críticas antifundacionistas. Sin embargo, su
propuesta no implica una salida del juego, que en este caso sería el problema de la
justificación. Sosa afirma que el fundacionismo tiene como objetivo desarrollar una teoría
simple que explique con toda precisión cómo la justificación epistémica superviene en
general, sobre lo no epistémico. Lo cual quiere decir que este tipo de fundacionismo que
propone sigue buscando una respuesta a la pregunta ¿cuál es el fundamento del
conocimiento? Además, el resto de sus premisas permanecen intactas, pues sigue afirmando
la necesidad de creencias últimas para parar el regreso infinito. La única diferencia sería que
estas creencias últimas ya no están justificadas en estado mental alguno, sino en alguna
propiedad no epistémica que no supone inferencia a partir de otras creencias. Considero que
este giro podría constituir una alternativa muy interesante al problema de la justificación. El
problema es que Sosa no explica en qué podrían consistir esa propiedad no epistémica que
no supone inferencias.
Por otra parte, la metáfora del coherentismo como un rizoma resulta igualmente
aplicable e igualmente interesante. Ya que, por definición, no tendría que lidiar con la
cuestión de las creencias autoevidentes. De hecho, anticipándome un poco, me parece una
alternativa más viable que el fundacionismo formal que propone Sosa. Pues otro problema
que encuentro al fundacionismo es la idea de que deba haber creencias base para justificar el
conocimiento. Eso siempre será problemático, pienso, aún con las propiedades no
epistémicas que propone Sosa. El coherentismo, por su parte, da por hecho la existencia de
un conjunto de creencias, las cuales se justifican de acuerdo a su criterio de coherencia. Esto
permite una mayor flexibilidad al momento de integrar nuevas creencias a nuestro sistema.
Lo cual puede resultar problemático para la metáfora de la pirámide donde la justificación es
jerárquica, asimétrica y centralizada.
Bibliografía:
Deleuze, G., Guattari, F. (1988) Rizoma. En Deleuze, G., Guattari, F. (1988) Mil mesetas:
capitalismo y esquizofrenia. Valencia: Pre-textos.

Descartes, R. (1982) Discurso del método; Meditaciones metafísicas. México: Espasa Calpe.

Muñoz, M. (2015) Un acercamiento crítico a la epistemología. México: Universidad

Sosa, E. (1992). La balsa y la pirámide En Sosa, E. (1992) Conocimiento y virtud intelectual.


México: IIF/FCE