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Historia e Historiografía de la segunda mitad del siglo XX

La Historia Cultural- Georges Duby

Esta lectura nos habla sobre la relaciones que hay entre las distintas especialidades históricas,
,,am ese historia del arte, historia de las religiones, historia de la literatura etcétera, y hace
énfasis en cómo estas deben convivir para que el historiador rico en bagaje pueda construir
una historia cultural. Que las temática históricas se manejen por separado crea a los
historiadores ciertos obstáculos, sin embargo ciertos historiadores se han dado a la tarea de
romper con estas reglas, y volver a esta ciencia más interdisciplinaria.

La escuela francesa es una de las principales promotoras de este nuevo modelo, un Marc
Bloch y un Lucien Febvre quienes introdujeron al mundo del historiador dos estudios que
romper las barreras de las temáticas históricas.

Lo que hoy resulta nuevo es el detonante progreso de la antropología, de la sociología, de la
psicología, de la lingüística. El impulso de esas ciencias humanas, la revolución que
introducen en los métodos, la manera en que captaron el interés de un público amplio por
establecerse en el corazón de nuestra propia cultura, exigen que la historia se una a ese
pelotón conquistador, que rejuvenezca con este fin su problemática y que luche por afirmar
el valor de sus posiciones, pues puede ser que, por el rigor de las estructuras universitarias,
Por las relaciones que dirigen y las separaciones que mantienen, esas jóvenes disciplinas
sigan tendiendo vínculos más estrechos con la filosofía que con la historia y que sus
especialistas tienden por esta razón a otorgar, en sus análisis, una atención más constante a
las estructuras, es decir, a lo que escapa del cambio histórico.

La tarea consiste entonces en el inventario, para una época determinada, de los asientos de
una cultura. Es decir, primero de un conjunto de signos y de símbolos vocabulario, sintaxis,
frases hechas y gestos rituales, figuras expresadas por la música, las ceremonias o por las
artes solidas que dirigen los mecanismos mentales a través de los cuales el espíritu humano
puede aprehender lo real, se sitúa frente al tiempo, al espacio y frente al otro, y proyecta en
el imaginario sus deseos y sus inquietudes.

Al parecer, un gran campo de la historia cultural debe ocuparse del estudio de los fenómenos
de recepción. Reconstituir la herencia que cada generación recoge del pasado, los poemas o
los cantos que escucha, las libros que lee, las obras de arte que admira, los espectáculos que
llaman su atención, los ritos que respeta; no basta con los '‘autores” que venera; todavía hay
que desmontar los mecanismos de su sistema de educación, introducirse en sus diversos
órganos de iniciación, la familia, la escuela, el foro, el cuartel, el equipo de trabajo, la
asamblea comunal, la cofradía, el sindicato, medir la eficiencia de los medios de difusión
masiva que fueron, por ejemplo, la predicación, el teatro, la arenga, la prensa o la literatura
que se vendía de puerta en puerta; finalmente, analizar con cuidado el contenido que
comunican esos diversos instrumentos pedagógicos.

De esta forma, se puede ver claramente el importante papel que debe desempeñar en el
desarrollo de la investigación histórica y, aún más, en la coordinación de las ciencias
humanas.