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Jesús se revela a los que escuchan su Palabra

"Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la practican" Lc.11,


28

La propuesta de este artículo es encontrarnos con Jesús y aprender a


escuchar, con nuestros oídos atentos, las palabras que salen de su boca. La
Palabra nos enseña que escuchar la voz de nuestro Dios significará
obedecerle y realizar su voluntad; por eso Jesús cada vez que contaba una
parábola terminaba diciendo "quien tenga oídos para oír, que oiga" (de
hecho el origen latino de la palabra "obediencia": ob-audientia significa
"escuchar lo que está debajo"). Es decir, tener oídos para oír, significará no
solamente tener la mente y el corazón abiertos a escuchar la Palabra de
Dios, sino también la firme decisión de obedecerle y llevarla a la vida. En
este contexto podemos comprender el valor que tenía la acción de Jesús
cuando abría los oídos a los sordos, que recibían la Buena Nueva, como
signo de que el Mesías ya había llegado: "Juan Bautista mandó a preguntar a
Jesús, ¿eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?. Entonces el
Señor respondió: Vayan a contar a Juan lo que han visto y oído, los ciegos
ven, los paralíticos caminan, los leprosos son purificados y los sordos
oyen..." Lc.7, 18-23

Escuchar la Palabra es recibir, no sólo las palabras que salen de boca de


Jesús, sino a Él mismo que es la Palabra: "la Palabra se hizo carne y habitó
entre nosotros" Jn.1, 4

Preparemos nuestros oídos para escuchar a aquél que es la Palabra de Dios.

Primer Momento - Motivación

Cuántas cosas oímos a lo largo de una jornada de nuestra semana. Cuántos


ruidos, sonidos, palabras escuchamos. A veces en nuestros ritmos
acelerados de vida, corremos el riesgo de acostumbrarnos al "ruido"
constante y no generar las disposiciones necesarias para escuchar al otro
(recibir, hacer comunión) y simplemente se van empobreciendo nuestras
comunicaciones y nuestras vinculaciones.

Para escuchar al otro (y mucho más al "Otro" que es Dios) necesitamos del
silencio (que no es sólo la ausencia de sonidos). Muchas veces estando solos
en nuestras casas, prendemos la T.V. o la radio, aunque nos aboquemos a
otras tareas, quizás porque no estamos acostumbrados a convivir con el
silencio.

Proponemos al grupo un sencillo ejercicio:

Durante un minuto, les pediremos a los integrantes del grupo que hagan
silencio y que escuchen todos los sonidos que nos llegan. Pondremos
atención primero a los más lejanos, para ir reconociendo a los más cercanos.

Luego se puede generar un breve diálogo acerca de lo que oímos:

 ¿Qué sonidos reconocimos?


 ¿Eran sonidos novedosos o eran sonidos habituales?
 ¿Todos oímos lo mismo?
 ¿Pusimos la atención en distintos sonidos?
 ¿Nos costó mucho sostener el minuto de silencio? ¿Por qué?
 ¿Qué nos llamó la atención de este ejercicio?

Luego del diálogo les proponemos un nuevo minuto de silencio, pero esta
vez pediremos poner nuestra atención al sonido de nuestra respiración
primero, para escuchar finalmente el ritmo de nuestro corazón. Intentar que
los pensamientos se acallen y que no nos distraigan del latido de nuestro
corazón.

Nuevo diálogo sobre lo que nos significó la realización de este nuevo minuto
de silencio:

 ¿Pudimos despejar los pensamientos que venían a nuestra mente?


 ¿Logramos "escuchar" solamente a nuestro corazón?
 ¿Qué sensaciones o sentimientos nos abordaron?

Aclaramos una distinción que en nuestro lenguaje está normalmente


aceptada: "oír" y "escuchar", refieren a ideas semejantes pero con matices
diferentes. Si buscamos en el diccionario encontraremos que "oír" es percibir
con los oídos y "escuchar" es prestar atención a lo que se oye. De allí que
muchas veces se diga: - "¡me oís, pero no me escuchas!" Es decir escuchar,
además de oír, exige la atención hacia lo que el otro dice. En nuestra
concepción evangélica, podemos agregar, que "escuchar", significa no sólo
poner la atención, sino aquellas disposiciones de apertura amorosa hacia el
otro, de recibir, de acoger, de guardar lo que el otro dice y es. El escuchar,
implica vaciarnos (de nuestras distracciones, de nuestro ego, de nuestras
propias preocupaciones) para que el otro pueda "entrar" en nuestro interior.

Luego de esta aclaración les proponemos al grupo profundizar en este tema,


partiendo de una serie de viñetas que analizaremos en grupos:
 Analizar cada una de las situaciones planteadas en las viñetas.
 Plantear qué es lo que sucede en cada una.
 Aplicar los conceptos de "oír" &endash; "escuchar" &endash; "escuchar
según el evangelio", a las viñetas.
 ¿Nos sentimos identificados con alguna de ellas? ¿Con cuál? ¿Por qué?
 ¿En nuestro grupo, se da alguna de estas situaciones?

Puesta en común y conclusiones.

Segundo Momento - Trabajo con la Palabra:

"Dichosos sus ojos porque ven y sus oídos porque oyen. Yo les
aseguro que muchos profetas desearon ver lo que ven ustedes y no
lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron" Mt. 13,16-17

¿Cómo escucharon a Jesús, los que vivieron con Él? ¿Cuáles eran las
palabras que Él pronunciaba?

Invitamos a que en dos grupos puedan trabajar sobre cómo escuchar las
palabras de su boca.

Cada grupo recibirá una ficha sobre los oídos de los que escuchan y otra
sobre las palabras de Jesús, sobre las que trabajarán y después pondrán en
común

OIDO
¿Quiénes escuchan
CITAS ¿Cómo reaccionan?
a Jesús?
Lc. 2, 8-20
Lc. 4, 16-30
Lc.10, 21-22
Mt.5, 1-12 . 7,
28-29
Jn.6, 59-69
OIDO
¿Con quiénes habla?
¿Cuáles son las palabras
CITAS ¿Con quiénes
de Jesús? ¿Qué enseña?
dialoga?
Mt.5, 3-12
Mt.7, 1-5
Mt.9, 10-13
Lc.11, 9-13
Lc.12, 37-
53
Lc.12, 22-
34
Lc.15, 1-32
Jn.10, 1-18

Tercer Momento - Reflexión personal:

Iluminados por lo trabajado en la Palabra, proponemos un tiempo de


reflexión personal, que podrá estar guiado por las siguientes preguntas:

 ¿Nos hacemos el espacio físico e interior para que Dios nos hable?
 Además de la Palabra de Dios ... ¿reconocemos la voz de Dios que nos
habla a través de otras personas y de otras circunstancias?
 ¿Cuáles son los "ruidos" (dificultades, obstáculos) que no nos permiten
escuchar al Señor?
 ¿Cómo podemos abrir y agudizar nuestros "oídos" para no vivir sordos
a las palabras de Jesús?

Cuarto Momento - Oración comunitaria:

Finalizamos el encuentro con una oración comunitaria donde pondremos en


práctica el escuchar y recibir al hermano.

 Nos vaciamos de nosotros mismos, buscando el silencio interior


 Vamos rezando por nuestras necesidades y haciéndonos eco de la de
los demás. Por ejemplo si alguien pide por la salud de un ser querido,
el resto ora por esa intención, pidiendo el consuelo, la fortaleza. No
pasar inmediatamente a otra intención como si el otro no hubiera
expresado nada.
 Finalizamos la oración escuchando a Dios que nos habla en su Palabra.
Después de leer un pasaje de la Biblia, el grupo dialoga sobre el
mensaje que les deja en lo personal y grupal.

"Mis ovejas escuchan mi voz, Yo las conozco y ellas me siguen"


Jn.10, 27