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El Manifiesto Comunista, los

comunistas y la revolución
Hace 167 años, el 21 de febrero de 1848, se publicaba por primera
vez en Londres el Manifiesto Comunista escrito por Marx y
Engels. Pocas obras se han difundido y han influenciado tanto el
curso de la historia. En este artículo nos detendremos en la
relación entre el comunismo, los comunistas y la revolución.
Como parte del amplio plan de estudio y discusión del IPS “Karl
Marx”.
Matías Maiello

Martes 24 de febrero de 2015 | Edición del día

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Marx y Engels, dos revolucionarios

Cuando hablamos de Marx y decimos “Marx ha vuelto”, en realidad


deberíamos decir Marx y Engels (en adelante MyE). Esta dupla, de amigos
y revolucionarios, es la que hizo historia con el Manifiesto Comunista.
Federico Engels fue el que elaboró el primer borrador del libro, el cual se
conoce como Principios del Comunismo y el lector lo puede encontrar
como anexo en la edición del IPS del Manifiesto Comunista publicada el
año pasado. Sin ánimo de comparar, siendo la versión final sin duda la
mejor, el primer borrador contiene partes magníficamente planteadas, y por
sobre todo dialogadas, que sin quedar en la versión definitiva valen la pena
ser leídas.

El Manifiesto no es (solo) una gran obra literaria sino un documento


teórico, programático y estratégico con el que MyE se proponían contribuir
a armar a la clase obrera que, por aquella época comenzaba a mostrar su
ímpetu revolucionario. Ni Marx ni Engels eran profesores que buscaban la
verdad científica por fuera de la historia. Marx ya se había visto obligado a
renunciar a su carrera académica por sus ideas “subversivas”, y ambos
opinaban que no se trataba solamente de entender la realidad sino también
de transformarla en forma revolucionaria.

En 1847, cuando escribieron el Manifiesto, MyE tenían respectivamente 29


y 27 años, ambos se encontraban exiliados en Bruselas, Bélgica. Eran
dirigentes de una organización internacional que se llamaba “La Liga de los
Comunistas”, la elaboración del Manifiesto, fue una resolución
encomendada por el segundo congreso de la Liga a los dos jóvenes
revolucionarios. Por eso se llama “Manifiesto del Partido Comunista”.

A fines de 1847, cuando MyE estaban escribiendo el Manifiesto, Europa


estaba atravesada por una profunda crisis económica que había traído
tremendas privaciones y sufrimientos a las grandes masas de trabajadores y
campesinos. La situación era insostenible, más temprano que tarde todo
parecía que iba explotar. En ese clima, el temor al “comunismo” era patente
entre las clases dominantes. Cuando el Manifiestodice “un fantasma recorre
Europa, el fantasma del comunismo”, esto era un hecho.

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Tenía que estallar y estalló. Tres días después de que el Manifiesto se
publicara en Londres, el 24 de febrero de 1848 los obreros de París
levantaron barricadas en toda la ciudad, provocando la caída del reinado de
la aristocracia financiera encabezada por Luis Felipe de Orleans y forzando
la proclamación de la Segunda República. Las movilizaciones se extendían
más allá del río Rin, hacia territorio alemán, con las protestas en Colonia,
capital de Renania, en el Imperio Prusiano. El pueblo de Viena desafió al
emperador de Austria-Hungría y poco después toda Hungría se levantaba
reclamando su independencia. La revolución llegó a Berlín, capital
prusiana. Los gobiernos reaccionarios eran obligados a dimitir o eran
jaqueados por la movilización popular.

No es que el Manifiesto Comunista haya tenido influencia directa sobre los


acontecimientos, en este sentido llegó tarde. Sin embargo, escrito antes de
este proceso de revoluciones que atravesó Europa y se conoció como “la
primavera de los pueblos”, el Manifiesto había anticipado y explicado los
contornos de la nueva época histórica que estallaba a los ojos del mundo, y
en la cual el proletariado francés, aunque sería derrotado, mostraba por
primera vez el significado de la irrupción de la clase obrera como sujeto
revolucionario.

De más está decir, que Marx y Engels intervinieron activa y directamente


en estos procesos revolucionarios, más precisamente en territorio alemán.
Ambos terminaron perseguidos por el Estado. Marx es expulsado de Prusia.
Engels, con 29 años, se convertiría en dirigente de una de las milicias que
lucharían hasta el final en la región del Palatinado. De ahí le quedaría el
apodo de “el general” y su interés por los asuntos militares.

Para los que quieran profundizar, están las muy buenas (y documentadas)
conferencias de David Riazanov, publicadas por Ediciones IPS bajo el
título Marx y Engels. Volvamos al Manifiesto.

El comunismo como movimiento real y como programa

Marx y Engels señalan en el Manifiesto que "Las proposiciones teóricas


comunistas no responden a ideas ni a principios descubiertos por ningún
redentor de la humanidad; son expresión al contrario de condiciones

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materiales de una lucha de clases real y vívida, de un movimiento histórico
que se está desarrollando a la vista de todos…”

Por un lado, como desarrollamos en artículos anteriores, el comunismo


para ellos no es simplemente una idea, sino un “movimiento real” que se
expresa en la lucha constante de la clase trabajadora por liberarse del
trabajo como imposición. Una lucha que va desde “robarle” minutos al
patrón y a la máquina, desde las luchas históricas por la disminución de la
jornada de trabajo o el control obrero, hasta los grandes procesos
revolucionarios donde la clase obrera lucha por el poder.

Por otro lado, el comunismo también es para Marx y Engels un programa,


un objetivo a conquistar, el de una sociedad sin clases sociales, sin Estado,
sin explotación y sin opresión. En palabras de MyE en el Manifiesto: “a la
vieja sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, la
sustituirá una asociación en que el libre desarrollo de cada uno condicione
el libre desarrollo de todos”.

El comunismo, en ambos sentidos, tiene bases materiales profundas en el


propio desarrollo de las fuerzas productivas (maquinarias, organización del
trabajo, destreza de los obreros, etc.) bajo el capitalismo. A condición,
claro, de poner los enormes avances de la ciencia y de la técnica moderna al
servicio de las necesidades sociales y no de la ganancia. Y de esta forma,
hacer posible la disminución del tiempo que cada individuo dedica al
trabajo hasta que represente una porción insignificante y que las personas
puedan dedicar sus energías al ocio creativo de la ciencia, el arte, y la
cultura, y desplegar así todas las capacidades humanas.

El comunismo es entonces para Marx y Engels dos cosas: por un lado, un


“movimiento real” que se desarrolla “a la vista de todos”, y por otro lado,
un objetivo, el de una nueva sociedad conformada por “una asociación de
hombres libres que trabajen con medios de producción colectivos y
empleen, conscientemente, sus muchas fuerzas de trabajo individuales
como fuerza de trabajo social”.

Sin embargo, el antagonismo que se expresa en la lucha de la clase


trabajadora por liberarse del trabajo como imposición, es decir, el
“movimiento real” del comunismo, no conduce sí o sí, no lleva
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automáticamente ni mucho menos, a la conquista del comunismo como
sociedad libre de clases, Estado, explotación y opresión.

Para ello es necesaria una organización política con la estrategia consciente


de la revolución social. Un partido revolucionario que combatiendo en la
lucha de clases como parte del “movimiento real” luche por la conquista del
poder de los trabajadores como condición para avanzar hacia el objetivo del
comunismo. Por eso Marx y Engels, no se dedicaron a la militancia en
general, sino a la militancia revolucionaria.

¿Qué caracteriza a los comunistas?

Para Marx y Engels, los comunistas “no tienen intereses propios que se
distingan de los intereses generales del proletariado”. Lo que distingue a los
comunistas dentro del “movimiento real”, dice el Manifiesto, es que
defienden “los intereses comunes y peculiares de todo el proletariado,
independientes de su nacionalidad”; que “mantienen siempre el interés del
movimiento enfocado en su conjunto”; que son “prácticamente, la parte
más decidida” y “teóricamente, llevan de ventaja a las grandes masas del
proletariado su clara visión de las condiciones, los derroteros y los
resultados generales a que ha de abocarse el movimiento proletario”.

Es decir, además de su teoría y su programa revolucionario, para MyE los


comunistas se distinguen por su acción, por ser los “más decididos” en la
lucha de clases. Estando a la vanguardia de los combates reales y cotidianos
los comunistas podemos forjar un partido capaz de conquistar la
dirección del “movimiento real” para una estrategia y un programa
revolucionario de conquista del poder de los trabajadores como paso
indispensable en la lucha por el comunismo. (…)

Por otro lado, un punto fundamental que distingue a los comunistas para
el Manifiesto es el internacionalismo, el defender los intereses comunes de
la clase obrera “independientemente de su nacionalidad”. Esta concepción
tenía bases profundas en Marx y Engels, eran conscientes del carácter
mundial de las fuerzas productivas y de la clase obrera misma, que posee
intereses comunes por encima de las fronteras y las divisiones que le
impone la burguesía. A su vez, sabían que la burguesía cuenta, por esto
mismo, con sus propias instituciones al servicio de mantener la opresión de
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los pueblos. Sin ir más lejos, lo vemos hoy en el accionar de la llamada
“Troika”, conformada por la Unión Europea, el Banco Central Europeo, y
el FMI, que buscan exprimir hasta el último aliento al pueblo griego para
cuidar los intereses del capital financiero.

Marx y Engels participarían en 1864 de la fundación de la Asociación


Internacional de Trabajadores, conocida también como la Primera
Internacional. Luego en 1889, Engels (Marx ya había fallecido) funda la
Segunda Internacional. El siglo XX no haría más que confirmar el planteo
del Manifiesto, la importancia del internacionalismo y la imposibilidad
de construir “el socialismo en un solo país” (…).

En el siglo veinte, el papel de la vanguardia comunista será aún más


importante. El surgimiento de una nueva etapa del capitalismo, el
imperialismo,dio nuevas bases materiales para los sectores conciliadores
con la burguesía dentro del movimiento obrero. Surgió una “aristocracia
obrera” en los países que oprimían a otras naciones y se desarrollo
extendidamente una burocracia que serían obstáculos adicionales en el
desarrollo del “movimiento real” en un sentido revolucionario. Frente a esta
nueva situación será Lenin, dirigente de la revolución rusa de 1917, quién
desarrolle más esta cuestión planteando la necesidad de conformar partidos
revolucionarios de la clase obrera, independientes política y
organizativamente de aquellas corrientes reformistas y también de las
“centristas” que oscilan entre los reformistas y los revolucionarios.