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Stephen Hawking es el físico teórico más conocido y popular de nuestros tiempos.

Nacido en
Oxford en 1942, Hawking ingresó en la Universidad de Cambridge en 1962, para estudiar física
teórica y acabar publicando en 1965 un doctorado sobre la naturaleza relativista y cuántica de
los famosos agujeros negros. Las docenas de trabajos sobre cosmología publicados por Hawking
a lo largo de los años dan testimonio de la solidez y de la capacidad de este físico teórico y
cosmólogo interesado tanto en la teoría general de la relatividad de Einstein como en la física
cuántica de la teoría de partículas -y particularmente obsesionado en el trabajo titánico de
esbozar una unificación de ambos postulados, pues estos modelos, válidos individualmente en
las grandes mediciones cósmicas y en los estudios de los fenómenos a una escala microscópica,
no acaban de congeniar entre sí.

El gran éxito y popularidad de Hawking no llegó hasta finales de los años 80, cuando publicó
un libro que se convirtió rápidamente en best-seller, titulado Breve historia del tiempo. En este
ensayo se exponía de forma asequible para un gran público la evolución de las teorías físicas
acerca del universo, desde los tiempos de Newton, pasando por Galileo y Copérnico, hasta llegar
a nuestros días con las renombradas teorías de Einstein y las paradojas de la física cuántica para
el mundo de las partículas elementales.

Pero esta fama, que ha alcanzado un nivel mundial y que hace que Hawking aparezca en
periódicos, revistas e incluso en la televisión, no se debe tan sólo a la solidez de sus trabajos
teóricos, o a la magnífica abstracción de los postulados de la física que plasmó en su primer
libro, sino que también a una condición paradójica que presenta su persona: a los 23 de edad se
le declaró una enfermedad paralizadora que progresivamente ha ido confinando a Hawking a una
invalidez en una silla de ruedas, viéndose obligado a comunicarse con el exterior por medio de
un ordenador especialmente diseñado para él; a pesar de que los médicos le pronosticaron un
pronto desenlace fatal, el entusiasmo y la capacidad de lucha de Stephen le ha permitido seguir
trabajando y elaborando estudios más allá de toda razón y expectativa médica.