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Composición del agua de mar

El agua de mar es una disolución en agua (H2O) de muy diversas sustancias. Hasta los 2/3
de los elementos químicos naturales están presentes en el agua de mar, aunque la mayoría
sólo como trazas. Seis componentes, todos ellos iones, dan cuenta de más del 99 % de la
composición de solutos.

Composición de solutos sólidos del agua de mar, cada uno expresado como
porcentaje del total

Aniones Cationes

Cloruro (Cl-) 55,29 Sodio (Na+) 30,75

Sulfato (SO42-) 7,75 Magnesio (Mg++) 3,70

Bicarbonato (HCO3-) 0,41 Calcio (Ca++) 1,18

Bromuro (Br-) 0,19 Potasio (K+) 1,14

Flúor (F-) 0,0037 Estroncio (Sr++) 0,022

Molécula no disociada Ácido bórico (H3BO3) 0,076

Salinidad
Nos referimos a esa concentración total de sales minerales disueltas en el agua de mar
como salinidad, y suele expresarse en tanto por mil (‰). Gracias a la universalidad de su
composición, la salinidad suele ser estimada a partir de la medición de un solo parámetro,
como la conductividad eléctrica, el índice de refracción o la concentración de uno de sus
componentes, generalmente el ion cloruro (Cl-).
Conforme los primeros investigadores se dieron cuenta de que las proporciones de algunas
de estas sales se mantenían aparentemente constantes en las muestras de agua marina,
surgió la necesidad de proponer a los oceanógrafos químicos una definición de la misma:
"Salinidad es la cantidad total en gramos de las sustancias sólidas contenidas en un
kilogramo de agua del mar." Se representa en partes por mil, y se encuentra en los océanos
como salinidad media la de 35 partes por mil, o sea que un kilogramo de agua de mar
contiene 35 gramos de sales disueltas.
El término técnico de salinidad en el océano es halinidad, ya que realmente se basa en los
iones haluros; el ion cloruro (Cl−) es el anión más abundante en la mezcla de elementos
disueltos.
Origen de las sales marinas
Desde las cadenas volcánicas situadas en el fondo de los océanos emergen lavas con
muchos de los componentes del Agua de mar: cloro, sodio, bromo, yodo, carbono y
nitrógeno, los que paulatinamente se van transformando en sales.
Además, los ríos arrastran las sales y minerales que encuentran en su recorrido a través de
los continentes. En los océanos, la fuerte radiación del Sol evapora las aguas haciendo que
las sales se acumulen a lo largo del tiempo. En el agua marina, junto a un gran número de
elementos químicos, se encuentran Gases disueltos y Nutrientes para la vida oceánica.
Desde que Edmund Halley lo propuso en 1715, se admite que la salinidad del agua del mar
es efecto de una salinización progresiva, estabilizada hace ya largo tiempo, debida a un
aporte por los ríos, no compensado, de sales procedentes del lavado de las rocas
continentales. La salinidad no ha crecido desde hace miles de millones de años, a causa de
la acumulación de sal en sedimentos. Hoy en día se acepta que buena parte del sodio
procede de las mismas emisiones volcánicas que facilitaron originalmente la formación de
la hidrosfera.

Medición de la salinidad del agua


En la práctica, la salinidad es difícil de medir. Sin embargo, el descubrimiento de la
constancia en la proporcionalidad de los elementos mayores realizado por Marcet ayudó a
superar esta dificultad. Esta observación, que se denomina "principio de Marcet" o "la
regla de las proporciones constantes postula que "independientemente de que la salinidad
pueda variar de un lugar a otro, los elementos mayores del agua de mar en océano abierto,
se encuentran en proporciones constantes entre sí".
Por lo tanto, la determinación de la salinidad se podría hacer a través de la medición
química de su componente más importante, el cloruro.
El agua de mar presenta una elevada conductividad eléctrica, a la que contribuyen la
polaridad del agua y la abundancia de iones disueltos.
Las sales en agua se disocian en iones. Un ion es un átomo cargado positiva o
negativamente y que, por tanto, intercambia electrones con el medio. Pueden absorber y
liberar electrones a las partículas vecinas. La conductividad varía sobre todo con la
temperatura y la salinidad (a mayor salinidad, mayor conductividad), y su medición
permite, controlada la temperatura, conocer la salinidad.

Cambios de la salinidad de los mares


La salinidad varía entre el ecuador y los polos por dos factores principales: la temperatura
y la lluvia. Entre más alta es la temperatura hay mayor evaporación con lo que aumenta la
concentración de sales; por el contrario, las Lluvias aportan agua dulce ya sea directamente
o por medio de los ríos, ayudando a disminuir la salinidad. De acuerdo a estos factores, la
salinidad en las costas de Chile disminuye de norte a sur. Alcanza los máximos valores en
su parte norte debido a la escasez de precipitaciones y a la alta evaporación; hacia el sur la
salinidad es cada vez menor por aumento de las precipitaciones y por las menores
temperaturas. En el territorio antártico es aún menor por la fusión continua de los hielos
que aportan agua dulce al mar.
Por tanto, la salinidad varía en dirección tanto horizontal como vertical y aun en un mismo
punto puede sufrir variaciones en las diferentes estaciones del año. Los factores que hacen
cambiar la salinidad son, en primer lugar, la temperatura ya que si es elevada provoca una
evaporación intensa y por lo tanto un incremento de salinidad resultante de la
concentración de sales; en segundo lugar, los aportes de agua dulce, que, por dilución,
disminuye la salinidad.

Este proceso de evaporación es más intenso en las zonas tropicales, y menor en las zonas
polares. Las aguas superficiales son más saladas porque la evaporación hace que la
concentración de sal aumente. El contenido salino de muchos lagos, ríos, o arroyos es tan
pequeño, que a esas aguas se las denomina agua dulce. El contenido de sal en agua potable
es, por definición, menor a 0,05 %. Si no, el agua es señalada como salobre, o definida
como salina si contiene de 3 a 5 % de sal en volumen. Por encima de 5% se la considera
salmuera. Algunos lagos o mares son más salinos. El mar Muerto, por ejemplo, tiene un
contenido superficial de alrededor del 15 %.
De todos los mares abiertos es el mar Rojo el que presenta mayor salinidad (40 ‰),
bordeado como está de regiones áridas. El mar Báltico es el de salinidad menor (6 ‰ en las
aguas superficiales del golfo de Botnia), por su pequeña profundidad, clima frío y amplitud
de las cuencas que vierten sus aguas en él, lo que unido a su topografía casi cerrada, limita
mucho los intercambios con el océano Mundial. La salinidad es muy variable en los lagos
y mares cerrados que ocupan cuencas endorreicas, con solo un 12 ‰ en el mar Caspio y
hasta un 330 ‰ en las capas superficiales del mar Muerto. El principal factor del que
depende la salinidad de los mares interiores es la existencia de drenaje, con uno o más
emisarios porque los que desbordar, o que por el contrario la evaporación sea la única
forma de compensarse los aportes. Así el lago Victoria, con un origen tectónico semejante
al del mar Muerto, es un lago de agua dulce a la vez que la fuente principal del caudaloso
río Nilo.