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El mundo de Sofía: capítulo 7

SÓCRATES

Tras la conversión de Atenas en el centro cultural del mundo griego, acudieron a ella un grupo de
profesores y filósofos errantes que cobraban por sus enseñanzas y presumían de saberlo todo sobre
determinados temas (al contrario de los filósofos, que se definen como personas que saben poco y por
ello buscan respuestas a distintas cuestiones de la vida). Se hacían llamar sofistas. Éstos opinaban que
los seres humanos no serían capaces de encontrar respuestas a las preguntas filosóficas. Los sofistas
viajaron mucho, y fueron capaces de debatir sobre lo que está determinado por la naturaleza y lo que
está creado por la sociedad; es decir, lo que es natural, y lo que no.

Sin embargo, fueron los filósofos de Atenas (Sócrates, Platón y Aristóteles) quienes cambiaron la
forma de pensar en la antigua Grecia. Estos filósofos se centraron en la importancia del ser humano y
su lugar en la sociedad.

Sócrates ni escribió ni dejó ningún legado a lo largo de su vida. Existen muchas dudas alrededor de su
figura, ya que todo lo que se tiene de él está recogido por su alumno Platón, por lo que es difícil
distinguir entre lo que dijo Sócrates y lo que aporta Platón a estos textos. Lo que caracterizó a Sócrates
era cómo conversaba. En estas conversaciones, Sócrates aparentaba ser tonto y que no sabía nada, y a
partir de ahí le hacía saber a su interlocutor que estaba equivocado, y le mostraba los fallos de su
razonamiento, acorralándole y haciéndole ver que su razonamiento era el correcto. Es por ello que para
Sócrates era muy importante encontrar una base segura para nuestro conocimiento. Dicha base se
encontraba en la razón del hombre.

Cuando Sócrates fue ajusticiado, pudo haber suplicado clemencia, pero no lo hizo ya que le daba más
valor a su conciencia que a su vida, por lo que preferiría morir por sus ideales que vivir dándoles la
espalda. Esta forma de pensar nos recuerda a Jesucristo, con el que tiene muchos parecidos: no dejó
legado alguno, debemos de fiarnos de lo que otros escribieron de él, criticaron las injusticias, y, sobre
todo, poseían un mensaje que querían transmitir y que incluso murieron por defenderlo.
¿Qué es el método socrático?

El método socrático es uno de los enfoques educativos más antiguos. Persigue la enseñanza junto al desarrollo
del pensamiento crítico. Su principal característica es la eliminación de pretensiones de certeza con el
objetivo de animar a una comprensión más profunda de un tema en particular. Básicamente, hay que
cuestionarlo todo sin dejar ninguna situación por investigar.

Origen

El método socrático debe su nombre a Sócrates, un filósofo de la Antigua Grecia que nació en Atenas en el
año 470 a. C.. Una de las características más conocidas de la personalidad de Sócrates era la implicación de los
demás en conversaciones que intentaban definir ideas generales complejas, como puede ser la idea de belleza,
justicia, o amistad, a través de la discusión de sus ambigüedades y complejidades. Durante sus conversaciones
filosóficas, Sócrates ponía en duda prácticamente cualquier enfoque sobre el tema tratado, aún cuándo tuviera
relativamente un gran conocimiento sobre él. Este cambio de rol se conoce como ironía socrática y es clave
en el ejercicio del método.

Características principales

Aunque el método socrático puede ser utilizado de forma efectiva para establecer conceptos, por ejemplo en
enseñanza de matemáticas, es mucho más utilizado para estimular un crecimiento positivo del discurso
humano. El método busca eliminar cualquier noción de una comprensión completa sobre un determinado
tema para que se eliminen las barreras que impiden conseguir un nivel superior de comprensión, barreras
que aparecen en la mente humana cuándo se siente que ya se sabe o domina un tema. De ahí la famosa cita
“Sólo sé que no sé nada”

El método socrático se basa en la creencia de que tener dudas o una sombra en el conocimiento de algo puede
producir incertidumbre y por ello tendemos a que nos atrape el pensamiento de que sabemos o dominamos
un tema. Esta sensación de comprensión nos impediría seguir avanzando para realmente llegar a comprender
el tema en profundidad. El método se desarrolla a través de un debate sobre un tema en el que pongan en
duda todas las nociones preconcebidas para intentar descubrir el verdadero significado. Es fácil que, al
eliminar las ideas preconcebidas, uno pueda sentir miedo o ansiedad y que la conversación se torne en una
discusión de unos contra otros.

En el método socrático, el que expone el tema toma un papel subordinado en busca del conocimiento, no de
su afirmación. Esto es muy importante pues permite a los demás interlocutores sentirse confortables en un
nivel en el que pueden hablar abiertamente. Se asume modestia en todos y actitudes de humildad son las que
evitan que los oradores se conviertan en oponentes.

¿Cómo se realiza?

El método socrático podría comenzar con una pregunta del interrogador, por ejemplo “¿Qué es la Justicia”?.
Entonces el que responde da su definición concebida. Seguidamente el interrogador realiza una o más
preguntas que llevan al que responde a decir algo contradictorio con su primera respuesta. Cuándo se da
cuenta de que su primera respuesta ya no es válida, se vuelve a realizar la pregunta inicial: ¿Qué es la Justicia?
Ahora el que responde está menos seguro de tener una comprensión clara sobre lo que es la Justicia y se ve
obligado a iniciar un pensamiento crítico en el que se pongan en duda las ideas preconcebidas.

El verdadero propósito del método socrático no sería definir y afirmar lo que es la Justicia, o cualquier otro
tema complejo, sino aumentar la compresión sobre el tema. Se utilizan las propias palabras del individuo para
convencerlo de que sabe menos de lo que pensaba viéndose obligado a abrir su mente a nuevas posibilidades
que no había considerado antes.

Responder preguntas que nos llevan a afirmar la respuesta o a conocer nuevas posibilidades de pensamiento,
suelen desencadenar sensaciones gratificantes que llevan a mejorar la confianza en uno mismo. En lugar de
comenzar diciendo como o que hay que pensar, el método socrático permite el descubrimiento de la respuesta
por uno mismo. Esta capacidad de encontrar nuestro propio camino es al final lo más importante.
“SÓCRATES”

Sofía bajó al Callejón, vio un sobre blanco. ¿Conocía el filósofo su escondite y habría estado allí?. Leyó
la nota: “Querida Sofía, un día nos conoceremos, pero falta tiempo partir de ahora no te llevaré yo las
cartas, te las llevará mi mensajero y te las dejará en el Callejón. Si encuentras un pañuelo de seda rojo
guárdalo.

Sofía dio la vuelta a la nota y en el dorso leyó:

¿Existe un pudor natural?

Más sabia es la que sabe lo que no sabe. La verdadera comprensión viene de dentro. Quién sabe lo que
es correcto también hará lo correcto.

Mientras meditaba vio un perro, llevaba un sobre en la boca y lo dejó delante de Sofía.

- ¡Con que este es el mensajero!

Abrió el voluminoso sobre y leyó.

- La Filosofía en Atenas-

Cuando leas esto habrás conocido a Hermes. Es un perro muy bueno, más inteligente que algunas
personas, por lo menos, no pretende ser más inteligente de lo que es.

Hermes era dios de los navegantes y mensajero de los dioses. De Hermes nace hermético que significa
oculto, inaccesible.

- Volvamos a la filosofía:

Los tres filósofos más grandes de la Antigüedad, Sócrates, Platón y Aristóteles dejaron huella en la
civilización europea. A los filósofos de la naturaleza se les llamó “presocráticos” porque vivieron antes que
Sócrates.

Desde Sócrates la vida cultural griega se centra en Atenas, allí comenzó el interés por el ser humano y la
sociedad. Se fue desarrollando una democracia y era muy importante dominar el arte de la retórica.

“Sofistas” personas sabias o hábiles. Eran profesores y filósofos que llegaron a Atenas desde colonias
griegas. Los sofistas tenían una postura crítica de los mitos tradicionales, rechazaban las especulaciones
filosóficas inútiles (aunque exista respuesta para preguntas filosóficas, los humanos no encontraran
respuestas a los misterios de la naturaleza y el universo) esto es en filosofía escepticismo.

PRÓTAGORAS: (487-420 a. C.) Filosofo sofista decía: “el hombre es la medida de todas las cosas” (hay
que valorar lo bueno o malo, lo correcto o equivocado, en relación con las necesidades del hombre).

“Agnósticos” (los que nos saben pronunciarse sobre la existencia o no de Dios).

Los sofistas debatían entre lo que está determinado por la naturaleza y lo creado por la sociedad. El pudor
o la falta de pudor, está relacionado con las costumbres de la sociedad.

-¿Quién era Sócrates?-

SÓCRATES: (470-399 a. C.) No dejó escritos, sin embargo, es uno de los que más ha influenciado en el
pensamiento europeo. Nació en Atenas. Pasó la mayor parte de su vida conversando con la gente. Fue
considerado enigmático y creador de distintas corrientes filosóficas. Era feo, bajito, gordo, con ojos
saltones y nariz respingona, pero interiormente era maravilloso.
“Se puede buscar y rebuscar, pero nunca se encontrará a nadie como él”. Fue condenado a muerte por
su actividad filosófica. Su vida se conoce a través de Platón (su alumno), que escribió diálogos filosóficos
en los que utilizaba a Sócrates como portavoz.

-El arte de conversar-

La esencia de Sócrates no era enseñar, sino aprender conversando. Si sólo hubiera escuchado, ni se
habría hecho famoso, ni le habrían condenado. Su táctica era, hacer preguntas, dando a entender que no
sabia nada, durante la conversación conseguía que el interlocutor viera los fallos de su propio
razonamiento.

Sócrates comparaba el “arte de parir” con su misión de ayudar a las personas a “parir” la debida
comprensión.

Ironía socrática: haciéndose el ignorante obligaba a la gente a utilizar su sentido común.

Sócrates decía: “Atenas es como un caballo apático” “Yo soy un moscardón que intenta despertarlo y
mantenerlo vivo”. En resumen resultaba molesto para los poderes sociales.

 Una voz divina-

Sócrates decía que tenía una “voz divina” que le hacía revelarse contra algunas cuestiones. En 399 a. C.
Se le acusó de “introducir nuevos dioses” y “llevar a la juventud por caminos equivocados”. Fue declarado
culpable. Pudo pedir clemencia, pero su conciencia y la verdad las valoraba más que a su propia vida.
Murió por sus convicciones. Jesús y Sócrates tienen puntos en común (fueron enigmáticos, no escribieron
su mensaje, eran maestros en el arte de conversar, hablaban con autosuficiencia que fascinaba e irritaba,
hablaban en nombre de algo mayor que ellos, desafiaron a los poderosos, criticaron la injusticia y abuso,
podrían haber suplicado clemencia pero tenían una vocación y la llevaron hasta el final).

-Un comodín en Atenas-

¿Cuál fue el proyecto filosófico de Sócrates?

Cicerón, filósofo romano dijo: “Sócrates bajó la filosofía del cielo a la tierra, la dejó morar en ciudades,
casas etc..., obligando a los seres humanos a pensar en la vida, costumbres, el bien y el mal.

Sofista (persona sabia o instruida). Filósofo (el que busca conseguir sabiduría). Diferencias entre

Sócrates dijo: Sólo se que no se nada. Los que preguntan son peligrosos, una pregunta contiene más
pólvora que mil respuestas.

La humanidad se hace preguntas que no tienen buenas respuestas, ante esto tenemos dos opciones,
engañarnos a nosotros y al mundo fingiendo que sabemos o cerrar los ojos a las preguntas y renunciar a
adquirir conocimientos. La humanidad se divide en dos, los que están segurísimos y los indiferentes.

Sócrates fue un comodín, ni estaba segurísimo ni se mostraba indiferente. Fue racionalista, pues tenía
fuerte fe en el ser humano.

-Un conocimiento correcto conduce a acciones correctas-

Sócrates: “Quién sepa lo que es bueno, también hará el bien” (conocimientos correctos conducen a
acciones correctas). El que hace esto es un “ser correcto”. La capacidad de distinguir entre lo que está
bien y lo que está mal se encuentra en la razón, no en la sociedad. Es imposible que uno sea feliz si actua
en contra de sus convicciones.

Sofía estaba fregando cuando entró su madre, a todo lo que ella le decía Sofía le contestaba con frases
o enseñanzas de su curso de filosofía. Cuando terminó subió a su habitación y miró detenidamente el
pañuelo de seda rojo.
Sócrates

... más sabia es la que sabe lo que no sabe....

Sofía se puso un vestido de verano y bajó a la cocina. Su madre estaba inclinada sobre
la encimera. Decidió no decirle nada sobre el pañuelo de seda. – ¿Has recogido el
periódico? – se le escapó a Sofía. La madre se volvió hacia ella. – ¿Me haces el favor de
recogerlo tú? Sofía se fue corriendo al jardín y se inclinó sobre el buzón verde.
Solamente un periódico. Era pronto para esperar respuesta a su carta. En la portada del
periódico leyó unas líneas sobre los cascos azules de las Naciones Unidas en el Líbano.
Los cascos azules... ¿No era lo que ponía en el sello de la postal del padre de Hilde?
Pero llevaba sellos noruegos. A lo mejor los cascos azules de las Naciones Unidas
llevaban consigo su propia oficina de correos. Cuando su madre hubo terminado en la
cocina, le dijo a Sofía medio en broma: –Vaya, sí que te interesa el periódico.
Afortunadamente no dijo nada más sobre buzones y cosas por el estilo, ni durante el
desayuno ni más tarde, en el transcurso del día. Cuando se fue a hacer la compra, Sofía
cogió la carta sobre la fe en el destino y se la llevó al Callejón. El corazón le dio un
vuelco cuando de repente vio un sobrecito blanco junto a la caja que contenía las cartas
del profesor de filosofía. Sofía estaba segura de que no la había dejado allí. También
este sobre estaba mojado por los bordes, y tenía, exactamente como el anterior, un par
de profundas incisiones. ¿Había estado ahí el profesor de filosofía? ¿conocía su
escondite más secreto? ¿Pero por qué estaban mojados los sobres? Sofía daba vueltas a
todas esas preguntas. Abrió el sobre y leyó la nota. Querida Sofía. He leído tu carta con
gran interés, y también con un poco de pesar, ya que tendré que desilusionarte respecto
a lo de las visitas para tomar café y esas cosas. Un día nos conoceremos, pero pasará
bastante tiempo hasta que pueda aparecer por tu calle. Además, debo añadir que a partir
de ahora no podré llevarte las cartas personalmente. A la larga, sería demasiado
arriesgado. A partir de ahora, mi pequeño mensajero te las llevará, y las depositará
directamente en el lugar secreto del jardín. Puedes seguir poniéndote en contacto
conmigo cuando sientas necesidad de ello. En ese caso, tendrás que poner un sobre de
color rosa con una galletita dulce o un terrón de azúcar dentro. Cuando mi mensajero
descubra una carta así, me traerá el correo. P. D. No es muy agradable tener que rechazar
tu invitación a tomar café, pero a veces resulta totalmente necesario. P. D P. D.
Si encontraras un pañuelo rojo de seda, ruego lo guardes bien. De vez en cuando, objetos
de este tipo se cambian por error en colegios y lugares así, y ésta es una escuela de
filosofía. Saludos, Alberto Knox. Sofía tenía catorce años y en el transcurso de su vida
había recibido unas cuantas cartas, por Navidad, su cumpleaños y fechas parecidas. Pero
esta carta era la más curiosa que había recibido jamás. No llevaba ningún sello. Ni
siquiera había sido metida en el buzón. Esta carta había sido llevada directamente al
lugar secretísimo de Sofía dentro del viejo seto. También resultaba curioso que la carta
se hubiera mojado en ese día primaveral tan seco. Lo más raro de todo era, desde luego,
el pañuelo de seda. El profesor de filosofía también tenía otro alumno. ¡Vale! Y ese otro
alumno había perdido un pañuelo rojo de seda. ¡Vale! ¿Pero cómo había podido perder
el pañuelo debajo de la cama de Sofía? Y Alberto Knox... ¿No era ése un nombre muy
extraño? Con esta carta se confirmaba, al menos, que existía una conexión entre el
profesor de filosofía y Hilde Møller Knag. Pero lo que resultaba completamente
incomprensible era que también el padre de Hilde hubiera confundido las direcciones.
Sofía se quedó sentada un largo rato meditando sobre la relación que pudiese haber entre
Hilde y ella. Al final, suspiró resignada. El profesor de filosofía había escrito que un día
le conocería. ¿Conocería a Hilde también? Dio la vuelta a la hoja y descubrió que había
también algunas frases escritas al dorso: ¿Existe un pudor natural? Más sabia es la que
sabe lo que no sabe La verdadera comprensión viene de dentro Quien sabe lo que es
correcto también hará lo correcto. Sofía comprendió que las frases cortas que venían en
el sobre blanco la iban a preparar para el próximo sobre grande que hallaría muy poco
tiempo después. Se le ocurrió una cosa: si el mensajero, iba a depositar el sobre ahí, en
el Callejón, podía simplemente ponerse a esperarle. ¿O sería ella? ¡En ese caso se
agarraría a esa persona hasta que él o ella le contara algo más del filósofo! En la carta
ponía, además, que el mensajero era pequeño. ¿Se trataría de un niño? « ¿Existe un pudor
natural?» Sofía sabía que pudor era una palabra anticuada que significaba timidez; por
ejemplo, sentir pudor porque alguien te vea desnudo. ¿Pero era en realidad natural
sentirse intimidado por ello? Decir que algo es natural, significa que es algo aplicable a
la mayoría de las personas. Pero en muchas partes del mundo, era natural ir desnudo.
¿Entonces, era la sociedad la que decidía lo que se podía y lo que no se podía hacer?
Cuando la abuela era joven, por ejemplo, no se podía tomar el sol en top less. Pero, hoy
en día, la mayoría opinaba que era algo natural; aunque en muchos países sigue estando
terminantemente prohibido. Sofía se rascó la cabeza. ¿Era esto filosofía? Y luego la
siguiente frase: Más sabia es la que sabe lo que no sabe. ¿Más sabia que quien? Si lo que
quería decir el filósofo era que, una que era consciente de que no sabía todo, era más
sabia que una que sabía igual de poco, pero que, sin embargo, se imaginaba saber un
montón, entonces no resultaba difícil estar de acuerdo. Sofía nunca había pensado en
esto antes. Pero cuanto más pensaba en ello, más claro le parecía que el saber lo que uno
no sabe, también es, en realidad, una forma de saber. No aguantaba a esa gente tan segura
de saber un montón de cosas de las que no tenía ni idea. Y luego eso de que los
verdaderos conocimientos vienen de dentro. ¿Pero no vienen en algún momento todos
los conocimientos desde fuera, antes de entrar en la cabeza de la gente? Por otra parte,
Sofía se acordaba de situaciones en las que su madre o los profesores le habían intentado
enseñar algo que ella había sido reacia a aprender. Cuando verdaderamente había
aprendido algo, de alguna manera, ella había contribuido con algo. Cuando de repente
había entendido algo, eso era quizás a lo que se llamaba comprensión. Pues sí, Sofía
opinaba que se había defendido bastante bien en los primeros ejercicios. Pero la
siguiente afirmación era tan extraña que simplemente se echó a reír: Quien sepa lo que
es correcto también hará lo correcto. ¿Significaba eso que cuando un ladrón robaba un
banco lo hacía porque no sabía que no era correcto? Sofía no lo creía. Al contrario,
pensaba que niños y adultos eran capaces de hacer muchas tonterías, de las que a lo
mejor se arrepentían más tarde, y que precisamente lo hacían a pesar de saber que no
estaba bien lo que hacían. Mientras meditaba sobre esto, oyó crujir unas hojas secas al
otro lado del seto que daba al gran bosque. ¿Sería acaso el mensajero? Sofía tuvo la
sensación de que su corazón daba un salto. Pero aún tuvo más miedo al oír que lo que
se acercaba respiraba como un animal. De repente vio un gran perro que había
conseguido meterse en el Callejón desde el bosque. Tenía que ser un labrador. En la
boca llevaba un sobre amarillo grande, que soltó justamente delante de las rodillas de
Sofía. Todo sucedió con tanta rapidez que Sofía no tuvo tiempo de reaccionar. En unos
instantes tuvo el sobre en la mano, pero el perro se había esfumado. Cuando todo hubo
pasado, reaccionó. Puso las manos sobre las piernas y empezó a llorar. No sabía cuánto
tiempo había permanecido así, pero al cabo de un rato volvió a levantar la vista. ¡Conque
ése era el mensajero! Sofía respiró aliviada. Esa era la razón por la que los sobres blancos
siempre estaban mojados por los bordes. Y ahora resultaba evidente por qué tenía como
incisiones en el papel. ¿Cómo no se le había ocurrido? Además, ahora tenía cierta lógica
la orden de meter una galleta dulce o un terrón de azúcar en el sobre que ella mandara
al filósofo. No pensaba siempre tan rápidamente como le hubiera gustado. No obstante,
era indiscutible que tener a un perro bien enseñado como mensajero era algo bastante
insólito. Al menos podía abandonar la idea de obligar al mensajero a revelar dónde se
encontraba Alberto Knox. Sofía abrió el voluminoso sobre y se puso a leer.