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José Luis Páez Fonseca

Cód. 20141379029
Universidad Distrital Francisco José de Caldas
Catedra de Democracia y Ciudadanía

Reforma Constitucional para la Implementación de los Acuerdos de Paz de


La Habana

Con la concertación entre los negociadores del gobierno y de las FARC, comenzó
un proceso de desarme, inserción y reinserción de los guerrilleros en la vida civil,
junto a la implementación de los acuerdos en temas como desarrollo agrario,
participación política, narcotráfico, reparación a víctimas del conflicto, entre otros,
cosas que competen no solo al gobierno y a los exintegrantes del grupo armado
sino a todos los ciudadanos de Colombia. Cada punto del acuerdo implica una
metodología a seguir en su implementación, pero para ello se necesitarían varias
reformas a la constitución vigente, como mínimo para los temas del campo, la
participación política y el sistema judicial.

El acuerdo de desarrollo agrario integral, conlleva como aspectos más importantes


el acceso a la tierra, las zonas de reservas campesinas, y la formalización y
legalización de la propiedad rural. La reforma política implicaría cambios a la
constitución en la creación de nuevas reglas de juego para el reconocimiento de
agrupaciones políticas pequeñas y un fortalecimiento de las organizaciones sociales
y políticas con financiación y estímulo de sus programas, en pocas palabras, una
sociedad política incluyente y no solo para los terratenientes más poderosos. Se
necesitaría otra reforma para crear un órgano transitorio de la jurisdicción especial
para la paz. En este se deberán definir asuntos que aún no están claros, como el
desarrollo de las funciones del tribunal para la paz, si habrá o no personal extranjero
en este, la sala de reconocimiento de verdad y la sala de amnistía e indulto. Aclaro
que no estoy de acuerdo con estos últimos puntos, pues representa impunidad y
seria premiar a aquellos que cometieron crímenes.

Sin embargo, no todos los puntos implican reforma directa, el acuerdo sobre drogas
ilícitas, por ejemplo, no requeriría ninguna, pues solo se necesitan leyes estatutarias
y ordinarias para crear un programa concreto y eficaz de sustitución de cultivos
ilícitos, dar trato especial a los agricultores que renuncien a los cultivos ilegales,
prescindiendo de la acción penal, y construir la estrategia contra los activos
involucrados en el narcotráfico. Se necesitará otra ley estatutaria para reglamentar
la comisión de la verdad, así como para dictar las medidas de reparación a las
víctimas de manera colectiva y para asegurar la participación comunitaria, la
creación de planes de desarrollo con enfoque territorial y de medidas materiales y
simbólicas para atender el daño causado y de reparación de las víctimas en el
exterior, entre otros elementos.

La implementación de estos y otros puntos implicaría, como ya mencioné, la


expedición de varias leyes y decretos por parte del congreso que deroguen algunas
partes de la constitución, no todas; aun así, significaría convocar a una asamblea
constituyente para normalizar los puntos pactados y modificar el Estado mismo
intentando mantener su esencia, pues aunque tiene falencias también hay cosas
rescatables. El hecho de plantearse una asamblea nacional constituyente para
algunos (me refiero a amigos con los que he hablado sobre el tema) es casi un tabú,
y argumentan que este recurso solo se debería usar como última medida en caso
de una crisis. Me pregunto si no vivimos ya en una crisis, lo que sucede es que lleva
tanto tiempo que hasta parece normal. Por otra parte, después de cincuenta años
de una guerra que había perdido su sentido, se ha logrado un acuerdo de paz. Creo
que es motivo suficiente para incentivar un cambio. La búsqueda del fin del conflicto
y la puesta en marcha de una paz firme exigen cambios constitucionales.

La mayoría de personas que vivimos actualmente hemos nacido entre la guerra,


bueno, unos han sido golpeados más que otros, se han perdido vidas de soldados,
guerrilleros y civiles, gente inocente tanto como gente culpable, o más, el caso es
que no conocemos la paz, y es completamente natural temer a lo desconocido. Yo
hablo como una persona que no ha vivido la guerra directamente, pero he oído
historias por parte de mis padres acerca de épocas en las cuales daba miedo hasta
salir a la calle, por temor de que a la vuelta de la esquina pudiera haber una bomba,
miedo de caminar por temor a pisar una mina y quedar inválido de por vida. Ahora
se presenta una oportunidad única, podemos dejar de sentir este tipo de miedo,
pero no podemos dejar que el miedo al cambio sea más grande.