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LOS PROCESOS Y PROCEDIMIENTOS CONSTITUCIONALES Y EL

CONTROL CONSTITUCIONAL

Establece la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia de 2010, en el TÍTULO


XI DISPOSICIONES TRANSITORIAS, lo siguiente:
CAPÍTULO II;
De los Procesos ante la Sala Constitucional:
Demandas sujetas a tramitación:

Artículo 128. Hasta tanto se dicte la Ley que regula la Competencia


Constitucional las demandas a que se refieren los numerales 1, 2, 3, 4, 7, 8, 9 y 17
del artículo 25 de esta ley se tramitarán conforme a lo que dispone este capítulo.

Así, tal como se observa en la Tabla N° 1, la Ley Orgánica de 2010 estableció,


hasta tanto se dicte la ley que regula la Competencia Constitucional, una innovación
sustancial consistente en establecer un proceso por ante la Sala Constitucional.

Tabla N° 1
Del proceso ante la Sala Constitucional

Artículo 129 Requisitos de la demanda


Artículo 130 Solicitudes cautelares
Artículo 131 Oposición a las cautelares
Artículo 132 Designación de ponente
Artículo 133 Causales de inadmisión

Artículo 134 Despacho saneador


Artículo 135 Auto de admisión
Artículo 136 Lapso para librar cartel
Artículo 137 Cartel de emplazamiento.
Artículo 138 Notificación tácita de los interesados
Artículo 139 Participación de los intervinientes
Artículo 140 Lapso de pruebas
Artículo 141 Audiencia pública
Artículo 142 Principio de inmediación y
concentración
Artículo 143 Desistimiento tácito
Artículo 144 Conclusión del debate
A la demanda se debe acompañar un ejemplar o copia del acto impugnado, el
instrumento que acredite el carácter con que actúe el demandante, si no lo hace en nombre
propio, y cualesquiera otros documentos que considere necesarios para hacer valer sus
derechos. El Juzgado de Sustanciación de la Sala Constitucional, en el auto de admisión
debe ordenar “la citación del representante del organismo o del funcionario que haya
dictado el acto”; y debe ordenar “la citación de los interesados, por medio de carteles que se
publicarán en un diario de circulación nacional, para que se den por citados, en un lapso de
10 días hábiles siguientes: contados a partir de la publicación del cartel o de la notificación
del último de los interesados”. El recurrente está obligado a consignar un ejemplar del
periódico donde fue publicado el cartel, dentro de los 3 días siguientes a su publicación, de
manera que el incumplimiento de esta obligación se entiende que desiste del recurso, y se
debe ordenar el archivo del expediente. En el auto de admisión de la demanda también debe
citarse al Fiscal General de la República, si éste no hubiere iniciado el juicio, quien debe
consignar un in-forme hasta el vencimiento del plazo para presentar los informes; y al
Procurador General de la República en el caso de que la intervención de éste en el
procedimiento fuere requerida por estar en juego los intereses patrimoniales de la
República. Durante el lapso de comparecencia de los interesados para hacerse parte en el
juicio, también alegando un simple interés en la constitucionalidad, es decir, con el mismo
carácter popular de la acción, pueden comparecer interesados dándose por citados con el
carácter de coadyuvantes del demandante o como demandados, defensores de la
constitucionalidad de la ley. Es decir, en el proceso constitucional de la constitucionalidad
de las leyes, una vez intentada y admitida una acción popular, cualquier persona que pueda
ser lesionada en sus derechos e intereses puede coadyuvar en la impugnación o en la
defensa del acto recurrido, siempre que reúna las mismas condiciones del demandante.
LOS PROCESOS ANTE LA JURISDICCIÓN CONSTITUCIONAL EN
VENEZUELA

1.- El proceso constitucional de control de la constitucionalidad de las leyes


iniciado mediante la acción popular de inconstitucionalidad.

De acuerdo con Brewer-Carías1, este es el primer proceso constitucional que se


desarrolla ante la Jurisdicción Constitucional, y que ha sido históricamente el que ha
caracterizado al sistema venezolano, es el que tiene por objeto que la Sala Constitucional
juzgue con poderes anulatorios y a instancia de cualquier persona mediante acción popular
la constitucionalidad de las leyes y demás actos estatales de igual rango o valor que las
leyes.
En efecto, de acuerdo con el artículo 336 de la Constitución, la Sala Constitucional
del Tribunal Supremo, como Jurisdicción Constitucional tiene las siguientes atribuciones de
control concentrado de la constitucionalidad de determinados actos estatales, con poderes
anulatorios:
1. Declarar la nulidad total o parcial de las leyes nacionales y demás actos con
rango de ley de la Asamblea Nacional que colidan con esta Constitución.
2. Declarar la nulidad total o parcial de las Constituciones y leyes estadales, de
las ordenanzas municipales y demás actos de los cuerpos deliberantes de los
Estados y Municipios dictados en ejecución directa e inmediata de la
Constitución y que colidan con ésta.
3. Declarar la nulidad total o parcial de los actos con rango de ley dictados por el
Ejecutivo Nacional que colidan con esta Constitución.
4. Declarar la nulidad total o parcial de los actos en ejecución directa e inmediata
de la Constitución, dictados por cualquier otro órgano estatal en ejercicio del
Poder Público.

Por su parte el artículo 25, ordinales 1 a 4 de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo
de Justicia de 2010, ha precisado estas atribuciones de la Sala Constitucional, al atribuirle
poderes para:

1
Allan R. Brewer-Carías: La Justicia Constitucional, Tomo VI, Instituciones Políticas y Constitucionales, op.cit, pp. 137
y ss.
1. Declarar la nulidad total o parcial de las leyes nacionales y demás actos con
rango de ley de la Asamblea Nacional, que colidan con la Constitución de la
República.
2. Declarar la nulidad total o parcial de las constituciones y leyes estadales, de las
ordenanzas municipales y demás actos de los cuerpos deliberantes de los estados
y municipios que sean dictados en ejecución directa e inmediata de la
Constitución de la República y que colidan con ella. 3. Declarar la nulidad total o
parcial de los actos con rango de ley que sean dictados por el Ejecutivo Nacional,
que colidan con la Constitución de la República.
4. Declarar la nulidad total o parcial de los actos en ejecución directa e inmediata
de la Constitución de la República, dictados por cualquier otro órgano estatal en
ejercicio del Poder Público, cuando colidan con ésta.

En relación con este “control concentrado de la constitucionalidad” de las leyes y


demás actos estatales de rango legal o dictados en ejecución directa e inmediata de la
Constitución, que con poderes anulatorios ejerce la Sala Constitucional como Jurisdicción
Constitucional; el artículo 32 de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia de 2010
dispone que

“…el control concentrado de la constitucionalidad sólo corresponderá a la Sala


Constitucional en los términos previstos en esta Ley, mediante demanda popular
de inconstitucionalidad, en cuyo caso, no privará el principio dispositivo,
pudiendo la Sala suplir, de oficio, las deficiencias o técnicas del demandante por
tratarse de un asunto de orden público. Los efectos de dicha sentencia serán de
aplicación general, y se publicará en la Gaceta Oficial de la República
Bolivariana de Venezuela, y en la Gaceta Oficial del estado o municipio según
corresponda…”

Con esta disposición expresa no sólo se ratificó el principio dispositivo para el


inicio del control concentrado de la constitucionalidad mediante el ejercicio de la acción
popular, sino que se acuñó a nivel legal la popularidad de la acción al denominársela
"demanda popular de inconstitucionalidad". Ello implica que la legitimación activa para
intentar las acciones que originan el proceso constitucional de nulidad de las leyes
corresponde a cualquier persona, configurándose la acción como una actio popularis, la
cual, conforme al artículo 135 de la Ley Orgánica, también la puede interponer el Fiscal
General de la República y también, conforme al artículo 281,3 de la Constitución, el
Defensor del Pueblo.
La popularidad de la acción de inconstitucionalidad fue además constatada por la
Sala Constitucional Nº 796 de 22 de julio de 2010 (Caso: Asociación civil Súmate,
Francisco Javier Suárez y otros), en la cual indicó que2:
"por regla general, se ha establecido que la acción de nulidad por
inconstitucionalidad es una acción popular que puede ser ejercida por cualquier
ciudadano, vale decir, que toda persona tiene, en principio, la cualidad o interés
procesal para la impugnación de las leyes o actos con rango de ley, por medio de
la acción de nulidad por inconstitucionalidad. Dicho en otros términos, la
legislación venezolana no exige un interés procesal calificado, ni por la posible
existencia de una especial situación de hecho que vincule alguna posición
jurídico-subjetiva con cierta norma legal (individualizada), ni por el ejercicio de
un cargo público, sea de representación popular o sea dentro del Poder
Ciudadano".

Conforme a esta doctrina, por tanto, y habiendo sido eliminada de la ley Orgánica
del Tribunal Supremo la exigencia de que la ley impugnada mediante la acción popular
tuviese que afectar los derechos e intereses del recurrente, todo habitante del país con plena
capacidad jurídica puede intentar la acción de inconstitucionalidad contra las leyes, sin
distingo alguno, sean emanadas de la Asamblea Nacional, de los Consejos Legislativos de
los Estados de la federación o de los Concejos Municipales (Ordenanzas).
Sin embargo, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo, en la misma sentencia
Nº 796 de 22 de julio de 2010 (Caso: Asociación civil Súmate, Francisco Javier Suárez y
otros)3 , después de reconocer el carácter popular de la acción, le negó a una conocida
Asociación Civil, la Asociación Civil Súmate, que se ha destacado precisamente por su
activa participación en materia de control sobre los procesos electorales y para garantizar el
ejercicio del derecho activo y pasivo al sufragio, el derecho a participar en el control de
constitucionalidad de las leyes, desestimando la cualidad de la misma como Asociación
para interponer una acción popular contra los actos estatales de convocatoria a un referendo
aprobatorio para una enmienda constitucional, declarando su "falta de legitimación" para
interponer una demanda de nulidad.
En consecuencia, la Sala Constitucional, pura y simplemente, sin autoridad alguna
para ello, desestimó la cualidad de la Asociación Civil "para interponer la presente
demanda de nulidad, por carecer de legitimidad para actuar en defensa de intereses
extranjeros sobre asuntos de política interna".

2
http://www.tsj.gov.ve/decisiones/scon/Julio/796-22710-2010-09-0555.html
3
http://www.tsj.gov.ve/decisiones/scon/Julio/796-22710-2010-09-0555.html
O sea, que conforme a esta arbitraria doctrina jurisprudencial, en definitiva, la
acción popular de inconstitucionalidad dejó de ser "popular", en el sentido de que para la
Sala Constitucional no "toda persona" tiene la cualidad o interés procesal para intentarla,
careciendo de legitimación, por ejemplo, según la Sala, aquellas "personas" que liderizen
sectores que sean de oposición "al gobierno legítimo y democrático".

2. El proceso constitucional de control de la constitucionalidad de las leyes como


incidente con motivo del control difuso de constitucionalidad efectuado por
otras Salas del Tribunal Supremo

El artículo 334 de la Constitución establece lo siguiente:

Todos los jueces o juezas de la República, en el ámbito de sus competencias y


conforme a lo previsto en esta Constitución y en la ley, están en la obligación de
asegurar la integridad de esta Constitución.
En caso de incompatibilidad entre esta Constitución y una ley u otra norma
jurídica, se aplicarán las disposiciones constitucionales, correspondiendo a los
tribunales en cualquier causa, aun de oficio, decidir lo conducente.
Corresponde exclusivamente a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de
Justicia, como jurisdicción constitucional, declarar la nulidad de las leyes y
demás actos de los órganos que ejercen el Poder Público dictados en ejecución
directa e inmediata de esta Constitución o que tengan rango de ley, cuando
colidan con aquella.

Así, una de las formas específicas para el ejercicio de la justicia constitucional en


Venezuela, es la posibilidad que tiene todo juez de la República, incluyendo las otras Salas
del Tribunal Supremo, de ser juez de la constitucionalidad de las leyes. Se trata del método
denominado de control difuso de la constitucionalidad de leyes que existe en Venezuela
desde el siglo XIX regulado además de en el artículo 334 de la Constitución, antes citado,
en el artículo 20 del Código de Procedimiento Civil, que establece que:

Cuando la ley vigente, cuya aplicación se pida, colidiere con alguna disposición
constitucional, los jueces aplicarán ésta con preferencia.

El principio del control difuso también se recogió en el artículo 19 del Código


Orgánico Procesal Penal, con este texto:
Control de la Constitucionalidad. Corresponde a los jueces velar por la
incolumidad de la Constitución de la República. Cuando la ley cuya aplicación se
pida colidiere con ella, los tribunales deberán atenerse a la norma constitucional.
Así, al pronunciarse respecto de la coherencia que necesariamente ha de existir en la
aplicación de los métodos del control concentrado y del control difuso de la
constitucionalidad de las leyes previstos en el artículo 334 de la Norma Fundamental, la
Sala Constitucional ha sostenido, entre otras, en su sentencia N° 1.400 del 8 de agosto de
2001, caso: “Jesús Pérez Salazar y otros”, que “(...) el juez constitucional debe hacer
saber al Tribunal Supremo de Justicia sobre la decisión adoptada, a los efectos del
ejercicio de la revisión discrecional atribuida a la Sala Constitucional conforme lo
disponen los artículos 335 y 336.10 de la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela”, ello a los efectos de que pueda la Sala Constitucional, como máximo y último
intérprete de la Constitución, garantizar su supremacía y correcta aplicación por los demás
Tribunales de la República, incluidas las demás Salas del Tribunal Supremo de Justicia.
Posteriormente, en el fallo Nº 1.998 del 22 de julio de 2003 (caso: “Bernabé
García”), respecto de la posibilidad de revisar las decisiones definitivamente firmes de
control de la constitucionalidad remitidas por los tribunales de instancia, la Sala sostuvo:

“(…) En lo que respecta a las decisiones definitivamente firmes de control de


constitucionalidad se revisa una decisión que declara la inconstitucionalidad de
una norma –con efectos sólo en el caso concreto-, cuya aplicación o
desaplicación puede vulnerar el orden público constitucional, y cuya
inconstitucionalidad, con efectos vinculantes para las demás Salas y todos
tribunales de la República, sólo puede ser pronunciada por esta Sala, la única
con atribución constitucional para tal pronunciamiento.
(…)
Por todo ello, y para la mayor eficacia de la conexión entre el control
concentrado, que corresponde a esta Sala, y el control difuso, que corresponde a
todos los jueces de la República, debe darse, como se dio en la sentencia que
antes se citó, un trato diferente a la remisión ex oficio que, para su revisión, haya
hecho el juez que la dictó; se obtendrá así una mayor protección del texto
constitucional y se evitará la aplicación general de normas inconstitucionales o
la desaplicación de normas ajustadas a la Constitución en claro perjuicio para la
seguridad jurídica y el orden público constitucional. Por las razones que
preceden se reitera que, no sólo el juez puede remitir las sentencias
definitivamente firmes en las cuales, en resguardo de la constitucionalidad,
desaplique una norma, sino que está obligado a ello (…)” (Subrayado del fallo).

Por otra parte, en sentencia Nº 3.126 del 15 de diciembre de 2004, (caso: “Ana
Victoria Uribe Flores”), esta Sala al analizar los fallos sobre los cuales la Sala ejerce la
revisión, ratificó el criterio en cuestión: “(...) el control de esta Sala se realizará respecto
de aquellos fallos en los que efectivamente se haga un pronunciamiento definitivamente
firme sobre la desaplicación de una norma por control difuso (…)”.
Asimismo, en sentencia Nº 1.696/2005 la Sala estableció lo siguiente en relación con
la posibilidad de revisar las decisiones definitivamente firmes de control de la
constitucionalidad remitidas por los tribunales de instancia:
“(…) Ahora bien, una vez realizado el control difuso, a partir de la vigente
Constitución, la Sala Constitucional tiene la facultad de revisar las sentencias que
lo contengan, tal como lo señala el artículo 336.10 constitucional; y a falta de una
Ley Orgánica que lo regule, y antes de que se promulgara la Ley Orgánica del
Tribunal Supremo de Justicia, la Sala había decidido que las sentencias de última
instancia que aplicaran el control difuso, debían ser informadas a la Sala
Constitucional, a fin de calificar si el control había sido mal o bien aplicado.
En sentencia de 8 de agosto de 2001 (Caso: Jesús Pérez Salazar y Rafael
Muñoz), la Sala sostuvo que ‘el juez constitucional debe hacer saber al Tribunal
Supremo de Justicia sobre la decisión aprobada, a los efectos de la revisión
discrecional atribuida a la Sala Constitucional conforme lo disponen los artículos
335 y 336.10 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela’.
La doctrina anteriormente expresada en forma general, tuvo lugar con motivo de
un amparo basado en el artículo 3 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos
y Garantías Constitucionales, y fue reiterada en sentencia del 4 de noviembre de
2003 (Caso: Ballardo Martín Natera) donde la Sala distinguió la desaplicación de
una norma por inconstitucional, por un juez distinto a ella, cuyo fallo debía serle
informado, de la nulidad de un acto procesal, por considerarlo el juez de la causa
inconstitucional, supuesto en que no era necesario ni consulta ni información a la
Sala.
En fallo de 25 de mayo de 2001, dictado por esta Sala con carácter vinculante, ya
se estableció que el poder de anular actos procesales por atentar contra la
Constitución o sus principios, no constituían un control difuso, sino la obligación
de aplicar la ley, cuya base es la propia Constitución, y declarar írrito el acto
procesal realizado en contravención a la Constitución.
Tales sentencias –en ese sentido- no se consultan con el Superior, ni se informan
a la Sala.
Pero, en relación a las sentencias de cualquier Tribunal, donde por colidir con la
Constitución se desaplican normas jurídicas (legales o sublegales), desde el fallo
No. 1225 de 19 de octubre de 2000 (Caso: Ascánder Contreras Uzcátegui), la
Sala sostuvo: ‘…el Tribunal o Sala desaplicante deberán remitir a esta Sala
Constitucional copia de la decisión, a la cual anexarán copia de los autos, con el
fin de someterlo a la revisión correspondiente, todo en obsequio de la seguridad
jurídica y de la coherencia que debe caracterizar al ordenamiento jurídico en su
conjunto’. Ese mismo criterio fue reiterado por esta Sala en sentencia No. 1998
de 22 de julio de 2003 (Caso: Bernabé García), y en fallo No. 3268 de 20 de
noviembre de 2003 (Caso: Jhon Jairo Gutiérrez).
En consecuencia, es claro que el criterio de la Sala, antes de la vigencia de la Ley
Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia, ha sido que el juez que declare un
control difuso y desaplique una norma, debe informarlo a esta Sala.
Tal obligación se extiende al Juzgado que por cualquier motivo conozca una
causa en segunda instancia, así no entre a decidir la apelación, pero que se entere
que hubo un control difuso declarado por el inferior y no conste que informó a la
Sala de lo decidido.
En supuestos donde la alzada no entre a conocer, por cualquier causa, el fondo de
la apelación, pero conoce del control difuso realizado por el inferior, el juez de la
alzada debe enviar los autos a la Sala, a fin de que se cumplan los trámites
relativos a la seguridad jurídica.
Considera la Sala que mantener la seguridad jurídica y la coherencia del
ordenamiento jurídico es materia de orden público, ya que de no lograrse estas
metas surgiría un caos que afecta a toda la sociedad.
Por ello, opina que lo relativo al control difuso es materia de orden público
constitucional, y así se declara (…)”.

De acuerdo con el artículo 336 numeral 10 de la Constitución de la República


Bolivariana de Venezuela, corresponde a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de
Justicia realizar el examen de las sentencias de control de la constitucionalidad que dicten
los tribunales de la República, en los siguientes términos:

“Artículo 336. Son atribuciones de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo


de Justicia:
…omissis…
10. Revisar las sentencias definitivamente firmes de amparo constitucional y de
control de constitucionalidad de leyes o normas jurídicas dictadas por los
Tribunales de la República, en los términos establecidos por la ley orgánica
respectiva.”
Correlativamente, el artículo 25, numeral 12 de la Ley Orgánica del Tribunal
Supremo de Justicia vigente –que sustituyó el numeral 16 del artículo 5 de la Ley Orgánica
del Tribunal Supremo de Justicia de 2004, vigente rationae temporis- , ratifica la
competencia de la Sala Constitucional para conocer de las sentencias definitivamente
firmes en las cuales se haya aplicado el control difuso de la constitucionalidad, en los
siguientes términos:

“Artículo 25. Son competencias de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo


de Justicia:
…Omissis…
12. Revisar las sentencias definitivamente firmes en las que se haya ejercido el
control difuso de la constitucionalidad de las leyes u otras normas jurídicas, que
sean dictadas por las demás Salas del Tribunal Supremo de Justicia y demás
tribunales de la República”.

3. El proceso constitucional de control preventivo de la


constitucionalidad de los Tratados

En el artículo 336, ordinal 5º de la Constitución de 1999 se estableció una


innovación en materia de control de constitucionalidad, al regularse la competencia de la
Sala Constitucional, en relación con los tratados internacionales, para:
5º. Verificar, a solicitud del Presidente o Presidenta de la República o de la
Asamblea Nacional, la conformidad con esta la Constitución de los tratados
internacionales suscritos por la República antes de su ratificación.

Se incorporó así al sistema de justicia constitucional venezolano, un proceso de


control de constitucionalidad (que se recoge en el artículo 25.5 de la Ley Orgánica) que
tuvo su origen en los sistemas constitucionales europeos, como el francés y el español, y
que existe en Colombia, mediante el cual se permite el control de la constitucionalidad de
un tratado internacional suscrito por la República, antes de su ratificación y en su caso,
antes de su aprobación por ley. Esta atribución de la Sala Constitucional, por supuesto, no
elimina la posibilidad de que mediante una acción popular cualquier persona pueda iniciar
un proceso constitucional contra la ley aprobatoria de un Tratado. Lo que se persigue con
esta atribución, es que en forma preventiva, es decir, antes de la ratificación del Tratado y
en su caso, antes de que se sancione la ley aprobatoria, la Sala Constitucional pueda
pronunciarse sobre su constitucionalidad.

4. El proceso constitucional de control preventivo de la constitucionalidad de leyes


sancionadas antes de su promulgación

El artículo 214 de la Constitución, muestra el control preventivo de la


constitucionalidad de las leyes sancionadas por la Asamblea Nacional. El Presidente de la
república, al recibir la ley sancionada para su promulgación puede solicitar a la Sala
Constitucional, en el lapso que tiene para promulgar las leyes, que esta la revise por
cuestiones de constitucionalidad.
La legitimación activa para iniciar este proceso se reserva al Presidente de la
República, por lo que con esta regulación se ratifica el criterio jurisprudencial de la
improcedencia de la acción popular contra las leyes sancionadas, antes de su promulgación
ejecutiva y su publicación.
. Ahora bien, dado el interés general envuelto en la publicación de las leyes
sancionadas por la Asamblea Nacional, si bien la Constitución exige que la Sala
Constitucional resuelva la solicitud presidencial en un breve lapso 15 días contados desde
el recibo de la comunicación del Presidente; ello no debe impedir que en el proceso
constitucional que debe abrirse, cualquier persona, inclusive los diputados que votaron la
ley, se puedan hacer parte en el proceso, sea como coadyuvantes de las objeciones de
inconstitucionalidad formuladas por el Presidente de la República, sea como defensores de
la constitucionalidad de la ley sancionada, con base en su simple interés en la
constitucionalidad y dada la tradición de la popularidad del control de constitucionalidad de
las leyes. A tal efecto, al recibir la solicitud del Presidente de la república, la Sala
Constitucionalidad debe hacer pública la solicitud a los efectos de garantizar el
contradictorio del proceso, emplazando y citando a los interesados para que se puedan
hacer parte.

5. El proceso constitucional de control de la inconstitucionalidad de la omisión del


Legislador y de los otros órganos del Poder Público

El artículo 336 de la Constitución atribuyó a la Sala Constitucional, competencia


para:
7. Declarar la inconstitucionalidad de las omisiones del poder legislativo
municipal, estadal o nacional, cuando hayan dejado de dictar las normas o
medidas indispensables para garantizar el cumplimiento de la Constitución, o las
hayan dictado en forma incompleta, y establecer el plazo y, de ser necesario, los
lineamientos de su corrección.

La Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia ha reiterado esta competencia de


la Sala Constitucional, en el artículo 25, párrafo 7º, asignándole potestad para:
7. Declarar la inconstitucionalidad de las omisiones del Poder Legislativo
Municipal, Estadal o Nacional cuando haya dejado de dictar las normas o
medidas indispensables para garantizar el cumplimiento de la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela, o las haya dictado en forma incompleta, y
establecer el plazo y, de ser necesario, los lineamientos generales esenciales para
su corrección.

Esta norma no establece condicionamiento alguno a la legitimación, por lo que


tratándose de omisiones normativas, el mecanismo para impulsar su control puede recibir el
mismo tratamiento de una acción popular, es decir, bastaría el simple interés en la
constitucionalidad para intentar la acción.
Aún cuando la Ley Orgánica no reguló procedimiento alguno en este caso, la
naturaleza popular de la acción, debería conducir a un proceso contradictorio, en el sentido
de que la Sala debería citar al titular del órgano omiso, y además, mediante cartel, a todas
las personas interesadas a los efectos de que puedan hacerse parte en el proceso, aplicando
analógicamente el procedimiento para los casos de control de la constitucionalidad
iniciados mediante la acción popular.

6. El proceso constitucional de las controversias constitucionales entre los órganos


del Poder Público

El Tribunal Supremo, en Sala Constitucional, también tiene competencia, conforme


al artículo 336 de la Constitución, para:
9. Dirimir las controversias constitucionales que se susciten entre cualesquiera de
los órganos del Poder Público.

La Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia ha reiterado esta competencia de


la Sala Constitucional, en el artículo 25, párrafo 9º, asignándole potestad para:
9. Dirimir las controversias constitucionales que se susciten entre cualesquiera de
los órganos del Poder Público.

Esta competencia de la Sala Constitucional, como Jurisdicción Constitucional, tiene


por objeto resolver los conflictos constitucionales que se planteen entre los órganos que
ejercen el Poder Público, tanto en su distribución vertical (República, Estados y
Municipios), como en su división horizontal a nivel nacional (Poder Legislativo, Poder
Ejecutivo, Poder Judicial, Poder Ciudadano, Poder Electoral) y a nivel estadal y municipal
(Poder Legislativo y Poder Ejecutivo).
Es decir, se trata de la resolución de controversias sobre atribuciones
constitucionales entre los órganos que ejercen del Poder Público; que son distintas a las
controversias administrativas que se puedan suscitar entre la República, los Estados,
Municipios u otro ente público, las que compete ser resueltas por la Sala Político-
Administrativa del Tribunal Supremo de Justicia (art. 266,4), como Jurisdicción
Contencioso-Administrativa.
En este sentido, el término "controversias constitucionales" está referido a dos
supuestos a saber: (i) la competencia de la Sala para solucionar las controversias entre
órganos del Poder Público relacionadas con materias de índole político-territorial derivadas
del sistema federal y descentralizado de gobierno; y (ii) la competencia de la Sala para
resolver las controversias que surjan entre los órganos del Poder Público cuyas atribuciones
estén previstas en la Constitución. En estos supuestos, el Tribunal Supremo de Justicia debe
señalar a cuál de los órganos corresponde determinado territorio o el ejercicio de una
competencia constitucionalmente establecida.