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El primer problema que se plantea en la psicopatología como ciencia es la definición de su

propio campo de estudio. En términos generales se asume que es el estudio de la conducta


anormal. Por ello, el paso previo es definir lo que se entiende por anormal. Sobre este aspecto aún
no existe un acuerdo unitario, ya que siguen coexistiendo múltiples “criterios de anormalidad“, tales
como el estadístico, el social, el subjetivo y el biológico. Entre las razones que justifican tal
diversidad de criterios se encuentran la propia indeterminación histórico-conceptual de la
psicopatología y la creatividad de los propios criterios (según el momento histórico y el contexto
sociocultural).

El criterio subjetivo puede ser apropiado para delimitar un trastorno de ansiedad, pero
desde luego inadecuado para el diagnóstico de un cuadro de esquizofrenia. Un aspecto adicional
de suma relevancia futura en psicopatología es la necesidad de considerar no solo lo negativo, es
decir, la normalidad o enfermedad, sino también la faceta positiva, la salud, la cual no es
únicamente ausencia del trastorno, sino también presencia de bienestar.

Los diversos criterios de anormalidad se han venido plasmando de forma más o menos
consistente en modelos generales que tratan de dar cuenta sobre los diferentes problemas que
plantea la psicopatología. No todos los modelos revisten el mismo grado de cientificidad,
coherencia y poder predictivo y explicativo sobre la conducta anormal. Hemos hecho hincapié en
tres de estos modelos por su particular relevancia actual: El Biomédico (biológico), El Conductual y
el Cognitivo.

MODELO BIOMEDICO Ó BIOLOGICO

La perspectiva biológica asume como principio fundamental que el trastorno mental es una
enfermedad. Así, las alteraciones psicopatológicas se producen porque existen anormalidades
biológicas subyacentes. El tratamiento deberá corregir esas anormalidades orgánicas.

En psicopatología siempre se ha considerado a Hipócrates como el predecesor del


enfoque médico en una extrapolación del modelo kraepeliniano. Una variedad de circunstancias se
dieron cita en el siglo XIX que realzaron el estatus del modelo biológico, como la difusión de la
teoría de Kraepelin. En el siglo XX, el modelo biomédico mantiene su influencia y se consolida a
partir de los 50, cuando se comienzan a sintetizar y utilizar distintas clases de drogas psicotrópicas
que mostraron su eficacia en distintos trastornos mentales.

Se presupone que la alteración del cerebro es la causa primaria de la conducta anormal o


de la anormalidad mental. Los trastornos mentales estarían relacionados con las alteraciones
celulares del cerebro. Las alteraciones pueden ser anatómicas (el tamaño o la forma de regiones
cerebrales puede ser anormal) o bioquímicas (alteración de elementos bioquímicos por exceso o
defecto). A su vez, esas alteraciones pueden ser consecuencia de factores genéticos, metabólicos,
infecciosos, alérgicos, tumorales, cardiovasculares, traumáticos.

Según Buss, y en relación con las causas del trastorno pueden distinguirse 3 tipos de enfermedad:

 Enfermedad infecciosa (un microorganismo ataca a un órgano o sistema: gripe,


hepatitis…).
 Enfermedad sistémica (diabetes).
 Enfermedad traumática, como una fractura o condición producida por ingestión de una
sustancia tóxica.

Los defensores del Modelo Biológico entienden el comportamiento anormal como una
enfermedad producida por el funcionamiento patológico de alguna parte del organismo. Se
presupone que la alteración del cerebro (orgánico o funcional), o en última instancia del SNC, es la
causa primaria de la conducta anormal. Los clínicos han distinguido tradicionalmente los
“trastornos mentales orgánicos” de los “trastornos mentales funcionales”.

 Los trastornos mentales orgánicos son aquellos que tienen causas físicas claras. Ej: Corea
de Huntington, enfermedad de Alzheimer.

 Los trastornos mentales funcionales son patrones de conducta anormales sin claros
indicios de alteraciones orgánicas cerebrales, como los trastornos de ansiedad, depresión
y esquizofrenia. Los estudios sobre el efecto que las drogas tienen en el cerebro han
contribuido a que se conozca mejor su funcionamiento en relación a los trastornos
mentales que responden positivamente a ciertos psicofármacos. Así se sabe que las
alteraciones en la actividad de diversos neurotransmisores se pueden asociar a distintos
trastornos mentales.

No obstante el “modelo Biológico“, adolece de diversos problemas y limitaciones. En su


ambición explicativa más extrema parece hipotetizar que toda la conducta humana se explica en
términos biológicos y por tanto puede ser tratado con técnicas biológicas. Este reduccionismo
puede limitar más que potenciar nuestro conocimiento del comportamiento anormal. Aunque es
cierto que los procesos biológicos afectan a nuestro pensamiento y emociones, también lo es que
ellos mismos están influenciados por variables psicológicas y sociales. Nuestra vida mental es una
interacción de factores biológicos y no biológicos (psicológicos, sociales, culturales, ambientales,
etc), por lo que es más relevante explicar esa interacción que centrarse exclusivamente en las
variables biológicas.

MODELO CONDUCTUAL
La base del modelo conductual se encuentra en el desarrollo y aplicación de los principios
del aprendizaje llevado a cabo en EEUU: Watson: Condicionamiento de respuestas emocionales;
Thorndike: Conductas instrumentales, "ley del efecto"; Hull: Variables intermedias motivacionales
(impulso o drive)… Pero los antecedentes más remotos se remontan a los autores soviéticos:
Sechenov, Paulov, Bechterev. Su influencia se plasmó a través de la influencia de Watson en 2
conceptos fundamentales: uno metodológico, el objetivismo, y otro teórico, el condicionamiento.

Las primeras formulaciones sobre la teoría conductual de la conducta anormal se


establecen en los 60 con Wolpe, Eysenck y Jones. Estos autores se centran principalmente en la
explicación de la conducta neurótica, que consiste en hábitos desadaptativos adquiridos mediante
procesos de aprendizaje.

Rachman y Costello resumen los aspectos esenciales de la teoría conductual de las fobias:

 Las fobias son respuestas aprendidas.

 Los estímulos fóbicos se desarrollan cuando se asocian temporal y espacialmente a un


estado de cosas que producen miedo.

 Los estímulos neutros que tienen relación con la situación que produce miedo o impacto
sobre la persona en esta situación, desarrollarán cualidades fóbicas con mayor
probabilidad que los estímulos débiles o ajenos a la situación.

 La repetición de la asociación entre la situación de miedo y los nuevos estímulos fóbicos


reforzará la fobia.

 Las asociaciones entre situaciones de miedo muy intenso y estímulos neutros, producirán
con mayor probabilidad reacciones fóbicas.

 Se produce generalización del estímulo fóbico original a otros estímulos de naturaleza


similar.

A principios de los 60, el modelo conductual se perfila como nuevo paradigma de la Psicología
clínica.

Dos factores primarios determinaron su surgimiento:

 La madurez alcanzada por la psicología del aprendizaje.

 La insatisfacción con el estatus científico y modus operandi del modelo médico.


La evolución histórica de la perspectiva conductual ha dado lugar a distintas orientaciones
o submodelos.

El Modelo Conductual surgió como una reacción a las inadecuaciones del modelo médico,
a los planteamientos especulativos, subjetivos e intuitivos de la época, y como intento de aplicar
los principios de la psicología experimental al campo del comportamiento normal. EL modelo
conductual se formula de forma prioritaria en relación con los trastornos neuróticos, y sus principios
fundamentales son la objetividad y el aprendizaje de los trastornos del comportamiento (principios
del condicionamiento clásico y operante). Entiende los problemas psicopatológicos como
conductas desadaptativas aprendidas a través de la historia del individuo (importancia del
ambiente), rechaza el concreto de enfermedad por considerar que, aunque puede ser apropiado
para las enfermedades físicas, no se ajusta a los problemas de conductas.

El modelo ha sido criticado por ser excesivamente reduccionista (militarse a relaciones


entre estímulos y respuestas) y ser excesivamente ambientalistas. Estas críticas no obstante, solo
son válidas en relación con la versiones radicales del modelo ( orientación skinneriana), ya que el
conductismo metodológico asume diversas formas de variables subjetivas y no observables
directamente (cogniciones, atención imaginación imitación, etc) En particular los enfoques
modernos, tales como los basados en el condicionamiento pavloviano, permiten un acercamiento
más complejo y realista sobre la conducta anormal, que entienden el aprendizaje en términos del
procesamiento más complejo y realista sobre la conducta anormal, ya que entienden el aprendizaje
en términos del procesamiento de la información y no únicamente en términos de relaciones de
contigüidad entre los estímulos y las respuestas. Así mismo, las asociaciones según esta forma de
aprendizaje son asociaciones del tipo E-E y no únicamente del tipo E-R. Se incluyen, por tanto, las
variables cognitivas como elementos metodológicos y conceptuales del aprendizaje implicado en el
desarrollo de la conducta anormal.

El modelo conductual cumple los requisitos de una teoría científica. Sus hipótesis han sido
probadas experimentalmente, y como tal el modelo ha servido para explicar y predecir eficazmente
la conducta desadaptada, la aplicación de los principios del modelo conductual, mediante la
denominada terapia de conducta, ha resultado ser superior a otros procedimientos de intervención
terapéutica conocidos. En la actualidad, el modelo evoluciona hacia una mayor consideración de
los componentes cognitivos relacionados con la conducta anormal.

Otros de los grandes modelos o perspectivas de la psicopatología, cuyo desarrollo se ha


producido en épocas más recientes que los dos anteriores es el modelo cognitivo.

MODELO COGNITIVO
Las fuentes de la psicología cognitiva son más dispersas que la de la psicología
conductual. Además de la Teoría del PI como antecedente reciente, hay que considerar otras como
la Psicología de la Gestalt. Sus planteamientos influyeron decisivamente no sólo en la percepción
de los objetos en el mundo físico, sino en la percepción de los objetos sociales. Psicólogos
sociales como Lewin, Heider y Festinger enfatizaban la importancia de la percepción consciente y
de su evaluación. Aludían a conceptos mentalistas como "expectativa", "nivel de aspiración",
"balance"…). Ninguno de estos conceptos posee una correspondencia unívoca con el
comportamiento observable, pero son conceptos hipotéticos que explican ese comportamiento.

Otra disciplina importante es la psicología de la personalidad, especialmente la derivada de


los planteamientos de G.A. Kelly sobre los sistemas de constructos personales con los que las
personas categorizamos el mundo, interpretamos los eventos y elaboramos predicciones. A partir
de aquí es posible la consideración de los rasgos de la personalidad como categorías cognitivas.

También es importante el tratamiento que desde la psicología cognitiva se ha dado al


campo de las emociones y los afectos, especialmente por autores como Weiner y Lazarus. Las
teorías cognitivas sobre la emoción parten del supuesto de que todo estímulo o situación debe ser
primero identificado, reconocido y clasificado antes de que pueda ser evaluado y de que active la
respuesta emocional. En consecuencia, la cognición es una condición previa a la emoción. Ahora
bien, la realización de una tarea que no evoca emoción, será cualitativamente distinta de la que si
provoca algún significado emocional previamente almacenado en la memoria. Estos
planteamientos han tenido muchas críticas, pues convierte a las emociones en un proceso de
conocimiento secundario a otros como la atención, percepción o memoria.

Actualmente, la psicología cognitiva, no se restringe al paradigma del procesamiento de la


información, aunque sigue siendo uno de sus pilares más importantes. Que esté formada por
tantas opciones es un problema para ser considerada como un paradigma unitario.

La perspectiva cognitiva de la psicopatología se basa en el desarrollo de la propia


psicología cognitiva. Las fuentes de la psicología cognitiva son más dispersa y heterogéneas que
las correspondientes a la psicología conductual. Al menos debemos tener en cuentas los
siguientes antecedentes recientes de la psicología cognitiva:

1. Teoría del procesamiento de la información; desde esta línea ha influido de forma decisiva
el desarrollo de las ciencias de la computación y, a su vez, la simulación del procesamiento
de la información del cerebro humano a partir del funcionamiento del ordenador (se trata
de estudiar los fenómenos mentales a partir de procedimientos externos de simulación).
2. Psicología de la Gestalt y psicología social cognitiva; concepto esenciales como los de
expectativa, atribución, valores, creencias, etc, se desarrollan a parir de estos movimientos
teóricos.

3. Psicología de la Personalidad (ejemplo, teoría sobre los constructos personales de Kelly)

4. Psicología de las Emociones (Shachter y otros).

Todas esas fuentes cada una a su modo, han influido y están influyendo de forma
semejante en la psicopatología cognitiva. Así mientras que la teoría del procesamiento de la
información se ha aplicado más a los procesos y estructuras mentales, la influencia de la psicología
social ha sido en general más patente sobre los contenidos mentales.

La psicología cognitiva ha delimitado algunos conceptos básicos relacionados


principalmente con “el procesamiento de la Información”. La consideración teórica, así como su
operatividad experimental, de muchos de estos principios ha resultado ser de enorme interés en la
investigación de los problemas psicopatológicos. Así, por ejemplo, es precisa y útil la delimitación
del procesamiento automático en contraposición al controlado, o la separación entre
procesamiento secuencial o procesamiento en paralelo, o de la consideración de otros conceptos
como las jerarquías de control o las contingencias en el procesamiento.

La psicopatología cognitiva o perspectiva cognitiva de la psicopatología, al igual que la


propia psicología cognitiva, es algo heterogéneo que se caracteriza por una multiplicidad de
contenidos y opciones, lo cual hace difícil su consideración como un paradigma o modelo unitario.
No obstante el enfoque cognitivo de la psicopatología maneja ciertos conceptos que lo identifican.
En principio, su objeto de estudio, más que centrarse en las conductas lo hace en los fenómenos
mentales. Es, en cierto modo, una vuelta a la introspección y a la conciencia (aunque también se
interesa por el procesamiento automático), si bien con una metodología y unos marcos teóricos de
referencia notablemente mejorados.

A parte del análisis de los “diferentes modelos” de la psicopatología se podría conciliar la


importancia que reviste un acercamiento metodológico multidisciplinar. Cada uno de los tres
modelos (biológico, conductual y cognitivo) tiende a enfatizar un aspecto de la problemática
psicopatológica (mecanismos fisiológicos, conducta y procesos mentales, respectivamente). A
veces se han sugerido la necesidad de contemplar las aportaciones de los diferentes enfoques
teóricos, en lugar de encerrarse en una sola orientación, en orden a poder abordar las distintas
facetas que implican la psicopatología. Por otra parte, se ha indicado también la posibilidad de que
ciertos modelos sean más apropiados para determinados trastornos; por ejemplo, el modelo
conductual para la conducta neurótica, el modelo cognitivo para los fenómenos mentales
(alucinaciones, obsesiones, etc) y el biológico para los trastornos neuropsicológicos (demencias,
esquizofrenia, etc). El futuro decidirá, no obstante, sobre la validez y utilidad de estas u otras
formas de eclecticismo, así como de su coherencia epistemológica.

La realidad clínica no se ajusta bien a los modelos que la respaldan. Ej: aplicación de la
terapia de la conducta. El enorme distanciamiento entre la teoría y la práctica se debe a lo que
Lazarus definía como eclecticismo técnico. Aunque un científico no debe ser un ecléctico, un
clínico no debe o no puede permitirse el lujo de no ser ecléctico. Un acercamiento crítico a esta
problemática podría ser una aproximación multidisciplinar en lo que concierne a los problemas
psicopatológicos.

Tal vez, la aproximación multidisciplinar sea más bien metodológica que epistemológica.
En la actualidad, tanto los psicopatólogos conductuales como los cognitivos emplean el sistema
categorial vigente de clasificación y diagnóstico de la APA (fruto principalmente del modelo
médico). El problema surge cuando se trata de hacer una aproximación multidisciplinar
epistemológica de sistemas teóricos irreconciliables, lo que crea una incompatibilidad entre los dos
principales modelos de la psicopatología. Si la "revolución cognitiva" consiste en introducir el uso
de variables intervinientes teóricas como el pensamiento, más que un cambio de paradigma, en
realidad es un retorno al conductismo metodológico (Tolman). Un psicólogo cognitivista puede ser
conductista o mentalista dependiendo del estatus de los términos "intencionales" (que sean
trasladados en términos conductuales o no).

Existe actualmente una importante evidencia científica en psicopatología que podría


englobarse en el modelo cognitivo. Sin embargo, una de las principales dificultades para asumir
que este modelo de psicopatología tiene un estatus científico claramente diferenciado del
conductual, es el gran solapamiento conceptual entre ambos modelos, entre los conceptos de
cognición y condicionamiento.

Muchas de las teorías psicopatológicas que se han propuesto como cognitivas, son
igualmente conductuales. Existe interrelación entre los procesos conductuales y cognitivos (el
condicionamiento genera cogniciones que, a su vez, afectan al curso del condicionamiento). El
condicionamiento pavloviano (neocondicionamiento) se entiende actualmente en términos de
procesamiento de la información (modelo SOP de Wagner: estímulos como unidades de
información). Ni el condicionamiento se limita a lo involuntario, inconsciente y automático, ni lo
cognitivo, a lo controlado, voluntario y consciente.

Según Rappe, los términos cognitivo y condicionado han sido utilizados durante muchos
años con un sentido político. Si abandonamos las inclinaciones políticas respecto al
condicionamiento vs cognición, y utilizamos orientaciones (E-E) más contemporáneas, ciertos
fenómenos psicopatológicos pueden comenzar a ser comprendidos desde la perspectiva del
condicionamiento.