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El que persevere hasta el n será salvo

Abril 2018 Conferencia general


Por el élder Claudio D. Zivic
De los Setenta

Seamos eles a lo que hemos creído y sabemos.

Queridos hermanos y hermanas, agradezco mucho poder expresarles algunos de


mis sentimientos.

Hace algunos años, mi esposa y yo estuvimos presentes en la ceremonia inaugural


de la exhibición interactiva para los niños, en el Museo de Historia de la Iglesia en
Salt Lake City. Al terminar la misma, el presidente Monson pasó a nuestro lado y
mientras nos daba la mano nos dijo: “perseveren y triunfarán”. Una enseñanza muy
profunda que seguramente todos compartimos su veracidad.

Jesucristo nos asegura que “el que persevere hasta el n, este será salvo”1.

Perseverar signi ca “permanecer rme en el compromiso de ser el a los


mandamientos de Dios a pesar de la tentación, la oposición o la adversidad”2.

Aunque una persona haya tenido experiencias espirituales poderosas y prestado


servicio el, podría, algún día, desviarse, o caer en la inactividad si no persevera
hasta el n. Ojalá que, en todo momento y en forma enfática, pongamos en
nuestras mentes y corazones la frase: “ese no será mi caso”.

Cuando Jesucristo enseñó en Capernaúm, “muchos de sus discípulos volvieron


atrás y ya no andaban con él”.

“Dijo entonces Jesús a los doce: ¿También vosotros queréis iros?”3.

Creo que también hoy, a todos los que hemos hecho convenios sagrados con
Jesucristo, Él nos pregunta: “¿También vosotros queréis iros?”.

Ruego que todos, con una re exión profunda sobre lo que nos deparan las
eternidades, respondamos como Simón Pedro: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes
palabras de vida eterna”4.

Seamos eles a lo que hemos creído y sabemos. Si no hemos vivido según nuestro
conocimiento, cambiemos. El pecador que persiste en el pecado, y no se
arrepiente, se va sumergiendo más y más en la inmundicia, hasta que Satanás lo
toma para sí, poniendo en peligro, de manera signi cativa, su oportunidad de
arrepentirse, de ser perdonado y de ser bendecido con todas las bendiciones de la
eternidad.
He escuchado muchos justi cativos de aquellos que actualmente han dejado de
participar activamente en la Iglesia, que han perdido la visión correcta del propósito
de nuestro paso por esta tierra. Les exhorto a que re exionen y regresen, porque
creo que ninguno será capaz de esgrimir excusas ante nuestro Señor Jesucristo.

Al bautizarnos hemos hecho convenios, no con hombre alguno, sino con el


Salvador, aceptando “tomar sobre [nosotros] el nombre de [Él], con la
determinación de servirle hasta el n”5

La asistencia a la reunión sacramental es uno de los parámetros clave para apreciar


nuestra determinación de servirle, nuestra fortaleza espiritual y el crecimiento de
nuestra fe en Jesucristo.

La Santa Cena es lo más importante en el día de reposo. El Señor explicó esta


ordenanza a Sus apóstoles poco antes de morir. Luego también lo hizo en el
continente americano. Nos dice que, si participamos de esa ordenanza, entonces
será un testimonio al Padre de que siempre nos acordamos de Él, y nos promete
que de esa manera tendremos Su Espíritu con nosotros6.

En las enseñanzas de Alma hijo, a su hijo Shiblón, encontramos sabios consejos y


advertencias que nos ayudan a permanecer eles a nuestros convenios.

“Procura no ensalzarte en el orgullo; sí, procura no jactarte de tu propia sabiduría,


ni de tu mucha fuerza.

“Usa valentía, más no prepotencia y procura también refrenar todas tus pasiones
para que estés lleno de amor; procura evitar la ociosidad”7.

Hace varios años, durante unas vacaciones, tuve el deseo de andar en kayak por
primera vez. Alquilé uno y con todo entusiasmo me introduje en el mar.

A los pocos minutos una ola tumbó el kayak. Con mucho esfuerzo, teniendo el remo
en una mano y el kayak con la otra, logré tocar el fondo con los pies.

Intenté otra vez, pero a los pocos minutos el kayak nuevamente se dio vuelta. Ya
con terquedad, insistí en reiteradas ocasiones hasta que una persona, entendida en
el tema, me dijo que seguramente el kayak tenía suras y por consiguiente su
interior se había llenado de agua, produciendo desequilibrios que impedían
controlarlo. Llevé el kayak hasta la orilla y, efectivamente, luego de sacar el tapón
salió una gran cantidad de agua.

Pienso que en ocasiones transitamos por la vida con pecados que, como esas
suras, nos impiden lograr el progreso espiritual que todos anhelamos.

Si persistimos en nuestros pecados, olvidamos los convenios que hemos hecho con
el Señor, a pesar de que reiteradamente caemos por el desequilibrio que esos
pecados producen en nuestras vidas.

Al igual que las suras en el kayak, las suras en nuestras vidas tienen que ser
reparadas. Hay algunos pecados que requerirán arrepentirse con mayor esfuerzo
que otros.
Por eso, debemos preguntarnos. ¿En qué lugar nos encontramos en cuanto a
nuestra actitud hacia el Salvador y Su obra? ¿Estamos en la situación de Pedro
cuando negó a Jesucristo? ¿O ya hemos avanzado hasta tener la actitud y
determinación que él tuvo después de la gran comisión recibida del Salvador?8.

Debemos esforzarnos por obedecer todos los mandamientos y prestar mucha


atención a aquellos que más nos cuestan cumplir. El Señor estará a nuestro lado,
asistiéndonos en nuestras necesidades y aquezas, y si manifestamos un deseo
sincero, y actuamos en consecuencia, entonces Él hará “que las cosas débiles sean
fuertes”9.

La obediencia nos dará la fortaleza para reaccionar frente al pecado. También


debemos entender que la prueba de la fe a veces requiere que obedezcamos sin
conocer los resultados.

Les sugiero una fórmula que nos ayudará a perseverar hasta el n:

1. Diariamente orar y estudiar las Escrituras.

2. Semanalmente participar de la Santa Cena con un corazón quebrantado y un


espíritu contrito.

3. Pagar nuestros diezmos y cada mes nuestras ofrendas de ayuno.

4. Cada dos años, cada año para los jóvenes, renovar la recomendación para el
templo.

5. Durante toda nuestra vida servir en la obra del Señor.

Que las grandes verdades del Evangelio puedan a anzarse en nuestras mentes, y
que podamos mantener nuestra conducta libre de suras, que nos impiden
navegar en el mar de la vida con seguridad.

El éxito, a la manera del Señor, tiene un precio, y no existe otra alternativa que
pagarlo para poder obtenerlo.

Cuán agradecido estoy porque nuestro Salvador Jesucristo perseveró hasta el n,


cumpliendo con el gran sacri cio expiatorio.

Él sufrió por nuestros pecados, dolores, depresiones, angustias, enfermedades y


temores, de manera que sabe cómo ayudarnos, darnos aliento, consolarnos y
darnos fuerzas para que podamos perseverar y obtener esa corona que está
reservada para aquellos que no son vencidos.

Nosotros vivimos hoy nuestras realidades. Cada uno tiene su tiempo de pruebas,
dichas, decisiones que tomar, obstáculos que vencer, oportunidades que
aprovechar.

Sea cual fuere nuestra situación personal, testi co que nuestro Padre Celestial
constantemente nos está diciendo: “Te amo, te sostengo, estoy contigo. No te des
por vencido. Arrepiéntete y persevera en el camino que te he señalado. De esa
manera te aseguro que nos volveremos a ver en nuestro hogar celestial”. En el
nombre de Jesucristo. Amén.

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