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Diversidad social, política y económica en distintos tiempos y espacios regionales

Sapo, serpiente, jaguar y venado. Animales terrestres en la cosmovisión


prehispánica de los tlaxcaltecas de Ocotelulco

Etnóloga Gabriela Llano Sotelo

Centro I.N.A.H. Tlaxcala

Abstract

La forma en que concebían su mundo, los tlaxcaltecas del siglo XV y principios del
siglo XVI, que habitaban el señorío de Ocotelulco, era una síntesis de su historia, y
sus herencias multiétnicas. Su religión la podemos ver expresada en los
materiales arqueológicos, pintura mural, códices y escritos de autores del siglo
XVI.

El presente trabajo analizará las representaciones simbólicas de animales


terrestres, a través de sus mitos, ritos, creencias y divinidades. Lo que
representaban estos animales en sus vidas y los atributos y rituales de que eran
objeto. Estas representaciones de animales terrestres nos hablan de la
importancia en sus vidas de la guerra, la fertilidad así como el miedo a la noche y
lo valorado del día.

ISBN: 978-607-8432-40-0
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“…el hombre depende de una naturaleza


una sociedad y un comportamiento…”

”…el estado vale por la paz social…


debe haber un orden y una armonía, en
los hechos la luna se levantaba y se ponía según
la ley del cielo y su gobierno interno funcionaba…”
IkramAntaki; 2013: 134-135

Introducción

El día de hoy la zona arqueológica y museo de sitio de Ocotelulco se encuentran


ubicados en la comunidad de San Francisco Ocotelulco, en el municipio de
Totolac, en el Estado de Tlaxcala.

Durante 1990 y 1991 se llevaron a cabo las primeras exploraciones


arqueológicas en lo que fue el Señorío de Ocotelulco, se localizaron dos conjuntos
residenciales diferenciados espacial y estructuralmente, así como un pequeño
espacio ceremonial con pintura mural (Contreras Martínez, Eduardo:1992, 1993,
1994a, b y c). Los materiales arqueológicos recuperados en estas y subsiguientes
exploraciones, rescates y donaciones de los habitantes de la región, son
resguardados en el museo de sitio.

La variedad de materiales arqueológicos, cerámica, lítica, huesos, sellos,


malacates, figurillas, herramientas, etc., están rica y bellamente decorados con
elementos simbólicos que nos hablan de las creencias y la vida de sus
pobladores; de su religión y su cosmovisión. Al observarlos nos invitan a tratar de
entender cada uno de estos símbolos, expresiones de la cultura de los
tlaxcaltecas.

Los habitantes de la antigua provincia y república de Tlaxcala, en el


período denominado posclásico tardío (1200-1521 D.C.), estaba dividido en
señoríos; Ocotelulco fue uno de los señoríos de origen teochichimeca política y
económicamente más importante de la región, cuyo proceso de formación se inició
desde mediados del siglo XII (1100-1200 D.C) (García y Merino; 1997).

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A la llegada de los españoles Tlaxcala era una república independiente,


desafiaba militarmente a los aztecas y sus constantes incursiones imperialistas.
Ocotelulco adquirió enorme importancia religiosa, económica y política, los últimos
70 años del período prehispánico, que superó la de los demás señoríos
tlaxcaltecas, “tuvo entonces a su disposición, los medios intelectuales y materiales
para realizar importantes rituales” (Contreras; 2009:19). Las ofrendas a los dioses
eran de sacrificios humanos de cautivos de guerra.

Para analizar iconográficamente los materiales arqueológicos los he dividido


en grupos. En un anterior ensayo me acerque a los animales celestes (Llano;
2013), ahora trabajaré algunos animales terrestres representados que se
encuentran presentes, estos son: sapo, serpiente, jaguar y venado, que
encontramos en malacates, pendientes, la pintura mural, la decoración de
soportes y en platos y cajetes.

Por sus decoraciones simbólicas y por el lugar donde fueron encontrados, en


un templo, a estos objetos y murales, los voy a estudiar dentro de un contexto
religioso y los considero objetos sagrados. Retomando a MirceaEliade los trataré
como “hierofanías” que él nos define como: “…un documento –rito, mito,
cosmogonía o dios- que revela una modalidad de lo sagrado y un momento
histórico…una manifestación de lo sagrado en el universo mental de los que lo
recibieron” (Eliade; 1964:26, 32). En otro texto nos dice “El estudio del significado
de los símbolos, mitos y ritos que gobiernan dichas sociedades (pre modernas o
tradicionales) pone en evidencia una metafísica (un complejo sistema de
afirmaciones coherentes sobre la realidad última de las cosas), no por primitivo
menos sutil, que da cuenta de la situación del hombre en el cosmos” (Eliade;
1985: IV, 11).

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La religión y el tiempo

Los tlaxcaltecas a fines del siglo XV y principios del XVI vivían de la agricultura, la
guerra y el comercio. La forma como concebían su mundo era una síntesis de su
historia que retomó antiguas tradiciones de la época teotihuacana, olmeca-
xicalanca, ideas toltecas y rasgos de culturas cazadoras-recolectoras, otomíes,
mixtecos y aztecas (Hernández; 1995: 6). Compartía con el área cultural
mesoamericana gran cantidad de rasgos culturales, con sus variantes locales.
Habían dejado atrás su manutención de la caza, la siembra esporádica y la
recolección; hacía tiempo ya que habían adoptado el calendario solar ligado a la
agricultura y el calendario ritual o tonalpohualli, la cuenta de los días, su
concepción del mundo estaba impregnada de pensamiento mágico, de hechicería
y augurios. En las sociedades estatales la religión adquiere mayor relevancia en el
control del universo y como sostén de las estructuras socio políticas, sus dioses
reflejan la estratificación social de los hombres que los crean y esta estratificación
llevó a una práctica más rigurosa del rito.

La religión de los tlaxcaltecas fue consecuencia de la observación de la


naturaleza, el temor que le producía y el intento de dominarla. Personificaban a los
elementos de la naturaleza como dioses y diosas. Para explicar el origen y
estructura del cosmos, así como para justificar el papel que juega en el
mantenimiento del orden de su realidad, el hombre crea mitos cosmogónicos. Los
tlaxcaltecas compartían el mito que explica que el mundo había pasado por cuatro
o cinco edades o soles. De su cosmovisión, el universo vertical estructurado en
trece cielos, la tierra y nueve inframundos; y el universo horizontal dividido en
cinco, cuatro puntos cardinales y el centro. Cada uno de estos espacios
horizontales y verticales estaban regidos por dioses específicos.

Los mitos nos hablan de “el origen” de los dioses, del hombre, los seres
vivos, del día, la noche, el tiempo, la vida, la muerte y los elementos para el

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sustento, como el agua, la tierra el fuego y el viento así como el maíz, el maguey y
el pulque. Los mitos son una explicación de su mundo.

Para poder garantizar la permanencia de este orden establecido el hombre


crea la magia, buscando controlar, adivinar y dominar a las fuerzas de la
naturaleza y realiza ritos para agradar, pedir o agradecer a sus dioses y lograr con
ello el desarrollo y permanencia del orden del cosmos. El ritual siempre nos remite
al mito, es una reproducción de un acto primordial, repetición de un ejemplo
mítico, del prototipo mítico. Al respecto Eliade nos dice: “…se reiteran porque
fueron consagrados en el origen (“en aquellos tiempos” ab origine) por dioses,
antepasados o héroes…….Esta repetición consciente de gestos paradigmáticos
determinados remite a una ontología original. El producto bruto de la naturaleza, el
objeto hecho por la industria del hombre, no hallan su realidad, su identidad sino
en la medida en que participan en una realidad trascendente. El gesto no obtiene
sentido, realidad, sino en la medida que renueva una acción primordial” (Eliade:
1985:13).

La dualidad cósmica es una característica de la cosmovisión de los pueblos


mesoamericanos que se ve reflejada muy ampliamente en su religión. “La
naturaleza obra en series de repeticiones que producen efectos de ritmo. El
nacimiento, la madurez y la muerte se suceden inexorablemente en la vida
humana; la noche sucede al día; la estaciones del año se alternan
interminablemente de la primavera al verano y del otoño al invierno; los planetas
se mueven a través del espacio en sucesión eterna…” (Vaillant; 1965:158) Esta
concepción dual es una característica del hombre y sus diversas culturas a lo largo
de la historia, Vogt al respecto nos dice: “Los hombres han desarrollado maneras
de reducir la complejidad, de eliminar ambigüedad, de certificar el orden
clasificando de modo casi ilimitado piezas de información en forma manejable.
Algunas discriminaciones binarias son universalmente reconocidas como formas
de construir orden y significación: Masculino/Femenino, Mano derecha/Mano
izquierda, Arriba/Abajo, Día/Noche, Crudo/Cocido, Mojado/seco,

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Naturaleza/Cultura, Hombres/Animales.” (Vogt; 1993:29). Esta dualidad se puede


encontrar también en la manera en que asociaban a su cosmovisión el mundo
animal.

Los animales terrestres


A lo largo de la historia de la humanidad el hombre que vivía con los animales fue
adaptando y adoptando ciertas características de estos para asociarlas a sus
concepciones religiosas. El pueblo mesoamericano al relacionarse con los
animales de su entorno les fue otorgando poderes simbólicos que retomaban las
cualidades particulares de cada especie. Los animales que se encuentran en
ofrendas, como perros, águilas, guacamayas, jaguares, pumas, o tecolotes,
servían como interlocutores de las deidades del inframundo. Muchos otros
animales eran representantes de alguna divinidad, eran el doble de los dioses.

Presento a continuación un mito azteca que muestra cómo fueron creados


los animales narrado por Otilia Meza y retomado de narraciones prehispánicas:

“La creación de los pequeños seres

El dios Ometecuhtli y la señora Omecihuatl miraban complacidos al mundo


creado.
Pero ambos lo consideraron incompleto. ¡Había que poblar la tierra con seres
vivientes para romper ese silencio y esa inmovilidad que había debajo de los
árboles y los bejucos!
Había que poblar la tierra con animales pequeños que treparan los montes,
guardianes de los extensos bosques, con hombrecillos para las montañas y los
torrentes.
Y al mismo tiempo que lo pensaron, lo hicieron.
Poco después, sobre la tierra rondaban pequeños seres alegres y bonachones,
iban y venían por montes, cavernas, torrentes y bosques.

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Luego, siguiendo su obra creadora, los dioses hicieron surgir de la espesura


venados, pájaros, tigres, culebras, jaguares, tapires, puercoespines, tejones,
leones, ardillas, monos, armadillos, tlacuaches, coyotes, lobos, zorros, gavilanes,
águilas, zopilotes, lagartijas, mariposas, hormigas y mil animales más de pluma y
pelo, de alas y patas.
Aquello era un espectáculo increíble de animales de toda especie, de todo
color.
Los dioses, Tezcatlipoca, Camaxtle, Quetzalcóatl y Huitzilopochtli, al lado de
sus padres, observaban el ir y venir de esos nuevos habitantes de la tierra.
Eran grandes, eran pequeños, eran cadenciosos, eran ágiles, eran bullangeros,
eran taciturnos.
Sobre la tierra surgió la vida ¡Vida animal! ¡Vida vegetal!
Allí estaban poblando a la tierra los animales pequeños del monte, los
guardianes de todos los bosques, los hombrecillos de las montañas, los espíritus
de las aguas.
Pero iban y venían sin encontrar refugio, como desconcertados, por lo que los
dioses creadores dispusieron que los venados durmieran en las vegas de los ríos,
entre la maleza, entre la hierba, y que en los bosques se multiplicaran.
Las aves habitarían sobre los árboles y los bejucos, allí construirían nidos, allí
se multiplicarían.
Los cuadrúpedos buscarían refugio en las cavernas, en los breñales o en el
corazón de los bosques. Allí formarían familia, allí se defenderían.
Las hormigas se resguardarían bajo la tierra, las abejas colgarían sus
colmenas de las ramas o fundarían sus colonias en el hueco de los árboles.
La tierra tenía nuevos habitantes, más estos carecerían del sentido del culto
que deberían rendir a sus creadores.
Ellos no los alababan, no invocaban sus nombres. Ellos no tenían noción de su
creador, no sabían rendir adoración a los dioses.
Y Ometecuhtli y Omecihuatl, por ello, no recibieron su acatamiento.
Los seres de su más reciente creación sólo chillaban, cacareaban y graznaban,
era la única forma de lenguaje que tenían.

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Los dioses duales comprendieron que no era posible esperar adoración alguna
de seres así.
¡No los llamaban! ¡No los mimaban! ¡Estaban mudos! ¡Mudos!
Y los dioses creadores decidieron cambiar el destino de esos animales. Su
alimento y su habitación estarían en los barrancos, en los bosques, en los
matorrales, nunca tendrían comodidad porque no habían logrado reverenciar a sus
creadores, y su destino sería triste, pues sus carnes serían trituradas.
Esa era la suerte de todos los animales, grandes y pequeños, que había sobre
la faz de la tierra.” (Meza; 1981: 71-72).

Sapo
Los sapos son anfibios que tienen la característica de poder vivir tanto en el agua
como en la tierra. La mayoría de las especies viven en la tierra y regresan al agua
para reproducirse. Sus ojos son grandes y separados y les proporcionan una
buena vista incluso estando bajo el agua.

En náhuatl, tamazolin “tamal viejo”, está relacionado con los dioses de agua
y es el animal doble o alter ego de Tlaloc. (González: 2003: 154 y 147) Para los
aztecas el dios Tlaltecuhtli “señor de la Tierra” era representado como un
monstruo masculino de aspecto aterrador y compartía los atributos de un sapo y
de un cocodrilo (Vaillant; 1965:168). Los sapos y ranas anunciaban la época de
las lluvias. En ciertas fiestas mexicas los asaban y vestían para ofrendarlos a los
dioses.
Tlaloc “vino de la tierra “, dios de la lluvia y patrono de los campesinos era uno de
los dioses más antiguos e importantes de Mesoamérica se le asociaba con
“Chalchiuhtlicue” o “Falda de turquesas”, su esposa, la diosa de los ríos. Alfonso
Caso nos dice que hay otra leyenda donde “…Chalchiuhtlicue no era la esposa de
Tlaloc, sino su hermana. Tlaloc tuvo por primera esposa a Xoxhiquetzal, la diosa
de las flores y del “bien querer”, pero le fue robada por Tezcatlipoca…Tomó
entones por esposa a la diosa Matlalcueitl, “la de las faldas verdes” nombre
antiguo de la montaña de Tlaxcala que actualmente conocemos por la Malinche”.

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(Caso: 1983: 59). Tlaloc era representado por una máscara que está formada por
dos serpientes entrelazadas que forman un marco alrededor de los ojos y juntan
sus fauces sobre la boca del dios. Su cara estaba pintada de negro y azul y su
ropa estaba manchada de gotas de hule, que simbolizaban las gotas de lluvia. En
el cielo tenía sus ayudantes los Tlaloques que eran los que enviaban los distintos
tipos de lluvia que estaban guardadas en cuatro vasijas, que contenían los
granizos, el hielo, el rayo; en sus manos estaba las sequías y las inundaciones.

Tlaloc vivía en el tlalocan, paraíso terrenal que se encontraba en el oriente y es a


donde iban las almas de los que morían por algo relacionado con el agua;
ahogados, o por un rayo o alguna enfermedad relacionada con el agua.

Era muy venerado pues traía la vida con las lluvias y muy temido pues la falta de
ellas o el exceso producía calamidades en la tierra por ello encontramos muchas
referencias de ofrendas, sacrificios, oraciones que se llevaba a cabo. 5 de sus 18
meses solares o veintenas eran regidos por Tlaloc y los tlaloques; dependiendo el
tipo de lluvia que se necesitaba eran los ritos que realizaban.

Hoy en día en las leyendas mexicanas el sapo es el animal que roba la lluvia a los
dioses para llevarla a sus pueblos.

El sapo en su representación fantástica como monstruo de la tierra es el dios


Tlaltecuhtli, es la tierra con sus referentes a la noche y a la muerte porque es el
lugar donde se ocultan los astros, que para ellos eran los dioses y van al mundo
de los muertos, a la obscuridad.
l sapo entonces relacionado con la fertilidad, el agua, la vida, también está
relacionado con la tierra y la muerte, sintetiza en su ser por ello a el ciclo de la
vida.

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Pendiente en forma de sapo Malacate con la representación de un sapo

Figurilla procesional con la representación Fragmento de figurilla policromada del


del Dios Tlaloc Dios Tlaloc

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Serpiente
Las serpientes son reptiles que pueden vivir en la tierra, en el agua y necesitan
del calor para sobrevivir; no comen muy a menudo y pueden sobrevivir meses
entre cada comida. Las serpientes macho y hembra no viven juntas pero se juntan
para aparearse y se enroscan a lo largo.

En náhuatl coatl, símbolo de la tierra, del agua, los caminos, la sangre y los
ríos. Al igual que los sapos puede vivir en al agua y en la tierra pero en la
cosmovisión mesoamericana se le concebía como un ser que podía traspasar los
tres espacios cósmicos el cielo, cuando se le representa emplumada y la tierra y
el inframundo. Se le representa además como serpientes de fuego o rayos que
porta en su mano Camaxtli, las xiuhcóatl.

Beatriz Barba nos dice”…En México la encontramos, en arqueología


representando a la sabiduría cuando está emplumada, y cuando no al agua, a la
sangre, a los caminos y a los ríos, y a deidades celestes y terrenales…..En
esculturas totonacas, olmecas, mayas y mexicas, la sangre que mana de un
miembro mutilado o de una cabeza degollada adopta a veces la forma de
serpiente. La llamada Coatlicue, en realidad Teoyoamiqui, diosa de los sacrificios
y de las muertas en el parto, al igual que muchas otras esculturas de menor
tamaño, una falda, brazos y cuello mutilados, con serpientes que simbolizan el
sacrificio sangriento”.(Barba: 2000: 136).”

En forma femenina la serpiente representa a diosas relacionadas con la tierra y


con su alter ego o su doble animal, como Coatlicue, “la de la falda de serpientes”,
Cihuacóatl “Mujer serpiente” y Tlazoltéotl “diosa de la inmindicia” y representan la
doble función de la tierra creadora y destructora.

La serpiente adornada con plumas es el dios Quetzalcóatl, relacionado con el


cielo y el viento cuando se le personifica como Ehécatl. Y lleva generalmente la

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“máscara del viento” una especie de trompa o pico de ave. Es un dios benefactor
pues creo al hombre y le dio el maíz y el pulque.

En Ocotelulco hay representaciones de serpientes con máscara antropomorfa


que bajan, en la banca del espacio ceremonial con pintura mural. Y pueden
representar los chorros de sangre en los que se manifestaban esas divinidades
como Tezcatlipoca o Maculxochitl.

Ente el 24 de marzo y el 12 de abril (en el mes Tozoztontli que quiere decir


“ayuno corto”) había necesidad de lluvia, se realizaban ceremonias de sacrificios
de niños en honor a Coatlicue y los Tlaloques. En el calendario ritual Quetzalcoatl
regía la segunda veintena (1 Ocelote), y el segundo día (2 viento) así como la hora
novena del día. (Vaillant; 200-2002).

Banca de espacio ceremonial con pintura mural.


Representaciones de serpientes con máscara antropomorfa que
descienden.

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Chalchiuhtlicue o Matlalcueye. Diosa del agua

Jaguar

El jaguar es un animal independiente, reservado, sus sentidos, vista tacto y oídos


son muy agudos y le ayudan a cazar en la noche ya que por el día descansa.
También puede nadar lo que amplía su terreno de caza.

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En náhuatl océlotl, es un animal muy representado en toda Mesoamérica,


sobretodo en la primera fase, los olmecas lo consideraban como la unión del cielo
con la tierra., era la manifestación del sol nocturno, cuando la tierra se lo comía.
Por ello era asociado a la obscuridad, al mundo nocturno y subterráneo, al
inframundo, a las cuevas, a la fertilidad de la tierra, creían que su piel manchada
semejaba el cielo con los enjambres de estrellas. Así mismo se observa su
astucia, y su destreza y por ello se asociaba a el poder político, a la guerra y a los
poderes ocultos de los hechiceros. Entre los mexicas había una orden de
guerreros llamados “océlotl”.

El jaguar es el alter ego o doble animal del dios Tezcatlipoca, considerado dios de
la guerra. En el mito de la creación del Sol se dice que después de que salieron el
Sol y la Luna de la hoguera, se arrojaron un águila y un jaguar; este se
“chamusco” y quedó manchado de negro y blanco. Era uno de los dioses más
importantes de los mexicas, adorado también por los tlaxcaltecas. Sahagún nos
dice “era tenido por verdadero e invisible, el cual andaba en todo lugar, en el cielo,
en la tierra y en el inframundo…y decía él solo ser el que atendía en el regimiento
del mundo, y que él solo daba las prosperidades y las riquezas, y que él solo las
quitaba cuando se leantojaba” (en Gonzales: 168). Era junto con Quetzalcóatl una
deidad creadora, ambos crearon la tierra. Era emparentado con Huitzilopochtli ya
que éste representaba el cielo azul, el cielo en el día era el guerrero del sur,
mientras Tezcatlipoca personificaba el cielo nocturno, era el guerrero del norte.
(Caso:43).

Tepeyolohtli “corazón del cerro”, es una de las advocaciones de Tezcatlipoca, era


el señor de los montes y de las cavernas, guardián de los manantiales y vigilante
del umbral de los muertos y se le representa en la figura de un jaguar.

En su honor y de Huitzilopochtli se lleva a cabo una fiesta y un sacrificio en el


mes de Toxcatl, entre el 3 y 22 de mayo, cuando comienza la temporada de
lluvias, en esta celebración se llevaba a cabo un ritual de sacrificio de un cautivo

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que se trataba como imagen viviente de Tezcatlipoca, por un año al final del cual
se le sacrificaba. Sahagún describe ampliamente este y muchos otros rituales y
oraciones en el Códice Florentino. En el calendario ritual presidía el día 13 Caña y
la décima hora del día.

En Ocotelulco los tenemos representados tanto el jaguar como a Tezcatlipoca en


la cerámica, en figurillas y en su advocación de cuchillo de pedernal en el altar
polícromo.

Cajete trípode polícromo con soportes de jaguar. Cuenco con representación de jaguar.

Plato polícromo con el rostro del Dios


Tezcatlipoca

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Venado
Los venados son animales herbívoros, tímidos, corren velozmente y viven en
manadas para estar seguros.

Mazatl, en náhuatl, era y en algunos grupos indígenas actuales sigue siendo un


animal de suma importante en sus rituales. Es un animal relacionado con el sol y
la cacería o actividad cinegética. Animal relacionado con el sol, quienes nacían en
este día se decía que serían temerosos.

El venado era el alter ego o animal doble de Camaxtli dios de la caza y los
chichimecas. Era el principal dios de Tlaxcala y Huexotzinco. En Ocotelulco tenían
un templo. En una de las leyendas de la creación es considerado como uno de los
cuatro hijos de la pareja creadora con el nombre de Tezcatlipoca rojo y
representaba el oeste. Un mito cuenta que después de las cuatro eras o soles
Camaxtli subió al octavo cielo y creó a los hombres para que dieran de comer al
sol. Camaxtli después se convirtió en chichimeca y con un venado de dos cabezas
que convirtió en dios de los de Cuitlauac, subyugó a las otras tribus chichimecas.
Es padre de Quetzalcóatl. La imagen de Camaxtli era muy semejante a la de
mixcóatl, con quien se le identifica con el cuerpo pintado de rayas blancas, con un
taparrabo y levando en una de las manos arco y flechas y en la otra una canasta
especial para recoger la caza (Gonzales: 34).

Mixcoatl y Camaxtli aparecen mesclados en los mitos del origen de la guerra


sagrada, ya que es uno de los cinco mimixcoa, personajes míticos creados para
que hicieran la guerra, y con ello el sol y la tierra tuvieran corazones y sangre para
alimentarse. Se les celebraba especialmente como dios de la casa en el mes
llamado Quecholi del 30 de octubre al 18 de noviembre, donde se llevaba a cabo
una cacería ritual en las colinas y también se sacrificaban esclavos.

En Ocotelulco lo tenemos en platos y cajetes en forma de venado y no se ha


encontrado ninguna representación de Camaxtli ya que era conservado en los
tempos como bulto sagrado y su representación era de madera.

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Fragmento de plato polícromo con representación de


venado, animal doble de Camaxtli

Plato polícromo con cabeza de venado


Plato polícromo con cabeza de venado
sacrificado sacrificado

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Nota final

Los animales terrestres que describimos por un lado representan la agricultura,


la fertilidad, el agua, la lluvia y la tierra (sapo y serpiente); y por otro lado tenemos
a los animales que representan al sol diurno, el venado, y nocturno, el jaguar; son
los animales relacionados con la guerra. Son estas las principales actividades
económicas de los tlaxcaltecas y que estaban ligadas a múltiples rituales y a dos
deidades principales Tlaloc y Tezcatlipoca. Estas dos deidades las encontramos
en forma de síntesis en estas dos figurillas.

Dualidad Tlaloc-Tezcatlipoca Dualidad Tlaloc-Tezcatlipoca.


Figurilla. Figura procesional.

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