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El Reino de los Cielos (3ra Parte de la Serie El Reino).

Tiempo de Adoración
Alabadle con pandero y danza; Alabadle con cuerdas y flautas. Alabadle con címbalos resonantes;

Alabadle con címbalos de júbilo.Todo lo que respira alabe a JAH. Aleluya.

Salmos 150:4-6 (RV 1960).

Punto de Partida
¿Cómo te imaginas el lugar donde Dios habita? ¿Qué actividades crees que tomen lugar en el cielo?

Lectura Mateo 13:44 (RVR1960) Juan 18:36 (RVR1960)

El tesoro escondido
44 Además, el reino de los cielos es semejante a un 36 Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo;
tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y si mi reino fuera de este mundo, mis servidores
lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo pelearían para que yo no fuera entregado a los
que tiene, y compra aquel campo. judíos; pero mi reino no es de aquí.

Para Meditar y Aplicar
En esta serie El Reino hemos aprendido acerca de dos importantes conceptos: Del Reino de los Cielos y del Reino de
Dios. Hoy nos enfocaremos en el tema del Reino de los Cielos, el cual representa el lugar donde Dios habita, un lugar de luz
inaccesible (1 Ti. 6:16), donde se encuentra situado el trono de Dios (Sal. 103:19). Ahí es precisamente donde está Jesucristo
sentado a la diestra de Dios Padre, intercediendo por nosotros (Mr.16:19, Ro.8:34). En este lugar hay también un mar de cristal
(Ap.15:2). La Biblia menciona ese lugar como “los cielos” y también como “el cielo” y es precisamente ahí donde se encuentran
los seres vivientes que lo adoran y los ancianos que echan sus coronas delante de Él (Ap.4:9-10). Es de suma importancia el
conocer más acerca del Reino de los Cielos, ya que tenemos una enorme promesa como redimidos suyos por la sangre de
Cristo, de estar por toda eternidad con Él en este reino, disfrutando de su presencia, y de poder adorarle por los siglos de los
siglos (Ap.3:12). ¡Nadie podrá sacarnos a sus hijos de ese bello lugar! ¡Estaremos por siempre con El Señor!

Profundizando en el Reino de los Cielos.
El Señor estableció su trono en los cielos. Todo el dominio del Rey de reyes y del Señor de señores, de nuestro Dios
Todopoderoso, se rige desde su trono, el cual está establecido en los cielos. Desde ahí Él está sentado sobre todas las cosas
(Sal.103:19, Ef.2:6).
Dios tiene la perspectiva completa de las cosas al observarlo todo desde los cielos. Como El Creador de todo lo que
existe, Él tiene una perspectiva única de la realidad final de todas las cosas, de lo que sucede en todo lugar (Ec.5:2, Job 22:12).
Todas las bendiciones en la tierra vienen del cielo. Al ser el cielo el lugar donde habita El Señor, es pues que de ahí surgen
todas las bendiciones para nosotros (Dt.26:15, Stg.1:17, Mt. 6:10 ).
El cielo es el lugar de nuestra morada eterna. Esta tierra es pasajera para todos aquellos que tenemos una promesa en Cristo
Jesús de ser resucitados y de habitar con Él por toda la eternidad (1 Ts. 4:16, 2 Co. 5:1, He.11:10).
Hay que prepararnos como familias para cuando llegue ese momento de estar toda la eternidad en el cielo. La
preparación de Juan el Bautista antes de que Jesús comenzara su ministerio fue precisamente confrontando el pecado,
exhortando a enderezar los caminos para El Señor. Debemos de prepararnos para ese día con arrepentimiento, con fe y
desarrollando una comunión íntima con Dios (Mt.3:1-3, Hch. 3:19, He.11:1, Nah.1:7).
El cielo es un lugar de eterna adoración a Dios. Las multitudes de los redimidos que habitaremos con El Señor por toda la
eternidad, lo estaremos adorando por siempre. Así lo harán también los veinticuatro ancianos, los cuatro seres vivientes y todos
sus ejércitos de ángeles (Ap.19:1, Ap.19:3-6, Ap.7:11).

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