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República Bolivariana de Venezuela

Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología


Universidad Nacional Experimental de los Llanos Centrales “Rómulo Gallegos”
Área de Estudios de Postgrado: Maestría en Investigación Educativa

San Juan de los Morros, 20 de mayo de 2018.

Por: Gretzalia García Acosta

Ensayo: “Los Siete Saberes Necesarios para la Educación del Futuro”

Antes no supe nada de Edgar Morín -Filósofo y Sociólogo Francés-, ya eso


fue un error, ahora en esta ocasión donde corresponde leer sus pensamientos, su
perspectiva e interpretarlo en esa búsqueda de comprensión y anhelo por ser
participe en la búsqueda de generar algún cambio o mejoría en el proceso
educativo, sobre todo desde el punto de vista de las responsabilidades del
maestro, profesor, docente, instructor, como sea que queramos denominarlo; debo
expresar que es mucha la curiosidad por descubrir la complejidad de su
pensamiento, el cual por supuesto está adaptado para el entendimiento de un
universo lleno de complejidades, que requieren la incorporación del conocimiento
de ciertos saberes, como lo son:

Las cegueras del conocimiento: el error y la ilusión

Los principios de un conocimiento pertinente

Enseñar la condición humana

Enseñar la identidad terrenal

Enfrentar las incertidumbres

Enseñar la comprensión

La ética del género humano


Estos “Siete Saberes Para la Educación del Futuro”, recopilados en un libro
cuyo título obedece a la denominación anterior, nos permitirán obtener una nueva
visión de la concepción del proceso educacional, y no en vano percatarnos de la
veracidad del lema -educarnos para la vida- y no sólo educarnos para la
competencia y para el trabajo.

En esta ocasión en correspondencia con dos resonantes palabras incluidas


en el texto inicial de este ensayo “Error” y “comprensión”, he decidido abordar el
análisis de dos de los saberes expuestos por el Autor Edgar Morín, estos son “Las
cegueras del conocimiento: el error y la ilusión” y “Enseñar la
comprensión”, sin que esto signifique algún desinterés por los demás saberes.

Antes de siquiera leer los saberes de Morín, ofrezco una humilde


interpretación desde mi complejidad, desde mi universo. En primer lugar “Las
cegueras del conocimiento: el error y la ilusión”, infiero que posiblemente
alude al hecho que no precisamente la obtención de un gran nivel de conocimiento
te hará ganar la sabiduría para diferenciar entre lo real y lo irreal, es una fantasía
el presumir dominio a partir del conocimiento, pues la realidad que yo conozco,
nunca será igual a la del otro.

En segundo lugar, y sin que la posición indique importancia, el saber


“Enseñar la comprensión”, el conocimiento no se puede enseñar, ni se puede
enseñar a aprender, pues sería algo mecánico, pero si se puede enseñar a
comprender. Un individuo que comprenda su propia realidad, quizás tenga mayor
probabilidad de comprender la del otro y aceptar que no somos iguales, pero que
es nuestro deber esforzarnos por poder convivir en el mismo planeta, en el mismo
barrio, en la misma escuela, en la misma comunidad, en la misma universidad.

Ahora bien, ya entrando en materia bajo el enfoque de lo expresado por


Edgar Morín, (1999), es importante resaltar que en todo aspecto del conocimiento
está implícito la polémica del error y la ilusión, situación que en ocasiones
obedece a la subjetividad de la mirada o la visión de cada persona, subjetividad
que va ligada a las emociones, y al estado de ánimo o afectividad.
Bien sabemos que la percepción de la realidad pudiera cambiar de acuerdo
a nuestro estado de ánimo o afectos y pudiera conducirnos o no, a una
percepción equivocada, interpretada quizás como ilusión, quizás como error; sin
embargo es vital considerar que eliminar la afectividad no garantizará la
disminución de los errores, al contrario esta es vital, ya que está ligada a la
inteligencia, va de la mano con la pasión, la curiosidad, los cuales son aspectos
fundamentales para hacer ciencia; en ese sentido la afectividad pudiera tanto
afectar, como aumentar el conocimiento, permitiéndonos en ocasiones obtener un
conocimiento valido o conducirnos al error, la ilusión, y las cegueras; siendo este
dilema motivo principal para que la educación se ocupe de la determinación del
origen de los mismos.

Puede darse el caso de la existencia de Errores mentales, los cuales no son


culpa nuestra, pues estos forman parte de nuestra naturaleza humana, ya que
cuando observamos un objeto e intentamos describirlo sólo el 2 % de nuestra
conexión con lo externo entra en funcionamiento, mientras que el 98 % depende
de lo interno, de nuestras particularidades, nuestros anhelos, nuestros deseos,
nuestros sentimientos, afectando nuestra percepción de lo que nos rodea, de allí
parte la denominada subjetividad.

Subjetividad que pudiera rayar en la mentira, o el error, debido a múltiples


factores, tales como, la auto justificación, la memoria.

También puede darse el caso de errores intelectuales y errores de la razón,


los cuales se escudan y defienden basándose en teorías, razonamientos,
doctrinas e ideologías, situación que suele ocurrir frecuentemente cuando se
presenta alguna contradicción entre teorías, o diferencias entre lo objetivo y
subjetivo (p.5-6).

En tales situaciones es como si nadie quisiera dar su brazo a torcer, nadie


quiere reconocer sus errores, dejando de lado la verdadera razón, que debiera
más que separarnos en rencillas idolatras del conocimiento, debería unirnos en el
variado camino de la verdad, no absoluta, sino más bien compleja.
“Las Cegueras Paradigmáticas”, término y visión del estudioso Edgar Morín
que interpreta al Paradigma como un ente superior, una especie de Dios dueño de
un ámbito del conocimiento, con estructura y teorías propias que sustentan y
controlan un modo determinístico de ver la realidad, produciendo un interminable
ciclo entre verdades y errores

Otro de los riesgos con los que debe enfrentarse nuestra percepción de la
realidad es con el denominado imprinting cultural y los dogmas, el primero
relacionado a nuestras primeras experiencias con la familia, el ambiente de
estudios, maestros, los cuales sin lugar a dudas ejercen una especie de sello en
nuestra cultura, obedeciendo a una realidad ya preconfigurada y limitada en el
caso de la acción del dogma, lleno de reglas y restricciones.

Seguidamente Morín con su modo de pensamiento también considerado


integral, Holístico y en definitiva complejo, hace referencia a la Posesión, desde el
punto de vista espiritual, indicando que debe existir equilibrio entre el individuo, la
sociedad y la noósfera –centro espiritual-, para evitar que el mito y el idealismo
afecten los hechos. Morín (1999) “Las ideas existen por y para el hombre, pero el
hombre existe también por y para las ideas” (p.11).

Morín, (1999) dice, “debemos llevar una lucha crucial contra las ideas, pero
no podemos hacerlo más que con la ayuda de las ideas. No debemos nunca dejar
de mantener el papel mediador de nuestras ideas y debemos impedirles su
identificación con lo real. Sólo debemos reconocer, como dignas de fe, las ideas
que conllevan la idea de que lo real resiste a la idea. Esta es la tarea
indispensable en la lucha contra la ilusión” (p. 12). Nuestra misión de enseñanza
es alejarnos de la ilusión y para ello debemos evitar que sean nuestras ideas las
que prevalezcan sobre lo real.

Para evitar las cegueras del conocimiento es preciso tener presente que lo
nuevo surge constantemente y debemos estar preparados para lo inesperado a
pesar de lo paradigmáticos que nos volvemos de acuerdo a nuestras ideas y
teorías.
Éste primer Saber expuesto por Morín nos deja ver que es la educación la
responsable de ofrecer las orientaciones para asumir la incertidumbre que
acompaña las complejidades de la realidad, en la búsqueda de la verdad.

Si el problema es la incomprensión entonces enseños a comprender, así


inicia está reflexión personal sobre el sexto Saber para la Educación del futuro que
Plantea Morín, “Enseñar la comprensión”, entendiendo que nuestros mayores
problemas en la sociedad en general, están asociados a la falta de comprensión
entre unos y otros, siendo esta situación un desencadenante de diversos
problemas de convivencia en nuestro planeta, en nuestro entorno, no importa
cuántos avances se hayan suscitado con respecto a la comunicación, aún
teniendo la tecnología a nuestro servicio, estar más comunicado pareciera no ser
sinónimo del aumento de nuestro nivel de comprensión. Por tal motivo este tema
de vital importancia ha de ser motivo que ocupe el quehacer docente.

Ciertamente las dimensiones de la problemática de la comprensión están


por un lado asociadas a la comprensión entre integrantes de la familia que son los
seres con quien mayormente interactuamos y otro tipo de compresión relacionada
con un ámbito más general, como las culturas diferentes. Sin embargo
intrínsecamente existen otros dos tipos de comprensión, la intelectual objetiva y la
humana subjetiva (Morín, 1999, p. 50).

Para la comprensión objetiva es suficiente la explicación, no así ocurre


para la comprensión humana, pues esta requiere de sentimientos basados en el
amor, en el afecto, en el interés por el bien del otro.

Es importante tener consciencia de la existencia de los obstáculos que


dificultan la comprensión, en ese sentido el autor enuncia los siguientes: El
Egocentrismo, etnocentrismo, sociocentrismo y el espíritu reductor (Morín, 1999,
p. 51-53); todos relacionados al –yo- como centro del universo y dirimidos al orden
de lo individual. Estar consciente de estos sentires pudiera ser el inició de una
introspección, con fines de rectificación que permita una auto-compresión. Si
logramos comprendernos a nosotros mismos, habría más posibilidades de
comprender a otros.

No es fácil, pero una compresión ideal que abarque tanto lo intelectual


como lo humano, debe estar basada en la ética y el intelecto, permitiéndonos la
capacidad de comprender la incomprensión, acercándonos a la posibilidad de ser
un ser humano verdaderamente humanista que se identifique y se integre. (Morín,
1999, p 53-54).

Si realmente queremos vivir en el futuro, debemos practicar algunos


principios básicos para fortalecer nuestra capacidad de comprensión, así que
debemos educar para la tolerancia, el bien pensar, y la aceptación de la
complejidad.

“El sueño de la comprensión requiere de cerebros nuevos y regenerados”


García, (2018).

Finalmente es preciso recordar que la complejidad a la vez resulta ser tan


simple que está por doquier, así es que tu docente, yo docente, debemos estar
preparados para asumirla.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Morín, E. (1999). Los Siete Saberes Necesarios para la Educación del


Futuro. Paris: Unesco.