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Julián Ruiz Alemán, EL TALLISTA

Albox se ha distinguido siempre por su capacidad comercial. No somos


labriegos, es decir, las faenas del campo no están en nuestra vocación. En el
norte de la provincia somos distintos. La vida universitaria ofrece estadísticas
que, para los hijos de este pueblo, son muy halagüeñas.

En cambio nuestra historia artística no ha sido brillante en personajes y


monumentalidades. Hemos de refugiarnos en la Iglesia que aportó sus templos,
retablos, puertas y ventanas y campanarios. Pero los artistas eran de
importación. Salcillo fue en el siglo XVIII el personaje que perfumó con su obra,
soberanamente bella, estos parajes. Era Murciano.

Pronto la demanda de trabajo rebasó las posibilidades del taller del "Currillo".
Murcia, como en los años de Salcillo, se ofreció como cantera de artistas. Allí
encontró el "Currillo" al dorador Ángel Ibáñez Rebasa y a Julián Ruiz Alemán.
Ángel Ibáñez casó con la hermana del "Currillo". Julián Ruiz volvió a Murcia a
encontrarse con su deliciosa, humilde, buena y angelical esposa, Victoria
Garrigós Bueno, que le dio a sus hijas Vicenta y Mercedes. Tenía 35 años. Los
murcianos se asentaron en Albox y desde allí crearon un engranaje social
desde el punto de vista de las preocupaciones artísticas muy interesante.

A partir de Albox se proyectó el viaje a las Américas. Era la resignación de la


época. La importancia de las tallas y los dorados del equipo del "Currillo"
permitieron trabajar con éxito en la mismísima Casa Rosada, residencia de la
Presidencia de la República Argentina. Una enfermedad del "Currillo" les obligó
a volver a su tierra.

JULIÁN RUÍZ

No es difícil resumir la capacidad y la extensión de obra de don Julián Ruiz.


Había trabajado en iglesias importantes de Murcia: retablos, consolas,
cancelas, ventanas de nuevo formato y el remate artístico de tantas barandas
que hoy adornan las casas de muchas familias de Albox, componen el extenso
contenido de la obra de este artista. Pedro Sánchez López ("Perico de Juan
Miguel") y mi padre, conocían, por la amistad y el trabajo en común, la
dimensión humana y profesional del TALLISTA.

Trabajó en Huescar de Granada para la iglesia y para casas importantes como


la de don Claudio Peñalva. El retablo del altar mayor de la iglesia significó un
acontecimiento artístico que llamó la atención de forasteros cultos, que le
confirieron premios y elogios.

El lujo y la vida moderna del aquel tiempo cundió en las familias importantes de
Albox. En la clave de aquel empuje social el mundo decorativo de las nuevas
mansiones no se entendía sin la silenciosa, humilde valiosa obra de Julián
Ruiz. Tampoco se entendería en aquellos momentos de cambio sin la poderosa
imagen de la familia de don Andrés Pío y sus hijos. La Plaza, eje de la vida
social y el bellísimo y monumental PASEO de Eguilior, luego ministro de
Hacienda, sirvieron de escenario para el desenvolvimiento del nuevo estatuto
de vida social y el lujo que imponía la Belle Epoque.

El tallista vestía de negro, sombrero y capa, sin descuidar la elegancia externa


que recordaba los personajes flamencos de Rembrandt.

Proyecto de trono de Julián Ruiz para


la imagen de Nuestra Señora de las Angustias de Albox.

A pesar de vivir dominado y envuelto en el reino de las tallas de madera y de


láminas de oro decorando volutas, lo pasó mal como todos, en los años duros
de la posguerra, cuando nuestras posibilidades eran escasas y dominaba la
feroz imagen de los "chuscos" del pan de cebá (cebada). No estuvo ajeno al
régimen económico, a veces cruel; que imponía el estraperlo. Murió a los 73
años de edad en 1.956. Su casa que no conoció el poderío de la abundancia, ni
el lujo que le pertenecía, se sitúa en la calle Ancha, donde vive su hija
Mercedes. Yo siempre tuve acceso a su taller. Era un hombre bueno, sabio, y
gran amigo de las Bellas Artes.

Sirvan estas líneas de mi admiración y gratitud. Bartolomé Marín Fernández


PROGRAMA FIESTAS SAN FRANCISCO - 2001

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