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¿QUÉ ES LA HELICOBACTER PYLORI?

Se trata de una bacteria microaerófila, gramnegativa, de crecimiento lento y forma


helicoidal con abundantes flagelos. Se encuentra en la capa mucosa que recubre el
interior del estómago, la que se encarga de proteger tanto al mismo como al
duodeno. Pese a habitar en un medio ‘hostil’ (el fluido gástrico es altamente ácido),
puede sobrevivir a él. La infección por su causa no provoca enfermedades en la
mayoría de las personas, pero sí en otras. De hecho, está relacionada con la
mayoría de las úlceras de estómago y del intestino delgado. También se asocia al
mal aliento, a la gastritis aguda y crónica, y en especial a la gastritis crónica
atrófica, el cáncer gástrico, la hiperplasia nodular gástrica, los adenomas gástricos
y el linfoma MALT. Existen estudios en marcha que la involucran en el desarrollo de
otras patologías, como el cáncer de páncreas, pero aún no son concluyentes.

¿Cuáles son sus causas?

Aunque aún se desconoce la razón exacta del contagio, sí se sabe que la


infección por el microorganismo generalmente se produce en la infancia. Su
transmisión puede ocurrir de una persona contaminada a una sana por medio de la
boca o del contacto con vómitos o heces. En el caso de las heces, generalmente
bajo la forma de aguas o alimentos contaminados.

Los seres humanos parecen ser el reservatorio principal de la bacteria, sin embargo,
el H. pylori ya fue aislado en otros primates, ovejas y en gatos domésticos, lo cual
sugiere que la transmisión de estos a los seres humanos podría ocurrir.

El agua contaminada, principalmente en los países en desarrollo, suele ser una


fuente de bacterias. El H. pylori logra permanecer viable en el agua por varios días.
En los países sin saneamiento básico universal, la mayoría de los niños es infectada
antes de los 10 años y la presencia en la población adulta llega a ser mayor de un
80%. En los países desarrollados, como en Estados Unidos y en Europa, la
contaminación en niños es poco común, no obstante la transmisión en la vida adulta
es frecuente, donde más del 50% de la población arriba de la edad de los 60 años
se encuentra infectada.

Cuando un miembro de la familia se infecta con el Helicobacter pylori, el riesgo de


transmisión para los hijos y conyugue es altísimo. Esta transmisión es común
incluso en casas con buenas condiciones de higiene, lo que deja en duda si la
transmisión ocurre siempre por vía fecal/oral. La transmisión a través de la saliva
aún no está comprobada.

El H. pylori puede ser encontrado en la boca, principalmente en las placas dentarias,


no obstante su concentración parece ser muy baja para que haya transmisión. Un
dato que habla en contra de esta forma de transmisión es el hecho de que los
dentistas no presentan mayores tasas de contaminación respecto a otros
profesionales que no lidian constantemente con saliva y placas bacterianas.
¿Cuáles son los principales síntomas?

Los signos que delatan su existencia son dolor o sensación de quemazón en la


parte superior del abdomen, inflamación abdominal, mayor sensación de
saciedad tras la ingesta de alimentos aunque sean porciones pequeñas, cambios
en las heces, náuseas, vómitos, dolor nocturno con el estómago vacío, pérdida
inexplicable de peso, debilidad, anemia, eructos y regurgitación.

¿Cómo se diagnostica?

Existen varias pruebas que pueden detectar su presencia y será el médico el que
determine cuál de ellas se debe llevar a cabo. Entre ellas destacan: la prueba del
aliento con urea, análisis de anticuerpos en la sangre, detección de antígenos en
las heces o biopsia de estómago con endoscopia.

¿Cuál es el tratamiento?

Habitualmente se basa en la toma de tres medicamentos con una pauta de


administración de entre 7 a 14 días. Un inhibidor de la bomba de protones
(omeprazol, pantoprazol o lansoprazol), más dos antibióticos, como claritromicina y
amoxicilina o claritromicina y metronidazol.

Después de concluir la terapia, el paciente debe realizarse los exámenes no


invasivos para confirmar la eliminación de Helicobacter pylori.

Pautas dietéticas

El primer paso es evitar las comidas copiosas y realizar varias al día (de cinco a
seis) de cantidades más moderadas. Es importante comer despacio, masticando
bien y con tranquilidad, así como dejar que la comida repose. Se debe beber
suficiente agua, pero evitar los zumos, especialmente el de naranja y tomate, así
como excluir las bebidas con gas, el café o el alcohol. Es importante realizar una
preparación de alimentos sin fritos, rebozados o grasas y utilizar los condimentos
con moderación. Se recomienda, además, la ingesta de alimentos que eleven el pH,
como la zanahoria y la patata, y evitar el chocolate.