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LA VIRGEN MARIA EN EL

��FLOS SANCTORUM>> DEL P. RIBADENEYRA

LAURENTINO MARIA HERRAN

El éxito de los Flos sanctorum 1

Cuando el P. Ribadeneyra publicó su Flos sanctorurn todavía


seguian editándose las sucesivas partes del Ftos sanctorum de Alonso de
Villegas. Como el Flos sanctorum de éste, se publicó cuando el del
P. Vega seguia editándose con las sucesivas refundiciones que ya cono­
cernos.
No sabemos el número de ejemplares que tenían las tiradas edito­
riales, pero el número de ediciones indican que el género era del agrado
del público devoto que, por lo mismo, tenia que ser numeroso y de to­
das las clases sociales.
Hay un dato curioso que nos puede dar una idea de la dtvulgación
de tales libros.
De todos es sabido que antes que Cervantes editara la segunda parte
de su Quijote se le adelantó otra segunda parte, cuyo autor -Licen­
ciado Alonso Fernández de Avellaneda, seudónimo a todas luces- no
se ha logrado identificar, siendo muchas las hipótesis que se han baraja­
do.
Pues bien. En el primer capitulo de la novela el protagonista, cura­
do de su demencia, pidió insistentemente a su sobrina le buscase algún
libro para entretenerse; «la cual, por consejo del cura Pedro Pérez y de
maese Nkolás, barbero, le dio un Flos sanctorum de Villegas, y los
Evangelios y E pistolas de todo el afio en vulgar>> 2•

1 Usamos la edición del año 1 6 1 6, hecha en Madrid en la imprenta de Luis Sá.nchez,

pero la primera edición se publicó en 1 599. La edición que usamos es de la Biblioteca


Nacional, 1/27855.56.
2 Segunda parte del Ingenioso Hidalgo don Quzxote de la Mancha, que contiene su
tercera salida, y es la quinta parte de sus aventuras. Compuesta por el Licenciado _A lon-

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LAURENTINO M. ª HERRAN

La novela de Fernández de Avellaneda se publicó en 1 61 4, cuando


el P. Ribadeneyra publicaba en 1 599 la primera parte de su Flos sancto­
rum. Los Evangelios y Epístolas bien pudieran · ser la tercera parte del
Flos sanctorum de Villegas 3 .
El género, pues, seguía interesando y haciendo bien a los cristianos
que se esforzaban por seguir a Cristo por las huellas que marcaron sus
santos.
I

PEDRO DE RI BADENEYRA ( 1 527- 1 61 1 )

Pedro Ortiz de Cisneros, conocido por su apellido Ribadeneyra, na­


ció en Toledo en 1 527 y muy pronto profesó en la Compañía de Jesús,
llegando a ser una de las figuras más prestigiosas de los tiempos gloriosos
de la fundación . Conoció personalmente a San Ignacio, cuya vida publi­
có en latín ( 1 572) y luego tradujo al castellano . Por sus grandes dotes de
gobierno desempeñó varias misiones de la Compañía en Roma,
Londres, Flandes y Sicilia y más tarde fue nombrado asistente de la mis­
ma Compañía en España y Portugal. Una vez que cesó en su cargo y re­
sentida su salud por la plena dedicación a esas tareas, empleó el tiempo
en la composición de sus obras, entre las que destacan Hz"storza eclesz"ás­
tz"ca del Scz"sma de Inglaterra ( 1 588) y el famosísimo Tratado de la trzºbu­
ladón ( 1589) , obras que le han merecido un dignísimo puesto entre los
grandes autores ascéticos españoles que al mismo tiempo son «autorida­
des de la Lengua» 4•
Habiendo concluido el Tratado de la relzgz"ón y vz"rtudes crz"stzanas
que ha de tener el prínápe cri'stzano, «contra la falsa razón de estado
-como él mismo dice- de los políticos de nuestro tiempo» (publicado
en 1 601 ) sintiéndose «viejo y cansado» y a los sesenta años de religión, en
que había desplegado una actividad extraordinaria; sin embargo, a ins­
tancias de muchos y en virtud de obediencia, recordando que la lectura
de las vidas de santos hace santos, acometió la empresa de escribir un
Flos sanctorum, cuya parte primera apareció en 1 599 y la segunda en
1 601 5.

so Fernández de A vellaneda, natural de la villa de Tordesillas. Al Alcalde, Regidores y


hidalgos de la noble villa del Argamesilla patria Feliz del hidalgo Cauallero don Quixote
de la Mancha. Con licencia. En Tarragona, en casa de Felipe Roberto. Año de 1 6 1 4.
3 Villegas publicó en 1 599 Flos sanctorum. Quarta y últz"ma parte y discursos y ser­
mones sobre los Evangebo" s de todos los domingos del año.
4 Cfr Dz"cdonario Eclesiástico de España; REY, E. , Introducción general a la vz' d a y
obras del P. Rz"badeneyra, en «Historias de la Contrarreforma», BAC, 5 .
5 RIBADENEYRA, Flos sanctorum, prólogo.

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LA VIRGEN MARIA EN EL «FLOS SANCTORUM» DEL P. RIBADENEYRA

Disposición y características del Plos sanctorum

En la contextura de su obra, sigue sustancialmente el orden del de


Villegas, aunque parece ignorarlo.
Comienza con una Vz'da de Nuestro Señor jesucristo, seguida de la
exposición del misterio de la Santísima Trinidad y del Santísimo Sacra­
mento, las dos solemnidades que no tienen sitio fijo en el calendaio.
A continuación coloca una breve Vida de Nuestra Señora, una como
visión panorámica de los misterios que desarrolla ampliamente en cada
una de las festividades de la Virgen a lo largo del año. Y, como Villegas,
sigue, no el calendario litúrgico sino el civil, de enero a diciembre.
Los relatos del P. Ribadeneyra, por lo general, son más breves que
los de Villegas, pues, como él confiesa, trata de ser parco en las conside­
raciones : se trata de echar la semilla que, «sembrada y regada en su co­
razón, con oración, estudio y diligencia, le dará a su tiempo fruto co­
pioso y colmado». Teóricamente algo como los puntos en los Ejercicios
de San Ignacio; pero no será fiel a este pro pósito, pues, como veremos,
muchas veces se extiende en coloquios desarrollados, final de las medita­
ciones según el método de San Ignacio.
Ribadenerra va derechamente al relato de la vida del santo o a la
exposición de la festividad, sin las introducciones que hacía Villegas,
con las cuales éste quería demostrar la verdad de la unidad de los dos
Testamentos, siendo el Nuevo el cumplimiento histórico de lo que en el
Antiguo era profecia o prefiguración.
En cambio afirma que para los misterios de Cristo y de Maria acude
«a la fuente pura del Evangelio»6• Es más, piensa, apoyándose en unas
palabras que cita como de San Jerónimo -«Vita sanctorum est in­
terpret�tio Scripturarum» -, «que la vida de fos santos es declaración
cierta . de las santas Escrituras. Y San Agustín dice que las sagradas
Escrituras no sólo tratan de los mandamientos de Dios sino también de
las vidas y costumbres de los santos, para que, si dudáramos cómo se ha
de entender lo que se manda, por lo que hicieron los santos lo
entenderemos» 7.
Pero además de las Escrituras quiere apoyarse en fuentes críticamen­
te fidedignas. Y cita las principales : los Martirologios de Beda, Usuardo
y Adón, los escritos de Lippomano y Surio y, sobre todo -lo recalca el
autor-, los A nales y anotaciones al Martirologio Romano del cardenal
Baronio, de quien afirma haber sido un hombre providencial «en
nuestros tiempos calamitosos para ilustrar la historia eclesiástica» 8 •

.·· 6 Ibid., fiesta de San José, p. 261 .


7 Ibid., prólogo.
8 Ibid.

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LAURENTINO M. ª HERRAN

No obstante esta actitud, que quiera ser crítica, apenas hay diferen­
cia en la credulidad en lo que se refiere a lo que tradicionalmente se leía
en la Liturgia, Martirologio y Breviario, bases fundamentales para la
exposición de las vidas de los santos y otros puntos de los misterios de
Cristo y sob re todo de la Virgen.
Su voluntad de escribir es c lara. Pero sabe y conoce las dificultades.
Porque en las vidas de los santos, a más de cosas enmarañadas a causa
de la distancia temporal, hay cosas apócrifas y, sin embargo, admitidas,
que ni se pueden aprobar sin perju icio de la verdad histórica ni de­
sechar sin herir los sentimientos de la «gente vulgar y común» . Sobre
esas narraciones han actuado o la mala fe de los herejes o los oscuros in­
tereses o falso celo de católicos que inventaron sucesos indignos de la
verdadera piedad.
Y así se expresa ante estas dificultades :
«Pues que dire de la elecion y disposicion de las cosas? Que de
la b reuedad, y propiedad de las palabras? Que de la sinceridad,
deuocion y espiritu con que las vidas de los Santos se deuen
escriuir, para que peguen deuocion y espíritu a los que las leye­
ren, y atrauiessen sus cora �ones, y los truequen y enciendan en
amor de Dios y en la imitacion de hazañas tan gloriosas, y dignas
de ser imitadas? Demas desto, algunas vidas de Santos son muy
largas, y si se refieren como está, causan prolixidad, y por dezirlo
todo, cansan al Lector: y si se quieren acortar, muchas vezes se
escoge mas lo que admira, que lo que edifica, y mas los milagros,
que las virtudes. Otras, ay peligro, que por escusar trabajo, se
escriuan sin orden y distincion, traduziendolas como se hallan
escritas por qualquiera autor, sin mas diligencia y estudio. Otras,
que mezclamos en ellas nuestra paja con el grano, y con los
exemplos marauillosos de los Santos, nuestros discursos, y aun
que propongamo s al pueblo vn largo sermon, lleno de delicados
conceptos, pero muy agenos de la vida del Santo que tratamos. Y
si el Señor con la lumbre y fuego de su espiritu, no alumbra e
inflama el cora�on, y rige la p luma del escritor, todas sus pa­
labras son secas y frias: y despues de auerlas leydo, queda tan
seco y frio el Lector, y tan sin xugo y fruto, como si no huuiera
leydo la vida de vn Santo, sino la de vn Emperador, o de vn Filo­
.

sofo Gentil: y no se consigue d fin principal que se deue tener en


escriuir las vidas de los Santos» 9.
Pero, aun teniendo en cuenta estas dificultades, el autor se decide a
escribir el Flos sanctorum: a más de «edificar mi alma con leer y escribir

9 Ibid.

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LA VIRGEN MARIA EN EL «FLOS SANCTORUM» DEL P. RIBADENEYRA

vidas tan preciosas y admirables» p or «sólo celo de la gloria de Dios y


honra de los santos, ornamento de la Iglesia Católica, utilidad de los
fieles y confusión de los herejes».
No podemos olvidar que estamos en plena Contrarreforma -y el es­
tilo del mismo concilio de Trento va en la misma linea ( cfr DS
1 643. 1 644)- en que l os jesuitas se tenían por abanderados frente a los
ataques de los reformadores.

Escritor espiritual y maestro en el buen decir

En los preámbulos de las Obras completas del P. Ribadeneyra figurá


una carta de fray Luis de Granada que juzgo muy oportuna para lo que
queremos exponer. La escribió a propósito de la Vida de San Ignado,
que primero escribió en latin y luego tradujo al castellano:
«A todos mis amigos, sin recelo ni lisonja, he dicho lo que
siento deste libro, y es que en esta nuestra lengua no he visto has­
ta hoy libro escrito con mayor prudencia, y mayor elocuencz'a, y
mayor muestra de espíritu y doctrina en la historia , y mayor tem­
peramento en alabar su instituto, sin perjuicio de todas las órde­
nes, antes con grande loa de todas ellas y de sus institutos» 10•
Son muchos los puntos que interesarla destacar: nosotros nos fijamos
sólo en los que hemos subrayado.
El P. Granada era maestro en elocuencia, el «arte de bien decir>> ,
como lo demuestran sus obras y la Retórica eclesz"ástica que es.cribió pa­
ra guia de predicadores.
Ciertamente la piedad mariana, el espíritu de devoción a Maria,
empapa el libro que estudiamos y prescinde, con caridad cristiana, de
las polémicas a que se prestarla la actitud critica que asume con
ejemplar prudencia .
Pero además, e l P. Ribadeneyra, dada s u gran formación humanís­
tica, es uno de los maestros de nuestro idioma. Al servicio de su tarea
edificante y alentadora de una piedad ilustrada pone todos los recursos
de un buen estilo, preciso en las palabras, ponderado en sus juícios y
con el uso acertado de todos los recursos de la elocuencia (o retórica, en
el buen sentido de la palabra) 11 pasando, por ejemplo, de la mera
narración de los hechos a los apóstrofes e interrogaciones, dirigiéndose

1º En Obras del P. Ribadeneyra de la Compañía dejesús, agora de nuevo revistas y

acrecentadas, Madrid, 1605. La carta está fechada en Lisboa en 1584.


11 El P. Rey copia el testimonio del hermano López: «Gustaba mucho de borrar lo

que habia trabajado y escrito, y decía: ¡Qué sabrosa se me queda la mano cuando borro
algo!», op. cit., p. CXIX.

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LAURENTINO M. ª HERRAN

unas veces al lector para despertar en él los afectos y propósitos de una


buena contemplación y otras hablando directamente a la Virgen, apli­
cando, desarrollada ya, la técnica del coloqu'io característico del mé­
-

todo de oración ignaciano -, facilitándosele al lector, para que la lectu -


ra no resulte una fria: erudición religiosa sino el ejercicio de la religión,
en alabanza de Dios, la Virgen y los santos, o una exhortación para que
el lector se anime y esfuerce en imitar las virtudes que se le muestran vi­
vidas por el santo o por la Reina de todos ellos.

Teología de la <-<santidad» y pieda.d marian a 12

Partiendo del Misterio de Cristo, «fuente y raíz de toda santidad»,


Dios aparece admirable en sus santos, pues si las cosas son «como un
rastro y huella de Dios» , el santo es z'magen y semejanza suya, «templo
suyo, amigo e hijo suyo» .
Nadie predica la gloria de Dios como el alma de un santo, «en la
cual mora como en su casa y reposa como en su tálamo y con ella se
abraza como su dulce esposa» . Un santo glorifica a Dios más que todas
las creaturas, pues es «retrato de Dios, espejo de su bondad, traslado de
sus perfecciones y consorte y particionero de su divina naturaleza» .
La reverencia que la Iglesia tributa a los santos es «gloria que redun­
da en quien los hizo santos» , honor a quienes honraron a Dios, con lo
cual acrecentamos su gloria accidental y ello revierte en provecho de la
Iglesia que acude a su intercesión.
«Demas desto es fuerte escudo y defensa contra los infieles
que la contrastan, y un martillo y cuchillo contra los herejes, cu­
yos errores y desatinos con ninguna cosa· se conuencen mejor que
con los exemplos de los Santos . Porque es mas excelente modo de
enseñar con obras que con palabras, y las obras de los Santos son
santas y contrarias en todo y por todo a los disparates y desuarios
de los herejes» .
Pero no pensemos que este tono polémico pasa a la narración de las.
vidas del Flos sanctorum. Estamos en el prólogo, en que el autor justifi­
ca la tarea que comienza, sentando las bases teológicas en un tiempo
precisamente en que los reformadores atacaban a la Iglesia, sobre todo
en este punto del culto de los santos.
«Mirabilis Deus in sanctis suis» . Son la obra más perfecta de la Re­
dención de Cristo y, sí un solo santo glorifica tanto a Dios, ¿qué gloria le
dará el conjunto de tan innumerables santos y la Reina de todos ellos,
Maria Santísima?

12 RIBADENEYRA, Vz"da de Nuestro Señorjesucristo.

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LA VIRGEN MARIA EN EL «FLOS SANCTORUM» DEL P. RIBADENEYRA

«Despues de la vida de nuestro Salvador, espejo, regla y medi­


da de toda santidad, deuemos poner los ojos en la vida de su
purísima Madre, que fue escogida de Dios para la mayor digni­
dad que puede caber en humana criatura; y para ella fue ador­
nada de los mayores dones y virtudes que a nadie fueron
concedidos» 13 •
En esta frase compendia el autor lo que la Virgen es, digamos, en sí
misma y con relación a su maternidad divina. Pero María no es sólo la
más santa por su relación a Dios Padre sino en relación a Dios Hijo,
quien nos ha hecho compartir su filiación a los que nos salvó con su aso­
ciación corredentiva.
Y es este aspecto, quizás, el que más resalta el Flos sanctorum, su
función de piadosa intercesora que resume el autor al concluir la vida
de Nuestra Señora:
«En el cielo esta sin duda en cuerpo y alma nuestra Madre: y
alli está nuestra abogada, y nuestra Reyna, alegrando con su vis­
ta todas aquellas Hierarquias de los Angeles, y a todos los corte­
sanos y moradores del cielo. e intercediendo por nos, y como fiel
depositaria, y dispensadora vniuersal de todos los tesoros y gra­
cias de Dios, repartiendo dellas a los fieles, y con mas larga
mano, a los que con mayor cuydado la siruen, y con mas particu­
lar deuocion se le encomiendan. Porque ella es el cuello, por el
qual nuestra cabe�a, que es su bendissimo Hijo, influye en el
cuerpo de su Yglesia todo el sentimiento, y mouimiento espiritual
con que ella viue y se consenta. Es el caño y arcaduz, por donde
passa toda el agua que de aquella fuente de vida se deriua a
nuestras almas. Es la tesorera general de todas las riquezas, que
Dios tiene en el cielo, y en la tierra: y es la puerta por donde
auemos de .entrar, si queremos alcan�ar perdon y misericordia en
el acatamiento del Señor. Es Madre de la gracia, por ser Madre
de Iesu Christo, que es autor, y dador de la misma gracia; por
quien han sido agradables a Dios todos los que han sido, desde el
principio del mundo, y lo sercm hasta el fin de los siglos. Por don­
de se vee las obligaciones precisas que nos corren de ser deuotissi-
. mos desta Virgen sacratissima, no solamente por auernos dado a
su Hijo preciosissimo, concebido de su sangre en sus entrañas
(que es todo nuestro bien, y el c umplimiento y remate de todos
nuestros deseos, y de nuestra bienauenturan(;a) sino tambien por­
que no podemos gozar deste tesoro, y sumo bien, sino somos ayu­
dados y fauorecidos de la misma Reyna, por cuya mano el Señor

13 Id., Vi·da de Nuestra Señora, p. 72.

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LAURENTINO M. ª HERRAN

nos le comuni�o con tan inestimable liberalidad. Tenemos neces­


sidad (como dize S. B ernardo) desta medianera para con su Hijo,
que es vnico medianero entre nosotros, y el Padre eterno. Por es­
to todos los Santos, de todas las edades, y naciones que ha auido
en la Yglesia C a toli c a han sido siempre deuotissimos y fidelissi­
mos sieruos desta Señora: y se han desuelado en alabarJa, magni­
ficarla, y seruirla; con sus pensamientos, meditando sus grande­
zas : con su lengua, predicando sus marauillas: con su estilo,
escriuiendo sus excelencias: con su vida, imitando la vida diuina,
de la que Dios puso por exemplo del mundo: y quanto han sido
mas Santos, tanto han sido mas deuotos Capellanes de la gloriosa
Virgen. Y los Santos y graues autores dizen, que es singular gra­
cia y fauor de Dios, y vnas como prendas de la saluacion, el te­
nerle particular deuocion, acudir a ella con confian�a. hazerle
algun seruicio, tomarla por abogada y patrona, e imitar sus vir­
tudes. Porque es Madre de misericordia, y ninguno esperó en
ella, y quedó confuso. Y a esta causa el melifluo S . Bernardo, y
deuotissimo de nuestra Señora, dize, Calle vuestra misericordia,
o Virgen beatisS'ima, si· ay alguno que no aya hallado vuestro
fauor, quando os le pz.dz"o en sus necessz"dades (...)
Y es cierto, que esta Virgen castissima, y madre benignissima,
toma debaxo de sus alas, y con especial amparo defiende a los
que con entrañable afecto se encomiendan a ella, y les haze par­
ticulares mercedes, fauores y regalos» .
Luego hace una pequeña enumeración de estos «milagros» , los que
nunca faltaban en esta clase de libros piadosos y continúa :
«San Ilefonso Ar�obispo de Toledo, por auer defendido con
singular valor, zelo, y dotrina, la pureza y perpetua virginidad
desta Reyna de los Angeles , contra ciertos hereges, que la preten­
dian escurecer; merecio verla, y adorarla en su templo de Tole­
do, y recebir de su mano aquella vestidura celestial, con - que
quedo tan rico, y fauorecido, y hecho en la tierra ciudadano del
cielo. A Ruperto Abad Tuiciense, que por ser tardo de ingenio,
desconfiaua poder entender, y penetrar bien los misterios que es­
tan encerrados en las diuinas letras, impetro la Virgen sacratissi­
ma tan grande luz de ciencia y doctrina, que fue vno de los sa­
pientissimos varones de su tiempo, y esclarecido en vida y en
muerte con muchos milagros. Y el mismo beneficio recibio Al­
berto Magno, frayle de Santo Domingo, y maestro del gran Doc­
tor de la Yglesia Santo Tomas de Aquino, en el conocimiento de
todas letras, y especialmente de las naturales y filosoficas, que el
deseo, y pidio a nuestra Señora, por verse de poca habilidad, y

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LA VIRGEN MARIA EN EL «FLOS SANCTORUM» DEL P. RIBADENEYRA

rudo ingenio. Seria nunca acabar, si quisiessemos referir aqui to­


do lo que graues Autores esc:riuen de los fauores que esta Señora
nuestra ha hecho a los que con limpio y deuoto cora�on le han
pedido remedio, o le han hecho algun seruicio. Pero no es menos
admirable su misericordia para con los pecadores, que su libera­
lidad y magnificencia para con sus deuotos sieruos. Quien no sa­
be, como libro esta Madre y abogada de los pecadores a aquel
Arcediano, o Mayordomo, de Adama, ciudad de Cilicia, llama­
do Teofilo? el qual por verse acusado falsamente, vencido de la
impaciencia y dolor ciego, nego a Christo, y a su bendita Madre,
y se entrego totalmente a Satanas, y le dio vassallage, con vna ce­
dula escrita de su mano: la qual cedula despues recobro por la
intercession de la misma Señora que auia ofendido, e impetro
perdon de su grauissimo pecado. Pues que dire de Maria la peni­
tente, que llaman Egipciaca;: la qual auiendo sido antes vn mula­
dar abominable, por su deshonestidad, despues que en Ieru.salen
se encomendo a la Virgen de las vírgenes, y le prometio de dar li­
belo de repudio a todas las blanduras de la carne, por su inter­
cession floreció como vn parayso de deleites, y fue espejo de peni­
tentes? Y no es menos de marauillar la gracia que hizo Nuestra
Señora a vna muger de Alemania : la qual el año del Señor de mil
y nouenta y quatro, no lexos de la ciudad de Laudum, auiendo
muerto a vn hombre, y siendo condenada a ser quemada viua
por ello: al tiempo que la lleua.ron al suplicio, pidio con grande
afecto fauor a la Virgen, y eUa se le dio tan cumplido, que echa­
da dos vezes en el fuego, no se quemo, ni se chamusco vn solo hi­
lo de su ropa. Y como estos ay otros innumerables milagros, que
en todos los siglos passados, y en todas las prouincias y naciones
del mundo, con todo genero,, estado, sexo, y condición de perso­
nas, en paz y en guerra, en la prosperidad, y en la aduersidad, en
vida, y en muerte , con justos y con pecadores, ha obrado el vni­
genito y todo p oderoso Hijo de Maria, para honra de su Madre
santissima. Y los qu� cada dia obra en toda la redondez de la
tierra, y especialmente en algunos señalados lugares, y san­
tuarios, que el ha escogido, para que en ellos sea mas inuocada, y
. reuerenciada esta Señora (como son la santa casa de Loreto en
Italia; las de Monserrate y Guadalupe en España: y las otras
muchas que en ella, y en toda la Christiandad son tenidas en
grande veneración) son tantos y ta n notorios, que no tienen cuen­
ta. Y como cosa muy sabida, es mejor dexarlos, pues por mucho
que se diga, siempre quedará mas que dezir» 14•

14 Ibid. , pp. 80-82.

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LAURENTINO M. ª HERRAN

Fortuna del Flos sanctorum

Ya dijimos que por las fechas en que se editó el del P. Ribadeneyra


se seguían editando los Flos sanctorum anteriores. No obstante, el del
P. Ribadeneyra, posiblemente, eclipsara un poco su popularidad. De
hecho, el Flos sanctorum del jesuita tiene ediciones sucesivas, que van
siendo añadidas con nuevas vidas de santos por los P. Nierenberg y
Garda, jesuitas también y por el P . L ópez Guerrero, carmelita.
Además se traduce al francés y en la presentación del libro se afir­
ma;
«Este libro fue la delicia de las almas piadosas en los siglos de
fe, y ha contado siempre con los sufragios de los Prelados y del
clero . . . La obra se distingue, entre todos los de su especie, por la
tierna piedad que inspira, por los animadísimos cuadros que pre­
senta y por la vivez inimitable de sus narraciones» .
Sin entrar ahora en el análisis del panegírico del libro, lo cierto es
que todavía en 1 863 se publicaba la edición con las sucesivas añadiduras
de que hemos dado cuenta, se editaba en Cádiz, publicada por la Revis­
ta Médica en una pulcra edición que incorporaba los santos canonizados
hasta la fecha de la edición.

II

MARIOLOGIA DEL FL OS SANCTORUM DE RIBADENEYRA

Sin olvidar nunca que la finalidad del libro es despertar la devoción


a María, resaltando su función de Intercesora y proponiendo al mismo
tiempo las virtudes de la Virgen, modelo, corno ningún santo, de la
imprescindible imitación de Cristo Nuestro Señor, podernos señalar, si­
quiera brevemente, los puntos dogmáticos que expone compendiosa­
mente en la Vida de Nuestra Señora y por extenso en cada una de las
festividades a lo largo del año.
No vamos a buscar la originalidad de un tratadista de mariología
porque no era ése ni el talante del autor ni, corno decirnos, la finalidad
del Flos sanctorum. Pero interesa señalar las verdades dogmáticas, pues
con ello añadirnos un testigo más de la fe que se predicaba y la que
aceptaba, celebrándola, el pueblo cristiano de aquella época gloriosa, a
pesar del tópico calificativo que usa nuestro autor de «tiempos cala­
mitosos» . Era la misma España que vivía fuertemente una fe, al mis­
mo tiempo que sufría los embates de los enemigos político-religiosos de

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LA VIRGEN MARIA EN EL «FLOS SANCTORUM» DEL P: RIBADENEYRA

una Europa sacudida por los choques de distintas concepciones de la


vida 15 •

1. La· in�aculada Concepción

Como no podía menos, dadas las circunstancias que conocemos, en


la festividad de diciembre Ribadeneyra expone un tratadito, breve pero
completo y ordenado como una explicación de escuela .
Expone fa naturaleza y propagación del Pecado original, e n toda su
enormidad teológica, paiá que se vea con sólo explicarlo que la Virgen
Madre de Dios tenia que ser preservada y eximida de la ley general del
Pecado de origen 'a pesar de haber sido concebida naturalmente . Y esta
preservación convenía tanto a la dignidad del Hijo· como a la de la
Madre, que fue enriquecida con la gracia y detenida para que no cayera
en Ja ley general.
:Fue una redención preservativa como convenia al Redentor. perfec­
to: lo cual es conforme a la Sagrada Escritura; a la doctrina de los san­
tos y a la buena razón.
En cuanto. a la Sagrada Escritura apela al Protoevangelio y al relato
de San ;Lucas entendido en sentido literal, el cual se refuerza con las
acomodaciones que hace la Iglesia del Cantar de los Cantares 1 6 •
Pero es curioso leer cómo explica el Protoevangelio. Después de ex­
poner el principio de recirculación dice:

«Así que ya desde entonces puo Dios a esta bendita mujer y


Reyna nuestra por capitana y señora del campo para que pelease
con la Serpiente y le quebrantase la cabeza antes de pronunciar
fa sentencia contra Eua y Adán, para darnos a entender que no
queria comprender· en aquella sentencia a la que antes de pro­
nunciarla la había eximido a Ella y constituido por reparadora
del pecado que con tan rigurosa sentencia condenaua» 17 •
Frases muy apretadas de doctrina donde se ve cómo el P. Ribade­
neyra veía ya en. esta preservación la dimensión corredt;ntiva de la Vir-

15 Es interesante la Dedicatoria a doña Margarita, reina de España,.cuyas virtudes y

piedad ensalza,. pero sobre todo enumera todo lo que su familia, la casa de Austria, ha
hecho a la Compañia; a favor de la cual sus antepasados y hermanos han construido .co­
legios en todo el territorio de sus dominios, Austria, Praga, Hungría, Tirol, Alemania,
cuyo fruto será, según el autor, «reprimir y alumbrar a los herejes, consolar y esforzar a
los católicos y componer y reformar las costumbres de los fieles».
16 Vienen a ser estas acomodaciones las que recoge la constitución dogmática Muni­
-ji"centissimus Deus de Pío XII.
1 7 RIBADENEYRA, Flos sanctorum. Fiesta de la Inmaculada Concepción de la Virgen

Maria Nuestra Señora, p. 859.

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LAURENTINO M. ª HERRAN

gen y que parecen indicar que el autor estaba por la· opinión del no dé­
bito del pecado original.
La lista de los santos que apoyan la doctrina, como no podía menos
dado el estado de la crítica histórica, es poco fiable: por ejemplo, figu­
ra, sin examen ninguno, la autoridad de San Agustín y acepta lo que
entonces pasaba como de San Jerónimo. _

Y para Í a prueba de razón remite a Suárez, aunque él se detiene a


exponer algunas de esas razones. Y es curiosa la que dice sacar de San
Pedro Damiani: Dios está en el alma de la Virgen, no sólo por esencia,
presencia, potencia y grada como en los demás santos, . sino por 'identz"­
dad, es decir, por ser Cristo carne de su· carne y hueso de sus huesos, lo
cual impedía todo acceso de pecado, tanto original como actual. Y esto
le lleva al argumento de la piedad filial, que para un hijo está en dar. a
los padres «todo el bien que les puede dar y del cual ellos son capaces» 18•
Tal es la «gran obra» que Dios realizó con su Madre y que Ella
.

proclama en el Magnificat, la maternidad d'i1Jzna . con todas· sus exigen­


cias , «principio por donde habemos de rastrear las prerrogativas y gra­
cias singulares de la Virgen» 19• Por donde es fácil comprender. que
«haya sido tan· sublimada y enriquecida de gracia, que no haya podido
tener entrada en Ella·culpa alguna de pecado original ni actual sino que
en el mismo instante en que comenzó a vivir vida natural, en ese viviese
vida sobrenatural, graciosa y divina» 2º.
Y a renglón seguida expone la consideración que se imponía en un
libro escrito con la finalidad de fundamentar la. devoción a la Virgen:
«¡Qué gran confianza es para los pecadores que desean salir del pecado,
saber que. tienen por abogada a la que venció todo pecado, y que jamás
fue cautiva del común enemigo aquella a quien invocan y suplican que
los lib re de la tiranía y cautiverio de Satanás!» .
Y luego pasa a considerar la alegría d e los mismos ángeles, pues se­
gún San Vicente Ferrer, «en el mismo instante que fue concebida la Vir­
gen todas aquellas Jerarquías celestiales hicieron gran fiesta en el
ciel o» 21•
Luego, dada la naturaleza del libro, prorrumpe en un encendido co­
loquio con la Virgen, ponderando la plenitud de gracia de la Virgen en
su concepción inmaculada , con comparaciones tomadas .de las cos­
tumbres de los animales que miran por su limpieza y sobre todo tejiendo
un elogio comparativo con todas las grandes figuras.deIAntiguo Testa-

18
Ibíd., p. 862..
19 Ibid.
20
Ibid., p. 863.
21
Ibid.

546
LA VIRGEN MARIA EN EL «FLOS SANCTORUM» DEL P. RIBADENEYRA

mento e ilustrando este misterio. con las figuras y símbolos veterotesta­


mentarios, ya conocidos .
Habla después de los efectos que la devoción causa en los fieles,
sobre todo -y cita a San Juan de Avila - a la hora de mantenerse puro
contra las tentaciones sensuales 22 •

2. Santidad derivada de esta primera gracia

Copiamos sus palabras, justas y medidas, en que enumera todo el


cortejo de virtudes y privilegios que, según el autor, le vinieron a la Vir­
gen por su preservación original .

«Fue infundida a la Virgen en su purísima Concepción, no


solo la gracia para preseruarla del pecado original, mas tambien
le fueron infundidas todas las virtudes morales, y le fue acf;lerado
el vso de la razón, y verdadero conocimiento de Dios; mucho mas
perfetamente que lo tuuo San luan Baptista. Tuuo la Virgen
desde su Concepcion la ciencia de la cosas naturales, y morales,
que son necessarias para la perfeta inteligencia de las escrituras
sagradas, y para la prudente gouernacion exterior: y vna gracia
tan grande, que causaua en ella vna compostura tan admirable,
y diuina, que jamas tuuo mouimiento desordenado, ni mal pen­
samiento, ni dixo palabra ociosa, ni cayo en la menor imperfe­
cion del mundo, ni en cosa que oliesse a pecado: antes, desde el
punto de su Concepcion comen�o a merecer la gloria, y tomo la
corrida para alcan�ar la joya de la bienauenturan�a coh tan lar­
gos passos, que a todos los Santos dexo atras»23•

Por eso su Nati1fidad «trajo alegríla al mundo universo», como canta


la Iglesia en esa festividad.

«Nació esta gloriosa niña, en el cuerpo la más linda, la más


bella y hermosa que ninguna pura criatura ; y en el alma tan
pura, tan perfecta, tan adornada de gracias y uirtudes, que los
serafines y querubines se admiraban y estaban suspensos de
uerla; porque como del cuerpo de la Virgen se había de formar

22 Copia del Audz"fz"lia, c. 14: «Especialmente he visto haber venido provechos no­

tables por medio desta Señora a personas molestadas de flaqueza de.carne por rezarle al­
guna cosa en memoria de la limpieza con que fue concebida sin pecado, y de la limpieza
virginal con que concibió al Hijo de Dios. Y es cierto que nuestro Señor ha hecho algu­
nos milagros para testificar esta verdad». Esta última frase· no la he encontrado en las
obras de san Juan de Avila.
2 3 lbid.' p. 864.

547
LAURENTINO M. ª HERRAN

el cuerpo de Jesucristo y organizarse de su delicada sangre, fue


cosa muy conueniente que aquella carne, de la cual se habia de
uestir el Verbo eterno, fuese muy proporcionada á la del Hijo, y
bien compuesta, y en todos los bienes naturales acabada con su­
ma perfeccion; y que el Hijo fuese muy parecido á la Madre en el
ser natural, y la Madre al Hijo muy semejante en el ser de la gra­
cia ; porque en lo primero Christo era hijo de Maria, y ella su
Madre, y en lo segundo, el era su Padre, y ella su Hija. De aqui
uino la plenitud de la gracia, que el alma de la Virgen tuuo, y las
inmensas riquezas de todas las uirtudes y dones,. que por un mo­
do singular el Señor le comunicó; porque todas:las gracias que
Dios repartió a todos los otros santos las ·amontonó y junto · en
Maria con mayor perfección y con medida mas. colmada» 24•

Y se le impuso el nombre de MARIA, nombre a· quien debemos la


reverencia que merece la Madre de Jesús, la Madre-de-Dios. Pues su
nombre encierra las maravillas que en la persona de Maria Dios reali­
zaba:

«Ü bienaventurada y dichosa Señora! Qué lengua, aunque sea


de ángeles, podrá explicar, ó qué mente comprender lo que se
encierra en este nombre de Madre de Dios? O Madre de tu
Padre, Esposa de tu dulcísimo Hijo, que mereciste tener un mis­
mo Hijo con Dios: De qua natus est ]esus! Nació sin madre eter­
namente de la sustancia dell Padre, y nació temporalmente sin
_

padre de la sustancia de M aria. Engendró el Padre· al que dio ser


a todas las cosas, y tú engendraste al mismo Hijo, . que· 1es dá la
grada y el perfecto ser. El Padre engendro al Criador de todas
las cosas, y tú al Reparador de todas, y al Sáluador. Por Jesucris­
to fué hecho y formado el mundo;. y por el mismo Cristo en tí ha
sido reformado y recreado. Nacida eres de la carne de Adan;
mas sin la corrupcion de Adan: Hija eres de Eua; mas para repa­
rar las miserias de Eua: Hilja eres de hombre; mas· Madre de
Dios: Virgen eres, mas no estéril; fecunda eres, mas con purísima
virginidad. Dios te salue, Virgen sacratísima, tálamo del Esposo
celesti3:-l, morada del eterno Padre, templo de _la Sapiencia in­
__

creada, sagrario del Espíritu santo, palacio de la· Diuinidad, ta­


bernáculo de nuestra salud, huerto de delicias, paraiso de de­
leites, tesoro riquisimo, vena de aguas vivas, depositaria de todas
las gracias y dones de Dios, singular entre todas las criaturas,
pues no hay cosa que te igli ale: porque todo_ lo que tiene ser no
esta sobre ti: sobre ti está solo el Criador, y debajo de tí están to-

24 Id., fiesta de la Natiuidad de la Virgen Santísima Nuestra Señora, pp. 627-628.

548
LA VIRGEN MARIA EN EL «FLOS SANCTORUM» DEL P. RIBADENEYRA

das las criaturas: porque eres Madre de Dios, Madre de nuestra


luz, Madre de nuestra salud, Madre de nuestra redencion y de
nuestra bienauenturanza» 2 5.

Pero la santidad de María no era sólo obra de D'ios. Ella, vzºrgenfiel,


correspondió d� una manera única y desde el mismo instante que fue
.
consciente .de los maravillas que Dios había hecho en.. Ella, .desde el
«amanecer>> (valde diluculo), como la Iglesia canta de la Virgen, ha­
biéndosele acelerado el uso de razón (como opinaban muchos autores,
entre ellos el P. Ribadeneyra) : de lo cual es indicio la Presentadón de
Nuestra Señora en el templo, fiesta de la antigüedad que registra
nuestro autor.
De su vida en este período nuestro autor sigue a San Ambrosio, que
ponía a Mana como modelo a las vírgenes .cristianas.
Por eso el autor habla de la virginidad de María en estos términos:

«Pero especialmente las virgenes, que con particular inspira­


ción, y luz del cielo consagraron su virginidad a Iesu Christo� y le
tomaron por esposo, deue tener siempre delante de. sus ojos como
vn espejo la vida desta Virgen santissima, para amoldarse. a ella,
y seguir sus exemplos, pues militan debaxo de suvandera, y ella
es su guia, su maestra, y capitana. Porque entre las otras exce­
lencias, y prerrogatiuas de la Virgen,. no es la menor el auer sido
la primera que al�o la vandera de la castidad, y consagro su pu­
rissima virginidad con voto perpetuo al Señor, y abrio camino
con su exemplo a todas las virgenes, que despues la han seguido.
Ella fue la primera, que conocio, y estimo, en lo que se deue, la
virtud tan rara, y peregrina de la pureza virginal : y la que la amo
tanto, que hizo voto de guardarla perpetuamente, con vn amor
tan encendido, y tan intenso, y con vn deseo . tan entrañable de
agradar a Dios, y le guardo tan perfetamente, que mas parecia
Angel sin cuerpo, qu,e donzella con carne mortal . Porque el auer
sido madre no marchito la flor de su virginidad; antes la hizo
mas bella, y mas florida, mas alta y mas diuina, y junto la flor de
virgen con el fruto de madre» 26 •

Sobre s u matrimonio sigue e l P . Ribadeneyra l a doctrina clásica, ad­


mitiendo, como· era común, el elemento apócrifo para explicar su ma­
trimonio virginal.con José.

25 lbid.' p. 629.
26 La Presentación de Nuestra Señora en el templo, p. 802 .

549
LAURENTINO M. ª HERRAN

3. María es constituida Madre-de-Dios

El relato de la Encarnación se nos presenta en un tono de admira­


ción, respeto y agradecimiento, como conviene a la índole del libro que
estamos estudiando. Pero, naturalmente, se fundamentó en las ideas
dogmáticas que aquí vamos a indicar siguiendo el hilo del relato de la
A nunczadón de Nuestra Señora y Encarnación del Hijo de D'ios.
La Encarnación es el gran don de Dios, la autodonacz'ón como
corresponde a la calidad del «dador», que no sólo nos regala c�sas por
admirables que sean, sino que se nos da «a sí mismo, paré:'.l que el don
correspondiese a fa grandeza e inmensidad del dador» 2 7 •
Dádiva que ennoblece y engrandece tanto a l linaje humano que so­
mos parientes de Dios, consideración que nos lleva a reconocer nuestro
esclarecido linaje, «sin bastardear ni desdecir de lo que debemos a tan
alta dignidad» 2 8 .
Ahora bien, la intermediaria de esta donación es la Virgen María, «a
quien fue concedida la mayor gracia y santidad que cabe en pura crea­
.tura, y toda la que era necesaria para ser digna Madre de Dios» . Santi­
dad ésta que sólo Dios puede medir, y para quien tenga ojos espz'rz'tuales
es el módulo para conocer, más que por otra acción de Dios, la riqueza
y dadivosidad· de Dios Todopoderoso 29 •
Cuando el ángel la llama llena de gracia hay que entender una ple­
nitud especial, la mayor que ninguna creatura recibió ((Fue tan llena
- comenta el P. Ribadeneyra, con expresiones recogidas de la Tradi­
ción de la gran Teología - que rebosó y redundó en todos los demás. 'A
los demás se da una parte de gracia; mas a María se infundió juntamen­
te toda la plenitud de gracia'» 30 •
Se trataba del negocio
«mas alto, sublime y admirable que jamás huuo, ni puede
hauer, porque fue para que Dios se hiciese hombre como se ha
dicho, y aquel purísimo y sim.plícisimo espíritu en las entrañas de
esta castísima doncella se uist.iese de nuestra carne, y se desposase
con la santa Iglesia con un vínculo de amor · fuerte· y tan indiso­
luble. Y porque en cualquiera desposorio y casamiento para que
sea firme y rato es necesario que las partes, el esposo y la esposa,
den su· consentimiento, fué cosa muy conueniente que uiniese el
ángel a la Vírgen, para pedirle el suyo; y como persona publica y

27 La A nunciación de Nuestra Señora )' Encarnación del Hq·o de Dzºos, p. 277.


28 Ibid., pp. 278- 2 7 9 .
29 lbid., p. 279 .
30 !bid., p. 2 8 1 .

550
LA VIRGEN MARIA EN EL «FLOS SANCTORUM» DEL P. RIBADENEYRA

que representaua todo el género humano, diese el sí y aceptase


aquella inestimable merced ele Dios» 3 1 •

· Y la Virgen, enterada ya del plan de Dios, dio su asentimiento.

«Sea hecho en mí segun tu palabra» . «Esta palabra, sea


hecho, dice San Bernardo, es palabra significatiua del deseo que
tenia la Vírgen de este misterio; o es palabra de oracion que pide
lo que le prometen, porque Dios quiere le pidan lo que el prome­
te; y por uentura por esta causa promete muchas cosas de las que
quiere dar, para que con la promesa se despierte ia deuoción, y
así merezca la deuota oración, lo que quiere d-ar de gracia» . Esto
es de San Bernardo. Fué tan agradable á Dios esa humildad y
consentimiento de la Vírgen, que dice S an Bemardino de Sena
que mereció mas en solo aquel acto que todos los ángeles y todos
los hombres; porque con él mereció ser Madre de Dios; y aquel
Sí, y consentimiento y ofrecimiento de tanta humildad y sujeción
a la uoluntad del Señor, fue como una última disposicion para
receuir aquella souerana y altísima gracia, para la cual Dios ab
<Eterno la hauia predestinado y escogido»s2 •
Y se realizó el misterio de la Encamación, esa misteriosa unión hi­
postática por · · 1a cual el Unigénito del Padre <�untamente es Dios y
hombre, e hijo natural de Maria, y Ella verdadera y natural madre de
su Criadory Señor, engendrado de su sustancia y concebido en su sagra­
do vientre» 33•
Pero no sólo es la virginidad y la humildad las virtudes que ejercita
Santa María en ese Misterio, que no se realiza sin Sll previo consenti­
miento: es antes que nada l a fe por la cual Isabel la llama bienaventu-
rada.
·

«El medio con que la Virgen alcanzó esta suprema dignidad


de ser madre de Dios, declaró sancta Isabel que fue la fe:
'Bienauenturada, dice, porque creiste'. Creyo la Virgen al ángel
mucho mas perfectamente que ningún santo ni profeta , y su fe
fue mucho mas excelente que la del patriarca Abrahán, tan pre­
dicada en las Diuinas Letras». ({Porque la fe es el principio, la
raíz y fundamento de nuestra bienauenturanza, y la que,
acompañada de la caridad, la merece; y por ella concibió la Vir­
gen a Dios, primero en el corazón que en el uientre» 34

31 Ibid.
32 Ibid., pp. 283-284.
33 Ibid., p. 284.
34 Id., La visi'tación de Nuestra Señora, p. 452.

551
LAURENTINQ M. ª HERRAN .

Son verdades que cualquiera teología afirma · y explica, pero que las
traemos aquí para que se vea, una vez más, la sólida fundamentación
teológica que estos escritores daban a la piedad del pueblo cristiano que
trataban de despertar, animar y espolear con respectó a la que merito­
riamente intervenía en el misterio de nuestra Redención como mediane­
ra, especialmente en el momento inicial, básico, de. nuestra salvación.

4. La maternidad espiritual de Nuestra Señora

No se detiene mucho el P. Ribadeneyra en este punto tan interesan­


te para una teología mariana completa. Se fija . más en el aspecto de
abogada e intercesora, que continuamente repite, sin duda porque es
este aspecto de la maternidad espiritual el que más llega a los fieles y el
que más despierta la devoción de los que tanto · la · necesitamos como
abogada nuestra.
Pero es curioso que sea en el misterio de la Visitación donde expresa­
mente hable de esta maternidad y, sin embargo, apenas lo insinúe en el
momento de la solemne proclamación del Calvario.
Explicando el misterio de la Visitación dice que el Espíritu Santo,
por cuya virtud había concebido al Hijo . de Dios, la . impulsó a visitar . a
su pariente Isabel. Recalca, como todos los autores espirituales, l� cari..,
dad y humildad de la Virgen Madre. Pero es en este pasodon�e habla
de la primera intervención medianera de la Virgen y de su maternidad
espiritual.
Estas son sus palabras; el Espíritu Santo
«la mouió e incito para que comunicase a su prima Isabel
aquel inestimable tesoro que hauía concebido, y repartiese con
ella los diuinos dones con que estaua tan enriquecida, y con sus
palabras dejase. al diüino Precursor sant�ficado desde el vientre
de su madre, y en su presencia se hiciese:µ tantos milagros como
allí se hicieron . . Porque ya esta Señora era persona pública y m1:­
ni'stra en la obra de la redención . . » .
.

Dejando las consideraciones espirituales que el acontecimiento le su­


giere anotemos un punto muy interesante, y es que Isabel, y no menos
María, conoció que María era ya MADRE-DE-DIOS, y. que cuando la
llama «bienaventurada porque creíste» se da a entender: «que le :habían .
sido reveladas las palabras que el ángel San Gabriel había dicho . a la
Virgen, y que Ella las había creído, y dado consentimiento y obediencia
al Señor» 35•

35 Ibid., p. 45 1 .

552
LA VIRGEN MARIA EN EL «FLOS SANCTORUM» DEL P. · RIBADENEYRA

Nos detenemos en este punto porque precisamente aquella «Vergon...


zosa duda» . (como, la calificó el Canisio) de Erasmo sobre si María supo
en el momento de la Encamación la divinidad del que se le anunciaba,
ha cundido en estos momentos . hasta el extremo de que en · amplios sec­
tores se da como una adquisición de la investigación bíblica el afirmar
que la fe de la Virgen fue más meritoria y ejemplar porque creyó igno­
rando. En el P. Ribadeneyra tenemos · uno de tantos testimonios de Io
que ha sido siempre persuadón unánzºme en la Iglesia.
Pero · vayamos al punto que ahora nos interesa.
Glosando el alcance del elogio de Isabel, comenta:
«Y también eres bendita entre las, mujeres, porque, aunque
tengas un folo hijo nacido de tus entranas, pero por El eres
madre de todos los creyentes y uerdaderos hijos de Dios.
Pues si el patriarca Abrahan es llamado padre de muchas
gentes, no segun la generacion camal, porque por ella no Jo fué
mas que de un solo pueblo, sino porque le fué prometido que
Christo hauia de descender de él segun la carne, y por esto es
padre de todos los creyentes; con cuánta mas razon la Vírgen
santissima, que es Madre del Hijo de Dios, sera Madre de todos
los fieles? Y por eso se dice que parió á su Hijo primogénito; para
que entendamos. que todos los hermanos de Cristo son hijos su­
yos, no segun la carne, sino segun el espiritu: para que Cristo
sea, como dice el apóstol, Primogenz"tus zn multzs fratrz"bus: Pri­
mogénito entre todos sus hermanos. Y así dice Alberto Magno
que la Virgen por la generacion es madre de solo Cristo; por la
regeneracion de todos los fielles; y por la imitacion Madre de to-
. das las uírgenes» 36 .
·

La afirmación, breve pero expresa, la volvemos a encontrar al expli­


car aquella . palabra 'de Jesús, «He ahí a tu madre» :
«Y como el mismo . Salvador por su humildad · se llamó Hijo
del hombre, así llama a su Madre Mujer como gloria y corona­
miento de todas las mujeres y nueva Eua y Madre de' todos los
viuienteS». 37 •

5. El alumbfaniiento virginal

EIP. Ribadeneyra, siguiendo el orden de las fiestas, en la de la Ex­


pectación de parto, reasumiento todos los deseos de los santos del Anti-

36 lbid., 452.
37 Ibid. , Vida de Nuestro Señorjesucristo.

553
LAURENTINO M. ª HERRAN

guo Testamento, los coteja con los inefables anhelos de María «de verle
ya para adorarle como a su Dios, reverenciarle como a su Señor, y abra­
zarle y besarle cómo a su dulcísimo Hijo» 38•
Luego considera cómo Dios dispuso todas las cosas para que se
cumpliera su plan, profetizado en parte en las profecias, y en un establo
de Belén, pegado a un arrabal, «llegó aquella hora de la cual pendía la
salud del mundo, el reparo del cielo , la victoria del demonio, y el triun­
fo del pecado y de la muerte» 39•
Y como tantos autores, recurre a la clásica descripción del P. Grana­
da para contar el inefable momento del nacimiento del S alvador. Pon­
dera las circunstancias de las que se deducen tantas enseñanzas para la
.
vida cristiana. · Pero nosotros vamos a fijarnos en el dato dogmático de la
virginidad que afecta a todo el proceso del origen humano del Hijo de
Dios.
Empalmando con el P. Granada y en el tono coloquial de la con­
templación del Misterio, escribe el P. Ribadeneyra:
«Pues, o cora�ón humano donde estas, quando no estas en ti,
o quando no estas con tu Dios? Dudas por ventura que sea tu
Dios este que aqui vees recien nacido, embuelto en pañales, re­
costado en pesebre, y tiritando de frio entre dos animales? No
dudes, porque este mismo niño que vees nacido ahora de las
entrañas de su madre, nacio eternamente de la inmortalidad del
Padre. De la madre sin padrie, y del Padre sin madre: del Padre
sin tiempo, y de la madre en el fin de los tiempos. Del Padre
como principio de la vida, de la madre como fin de la muerte. Y
el que aora vees mortal, y visible, y sujeto (por su voluntad) al
yelo, y al frio, por ser hijo de Maria, entiende que es impassible,
inuisible, y altissimo, y essento de toda injuria, por ser hijo de
Dios. Niño es, y niño parece en esta forma de sieruo; pero grande
es, e inmenso en la forma de Dios : el mismo que aqui toma la
teta, y se sustenta de la leche de vna donzella, es el que gouierna
los cielos, y el curso del Sol, y de las Estrellas, y sustenta, y conse­
rua el vniuerso con su mano poderosa. Y para que mejor enten­
damos lo que en este niño se encierra, y con que ojos lo' auemos
de mirar, y que es Dios verdadero, y Saluador del mundo, nacido
para nuestro bien: miremos la integridad de la madre; porque
aunque es madre, juntamente es virgen: madre es, porque pario
al hijo que auia concebido, y tenido nueue meses en sus entrañas :

38 Ibid. , L a fiesta d e la Expectación del parto de Nuestra Señora y por otro nombre
llamada la ft:esta de la O, p. 877 .
39 Ibid., La Natfr.ridad de Nuestro Señor jesucristo, p. 887 .

554
LA VIRGEN MARIA EN EL «FLOS SANCTORlJM» DEL P. RIBADENEYRA

y virgen es , porque este hijo es Dios, y auiendo Dios de. nacer, de


virgen auia de nacer. No huuo alli necessidad de baños, ni de
lauatorios (dize S . Cipriano) que se suelen aparejar a las paridas,
porque ninguna injuria auia recebido la madre del Saluador: la
qual pario sin dolor, assi como auia concebido sin dele,ite. El fru­
to ya maduro, y con sazon, se cayo del arbol que le traya: y no
auia necesidad de arrancar con fuerza lo que de su voluntad se
nos ofrecía . Ningún tributo se pagó en este parto; ni deleite pre­
cedente · (que no hubo) pidió alguna usura de dolor» 40 •

Con este texto delante no creemos violentar el pensamiento del autor


con la reflexión siguiente: no tanto el milagro del alumbramiento virgi­
nal ní la gloria que sobre la Madre revierte, lo importante desde el pun­
to de vista dogmático .es el digno que conlleva la co11sagración·de esa vir­
ginidad: tal nacimiento es el sólo digno de Dios y por tanto este naci�
miento es signo de que el Hijo de Maria la Virgen es el mismo Unigénito
del Padre.
Por eso ínismo, porque el Hijo era el Señor de la Ley y l a Madre
Reina y Princesa de todo lo creado, <'no estaban obligados a la guarda
destas leyes» 41 • No se habla ahora de las leyes de la concepción normal
de un ser humano: se refiere el autor a las leyes de la . Purificación y pre­
sentación del Primogénito en el templo. En absoluto valdría el razona­
miento, pero su aplicación nos llevarla más lejos del ámbito del naci­
miento virginal de Jesús.
Transcribimos las palabras del autor cuando habla de la purificaci­
ón de Nuestra Señora:
« . • • las mismas leyes cori sus palauras los eximan y excep­

t.uéiuari de · aquella obligación: porque lá ley de los . primogénitos


decía que el primogénito que abriese camino para, salir de las
entrañas de su madre fuese ofrecido al Señor; y Cristo . salió por
�quella Puerta Oriental de la Virgen, profetizada por Ezequiel
(44, 1 -2) , dexandola cerrada y sellada. Y la segunda ley no obli­
gaua sino a la mujer que conceuía por uia ordinaria; y la Virgen
sacratísima concibió al Verbo eterno pór virtud del Espiritu San­
to, sin detrimento de su celestial púreza. La purificación de las
paridas era · para limpiarlas de las inmundicias del parto; mas la
gue quedo mas limpia que e1 sol , y más hermosa que la rosa y
que la clauellina, no tiene esta obligación, porque como puede
purificarse la pureza, esclarecerse la luz, blanquearse la blancura

40 Ibid. , p. 889 .
41 La Purifz"cadón de Nuestra Señora, p. 191 .

555
LAURENTINO M. ª HERRAN

y hermosears � la belleza? Y por esta causa el Euangelista sagrado,


diciendo que se cumplieron · los dias de su purgación añadió
diuii:iamente aquellas palabras, 'según la ley de Moysen' , dando a
entender que aquella purificación era según la ley, · y no segun la
Virgen, porque según Ella no podía llegar ese dia, porque era la
misma limpieza y más resplandeciente que el mismo · sol» 42 •
A continuación el P. Ripadeneyra narra la oblación que del Hijo ha­
ce la Virgen al Eterno Padre y el rescate que del Primogénito hace con
cinco siclos.
·

«Y con ellos rescató a su precioso Hijo, y redimió al Redentor


del mundo, y quiso ser redimido con cinco siclos el que habia de
rescatar con cinco llagas a todos los hijos de Adán» 43 •
Sólo este juego dé conceptos hemos encontrado en el autor en lo re­
ferente a la . corredención expresamente afirmada, aunque el contenido
lo vemos insinuado tantas veces en que habla de su función medianera y
de abogada e intercesora, que se apoya precisamente en esa unión de la
Madre con su Hijo Redentor.

6. Glorificación de Nuestra Señora

Copiamos las mismas palabras del autor que, ciñéndonos al tema,


explica el porqué de haber dejado a su Madre en la tierra· el Hijo que
ascendió glorioso · a · 1os cielos:
«Svbio Christo nuestro Saluador al cielo, y dexó a su benditis­
sima Madre, y Señora nuestra en la tierra: no la lleuo consigo,
· porque assi conuenia a toda la Yglesia, que quedara como huer­
farta de padre y madre, y muy desconsolada y afligida, si junta­
mente perdiera la presencia corporal de su Padre y Maestro, y de
su madre y abogada. Dexola, para que como Luna en ausencia
del Sol . álumbrasse este · emisferio, y para que . como ama blanda y
amorosa diess� leche, y criasse a sus pechos a la Yglesia, que era
pequeña y tierna� y tenia necessidad de su sustento. Dexola para
exemplo de todos .los fieles, para que enseñasse. a los Apostoles,
instruyesse . a los Euángelistas, esforzasse a fos Martires, alentasse
a los Confesores, encendiesse en el amor de la pureza a la vírge­
nes: y finalmente para que como vn prodigio diµino resplande­
ciesse en el mundo. Dexola, para que con el exercicio de sus ad-

42 Ibid.
43 Ibid. , p. 1 93 .

556
LA VIRGEN MARIA EN EL «FLOS SANCTORUM » DEL P. RIBADENEYRA

mirables virtudes creciessen mas sus merecimientos, y . la corona


de su gloria fuesse tanto mayor, quanto auia . sido mas encendida
su caridad , mas duras sus peleas, y mas colmada la medida de
sus trabajos y vitorias. Dexola para aparejarle el lugar qeu auia
de tener en el cielo, y salir el mismo a recebirla, acompañado de
toda la corte celestial, para que la fiesta y solenidad de su recebi­
miento y entrada en el cielo, fuesse mas solene y regozijada con la
presencia del Señor que salía al encuentro de su gloriosa Madre,
para ensal�arla y colocarla sobre todos los coros de los
Angeles» 44 �

La. teología de la Asunción en cuerpo y alma en el P . Ribadeneyra ,


. ·

aunque no ofrece especial novedad es ciertamente uno de tantos testi�


monios de cómo estaba arraigada en el alma de los fieles · y qué senti­
mientos de piedad · y esperanza despertó siempre esta verdad que, aun­
que no estaba definida en tiempos del autor «no hay que dudar, .sino te­
nerla por certisima» porque «está recibida por toda la Iglesia que con
nombre de la Asunción celebra a Nuestra Señora y fundada en la
doctrina de muchos santos y grauisimos doctores , griegos y latinos, anti­
guos y modernos y en l a . piedad del pueblo y en toda buena ra�on» .
Prescindiendo ahora . de . los relatos de los apócrifos - que admitían
estos autores en fuerza de que en el Breviario se leía el relato de San
Juan Damasceno - resumamos los a:rgumentos que, prácticamente reco­
gidos de la Tradición, se citan en la constitución dogmática Muniji"cen­
t'isszºmus Deus, con los cuales el autor demuestra «la buena razón» de es­
ta creencia universal de la Iglesia .
A favor d e l a incorrupción del cuerpo d e la Virgen, aun e n la muer­
te, están estas razones :
� no podía ca�comerse el Arca en que Dios estuvo encerrado nueve
meses («ventris sub arca clau:sus est» ) ; como se embalsaman los
cadáveres para evitar su corrupción, el cuerpo de la Virgen tenía
un bálsamo, su Hijo, más que suficiente para conservarlo in­
corrupto;
- no podía corromperse la carne de la que había tomado la suya el
Redentor;
- si Dios la preservó del Pecado y mantuvo su integridad en el par­
to, ¿por qué no iba a impedir la descomposición de su carne?

Y a favor de la resurreción explicaba estos argumentos de «buena


razón» :
- si muchos de los santos resucitaron qm Cristo, ¿no iba a ser Ella
menos siendo como es la Reina de los santos?

44 Ibid., La fiesta de la Asunción de Nuesta Señora, p. 557.

557
LAURENTINO M. ª HERRAN

-:- Cristo prometió que el que le sirviera estaría donde El estuviere


Qn 12 , 26), pues ¿ quién le sirvió como Ella que le suministró el
cuerpo, el alimento, los cuidados maternales en la niñez y com­
partió sus · dolores · en la Cruz? ;;
- si la honra de la madre es honra del hijo, ¿ qué impediría a Cristo,
Dios, honrar con la resurrección anticipada a su Madre, con un
privilegio que convenía a la decencia del Hijo y era posible a su
,omnipotencia?

Después, siguiendo una larga tradición de oradores y escritores espi­


rituales, describe con bellos pormeno:res el desfile triunfal y la entroniza­
ción de la Reina Madre entre el júbilo y exaltación de los ángeles y
mucho más de los santos «por ver aquella Señora, que era l a puerta por
la que ellos habían entrado en el cielo, y la medianera de su rescate y sa­
lud y que, siendo hueso de sus huesos y carne de su carne, había mereci­
do la gloria que había, y ser levantada a todo lo que una pura creatura
lo puede ser, debajo de Dios» 45 •
Apoyándose en un sermón atribuido a San Pedro Damiani, afirma
que este recibimiento de la Virgen en el cielo fue más solemne aún que
el de su Hijo, ya que a Cristo sólo salieron a recibirle los ángeles, pero a
recibir triunfalmente a María salió su propio Hijo al frente de todos los
ángeles y santos, quien la presentó a la Santísima Trinidad y la asentó
en su · trono 46 •
A continuación entra en una cuestión puramente teológica , que
algún devoto quisiera ver solucionada - sobre qué grado de gloria
tendrá la Virgen en el cielo: a la cual responde que; siendo cierto que
fue exaltada sobre todos los ángeles y santos, está muy puesto en razón
pensar que, si la gracia de la Virgen supera a todos los ángeles y santos
juntos, lo mismo será la gloria, que es consecuencia de la gracia que tu­
vo en la vida 46 ;
A esta cuestión teológica añade otra consideración,, y es que la gloria
de que está rodeada la Señora de todo aumenta el gozo y la gloria de to­
dos los moradores del cielo 4s .

45
Ibid., p. 56.2 .
46lbid.' p. 5 6 3 .
47 Ibid., pp. 563- 564.

48 no Sülamente la Virgen sacratísima tiene en sí esta gloria, sino también como


«. • •

río copiosísimo, que sale de madre, riega y alegra a toda la ciudad de Dios, y con sobera­
nos aumentos hace crecer los gozos y contentos de todos los santos y espíritus de la corte
del cielo» , y cita a san Bernardo en el 1 sermón de la Asunción, p. 565.

558
LA VIRGEN MARIA EN EL «FLOS SANCTORUM» DEL P. RIBADENEYRA

7 � La mediación celeste de María Santísima

Al hablar de la conveniencia de que Marta resucitase para subir a


los cielos alumbrándolos y regalándolos con su belleza incomparable e
inmenso resplandor, pone esta razón:

«Porque desta manera estuuiesse adornado el cielo Empíreo


con aquellas dos lumbreras (cfr Gen 1 , 1 6) , mayor y menor, como
lo está el cielo material con el sol y la luna, y vn hombre Dios y
vna muger Madre de Dios gouernasen el vniverso; Cristo corno
Señor absoluto y Príncipe vniuersal y cabeza de la Iglesia , y la
Virgen . · como tesorera y di'spensadora y cuello deste Cuerpo
Místico, por cuyas manos se reparten y por cuyos arcaduces se
deriuan todas las gracias y dones de Dios 49 •
Y con esta frase tenemos explicada la mediación celeste de María
Asunta al cielo, verdad en que ha ido insistiendo el P. Ribadeneyra a lo
largo del Flos sanctorum en vista a reafirmarla en el alma del lector.
Ya vimos que los santos, y más que los ángeles, se regocijaron al ver
en el cielo a la que había sido puerta de su salvación .
La Virgen es medianera, y el término lo. ha explicado con distintas
palabras y conceptos : madre de los hombres, puerta, cuello, tesorera ,
abogada , intercesora . Todos aspectos de lo que apenas habla
explícitamente, su asociación a la obra redentora de su Hijo y de sus
méritos corredentores .
Pero veamos lo que dice de su interces'ión ahora, razón para la que
fue asunta en cuerpo y alma.

«No quiere decir la Yglesia que , si la Virgen estuuiera en la


.tierra no intercediera por nosotros, ni fuera nuestra abogada, si­
no que para poderlo hacer con mayor confian�a nu�stra subió al
cielo; y para que nosotros entendamos que está donde vee en
D1:os todas nuestras necesidades y oye nuestros clamores y piado­
sos ruegos, y se compadece de nuestras miserias, y las presenta a
su Hijo benditísimo como Madre, y nos envía desde el cielo todos
los bienes» 50 •

Para confirmar su doctrina acude a la autoridad de San Bernardo


en el sermón 1 . 0 de la Asunción, que cita haciendo suya su doctrina y a
· continuación nuestro autor, por su cuenta - aun siguiendo de cerca a
San Bernardo y a otros autores que cita - , escribe esta página que me­
rece la pena transcribir, pues es éste el propósito que preside la compo-

49 Ibid., p. 56 1 .
50 Ibid. , p. 565 .

559
LAURENTINO M. ª HERRAN

sición del Flos sanctorum, sobre todo en lo relativo a los misterios de


Nuestra Señora:

«Vestida esta del Sol , la que vistio a Díos de su carne. Corona


tiene sobre su cabe�a de doze estrellas (que son los doze principa­
les priuilegios de la Virgen) y debaxo de sus pies tiene la luna;
que, o es 1a santa Yglesia, o todas las cosas criadas , y todo lo que
esta debaxo del cielo, y sugeto a mudan�as, a crecientes y men­
guantes, como son todas las de la tierra. Para que entendamos,
que todas estan a disposision desta Reyna y Señora nuestra, y que
a ella deuemos acudir en nuestros trabajos y necessidades; para
que siendo (como somos) flacos y fragiles, no nos arrebaten y
lleuen en pos de si. Ella es (como diximos} la tesorera y repartido­
ra de todos los dones de Dios. Ella el cuello; por eLqual Christo
nuestro Saluador (que es la cabe�a) influye a su Yglesia todo el
sentimiento y mouimiento espiritual con que ella viene y se sus­
tenta . Ella es el tronco, por el qual la raiz da vi<;la. a la r,(lmas, • y
produze las hojas , flores y fruta, y toda fa belleza que ay eh el
arbol. Ella es como el arca del agua, que recoge primero, y tiene
en si toda la abundancia de las aguas viuas de la gr,acia, y des­
pues la reparte por sus caños a los otros , mas , o menos, .segun la
capacidad, y la diuina disposicion . Y por esso di�o gr,auemente
S . Buenauentura : Que marauilla es, que toda la plenz"tud de la
gracia se aya recogido en Marza, pues della se ha deriuado tan
Virg: copiosa gracia a los demas.'P Por esta puerta . de Ez�quiel
entro el Verbo eterno en la tierra, y por ella nosotros, que somos
de tierra, entramos en el cielo. Porque aquel la escogio po�
madre, y la enriqueció con tan gr,ade gr,acia, y la sublimo con in­
mensa gloria, la ha constituido Presidenta y patrona del vnluer­
so; y todos los negocios que despacha , los despacha por su mano.
De manera que todos los cortesanos del delo, y los hobres de la
tierra, y las almas del purgatorio, y hasta el mismo infierno, la
reconocen por señora, y se le humillan y prostran a sus pies. No
ay estado alguno en la Yglesia de Pios, q rio este debaxo de su
· ·

amparo y proteccion . . .
Quie siendo tentado no cayo, sino porq la . Virge le detuuo?
Quien despues de caído se leuanto, sino porq ella le diola mano?
Quie jamas la inuoco , q no hallasse remedio en sus necessidades?
En el trabajo, en Ja pobreza, en la enfermedad, en lainfamia, en
la carcel, en qualquier angustia , desamparo y afan; en la mar,
en la tierra, y en los abismos, ella es nuestro refugio, nuestro con-

51 Ibid. , pp. 565- 567 .

560
LA VIRGEN MARIA EN EL «FLOS SANCTORUM» DEL P. RIBADENEYRA

suelo y nuestro remedio. Y assi dize S . German, Ar�obispo de


Constantinopla, hablando co la Virgen, estas palabras: Ninguno
se salua sino por vos, o Virgen santz"ssima. N·inguno es lz"bre de los
males sz'no por vos, o virgen purz"ssima. Ninguno ay que reciba
dones de Dios sino por vuestra mano, o Virge casti'ssima. De nin­
guno tiene Dios misericordz�a, sino por vos, o Virgen honestissi­
ma. Quien despues de vuestro bendito Hfjo tiene tanto cuidado
del linage humano, como vos? Quien assi nos defi"ede en nuestras
tribulaciones? Quien tan presto nos socorre, y nos libra de las
tentaciones ij nos acosan Y' persigue? Quien con sus piadosos
ruegos assi intercede por los pecadores, y los escusa, y les alca�a
perdon, y los libra de las penas, ij_ por sus pecados merecen.� Por
esto recorre a vos el que esta afligido, el que se siente agrauiado,
y el que se halla angustiado, y combatido de las furiosas ondas
deste mar tempestuoso, mi'ra a vos, como al norte y estrella ruti­
lante, para ij le guiei's y lleuez's al puerto. Todas vuestras cosas,
Virgen beatissima, son admirables; todas sobre la naturaleza; to­
das inmensas, y que excede nuestra capacidad: y assi no es ma­
rauilla, que no podamos comprehender vuestras gracias y
fauores. Hasta aqui es de san German. Y puesto caso, q en todos
nuestros trabajos y necessida.des esta siepre la Virgen prompta y
aparej ada para socorrernos, y oye nuestras plegarias ; pero mas
particularmete al tiempo de la mayor necessidad, y que mas es
menester, que es a la hora de nuestra muerte, y de nuestra ago­
nia , quando se va acabando la candela de la vida, y del merecer,
y por la flaqueza del cuerpo y turbacion del alma, y solicitud de
los demonios (que po:r todas partes, como leones hambrientos la
cercan, y la tientan, y pretende q pierd� eternamente a Dios) ay
mayor necessidad del fauor y patrocinio de la Virge sacratissima.
Y ella sin duda socorre en aql trance de la muerte, a los que en la
vida lo merecieron, y se le encomendaro : y a los que auiendose
antes oluidado, entonces se acuerdan, y con arrepentimiento re­
corren al seno de su piedad. Y por esto al fin de la oracion del
Aue Maria, añade la Yglesia aquellas palabras : Rogad por nos
aora, y en la hora de nuestra muerte. Tengamos pues todos en­
trañable y especial deuocion a esta Princesa del mundo, Reyna
· del cielo , y madre del vnigenito hijo de Dios . Acudamos a ella en
todas nuestras necessidades . Ofrezcamosle nuestros cora�ones , y
nuestros deseos. Situamosla ; y para que alcancemos sus miseri­
cordias, imitemos sus virtudes. Alegremonos, y demosle el para­
bien de su subida al cielo, y por la gloria que oy le fue dada,
siendo ensal�ada sobre todo lo que no es Dios, y colocada en el
trono de tan alta magestad y grandeza, donde con la gloria no se

561
LAURENTINO M. ª HERRAN

ha disminuido su misericordia, sino crecido tanto mas, quanto


mas clara y distintamente vee en la essencia diuina todas nuestras
miserias, y encedida de aquel fuego diuino, rrias la desea
remediar>> .

III

CULTO Y DEVOCION A MARIA DEL FLOS SANCTORUM


DE RIBADENEYRA

Sobre la devoción que hemos de tener a Nuestra Señora y los funda­


mentos dogmáticos es amplia la doctrina del autor y su motivación,
como hemos ido advirtiendo, es el nervio de todo el Flos sancto·rum.
En el aspecto litúrgico , si lo comparamos con el Flos sanctorum de
Pedro de la Vega, encontramos el del P. Ribadeneyra más secularizado
en el buen sentido de la palabra : está dirigido a un seglar que no
tiene acceso, normalmente, a la vida litúrgica de los monjes : un poco lo
que significa el nuevo instituto al que pertenecía el autor, que habia
prescindido de la obligación del «coro» . A lo cual contribuye también el
haber adoptado el calendario civil y no el eclesiástico , prescindiendo del
ciclo temporal y deteniéndose en el ciclo de los santos y las grandes fes­
tividades.
Ahora bien, el P. Ribadeneyra, a la hora de explicar las grandes fes­
tividades, aunque expresamente no lo diga trata con toda seriedad de
dar el contenido dogmático de la fiesta «para que mejor se entienda lo
que celebra la santa Iglesia» 52 •
Y además, dando por supuesta la legitimidad del culto de los santos,
al final de la exposición de cada fiesta hace una breve historia, que
quiere ser critica, de la institución y distintos avatares que haya podido
tener la celebración litúrgica del misterio de que se trate, haciendo hin­
capié, cuando el asunto lo merece, en la parte que el sentido de la fe de
los fieles ha tenido en el desarrollo de la fiesta litúrgica.

l . Así en la fiesta de la Purís1:ma Concepción, que califica de «prin­


cipio de todas sus fiestas» , el «fundamento de ellas» 53, porque el misterio ,
que celebra la Iglesia toca nada menos que la eterna predestinación de
la que iba a ser Madre del Redentor y Abogada del género humano.
Hemos de tener en cuenta que todavía ni se habia sancionado la ce-

52 La f'iesta de la Inmaculada Concepción de la Virgen María nuestra Señorá,


p. 837 .
53 Ibid.

562
LA VIRGEN MARIA EN EL «FLOS SANCTORUM» DEL P. RIBADENEYRA

lebración de la Inmaculada y la fiesta de Santa Maria seguía· siendo la


Asunción.
Admite, con ciertas reservas, el origen inglés de la fiesta con la le­
gendaria aparición de la misma Virgen, la propagación en el Continen­
te por la Iglesia de Lyon. «Después fue creciendo y extendiéndose más
esta devoción de la fiesta de la Concepción, corno la luz que crece con el
día, y la santa Iglesia , alumbrada del Espíritu Santo , fue conociendo
más esta verdad, como con el discurso del tiempo ha ido conociendo
otras cosas» . Hace referencia a la Constitución de Sixto IV, a la observa­
ción del Tridentino. «Por donde se ve - continúa - la inclinación y
común consentimiento de toda la Iglesia universal, y con cuánta reve­
rencia y devoción la recibieran algunos santos que, al principio (por no
haber sido recibida de la Santa Sede Apostólica) se reca,taron en ce­
lebrarla. Porque eran tan hijos de la Iglesia romana que les parecía que
ninguna fiesta se había de introducir sin su autoridad. Y santo Tomás,
viendo que algunas iglesias particulares celebraban en su tiempo esta
fiesta y que la Iglesia romana toleraba esta costumbre, dice que por eso
no se debía reprobar» . Y en otro lugar dice estas palabras: «La cos­
tumbre de la Iglesia tiene grandísima autoridad y en todas las cosas se
debe seguir; porque la misma doctrina de los Doctores católicos tiene su
autoridad de la Iglesia, y así más nos debemos arrimar a la autoridad
de la Iglesia que a la de Agustino, o Jerónimo, o de otro cualquier
Doctor>> 54.
Sin entrar ahora en la cuestión de lo que pensaba Santo Tomás en lo
referente al problema de la Inmaculada Concepción, lo que nos impor­
ta es ver el pensamiento del P. Ribadeneyra - como la de tantos otros ­
que ( apoyándose en la «costumbre» que afirma estar guiada del Espíritu
Santo , era para ellos un argumento decisivo eri lo tocante a la creencia
de la Purísima) afirman que si los que se opusieron en la controversia
vieran el incremento y la piedad de la fiesta «agora, pecho por tierra, la
admitieran, y la solemnizaran , y se regocijaran por poder dar a la Vir­
gen seguramente un privilegio tan grande y tan debido a la dignidad de
la Madre de Dios» 55 ,

2. Así , .siguiendo el curso de las fiestas, explica la Descensión de


Nuesta Señora, que se celebraba en Toledo en recuerdo del favor que la
Virgen S antísima hizo a San Ildefonso por la intrepidez con que había
defendido su perpetua virginidad . La fiesta se llama también Nuestra
Señora de la Paz por el inesperado apaciguamiento del rey Alfonso VI,
quien, enojado porque en su ausencia y contra el juramento que él

54 Ibid., p. 865 .
55 Ibid.

563
LAURENTINO M. ª HERRAN

había hecho a los moros de conservarles la mezquita mayor, la reina


doña Constanza y el obispo don Bernardo la habían convertido en igle­
sia cristiana en honor de Santa María, se alegró de que los mismos mo­
ros fueran los que aceptaron de buen grado lo hecho por la reina y el
obispo 56 •

3. Al exponer la fiesta de la Purificación de Nuestra Señora dice


que la primera procesión la hicieron los personajes del relato de San
Lucas.

«Este misterio nos representa la santa Y glesia cada año, en la


procesión que hace oy con las candelas benditas y encendidas
que es ceremonia antiquísima y de gran devoción, instituida por
instinto del Espíritu Santo, para enseñarnos a tomar a Christo y
llevarlo en nuestras manos como luz del mundo y hacha encendi­
da, suplicandole que alumbre e inflame con su divino amor
nuestros cora�ones, y para que sepamos que , assi como las abejas
sin corrupción alguna labraron la cera de las velas que traemos
en las manos, así la sacratísima Virgen, sin menoscabo de su pu­
reza virginal, nos dio la carne de su benditísimo Hijo, en la qual,
como en cera blanca y blanda, se imprimieron los dolores y tor­
mentos de su sacratísima Pasión» 57•

3 . De la A nunciación a Nuestra Señora observa solamente que «éste


es el misterio de la Encarnación , y lo que la fe católica confiesa cuando
en el Credo decimos que Jesucristo fue concebido de María virgen por
virtud del Espíritu Santo» 58 .

4. La Visitación, según el autor, fue instituida por Urbano VI y


confirmada , o por mejor decir, publicada por Bonifacio IX con ocasión
del Cisma de Occidente para que por la intercesión de la Virgen cesase
este gran mal 59 .

56De la Descensión de Nuestra Señora, pp. 1 58- 1 59 .


.
57La fi:esta de la Purificación de la Virgen María nuestra Señora y de la presenta-
ción de su precioso Hijo en el templo, p. 1 95 . El simbolismo, C<?mO puede apreciarse, es
el que la Iglesia conmemora en la Vigilia Pascual con el ligero matiz de la Pasión. Es cu­
riosa la noticia, que toma de Nicéforo Calixto: «además de ser varón santísimo, era tam­
bién sapientísimo, y que leyendo aquellas palabras de Isaías 'Ecce virgo concipiet et pa­
riet filium' ( . . . ) estuvo muy dudoso y confuso, pensando cómo podía ser que una don­
cella pariese, y que habiendo parido quedase doncella; y que el Señor le reveló que él
mismo viese con sus ojos aquel nuevo milagro ( . . . ) . Y que con esta promesa y respuesta
de Dios se recreaba y alentaba el santo viejo ( . . . ) hasta que al mismo tiempo de la venida
de Cristo, el Espíritu Santo le movió a venir al templo . . . p. 1 94 .
»,

58 La A nunciación . , p. 284.
. .

59 La Visitación . . . , p. 455 .

564
LA VIRGEN MARIA EN EL «FLOS SANCTORUM» DEL P. RIBADENEYRA

5 . Al hacer la historía de la Asunción puntualiza que el emperador


Mauricio no hizo otra cosa que promulgarla para todo su imperio y afir­
ma nuestro autor que la fiesta se celebraba de mucho antes en la Igle­
sia : desautoriza el apócrifo del seudo- Melitón así como la atribución a
San Jerónimo de la carta a Pau.la y Eu.stoquio. Recoge también y hace
crítica de los distintos lugares donde se ha localizado el sepulcro de la
Virgen, que en tiempos de Beda (lo admite el autor) visitaban los pe­
regrinos de Tierra Santa 60 •

6. Sobre la Nat1:vidad de Nuestra Señora da los distintos datos y


fechas, rechazando de plano que San Agustín tuvier_a algún sermón de l�
fiesta, lo mismo que lo que Vicente de Beavois cuenta de la aparición de
la Virgen a un religioso todos los 8 de septiembre, lo cual hubiera sido el
origen de esta festividad. Y concluye que no se sabe más que es muy an­
tigua y que quizás comenzara a celebrarse a raíz del concilio de �feso 61 •

7. En cuanto a la Presentación de Nuestra Señora en el templo,


después de analizar distintas hipótesis , viene a concluir que lo seguro es
que esta fiesta se celebraba de muy antiguo en las iglesias de Oriente,
pero que, habiéndose oscurecido en Occidente, la restauró Sixto V el
año 1 585 62•

8 . En la Natividad de Nuestro Señor jesucristo, después de relatar


los acontecimentos que se conmemoran en las misas de este día, termina
poniendo su miracya en la Virgen Madre para recomendar :

«Pues démosle la enhorabuena a esta Señora y gocemos de su


go�o, y supliquémosle humildemente que, pues parió. a su Hijo
por nosotros, nos alcance gracia de su Hijo, para que no perda­
mos por nuestra culpa lo que El nos ganó por su gracia , y para
que nazca en nuestras almas de manera que seamos particioneros
de todos sus dones y bienes,, que con este inefable misterio y
humildísimo nacimiento nos truxo del cielo» 6 3 •

Además de estas fiestas expone, aunque brevemente, la de Nuestra


Señora de las Nieves, ateniéndose al origen legendario de la basílica li­
beriana que fue restaurada por Sixto 1 1 1 en conmemoración del concilio
de Efeso 64. Y la Expectación del J.�arto de Nuestra Se1iora, por otro
nombre la ft"esta de la O, que afirma haber sido instituida por el conci­
lio X de Toledo, para que la fiesta de la Anunciación, que cae -siempre

60
La Asunción. , p. 567 .
. .

61
La Natfr.ridad d e Nuestra Señora, pp. 6 3 l ss.
62
La Presentadón de Nuestra Señora en el templo, p. 803.
63
La Natividad de Nuestro Señor jesu Christo, p. 892 .
64
Fiesta de Nuestra Señora de las Nieves, pp. 526-528.

565
LAURENTINO M.-a HERRAN

en Cuaresma, pudiera celebrarse con el debido esplendor: se llama de la


O por el comienzo de las antífonas de las vísperas y también «por una
ceremonia particular de la santa Iglesia de Toledo; porque, acabada de
decir la oración de las vísperas de lla fiesta de la Expectación, todos los
eclesiásticos dan grandes voces sin orden ni concierto pronunciando esta
letra O para denotar el deseo y ansia que los Padres del Limbo y todo el
mundo tenían de la venida y nacimiento de su universal Reparador y
Redentor>> 65 •
El aspecto litúrgico, como se ve, no se elimina aunque se restrinja a
las festividades: el «Año cristiano» posterior volverla al esquema del de
Pedro de la Vega insertando el comentario de la Epístola y el Evangelio
de la fiesta y del ciclo temporal . El P . Ribadeneyra, no obstante, siendo
como era su principal objetivo la edificación de la piedad, trata, y
expresamente lo dice en algunas fiestas , de explicar y razonar el conte­
nido dogmático de lo que la Iglesia celebra en su liturgia y del dato
dogmático extrae las aplicaciones pertinentes, con lo cual conseguía que
la piedad no fuera sólo sentimentalismo sino el estimulo para que la vi­
vencia de esa fe se tradujera en lla confianza en el valimiento de la
Madre de Dios y Madre nuestra, y para que esta confianza llevara a los
oyentes a la práctica de las virtudes que harian dignas las apelaciones a
la omnipotencia suplicante de la Reina de cielos y tierra.

65 La fiesta de la Expectadón, p. 876.

566