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DESPERTAR

*EL MATRIMONIO CRISTIANO*

LOS ESPOSOS
Todos sabemos la <<cola>> que puede traer una
discusión, una palabra fuerte, un desaire…
Igualmente no se puede medir la
trascendencia de una palabra cariñosa, un
acto de servicio desinteresado, el olvido
generoso de una ofensa, saber escuchar y
comprender.
¿Qué pasaría en nuestras familias, si esa
palabra cariñosa fuera constante…, si todos
–esposos, hijos, hermanos-, compitiesen en
servirse mutuamente…, si la palabra
<<perdón>> estuviera con facilidad en los labios y en el
corazón de unos y otros…? ¿Qué pasaría?
Por estos detalles sencillos, que, por ser diarios, exigen
generosidad y esfuerzo (es decir, amor profundo) ha de
venir la renovación de nuestras familias.

Y una familia así renovada es la luz que el mundo


espera y de la que tiene mayor necesidad. La
influencia de esta familia se extenderá sin límites.
¿Queréis aportar al mundo esta luz, renovando vuestra
familia?

Esposos, ¿ES ASÍ VUESTRO AMOR?

AMAR no es <<apoderarse>> de otro, sino


querer en primer lugar su felicidad. Amar es dar.
El que AMA nunca dice basta. Siempre le
parece poco lo que ha hecho y lo que hace por la
persona amada. Si crees que haces bastante, no amas
de verdad.
AMAR es <<Cambiar>>. El que ama evita con
cuidado todo lo que disgusta al otro; busca siempre
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complacer; se perfecciona a sí mismo para hacer al
otro más feliz.
El AMOR no es principalmente un sentimiento,
una atracción. El amor es esencialmente entrega; y la
entrega es SACRIFICIO. Si hay algo que no quieres
sacrificar por la persona amada, estás poniendo límites
al amor.
AMAR es olvidarse de sí mismo. Como
egoísmo es olvidarse del otro. Olvidarte de tus gustos,
preocupaciones y derechos… dejará tu corazón
preparado y libre para amar.

Dios es el padre del amor, la fuente del amor. Nuestro


olvido de Dios, ¿No será la explicación de por qué no
sabemos amar?
Esposos que aman sinceramente a Dios tienen
<<garantizado>> su mutuo amor.

¿Y la felicidad?
El gozo y la felicidad le están prometidos al amor…
pero al amor auténtico.

EXAMEN PARA LOS ESPOSOS

1. ¿Estáis decididos a formar un solo corazón, sin que


nada ni nadie se interfiera entre los dos?
2. ¿Os alzáis la voz con facilidad? ¿Os
contestáis mal? ¿Os echáis en cara los
defectos?
3. ¿Prolongáis una mala cara? ¿Os cuesta
perdonaros? ¿Sabéis pediros perdón?
4. ¿Dedicáis tiempo a estar juntos y a dialogar?
¿Os interesáis cada uno por las cosas del otro?
5. ¿Vivís cada uno pendientes de dar gusto al otro, de
hacerlo feliz? ¿Sabéis evitar todo lo que al otro
molesta?

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6. ¿Os habláis con respeto, con delicadeza, con
amor? ¿Sabéis escucharos?
7. ¿Soléis fomentar entre vosotros detalles y muestras
de afecto?
8. ¿Vivís por separado las horas de esparcimiento de
los días festivos o libres; o las últimas horas de cada
jornada?
9. ¿Permanecéis alguno de los dos tiempo fuera del
hogar sin necesidad?
10. ¿Demostráis tanto amor y atención a los padres y
hermanos del otro como a los propios?

ORACIÓN DE LOS ESPOSOS


Señor, queremos amarnos cada vez más. Esa
es tu voluntad. Nuestros hijos lo necesitan. Pero no
sabemos amar; nos cuesta pacificarnos.
Enséñanos Tú el amor verdadero. Ayúdanos a
sacrificar lo que todavía nos separa y nos impide ser
un solo corazón. Bendice y acrecienta nuestro amor.

LOS PADRES
Ser padre es algo más grande que ser ingeniero, o
abogado, o médico… porque educar un niño o una
niña o un joven incluso vale más que construir un
puente, o defender un pleito, o curar u na herida…

Ser padre es algo más grande. Y por ello


más difícil.
Sin embargo, para ingenieros, abogados,
médicos… se preparan durante muchos años.
¿Y para padres? ¿Os habéis preparado para
educar a vuestros hijos? (yo creo que sí…)
EDUCAR es cultivar en el niño toda la capacidad
de su cabeza, de su voluntad, de su corazón…
EDUCAR es ayudar al niño a arrancar vicios y
plantar virtudes.

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EDUCAR es comunicarle un gran ideal y
ayudarle a vivirlo, principalmente con el ejemplo
EDUCAR es formar en cada niño un hombre
perfecto y un perfecto hijo de Dios.

Padres, estáis todavía a tiempo. ¿Queréis


prepararos para educar a vuestros hijos?
¿No os parece que ellas se lo merecen?

ANTE EL GRAVE PROBLEMA DE LA EDUCACIÓN


DE LOS HIJOS

No es cuestión de dinero. Ni de estudiar muchos


libros de educación. Ni de encontrar unas <<recetas>>
para casos especiales.
La cosa es más sencilla. Y más profunda. Se
trata de que los esposos tengan UN SOLO CORAZÓN.
Si para engendrar un niño fue necesaria la fusión de
sus cuerpos, para educarle hará falta la fusión de sus
corazones.
Estos esposos fusionados en un solo corazón
tendrán la luz y el tino que necesitan para orientar a
cada uno de sus hijos –todos diferentes- en cualquier
circunstancia de su vida. Esa luz y ese tino les está
prometido por Dios desde el día que recibieron el
sacramento del matrimonio.

La gran condición: fundir sus corazones. No permitir


que nada ni nadie se interfiera entre los dos: ni la tele,
ni el bar, ni el fútbol o el béisbol, ni los amigos, ni las
vecinas, ni siquiera la propia madre o los hijos.
Ahí, pues, han de apuntar los esposos y padres.
Esa ha de ser su principal preocupación: fusionar sus
corazones. Y para esto es el diálogo, consultarse todos
los problemas, derribar las más pequeñas barreras,
limpiar cada uno con valentía sus propios defectos

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(que siempre dividen), ceder siempre ante los gustos
del otro…
Todo dirigido a tener los dos un solo corazón.
Hecho esto. Está todo hecho. Queda garantizada la
educación de los hijos. Y sin esto, no os canséis. Es
inútil. La educación es imposible.

¿Por qué no trabajar desde ahora con toda el


alma por ser los dos un solo corazón?
¿No escucháis el clamor de vuestros hijos que
os lo piden a gritos?

PADRES, RESPETAD LOS DERECHOS DE


VUESTROS HIJOS.

Tienen DERECHO a que sus padres se quieran


con toda el alma. Este es su primer derecho. Sin esto
les falta el aire para respirar.
Tienen derecho a que los escuchéis. No
precisamente a que obréis según ello quieren. Pero
escuchadlos. Con comprensión, sin nerviosismos… y
luego, buscando sólo su bien, actuad como os parezca
mejor.
Tienen derecho a que los corrijáis.
Aunque parezca que no lo desean, y aunque
suponga en vosotros sacrificio. El padre que
no corrige a sus hijos no tiene de padre más
que el nombre.
Tienen derecho a que os corrijáis. ¿Cómo
podréis lograr que ellos limen sus defectos, si no ven
que vosotros limáis los vuestros? Sin el ejemplo,
vuestras palabras caerán sin fuerza y sin valor
Tienen derecho a que oréis por ellos. Es algo
que siempre podéis hacer por vuestros hijos. Y es lo
más eficaz (siempre que la oración vaya acompañada
de vuestro esfuerzo)

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Tienen derecho a que respetéis su tiempo, su
forma de ser y sus ocupaciones: no mandándoles
cosas innecesarias que podríais hacer vosotros, no
estorbándoles cuando estudian…
Tienen derecho a seguir su propia vocación,
a elegir su propio matrimonio. Nunca pretendáis que
vuestros gustos e intereses prevalezcan sobre los de
vuestros hijos, nunca servirse de ellos.

Respetar sus derechos será el


Camino mejor para que los hijos
Acepten sus propios deberes.

EXAMEN DE LOS PADRES

1. ¿Ven vuestros hijos que también vosotros os estáis


esforzando por mejoraros, que reparáis vuestras faltas,
que sabéis pedir perdón?
2. ¿Dialogáis con vuestros hijos y los tratáis como a
amigos?
3. ¿Os desentendéis uno de de los dos, o los dos de
la educación de los hijos: de hacerles pensar, de
advertirles, de corregirles?
4. ¿Actuáis los dos de manera diferente con los hijos?
5. ¿Dedicáis tiempo a estar con los hijos, a hablar con
ellos, a jugar con ellos?
6. ¿Se lo dejáis pasar todo? ¿Les corregís algo
porque lo veis muy conveniente, o porque aquello os
molesta y os hace quedar mal ante los demás?
7. ¿Los tenéis atemorizados? ¿O se han
acostumbrado ya a vuestros gritos? (siempre que
estáis enfadados deberíais callar y esperar)
8. ¿Revisáis con cariño sus deberes y trabajos, más
para alentarles, animarles y ayudarles, que para
reprenderles? ¿Conocéis y valoráis sus dificultades?
¿Alabáis sus pequeños esfuerzos?

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9. ¿Sabéis cuáles son las cosas que actualmente
preocupan a vuestros hijos? ¿Sabéis cuáles son sus
amigos y qué influencia tienen sobre ellos?
10. ¿Permitís que otras personas estorben la
orientación que vosotros queréis dar a vuestros hijos?
José y María
Introducción
Hoy la liturgia nos invita a mirar a Maria y a José,
viviendo un trance duro, un paso difícil de la fe.
Será bueno que nos fijemos en ello, para prepararnos
inmediatamente a las celebraciones de Navidad.
1. ¿Quién puede subir al monte del Señor? - José y Maria, a la
cumbre de la fidelidad
De José nos dice el evangelio que era un hombre bueno. Es
decir, un hombre que buscaba, por encima de todo, la justicia, la
rectitud de mente y de corazón. De Maria sabemos que era llena de
gracia, Inmaculada. No había en ella nada que no estuviera
orientado, con gran finura de espíritu, hacia Dios. A la pregunta del
salmo ¿quien puede subir al monte del Señor? podríamos
responder poniendo nombres propios: Maria y José pueden subir,
ha subido, están en el recinto sacro, porque tienen realmente las
manos inocentes y puro el corazón.
Maria, guiada por el Espíritu, había decidido consagrar su
virginidad al Señor. Había encontrado en José una sintonía de
mente y de corazón inexplicables más que por una actuación
similar del Espíritu. Ambos habían decidido vivir plenamente para
el Señor, al amparo de la alianza matrimonial, única forma digna y
discreta socialmente de realizar su propósito. Verdaderamente, José
y Maria estaban en la cumbre del monte del Señor. Allí, en la
interioridad de su fe, estaban en su presencia.
1. El trance. La evidencia de los hechos y la luz de la fe en la
oscuridad del alma
Las cumbres del encuentro con el Señor no son nunca
plenamente pacíficas, en esta tierra. Una vez celebrados los
esponsales y antes de convivir juntos e iniciar el camino de
fidelidad al Señor que se habían propuesto hacer, Dios hace que
José y Maria experimenten ya la cruz, como un modo de
anticipación del Calvario. La evidencia de que María esperaba un
hijo deja turbado a José. Maria calla — ¿cómo podía ella dar
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explicaciones humanas creíbles de la obra increíble que Dios había
obrado en ella? — . José conoce la bondad de su esposa, pero la
evidencia es innegable, y la ley, clara y exigente. Tienen en común
el dolor, el deseo de hacer en todo la voluntad de Dios y la
confianza ilimitada en Él. Mientras Maria espera la intervención de
Dios, José busca el camino recto de actuación, y se decide a
cumplir la ley, por fidelidad a Dios, de la manera más discreta y
menos ofensiva.
Finalmente, Dios habla. Porque Dios no deja nunca que la
historia de sus hijos acabe en un calvario o en un desierto. Dios
quiere la vida, la gloria y la resurrección para sus hijos. Dios habla
a José, y a todos los que se abandonan a sus designios: No tengas
reparo en llevarte a María, tu mujer…. y José comprende: con
Maria, tenían unos proyectos de fidelidad y entrega, y ahora ve que
los proyectos de Dios son más grandes y bellos, fascinantes. Y José
dice sencillamente, inmediatamente, Sí... y acoge a Maria en su
casa.
José y Maria son para nosotros modelos de fidelidad y de
apertura a los designios de Dios. Modelos de respuesta a los
cambios que Dios quiera dar a nuestra vida. Modelos de
radicalidad santa, poniendo siempre Dios por encima de todo.
Siempre, modelos de confianza, confianza, confianza y abandono
en Dios.
3. El Emmanuel
Maria había dicho hágase en mí según tu
palabra y Dios se había encarnado en sus entrañas.
José ha dicho sí a Dios, acogiendo a Maria en su
casa, y el designio salvador de Dios sigue adelante.
Ahora, habiendo hecho los dos la voluntad de Dios,
experimentan, los primeros, que Dios es el
Emmanuel, Dios-con-nosotros. Dios está con ellos,
de una manera única. Muy pronto nacerá Jesús. Y
desde el Pesebre, José y Maria, mucho antes que san Pablo, nos
anunciarán la buena nueva: venid, no tengáis miedo, Dios está con
vosotros.

Conclusión
José y Maria nos enseñan a buscar siempre y por encima
de todo, los designios de Dios; nos enseñan el silencio y la escucha
de Dios, la fidelidad radical, el abandono y confianza ilimitada, la
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prontitud en aceptar las novedades desconcertantes de Dios. Nos
enseñan que Dios está siempre con nosotros.
(Benedicto XVI)