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13/6/2018 Nathan Houser: "¿Qué es el pragmatismo y por qué es importante?

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Conferencia impartida en diversas Universidades de Buenos Aires, 4-6 septiembre 2006


Traducción castellana de Óscar Esquisabel
Texto oral

¿Qué es el pragmatismo y por qué es importante?

Nathan Houser
(Institute of American Thought, Indiana University)

Recibid mis saludos en nombre del Proyecto de Edición de Peirce en Indianapolis y de nuestro Instituto para el Pensamiento Americano. Es un gran placer
para mí estar aquí el día de hoy con vosotros, participando de vuestra comunidad de investigación filosófica. Cuando lo podemos hacer, es bueno fundir nuestras
comunidades de pensamiento más locales en una comunidad de investigación más amplia, la cual, según la creencia de Peirce, es necesaria para el avance hacia
la verdad. Os agradezco encarecidamente vuestra invitación para visitaros hoy.

Mi disertación de hoy tomará la forma de una serie de preguntas provocativas acerca del pragmatismo, dos de las cuales se encuentran contenidas en el
título. Mis preguntas son provocativas por el hecho de que no las responderé completamente sino que las ofreceré como provocaciones para continuar pensando
y debatiendo. Espero que lo que he de decir estimulará a algunos de vosotros a penetrar más profundamente dentro de esta temática, pues pienso que tiene
mucho que ofrecer a los estudiantes de filosofía. Habréis de ver que he de concentrarme principalmente en el pragmatismo de Peirce.

¿Qué es el pragmatismo?

Tengo la seguridad de que ninguno de vosotros es lego acerca de esta pregunta, pero, al mismo tiempo, he hallado que aun para aquellos filósofos que
afirman ser pragmatistas no es fácil decir qué es el pragmatismo de un modo que satisfaga a todos y cada uno. Así pues, espero que no os importará si comienzo
con una definición lexicográfica del pragmatismo. Dicho procedimiento nos dará lo que Peirce denomina un segundo grado de claridad de la aprehensión. De
acuerdo con el Diccionario Online Merriam-Webster, el pragmatismo es
"un movimiento americano de filosofía fundado por C. S. Peirce y William James y caracterizado por las doctrinas de que el significado de las concepciones se debe buscar en sus
repercusiones prácticas, de que la función del pensamiento es guiar la acción y de que la verdad se debe examinar preeminentemente por medio de las consecuencias prácticas de la
creencia".

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Tenemos aquí un buen punto de partida. Encontramos tres elementos clave: (1) el significado está asociado a repercusiones prácticas; (2) la función del
pensamiento se concibe como una guía para la acción y (3) se dice que el examen de la verdad consiste en las consecuencias prácticas de la creencia. Por cierto,
se trata de claves para la comprensión del pragmatismo en general. Pienso que es especialmente importante recordar que los pragmatistas originarios estaban
atrapados en una ola de naturalismo que los indujo a otorgar un gran peso a la idea de que el pensamiento funciona como guía para la acción y que, como tal,
conecta la experiencia pasada con las circunstancias presentes y con las expectativas futuras. Es fundamental que el pensamiento juegue un importante papel en
la supervivencia humana.

Si vamos al Oxford English Dictionary para una ilustración histórica importante del uso del término "pragmatismo", encontramos la famosa cita de 1898
tomada de la introducción pública que de la palabra hizo William James: "Lo principal del practicalismo o pragmatismo, como [C. S. Peirce] lo denominó,
cuando por primera vez le oí enunciarlo en Cambridge [Mass.] en los primeros años de 1870, es la pista… siguiendo la cual… podemos seguir nuestro propio
sendero." Me gusta esta alusión de James a mantenerse en el propio sendero. Tal cosa muestra que desde el comienzo se entendió que el pragmatismo tenía algo
que ver con el hecho de que el pragmatismo tiene el propósito o la función de guiar el pensamiento.

Al considerar lo que el pragmatismo es, podéis ver que estoy privilegiando los primeros pragmatistas, Peirce y James, más que los pragmatistas más
contemporáneos, como, por ejemplo, Rorty y Brandom. Concibo a este pragmatismo temprano, el movimiento filosófico que comenzó con el antiguo Club
Metafísico de Cambridge, como el pragmatismo clásico que aún hoy guía a los pragmatistas. No todos están de acuerdo. Algunos piensan que la forma más vital
del pragmatismo actual, algunas veces denominado "neopragmatismo", se deriva del activismo democrático de Richard Rorty más directamente que de las
preocupaciones por la claridad del significado y la verdad que motivaron al pragmatismo clásico (cfr. Mark Bauerlein, The Pragmatic Mind, Duke Univ. Press
1997). Rorty mismo, no obstante, retrotrae su pragmatismo a James y, especialmente, a Dewey, pero desestima a Peirce por haber tomado el camino equivocado.
Así es que puede ser un poco engañoso sugerir, como quizás he hecho, que hubo unanimidad entre los primeros pragmatistas. Me veo obligado a considerar la
pregunta:

¿Hubo realmente un pragmatismo clásico?

En una ponencia que presenté hace tres años en el simposio anual sobre pragmatismo del Profesor Ibri, señalé que a menudo se piensa que hay dos
variedades principales de pragmatismo, una de las cuales se deriva de Peirce, mientras que la otra proviene de James. Richard Robin, un estudioso de Peirce, se
refiere a la variedad peirceana tratándolo como el pragmatismo "clásico" y sostiene que es la especie científica verdadera cuyas raíces se retrotraen a la filosofía
griega. La consecuencia de la tesis de Robin parece ser que ninguna de las variedades del pragmatismo que caen dentro del campamento de James es seriamente
científica o guarda una relación especialmente estrecha con el pensamiento clásico. Presumiblemente, en el campo de James encontramos a F. C. S. Schiller, con
su Humanismo, y la línea de los pragmatistas que va de James, a través de Dewey, a Rorty.

¿Quién se queda en el campo de Peirce, asumiendo que haya alguien? Robin no lo dice, pero quizá podría ser la línea de pragmatistas, si es que todos ellos
son pragmatistas, que va de Peirce, a través de C. I. Lewis y Quine, a Davidson y Putnam. Tal parece ser la concepción de H. O. Mounce en su libro The Two
Pragmatisms. Mounce, como Robin, se refiere a esta tradición inspirada en Peirce denominándola "pragmatismo clásico". No obstante, deberíamos tener el
cuidado de recordar que "pragmatismo clásico" (como "filosofía americana clásica", tal como es usada por Max Fisch) se refiere a menudo en general a lo que
muchos denominan ahora pragmatismo temprano. Pienso que es la práctica más común. Mounce, como Robin, contrasta el pragmatismo de Peirce con el que va
de James y Dewey hasta llegar a Rorty, al tiempo que desestima este "segundo pragmatismo" considerándolo únicamente como "una variación del Positivismo,
una forma de Empirismo extremo… en conflicto con el primer Pragmatismo… en sus puntos esenciales (p. 231)."

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Podéis ver que si hubo algo que puede denominarse pragmatismo clásico, probablemente no fue nunca una doctrina única, universalmente aceptada con
respecto a todos los detalles significativos. En una época tan temprana como 1908, Arthur O. Lovejoy identificó trece variedades de pragmatismo y sólo de
Peirce se dice a menudo que ha sostenido dos variedades distintas de pragmatismo, aunque tal cosa está sometida a debate. No obstante, deberíamos recordar
que es posible compartir creencias identificables en un cierto nivel de generalidad y vaguedad, aun cuando pueda haber desacuerdo si se va más a lo profundo.
Así es que quizá podamos decir que realmente hubo un pragmatismo compartido, un pragmatismo clásico. Tal vez la definición lexicográfica que proporcioné al
comienzo se acerca a la expresión de esta concepción compartida. Repitamos la definición:
"[El Pragmatismo es] un movimiento americano de filosofía fundado por C. S. Peirce y William James y caracterizado por las doctrinas de que el significado de las concepciones se
debe buscar en sus repercusiones prácticas, de que la función del pensamiento es guiar la acción y de que la verdad se debe examinar preeminentemente por medio de las
consecuencias prácticas de la creencia".

Recordemos, sin embargo, que señalé que de acuerdo con Peirce la definición lexicográfica expresa sólo un segundo grado de claridad de la aprehensión.
No obstante, Peirce es bien conocido por haber abogado por un grado de claridad más alto, un tercer grado, caracterizado por su famosa máxima pragmática:
"Consideremos qué efectos, que puedan tener concebiblemente repercusiones prácticas, concebimos que tenga el objeto de nuestra concepción. Entonces,
nuestra concepción de esos efectos es la totalidad de nuestra concepción del objeto".

¿Puede aplicársele la máxima de Peirce a él mismo con el fin de darnos el tercer grado de claridad acerca del pragmatismo tal como él lo
concibió?

Podría ser de ayuda un poco de información del contexto. En una serie de artículos de 1868 y 1869, Peirce había presentado una "nueva plataforma para la
filosofía" de la que esperaba que reemplazase la plataforma fundacionalista de Descartes. Entre las innovaciones revolucionarias de dicha serie se encontraba el
argumento de Peirce de que todo pensamiento consiste en signos y que los signos son externos y públicos. Así, Peirce fue quizá el primer filósofo en abandonar
lo que Willard Van Orman Quine denominó "la idea de idea" y en realizar lo que, hasta cierto punto, ahora denominamos "el giro lingüístico" (que para Peirce
era el giro semiótico). En 1877 comenzó una nueva serie de artículos en lo que introdujo el pragmatismo y continuó desarrollando su nueva plataforma
anticartesiana.

En el primer artículo de dicha serie, "Fixation of Belief" ("La fijación de la creencia"), Peirce elaboró su punto de vista post-darwiniano, el cual ponía
énfasis en el hecho de que somos seres naturales (organismos vivientes que interactúan) en un mundo cambiante y en el hecho de que nuestra capacidad para el
pensamiento es parte de nuestro equipamiento natural. Discutía de qué modo surge la duda en la experiencia y genera la investigación orientada a llevar al
pensamiento a un estado de reposo que denominó "creencia". Peirce identificó cuatro modos de la fijación de la creencia, de los cuales únicamente uno estaba
basado en la interacción investigativa con los objetos reales de la creencia. Unicamente este cuarto método era científico y digno de confianza a la larga.

Peirce comenzó su segundo artículo de la serie, "How to Make our Ideas Clear" ("Como esclarecer nuestras ideas") con una consideración acerca de la
importancia del pensar claramente y con un examen de la distinción cartesiana entre las concepciones claras y oscuras. Tal como he indicado, Peirce creía que
Descartes podía ser mejorado por la adición de un tercer nivel de claridad y que tal cosa implicaba la aplicación de la máxima pragmática de Peirce.
Presentamos aquí algunos de los pasos clave que Peirce emprendió para argumentar a favor del pragmatismo:

1. La función o propósito del pensamiento es producir la creencia.

2. La creencia implica el establecimiento de una regla de acción (o hábito).

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3. El "resultado final del pensar es el ejercicio de la volición, y de ella ya no forma parte el pensamiento".

4. El propósito del pensamiento es producir hábitos de acción, no actos individuales, sino hábitos o reglas de acción.

5. Toda distinción real de pensamiento y, por tanto, toda distinción de significado consiste en una posible diferencia en la práctica.

6. Así, lo que algo significa tiene que ser entendido en términos de qué hábitos implica. Dicho de otro modo, podemos decir que "nuestra idea de una cosa
cualquiera es nuestra idea de sus efectos sensibles", sin embargo, nótese con cuidado estas tres pequeñas palabras "nuestra idea de". Nuestra idea de una cosa
cualquiera es nuestra idea de sus efectos sensibles.

Así, Peirce llegó finalmente a la máxima que he de repetir: "Consideremos qué efectos, que puedan tener concebiblemente repercusiones prácticas,
concebimos que tenga el objeto de nuestra concepción. Entonces, nuestra concepción de esos efectos es la totalidad de nuestra concepción del objeto". Dándole
la vuelta y simplificándola, podemos formularla de esta manera: nuestra entera concepción de un objeto cualquiera es nuestra concepción de todos sus efectos
prácticos concebibles. Esta máxima representa el tercero y más elevado grado de claridad de las ideas en la teoría peirceana de los tres niveles de claridad.

Peirce acompañó su enunciado de esta máxima pragmática con un número de ejemplos de su aplicación. Una de las concepciones más dificultosas que
examinó fue la concepción de la realidad. ¿Qué significa decir que algo es real? Consideremos esta cuestión brevemente abordando la concepción de lo real tal
como lo hace Peirce a partir de los tres grados de claridad. El primer grado de claridad es el que tenemos cuando estamos familiarizados con una concepción. De
este modo, ¿cuál sería un ejemplo de un típico primer grado de claridad con respecto a la concepción de lo real? Nuestra familiaridad con el término, como
"¿son reales estas flores?" o "Hamlet no era una persona real" o "Descubrí que su amor no era real". Ordinariamente, no tendríamos dificultad en entender estas
expresiones. Peirce señaló que aun los más jóvenes entienden esta concepción, a menudo a una edad muy temprana. Cuando, por ejemplo, se le narra a un niño
un cuento acerca de un monstruo que se come a las niñas y lo niños pequeños, una respuesta común es "pero, ¿no es real, no?"

En un segundo grado de claridad, ¿qué significamos diciendo que algo es real? En este caso necesitamos una definición abstracta (del tipo de las del
diccionario). Esto es más dificultoso. Una definición extraída del Random House Unabridged Dictionary de mi escritorio hogareño es la de que "lo real" es
aquello que es "independiente de la experiencia en la medida en que se opone a [lo que es] fenoménico o aparente". En primer lugar, Peirce nos pide que
consideremos qué significamos por una quimera o ficción y, siguiendo dicha discusión, sugiere que un buen segundo grado de comprensión de "lo real" es
"aquella cosa cuyos caracteres son independientes de lo que cualquiera pueda pensar que dicha cosa es".

Consideremos ahora el tercer grado de claridad. ¿Cómo deberíamos buscar, desde el punto de vista de la máxima pragmática, este tercer nivel de
significado de lo real? ¿Cuáles son los efectos que imaginamos o concebimos que las cosas reales tienen? Peirce sugiere que "el único efecto que las cosas
reales tienen es causar la creencia". Por supuesto, algunas creencias son causadas por ficciones o falsedades, no por cosas reales, de modo que si queremos tener
claridad acerca de la naturaleza de la realidad tenemos que identificar los efectos propios de la realidad. ¿Cuáles son los denominados "efectos propios"? Las
creencias verdaderas.

Peirce concibe la "creencia verdadera" como el resultado destinado de la investigación legítima, a saber, destinado en el sentido de que si tuviésemos
mundo y tiempo suficientes, la alcanzaríamos. Próximo al final de este segundo artículo, escribe que "la opinión cuyo destino es ser finalmente aceptada por
todos aquellos que investigan es lo que significamos por la verdad, y el objeto representado en esta opinión es lo real". Así, parece que el efecto principal que
asociamos con la realidad, en el tercer nivel de claridad, consiste en que es lo que se resiste a las concepciones erróneas de ella y que, por tanto, fuerza a los
investigadores serios a dirigirse hacia la verdad, en la medida en que usen el correcto método de investigación. Esta concepción de la verdad y la realidad se
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expresa poéticamente en un verso de un poema de William Cullen Bryant, citado a menudo por Peirce: "¡Oprimida en la tierra, volverá a erigirse la verdad!"
["Truth crushed to earth shall rise again!"].

Quizá esta afirmación de William Cullen Bryant os parezca traída de los pelos, pero es la concepción de Peirce: su pragmatismo está marcado por su
creencia de que el significado nos guía a través de la experiencia hacia la verdad. Esa idea de que hay una realidad que es independiente del modo en que
pensemos acerca de ella y que el modo en que el mundo es nos forzará, finalmente, si tenemos el suficiente tiempo, a superar nuestras concepciones erróneas
acerca de ella, tiende a distinguir la filosofía pragmática de Peirce de otras variedades de pragmatismo. Este es uno de los modos en que podemos responder a la
pregunta acerca de en qué consistiría la diferencia, si aceptamos el pragmatismo de Peirce en lugar del de algún otro, lo cual es un modo de pensar acerca del
significado pragmático del pragmatismo en sí mismo. El pragmatismo contemporáneo, en particular las concepciones de Richard Rorty y sus seguidores, parece
ponerse muy impacientes con este realismo peirceano y la concepción de la verdad que se sigue de él.

Pasemos ahora a otra pregunta provocativa:

¿Pueden acaso diferentes personas conocer o creer la misma cosa?

Posiblemente, vuestro sentido común os sugiera que la respuesta a esta pregunta es obviamente "sí". Sin embargo, el asunto no es tan obvio para algunos
pragmatistas. Un muy conocido pragmatista, John McDermott, el editor de las colecciones de escritos de Josiah Royce y William James, sostiene que la
respuesta de William James a la pregunta acerca de cómo dos personas pueden conocer la misma cosa es "no pueden". Hasta donde lo puedo explicar, se piensa
que esto es así porque dos personas diferentes no pueden jamás tener las mismas experiencias sensoriales presentes y son las experiencias sensoriales presentes
las que James asocia con el significado. Sin embargo, Peirce insiste, a diferencia de muchos otros pragmatistas, que el pragmatismo no debería hacer consistir el
significado en alguna acción o cosa presente ni en ninguna experiencia sensorial particular. Es verdad que Peirce dijo que "nuestra de idea de una cosa
cualquiera es nuestra idea de sus efectos sensibles", pero lo que tenía en mente era la concepción de los efectos sensibles, que es general, y no algún efecto
sensible presente, que es singular. Miremos nuevamente el modo en que Peirce culmina su máxima: "Entonces, nuestra concepción de esos efectos es la
totalidad de nuestra concepción del objeto". El significado de una concepción es nuestra concepción de sus efectos concebibles. El significado es una
concepción y, al igual que una palabra, es general, aun cuando se encuentra crucialmente conectada con nuestra concepción de los efectos sensoriales. En parte
porque algunos de los otros pragmatistas de la época de Peirce desistieron de compartir la concepción peirceana de que el significado es general, de que no se lo
puede reducir a experiencias o eventos particulares presentes, Peirce sintió la necesidad de distinguir su concepción de la de los otros rebautizando su doctrina
con el nombre "pragmaticismo".

Peirce dio un interesante ejemplo para ilustrar su argumento. Supóngase que dos hombres, uno sordo y el otro ciego, observan un asesinato. El sordo no
puede tener sensaciones auditivas y el ciego no puede tener sensaciones visuales. Obviamente, el ciego y el mudo no serán capaces de compartir plenamente las
creencias de que una amenaza de muerte ha sido seguida por el chasquido de una pistola y un grito mortal, o que un hombre con una pistola humeante miraba
con satisfacción a otro hombre estremecido por el dolor y tendido en el suelo. Sin embargo, Peirce sostiene que ambos hombres pueden formar un juicio común
o alcanzar la misma conclusión de que se cometió un asesinato. Aun cuando las impresiones sensibles son radicalmente diferentes, el juicio resultante de ambos
observadores puede ser el mismo, precisamente porque es general y alejado de los sentidos.

Esto nos ayuda a recordar que Peirce sostenía que la función del juicio en la percepción es reducir la multiplicidad de los sentidos a la unidad de la
proposición. Esto concentrará la atención más en lo que el ciego y el sordo dicen acerca de sus experiencia que en lo que sus sensaciones puedan haber sido en
sí mismas. Si se acepta que las creencias son proposicionales, es sólo una cuestión de lógica el que lo general esté implicado por lo particular. El que esta
creencia más general pueda ser realmente compartida por ambos hombres, es posible porque no hay referencia a la experiencia de los sentidos. Parece ser
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relativamente no problemático que ambos hombres representen su creencia con las mismas palabras –"se ha cometido un asesinato"- y en el nivel expresado por
esa proposición hay buenas razones para pensar que significa la misma cosa para ambos hombres.

Sin embargo, hemos de tener cuidado aquí en no abandonar el punto fundamental del pragmatismo. Peirce era claro en su creencia de que “una proposición
que no tiene relación alguna con la experiencia está desprovista de todo significado” (de "Immortality in the Light of Synechism". 1893: "Inmortalidad a la luz
del sinechismo"). Así, cuando decimos que el sordo y el ciego pueden compartir una creencia común porque es general y no representativa de las diferentes
experiencias sensoriales de las cuales emergió, tal creencia tiene que estar relacionada, sin embargo, con alguna experiencia futura posible que ambos hombres
puedan compartir, como por ejemplo, la de que si se los interroga en un tribunal acerca de si han sido testigos de un asesinato, ambos hombres responderían "sí"
o la de si se encontrasen solos en un cuarto junto con el asesino, ambos sentirían temor por su seguridad.

¿Es relevante el pragmatismo para toda experiencia y para todo tipo de vida?

Para William James y John Dewey la respuesta podría ser "sí". Pero para Peirce no lo es. Acabo de señalar que Peirce limitaba el pragmatismo a un método
para determinar el significado de las "concepciones intelectuales", que son las concepciones generales. Si estudiáis la teoría semiótica de Peirce, descubriréis
que hay muchos géneros de signos que no son intelectuales en ese sentido, por ejemplo, sentimientos e indicaciones de diversos géneros. El pragmatismo no se
ocupa de ese género de concepciones. Peirce no fue enteramente consistente en ese punto. En una época (en 1903) había proclamado que el pragmatismo era
"un instrumento maravillosamente eficiente… de un señalado servicio en cada rama de la ciencia" y recomendaba el pragmatismo como algo ventajoso para la
conducción de la vida. No obstante, posteriormente llegó a pensar, como lo había hecho al comienzo, que el pragmatismo se ocupaba principalmente de la
claridad del pensamiento y de la seguridad del razonamiento, al tiempo que señaló que había que pagar un precio por la seguridad. De acuerdo con Peirce, el
razonamiento involucra siempre una negociación entre la seguridad y la potencia creativa. Peirce comenzó a creer que el pragmatismo tiene las limitaciones que
resultan de escoger la seguridad por sobre el pensamiento creativo y observó que "[el pragmatismo] no concede ni una simple sonrisa a la belleza, a la virtud
moral o a la verdad abstracta, las únicas tres cosas que elevan a la humanidad por encima de la animalidad".

Pienso que es interesante observar que en cierto modo los pioneros del arte moderno estuvieron motivados por un ideal que es casi el opuesto del que
motivó a los pragmatistas. El famoso pintor de las primeras épocas del arte contemporáneo, Kandinsky, escribió en 1911 acerca de las nuevas pinturas cubistas
de Picasso que las encontraba interesantes pero de algún modo "falsas" y que, a pesar de ello, se sentía complacido con [el cubismo] como un signo del enorme
esfuerzo hacia el pensamiento inmaterial (Everdell, p. 310). La meta de Kandinsky, así como la de muchos artistas, era desconectar el arte de lo que los
pragmatistas denominaban "las consecuencias concebidas". Es interesante el hecho de que fue precisamente por esa época que Peirce comenzó a considerar las
limitaciones del pragmatismo y el modo en que podría ser antitético con la creatividad. Pero no cometamos el error de suponer que debemos renunciar al
pensamiento intelectual a favor de la creatividad. Obviamente, ambos son valiosos y necesitamos de ambos para tener éxito e incluso para sobrevivir. La
cuestión es sólo si el pragmatismo es relevante para todos los géneros de actividad y concepción humanas y que Peirce llegó a pensar que no lo era. Pero esta es
un área que aún requiere de mucho estudio y quizá alguno de vosotros pueda ayudar en este trabajo.

La pregunta final que deseo considerar brevemente es la siguiente:

¿Por qué es importante el pragmatismo?

A pesar de sus limitaciones, el pragmatismo es importante por múltiples razones. Sitúa el pensamiento humano en el orden natural de las cosas y le
proporciona una trayectoria hacia delante, en lugar de la trayectoria hacia atrás, propia de las viejas epistemologías y de la filosofía analítica. El contenido de

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pensamiento ha de ser hallado en las experiencias anticipadas más que en las causas históricas. Se trata de una filosofía dinámica que puede incorporar la
creatividad dentro de las actividades intelectuales, aun cuando el significado creativo no está sujeto estrictamente al análisis pragmático.

El pragmatismo relaciona el significado con la evidencia y es naturalmente compatible con una base inductiva para el conocimiento. En este respecto, el
pragmatismo casi parece ser una extensión del método científico y nos produce la impresión de ser completamente moderno en el mejor sentido. Al convertir al
cognoscente en algo central para la teoría del conocimiento y al denegar especiales privilegios a algún punto de vista particular, el pragmatismo casi parece ser
posmoderno (como una muy simple ilustración de lo que significa para un cognoscente (o lector) ser algo central para el conocimiento, considérese el famoso
caso del pato-conejo que un estudiante de Peirce, Joseph Jastrow, llevó a la atención del mundo filosófico, con la ayuda de Wittgenstein). Esta figura por sí
misma

no puede decir si es la figura de un pato o de un conejo. Verla como un pato es interpretar la figura: verla bajo un concepto. Verla como un conejo también es
mirarla teóricamente o bajo el concepto de conejo. Uno no puede ver esta figura como un pato y como un conejo al mismo tiempo porque nuestro concepto de
pato es totalmente distinto de nuestro concepto de conejo –aunque las figuras que vemos en ambos casos son idénticas. Esto ilustra cómo el significado debe ser
de algún modo conectado al uso o a las consecuencias concebidas.

Como el pragmatismo enlaza el significado y la justificación con la experiencia futura más que con las causas pasadas, deja abierta la posibilidad y la
legitimidad de muy creativos métodos de investigación y descubrimiento. Es en este respecto que la abducción peirceana, su método de conjetura informada o
intuitiva, se conecta con su pragmatismo. La legitimidad de una hipótesis no se deriva del lugar de donde provino la idea sino de lo que se puede hacer con ella
y de si la experiencia futura la sustenta o no.

Por tanto, el pragmatismo es importante, quizá importantísimo, porque las ideas tienen poder y el pragmatismo nos ayuda a comprender cómo puede ser
esto posible. Dejo esta observación para que la ponderéis.

El pragmatismo es importante por otra razón, una razón que es más bien sociológica y política. La filosofía en lengua inglesa ha sido dominada durante
más de cincuenta años por lo que denominamos la tradición analítica (por supuesto, está abierto al debate precisamente qué es la filosofía analítica, pero aquí
dejaré a un lado esta cuestión). Hay un pensamiento general de que esta tradición filosófica que va de Frege, Russell y Wittgenstein a través de Carnap y el
Movimiento de Ciencia Unificado a Quine, Sellars, Putnam y Rorty está declinando. Debido en parte a la promoción hecha por Rorty y Putnam, el
pragmatismo, hasta cierto punto, ha renacido en las últimas dos décadas y se encuentra a punto para ser una corriente filosófica principal, listo para llenar el
espacio que la filosofía analítica pueda dejar tras de ella. Esta concepción se expone clara y convincentemente en dos recientes libros de Joseph Margolis,

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Reinventing Pragmatism y The Unraveling of Scientism. Juntos constituyen ambos libros un fuerte argumento a favor de que "sencillamente, el problema más
importante al comienzo del siglo XXI" es la "adecuación o inadecuación conceptual del 'naturalismo' analítico" y la contienda entre lo que Margolis denomina
los naturalizadores y los pragmatistas (2002, p. 3). Hay buenas razones para pensar que el pragmatismo, especialmente los pragmatismos de los pragmatistas
clásicos, ha de experimentar una nueva vitalidad en los años venideros y que, más aún, puede llegar a dominar la filosofía. Sea de ello lo que fuere, en cualquier
caso los pragmatistas son nuevamente objeto de seria consideración y ya sólo por esa razón el pragmatismo es importante.

Finalmente, el pragmatismo es importante porque ha sido y es todavía aborrecido por filósofos de importancia. Personalmente, creo que cuando el
pragmatismo es objeto de aborrecimiento, tal cosa ocurre usualmente porque se piensa incorrectamente que los pragmatistas favorecen ingenuamente lo útil por
sobre lo verdadero; no obstante, sea de ello lo que fuere, incluso el aborrecer algo es reconocer su importancia.

Muchas gracias por vuestra amable atención.

Fecha del documento: 9 de octubre 2006


Ultima actualización: 13 de octubre 2006

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