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Caperucita Roja (en francés, Le Petit Chaperon rouge; en alemán, Rotkäppchen)

es un cuento de hadas de transmisión oral, difundido por gran parte de Europa, que
luego se ha plasmado en diferentes escritos; llamado así por el hecho de que la
protagonista lleva puesta siempre una caperuza de color rojo.

El relato marca un claro contraste entre el poblado seguro, y el bosque peligroso;


una contraposición habitual en el mundo medieval.

Caperucita era una niña que quería mucho a su abuelita, y un día su madre le dio
una cesta llena de comida para que llevara la merienda a la abuelita, que vivía en
una casa en el bosque, porque estaba enferma.

El Lobo Feroz retó a Caperucita a correr una carrera hacia la anciana. Le dijo que
había dos caminos, uno largo y uno corto. Le dijo a Caperucita que ella tomara el
corto y que él tomaría el largo, pero el muy astuto le enseñó los caminos al revés y
Caperucita, sin saberlo, tomó el camino largo. El Lobo, llegó antes a la casa, se hizo
pasar por Caperucita y ante la puerta pregunto si podía pasar. La abuela le dijo que
pasara, que la puerta estaba abierta, el Lobo Feroz entró y se comió a la abuela de
un sólo bocado, se puso la ropa para hacerse pasar por ella y se metió en la cama
para esperar a Caperucita.

Una vez que Caperucita llegó a la casa, empezó a hablar con quién creía que era
la abuelita (que en realidad era el lobo).

Perrault fue el primero que recogió esta historia y la incluyó en un volumen de


cuentos para niños (1697), en el que destacaba sobre los otros por ser, más que un
cuento, una leyenda bastante cruel, destinada a prevenir a las niñas de encuentros
con desconocidos, y cuyo ámbito territorial no iba más allá de la región del Loira, la
mitad norte de los Alpes y el Tirol.
Este autor suprimió los elementos más escabrosos de las versiones originales,
como el lance en que el lobo, ya disfrazado de abuela, invita a la niña a consumir
carne y sangre, pertenecientes a la anciana a la que acaba de descuartizar, y a la
que posteriormente obliga a acostarse con él desnuda tras hacerle quemar toda su
ropa. Al igual que en el resto de sus cuentos, quiso dar una lección moral a los
jóvenes que entablan relaciones con desconocidos, añadiendo una moraleja
explícita, inexistente hasta entonces en la historia.

Al contrario que en la versión de los hermanos Grimm, la de Perrault no tiene final


feliz.

En 1812, los hermanos Grimm, dieron otra vuelta de tuerca a la historia. Retomaron
el cuento, y escribieron una nueva versión, que fue la que hizo que Caperucita fuera
conocida casi universalmente, y que, aun hoy en día, es la más leída.

En la colección de cuentos de los Hermanos Grimm, Caperucita


Roja (Rotkäppchen) es el n.º 26.2

En contra de lo que se pueda pensar, los hermanos Grimm no se limitaron a


transcribir palabra por palabra la tradición oral. Partieron de tres fuentes: la primera,
el cuento de Perrault de 1697; la segunda, una versión oral de una chica que había
tenido acceso a una buena educación, y que, por tanto, es probable que conociera
el escrito de Perrault; y la tercera, una obra escrita en 1800 por el autor Ludwig
Tieck, "Leben und Tod des kleinen Rotkäppchens: eine Tragödie"
("Vida y muerte de la pequeña Caperucita Roja. Una tragedia")[cita requerida], en la que
se introduce la figura del leñador, que salva a la niña y a su abuelita.

Los hermanos Grimm escribieron una versión más inocente, y con menos elementos
eróticos que las publicadas anteriormente. Además, añadieron un final feliz para el
cuento, tal y como solían tener los cuentos de la época.

Propusieron un final alternativo, en el que un momento antes de que el lobo se coma


a Caperucita, ella grita y un leñador que estaba cerca, rescata a la niña, mata al
lobo, le abre la panza y saca a la abuelita, milagrosamente viva.