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UNIVERSIDAD NACIONAL DE CATAMARCA

FACULTAD DE HUMANIDADES
Departamento Historia
Cátedra: Práctica II y Residencia 2018

Relato pedagógico:

¿El mundo está preparado?

En mi recorrido educativo como alumna fueron diversas las experiencias con las distintas
materias cursadas, sería imposible citar todas ellas, pero si tengo que realmente dar cuenta
de un momento que me marcó el camino hacia la Historia, puedo retrotraerme a un profesor
de secundaria, su nombre era Martín Carranza y tenía aproximadamente treinta años, que
desde el primer día de clase planteó algo diferente. Pero para situarnos en este momento debo
decir que los intentos por continuar mi educación me llevo a realizar en dos oportunidades
el secundario de adultos, ya que cuando finalice la primaria a los doce años mi padres, que
eran comerciantes, me dieron a elegir seguir estudiando o trabajar en local junto a ellos; se
puede adivinar que mi elección fue trabajar, pero luego mi necesidad de formarme suscitó
que comenzará a estudiar nuevamente. Aclarado este punto voy a continuar del porque este
profesor fue semilla de mi aferro a la Historia.

Era la primera semana de clase y me tocaba la hora de Historia, el curso estaba completo,
había jóvenes entre diecisiete y veinte y dos años, recuerdo que las aulas eran grandes y
espaciosas al igual que el colegio que debía tener unas treinta aulas en los dos pisos que la
conformaban. Una vez en clase el profesor se posicionó frente al pizarrón, recuerdo que
era muy delgado y alto y vestía diferente a los otros docentes, algo informal por así decirlo,
se presentó y nos invitó a presentarnos individualmente, hasta aquí sería un día más de
cualquier profesor, la cuestión más importante fue la propuesta de trabajo que nos realizó.
Nos propuso elaborar un recorrido único, por lo menos para mi percepción en esa etapa, era
no realizar clase tras clase escritos en la carpeta y que solo tengamos una epístola de una
investigación ardua por cada trimestre. Toda una novedad era aquella enunciación, estábamos
ante una nueva forma de estudiar historia, la propuesta parecía fácil, no íbamos a escribir por
todo el trimestre, a cambio el profesor nos daba clases orales magistrales, recuerdo la pasión
con la que transmitía aquellos procesos históricos, pero todo proyecto puede tener fisuras,
gran parte del alumnado no escuchaba ni una palabra de toda aquella presentación de la
Historia y como éramos adultos se suponía un compromiso real y maduro. Pasando las
semanas llegó el gran día de presentar los trabajos de investigación, cada uno tenía distintos
temas, solo eran escritos no había que dar orales y debíamos presentarlo en carpeta A4 con
imágenes a color. Por primera vez trabajaba con la computadora y la impresión, todo un
desafío, para ello busque apoyo de una vecina que estaba en la universidad, y que me colaboró
con aquella implicación en la informática. El trabajo fue muy difícil, me otorgó nervios e
intranquilidad, pero finalmente presente mi escrito. Casi todos entregamos aquella
producción, las notas que recibimos fueron bajas, la exigencia del profesor era alta, es cierto
que personalmente esperaba un puntaje mejor, es así que, algunos de mis compañeros no
lograron aprobar el trimestre que derivo a un gran problema. La situación llevo a que todos
aquellos que no aprobaron, y era la gran mayoría, fueran a exponer a la dirección una revisión
de las formas de dictar las clases de Historia y a su vez de la evaluación. Ese día el profesor
se reunió con nosotros y nos dio una charla, nos explicó que las formas de dictar y evaluar
su materia estaban expuestas desde el primer día y que hubo un consenso total del grupo por
trabajar así, pero con lo sucedido se centraría a la forma tradicional de dar clases. No tengo
que decir que todo cambio desde ese instante, volvimos a las clases de historia dadas de igual
manera que las demás materias, igualmente el profe siguió siendo un buen docente, pero esa
renovación que tanto me había impresionado se había extinguido. Esta experiencia me hizo
ver la Historia desde otro lugar, desde el trabajo con las diversas fuentes buscadas para
realizar el trabajo, además se podía dar una opinión diferente, pensada, y propia. Como
futuro docente espero encontrar las estrategias que otorguen esa primera semilla a mis
estudiantes y que puedan ver en la Historia esa libertad de análisis, por medio de la
interpelación al pasado y presente y el trabajo con fuentes, que tanto enriquecen el
aprendizaje histórico. Por último, creo que hoy es aceptable esa estrategia que utilizó mi
profesor, es más, se puede decir que se usa habitualmente, pero me preocupa encontrarme
con una situación similar, donde el mundo no esté preparado para nuevas formas de dar
Historia.