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AÑO DE LA PROMOCIÓN DE LA INDUSTRIA RESPONSABLE

Y DEL COMPROMISO CLIMÁTICO”

FACULTAD DE CIENCIAS ADMINISTRATIVAS Y CONTABLES

MONOGRAFÍA

LAS UNIVERSIDADES

ESPECIALIDAD :

CATEDRÁTICO :

INTEGRANTES :

TURNO :

CICLO :

HUANCAYO - PERÚ
2014

1
Dedicamos el presente
trabajo a nuestros padres
quienes son la inspiración y
fortaleza para lograr
nuestras metas y objetivos
y de esa manera llegar a
ser buenos profesionales

2
INTRODUCCIÓN

El presente trabajo monográfico que lleva por título


“Accidentes de tránsito”, es una investigación a diversos medios
de información como libros, folletos, revistas, e internet.

Estamos convencidos que este trabajo nos servirá para


nutrirnos y ampliar nuestro conocimiento con respecto al tema y
estar preparados para actuar cuando estemos al servicio de la
sociedad.

En este trabajo analizaremos el significado económico,


social, cultural y politico que tuvo para el Perú la revolución de
Independencia ocurrida en el país en los inicios del siglo
diecinueve. Las revoluciones —sobre todo las de índole política,
que se ven acompañadas de guerras internacionales o civiles—
no son buenas para la evolución económica en el corto plazo.
Traen enfrentamientos, violencias e incertidumbre que
obstaculizan el comercio, destruyen la infraestructura y la propia
mano de obra (o cuando menos la desvían de la producción), y
ahuyentan la inversión, por la inseguridad que generan sobre la
propiedad. Sin embargo, estos transtornos pueden ser
contrarrestados por los efectos positivos que las revoluciones
suelen tener, tanto en el corto, como, sobre todo, en el largo
plazo.

En el corto plazo los aprestos bélicos pueden avivar una


demanda de bienes muy variada (uniformes, armamento,
víveres, medios de transporte) que cuando puede ser provista
internamente y hay una credibilidad sobre su pago, lleva a un
crecimiento de la producción y las ganancias. En el largo plazo

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las revoluciones suelen reasignar los activos (tierras, capitales),
poniéndolos en nuevas manos, y cambiar la orientación de la
política del gobierno. En la medida que los nuevos propietarios y
las nuevas políticas sean mejores que los viejos para las metas
que la sociedad se haya trazado en materia económica, diremos
que la revolución trajo consecuencias económicas positivas.

EL ESTUDIANTE

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ÍNDICE

Caratula

Dedicatoria

Introducción

Índice

CAPITULO I

INDEPENDENCIA DEL PERÚ7

1.1. GENERALIDADES .................................................................................................. 7

1.2. ANTECEDENTES .................................................................................................... 8

1.3. PROCESO EMANCIPADOR Y REVUELTAS INDEPENDENTISTAS


TACNA Y LAS EXPEDICIONES ARGENTINAS DEL ALTO PERÚ ........... 10

1.3.1. Primera revuelta de Tacna de 1811 ................................................ 10

1.3.2. Segunda Revuelta de Tacna de 1813 ............................................. 11

1.3.3. Rebelión de Huánuco de 1812 .......................................................... 12

1.3.4. Rebelión del Cusco de 1814 ............................................................... 13

1.4. CORRIENTES LIBERTADORAS ..................................................................... 17

1.4.1. José de San Martín y la corriente procedente de Chile ............ 17

1.4.2. Proclamación de la independencia del Perú ................................ 19

1.4.3. Simón Bolívar y la corriente procedente de la Gran Colombia


...................................................................................................................... 23

CAPITULO II

SITUACIÓN ECONÓMICA, SOCIAL, CULTURAL Y POLITICA

2.1. SITUACIÓN ECONÓMICA ................................................................................ 27

2.1.1. El costo de la guerra: .................................................................................. 32

5
2.1.2. La política económica después de la independencia: ...................... 33

2.1.3. EL FIN DEL PROTECCIONISMO MINERO .............................................. 36

2.2. SITUACIÓN SOCIAL: ........................................................................................ 39

2.3. SITUACIÓN POLÍTICA ..................................................................................... 42

2.6. RECAPITULACION PARA CONCLUIR........................................................... 49

CONCLUSIÓN ............................................................................................................... 50

BIBLIOGRAFÍA ............................................................................................................. 51

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CAPITULO I
INDEPENDENCIA DEL PERÚ
1.1. GENERALIDADES

La independencia del Perú, en concreto, se venía


gestando localmente, al igual que en la Emancipación de toda
la América española, a través de un proceso previo dentro
de la sociedad peruana, inclusive mucho antes de la llegada de
las corrientes libertadoras y sus ejércitos. Pero como hitos,
suelen señalarse la fecha del 28 de julio de 1821 cuando el
libertador José de San Martín, al mando de la Expedición
Libertadora del Perú proveniente de Chile, declara desde Lima la
independencia del Perú. Y la fecha del 9 de diciembre de 1824,
fecha de la batalla de Ayacucho, que puso punto final a la guerra
con la capitulación del último ejército realista del Perú. La
diplomacia peruana consigue por último que España reconozca
la independencia de la República del Perú el 14 agosto de 1879.

La corriente libertadora del sur del continente proveniente


del Virreinato del Río de la Plata, dio sus frutos con la
independencia de Argentina, y posteriormente de Chile, bajo la
figura del general José de San Martín. En el norte, otro
movimiento libertador se encontraba en curso aglutinado bajo
la forma de la república de la Gran Colombia amparada por el
Libertador Simón Bolívar. Pero los esfuerzos independentistas de
ambos, y de sus tropas compuestas en el sur por chilenos y
argentinos, y en el norte por gran colombiano (venezolanos,
colombianos, quiteños), corrían permanente peligro, ya que un
ejército realista junto a la armada española, se mantenían en los
cuarteles y puertos del Virreinato del Perú.

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1.2. ANTECEDENTES

Las ideas y acciones militares que culminaron el 9 de


diciembre de 1824 con la Batalla de Ayacucho, tuvieron
figuradamente una gesta de más de tres siglos; podría
decirse que comienza paralelo con la conquista del Imperio
Inca, el mismo 16 de noviembre de 1532, en que Francisco
Pizarro sorprende al inca Atahualpa, en Cajamarca, aquella
aciaga tarde. Los descendientes de los incas pretendieron, en
varias ocasiones, retomar su país, reconquistar su imperio e
instalarse de nuevo en el gobierno. Unos lo hicieron
inmediatamente; otros, en los siglos XVII y XVIII. Ya en 1536 y
hasta 1572 duró la gran resistencia de los incas de Vilcabamba;
esta acción comenzó con la huida de Manco Inca o Manco II de
Cusco y terminó con la ejecución de Túpac Amaru I.
Posteriormente, se da la revolución de Túpac Amaru II y las
rebeliones del Alto Perú. Las huestes rebeldes pelearon contra
los conquistadores y sus aliados; sin embargo, los tuvieron en
jaque porque habían aprendido el arte de la guerra al estilo
europeo, usaron la táctica de la guerra de guerrillas y se
establecieron en Vilcabamba, una zona de selva en el valle de
La Convención.

Tres siglos después, con el desembarco del general José


de San Martín en Pisco, las ideas independentistas en el Perú,
habían madurado lo suficiente como para emprender con éxito
las acciones diplomáticas y militares, tendientes a consolidar el
anhelo de los pueblos del Perú y de América toda. Entre 1809 y
1810, todos los patriotas (denominados así por sus ideas
liberales) de las colonias recurrieron a las armas con el objeto
de lograr definitivamente la independencia política. La guerra,

8
por otro lado, en las antiguas colonias españolas, no fue fruto
de la imaginación militar. El proceso de independencia, en
América, duró en definitiva, casi un siglo; podría decirse que
todas las naciones americanas lograron su independencia entre
1811 y 1903: la mayor parte de los países de habla hispano y
portugues de América Latina lograron su independencia entre
1811 y 1830, a excepción de República Dominicana (1844),
Cuba (1898) y la separación de Panamá respecto de Colombia
(1903).

En el siglo XVIII arreciaron las protestas y rebeliones, en


el territorio del Virreinato del Perú y fueron:
1. Azángaro, Carabaya, Cotabamba y Castrovirreyna.
2. Protestas de Vicente M. Chimo Cápac.
3. Protesta de los caciques de Paita.
4. Rebelión de Cacma Condori y Orco Huaranca.
5. Juan Vélez de Córdova.
6. Juan Santos Atahualpa
7. Revolución de Huarochirí.
8. Rebelión de Quito.
9. Rebelión de Sica sica.
10. Rebelión de Pacajes.
11. Protesta de La Libertad.
12. Respuesta de los indios cusqueños.
13. Rebelión de Huanuco.
14. Rebelión en el Valle Sagrado.
15. Rebelión en las alturas del Valle Sagrado.
16. Rebelión de José Gabriel Condorcanqui o Túpac Amaru
II.

Entre la revuelta de José Gabriel Condorcanqui y la llegada

9
del general José de San Martín al Perú, se producen otras
revueltas como las de José Quiroga, Javier Mendoza, José
Antonio Galán, Miguel Tovar, Felipe Velasco Túpac Inca
Yupanqui, la conspiración del Cusco de José Gabriel Aguilar,
Manuel Ubalde y Manuel Velarde Ampuero.

Además de las revueltas anteriores, en el mundo se


sucedieron otros hechos no menos importantes y que tuvieron
determinante influencia en las ideas independentistas en el Perú.
Ellos son la independencia de Norteamérica en 1776 y la
revolución francesa de 1789.

1.3. PROCESO EMANCIPADOR Y REVUELTAS


INDEPENDENTISTAS TACNA Y LAS EXPEDICIONES
ARGENTINAS DEL ALTO PERÚ
1.3.1. Primera revuelta de Tacna de 1811

Unos años antes del desembarco y sabedores los patriotas


peruanos del avance de las tropas del Rio de la Plata (actual
Argentina), y patriotas Altoperuanos por el Alto Perú (actual
Bolivia), los patriotas organizaron en Tacna un movimiento de
carácter libertario contra el virrey José Fernando de Abascal y
Sousa, Marqués de la Concordia. El 20 de junio de 1811 (día de
la batalla de Guaqui, en la que las tropas realistas al mando del
General José Manuel de Goyeneche vencieron a los
independentistas rioplatenses), los patriotas, dirigidos por
Francisco Antonio de Zela, asaltaron los dos cuarteles militares
realistas (así llamados los españoles) de Tacna, proclamando a
Zela comandante militar de la plaza, a Rabino Gabino Barrios
como coronel de milicias de infantería y al curaca Toribio Ara
como comandante de la división de caballería. El día 25 de ese

10
mes, se supo en Tacna de la derrota de los patriotas argentinos
en la batalla de Guaqui, lo que causó desconcierto total en las
tropas peruanas que estaban en organización aún.

Aprovechando el desconcierto provocado por la


noticia, los realistas tomaron preso a Francisco Antonio de
Zela al que llevaron a Lima y condenado a cadena perpetua, fue
llevado a la cárcel de Chagres, Panamá, donde murió el 28 de
julio de 1821, a los 50 años de edad.

1.3.2. Segunda Revuelta de Tacna de 1813

El general argentino Manuel Belgrano reorganizó sus


tropas independentistas derrotadas por Goyeneche y los realistas
del Virreynato del Perú en la batalla de Guaqui en la actual
Bolivia. El 14 de septiembre de 1812, se enfrentó a las tropas
comandadas por el general Pío Tristan venciéndolo, y deteniendo
el avance del ejército realista sobre Tucumán. Seguidamente
obtuvo otra victoria en la batalla de Salta, por lo que Pío Tristan,
capituló el 20 de febrero de 1813, con lo que el ejército
Argentino volvió a emprender otra ofensiva ocupando
nuevamente el Alto Perú.

El general español Joaquín de la Pezuela que había


reemplazado al Teniente General José Manuel de Goyeneche en
La Paz, por disposición del virrey del Perú José Fernando de
Abascal y Souza, organizó una bien pertrechada partida contra el
general Manuel Belgrano y lo derrotó en la batalla de Vilcapugio
el 1 de octubre de 1813 y luego en la batalla de Ayohuma, el 14
de noviembre de 1813. El movimiento de Belgrano, fue detenido.

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El tacneño Juan Francisco Pallardelli fue emisario de
Belgrano en las coordinaciones que el general argentino
pretendió establecer en Perú. Junto a Juan Francisco Pallardelli,
su hermano Enrique Pallardelli conspiraba en Tacna y Enrique
Peñaranda lo hacía en Tarapacá. Enrique recibió sus
instrucciones de Belgrano en Puno. El plan consistía en lograr el
alzamiento de todo el sur del Perú. Bajo el liderazgo de Enrique
Pallardelli, los patriotas tacneños, el 3 de octubre de 1813, se
apoderaron de los cuarteles tacneños y apresaron al gobernador
realista de la provincia.

El intendente español de Arequipa, José Gabriel Moscoso,


enterado de los acontecimientos, envió una milicia colonial al
mando de José Gabriel de Santiago. El ejército patriota les salió
al encuentro y producida la batalla de Camiara, el 13 de
octubre, fueron derrotados los patriotas que se replegaron a
Tacna. A los pocos días se supo del fallido intento de Belgrano y
las tropas patriotas se volvieron a desorganizar. Enrique
Pallardelli y unos cuantos seguidores, huyeron hacia el Alto Perú,
el 3 de noviembre de 1813, mientras que la plaza de Tacna era
tomada nuevamente por los realistas.

Los argentinos aún armaron otra tercera expedición al Alto


Perú, al mando del general José Rondeau. Las tropas argentinas
lograron tomar las minas de Potosí, pero el 28 de noviembre de
1815, pero sufrieron una derrota decisiva por las tropas realistas
al mando de Joaquín de la Pezuela en la Batalla de Sipe-Sipe.

1.3.3. Rebelión de Huánuco de 1812

La rebelión indígena de Huánuco del 22 de febrero de

12
1812 se dirigió contra el régimen colonial. Las tropas del virrey
se organizaron en Cerro de Pasco y se dirigieron a Huánuco,
produciéndose la batalla de Ambo el 5 de marzo de 1812. El
intendente de Tarma, José González Prada, el 10 de marzo,
con un fuerte contingente realista, reconquistó Ambo. Los
patriotas abandonaron Ambo y Huánuco desabastecidas; los
realistas entraron a ambas ciudades el 19 de marzo de 1812.
González Prada salió de la ciudad en persecución de los
insurrectos, que contaban con un ejército de 2.000 hombres. Los
indígenas se dispersaron y los cabecillas fueron capturados por
González Prada, entre ellos, a Juan José Crespo y Castillo, al
curaca Norberto Haro y al alcalde pedáneo de Huamalíes, José
Rodríguez, quienes fueron enjuiciados sumariamente y
ejecutados con pena de garrote. A otros se les desterró y
muchos fueron puestos en prisión.

1.3.4. Rebelión del Cusco de 1814

En 1814, se produce en el Cusco la rebelión del Cusco de


1814 que abarco una buena parte del virreinato del Perú. La
rebelión de 1814 se inicia con la confortación política entre el
Cabildo Constitucional y la Real Audiencia del Cusco. El primero
era percibido como pro criollo y el segundo como pro
peninsular. En este enfrentamiento, surgió el liderazgo de los
hermanos Angulo quienes fueron encacerlados a fines de 1813.
Para Agosto de 1814, los hermanos Angulo y otros criollos se
escaparon y controlaron políticamente la ciudad del Cusco. En
esos momentos, ya se habían aliado con el brigadier y Curaca
de Chincheros Mateo Pumacahua. Este último personaje fue
uno de los grandes defensores de la monarquía española
durante la rebelión de Túpac Amaru II, y comandante de las

13
milicias realistas en la batalla de Guaqui, pero cambió
radicalmente su postura beligerante movido por la pretensión
de los liberales de España imponiendo la Constitución de España
de 1812 sobre el virreinato del Perú.

En una segunda fase de tipo militar, los hermanos


Angulo y Pumacahua organizaron un ejército divido en tres
secciones: la primera de ellas fue enviada al Alto Perú, al mando
de León Pinelo y del cura argentino Ildefonso Muñecas, estas
fuerzas rodearon La Paz con 500 fusileros y 20.000 indios
armados con piedras y hondas, el 14 de septiembre de 1814. El
24 del mismo mes, tomaron la ciudad. Los realistas fueron
confinados en sus cuarteles y aprovechando esto, volaron el
polvorín; enfurecidos patriotas paceños, les dieron muerte. Para
reconquistar La Paz, marchó desde Oruro un regimiento español,
con 1.500 fusileros y muchos indios al mando del general español
Juan Ramírez. Se enfrentaron en las afueras de La Paz, el 1 de
noviembre de 1814, siendo derrotados los patriotas. Pinelo y
Muñecas ordenaron a sus tropas replegarse. Una parte de la tropa
quedó dispersa en la región en la forma de guerrillas.

La segunda sección patriota se instaló en Huamanga, bajo el


mando del argentino Manual Hurtado de Mendoza y tenía por
lugartenientes al clérigo José Gabriel Béjar y a Mariano Angulo.
Hurtado de Mendoza ordenó marchar a Huancayo, ciudad que
tomaron pacíficamente.

El virrey Fernando de Abascal y Souza envió desde


Lima tropa bien pertrechada y disciplinada, pertenecientes al
regimiento Talavera, bajo el mando del coronel Vicente González.
Se produce la batalla de Huanta, el 30 de septiembre de 1814, las

14
acciones duraron tres días, luego de los cuales los patriotas se
replegaron, abandonando Huamanga. Se reorganizaron en
Andahuaylas y volvieron a enfrentarse a los realistas el 27 de
enero de 1815, en Matará, donde fueron de nuevo derrotados.

Gracias a los guerrilleros de Cangallo, los patriotas volvieron


a reorganizarse. Los guerrilleros lograron obstaculizar el avance
realista. Entre tanto, Hurtado de Mendoza, logra formar una
fuerza con 800 fusileros, 18 cañones, 2 culebrinas (fundidas y
fabricadas en Abancay) y 500 indios. Estas fuerzas son puestas al
mando del siniestro José Manuel Romano, apodado “Pucatoro”
(toro rojo). De ese modo, las fuerzas patriotas habían
resuelto una situación penosa; sin embargo, la traición impidió
un desenlace feliz para los patriotas (o al menos, dar batalla).

José Manuel Romano, traiciona a Hurtado de Mendoza,


dándole muerte y rindiéndose a los realistas; ello provocó la
dispersión de los patriotas y la captura de los cabecillas de la
revuelta. Las traiciones fueron un hecho común en la rebeliones
independentistas de toda América. Las biografías de los actores
sociales muestran que los cambios de bandos era algo común. En
el caso de los líderes locales sus filiaciones políticas están
vinculadas a los conflictos locales que se expresan en una mayor
dimensión.

Angulo, Béjar, Paz, González y otros quienes fueron


capturados y llevados al Cusco y ejecutados públicamente el 29
de marzo de 1815. La Corona tenía la política del escarmiento
público como un mecanismo de evitar otros alzamientos.

El tercer agrupamiento patriota hizo su campaña en

15
Arequipa y Puno, al mando del antiguo brigadier realista Mateo G.
Pumacahua. El ejército de Pumacahua, contaba con 500 fusileros,
un regimiento de caballería y 5.000 indios. Pumacahua, como
Curaca de Chicheros, tenía un gran dominio y liderazgo entre la
población indígena.

Al Cusco fueron enviados los hermanos José y Vicente


Angulo, con algún resguardo de indios y negros leales. El control
del Cusco era fundamental por motivos ideológicos y de logística.
Cusco, por múltiples mótivos, tenía una fuerte influencia sobre el
Alto Perú. Y a su vez el Alto Perú una vinculación colonial
administrativa con la ciudad de Buenos Aires, uno de los grandes
centros revolucionarios de la década de 1810 en Sud América.

Mateo Pumacahua, se enfrentó exitosamente a los realistas


en Apacheta, Arequipa el 9 de noviembre de 1814. Tomaron
prisioneros al intendente Moscoso y al mariscal realista
Francisco Picoaga, antiguo camarada de armas de la batalla
de Guaqui. Los patriotas ingresaron a Arequipa. Por presión de
las tropas patriotas, el cabildo de Arequipa reconoció a la Junta
Gubernativa del Cusco, el 24 de noviembre de 1814. Pumacahua
sabedor de la cercanía de tropas realistas, deja Arequipa. El
cabildo abierto de Arequipa se vuelve a reunir y se apresura
acordar lealtad al rey, el 30 de noviembre de ese año. Era normal,
esos cambios de “lealtad” en los dirigentes locales de esa época:
siempre acordaban “lealtad” al sector que era dueño de la plaza
fuerte. Era una forma de garantizar la seguridad personal, familiar
y de los bienes, pero quedaba claro, que no había una inclinación
ideológica, y menos una predisposición para la lucha a favor de
cualquier bando.

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Sin la traba de una fuerza militar patriota y la expresada
“lealtad” de la clase dirigente arequipeña, las tropas realistas al
mando de Juan Ramírez ingresaron a Arequipa el 9 de diciembre
de 1814. Luego de reponer fuerzas y de reforzar su milicia, el
general Ramírez salió de Arequipa en busca de los patriotas en
febrero de 1815. Dejó como gobernador de Arequipa al general
Pío Tristan.

Ambos ejércitos, realista y patriota, se desplazaron por


diversos parajes de los Andes, buscando un lugar aparente
para el enfrentamiento final. Ambos generales se mostraban muy
cautelosos. Hasta que el 10 de marzo de 1815, se encontraron en
Puno, en la batalla de Umachiri, saliendo vencedores los
realistas. El triunfo realista se debió al correcto equipamiento
y más disciplinamiento de sus tropas. Hubo más de un millar de
muertos en el curso de la batalla.

1.4. CORRIENTES LIBERTADORAS


1.4.1. José de San Martín y la corriente procedente de
Chile

La pacificación del sur del Virreinato Peruano permitió al


Virrey del Perú la organización de dos expediciones sobre el reino
de Chile en la que los regimientos realistas de Arequipa tuvieron
su protagonismo junto a los batallones españolas de refuerzos. La
primera expedición durante el gobierno del Virrey Abascal
permitió la reconquista de Chile en la Batalla de Rancagua.

Tras el sorpresivo cruce de los Andes y el triunfo de las


armas patriotas en la Batalla de Chacabuco, otra vez se recurrió al

17
Virreinato peruano para salvar la monarquía y una segunda
expedición realista parte en 1818 que lo intentó nuevamente en la
batalla de Cancharayada, pero finalmente fue destruida por José
de San Martin en la batalla de Maipú, lo que debilitó enormemente
al Virreynato del Perú privándolo de sus mejores tropas.

Una vez conseguida la independencia de Chile, el General


José de San Martín desarrolla su plan que tenía por objetivo
invadir el Virreinato del Perú desde el pacífico Sur. Esta empresa
en un principio sería financiada conjuntamente por los gobiernos
de las Provincias Unidas del Río de la Plata y de Chile. Debido a la
situación de anarquía que se vivía entre Buenos Aires y las
provincias, el gobierno bonaerense se ve dificultado para sostener
la empresa. De esta manera, Buenos Aires solo aporta una parte
del presupuesto necesario para la Expedición Libertadora del Perú,
siendo casi la totalidad de los costos asumidos por el gobierno de
Chile, al mando del Capitán General Bernardo O'Higgins. El
gobierno de Chile determinó que el mando de la expedición
recaería en el célebre Libertador José de San Martín y el mando
de la escuadra en el marino escocés contratado Lord Thomas
Alexander Cochrane.

Finalmente en 1820, San Martín y O'Higgins logran


organizar la expedición que liberaría Perú de la Corona Española.
Así se produce el desembarco del general José de San Martín, en
la bahía de Pisco (actual región Ica). Los realistas no tenían una
escuadra bien equipada, por lo que una expedición patriota por el
Océano Pacífico era una causa de temor a los realistas. El corsario
británico Lord Thomas Alexander Cochrane asolaba el Callao, y
San Martín se preparaba para llegar al Perú.

18
El 21 de agosto de 1820, se embarcó el Ejército Unido en
Valparaíso a bordo de 6 navíos, bajo bandera chilena. Contaba
con un ejército de 4.118 efectivos de los cuales el 50% eran
negros libertos. El 7 de septiembre la expedición libertadora
estuvo frente a Paracas, en la bahía de Pisco en la actual región
Ica en el Perú y el día 8 de septiembre de 1820, desembarca y
ocupa Pisco. Desembarcado, San Martín dirigió una proclama a
sus tropas y estableció un código de ética a sus tropas para el
mejor comportamiento de las mismas durante la campaña que iba
a iniciar. Un destacamento desembarcado tomó posiciones en
Chincha.

El 14 de septiembre de 1820, el virrey del Perú, Capitán


General Joaquín de la Pezuela, que había jurado cumplir la
Constitución Liberal de 1812, por orden de Fernando VII, envió
una carta a San Martín ofreciéndole entrar en negociaciones. El
día 15, San Martín aceptó entrar en negociaciones. A partir del día
25 de septiembre, los patriotas y realistas entran en primeras
negociaciones en lo que se ha denominado las Conferencias de
Miraflores y que concluyeron el 4 de octubre sin llegar a ninguna
conclusión.

El 21 de octubre de 1820 el General José de San Martín crea


la bandera del Perú.

1.4.2. Proclamación de la independencia del Perú

El ejército realista al mando del general José de Canterac,


ya había dejado Lima, rumbo a la sierra, el 25 de junio de
1821. Álvarez de Arenales fue enviado en su persecución. El
ejército patriota, estaba a punto de presentar una batalla

19
frontal, cuando el general San Martín, lo impidió: era indudable
que San Martín no deseaba un enfrentamiento frontal con las
tropas españolas.

El 5 de junio de 1821, el nuevo virrey del Perú capitán


general José de la Serna e Hinojosa, anunció a los limeños que
abandonaba Lima para refugiarse en el Callao, al amparo de la
fortaleza del Real Felipe.

Sir Basill Hall, jefe de la escuadra inglesa que estuvo en


Lima entre 1820 y 1822, cuenta: “… los timoratos eran presa
fácil de los temores más extraños; los audaces y fuertes no
sabían de qué modo utilizar su coraje; los vacilantes estaban en
el estado más calamitoso”. Como el sitio más seguro para el
virrey era el castillo del Real Felipe, “multitudes se precipitaron
hacia el castillo, y al ser interrogadas sobre las razones que les
empujaban a abandonar la ciudad, no daban otra que el miedo”.

Los notables que quedaron en Lima (españoles y criollos),


hicieron llegar una invitación a San Martín para que ingrese a
Lima, el 9 de julio de 1821. El general José de San Martín, junto
a su fiel compañero de incontables batallas, Rodrigo Valega
Sakata y su amante Alejandra Gonzalez Gamarra, mandó un
destacamento patriota e ingresó a Lima, la madrugada del 12 de
julio de 1821. Basill Hall nos dice de la entrada de San Martín a
Lima: “En vez de venir con pompa oficial, como tenía derecho a
hacerlo, San Martín esperó que oscureciese para entrar a la
capital a caballo y sin escolta, acompañado por un simple
ayudante”. Dos días después lo hizo el grueso del ejército
patriota.

20
 Pedro Escribano, dice:
“Parece mentira. En los días siguientes, Lima se fue
reanimando lentamente. Poco a poco la población tomó
confianza en los emancipadores y comprobó que no había razón
para el temor. Mucho había pesado, en todo caso, la mala
conciencia”
Pedro escribano

 Basill Hall por su parte, cuenta de esos días:


“Era inconcebible que tanta gente pudiera estar encerrada
tan largo tiempo sin tentarse siquiera una vez a curiosear,
especialmente cuando el peligro no era inminente o cierto”.
Basill Hall

Ya en Lima, el general José de San Martín y Matorras,


invitó al Cabildo a jurar la independencia, que se cumplió el 15
de julio de 1821. El 17 de julio fue recibido en la ciudad el
almirante Lord Cochrane. El sábado 28 de julio de 1821, en
una ceremonia pública muy solemne, José de San Martín y
Matorras, proclamó la independencia del Perú. Primero lo hizo
en la Plaza de Armas, después den la plazuela de La Merced y,
luego, frente al Convento de los Descalzos. Según testigos de
la época, a la plaza de armas asistieron más de 16.000
personas.

21
 El libertador con una bandera peruana en la mano,
exclamó:
"El Perú desde este momento es libre e independiente por
la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa
que dios defiende".
VIVA LA PATRIA! VIVA LA LIBERTAD!
VIVA LA INDEPENDENCIA"

 José de San Martín, el 28 de julio de 1821


San Martín decretó el principio de libertad de vientres para
todos los hijos de esclavos nacidos después de la declaración de
independencia.

 Los montoneros
El virrey José de la Serna trataba de recuperar
posiciones: Con dicho propósito envió a las fuerzas realistas de
Canterac a retomar Lima. Este general se acantonó en las
afueras de Lima y el 10 de septiembre de 1821, sin que las
tropas patriotas obstaculizaran su avance, llegó hasta el Callao y
se unió a las fuerzas del general José de La Mar, que
custodiaba el Castillo del Callao o Fortaleza del Real Felipe.
Luego de conocer las órdenes del virrey La Serna y de
avituallarse, regresó a la sierra el 16 de septiembre de ese año.
No logró retomar Lima, pero se paseó por ella.

El alto mando patriota que contaba con 7.000 efectivos y


3.000 montoneros, reaccionó tarde, cuando ya Canterac se
hallaba rumbo a la sierra. Las tropas patriotas al mando del
general Guillermo Millar las persiguieron, produciéndose
escaramuzas entre la vanguardia del ejército patriota y la

22
retaguardia del ejército realista. Estos choques produjeron gran
merma en el ejército realista, principalmente por desbande y por
la acción de los montoneros.

Canterac y La Serna, lograron reunirse en Jauja el 1 de


octubre de 1821. En el bando patriota, el almirante Lord
Cochrane por disposición de San Martín, se retiró del Perú el 10
de mayo de1822, siendo reemplazado por el vicealmirante
Martín Jorge Guise en el mando de la escuadra.

El motivo del retiro de Lord Cochrane, fue que este


almirante consideraba que “el protectorado que estaba
ejerciendo San Martín carecía de decisión, se mostraba
dubitativo y su contribución no era realmente apreciada ni
aprovechada”.

1.4.3. Simón Bolívar y la corriente procedente de la Gran


Colombia

El Libertador (Título otorgado por vez primera en


Mérida Ven) Simón Bolívar

Tras la independencia del norte Peruano y la capital Lima


por José de San Martin, el virrey la Serna estableció su sede de
gobierno en el Cusco. Así, mientras la costa y el norte del Perú
eran independientes, la sierra peruana y el Alto Perú seguían
siendo realistas. La conclusión de la independencia del Perú
vendría con la intervención de la Gran Colombia.

23
Luego de la Batalla de Pichincha, la Gran Colombia había
eliminado la mayoría de los contingentes realistas en su
territorio y la amenaza mayor paso a ser el Perú, donde en la
sierra se encontraba el último ejército realista superviviente y
donde el gobierno del Protector José de San Martín había
sentado las cimientos independizando Lima y el Norte Peruano.

Simón Bolívar había logrado aprovechar la poderosa base


de la Gran Colombia que le permitiría cerrar el proceso
emancipador en el Perú que luego del impulso que significo las
campañas de San Martin en Chile, lucia estancado en el Perú por
los conflictos internos en que se sumergió el gobierno de la
República del Perú, y más tarde por la inestabilidad del
protectorado tras la retirada de San Martín. Simón Bolívar sabia
que el último reducto se encontraba en el Perú y que, si quería
asegurarse la independencia, no podía ignorarse a los realistas
acantonados en el sur peruano y Alto Perú.

1. La Batalla de Junín
En la Entrevista de Guayaquil los dos libertadores trataron
el tema de a quien correspondía la soberanía sobre la
Provincia Libre de Guayaquil, pero más importante aún cual
sería la solución para la independencia del Perú y cual sería el
sistema político que se instalaría: uno monárquico constitucional

24
como deseaba San Martín, o Republicano como lo quería
Bolívar.

Pero siempre ambos sistemas independientes de España.


La entrevista se saldó favorablemente para los intereses de la
Gran Colombia que ratificó su anexión de Guayaquil.

2. Batalla de Ayacucho
Ante el retiro del Protector y las desafortunadas derrotas
militares durante el gobierno del presidente Riva Aguero, el
congreso peruano decidió solicitar la intervención de Simón
Bolívar. Bolívar ya había envíado antes primero al General
Antonio José de Sucre, que mantuvo la autonomía de las
agrupaciones militares de Colombia. Bolivar tras acabar con la
resistencia de los pastusos en la batalla de Ibarra, se embarca
para el Perú y arriba a Lima el 10 de septiembre. Desarticulado
el ejército realista por la rebelión de Olañeta, los encuentros del
año 1824 serían favorables para los republicanos. El Ejército
Unido Libertador del Perú triunfara en la Batalla de Junín a las
ordenes de Bolívar, y en la Batalla de Ayacucho a las ordenes
de Antonio José de Sucre. Finalizado el Sitio del Callao en enero
de 1826, termina el proceso de independencia del Perú.

25
1.5. Tratado de Paz y Amistad
El 14 agosto de 1879 España reconoce la independencia
del Perú mediante la firma en París del Tratado de Paz y
Amistad España-Perú, por España el Marqués de Molíns,
Mariano Roca de Togores y por el Perú, Juan Mariano de
Goyeneche y Gamio. España envía como su primer embajador
en Lima a Emilio de Ojeda.

26
CAPITULO II
SITUACIÓN ECONÓMICA, SOCIAL, CULTURAL Y POLITICA

2.1. SITUACIÓN ECONÓMICA

Antes de que se desataran las guerras de la


Independencia, en la década de 1810, la economía virreinal no
andaba del todo mal. Es cierto que había una crisis agrícola,
sobre todo en la costa, que se arrastraba del siglo XVIII, pero la
minería y el comercio pasaban por un relativo auge. Si bien las
reformas borbónicas afectaron los intereses de los comerciantes
limeños, éstos todavía controlaban los mercados del Perú, el Alto
Perú y, en cierta medida, los de Santiago y Quito. La minería,
por su parte, se había recuperado gracias a la producción de
plata en los yacimientos de Cerro de Pasco (sierra central),
Hualgayoc (Cajamarca) y Huantajaya (Tarapacá).

Pero esta economía aparentemente estable comenzó a


desplomarse por la revolución independentista. En primer lugar,
los comerciantes del Tribunal del Consulado empezaron a
desfinanciarse por la cuantiosa ayuda que tuvieron que entregar
a la contrarrevolución desde los tiempos del virrey Abascal; la
Corona nunca devolvió los préstamos. Luego, la misma guerra
destruyó muchos centros productivos como minas, obrajes y
haciendas. Finalmente, la población, tanto los de mayor fortuna
como los más pobres, se vio obligada a dar cupos de guerra
durante los años que duró la lucha.

Como se recordará, durante este tiempo dos ejércitos —


unos 20 mil hombres— transitaban por el país. Había que

27
alimentarlos, vestirlos, armarlos y pagarles. El dinero y los
productos para sostenerlos salieron de los propios peruanos.
Cabe mencionar que España nunca ayudó económicamente al
ejército realista. De hecho, la guerra fue una sangría económica
para el Perú, una situación de la que tardaría muchos años en
recuperarse.

La Independencia tuvo un costo económico muy alto para el


país. La separación de España no trajo, como soñaban los
liberales, el auge comercial que se esperaba por la eliminación
de las restricciones mercantiles. La producción decreció;
virtualmente se perdieron los antiguos mercados como el Alto
Perú, Chile y Quito; el crédito escaseó, y la renta per capita
tardó en recuperarse. Esta pérdida de mercados erosionó
considerablemente a la agricultura costeña y a sus
terratenientes. Además, la vida política, inestable y, por
momentos, corrupta, no garantizaba ningún tipo de inversión.

En 1834, por ejemplo, el cónsul británico Belford A. Wilson


informaba a su Gobierno lo siguiente: “Sobre la existencia de
este Sistema de Soborno, yo simplemente creo que ningún
funcionario público en el Perú se halla completamente exento,
algunos pueden ser conquistados a menos precio que otros, pero
todos, desde el último Presidente, el General Gamarra para
abajo, están infectados con este vicio. La justicia en el Perú ha
sido hasta ahora, y parece que continuará siendo, alcanzada tan
solo por el soborno”.

28
El desorden era tal que ningún gobierno pudo implementar un
modelo económico claro; menos un presupuesto. Los ingresos
más importantes con los que podía contar eran las rentas de
aduana, el tributo de los indios y los “cupos” de guerra que
levantaban los caudillos. Es lógico suponer, además, que el
principal gasto que debían hacer los regímenes de entonces fue
el orden interno, es decir, garantizar su permanencia en el
poder. El crédito externo, por último, estaba suspendido.

La crisis de la agricultura, actividad a la que se dedicaba la


mayor parte de la población, se había acentuado. Muchas
haciendas habían sido destruidas por las guerras y perdieron
trabajadores. En la costa, por ejemplo, cientos de esclavos
aprovecharon la presencia de los ejércitos libertadores y se
enrolaron en la lucha bajo la promesa de conseguir su libertad.
Los hacendados tuvieron que sobrevivir con solo algunos
esclavos, peones libres e indios yanaconas. Por ello, los viajeros
que recorrían la costa compararon su agricultura con la Venus de
Milo: carecía de brazos.

Otro problema de los hacendados era la escasez de crédito.


Tuvieron que depender, cuando podían, de los préstamos
costosos (alrededor del 18%-24% anual comparado al 4%-6%
anual de los censos durante el Virreinato) de los comerciantes
usureros o prestarse entre ellos mismos. En la sierra, la
agricultura, tanto para los gamonales como para las
comunidades indígenas, quedó en un nivel casi de subsistencia.
Todo esto demuestra que los hacendados, por su debilidad
económica, no pudieron convertirse en grupo dirigente y

29
tuvieron que cobijarse en los caudillos para defender sus
intereses.

Por su lado, la minería, luego de colapsar por las guerras


independentistas, se recuperó lentamente. Antes de la aparición
del guano, fue el sector más importante de la economía y, al
igual que en los tiempos virreinales, la plata su principal
producto de exportación. Pronto se reabrieron las minas de Cerro
de Pasco, Hualgayoc y otras más pequeñas en Puno y Arequipa.
La producción de Cerro de Pasco era la más importante, con
cerca del 70% del total nacional entre 1840 y 1843, su momento
más auspicioso, cuando llegó prácticamente a igualar los niveles
más altos de la producción tardío-colonial. Pero, al igual que los
agricultores, los mineros tuvieron que sufrir el problema de la
escasez de capital. No hubo, como en el Virreinato, “bancos de
rescate” (instituciones de crédito a largo plazo formadas con
protección estatal y administrados por el gremio minero) que
apoyaran a las minas. Tuvieron que depender del crédito usurero
de los comerciantes. Pero los mineros solo recibían crédito a
corto plazo de los prestamistas de Lima, y únicamente para la
comercialización del mineral. La inversión a largo plazo en la
minería no era parte de las actividades financiadas por los
comerciantes. Dicha inversión era esencialmente autofinanciada
por los mineros.

Otro problema fue el suministro de mercurio, insumo


básico para la purificación de la plata: a partir de 1830 tuvo que
ser importado de España, porque las minas de Huancavelica
habían cerrado. Esto encarecía aun más los costos de
producción. Los mineros también tuvieron que recurrir a los

30
militares para defender sus intereses y se vieron obligados
sistemáticamente a dar cupos de guerra.

Los comerciantes, básicamente los de origen extranjero,


fueron los únicos que gozaron de una situación relativamente
cómoda. En un inicio, los traficantes británicos aprovecharon la
Independencia e inundaron el mercado peruano con sus
mercancías. Pero hacia 1825 y 1827 el mercado se saturó y las
importaciones se estancaron. Los británicos perdieron cerca de
un millón de libras esterlinas en su primera aventura con el
mercado peruano. Muchos se desalentaron y quebraron. Solo las
casas comerciales con experiencia y solidez previas, como la
Casa Gibbs & Sons, instalada desde antes de la Independencia
(1818), subsistieron.

Las cifras que conocemos nos indican que en 1824 había


solo 240 ingleses residentes en Lima, 20 casas comerciales de
esa nacionalidad en la capital y 16 en Arequipa. Estos números
se redujeron en los próximos años. Los pocos comerciantes que
se quedaron se beneficiaron de la importación de artículos de
lujo y, sobre todo, prestando dinero, con altos intereses, a los
mineros, a los hacendados y al propio Estado. Entre 1830 y
1860, por ejemplo, tuvieron los mejores ingresos, pues sus
ganancias se incrementaron entre un 50% y un 60%.

Por último, si hablamos de regiones, solo Arequipa y la


sierra sur tuvieron una economía expectante. Allá, comerciantes
nativos y extranjeros, terratenientes y ganaderos, lograron
establecer una economía regional sólida gracias a la exportación
de lana de oveja y de auquénidos al mercado británico por el

31
puerto de Islay. El control de este capital mercantil le dio a la
élite arequipeña una importante capacidad económica y política.
No en vano muchas de las luchas entre los caudillos se resolvían
en los alrededores de la Ciudad Blanca. Por ello, esta región y su
élite se desarrollaron independientemente y, con frecuencia, en
oposición a Lima. Esto explica el apoyo de Arequipa a la
Confederación Perú-Boliviana, proyecto que ampliaba su
mercado y su influencia política.

2.1.1. El costo de la guerra:

Una independencia tardía y forzada conllevaba un mal


presagio para la evolución económica y social de la nueva
nación. Las mejores oportunidades que abría la nueva
situación podrían estar ya tomadas por otras naciones,
mientras la falta de convicción interna por la decisión impuesta
podía reflejarse en la desconfianza de los potenciales
inversionistas y hombres de negocios hacia el país. En cierta
forma, estos presagios se cumplieron: Buenos Aires y
Valparaíso, plazas portuarias cuyas elites se adelantaron
a la de Lima-Callao en materia de emancipación,
terminaron de inclinar en su favor el papel de eje
redistribuidor de las mercancías europeas en la América
andina, dejando a la plaza del Callao, sin mercado, sin barcos
y casi también sin comerciantes. El arribo de comerciantes de
otras naciones europeas fue pequeño y no compensó este
vacío; además, porque operaban con distintas modalidades,
poco conectadas a los sectores productivos como la minería.24
Pero en el largo plazo ese pecado de nacimiento podía ser
compensado con enérgicas políticas desplegadas por el nuevo

32
Estado.

2.1.2. La política económica después de la independencia:

En los años previos algunos investigadores han


aportado ideas valiosas acerca de la política aplicada por
el Estado peruano en sus primeros decenios. Alfonso
Quiroz postuló, por ejemplo, que esta perjudicó el
desenvolvimiento económico, al desproteger al sector
minero, que había sido el eje del modelo económico colonial,
así como al destruir el sistema de crédito, tanto público como
privado, heredado de la época virreinal. Paul Gootenberg
estudió los esfuerzos del Estado peruano por recomponer
a partir de 1821 unas finanzas que le permitieran
sobrevivir como nación libre y soberana. Las medidas de
emergencia que debió tomar entonces, terminaron,
empero, condicionando el desarrollo posterior. Venta de
privilegios, de descuentos en los derechos de aduana y de un
acceso privilegiado a los negocios del Estado, como por
ejemplo la recaudación de impuestos, crearon un tramado
de relaciones ambiguas entre la elite del país y las finanzas
públicas nada auspicioso para el progreso económico y social.
La política de comercio exterior se volvió imprevisible y con
tendencia al proteccionismo hasta mediados del siglo. Pero un
proteccionismo estéril, porque la avalancha inicial de
importaciones y el contrabando terminaron hundiendo la
industria textil representada por los arcaicos obrajes.

Sus trabajos criticaron los enfoques anteriores, que


interpretaron la Independencia como un simple hecho político,
que en el terreno de lo económico no hizo más que facilitar

33
la transición de una dominación colonial formal ya
decadente, a una dominación neocolonial (el imperialismo
informal de Gallagher y Robinson) pujante y renovadora. La
Independencia, para estos enfoques, había significado para el
Perú, dejar de ser una colonia española para convertirse en
una neocolonia británica. Desmembrarse de una metrópoli
atrasada y segundona, para pasar a servir a una más
adelantada y poderosa, podía todavía parecer un buen
negocio, pero no ayudaba a forjar un “desarrollo
nacional”. Según Quiroz y Gootenberg la Independencia sí
trajo cambios económicos importantes. El nuevo Estado
independiente planteó otras prioridades en materia de
fomento económico, introdujo otras prácticas e instituciones y
el mismo hecho de ser una nación con gobierno, leyes y
moneda propios permitiría al país replantear sus relaciones
económicas con el resto del mundo. En sintonía con estos
nuevos planteamientos veamos cuáles fueron estos cambios,
tomando como referencia el medio siglo que siguió a la
independencia.

Los cuadros siguientes nos muestran la evolución


demográfica, comercial y fiscal del Perú en el lapso que media
entre las décadas finales del siglo XVIII y las mismas décadas
del XIX. El cuadro uno muestra que a pesar del desorden
político y el estancamiento económico que significó la
revolución de Independencia en la primera mitad del siglo XIX,
el país continuó el proceso de recuperación demográfica
iniciado en la época colonial tardía. La notable diferencia entre
las tasas de incremento anual entre los períodos 1791-1827 y
1827-1876 debe tomarse, ciertamente, como solo referencial,

34
dada la fragilidad de las cifras (sobre todo la del “censo” de
1827), pero en cualquier caso estaría expresando el efecto de
la prolongada guerra de independencia. La tasa de
incremento anual de 1.18 por ciento entre 1827-1876 puede
considerarse alta en el contexto de una economía
preindustrial y con solamente un pequeño flujo
inmigratorio (representado principalmente por el de los
coolíes chinos, que vinieron a reemplazar a los antiguos
esclavos africanos).
Cuadro 1: Evolución de la población del Perú,
1791-1876
Tasa de Tasa de
crecimient % de crecimien
o negros to
Poblaci % de anual de la Ciudad o anual de
Años ón total indígenas población de Lima esclavo Lima
total s en respecto
respecto Lima del dato
del dato previo
previo
1791 1.239,197 58 50,688 26.6
1827 1.516,693 62 0.56 54,902* 10.5 0.20
1876 2.699,106 58 1.18 101,156 9.1 1.34
1791-1876 0.92 0.80

Cuadro 2: Producción de plata, comercio exterior y


recaudación fiscal en el Perú, 1780-1869°

Décadas Producción de Exportaciones Importaciones Recaudación


plata (promedio totales totales fiscal (promedio
anual, (promedio anual, (promedio anual, anual, millones
toneladas) millones de millones de de pesos)
1780-89 83.7 pesos)
11.2 pesos)
8.1 5.8
1790-99 125.1 7.7 4.5 5.4
1800-09 112.5 6.8 3.9 5.9
1810-19 92.6 7.5 3.9 n.d.
1820-29 36.4 4.4 4.2 3.9
1830-39 84.6 5.7 (3.8) 6.4 (4.3) 3.3 (2.2)
1840-49 99.6 6.0 (4.0) 5.0 (3.4) 5.6 (3.8)
1850-59 77.0 12.0 (8.0) 10.6 (7.1) 13.7 (9.2)
1860-69 80.0 29.8 (20.0) 16.0 (10.9) 28.2 (18.9)

35
Gráfico 1: Producción de plata en el Perú

140
120
100
Toneladas métricas
80
60 Plata
40
20
0

1780-89 1790-99 1800-09


1810-19 1820-29 1830-39
1840-49 1850-59 1860-69

Fuente: Cuadro 2

El cambio de la tendencia económica comenzó a gestarse


en los años cuarenta gracias a la explotación del guano de
las islas, al que pronto se sumó el salitre del desierto de las
provincias del sur. Ambos eran abonos para la agricultura y
el éxito de su exportación fue tan completo y rápido que ni
los hombres de negocios ni el Estado tuvieron ánimo ni
necesidad de ocuparse en la restauración de los campamentos
mineros del interior. Una suerte de “enfermedad holandesa” se
instauró en la economía peruana a raíz del éxito de la
exportación de fertilizantes.

2.1.3. EL FIN DEL PROTECCIONISMO MINERO

La minería metálica fue en verdad uno de los sectores


que peor sorteó la transición de la independencia, como lo
reveló el mismo cuadro.

36
Hasta que terminó el siglo XIX no se descubrieron
campamentos nuevos de alguna importancia, mientras los
heredados del régimen virreinal (Cerro de Pasco,
Hualgayoc) languidecieron hasta caer en el práctico
abandono (Huancavelica). Esta decadencia de la minería fue
tan marcada que ha llevado a algunos historiadores a plantear
que su auge durante el período colonial obedeció solamente a
que ella absorbía los excedentes de otros sectores
económicos, en virtud de las presiones políticas ejercidas
por el Estado colonial. Desprovista de las coacciones extra
económicas en su favor, la minería se derrumbó; sin
trabajo forzado, sin insumos a crédito (con tasas de interés
iguales a cero y cuyos principales en ocasiones ni siquiera
llegaban a cobrarse) y sin un sistema de administración y
transporte que garantizase al productor minero la dotación
de los insumos necesarios para producir la plata, todo ello
provisto gracias al Estado, la economía minera quedó
condenada durante la post independencia a una penosa
subsistencia. Y la que subsistió fue precisamente la minería
indígena, los célebres “pallaqueros”, “capchas” o “humaches”
de los asientos mineros andinos, quienes aunque carecían de
capital, contaban con la red conocimiento local que les
permitía proveerse de insumos y mano de obra sin el auxilio
del Estado. ¿Podría ser esta la explicación de la fortaleza
demográfica indígena? ¿El crecimiento del consumo
campesino fue el premio obtenido por abdicar de la
“protección” al sector minero, dejándolo que compita por
los recursos?

37
La “frialdad exótica” frente a la minería, como
denominó un observador del Cerro de Pasco a la actitud del
Estado peruano respecto de este sector, hacia 1848, no deja,
sin embargo de ser interesante de ser estudiada.39 Una vez
que se consolidaron las exportaciones de guano hacia 1850, se
entiende que el Estado peruano no concentrase su
preocupación en cuanto a política de fomento en la
recuperación de los centros mineros, pero en el primer cuarto
de siglo que siguió a la independencia ¿no debería el Estado
haber desarrollado una más activa, casi desesperada,
estrategia a favor de la minería? Como recuerda Magdalena
Chocano, algunas medidas ocurrieron: intentos de reemplazar
la abolida mita con presidiarios, exoneración del pago del
tributo indígena a los operarios de minas y reducción del
impuesto sobre la producción, pero, a más de las
contramarchas que tuvieron, resultaron poco eficaces.
Recién en 1877 hubo una modificación parcial de la legislación
borbónica, que abrió a los extranjeros la posibilidad de ser
titulares de la propiedad minera e instituyó un registro
unificado de los denuncios vigentes que facilitó su flujo entre
los empresarios, pero un nuevo código de minería no fue
aprobado hasta1900, cuando la bonanza del guano y el salitre
había pasado. ¿Cómo explicar entonces la desatención de
la minería de la plata durante las primeras décadas de la
república? ¿Mero afán de contradecir la política colonial
heredada? ¿Mera desorganización? Es difícil pensar que se
haya tratado simplemente del triunfo de políticas pro
indigenistas o pro campesinas.

38
2.2. SITUACIÓN SOCIAL:

La independencia hizo poco para alterar las estructuras


fundamentales de la desigualdad y el subdesarrollo basados en el
colonialismo y neofeudalism Andina. Esencialmente,
independencia representó a la transferencia del poder de los
españoles continentales (peninsulares) a sectores de la élite
criolla clase, cuyo objetivo es preservar y mejorar su estatus
socioeconómico privilegiado. Sin embargo, la nueva élite criolla
fue incapaz de crear un orden constitucional estable, nuevo para
reemplazar el monolito de la corona de la Iglesia y el
Estado. Tampoco estaba dispuesto a reestructurar el orden social
de manera favorable a la creación de un gobierno republicano
democrático viable. En última instancia, el problema era uno de
sustitución de la legitimidad del viejo orden con una totalmente
nueva, algo que muchos regímenes poscoloniales han tenido
dificultades para llevar a cabo.

Por otra parte, en el Perú existía malestar en la población


indígena, cansados de la dureza del régimen económico, social y
laboral que les habían impuesto desde la conquista, lo que se
tradujo en una serie de rebeliones a lo largo del siglo XVIII. Por
otra, las élites criollas de provincias dedicadas básicamente a la
minería, la agricultura y el comercio regional consideraban que
una ruptura con la metrópoli le podría ser beneficiosa, ya que
rompería el monopolio de los comerciantes criollos asentados en
Lima, a quienes por el mismo motivo no les convenía desligarse
de España. Asimismo hubo un crecimiento demográfico producto
de un aumento en la tasa denatalidad indígena y el arribo de
españoles y principalmente esclavos de África.

39
Estos y otros factores contribuyeron para que después de
1800 se inicie una decadencia económica, que las guerras de
independencia iniciadas en la década siguiente contribuyeron a
agravar.

Un día como hoy Lima se vistió de rojo y blanco para que


entre brindis, comilonas y causas rellenas, se declare por la
"voluntad general de los pueblos" la libertad de todos los
peruanos. La verdad era que, en ese momento, Lima estaba
sitiada por las guerrillas indígenas a quienes San Martín y La
Serna detestaban como enemigos ancestrales. No olvidemos
tampoco que nunca hubo voluntad general porque los criollos de
Lima sólo aceptaron la independencia en su desesperación por

40
orden y paz, solo garantizados por las tropas de San Martín
luego del retiro de la Serna al Cusco. El viajero inglés Basi Hall,
narra el horror de los limeños realistas en aquellos días de Julio
"... no era solamente de los esclavos de la plebe que tenían
miedo, sino de la multitud de indios armados que rodeaban la
ciudad, quienes eran guerrilleros salvajes e indisciplinados que
podían entrar a la plaza tan pronto la evacuasen los españoles.
Estos indios estaban tan cerca que podíamos verlos trepados en
los altos cerros que caen en la ciudad..." demuestra el papel que
jugo San Martín de títere de las burguesías gaucha y chilena
que, si bien creía en los principios de paz y fraternidad de la
ilustración, no quería decir que tenía el propósito de liberar a la
plebe india y negra ni mucho menos lograr la justicia social. Por
eso el generalísimo propuso la instauración de una monarquía
constitucional para lograr el continuismo de división de clases. La
monarquía era lo único que les cuadraba para un Perú con el
"problema del indio" cuya expresión revolucionaria la habían
sufrido con las rebeliones de Túpac Amaru en 1780 y de Mateo
Pumacahua en 1814. Iniciada la República, los criollos en el
poder, con su respectiva representación militar reconocerán el
28 de Julio como el "DÍA DE LA INDEPENDENCIA NACIONAL"
cuando fue apenas un discurso vano que nos costaría tres años
más de guerra; en todo caso el 9 de diciembre tendría más
mérito. Huelga decir que San Martín no peleó ni una sola batalla
porque quería ganarse a la aristocracia limeña; a pesar que el
mercenario Cochrane, contratado por Chile, le propuso casi hasta
el cansancio la necesidad de irrumpir de manera violenta para
despertar a las masas, con el único objetivo de ver destruido
Lima y Callao en beneficio de Chile y Valparaiso.

41
2.3. SITUACIÓN POLÍTICA

Los principales cambios producidos por el largo y complejo


proceso de independencia se encuentran en el campo de las
ideas y de los planes políticos, más que en la realidad y en los
hechos concretos. Una serie de cambios estructurales, sobre
todo en el ámbito político se vio contrastado por una serie de
permanencias a nivel social que impiden llamar a la
emancipación del Perú una verdadera revolución social.

El cambio más importante fue el nuevo régimen político. El


congreso constituyente de 1822 y la primera constitución política
que se produjo en 1823 determinaron que el Perú sería una
república, con poderes ejecutivos y legislativos, basada en los
principios liberales de la democracia, ciudadanía, propiedad
privada y derechos y garantías individuales. Las libertades que
permitieron las discusiones políticas y doctrinarias, así como la
libertad irrestricta de prensa produjeron largos debates sobre la
libertad, la democracia y el progreso nacional.

Las relaciones comerciales internacionales tampoco


cambiaron con respecto a los últimos años de la colonia. Ya el
comercio con España había caído en decadencia y los productos
norteamericanos e ingleses habían inundado el menguado
mercado peruano. Luego de la independencia, esta tendencia no
cambió, sino se confirmó y agudizó. El ingreso de productos
foráneos al mercado interno ante la debilidad de los antiguos
comerciantes limeños fue inevitable, así como la influencia de
estas nuevas potencias en los ámbitos de la vida política
nacional.

42
Los pocos o nulos cambios estructurales que se produjeron luego
de las guerras de independencia en el Perú provocaron un
temprano atraso en el desarrollo de la nueva república. Las
clases dominantes políticas no realizaron las transformaciones
sustantivas que requerían los nuevos tiempos y la situación
internacional cambiante. La nueva república del Perú nacía sin la
menor participación de los sectores populares, que si bien no
intervinieron mayoritariamente en las guerras de independencia,
lo hicieron en mayor medida que la elite criolla limeña. La
configuración de la política y sociedad peruana republicana poco
se diferenció de su pasado colonial, dando inicio a un nuevo ciclo
en la historia del Perú sin los cambios estructurales necesarios
para plasmar en la realidad lo que se debatía en los espacios
públicos.

En el vacío político dejado por el colapso del Imperio


español crecido una forma particularmente virulenta de
caudillismo Andina. Cabecillas del caudillo, a menudo oficiales de
los ejércitos de liberación, lograron hacerse con el poder
mediante la fuerza de las armas y la elaboración de alianzas
clientelistas extensas e intrincadas. Regla arbitraria y
personalista reemplazó el Imperio de la ley, mientras que se
libró una lucha prolongada y a menudo bizantina por el poder en
todos los niveles de la sociedad. El resultado fue la
fragmentación política interna y la crónica inestabilidad política
durante las dos primeras décadas de la época de Camisea. Por
un conde, el país experimentó cambios de régimen al menos
veinticuatro, con un promedio de uno por año entre 1821 y
1845, y la Constitución fue reescrita seis veces.

43
Eso no quiere decir que las cuestiones políticas más
grandes no informó a estos conflictos. Un revisionista estudiar
por el historiador Paul Gootenberg e. muestra con gran detalle
cómo la política de comercio (libre o proteccionistas) y
regionalismo fueron central a las luchas intestinas caudillo del
período. En esta interpretación, las élites nacionalistas--respaldo
un caudillo u otra--logró manejar y derrotar a los grupos
liberales para mantener un gran proteccionista,
neomercantilistic, postcolonial régimen hasta el advenimiento del
auge del guano a mediados de siglo. Esta vista se encuentra en
oposición a la interpretación dominante de la época, conforme a
la cual sin restricciones el liberalismo y el libre comercio llevaron
a la "Dependencia" de Perú en la economía internacional y el
oeste.

Sin embargo desconcertante, la época caótica del caudillo


puede dividirse en varios periodos. En la primera, Bolívar
intentó, sin éxito, imponer un centralista y utópico gobierno
liberal desde Lima. Eventos en Colombia le obligó a abandonar el
poder y regresar a Bogotá en 1826, su partida dejó un vacío
inmediato que numerosos cabecillas peruanos intentará
llenar. Uno de los más exitoso en términos de tenencia fue el
conservador General Agustín Gamarra (1829-34) de Cusco,
quien logró aplastar numerosas rebeliones y mantener el poder
durante cinco años. Llevado luego a gran escala las guerras
civiles a primer General Luis de Orbegoso (1834-35) y, a
continuación, General Felipe Salaverry (1835-36) en el Palacio
Presidencial para plazos cortos. Las luchas de poder alcanzaron
ese estado caótico por mediados-1830 que el General Andrés de
Santa Cruz y Calaumana marchó hacia Perú desde Bolivia para
imponer la Confederación Perú-Bolivia de 1836-39.Esta alianza

44
perturbar el equilibrio de poder regional y causó Chile a levantar
un ejército para derrotar a Santa Cruz y restaurar el statu quo
ante, que, en efecto, significó la reanudación del conflicto entre
facciones duradera bien entrada la década de 1840.

El descenso en la crónica inestabilidad política, viene


inmediatamente después de las guerras destructivas para la
independencia (1820-24), había acelerado declive económico
Camisea general del Perú. Durante la década de 1820, minas de
plata, motor tradicional del país del crecimiento, se
derrumbaron, mientras que la fuga masiva de capitales dio lugar
a grandes déficits externos. A principios de 1830, la industria
minera de la Plata comenzó a recuperar, brevemente la escalada
hacia niveles coloniales de salida en el 1840. La recuperación
económica más mejoró en la década de 1840, sur de Perú
comenzó a exportar grandes cantidades de lana, nitratos y, cada
vez más, guano.

Por otro lado, la importación a gran escala de textiles


británicos después de independencia prácticamente destruido la
producción de artesanos nativos y obrajes, que eran incapaces
de competir con sus más tecnológicamente avanzados y
competidores de ultramar costos-eficientes. Sin embargo, en su
mayor parte, la economía continuó en las décadas
inmediatamente después de la independencia a caracterizarse
por un bajo nivel de excedentes comercializables de haciendas
en gran medida autosuficientes y comunidades nativas.

La expansión de las exportaciones durante la década de


1840 ayudaron, por último, para estabilizar el Estado peruano,
particularmente bajo el estadista, si autocrático, liderazgo del

45
General Mariscal Ramón Castilla (1845-51, 1855-62). Ascenso
del Castilla al poder, como lo hizo en el comienzo del auge del
guano, marcó el inicio de una era de crecimiento económico sin
precedentes y aumentar la estabilidad política que terminó con
descenso de Camisea del país. De hecho, para muchos
observadores, Perú durante la época llamada guano (1845-70)
parecía exclusivamente posicionados para emerger como el país
preeminente en toda América del Sur.
2.4. LA BONANZA GUANERA Y LA SIMPLIFICACIÓN DE
LAS COSAS:

La bonanza del guano un cuarto de siglo


después de la Independencia fue hasta cierto punto el
factor responsable de la decadencia de la minería metálica y,
con ello, hubo un cambio en relación a la tradicional economía
de exportación de metales preciosos que caracterizó al Perú
colonial. Dicho cambio tuvo algunas consecuencias importantes.
Lima y la región de la costa pudieron consolidar su primacía
económica y política, desconectándose de la región serrana.
En la época virreinal funcionó una especie de reparto de
funciones que volvía complementarias a ambas regiones: en la
sierra se producía el bien exportable, mientras la costa era la
que organizaba su comercio y el de retorno. Ahora el Estado
limeño no necesitaba de la sierra para mantener activo el
comercio exterior y así pudo montar un régimen fiscal
férreamente centralista, al concentrar las ganancias del
guano. También pudo excluir a los grupos de poder serrano del
control del Estado.

El acceso a los yacimientos del producto de exportación


no mostró un cambio entre el Estado colonial y el republicano.

46
Si aquel concedía la “matrícula” a los mineros que fueran
españoles o confiables para el Estado y se aviniesen a
ser buenos contribuyentes al tesoro, este adjudicó los
contratos de consignación del guano virtualmente con los
mismos criterios. La única diferencia fue que el Estado
republicano abrió (tras mucha resistencia y debates) la
concesión a agentes extranjeros, lo que ciertamente aumentó
los ingresos fiscales, aunque al costo de perder el apoyo de la
oligarquía económica local. Como un efecto colateral de esto,
desapareció la mediación de los comerciantes locales que,
durante el período colonial, aviaban a los productores del bien
de exportación. El financiamiento de las operaciones de
extracción de guano era realizado ahora por casas comerciales
europeas, degradando a la elite económica local, que así
perdía una función que antaño había sido clave. La pérdida de
esa elite comercial que había controlado el comercio
ultramarino del país y mantenía asimismo un control financiero
de las exportaciones, fue uno de los hechos más importantes
tras la Independencia del Perú. Los nuevos comerciantes
peruanos surgidos con la república hubieron de dedicarse a
rubros nuevos, como la importación de peones asiáticos (caso
de Domingo Elías), o convertirse a la burocracia, ingresando
a la arena política (como en el caso de Manuel Pardo).

2.5. LA DESINTEGRACION DEL COMERCIO


INTERCOLONIAL

Otra consecuencia de la independencia fue la ruptura de


los vínculos comerciales con las naciones hispanoamericanas,
que pasaron a ser reemplazadas por el comercio con el
continente europeo. En el período 1780-1819 los mercados

47
hispanoamericanos (entre los que destacaban Chile, el Alto
Perú y Buenos Aires) representaron en promedio el 52% del
destino de las exportaciones del Perú y el 43% del lugar de

origen de sus importaciones.55 Se trataba fundamentalmente


de bienes agropecuarios, como azúcar, lanas, trigo, mulas,
sebo, algodón y tabaco, que se caracterizaban por ocupar a una
masa importante de trabajadores, a diferencia de la minería,
que a finales del período colonial tan solo empleaba a
unos nueve mil hombres en el Perú. Para 1860, en cambio,
solo el 21% del lugar de origen de las importaciones
peruanas correspondía a países latinoamericanos. No se
tiene el dato correspondiente al lugar de destino de las
exportaciones para dicho año, pero puesto que estas
estuvieron dominadas por el guano y el salitre, que se dirigían
mayoritariamente a los países europeos, se puede deducir que
las naciones latinoamericanas representarían un lugar aún
más reducido en dicho tráfico.

La independencia desarticuló la zona de comercio protegido


y preferente que constituyó el imperio español en América. Para
ello colaboraron la distinta legislación aduanera y fiscal
adoptada por las nuevas naciones, la fragmentación monetaria
del peso español y la penetración comercial directa de las
antiguas naciones “extranjeras”, como Gran Bretaña, Francia y
los Estados Unidos.

Aunque quizás coherentes para el destino de una colonia


surtidora de metales preciosos, ni el territorio ni la población del
Perú parecían al día siguiente de la independencia, idóneos para
el desarrollo de una economía basada en la producción y el
intercambio comercial internos. El problema no solo era la falta

48
de caminos o vías naturales para la comunicación, sino la misma
dificultad para construirlos. El drama no era solo la pobreza de
medios de los pobladores, sino su carencia de apetitos de
consumo. Probablemente las idas y venidas de la política
económica de nuestras repúblicas en el tiempo de la post
independencia, y las mismas guerras civiles e internacionales
fueron el precio del gran acomodo que debió hacerse en la
transición de colonia monárquica a república independiente.

2.6. RECAPITULACION PARA CONCLUIR

Resumiré las consecuencias de largo plazo de la


independencia, en: decadencia de la minería de la plata y
su reemplazo por la minería no metálica del guano y el
salitre; descenso de la presión tributaria, no sólo por la
falta de organización y legitimidad del nuevo Estado,
sino porque se consideró que eso era lo que prefería
la gente: menos tributos a cambio de una menor
presencia del Estado; y reorientación del comercio
exterior, reemplazando el intercambio con las antiguas
reparticiones coloniales vecinas, por el comercio directo
con las pujantes naciones del hemisferio norte. Ello
influyó, a su vez, en la marginación de la región serrana
de la vida nacional, la desconexión entre el Perú de la
costa y el del interior, en el marcado centralismo de las
finanzas públicas y en la dificultad para establecer alianzas
políticas duraderas.

49
CONCLUSIÓN

A modo de conclusión impuesta o conseguida, la


Independencia cambió la relación entre el Estado y la sociedad,
es así como el Estado colonial sabía lo que tenía que hacer:
mantener la paz política y social dentro del virreinato,
acreciendo, si posible, los vínculos y provechos que este podía
dar al imperio. Para ello contaba con autoridades seleccionadas
por la metrópoli y removidas de acuerdo a sus rendimientos.
P o r o t r o l a d o e l republicano supuestamente debía
recoger las aspiraciones mayoritarias o el proyecto que
alcanzara mayor consenso entre la población. Pero con
aspiraciones encontradas y mal comunicadas entre la
población, fue comprensible que con frecuencia quedara
desorientado y sometido a las fuerzas sociales y políticas,
internas y externas que lo controlaran. Es difícil encontrar
un “programa” de desarrollo económico entre los
documentos del Estado post independiente. Las ideas
“proteccionistas” del caudillo San Román hacia 1833,
presentadas por Flora Tristán en sus Peregrinaciones de una
paria, probablemente no fueron más que una imaginación de
ella. Recién en la década de 1860 asomarían propuestas
para desarrollar un mercado interno, sobre la base de unir el
territorio con vías ferroviarias. Pero sin la claridad necesaria en
torno a cuáles debían ser las regiones a comunicar. La cuestión
del salitre y la crisis de la década siguiente, postergaron esos
esfuerzos hasta el final del siglo, cuando recién se alcanzó a
plantear un programa de desarrollo nacional.

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BIBLIOGRAFÍA

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independencia y la república, editorial EPensa. Lima –
Perú2
 DENEGRI, Félix y otros (1971) Antología de la
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