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César Antoine Feghali Restrepo

EXPERIENCIA

Resulta problemático tratar de desplegar un término (o también concepto) que ha sido, no maltratado,
pero sí, en efecto, ha tomado varias vías en cuanto a su significación atañe. A la mano tenemos la doxa
(conocido asimismo como sentido común) que nos puede auxiliar para poder obtener uno (de los varios
y el más instaurado) de los sentidos que, sin la necesidad de haber hecho un pacto público explícito, se
ha establecido de forma perentoria: acontecimiento(s) que se vivencia(n) y nos provee(n) cierto tipo de
aprendizaje. De ahí que podamos generar intuiciones, que podamos concebir cierto tipo de a prioris, que
por supuesto, modifican nuestra percepción sensible. Reiteremos entonces que la Experiencia, no tiene
ningún carácter denotativo-explícito, por el contrario, la experiencia es connotativa, no registra per se un
único significado.

Continuemos, pues, con el barrido semántico: en filosofía, la experiencia remite de manera inmediata al
Empirismo, que hicieron de ella el objeto de conocimiento por antonomasia, la manera en que únicamente
podemos significar las cosas –de ahí que Hume manifieste la intrínseca relación entre hábito y
experiencia-; en las ciencias, se puede entender por experiencia (entendida ésta como experimento) por
aquel fenómeno el cual obtengo datos fácticos que ayudarán a establecer y predecir cierto tipo de
comportamiento, que en todo momento, debe ser observado y controlado; ahora, por el lado cotidiano –
especialmente en el campo laboral-, la experiencia otorga una plusvalía, una primacía en el curriculum
vitae que sólo se obtiene en el transcurso del tiempo, es decir, la experiencia y el tiempo son inextricables
(de acá que personas «exitosas» se vanaglorien por tener «experiencia»).

El barrido continúa interminablemente por diferentes esferas de la vida y el pensamiento y, así, continuar
aseverando la tesis de que el concepto de Experiencia tiene de hecho un vasto grosor semántico. Tratemos
entonces de elaborar y elucidar un poco a lo que la Experiencia se refiere. Lo que es claro e ineludible,
es que la experiencia está ligada – es interdependiente- a la sensibilidad, a las representaciones que
hacemos de todo tipo de acontecimientos empíricos, imágenes, impulsos nerviosos, a la –como se dijo
anteriormente- percepción sensorial. Cabe destacar que esta percepción sensorial no está codificada, es
decir, no son signos que se leen para descodificar, no es una lectura de un texto, es mejor, el vínculo que
se hace entre la exterioridad e interioridad.

La experiencia es entonces lo que cada uno edifica, lo que cada uno hilvana con ayuda de esos
acontecimientos, impulsos e imágenes; también, a lo que dotamos de sentido y nos cultiva, nos habita.
Igualmente, está ligada a una cierta facultad de juzgar (esa que ostentaba Kant), a ese criterio que
emitimos cada vez que somos interpelados por algo o por alguien. Llamémoslo pues, experiencia-
construcción, porque tiene como prioridad erigir un individuo –donde depende de cada uno que esa
construcción sea verdaderamente intensa y sostenible-. En suma, un concepto de amplio espesor, que nos
ayuda a comunicar lo que anteriormente era incomunicable –por qué no, a la manera de Benjamin, un
problema del lenguaje-, que funda un ser, una mirada, un carácter, que funda formas e ideas y que permite
hacer un vínculo indefectible entre las palabras y las cosas. No es una experiencia, es la Experiencia: una
combinatoria azarosa de imágenes las cuales nosotros urdimos, y por eso, que el vivir tenga un sentido –
si se quiere- agudo.